Integridad y Sabiduria
Sermones

El alboroto del evangelio

Miguel Núñez 28 abril, 2019

El evangelio que transforma una sociedad no lo hace de manera silenciosa ni cómoda: asalta la mente, saquea el corazón de sus ídolos y, eventualmente, toca el bolsillo. Hechos 19 muestra cómo la predicación de Pablo en Éfeso produjo un cambio tan profundo que la economía local comenzó a tambalear. Un platero llamado Demetrio, que fabricaba templecillos de plata de la diosa Diana, reunió a su gremio de artífices con una queja reveladora: "Nuestra prosperidad depende de este comercio". El problema no era teológico para él; era financiero. Pero tuvo que embellecer su reclamo apelando al honor de la diosa para mover a las masas.

Cambiar de la idolatría a la adoración del Dios verdadero requiere algo extraordinario. No basta con escuchar la verdad; el evangelio debe desatar las amarras que obligan a pensar de manera egocéntrica, materialista y temporal. Debe robar del corazón los ídolos que hemos construido alrededor de nuestras mentiras más queridas. Y el ídolo más protegido, el que guardamos en el bolsillo, es el dinero. Como ilustra la historia del joven rico, hay quienes prefieren entrar a la condenación eterna antes que soltar lo que atesoran.

Cuando los cristianos de Éfeso cambiaron su forma de pensar, cambiaron su estilo de vida, y eso afectó los negocios de toda la ciudad. Hasta que eso no ocurra —hasta que el creyente no sea transformado en su mente, su corazón y sus finanzas— las sociedades no cambiarán. El alboroto del evangelio es precisamente el resultado de su asalto.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Te invito a que abran la palabra de Dios en el libro de los Hechos, capítulo 19, para seguir donde nos quedamos la última vez hace un par de semanas atrás en esta serie "Hasta los confines de la Tierra". Yo necesito obviamente colocarnos o colocarte de nuevo en el contexto para que podamos ver dónde dejamos a Pablo hace un par de semanas atrás, porque todo lo que hemos estado narrando, relatando, exponiendo últimamente está relacionado a su ministerio.

Entonces, como recordatorio, quiero decirte que Pablo está en Éfeso, ahí lo dejamos. Pablo ha estado predicando, estuvo en la sinagoga por tres meses, recibió oposición al final de esos tres meses. No persecución como tal, pero sí oposición. Se mudó a la escuela de Tirano y comenzó a predicar la palabra, enseñar la palabra, y el texto que vimos nos dice que Pablo estuvo en Éfeso por más de dos años, por un período de por lo menos dos años, de manera que el período de la predicación o evangelización de Pablo en Éfeso y sus regiones aledañas fue largo, quizá uno de los más largos de todo su ministerio, o quizás el más largo.

Eso permitió, entonces, que el evangelio pudiera esparcirse a toda la región, y esta es la razón por la que nosotros leemos en el versículo 10, este capítulo 19, que todos los que vivían en Asia oyeron la palabra del Señor. Todos los que vivieron en Asia, quizás un poco hiperbólico, quizás no, pero todos los que vivieron en aquella región conocida como Asia en su momento, conocida hoy como Turquía, escucharon, tuvieron el privilegio, la oportunidad de escuchar la palabra de Dios. Si eso nos dice que probablemente Pablo y sus compañeros de misión estuvieron moviéndose por aquella región durante un tiempo que recibió tan grande bendición.

Y el versículo con el que nosotros terminamos la porción anterior fue el versículo 20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor". La palabra se extendió, la palabra prevaleció, y se extendió y prevaleció precisamente debido a la fidelidad de aquellos que habían sido hechos embajadores de Cristo, embajadores del evangelio, y que tuvieron el coraje, el valor de salir a predicar, porque hombres estaban siendo, se estaban perdiendo, y estaban persuadidos del poder del evangelio y persuadidos de su condenación.

En el texto que vamos a leer, vamos a ver un par de compañeros de Pablo en su misión evangelizadora. Y Pablo siempre estuvo acompañado en cada uno de sus viajes. En el primer viaje misionero, Pablo estuvo acompañado de Bernabé y Juan Marcos. Juan Marcos abandonó a Pablo y a Bernabé en Panfilia. Para el segundo viaje misionero, ya Pablo no quiere llevar a Juan Marcos, y entonces él toma a Silas y emprende el viaje, el segundo viaje misionero, con Silas como compañero. Y entonces en el camino se encuentran con Timoteo, nos dice el texto exactamente el cómo. Encuentran a Lucas, pero recogen a Lucas, recogen a Timoteo también, y continúan, de manera que en ese segundo viaje misionero había cuatro personajes involucrados en la evangelización, o por lo menos en el apoyo de la misión que Pablo estaba llevando a cabo.

Cuando Pablo llega a Corinto, se encuentra con Priscila y Aquila, y ellos le sirvieron de gran apoyo. Cuando deja Corinto se va a Éfeso, y Priscila y Aquila le acompañan y están con él allí por un tiempo en su primera visita. Y nosotros vemos ahora, o veremos, que ahora en este pasaje él cuenta con tres otros acompañantes: Erasto, Gayo y Aristarco. Y en sus cartas Pablo menciona diferentes personas que le sirvieron de apoyo en diferentes momentos, lugares y situaciones para la obra de evangelización.

Hombres, mujeres en ocasiones, proclamando el evangelio, enseñando el evangelio, modelando el evangelio, de tal manera que la verdad de Dios penetró en la población y comenzó a cambiar culturas. Y eso es en parte lo que vamos a estar viendo en el texto de hoy: las culturas cambiaron. Los primeros 300 años de la historia de la Iglesia representó una transformación extraordinaria de lo que fue el Imperio Romano.

