Integridad y Sabiduria
Sermones

Aprendiendo a orar y esperar con la iglesia primitiva

Miguel Núñez 20 mayo, 2018

El libro de los Hechos marca un punto de inflexión en el capítulo 13: la iglesia de Antioquía reemplaza a Jerusalén como centro del movimiento misionero, y Pablo toma el lugar protagónico que antes ocupaba Pedro. Pero lo que hace posible esta transición no es una estrategia humana, sino una iglesia que aprendió a orar y esperar en Dios para que él inaugurara cada nueva etapa de la misión.

La oración es algo que todos hacen, pero pocos saben hacer. Una encuesta reveló que más personas oran en una semana que las que manejan, trabajan o hacen ejercicio, y sin embargo la mayoría no está satisfecha con su vida de oración. A veces hablamos más de orar que lo que oramos; otras veces rendimos informes periodísticos a Dios o le damos instrucciones sobre lo que debe hacer. La iglesia primitiva era diferente: mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo habló y les pidió que apartaran a Bernabé y a Saulo para la obra misionera. En lugar de formar un comité para discutir el problema, se arrodillaron a orar por él.

La oración no existe para que Dios cumpla nuestros deseos, sino para rendir nuestra voluntad a sus propósitos. Cristo mismo lo modeló en Getsemaní: expresó lo que quería, pero concluyó diciendo "que se haga tu voluntad". Hebreos dice que fue oído a causa de su temor reverente, es decir, de su obediencia. La oración y la obediencia van de la mano; mientras menos oramos, más resistencia ofrecemos a la guía natural del Espíritu en nosotros. La iglesia primitiva entendió esto: oraron para escoger al reemplazo de Judas, oraron cuando fueron amenazados, oraron para enviar misioneros. Si queremos dirección, debemos dejar de debatir y ponernos de rodillas.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Aprendiendo a orar y a esperar con la iglesia primitiva

¡Fuimos llamados, hermanos, para vivir en su Palabra! Con eso, quiero invitarte a abrir la Palabra de Dios en el libro de los Hechos, capítulo 11. Ya vamos a entrar en el 13, pero yo quiero que comiences ahí en el 11, porque nosotros vamos a hacer algo especial que te voy a decir en unos momentos. Vamos a combinar varios textos del capítulo 11, del 12 y el 13, que es donde nosotros estamos entrando hoy.

Pero hoy nosotros marcamos, en el libro de los Hechos, en la historia de la narración de la Iglesia, hoy tú puedes poner como una marca, porque la cosa va a comenzar a cambiar, la cosa va a ir en otra dirección. Porque hasta ahora nosotros hemos visto una Iglesia mayormente centrada en la iglesia de Jerusalén, con varios líderes pero una cabeza principal, que es el apóstol Pedro. Y ahora Dios ha comenzado, o va a comenzar a hacer otra cosa, es lo que está relatado aquí.

Nosotros pudiéramos dividir esto y hablar de tres etapas de la Iglesia en el libro de los Hechos. Etapa número 1: del capítulo 1 al capítulo 7, Jerusalén es la iglesia que está liderando, Pedro es la cabeza de ese movimiento, ya vimos eso, y básicamente la evangelización estaba concentrada en Jerusalén. Hay una segunda etapa entonces que comienza en el capítulo 8 y termina en el 12, donde ahora el evangelio comienza a extenderse hasta las regiones de Judea y de Samaria. Todavía Jerusalén es la iglesia que está liderando ese movimiento y Pedro es el apóstol que la Iglesia ha estado siguiendo como cabeza principal.

Pero hoy, cuando entremos al capítulo 13, las cosas comienzan a cambiar, porque en lo adelante la iglesia de Antioquía será la iglesia hasta el resto de la historia narrada en el libro de los Hechos, y ya Pedro no va a tener la preponderancia que había estado teniendo, sino que el apóstol Pablo ocupa su lugar. De hecho, el nombre Pedro aparece 59 veces del capítulo 1 al capítulo 12, y de aquí del 13 al 28, una vez. Es como si Pedro desapareciera de la historia, que no fue el caso, pero es como si desapareciera de la historia, y Pablo ahora es quien está llevando esta tercera etapa hacia lo que es el mundo gentil.

Esto no era más que el cumplimiento de la promesa: "Me seréis testigos". En Jerusalén ya se cumplió, en Judea y Samaria ya se cumplió, hasta los confines de la tierra comenzó entonces en este capítulo 13 que te acabo de decir. Eso marca, pone una marca ahí en la historia de la Iglesia.

Hasta ahora nosotros hemos revisado 34 mensajes distintos en el libro de los Hechos. Y si alguien me preguntara: "¿Qué es lo que más te ha impactado de la historia hasta ahora?", habiendo predicado en una ocasión pasada a lo largo de todo este libro, habiendo enseñado el libro en otras ocasiones, pero en esta ocasión, ¿qué es lo que más te ha impactado de manera fresca? Yo diría sin pensarlo dos veces que son dos cosas.

