Integridad y Sabiduria
Sermones

Advertencias para el camino

Miguel Núñez 15 diciembre, 2013

Cuando se trata del reino de los cielos, nada debe constituirse en un obstáculo. Esta es la advertencia central que Jesús hace a sus discípulos en Marcos 9:41-50, donde usa comparaciones hiperbólicas para transmitir la seriedad de lo que está en juego. Un simple vaso de agua ofrecido a un seguidor de Cristo tiene recompensa; pero hacer tropezar la fe de uno de estos pequeños merece un castigo tan severo que sería preferible ser arrojado al mar con una piedra de molino atada al cuello.

Las imágenes que siguen son deliberadamente extremas: si tu mano, tu pie o tu ojo te hacen pecar, ampútalos. No se trata de una instrucción literal, sino de una hipérbole que revela una verdad profunda: es mejor entrar a la vida eterna con pérdidas que ir al infierno —ese lugar de gusanos y fuego inextinguible— por aferrarse a cosas que impiden abrazar el reino. Muchas personas dicen que tienen cosas que arreglar antes de entregar su vida al Señor, pero frecuentemente eso significa que hay algo que no quieren soltar.

El texto también habla a quienes ya caminan en la fe: todos serán salados con fuego. Las pruebas purifican, y esa purificación debe producir en nosotros una sal que preserve y transforme nuestro entorno. Si la sal pierde su sabor, no sirve para nada. Por eso la exhortación final: tened sal en vosotros y estad en paz unos con otros. El pastor Núñez cierra con la historia de una madre judía del segundo siglo antes de Cristo que vio morir a sus siete hijos por negarse a quebrantar la ley de Dios, animándolos hasta el final con esperanza en la resurrección. Cuando el reino de Dios está en juego, ningún sacrificio puede considerarse demasiado grande.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Voy a invitar una vez más a que pueda abrir el libro, el Evangelio de Marcos, capítulo 9. Vamos a leer del versículo 42 al 50, cerrando el capítulo, pero voy a iniciar en el 41, conectando con el último versículo que expusimos la vez anterior. Marcos 9, entonces, estaremos leyendo del 41 al 50. Es un texto que yo creo mucho recordarán, pero no es decir si todo el mundo tiene el entendimiento correcto debido acerca de este texto, y le pedimos a Dios de ya que nos pueda ir iluminando en la exposición, el entendimiento y en la aplicación del mismo a cada una de nuestras vidas.

Y esto es lo que Marcos dice en el capítulo 9, comenzando en el versículo 41, como ya expliqué: "Porque cualquiera que os dé un vaso de agua por razón de vuestro nombre, ya que sois seguidores de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. Y cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y lo hubieran echado al mar. Y si tu mano te es ocasión de pecar, córtala; que es mejor entrar en la vida manco que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible, donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo; es mejor entrar cojo a la vida que teniendo los dos pies ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga. Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácalo; es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga. Porque todos serán salados con fuego. La sal es buena, pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros y estad en paz los unos con los otros."

Esto parece una serie de enseñanzas cortas que a primera vista como que no tienen necesariamente una íntima conexión unas con otras. Y por eso algunos piensan, algunos académicos piensan que Marcos recopiló enseñanzas que Cristo pronunciara, pasara a sus discípulos a lo largo de su ministerio en diferentes momentos, y que por alguna razón las tomó, las juntó y las colocó aquí en la narración de su evangelio. De hecho, los evangelios de Mateo y Lucas tienen pasajes similares, pero no están necesariamente en el mismo contexto en el que Marcos los tiene. De manera que los otros evangelios sinópticos avalan el que Cristo haya hablado de estas cosas, pero el que estén en lugar distinto también pudiera representar el hecho de que Marcos los está recopilando en un área particular de su narración por alguna razón, y no necesariamente como algo que se enseñara todo junto en ese momento.

Nosotros, cuando vemos esas cosas, nos molestan un poco porque con una mente occidental como la que nosotros tenemos, para esa mente el orden cronológico de cómo ocurrieron las cosas, ¿qué fue primero?, ¿qué fue segundo?, nos encanta ese uno, dos, tres. Dame tres consecuencias de esto, tres causas de aquello, y eso es como nosotros pensamos, eso es como nos entrenan, como nos educan, como volvemos a enseñar. Pero la mente oriental no sigue tanto ese patrón. Nosotros hablamos en ocasión: dame tres puntos del sermón. Pero si tú sigues los sermones o enseñanzas de Jesús, su gran mayoría, desfíjelo, no sigue un patrón similar. Para la mente oriental es más importante el contenido de la enseñanza que el orden de la secuencia cronológica de cuándo estas enseñanzas ocurrieron.

