Hay dos caminos y dos puertas, y cada persona debe elegir por cuál entrará. Jesús lo plantea sin ambigüedades al cerrar el Sermón del Monte: la puerta estrecha y el camino angosto llevan a la vida; la puerta ancha y el camino amplio llevan a la destrucción. No hay término medio ni espacio para la indefinición. Cristo mismo es esa puerta estrecha y ese camino angosto, como lo declaró en Juan 14: "Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí". Esa frase final es lo que estrecha todo. No hay otra vía, no hay otro evangelio, no hay otra entrada legítima.
El camino angosto tiene reglas de tránsito muy distintas al ancho. Está lleno de letreros que dicen "el mayor debe servir al menor", "ama a tus enemigos", "muere a los deseos de la carne". En el camino ancho no hay reglas; cada quien circula según sus propios deseos. Parece atractivo y liberador hasta que llegan las consecuencias: nadie ha transitado por él sin accidentarse. Ni David pudo, ni Salomón pudo. Y cuando alguien se accidenta en la vía ancha, necesita que vengan personas del camino angosto a rescatarlo.
Lo que da entrada al reino es el evangelio predicado: Cristo murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó al tercer día. Ese mensaje, tan sencillo y tan atacado a lo largo de los siglos, es el que abre la puerta estrecha. La urgencia del texto permanece intacta: "Entrad" aparece en imperativo. Hoy. Ahora. ¿En qué camino estás?
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Mateo 7, veremos leyendo del versículo 13. Bueno, el versículo 13 y 14 son versículos nada más, con enseñanza bien clara, y luego pediremos a Dios en oración que nos dirija. "Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella, porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan."
Padre de gracia, gracias por tu Palabra tan clara, tan ya, tan específica, tan desafiante, pero tan tuya. Oh Dios, yo quiero pedirte que Tú ayudes a tu siervo a escudriñar este pasaje delante de ti, delante de tu pueblo, de una manera que este texto tan conocido traiga algo fresco, algo nuevo. Ayúdame a entender mejor en qué consiste esta angosta senda, esta puerta estrecha que lleva a la vida, y que es la única, y que no hay otra. Y ayúdanos, Dios, a ver. Aquellos que aún no han entrado por la puerta estrecha, ayúdales a ver en esta mañana qué ha impedido y cómo pueden hacerlo en el día de hoy. En tu nombre, Jesús.
En el versículo anterior a este, versículo 12, anterior al que yo acabo de leer al inicio, en esencia Jesús había terminado el Sermón del Monte. Esa es la opinión de una gran mayoría de estudiosos, y que el resto es una conclusión. Le está cerrando ahora, le está tratando de colocar de una manera desafiante, pudiéramos decir, delante de sus oidores, una decisión. En vista de todo lo que les ha venido diciendo, Él habló de las bienaventuranzas y durante toda esa porción del texto ilustró cuál debiera ser el carácter de aquellos que forman parte del reino de los cielos. Les habló de cómo orar y de cómo no hacerlo, cómo dar y cómo no hacerlo, cómo ayunar y cómo no ayunar. Les dejó ver que si vamos a entrar al reino de los cielos, nuestra justicia, nuestra piedad, nuestro carácter moral, nuestra vida de santidad tiene que superar con creces el carácter de los fariseos, de los escribas, que estaban tratando de hacer eso por medio de las obras de la ley. Y Cristo dejó muy claro cómo por medio de la ley nadie jamás pudiera ser salvo.
Y ahora nos habla de que hay una minoría que halla la puerta de entrada al reino de los cielos, y que esa minoría ha entrado por una puerta estrecha, ha caminado por una senda angosta, y contrasta eso con la gran mayoría que elige la otra puerta. Cristo tiene en Mateo 7, hacia el final de este capítulo, Él hace algo magistral, y es que Él presenta varios principios o enseñanzas a su audiencia de una manera que los está forzando a tomar una decisión. Y de hecho se dice que todo buen sermón coloca delante de quienes oyen una decisión, pero no los deja en la indefinición. Y eso es exactamente lo que Cristo está haciendo. Hay dos caminos: hay uno ancho y uno estrecho. Hay dos puertas: una ancha y una estrecha. Pero más adelante, cuando tú sigues leyendo, Él habla de dos árboles: uno da frutos buenos y otro frutos malos. Y un poco más adelante Él habla de que hay dos constructores: uno fabrica sobre la arena, otro fabrica sobre la roca. Y en esencia le está diciendo que ahora tú tienes que preguntarte, cuando yo cierre, por cuál puerta vas a entrar, por cuál senda vas a circular, sobre qué vas a construir y qué tipo de árbol tú quieres ser.
La manera en que los contrastes son extraordinarios en la manera en que son presentados a la audiencia, y eso es como Él ha comenzado. Le está concluyendo, le está cerrando su mensaje. Aquí no hay nada oculto. Cristo está poniendo las barajas, como decimos, las cartas sobre la mesa, y está dejando ver claramente que Él no está predicando para tener una buena oratoria, para tener un buen mensaje, algo que haga a la gente decir "oh" o "no". Él está predicando para que la gente tome una decisión, y le está preguntando de manera directa e indirecta: ¿cuál es tu decisión?