En el texto anterior nosotros vimos que el evangelio había producido tal cambio en múltiples personas que muchos vinieron y confesaron sus pecados acerca del ocultismo en medio del cual ellos vivían. Y fue tal el cambio que muchos incluso trajeron sus libros de ocultismo y los llevaron a una fogata en algún lugar y los quemaron. Y se calculó su precio aquel entonces en 50 mil piezas de plata, y alguien hizo el cálculo y piensa que eso puede andar hoy por un equivalente a 50 millones de dólares. Estamos hablando no solamente de la evangelización de una ciudad, estamos hablando de la sacudida de una ciudad. Cuando tú piensas que 50 millones de dólares en libros de ocultismo pueden ser quemados en una fogata, tú tienes una idea de lo que estaba ocurriendo en ese mundo primitivo.

De manera que ese es como el contexto en medio del cual nosotros continuamos hoy. Y a manera de introducción, yo quiero leer los primeros dos versículos de mi texto, poder exponer eso para seguirte situando en la situación en la que nosotros nos encontramos. Y con eso entonces quiero invitarte a que leas el versículo 21 y 22 conmigo.

"Pasadas estas cosas" —que acabo de narrar— "Pablo decidió en el espíritu ir a Jerusalén después de recorrer Macedonia y Acaya, diciendo: Después que haya estado allí, debo visitar también Roma". Y habiendo enviado a Macedonia a dos de sus ayudantes, Timoteo y Erasto, él se quedó en Asia por algún tiempo.

Pablo está ya —no ha terminado este viaje misionero— está programando el próximo viaje misionero. Y la manera como está programando es: yo subo a Jerusalén. Por otros textos bíblicos sabemos a qué: va a presentar una ofrenda que había recibido de parte de las iglesias de Macedonia. Después que yo esté en Jerusalén, entonces voy a seguir hacia Roma, pero antes de llegar a Jerusalén necesito pasar por Macedonia y por Acaya. Macedonia era el territorio donde estaban las iglesias de Filipos, además de Tesalónica y de Berea; quizás había otras, pero esas son las que conocemos. Y en Acaya estaba la iglesia de Corinto, estaba también Atenas, aunque allí Pablo no fundó en esa primera ocasión —y la única ocasión que conocemos— ninguna iglesia. Pero esa era el área por donde él quería estar pasando antes de llegar a Jerusalén.

Ahora, nota que el texto no nos dice que Pablo se levantó un día y decidió continuar en esa dirección, sino que él decidió en el espíritu, en oración, en reflexión, en comunicación con Dios. De manera que Pablo da muestra de que él no era un hombre de decisiones emocionales, impulsivas ni voluntariosas. No, no, no, todo lo contrario: era un hombre lleno del Espíritu, gobernado por el Espíritu, guiado por el Espíritu, y en el Espíritu él comienza a programar, a planificar. Todo buen líder cristiano se supone que depende del Espíritu de Dios, programa y planifica en unión con el Espíritu de Dios que mora en él.

Pablo entiende que la parte este del Imperio Romano ya él más o menos como que terminó de evangelizar esa área. De hecho, cuando le escribe a los romanos en 15:19, le dice que él había evangelizado desde Jerusalén hasta el Ilírico, que más o menos comprende toda esa área. Y ahora él está pensando: yo tengo que irme a la parte oeste del imperio. Y de la misma forma que él usó la iglesia de Antioquía para evangelizar la parte este del imperio, él está pensando: quizás yo puedo usar la iglesia de Roma para evangelizar la parte oeste y llegar hasta España, como él menciona en Romanos 15 también. Eso es como este hombre ambicioso, en el buen sentido de la palabra, tratando, ambicionando alcanzar todo ese mundo con el evangelio. Eso es como él está pensando.

En el interín, el texto nos dice que él le pidió a Timoteo y a Erasto —que no lo habíamos conocido hasta ahora— que fueran a Macedonia una vez más, del área de Filipos, de Tesalónica, de Berea. Y él se queda en Asia, probablemente en Éfeso, que era la capital de esa región. Ese es el contexto, ese es el momento; en esas circunstancias, dadas esas condiciones, ocurre lo que vamos a leer ahora y que yo quisiera que tú me acompañaras leyendo.

Yo voy a leer el versículo 20, que lo cubrimos parcialmente la semana pasada, y ya expuse el 21 y el 22. Voy a ir al 23, y la razón por la que estoy regresando al 20 es porque el 20 realmente constituye como la sombrilla debajo de la cual ocurre todo el texto que yo voy a leer, que es un texto largo. Esto es, voy a Hechos 19 versículo 20: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor."

Versículo 23: "Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino. Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana y producía no pocas ganancias a los artífices, reunió a estos junto con los obreros de oficios semejantes y dijo: 'Compañeros, ¿sabéis que nuestra prosperidad depende de este comercio? Y veis y oís que no solo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente y la ha apartado diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos. Y no solo corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrédito, sino también de que el templo de la gran diosa Diana se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero, sea despojada de su grandeza.'

Cuando oyeron esto, se llenaron de ira y gritaban diciendo: '¡Grande es Diana de los efesios!' Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se precipitaron en el teatro arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran de Macedonia. Cuando Pablo quiso ir a la asamblea, los discípulos no se lo permitieron. También algunos de los asiarcas, que eran amigos de Pablo, enviaron a él y repetidamente le rogaron que no se aventurara a presentarse en el teatro. Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido. Y algunos de la multitud dedujeron que se trataba de Alejandro, puesto que los judíos lo habían empujado hacia adelante. Entonces Alejandro, haciendo señal de silencio con la mano, quería hacer su defensa ante la asamblea. Mas cuando se dieron cuenta de que era judío, un clamor se levantó de todos ellos gritando como por dos horas: '¡Grande es Diana de los efesios!'"

Note que el texto que yo acabo de leer comienza diciendo que por aquel tiempo se produjo un gran alboroto. Es la razón por la que yo he titulado mi mensaje "El alboroto del satisfevangelio." Se produjo un gran alboroto; algunas traducciones lo tienen como "una gran conmoción," "un gran problema," "un gran disturbio," dependiendo. La Biblia de las Américas dice "un alboroto," y la causa del alboroto es el crecimiento del movimiento cristiano que es llamado "el Camino," quizás porque Cristo dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida." Pero en varias ocasiones el libro de los Hechos —ya lo vimos una vez o dos— el movimiento cristiano fue denominado "el Camino."