Y de hecho, si prestas atención, nosotros podemos ver algunas diferencias entre nosotros mismos a la hora de escuchar. Algunos de nosotros somos sumamente detallistas y quisiéramos entender la secuencia, y como que si no nos cuentan la cosa uno, dos, tres, cuatro, como que no entendemos. Y otros de nosotros escuchamos más viendo de una manera general todo el relato, y al final lo que damos es con la esencia de lo que se nos estaba contando, aunque no teníamos bien clara la idea o la cronología de cómo esas cosas se fueron dando. Y tú puedes ver entonces cómo nuestras personalidades influyen en la manera como nosotros escuchamos, aprendemos, enseñamos, pasamos información en este caso.

Nosotros tenemos una serie de enseñanzas cortas que provienen de Jesús, que tienen que ver con la vida discipular, que nos sirven de advertencias, y que Jesús hace a través de comparaciones hiperbólicas como lo vimos, de tal manera que nosotros podamos entender que cuando de la vida eterna se trata y del reino de los cielos, nada debe constituirse en un obstáculo.

Bueno, la semana anterior nosotros concluimos exponiendo el versículo 41 del texto anterior a este, y en ese versículo 41 nosotros vimos la importancia que Jesús da a algo tan aparentemente insignificante como un vaso de agua ofrecido a uno de los suyos. "Cualquiera que os dé un vaso de agua por razón de vuestro nombre", ¿cuál es ese nombre?, "por razón de vuestro nombre", escucha ahora, "ya que sois seguidores de Cristo", esa es por razón de ser seguidor mío, "en verdad os digo que no perderá su recompensa." Cristo entonces ilustraba el alto valor que él daba a algo pequeño hecho a favor de uno de los suyos, hasta el punto de ofrecer una recompensa. No será perdida tu recompensa si haces algo pequeño para uno de aquellos que se identifica con mi reino.

Y de esa misma manera nosotros vemos ahora cómo Cristo se va al otro lado de la ecuación y nos deja ver que algo hecho en contra de uno de sus seguidores, tal hasta el punto que lo haga tropezar y perder su fe, que es el contexto como vamos a explicar un poco más, que a ese hombre le seguiría un alto castigo. No una recompensa, sino todo lo contrario, un castigo severo. Y entonces usa una metáfora para ayudarnos a entender la severidad de hacer caer de la fe a uno de sus seguidores: "Cualquiera que haga," versículo 42, "tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí," estos pequeñitos no son niños ahora en este contexto, son discípulos que creen en mí, "mejor le fuera si le hubieran atado al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y lo hubieran echado al mar." Cosas pequeñas ahora, pero hechas en contra, que pudieran dañar la fe, debilitar la fe, desviar del camino, entonces también son vistas de parte del Maestro con mucha seriedad.

El tropiezo de que habla Marcos en este contexto es un tropiezo de la fe, y lo vamos a seguir viendo en el resto del texto que tenemos que ver hoy. Pero escucha solamente un comentario de J. Edwards en su comentario sobre la serie El Pilar del Nuevo Testamento. Dice: "Esta es una advertencia en contra de cualquiera que inhiba, lesione o destruya la fe de discípulos ordinarios. La palabra griega traducida como 'causa de pecado', que es como aparece traducida en algunas versiones, es skandalizo, sería la pronunciación en español, que significa hacer tropezar u ofender, y en este caso se refiere a destruir la fe de un creyente o causar al creyente que se aleje de Dios." Fin de la cita.

En otras palabras, hay cosas, hay acciones, hay influencias, hay enseñanzas que de cuando en vez hacen que un creyente tropiece y se aleje de la fe. Un buen ejemplo de eso, y algunos de ustedes, no sé quiénes porque no veo bien sin lentes ni es el propósito que yo identifique a nadie desde aquí, pero algunos de ustedes han contado cómo en un momento dado estuvieron expuestos a una enseñanza como la del evangelio de la prosperidad, que los hizo alejarse de Dios, hizo no creer en el Evangelio por un tiempo, en los pastores, en los maestros, y entonces eso causó ese alejamiento. Providencialmente, en la fidelidad de Dios, Dios los trajo al camino de nuevo. Cuando cosas como esa ocurren, porque el texto no está hablando de la pérdida de la salvación, está hablando de un tropiezo que te aleja, entonces esa persona que ha sido culpable de tal tropiezo puede contar de parte de Dios con algo que Cristo entonces compara con el tomar una piedra de molino. Es una piedra grande que se usaba en la antigüedad para moler los granos como el trigo, por ejemplo, y era una piedra tan pesada que solamente animales de carga podían moverla. Y él lo ilustra diciendo: sería mejor que al hombre le ataran una piedra tal en el cuello y lo tiraran al mar, en vez del castigo que le va a esperar en la vida eterna.

