Statamic
Hagamos el bien por amor a Cristo
Hagamos el bien por amor a Cristo

Foto de RDNE Stock project en Pexels

Vida cristiana

Hagamos el bien por amor a Cristo

Laura Martínez 16 julio, 2024

Las Escrituras nos exhortan repetidamente a hacer el bien. En Hebreos 13:16, se nos recuerda que esto agrada a Dios; en Lucas 6:27, se nos llama a hacerlo incluso con quienes nos aborrecen; en 1 Tesalonicenses 5:15, a practicarlo aun cuando otros nos hayan hecho el mal; y en Salmos 37:3 y 37:27, a hacerlo confiando plenamente en Dios. Sin embargo, en una cultura acostumbrada a la gratificación inmediata, perseverar en el bien resulta difícil si no tenemos la motivación correcta firmemente arraigada en nuestra mente y nuestro corazón.

A nadie le molesta recibir una palabra de ánimo o un simple «¡Gracias!» después de un acto de servicio. El problema está en lo que ocurre dentro de nosotros: sin darnos cuenta, podemos comenzar a esperar ese agradecimiento como señal de aprobación, convirtiendo las buenas obras en un medio para nuestra propia gloria en lugar de la de Dios. Cuando caemos en esa trampa, hacer el bien se convierte en una carga pesada. Comenzamos a esforzarnos en nuestras propias fuerzas, tratando de llenar expectativas, hasta llegar al agotamiento. Nada fue diseñado para funcionar con un combustible para el que no fue creado.

La advertencia de Pablo: el peligro de la motivación equivocada

La Palabra de Dios no solo nos llama a hacer el bien, sino que también expone con claridad la tentación de hacerlo por razones equivocadas. Solo unos versículos antes de Gálatas 6:9-10, Pablo advierte en el versículo 7: «No se dejen engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará» (Gál. 6:7). Es una advertencia directa: podemos intentar engañar a Dios y a los demás haciendo cosas buenas para ser vistos y aplaudidos, pero Dios conoce perfectamente la motivación de cada corazón.

Por eso vale la pena detenerse y preguntarse honestamente: ¿el cansancio de hacer el bien nace de no haber recibido el reconocimiento esperado, o del genuino deseo de glorificar al Señor? La respuesta a esa pregunta revela mucho sobre el estado de nuestra motivación.

Tres verdades para perseverar en Gálatas 6:9-10

El texto central de Gálatas 6:9-10 nos ofrece una base sólida para la perseverancia: «No nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos. Así que entonces, hagamos bien a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe» (Gál. 6:9-10). De estas palabras se desprenden tres verdades prácticas y transformadoras.

Primera: Confía en que segarás, porque la Biblia lo promete. Nada de lo que hacemos para la gloria de Dios pasa desapercibido ante Sus ojos. Puede que quien recibe el bien no perciba tu esfuerzo, pero Dios sí lo ve. La invitación es a pedir al Señor que examine y santifique la motivación del corazón, a cultivar un corazón agradecido que quiera hacer el bien como respuesta a todo lo que Dios ha hecho por nosotros, y a descansar en Su perdón cuando hemos fallado. Hacer el bien para Su gloria puede ser nuestra ofrenda constante ante Su altar.

Segunda: Haz el bien siempre que tengas la oportunidad. Nuestra cultura promueve una vida individualista, convenciéndonos de que nuestra existencia es un proyecto personal y no comunitario. Pero cuando observamos cómo Dios diseñó la creación, descubrimos que esa idea es una mentira profunda. Todo en la creación depende de algo externo a sí mismo, y esto es especialmente cierto en la iglesia. El pueblo de Dios fue diseñado para funcionar como un cuerpo, con cada miembro atento a las necesidades de los demás. Al vivir de esta manera, no solo dejamos de centrarnos en nosotros mismos, sino que mostramos al mundo el amor de Cristo, nuestro mayor ejemplo de servicio.

Tercera: Haz el bien especialmente a los de la familia de la fe. Si creemos en un Dios soberano que orquesta todas las cosas, debemos creer también que Él mismo permite que seamos nosotros quienes veamos la necesidad del hermano que está a nuestro lado. La iglesia local fue diseñada para que, como un solo cuerpo, nos cuidemos mutuamente, y eso no debe quedarse en lo teórico. Jesús mismo lo dejó claro en Juan 13:34-35: «En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros» (Jn. 13:35). El amor entre los creyentes es la señal que identifica a los seguidores de Cristo ante el mundo.

Deberíamos amar tanto a Dios que amar a los demás a través de nuestras acciones sea algo natural.

La cruz: el modelo y el motor del servicio verdadero

No existe mejor modelo de servicio que Jesucristo. Nadie amó jamás a personas que merecieran tan poco Su amor, y aun así lo dio todo. Dejó la gloria del cielo para venir a salvar a pecadores que no lo recibieron, que lo rechazaron, que lo maltrataron y que lo crucificaron. Mirar esa cruz es lo que reorienta nuestra mirada, aleja nuestra atención de las promesas vacías del mundo y nos impulsa a darnos por otros.

Cada acto de servicio —a la familia, a los amigos, a los enemigos, a la iglesia— puede convertirse en una ofrenda agradable al Señor. No se trata de esforzarnos para ganar Su favor, sino de responder con gratitud al inmenso favor que ya hemos recibido. La oración que brota de este lugar no es la de quien está agotado buscando aplausos, sino la de quien descansa en el amor de Dios y pide ser movido a servir solo por Él y para Él. Que esa sea nuestra oración: que Dios no nos permita cansarnos de hacer el bien, y que cada gota de esfuerzo sea recibida como ofrenda por Aquel que es digno de todo y más.

Laura Martínez

Laura Martínez

Laura Martínez Vive para glorificar a Dios. Es esposa de José Iván Sánchez. Diseñadora gráfica en La IBI e Integridad & Sabiduría. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional.

Sidebar Banner

UNETE A NOSOTROS

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elitLorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit

Banner