Número uno: la prominencia, el lugar prominente del Espíritu Santo en la vida y en la expansión de la Iglesia es algo incuestionable e irrefutable. Número dos: cómo la Iglesia primitiva aprendió a esperar en Dios para que Él inaugurara cada una de las etapas, para que luego el mismo Dios empoderara a cada uno de sus discípulos por medio de la oración para llevar a cabo la Gran Comisión. Cómo ellos esperaron para que Él inaugurara cada etapa: la etapa de Jerusalén, la etapa de Samaria y Judea, la etapa ahora del resto del mundo, y cómo Dios entonces empoderó a los discípulos por medio de la oración para llevar a cabo la Gran Comisión. Eso por un lado.

Por otro lado, habiendo dicho eso, si alguien me preguntara, revisando eso que hasta ahora hemos revisado: ¿Qué es esa cosa que todo el mundo hace, que todo el mundo hace, pero que pocos saben hacer? ¿Cuál es esa cosa que todo el mundo hace, todo el mundo hablando de los cristianos básicamente, aunque no se limita a los cristianos, pero que pocos saben hacer? Y yo diría sin pensarlo mucho: orar.

De hecho, años atrás, la empresa Gallup hizo una encuesta, hizo un estudio en Estados Unidos entre muchas personas, y esta fue su conclusión: el número de personas que oró en esa semana durante el tiempo de la encuesta y del estudio será mayor, el número de personas que oró será mayor que el número de personas que se dedicó a manejar un carro, a hacer ejercicios, a tener intimidad sexual o que asistió al trabajo. Es impresionante. En esas estadísticas va a haber más gente orando que manejando, que yendo al trabajo, que haciendo ejercicio, que teniendo intimidad. Sin embargo, concluyó el estudio, la mayoría de los que oran no están satisfechos ni con la experiencia de orar ni con los resultados obtenidos. ¡Qué cosa! Todo el mundo está orando, pero pocos están satisfechos con la oración.

¿Entonces cuál es esa cosa que todo el mundo hace pero que pocos saben hacer? Yo diría que es orar. La pregunta entonces es: si todos estamos orando, ¿por qué tan pocos estamos satisfechos con la vida de oración?

Y pudiéramos dar diferentes respuestas, pero yo creo que a veces nosotros hablamos más de orar de lo que oramos. Se parece como a la política. El pueblo de Dios muchas veces se junta a orar. Quizás te ha pasado eso: nos juntamos a orar, entonces comenzamos a recoger peticiones, y al final dice: "Ay, casi se fue el tiempo, ya no quedan más que cinco minutos, diez minutos para orar". Y el otro tiempo, ¿en qué lo pasamos? Recogiendo peticiones. Pues oremos. Eso pudiera ser, en algunos casos también, la razón por la que como que oramos, pero no sabemos cómo orar.

A veces yo creo que enseñamos acerca de la oración, pero no oramos. A veces simplemente no oramos. Otras veces yo creo que oramos, pero como un compromiso. Y de esas veces que oramos pero no oramos, entonces ¿qué estamos haciendo? Bueno, hay diferentes cosas, porque estamos orando, sí, pero a veces estamos rindiéndole un informe periodístico a nuestro Dios de lo que ha ocurrido en nuestras vidas, como si Él necesitara esa información. ¿Cierto? Y le damos detalles, incluso: "Sabes que yo salí a las ocho de la mañana ayer, y entonces a las ocho y media..." Y Dios, "Ay, qué interesante. ¿No me diga? ¿Tan temprano saliste? ¿Saliste solo?" Yo no estoy diciendo que eso está necesariamente mal. Yo simplemente estoy tratando de ilustrar nuestra humanidad y cómo quizás pudiéramos enriquecer alguna de esas cosas.

A veces le decimos a Dios lo que Él debe hacer. Tú sabes: "Señor, que mi hijo tal cosa, o mi esposo, él necesita tal otra". Otras veces, cuando nos juntamos a orar, y yo me incluyo, que no, a veces le tiramos como indirectas a los que están oyendo la oración. Y a veces yo me pregunto: ¿estamos orando o estamos predicando un sermón? Y a veces no oramos porque no tenemos tiempo, decimos. De hecho, nosotros no tenemos tiempo para conversar, mucho menos para contemplar, porque la oración es algo que necesita contemplar a Dios en sus riquezas para saber cómo le voy a hablar.

Todos hacemos la oración, pero pocos hijos de Dios derraman su corazón delante de Dios. Orar no es simplemente decir algo a Dios, es mucho más que eso. Piensa por un momento: estamos diciendo que a veces nosotros oramos, pero no oramos. El apóstol Pablo era fariseo, fariseo de fariseos. Como fariseo, posiblemente quizás también era parte del Sanedrín. Como fariseo, Pablo oraba siete veces al día, seguramente, y ayunaba no menos de dos veces a la semana. Y sin embargo, Pablo aprendió a orar después que se convirtió. Por eso decía que a veces oramos, pero no oramos.

Y en la medida en que nosotros hemos ido escudriñando el libro de los Hechos, yo he quedado profundamente impactado por la vida de oración de esta Iglesia primitiva. Y por eso yo he titulado mi mensaje: "Aprendiendo a orar y a esperar con la Iglesia primitiva".

