¿De dónde viene realmente el enojo? No de las circunstancias, como solemos creer, sino de las pasiones que combaten en nuestro interior. Santiago 4 lo deja claro: los conflictos y las guerras nacen de los deseos que gobiernan nuestro corazón. Pedro, un hombre bueno que frecuentemente se enoja, regresa a casa después de semanas de trabajo esperando ser recibido con calidez, y al no encontrarla, explota. Él culpa a su familia, pero el problema real es que sus deseos se habían convertido en demandas, y cuando fueron contrariados, la ira brotó. Es como si Pedro fuera el sol y todo debiera orbitar alrededor de sus expectativas.
Cuatro caminos conducen al enojo según este pasaje: la codicia, que desea con fuerza egocéntrica y estalla cuando no obtiene; la envidia, como la del rey Acab que terminó matando a Nabot por una viña que no necesitaba; la indiferencia, ese enojo silencioso del que critica y se queja sin explotar pero destruye igual; y el egoísmo disfrazado de espiritualidad, que ora pero solo para alimentar sus propios placeres.
El mundo ofrece soluciones superficiales: manejar el enojo, buscar un lugar feliz, golpear un saco de arena. Pero Dios señala el corazón como el problema y la cruz como la única solución. Solo en Cristo los deseos que nos esclavizan pueden ser transformados. El amor que satisfizo la ira de Dios en el Gólgota es suficiente para saciar los anhelos más profundos del alma. La invitación permanece abierta: vengan sin dinero, sin costo alguno, y descansen en Él.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
La gracia de Dios sea con todos ustedes. Y qué bueno es que estamos aquí y que podemos compartir la satisfacción de la palabra de Dios. Quiero pedirles que me acompañen a Santiago capítulo 4. Y esta mañana vamos a hablar sobre el enojo, la ira y los conflictos. Algo que todos conocemos.
Santiago capítulo 4, que la satisfacción de la palabra del Señor sea en nuestros corazones. Nos dé un corazón que es rápido para escuchar su voluntad y hacerla. Y que me deje a mí decir lo que él quiere que ustedes escuchen. Santiago capítulo 4, los versículos 1, 2 y 3. Leo: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Ustedes codician y no tienen. Por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener. Por eso combaten y hacen guerra. No tienen porque no piden. Piden y no reciben porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres."
Les presento un hombre llamado Pedro. Pedro es un buen hombre. Y hace unas semanas la empresa donde él trabaja lo mandó al interior a visitar unos importantes clientes, a resolver unos problemas. Y llega el sábado, el sábado está listo para regresar a su casa. Todos estos días había estado viajando y él tenía ese deseo de regresar a su casa, de ser recibido por su mujer, de ser recibido por su hija. Y esperaba un sancochito bien caliente con su arroz blanco, su aguacate, sus tostones. Y llega a su casa y ahí se acabó el sueño. Entra a la casa, nadie esperaba por él.
Les dije que Pedro es un buen hombre, pero no les dije que Pedro comúnmente se enoja. Él entró a su casa, le arrancó el celular a su hija, rellenó a su esposa de malas palabras y explotó en medio de todo eso. En otra ocasión Pedro dijo: "¡Olvídate de esta familia!" Y en otro momento Pedro, que es un buen hombre, pero que frecuentemente se enoja, se fue a la barra más cercana y allí, tomando bebidas alcohólicas, habló con sus amigos de lo molesto que estaba con su situación, con su familia, con su trabajo y demás.
¿Por qué Pedro se enoja? Si le preguntamos a Pedro: "Pedro, ¿por qué te enojaste?" Quizás él diría como dijo Adán: "La mujer que me diste." Se enojó por el maltrato de su mujer. "Imagínate," dice Pedro, "yo estaba muy cansado. Imagínate, dos semanas sin regresar a mi casa, trabajando en el interior bajo la lluvia y lo demás. Y además, ¿quién aguanta esa falta de respeto? Por eso me enojé. Yo me hice expectativas de que iba a llegar a mi casa y que me iban a recibir bien, y me llené de enojo, se impulsó la ira y exploté." Según Pedro, podemos resumir que la causa fueron las circunstancias.
