El estrés es un mentiroso que promete prepararte para lo peor, pero en realidad te paraliza y te aleja de lo que más importa. Nos convence de que todo depende de nosotros, de nuestro esfuerzo, de tener cada respuesta lista en el momento exacto. Y mientras tanto, nos roba el sueño, nos tensa los músculos, nos cierra o nos abre el estómago. El mundo ofrece sus soluciones: pensamiento positivo, una cerveza, bailar, relajarse. Pero ninguna de esas cosas toca la raíz del problema.
Jesús advierte en Marcos 4 que las preocupaciones de este mundo ahogan la palabra sembrada en el corazón y la vuelven estéril. El estrés no es solo un problema de salud física; es un indicador espiritual. Revela que estamos valorando algo más que a Dios, que nuestros tesoros terrenales nos están controlando. La ansiedad se desencadena cuando algo que valoramos está en riesgo, y si lo que valoramos son cosas temporales, viviremos esclavizados al temor de perderlas.
La solución no está en técnicas de relajación ni en escapar del problema. La raíz del estrés es la incredulidad. Mientras más ansiedad tenemos, menos confiamos en Dios. Necesitamos nuevos ojos para ver las circunstancias desde la perspectiva de la eternidad, y un corazón transformado que descanse en Cristo. Como el árbol plantado junto a corrientes de agua, quien confía en el Señor no temerá cuando venga el calor ni se angustiará en año de sequía. Solo en Él hay verdadera paz.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
Yo estoy cansado del estrés, la ansiedad, las preocupaciones. ¿No estamos cansados del estrés? Yo estoy cansado del estrés, la ansiedad, el preocuparse, la falta de sueño. Hablemos de eso: cuando sientes que tu mente te da vueltas, que tienes dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete pensamientos al mismo tiempo y no sabes ni siquiera bien qué es lo que estás pensando. Te sientes que no puedes ver lo que está adelante, ni siquiera lo que estuvo detrás, ni lo que está pasando ahora. Te sientes que no tienes tiempo para nada. Te sientes que no hay solución.
Y algunos de nosotros se nos cierra el estómago, a otros se nos abre el estómago. Desafortunadamente, así es. Te sientes que no puedes respirar. Te sientes que los músculos te duelen, el cuello se te endurece y tienes problemas. Si no sabes la solución, a veces ni sabes bien cuál es el problema. Tienes temores y miedos.
Idealmente quisiera decirte que el estrés es un mentiroso grave. Te dice que si te imaginas lo peor y te preparas, vas a poder estar listo y resolver, pero no es así. No es así, el estrés no ayuda, es irracional. El estrés es un necio. El estrés, las preocupaciones de esta vida, las ansiedades, nos engañan todo el tiempo. Nos dicen que si tú no tienes esto bajo control, entonces sucederá lo peor, pero es mentira, es mentira. Y te estresas y viene el momento y al final el estrés fue lo que causó que no pudieras resolver el asunto.
El estrés, ¡cuánto quisiera no tenerlo! Es un necio y no te prepara, realmente no te prepara para nada. Al final no te va a ayudar. Te dice que te esfuerces porque nadie te va a ayudar, nadie te va a rescatar, nadie va a estar ahí para ti. Y al final lo que hace es hacerte daño. En medio del estrés, por querer y abrazar el control, pierdes el control.
Pero entonces, ¿cuál será la solución? El mundo no ayuda con eso. Tienes estrés y te dice: "No le hagas caso." Pero eso no funciona. ¿A quién le funciona? O te dice: "Mira, pensamiento positivo. Eso no está pasando." Eso tampoco funciona. O te dice: "Esfuérzate. Mira, si tú te esfuerzas un poco más... Al que madruga Dios le ayuda" —eso no está en la Biblia, por si acaso—. "Esfuérzate un poco más y ya." Pero no es así. O cuando estás lleno de estrés, tu solución es una cervecita, una copa de vino, una pastillita. Pero esa no es la solución, no es la solución. ¿No estás cansado del estrés? ¿Sí? ¿No?
