El adulterio no comienza con un acto físico sino con un deseo en el corazón. Esta es la enseñanza radical que Jesús presenta en el Sermón del Monte cuando declara que quien mira a una mujer para codiciarla ya ha cometido adulterio con ella. Para un pueblo que había trivializado el divorcio hasta el punto de permitirlo por cualquier razón —incluso porque la esposa quemó una comida—, estas palabras fueron profundamente confrontadoras. Los discípulos mismos, formados bajo la enseñanza de los fariseos, tuvieron que desaprender lo que siempre habían creído.
La santidad del matrimonio descansa en algo que por siglos permaneció como misterio: esta unión refleja la relación de Cristo con su iglesia. Dios no instituyó el matrimonio principalmente para compañerismo o procreación; esos son beneficios. El propósito es glorificar a Dios mostrando al mundo una unión íntima, indivisible y permanente. Por eso violar el matrimonio es tan grave: no solo se quebranta el séptimo mandamiento, sino prácticamente todo el decálogo. Se ama más al yo que a Dios, se hace un ídolo del placer, se deshonra a los padres, se roba el cónyuge ajeno, se miente para encubrir.
Jesús llama a ser radicales en proteger esta unión. Si algo puede convertirse en piedra de tropiezo, hay que extirparlo. La ilustración de C.S. Lewis sobre pagar para ver un strip tease revela cuán enfermizo está el apetito sexual de nuestra época, comparable a pagar para ver cómo descubren un pedazo de carne en un plato. El llamado no es a la condenación de quienes han fallado, pues hay perdón y restauración en Cristo, sino a despertar sensibilidad hacia la santidad de un compromiso que refleja algo eterno.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Bueno, hoy continuamos la serie sobre el Sermón del Monte, que nos va a continuar exactamente donde nos habíamos quedado. Esta es una sección sumamente sensible y controversial en algunos círculos. La Palabra de Dios nos manda a predicar todo su consejo, y queremos pedirle a Dios que nos llene de su gracia y su verdad para poder hacerlo en el mismo espíritu en que él pudo haber predicado estas palabras. De manera que yo voy a leer esta sección de Mateo 5, del 27 al 32. Habíamos cubierto hasta el 26.
Así dice su Palabra: "Habéis oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo vaya al infierno. También se dijo: Cualquiera que repudia a su mujer, que le dé carta de divorcio. Pero yo os digo que todo el que se divorcia de su mujer, excepto por causa de infidelidad, la hace cometer adulterio, y cualquiera que se casa con una mujer divorciada comete adulterio."
El texto que yo acabo de leer representa otra de esas enseñanzas de Jesús donde él tomó parte de la ley del Antiguo Testamento para explicar el verdadero sentido y extensión de esa ley. Estas son ilustraciones de cómo ellos no debieron haber interpretado la ley y cómo debían comenzar a partir de ahora a entenderla. Yo creo que para un pueblo que hasta ese momento había hecho de la práctica del divorcio algo completamente trivial, estas palabras fueron sumamente chocantes, fueron sumamente confrontadoras, hasta el punto que el pueblo respondió con frecuencia de manera airada. Pero su ira era la evidencia de que ellos estaban en franca, en franca violación de las palabras que estaban escuchando.
Los discípulos de Jesús creían exactamente lo mismo que los fariseos, porque eso era lo que ellos habían aprendido. Y ahora ellos tenían que, siendo confrontados por una nueva enseñanza, desaprender mucho de lo que ellos habían aprendido. Y no hay nada más difícil que despegarte de aquello que tú has asumido por toda la vida y que tú descubres un día que no es cierto.
Yo lo he ilustrado en otras ocasiones de esta forma; permítanme hacerlo una vez más. En nuestro contexto cultural nosotros creemos que el sereno enferma. Lo hemos dicho tantas veces. El sereno no es un virus, no es una bacteria; lo único sereno que conocemos es una persona, y es un guardián. Esa enfermedad no existe en otras latitudes, solamente acá en nuestro país. Pero no hay manera de que, aunque tú se lo expliques a alguien como médico, como infectólogo, no importa, ellos creen su tradición antes que la evidencia. Y así somos en el mundo espiritual también, de manera que esto que ellos estaban escuchando en esta ocasión no iba a ser desaprendido tan fácilmente, porque ellos habían oído otra cosa.
Cristo está tratando de ilustrar la diferencia monumental que existía entre la manera como ellos aprendieron la ley y la manera como realmente la ley era y es. Y él hizo eso con una frase, la cual ya yo he aludido: "¿Habéis oído?" "¿Habéis oído en el pasado?" "Pero yo os digo ahora." Y él comienza a darle la verdadera interpretación y sentido a esa ley.