No hay nada confuso. Hay dos puertas, hay dos caminos. La puerta estrecha está conectada con camino estrecho; la puerta ancha está conectada con camino ancho. Al final del camino estrecho está la vida; al final de la puerta, del camino ancho, amplio, está la destrucción, la muerte, la perdición. Y habiendo dicho eso, Él comienza con esta palabra: "Entrad por la puerta estrecha."
La palabra "entrad" aparece ahí en el lenguaje original en el imperativo, que hace un par de semanas comentamos. Se llama el imperativo aoristo, que es un imperativo que me fuerza a tomar una decisión. Es algo que tengo que hacer ahora. Eso es lo que Cristo está diciendo: no postergues esta decisión, decide. Hoy, cuando yo termine mi mensaje, decide lo que vas a hacer con lo que has escuchado, por dónde vas a entrar, qué puerta vas a elegir. Hoy entrad por la puerta estrecha. Este es mi ordenamiento, este es mi mandamiento. Ahora tú decides.
Cuando tú revisas la Palabra de Dios, tú ves claramente cómo Cristo identifica la puerta y el camino en otros pasajes, en otros momentos cuando le estaba enseñando. Escucha, aquí hay dos preguntas: hay una puerta estrecha, una puerta ancha, un camino estrecho, un camino ancho. ¿Quién es la puerta? ¿Quién es la puerta y quién es el camino? Cristo respondió eso con toda precisión y claridad en Juan 10:9. Él comienza diciendo: "Yo soy la puerta." Yo soy la puerta estrecha. Y en Juan 14:6 les dijo: "El camino, la senda, Yo soy el camino." Yo soy la puerta estrecha y soy el camino estrecho, y Yo llevo a la vida. Eso es en esencia lo que Cristo está diciendo.
Él continúa en Juan 14:6 diciendo algunas otras cosas, porque Él dice: "Yo soy el camino, Yo soy la verdad, Yo soy la vida." Yo soy el camino que lleva a esa vida, que es exactamente lo que Él está enseñando en este texto. Ahora escucha, en Juan 14:6 hay algo que todavía yo no he acabado de citar. Cristo agrega una frase al final que es lo que hace a la puerta estrecha y al camino estrecho. Sin esa frase, la puerta pudiera ser bien amplia y el camino bien ancho. Pero una vez Él terminó con esa frase, la puerta y el camino se han estrechado. Escucha la frase: "Nadie viene al Padre sino por mí." Estrecha la puerta y estrecho el camino. No hay otra vía, no hay otra entrada, no hay otro evangelio, no hay otra manera, no hay otra forma. Decide.
Buda es otra puerta y camino, y el budismo otro camino: ilegítimos. Mahoma es otra puerta y el Islam otro camino: ilegítimos. Los Testigos de Jehová representan otra entrada, otro sendero: ambos ilegítimos. Joseph Smith de los mormones, eso es otra entrada y un camino que Yo no reconozco. La Nueva Era, y así pudiéramos seguir citando, representan caminos que son rechazados por mí.
De hecho, Cristo no solamente habló de esa puerta estrecha y de ese camino estrecho, sino que Él dejó un veredicto claro acerca de todos esos personajes y caminos que yo acabo de citar, más el resto que yo todavía no he citado. Cristo dejó claramente establecido cuál es su opinión acerca de ellos. Yo te lo voy a leer. Juan 10:1: "En verdad, en verdad os digo..." En el original es "amén, amén, os digo." Cristo decía amén al principio de las palabras; nosotros lo decimos al final porque tenemos que esperar a que tú termines para ver si estoy de acuerdo. Él estaba de acuerdo con sus declaraciones desde el principio y a sí mismo se amenizaba: amén, amén. Escúchame lo que te voy a decir. La repetición enfatiza, le pone un acento a lo que va a seguir, por eso se hacía al principio. "En verdad, en verdad os digo, el que no entra por la puerta" —que es Él— "en el redil de las ovejas, sino que sube por otra parte, es ladrón y salteador."
¡Guau! Nada diplomático. "Pastor, por ir a esta otra senda, ¿un ladrón y un salteador? Pastor, pues eres muy estrecho de mente." No, Cristo tiene parecidamente estrecha. Yo soy un papagayo, yo estoy repitiendo lo que Él dijo. Yo no estoy haciendo absolutamente nada, no estoy quitando, no estoy poniendo. Pero si Él es Dios, y lo es, entonces obviamente Él tiene el derecho de ser la puerta estrecha. No solamente el derecho; si Él es Dios y nadie más lo es, por definición Él tiene que ser exclusivista y no inclusivista. Esa es la realidad. Por eso es que Él está diciendo: "Yo soy la puerta, las demás puertas y entradas son ilegítimas."
Lo increíble es que Dios creó a Adán y Eva y los creó dentro del reino. Estaban adentro, no afuera, y ellos no necesitaban entrar. Ya ellos estaban dentro, y les dio un camino y les dio una puerta. Pero ya estaban adentro, y Adán no tenía una naturaleza pecadora ni rebelde, y Eva tampoco. Ambos decidieron el camino contrario al que Dios había aprobado. La pregunta es: ¿por qué? Tú estás dentro, Dios proveyó un camino, tú no tienes una naturaleza rebelde, tú no tienes una naturaleza pecadora, ¿por qué escoges otro camino?
