La semana que comenzó con multitudes aclamando a Jesús terminó con ese mismo pueblo pidiendo su crucifixión. Esta tensión entre el domingo de la entrada triunfal y el viernes de la cruz plantea una pregunta incómoda: ¿estaba aquella multitud ofreciendo verdadera adoración o simplemente adulación?
Jesús preparó meticulosamente su entrada a Jerusalén. Envió a dos discípulos por un pollino que nadie había montado, cumpliendo así la profecía de Zacarías. Al entrar por el monte de los Olivos —lugar cargado de significado profético— las multitudes tendieron sus mantos y ramas, gritando "Hosanna, bendito el que viene en nombre del Señor." Lucas añade que algunos lo proclamaban rey. La ciudad entera se agitó; los fariseos exigieron silencio, pero Jesús respondió que si callaban, las piedras clamarían.
Sin embargo, Jesús no se dejó llevar por el fervor popular. Entró al templo, inspeccionó todo en silencio y se retiró a Betania. Al día siguiente, maldijo una higuera que tenía mucho follaje pero ningún fruto. Esta no fue una reacción impulsiva sino una parábola actuada: Israel lucía espiritualmente próspero desde lejos, pero carecía de frutos genuinos. La higuera se secó desde la raíz, anticipando el juicio que vendría sobre una nación que de labios honraba a Dios mientras su corazón permanecía lejos.
El sermón confronta con una pregunta personal: ¿qué nos silencia hoy para no dar testimonio de lo que Dios ha hecho? Y más profundamente, ¿le ofrecemos a Cristo adoración genuina de corazón o simplemente adulación de labios?
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Para vivir en su bondad. Y quiero dirigir su atención otra vez al texto de Marcos capítulo 11, comenzando en el versículo 1, y estaremos leyendo hasta el versículo 14.
"Cuando se acercaban a Jerusalén por Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, envió a dos de sus discípulos. Y les dijo: Id a la aldea en frente de vosotros, y tan pronto como entréis en ella, encontraréis un pollino atado, en el cual nadie se ha montado todavía; desatadlo y traedlo. Y si alguien os dice: ¿Por qué hacéis eso?, decid: El Señor lo necesita, y enseguida lo devolverá acá. Ellos fueron y encontraron un pollino atado junto a la puerta, afuera en la calle, y lo desataron. Y algunos de los que estaban allí les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino? Ellos les respondieron tal como Jesús les había dicho, y les dieron permiso. Entonces trajeron el pollino a Jesús y echaron encima sus mantos, y Jesús se sentó sobre él. Y muchos tendieron sus mantos en el camino, y otros tendieron ramas que habían cortado de los campos. Los que iban adelante y los que le seguían gritaban: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas! Y entró en Jerusalén, llegó al templo, y después de mirar todo a su alrededor, salió para Betania con los doce, siendo ya avanzada la hora. Al día siguiente, cuando salieron de Betania, Jesús tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si quizás pudiera hallar algo en ella. Cuando llegó a ella no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Y Jesús, hablando a la higuera, le dijo: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y sus discípulos le estaban escuchando."
Padre, te damos gracias por las palabras del evangelista Marcos, por las cosas que él nos recuerda que ocurrieron aquel día. Cosas que hemos oído, que hemos leído, predicaciones que hemos escuchado acerca de este pasaje tantas veces en tiempos de lo que llamamos Semana Santa. Y sin embargo, Tú quieres que visitemos este pasaje una vez más en este día, porque es el pasaje que Tú tienes para nosotros en nuestra serie. Yo quiero pedirte que, en la medida en que nosotros revisamos estos acontecimientos, Tu Espíritu pueda tocar el corazón de cada uno de nosotros, abrir el entendimiento, ayudarnos a colocarnos en aquel lugar y ver dónde nosotros hubiésemos estado aquel domingo. Permítenos ver dónde estamos hoy y muévenos de donde estamos a donde Tú quieres que estemos. Te lo pedimos en Tu nombre, Jesús. Amén, amén.
Este es el texto: una entrada que algunos han llamado triunfal, pero en realidad no sabemos qué tan triunfal, cuando la semana comenzó de una manera y terminó de otra manera. Esta era la semana de la Pascua, de la Pascua judía. Era una semana de mucha actividad; toda Jerusalén iba a estar en ebullición. Todos los hombres de más de veinte años de edad estaban obligados a venir a Jerusalén durante tres fiestas anuales, y esta era una de ellas. De manera que en esta ocasión iba a haber mucha gente, y no solamente iba a haber mucha gente, iba a haber mucha conmoción debido precisamente a cómo la semana comienza.