Él tomó seis ilustraciones. Yo no creo que fueron ilustraciones al azar; yo creo que estas ilustraciones representaban algunas de las peores distorsiones de las enseñanzas de la ley, o probablemente ambas cosas: representaban enseñanzas que tenían un enorme impacto en la vida cotidiana del cristiano y de la familia. La primera ilustración tenía que ver con la comparación de la ira y el homicidio, y hicimos eso la semana pasada. En esta ocasión es la comparación o la explicación de en qué consiste el adulterio, que es algo que ocurre en mi interior antes de yo llevarlo a cabo en la práctica.
Yo decía esta mañana que si hay una enseñanza que necesita ser enfatizada hoy en día es esta. Porque nosotros vivimos en una sociedad donde los frenos sociales se han ido, donde el hedonismo es un estilo de vida, donde las consecuencias no las vivimos lamentablemente, y donde el interés personal prima por encima de la honestidad, del compromiso y de la fidelidad. Nosotros estamos extremadamente enfermos en el área que tiene que ver con la sensualidad humana.
C. S. Lewis trataba de explicar cuán enfermos nosotros estamos con una simple ilustración, y él decía que es increíble pensar que en nuestro tiempo la gente paga dinero para ir a un lugar, a un bar, un sitio similar, a ver a alguien haciendo un striptease, desvestirse. Imagínate, para poder explicar cuán enfermizo eso es, imagínate que tú fueras a un planeta u otro lugar, un país, donde la gente paga dinero y se sentara alrededor de un área donde en el medio hay una mesa con un plato que está cubierto, y que debajo de ese plato hay un pedazo de carne o de filete o de tocineta, y que la gente esté ansiosa viendo cómo paulatinamente se descubre el pedazo de tocineta. Si tuvieras eso, tú dirías que hay algo radicalmente enfermizo con el apetito y el estómago de esta gente. Eso es lo que debiéramos concluir con el apetito sexual de nuestros días. De manera que es una excelente ilustración de parte de C. S. Lewis.
Ahora, alguien pudiera decir: "Bueno, pastor, pero en los tiempos de Cristo, en el primer siglo, eso no era diferente; la inmoralidad era igual como lo tenemos hoy en día." Bueno, sí, pero eso fue precisamente lo que socavó las bases del imperio y terminó derrumbándolo. Pero yo creo que tenemos que hacer una observación más, y es que en los tiempos de Cristo, en ese mundo pagano en el que él vino, en el mundo del imperio romano, la moralidad nunca había sido mejor. Ellos nunca habían conocido un estándar de moralidad superior al que estaban viviendo, porque el mundo pagano siempre fue pagano desde que comenzó.
Pero eso no lo podemos decir de muchas de nuestras sociedades occidentales, donde se ha conocido un estándar de moralidad más alto por el cual la población vivía, y ese estándar ha sido abandonado y se ha abrazado ahora una nueva moralidad, un nuevo estilo de vida, nuevos valores. No hay virtudes; hemos cambiado el nombre "virtudes" por "valores", porque valores es aquello que tú aprecias, y eso puede ser cualquier cosa en la vida de alguien. Virtudes eran condiciones que todo el mundo entendía que eran morales, buenas y válidas, que habían sido dadas por el Creador al hombre para ennoblecer precisamente la vida.
Cuando Cristo viene, existía en el mundo romano lo que mencionamos la vez pasada: la patria potestad. La patria potestad le daba al esposo y/o al padre de familia amplios márgenes de autoridad, de manera que la mujer siempre era o propiedad de su padre o propiedad de su esposo. No tenía derechos, literalmente hablando. De hecho, la patria potestad era tan extensa, extensiva, que aun para el hijo varón, él siempre estaba bajo la autoridad de su padre mientras este viviera. Imaginémonos ahora, en ese mundo, lo que representó la mujer: nada más que una propiedad para ser usada y desechada al servicio de o el padre o el esposo.
Recordemos un solo ejemplo: Lot, yéndonos atrás. Cuando la gente de Sodoma y Gomorra toca la puerta para tener relaciones con estos seres angelicales que le visitaron, él tomó sus hijas y se las ofreció a ellos para que tuvieran relaciones con ellas. La mujer tenía ese bajo valor. Y Cristo está tratando de levantar el valor de la mujer y el valor de esta unión llamada matrimonio donde esa mujer participa.
Pero tanto el matrimonio, la fidelidad, el divorcio y el nuevo matrimonio aún estaban distorsionados en los tiempos de Cristo, que él se detiene en este Sermón del Monte precisamente a aclarar y enderezar lo que ellos habían torcido.
Para este tiempo había dos escuelas de pensamiento, y rápidamente, como hemos hablado de eso en otras ocasiones, le voy a dar una sola pincelada. Estaba la escuela de Shammai y la escuela de Hillel. La escuela de Shammai era sumamente estricta u ortodoxa; consideraba que solamente el adulterio era causa de divorcio. Y estaba la escuela de Hillel, sumamente liberal, que consideraba que tú te podías divorciar de esa esposa por cualquier razón.