A los que tenemos un poquito más de edad, nos acordamos de Bobby McFerrin: "Don't worry, be happy." ¿Se acuerdan de eso? De "Don't worry, be happy." Y hay una parte de la canción que dice: "No tienes para pagar el alquiler. Don't worry, be happy. Si te echan del apartamento, don't worry, be happy."
Pero para los más jóvenes hay una salsa. Hay una salsa de Alex Matos que dice: "Lo malo se te va bailando." ¡Ah! ¿La han escuchado? Apunten ahí, pastores. "Todo lo malo..." Se los voy a leer, se los voy a leer una parte de la canción. Muy interesante. Dice: "Todo lo malo se te va bailando. En serio." Eso es lo que dice la canción. "Que no hay una pena que no se te quite celebrando. Que para curar ese corazón no necesitas un doctor, ni hechicero que te recete alguna poción. Que no se toma una pastillita para curar el dolor. Ni magia negra, esa no es la solución. Ese mal humor solo necesita sabor. Los problemas se irán volando igual que los males de amor. Todo lo malo se te va bailando."
¿Será cierto eso? Hay gente que cree eso. Me parece que sí. Creo que hay personas que sí, que piensan que bailando se les va a resolver el estrés. Y si no es bailando, es alguna de las otras cosas que mencioné. Pero eso no es una solución. ¿Cierto?
Acompáñame a Marcos 4. Marcos 4. Vayan a leer, vamos a leer los versículos 18, 19 y 20. Marcos 4, el versículo 18, 19 y 20. Leo: "Otros son aquellos en los que se sembró la semilla entre los espinos. Estos son los que han oído la palabra, pero las preocupaciones del mundo y el engaño de las riquezas y los deseos de las demás cosas entran y ahogan la palabra, y se vuelve estéril. Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena, los cuales oyen la palabra, la aceptan y dan fruto: unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno."
Vamos a hablar de eso. Ahí habla el versículo 19. ¿Te das cuenta que las preocupaciones de este mundo lo que hacen es ahogar la palabra? Vamos a ver cómo es que el estrés y las preocupaciones de este mundo ahogan la palabra que es sembrada en tu corazón. Y luego vamos a ver la solución que Dios propone para nosotros.
Empecemos con el estrés. ¿Qué es el estrés? ¿Qué es una preocupación o la ansiedad? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de estrés? Permítanme leerles esto: La ansiedad o estrés, en esencia, es una reacción emocional a reales o imaginarias circunstancias. ¿Se dan cuenta? Reales o imaginarias circunstancias que son adversas, demandantes o no deseadas. Es una emoción fuerte y controladora que en ocasiones te hace sentir nervioso, incómodo, preocupado y, a veces, hasta depresivo.
El estrés se enfoca en lo que no ha sucedido. Se enfoca en el futuro. Se enfoca en lo que va a pasar. "Y si tal cosa sucede..." ¿Cierto? El estrés piensa en esa catástrofe que viene. "¿Qué sucederá si gana fulano de tal las elecciones? Y entonces, ¿qué? Si él... ¿Qué pasa?" El estrés te convence de que hay un riesgo inminente, que hay algo que está fuera de tu alcance, fuera de tu control, y que eso va a venir y te va a hacer daño.
"¿Qué pasará?", te dice el estrés. "¿Qué pasará si no logras controlar la situación que viene más adelante?" Y es como que te dice: "Tienes que estar alerta. Tienes que estar alerta y tienes que tener todos los pensamientos preparados y todas las respuestas preparadas, porque hay algo que viene." Te hace pensar que todo depende de ti. Te hace pensar que todo depende de tu desempeño. Todo depende de que te esfuerces. Todo depende de que tú tengas la respuesta correcta en el momento correcto. Que estés preparado. Que lo hayas pensado.