En otras palabras, el vaso de agua insignificante tuvo gran seriedad para el Señor cuando es ofrecido en favor de los suyos, y este tropiezo en contra de los suyos también tiene un valor significativo para nuestro Dios. Y esa persona termina abandonando la fe, aunque no termine perdiendo su salvación. Dios ve eso con esmero, para bien o para mal.

Luego de esa advertencia, entonces Jesús usa tres metáforas que son al mismo tiempo hipérboles. Son figuras del habla que nos permiten, en este caso estaban permitiendo a Jesús comparar algunas cosas con estas imágenes que nos pudieran dar a nosotros la seriedad de lo que les estaba hablando. Y una hipérbole es una figura del habla que exagera las cosas, pero al exagerarla no es una mentira, porque es una exageración que es obvia para el que está escuchando. Y por tanto, la intencionalidad del habla hiperbólica no es el engaño del otro, es el aprendizaje del otro, para que él pueda ver de manera enfática eso que se está tratando de transmitir.

De hecho, nosotros hablamos así con frecuencia. Cuando está cayendo mucha lluvia y la lluvia es densa, decimos "está cayendo un diluvio", y nadie que les escucha está pensando que hay que construir un arca, ¿verdad que no? Porque entendemos lo que usted quiso decir. En otras ocasiones decimos "está cayendo el cielo", y nadie se ha metido a un refugio para protegerse de un pedazo de cielo que se está cayendo. Usted sabe lo que se está diciendo de manera exagerada. O a veces, cuando nos sentimos mal —esto es muy común—, a mí como norteamericano me tomó un tiempo entender esta frase: usted se siente con mucho dolor en el cuerpo y dice "me estoy muriendo", pero nadie está llamando a la funeraria para hacer una cita, sino simplemente usted está transmitiendo de una manera exagerada que se siente muy mal. Y sobre todo si usted es hombre y le da gripe, entonces se siente de esa manera.

De esa misma forma, y lo dije en múltiples ocasiones, Jesús usó hipérboles. Déjame darte dos o tres para cuando lleguemos a esta de las amputaciones de miembros, que tú la puedas entender mejor. Lucas 14:26: "Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo." Vemos eso, y a la luz del resto de lo que Cristo enseñó, nosotros no entendemos que ciertamente Él quiere que yo odie a mis familiares más cercanos, pero sí entendemos que estas relaciones, por cercanas que sean, no deben ser un obstáculo para que yo abrace el reino de los cielos o entre al reino de los cielos.

Te voy a dar otra más. En Marcos 8:34, llamando a la multitud y a sus discípulos: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame." Eso tiene una interpretación teológica clara cuando usted ha escuchado las explicaciones, ya. Pero sin eso, alguien pudiera pensar que Cristo nos está llamando al abandono, al descuido personal: niéguese a sí mismo para poder seguirlo. Y sin embargo, nosotros no entendemos eso, pero sí entendemos que al negarme a mí mismo yo necesito considerar su voluntad siempre por encima de la mía, y tener la mía siempre supeditada a la voluntad suprema y soberana de Dios en el cielo, así como en la tierra.

Y en Marcos 10:21: "Una cosa te falta", le dice Cristo al joven rico. "Ve y vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme." Nosotros leemos eso, y si no sabemos nada más, entenderíamos que ninguno de los que estamos aquí debiéramos poder poseer absolutamente nada; todo ya debiera haberlo vendido, haberlo entregado. Y sin embargo, eso no es lo que Cristo estuvo diciendo, excepto que en el caso de este hombre, de este joven rico, sus riquezas habían constituido un obstáculo, un ídolo que él adoraba, que le impedía llegar a Jesús. Y que para llegar a Jesús le iba a tener que deshacerse de dicho ídolo primero.

Entonces, ahora con ese entendimiento, yo creo que tú puedes entender mucho mejor las enseñanzas de los versículos 43, 45 y 47. Te lo voy a volver a leer en ese orden: 43, 45 y 47. "Y si tu mano te es ocasión de pecar, córtala. Te es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible." Detente ahí un momento. Piensa qué es lo que está en juego aquí, qué es lo que Cristo está comparando. Si tu mano te es ocasión de pecar, córtala. Pero, ¿con qué lo está comparando? Es mejor entrar en la vida manco, que teniendo las dos manos ir al infierno, al fuego inextinguible.