Pero antes de yo continuar para ver este alboroto, yo creo que es importante que nosotros nos percatemos de lo que el versículo 20 dice: "Así crecía poderosamente y prevalecía la palabra del Señor." En términos de número, la iglesia crecía. En términos de influencia, de estratos económicos, de estrato social, la iglesia seguía; el satisfevangelio seguía penetrando los diferentes estratos sociales. Y la influencia entonces iba avanzando hasta el punto que mucha gente, aun de importancia, de renombre, de cierto poder económico, había comenzado a responder a la fe.

Pero yo creo que si nosotros no nos detenemos y pensamos un poco más acerca de lo que implica esa frase —que la palabra crecía poderosamente y prevalecía— yo creo que si no hacemos eso, nosotros al mismo tiempo no nos percatamos del poder del Evangelio. Hacer que un inconverso deje a un lado la idolatría que él ha abrazado por múltiples años y que él pueda ahora abrazar la fe cristiana es una cosa que requiere un poder extraordinario, en este caso de parte del Evangelio.

Yo creo que la mayoría de nosotros no nos percatamos de cuán difícil es el cambio de religión. Cambiar literalmente de la mentira a la verdad, de la idolatría al cristianismo, de la oscuridad a la luz, de la rebeldía a la obediencia, y de adorar a ídolos a adorar al único y verdadero Dios: eso requiere algo que ocurre en el interior del hombre que es extraordinario. Yo creo que no nos percatamos cuán difícil es el cambio del cual nosotros estamos hablando, y es por eso que yo quiero detenerme un poco para poder rumiar esta idea de que la palabra prevalecía y que la palabra crecía poderosamente.

El Evangelio, para producir esos cambios de los que yo he hablado, necesita ser agresivo y agresor. No el evangelista; el Evangelio necesita ser agresivo y agresor. Y permíteme entonces explicarte. El cambio real de una persona requiere que el Evangelio penetre su mente y comience a desatar las amarras que le obligan a pensar de una forma pecaminosa, conforme a lo que es el hombre viejo que nosotros conocemos.

Nosotros hemos sido enseñados por nuestros padres, nosotros hemos sido enseñados por el sistema educativo, hemos sido enseñados por el mundo. En esta época de hoy hemos sido enseñados por los medios sociales, por los periódicos, por todo lo que se escribe. Y eso produce en nosotros —produce en el inconverso y continúa muchas veces hasta en el estado de conversión— una forma de pensar egocéntrica, temporal, materialista, utilitarista, hedonista y pragmática. Una forma de pensar egocéntrica, temporal, materialista, utilitarista, hedonista y pragmática. Esa forma de pensar nos obliga continuamente a tomar decisiones, a analizar los hechos de una manera pecaminosa y caída. Y a eso yo llamo amarras; la Palabra de Dios le llama fortalezas.

De manera que el Evangelio tiene —para que la conversión ocurra— el Evangelio tiene que penetrar, y luego de entrar a la mente, comenzar a deshacer las amarras que fuerzan al individuo a pensar de una manera caída. De forma tal que cuando el texto dice que la Palabra de Dios crecía poderosamente y prevalecía, y nosotros vemos que culturas comienzan a cambiar, tú tienes que entender que esas amarras han comenzado a ser desatadas. Y la gente ha comenzado a cambiar su forma de pensar, y con ello la gente ha comenzado a cambiar su estilo de vida, y con el cambio de estilo de vida ha comenzado a cambiar la cultura.

Desatar esas amarras implica dejar de creer en todo lo que tú habías creído hasta ese momento. Y eso no es fácil, porque eso requiere una autohumillación para tú aceptar que todo lo que tú habías creído hasta ese momento es una falsedad, es una mentira, es algo que te había llevado en una dirección contraria a donde tú debieras estar yendo. No es fácil para una persona caída hacer esa admisión; ni siquiera lo es muchas veces para aquel que ya ha sido convertido y que ha nacido de nuevo.

En ocasiones quizá tú has oído a alguien decir: "Yo soy católico y muero católico," o alguien pudiera decir: "Yo soy musulmán y muero musulmán," como si hubiera alguna gloria en morir de la misma manera como tú habías nacido. Y eso pone en evidencia entonces nuestro orgullo, pone en evidencia nuestra inclinación natural de quedarnos —aunque estemos equivocados— en la posición que nosotros habíamos abrazado anteriormente.

Cambiar de religión, cambiar de la idolatría al cristianismo, es mucho más difícil de lo que tú y yo nos percatamos. De hecho, alguien ha dicho —múltiples estudiosos han dicho— que no hay nada más difícil que cambiar de religión. Y la razón es que cuando tú cambias de religión, no solamente tú estás dejando atrás todo lo que venías creyendo, pero tú tienes que dejar atrás muchas veces conexiones y lazos familiares. Tu papá, tu mamá, tus hermanos, tus tíos, tus sobrinos, tus primos piensan de una manera como tú has pensado hasta este momento. Y tú sabes en el corazón —en su subconsciente o consciente mente— que una vez tú des el paso, los lazos van a comenzar a aflojarse, a debilitarse. Y la gente piensa en eso; la gente piensa que hay rituales, hay bautismos, hay bodas, hay entierros, hay cosas en las que yo he participado toda la vida, y ahora cuando yo dé este paso las cosas van a tener que comenzar a cambiar.

De forma tal que tienes que pensar que las verdades del Evangelio tienen que llegar a tu mente —la verdad predicada— y vencer mi rebelión. Mi rebelión se opone a su revelación; mi rebelión se opone de manera natural a su revelación. Para ponerlo en el lenguaje cotidiano: para dejar a un lado la idolatría y abrazar el cristianismo, el Evangelio tiene que asaltar la mente, asaltar la mente y hacer dos cosas. Número uno: tiene que desatar los nudos, las amarras que las mentiras han entretejido en mi mente, en mi forma de pensar, que me obligan a ir en una dirección. Y el Evangelio tiene que destruir todos los ídolos que mi corazón construyó alrededor de esas mentiras.

