Integridad y Sabiduria
Sermones

Amemos la verdad

Miguel Núñez 11 julio, 2010

El amor por la verdad y el amor por el hermano son inseparables en la vida cristiana. Esta es la marca distintiva que Juan presenta en su tercera carta, donde la palabra "verdad" aparece seis veces como eje central. Cuando la verdad de Cristo entra en nosotros, transforma nuestro corazón y produce un amor diferente: incondicional, no conveniente ni interesado. Juan expresa que no tiene mayor gozo que saber que sus hijos andan en la verdad, es decir, que viven controlados por ella y no por sus emociones o agendas personales.

La carta presenta dos testimonios contrastantes. Gayo recibía a los hermanos que viajaban predicando el evangelio, incluso a extraños, y los ayudaba a proseguir su camino de manera digna de Dios. Estos misioneros habían salido "por amor al nombre", sin otra motivación, rechazando incluso ayuda de los gentiles. El pastor Núñez recuerda cómo Pedro y Juan salieron gozosos después de ser azotados, considerándose dignos de padecer por el nombre de Jesús. Pablo estuvo dispuesto no solo a ser atado sino a perder su vida por la causa.

En contraste, Diótrefes rechazaba las instrucciones de Juan porque le gustaba ser el primero. No recibía a los hermanos, impedía que otros lo hicieran, y expulsaba de la iglesia a quienes desobedecían. Su orgullo lo cegó a la enseñanza de Cristo: el que quiera ser primero debe ser servidor de todos.

Demetrio, en cambio, tenía buen testimonio de parte de todos y de la verdad misma. Si examináramos su vida a la luz de la Palabra, ella misma lo aprobaría. El llamado cristiano implica sacrificio creciente, dar más, ir la milla extra, renunciar más cada año, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien pagó el precio hasta el final.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, como dije, esta tercera carta o epístola de Juan es el documento o la carta más corta de todo el Nuevo Testamento, por lo menos en el lenguaje original. Yo quiero hacer con esta carta lo mismo que hice con la anterior: yo quiero dividirla en tres para ser consistente y guardar una cierta armonía: la salutación, el mensaje y la conclusión o despedida. Esta carta es una carta muy personal, es personal de dos maneras diferentes que pudieras decir. Por un lado, fue dirigida a una persona en particular identificada por su nombre. En segundo lugar, en esta carta Juan menciona otros dos nombres en adición al destinatario, de quienes él tiene algo que decir en particular. Bueno, es que es una carta muy especial.

Pero esta es una carta similar a la anterior y similar a la primera carta, donde el amor por la verdad y el amor por el hermano aparecen entrelazados inseparablemente. Yo creo que es algo muy típico de Juan. Juan nunca divorcia esos dos conceptos y ciertamente Dios tampoco lo hace. La palabra que más frecuentemente aparece en esta carta es la palabra "verdad", aparece unas seis veces, de manera que si usted quiere, esta es nuestra palabra eje o central o clave. Pero yo quisiera usar el mensaje para responder una sola pregunta: ¿de qué forma sale a relucir en esta carta de manera particular esa relación entre el amor por la verdad y el amor por el hermano? Es algo típico de las tres cartas, pero en esta en particular, ¿de qué forma nosotros podemos ver que eso es una gran realidad aquí?

Con eso entonces yo quisiera comenzar con la primera parte de esta carta, lo que es el saludo. Como ya leímos, ¿verdad? Esto fue dirigido o... no lo hemos leído todavía, ¿verdad que no? No, me estaba acordando del servicio anterior. Vamos a leerla, versículo primero: "El anciano, al amado Gayo, a quien yo amo en verdad. Amado, ruego que seas prosperado en todo, así como prospera tu alma, y que tengas buena salud. Pues me alegré mucho cuando vinieron algunos hermanos y dieron testimonio de tu verdad, esto es, de cómo andas en la verdad. No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad. Amado, estás obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo cuando se trata de extraños, pues ellos han dado testimonio de tu amor ante la iglesia. Harás bien en ayudarles a proseguir su viaje de una manera digna de Dios, pues ellos salieron por amor al nombre, no aceptando nada de los gentiles. Por tanto, debemos acoger a tales hermanos para que seamos colaboradores en pro de la verdad. Escribí algo a la iglesia, pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos. Por esta razón, si voy, llamaré la atención a las obras que hace, acusándonos injustamente con palabras maliciosas. Y no satisfecho con esto, él mismo no recibe a los hermanos, se lo prohíbe a los que quieren hacerlo y los expulsa de la iglesia. Amado, no imites lo malo sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios. Demetrio tiene buen testimonio de parte de todos y de parte de la verdad misma. También nosotros damos testimonio, y tú sabes que nuestro testimonio es verdadero. Tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con pluma y tinta, pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda a los amigos, a cada uno por nombre."