Yo creo que a simple vista no es tan claro, pero cuando tú escudriñas la Palabra, para mí por lo menos queda más o menos claro. La criatura no tolera ser dependiente. La criatura se irrita cuando se siente limitada, y el árbol era un límite. Él existía, Adán y Eva, ellos existían en dependencia de Dios. Lucifer fue creado en condiciones similares y Dios le dio un camino, y él eligió otro, porque como criatura él tampoco toleraba ni la dependencia del Creador ni los límites del Creador. Y por tanto un día él dijo: "Yo seré como el Altísimo."
Cuando Lucifer viene con la misma oferta a Adán y Eva: "Cuando comas de esta fruta, seréis como Dios," inmediatamente la criatura pensó: "Entonces seré como el Creador y yo estaré independiente y yo no dependeré de Él, de manera que yo voy a probar esa fruta." Imagínate ahora de qué manera nosotros, que sí somos criaturas caídas con una mente entenebrecida, rebeldes, de qué manera nosotros escogemos y ansiamos nuestro propio camino.
Mira cómo el profeta Isaías se lo dice en 53:6: "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos." Escucha ahora esta frase: "Cada cual por su camino." No es como que Dios tenía un camino y había otro camino distinto y las ovejas se fueron por ese segundo camino. No. Millones de caminos hemos construido, cada cual por su propio camino. Cada cual, de acuerdo a sus deseos egoístas, ha hecho su propio sendero.
Cada individuo, cada persona, cada ser humano ha decidido de acuerdo a su propio ego construir su propio sendero. Y por ese sendero se ha apartado de Dios. Muchas veces en contra del consejo de Dios, o siempre en contra del consejo de Dios, y muchas veces en contra de aquellos que han ido adelante, que han probado ese sendero, que le han dicho: "No camines por ahí, ya yo caminé y me devolví, coseché malos frutos, no lo hagas." "No, pero yo quiero experimentarlo." ¿Serás tú? Eso es el yo. Esta es la naturaleza humana.
Ustedes ven a los niños. Desde pequeño, el niño está aprendiendo a amarrarse los zapatos, pero no sabe, y le está ahí tratando, y tú vas a ayudarlo. "¡No! ¡Yo lo hago!" Yo veo que se incomoda y no puede hacerlo, entonces él va donde su mamá, es incómodo, para que se lo amarre. Sí o no. ¿Te das cuenta?
Adán estaba dentro. Nosotros estábamos afuera. Adán es expulsado del reino, nosotros somos invitados a entrar al reino donde Adán ya estaba. Irónicamente pudiéramos decir que Adán sale por donde yo entro. Y ahora estando dentro, yo puedo caminar. Entré por la puerta estrecha, yo puedo caminar por el sendero estrecho.
Ahora, si es increíble pensar en cómo Adán hizo su selección, yo creo que es igualmente increíble pensar cómo nosotros, habiendo caminado, transitado por el sendero ancho y haber probado lo malo del sendero ancho, después de haber entrado por la puerta estrecha, después de estar caminando por el sendero estrecho que lleva a la vida, de vez en cuando ahora nosotros queremos volver a mirar el sendero ancho y hacer como incursiones de un día, o de dos, o de una semana, o de un año, o de seis meses, en ese terreno, en esa vía ancha otra vez. Y ahora luego regresar a la vía estrecha, como el que se va de vacaciones. Nosotros vivimos en un hogar, en una casa, en una localidad, pero una o dos veces al año, quizá varios fines de semana al año, nosotros salimos de vacaciones. Eso es lo que ocurre con la criatura redimida, que ya quisiera que Dios le diera vacaciones de la vía estrecha para poder incursionar nuevamente en la vía ancha y tener algunas experiencias en la vía ancha y luego entonces regresar.
El problema es que tú no puedes ingresar en la vía ancha sin accidentarte. La vía estrecha y la vía ancha, angosta y amplia, tienen reglas de tránsito muy distintas. En la vía angosta tú encuentras continuamente letreros de advertencia que dicen: "Peligro", "Cuidado", "Disminuya la velocidad", "Curva cerrada", "Baje la velocidad", "Está pasado del límite", "Retroceda", "Devuélvase en U". En la otra vía no hay letreros. Tú transitas como tú quieras, es ancha. En esta hay un solo carril y por tanto cuando un conductor viene tú tienes que muchas veces apartarte, dejar que el otro pase y considerar al otro como superior a ti mismo, y luego tú pasas. En la otra hay ocho carriles para ir y ocho para venir.
En la vía estrecha, angosta, con frecuencia tú encuentras otros tipos de letreros. Tú vas manejando, de repente ves un letrero y dice: "El mayor debe servir al menor", y como que te sorprende y dices: "¿Cómo? Debe ser un error." Entonces sigues manejando, más adelante dice: "El que gana su vida la pierde y el que pierde su vida la gana", y ya pasaste y dices: "¿Qué fue eso?" Continuamente tú estás recibiendo en el camino angosto este tipo de enseñanza, de input, de información. "Amad a vuestros enemigos", el que te chocó allá atrás, ámalo. En el que tú estás pensando ahora, que no puedes ni siquiera pensar en él, mucho menos amarlo, ámalo. "Someteos a vuestras autoridades", a los gobernantes, a los padres, a los pastores, a los jefes, someteos. Continuamente tú encuentras: "Morir a los deseos de la carne."