La semana iba a culminar con los ojos de todo el mundo puestos sobre la persona de Jesús el día viernes, cuando fue crucificado, y posteriormente cuando comienzan los rumores a circular de que había resucitado. Pero de cierta manera, la semana comenzó con los ojos de todo el mundo puestos sobre la persona de Jesús. No hay duda de que si tú tienes una multitud que viene entrando a Jerusalén, y hay gente que está gritando, y hay gente que está exaltando a un hombre que tiene una cierta fama que ha construido por unos tres años, todo el mundo estaba prestando atención.
Los fariseos mandaron a callar a los discípulos de Jesús por expresarse de la manera que lo hicieron. Las autoridades romanas usualmente durante esta semana estaban en alerta por la cantidad de personas que estaban llegando, y ahora de repente hay un nuevo evento, de manera que esto no pasó desapercibido a ellos. Los saduceos, que controlaban el templo, sin lugar a dudas se enteraron de la visita de Jesús al templo después de entrar en esta caravana.
Jesús entró de una forma atípica, porque lo usual era que los viajeros, cuando venían de muy lejos, ciertamente se acercaban montados en algún animal de carga, pero para llegar a Jerusalén casi invariablemente entraban de pie, o a pie. Pero Jesús entraba montado en un pollino, de tal forma que esto está llamando la atención de las autoridades romanas, de las autoridades judías. Los ojos están puestos en este hombre y van a terminar puestos sobre el mismo hombre. Es como si Jesús comenzara y terminara la semana como dos portalibros, y ciertamente eso es lo que es: el Alfa y la Omega. Él es el Alfa de la semana y Él es la Omega de la semana.
Para nosotros, no sabemos qué estaba pensando cada quien. Posiblemente para algunos Él representaba la esperanza de liberación, de libertad del imperio romano. Realmente, para otros Él representaba la culminación o el cumplimiento de una profecía hecha acerca de un Mesías que vendría, pero que en su mente también les traería libertad. Quizás para las autoridades romanas Él pudiera ser una amenaza potencial, aunque por lo que leemos de los evangelios, los romanos no reaccionaron muy violentamente a esta entrada de Jesús, de tal forma que por lo menos hasta ese momento ellos no habían visto a Jesús como una figura política, y en realidad Él nunca lo fue ni se presentó como tal.
Ahora, dentro de esa multitud había diferentes grupos de personas, y entre ellos sin lugar a dudas estaban los fariseos y estaban parte de los saduceos, que continuamente estaban siguiendo sus pasos. Y mucho más después de la resurrección de Lázaro, que era la evidencia ambulante de que Jesús era quien decía ser: un hombre resucitado de entre los muertos a los cuatro días, que ya andaba caminando por las calles. Y desde ese momento entonces, el apóstol Juan nos dice que se formó un complot para quitarle la vida.
Ahora, el centro de actividad y el centro de la política de Palestina en aquella ocasión era Jerusalén. Jesús no había estado caminando en Jerusalén; Él se había mantenido alejado de Jerusalén por un buen tiempo. Pero ahora Él viene de frente a la ciudad, precisamente donde el mayor poder político y religioso se concentra, y esta gente va a tener un encuentro con Jesús. ¿Quién hubiese pensado que aquel que entró de esta manera, cabalgando, aclamado por las multitudes, terminaría en pocos días clavado en un madero?
Vamos a revisar algunos de los detalles de lo que ocurrió en aquella ocasión. Jesús se acerca, y viene a decir el texto, a través de Betfagé y de Betania. Algunos han criticado el hecho de que hoy en día, si tú viajas por esa región, llegas a Betania primero y a Betfagé después. La realidad es que la carretera antigua no era la misma que hoy existe, y por tanto eso no representa ningún problema. Pero Él viene por esos poblados que estaban en los alrededores de Jerusalén, y luego entonces se acerca a través del monte de los Olivos y llega hasta Jerusalén. Ese monte no es un monte cualquiera en la historia bíblica; es un monte que tiene una historia. De hecho, en Segunda de Samuel se habla en un momento dado de que era un lugar donde ya se estaba adorando a Dios.
Zacarías 14:4 menciona este monte como potencialmente un lugar donde se va a estar llevando a cabo parte del juicio final. Cuando tú lees la historia de Ezequiel y tú lees las revelaciones de Dios para el profeta, resulta que cuando Dios decide retirar su gloria de Jerusalén, representada por el levantamiento de la nube que estaba sobre el arca del pacto, que se movió hacia el dintel de la puerta y de ahí hacia los montes, donde la gloria se detiene es en el monte de los Olivos. Y desde allí entonces desaparece la gloria. Y los rabinos, por un lado, y Josefo como historiador sostenían que el Mesías vendría en un futuro por el monte de los Olivos. Y justamente es a través de este monte que Jesús se está acercando a la ciudad de Jerusalén.
