Integridad y Sabiduria
Sermones

Un amor centrado en el otro

Miguel Núñez 15 mayo, 2016

El verdadero amor está centrado en el otro, no en uno mismo. Esta es la única manera de seguir amando cuando el otro nos rechaza, y el mejor ejemplo de ello es Cristo en la cruz, quien mientras era maltratado pidió perdón por sus verdugos. El apóstol Pablo encarna este mismo amor en su relación con los corintios, una iglesia que él mismo plantó y que terminó rechazándolo, acusándolo falsamente y cerrándole el corazón.

Pablo les escribe con una franqueza que resulta conmovedora. Les dice que ha abierto su corazón de par en par, que no les ha ocultado nada, que ni él ni sus compañeros los han ofendido, corrompido ni tomado ventaja de ellos. Y sin embargo, encuentra un corazón cerrado. El problema, les dice directamente, no está en nosotros sino en ustedes. Falsos maestros habían infiltrado la congregación, sembrando prejuicios contra el apóstol. Y el prejuicio, alimentado por la inmadurez espiritual, cierra la mente y endurece el corazón.

Lo impresionante es que, después de todo el rechazo, Pablo no permite que su corazón se enferme. Les dice que están en su corazón para morir juntos y vivir juntos, que tiene confianza en ellos, que está orgulloso de ellos. Admite su aflicción, pero también su gozo: la aflicción viene del trato humano, pero el gozo viene del trato divino de Dios con él. Como el mar en un ciclón, hay tormenta en la superficie pero calma en la profundidad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Bueno, hermosa canción, nos ayuda a ponerlo en el lenguaje de computadora, por Su causa, modo en el ánimo de por Su causa. Y qué bueno, qué bueno que pudimos tenerla con tiempo para poderla ensayar, cantar y recordarla.

En eso yo quiero invitarle a que abra la satisfacerpalabra de Dios, en la segunda carta a los Corintios, capítulo 6. Vamos a continuar nuestra serie. Hoy continuamos donde nos habíamos quedado. Es día de elecciones en nuestro país, pero no predicamos el momento, predicamos la Palabra, de manera que continuamos exactamente donde nosotros nos habíamos quedado.

Buscando el texto en el versículo 11, vamos a estar leyendo dos porciones de las Escrituras. La de Corintios, capítulo 6, versículo 11. Como recordarán, el apóstol Pablo ha venido paulatinamente presentando su ministerio, sus motivaciones. Y por otro lado, los corintios han estado acusando al apóstol Pablo de diferente manera, buscando sus motivaciones y no aceptando su apostolado, su ministerio. Lo cual nos dice a nosotros, verdad, que los tiempos pueden cambiar, los protagonistas de la historia pueden cambiar, pero en esencia el corazón humano no cambia, y continuamente la rueda de la historia se repite. No porque la historia sea circular, sino porque el corazón humano sigue siendo el mismo.

Lo que vamos a hacer en el día de hoy es leer dos porciones que se encuentran cercanas una de la otra. Una porción viene del capítulo 6, los versículos 11 al 13, y la otra porción está en el capítulo 7, de los versículos 2 al 4. Y la razón por la que estamos haciendo eso de esa manera es porque Pablo comienza en una dirección, hablándole a los corintios de una manera muy personal acerca de esta disputa que ellos mantienen con él, y de repente como que hace un paréntesis, trata otro tema, parece ser, y continúa este tema que abordó inicialmente lo continúa en el capítulo 7. Entonces vamos a unir esas dos porciones que hablan exactamente de la misma cosa.

Capítulo 6, versículo 11. Pablo comienza a hablarles a los corintios acerca de su falta de afecto por él, por su persona, algo que él no puede entender. Él está tratando de explicarle a los corintios como que no hay razón para que esto haya ocurrido, excepto la condición del corazón humano. Y él habla un poco en el versículo 11, 12, 13. En el 14 él abre un paréntesis acerca de un tema y luego retoma lo que él venía diciendo en el capítulo 7, versículo 2. De manera que yo voy a guiarlos en esa misma dirección: capítulo 6, versículo 11, 12 y 13.

"Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No estáis limitados por nosotros, sino que estáis limitados en vuestros sentimientos. Ahora bien, en igual reciprocidad —os hablo como a niños—, vosotros también abrid de par en par vuestro corazón."

Capítulo 7, versículo 2, para darle continuación a nuestro texto: "Aceptadnos en vuestro corazón. A nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, de nadie hemos tomado ventaja. No hablo para condenaros, porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos. Mucha es mi confianza en vosotros, tengo mucho orgullo de vosotros, estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción."

Padre, nosotros te damos gracias que de una forma clara, llana, franca, Tú nos permites ver la condición del corazón humano. Nos permites ver la aflicción de este hijo tuyo, dedicado a tu causa, que a pesar de sus mejores intenciones, esta iglesia que él ha amado tanto y que le dio más problemas que cualquier otra iglesia. Tú nos permites ver de una manera muy cándida el conflicto, la lucha emocional en el corazón de un Pablo, y la lucha prejuiciada en el corazón de una iglesia hacia su líder. Te pedimos que Tú nos des gracia para nosotros poder digerir tus enseñanzas, para nosotros esto que tuvo lugar hace dos mil años tiene la misma relevancia para ti y para mí en el día de hoy. Danos oídos, tu entendimiento y tu gracia para vernos en estas enseñanzas. En Cristo Jesús, amén, amén.