Y alguien pudiera preguntar: "Pero, ¿cómo dos escuelas de pensamiento en el mundo hebreo surgen al mismo tiempo?" Muy fácil: tú buscas una escritura, como hoy también aparecen predicadores que lo hacen, la distorsionas, le das tu propia interpretación y llegas a donde tú quieras llegar.
Y esa escritura que ellos habían tomado era la escritura de Deuteronomio 24:1 y siguientes, donde dice: "Cuando alguno toma una mujer y se casa con ella, si sucede que no le es agradable porque ha encontrado algo reprochable o indecente" —de acuerdo a la Reina-Valera del 60, "se ha encontrado algo reprochable o indecente en ella"— "le escribe certificado de divorcio, lo pone en su mano y la despide de su casa." Y ahí continúa el texto.
Pero ellos tomaron esa frase, esa palabra, "si encuentra en ella algo reprochable", y dijeron: "Bueno, eso puede ser hasta una comida que se le haya quemado, y eso constituye carta de divorcio." O: "Bueno, si yo encuentro a alguien más atractiva que mi esposa, mi esposa ahora es reprochable; eso también puede ser carta de divorcio." Esa era la escuela de Hillel. Tú te puedes imaginar cuál de las dos escuelas era más popular. Olvidaron todos lo que la Palabra de Dios había enseñado anteriormente.
Para el tiempo cuando el Antiguo Testamento ya está a punto de cerrar, y luego cuatrocientos años de silencio, y luego aparece el Cristo, en ese tiempo cuando el Antiguo Testamento está a punto de cerrar, ¿cuál no estaba la condición del pueblo de Israel con relación al matrimonio? Malaquías 2, del 13 al 16: "Y esta otra cosa hacéis," dice el Señor, "cubrís el altar del Señor de lágrimas, de llantos y gemidos."
Porque Él ya no mira la ofrenda ni la acepta con agrado de vuestra mano. Y vosotros decís: "¿Por qué?" Porque el Señor ha sido testigo entre tú y la mujer de tu juventud, contra la cual has obrado deslealmente, aunque ella es tu compañera y la mujer de tu pacto. Pero ninguno que tenga un remanente del Espíritu lo ha hecho así. ¿Y qué hizo este mientras buscaba una descendencia de parte de Dios? Presta atención pues a vuestro espíritu, no seas desleal con la mujer de tu juventud. Porque yo detesto el divorcio, dice el Señor Dios de Israel, y al que cubre de iniquidad su vestidura, dice el Señor de los ejércitos. Prestad atención pues a vuestro espíritu y no seáis desleales. ¡Wow!
El Señor está diciendo al pueblo de Israel: "Vosotros venís y venís llorando ante mí y cubrís mi altar de llanto y de gemido, y lloráis porque ya yo no les atiendo, porque no recibo con agrado vuestra ofrenda, porque ya no les respondo sus oraciones, y me preguntáis por qué." O sea, sí, yo te voy a decir, yo te voy a decir: porque tú has sido desleal con la mujer de tu juventud, con la mujer de tu pacto, con la mujer que tú sabes es parte de un pacto que no es quebrantable. Yo detesto el divorcio. Y cuatrocientos años pasan, y cuando Cristo viene, esas palabras ellos ni las recordaban. Hasta el punto que sus discípulos, cuando escucharon esta enseñanza más adelante en Mateo 19, donde Cristo está enseñando que solamente por adulterio se podría alguien potencialmente divorciar, los discípulos dijeron: "Bueno, mejor quedarse soltero." Y Cristo dice: "Lo que para vosotros es imposible, es posible para Dios." Eso es lo que el Señor estaba tratando de enseñarles.
De manera que la idea que ellos tenían del matrimonio había sido trastocada, y ahora tenemos una mejor idea del trasfondo moral en los tiempos de Cristo. Si pensamos todavía más en los romanos, que eran la clase gobernante, los romanos habían tenido una mejor idea del matrimonio en un principio en el imperio. Pero cuando Roma conquista a Grecia militarmente, Roma fue conquistada por Grecia culturalmente, y Roma absorbió los valores de la cultura griega. Y en Grecia, el matrimonio estaba por el suelo. Un esposo podía darle carta de divorcio a su esposa sin ningún testigo, sin ningún papel, por la razón que él quisiera. De hecho, los griegos decían, y era ampliamente aceptado: "Tú te casas para tener hijos y alguien que cuide la casa, pero tú tienes prostitutas para el placer."
Roma acepta ese valor de Grecia, lo incorpora a su cultura. Cuando Cristo viene, Él está tratando no solamente de redirigir hacia la ley nuevamente al pueblo hebreo; Él está tratando de levantar la moral de las sociedades de sus días. Es por eso que cuando Él se va, nos dice a nosotros hoy: "Vosotros sois la sal de la tierra y luz del mundo." Es nuestra responsabilidad como pueblo de Dios, que representamos a Dios, levantar ante el mundo el estándar de Dios, observando sus leyes, preceptos y mandamientos de una mejor manera, para que Él pueda ser representado como Él es. Por eso somos la sal de la tierra y la luz del mundo.