Ahora bien, nosotros sabemos que esa no fue la causa. ¿Qué dice aquí la palabra de Dios? Y eso es lo que queremos saber. Pedro no se enojó por las circunstancias. Y tú dirías: "No, sí, si eso no le hubiese sucedido, él no se hubiese enojado." Y en cierto sentido, Pedro tiene razón. Ahora te pido que reflexiones un momento conmigo, porque ese argumento tiene mucha altanería y mucha arrogancia. Pedro dice que todas las circunstancias deben estar alineadas a su plan para que él no se enoje. Pedro es como el sol, el sol del sistema solar, que el sol está en el centro y todo está en su órbita: la tierra está ahí, Júpiter, Saturno y las lunas que le dan vueltas a Saturno. Todas ahí están alineadas. Y parece que todas las circunstancias deben estar alineadas a los deseos que gobiernan la vida de Pedro para que él no se enoje. Y yo pregunto: ¿no será que el juicio de Pedro está distorsionado? ¿No será como que Pedro se cree como un semidiós?
¿Qué hacemos con Pedro? Bueno, esta mañana yo quiero hablarles, basado en este pasaje de Santiago capítulo 4, de tres cosas. Primero, ¿de dónde viene el enojo? Segundo, los cuatro caminos que conducen al enojo. Y tercero, la cruz.
Vamos a ese primer punto: ¿de dónde viene el enojo? Y lo vemos aquí en el versículo número uno. Dice el pasaje: "¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros?" ¿Será en las circunstancias? Las circunstancias son parte de la situación, pero no es la causa, no es el fundamento. ¿Cuál es la causa? Nosotros queremos saber lo que Dios dice sobre la causa, porque la perspectiva de Dios es la perspectiva más importante.
Si vemos este versículo, tenemos dos preguntas. Y la segunda pregunta responde a la primera pregunta. ¿De dónde vienen las guerras y los conflictos entre ustedes? ¿No vienen de las pasiones que combaten en sus miembros? Los conflictos, el enojo y la ira vienen de las pasiones que combaten en nuestros miembros.
Y aquí en este primer versículo hay tres palabras relevantes que quiero desglosar. Dice "vienen," de dónde vienen. Y esta palabra nos ayuda a entender que el enojo no se produce solo. No se autogenera. No es que el enojo es un asunto al azar. No es como que hay una mano invisible o alguien con unos rayos beta-gama que está disparándome, yo no me estoy dando cuenta, y explota el enojo. Podríamos ver estas mismas preguntas en diferentes traducciones de la Biblia. Por ejemplo, en la Nueva Versión Internacional dice: "¿De dónde surgen los conflictos?" O la Traducción en Lenguaje Actual dice: "¿Saben ustedes por qué hay guerras?" O la Nueva Traducción Viviente, que también dice: "¿Qué es la causa del enojo y de la ira?" La pregunta busca identificar la fuente, el origen, o la causa del enojo. Y eso es lo que nosotros queremos saber.
Si le preguntamos a Pedro: "Pedro, ¿por qué te enojaste?" Pedro responde que fueron las circunstancias. Y te digo una cosa: cuando uno está sentado desde lejos y uno ve a alguien enojarse, uno ve a alguien explotar de ira, la realidad es como que parece fácil identificar que hay algo que simplemente está afectando a esa persona. Y podemos ver en repetidas ocasiones esa agresión, esa explosión. Y uno se pregunta: ¿será que el enojo es un impulso innato? ¿Será que el enojo es un impulso inconsciente? ¿Será que el enojo es incontrolable? Pero resulta que nosotros, como a menudo sucede en otras cosas, buscamos el problema fuera de nosotros.