Versículo 45: "Y si tu pie te es ocasión de pecar, córtalo." ¿Con qué lo está comparando? "Te es mejor entrar cojo a la vida, que teniendo los dos pies ser echado al infierno." Versículo 47: "Y si tu ojo te es ocasión de pecar, sácatelo. Te es mejor entrar al reino de Dios con un solo ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno."

Una y otra vez tú ves que la comparación es la posible, entre comillas, amputación de un miembro del cuerpo, que se constituye en una metáfora al comparar a la vez algo hiperbólico, no literal, que Cristo está usando para ayudarnos a entender: mi vida tiene un final, y yo voy a terminar o en la vida —para entrar a la vida, el versículo 43 y 45, y en el 47 habla de entrar al reino de Dios— o entro al infierno. Y Él me está diciendo que hay cosas que yo debo estar dispuesto a hacer en mi vida, y que me sería mejor entrar a la vida eterna con esas amputaciones que le sirven de comparación, que entrar a la condenación eterna habiendo permanecido con aquellas cosas de las cuales no quise deshacerme.

La palabra traducida como "infierno" es gehenna, o en el hebreo de los rabinos, guehinom, que básicamente es un nombre que deriva del Valle de Hinom. Era una especie de barranco profundo donde se llegaron a hacer en tiempos atrás sacrificios humanos, tanto en el tiempo del rey Acaz y de Manasés. El segundo libro de Reyes nos habla de eso en los capítulos 16 y 21. Eventualmente el rey Josías suspendió tales sacrificios humanos y convirtió este Valle de Hinom en un basurero. Y en ese basurero la basura se quemaba. Entonces ahora el derivado de Valle de Hinom es gehenna, que es la traducción al español aquí como "infierno", y donde el texto nos dice que el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga.

La realidad es que esa frase aparece tres veces aquí en el texto de Marcos: versículo 44, 46 y 48. Las dos primeras veces, versículo 44 y 46, en los mejores manuscritos del griego no está, pero sí está la frase del versículo 48. Y algunos piensan que quizás algún escriba quiso repetirla detrás de cada advertencia, detrás de cada amputación, como para darle fuerza. Eso no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que la frase sí aparece en el versículo 48 y representa una cita de Isaías 66:24, donde se nos habla de estos gusanos de ellos y del fuego que no se apaga.

Ahora, nosotros no entendemos que el infierno es un lugar lleno de gusanos. Lo que sí entendemos, tanto por la imagen del gusano como la imagen del fuego, es que es un lugar de sufrimiento y dolor continuo, perpetuo, horrendo, donde el pecador que no se arrepintió termina. Y que la única imagen, o una de las mejores imágenes quizás terrenales para ilustrar lo horrendo del lugar, es el estado de putrefacción que estos gusanos pudieran representar, y que este fuego que causa dolor pudiera representar en términos de la intensidad de lo que allí se pudiera vivir. De manera que esa es la idea.

Y Cristo nos está diciendo: hay gente que tiene cosas en su vida que no quiere dejar, y que prefiere entrar a ese lugar eternamente con ellas en vez de amputarlas. Y entonces Él usa varias ilustraciones corporales. El ojo pudiera representar, de una manera, cosas que vemos, como Eva que vio la fruta y la codició. La mano amputada pudiera representar cosas que hacemos, como un trabajo, por ejemplo. O el pie pudiera representar lugares a donde vamos. O simplemente son ilustraciones generales que nos ayudan a nosotros a entender que sería preferible amputar algo tan importante como una mano, un ojo, un pie, si eso va a significar para mí la vida eterna.

Pero mucha gente no está abrazando el reino de los cielos hoy. Incluso en ocasiones te dicen: "Pastor, yo todavía no estoy listo porque tengo cosas que arreglar." Muchas veces "cosas que arreglar" son cosas que no quiero dejar todavía, pero que yo sé que así no puedo entrar al reino de los cielos. Y entonces no quiero dar el paso para nacer de nuevo porque yo tengo que arreglar esas cosas. Y quizás una mejor terminología debiera ser no arreglarlas, sino dejarlas, para que cuando tú vengas a los pies de Cristo, Él arregle la vida desordenada que tu vida anterior había producido. Pero muchas veces preferimos aferrarnos a ellas.

Lamentablemente, cuando nuestra mente y nuestros ojos están puestos en las cosas de aquí abajo, cuando leemos de las cosas de allá arriba, del reino de los cielos, como que no nos llaman tanto la atención. Por un lado. Y por otro lado, las demandas como estas que Jesús hace de cuando en vez en sus evangelios nos parecen demasiado exageradas o innecesarias. Sobre todo cuando tú vives en una sociedad materialista como la nuestra, egocéntrica como la nuestra, los sacrificios o las demandas que el reino de Dios nos impone, por pequeñas que sean, nos parecen una monstruosidad.