Yo creo, en la medida que leo la Palabra y en la medida en que he escudriñado esta carta, que esta es la carta más franca, más personal, más sincera del apóstol Pablo de todas las cartas que escribió. Y escribió por lo menos trece, quizá catorce, si Hebreos se debe a su autoría. Y esta carta, la segunda carta a los Corintios, nos permite ver algunas cosas que entristecieron el corazón de este hombre, pero que entristecen el corazón de los ministros de Dios, y que cargan a veces el corazón de una manera interna que no se ve usualmente hacia el exterior.

En el caso de Pablo, no hubiésemos sabido absolutamente nada de su carga interior a menos que él se hubiera vulnerabilizado como lo hizo en esta carta. Y así ocurre en muchas ocasiones. La realidad es que ministrar al pueblo de Dios, con ideas tan diversas, con estadios de santificación tan distintos, con trasfondos tan diferentes, con crianzas tan distintas, no es una tarea fácil.

Y en este caso el apóstol Pablo se toma el riesgo de exponer su corazón de una manera que yo estoy seguro que si un ministro lo hiciera hoy sería tildado de orgulloso. Gracias a Dios que esta Palabra ha sido inspirada por Dios, de tal manera que no concluiríamos que ese es el corazón de Pablo, sino que más bien él se ha vulnerabilizado, ha tomado su corazón, lo ha puesto sobre el tapete y le dice: "Corintios, así es que yo me siento." Eso es lo que tú ves en estas palabras del apóstol.

Pablo se ha tomado un enorme riesgo al hacer esto. Parecería que Pablo está demandando que los corintios le amen en retorno, algo insólito, porque si hay algo que no puede ser demandado es el amor. De hecho, cada vez que tú demandas el amor, más se resiste a amarte. Sin embargo, parecería en la superficie como que eso es lo que Pablo está haciendo.

Lo que nosotros no podemos olvidar es que Pablo es el padre espiritual de esta gente. Es el apóstol que Dios ha elegido para ese momento, pero es el padre espiritual de ellos, y por tanto él se sintió con cierta responsabilidad y a la vez con cierta facilidad de poder hablarles en estos términos. De la manera que algunos de ustedes, padres, le han hablado a sus hijos de una forma que yo no me atrevería a hacerlo, justamente porque no soy su padre.

Realmente la inmadurez de esta congregación no supo interpretar las muestras de amor del apóstol padre. Él se toma entonces el riesgo. Sin embargo, a pesar de su inmadurez, a pesar de su mala interpretación, a pesar de las distorsiones que la inmadurez a veces causa de las palabras, si hay algo que impresiona del apóstol Pablo a lo largo de sus cartas es la manera como, a pesar de todo el rechazo de esta iglesia para su persona, cómo él continuó amándolos de la misma manera. Algo que tú puedes ver incluso en esta carta.

Algo que los corintios tenían que entender: que no estar de acuerdo con ellos no implicaba una falta de amor de parte de él, sino que era algo que tenía que ver con la condición del corazón de ellos. Ahora, hay una sola manera como tú puedes ser rechazado y continuar amando. Hay una sola manera como tú puedes no recibir el amor del otro y continuar amando, y es cuando nosotros llegamos a entender que el verdadero amor está centrado en el otro y no en nosotros. El verdadero amor está centrado en el otro y no en nosotros. Y de ahí que el título de mi mensaje es justamente ese: un amor centrado en el otro.

Si tú no me crees lo que yo acabo de decir, si tú le das una mirada otra vez al Calvario, a la cruz, y tú recuerdas ahí las palabras del Señor Jesucristo mientras estaba siendo rechazado, inmediatamente tú vas a entender que ciertamente el amor incondicional tiene que ver con el otro y no tanto conmigo. Yo creo que ese es el mejor ejemplo.

El amor es un tanto extraño. El verdadero amor, el amor ágape, es un tanto extraño porque cuando es realmente verdadero sigue amando aun en ausencia de la respuesta del otro. Y si tú no me crees, tú revisas otra vez el registro bíblico acerca de cómo Dios se queja del pueblo que Él ha amado y que le ha rechazado continuamente, y cómo Él ha continuado amando a ese pueblo.

Con esa manera de introducción, yo quiero que tú veas ahora entonces en el texto de hoy, en primer lugar, la franqueza y la vulnerabilidad del apóstol Pablo. Versículo 11, capítulo 6: "Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza." Escucha ahora: "Nuestro corazón se ha abierto de par en par."

En la mayoría de los casos, cuando Pablo se refiere a personas en una iglesia les llama adelfoi, hermanos, es la palabra en el original. En este caso no les llama hermanos, es como que les está tratando de enfatizar algo de una forma muy particular, les dice "corintios". Pablo hace eso dos veces más. En una ocasión lo hizo con los gálatas, en Gálatas 3:1, les llamó "¡gálatas insensatos!". Y en otra ocasión lo hizo con los filipenses, en Filipenses 4:15. En todas las demás ocasiones él habla de hermanos.

En este caso les está llamando corintios: "Nuestra boca, corintios, os ha hablado con franqueza." No puedes pasar por alto la expresión "nuestra boca", franqueza, pero es más que palabras. "Nuestro corazón se ha abierto de par en par." En otras palabras: "Corintios, no te he ocultado nada, he sido transparente. Lo que has oído de mí es lo que mi mente piensa, es lo que mi corazón es, cómo late mi corazón. Me he hecho completamente vulnerable."