Y lo que voy a hacer en el día de hoy: voy a tomar un texto corto del capítulo 11 que no cubrimos, lo dejamos atrás a propósito. Voy a tomar un texto corto del capítulo 12 que no cubrimos a propósito, lo dejamos atrás. Y lo voy a combinar con un texto también corto del capítulo 13. Y cuando lo leamos todo junto, tú verás por qué yo decidí hacerlo de esa manera, porque realmente eso es lo que a mí me ayuda a entender qué pasó y en la secuencia en que las cosas pasaron, por lo menos estas que vamos a narrar. Pero vamos a pasar la mayor parte del tiempo hablando acerca de cómo vamos a aprender a orar con la Iglesia primitiva y a esperar con la misma Iglesia.

Entonces, estoy leyendo. Por si usted tiene su Biblia abierta, del capítulo 11, del versículo 27 al 30, para comenzar: "Por aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía" —ven el movimiento de una iglesia a la otra— "y levantándose uno de ellos, llamado Agabo, daba a entender por el Espíritu que ciertamente habría una gran hambre en toda la tierra, y esto ocurrió durante el reinado de Claudio. Los discípulos, conforme a lo que cada uno tenía, determinaron enviar una contribución para el socorro de los hermanos que habitaban en Judea, y así lo hicieron, mandándola a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo". Ahí está Bernabé y Saulo en ese texto.

Ahora vamos a saltar al capítulo 12, versículo 25. Y retomamos a Bernabé y Saulo: "Y Bernabé y Saulo regresaron de Jerusalén" —¿ves la secuencia? Fueron a Jerusalén, llevaron una ofrenda, y ahora están regresando de Jerusalén— "después de haber cumplido su misión, llevando consigo a Juan, el que también se llamaba Marcos". Ahí está el dúo: Saulo y Bernabé, o Bernabé y Saulo.

Capítulo 13, versículos 1 al 3: "En la iglesia que estaba en Antioquía había profetas y maestros: Bernabé" —ahí está Bernabé otra vez— "Simón llamado Níger, Lucio de Cirene, Manaén, que se había criado con Herodes el tetrarca, y Saulo" —ahí está el dúo completo. "Mientras ministraban al Señor y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: 'Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado'. Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron".

Nosotros hemos venido viendo cómo la iglesia de Antioquía iba tomando tamaño, cómo crecía, cómo iba ejerciendo influencia. De ahí entonces que no solamente Bernabé fue a ver qué estaba pasando en Antioquía, como hablamos, sino que ahora hay algunos profetas que subieron de Jerusalén hasta Antioquía, según el texto nos dice, y uno de ellos se llamaba Agabo. Antioquía es esa iglesia que se va a convertir prontamente en la iglesia enviadora, la iglesia misionera por excelencia. Es la iglesia donde comienza el movimiento misionero, sin ninguna duda.

Este profeta Agabo recibe cierta revelación de parte de Dios. Vamos a volver a ver a Agabo más tarde, pero no en el día de hoy. En otra ocasión, este profeta recibe una revelación de que va a haber una hambruna. Dice ahí "en toda la tierra", probablemente en toda la tierra de alrededor. En la antigüedad no eran infrecuentes las hambrunas, algunas producidas por Dios mismo. Entonces, debido a eso, los hermanos de la iglesia de Antioquía, a donde Agabo está haciendo esta profecía, inmediatamente decidieron tomar una ofrenda y enviarla a Jerusalén, a la iglesia madre. ¿Te das cuenta de cómo esta gente entendió lo que es la ayuda mutua?

Jerusalén ha estado ayudando a la iglesia de Antioquía: le envió a Bernabé, Bernabé fue a buscar a Pablo, fue a Tarso a traerlo. Ahora fueron unos profetas, incluso Agabo de parte de ellos, y la iglesia de Antioquía dice: "No, pero estos hermanos nos han ayudado, nosotros vamos a ayudar en retorno. Hay que tomar una ofrenda y la enviaron entonces a Jerusalén." Tú puedes ver el espíritu dadivoso, generoso y de servicio de esta iglesia.

Una de las cosas que nosotros tenemos que puntualizar es que esta es una iglesia que ha sido llenada por el Espíritu de Dios. Es muy difícil, por no decir imposible, es muy difícil pensar en una iglesia o en un hermano que esté lleno del Espíritu y que sea agarrado. Es muy difícil concebir a un hermano o hermana que está lleno del Espíritu y que no tiene un espíritu de servicio. Yo sé que cristianos e hijos de Dios existen de esa manera, que no tienen un espíritu de servicio, o que no son dadivosos, que son tímidos con el dinero, pero eso no procede de llenura del Espíritu.

Esta es una iglesia que fue capaz incluso de vender cosas para cubrir las necesidades de otros. Esta iglesita se tomó la ofrenda y la enviaron a Jerusalén. ¿Con quién? Con Bernabé y con Saulo. Ellos van, ellos entregan la ofrenda. Saulo y Bernabé están allá, no sabemos qué tiempo pasaron. Y usted podría preguntar: "Pastor, pero si ya recorrimos esos pasajes, ¿por qué usted no lo cubrió?" Bueno, porque el texto está relatado, ¿cómo decirlo?, de otra manera. Mientras Pablo y Bernabé están en Jerusalén, durante esa visita, ¿sabe qué ocurrió? A Pedro lo encarcelaron, a Jacobo lo decapitaron y Herodes se muere.