Y en ocasiones nos hace bien a nosotros poder leer historias de personas que han hecho sacrificios enormes en aras del reino, para decirnos a nosotros: "A ver, que tú puedes y debes hacer más de lo que estás haciendo." Y esta demanda... A esto: yo leí en el día de ayer un libro que compré hace varias semanas atrás, llamado *A Costly Harvest*, o "Una cosecha costosa", escrito por David Howard, un testigo ocular de hechos en el norte de Colombia. Es la historia de una iglesia en el norte de Colombia, en la zona rural, del año 1958 al año 1968.

Yo leí el primer capítulo y lo cerré, simplemente porque no estaba seguro si podía seguir leyendo el resto en el día de ayer. Pero el primer capítulo nos habla de una familia con dos hijas y un hijo, todos entre 10 y 14 o 15 años, que se va a Colombia. Una familia de Montana, Estados Unidos, se va a Colombia a tratar de alcanzar a estos indígenas. Y cómo ellos van a visitar a otra familia de misioneros en un fin de semana, o por una semana. Esa familia de misioneros se va de la casa, les deja la casa. Ellos se van a quedar también de vacaciones en esta casa, internados en la zona rural.

Y cómo un día siete hombres vienen, una banda de siete hombres. Pretenden ser guerrilleros y se identifican como policía. La esposa le abre la puerta, los sienta, les da café. Cuando está a punto de seguirles sirviendo, ellos les asaltan, les hablan con malas palabras, los pegan contra la pared, les demandan dinero, les demandan joyas, cosas que ellos no tenían. Y eventualmente deciden llevarse al padre y a las dos menores, Valerie y Eldira. La mamá se queda en la casa, creo que con el adolescente, y no recuerdo si había otra hija más. Y de repente ellos oyeron tres disparos y pensaron que los tres estaban muertos, pero pronto después...

Las dos niñas vienen corriendo, vociando, gritando: "¡Ha matado a papi! ¡Ha matado a papi! ¡Ha matado a papi!" En frente de ellas dieron un disparo en el rostro, otro en la espalda y el otro disparo al aire, y esos fueron los tres disparos. Esta familia había dado la vida del esposo y del padre para los hijos en aras del reino, y estas dos niñas permanecerían con esas imágenes el resto de sus vidas. Y tú te preguntas en esos momentos, como el mismo primer capítulo insinúa: ¿dónde estaba Dios? ¿Qué pasó? Nosotros estamos tratando de alcanzar esta gente con tu Palabra. Y de ahí entonces el título del libro: "Una cosecha costosa", "The Costly Harvest". Ellos no tuvieron un miembro del cuerpo amputado; tuvieron un miembro de la familia amputado, y lo hicieron para que otros pudieran abrazar el reino de los cielos.

De manera que ahora Cristo viene y nos pone de una manera muy gráfica la idea de que yo tengo que hacer en esta vida una decisión por el reino de los cielos, porque de lo contrario yo voy a entrar a Gehena, a un lugar que lo compara con un lugar de gusanos y fuego eterno, por no haber elegido a favor. Y nos deja ver que muchas veces la razón por la que termino ahí es por retener, simbólicamente hablando, esta mano o este pie o este ojo, que realmente era la causa del impedimento, el obstáculo para yo entrar, para yo abrazar, para yo finalmente doblar mis rodillas y proclamarle como Señor. Y de ahí lo gráfico de las comparaciones y de las hipérboles.

No sé si entre nosotros hay alguno que está considerando la entrada al reino de los cielos o no, pero que piensa que hay cosas que tiene que dejar primero antes de entregar su vida al Señor. Yo creo que esta es una buena mañana, es un buen momento, buenas imágenes gráficas para decir: yo tengo que tomar esa decisión, yo tengo que hacer esa amputación, porque el costo de no hacerlo es demasiado alto. Y la demanda que parece tan alta de parte del reino de los cielos, a la luz de la eternidad que se me ha presentado, realmente es una demanda pequeña.

Sabes qué, hermano, las cosas lucen grandes o pequeñas dependiendo de qué es con lo que yo lo voy a comparar. Nosotros vemos uno de nuestros edificios aquí, sí me va a parecer un edificio grande, pero cuando tú lo pones al lado de uno de los grandes rascacielos del mundo, te das cuenta cuán pequeño es. De esa misma manera, las demandas que a veces salen de los labios de Jesús nos parecen monumentales, hasta que tú lo comparas con la condenación eterna, y de repente: "¡Oh, wow! Esto es poca cosa."

