Integridad y Sabiduria
Un verdadero líder de fe
Un verdadero líder de fe

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Mujer e identidad

Un verdadero líder de fe

Odrys Quéliz 1 febrero, 2022

La cultura contemporánea reserva el título de héroe para líderes influyentes, celebridades o personas con talentos excepcionales. La Biblia, en cambio, tiene un criterio radicalmente distinto. En Hebreos 11 encontramos una especie de salón de la fama espiritual: hombres y mujeres que conquistaron reinos, cerraron bocas de leones y derribaron gigantes, pero también otros que fueron torturados, apedreados, encarcelados y que murieron por causa de su fe en Cristo. Lo que los une no es la grandeza humana, sino algo mucho más profundo: pusieron su fe y confianza en el Señor por encima de toda circunstancia.

Las vidas de estos héroes ofrecen un retrato honesto y poderoso de cómo Dios obra. A partir de sus historias es posible identificar cuatro características que definen a un verdadero líder de fe.

Cuando Dios elige a los menos indicados

Si se hace un recuento de la historia bíblica, resulta evidente que Dios raramente escoge a la persona más idónea según los criterios humanos. Eligió a Moisés, que tenía dificultad para hablar, para confrontar al faraón y liderar a su pueblo. Escogió a David, un joven pastor, para derrotar a un gigante experimentado en la guerra. Llamó a Pablo, el mismo hombre que perseguía a la iglesia, para convertirse en el apóstol de los gentiles. En cada caso, la aparente inadecuación del elegido no era un obstáculo, sino el escenario donde el poder de Dios brillaría con mayor claridad. Como lo expresa el apóstol: «Sino que Dios ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios; y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte; y lo vil y despreciado del mundo ha escogido Dios, lo que no es, para anular lo que es» (1 Co. 1:27-28).

Dios tampoco disfraza a sus héroes. Las Escrituras no ocultan las debilidades ni los pecados de sus siervos, sino que los expone con franqueza. Noé, patriarca de la fe, aparece embriagado y desnudo (Gn. 9:21). David, el rey según el corazón de Dios, cayó en adulterio y asesinato. Sin embargo, a través de cada uno de ellos, Dios cumplió sus propósitos. Esto deja claro que Dios no elige a sus siervos por mérito ni desempeño, sino por gracia y soberanía. Pablo lo comprendió con hondura: «Aun habiendo sido yo antes blasfemo, perseguidor y agresor. Sin embargo, se me mostró misericordia porque lo hice por ignorancia en mi incredulidad. Pero la gracia de nuestro Señor fue más que abundante, con la fe y el amor que se hallan en Cristo Jesús. Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero» (1 Ti. 1:13-15).

El carácter que solo forjan las pruebas

Detrás de cada héroe de Dios hay una vida curtida en la dificultad. Noé soportó 120 años de burlas mientras construía el arca. Moisés pasó cuatro décadas en el exilio antes de regresar a liberar a su pueblo. David huyó durante años de Saúl, quien lo perseguía por celos. Las pruebas no fueron obstáculos en el camino de estos hombres; fueron el camino mismo. Dios forja en el crisol de las dificultades el carácter de quienes llama para servirle.

Santiago lo plantea sin eufemismos: «Tengan por sumo gozo, hermanos, el que se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que les falte nada» (Stg. 1:2-4). Someterse a las pruebas es una de las formas más eficaces en que Dios enseña a mantenerse enfocado, cultivando la certeza en lo que se espera y la convicción en lo que no se ve. Es en esos tiempos cuando se forja una vida interior de fe genuina, una confianza que no depende de las circunstancias sino de la fidelidad del Señor que llama.

Dios aún sigue trabajando, forjando líderes con las personas menos adecuadas, con grandes debilidades y pecados, que siguen enfrentando dificultades y con una larga lista de derrotas, pero con la fe puesta en el Dios Todopoderoso, para el cual no hay imposibles y cuyo poder se magnifica en las debilidades.

La mirada fija en el verdadero Héroe

Cada uno de estos personajes fue consciente, en última instancia, de quién era el verdadero héroe: Cristo. Moisés reconoció su limitación y pidió la presencia del Señor para continuar con la tarea. Pedro, después de haber negado a Jesús tres veces, fue restaurado precisamente al reconocer sus propios límites ante él. Todos aprendieron, de maneras distintas y a veces dolorosas, la verdad que Jesús mismo declaró: «Separados de mí, nada pueden hacer» (Jn. 15:5). Por eso la carta a los Hebreos llama a correr la carrera «puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios» (He. 12:2).

Estos hombres y mujeres no eran distintos a los creyentes de hoy. Enfrentaron las mismas tentaciones y dificultades. La fe y la paciencia fueron los ingredientes esenciales que les permitieron hacer grandes hazañas para la gloria de Dios, incluso sin haber visto el cumplimiento de las promesas. Los creyentes de hoy conocen el final de la historia. Por eso hay razón más que suficiente para no perder de vista la meta ni la recompensa, y para vivir con gozo genuino en medio de las dificultades, la soledad, la enfermedad y la escasez. Dios continúa obrando, forjando héroes de fe en los lugares y las personas donde menos se espera.

Odrys Quéliz

Odrys Quéliz

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