Y aquí me permito tomar una canción de los sesenta de una cantante que quizás algunos de ustedes conocen. Se llamaba Anna Russell, ella era cantante y comediante en Inglaterra. Y ella hizo una canción que se llamaba "La canción psiquiátrica." Y permítanme leerles algunas de las líneas de esta canción que nos ilustra bien lo que estoy mencionando. Escuchen: "Fui a mi psiquiatra para ser psicoanalizada, para averiguar por qué maté al gato y le puse el ojo morado a mi marido. Él me colocó sobre un sofá blando para ver qué podría encontrar. Y aquí lo que sacó de mi subconsciente: a los tres años tuve un sentimiento de ambivalencia hacia mis hermanos. Y así continuó, naturalmente, que he envenenado a todos mis enamorados. Pero ahora estoy feliz de que he aprendido las lecciones que esto me ha enseñado: que todo lo que hago que está mal es la culpa de alguien más."
No es la inclinación natural ver al revés todo lo espiritual. ¿Sabes qué? Dios te dice: el problema está aquí. Y la solución está allá, en la cruz, en el Gólgota, en Jesucristo. El mundo nos dice que el problema está allá y que la solución está aquí. Sin Dios, las conclusiones acertadas realmente serán muy escasas.
¿Qué hace el mundo? ¿Qué dice el mundo? El mundo ha descartado el diseño de Dios. El mundo descarta la decadencia espiritual. El mundo asume que en sentido general el humano es obediente a Dios. El mundo trata de definir el enojo como si fuera algo natural y trata de batir esa conexión que hay entre el enojo y las motivaciones del corazón. ¿Por qué? Porque el mundo eleva el deseo del individuo como el mayor bien.
Ahora, ¿qué dice Dios? Dios dice que la causa y la fuente de la ira la encontramos en el corazón. En las pasiones que combaten en nuestros miembros, los malos deseos que combaten en el interior nuestro, en el interior del ser humano. Esos malos deseos que luchan en lo interno para tener el gobierno de nuestro corazón. Esos deseos que nosotros tenemos que son dominantes, nuestros placeres, nuestros deseos que gobiernan nuestra conducta, nuestras reacciones, nuestras palabras. Y sí, hasta controlan muchos de nuestros pensamientos. Nuestros deseos gobernantes determinan nuestra conducta. Y hacemos bien en aprender rápidamente que yo hago lo que hago porque quiero lo que quiero. Yo hago lo que hago porque quiero lo que quiero.
Si el deseo que nos gobierna en el corazón es honrar a Dios, nuestra conducta también honrará a Dios. Si nuestro mayor placer es Dios y todo lo que él es para nosotros en Cristo Jesús, seremos obedientes a Dios. Pero si ese deseo dominante busca mi agenda, busca mi reputación, busca mi desempeño, mi progreso, que yo esté en primer lugar, mi preeminencia, busca que mi familia sea lo que más me importa, que mi trabajo, que mis cosas, si eso es lo que yo más deseo y lo que yo más valoro, si Dios no es mi visión, si Dios no es mi tesoro, mi conducta será contraria a la palabra de Dios y será una honra estelar a mi persona. Y aún, escuchen, aún mi buena conducta tendrá consecuencias espirituales destructivas. Porque sí, yo hago lo que hago porque quiero lo que quiero, porque mi conducta refleja cuáles son esos deseos que me gobiernan.
La ira, el enojo y los conflictos vienen de los apetitos carnales que nos controlan. "Pero no," dirá alguno, "es que la ira me fue provocada." Y en parte sí, es cierto que la ira es a veces provocada, pero esa no es la causa. "No," y dirá otro, "es que fueron las circunstancias." Y así, en parte, son las circunstancias, pero esa no es la causa o el fundamento. "Todo," dirá alguno, "no, es que yo tengo una adicción compulsiva al enojo." Y es posible, sí, que te hayas enojado tanto en la vida que tienes como una adicción compulsiva, pero esa no es el fundamento, no es la causa última.
Escucha, lo que nos enseña aquí la palabra de Dios es que la causa fundamental del enojo proviene de la distorsión controladora de los deseos del corazón.