El destinatario entonces de esta carta, no hay duda de que es Gayo, a quien Juan identifica como amado. Pero el autor de la carta es Juan mismo, quien se identifica como el anciano, igual que él hace con la carta anterior. Esta persona de nombre Gayo es difícil de identificar o de saber quién fue exactamente. El nombre aparece en cuatro otras ocasiones en el Nuevo Testamento: aparece en Hechos 19:29, en Hechos 20:4, en 1 Corintios 1:14, en Romanos 16:23, y en cada uno de esos casos esa persona de nombre Gayo, que no es la misma persona todo el tiempo, aparece en relación con los viajes de Pablo. Pero nosotros no podemos saber si uno de esos Gayos de Pablo es el mismo Gayo de Juan, y sobre todo porque aparentemente este era el nombre más común en todo el imperio romano. De hecho, una de las autoridades en esta carta, de nombre Plummer, escribiendo a principio de los años 1900, dice que este es el nombre más común en todo el imperio romano.

Pero independientemente de cuál fuera, este es un individuo que Juan identifica como el amado, agapetos. Es alguien a quien Juan aprecia, y él se refiere a esta persona en el versículo 1 como el amado, en el versículo 2 y en el versículo 5, lo cual nos deja ver que ciertamente Juan guardaba una estrecha relación y un gran aprecio por él.

Ahora nota que cuando Juan se refiere a Gayo como el amado, nota cómo él lo dice: el amado en la verdad. El texto que yo leí dice simplemente "el amado en verdad", pero el original dice "el amado en la verdad". Y esa es la relación que yo quiero que veamos en estas tres cartas de Juan, y en particular en esta, y es que el amor por la verdad siempre resulta en un verdadero amor por el hermano de una forma entrelazada, y Juan destaca eso continuamente.

Lo que ocurre es que cuando la verdad de Cristo viene a nosotros, esa verdad hace un trabajo en nosotros que cambia nuestro corazón de corazón de piedra a corazón de carne, y ese nuevo corazón comienza a amar de una manera distinta, de una manera incondicional, de una manera agape. Hasta eso entonces nosotros amábamos, o hemos amado, quizá todavía lo estamos haciendo, de una manera conveniente, de una manera cómoda, de una manera interesada: te amo hasta que me hagas sentir mal, entonces ya no te amo igual o te dejo de amar. Y sin embargo, cuando tú revisaras la vida de Jesús, ¡cuántas veces sus discípulos no lo hicieron sentir mal! Y sin embargo Cristo les amó hasta el fin. Es esa clase de amor que está supuesto a brotar, a surgir en nosotros como fruto de la verdad que ha sido sembrada en nuestro corazón, en nuestro interior.

Y entonces Juan, una vez pasa de llamar a Gayo el amado, le dice: "Sabes que he oído que todavía es que tu alma prospera y de que caminas en la verdad, y yo no tengo ningún otro gozo mayor que el saber que mis hijos andan en la verdad." ¡Wow! ¿Te imaginas que lo mejor que Juan podía escuchar acerca de uno de sus discípulos es saber que aquella persona que tú discipulaste hace diez años él está todavía caminando en la verdad? Y decíamos el domingo anterior que caminar en la verdad es vivir controlado por la verdad, no controlado por mis emociones, no controlado por mis sentimientos, no controlado por mi agenda, pero controlado por la verdad de Dios. Eso es vivir en la verdad. Y Juan dice: "Gayo, he oído que tú estás caminando, andando en la verdad, y yo no tengo mayor gozo que el saber que mis discípulos permanecen en ella."

Yo no sé exactamente qué Juan tenía en mente cuando le escribió esas palabras, pero he leído de varios autores que, de acuerdo a ciertos estudios y ciertas observaciones, solamente uno de cada diez cristianos que comienzan bien terminan bien.

Yo no sé si es la proporción, pero independientemente de que sea o no, la realidad es que no es la mayoría que comienza bien y termina bien. Y quizás es una de las razones por la que Juan dice: "¡Wow, cuánto me alegro cada vez que oigo que este hijo mío todavía está en la verdad, que todavía va caminando bien por el camino de la verdad!". Y eso es algo que él menciona de esa forma literaria en el versículo 4.

¿Qué es lo que la verdad hace en nosotros? ¿De qué manera nos ayuda cuando comenzamos a amar al otro de esa manera? Yo creo que la verdad que está en ti, que es la misma verdad que está en mí, cuando yo llego a amar la verdad que mora en ti, eso es mi mejor antídoto en contra de cualquier cosa que yo quisiera hacer en contra tuya. ¿Por qué? Porque el amor que tengo que profesar por la verdad que está en tu interior no me permite tener celos ni envidias contra ti, no me permite lujuriar contra ti. ¿Por qué? Porque amo lo que tú posees en tu interior, que Dios también ha puesto en mi interior. De manera que ese es nuestro mayor freno a nuestras pasiones.

Y Juan dice: "Cada vez que oigo que alguien todavía está caminando en esa verdad, ¡wow, cuánto me alegro!". Ese es su saludo, esa es su introducción, su salutación. Ahora pasamos al mensaje.

