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Aumentando mi fe, confianza, esperanza y gozo anclada en la palabra de Dios.
Aumentando mi fe, confianza, esperanza y gozo anclada en la palabra de Dios.

Foto de Priscilla Du Preez 🇨🇦 en Unsplash

Vida devocional

Aumentando mi fe, confianza, esperanza y gozo anclada en la palabra de Dios.

Laura Martínez 11 abril, 2023

La vida puede ser difícil y da miedo. Un día todo parece estar bien y al siguiente podemos perderlo todo. La traición de un amigo, los anhelos insatisfechos, las oraciones que no reciben la respuesta que esperamos, las decepciones en el matrimonio o la pérdida repentina de un ser querido son solo algunas de las realidades que la iglesia enfrenta a diario. Aun siendo creyentes, no estamos exentos de las consecuencias del pecado de Adán y Eva. Vivimos en un mundo caído y, con frecuencia, perdemos de vista todo lo que Dios ha hecho por nosotros y todo lo que ha prometido que hará. Sin darnos cuenta, terminamos desesperanzados, con una confianza sostenida por un hilo.

De la misma manera en que las flores no florecen sin agua ni nutrientes, nuestra fe jamás podrá florecer sin el alimento y el agua que necesita. Aun después de conocer al único dador de agua viva, preferimos otras fuentes de satisfacción. Aun sabiendo que solo Dios puede saciar nuestra hambre, elegimos comer lo que el mundo ofrece. Llenamos el tiempo de entretenimiento y vanidad, pensando que no tiene importancia hacerlo, sin advertir que poco a poco nos vamos desnutriendo. Y cuando llega la aflicción, nos toca enfrentarla con una fe débil.

Desnutrición espiritual: el peligro silencioso

Cuando el alma no se alimenta de la Palabra, los síntomas no tardan en aparecer. Andamos por la vida insatisfechos y sedientos, buscando cualquier cosa que alivie el dolor de nuestra insatisfacción. Día tras día estamos expuestos a tentaciones que parecen imposibles de resistir y que, si somos sinceros, muchas veces no queremos resistir. De repente, deja de importarnos lo que a Dios le importa. De repente, soportar la prueba se vuelve casi imposible y la esperanza se esfuma. Todo como consecuencia de la desnutrición espiritual.

Pero Dios nos ofrece la solución en Su Palabra: «Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza» (Rom. 15:4). Cada palabra de la Biblia está escrita con un propósito: mostrarnos quién es nuestro Dios. En cada historia, el alma obtiene una probadita de Su carácter; cada página es una cucharada con sabor a la gloria de Dios. Las Escrituras son el alimento que el alma necesita desesperadamente para poder vivir una vida que traiga gloria a Él: no una vida en la que apenas se sobrevive a las circunstancias, sino una en la que se puede estar gozoso a pesar de ellas, recordando quién está peleando por nosotros, quién nos sostiene y quién enjugará cada una de nuestras lágrimas.

Vivir por fe cuando no tenemos la historia completa

Vivir por fe requiere dar un paso a la vez, confiando en que Dios nos sostendrá hasta el final del camino. Su Palabra es la lámpara que ilumina ese camino (Sal. 119:105), pero las lámparas solo iluminan lo suficiente para ver los pasos siguientes. Más de la mitad de las situaciones difíciles que vivimos son más dolorosas o estresantes precisamente porque no tenemos la historia completa.

Considérense los discípulos de Jesús tras la crucifixión. Él había prometido que vencería; sin embargo, por días lo vieron sufrir lo inimaginable. No fue sino hasta tres días después que tuvieron la historia completa. Sin duda, en sus zapatos, las emociones habrían llevado a cualquiera a la confusión y a la desesperanza. Muchos creyentes han experimentado esa misma sensación: pensar una y otra vez que nada bueno podría salir de tanto dolor. Pero eso no se debe a flaquezas en el poder, la sabiduría o la bondad de Dios, sino a que no tenemos la historia completa de cada situación que Él ha orquestado. Somos llamados a vivir dando un paso a la vez, confiando en que Él será fiel en guiarnos a través de cualquier circunstancia.

Si no meditamos en Su Palabra de día y noche, ¿cómo podremos sufrir bien? ¿Cómo podremos resistir la tentación? ¿Cómo podremos tener esperanza y gozo en medio del dolor?

La Biblia pone en perspectiva todo lo que vivimos. Ajusta el lente a través del cual vemos la realidad. Nos habla de que nuestro sufrimiento es incomparable a lo que Dios tiene preparado para nosotros (Rom. 8:18). Nos recuerda que no debemos tener miedo, pues Él está con nosotros y nos sostendrá (Is. 41:10). Nos llena de propósito al mostrarnos lo que Dios puede y quiere hacer con nosotros (Fil. 1:6). Nos promete que Él estará con el que sufre (Sal. 34:18), que el llanto cesará (Sal. 30:5) y que enjugará nuestras lágrimas y sanará nuestro dolor (Ap. 21:4). Y también nos confronta cuando hemos puesto la esperanza en las dádivas en lugar del Dador.

La Palabra: ancla para el alma que confía en Dios

Daniel y sus amigos sobrevivieron al fuego para que pudiéramos confiar en que Dios puede cuidarnos de las más horribles amenazas. Sara tuvo al hijo prometido tras años de infertilidad para que pudiéramos aprender a esperar en Él. Moisés e Israel cruzaron el mar en seco para que supiéramos que Dios puede hacer lo imposible. Jesús resucitó a Lázaro, sanó a leprosos, dio vista a los ciegos e hizo caminar al inválido para que supiéramos que tiene poder para sanarnos, restaurarnos y darnos lo que nunca tuvimos. Y Jesús vivió y murió por nosotros para que no solo fuéramos salvos, sino para que conociéramos hasta dónde es capaz de amar a sus enemigos, a quienes Él mismo traería hacia Sí.

Ve a la Palabra recordando el glorioso Dios que ha preparado cada página para que le conozcamos. Pídele que no te deje igual al leerla, que abra tus ojos a Su verdad una y otra vez. Ora para que tus deseos sean Sus deseos. Trae tus anhelos al Señor con las manos abiertas, no con puños que no quieren soltar sus sueños. Ruégale que te cambie por completo, que te vacíe de ti y te llene de Él. Medita en Su Palabra con la confianza de que Él es fiel para aumentar tu fe, tu esperanza y tu gozo.

Laura Martínez

Laura Martínez

Laura Martínez Vive para glorificar a Dios. Es esposa de José Iván Sánchez. Diseñadora gráfica en La IBI e Integridad & Sabiduría. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional.

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