Y me alegra que yo quiero que tú continúes reflexionando a lo largo de estas líneas, a lo largo de estas ideas, hasta el final del mensaje, y que tú puedas en el día de hoy decidir si vas a abrazar o desestimar la oferta del reino de Dios que Cristo vino a hacernos, y que en un mes como este estamos celebrando esa entrada.

Marcos continúa: "Porque todos serán salados con fuego", versículo 49. Ahora es como otra idea, pero eso es que algunos piensan. Marcos unió esto junto con nosotros. Los discípulos en diferentes momentos están recopilando cosas aquí, porque como que no están estrechamente conectadas. "Porque todos serán salados con fuego." Ahora el fuego tiene otra connotación; ya no está hablando del infierno. "La sal es buena, pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros, y estad en paz los unos con los otros."

En el contexto del costo del discipulado, en el contexto del costo de entrar al reino de los cielos, en el contexto del costo de la cosecha, ahora la imagen de la sal y del fuego, de que todos serán salados con fuego, como que cobra sentido. Ahora nos está hablando a nosotros los discípulos. En su momento Él estaba hablando a aquellos que hicieran algo por los discípulos o hicieran algo en contra de los discípulos. Luego le estaba hablando a aquellos que no han considerado seriamente el entrar al reino de los cielos y están reteniendo cosas, y por retenerlas quizás no entren. Pero ahora de repente como que pasa a hablarle a nosotros los discípulos, y nos recuerda que todos seremos salados con fuego.

La imagen de la sal y del fuego en las Escrituras de manera reiterativa son simbólicas en diferentes formas de purificación. De manera que ahora Él nos está hablando de que aquellos que vamos caminando por el camino, nosotros seríamos, iríamos siendo purificados, perdón, es amplificado por el elemento sal y el elemento fuego.

En la antigüedad la sal tenía todavía una importancia mayor porque no había refrigeración, como hemos hablado en otras ocasiones, y por tanto servía, y todavía hoy sirve, como elemento preservativo. Algunas de las carnes, cuando no tienen refrigeración, son saladas, y después de salarlas quedan sin refrigeración, preservadas por largo tiempo.

Y es interesante, porque cuando tú buscas un poco más, tú te encuentras en el Antiguo Testamento, en el libro de Levítico capítulo 2, versículo 13, Dios dispone que toda ofrenda, primero habla de ofrenda de cereal, pero concluye con toda ofrenda, que sea acompañada de sal. En otro contexto habla de la sal del pacto. Cada ofrenda debía ser acompañada de sal.

Si tú juntas todas estas ideas y piensas ahora en el Nuevo Testamento, como Pedro en su primera carta en el capítulo uno, versículo siete, nos dice que nuestra fe será probada por el fuego, y ahora se nos habla de que todos seremos salados por fuego, y piensas ahora en Pablo, que nos exhortó en Romanos 12 que nosotros debemos presentar nuestra vida como sacrificio vivo. Nosotros somos las ofrendas del Nuevo Testamento, y las del Antiguo Testamento había que presentarlas todas con sal. Entonces como que las cosas comienzan a adquirir cierto entendimiento, y como que comenzamos a entender que a través de las experiencias de la vida Dios nos irá purificando. Todos seremos salados, nos irá purificando, y lo hará a través de experiencias en algunos casos dolorosas, representadas por el fuego.

Con la intención a la vez, como el versículo 50 va a comenzar a dejar ver, con la intención al mismo tiempo de que esa sal con la que hemos sido salados, si tú quieres, entonces en nosotros y a través de nosotros se convierta en un agente de preservación en nuestro medio, donde Él nos colocó.

Mira cómo el texto del versículo 50 dice: "La sal es buena, pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros", en vosotros, "tened sal", el sabor de la sal, "en vosotros, y estad en paz los unos con los otros." La sal es buena. Primer siglo, ¿para qué era buena? Para preservar. Bueno, la sal es buena, dice Cristo en el versículo 50, pero me dice que esa sal en la antigüedad estaba muy contaminada. Hoy la sal que llega a nuestras mesas está ampliamente purificada, pero no era el caso en la antigüedad. Si la sal pierde su salinidad, su propiedad, ¿para qué sirve? En otros de los evangelios Cristo dice en el Sermón del Monte: solamente sirve para echarla a un lugar. Que cuando tú lees la historia, era usado para descargar el estiércol, y donde el metano que salía del estiércol era usado para el fuego. Solamente sirve para echarla al fuego, no sirve.