La causa fundamental del enojo proviene de la distorsión controladora de los deseos del corazón. ¿Cómo será la vida de una persona que es gobernada por sus propios deseos? Bienvenidos a la vida de este hombre que le llamamos Pedro. Este hombre, que es un buen hombre, pero es un hombre que frecuentemente se enoja.
Segundo, veamos cuáles son los cuatro caminos que conducen al enojo. El pasaje asume que a menudo la dinámica del enojo no es evidente. ¿Por qué? Porque después te dan la respuesta en el versículo 1; el versículo 2 y 3 nos dicen cuáles son los caminos que conducen al enojo. Lo leo ahí, Santiago 4, versículo 2 y 3. Dice: "Ustedes codician y no tienen, por eso cometen homicidio. Son envidiosos y no pueden obtener, por eso combaten y hacen guerra. No tienen porque no piden. Piden y no reciben porque piden con malos propósitos, para gastarlo en sus placeres."
Hay cuatro caminos, por lo menos cuatro caminos basado en este pasaje, que conducen al enojo. El primer camino es la codicia. ¿Cuál es la pasión gobernante que nos lleva al enojo? La codicia. Codiciamos y nos enojamos. ¿Y qué es la codicia? La codicia es un deseo fuerte egocéntrico que nos controla. Codiciamos el dinero, el poder, el sexo, la comunidad, el reconocimiento, el derecho; codiciamos el poder hacer lo que nos da la gana cuando nos dé la gana. Codiciamos. ¿Cuándo deseas y no alcanzas lo que quieres? ¿Cuál es el resultado? El enojo.
Pero hay más, porque mira lo que dice el pasaje. Muy interesante. Dice: "Codician y no tienen, por eso cometen homicidio." ¿Homicidio? Aplica eso a nosotros. Pues no lo digo yo. ¿Qué diría Jesús? Mira lo que dice Jesús en Mateo, capítulo 5, versículo 21 y 22. Si quieren, me acompañan; si no, yo se lo leo y me pueden escuchar. Mateo, capítulo 5, versículo 21 y versículo 22. Escuchemos atentamente. Dice Jesús: "Habéis oído que se le dijo a los antepasados: no matarás, y cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte. Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte. Y cualquiera que diga 'raca' a su hermano será culpable delante de la satisfecha suprema, y cualquiera que diga 'idiota' será reo del infierno de fuego."
Un asesino es primero una persona airada, una persona esclava a sus deseos carnales. Un asesino es primero una persona enojada, y después de ser una persona enojada, entonces es un asesino. Y parece que, por lo que dice Jesús, no tenemos dónde escondernos. ¿No será por eso que Proverbios 14:17 dice que el hombre pronto a la ira obra neciamente? A menudo obramos en la ira. A menudo obramos neciamente en pensamientos y palabras. Y en ese sentido, todos somos pequeños homicidas. Primer camino: la codicia.
Segundo camino: la envidia. Y para eso quiero que me acompañen a 1 Reyes capítulo 21. De nuevo, yo se lo voy a leer; lo pueden escuchar. Pero si quieren acompañarme, 1 Reyes capítulo 21. Voy a leer los versículos uno al cuatro y iré haciendo algunos comentarios con relación a la envidia. Aquí nos habla el pasaje, el contexto, sobre el rey Acab, rey sobre el norte de Israel en Samaria, cuando la nación de Israel estaba dividida. Y resulta que él tenía un vecino que se llamaba Nabot de Jezreel. Era un hombre justo que tenía una hermosa viña junto al palacio del rey.
Leo el versículo 1: "Y sucedió que después de estas cosas, Nabot de Jezreel tenía una viña que estaba en Jezreel, junto al palacio de Acab, rey de Samaria. Y Acab habló a Nabot diciendo: Dame tu viña para que me sirva de huerta para hortaliza, porque está cerca, al lado de mi casa. Y yo te daré en su lugar una viña mejor; si prefieres, te daré su precio en dinero." Y abro un paréntesis aquí: ¿para qué quisiera este rey la viña de Nabot si él tenía viñas mejores? Por envidia.
