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José, un padre que cumplió su rol
José, un padre que cumplió su rol

Foto de Ono Kosuki en Pexels

Familia y relaciones

José, un padre que cumplió su rol

Magdalena Enez de Núñez 19 julio, 2022

La figura de José suele quedar a la sombra del relato de la Navidad. Los reflectores apuntan al pesebre, a los ángeles, a los pastores y a los magos de Oriente. Sin embargo, entre los personajes que Dios eligió para rodear la venida de su Hijo al mundo, José ocupa un lugar singular: el del hombre callado que lo hizo todo bien. Su historia es breve —registrada únicamente en Mateo y Lucas— pero cada detalle que los evangelistas preservaron basta para trazar el retrato de un hombre cuya vida constituye una enseñanza en sí misma.

Antes de examinar lo que su ejemplo comunica, conviene conocer quién era. José era descendiente del rey David (Lc. 1:26–27; 2:4–5), carpintero de oficio (Mt. 13:55) y de condición humilde, como lo evidencia la ofrenda que presentó en el templo al nacer Jesús: la ofrenda de los pobres establecida en la Ley (Lc. 2:22–24; Lv. 12:6–8). En él no había grandeza de linaje visible ni riqueza material. Lo que lo distinguía era algo más profundo: era un hombre justo, firme en sus principios, sujeto a la Ley de Dios y dispuesto a hacer su voluntad por encima de cualquier circunstancia.

La prueba que reveló su carácter

El momento más revelador en la vida de José llegó antes de que Jesús naciera. María, su prometida, quedó embarazada por obra del Espíritu Santo, y José no lo sabía aún. Conocedor de la Ley, sabía que la situación podía interpretarse como adulterio y que la pena correspondiente era la muerte por lapidación (Dt. 22:23–24). Sin embargo, en lugar de exponer a María públicamente, decidió repudiarla en secreto. En ese gesto ya se percibe quién era José: un hombre que, incluso en el dolor y la confusión, eligió la misericordia sobre el rigor, la compasión sobre el orgullo herido.

Fue entonces cuando Dios intervino. Un ángel se le apareció en sueños y le reveló la verdad: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo» (Mt. 1:20). La respuesta de José fue inmediata y total: «Y José se levantó del sueño e hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer» (Mt. 1:24). Sin negociaciones, sin demoras, sin condiciones. Este patrón —escuchar la voz de Dios y obedecer sin dilación— definiría cada decisión importante en su vida.

Un padre formado para una misión extraordinaria

El privilegio de José no fue únicamente el de proteger a María. Fue llamado a ser el padre idóneo que el Padre Eterno quería para su Hijo Unigénito: alguien que velara por Él, lo formara, lo instruyera, supliera sus necesidades y lo guiara en el temor de Dios. Y José cumplió esa misión con una fidelidad que se puede rastrear en cada episodio que los evangelios registran.

Obedeció el llamado al censo de César Augusto y llevó a María, en estado avanzado de embarazo, hasta Belén, cumpliendo sin saberlo la profecía de Miqueas: «Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre los clanes de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel» (Mi. 5:2). Cuando Herodes buscó al niño para matarlo, José no dudó: tomó al Niño y a su madre de noche y huyó a Egipto (Mt. 2:13–14), y regresó cuando Dios lo indicó. Cumplió con cada rito prescrito por la Ley: la circuncisión, la presentación en el templo, las ofrendas, los viajes anuales a Jerusalén para la Pascua (Lc. 2:22–38, 41–52). Enseñó su oficio a Jesús, quien era conocido como «el hijo del carpintero» (Mt. 13:55) y también como «el carpintero» (Mr. 6:3).

El resultado de esa crianza aparece con claridad cuando Jesús, a los doce años, maravilló a los maestros del templo con su entendimiento (Lc. 2:47). Y cuando sus padres lo encontraron, Jesús descendió con ellos a Nazaret y «continuó sujeto a ellos» (Lc. 2:51). La obediencia del Hijo reflejaba, en parte, el hogar que el padre terrenal había construido con fidelidad.

Sin decir una palabra, nos ha dejado una enseñanza y un ejemplo a seguir.

El legado del hombre que cumplió su llamado

La última mención de José en las Escrituras es precisamente ese viaje a Jerusalén. No sabemos cuándo murió ni bajo qué circunstancias. Pero lo que su vida registra es suficiente para responder la pregunta con la que comenzamos: ¿cumplió José el propósito para el cual fue elegido? Sin duda. Fue cabeza de familia, proveedor, protector, líder espiritual, formador en la fe y en el oficio. Instruyó a Jesús en los caminos del Señor conforme al mandato de Deuteronomio 6:1–9, y lo hizo con la integridad del hombre que «camina en su integridad» y cuya descendencia es «bienaventurada después de él» (Pr. 20:7).

La vida de José interpela a todo creyente. A los hombres, los llama a abrazar con seriedad y humildad su rol de padres, proveedores y líderes espirituales en sus hogares. Y a todos —hombres y mujeres por igual— su entrega incondicional a la voluntad de Dios, sin cuestionar y sin demora, constituye un modelo de obediencia que Pablo resumiría siglos después con estas palabras: «Sean imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo» (1 Co. 11:1). José imitó a Dios en justicia, misericordia y fidelidad. Nosotros estamos llamados a imitarle a él.

Magdalena Enez de Núñez

Magdalena Enez de Núñez

Magdalena Enez de Núñez es cristiana desde 1983. Es esposa de pastor, madre de tres y abuela de seis. Miembro de la IBI, donde forma parte del equipo de intercesión y colabora con el programa Mujer para la Gloria de Dios. Junto a su esposo sirve en el ministerio de discipulado matrimonial.

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