Con eso entonces como introducción, yo quiero comenzar mi sermón del día de hoy. En primer lugar, yo quiero que veamos el nuevo entendimiento de la fidelidad a la luz de la enseñanza de Cristo. Número dos, yo quiero que veamos hasta dónde yo debo llegar para evitar cometer adulterio. Y en tercer lugar, que veamos las implicaciones de ese adulterio.
Comencemos con la fidelidad matrimonial en los ojos de Jesús. ¿Qué es lo que Cristo está haciendo? Escucha: "¿Habéis oído que se dijo?" En el pasado, lo que los rabinos enseñaron. "Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla, ya cometió adulterio con ella en su corazón." Yo no sé cuáles fueron las caras que la gente puso cuando Cristo dijo eso, pero me imagino la gente viéndose: "¿Oye, puedes creer eso? Imposible. ¿Y entonces quién no ha cometido adulterio?"
Jesús toma la esencia de un mandamiento de la ley de Dios y luego pasa a interpretarlo en lo que me enseña algo que es vital. Él está tratando de ayudarnos a entender que para el que está casado, adulterio no es simplemente haber cometido el acto físico de la relación sexual con una persona que no es su cónyuge, sino el codiciar a una persona que no es su cónyuge. Ajena.
Alguien me decía después del culto, primero una de nuestras jóvenes: "Mi pastor, pero sabe qué, muy buena observación: los solteros también podemos adulterar, porque muchas veces vemos a alguien y decimos qué pena que ese muchacho tiene novia." Con lo cual yo estoy codiciando el novio de esa otra muchacha, y eso es una infidelidad. De manera que quería mencionarlo porque creo que es muy, muy buena observación.
¿Qué significa en la práctica? En términos de codiciar la mujer ajena, es cualquiera que haya podido tener pensamientos representados por estas frases: "Si pudiera, lo hiciera." "Si tuviera su permiso —no el de tu esposa, el de ella— yo lo haría." "Si no se fuera a saber, me gustaría." Algo que ha sido descrito por muchos estudios es que una enorme cantidad, la enorme mayoría de los hombres, ha albergado en su mente un deseo de en algún momento, en alguna ocasión, poder tener esa relación ilícita en algún lugar, si él pudiera tener las garantías de que eso no iba a ser sabido, como un viaje a la China o a la India.
G. K. Chesterton ilustró con su propia vida ese deseo. Fue a la India y un día a las seis de la mañana se fue a bañar. Estaba nadando, vio una mujer desnuda bañándose y comenzó a nadar a toda velocidad hacia ella. Cuando llegó, que ya estaba a punto de echarle mano, ella se voltea y él la ve, y era una mujer leprosa, totalmente desfigurada. Y él se sintió como asqueado de ella, se da la vuelta y comienza a nadar en dirección contraria, hasta que de repente él se dio cuenta de que era él el que tenía que asquearse. Porque él había albergado toda su vida ese sueño de lo que yo les acabo de hablar, y pensó que en la India, a las seis de la mañana, solo, nadie se enteraría.
Ahora, lo que Cristo está tratando de ayudarnos a entender aquí es que el pecado del adulterio, antes de ocurrir en la acción, ocurre en el corazón. Yo no peco con mis ojos; no son mis ojos los que pecan, no son mis manos las que pecan, no es ningún miembro de mi cuerpo el que peca, porque no tiene voluntad propia. Es mi corazón el que peca, y en su pecado, en su pasión y deseos, mueve mis ojos y mueve mis manos y mueve los miembros de mi cuerpo. Y eso es exactamente lo que Cristo está tratando de decir. Escucha: el adulterio no es un acto físico; se convierte en eso, pero ya el pecado ocurrió. Es un acto espiritual en el interior del hombre.
Escucha Proverbios, increíble que lo escribiese el hombre más adúltero que se pudiera conocer: 4:23, "Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida." Tu corazón es ahí donde está. Por eso es que la Palabra de Dios habla de caminar en integridad de corazón. En mi corazón es que yo peco, y con los miembros de mi cuerpo yo llevo a cabo el pecado que ya yo he cometido.
Para ellos, esto era totalmente nuevo. Para los judíos que habían hecho de la ley algo que nada tenía que ver con la intención del corazón, esto era nuevo. Porque para ellos lo que importaba era la acción, lo externo. Lo que Cristo está ayudando ahora a hacer es que entendamos que el adulterio, antes de ser físico, es espiritual. Es en mi corazón. Y es emocional en el momento que yo comienzo a compartir las emociones que solamente deben ser compartidas con mi cónyuge; yo comienzo a hacerlo con otra persona.