Versículo 3: "Pero Nabot le dijo a Acab: No permita el Señor que te dé la herencia de mis padres. Acab entonces se fue a su casa disgustado e inmolesto a causa de la palabra que Nabot de Jezreel le había dicho, pues dijo: No te daré la herencia de mis padres. Y se acostó en su cama, volvió su rostro y no comió," como un muchachito enfadado. El camino de la envidia condujo al rey al enojo, y al final, ¿sabes qué? Mató a Nabot.
Número tres, el tercer camino: la indiferencia. Dice nuestro pasaje: "No tienen porque no piden." No se está diciendo que no reciben porque no oran a Dios. La Nueva Traducción Viviente lo dice de esta manera: "No tienen lo que desean porque no se lo piden a Dios." Pregunta: ¿por qué una persona no le pediría a Dios algo que él desea?
Y aquí el teólogo Richard son responde de una manera fascinante, y él dice que el imperativo de la oración, de pedir a Dios que provea, escucha, requiere el previo conocimiento de nuestra verdadera necesidad. El imperativo de la oración, de pedir a Dios que provea, requiere el previo conocimiento de nuestra verdadera necesidad. Si una persona no logra hacer la conexión entre sus deseos y Jesús como aquel que satisface, jamás llevará sus peticiones en oración a Dios, y en ese sentido es una persona indiferente e insensible a la realidad espiritual que le rodea.
¿Y sabes cuál es el punto neurálgico del indiferente? Que el indiferente comúnmente es ese enojado que no explota. Y a veces no es evidente a otros, y no es evidente a él, que él es una persona frecuentemente enojada. El indiferente es ese que critica, es ese que es el pesimista, a pesar de que él entiende que él es un realista. Es ese que tilda a los demás de malas intenciones, el que se queja ahí refunfuñando, refunfuñando, y es poco agradecido, y está destruyendo y busca lo negativo en todos, sintiéndose que por otro lado es una virtud, como que Dios lo ha destinado a él para que le diga al mundo todo lo negativo que hay.
El colmo del indiferente, de cuando somos indiferentes, es que no nos enojamos por las cosas que deberíamos enojarnos. ¿Y cuáles son esas cosas por las que deberíamos enojarnos? Deberíamos enojarnos por las cosas que Dios se enojara. Las cosas que a Dios le molestan, a nosotros nos deberían molestar.
Y resulta que hay una conexión directa entre la indiferencia y la prosperidad. Y tomo mi tiempo para hablar de esto porque nosotros vivimos en los tiempos de más prosperidad, probablemente de los últimos mil, dos mil años. Pero de seguro, de los últimos cincuenta, cien años, este es el momento de más prosperidad. Cualquiera que tenga más de cincuenta años te puede decir, empecemos en nuestro país, de lo difícil que eran los servicios de salud, la comida, la ropa, las cosas básicas, porque a pesar de que, como decimos en la Dominicana, la cosa está dura, está mucho mejor que antes. Y al haber prosperidad, siempre hay ese impulso a ser indiferente. Así que peligro: cuando tenemos prosperidad, la indiferencia está al doblar de la esquina.
El cuarto camino es el camino del egoísmo. Dice el pasaje: "Piden con malos propósitos." Y para nosotros, probablemente, este es el camino más peligroso de todos los caminos, porque te das cuenta, esta persona, ahora, esta persona hace oraciones, pero en lo profundo de su corazón es una persona profundamente egoísta. Es una persona como la que dijo Jesús cuando le habló duro a los fariseos y les dijo: "¡Ay de ustedes que, por pretexto, hacen largas oraciones!" Es uno que piensa que ora a Dios, pero cuando él está orando a Dios, esas mismas palabras, en esas mismas palabras, él solo está adorando sus propios dominantes deseos.