En otro orden: a Jacobo lo decapitan, a Pedro lo encarcelan, Dios envía a un ángel, saca a Pedro de la cárcel. Saulo y Bernabé están en Jerusalén. Entonces Herodes recibe la adulación de gente que vino a verlo y a hablar con él para ver si lo calmaban un poco, y en vez de darle la gloria a Dios, vimos la semana pasada, él se toma la gloria para sí mismo, se cae muerto, y como fruto del juicio de Dios es comido por gusanos.

No sabemos cuánto tiempo Pablo y Bernabé estuvieron allá. Lo que sí nosotros sabemos por la historia contada aquí mismo es que en el versículo 25 del capítulo 12, que ya leímos, escucha lo que dice: "Y Bernabé y Saulo regresaron de Jerusalén después de haber cumplido su misión." Sí, pero ya Jacobo está decapitado, Pedro ha sido encarcelado y ha salido, Herodes se muere. "Llevando consigo a Juan, llamado también Marcos", el que escribió el Evangelio de Marcos. Ya están en Antioquía, ya regresaron.

Y ahora abre el capítulo 13 del libro de los Hechos: "Y había en la iglesia que estaba en Antioquía profetas y maestros." Ahora nos está dando una idea. Yo no voy a entrar en esa parte a propósito, pero nos está dando una idea de la configuración de esta iglesia y de lo bien equipada que estaba. No había solamente un profeta, no había solamente un maestro, sino que había varios de ellos, en plural.

Entonces, entre ellos estaba Bernabé, Simón llamado Niger, Lucio de Cirene, Manaén que se había criado con Herodes —eso es importante, aquí hay gente que se crió con Herodes Antipas, el que decapitó a Juan el Bautista, que ya se convirtió ahora— y está Saulo también. Hay cinco de ellos, con procedencias distintas. Hay gentiles, hay judíos, judíos helenistas como Bernabé. De manera que esta es una iglesia étnicamente diversa, esta es una iglesia equipada, preparada. Vamos a hablar de esos cinco hombres después, no hoy. De esto es que yo quiero hablarles.

"Y mientras ministraban al Señor..." Esa es una frase muy peculiar: ministraban al Señor. ¿Cómo tú haces eso? "...y ayunaban, el Espíritu Santo dijo: 'Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado.' Entonces, después de ayunar, orar y haber impuesto las manos sobre ellos, los enviaron."

Nota que la dirección del Espíritu viene mientras ministraban al Señor, que es una forma de decir: mientras oraban íntimamente, mientras Dios se complacía con ellos en la manera como estaban adorando y ayunando, Dios les dio dirección. Ya hay una enseñanza. En otras palabras, aquellos de nosotros que queremos dirección, tenemos la Palabra, pero tenemos que orar, porque muchas veces la falta de dirección, la falta de claridad de dirección, es falta de oración.

La iglesia había comenzado a entender la Gran Comisión. Ya habían pasado por Jerusalén, Samaria, Judea. Falta los confines de la tierra. Yo creo que probablemente la iglesia estaba, entre otras cosas, orando y ayunando: "¿Cómo es que vamos a hacer esto?" Hay una parte que se recorrió, pero ahora es que falta. Como decimos nosotros, ahora es que nos quedan kilómetros por recorrer. Hay que llegar hasta el último rincón de la tierra. Pero me llama la atención que en vez de juntarse a discutir el problema, se juntaron a orar por el problema. Porque frecuentemente nuestra tendencia humana es formar un comité que estudie. No es tiglecer, no fue un comité. La iglesia se puso a orar y a ayunar, y esto es lo que ellos estaban haciendo.

Entonces, mientras ellos hacían eso, el Señor reveló que necesitaban sacar de la iglesia a dos de sus mejores, quizás sus dos mejores: a Pablo y a Bernabé. Entonces, en este caso, Bernabé y Pablo, o Saulo como todavía se le estaba llamando, deciden ir a alcanzar a los perdidos.

Dice este autor de uno de los comentarios consultados: "Nunca veremos grandes avances por la causa del Evangelio sin que primero veamos a la iglesia de rodillas en oración delante del Señor." De la misma manera, antes del Señor comenzar a hacer una gran obra, Él mueve a su gente a orar. ¿Quieres una gran obra en tu vida, en tu matrimonio, en tu familia, en tu iglesia? Eso no va a ocurrir hasta que tú hayas sido movido a orar.

El Espíritu de Dios está guiando a la iglesia por lo que está haciendo a través de la Palabra y a través de la vida de oración de la iglesia. Yo dudo que haya un cristiano aquí que no quiere ser guiado por el Espíritu. Si está aquí, levante la mano para examinar si realmente es cristiano. Pero yo creo que todo cristiano quiere ser guiado por el Espíritu, ¿sí o no? Entonces, ¿sabes qué? La Palabra de Dios dice que tu deseo ha sido cumplido. Romanos 8:14 dice que todos los que son hijos de Dios son guiados por el Espíritu.

Déjame establecer una paradoja para poner las cosas en tensión. La Palabra dice categóricamente que todos los hijos de Dios son guiados por el Espíritu. De este lado de la balanza. De este otro lado de la balanza, muchas vidas de los hijos de Dios no están siendo guiadas por el Espíritu. Esa es la tensión. Eso es como contradictorio, pero no lo es. A lo que me quiero referir con eso es esto: yo creo firmemente que el Espíritu de Dios guía de diferentes formas a los hijos de Dios continuamente. Pero de esa misma manera, lamentablemente, cuando esas vidas no se ven guiadas por el Espíritu, es porque hay una oposición que nosotros le hacemos a su guía.