Pero Él me está diciendo: "Tened sal en vosotros." Tened sal es el trabajo de Dios que ha ido purificando mi vida en la prueba, en la vida, en la otra, a través de las experiencias. Y si yo no tengo eso, y yo no tengo ese efecto de purificación o de preservación por el Espíritu de Dios que mora en mí, entonces la vida eterna que Él me ha regalado no sirve para nada. Claro, me sirve para entrar al reino de los cielos, pero no me sirve para expandir el reino de los cielos aquí en la tierra, porque no está ejerciendo su labor.

Y entonces, cuando tenemos esa posición pasiva, pasivista o pasiva, el cristiano no tiene el efecto en la sociedad que debiera tener. Y una sociedad abandonada al mundo de los incrédulos es exactamente lo que nosotros estamos viendo hoy, con un incremento de la inmoralidad y del vicio y la violencia y todo lo demás que nosotros vemos en el día de hoy, la influencia negativa. Pero cuando nosotros asumimos nuestro rol, entonces otra cosa es.

William MacDonald, en su comentario sobre ese versículo 50, dice: "Sé intolerante de cualquier cosa en tu vida que pueda disminuir tu efectividad para Dios." Te lo leo otra vez: "Sé intolerante de cualquier cosa en tu vida que pueda disminuir tu efectividad para Dios." De esa manera tenemos sal en nosotros, rechazamos cualquier cosa, renunciamos cualquier cosa que pudiera disminuir nuestra efectividad para Dios.

Y el texto termina con una exhortación: "Estad en paz los unos con los otros." Como que es una exhortación que parece fuera de contexto. Todo esto, y para terminar diciendo que estemos en paz. Y la verdad que no estamos seguros de por qué está ahí. Pero yo me pregunto si parte de la razón por la que esa frase está es debido a dos cosas.

Por un lado, si tú subes un poco te encuentras con que los discípulos habían estado hablando con el Maestro de otro que había estado expulsando demonios en su nombre, y ellos intentaron pararlo, y les dijo: "No lo paren, porque nadie que pueda hacer un milagro hablará mal de mí después. El que no está contra nosotros, con nosotros está." Quizás parte de estar en paz unos con otros tenía que ver con eso, ese contraste de que quizás aquí hay un grupo y aquí hay otro que no están haciendo exactamente las cosas iguales, pero si somos sus hijos tenemos que estar en paz unos con otros.

Y me pregunto también si parte no tiene que ver con el hecho de que, como todos seremos salados con fuego, en otras palabras, como todos estaremos pasando en algún momento por pruebas distintas, imagínate si esas pruebas nos agarran, nos toman, nos llegan estando nosotros divididos. Imagínate el efecto destructivo. Si las pruebas le llegan al cuerpo de Cristo estando el cuerpo de Cristo dividido entre ellos, ¿cuál sería el estrago? La dimensión del estrago que pudiera ser algo así.

De manera que en el pasaje de hoy Cristo nos deja ver claramente tres enseñanzas. Hay cosas aparentemente pequeñas que son...

Ellas, a favor o en contra de sus discípulos, y que lo tomará muy en cuenta, ya sea para recompensa en el reino de los cielos o para castigo de aquellos que hagan tal cosa.

Número dos: nada ni nadie debe constituirse en un obstáculo para la entrada al reino de los cielos, y por tanto yo debo estar dispuesto a amputar, hablando nuevamente simbólicamente, una mano, un pie, un ojo, pero no quedarme tratando de entrar con los dos ojos, con los dos pies, con las dos manos.

Y número tres: nuestro discipulado será aprobado, será aprobado con fuego. Seremos salados con fuego, y en la prueba nuestra fe será purificada. Nosotros seremos llevados a confiar de una mejor manera en nuestro castillo fuerte.

Yo quisiera cerrar hoy con una historia. Es una historia real que viene del segundo siglo antes de Cristo. Está en uno de los libros no inspirados por el Espíritu de Dios, pero es un libro histórico, y es una historia que encuentra su aval en la historia judía, en la historia hebrea también. Y es una historia que nos ilustra el costo que algunos han pagado por honrar a su Dios.

Yo creo que la historia sola, si usted la escuchara, la reflexionara, tratara de ponerse en los zapatos de los personajes de la historia, esa sola historia pudiera ser un sermón sin ser predicado. De manera que yo quiero pedirles su atención. Es un poco larga, tres minutos quizá me tome leerla, o cuatro. En ese sentido no es tan larga, pero como historia me va a tomar un tiempito, y yo te la voy a leer.

Aparece en el segundo libro de Macabeos. Nuevamente, no es una historia que consideramos inspirada por el Espíritu, pero es una historia que tiene aval, que tiene soporte, y ocurrió en el segundo siglo antes de Cristo. Comenzando en el versículo primero, capítulo siete, hasta prácticamente gran parte de la historia:

"También arrestaron..." Escucha con atención, ponte en los zapatos de esta familia. "También arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey quiso obligarlos, haciéndoles azotar con nervios de buey, a que comieran carne de cerdo prohibida por la ley." Antíoco cuarto se había propuesto secularizar al pueblo hebreo a la fuerza y quería cambiar sus costumbres, su idioma, su religión, sus hábitos alimenticios relacionados con la religión.