Y no creamos nosotros que estamos tan lejos de ahí. Yo, hace un momento, le hablé de Pedro, pero ahora yo quiero hablarles del apóstol Pedro. El apóstol Pedro está en una situación donde Jesús junta a todos los apóstoles y Jesús les dice: "Quiero decirles que en pocos días seré entregado a los gobernantes de esta nación y me van a maltratar y me van a escupir y me van a dar bofetadas, me van a crucificar y moriré. Pero al tercer día voy a resucitar." Y entonces, en este momento, escuchen estas palabras del apóstol Pedro, que esto podría ser cualquiera de nosotros. Dice Pedro a Jesús: "¡Quiera Dios que no tengas que morir!" Y uno se detiene en ese momento y uno dice: "Wow, qué compasivo ese Pedro, qué espiritual." ¿Y qué le dijo Jesús? "No tienes en mente las cosas de Dios, sino tus deseos, para gastarlo en tus placeres."
Esto quiere decir que a menudo nosotros podríamos estar orando y pidiendo a Dios y teniendo un lenguaje religioso y cristiano y evangélico y bíblico, y es solamente para ver cómo nosotros estamos dándole crecimiento a nuestros propios placeres personales. ¡Qué peligro!
Hablamos de dónde viene el enojo y hablamos de los cuatro caminos que nos llevan al enojo. Veamos en tercer lugar la cruz del enojo. ¿Por qué ese enojo, Pedro? Por su deseo reinante, su deseo reinante que fue contrariado, que deseaba y anhelaba llegar en ese momento a su casa y esperaba la calidez de ser recibido por su esposa, su hija, un sancocho, una comida excelente, y no recibió eso y explotó de ira y enojo. Sus deseos, sus gobernantes deseos, se convirtieron en necesidades, y sus necesidades se convirtieron en demandas, y sus demandas explotaron en enojo. Las necesidades emocionales de Pedro no fueron satisfechas, y desde su punto de vista, desde su trono, nada era más importante que atender a papá Pedro.
Pero olvidémonos de Pedro por un momento. Dime tú, ¿dónde estás tú hoy? ¿Eres una persona enojada? ¿Eres una persona airada? ¿Eres una persona que comúnmente, cuando tus deseos no van conforme a cómo tú planificaste, tus palabras, tus gestos, tu silencio, tu presencia muestra que estás enojado? ¿Eres tú controlado por tus deseos? ¿Eres controlado por tu codicia? ¿Eres controlado por tu envidia? ¿O eres tú de esos que no explotan en ira, sino que están ahí adentro, y que siempre están quejándose y siempre están destruyendo negativamente todo?
Pero no hay todas esas cosas porque eres realmente indiferente al mundo que está a tu alrededor. Ahora bien, quizás estoy haciendo la pregunta a la persona equivocada. ¿Pregúntale a tu esposa si tú eres enojado? ¿Pregúntale a tus hijos si tú eres enojado? ¿Pregúntale a tus padres? ¿Pregúntale a tus subalternos? ¿Pregúntale a tu jefe? ¿Pregúntale a tus compañeros de trabajo? ¿Pregúntale a la gente que te conoce! ¿Es una persona enojada? ¿Sabes que gracias a Jesucristo hoy puedes cambiar? Gracias a Jesús, hoy podemos cambiar.
Ahora bien, cuídate. ¿Por qué digo cuídate? Cuídate de las soluciones que el mundo te ofrece, que son falsas. El mundo trata de enfocarse en que tú externamente no seas enojado, y es una trampa. El mundo trata de enfocarse en ese enojo visible. O quizás escucharás del mundo que te habla de que ese enojo tienes que buscarle la salida correcta, como si fuera como un vapor que tú tienes ahí adentro. Y no, no es solo eso.