"Amado, estás obrando fielmente en lo que haces por los hermanos, y sobre todo cuando se trata de extraños, pues ellos dan testimonio de tu amor ante la iglesia. Harás bien en ayudarles a proseguir su viaje de una manera digna de Dios, pues ellos salieron por amor al nombre, no aceptando nada de los gentiles. Por tanto, debemos acoger a tales hombres para que seamos colaboradores en pro de la verdad".

Juan ahora pasa a elogiar la obra de Gayo, ya no la verdad que está en él, sino de qué forma esa verdad está manifestándose en un buen obrar. Y le dice entonces: "He oído que tú cuidas de los hermanos que llegan hasta ti y tú eres hospitalario con ellos". Pero incluso Gayo ha llegado a escuchar que tu hospitalidad va más allá de aquellos a quienes tú conoces, sino que tú eres hospitalario incluso con extraños. En el original, en el griego, la palabra "extraño"... pero la palabra "hospitalario" es una palabra compuesta de dos vocablos e implica precisamente eso: ser bienvenida, darle la bienvenida a extraños.

En el primer siglo, en el contexto del primer siglo donde los cristianos necesitaban protección, donde no contaban con nadie, donde estaban siendo perseguidos, donde los cristianos no querían quedarse muchas veces en lo que hoy pudiera ser llamado hotel o motel de ese entonces, porque como dijimos el domingo pasado, eran sucios, estaban infectados con pulgas y piojos y demás, como no querían quedarse ahí, viajaban con carta de recomendación. De manera que tú llegabas, ibas de Santo Domingo por ejemplo a Santiago, y tú llegabas a una iglesia con una carta y buscabas al pastor o a los ancianos: "Yo soy fulano de tal y traigo una carta de recomendación de parte de mi pastor". Y esa iglesia tenía la responsabilidad de buscarte hospedaje entre ellos como una manera de protegerse.

Y llegaron a desarrollar ciertas reglas y costumbres por las cuales todo el mundo debía someterse. Y el Didaché, que es un documento apostólico del final del primer siglo que muchos creen que fue escrito por los apóstoles, el Didaché habla de que cuando tú viajas y tú tienes a una persona que se quiere quedar en tu casa, un día está bien, dos días está bien, si él se quiere quedar un tercer día es un falso profeta. Y tenían sus normas de cómo identificar a la gente: si cuando llega a tu casa tú debes ayudarlo, pero si cuando él va a salir te pide dinero para el camino, ese es un falso profeta. En otras palabras: hemos instruido a nuestra gente que sepa cómo comportarse y cómo pueden ser identificados. Y te das cuenta entonces que en cada generación hay costumbres, normas y demás que son seguidas como parte de su entendimiento.

Pero Juan le está diciendo a Gayo: "Yo quiero que tú los cuides como es digno de Dios". ¿Qué significa eso? ¿Qué significa cuidar a una persona que tú le estás dando hospedaje en tu casa de una manera digna de Dios? Tú tienes que cuidar de ellos humildemente, tú tienes que protegerlos, sobre todo en el contexto de este primer siglo. Tú tienes que darle alimentos mientras está contigo, y cuando se vayan no los dejes ir con las manos vacías, dale algo de alimento. En el contexto judío era inconcebible que tú pudieras hospedar a alguien y luego dejarlos ir sin haberle puesto en su equipaje una porción de pan para ellos. El pan era imprescindible. Entonces Gayo aparentemente estaba ayudando a estos hermanos a seguir hacia adelante, a seguir por el camino.

Cuando tú lees estas cartas, la segunda y la tercera, te das cuenta que hay dos grupos de misioneros. Hay un grupo de misioneros que están caminando enseñando que Cristo no se había encarnado, y Juan le dice en la segunda carta: "A esos no los reciban, es más, ni los salude, que si los saluda participa en sus malas obras". ¿Recuerdan eso? Pero ahora hay un grupo de misioneros que es totalmente distinto. Estos han salido por amor al nombre, no tienen ningún interés personal, y esta gente no cuenta con los gentiles, no recibió ayuda de los gentiles, de hecho rehúsan recibir ayuda de los gentiles. Tú eres cristiano y debes amar a tu hermano, tú les ayudas. Y estoy oyendo, Gayo, que tú haces eso, que estás obrando fielmente para con ellos y les ayudas a seguir por el camino.

Y Juan entonces le ayuda a Gayo, y a nosotros ahora, a entender por qué esta gente que estaba haciendo eso es especial en su misión. Dice que ellos han salido con una sola motivación: amor al nombre. No otra. ¡Wow! Y creo que la iglesia de hoy necesita un poco más de esa pasión.

Déjame mencionarte varias ocasiones en el Nuevo Testamento donde ese amor al nombre sale a relucir y lo que la gente estuvo dispuesta a hacer simplemente por eso. En el libro de los Hechos capítulo 5 te encuentras que Juan y Pedro están predicando el evangelio, los toman, los meten en la cárcel, los azotan. Y déjame leer del texto: "Ellos aceptaron su consejo, y después de llamar a los apóstoles Juan y Pedro, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos pues salieron de la presencia del concilio regocijándose de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre".