Pero para que una relación pueda ser construida tiene que haber confianza mutua. Cuando una de las dos partes, o las dos partes, no tienen confianza en el otro porque ya se han prejuiciado en contra del otro, se hace entonces imposible construir eso. Y de ahí que el apóstol Pablo sigue insistiendo que, como él ha sido transparente y franco abriendo su corazón de par en par, ellos debieran hacer algo similar, de lo cual vamos a hablar un poco más adelante. El problema radica en que tú no puedes construir una relación con un corazón abierto y un corazón cerrado. Eso es una imposibilidad.

Una relación implica intercambio de palabras, de emociones, de ideas entre una o dos personas o entre grupos de personas. De manera que la única forma de que esto se pueda arreglar, esta relación Pablo-Corintios, es si ambos traen su corazón y lo ponen sobre la mesa, y ese corazón es transparente, y comienzan a lidiar a ese nivel.

Pero en primer lugar, yo quiero que viéramos justamente la franqueza y la vulnerabilidad del apóstol Pablo cuando les habló de esta manera. En segundo lugar, ahora que vimos el corazón del apóstol Pablo, yo quiero que veamos el corazón de los corintios. Porque Pablo acaba de mencionar que ha abierto su corazón; es como una manera de decir: "Corintios, yo no encuentro en mis palabras y tampoco en mi corazón la razón de por qué ustedes no sienten nada hacia mi persona, y al contrario han terminado rechazando mi ministerio y mi apostolado."

De una manera pastoral, él le comunica a los corintios que el problema no ha estado en él sino en ellos, y lo vamos a leer otra vez. El problema no ha estado en mi corazón, corintios; ha estado en el corazón de ustedes. Y Pablo quizás comienza a decir algo así porque es frecuente que cuando tú comienzas a confrontar a alguien, que puede ser tu amigo, puede ser tu esposo, puede ser tu esposa, puede ser una oveja, cuando tú comienzas a confrontar a alguien, es frecuente que el otro entonces se sienta acusado y comienza a devolver de una manera que, o de forma literal dice "no me acuses a mí", o de una manera tangencial dice algo parecido. Pero Pablo se toma el chance y de manera literal le dice a los corintios: "El problema no está en mi corazón, corintios; está en ustedes."

Imagínate que un pastor dijera eso hoy en día; inmediatamente lo tildaríamos de orgulloso. Pero la Palabra de Dios está aquí para atestiguar que ciertamente ese era el problema. Escucha primero lo que Pablo, escucha otra vez lo que Pablo le dice en el versículo 11, pero luego te voy a llevar a lo que Pablo le dice en el versículo 12. Versículo 11: "Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza, nuestro corazón se ha abierto de par en par." Eso es lo primero que le dice. Ahora escucha lo próximo: "No estáis limitados por nosotros." El problema de esta relación no está en nosotros. Pablo está hablando por él y sus compañeros del ministerio. "Sino que estáis limitados en vuestros sentimientos." Es ahí, corintios, que está el problema; no está con nosotros.

Y con esas palabras, Pablo estaba revelando, Dios estaba revelando a través de Pablo y su vulnerabilidad, dónde estaba el problema. No tiene que ver con ellos. "No estáis limitados por nosotros." Es ustedes que están causando la limitación. Yo he abierto mi corazón, pero he encontrado un corazón cerrado. Yo he abierto mis brazos, pero tus brazos están cerrados. Yo he hablado con amor, pero tú me devuelves con rechazos y acusaciones.

Los corintios no tenían afectos por Pablo y sus compañeros. Y esos afectos se vieron coartados justamente porque, habiendo sido infiltrados por falsos maestros y falsas enseñanzas, sus mentes se volvieron en contra de la persona que Dios les había enviado como maestro de la Palabra. Esos prejuicios fueron atizados justamente, o precisamente, por falsos maestros de la Palabra, que no solamente les enseñaron doctrinas incorrectas, sino que hicieron acusaciones falsas en contra de la persona que Dios había colocado sobre ellos como autoridad espiritual.

No hay nada peor en el ser humano que el prejuicio. El prejuicio comienza con un mal sabor. Al mal sabor le sigue un distanciamiento, y al distanciamiento le sigue un ataque que en ocasiones es verbal y en otras ocasiones puede ser incluso físico. El prejuicio ha llevado a todo tipo de horrores en la historia de la humanidad, desde la esclavitud en tiempos atrás hasta masacrar seis millones de judíos en la Alemania de Hitler, considerando la raza judía como inferior a la raza aria, la raza de los alemanes. Y hoy en día los prejuicios están llevando al grupo ISIS a masacrar cientos de cristianos en el Medio Oriente.

Los prejuicios no son solamente propios de la naturaleza humana; los prejuicios son propios de la inmadurez emocional y espiritual. Y Pablo habla de eso. En este texto no solamente Pablo le dice "el problema no está con nosotros y con nuestros corazones, está con vuestros corazones", sino que Pablo les deja ver, de manera, como dicen en inglés, "by the way", de manera de pasada, que el problema está en su inmadurez.