Esa es una cosa que hace este camino angosto. En el original, la palabra que habla de angosto, estrecho, es stenos. De ahí nosotros hoy, no con frecuencia pero sí en medicina, estenosis: una estenosis de una válvula del corazón, estenosis de diferentes tipos. Esta es la palabra, tiene la connotación también como de dificultad, como que hay que luchar. Pero no es el caso del otro camino. En el otro camino no hay reglas de juego, cada cual se va por su propio camino.
Ahora, escúchame. Los conductores de la vía ancha son tan egoístas, tan egocéntricos, que cuando alguien se accidenta en la vía ancha tienen que venir personas de la vía angosta a ayudar a los que se accidentaron en la vía ancha, a sacarlos y llevarlos de nuevo al principio y decirles: "¿Qué has escogido ahora? Ahora que te accidentaste, ¿quieres comenzar de nuevo?" En la vía ancha a nadie le importa. Pero yo tampoco tienen recursos de cómo ayudar a los accidentados. En la vía ancha tú necesitas la ayuda de los que van transitando por la vía estrecha para ayudar a tus heridos.
La vía ancha parece fácil, atractiva, divertida, no restrictiva, hasta que llegan las consecuencias. "No me di cuenta que esta vía que parecía atractiva, que brillaba mucho, es sofocante, es esclavizante." Es como el agua de sal en el mar. Aquellos que han estado varios días en el mar y se han deshidratado han comenzado a beber agua de mar, y mientras más beben, más sed tienen. Así es aquella vía ancha. Entre más pruebas, más quieres probar, pero sigues sediento, sigues vacío, sigues aburrido, sigues sin sentido. Este es el diseño de la vía ancha.
Hermanos, muchos de nosotros estamos oyendo esto y tiene sentido, y quizás somos de los que hemos incursionado en la vía ancha. Pero me temo que aun habiéndolo oído, algunos mañana o el próximo año, como quiera vayan a incursionar en la vía ancha después de haber estado transitando en el sendero angosto. Y la pregunta es: ¿qué es lo que motiva a una persona regenerada, habiendo entrado por la puerta estrecha, habiendo circulado por el sendero estrecho, a experimentar en el sendero ancho otra vez? ¿Cuál es su motivación? ¿Qué es lo que lo mueve?
Yo sé que pudiera dar diferentes respuestas, pero yo quisiera resumirla, sin ser simplista, sin ser reduccionista como dicen, yo quiero resumirla en una sola. Y es que cuando yo entro por la puerta estrecha y comienzo a circular por el sendero estrecho, yo tengo que recordar que ese día yo entré por la obra y gracia, obra del Espíritu y gracia de Dios, esas dos cosas trabajando en mí. Pero yo soy un individuo rebelde. Y si en ese momento yo no decido matar mi rebeldía, matar mi yo, morir a los deseos de la carne, cuando yo tenga un tiempo en la vía estrecha, yo me voy a aburrir, yo me voy a cansar. Yo no podré haber experimentado lo que es el deleite de vivir sirviendo en vez de ser servido. Yo no podré experimentar el gozo que hay en la presencia de Dios, la plenitud de gozo y los deleites para siempre que existen en el camino estrecho, siempre y cuando yo observe las reglas de tránsito. Y como yo no estoy entonces disfrutando de ese gozo y deleite especial para aquellos que obedecen las reglas de tránsito en el camino estrecho, yo me aburro, yo me canso, y yo quisiera ver si en aquel camino del cual yo salí yo pudiera temporalmente transitar.
Ahora escucha, en miles de años de historia de la humanidad, nadie, nadie, absolutamente nadie ha salido del sendero angosto y transitado en el sendero ancho sin accidentarse. Nadie ha salido ileso, absolutamente nadie. Salomón no pudo hacerlo, David no pudo hacerlo, y nadie ha podido hacerlo. Porque todo el mundo maneja en aquel otro sendero conforme a sus propias reglas y es un caos aquel sendero. Este sendero está en orden. Lo dirige Dios, lo bendice Dios, lo alegra Dios, lo llena Dios. Y cuando ocurre algún accidente en el sendero estrecho, lo sana Dios. Y Dios lo usa para seguir formando tu carácter.
La pregunta es para aquellos que quizás están aquí hoy y están fuera del sendero estrecho y no han encontrado la puerta estrecha: ¿cómo yo llego hoy? Tiene que haber una manera de llegar a la puerta y de yo entrar del otro lado. Déjame irme a otra porción de las Escrituras para responder esa pregunta.
En Mateo 16 tenemos a los discípulos y al Señor en Cesarea de Filipo, y Cristo pregunta: "¿Quién dicen los hombres que yo soy?" A partir del versículo 15 o 16, para que ustedes lo puedan buscar. Y Pedro responde: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." El Señor responde entonces a Pedro, el versículo 18: "Y yo también te digo que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Pero en el próximo versículo está algo donde yo quería llegar: "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos."