Y déjame decirte que el estrés, o la ansiedad, o las preocupaciones —que los estoy usando como sinónimos— funciona de una de dos maneras, o se manifiesta de una de dos maneras en nosotros, en sentido general. Hay algunos de nosotros que cuando estamos estresados, lo que vemos es una persona llena de compromisos. Vemos una persona llena de responsabilidades, fechas que no se pueden mover, un horario donde está planificado cada cinco minutos, poco dormir, mucho trabajar, intolerante a las interrupciones. Ese tipo de persona está muy estresada. Los proyectos y las cosas están aquí arriba y las relaciones y las personas están aquí abajo. Entonces los proyectos tumban la prioridad de las relaciones.
Pero no todos somos así. Algunos de nosotros, cuando estamos estresados, cuando estamos llenos de preocupaciones y ansiedades, tenemos más la tendencia como a un ánimo depresivo, como que nos paralizamos. Y hasta tristes. Tristes no podemos ponernos. Tenemos una actitud como de: "No tengo fuerzas. No sé cómo voy a resolver. Mejor no hago nada y me quedo aquí, cruzado de brazos." Como que se pierde la habilidad de avanzar, se pierde la habilidad de hacer las cosas que son normales y rutinarias. Y todo eso porque el estrés te tiene vuelto loco.
Imagínate teniendo seis, siete, ocho pensamientos al mismo tiempo. Algunos de nosotros, ¿qué hacemos? Hacemos esas seis o siete cosas para resolver. Otros de nosotros no sabemos ni dónde empezar y nos trancamos. Y entonces eso nos come.
En cualquiera de los dos casos, en cualquiera de los dos casos, podemos terminar refugiándonos en el alcohol. Podemos terminar refugiándonos en el placer. Nos podemos refugiar en las drogas, en pastillas. Bueno, unos pocos en bailar, quizás. Pero terminamos buscando algo para refugiarnos, para que nos resuelva la situación que tenemos por delante.
Piensen en esto de esta manera. Una joven, digamos una joven de una ciudad pequeña de nuestra nación, se gradúa —ahora es licenciada en administración— y tiene todo listo para mudarse a Santo Domingo a buscar trabajo y a desarrollar su vida profesional. Y justo cuando ya está, ya todo lista, saliendo para allá, comienza a pensar: "Pero yo no tengo amigos allá. Y entonces, ¿y si yo no consigo trabajo? Y si me va mal, y entonces yo tengo que venir como con tristeza de regreso a mi pequeña ciudad."
O podemos pensar en un padre que tiene la responsabilidad del hogar. Y él sabe que en la fecha tal, el 16, hay que hacer un pago importante. Y él no sabe de dónde lo va a sacar. ¿Se dan cuenta cómo esa ansiedad puede ser por cosas reales? No solo por cosas imaginarias. Puede muy bien ser que tú no sabes ni tienes idea de dónde va a salir ese dinero para tu pago.
O quién sabe si fue que justo esta semana, a las 7:15 de la mañana, te llegó un mensaje. Y tu cliente más importante te dice: "Necesito una cita urgente. A las 8:30 te espero en mi oficina." Y entonces tú dices: "Bueno, si le escribo para preguntarle de qué es la reunión... No, no puedo hacer eso. Pero si es para cancelar el contrato... Pero y la comisión de eso... Y cómo voy a pagar el préstamo... Y la casa... ¡Ah, voy a perder la casa!" Y él no se ha levantado de la cama todavía. Pero eso es una realidad. Sí.
Y en cierto sentido, podemos dar gracias a Dios por los aviones. Los aviones permiten que personas que nunca oran, oren. ¿No se han dado cuenta de eso? Es un lugar santo, en ese sentido, ¿verdad? Eso lo digo casi como relajo. Pero personas que nunca oran, en el avión oran. ¿Y qué les sucede? Bueno, uno se monta en el avión y ve: maleta, entra maleta, viene maleta, y maleta, y es maleta aquí, maleta allá. Y entonces cuando están en la recepción, nosotros los dominicanos siempre estamos llegando ahí a las 49.5 libras. Y todas las maletas llegan a 50 libras y las repartimos exacto, porque siempre están llenas. Y uno en el avión viene y dice: "Pero, ¿y estos americanos habrán planificado tantas maletas para este avión?" Y la turbulencia...