Jesús preparó su propia entrada y él preparó su propia salida. Nadie lo entra ni nadie lo saca. Él prepara su entrada, él prepara su salida, precisamente por quien él era. Y al preparar su entrada, antes de llegar él le dice a dos de sus discípulos, que quedan sin nombrar, pero que algunos especulan que probablemente fueron Pedro y Juan, que terminaron preparando la mesa en la última cena, que fueran y se adelantaran, y que ellos al entrar a la ciudad o al entrar a una villa en particular que estaba ahí de frente a ellos, iban a encontrar a un pollino atado, y que comenzaran a desatarlo sin pedir permiso. Pero que de alguna manera, si alguien les preguntaba qué estaban haciendo, que simplemente le dijeran: "El Señor lo necesita". Es como si esa frase iba a actuar como un password, como una contraseña. "Díganle simplemente: el Señor lo necesita". Y con eso, aquellos que asumimos sus dueños pues simplemente le dijeron ok y lo dejaron ir. Pero estos dos discípulos les aseguraron: "Lo llevamos al Señor, pero él te lo va a devolver pronto", tal como la ley establecía cuando tú tomabas algo prestado.
Y ese pudiera ser un detalle insignificante, pero ciertamente habla del conocimiento que Jesús tenía del futuro y de la orquestación de ese futuro de parte de él, de parte de su Padre. Y ese detalle, aunque pareciera como yo acabo de decir insignificante, a la hora que las cosas ocurrieran y los discípulos se sentaran a meditar acerca de qué fue lo que pasó, ellos iban a recordar. Cuando ellos comenzaron a dudar, bien en la noche, "pero este era el Mesías o no era", ellos probablemente iban a tener pensamientos como: "Pero tú no te acuerdas que él predijo que iba a haber un asno pequeño, joven, un pollino atado, ¿y así fue? ¿No te acuerdas cómo él predijo la negación de Pedro y Pedro lo negó tal como él dijo? ¿Y no te acuerdas que él dijo que lo iban a matar y mira, lo mataron? ¿No te acuerdas que dijo que iba a sufrir en mano de las autoridades y así fue?"
Y el domingo entonces, cuando la noticia comienza a circular de la resurrección, probablemente ellos pudieron haber pensado algo similar: "Por cierto, quizás a esto era que él se estaba refiriendo cuando habló de que al tercer día él resucitaría". De manera que esas cosas que representaron profecías y que quizás tenían poco significado en su momento, adquirieron posteriormente significado al verse el cumplimiento de las mismas.
El pasaje paralelo de Mateo nos dice que trajeron dos asnos. Trajeron probablemente la madre, dice "una asna y un pollino". Bueno, si es una asna y un pollino, lo más lógico era que viniera la madre con el pollino. La palabra en griego es "polos" y significa un animal muy joven, animal de carga, que no tiene que ser necesariamente un burro, un asno. Puede ser un caballo, puede ser un camello, puede ser algún otro tipo de animal. Pero como Zacarías había predicho que él entraría en Jerusalén en un asno, desde que se hizo la traducción de la Septuaginta se hizo pensando o suponiendo que él entró en un asno joven. Y posiblemente trajeron a la madre con él porque eso le daría tranquilidad al pollino a la hora que Jesús lo montara, porque nadie lo había montado anteriormente, como el texto nos dice.
De manera que ahora nosotros tenemos una idea de cómo Jesús hace su entrada. Era apropiado para los reyes en aquella época que el caballo que se le entregara, en este caso un asno, pero que era el caballo que se le entregara, fuera uno que nadie hubiese montado antes. Y en cierta manera Jesús está llenando esta tradición o costumbre también. Pero esa no es la única vez que Jesús hace algo como eso. Cuando él se encarnó, él vino de una virgen, una mujer que no había tenido relaciones sexuales con ningún hombre anterior a su entrada a este mundo. Cuando él entra a Jerusalén lo hace en un asno que nadie había montado. Y cuando lo entierran, lo colocan en una tumba que nadie había usado.
Y algo similar pudiéramos decir cuando él necesitó usar cosas. Cuando él cruzó el lago lo hizo en una barca prestada. Cuando él entró a Jerusalén lo hizo en un asno también prestado. Cuando él murió lo enterraron en una tumba prestada, lo cual tenía todo el sentido porque la iba a usar por tres días y luego que la usara otro. Y algunos han dicho que todas esas cosas hablan de la pobreza con la que vivió Jesús, que nunca poseyó nada. Y yo no digo que eso no tenga algo de razón, pero la realidad es que Jesús era y es el dueño de todo lo que existe.