Entonces, Dios usa la oración precisamente para, a través de ella, prepararnos para dejarnos guiar. La oración, déjame decirlo de esta manera, la oración está diseñada para ayudarme a rendir la voluntad a los propósitos de Dios. Y en ese momento, Dios toma el control de mis acciones y de mi vida. De manera que el impulso primario de nuestras vidas o de nuestra oración no debe ser lo que está en mi corazón, sino lo que está en el corazón de Dios.

"Pastor, pero ¿no se supone que le traiga a Dios también lo que está en mi corazón?" Sí, pero hay una manera de hacer eso. Hemos hablado de diferentes formas acerca de esto. En Getsemaní nosotros encontramos el ejemplo perfecto de cómo hacer eso. Cristo trae al Padre el propósito o el deseo de su corazón: "Padre, yo quiero que esta copa pase. Quiero que pase tanto que te lo voy a pedir tres veces." Pero como el impulso primario no debe ser lo que está en mi corazón —Él hablando y actuando, viviendo en representación del hombre— sino lo que está en el tuyo, déjame entonces arreglar eso: "Pero que se haga tu voluntad y no la mía."

Esa es la manera más clara como yo puedo mostrar cómo la oración me hace rendir la voluntad a los propósitos de Dios. Esa es la manera más clara como yo puedo ilustrarlo, porque la oración es confusa de entender. Es más fácil ver ilustraciones de oración en la Palabra que entender cómo esto opera. Ahora yo comienzo a ver un poco más claro. Hay una voluntad de Dios que es soberana, que Dios dice que es perfecta, que Dios dice que es agradable, que Dios dice que es buena.

Y esa es la voluntad que se supone que yo haga, pero yo tengo estos deseos. Voy al Padre, se los presento, le digo: "Padre", pero sabes que al final eso es lo que yo quiero, pero yo quiero lo que tú quieres. Entonces, la oración me prepara, me ayuda a rendir la voluntad para yo poder entrar en los propósitos de Dios. Yo lo diría de esta manera: orar es hablar con Dios para expresar nuestros propósitos para luego rendirnos a los suyos. ¿Quedó claro? Expresar nuestros propósitos para luego rendirnos a los suyos.

Si nosotros no oramos conforme a su voluntad, primero en 1 Juan 5:14, Él no nos va a oír. Juan lo dice en la forma afirmativa: si oramos conforme a su voluntad, Él nos oye, eso sabemos. También sabemos, Juan, la otra parte de la moneda: que si no oramos conforme a su voluntad, Él no nos oye. "Padre, quítame este aguijón." No. "Quítame este aguijón." No. "Necesito este aguijón fuera de mí." No. Lo que necesitas es mi gracia para llevar el aguijón. En buen dominicano: apórtate bien. Ok, Padre, entendí. Si nosotros no oramos conforme a su voluntad, no nos oye. Imagínate qué va a pasar si vivimos violando su voluntad. No nos va a oír.

Mira cómo el salmista me instruye, Salmo 66:18: "Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará." Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará. "Pastor, pero usted me ha enseñado que todos nosotros pecamos." Sí, claro. "Pero entonces, ¿cuál es...? Entonces tenemos iniquidad en el corazón." Bueno, sí, en cierta medida. "Entonces, ¿cuál es la iniquidad que si yo observo Él no me escuchará?" Bueno, por un lado, aquella que yo sé que es inicua y la sigo haciendo; aquella de la cual ya Dios me ha hablado y lo sigo haciendo; aquella de la cual ya Dios me ha corregido, igual lo sigo haciendo. Así el Señor ha pensado: "Necesito enseñarte ahora de otra manera."

La voluntad tiene que estar rendida al Señor como requisito para una oración efectiva. La oración del hombre justo puede mucho, es poderosa y eficaz. Ahí tú puedes ver que hay como ciertos requisitos, y ese es la obediencia. La obediencia no es otra cosa que lealtad a Dios.

Entonces, déjame leerte este texto que lo quise escribir y quiero que lo puedas como rumiar un poquito: mientras menos oración tengo en mi vida, más oposición ofrezco a la guía natural continua del Espíritu en mí. ¿Se entendió? ¿Se obró? Todos los que somos hijos de Dios somos guiados por el Espíritu. Mientras menos oración, bíblicamente hablando de lo que es la oración, tengo en mi vida, más oposición ofrezco a la dirección del Espíritu; por ende, menos llenura disfruto y más desobediencia caracteriza mi vida.

Si lo haces al revés, eso que yo dije: la desobediencia es el fruto de falta de llenura. La falta de llenura es el resultado de oposición que yo ofrezco a la dirección que el Espíritu me ofrece de manera natural por ser hijo de Dios. Voy como descubriendo cuál es la clave: la rendición de mi voluntad.