Juan y Pedro los acaban de meter en la cárcel, los azotan, y cuando los azotan, lejos de quejarse porque esa paliza fue injusta, lejos de quejarse de que: "Tú sabes qué increíble, no hemos hecho nada malo y nos azotaron", en vez de quejarse de que: "Realmente, Dios, yo no te entiendo, yo estoy en medio de tu voluntad, yo estoy predicando el evangelio y mira cómo esta gente nos azota, tú puedes evitar eso y no lo estás evitando"... Lejos de hacer eso, Pedro se volteó donde Juan y Juan donde Pedro: "¡Wow, le dieron una paliza por el nombre de Jesús! ¡Wow, bien dada!". ¿Cuál es el problema? ¡Qué cosas! Estamos contentos de que se nos considere dignos. "Dios, si tú crees que somos dignos de una paliza por amor a tu nombre, ¡gloria a ti, Dios!". Te das cuenta de cuál era el mindset, cuál era la forma de pensar de esta gente.

O si nosotros tuviéramos algo así hoy... ¿Qué cosas tú has tenido que sufrir últimamente por amor al nombre? ¿Qué cosas? ¿Qué palabras tú has tenido que escuchar de familiares inconversos, de amigos, de jefes que no entienden tu fe, que te han ridiculizado, y tú has tenido que soportarlas simplemente por amor al nombre? ¿Qué cosas tú y yo estaríamos dispuestos a sacrificar en el día de mañana simplemente por amor al nombre?

Yo creo que nosotros tenemos que detenernos de manera intencional y meditar sobre esas cosas, porque si yo no tomo ciertas determinaciones antes de cuando la hora de la prueba llegue, yo no lo voy a hacer. Porque yo voy a comenzar a pensar si vale la pena hacer ese sacrificio. Y estoy convencido, por mi propia vida, por mi propia experiencia, aparte de lo que es el testimonio de la Palabra, que con frecuencia Dios nos pone en bifurcaciones. En esa bifurcación Él nos prueba y nos dice: "Yo quiero saber, tú dices que tienes compromiso conmigo, yo quiero saber hasta dónde tú estás dispuesto a llegar y sacrificarte y dar y dejar por amor al nombre". Y en esas pruebas a algunos nos va bien y a otros no nos va tan bien.

Creo que les mencioné en una ocasión la primera vez que yo escuché, leí, que el filósofo ateo Friedrich Nietzsche quizás era un trabajólico, solamente descansaba el domingo en la tarde si iba a montar patines. Y en una ocasión tomó la decisión de jamás volver a descansar y montar patines por amor a la causa que él estaba enarbolando. Y yo digo: "Provoca, ¿cómo es posible que ateos estén dispuestos hasta dejar el único medio día de descanso?". Que no estoy diciendo que no debiéramos descansar, eso no es lo que estoy aplaudiendo. Lo que estoy aplaudiendo es la actitud de sacrificio, de hasta dónde gente que realmente no tiene propósitos eternos como nosotros sí tenemos, está dispuesta a llegar por amor al nombre, cosa que nosotros no hacemos.

Como los que se entrenan para las olimpiadas: pierden sueño, pierden trabajo, pierden alimentación, dejan de comer cosas para mantener un peso, en entrenamiento por cuatro años, por una medalla que va a perecer. Y nosotros no somos capaces, por amor al nombre, por amor al nombre, de hacer la misma cosa.

O si tú sigues leyendo el libro de los Hechos, llegas al capítulo 9. Es el libro que cuenta la historia de la iglesia en sus primeros treinta años. La Ybita tiene doce años, o sea que nosotros estamos escribiendo los Hechos de la Ybita. Cuando se escriba ese libro en los primeros treinta años, ¿qué se va a decir de nosotros? Tú sigues el libro de los Hechos capítulo 9, te encuentras con que a Pablo han llamado a la obra de Cristo, a la causa. Pablo queda ciego ese día. Dios le revela a Ananías que Pablo está ciego, que vaya y ore por él, le imponga las manos para que recobre la vista. Ananías no quiere ir porque sabe que Pablo es un perseguidor de la iglesia. Y Dios le dice: "Ananías, ve, que yo le mostraré cuánto él ha de padecer por amor a mi nombre".

Imagínate que el día que tú pusiste tu fe en la persona de Jesús y en...

El momento te dice: "Gracias, Dios, por esta nueva vida". Una voz viene del cielo y te dice: "Miguel, Miguel". "Dime, Señor". "Te voy a mostrar cuánto tú has de padecer por amor a mi nombre". Es como que el gozo tuyo… wow, va de wow. "¿Que yo voy a padecer? Pues yo acabo de poner mi vida en tus manos". Precisamente hay algo que tienes que entender, Miguel: el llamado a mi causa es un llamado al sacrificio desde el día número uno, es un llamado a dejar desde el día número uno.