Tú me has oído decir más de una vez —incluso recientemente— cómo Pablo explica la idolatría: "Cambiaron la verdad de Dios por la mentira," Romanos 1:25. Y al cambiar la verdad de Dios por la mentira, adoraron a la criatura en vez del Creador. En otras palabras, cada ídolo que tú y yo hemos elegido representa algo que nosotros hemos construido alrededor de una mentira que tú y yo hemos abrazado.

Entonces el Evangelio tiene que ser... La predicación del Evangelio es agresiva y es un agresor de mi mente; la tiene que asaltar. De hecho, la Palabra de Dios es referida, es caracterizada de esa forma con otras palabras, porque en la armadura de Dios la Palabra es llamada como la espada del Espíritu. Y la espada no es un instrumento defensivo; es un instrumento ofensivo. El autor de Hebreos toma la misma idea y dice que la Palabra es más cortante que cualquier espada de dos filos.

En el mundo antiguo, el instrumento más temido era la espada de dos filos, porque no importa cómo diera, pues terminaba cortando. Dios dice: "Mi palabra es más cortante que cualquiera de esas espadas de doble filo que ustedes conocen." Es tan cortante, tan penetrante, tan agresora, que cuando penetra la mente es capaz de discernir las intenciones y las motivaciones de tu interior, de tu corazón, de lo que estaba dentro de ti. No solamente tus acciones, sino las intenciones y motivaciones de por qué estás actuando como estás actuando. Esa es mi palabra.

De manera que la transformación de una persona, y por tanto la transformación de una sociedad —que es lo que está moviéndonos— requiere un cambio en la forma de pensar. Si no cambiamos la forma de pensar, no cambiamos el estilo de vida; si no cambiamos el estilo de vida, no cambiará la sociedad.

Cuando hemos visto aquí en el libro de los Hechos que sacerdotes judíos dejaron a un lado el judaísmo y abrazaron el cristianismo, tú tienes que entender que estos sacerdotes dejaron atrás, desabrazaron ideas, conceptos, convicciones religiosas que traían, que venían con ellos por cientos de años, una generación tras otra, para abrazar algo completamente nuevo que ellos nunca habían escuchado. Eso no es fácil.

Cuando tú ves a un cristiano —o quizás se da en cada uno de nosotros en diferentes grados—, pero cuando tú ves a un cristiano que piensa de una manera similar a como el incrédulo o el no creyente piensa, él está escuchando la Palabra de Dios, él viene a la iglesia, él se expone al Evangelio, pero piensa de una forma similar. La razón por la que eso ha estado ocurriendo es que él ha estado protegiendo su mente del asalto del Evangelio o de la Palabra.

¿Cómo que ha estado protegiendo su mente de esa forma? Claro, tú escuchas la verdad, la verdad está tratando de asaltar tu mente, y tú decides que no la vas a rumiar. Ya se terminó, el placer acabó, ya no voy a pensar en eso más. O tú oyes lo que oyes y más nunca vuelves a pensar en lo que escuchaste. ¡Tú estás protegiendo tu mente! Tú estás protegiendo el cambio que tu mente puede sufrir como fruto de llegar a entender mejor lo que escuchaste. O la persona trivializa lo que escuchó: "No, eso no es así tampoco, tú sabes, ese es el pastor que siempre es un extremista, ya tú lo conoces." Y lo que yo estoy haciendo es que estoy percibiendo el asalto y la ofensa de la Palabra de Dios contra mi mente; yo estoy defendiendo mi mente de manera que mi forma de pensar no cambia.

Ahora, la Palabra de Dios no solamente tiene que asaltar la mente, tiene que asaltar el corazón. Nosotros hemos recogido mentiras a lo largo de nuestras vidas, y alrededor de esas mentiras construimos esos ídolos. Y entonces nosotros colocamos esos ídolos en el altar de nuestro corazón. Eso dice Ezequiel 14:3. Cuando Dios dice en Ezequiel 14:3 que nosotros erigimos nuestros ídolos en el corazón, obviamente no se está refiriendo al órgano del corazón. Entonces, ¿qué es lo que Dios está tratando de transmitirnos cuando dice que nosotros tenemos nuestros ídolos en el corazón? Está ayudándonos a entender que esos ídolos los tenemos nosotros, los amamos —porque el corazón transmite una idea—. Nosotros los amamos, los atesoramos, los encubrimos, los defendemos y nos aferramos a nuestros ídolos. Y esa es otra razón por la que es difícil pasar de la idolatría a la adoración de nuestro Dios. La idolatría es básicamente eso: el adorar a ídolos. Pasar de ahí a la adoración de un Dios verdadero es sumamente difícil, de la falsedad al cristianismo.

Entonces, el Evangelio tiene que asaltar la mente, tiene que saquear la mente de sus ideas perversas, de sus ideas caídas, de sus ideas corruptas. Tiene que saquear el corazón, robarle todos sus ídolos y tratar de implantar a Dios como único Dios.

Ahora, Dios sabe —y para allá era que iba desde el principio— que el Evangelio no solamente tiene que asaltar la mente y no solamente tiene que asaltar el corazón: tiene que asaltar el bolsillo. Si usted quiere, se puede parar y se puede ir en este momento. El bolsillo guarda el ídolo más grande del ser humano. Nosotros protegemos el bolsillo. Nosotros quisiéramos que nos cosieran el bolsillo para que no haya penetración del Evangelio.

En ocasiones yo he oído decir —más de diez veces lo he oído decir—: "No, pero yo no voy a la iglesia porque siempre están pidiendo el diezmo." ¡Ahí está! Tu ídolo siendo revelado. Pensaste por mal camino, porque el movimiento cristiano no tiene como centro el diezmo, tiene como centro a Cristo.