De manera que yo prefiero pensar que esas cosas apuntaban más que a una pobreza, cuando es el dueño de todo lo que existe aunque nosotros nos creamos los dueños, yo creo que apuntaba más a cuán fijos estaban la mente y los ojos de Jesús en la eternidad. Que todo aquello que era temporal, pues para qué poseerlo ahora cuando en realidad yo estoy de pasada por aquí. "Lo voy a tomar prestado porque yo me estoy yendo casi de regreso a la presencia de mi Padre donde realmente yo pertenezco". Yo creo que su uso temporal apunta más a eso que a cualquier otra cosa.
Su llegada se está acercando, y entonces cuando le traen el pollino los discípulos que estaban alrededor tomaron sus mantos, se los colocaron encima al pollino, y ahora él viene montado no sobre una silla pero sobre el manto que otros le han colocado al pollino. Otros discípulos entonces, al verlo, lo que el resto de la gente estaba haciendo era como construyendo una alfombra sobre la cual iba a caminar el pollino sobre el que venía el Mesías, como una manera de rendirle honor y gloria y reconocer quién él era. Y casi como una forma de decir: "Tú no eres digno de que estés pisando el camino común y corriente, tú debes caminar sobre este otro manto que tenemos fabricado".
Las hojas de palmas muchos opinan que quizás fueron cortadas en los campos de Jericó, que era muy conocido por sus palmeras, y de donde Jesús viene. No sé si recordarán, pero estuvimos hablando de un encuentro, un evento justamente en Jericó hace apenas unos versículos atrás. Cuando Jesús viene entonces sobre este pollino, las voces comienzan: "¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna!"
Y el texto no nos dice cuánta gente ni cuántas veces eso fue repetido, pero asumimos que esto circuló en el aire de manera repetitiva. La palabra "hosanna" en su original, básicamente en su uso original, significaba "Dios, salva". Otros dicen que significaba "salva, yo oro, yo imploro, yo ruego". Pero eventualmente pasó a ser una palabra como "aleluya", una palabra de gozo, de júbilo, de alabanza. Y toda la frase "bendito el que viene en el nombre del Señor" es una frase que aparece en el Salmo 118. Y el Salmo 118 pertenecía a lo que se conocía como el Hallel. Y el Hallel era un grupo de salmos desde el 113 al 118 que era cantado, recitado en todas las fiestas hebreas de aquella época.
Y entonces lo que está ocurriendo en esta ocasión es que el pueblo ha comenzado a celebrar ya con parte del Hallel siendo exclamado: "Bendito el que viene en el nombre del Señor", que era una frase que podía ser usada para cualquier visitante que se acercaba a Jerusalén en tiempo de festividad, sobre todo, donde tú podías bendecirlo de esa manera. Pero que ahora en el caso de Jesús está tomando otra connotación, está tomando otra dimensión.
Escucha cómo Lucas describe lo que la gente comenzó a vociferar en el capítulo 19, versículos 37 al 39: "Cuando ya se acercaba junto a la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, regocijándose..." Ahí está el gozo. "...comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto". Marcos nos da una versión resumida, pero Lucas nos permite ver que lo que ocurrió, lo que se decía en ese momento, era más que simplemente esa frase.
Escucha cómo Lucas lo describe: todo el mundo comenzó a alabar a Dios a grandes voces por todas las maravillas que habían visto, diciendo: "¡Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor! ¡Paz en el cielo y gloria en las alturas!" De modo que Lucas nos permite ver que algunos le estaban recibiendo como Rey. Eso es exactamente lo que la frase dice: "Bendito el Rey que viene en el nombre del Señor". Algunos estaban diciendo: "Este es el Mesías prometido, este es realmente aquel Rey que deseábamos". Y algunos estaban pensando en eso y unieron las maravillas de las cosas que Dios les permitió ver con este hombre, y le estaban reconociendo como el Rey en esa ocasión. Y entonces el resto de la frase: "Paz en el cielo y gloria en las alturas".
Este evento debió haber llamado la atención no solamente de toda la población de Jerusalén, sino de los cuatro evangelistas. Realmente hay solamente dos eventos en todos los evangelios relatados por los cuatro evangelistas. El primero es la alimentación de los cinco mil por los panes que Cristo multiplicó. Y ustedes recuerdan lo que pasó inmediatamente después de la multiplicación de los panes: que querían hacerlo rey, y Cristo evadió la oportunidad. Y ahora es el segundo evento registrado por los cuatro evangelistas, y resulta que es un evento donde no solamente Cristo está entrando en Jerusalén, sino que también ahora lo estaban proclamando Rey otra vez, excepto que esta vez Cristo no está evadiendo la oportunidad. Él continúa camino.