No olvidemos entonces, antes de continuar, que la intención precede a la acción. La intención en todo pecado precede a la acción. Primero yo peco en mi interior y luego yo peco en mi exterior. Dios juzga mi corazón todo el tiempo; siempre ha sido así, y no solo la acción. Número cuatro: la acción no es la maldad, es la revelación de la maldad interior que yo llevo. Número cinco: el otro no es la culpa de mi pecado en ningún pecado; el otro es solamente el revelador de mi condición en mi interior, nada más. Es el instrumento que Dios ha usado para revelar cómo yo ando, cómo yo estoy. Y eso es cierto en este caso del adulterio, y en cualquier otro pecado.
Esta es la primera enseñanza que Cristo está tratando de pasarnos acerca de qué es el adulterio, en qué consiste, cómo puede ser definido, cómo se comete. Lo segundo que Cristo quiere hacer es ayudarnos a entender hasta dónde tú y yo debemos llegar para evitar ese pecado.
Versículo 29: "Si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti, porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno." Es obvio que esto es una ilustración; Él está usando una hipérbole para enfatizar algo. Esto no es literal, como lamentablemente Orígenes en el segundo siglo, creo que se castró a sí mismo haciendo aplicación de este texto. Eso no es lo que está diciendo, porque nosotros no tenemos ninguna evidencia de que el tuerto sea más fiel que el que tiene dos ojos, ni de que el manco cometa menos infidelidad que el que tiene dos manos. Él no está hablando de eso.
Lo que está diciendo es que tú tienes que ser radical, vertical, en lo que es el cuidar tu relación. Hasta el punto que cualquier cosa que te pueda hacer piedra de tropiezo o de escándalo —porque dicho sea de paso, la palabra, la frase "piedra de tropiezo" en el griego es *skandalon*— de donde nosotros tenemos la palabra "escándalo". Cualquier cosa que te pueda hacer piedra de escándalo, extírpalo, quirúrgicamente sácalo, échalo fuera.
Saben, ahora es interesante, porque también en el original, en aquella época, *skandalon* era el palito donde tú colocas el cebo que va a agarrar la presa. Piensa en una ratonera: el palito donde tú pones el queso, este palito era el *skandalon*. Cristo está diciendo que cualquier cosa que te pueda hacer ir de cebo en una trampa donde tú vas a caer atrapado, extírpalo de tu vida. Sácalo, échalo fuera.
Es preferible perder eso, que era un momento o un año que te iba a producir un beneficio temporal, efímero, placentero, que perder mayores bendiciones en tu vida. En ese contexto, la Palabra de Dios entonces nos manda siempre a huir de la tentación. Primera de Corintios 6:18, huir de la tentación. Segunda de Timoteo 2:22, huir de las pasiones juveniles. Si hay algo que nosotros sabemos es que hay una sola manera de lidiar con la tentación, y es huyendo.
Es increíble pensar que eso es revelado de esa forma en el Nuevo Testamento, pero en el Génesis, en el mundo en que las mujeres eran nada, en el mundo donde los hombres tenían tres o cuatro mujeres, un hijo de Jacob que tuvo cuatro mujeres sabía la verdad. La misma verdad que aparece en el Nuevo Testamento. ¿Quién se la reveló? Porque cuando la esposa de Potifar lo tienta, escucha lo que José dice: "¿Cómo entonces iba yo a hacer esta gran maldad y pecar contra Dios?" Se salió corriendo. Este hijo de Jacob, ese es el nieto de Abraham e Isaac y Jacob, José el bisnieto de Sara, a la que le dio su criada Abraham. Él sabía la verdad, él sabía ya en Génesis que adulterar era una gran maldad y que era pecar contra Dios. Y practicó lo que hoy hemos hecho en el Nuevo Testamento: huir de la tentación. No te detengas, no pienses, no reflexiones, no. Porque tú dices: "Bueno, entonces esto se va a saber y hay que pensar..." No, corre, sal corriendo. Ya te das cuenta de que sabemos más de lo que pensamos.
La pregunta entonces es: si este pecado es tan serio, ¿qué es lo que representa la santidad del matrimonio que está siendo violada con este pecado? ¿Qué es lo que hace tan sacro al matrimonio? Déjame darte la respuesta directamente de la Palabra de Dios. Efesios 5:31-32: "Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne." ¿De qué está hablando? Del matrimonio. Esto es lo mismo que el Génesis dice: por esta razón el hombre dejará a padre y madre y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. Pero escucha ahora: "Grande es este misterio." ¿Cuál? El del matrimonio. ¿Cómo? "Pero hablo con referencia a Cristo y a la satisfacción."
La santidad del matrimonio se debe al hecho de que en la mente de Dios no había, no podía haber ninguna otra institución que mejor representara la unión íntima e indivisible y permanente de Él con su satisfacción. Dios nunca ha hecho nada que no sea para revelar su gloria. De manera que Dios entendió que si bien es cierto que los cielos cuentan la gloria de Dios y la creación entonces la hace para revelar su gloria, si bien es cierto que la cruz revela su amor, su gracia, su perdón, su misericordia, su justicia, todavía había cosas de su ser que no estaban siendo representadas, cosas de su gloria que no estaban siendo representadas. Y una de esas era precisamente la unión que Él pretendía hacer entre Cristo y su Iglesia de una forma indivisible y permanente. Entonces Dios, cuando quiere glorificarse y reflejar ese aspecto de su esencia, nos da el matrimonio.