En el texto de hoy, que nos habla de que la Palabra crecía poderosamente y prevalecía, y la gente está confesando y quemando estos libros de idolatría y de ocultismo, aquí hay gente que tiene la mente asaltada, aquí hay gente que tiene el corazón asaltado, los ídolos saqueados —por así decirlo—, y ha comenzado a cambiar su estilo de vida. Y el cambio de su estilo de vida está afectando la economía de otros. Y ese es el problema que está aquí, ese es el problema que se está dando.

Hay un platero de nombre Demetrio que tiene un sindicato, lo que más o menos funcionaba como un sindicato en el pasado. De hecho, la historia está ahí para decirlo: que en Éfeso había múltiples tipos de sindicatos. Bueno, Demetrio tiene un sindicato de artífices, y él se ha fijado que está ocurriendo un problema, y es que Pablo estaba predicando a un Cristo. Pero el problema de Demetrio no era Cristo; el problema de Demetrio tenía que ver con que lo que la gente estaba creyendo acerca de Cristo estaba afectando sus finanzas.

Cuando tú ves que una población supuestamente se hace cada vez más evangélica, pero nadie se está quejando de cómo este movimiento está afectando la población, o las finanzas, o el gobierno, la gente que son elegidas a los lugares de posición y de autoridad, tú sabes que el que se está convirtiendo no está siendo afectado a nivel de su mente. De hecho, si tú eres nacido de nuevo y eso no afecta tus finanzas, tú debes cuestionar tu nuevo nacimiento.

Déjame leerte el texto para que comencemos, parto del texto para que comiences a verlo: "Por aquel tiempo se produjo un alboroto no pequeño por motivo del Camino. Porque cierto platero que se llamaba Demetrio, que labraba templecillos de plata de Diana y producía no pocas ganancias a sus artífices, reunió a estos junto con los obreros de oficios semejantes y dijo: 'Compañeros...'" Aquí va: "¿Sabéis que nuestra prosperidad depende de este negocio, de este comercio?" Compañeros, artífices: "¿Sabes que hay una predicación allá afuera? Pero nosotros no tenemos mucho que... no importa tanto esa predicación. Lo que sí nos debe importar es que nuestra prosperidad, que depende de este comercio, ha comenzado a ser afectada, y nosotros tenemos que hacer algo."

Demetrio hacía templecillos, miniaturas de templo de la diosa Diana —que formaban como medallitas, llamaríamos nosotros—, y la gente compraba eso en grandes cantidades. Los efesios creían que la figura que representaba a la diosa Diana, llamada Artemisa en otro lugar, había caído desde los cielos y que había sido confeccionada en los cielos. Algunos académicos piensan que quizás fue un meteorito que cayó en el área y que quizá tenía una forma un tanto extraña, pero que tenía un cierto parecido a una mujer, y que quizás la tradición se desarrolló allí.

Y Demetrio dice: "Compañeros, nuestra prosperidad depende de este negocio." El problema no es el cristianismo; es cómo nos está afectando a nuestro bolsillo. Y Demetrio primero expone cuál es el problema real y dice: "Es mi bolsillo que está en juego." Y luego él pasa a embellecer lo que acaba de decir.

¡Oh, cuánto se parece el corazón de Demetrio al nuestro! Nosotros con frecuencia revelamos nuestro pecado y luego comenzamos a embellecer lo que acabamos de decir para que no luzca tan mal. Yo digo que Demetrio comienza a embellecer lo que acaba de decir, porque luego de que él menciona que la predicación de Pablo está afectando su prosperidad, entonces él se quita del medio y comienza a aludir a otras razones.

El versículo 26: "Y veis y oís que no solo en Éfeso, sino en casi toda Asia, este Pablo ha persuadido a una gran cantidad de gente." Esto que Demetrio está diciendo concuerda con lo que Lucas dijo anteriormente. Lucas dijo que toda Asia había oído la palabra del Señor. Ahora Demetrio dice que la predicación de Pablo no solamente ha sido oída; en su opinión, por lo menos dice: "Este Pablo ha persuadido, ha predicado un Evangelio que ha asaltado la mente, ha asaltado el corazón, y de hecho ahora está asaltando el bolsillo en casi toda Asia."

"Y la ha apartado, ha apartado a toda esa gente diciendo que los dioses hechos con las manos no son dioses verdaderos." Pues claro, Demetrio, que no son dioses verdaderos, pero no acabas de estudiar, ¿no? El Evangelio que Pablo predicó llevó a cabo ese tipo de asalto. Es como que Demetrio estuviera diciendo: "¿Oyen a este Pablo ahora? ¿Que estos dioses que hacemos nosotros no son dioses?" Y que otro le responda: "Oye, Demetrio, lo que Pablo dice es verdad."

Pero lo cierto es que si lo que él hacía, o estos artífices hacían, eran o no eran dioses, eso no era el problema. "Es que nuestra prosperidad depende de este comercio." No hay nada que altere más la forma de pensar de un incrédulo, o de un creyente, que cuando sus finanzas se ven en tela de juicio, o están en tela de juicio. El bolsillo lamentablemente es uno de los lugares más protegidos del hombre. Y el bolsillo pequeño guarda el más grande ídolo.

¿Y Cristo habló de eso? En más de una ocasión, con múltiples colores. Déjame leerte esta historia, conocida probablemente por todos, o por casi todos los que estamos aquí, pero nos sirve de recordatorio y nos ilustra en el contexto lo que estamos tratando de decir.

Esta historia se van a relatar. La conociera tan importante que Marcos, Mateo y Lucas la relatan. Hablan de un hombre que salía... Perdón, Cristo salía y vino uno corriendo, y arrodillándose delante de él, de Cristo, le pregunta: "Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?" Y Jesús le dice: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino solo uno: Dios." ¿Jesús está diciendo que no es Dios? Jesús está diciendo: solamente Dios es bueno. Si me llamas bueno, me llamas Dios. Tienes que reconocerme como alguien más que un maestro, y si no soy Dios, pues no me llames bueno.