Escucha cómo Pablo se los dice en el versículo 13: "Ahora bien, en igual reciprocidad —paréntesis: os hablo como a niños—". Ahí está la inmadurez. Corintios, si ustedes fueran maduros espiritualmente, no estuviéramos hablando de esto; yo les estoy hablando como a niños.

Y esta no es la primera vez que el apóstol Pablo se refiere a los corintios como inmaduros. Esta no es la primera vez que el apóstol Pablo se refiere a ellos como niños. Cuando les escribió su primera carta a los corintios, un par de años atrás, les habló de que en ese momento ellos eran niños inmaduros. Y ahora les escribió otra carta un par de años después, y la congregación en Corinto siguió en la misma condición.

Déjame leerte en qué términos Pablo le habló a su congregación hace dos años atrás: "Así que yo, hermanos —Primera de Corintios 3, versículo 1 al 3— no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y no andáis como hombres?"

Esta es la evidencia de la carnalidad y la inmadurez de acuerdo al apóstol Pablo, de acuerdo a Dios inspirando a Pablo: "Pues habiendo celos y contiendas", ahí está. Las contiendas no son típicas de la madurez emocional y espiritual; los celos tampoco. Es un lenguaje fuerte para una congregación, pero este es el padre espiritual de esta gente. Este es el hombre que ha hecho lo indecible por esta congregación, que lo rechazó, y después de rechazarlo siguió amándolos.

Y les dice entonces en estas palabras: "Cuando yo estuve con ustedes, ustedes eran tan inmaduros que yo no pude entrar profundamente en la Palabra, no pude darles alimento sólido; yo les di leche." Y ahora les estoy escribiendo —eso lo dice en la primera carta— todavía hay una segunda. O sea que Pablo está con ellos y son inmaduros. Él se va, meses pasan, les escribe la carta y les dice: "Todavía son inmaduros." Meses pasan, más meses pasan, les escribe una segunda carta y todavía estamos en lo mismo, corintios. Y eso es lo que está dificultando mi relación con ustedes.

Si tú lees la primera carta a los Corintios con detalle, tú descubrirás que esa inmadurez en ellos dio origen a celos, envidias, divisiones, carnalidad, prejuicios y acusaciones contra Pablo. Lo impresionante es que Pablo los amó de una manera cuando estuvo entre ellos, los amó de la misma manera cuando escribió la primera carta a los Corintios, y los amó de la misma manera cuando escribió la segunda carta a los Corintios. Su dolor, su carga, su tristeza —como expresa más adelante, que estaba escribiendo esta carta, la escribió con lágrimas— su tristeza estaba en la falta de reciprocidad de parte de ellos.

En el versículo 13 yo lo leí: "Ahora bien, en igual reciprocidad, os hablo como a niños, vosotros también abrid de par en par vuestro corazón." Porque lo que estaba diciendo es: si ustedes fueran maduros, yo no usaría este lenguaje.

Y de hecho, con alguno de sus hijos ustedes han hecho la misma cosa en ocasiones. Ustedes se han sentado con alguno de sus hijos: "¿Quién paga la luz? ¿Quién paga el agua? ¿Y quién paga esta casa? ¿Quién te compra los zapatos? ¿Quién te alimenta?" Lo han hecho, ¿no lo han hecho? Pero cuando ese hijo ya está adulto y maduro, usualmente tú no usas ese tipo de lenguaje, porque es como un poco ofensivo decirle a un adulto, sobre todo a un adulto responsable, recordarle cosas que él sabe bien. Pero usted lo hace porque en la niñez se hace necesario educar a veces a los niños. Y justamente Pablo lo que está diciendo es: yo estoy hablando de esta forma porque les estoy hablando como a niños. Y como a niños tengo que decirles: ábranme su corazón, su corazón está cerrado a su padre espiritual. Y eso no ha permitido que nosotros podamos relacionarnos adecuadamente.

A manera de recordatorio, para poder traer este conflicto de un pastor y una congregación al presente, yo quisiera hacerlo relevante para nosotros, no hacerlo relevante extra, pero ver la relevancia. Es recordarnos que cada uno de nosotros, en mayor o menor grado, tiene prejuicios. Y de esa misma manera voy a recordarte que con toda probabilidad —si eso no lo hubiese dicho por separado— prácticamente el cien por ciento de nosotros diría: "No es verdad." Pero la única forma de que no sea verdad en lo más mínimo es si tú tienes la mente y el corazón de Cristo, y tú y yo no estamos ahí. Negaríamos algo que es una realidad humana. La pregunta es quién lo acepta, quién se arrepiente, quién pide perdón, o quiénes continúan con ello negando todo el tiempo que están prejuiciados.

El prejuicio —yo voy a decirte cómo se llama prejuicio— es algo que yo hago "pre" algo. Tú escuchas algo y sin tener toda la evidencia llegas a una conclusión del pastor Miguel Núñez o de la oveja José Pérez. Y entonces estás llegando a una conclusión basada en especulaciones, especulaciones de cosas que tú no conoces, especulaciones de motivaciones del corazón que tú no conoces. La Palabra de Dios incluso nos prohíbe juzgar las motivaciones. Tú tienes que escucharlas, y al escucharlas puedes confrontar las palabras, las palabras que has oído, que es exactamente lo que tratamos de hacer. Pero muchas veces estamos imaginando cosas que están en el rango de las emociones y de los sentimientos, y están en mi mente o están en mi corazón enfermo.