Y en ese sentido, esa es una situación, esa parte imaginaria, pero también hay cosas reales y nos llenamos de ansiedad y de estrés. Escucha esta frase, y esto casi resume la esencia del problema del estrés, que te lo puedes llevar para tu casa y para tu trabajo: la ansiedad, el estrés, es desencadenada cuando algo que valoramos está en riesgo. Te lo repito: la ansiedad es desencadenada cuando algo que valoramos está en riesgo. Algo que valoramos está en riesgo. Es desencadenada cuando algo que valoramos está en riesgo.
Ahora voltea a ver lo que tú valoras: te está controlando. ¿Te das cuenta? Porque la ansiedad es desencadenada cuando lo que tú valoras está en riesgo. Entonces lo que tú valoras es lo que está controlando tu vida. ¿Te das cuenta?
Tomemos ahora un momento para hablar de los efectos de la ansiedad sobre el cuerpo. Y les voy a leer un estudio hecho por la Clínica Mayo. Se los voy a leer. Escuchen esto, no se asusten, solo escuchen. El estrés puede acelerar la respiración. Yo no soy médico, por si acaso, pero así dicen, no soy experto. El estrés puede acelerar la respiración y hasta desencadenar asma o ataques de pánico. Puede aumentar los riesgos de tener problemas cardíacos como la presión alta y aumentar el colesterol. Puede afectar la intimidad en el matrimonio. Puede provocar que el cuerpo produzca hormonas que incentiven al hígado a producir más glucosa y eso a su vez incrementar los riesgos de diabetes tipo 2. Puede afectar los ciclos regulares de la menstruación. Contrae los músculos, sobre todo en el cuello y los hombros, y a su vez causa dolores de cabeza. Afecta esa parte del cerebro que está asociada con la disciplina, y algunos bajo estrés terminan refugiándose en una dieta destructiva. Afecta el sistema digestivo y puede causar náuseas, gastritis, reflujo, úlceras y otros fuertes dolores intestinales. ¡Qué problema!
Pero mi enfoque no es el problema del cuerpo. Es cierto eso, pero mi enfoque no es eso, porque el enfoque de Jesús no es eso. Te pregunto: si vamos a quitarle los efectos sobre el cuerpo, si no hubiera los efectos dañinos del estrés sobre el cuerpo, ¿te molestaría estar ansioso? Sin la gastritis, sin el dolor de cabeza, sin los dolores de cuello, sin la presión alta, ¿te molestaría estar estresado? ¿No crees tú que el enfoque de Jesús es mucho mejor? ¿No crees que el enfoque de Jesús tiene mucho más valor? Él nos dice que el estrés ahoga la palabra.
Y esta situación de que nosotros estamos obsesionados con lo temporal y lo material, y cómo el estrés afecta el cuerpo, al final estamos tratando lo que es el problema. Es que tenemos los valores invertidos. Estamos obsesionados con lo temporal. Obsesionados con lo material. Obsesionados con una cantidad de cosas, y lo que muestra es que tenemos una falta de interés en lo eterno. Y es por eso que estamos estresados. Y es por eso que la palabra no crece en nuestro corazón y está siendo ahogada.
Es sorprendente cómo el problema es al mismo tiempo el indicador del verdadero problema. ¿Se dan cuenta? La ansiedad es el indicador de que valoramos lo que no debemos valorar. El problema es el indicador del verdadero problema. El estrés ahoga la palabra y se vuelve estéril. Y es lo que nos dice Jesús: cuídate, cuídate. Es un indicador de que estamos en peligro. El peligro está ahí. Es una alerta para nosotros.
Mira, cuando yo estaba en el colegio, cuando yo era adolescente y estaba en el colegio y quería asegurarme de que no se me olvidara algo, yo me amarraba un hilo en el dedo. No sé si alguno de ustedes lo ha intentado, o escribió algo en la mano. Y me funcionaba muy bien, sobre todo cuando tenía que llevar el cuaderno firmado con la firma de mis padres de que yo hice la tarea; entonces yo me amarraba mi hilito.