Ahora yo tengo varias escrituras y yo tengo que armar el rompecabezas ahora. Cristo es la puerta, Cristo es el camino, Cristo va a edificar la iglesia, yo tengo que entrar al reino, pero al reino se entra por una puerta y Pedro tiene las llaves. ¿De qué se identifican? Yo tengo que identificar las llaves, porque esas llaves son las que me dan entrada al reino, y por alguna razón en ese momento de la historia de la iglesia Cristo le estaba confiriendo las llaves a Pedro, aunque vamos a expandir un poco la idea, porque las llaves no continuaron exclusivamente en las manos de Pedro.
Ok, Pedro tiene las llaves de entrada. ¿Qué pasa con Pedro en la historia de la iglesia primitiva? Tú comienzas a leer el libro de los Hechos y tú descubres que en Hechos 2 Pedro está predicándole el evangelio a judíos, se convierten y entran al reino. En Hechos 8, Pedro y Juan van a Samaria y están predicando en Samaria, hay un avivamiento en Samaria, y los samaritanos, odiados de todos los judíos, y que pensaban los judíos que ellos no merecían salvación y que nunca llegaría salvación a ellos, de repente tú te encuentras que los samaritanos también reciben salvación. Y en Hechos 10 tú te encuentras a Dios mandándole una visión a Pedro, diciéndole: "Pedro, ve donde Cornelio, él está en Jope. Ve y habla con él, predícale mi palabra." Y Cornelio, gentil, y todos los que estaban a su alrededor entraron al reino de los cielos. Ahora Pedro ha sido usado para darle entrada al reino de los cielos a los tres grandes grupos de personas, y no había otros grupos que componían la civilización en ese momento.
¿Tú eras judío, gentil o samaritano? No había otro grupo. Pedro ha sido el instrumento usado por Dios para darle entrada al reino de los cielos a los tres grupos, con lo cual Dios estaba diciendo: el tiempo de concentración de mi trabajo sobre el pueblo judío por cientos de años ha terminado. De aquí en adelante el Evangelio ha de ir a todas las naciones, ha de ser predicado a judíos, a gentiles, a samaritanos. Todo el mundo será incluido a la vez, no habrá acepción de personas, y de ahora en adelante entonces el Evangelio dará entrada al reino de los cielos.
Pedro tuvo las llaves, y luego el resto de nosotros que vinimos después también hemos recibido las llaves, porque Cristo nos hizo embajadores. Dice Pablo a los corintios: embajadores de Cristo, como si Dios rogara por nosotros a los hombres, reconciliaos con Dios. Ahora, lo que hace estrecho el camino, lo que hace estrecha la puerta, es el hecho de que Cristo es esa puerta. Cristo es ese camino y no hay otro nombre debajo del cielo por medio del cual nadie pueda ser salvo. Nadie ha entrado al reino de los cielos y nadie entrará al reino sino es por la persona de Jesús, y lo hizo vía la predicación del Evangelio.
Ahora, una vez yo entro, yo tengo que recordar que en ese camino estrecho representado por Jesús hay estipulaciones, hay reglas de juego, hay límites, hay estándares que yo tengo que cumplir. Los estándares no son para ganarme el camino; los estándares son para que yo pueda reflejar al amo, al dueño, al Señor del camino, que es Jesús. De manera que ahora, cuando yo vivo conforme a sus estándares, el carácter de Jesús se ve reflejado en mí.
El camino es angosto. ¿Por qué angosto? Como ya dijimos, porque comienza con una sola puerta, también angosta, exclusiva, que tiene un nombre: Jesús. Pero también es angosto porque no se me permite que yo pueda vivir como yo quiero, y no puedo continuar viviendo egoístamente una vez yo entro a ese camino. De hecho, se me llama a que yo deba considerar al otro como superior a mí mismo. Yo debo cederle el paso al otro, yo debo ceder con frecuencia mis derechos, yo debo con frecuencia no ejercer mis privilegios que me pertenecen, que son míos, pero no los voy a ejercer. Yo tengo que vivir como un siervo para su gloria, yo tengo que servir y no esperar ser servido.
En ese camino angosto, es angosto porque yo tengo que morir a mí mismo todos los días, a mi carne todos los días. Y es angosta la puerta porque cuando yo vengo a entrar, yo vengo con una cantidad de paquetes que yo adquirí en el mundo: formas de ser, de pensar, hábitos, posiciones, privilegios que me creo tener, y una serie de otras cosas. Y cuando llego a la puerta resulta que todos mis paquetes no entran por la puerta. Yo tengo que desmontar una serie de cosas, dejarlas de este lado, para poder pasar por la puerta estrecha y entrar a circular por el camino angosto. Pero algunos de nosotros hemos venido del mundo con tantos paquetes, y hemos luchado y nos hemos puesto de toda la forma posible para entrar por la puerta estrecha con todos los paquetes, y a veces no hemos entrado y nos hemos devuelto.
