Integridad y Sabiduria
Principios bíblicos para tomar decisiones solidas
Principios bíblicos para tomar decisiones solidas

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Vida cristiana

Principios bíblicos para tomar decisiones solidas

Odette Armaza Vda. de Carranza 15 octubre, 2019

Cada mañana, desde el momento en que nos levantamos, enfrentamos una realidad inevitable: a lo largo del día tendremos que tomar decisiones. Algunas son tan cotidianas que ni siquiera las consideramos, pero incluso las que parecen sencillas pueden volverse difíciles. Otras son de mayor peso y con implicaciones que pueden alterar el curso de la vida: ¿Con quién me casaré? ¿Qué carrera debo estudiar? ¿Debo aceptar este trabajo? ¿Puedo hacer esta inversión? Frente a preguntas como estas, debemos ser intencionales en buscar la perspectiva de Dios y no solamente la nuestra. Esto implica rendirle todas nuestras decisiones, con la certeza de que, aunque al principio no sea fácil, los resultados serán los mejores.

La Biblia nos enseña con claridad la voluntad de Dios en diferentes áreas: en lo espiritual, que tengamos una relación personal con Él; en lo moral, que vivamos conforme a Su estándar; en lo familiar, que demos testimonio en nuestras relaciones más cercanas; y en lo social, que impactemos nuestro entorno con lo que profesamos creer. Sin embargo, con frecuencia caemos en el error de creer que conocer esta voluntad es suficiente. No lo es. Nuestro conocimiento debe estar respaldado por nuestra obediencia. Adán y Eva son el ejemplo más antiguo y elocuente: conocían perfectamente las instrucciones de Dios, sabían las bendiciones que traía la obediencia y las consecuencias que acarreaba la desobediencia, y aun así eligieron mal. ¿Qué se interpuso entre lo que sabían y lo que hicieron? Sus propios deseos. Las consecuencias de esa decisión afectaron su relación con Dios, su relación entre ellos, la creación entera y a toda la humanidad.

Caminar con Dios: el fundamento de toda decisión

Dado que cada decisión —grande o pequeña— tiene consecuencias que afectan nuestra vida y la de quienes nos rodean a corto, mediano y largo plazo, vale la pena preguntarse: ¿cómo decidir correctamente? El primer aspecto a considerar es mantener un caminar íntimo con Dios. Adán y Eva disfrutaron de una cercanía con el Señor, pero se alejaron y optaron por escuchar otra voz. De la misma manera, cuando nuestra vida se aleja de la comunión con Él, Sus verdades comienzan a parecernos más flexibles y las alternativas del mundo se presentan como menos peligrosas. Podemos incluso mantener una apariencia de vida eclesial sin que el estándar de Dios haya cambiado, simplemente porque hemos permitido que nuestra mente se abra a valores e ideas que el mundo ofrece.

Un ejemplo concreto: si estamos en comunión con el Señor, la elección de un trabajo se vuelve más clara porque buscamos honrar Sus principios antes que maximizar beneficios económicos o sociales. Sin esa comunión, la evaluación se basará en motivos equivocados: mejor salario, mayor reconocimiento, menor esfuerzo o simplemente un escape de la situación actual. Solo Dios, a través de Su Palabra y Su Espíritu, puede revelar las verdaderas intenciones detrás de cada decisión, ya sea la compra de un vestido o la elección de una carrera. En todo necesitamos Su guía.

El segundo aspecto es evitar la autosuficiencia. El relato de Génesis nos muestra a una Eva muy independiente: no consulta, no busca consejo, no depende de nadie y toma acción por su cuenta. No se trata de que ser proactivos sea negativo —al contrario, el buen funcionamiento de una dinámica familiar o laboral requiere personas activas, disciplinadas y decididas—. El problema es olvidar que somos parte de un cuerpo que funciona bajo un principio de interdependencia. La vida cristiana está llamada a vivirse dentro de una comunidad de fe donde todos tenemos funciones distintas y nos necesitamos mutuamente. Evaluar una situación desde una sola perspectiva siempre nos dará una visión incompleta. (Tit. 2:4-5) ilustra precisamente esto: quienes tienen mayor madurez y conocimiento instruyen a quienes están comenzando, y al hacerlo impiden que la Palabra de Dios sea deshonrada. En la iglesia hay personas con sabiduría y experiencia en distintas áreas a quienes podemos consultar para aplicar los principios bíblicos en nuestra toma de decisiones.

Los engaños que nos desvían del camino correcto

Un tercer aspecto que debemos tomar en serio es no dejarnos guiar únicamente por nuestros sentidos. En el caso de Eva, fue la vista: «la mujer vio que el árbol era bueno para comer, y que era agrado a los ojos» (Gén. 3:6), y lo tomó sin pasar por ningún proceso de evaluación. Nuestros sentidos son poco confiables, y los motivos de nuestro propio corazón pueden ser engañosos: «Más engañoso que todo es el corazón, y sin remedio; ¿quién lo comprenderá?» (Jer. 17:9). ¿Cuántas veces la elección de una pareja se basa en lo que ven los ojos más que en los principios y el carácter de la persona? El príncipe de este mundo sigue usando la misma estrategia de siempre: presentar sus ofertas como atractivas e irresistibles. Por eso la petición del salmista también debe ser la nuestra: «Aparta mis ojos de mirar lo que es vano, y avívame en Tu camino» (Sal. 119:37).

El cuarto aspecto es no buscar una satisfacción inmediata. La prisa y la impulsividad son malas consejeras. Las consecuencias negativas de una decisión apresurada frecuentemente superan con creces el beneficio o la satisfacción que esperábamos obtener. Algunas de estas decisiones no son pecaminosas en sí mismas, pero nos llevan a hacer concesiones que nos complacen a nosotros mismos más de lo que complacen a Dios. Si no evaluamos todo desde una perspectiva bíblica, terminaremos actuando igual que alguien que no conoce al Señor. La Biblia nos llama a buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia (Mat. 6:33), y eso exige perseverancia, paciencia y la madurez necesaria para decir que no. El salmista lo expresó así: «En mi corazón he atesorado Tu palabra, para no pecar contra Ti» (Sal. 119:11).

Solo Dios, a través de Su Palabra y Su Espíritu, puede revelar las verdaderas intenciones detrás de cada decisión, ya sea la compra de un vestido o la elección de una carrera.

La Palabra de Dios: guía fiel para cada paso

Que el Señor nos ayude a depender de Él en cada decisión que debamos tomar. Él conoce las luchas cotidianas que enfrentamos, pero nos ha revelado Su voluntad para que vivamos con confianza. Su Palabra es fiel, verdadera y suficiente para cada aspecto de la vida. Aprendamos a dejarnos guiar por ella, no solo conociéndola, sino obedeciéndola. Porque al final, las decisiones que más nos edifican y bendicen a quienes nos rodean son aquellas que comienzan con una pregunta sincera: ¿qué honra más a Dios en esto?

Odette Armaza Vda. de Carranza

Odette Armaza Vda. de Carranza

Odette Armaza Vda. de Carranza ha estado en los caminos del Señor desde su juventud. Miembro de la IBI, donde sirve en el cuerpo de consejeros y en el Ministerio de Mujeres Ezer. Madre de Nahir, Michelle y David, y abuela de una nieta.

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