El estrés es como un hilito. Es un indicador. Es una alerta. ¡Cuidado! Tu corazón está valorando las cosas de este mundo más que a Dios. El corazón se está autoprotegiendo y está sofocando la Palabra de Dios en tu corazón. Está dominando tu vida, porque es que entiende que nosotros siempre estamos conectados a nuestros tesoros. Y entonces nuestros tesoros están dominando lo que nosotros somos. Y es por eso que estamos llenos de estrés.
Nuestro estrés, nuestra ansiedad, nuestras preocupaciones, nuestra falta de dormir, nuestra depresión, porque no sabemos qué hacer y hemos sido paralizados, paralizados, muestra, revela que amamos algo más que a Jesús. Y es por eso que a Jesús le preocupa, y por eso debe preocuparte a ti. Pero nos debe preocupar más que estamos tan duros en el corazón, que si no afectara mi cuerpo, yo ni le haría caso. Que Dios tenga misericordia de nosotros y nos ayude a pesar las cosas en la balanza de Cristo. Así como uno toma vegetales y los pone en una balanza para saber cuánto pesa, uno tiene que coger las cosas de este mundo y ponerlas sobre la balanza de la eternidad. Y que nuestros tesoros no sean las cosas de este mundo. Si no, seguiremos haciendo las mismas cosas.
Permíteme leerte esta cita del pastor John Piper. Realmente no quiero preferir leerla completa, es extensa, no tengo palabras de cómo mejorarla. Escucha: "En las décadas que han pasado he aprendido mucho más en cuanto a la lucha contra la ansiedad. He aprendido, por ejemplo, que la ansiedad es una condición del corazón que despierta muchas otras condiciones pecaminosas de la mente. Piensa por un momento cuántas distintas acciones y actitudes pecaminosas resultan de la ansiedad. La ansiedad sobre las finanzas despierta la codicia y la avaricia, el robo, la tacañería y las ansias por acumular sin compartir. La ansiedad de ser exitoso te hace irritable, intolerante, brusco y maleducado. La ansiedad de las relaciones te puede hacer que te alejes y seas indiferente e insensible a los demás. La ansiedad de cómo alguien te va a responder puede incentivarte a mentir y restringir la verdad. Por tanto, si la ansiedad puede ser conquistada, muchos otros pecados recibirán un golpe mortal."
¿Te das cuenta cómo una ansiedad por las finanzas puede ser lo que está impulsando la tacañería que todos a tu alrededor dicen que tú tienes, y tú pensabas que estabas ahorrando? Y la ansiedad puede ser la razón por la que constantemente le estás mintiendo a tu esposa, porque tú tienes miedo de cómo ella va a responder. Y vemos aquí cómo la ansiedad, el deseo, la ambición de querer ser exitoso, es probablemente lo que está detrás de esa mala actitud, de que eres irritable, intolerante, brusco y maleducado.
Rebeca, una misionera, y creo que es un buen ejemplo porque a veces pensamos que esto es como que en los malos creyentes de bajo nivel les da. Rebeca, misionera, habla de cómo ya se dio cuenta de que la ansiedad estaba destruyendo su vida. Y ella dice: "Pensar de manera equivocada comúnmente me ha llevado a comer desordenadamente." Lo voy a repetir, por si acaso: "Pensar de manera equivocada comúnmente me ha llevado a comer desordenadamente. Estudiando la Palabra y entendiendo lo que enseña sobre la comida, me di cuenta cómo mi miedo, ansiedad, estrés, desencadenaban mis deseos de refugiarme en la comida. La comida puede ser un ídolo cuando reemplaza a Dios. Mi refugio debe venir de Él. Necesito confiar en Él cuando me sobrevenga el estrés."