Cuando nosotros examinamos la vida de Jesús, es impresionante ver, número uno, cómo Él pudo todo el tiempo someter su voluntad. O mejor dicho, déjame comenzar por otro lado: cómo Él pudo todo el tiempo obedecer al Padre como consecuencia del sometimiento de su voluntad a la voluntad del Padre. Pero al mismo tiempo eso va apareado, es como una carretera de dos carriles, con una vida de oración continua. A mí me impresiona y me empequeñece la vida de oración de Cristo y de Pablo, porque me avergüenza, por así decirlo. El Señor va a elegir a sus discípulos, se pasa una noche orando. El Señor.

Entonces voy descubriendo que tanto en la vida de Jesús como en la vida de la iglesia primitiva, la oración, la guía del Espíritu como lo vemos aquí en este texto de Hechos 13, y la obediencia van de la mano. "Apártame a Bernabé y a Saulo para la obra que yo les he enviado." Pero yo sabía cuál era; ya a Pablo se lo habían dicho de hecho cuando lo llamaron el primer día: "Tú me serás útil entre los gentiles y tú llevarás el evangelio a los reyes incluso de la tierra." Ellos no ofrecieron resistencia, sino que ellos se dieron a Pablo y a Bernabé. Esas cosas van de la mano.

Cuando el Espíritu le comunica eso, que necesitan dejar ir, yo no creo que es una decisión fácil. Sin embargo, la iglesia lo hizo. Ya tú puedes ver por qué la iglesia necesitaba escuchar esta buena mala noticia. Buena noticia: ¿por qué? Es algo que Dios está haciendo. Mala noticia en términos humanos: en los bancos estamos como... Pero la iglesia, nota cómo la iglesia respondió. Me encanta cómo fue.

La iglesia estaba orando, el texto lo dice: están ministrando al Señor y estaban ayunando. En ese contexto el Señor le dice: "Apártame a Bernabé y a Saulo." Entonces ahora hay que dar como una respuesta. Escucha la respuesta: entonces, en invitación a eso que Dios está diciendo, después de ayunar, orar. O sea que volvieron a orar otra vez. Sí, porque tú crees que es fácil dejar ir a sus mejores. Y habiendo impuesto las manos sobre ellos, los enviaron. Wow. Oraron y luego volvieron a orar.

Es igual a lo que yo he aprendido en mi propia vida: que la oración engendra oración. Hay veces que tú comienzas a orar y como que te entra más hora, como que tú quieres seguir orando más. ¿A cuántos no les ha pasado, algunos de ustedes? Y de la misma manera, como que la falta de oración engendra falta de oración. Como que tienes un tiempo ahí, te dio pereza a la oración, y más pereza te da para orar. ¿Sí o no? ¿Se dan cuenta cómo ocurre? Entonces, si quieres orar más, comienza a orar. La oración engendra oración, y la falta de oración engendra falta de oración. Ellos no convocaron una reunión para ver cómo era que esto iba a ser. Ellos convocaron a orar. Y mientras oraban, ellos obedecieron. La obediencia y la oración están unidas.

Escucha este texto de Hebreos 5:7, que siempre me ha llamado la atención. La primera vez que yo prediqué este texto, ya estaba en Estados Unidos viviendo todavía, o estábamos, y yo pastoreando una iglesia, y prediqué sobre la oración. Y este texto me impresionó en esa ocasión y vuelve a impresionarme ahora. "Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas" —dos cosas: oraciones y súplicas se parecen pero no son exactamente la misma cosa; la súplica es la intensidad y fervor que acompaña cualquier oración en el momento de dificultad, como Getsemaní— "habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas" —Cristo supo llorar en oración— "al que podía librarle de la muerte" —ahí está Getsemaní— "fue oído a causa de su temor reverente."

¿Qué es lo que me impresiona? Que no dice "a causa de que Él era el Hijo de Dios." No dice "a causa de que Él nunca pecó." No dice "a causa de que Él era la segunda persona de la Trinidad y cómo no lo iban a oír." No dice eso, aunque todo eso es verdad. Dice que Él fue oído a causa de su temor reverente. ¿Qué quiere decir eso? A causa de su obediencia, a causa de su sumisión. De manera que la oración, la respuesta a la oración, la oída de mis oraciones, la respuesta de parte del Padre, está unida a mi obediencia en mi vida de oración. Cristo fue oído por su obediencia.

Yo decía que en este libro de los Hechos a mí me impresiona de manera extraordinaria cómo esta iglesia oró todo el tiempo. Déjame, antes de pasar al capítulo 3 y seguir hacia adelante, déjame en el día de hoy como detenerme y revisarte algunas cosas que ya hemos visto, pero para darle como otra vez luz a estas cosas.

En Hechos 1:14 de este libro, nosotros notamos que el Espíritu de Dios vino sobre la iglesia mientras ellos oraban en el aposento alto, donde estaban dedicados continuamente a la oración. Ellos recordaron, imagino yo, las enseñanzas de Cristo cuando le dijo a los discípulos que si ellos siendo malos sabían dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Ellos recordaron eso. El Señor les dijo: "El Espíritu Santo va a venir, esperen." Y sabes lo que hicieron: "Bueno, si tú nos dijiste que el Padre da el Espíritu a quienes se lo pidan, pues vamos a reunirnos a pedirlo." Comienza a pedirle a Dios: "Lléname de tu Espíritu."