El otro camino, el camino ancho, es para los que circulan como personas que llaman "open minded", de mente abierta. Por acá circulan los que el mundo llama "close minded", gente de mente cerrada. Pero si la verdad es conocida, solamente los que circulan por el camino angosto tienen verdaderamente una mente abierta a la realidad del mundo, y son los únicos que ven el mundo como realmente es, porque se han puesto los lentes de Dios para ver el mundo. Los otros tienen la mente tan cerrada que están en tinieblas. Y al final de ese camino, los que transitan, que tenían una vía sumamente ancha, descubren que este camino me deja vacío, al fin de cuentas aburrido, me deja con muchos dolores y con múltiples pérdidas. Nadie ha circulado por ahí y salido ileso, como dijimos.
Pero yo quiero aprovechar la ocasión entonces para hablar un poquito precisamente de cómo yo llego a esa puerta. Porque hablamos de que Pedro tenía las llaves y ahora nosotros también tenemos las llaves. La manera como yo llego a esa puerta y entro por esa puerta estrecha es una sola, dijimos. Pero el pasaje de Romanos 10 que fue leído más tempranamente, sin que nos hubiésemos puesto de acuerdo, pero Dios lo quiso de esa manera, me sirve perfectamente como pie de amigo, porque el texto me dice que la fe viene por el oír, y el oír por la palabra de Dios. De manera que alguien tiene que ir a llevar esa palabra de Dios para que otros oigan, y cuando yo oigo y entiendo y recibo y acepto, entonces yo entro por esa puerta estrecha. Y eso que yo tengo que oír es nada más y nada menos que el Evangelio.
La Biblia de las Américas usa esa palabra noventa y nueve veces. En el original aparece solamente en setenta y seis ocasiones. En el original la palabra es "euangelion", que implica buenas nuevas en su significado básico. Pero el verbo "euangelizo" implica llevar buenas nuevas, algo que me produce, me trae buenas noticias. Ahora, ambas palabras, tanto el Evangelio, el "euangelion", como el verbo, tienen una raíz en común que es "angelos", que es un mensajero. Y con frecuencia entonces este mensajero era usado para llevar un mensaje de victoria o de gozo, o a veces personal o a veces político, a otra persona.
Ese es un significado más básico, de manera que ahora, simplemente con la etimología de estas palabras, yo puedo llegar a entender que el Evangelio, que todavía no hemos definido lo que es, pero el Evangelio es algo que cuando es recibido es buena noticia, buenas nuevas. Me debe producir gozo cuando yo lo recibo y lo acepto, proclama un mensaje de victoria y lo trae otra persona, lo trae un mensajero. ¿Quién va a ser el mensajero que va a ir? Ahora, todavía no sabemos cuál es el mensaje. Sabemos que es un mensaje, pero no sabemos cuál es.
Y yo quiero hablar un poco de esto, porque créanlo o no, en los últimos años se han publicado obras, muchas de las cuales yo tengo, se han hecho conferencias internacionales, algunas de las cuales yo he ido, para pastores, para líderes, donde otra vez, después de veinte siglos de exponer la palabra de Dios, estamos tratando de definir lo que es el Evangelio para pastores. Hace un par de años ya estaba en una de las conferencias organizadas por el pastor John Piper en Desiring God, y la primera charla para pastores, habíamos mil quinientos de nosotros, era: ¿qué es el Evangelio? Que no podía creer que era necesario definir el Evangelio a pastores y líderes. Y oír entonces una lista de que el Evangelio no es esto, no es esto, no es crecimiento numérico, no es iglesias plantadas, no es trasplante de un creyente de una iglesia a otra iglesia, una lista. Para luego decir que entonces se iba a hablar de qué es el Evangelio. ¿Dónde nos perdimos? Quizás es la razón de que la predicación de las buenas nuevas no está teniendo el efecto que se vio en otras épocas, porque el Evangelio que se predica no es el Evangelio.
Oiga a Pablo de una manera sencillita cómo lo explicó. Primera Corintios 15: "Ahora os hago saber, hermanos, el Evangelio que os prediqué." Lo que Pablo está haciendo es: ahora, un poquito más adelante, yo les voy a decir lo que es el Evangelio que yo prediqué. "El cual también recibisteis." Ustedes ya lo recibieron, pero yo les voy a recordar lo que es. "En el cual también estáis firmes." Si hay alguno que no está firme, no recibió el Evangelio; o si lo recibió, no lo está viviendo; o se le olvidó lo que es; o lo pervirtió. Pero si tienes el Evangelio, en él estáis firmes.
Dice Pablo: "Por el cual también sois salvos, si retenéis la palabra que os prediqué, a no ser que hayáis creído en vano." Es posible haber oído la predicación, haberla recibido, como en la parábola del sembrador, pero al poco tiempo haberla rechazado, y entonces yo creí en vano, creí haber creído. Pero no creí, porque mis frutos posteriores confirmaron que realmente no había creído lo que yo creía que había creído.
Escucha a Pablo: "Ahora yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí." En otras palabras, yo no le he puesto, yo no le he quitado, yo no le he alterado. Lo que les voy a dar es exactamente lo que yo recibí. Mira lo sencillo que es: que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras. Punto. Fin del Evangelio.