Jesús le responde: "Tú sabes los mandamientos: no mates, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudarás, honra a tu padre y a tu madre." Y él le dijo: "Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud." ¡Ay, mi muchacho querido! ¡Mira, mentiroso! Pero no, Jesús mirándolo, lo amó. Jesús lo vio en tal bancarrota espiritual que fue movido a compasión y lo amó, y le dijo: "Una cosa te falta: ve y vende cuanto tienes y da a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Ven y sígueme." Pero él, afligido por estas palabras, se fue triste porque era dueño de muchos bienes.

¿Qué es lo que Cristo está como tratando de insinuar? Jesús sabe que no ha cumplido la ley. Nadie ha cumplido la ley excepto Cristo, pero Jesús no discute con él eso. Es como si Cristo le estuviera diciendo: "Vamos a suponer que cumpliste toda la ley desde tu juventud, pero tienes un problema, y es que tú estás tratando de entrar al reino de los cielos, tú andas buscando la vida eterna, pero tú quieres entrar con un ídolo contigo. Tú quieres entrar tú y tu ídolo."

Es como cuando la gente se casaba en la antigüedad, que el hijo de esta pareja se casaba con la hija de esta pareja. Entonces cuando el hijo tomaba a esta mujer por esposa, ella traía consigo sus ídolos, y ahora esos ídolos hacían una alianza entre ellos, y así se evitaba la guerra entre territorios. Este hombre quiere entrar al reino de los cielos con un ídolo, y Cristo dice: "No, al reino de los cielos se entra sin ídolos, con un solo Dios. Y yo te estoy poniendo a escoger ahora entre yo y tu ídolo." Y hoy en día hay mucha gente que prefiere entrar a la condenación eterna que cambiar su estilo de vida.

Escucha lo que dice este autor, James Moffatt: "Como el hombre trata el dinero es la prueba más decisiva de su carácter." Está ahí, como que está fácil de entender. Escucha cómo cierra la frase: "Como lo gana y como lo gasta." Lo que pone a prueba el carácter del hombre no solamente es cómo gana el dinero, sea de una forma legítima o no, es cómo lo gasta en relación al reino de los cielos. "Donde esté tu tesoro, allí también estará tu corazón."

De una u otra forma, si somos sinceros, tenemos que reconocer que el dinero atrae a todo el mundo, porque el dinero ofrece cosas. Si tú me preguntas: "Pastor, ¿usted prefiere tener dinero o no tener dinero?" Claro que prefiero tener dinero, ¿con qué como? Pero la pregunta no es si quiero tener dinero o no tener dinero, la pregunta es: ¿con qué es que me va a comparar la tenencia de dinero? Y a todos nos atrae el dinero, porque el dinero, como hemos hablado en múltiples ocasiones, claro que el dinero se parece a Dios, figurativamente hablando. Dios está en todas partes y el dinero también. El dinero da poder y Dios también. El dinero te permite comprar cosas que tú necesitas. El dinero te permite comprar cosas no solamente que tú necesitas, el dinero te permite comprar cosas que tú deseas incluso. El dinero da poder, y al final del camino, ¿quién puede vivir sin dinero en este mundo?

Por eso es que Dios y el dinero como que tienen cosas en común. Ahora, obviamente, la manera como Dios da seguridad no es la manera como el dinero da seguridad. Y sin embargo, el dinero es el mayor competidor de Dios, y lamentablemente la experiencia muestra que la adoración rendida al dinero con frecuencia es mucho mayor que la adoración rendida a Dios.

Yo decía esta semana en el equipo de nuestro de trabajo, ponía un ejemplo en una de las reuniones: si dijéramos en cualquier iglesia que el próximo domingo todo el que esté, no a tiempo, no, diez minutos antes que el servicio comience le vamos a dar 100 mil pesos, todo el mundo llega una hora antes para garantizar que no se acabe el dinero. De manera que el dinero es el mayor motivador de la acción de las personas, no Dios. Por eso el dinero es el mayor competidor con Dios. De hecho, Cristo dijo muy claramente: "No podéis amar a dos señores, pues amarás a uno y aborrecerás al otro. No podréis servir —ni siquiera amar— servir a Dios y a Mamón", una palabra aramea para referirse a las riquezas.

Vimos la historia del joven rico. Sabemos la historia de Judas. Judas tenía un problema con el dinero, y lo mostró el día que María tomó un perfume y lo rompe y unge sus pies, rompe el vaso y unge sus pies. Y Judas está ahí y dice: "¿Qué desperdicio este?" "Este perfume pudo haberse vendido..." Ahí mostró su problema con el dinero. Pero tiene que embellecer eso: "...y dárselo a los pobres." Claro, Judas, que tú se lo ibas a dar a los pobres, ciertamente. A Judas le encantó la posición que le asignaron de ser tesorero.

Cristo tenía muy claro cuáles son los ídolos que compiten con el hombre. Este Demetrio ha hablado de su prosperidad, cómo se ve comprometida con esta gente que está cambiando, o que este Pablo está transformando a la población. Está hablando de que esto que nosotros vendemos no son dioses, y nosotros decimos que nuestra prosperidad depende de este comercio. Pero tiene que embellecer eso, porque a nadie va a motivarle que a los artífices les esté afectando económicamente.

Entonces ahora él comienza a embellecer lo que ha dicho, versículo 27: "Y no solamente corremos el peligro de que nuestro oficio caiga en descrédito, sino también de que el templo de la grandiosa Diana se considere sin valor, y que ella, a quien adora toda Asia y el mundo entero, sea despojada de su grandeza." Si hubo una diosa en el pasado que fue amada por los ciudadanos de algún lugar con toda su alma, toda su mente, toda su fuerza, todo su corazón, fue la diosa Diana en Éfeso. Ella era la patrona de aquel lugar, era considerada la guardiana de la ciudad.

