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Joven: Oportunidades y amenazas en tu tiempo de ocio (parte 1)
Joven: Oportunidades y amenazas en tu tiempo de ocio (parte 1)

Foto de Towfiqu barbhuiya en Pexels

Cultura, sociedad y ética

Joven: Oportunidades y amenazas en tu tiempo de ocio (parte 1)

Joel Peña 23 abril, 2020

La vida transcurría a toda velocidad. Los estudios, el trabajo, los compromisos sociales y los eternos embotellamientos consumían cada minuto del día sin dejar espacio para la tranquilidad. Nadie habría imaginado que las cosas cambiarían tan radicalmente como lo hicieron a consecuencia del COVID-19. De repente, casi todo se pausó y el tiempo libre en casa aumentó de manera notable. La pregunta ya no era «¿cómo lograré que el tiempo me rinda?», sino «¿qué haré con tanto tiempo libre?»

Y con esa pregunta llegó también un desafío real: manejar el ocio con sabiduría. Uno de los recursos más valiosos que Dios ha puesto en nuestras manos es el tiempo y, consciente de ello, nos pide usarlo con inteligencia y no como necios. En Efesios 5, el apóstol Pablo exhorta a «aprovechar bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16), y advierte que no hacerlo es señal de insensatez (vv. 15, 17). Si los días eran malos en la época de Pablo, los nuestros no son menos; por tanto, el llamado sigue siendo el mismo: ¡aprovecha bien tu tiempo!

La motivación detrás del mandato: Efesios 5:1–17

Antes de hablar de amenazas u oportunidades concretas, es necesario entender por qué debemos aprovechar bien el tiempo. El pasaje de Efesios 5:1–17 no comienza con una lista de reglas, sino con una petición que funciona como sombrilla sobre todo lo demás: «sed imitadores de Dios, como hijos amados» (v. 1). De esta solicitud se desprenden todas las instrucciones que siguen, incluida la de aprovechar el tiempo. Veamos tres principios que emergen de este texto.

Primer principio: imitar al Padre

El llamado a aprovechar bien el tiempo está conectado directamente con imitar a nuestro Padre celestial. La correcta imitación, sin embargo, solo es posible cuando existe una correcta contemplación. Es decir, imitaremos adecuadamente a nuestro Padre en la medida en que lo observemos con atención y profundidad, a través de las formas en que Él se ha revelado.

Quien ha tenido la oportunidad de ser padre sabe lo que significa ver a un hijo repetir sus gestos, sus palabras o su manera de actuar en el día a día. Esa imitación revela que hubo observación genuina. Lo mismo ocurre en la vida cristiana: nuestra forma de pensar, decidir, hablar, entretenernos y dedicar el tiempo será transformada en la medida en que nos empeñamos en contemplar a nuestro maravilloso Padre, quien se ha revelado en Su Palabra y en la persona de Jesucristo.

Segundo principio: vivir desde la identidad

El pasaje también nos recuerda que imitamos al Padre porque somos sus hijos. Pablo afirma que somos «santos» (v. 3), «luz en el Señor» (v. 8) e «hijos de luz» (v. 8), y sostiene que nuestro caminar debe ser coherente con esa identidad. Quien eres determina lo que haces.

Una ilustración lo aclara bien. Dos jóvenes que pasaban sus días en travesuras fueron invitados a unirse al equipo de atletismo de su escuela. Al aceptar, su modo de vida cambió radicalmente: la alimentación, el descanso y el uso del tiempo quedaron orientados hacia la competencia. Cuando sus amigas les preguntaron por qué ya no hacían lo de antes, respondieron con naturalidad: «Es que ahora somos parte del equipo de atletismo; no podemos comer cualquier tipo de comida y debemos dedicar tiempo a prepararnos para la competencia». Lo que cambió en ellos fue su identidad, y esa nueva identidad reorientó todas sus decisiones.

Pablo aplica exactamente este principio: dado que Dios nos hizo «santos» e «hijos de luz», ya no nos caracterizan la inmoralidad, la impureza ni la obscenidad; por el contrario, debemos destacarnos por la bondad, la justicia y la verdad (vv. 3–9). Cuando estemos en la disyuntiva de aprovechar o desperdiciar el tiempo, conviene recordar quiénes somos.

El caminar sabio: conocimiento que se aplica

Al llegar al versículo 15, Pablo introduce una conclusión con la frase «por tanto»: «tengan cuidado en cómo andan, no como insensatos, sino como sabios» (Ef. 5:15). Tomando en cuenta todo lo anterior, podríamos resumirlo así: puesto que tenemos un Padre digno de imitar y una identidad digna de mostrar, prestemos mucha atención a que nuestra forma de vivir esté marcada por la sabiduría y no por la necedad.

Pero ¿qué significa andar como sabios? En términos bíblicos, la sabiduría es más que conocimiento intelectual; es la aplicación práctica de lo que sabemos acerca de Dios y Su Palabra. El famoso diccionario Webster la define como «la capacidad de hacer uso del conocimiento que se tiene». ¿De qué vale saber qué hacer, si no lo hacemos? ¿De qué sirve conocer lo que nos conviene, si actuamos en sentido contrario?

Por eso Pablo no se queda en la teoría. Inmediatamente ofrece una expresión concreta de lo que significa andar con sabiduría: «aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16). Y aquí hay un detalle significativo: la palabra griega usada para «tiempo» es kairos, que no se refiere simplemente a las horas de un día, sino a una temporada específica, una oportunidad concreta. El llamado, entonces, no es solo a administrar mejor la agenda diaria, sino a reconocer las épocas especiales que Dios permite y aprovecharlas al máximo.

Una cualidad fundamental de un cristiano sabio es que aprovecha el tiempo que Dios, en Su soberanía, le ha otorgado.

El «kairos» que no se repetirá

Como toda temporada, la cuarentena pasó. Y con ella quedó la pregunta: ¿la aprovechamos? Paulatinamente, los ritmos de vida anteriores volvieron, las agendas se llenaron y el tiempo libre volvió a escasear. Pero los principios que Efesios 5 nos presenta no caducan con ninguna crisis ni con ninguna normalidad recuperada. Siempre habrá un kairos que Dios nos concede: una temporada de descanso forzado, una enfermedad, un período de transición, un tiempo de soledad inesperado.

La Escritura nos invita a enfrentar cada uno de esos momentos con los ojos abiertos: imitando al Padre como hijos amados, manifestando la identidad de santos e hijos de luz, y caminando con la sabiduría que aplica lo que sabe. El tiempo es un regalo de Dios; aprovecharlo bien es una forma de honrarle.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad. Sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Es pastor de los ministerios de jóvenes de la Iglesia Bautista Internacional y completó una Maestría en Divinidad en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.

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