Nota cómo el texto dice: "Grande es este misterio." La palabra misterio, mysterion en griego, aparece 22 veces en el Nuevo Testamento. Y siempre hace referencia a algo que no se conocía en el Antiguo Testamento, pero que ahora a la luz del Nuevo Testamento ha sido revelado. De manera que Pablo está diciendo esto: "Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre" —eso sabíamos en el Génesis— "y se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne." Eso era un misterio, no se sabía el propósito de eso. Pasó por lo menos, pero no sabíamos en el Génesis que el propósito del matrimonio sería compañerismo, intimidad, procreación. No, ese no era el propósito del matrimonio, era un misterio, dice el texto. Esos son los beneficios del matrimonio, las bendiciones del matrimonio. El propósito es la gloria de Dios, la reflexión de la unión de Cristo con su Iglesia.
El apóstol Pablo dice: "Ya sea que comas o bebas o hagas cualquier otra cosa" —eso incluye si te casas— "hacerlo para la gloria de Dios." Dios nunca ha hecho, nunca ha instituido, nunca hará nada que no tenga como propósito número uno la glorificación de su nombre, de su ser, de su esencia, de lo que Él es, la proyección de eso que Él es en su naturaleza. El matrimonio es la reflexión de la unión de Cristo con su Iglesia. Por tanto, yo he dicho esto en varias veces últimamente: cuando el matrimonio no refleja la unión de Cristo con su Iglesia, el matrimonio está en pecado.
Por eso es que este pecado es como es: viola la santidad de Dios, empaña la gloria de Dios, obstaculiza el propósito de Dios, la reflexión de la unión de Cristo con su Iglesia, el propósito de Dios, la reflexión, el reflejo de su gloria ante el mundo y la unión de un Hijo con su Iglesia. La historia bíblica comienza con matrimonio: Adán y Eva. La historia bíblica cierra con otra boda: la del Cordero con su Iglesia. Y es celebrada en una gran cena, la cena del Cordero. ¡Wow! ¿Te das cuenta de lo que Cristo está tratando de decirnos aquí? Eso nos da una idea de qué es lo que representa la violación de la santidad del matrimonio y por qué esta unión es tan santa como es.
Pero déjame continuar ampliando eso para algunos que cuando yo hice esto la primera vez hace años, incluso no estábamos en este local y probablemente no me escucharon. El problema es que ese séptimo mandamiento, al ser violado, prácticamente viola casi todos los demás mandamientos del Decálogo.
Toma el primero: amarás al Señor con todo tu corazón, con toda tu alma y toda tu fuerza. Cuando yo cometo adulterio, ¿a quién yo he amado más? A mí, ni siquiera a la otra persona. Yo he violado el primer mandamiento de la ley de Dios.
En segundo lugar, viola el segundo mandamiento de la ley de Dios porque yo he hecho un ídolo del placer, del sexo, de mi yo, y yo he rendido mi yo ante el altar de la inmoralidad. Y yo me he convertido en un idólatra de mi sexualidad y de mi yo. Yo he violado el segundo mandamiento de la ley de Dios.
Tercer mandamiento de la ley de Dios: no tomarás el nombre de Dios en vano. El día que nosotros tomamos votos, los votos se hacen en presencia de Dios. Dios considera ese voto como sagrado. Escucha lo que dice Deuteronomio 23:21-23: "Cuando hagas un voto al Señor tu Dios, no tardarás en pagarlo, porque el Señor tu Dios ciertamente te lo reclamará y será pecado en ti. Sin embargo, si te abstienes de hacer un voto, no sería pecado en ti." No tras falsas y te quedas soltero, en este caso no es pecado. "Lo que salga de tus labios cuidarás de cumplirlo, tal como voluntariamente has hecho voto al Señor tu Dios, lo cual has prometido con tu boca" en presencia de Dios. Yo ahora violé el primer mandamiento, violé el segundo mandamiento, violé el tercer mandamiento.
El cuarto es con el día de reposo, de manera que no vamos al quinto. Yo violé el quinto mandamiento de la ley de Dios que tiene que ver con honrar a padre y madre. Los padres siempre se sienten avergonzados cuando estas cosas ocurren, ¿sí o no? Esa no es manera de honrar la memoria, el legado de mis padres.
Yo violé el sexto mandamiento de la ley de Dios, que ya es intención primaria, como mostramos la vez pasada, es proteger la imagen de Dios en el hombre. Si Santiago se queja de que cuando nosotros hablamos con palabras malas contra el hermano violamos la imagen de Dios en ese otro con simplemente hablar contra él, imaginémonos ahora lo que implicaría el cometer adulterio. Yo he violado la imagen de Dios en esa otra persona que no he respetado.