A él salen y camino al templo, que era su destino final. Ponte en aquel lugar, ponte en la emoción del momento, ponte en aquellos zapatos de la multitud, comienza a pensar que tú eras uno de esos que había oído o había visto a Cristo sanarle, abrir los ojos de los ciegos, levantar cojos, resucitar muertos, y ahora viene entrando a Jerusalén justamente al comienzo de la Pascua, cuando hay miles de personas arribando a Jerusalén en este principio de semana. Algunos pensaban en eso y decían: "Paz en el cielo y gloria en las alturas." No sé si tú recuerdas palabras semejantes, pero cuando Cristo se encarnó, los ángeles que anunciaron a los pastores la entrada de Cristo al mundo dijeron algo parecido. Paz en el cielo; los ángeles dijeron a los pastores: "Paz en la tierra y gloria en las alturas." Y los ángeles dijeron algo similar.
De manera que ahora Cristo estaba entrando a Jerusalén, no al mundo, pero sí a Jerusalén, y hay palabras parecidas pronunciadas de parte de aquellos que están ahí observando su entrada, palabras parecidas a las que fueron pronunciadas cuando él entró al mundo. Marcos agrega esta otra frase: "Bendito el reino de nuestro padre David que viene. ¡Hosanna en las alturas!" Solamente Marcos hace esa anotación, pero para algunos este es el descendiente de David, este es el que se va a asentar en su trono, este es el rey que va a tomar su lugar, y le están alabando de esa manera.
Ahora, nosotros sentados aquí, como realmente sin incomodidad, sin calor, quizá no estamos sintiendo la emoción de aquel momento. Pero si tú te pones allí, tú hubieses sentido probablemente o la emoción de aquellos que alababan, o el temor de aquellos que estuvieran pensando: "¿Y los romanos qué van a hacer con esto? ¿Cómo van a reaccionar?" Porque ellos estaban acostumbrados a cosas como esta que fueran aplastadas por las autoridades romanas.
Escucha lo que Mateo nos dice, escucha la descripción de Mateo acerca del ambiente en la ciudad en ese momento, Mateo 21:10-11: "Cuando él entró en Jerusalén, toda la ciudad se agitó." Toda la ciudad se agitó y preguntaban: "¿Quién es este?" A veces que no sabían. Y las multitudes contestaban: "Este es el profeta Jesús de Nazaret de Galilea." Había gente que no sabía, pero había multitudes que sí sabían: entonces es el profeta, y se llama Jesús, y es de Nazaret de Galilea.
Imagínate el ambiente electrificante que debía haber prevalecido en aquella ocasión. Con razón, ante la agitación de todo el mundo, es que Lucas nos dice en 19:39 que los fariseos de entre la multitud dijeron: "Maestro, reprende a tus discípulos. No, no, no, no dejes que nos avergüencen de esa manera, están vociferando mucho."
La realidad es que hay gente que expresa su gozo de una forma mucho más abierta que otros, y sobre todo cuando estás en la presencia de quien ellos estaban en presencia. Aunque nadie te diga lo que él es, simplemente el simple hecho de ser lo que era debía causar una reacción ante aquellos que le estaban contemplando. Eso es lo que le ocurre a los soldados en Getsemaní cuando vienen y lo van a prender, y Jesús les dice: "¿A quién buscáis?" "A Jesús de Nazaret." "Bueno, pues yo soy." ¡Boom! Se cayeron al piso. Era difícil estar en su presencia y no sentir algo especial.
Pues los fariseos sintieron algo especial también, pero de rechazo. "Manda callar a tus discípulos." Jesús dice: "Si estos callan, las piedras clamarán." En otras palabras: Dios Padre no se va a quedar sin dar testimonio de quién yo soy o de lo que aquí está ocurriendo. En el río Jordán él abrió los cielos y dio testimonio de mí: "Este es mi Hijo amado, en quien yo tengo complacencia." Dios Padre no va a quedar en silencio de lo que se le está haciendo en este momento, de lo que va a ocurrir en pocos días. De manera que si tú silencias a esta gente, las rocas clamarían. La roca tendría más sensibilidad que los seres humanos para dar testimonio de quién yo soy. La roca dio testimonio cuando abrieron, removieron la piedra, y la tumba estaba vacía. Y ahí estaban los discípulos.
Quizás antes de continuar sería bueno pausar y preguntarnos: ¿qué tan dispuestos estamos nosotros a alabar a nuestro Dios en libertad como esta multitud lo hizo, con más evidencias de las que ellos tenían? Quizás vale la pena preguntarnos en este momento: ¿qué tan dispuestos estamos nosotros a dar testimonio de la obra de Dios en nuestras vidas? Dios no simplemente obra en mí porque es misericordioso. Ciertamente ese es su motor primario, pero cuando yo soy el receptor de su obra, él espera que yo me convierta en un testigo de su obra. De tal forma que yo necesito entonces poder hablar a otros acerca de lo que Dios ha hecho.