Y sabes qué, Miguel, si lees la historia de mi Hijo, te vas a encontrar que en el día número uno Él dejó su gloria, lo dejó todo, dejó lo más preciado. Mi Hijo no comienza sin haber renunciado a todo. Pero se nos olvida eso, se nos olvida que aquellos de nosotros que hemos sido llamados al ministerio tenemos esa obligación de parte de Dios.

Seguimos leyendo. Tuvieron Hechos 5, Hechos 9, Hechos 15, ahora versículo 26, hablando de Pablo y Bernabé, y se nos dice que ellos estuvieron dispuestos a arriesgar sus vidas por causa de su nombre. ¿Cuántos de nosotros —yo no veo sin lentes, casi no oigo sin lentes— cuántos de nosotros hemos tenido la oportunidad de arriesgar nuestras vidas por el nombre de Jesús? Levantemos la mano si hay alguien aquí que haya arriesgado. Y el culto anterior hubo dos personas, de manera que hay algunos. A mí no me ha tocado, en este a nadie, ok. Ahí Pablo y Bernabé dijeron: "Estamos dispuestos", y lo hicieron. Si nosotros estuviéramos en los zapatos de Pablo y Bernabé, ¿cuál sería nuestra respuesta? ¿Nuestra motivación? ¿Has estado tú cerca de eso?

¿Qué es lo máximo que al día de hoy Dios te ha pedido que renuncies? No vamos a preguntar eso de manera audible, pero piensa ahí un momento, porque lo máximo que Dios Padre le pidió al Hijo que renunciara fue su propia vida, de manera que Él moría en una cruz. Y cuando Dios nos pide renunciar a algo y yo lo encuentre muy alto, tú miras la cruz, la contemplas, y dices: "¿Por qué no a mí?".

Tú sigues leyendo, llegas a Hechos 21. Pablo va a caminar a Jerusalén. El Señor le ha revelado a Pablo lo que le espera, y el Señor también se lo reveló al profeta Agabo. Y ahí hay cuatro profetisas, hijas de Felipe, que están escuchando cuando Agabo dice que a Pablo lo van a atar en Jerusalén y que le esperan prisiones. Y comienzan a llorar, y Pablo les dice: "Sabes qué, el Espíritu de Dios no me ha revelado nada con relación a mi vida en Jerusalén excepto que me esperan cadenas y prisiones. Paren de llorar, que a ustedes no les han revelado nada nuevo que yo no supiera". Y a Pablo le dicen entonces: "¿Sabes por qué tienen que parar de llorar? Porque yo estoy dispuesto no solamente a ser atado, sino a perder mi vida por la causa". ¿Te das cuenta ahora de qué clase es el tipo de llamado que nosotros tenemos? No es un llamado a la conveniencia, es un llamado al sacrificio.

Gayo está haciendo esto bien. Él está dando testimonio de su fe, él está recibiendo a los hermanos, está ayudándolos a continuar por el camino. Y cuando esos hermanos a quienes él ha ayudado van de iglesia en iglesia, el texto dice en el versículo 6 que ellos están dando testimonio del amor que Gayo tuvo por ellos. Pregunta: si hermanos de esta iglesia tuvieran que salir a otras iglesias, a otras provincias, y se les pidiera que vinieran al frente y dieran testimonio de qué manera los hermanos de la IBI, en acciones, no en palabras, han mostrado realmente su amor para contigo, como estos hermanos estaban testificando cómo Gayo lo había hecho, ¿qué dirían ellos de ti? ¿Qué dirían los hermanos de…? "Yo sé que fulano ha demostrado el amor por los hermanos porque fulano ha hecho tal y tal cosa en favor de la causa". ¿Qué dirían? Pero se supone que ellos deben ser capaces de describir testimonios acerca de nuestro amor por los hijos de Dios. Gayo tenía este testimonio de parte de estos hermanos que iban de iglesia en iglesia.

Ahora, contrasta el testimonio que Gayo tiene a su favor con el testimonio que este otro hermano, probablemente de la misma iglesia, tiene en su contra, cuando dice: "Yo escribí algo a la iglesia". Esta es otra carta, no personal, porque esta carta es a Gayo. Esta otra carta de la que Juan habla la escribió a la iglesia. Él dice: "Escribí algo a la iglesia, pero Diótrefes, a quien le gusta ser el primero entre ellos, no acepta lo que decimos. Por esta razón, si voy, llamaré la atención a las obras que hace, acusándonos injustamente con palabras maliciosas. Y no satisfecho con esto, él mismo no recibe a los hermanos, se lo prohíbe a los que quieren hacerlo y los expulsa de la iglesia". Wow.

Evidentemente hay otra carta que no la tenemos, que se perdió, escrita a la iglesia, donde de manera particular Juan le estaba dando instrucciones a Diótrefes, y Diótrefes dijo: "No lo voy a hacer". Y entonces no solamente eso, sino que comenzó a acusar a Juan injustamente. Algunos postulan —es una especulación— algunos postulan que quizás esta carta fue rota por el mismo Diótrefes, que quizás ni se la llegó a leer a la iglesia porque no le interesaba.