Días adelante Pablo comenzó a decir que hubo gente que vio a Cristo Jesús resucitado, que se le apareció a Cefas, se le apareció a más de quinientos testigos en una ocasión, se le apareció a Santiago. En otras palabras, los dos hechos cardinales del Evangelio: la muerte de Cristo, su sepultura y resurrección. La muerte para el perdón de los pecados; la resurrección como confirmación del sacrificio perfecto que Cristo ofreció y la promesa y garantía de mi resurrección y la vida eterna. Es el Evangelio. Que eso implique un nivel de creencia, una serie de cosas, ok, está bien. Pero a veces el mensaje de salvación, este es el mensaje que hoy no se predica, este es el mensaje que hoy no se exalta, no se levanta, no se promulga, este es el mensaje que hoy se esconde.
Pero eso no es nuevo. En la iglesia de Galacia, los gálatas, había algunos que habían pervertido el Evangelio. Voy a hablar un poquito más de eso más en un rato. En la iglesia de Corinto, Pablo escribe en la segunda carta, capítulo 2 versículo 17, dice que algunos estaban comercializando con la palabra de Dios. El Evangelio de la prosperidad no es nuevo; no hay nada nuevo debajo del sol. Los corintios lo habían inventado primero. En Apocalipsis 2:2 se nos dice que en Éfeso, nada más y nada menos que Éfeso, donde pasaron los grandes jonroneros de grandes ligas: Pablo dos años y pico, casi tres años, pastor de Éfeso; Timoteo; Aquila y Priscila como pareja; Timoteo; Juan, el apóstol Juan, el último de los apóstoles, termina probablemente muriendo en Éfeso. Y en Éfeso había falsos apóstoles. En Colosenses, Pablo dice que estaban enseñando en Colosa filosofías de hombres.
En Filipos, enemigos de la cruz, dice Pablo en tres ocho, enemigos de la cruz. Y en Tesalónica, la segunda carta en dos dos, Pablo dice que había algunos que estaban enseñando que el día del Señor ya había llegado y que ellos habían leído eso en una carta que Pablo les envió. El Evangelio, su verdad, la centralidad del mismo, siempre ha estado bajo ataque. Hoy no es distinto. La pregunta es, ¿quiénes se levantarán a defenderlo?
Judas dice que debemos contender, uno tres, por las verdades que una vez nos fueron entregadas y más que entregadas, confiadas. Se nos confiaron estas verdades. Judas dice que debemos contender por ellas. ¿Por qué? Para la próxima generación. La próxima generación necesita recibir el Evangelio no adulterado que tú recibiste, si lo recibiste no adulterado.
Y cuando Pablo se refiere a los gálatas, les dice: yo me maravillo que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo para seguir un evangelio diferente, que en realidad no es otro evangelio. En otras palabras, no hay dos evangelios. Él está tratando de identificar a qué se refiere llamándole un evangelio diferente. Analicen, porque en realidad no es otro evangelio, no lo hay. Solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros o aun un ángel os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, bien repito ahora: si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema.
Pablo, ¿pero por qué eres tan duro? Porque es la sangre del Señor Jesucristo que está en juego, porque es la muerte del Hijo de Dios hecho hombre que está en juego, porque es todo el reino sustentado sobre la verdad de Cristo que está en juego. Y Pablo dice: cualquier persona que adultere, que cambie, que minimice, que distorsione el Evangelio de Cristo, que sea maldito.
Pablo, ¿pero cómo te atreves? Escuchen lo que él dice: ¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios? ¿O me esfuerzo por agradar a los hombres? Si yo todavía estuviera tratando de agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo. Pues quiero que sepáis, hermanos, que el Evangelio que fue anunciado por mí no es según hombre. A mí no me lo dio el hombre, no me lo dio carne ni sangre. Yo recibí una revelación de Jesucristo, yo lo atesoro, yo lo valoro y yo no estoy tratando de agradar al hombre, estoy tratando de agradar a Dios. Si por tanto yo defiendo el Evangelio de Jesucristo y pronuncio una maldición sobre todo aquel que lo altere, el evangelio de la prosperidad está bajo maldición. ¿Ya oyeron la palabra? Es un evangelio que no es evangelio.
Pero el Evangelio es llamado en Apocalipsis el Evangelio eterno. Fue el mismo en la eternidad pasada cuando Cristo se ofreció como el Cordero que vendría a inmolarse. Es el mismo hoy y será el mismo en la eternidad futura cuando tú y yo permanezcamos cantando acerca de las verdades representadas en el Evangelio. Tú llegas al libro de Apocalipsis, capítulos 4, capítulo 5, y ves esta multitud de personas, miríadas y miríadas cantando, ¿y qué es lo que cantan? Un cántico nuevo, ¿a quién? Al Cordero inmolado. Este es el Evangelio. Nosotros cantaremos en la presencia de Dios por siempre acerca del Evangelio.
Eso es lo que tú y yo necesitamos defender, porque es el Evangelio que lleva a la puerta estrecha. Es la puerta estrecha que me da paso al camino estrecho y es el camino angosto que me lleva a la vida. Es el orden. El Evangelio me lleva a la puerta estrecha. La puerta estrecha me hace entrar al reino de Dios y ahí continúa un sendero angosto que me lleva a la vida. Todo lo demás me lleva al sendero amplio, ancho, y en ese sendero yo termino en la muerte, en la destrucción, de acuerdo a las palabras del Señor Jesucristo. En el texto que leímos hoy, Él lo mencionó como destrucción.