Bueno, yo he escuchado en Japón —yo no sé si esto es cierto, pero yo he escuchado— que en Japón en algunas empresas tienen un cuartito, y en el cuartito tienen un sandbag. Entonces, si tú estás enojado con tu jefe, tú le pones el nombrecito de tu jefe y le entras a trompadas al sandbag para tú botar tus enojos. Es cierto, eso me dicen. Don Zoilo, el mundo te dice que lo que falta es orientación para manejar el enojo. O te dice: "Mira, debes ser autoafirmativo y estar más allá de tus problemas." O te dice: "Llegue el momento del enojo y lo que necesitas es mentalmente ir al lugar feliz." O quizás el mundo, a través de la religión, trata de decirte que si tan solo tú coges algunos versículos y los usas como garrotes, podrás hacer que la gente cambie.
Yo quiero ilustrarlo con los Angry Birds. Algunos de ustedes conocen los Angry Birds. Sí, yo creo que la mayoría de los jóvenes conocen los Angry Birds, y algunos no tan jóvenes. Los Angry Birds son como unos pajaritos; es un juego que se juega en el iPad, iPhone, etcétera, etcétera. Los pajaritos están en una piedra y se lanzan sobre el aire, y entonces caen sobre una estructura, rompen la estructura, y hay unos cerditos que están ahí; los cerditos se mueren, etcétera.
Bueno, hay un video en YouTube de los Angry Birds de cómo manejar el enojo. Yo quiero leerles lo que dice el video para ilustrar esta situación. Está Terrence, que es el Angry Bird rojo, está Chuck, que es el Angry Bird amarillo, y están los dos ahí conversando. Y dice Terrence: "Esos idiotas cerdos. Odio a esos cerdos. Estoy tan enojado, tan enojado, que los pudiera hacer pedazos." Entonces Terrence se voltea a la cámara para enseñarle al público y le dice: "No sé qué decir, simplemente estábamos muy enojados. No me considero un fanático intolerante, pero con los cerdos es un asunto que siempre los hemos odiado."
Entonces la cámara vuelve a la situación y los cerdos comienzan a burlarse de los Angry Birds, y esta burla provoca más enojos a los Angry Birds, a lo que les responden montándose en el tirapiedras y lanzándose sobre el aire. Y cuando está el Angry Bird rojo, Terrence, sobre mitad del aire, él de repente ve un cerdito indefenso ahí abajo y dice: "Yo pensaba que estaba enojado, pero cuando vi al indefenso cerdito, el enojo se esfumó. Y ahí me di cuenta que no estoy obligado a estar enojado, y que en realidad el enojo no es más que una elección."
Y no estoy tratando de decir que los Angry Birds son diabólicos ni nada por el estilo. Pueden seguir jugando. Lo que estoy tratando de ilustrar es lo simplista y lo desenfocado que es el mundo cuando nos ofrece soluciones a un problema que es tan profundo. El mundo nos dice que el problema está allá fuera y que la solución, por alguna razón quién sabe, está aquí adentro. Pero Dios nos dice que no es así, que el problema está aquí adentro, en el corazón, y que la solución está allá fuera, solo allá fuera, únicamente en Jesucristo. Y solamente Jesús puede cambiar tus dominantes deseos.
¿Qué tal si escudriñamos la Palabra? Si dejamos que Dios escudriñe nuestro corazón y nos profundizamos en estas soluciones reales, profundas, concretas que Dios nos ofrece, y que nos rindamos ante las manos del Alfarero que nos ha prometido: "Les daré un nuevo corazón para que anden conforme a mis estatutos."
Pensemos en el amor de Dios, en el amor de Jesucristo, el amor que fue suficiente para satisfacer la ira de Dios en la cruz. ¿Y crees que si la muerte de Jesucristo pudo satisfacer la ira de Dios, no podrá satisfacer esos profundos deseos y anhelos y pasiones que tenemos en el corazón? ¿No será Jesucristo suficiente para que descansemos en Dios y no en los deseos que nos controlan?