Pero Juan tiene cuatro acusaciones contra Diótrefes. La primera: él no acepta lo que decimos. Le hemos dado instrucciones, le hemos dado directrices, y él rehusó. Juan le está dando importancia a esto y le preocupa, porque Juan sabe que estas actitudes tienden a deteriorarse todo el tiempo, que es una grieta pequeña y esa grieta con el tiempo tiende a ensancharse y a crear entonces división en el cuerpo. Y es ahí algo que nosotros vemos, que el Señor ataca continuamente de manera severa: la posibilidad de esas divisiones, por el daño que su iglesia sufre. Daña el nombre de la causa, el nombre de Cristo; daña a los hermanos; daña la efectividad del evangelio que la iglesia proyecta hacia afuera. Y por eso Dios es muy cuidadoso con lo que tiene que ver con esto, porque esas divisiones le dan una mala reputación a lo que es su nombre.

Ahora, en el mismo versículo donde Juan revela que Diótrefes no acepta lo que decimos, Juan revela la razón por la que Diótrefes no acepta lo que decimos. Juan dice: "Diótrefes le gusta ser el primero entre los hermanos". ¿Cómo se llama eso? Orgullo. Esa es la razón. Si Diótrefes no acepta lo que decimos es porque su orgullo se resiste. Diótrefes no ha aprendido la lección. Diótrefes no ha entendido de qué es que se trata una vez que te afirmas dentro de este ejército celestial. Cristo lo reveló, pero yo creo que muchos de nosotros lo hemos olvidado, o lo leemos y no nos interesa recordarlo, o tenemos un poquito de amnesia espiritual.

Mateo 20:25 en adelante: "Y acercándose Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande será vuestro servidor". Esto para Diótrefes. "Ahora, el que quiera entre vosotros ser el primero será vuestro siervo, así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir".

Perdón, Diótrefes no había aprendido lo siguiente: el día que Dios nos llama a ser parte del ejército es un llamado al sacrificio, a la renuncia. Pero el día que Dios te llama a ministrar, a ser parte de su equipo ministerial, sus demandas de sacrificio aumentan por encima del resto, hasta el punto que cuando llegas a Jesús, Él da su vida. Así es como aumentan. Cristo dijo: "El Hijo del Hombre, yo no vine a ser servido". De manera que los que somos llamados a ministrar tomamos el plato y le decimos a la congregación: "Ustedes se sirven primero de lo que sea, nosotros vamos de último". Y eso no es comida, eso es en todos los ámbitos de la vida. ¿Por qué? Porque si queremos ser primeros, tenemos que ser los últimos. Y eso es una elección que Diótrefes no había aprendido y que nosotros tenemos que recordar todo el tiempo. Mientras más alta mi responsabilidad, mayor es el sacrificio y la demanda que Dios impone, y la renuncia que Dios impone sobre mí. En el caso de Cristo, toda su gloria, toda su gloria renunciada por un período de tiempo, porque Él tiene el llamado más alto, tenía el llamado más alto, lo tiene todavía.

Segunda acusación de Juan contra Diótrefes. Dice: "Diótrefes está ahí", y palabra textual ahora: "acusándonos injustamente con palabras maliciosas". Nota cómo Juan dice "maliciosamente". No otra palabra. Diótrefes ahora quería ser un daño a nosotros. Primero los hermanos y ahora a nosotros. La palabra en el original traducida como "injusto y malicioso" es "fluareo", que implica chismear, hablar sin sentido, hacer daño, palabras dañinas, maliciosas. Es exactamente lo que aquí está. Pero ¿contra quién es que Diótrefes está diciendo eso? ¿Contra quién? Contra Juan, cierto. ¿Cómo se identificó Juan al comienzo de esta carta? El anciano.

Porque déjame decirte lo que la Palabra de Dios dice entonces de esta acusación contra ese anciano. Primera Timoteo 5:19: "No admitas acusación contra un anciano a menos de que haya dos o tres testigos". ¿Serio esto? ¿Por qué? Porque el anciano es una persona especial. No es que es encima, él no es especial. Si tiene algo de especial no es en él, es en la posición que representa. Cuando le haces daño al anciano, le haces daño a mi iglesia, que yo compré con mi sangre. Cuando le haces daño al anciano, socavas la zapata de la iglesia que sostiene el resto del edificio. Se me cae la iglesia de otros. Y es la razón que entonces al sostener una acusación contra un anciano, una acusación contra un anciano tiene que hacerse o darte que es vera. Si traes contigo dos o tres ancianos, dos o tres testigos, que quede claro que aquí no ha habido nada de duda ni de cuestionamiento, porque es mucho el dolor que la iglesia sufre cuando estas cosas se dan.

Tercera acusación: Diótrefes no recibe a los hermanos. No recibe a los hermanos. Los hermanos llegan, él rehúsa recibirlos a pesar de mis instrucciones. Recuerden, el primer siglo esto era lo común: el dar hospedaje a los hermanos cristianos era la costumbre de la época. Pero Diótrefes rehusó realmente ser hospitalario de esa manera. Pero peor aún es que Diótrefes, como dicen en nuestro país, ni lava ni presta la batea. Porque él no solamente que no come, él no deja comer. Porque él no da hospedaje, pero él impide que aquellos hermanos que sí quieren dar hospedaje lo hagan.

