Integridad y Sabiduria
Todo es posible para Dios
Todo es posible para Dios

Foto de Julio Lopez en Pexels

Vida cristiana

Todo es posible para Dios

Luz Tavárez 19 mayo, 2021

«Para los hombres eso es imposible, pero para Dios todo es posible» (Mt. 19:26). Esta frase se repite tan a menudo que corre el riesgo de convertirse en una fórmula sin peso. Sin embargo, la pregunta que vale la pena hacerse no es si la conocemos, sino si realmente la creemos —y si la creemos de manera consistente, no solo cuando las circunstancias nos son favorables.

La realidad es que muchos creyentes afirman con convicción que para Dios nada es imposible, pero luego dudan de verdades fundamentales de la fe: que el Hijo eterno se hizo carne, que Dios puede actuar en su situación particular, que Él quiere obrar a través de vidas tan ordinarias e imperfectas como la nuestra. Si para Dios todo es posible, esa verdad no puede aplicarse de manera selectiva. O lo creemos por completo, o estamos ante una contradicción. Y cuando somos honestos, debemos reconocer que con frecuencia dudamos, tememos, actuamos con precipitación, intentamos controlar y pecamos de incredulidad —aun sabiendo lo que sabemos.

El temor de Moisés: un espejo de nuestra naturaleza caída

Uno de los retratos más honestos del creyente temeroso se encuentra en la historia de Moisés. Dios lo escogió para una misión extraordinaria: liberar a Su pueblo de la esclavitud en Egipto. Pero la respuesta de Moisés no fue un «sí» inmediato lleno de fe; fue una serie de excusas, preguntas y retrocesos. «¿Quién soy yo para ir a Faraón?» (Éx. 3:11). «¿Y si no me creen, ni escuchan mi voz?» (Éx. 4:1). Moisés no solo temía presentarse ante un rey arrogante; también temía la reacción de sus propios compatriotas.

¿Qué había detrás de ese temor? Moisés estaba mirándose a sí mismo: su pequeñez, su historial de fracasos, sus incapacidades percibidas. En ese momento, quitó el enfoque de la grandeza del Señor y lo puso sobre sus propias limitaciones. Y eso, lamentablemente, nos resulta muy familiar. Nos vemos pequeños, incapaces y débiles frente a problemas que parecen enormes, frente a llamados que parecen imposibles de cumplir.

Lo que resulta extraordinariamente consolador es la respuesta del Señor. Dios no reprendió a Moisés por su temor ni lo desechó por sus dudas. Con paciencia y amor, le reencuadró la realidad: no se trataba de quién era Moisés ni de lo que podía hacer. Se trataba del GRAN YO SOY (Éx. 3:13-14). El Señor le hizo promesas concretas: sería escuchado por los ancianos de Israel, los acompañaría ante Faraón, y el pueblo saldría con las manos llenas (Éx. 3:18-22). La capacidad de Moisés nunca fue el factor determinante. Lo era la presencia y el poder de Dios.

Vale la pena detenerse aquí y hacer una pregunta personal: ¿cuándo fue la última vez que pudiste ver, con claridad, que Dios intervino en una situación de tal manera que el resultado no podía explicarse por tus propios esfuerzos? Si recuerdas ese momento, detente a dar gracias. Si no lo recuerdas, pídele al Señor que lo traiga a tu memoria —o que se glorifique en medio de lo que estás enfrentando ahora mismo.

La suficiencia de Dios en nuestra debilidad

Moisés persistió en sus excusas, pero Dios persistió en su llamado. Esta dinámica no es exclusiva del gran libertador de Israel; es el patrón de cómo Dios suele obrar. Su Palabra lo confirma con una claridad que no deja espacio para el orgullo humano: «Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad» (2 Co. 12:9). Y también: «Dios ha escogido lo necio del mundo, para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte… para que nadie se jacte delante de Dios» (1 Co. 1:27-29).

Dios no busca instrumentos perfectos. Busca instrumentos disponibles, en quienes Su gloria pueda brillar con mayor nitidez precisamente porque la capacidad humana no alcanza para explicar los resultados. Nuestro problema no suele ser que dudemos de que Dios pueda hacer algo; el problema más profundo es que dudamos de que quiera hacerlo en nosotros, a través de vidas tan comunes y tan marcadas por la imperfección.

No se trata de tu capacidad ni de la mía; se trata de Su suficiencia y Su poder. Deja que Él te use como quiera y cuando quiera. ¡Todo es posible para Dios!

Descansar en el que comenzó la obra

La promesa de Filipenses 1:6 es un ancla para quienes se sienten demasiado ordinarios para ser usados: «El que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús». El Señor no abandona lo que inicia. Quiere continuar Su obra transformadora en nosotros y a través de nosotros, precisamente porque esa obra habla de Él, no de nuestros méritos.

Tal como Moisés se vio pequeño y sin embargo fue el instrumento para una de las liberaciones más grandes de la historia, también nosotros podemos ser usados cuando dejamos de enfocarnos en lo que nos falta y comenzamos a confiar en lo que Dios es. La invitación es concreta: orar por una fe que descanse en la esperanza de que lo imposible para el ser humano es perfectamente posible para Dios (Mt. 19:26); ser honestos con el Señor acerca de nuestros miedos, como lo fue Moisés; y confiar en que Él, con amor y paciencia, redirigirá nuestro enfoque hacia Su suficiencia. No se trata de quiénes somos. Se trata de quién es Él.

Luz Tavárez

Luz Tavárez

Luz Tavárez es hija de Dios, salva por gracia y misericordia desde temprana edad. Miembro de la Iglesia Bautista Internacional y graduada del Instituto Integridad & Sabiduría. Actualmente cursa una concentración en Consejería Bíblica.

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