¡Escúchame! ¡Escúchame! El que no tiene a Jesús no tiene esperanza de dónde poner a descansar los deseos que controlan su corazón. En la cruz, por medio de la cruz, la fuente del amor de Dios ha sido abierta sin límite para todo aquel que quiera tomar de esa fuente. Para todo aquel que cree, el amor de Dios está disponible. Pero sin Cristo, sin Jesús, sin su muerte, sin su resurrección, sin la cruz, el amor de Dios queda completamente bloqueado de tu vida. Necesitamos urgentemente en nuestros corazones, en nuestras vidas, el amor de Dios, y eso solamente es posible en Cristo.
¿No anhelamos un cambio? ¿No estamos cansados de explotar, de hablarle mal a las personas que amamos, de obrar neciamente en medio de nuestra ira y de nuestro enojo? ¿No estamos cansados de ser esclavizados por eso? ¿No desearíamos nosotros —imagínate— una situación donde, en vez de una ira explosiva, por medio del amor de Dios podamos tener un amor explosivo? Y desbordar en paciencia, en palabras de alegría, de amor, en buenas palabras edificantes y llenas de gracia para los demás. ¿No será mejor eso?
Pues en Cristo el amor de Dios regenerará nuestros deseos. En Cristo nosotros seremos transformados para tener un corazón que pueda buscarle paz y descanso a esos deseos, esos placeres que controlan o que buscan controlar nuestras vidas. En Cristo. Amén. En Cristo, solo en Cristo, tendremos alegría indestructible que solo puede ser descrita como una nueva vida en Jesús.
¿Por qué? Por amor, por el amor de Dios. Por amor, los malos deseos que controlan los conflictos de este mundo fueron lavados por la sangre de Jesús. Por amor. Por amor, la ira de Dios ya no es sobre nosotros, sino que fue derramada en la cruz sobre Jesús, traspasando sus manos y sus pies y su alma. Por amor. Por amor divino. Por amor sacrificial. Por amor incondicional. Por amor por ti y por mí, para cambiarnos y para transformarnos, para nosotros darle gloria a Dios y no gloria a nuestros placeres.
¿Y para qué? Para que ese amor que nace en Dios fluya a través de nosotros, por medio de nosotros, para hacerle el bien a los demás, y no para explotar en ira y en enojo y estar llenos de conflictos y de guerras. Para satisfacernos en Dios y no en la codicia. Para celebrar la victoria de Jesucristo y no hundirnos en la envidia. Para saciar la sed del alma en Cristo, no en la crítica, no en la queja, no en el pesimismo que ahoga este mundo. El amor de Dios está ahí para nosotros, en Cristo. No para saciarnos con hipocresía de una religión vacía, sino para saciar todos nuestros deseos en Jesús.
Y yo les termino con estas palabras. Les pido que no se distraigan; no tienen que escribir, solamente escuchen el llamado de Dios. A ti y a mí, que hemos sido controlados más de una vez, más de lo que queremos, por el enojo, los conflictos y las guerras, escucha la Palabra de Dios: "Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba." "Todos vengan a las aguas, y vengan, compren y coman sin dinero y sin costo alguno. ¿Por qué gastan dinero en lo que no es pan y su salario en lo que no sacia? Escúchenme atentamente y coman lo que es bueno, y se deleitará su alma en la abundancia. Inclinen su oído y vengan a mí. Escuchen y vivirá su alma."
¿Quieres hoy cambiar? Entrega tu enojo a Jesús. Dios te llama a descansar en Él. Y es gratis: ven sin dinero, sin costo alguno, y que todos esos deseos que gobiernan y controlan tu alma puedan ser clavados detrás de las manos del Mesías, de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Amén.
Oskar Arocha sirve a Cristo como trabajador en cadenas de supermercados, después de una trayectoria académica que incluye una maestría en Economía Aplicada de Clemson University y una maestría en Divinidad (M.Div.) del Seminario Bautista Reformado en Carolina del Sur. Conoció al Señor en 1981 y desde entonces ha procurado honrarlo en su vida y vocación. Está casado con Patricia, y juntos disfrutan de sus tres hijas: Sara, Nicole y Mía.