¿Te das cuenta que Jesús dice: confía en mí, confía en mí? Nosotros preferimos nuestro dinero, nuestros esfuerzos, nuestros métodos. Jesús en la cruz te dice: mi justicia es suficiente para ti. Pero preferimos, ¿sabes qué?, lo que funciona, y que mejor que nadie se meta en mi camino. Jesús te dice: yo soy para ti el mejor regalo. Y nosotros preferimos los juguetes de este mundo. Jesús dice: me conocerás y serás libre. Pero nosotros preferimos la libertad de hacer lo que nos da la gana.
El estrés es la señal de que de alguna manera nosotros confiamos en nosotros mismos más que en Dios. Es la señal de que construimos la vida sobre cosas o personas que no tienen valor eterno. Cosas fuera de Jesús. Yo no sé si te estás dando cuenta de que este asunto del estrés lo que muestra es que hay una lucha, hay un asunto de lealtad espiritual. ¿Quién será tu aliado? ¿Dónde encontrarás tu tesoro? Y tus deseos carnales están intentando revocar el lugar de la soberanía que solamente le pertenece a Dios. Están tratando de revocar el control que Dios tiene. Intentando, porque nadie se lo va a quitar, pero es que tú quieres el control. Queremos el control. Queremos ser señores, queremos ser reyes, queremos mandar. Y nos hemos olvidado de nuestro Redentor y nuestro Creador. ¿Te das cuenta de lo que está diciendo Jesús, que el estrés ahoga la Palabra? ¿Se dan cuenta?
¿Has intentado alguna vez reflexionar en la cruz de Jesucristo mientras estás muy estresado? ¿Te das cuenta lo difícil que es gozarte en Dios cuando estás estresado? ¿Te das cuenta lo difícil que es leer la Palabra, adorar a Dios, meditar y reflexionar cuando estás estresado? ¿Te das cuenta lo difícil que es ser sensible con los pobres y con los enfermos y compartir lo que Dios te ha dado cuando estás estresado? ¿Te das cuenta lo difícil que es ser sobrecogido de la presencia de Dios cuando estás estresado? Lo difícil que es ser lleno del Espíritu Santo cuando estás lleno de presiones y de ansiedad. ¿Y no será que el estrés, la ansiedad y las preocupaciones de esta vida y de este mundo nos están ahogando? ¿No será eso? Por eso dice Jesús estas palabras: que el estrés ahoga la Palabra.
Pero entonces, ¿qué haremos? Dios no nos va a dejar ahí, Él mandó a Cristo, ¿cierto?
Versículo veinte, Marcos 4:20: "Y otros son, hay otros, hay otra forma. Y otros son aquellos en que se sembró la semilla en tierra buena." Oyen la Palabra, hasta ahí estamos igual que en el otro caso, oyen la Palabra. Pero mira la diferencia: la aceptan y dan fruto, unos a treinta, otros a sesenta y otros a ciento por uno. ¿Qué necesitamos? Necesitamos un cambio en el corazón.
Y es por eso que necesitamos a Cristo, porque Él es el único que cambia el corazón. Necesitamos un corazón como ese, donde la palabra caiga y dé fruto.
Ahora bien, nosotros sabemos que hay malas hierbas. Esa es la que nos está matando. ¿Cómo es que dicen? Mala hierba nunca muere. El estrés es como el junquillo. El junquillo, yo creo que aquí en la capital no le dicen así. El junquillo, si tú coges un machete o un colín y lo cortas, de una sale en dos. Gracias a Dios que ya los científicos han desarrollado agroquímicos que permiten atacar la maleza de una manera sistémica. ¿Qué quiere decir eso? Que tú le echas el agroquímico, le cae en las hojas y las hojas entonces lo llevan al resto de la planta y hasta la raíz se va y se muere. Eso es lo que nosotros necesitamos hacer con el estrés. Tenemos que ir a la raíz. ¿Y cuál es la raíz del estrés? Es la incredulidad. Es la incredulidad porque nosotros estamos confiando más en nosotros, en nuestras soluciones.