Esto es decir, yo no recibí esto de parte de los hombres. Yo os entregué en primer lugar lo mismo que recibí. Bueno, tú recibiste, si lo recibiste, el Evangelio. En algún momento tú lo has enseñado, quizás no, pero si lo has enseñado, ¿lo has enseñado fielmente sin diluirlo? ¿Estamos nosotros conscientes de que cuando nos ha tocado la oportunidad de presentar el Evangelio y lo hemos presentado, tenemos la conciencia limpia para decir lo mismo que yo recibí es lo que yo os he entregado? ¿Estamos nosotros afirmados de que no hemos maquillado el Evangelio, de que no hemos dejado la cruz medio expuesta? ¿Hemos podido nosotros testificarle a otro acerca del Evangelio? ¿Nuestras vidas muestran la gracia y el poder del Evangelio?
Porque hay más de una forma de predicar, pero por lo menos voy a mencionar estas dos. Yo voy a predicar por medio de una carta quizás, pero vamos a hablar de estas dos: mis palabras y la forma como yo vivo. ¿Pueden los demás ver en la manera como yo vivo que yo soy un evangelio ambulante? ¿Pueden ver la gracia del Evangelio en mí, el perdón del Evangelio en mí, la sangre santificadora de Cristo en mi vida de tal manera que el Evangelio no quede oscurecido, minimizado, debilitado, malparado? Porque esas cosas influyen en que una persona quiera o no llegar o entrar por la puerta estrecha.
Yo sé que hay una crisis de esto porque los libros sobreabundan acerca del Evangelio, lo que es, las cinco solas, las verdades centrales del Evangelio. ¿Cómo es que generaciones anteriores, una generación atrás o dos, no tenían dificultad en distinguir, en saber, en conocer lo que era el Evangelio y ahora los pastores, los líderes de la iglesia tienen dificultad incluso en lo que es el Evangelio? Yo creo que es evidente cuál es la razón, para mí por lo menos. En la medida en que la generación se ha hecho más egocéntrica, más antropocéntrica, más centrada en el hombre, nosotros hemos perdido la centralidad de la obra de la cruz que vino y viene y siempre vendrá, siempre será toda de parte de Dios. La salvación es del Señor.
Pero si tenemos una generación centrada en el hombre, nosotros jamás podremos ver cómo es que la salvación es completamente, totalmente, fielmente, de principio a fin del Señor. La cruz perdió su centralidad. La sangre perdió su poder de limpieza de pecado. Ahora otros pueden perdonar igual que Cristo: Mahoma, Buda y muchos más. Ahora cualquiera, cualquiera dice ser cristiano. Es irritante para alguno de nosotros ver la manera como ocurre hoy.
Mi esposa me enseñó en el periódico hace dos o tres días atrás la figura de una mujer dominicana, poco vestida, muy poco vestida, con una cruz en una parte del cuerpo, lo voy a decir en el ombligo, con unas acusaciones que los periodistas reportaban y una frase titular grande encima donde ella decía: lo he dejado todo en manos de Dios. Con unas insinuaciones en su porte completamente carnales. Para luego entrar en otro diario del mismo día, en la parte posterior, en la parte final, hace referencia de cómo hoy en día la religión es como una burla y todo el mundo estaba usándola desde los políticos, decía el artículo, hasta los artistas para congraciarse con Dios.
¿Quién es responsable de eso? ¿No es el inconverso? Alguien le enseñó al inconverso lo que él no conocía, porque él no conoce a Dios ni el Evangelio ni la verdad. Es la iglesia que coqueteó con el inconverso, lo recibió —que debemos recibirlo para conversión—, pero lo recibió en su camino de pecado, lo aplaudió en su camino de pecado, y es una profesión de la boca hacia afuera y la iglesia lo pronunció creyente. Y tenemos iglesias que se reúnen ahora por la candidata dominicana en el concurso de Miss Universo, un concurso que básicamente vende vanidad. La iglesia se reúne a orar por eso. Cuando ganan, ¡uuu! ¿Quién es responsable de la imagen del Evangelio y del Dios detrás del Evangelio en el mundo secular? La iglesia de hoy en día que no ha valorado la sangre de Cristo que representa el Evangelio de Cristo.
Al menos, ¿en qué camino estás? Yo tengo que ser fiel a este texto. Este texto presenta una decisión desafiante al final. Yo tengo que transmitir lo mismo que Dios reveló. La puerta estrecha, la puerta, entrar, el camino angosto, el camino angosto. ¿Dónde estás? ¿Qué vas a hacer? Si te encuentras en el camino amplio, ¿qué vas a hacer? Si estabas circulando por el camino angosto y has querido incursionar después de haber creído y siendo regenerado en el camino ancho de nuevo, ¿qué vas a hacer hoy? Hoy, hoy. Entrar, hoy. Es la urgencia del pasaje. Yo tengo que transmitirlo de la misma manera que fue inspirado, un sentido de urgencia. Entrar imperativamente, ¿cuándo? Ahora, hoy.