Hospeden. Y de hecho, cuando se entera que un hermano hospedó a esas personas que estaban predicándole el evangelio por amor al nombre, los expulsa de la iglesia. Diótrefes es un controlador, es un déspota. Fíjate cuánto daño este hombre estaba haciendo a la iglesia. Y Juan dice: "Si yo voy, yo le voy a llamar la atención." ¿Para qué tú crees, según las autoridades en estos textos, que tú crees que en el contexto del primer siglo implicaba llamarle la atención? Por eso lo que Juan dice: "Si yo voy, le voy a llamar la atención." Bueno, cuando algo había afectado la iglesia, la atención se llamaba en frente de la misma iglesia, de manera que lo que Juan está diciendo es: "Si yo voy, voy a parar en frente de la iglesia y yo le voy a llamar la atención, voy a reprenderle en frente de la iglesia."

Eso fue lo que Pablo hizo con Pedro. Cuando Pedro comenzó a comportarse hipócritamente, resulta que eso estaba dañando la iglesia, y entonces Pablo en frente de todos, dice el libro de Gálatas, paró a Pedro y le dijo: "Tú eres un hipócrita," y le explicó por qué estaba haciendo hipocresía. Me van a preguntar si estará acostumbrado: si es privado, lo hacemos en privado; cuando algo es público, tenemos que confrontarlo públicamente. Eso fue lo que Pablo hizo con Pedro. Esto es lo que Juan dice que él va a hacer si él llega allá.

Y entonces al final dice: "Amado, no estés copiando lo malo." Yo como lo digo en los ciclos: "Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; el que hace lo malo no ha visto a Dios." Hermanos, las cosas se copian: lo malo y lo bueno. Lo malo se copia y se esparce más rápido que lo bueno. Yo ilustraba esto esta mañana: tú siembras grama, lo que nosotros llamamos grama buena, y antes que la grama haya prendido, antes que la grama buena que tú pusiste haya cogido color, ya la hierba mala está hierbecita. Cuando deja de llover, tu grama buena comienza a secarse; dos o tres días después, la hierba mala verde, verde, verde. Es como que la sequía no es con ella. Así son las malas costumbres: son más duraderas, se esparcen más rápido. Cuando he llamado eso, no es de cristianos. Por Dios, no imites lo malo; imita lo bueno, lo que es de Dios, lo que a Dios le complace, lo que a Dios le honra. De eso viste el testimonio de Gayo, el testimonio de Dios.

Otra vez escucha este otro testimonio, porque aquí hay otra persona más. Demetrio tiene un buen testimonio. ¿Quiénes hablan de Demetrio? De parte de todos y de parte de la verdad misma. También nosotros damos testimonio, y tú sabes que nuestro testimonio es verdadero. Oye lo que Juan le está diciendo a Gayo, porque le está escribiendo a Gayo: Demetrio, al igual que tú, tiene un buen testimonio, no de parte de algunos, no, de parte de todos. Y dice que tiene un buen testimonio también de parte mía, y tú sabes que yo no hablo mentira, mi testimonio es verdad. Pero lo más impresionante es que el texto dice que Demetrio tiene un testimonio bueno de parte de la verdad misma.

En otras palabras, si paras a ese Demetrio delante de la congregación y al lado le paras la Palabra y examinas a Demetrio, eso mismo pasamos el culto anterior, y examinas a Demetrio a la luz de la Palabra, la Palabra dice que él tiene un buen testimonio. Eso es impresionante. ¿Cómo saldría mi testimonio, el tuyo, si te paramos aquí y te ponemos la Palabra al lado y te examinamos tu vida a la luz de esta Palabra? ¿Podrías tú tener un buen testimonio de parte de la Palabra misma, de la verdad misma? Habla con Dios. Por eso lo que queremos, lo que queremos, es un buen testimonio de parte de todos y de la verdad misma. Este Demetrio lo había cosechado, y eso es lo que vamos aplaudiendo.

La conclusión. Entonces al final: "Tengo, tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con pluma y tinta, pues espero verte en breve y hablaremos cara a cara. La paz sea contigo. Los amigos te saludan. Saluda tú a los amigos, a cada uno por nombre."

Este acordado mío, ningún casi igual que la anterior, la segunda carta. Se yo tenía mucho, tengo muchas cosas más que escribirte, pero no son cosas que realmente deben ser escritas. Prefiero ir y hablártelo, prefiero ir y conversarlas cara a cara. La expresión, como dijimos el domingo anterior, era "boca a boca" como expresión. Cuando dice que Dios hablaba como es cara a cara, realmente en el original dice "boca a boca." Esa era su expresión. Son cosas pesadas, de envergadura, de la cual no me gusta estar escribiendo; prefiero hablarlas.