Y al final del camino, cuando tuvo la gente que reaccionar a favor de Demetrio, la reacción se debe a una razón también económica. Porque el templo de la diosa Diana, que es lo que ahora Demetrio está insinuando que pudiera quedar en peligro, el templo no era simplemente un templo, era un banco. Era un banco donde se cambiaban todo tipo de monedas. La gente venía de toda parte del mundo a cambiar moneda a dicho banco. No solamente era un banco donde tú cambiabas moneda, era un banco donde la gente hacía depósitos. Y entonces este banco se ve afectado, y resulta, de acuerdo a la historia, que la economía dependía primariamente de la actividad del templo. Es como que el turismo es nuestra fuente primaria de ingreso. Bueno, la adoración en el templo, lo que se vendía allí y lo que se compraba, el dinero que se cambiaba, los depósitos que se hacían, esa es la fuente principal de la economía de Éfeso. Eso está en juego.

Miren que Demetrio menciona primero su prosperidad personal o del sindicato, pero luego pasó a defender el honor y la grandeza de la diosa Diana. Claro, porque tengo que encontrar una manera de mover al pueblo, y la prosperidad de los artífices no va a mover al pueblo. Tengo que aludir al honor de la diosa. Pero era una razón monetaria: el banco se va a afectar, la economía de Éfeso podría verse en entredicho. Allí se fabricaban muchas cosas, se vendían muchas cosas.

Y una vez Demetrio convence a la gente, escucha, una vez la multitud escuchó que el templo de la diosa Diana pudiera estar en juego, escucha lo que dice el versículo 28: "Cuando oyeron esto se llenaron de ira." Cuando oyeron lo que Demetrio acababa de decir, "y gritaban diciendo: ¡Grande es Diana de los efesios! Y la ciudad se llenó de confusión, y a una se precipitaron en el teatro, arrastrando consigo a Gayo y a Aristarco, los compañeros de viaje de Pablo, que eran de Macedonia. Cuando Pablo quiso ir a la asamblea, los discípulos no se lo permitieron. También algunos de los asiarcas, que eran amigos de Pablo, enviaron a él y repetidamente le rogaron que no se aventurara a presentarse en el teatro. Así que unos gritaban una cosa y otros otra, porque había confusión en la asamblea, y la mayoría no sabía por qué razón se habían reunido."

La gente está confundida, la gente está gritando, la gente está airada, y ni siquiera sabe por qué están ahí. ¿Te das cuenta de lo irracional que puede ser la idolatría? Lo irracional que pueden ser las masas. Versículo 28: "Se llenaron de ira." Había un cierto orgullo hacia la adoración de la diosa Diana, considerada como guardiana del templo. Por dos horas: "¡Grande es Diana de los efesios!" Versículo 34. ¿Te imaginas que por dos horas, que tú estás ahí de nueve de la mañana a once de la mañana, y que lo único que tú escuches sea: "¡Grande es fulano! ¡Grande es fulana! ¡Grande es fulano! ¡Grande es fulana!"? Una vez más, poniendo de relieve cuán irracional puede ser la idolatría.

Y hay confusión. Era grande la confusión. Unos gritaban una cosa, otros gritaban otra cosa, pero el mismo texto dice: "No sabían por qué estaban reunidos." ¡Wow! La confusión se tornó en violencia. Arrastraron a Aristarco y a Gayo, los compañeros de Pablo, a un teatro que tenía una capacidad para 24 mil personas, cuatro veces del tamaño del teatro dedicado a la adoración, o el templo dedicado a la adoración de la diosa Atenea en Atenas.

Pablo quisiera dar la cara. Pablo no era un hombre cobarde. Pablo era un hombre que cada vez que había un problema él quería ir hasta dar la explicación. Él quiere que dejen a Aristarco, que lo dejen suelto, y a Gayo. Pero sus compañeros, sus discípulos, le dijeron: "No, Pablo, no es seguro que tú vayas por allá."

Toda esta confusión con una motivación al final económica. Y quizás, en la medida en que yo traigo el mensaje a un cierre y trato de aplicarlo otra vez, porque hemos venido haciendo aplicación a lo largo del camino, quizás sea bueno reflexionar un poco en nuestra situación actual, pensando en algunos de los consejos que aparecen en la Palabra y que Cristo mismo dio.

En la antigüedad la gente acumulaba riquezas de varias maneras, dos o tres maneras. Una de las maneras era acumulando telas o ropas hechas con ropa fina, o tela con tela fina, porque quizás en un momento dado pudiera venderla y hacer gran dinero. Recuerda a Lidia, la que era una comerciante, por así decir, vendedora de telas de púrpura, de ropas finas. Pero Cristo, pensando en esa forma de acumular dinero, dice: "Mira, no guardes dinero de esa manera porque la polilla te la puede comer". Y mucho más en el pasado, porque eso puede ocurrir hoy, ha ocurrido hoy, pero en el pasado todavía menos había formas de guardar, asegurar este tipo de cosas. Entonces la polilla puede ser un problema, dice Cristo.

La otra manera como la gente acumulaba riqueza era haciendo grandes graneros y guardaban granos ahí, de manera que si había alguna sequía, hambruna, dificultad, ellos podían especular con el negocio, elevar el precio, venderlo a una suma mucho más alta, hacer una gran cantidad de dinero. Y Cristo, pensando en eso, les cuenta una parábola. Dice: "¿Sabes? Hay un hombre que pensó que tenía tanto dinero y decidió hacer graneros más grandes". Y en la parábola Dios le dice: "Tú, necio, no sabes que esta noche te pedirán tu alma". De manera que Cristo está lidiando con la forma de hacer riqueza de aquel momento, o de acumularla.