Permítame leerles esto. También de una página de medicina muy reconocida que nos da una propuesta para trabajar con el estrés. Escucha: Reconoce y acepta tu ansiedad. Acepta los temores específicos que enfrentas. Haz un plan para resolverlo. No medites en los problemas del pasado. Cambia todo lo que puedas que te ayude a sentirte más cómodo. Sé gentil contigo, con tu cuerpo, con ejercicios, respiración, masajes y técnicas de relajación. Descansa. Promueve pensamientos positivos y evita sustancias adictivas como el alcohol, cafeína, chocolate y el azúcar. Distrae tu mente. Involúcrate con otros, entre otras cosas.
¿Qué le parece? ¿Te gusta? A mí me gusta. Sobre todo el masaje. ¿A quién no le gusta un masaje con este estrés? ¿A quién no le gustaría poder hacer como hace Kung Fu Panda, que como que se vacía su mente y la llena de los dumplings esos que le gustan? ¿A quién no le gusta esto? Pero hay un problema aquí. No sé si te das cuenta, porque esto es solo un alivio, no una solución. ¿Se dan cuenta?
Mira, el que ha pasado por momentos de mucho estrés sabe lo que yo estoy hablando. Que uno intenta de todo. Cambia la dieta. Pastillas. Hace ejercicio. Hace más ejercicio. Duerme. Descansa. Duerme más. Come bien. Ya hace muchísimas otras cosas. Y uno se da cuenta que eso alivia. Y excelente. Gracias a Dios que eso alivia. Pero esa no es la solución. Cuán peligroso es que el mundo y sus soluciones sean tu refugio. ¿Cierto? Las soluciones humanas solo son un escape temporal. Solo son un alivio. Tenemos que volver a la raíz.
El problema de la ansiedad es un problema de incredulidad. Mientras más estrés tienes, en sentido general, mientras más estrés tienes, menos confías en Dios. Más o menos así es que va. No es tan complejo. Es difícil de resolver, pero es fácil de explicar. Mientras más estrés, más ansiedad, más preocupaciones, menos es mi confianza en Dios. Por tanto, necesitamos un cambio en el corazón, en nuestros tesoros, en lo que confiamos. Necesitamos nuevos ojos para dejar de ver con los ojos de esta cara y ver con los ojos del Espíritu.
Mariana es una niña de nueve años que le tenía miedo a la oscuridad. Mariana fue invitada por su tía Valeria un día a dormir allá en su casa. Cuando llegó la hora de dormir, la tía fue a apagarle la luz y Mariana le dice: "No, no la apagues. No la apagues, tía, que yo le tengo miedo a la oscuridad." Entonces su tía Valeria se sienta con ella en la cama y le dice: "¿Tú sabes que yo también le tenía miedo a la oscuridad? Pero aprendí el secreto." Mira, cuando esa niña escuchó que había un secreto para resolver eso, los ojos le brillaban.
Y ella le dijo: "Mira, el secreto lo aprendí de los niños que nacen ciegos. Los niños que nacen ciegos, si no aprenden el secreto, se pasarían toda la vida llenos de miedo porque viven en oscuridad. ¿Y cuál es el secreto? El secreto es que ellos han aprendido a cambiar los ojos de la cara por los ojos de las manos, y ahora sus manos son sus ojos."
De manera similar, nosotros necesitamos cambiar los ojos. Necesitamos dejar de ver las cosas con los ojos de la cara. Necesitamos dejar de usar el sistema de valorizar las cosas. Tenemos que dejar de usar el sistema que el mundo usa para darle valor a las cosas y usar el sistema que Dios usa para darle valor a las cosas. Ponlo en la balanza de la eternidad. Ponlo en la balanza de la eternidad y verás si esto realmente es así o no. Ponlo en una balanza donde tú digas comparativamente: cuando yo veo lo que me está sucediendo y veo lo que Cristo hizo por mí en la cruz, ¿cómo es que yo me afano?