"Uno de ellos, uno de los siete hermanos, hablando en nombre de todos, dijo: '¿Qué quieres preguntarnos y saber? Estamos prontos a morir antes que quebrantar la ley de nuestros antepasados.' El rey se infureció e hizo poner al fuego ollas y sartenes. Cuando estuvieron ardientes, ordenó que cortaran la lengua al que había hablado en nombre de todos, y arrancaron la piel de la cabeza, y le cortaron pies y manos a la vista de sus hermanos y de su madre. Cuando estuvo completamente mutilado, el rey ordenó que, estando todavía vivo, lo acercaran al fuego y lo echaran en una sartén."

"Mientras el vapor de las sartenes se esparcía a los lejos, los otros se daban valor mutuamente, y con la madre, para morir con valentía, y decían: 'El Señor Dios todo lo ve, y en realidad tiene compasión de nosotros, tal como lo anunció Moisés en su cántico, en él dice claramente: el Señor tendrá piedad de sus servidores.'"

"Cuando el primero dejó de este modo la vida, trajeron al suplicio al segundo. Después de haberle arrancado la piel de la cabeza con los cabellos, le preguntaron: '¿Qué prefieres, comer carne de cerdo o ser torturado en todo tu cuerpo?' Él contestó en la lengua de sus padres: 'No comeré.' Por lo cual fue también sometido a la tortura. En el momento de entregar el último suspiro dijo: 'Asesino, nos quitas la presente vida, pero el Rey del mundo nos resucitará, nos dará una vida eterna a nosotros que morimos por sus leyes.'"

"Después de esto castigaron al tercero. Presentó la lengua tan pronto como se lo mandaron y extendió sus manos con intrepidez. Tuvo además el valor de declarar: 'De Dios he recibido estos miembros, pero por amor a sus leyes los desprecio, y de Dios espero recobrarlos.' El propio rey y su corte se conmovieron por el valor de este joven que despreciaba sus sufrimientos."

"Una vez muerto este, sometieron al cuarto a las mismas torturas. Al punto de expirar se expresó así: 'Más vale morir a manos de los hombres y aguardar las promesas de Dios, que nos resucitará. Tú, en cambio, no tendrás parte en la resurrección para la vida.'"

"Trajeron enseguida al quinto y lo torturaron. Pero él, fijando los ojos en el rey, le decía: 'Aunque mortal, tienes la autoridad sobre los hombres y haces lo que quieres. Sin embargo, no pienses que nuestra raza está abandonada por Dios. Espera un poco y verás su gran poder cuando te atormente a ti y a tus descendientes.'"

"Después de este trajeron al sexto, quien dijo a punto de morir: 'No te equivoques. En verdad es por causa de nosotros mismos que sufrimos todo esto, porque pecamos contra nuestro propio Dios. Por eso nos han pasado cosas asombrosas. Pero tú no te imagines que vas a quedar impune después de haber hecho la guerra a Dios.'"

"Por encima de todo se debe admirar y recordar a la madre de ellos, que vio morir a sus siete hijos en el espacio de un día. Lo soportó, sin embargo, e incluso con alegría por la esperanza que ponía en el Señor. Llena de nobles sentimientos, animaba a cada uno de ellos en el idioma de sus padres, estimulando con ardor varonil sus reflexiones de mujer, y les decía: 'No me explico cómo nacieron de mí. No fui yo la que les dio el aliento y la vida. No fui yo la que les ordenó los elementos de su cuerpo. Por eso el Creador del mundo, que formó al hombre en el comienzo y dispuso las propiedades de cada naturaleza, les devolverá en su misericordia el aliento y la vida, ya que ustedes lo desprecian ahora por amor a sus leyes.'"

"Finalmente, el más joven," aquí el rey trató de comprarlo, "fue animado por la madre a morir de la misma manera, hasta que ella murió también."

Esta familia entendió el valor de la vida eterna. Esta familia entendió que cuando del reino de Dios se trata, no existe comparación. Y esta familia entendió que cuando de la vida eterna y el reino de Dios, que es lo mismo, se trata, no hay ningún sacrificio que pueda ser considerado grande. Esta historia ilustra perfectamente bien hasta dónde tú y yo debemos estar dispuestos a llegar para no negociar el reino de Dios ni sus verdades.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en satisfacción.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.