Cuando tú lees la Palabra, tú te encuentras prejuicios desde el primer libro de la Biblia hasta el último libro de la Biblia prácticamente.

Natanael era un hombre prejuiciado. Él preguntó que si algo bueno podía salir de Nazaret. "Hemos encontrado al Mesías, de Nazaret." "¿Y algo bueno puede salir de ahí?" De República Dominicana me dijo: "Bueno, no voy a entrar a ella." En Juan 7:41 tú escuchas que un grupo de personas vinieron pensando, escuchando que Cristo era el Mesías, y dijeron lo mismo: "¿Y puede venir el Mesías de Galilea?" Galilea era una provincia de campesinos. "¿De la provincia Duarte va a salir? ¿De Moca va a salir? ¿De la otra?" Y los judíos estaban prejuiciados contra los gentiles.

Aquellos de nosotros que estábamos más inclinados al prejuicio de esa misma manera, entonces frecuentemente, del otro lado de la moneda, nos prejuiciamos contra uno y entonces la balanza del otro lado se va al favoritismo de otro. Escucha lo que Santiago 2:9 dice: "Pero si mostrareis favoritismo, cometéis pecado y sois hallados culpables por la ley como transgresores."

El prejuicio por definición es egocéntrico todo el tiempo, es condenatorio, es reacio a escuchar, es reacio a amar al otro, pretende conocer todos los hechos, pretende conocer lo que tú estás pensando, está indispuesto a dar a la otra persona una segunda oportunidad, y aunque no lo creas, el prejuicio con frecuencia es paranoico. Si quieres decir eso, que con frecuencia está pensando que lo que el otro está haciendo lo está haciendo por una razón que tú conoces porque no la ha sabido. "¿No va a tener usted un poco de paranoia a veces?" "De Gala, verdad, es mejor decir que sí, que es mentiroso." "No, porque cuando él dijo, él quería decir, él quiso decir..." "Yo estoy pensando, yo estoy seguro." "Ok, Dios."

Y Pablo está tan dolido emocionalmente que escucha, literalmente yo leía eso, yo trataba de ponerme en sus zapatos cuando leo la carta para poder como meterme en la historia, y realmente lágrimas vienen a tus ojos. Se escucha a Pablo: "Aceptarnos." Está como rogando. Él lo dice: "Aceptarnos, aceptarnos en vuestro corazón, corintios. A nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, de nadie hemos tomado ventaja. ¿Cuál es tu problema, corintios?"

Uno casi puede sentir, yo no sé tú, pero uno casi puede sentir la profundidad de su tristeza, la agonía de su corazón, la frustración de no poder entender, la frustración interna de no poder entender. "Aceptarnos en vuestro corazón." Es como si Pablo estuviera diciendo: "¿Por qué me rechazas? No me rechaces. ¿Cuál es la dificultad que tienes en recibirme? ¿Qué te he hecho? ¿De qué manera te he dañado?" Él no puede entender. Escucha: "A nadie hemos ofendido, a nadie hemos corrompido, de nadie hemos tomado ventaja." Es como si Pablo estuviera diciendo a los corintios en cuanto a palabras: "De nada, de nada, de nada tenemos... Nunca te hemos ofendido, corintios. Nunca te hemos dañado de esa manera."

Cuando tú avanzas la carta, es triste. En el capítulo 12, estamos en el 6 y el principio del 7, en el capítulo 12 Pablo todavía está argumentando con ellos acerca de la misma cosa. Y cuando tú llegas al capítulo 12, en el versículo 13, escucha lo que Pablo dice: "Pues, ¿en qué fuisteis tratados como inferiores a las demás iglesias, excepto en que yo mismo no fui carga para vosotros? Perdonadme este agravio."

"Corintios, no los traté, a pesar de su trato hacia mí, no los traté diferente que a las demás iglesias. Lo único que hice, corintios, lo único que quizás te pudo haber sido ofensivo, es que yo no te fui de carga, no recibí salario tuyo, no recibí ayuda financiera. Pero si eso te ofendió, corintios, perdóname ese agravio. Si te ofendí al no tomar dinero tuyo, corintios, por favor perdóname. Si eso te fue ofensivo, perdóname. Abre el corazón."

Entonces, ¿te imaginas que un ministro de este calibre tenga que llegar a estos términos con sus hijos espirituales? Es triste pensar la condición del corazón humano. Es triste pensar que un padre espiritual e hijos espirituales pueden verse en una condición semejante al pie de la cruz.

"Y si a nadie hemos corrompido." En el texto original la idea es más bien: los falsos maestros, en el contexto de toda la carta, vinieron y los corrompieron. "Nosotros hemos traído la verdad y a nadie hemos corrompido. Si el corazón de nadie ha sido corrompido por nuestras enseñanzas... De nadie hemos tomado ventaja." De nadie, absolutamente de nada. Pablo nunca les pidió a los corintios, nunca se aprovechó de ellos, nunca les pidió incluso que contribuyeran a la causa de Cristo, absolutamente nada. Lo único que hizo fue darles, darles, darles, darles. "Corintios, no entiendo. Dime dónde he fallado."