La Palabra dice eso. Sabes, para que tú puedas decir esto que te voy a decir ahora: ¿sabes cuándo vino el Espíritu sobre la iglesia? Cuando ellos estaban orando. ¿Y qué es lo que usted quiere que veamos ahora? Que lo mismo pasó en la vida de Cristo. Cuando Cristo está en el Jordán, se da que Él fue bautizado por Juan el Bautista, eso es que el Espíritu vino sobre Él. Es lo que dice el texto de Lucas 3:21. Lucas es como el evangelista del Espíritu Santo, de la misma manera que Lucas es como el evangelista de la oración. Es lo que dice el texto de Lucas 3:21: que mientras Jesús oraba en el río, el Espíritu de Dios descendió sobre Él. Oh, wow. De la misma manera que ocurrió con la iglesia, de la misma manera. Mientras ellos oraban en ese aposento alto, el Espíritu de Dios vino sobre ellos; mientras Jesús oraba en el Jordán, el Espíritu de Dios vino sobre Él. ¿Por qué? Porque si vosotros que sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, mucho más el Padre os dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Wow.

Pero en la iglesia primitiva, la oración fue más un estilo de vida que una actividad. Es más un estilo de vida que una reunión especial de miércoles. En Hechos 1:24 se nos dice que para seleccionar reemplazo de Judas, que se había ahorcado, sabes lo que hicieron: que oraron primero. ¿De dónde aprendieron eso? De Jesús. ¿No sabes lo que Él hizo para seleccionar a los doce? Que se pasó la noche orando. Y ahora uno de los doce se murió, se ahorcó, y ahora resulta que necesitan escoger reemplazo.

Entonces, ¿qué vamos a hacer? Bueno, vamos a crear un comité ahora para estudiar las diferentes características de los individuos que tenemos. No, vamos a orar. E hicieron lo mismo que Jesús hizo, y después de orar, entonces seleccionaron a Matías. Jesús enseñó a los discípulos muy tempranamente acerca de la oración, y se lo enseñó hasta el último día. Cuando Él estaba en Getsemaní, Cristo les dijo: "Oren, esperen y oren para que no entren en tentación." ¿Te acuerdas? ¿Y oraron? No. ¿Qué hicieron? Se durmieron. Se parecieron, se parecían a nosotros. Empezamos a orar y nos dormimos.

Y Cristo dijo: "¿No es que no podéis orar ni tan solo una hora? ¿Qué no pueden hacer eso?" Y no habían terminado bien de tener esa conversación cuando llegó la tentación. Tenían que esperar y orar, velar y orar para que no entraran en tentación. Ahí mismo llegó la tentación. ¿Y sabes qué pasó? Esa vez que Cristo les dijo "oren para que no caigan en tentación", cayeron. ¿Qué hicieron? Porque llegó la tentación y todos salieron corriendo, abandonaron al Mesías, y Pedro lo terminó negando.

Muy diferente, pero ellos se llenaron de miedo. Totalmente diferente a los mismos apóstoles descritos en el capítulo 4, cuando están siendo amenazados de ser encarcelados y martirizados. A partir del versículo 29, se habla de que ellos oraron a Dios. Le dijeron: "Señor, concédenos valor, valentía, para hablar la palabra en contra de esta oposición." Todo lo opuesto: como no oraron, cayeron en tentación. Ahora están siendo amenazados, capítulo 4, el Espíritu ha llegado, ya aprendieron y ahora están orando. No le están diciendo a Dios ni siquiera "quítanos la oposición." Lo que están diciendo es: "Danos las fibras, las agallas, para nosotros enfrentar la oposición." Y el texto dice que después de orar, el lugar tembló, fueron llenos del Espíritu y hablaron la palabra con denuedo. La oración fue contestada.

Dios nos manda a orar cuando tú sabes que viene algo de camino. Eso que viene de camino puede ser una tentación, puede ser una bendición, puede ser una prueba. Para recibir las bendiciones de Dios, yo necesito orar, porque yo puedo abusar de las bendiciones de Dios. Yo puedo llegar a creerme que me las merezco, porque las bendiciones de Dios pueden enorgullecerme.

Quizás una de las grandes bendiciones que Cristo recibió como representante, en mi sustituto, como hombre, viendo a cómo Dios encarnado, como hombre, es que cuando Él subió al monte de la transfiguración, Él no sabía qué iba a pasar. Simplemente fue a orar, porque ese era el lugar donde iba a orar con frecuencia. Entonces, a ver lo que dice el texto. Otra vez, Lucas es el que me ayuda a entender esto, en 9:28, que mientras Él oraba, no antes, mientras Él oraba, fue transfigurado. Mientras Cristo oraba, en el Jordán, bajó el Espíritu. Mientras Cristo oraba, fue transfigurado. Esto es algo que yo tengo que aprender.

Capítulo uno del libro de los Hechos nos enseña eso. Capítulo dos se nos dice que los discípulos estaban dedicados continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Estaban dedicados. Su oración era algo que representaba como una prioridad. El estudio de la Palabra, la enseñanza de los apóstoles, la oración fueron de la mano; uno dependía del otro. Esto es como Dios guía su iglesia, eso es como Dios guía tu vida. Tú tienes el Espíritu dentro, el Espíritu te está guiando si eres hijo de Dios, pero necesitas la Palabra y necesitas la vida de oración.

