IBI
Iglesia Bíblica de la Gracia
Hay un dicho popular que reza: «Camarón que se duerme se lo lleva la corriente». Habla de lo trágico que puede ser el descuido cuando se trata de alcanzar una meta. De alguna forma, ese refrán —escuchado una y otra vez en voz de una abuela— conecta naturalmente con la parábola de las diez vírgenes, en la que nuestro Señor Jesucristo advierte sobre la diferencia entre esperar su segunda venida con propósito o con dejadez (Mt. 25:1-13). Esa espera, por supuesto, se vive en cada etapa de la vida. Y una de las etapas que presenta desafíos propios —con sus distracciones, obstáculos y tentaciones de «dormirse»— es la soltería.
Con la única excepción de Eva, toda mujer ha pasado por la soltería, ya sea en la juventud o en la madurez a causa de viudez o divorcio. Y todo hombre también la conoce. Sin embargo, pocas veces se habla de esta etapa con la seriedad que merece. Como cristianos, solteros o casados, compartimos un mismo propósito central: glorificar a Dios. Lo que varía es la forma en que lo hacemos según la etapa en que nos encontremos. El punto de partida para glorificar a Dios en la soltería es vivirla con la actitud correcta.
La primera actitud es la confianza en la soberanía de Dios. Nuestro Padre ha escrito el guion de nuestras vidas con gran amor y cuidado. No dependemos de nosotros mismos, sino de él. El salmista lo afirma con claridad: «En tu libro estaban escritos todos los días que me fueron dados» (Sal. 139:16). Pablo lo confirma: Dios ha determinado los tiempos y los lugares en que cada persona vivirá (Hch. 17:26-28). Y Efesios 2:10 añade una dimensión poderosa: «Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas». Esto incluye la soltería: cuánto tiempo durará, qué obras se harán en ella y, si llega el momento, con quién se compartirá la vida. Ir tras relaciones o metas fuera de la dirección del Señor siempre produce pérdida de tiempo y heridas innecesarias.
La segunda actitud es la rendición a su voluntad. Una cosa es saber que Dios es soberano; otra muy distinta es rendirse de corazón a esa soberanía. El Salmo 143:10 lo expresa como una petición: «Enséñame a hacer Tu voluntad». Cuando el corazón se rinde genuinamente, hay libertad para seguir el plan de Dios y recibir de él lo que tiene preparado.
A esto le sigue, necesariamente, el enfoque en Dios. Un corazón rendido es el primer paso, pero sin una mente enfocada, pronto el corazón buscará su propio camino. Pablo escribe: «Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto mediten» (Fil. 4:8). La mente del cristiano soltero debe aferrarse a la verdad, porque el enemigo intentará llenarla de mentiras y distracciones que lo hagan enfocarse en su soledad o en sus propias necesidades, apartándolo del propósito de Dios.
Finalmente, está la dependencia de Dios, cuyo indicador más claro es la vida de oración. No solo cuánto se ora, sino por qué se ora. «Oren sin cesar» (1 Ts. 5:17). «Por nada estén afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios» (Fil. 4:6). El hábito de no tomar ninguna decisión sin orar es una de las disciplinas más transformadoras que se pueden desarrollar en esta etapa.
El alma en reposo, el corazón rendido, la mente enfocada y la voluntad sometida en dependencia: estas cuatro virtudes conforman la actitud correcta con la que debe vivirse la soltería.
Con la actitud correcta como fundamento, es posible obedecer los mandatos concretos que la Escritura ofrece para esta etapa. El primero es ocuparse en agradar a Dios. Pablo escribe que quien no está casado «se preocupa por las cosas del Señor, para ser santo tanto en cuerpo como en espíritu» (1 Co. 7:34). La soltería es el tiempo ideal para desarrollar al máximo la relación con Dios: cultivar la intimidad con él, servir en la iglesia, dedicarse a obras de caridad, crecer en la alabanza, la adoración y el estudio de su Palabra.
El segundo mandato es aprovechar el tiempo. «Aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos» (Ef. 5:16). El cristiano soltero tiene algo que el casado no tiene en la misma medida: más tiempo disponible. Ese tiempo puede usarse en viajes misioneros, en formación académica o profesional, en el desarrollo de habilidades prácticas como administrar el dinero y aprender a planificar. No es tiempo para desperdiciar.
El tercero es prepararse para el matrimonio, o para cualquier llamado que Dios tenga por delante. Tito 2:3-5 establece que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes sobre el hogar y las relaciones. Si existe el mandato de enseñar, existe también el de aprender. Muchos se preparan años en la universidad para ejercer una carrera, pero no invierten tiempo en prepararse para el matrimonio o para la vida en comunidad.
La Biblia ofrece ejemplos concretos de solteros que vivieron su etapa con propósito: Miriam, que sirvió a su familia (Éx. 2:1-10); Rebeca, que se depositó en las manos de Dios (Gn. 24); Ester, que se preparó en todas las áreas (Est. 1-10); Rut, que desarrolló su capacidad de trabajo y administración (Rt. 1-4); María, que aprovechó oportunidades de servicio incluso en medio de sus propias circunstancias difíciles (Lc. 1:39-56); y Marta y María, que cultivaron una amistad profunda con Jesús, recibiéndolo con frecuencia en su hogar (Lc. 10:38-42).
El alma en reposo, el corazón rendido, la mente enfocada y la voluntad sometida en dependencia: estas virtudes conforman la actitud correcta de quien vive su soltería para la gloria de Dios.
La soltería —ya sea breve o de por vida— no es una sala de espera. Es una etapa con propósito propio, con mandatos claros y con la misma exigencia de santidad que cualquier otra etapa de la vida cristiana. Busca la pureza en lo que ves, lees y escuchas. Cuida tu corazón y no despiertes artificialmente el anhelo del romance antes de tiempo (Cnt. 3:5). Rodéate de comunidad que te fortalezca. Cuida tu salud, administra bien el dinero y el tiempo, y no seas perezoso. El tiempo corre, hay mucho por hacer, y Dios ha preparado obras de antemano para que camines en ellas. Vivirlas con propósito, con pasión y para su gloria es la mejor respuesta que puedes dar a quien te las encomendó.
A Grullón es cristiana que ama compartir el evangelio. Es graduada del Instituto Integridad & Sabiduría, de la concentración de Consejería Bíblica. Vive en Santo Domingo, República Dominicana.
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