Es triste porque en el capítulo 12, como yo mencioné, llegaremos ahí meses después, Pablo está todavía argumentando la misma dirección. Como mencioné en su momento, escucha lo que él dice en el versículo 17 y 18: "¿Acaso he tomado ventaja de vosotros por medio de alguno de los que os he enviado?" Él está diciendo: "Yo les envié alguna gente. Ahora dime, de esa gente que yo les envié, ¿yo me aproveché de ustedes a través de ellos?" Próximo versículo, 18: "A Tito le rogué que fuera, y con él envié al hermano." Parece un hermano que ellos saben a quién se estaba refiriendo. "¿Acaso obtuvo Tito ventaja de vosotros? Les envié a Tito. Él fue en mi representación. Le rogué a Tito que fuera, y sé que Tito no quería ir sabiendo que me esperaban bocas de leones, pero le rogué a Tito que fuera. Tito fue. Dime si Tito obtuvo alguna ventaja de vosotros."

Escucha la pregunta: "¿No nos hemos conducido nosotros en el mismo espíritu y seguido las mismas pisadas?" En otras palabras, Tito fue con instrucciones mías de cómo comportarse delante de ustedes. "¿No estuvimos Tito y yo con el mismo espíritu y seguimos las mismas pisadas?" Respuesta: obviamente que sí.

Corintios, impresionante que el padre espiritual de esta congregación y el misionero por excelencia del primer siglo, de todos los siglos, esté en esta controversia con la iglesia que él plantó. Cuando tú consideras la condición del corazón humano, realmente es digno de hastío.

Pablo dice: "Lo único que yo puedo pensar, lo único que puedo pensar que les pudo haber sido ofensivo, es que no les pedí dinero." Y aún así me acusaron. Sin tomar dinero de ustedes. "Pues no estáis limitados por nosotros, estáis limitados por vuestros sentimientos." Las iglesias de Macedonia fueron más nobles que estos corintios. Una iglesia sumamente pobre, a la que Pablo intencionalmente le dijo: "No me den dinero." Y ellos le dijeron: "No, Pablo, ¿cómo tú no vas a pedir eso? Déjanos contribuir a la causa." Y ellas dieron dinero, de manera que Pablo estaba poniendo de manifiesto dónde estaba el problema.

Habiendo escuchado todo eso, yo creo que las personas que están aquí que mejor me pueden entender son algunos padres. Algunos padres que se han visto en esta condición, porque no todos se han visto en esta condición. Padres que le han dado a su hijo el mejor esfuerzo posible, las mejores condiciones. Padres que se han privado absolutamente de todo para entregárselo a sus hijos. Habiendo ellos recibido todo lo que les dieron, en una conversación posterior, yo sé que esto se ha dado más bien a veces porque esto coincidiría con padres, habiendo ellos recibido eso, habiendo tú entonces sentándote con el hijo y decirle, al hijo, a la hija, a los hijos: "Hijos, pero valoren lo que sus padres han hecho por ustedes." "Ellos hicieron eso porque quisieron. Yo nunca se lo pedí."

Yo no sé si usted lo ha oído. Yo lo he oído más de una vez. No hay nada más ingrato que un hijo haber recibido todo lo que ha recibido de un padre y luego decir que eso lo hicieron porque les dio la gana, porque ellos nunca se lo pidieron. Si tú has estado ahí, tú entiendes esta carta. Tú entiendes el dolor de Pablo. "¿Por qué? ¿Qué hice? ¿De qué manera? Lo que he hecho es darles. Tito fue. Tito no se ha aprovechado de ustedes. Nosotros fuimos de un mismo espíritu."

Y pensar que este lenguaje tenga que ser usado entre un padre espiritual y los hijos espirituales. Yo no sé para ti o para mí, pero es extremadamente deprimente.

Ahora nota el corazón bondadoso y no condenatorio del apóstol Pablo en el versículo 7: "No hablo para condenaros, porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos." Wow. Este corazón humilla a cualquier persona. "Tú me rechazas, tú me rechazas, tú me rechazas, y ¿sabes qué, corintios? ¿Tú sabes por qué yo te puedo decir que no te estoy condenando? Yo te estoy confrontando, pero no me digas que te estoy condenando, porque ustedes están en mi corazón para morir juntos y para vivir juntos."

Si hay algo que es típico del corazón humano, de la naturaleza humana, es no aceptar la parte que nos corresponde a nosotros. Eso es típico desde la época de Adán y Eva. Usted conoce la historia: "La mujer que tú me diste..." "No, la serpiente." Y Pablo les dice a los corintios, les dice antes de que tú me digas algo, antes de que me digas: "¿Me está condenando, Pablo?" "No, lo hablo para condenaros." De manera que te puedes quitar esa parte. Y la mejor evidencia de que no te estoy condenando es que te estoy diciendo que ustedes están en mi corazón para morir juntos y para vivir juntos. De manera que no hay forma de que me puedas sacar esta congregación de mi corazón.

Pero lo más probable es que los corintios no creyeran estas palabras de Pablo, porque cuando el corazón está cerrado, cuando no hay confianza en ese otro, no importa cuán sentidas puedan ser las palabras, ese otro que las escucha no las cree. Es así. Y si tú alguna vez has estado ahí con el corazón cerrado, o alguna vez estás en el futuro, o yo, nosotros vamos a reaccionar exactamente de la misma manera. No hay nada peor que un corazón cerrado y una mente cerrada a razonar, porque el corazón resentido es cerrado por naturaleza.

"No hablo para condenaros, de manera que no me digas que te estoy condenando, porque he dicho antes que estáis en nuestro corazón para morir juntos y para vivir juntos."