Entonces dice: "Salúdate, saludan los amigos, y salúdame tú también a los amigos, a cada uno por su nombre." En otras palabras, Gayo, no vayas a la iglesia y digas: "Juan les mandó saludos." Ve a la iglesia, y más pequeño obviamente, ve a los hermanos por nombre: "María, mira, Juan te mandó saludos." O sea, que dice Juan que te saludó personalmente: "Pedro, Juan te mandó saludos en la carta que me escribió. Salúdalos a cada uno por su nombre." ¿Te das cuenta lo personal que estas relaciones eran en el contexto del primer siglo? ¿Te das cuenta de cuánto Juan no solamente amaba la verdad, pero amaba a los discípulos de la verdad? Y esas dos cosas él nunca las divorció. Amar la verdad era amar al hermano, hasta el punto que en su primera carta él dice: "No me digas que tú amas a Dios si tú no amas a tu hermano." Y para amar a Dios, se tiene que amar su verdad.

A la medida en que yo traigo esta tercera carta a su conclusión, a su cierre, y traigo las tres cartas de Juan a su cierre, yo quisiera hacer una última anotación para recordar esto que yo vengo hablando. Y es que el verbo amar, agapáo o agapádo en el griego, aparece 31 veces en las tres cartas de Juan. El nombre aparece otras tantas veces, pero el verbo amar, agapádo, incondicionalmente aparece 31 veces.

¿En qué contexto? Bueno, 14 de esas 31 veces aparecen en el contexto del amor por la verdad y el amor hacia los hermanos, y en contraste de aquellos que aman la verdad: si tú no amas la verdad, tú estás en tinieblas; si tú no amas al hermano, tú no amas a Dios. En esos contrastes aparece esta relación. Siete veces aparece el verbo amar en el contexto del llamado que Dios nos ha hecho de amarnos unos a otros, y se nos exhorta al amor mutuo. Hay 21 veces: 14 más 7. De manera que 21 veces de 31 veces el amor por el hermano de alguna manera sale a relucir en conexión con mi nuevo llamado, mi nuevo nacimiento, mi condición de ser cristiano. Seis veces el verbo aparece en conexión con el amor que Dios tiene por nosotros. Dos veces aparece el amor que Juan tenía por Gayo y por la señora elegida en la segunda carta. Y en otras dos ocasiones se nos insta a no amar el mundo.

¿Te das cuenta del énfasis de Juan en cuanto a lo que es amar y qué amar intrínsecamente? Dejándonos ver que el amor por la verdad de Dios que mora en nosotros produce automáticamente amor por el hermano. ¿Cuánto de ese amor tú crees que tiene tu corazón cuando no vienes a la iglesia? ¿Cuánta falta te hacen tus hermanos cuando no ves a alguien? ¿Cuánto te preocupa, en el buen sentido, que no le has visto por unos días? Cuando te enteras que alguien estaba enfermo de la iglesia, ¿escuchas esa noticia como a un otro más, o tú tienes una cierta preocupación sana por su condición?

Porque nosotros tenemos que pedirle a Dios entonces que haga otro trabajo en nuestros corazones que quizás no se ha hecho todavía. Porque la característica cardinal, de acuerdo a estas tres cartas de Juan, del cristiano son dos, pero son dos en uno: es amor por la verdad y amor por el hermano. Lo que distingue al cristiano es amor por su verdad y amor por su hermano, que resulta en la habilidad de querer hacer cualquier cosa por amor al nombre, cualquier sacrificio. Hasta donde yo tenga que llegar, yo lo voy a hacer sin ninguna otra motivación que no sea la causa de Cristo.

Necesitamos una disposición, una mayor disposición a dar más, a sacrificarnos más, a pedirle al otro menos. Necesitamos una disposición a ir más lejos, a ir la extra milla. Cada vez que tú lees la Palabra, Dios te está pidiendo que des. Si alguien te pide que vayas una milla, ve dos. Si alguien te da una bofetada en una mejilla, pon la otra. Si alguien te pide una túnica y tú tienes otra, dale la otra también. Cada vez que tú miras y lees la Palabra, Dios a ti te está pidiendo. Tiene nada que ver con el otro; a ti se te está pidiendo que ames, que sacrifiques más, que renuncies más. Igual para mí, eso no cambia.

Y sobre todo aquellos que hemos sido llamados al ministerio: el liderazgo nuestro ha sido desde el día uno. El ministerio tiene un precio; el precio hay que pagarlo todo el tiempo, y el precio aumenta cada año. El ministerio tiene un precio; el precio hay que pagarlo todo el tiempo y aumenta cada año. Si es una gran realidad hasta que entremos en gloria. Y ese es el ejemplo que Cristo nos dejó: Él pagó un precio, lo pagó todo el tiempo, el precio aumentó por cada año de su ministerio, hasta que llegó el día en que pagó el último precio y terminó con su vida. Es la naturaleza del ministerio. Tenemos que conocer la naturaleza del ministerio quizás antes de ingresar, para saber entonces hacia dónde vamos.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.