Y es por eso que Jesús dice en otro pasaje que si ves que Dios cuida la creación, ¿cómo no va a cuidar de ti? Necesitamos nuevos ojos, necesitamos un nuevo corazón, necesitamos un corazón que pueda ver diferente. Necesitamos eso para poder entender lo que dice 1 Juan 4:4, que mayor es el que está con nosotros, y avanzaremos en la lucha, y la Palabra crecerá en nuestro corazón y dará fruto.
No sé si te das cuenta que necesitas a alguien más poderoso que esté a tu lado, a quien tú puedas depositarle todas tus cargas. Echa tu carga sobre el Señor y Él te sustentará. ¿Quién es ese? ¿Quién es el que puede aguantar tu carga? Es Jesús. Con Jesús, confiando en Jesús, aunque el sol nos golpee, aunque estemos en sequía, tú puedes estar confiado que no caerás para siempre. Tú puedes estar confiado, tú puedes luchar con el estrés y vencer y tener una solución, no un alivio solamente, una solución.
No sé si te das cuenta que necesitamos ver a Jesús por lo que Él realmente es: que Él es el Hijo de Dios, que Él es la máxima expresión de amor, el Rey de reyes, el que rige con poder y justicia, el único que es realmente justo y que es Santo, Santo y Santo, que Él todo lo conoce porque Él es omnisciente, y Él está en todo lugar porque Él es omnipresente, y Él es todopoderoso, y no hay nada que pueda realmente cambiar lo que Él ha planificado.
Y que cuando tú necesitas un Salvador, el verdadero Salvador, ¿quién es? ¿Quién es la verdadera esperanza de los cautivos? ¿Quién es el que realmente te puede liberar? Es Jesús. Porque Él te libra de la condenación, el mayor de los enemigos. Él te libra de eso. Él que realmente puede perdonar, Él que puede ser un verdadero amigo fiel, Él que da paz, gracia, amor, Él que sana, Él que cura tus heridas, Él que provee cuando tú realmente lo necesitas de la mejor manera, de la manera más profunda, y que puede ser tu defensor y puede ser tu refugio, es Cristo. Y que por medio de Él, Él intercede por nosotros ante el Padre. Él es el único que realmente puede rogar por nosotros de una manera que su oración llegue, porque Él murió por nuestros pecados. Y Él es el que realmente puede iluminar nuestro camino y ser la lámpara que nosotros necesitamos para ver, porque Él es la verdad y el camino al Padre, y en Él hay paz. Él es el pan de vida, Él es la fuente de agua viva, Él está ahí para el necesitado, y no hay mayor tesoro que Cristo. Y Él es el galardonador, Él es el que te corona de misericordias y de justicia, Él es la roca y el mejor fundamento en que se puede edificar cualquier cosa, porque eso no cambia ni se cae, y el único que es realmente digno de alabanza, en quien tú puedes poner tu fe, en quien tú puedes descansar.
Termino con estas palabras. Un salmo que nos dice algo sobre aquel que confía: "Será como árbol plantado junto a corrientes de agua, que da su fruto a su tiempo y su hoja no cae." U otro salmo, como el Salmo 112, que dice que el que confía en el Señor no temerá recibir malas noticias. Su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón está seguro y no temerá. Y Jeremías 17:7-8 nos dice: "Bendito es el hombre que confía en el Señor, cuya confianza es el Señor." Escucha esto: no temerá cuando venga el calor y sus hojas estarán verdes. Bendito es el hombre que confía en el Señor. En año de sequía —estamos hablando de una nación agrícola— en año de sequía no se angustiará, en año de sequía no se afanará, no se estresará, no será ahogado, y no cesará de dar fruto.
Te animo, te reto, en el nombre del Señor, que eso sea tu oración de hoy.
Oskar Arocha sirve a Cristo como trabajador en cadenas de supermercados, después de una trayectoria académica que incluye una maestría en Economía Aplicada de Clemson University y una maestría en Divinidad (M.Div.) del Seminario Bautista Reformado en Carolina del Sur. Conoció al Señor en 1981 y desde entonces ha procurado honrarlo en su vida y vocación. Está casado con Patricia, y juntos disfrutan de sus tres hijas: Sara, Nicole y Mía.