Los corintios rechazaron el apostolado de Pablo. Imagínate eso. Pablo es el apóstol. Pablo es quien plantó la iglesia. Rechazan el apostolado de Pablo.

Reciben, le dan la bienvenida a falsos maestros, rechazaron su autoridad y lo acusaron falsamente. Y después de todo eso, Pablo dice: "Corintios, estáis en mi corazón para vivir y para morir." La única gente que yo he oído con lenguaje similar son esos padres de que yo estoy hablando, que a pesar de los rechazos de sus hijos, que a pesar del orgullo y la ingratitud de sus hijos, llegado el momento estarían dispuestos a morir con ellos y a vivir por ellos. Sí, unos padres. Y la razón por la que esos padres sienten así es porque eso es una pequeña evidencia del corazón de Dios.

Si hubo alguien que dio evidencia de que tenía a un pueblo en su corazón para morir juntos y para vivir juntos, fue la persona de Jesús. Porque cuando él fue a la cruz y murió, cuando él murió yo morí, y cuando él resucitó el domingo y salió de la tumba, cuando él resucitó yo resucité. Él ha estado conmigo, yo he estado con él para vivir juntos y para morir juntos. Y eso es lo que está saliendo a relucir a través de la vida de Pablo: un corazón formado por Dios a su imagen, y aquí está la evidencia. Y Pablo está diciendo: "Corintios, a pesar de todo eso, no hay nada que ustedes pueden hacer para salirse de mi corazón. Aunque ustedes no me han dejado entrar, me han cerrado el suyo."

Y finalmente, yo quiero que veas la evidencia de un corazón sano. Vimos la evidencia de un corazón no condenador cuando hablamos de la verdad de Pablo, "no hablo para condenaros", y de un corazón bondadoso. Pero ahora yo quiero que veas la evidencia de un corazón sano, porque el apóstol Pablo da muestra de tristeza por no haberse podido reconciliar con los corintios. Él está triste, está agobiado, está cansado, está cargado, está cargado de sus inmadurezas. Lo increíble del apóstol Pablo es que esas experiencias con ellos no lograron enfermar su corazón. Oh, si Dios lograra hacer eso en cada uno de nosotros. Si las experiencias con ellos no lograron enfermar su corazón, imagínate si esa fuera la condición de cada uno de nuestros corazones.

Escucha, Pablo, habiendo recibido todo este rechazo, habiéndoles dicho "abran el corazón", habiéndoles dicho "son como niños", habiéndoles dicho "ustedes corintios están prejuiciados conmigo", habiéndoles dicho "no sé en qué los he ofendido, no los he dañado, no los he corrompido", escucha cómo él termina este texto del día de hoy. Yo no sé cómo Pablo lo hizo, pero lo hizo: "Mucha es mi confianza en vosotros." ¿Realmente? ¿De verdad, Pablo? "Tengo mucho orgullo de vosotros." ¿De verdad, Pablo? "Lleno estoy de consuelo, sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción."

Cuando un corazón se endurece, lo primero que ocurre es que la confianza desaparece. Pablo dice: "Mucha es mi confianza en vosotros." Este corazón no está endurecido. Porque él sigue confiando, él sigue confiando en que ellos van a despertar, en que ellos van a madurar, en que ellos se van a dar cuenta, en que ellos van a despertar a una realidad que ellos conocen y van a volver donde Pablo. Es finalmente lo que vimos: "¡Eureka! ¡Eureka! ¡Lo he encontrado!"

Y tuve cosas así, tuve cosas así en la vida del Señor Jesucristo. Pedro lo niega tres veces: "No te conozco, no te conozco, no te conozco." Tres días después, el Señor resucita. Y lo primero que hace es que le manda un recado, en buen dominicano, un mandado, un recado, un mensaje con las mujeres: "Vayan, díganle a los discípulos y a Pedro." Y Pedro tiene otra oportunidad. En otras palabras, el amor de Cristo por Pedro le dio confianza en Pedro otra vez. No por el testimonio de Pedro, porque hacía tres días Pedro me había negado. No es por el testimonio de Pedro que le estoy devolviendo la confianza, es porque mi corazón amoroso, dice Cristo, quiere creer que este Pedro va a ser otra cosa en el día de mañana. Que el rechazo de Pedro justamente lo capacitó para hacer un mejor Pedro mañana, el rechazo a la persona de Jesús.

Y si no me crees que es el amor que hace eso, escucha cómo este mismo Pablo le define a la misma congregación de los corintios el amor: el amor todo lo sufre, el amor todo lo cree y el amor todo lo espera. Ahí está la confianza. ¿Van entendiendo? La mejor muestra de un amor verdadero es cómo responde cuando es maltratado. La mejor muestra de un amor verdadero es la forma como ese amor responde cuando es maltratado. Y si no me crees, dale otra mirada otra vez al calvario, y tú escuchas ahí, tenuemente, las palabras de Cristo cuando estaba siendo maltratado: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen."

El amor que solo responde bien cuando es bien tratado no es amor, es conveniencia. El amor que solo responde bien cuando es bien tratado no es amor, es conveniencia. Es de la ley del talión, uno por uno. Ojo por ojo, diente por diente. Me tratas bien, te trato de cuchito y cuchito. Me tratas mal, te muerdo.