Y sin embargo, la inmensa mayoría de las veces nos quedamos callados y tenemos que preguntarnos: ¿qué es lo que nos silencia? Porque no son los fariseos; ellos no están con nosotros. Muchas veces es el temor a que no vayan a creer o a darle credibilidad a las palabras que yo tengo que decir. Otras veces es simplemente vergüenza. Bueno, pero ¿de qué te avergüenzas? "No, tú sabes cómo es la gente, que nunca cree lo que uno está pensando." Cristo no nos pide que demos testimonio si la gente tiene disposición a escuchar. Cristo nos pide que demos testimonio de su obra portentosa en nosotros, de manera que él no quede sin testigo sobre la tierra de aquello que ha hecho.
Eso es lo que Pablo está diciendo cuando él escribe a los romanos, les dice: "Yo no me avergüenzo del evangelio." Yo he sido perseguido por el evangelio, apresado por el evangelio. Yo he sido latigado por el evangelio. Yo he sido encadenado por el evangelio, golpeado por el evangelio, burlado por el evangelio. Se me han reído de mí por el evangelio. Pero no me avergüenzo, porque es poder de Dios para salvación. Y es el evangelio que ha traído la salvación a tu vida. Yo tengo que ser un testigo viviente, ambulante, de que yo, al igual que Lázaro, pasé de la muerte a la vida. Cierto, estabas muerto en delitos y pecados y volviste a la vida. Lázaro es simplemente una, por así decirlo, parábola actuada en la realidad de lo que hemos sido nosotros.
Jesús está rodeado de múltiples personas, pero termina solo. Quizás vale la pena preguntarnos por qué un hombre tan rodeado de gente terminó tan solo. ¿Estaba esta gente siendo sincera en el momento? ¿Estaba esta gente genuinamente rindiendo adoración, o era simplemente adulación? ¿Cómo yo sé la diferencia? ¿Era esta una multitud de adoradores o una multitud de aduladores?
Yo creo que con toda probabilidad había un grupo de personas ahí que querían básicamente un beneficio, un beneficio de Jesús. Cuando él entrara ahí y se constituyera rey, como ocurre con las campañas políticas hoy en día, yo creo que había un grupo de personas similar. Pero yo creo que probablemente debió haber habido allí algunos, no sé cuántos, que genuinamente estaban expresando aquello que su corazón sentía y que tenían agradecimiento por lo que Jesús había hecho, por lo que ellos habían visto. Aunque a lo mejor no habían podido verlo todavía como Dios. Ver a Jesús como Dios en ese momento no fue un proceso fácil ni aun para los discípulos.
De hecho, en la primera tormenta, cuando él calma los vientos, los discípulos dijeron: "¿Y quién es este, que hasta los vientos le obedecen?" Y no tenían la menor idea. En la segunda tormenta, como hablamos en una ocasión, entonces cuando ellos ven a Cristo caminar sobre las aguas y los vientos se calman y él entra a la barca, entonces dice el texto que ellos se postraron y le dijeron: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios." Y le adoraron.
De manera que ver a Jesús como Dios no fue fácil para los discípulos, probablemente no fue fácil para las multitudes. Todavía después de la resurrección, cuando él se reúne en el monte con más de quinientos testigos, se le está despidiendo, el texto de Mateo 28 dice que muchos le adoraron pero otros dudaron. Yo creo que en ese día hubo gente que genuinamente le rindió honor, pero que el último día no estaba.
No pasó diferente con los doce discípulos. El último día Juan se acercó y Pedro se acercó, pero le negó. Estaba físicamente, pero no estaba emocionalmente. ¿Fueron los once, dejando a Judas afuera, no sinceros, no genuinos? No, yo creo que ellos eran hombres altamente pecaminosos como nosotros, pero tienes que ponerte en los zapatos humanos de lo que ocurrió en aquella ocasión. Esta era la semana de la Pascua, la ciudad está en ebullición, los fariseos y los saduceos están detrás de Jesús para quitarle la vida. Las autoridades romanas están a punto de ser provocadas por algo similar. La gente creía que Jesús era el Mesías, pero de repente Jesús va a terminar de una manera que un Mesías no terminaría. Y los discípulos desaparecieron también como desaparecieron estas multitudes. ¿Qué los hizo desaparecer? Aquellos que en ese momento quizás tenían una disposición genuina: el temor.