Ahora he violado el primero, el segundo, el tercero, el quinto, el sexto. El séptimo es literal: no cometerás adulterio. El octavo lo violé porque dice no robarás; yo le he robado el cónyuge a alguien. El noveno es violado porque dice que no hablarás mentiras, y yo no conozco cómo es posible hacer eso sin mentir. Y el número diez es violado literalmente porque dice: no codiciarás la mujer de tu prójimo. Es más, ni el asno de tu prójimo, dice el texto. Imagínense la mujer de tu prójimo.
Es todo esto que le da el sentido sagrado al matrimonio. Es todo esto que le da al matrimonio el peso que tiene ante los ojos de Dios. Es todo esto lo que hace que este mandamiento, esta violación, haya sido tratada tan severamente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.
Escucha, en el Antiguo Testamento la severidad. Dios ha mostrado la seriedad de algo, la violación de un mandamiento, de diferentes maneras. A veces lo hace por repetición, a veces lo hace ayudarnos a entender sus consecuencias, a veces lo hace ayudarnos a entender sus penalidades. Escucha la penalidad en Levítico 20:10: "Si un hombre comete adulterio con la mujer de otro hombre" —paréntesis: que cometa adulterio con la mujer de su prójimo— "el adúltero y la adúltera ciertamente han de morir." ¡Wow! Ambos.
Para el tiempo de Cristo esto había caído prácticamente en desuso, y después de Cristo esta no es la penalidad para eso, hay otra manera de tratar con eso. Pero Dios nos enseñó, antes de enviar a su Hijo, cuán serio era violar este mandamiento. La pena de muerte no estaba establecida para todos los pecados, sino para un grupo de pecados; dentro de ellos estaba este, el pecado del adulterio.
La pregunta es: ¿por qué? Bueno, dos razones que yo pueda ver. Una, lo que hemos explicado: la violación de la santidad de Dios en múltiples dimensiones o sentidos. Y dos, porque este pecado atenta, amenaza la estabilidad de la sociedad. La sociedad inestable de hoy en día es simplemente un reflejo de la familia inestable. No hay familias estables en presencia de este pecado. De manera que mucha de la inestabilidad que nosotros vemos en la sociedad representa hogares fracturados. Ejemplo: la enorme mayoría de las personas, por lo menos en Estados Unidos donde estas estadísticas se han hecho, que no terminan la escuela vienen de hogares fracturados donde el padre se ha ido. La enorme mayoría de los crímenes son cometidos por personas donde el padre no ha estado presente, donde el padre se ha ido.
El 95, el 98, el 99 por ciento de las violaciones son cometidas por hombres que vienen de hogares fracturados. Nosotros tenemos un problema que es eminentemente masculino en nuestras manos. Cárceles, drogas, el no terminar la escuela, etcétera, etcétera, vienen de esos hogares.
Cristo entonces, de forma muy escueta, nos ayuda a entender algo que yo no entendía. Escucha hacia el final, y también se dijo: "Cualquiera que repudia a su mujer, que le dé carta de divorcio." Pero yo os digo que todo el que repudia a su mujer, a no ser por causa de infidelidad, le hace cometer adulterio, y cualquiera que se casa con una mujer repudiada comete adulterio. Eso era nuevo.
A menos que la causa haya sido infidelidad, si despides a tu mujer, ¿qué ella va a hacer? Ella no puede volver a sus padres, no era la costumbre en ese momento. ¿De qué va a vivir? ¿Sabes qué ella va a hacer? Ella se va a casar otra vez, y tú le estás haciendo cometer adulterio. Pero el que se casa con ella, adúltero, y tú que la hiciste cometer adulterio, adulteraste también. Eso es lo que Cristo está tratando de ayudarnos a entender.
Esto era chocante porque el pueblo judío estaba acostumbrado por esa época a dar un certificado de divorcio. Pero hoy, ¿en qué constituye el certificado de divorcio? Dos líneas: "Sea esto por mi parte tu escritura de divorcio y carta de despedida y acta de liberación para que te puedas casar con quien quieras." Firmado, fulano, y entregado en presencia de dos testigos. No es que se discutiera el caso y que dos testigos dijeran si había causa de divorcio. No, no, yo te entregué un certificado de divorcio y había dos testigos conmigo. Eso era suficiente. En el mundo de Grecia ni eso era necesario. En el mundo romano, que copió a Grecia, iban por la misma condición.
De manera que con estas palabras Cristo estaba ayudándoles a ellos a entender algo, que ellos habían... Oye bien, hasta dónde ellos entendían la santidad del matrimonio. Te voy a dar dos de varios que estuve revisando de los dichos del pueblo hebreo, de las enseñanzas de los rabinos, te voy a dar dos. Uno de ellos decía: "La falta de castidad hace partir la gloria de Dios," referencia al matrimonio. Ellos entendían esto, no lo practicaban, pero ellos entendían eso. Y mira el otro dicho de parte de los rabinos: "Cualquier judío debe dar la vida antes de cometer idolatría, asesinato o adulterio."