La gente a veces acumulaba riqueza con lingotes de oro. El oro siempre ha sido muy preciado. Eso te hace pensar en Acán, que codició lingotes de oro, se los llevó y sufrió la disciplina que sufrió. Pero resulta que no había lugar donde guardar esos lingotes de oro como quizás pudiera haber hoy en día. No había sistema de alarmas, la gente se las batallaba para cuidar sus casas. La gente vivía en casas de barro y el barro era muy fácil de derrumbar, hacer un hoyo y penetrar. Y los ladrones hacían ese tipo de cosas, se robaban los lingotes de oro, de manera que esa no era una forma muy segura de guardar riquezas.

Entonces, si Cristo viniera hoy, ¿de qué nos va a advertir, de las polillas? No creo. Nosotros podemos decir que fumigamos nuestros clósets. ¿De graneros? No, porque esa no es la forma como la gente guarda dinero hoy en día. Yo creo que Cristo nos recordaría cuán volátil es la bolsa de valores o lo cambiante que puede ser el dólar y el euro. Las economías de hoy no son las economías de ayer.

Entonces, ¿de qué cosa yo estaba pensando? ¿Qué cosa Cristo quizás me advertiría a mí si Él viniera hoy en día, y a ti? Bueno, quizás Cristo, en vez de decir: "Mira, no guardes granos en graneros" o "No guardes la ropa, que la polilla se la puede comer", quizás nos diría: "Mira, no acumules acciones, bonos, certificados de depósitos. Mira lo cambiante que es el euro, mira lo cambiante que es el dólar".

"O sea, pastor, ¿usted piensa que tener acciones, certificados de depósito y ese tipo de cosas es pecaminoso?" Claro que no. Lo que Cristo está tratando de ayudarnos a entender es que cuando yo acumulo esas cosas porque en esas cosas está mi seguridad, porque en esas cosas está mi respaldo pensando: "Si me enfermo mañana, si no puedo seguir trabajando, ¿quién es que me va a cuidar? Y si yo no tengo, si mi seguro no está, si mi seguro no responde también, si me sale mal el negocio, ¿quién es que me va a cuidar? Yo necesito esto para poder tener cierto respaldo, cierta garantía". Dios, que te pensó en la eternidad pasada y te creó en el tiempo y en el espacio, y que luego te redimió, Él será responsable de tu cuidado hasta el día que entres en el reino de los cielos. Ahí es donde debe estar tu confianza, ahí es donde debe estar tu seguridad, no en ninguna de estas otras cosas.

Lamentablemente, la carne, que piensa, tiene su centro de gravedad aquí abajo. Y como tiene el centro de gravedad aquí abajo, la carne piensa en el aquí y el ahora. El espíritu tiene su centro de gravedad allá arriba, y por eso dice: "Tú tienes que invertir en el reino de los cielos. Donde esté tu tesoro, ahí también estará tu corazón". ¿Dónde está nuestro centro de gravedad? Yo lo diría de esta manera: donde esté tu centro de gravedad estarán tus ojos.

La carne adora la seguridad; el espíritu descansa en el poder de Dios. A la carne le interesa la aprobación de los hombres, por eso le interesa la reputación; el espíritu camina por fe y por eso quiere la aprobación de Dios y descansa en Él. La carne es agarrada. "No, pastor, eso se llama tímida con el dinero". Eso mismo. El espíritu es generoso, dadivoso. No solamente que da, sino que disfruta dar.

En el texto nosotros vimos a Demetrio preocupado porque sus finanzas estaban siendo afectadas. Pero mira cómo: las finanzas de Demetrio no se vieron afectadas porque él dejó de trabajar mucho o porque su negocio tenía una mala reputación. Sus finanzas se vieron afectadas porque cristianos en el área donde él vivía cambiaron su forma de pensar, y al cambiar su forma de pensar cambiaron sus estilos de vida, y cuando cambiaron sus estilos de vida, eso afectó los negocios de la ciudad.

Hasta que eso no pase, nuestras sociedades no van a cambiar. Hasta que el cristiano no cambie su forma de pensar y por tanto su estilo de vida, la sociedad jamás podrá cambiar. Por eso nuestros gobernantes y personas que son electas siguen siendo electas una y otra vez de la misma manera, porque el cristiano que sigue creciendo no acaba de cambiar su forma de elegir la gente de autoridad, porque sigue pensando en términos de cómo le puede favorecer al final de la historia.

El resto te lo voy a dejar para que lo leas en la casa. El tiempo se ha ido. Del versículo 35 hasta el final, el secretario de la ciudad se levanta, hace un análisis objetivo de la situación y le dice a los ciudadanos de Éfeso: "Ciudadanos de Éfeso, ¿hay acá aquí algún hombre que no sepa que la ciudad de Éfeso es guardiana del templo de la gran Diana y de la imagen que descendió del cielo? No, eso todo el mundo lo conoce, así que tranquilos. Y estos hombres, estos hechos, no son, son innegables, de manera que guarden la calma. Estos hombres no roban templos ni blasfeman contra nuestra diosa".

El secretario de la ciudad no se está percatando que el problema no es eso. Cristo no se está percatando que el problema es que la prosperidad de los plateros y de los artesanos está siendo afectada. Y es lo que dice: "Yo no encuentro, al analizar a estos hombres, pero yo no... ellos no roban templos, ellos no blasfeman contra nuestras diosas. Si Demetrio y los plateros tienen algún problema con ellos, bueno, pues que lo lleven a los tribunales. Están los tribunales, que resuelvan a nivel de los tribunales". Y al final él pues despidió a la gente y despidió la asamblea.

Así termina el texto. Sería bueno que lo puedas terminar de leer con calma. Pero creo que este texto pone de relieve que no es tan fácil, en el análisis final, cambiar de la idolatría a la adoración de un solo Dios. Que el satisfacer el Evangelio, como lo dijimos, tiene que asaltar, saquear tu mente, tu corazón, quitarle las ideas erróneas, las mentiras, desatar las amarras, robarte los ídolos. Y eventualmente tiene que asaltar tu bolsillo para que una verdadera transformación pueda ocurrir en nosotros. El alboroto del Evangelio es el resultado del asalto del Evangelio.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.