Nosotros con frecuencia, aun de este lado del Antiguo Testamento, estando en el Nuevo, aun de este lado del nuevo nacimiento, ya habiendo nacido otra vez, muchas veces acusamos a otros por su falta de fe, por el temor que experimentan, hasta que a nosotros nos toca vivir la experiencia. Fue Adán el que se escondió cuando él tuvo miedo. Fue Abraham el que, cuando él experimentó miedo, tomó a su esposa y se la entregó a otro hombre; le dijo: "Esa no es mi esposa, dile que tú eres mi hermana. Él va a querer tener relaciones contigo, pero yo tengo que salvar mi vida." ¿Recuerdas? Fue el temor que hizo que Pedro le cortara la oreja a un soldado. Fue el temor que hizo que Pedro negara a Jesús tres veces.
No vayamos muy rápido. El temor y la manera como yo reacciono son reacciones pecaminosas, no hay duda de eso, de mi carne. El problema es que mi espíritu está dispuesto, pero mi carne es débil. Y Dios, en su gracia y misericordia, entonces tiene compasión de los hijos temerosos, de los asombrados.
Esta multitud estaba ahí. Probablemente la mayoría no eran genuinos en su expresión de adoración; era más una adulación que una expresión verdadera del corazón de adoración, sin lugar a duda.
El libro, la historia está ahí para probar eso: que la mayoría no fueron sinceros. Pero no creo que ese fue el caso con todos.
Jesús entra y sigue para el templo. Este es su destino final ese día. Él sabe para dónde va. Él sabe dónde tiene lo que tiene que inspeccionar. Si las cosas en el templo no andan bien, nada va a andar bien. Este es el lugar donde debe rendirse a Dios la mayor honra, de manera que vamos a ver qué está ocurriendo allí.
Marcos 11:11 nos dice que Él entró a Jerusalén, llegó al templo, y después de mirar todos los alrededores, salió para Betania con los doce, siendo ya avanzada la hora. No hizo nada. Él cabalgando, vamos a llegar al templo, llega al templo, y Él dice que lo inspeccionó todo: todas las actividades que se estaban llevando a cabo allí, el cambio de moneda, los corderos que se vendían. Lo inspeccionó todo, le pasó revista a las actividades, y aparentemente el texto no especifica, pero posiblemente sin pronunciar palabra, Él se da media vuelta y se retira al final de la tarde con sus discípulos a Betania, la aldea donde vivía Lázaro, María y Marta. Algunos especulan que quizás esa era la familia donde Jesús se quedaba cuando tenía que estar en sus alrededores, por lo mucho que aparentemente dice el texto que amaba a Lázaro.
Al día siguiente, Jesús realizó la limpieza. El texto de ahora no nos dice en qué condiciones estaba el templo, pero el texto siguiente nos dice cuando nos habla de las mesas que tumbó, y los cambistas que echó fuera, y cómo limpió todo el templo. Quizás esa noche Jesús no pudo dormir, quizás pensando en las condiciones en que había caído justamente la nación elegida, representada ahora por las condiciones del templo.
Al otro día Jesús regresa. No nos vamos a entrar ahí. Él es provocado. Probablemente fue provocado ese día y reaccionó al siguiente día, pero Él es provocado por lo que vio. Y nosotros tenemos que ser provocados por el pecado. Si bien es cierto que tenemos que entender el pecado en el otro como existe el pecado en mí, no es menos cierto que cuando el pecado deja de provocarme, eso implica que yo estoy viviendo las mismas condiciones de aquel que está viviendo en ese pecado, en esa práctica de pecado. Claro que el pecado tiene que provocarme. Y de lo contrario, tengo que inspeccionar. Yo soy el templo del Espíritu. Jesús inspeccionó el templo de Jerusalén; yo tengo que revisar mi condición delante de Dios.
Jesús inspecciona el templo, se regresa, o sea, da media vuelta y se va a Betania. Eso es lo que ocurre. Entonces duerme esa noche y al día siguiente, versículo 12: "Cuando salieron de Betania, Jesús tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si quizás pudiera hallar algo en ella. Cuando llegó a ella, no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos." Y Jesús, hablando a la higuera, le dijo: "Nunca jamás coma nadie fruto de ti." Y sus discípulos le estaban escuchando.
Muchos son los que han criticado a Jesús. Un ejemplo es Bertrand Russell, aquel escéptico acérrimo, ateo acérrimo. Decía que Jesús no representaba ni siquiera el modelo de virtud más alto de la humanidad. Que cómo es posible que pudiera secar a una higuera en un arranque de ira simplemente porque no le dio higos, cuando ni siquiera era el tiempo de los higos. ¿Este piensa que Jesús no sabía que no era el tiempo de los higos? ¿Este piensa que tener un arranque de ira y secar un árbol de higuera era compatible con el carácter de Jesús, con todo lo que había vivido? Claro que no.