Ellos sabían, los rabinos enseñaban esto. Pudiéramos preguntar, sentados aquí: bueno, pero ¿cómo es posible que si ellos sabían eso ellos practicaran otra cosa? De la misma manera que nosotros lo hacemos. El día de la boda: "¿Acepta usted como esposa?" "Sí." "¿En la muerte y en la enfermedad?" "Sí." "¿Hasta que la muerte nos separe?" "Sí." Yo sé que esto es indivisible. Yo no puedo alegar después que yo no lo sabía. Yo lo juré, yo dije que era hasta que la muerte nos separe, y se me dijo que era un voto, un juramento. Yo lo sabía, igual que ellos lo sabían, y lo violamos como ellos lo violaban.
Eso nos da una idea de lo que Cristo está tratando de hacer. Y en ese mundo donde la mujer prácticamente no valía nada, escucha lo que dice este investigador clásico A.W. Veron. Dice: "Una de las principales enfermedades de la que murió la civilización antigua era el bajo concepto de las mujeres." Darrow Miller, que va a estar hablando aquí en esta iglesia, el miércoles y jueves, va a estar hablando de eso, de que el bajo concepto de las mujeres fuera del concepto bíblico es catastrófico para las sociedades.
Y en nuestros días, ¿qué lo que la mujer ha entendido? Es verdad, las mujeres no son valoradas. "Nos vamos a liberar y nos vamos a ver bien sensuales." Tú no conoces una forma más rápida de desvalorizarte que volverte sensual, que convertirte en objeto de gratificación. Y eso está destruyendo la sociedad.
El texto de hoy claramente establece la potencial división del matrimonio por adulterio, en caso de que no se pueda restaurar y reparar, que sería lo ideal. ¿Por qué sería lo ideal? Porque eso es lo que mejor refleja la unión de Cristo con su Iglesia, que le ha sido infiel y Él permanece con ella. Ahora, dada nuestra pecaminosidad y caída, Dios ha permitido, por la dureza de nuestros corazones, como en los tiempos de Moisés, hacer una concesión cuando esa restauración no ha podido ser dada por ciertas condiciones. Pero lo ideal es perdón y restauración, como Cristo perdonó a su Iglesia y la restaura cuando peca.
Más adelante el apóstol Pablo nos da una razón más. En 1 Corintios 7:15, cuando habla del matrimonio entre un creyente y una incrédula, si ese no creyente se aleja, se aparta, abandona el matrimonio, en este caso el creyente que queda no está obligado y queda libre de la unión. Esas son las dos ocasiones. En ese mismo 1 Corintios 7, Pablo dice que si una pareja de cristianos se separan, siendo ya cristianos, que se queden sin casar o que se reconcilien. Sería la solución.
La manera como Cristo se unió a su Iglesia fue incondicional, permanente. El matrimonio que no se divide es el que mejor representa la unión de Cristo con su Iglesia.
Ahora, algunos podrían estar pensando: "Pastor, ¿y qué de mí, que ya pasé por esa experiencia y no lo había entendido tan cabalmente?" Bueno, nosotros no queremos dejar esto pensando que es el pecado imperdonable, porque entonces pecamos en otra dirección. Es un pecado para el cual Cristo en su inmensa misericordia ha permitido sanación, restauración después del perdón. Pero no por eso la Palabra de Dios nos deja de advertir las consecuencias que esto causa.
Y ya si tú estás en esa condición, entonces te dice: cuida de esta unión presente, porque es sagrada para Dios. No cometas el mismo pecado de la vez anterior. No violes los mandamientos de Dios de la manera que hemos ilustrado. Y recuerda, Cristo estaba tratando de decirnos: no necesitas otra mujer física para cometer adulterio, solo necesitas desear a otra mujer en tu corazón, ya sea que la veas en un portal de internet, o la veas caminando, o te la imagines en tu mente. Ya has pecado en tu corazón. La acción solamente es la revelación del pecado que ya ha ocurrido.
"Pastor, pero entonces mucha es la gente que ha pecado." Es la razón por la que Cristo tiene que tirar la primera piedra. Pero Él nos ha revelado con claridad la santidad del matrimonio, y tú y yo necesitamos sensibilidad a esa santidad, y al mismo tiempo sensibilidad para tratar con aquellos que en la práctica —porque muchos quizá en la mente no lo conocen, o el corazón— para aquellos que en la práctica han violado eso, de tal manera que ellos puedan encontrar sanación y restauración en el único lugar del mundo donde eso se puede dar, que es en el seno del cuerpo de Cristo.
Que Dios nos dé ambas cosas, y que tú que estás en una unión ahora, aun sea de noviazgo, tengas la sensibilidad para proteger la santidad de ese compromiso que ya tú has hecho con la otra persona.