Próxima expresión en ese versículo 4: "Tengo mucho orgullo de vosotros." En nuestros tiempos, esa palabra orgullo inmediatamente es como negativa, y Pablo la usa, la palabra la usa. Porque el problema no está en la palabra, el problema está en el corazón. La palabra orgullo, en un corazón puro, para el puro todas las cosas son puras, dice la Palabra. En un corazón puro, el orgullo tiene que ver con la valoración que tiene de otros. Entonces "estoy orgulloso de ti", en un corazón puro, es: "valoro tu logro, valoro lo que Dios ha hecho de ti." Tiene que ver con aprecio, tiene que ver con elogio, tiene que ver con alabanza. Alabo, por así decirlo en el buen sentido, lo que Dios está haciendo, cómo Dios te ha dotado, cómo Dios te ha prosperado.

Escucha cómo Pablo les escribe a los tesalonicenses en su segunda carta, en el uno cuatro: "De manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros." Pablo usa la palabra sin ningún problema, sin ningún tapujo. "Hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios por vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis." Es Pablo, estaba entre los tesalonicenses, y cuando salía a otra iglesia le decía: "Yo estoy muy orgulloso de aquella iglesia, porque en medio de la aflicción, de la persecución, se ha comportado de una manera digna del nombre de Cristo. Tengo orgullo de ellos." Sin ningún problema, era la manera de Pablo elogiarlos.

Y en el caso de los corintios, tuve que darle mucha vuelta a mi mente para saber cómo que Pablo los iba a elogiar. A pesar de todos estos sinsabores, él estaba orgulloso de ellos, no por su legado, no por su testimonio, sino porque hasta donde Pablo puede ver ellos son hijos de Dios en sus inmadurezas. Y como esto tiene que ver con elogio, esto tiene que ver con alabanza, yo alabo a Dios, yo lo elogio, porque por lo menos eran hijos de Dios, y Dios va a hacer su obra. En el tiempo Dios la va a completar.

La tercera frase de este versículo cuatro es: "Lleno estoy de consuelo." Eso es más fácil de ver. Claro Pablo, esa Dios sabe lo que a Pablo le falta. A Pablo le falta el corazón de los corintios, pero por lo menos tiene el corazón de Dios, de tal manera que Dios está consolando a su siervo en medio de la falta de afecto de parte de los corintios hacia él. Y él puede decir: "Aunque el afecto de ustedes hacia mí hace falta, yo estoy lleno de consuelo de parte de Dios." Eso es como Pablo llama a Dios: el Dios de toda consolación, en el capítulo primero.

Usualmente los hijos debieran consolar a sus padres en sus años mayores, sus dificultades, sus debilidades. Y les puedo decir, amados hermanos, que una de las mejores cosas que Dios me ha regalado es cuando alguno de ustedes, o muchos de ustedes, a lo largo de los años en diferentes momentos de dificultad, típica de lo que es la vida humana y el ministerio, han venido, me han escrito, me han llamado para consolarme. Ustedes no usaron la palabra consuelo, pero era obviamente lo que ustedes estaban haciendo. De manera que eso que yo he recibido de parte de ustedes es como lo que usualmente ocurre, pero que en el caso de Pablo no estaba pasando. Pero él dice: "¿Sabes qué? Ustedes no han mandado su consuelo, pero Dios me ha dado el consuelo. Estoy lleno de consuelo."

Y finalmente dice: "Yo sobreabundo de gozo en toda nuestra aflicción." Oye lo que Pablo no dice. Dice "yo sobreabundo de gozo" y no "tengo ninguna aflicción". No, no, no, no, no. Pablo está admitiendo, se ha vulnerado, se ha transparentado: esto me aflige. Pero en medio de la aflicción horizontal que yo experimento, yo tengo un gozo vertical que tiene que ver con Dios. Que es como una paradoja, como que es difícil de entender cómo es que tú tienes aflicción y gozo al mismo tiempo. Es como el mar, verdad, cuando hay un ciclón en la superficie, las olas son súper altas. Tú te vas a 30, 40 metros de profundidad y el mar está tranquilo al mismo tiempo. Pues es una cosa como esa, como una aflicción en la superficie y un gozo en la profundidad.

Y es que el hijo de Dios es capaz de sentir gozo y aflicción al mismo tiempo. La aflicción viene de la experiencia humana por la cual tú estás pasando, y el gozo viene de la relación divina que tú mantienes. De manera que la aflicción es humana, pero el gozo es divino. La aflicción es de la tierra, pero el gozo es del cielo. La aflicción viene del trato humano de algunos con otros muchas veces, pero el gozo viene del trato divino de Dios contigo. Me dejaré sonar una última vez: la aflicción viene del trato humano de unos con otros, pero el gozo viene del trato divino de Dios contigo.

Que Dios nos dé la humildad de corazón para irnos de este lugar reflexionando, meditando, rumiando en estas palabras que no fueron simplemente de Pablo para su congregación, son para todos nosotros. Y que nosotros podamos ver realmente cómo espera Dios que nos amemos unos a otros, cómo espera Dios que no acusemos y especulemos contra ese otro de cosas que no conoces, cómo espera Dios que no manipulemos nuestras relaciones, cómo espera Dios que seamos francos, transparentes, humildes, y sepamos amarnos a pesar de cuando tengamos las diferencias.

Esto es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org

Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en Su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.