Lo que muchos entienden desde el siglo IV —de hecho, el comentario más antiguo sobre el Evangelio de Marcos lo hizo un hombre de nombre Víctor de Antioquía en el siglo IV— desde esa época muchos han creído que lo que Jesús hizo ese día fue simplemente usar la higuera como una forma de actuar una parábola. En vista de un árbol que tenía mucho follaje, muchas hojas, pero que no tenía frutos; que parecía fructífero desde lejos, por eso se acerca, pero que a una examinación más cercana carecía de frutos. Y que entonces, cuando Él maldice el árbol y lo condena y se seca, lo que estaba reflejando con eso era la condición de la nación de Israel y el juicio que vendría después de su crucifixión sobre la nación, y la destrucción incluyendo del templo mismo.
De hecho, Marcos usa aquí una técnica de narración que muchos han llamado el sándwich. Marcos habla del templo, que Él fue e inspeccionó, luego la higuera, y luego regresa otra vez al templo y habla de cómo lo limpió. Eso es algo muy típico de Marcos. Él habla de un evento, se detiene, habla de otro evento, y luego regresa al primer evento. Y eso es lo que han llamado la técnica de sándwich en Marcos. Él está haciendo esto aquí otra vez, y es la razón por la cual, al tener la higuera entre la visita al templo y la limpieza del templo, muchos entienden que justamente el secar la higuera está conectado con eso que Él vio y eso que Él hizo al día siguiente. Y la higuera era simplemente una especie de parábola actuada en la vida y había de una nación que tenía un templo, un templo grande con mucho esplendor, que de lejos parecía honrar a Dios, pero que de cerca carecía de frutos.
Y al día siguiente entonces Marcos nos dice, en 11:20, que la higuera se secó desde la raíz. No las ramas, desde la raíz. Eso nos recuerda las palabras de Juan el Bautista en Mateo 3:10: "Y el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego." A ese tiempo había llegado la nación de Israel. Todo árbol que no da fruto es cortado y echado al fuego. El hacha está puesta a la raíz. La higuera se secó desde la raíz. Y para Él pudo haber lucido como una nación en ruina, pero su tiempo llegó.
Nosotros podemos lucir en ocasiones como un cristiano genuino, pero si no lo somos, nuestro tiempo llegará. Le llegó a Judas, le llegó a Demas, y le llegó a aquellos de quienes Juan escribía en su primera carta, que salieron de nosotros. Primera de Juan 2:19: "Pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros."
Israel pudo fingir por un largo tiempo quizás, pero al final su corazón fue puesto de manifiesto. Y fue puesto de manifiesto en su mejor manera el día que clavaron a Jesús en un madero y lo rechazaron, a pesar de que a los suyos vino y los suyos no le recibieron. Es esa nación la que el día de la crucifixión prefiere a Barrabás antes que a Jesús.
Y en la vida entonces, a veces, del cristiano hay un Barrabás. Es una circunstancia, es una cosa, es una ocasión, es una persona, que en nosotros terminamos prefiriendo de manera definitiva antes que a Jesús: el Barrabás en nosotros. Y cuando esas cosas ocurren, entonces nuestro corazón queda expuesto, como quedó expuesto el corazón de la nación de Israel, que por una gran parte de su vida y por una gran cantidad de personas ofreció a Dios más una adulación, o a Cristo en este momento, que una adoración.
La higuera y su secarse solo simbolizaba la condición en que quedaría esa nación que por mucho tiempo lució como que estaba bien. De hecho, la nación de Israel es referida como una higuera en Jeremías 8:13, en Oseas 9:10, en Nahúm 3:12. De manera que ese día ellos vieron una parábola actuada de algo que estaba a punto de ocurrir y que ponía de manifiesto las palabras de Jesús cuando Él dijo: "Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí."
En aquel tiempo muchos ofrecieron más bien esa adulación que una adoración. En este tiempo hay también adulación del Dios que me protege, me cuida, me guarda. Y hay también adoración de agradecimiento al Dios que ya ha realizado todo eso y que me ha dado muestra en la cruz de cuánto me ama. Una, la adulación, es de labios; la otra, la adoración, es de corazón. Una es caracterizada por palabras; la otra es caracterizada por algo que es en espíritu y en verdad. Y es detrás de esa adoración que nuestro Señor Jesucristo está. Eso es lo que yo necesito rendirle: algo que viene de mi interior como consecuencia de yo haber entendido todo lo que Él es, todo lo que ha hecho en mi favor, de lo cual testifica la cruz, toda la Palabra de Dios.
Mira, que nuestra oración en el día de hoy es que Dios nos ayude a poderle rendir algo que sea verdaderamente en espíritu y en verdad, y que no sea simplemente, como dicen en inglés, "lip service", el servicio de labios, sino que mi corazón lata con el sonar de mis palabras, que haya una sinceridad en mi mente a la hora de yo rendir toda mi vida a lo que Él es, y que entonces ciertamente podamos decir: "¡Hosanna en las alturas!"