Capítulo dos, capítulo tres, se nos dice que Pedro y Juan iban al templo a orar. Ellos oraban en privado, oraban a solas, pero oraban corporativamente también. De manera que aquellos de nosotros que no estamos acostumbrados a venir a orar corporativamente los miércoles, que no estamos quizás orando antes del culto de la una de la mañana, antes del culto de las 10:25, participando de alguna de estas tres actividades de oración, estás en cierta manera en falta, a menos que tengas una excusa que Dios pueda entender, porque Dios nos llama a orar también corporativamente, tal cual Pedro y Juan lo estaban haciendo.

Capítulo tres, capítulo cuatro, ya te mencioné cómo después de orar el lugar tembló y fueron llenos del Espíritu, y entonces ellos luego pudieron predicar la palabra con valentía, con denuedo. Del capítulo uno al capítulo tres, donde estábamos, el único capítulo que no mencionó la oración fue el capítulo cinco, y en cierta manera con entendimiento, porque el juicio de Ananías y Safira que se cayeron muertos era el capítulo del juicio.

En 6:4 aprendemos que los apóstoles estaban haciendo demasiadas cosas, y fíjense, ¿no? "Vamos a escoger siete hombres para que nos ayuden a hacer el trabajo, que estén llenos del Espíritu." Y ustedes, ¿qué van a hacer? Nosotros nos vamos a dedicar a dos cosas: a la Palabra y a orar. ¿Tú piensas que esta iglesia entendió la prioridad? Nos vamos a dedicar a dos cosas. Esta iglesia tenía sus prioridades claras. La iglesia necesita ser guiada, nosotros somos como las cabezas de la iglesia, y la manera como Dios guía la iglesia es por la Palabra y por la oración, ya que el Espíritu está morando en nosotros, guiándonos continuamente. Eso es en 6:4.

Entonces, escogieron siete hombres. ¿Qué vamos a hacer, cómo lo hacemos? ¿Hacemos un comité de discusión? No, hacemos lo que ya hemos aprendido a hacer. ¿Y qué es eso que hemos aprendido a hacer? Vamos a orar. Oraron para escoger siete hombres, estuvieron orando.

La oración es el proceso a través del cual Dios organiza las prioridades del creyente. Es decir, otra vez: la oración es el proceso a través del cual Dios organiza las prioridades del creyente. Es decir, alguien diría que la vida de oración puede ser, quizás, el mejor barómetro de la calidad de tu vida en Cristo. La oración pudiera ser el mejor barómetro de la calidad de tu vida en Cristo o de una iglesia.

Piensa en iglesias que se han dividido. Es difícil pensar en una iglesia de oración dividida. Tú te imaginas: "No estamos de acuerdo, pero oramos como locos." No creo. La iglesia primitiva, la cual yo estoy hablando, la iglesia de los primeros años, es una iglesia que decía que era de un solo sentir, de un solo corazón, y al mismo tiempo, junto con eso, en los mismos textos nos lo dice, y esa iglesia oraba mucho, claro.

La oración me une. Si tú tienes dificultad con alguien, alguna vez tú seguro tienes dificultad con alguien. No me digas que no, cierto. Quizás tienes dificultad con alguien ahora. ¿Sabes lo que puedes hacer? ¿Sabes lo que debes hacer? Ponte a orar. Es difícil orar por tu enemigo y darle gracias a Dios al mismo tiempo, en la misma oración, con la misma respiración, sin que una de dos cosas ocurran: o que Dios deja de ser Dios, y tú sabes que eso no va a pasar, o que tu enemigo deja de ser tu enemigo. De manera que estamos descubriendo la prioridad de la oración en la iglesia unida. Escogieron siete hombres y los escogieron por medio de la oración.

Nos movemos a nuestro capítulo 8. Dice que Pedro y Juan descendieron hacia Samaria, pero también hacia Samaria se estaba llenando de gozo, había un avivamiento. ¿Y qué hicieron? Oraron, impusieron las manos. ¿Sabes qué ocurrió? Llegó el Espíritu, recibieron el Espíritu. Tú ves el cordón que une la enseñanza de Cristo en Lucas, en el Evangelio de Lucas: "¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu a quienes se lo pidan?" Eso con la oración que se estaba haciendo cuando el Espíritu descendió sobre la iglesia, la oración que Cristo estaba haciendo cuando el Espíritu descendió. En Samaria, una vez más, al Padre le ha placido dar el Espíritu en respuesta a la oración.

En el capítulo 9 encontramos a Pablo, convertido y ciego. Por tres días estuvo ciego. Ananías ahora recibe una visión: "Ve a visitar a Pablo, impón las manos, ora por él." Oración otra vez. ¿Sabes qué? Ananías, él ya está orando. ¡Oh, wow! Ananías, ve. Ahora el prójimo está orando. Él entendió. Si vas a esperar, Pablo se lo dijo: "Espera ahí hasta que yo te diga qué es lo próximo." Si vas a esperar, si vas a esperar por algo, espera en oración y no en desesperación. En oración y no en desesperación.

Frecuentemente, y yo no quiero decir siempre porque no todas las cosas son iguales todo el tiempo, pero frecuentemente hay una relación directa entre mi vida de oración, la calidad de mi oración, y el estado de la ansiedad. A mí me gusta las ilustraciones médicas: el sedante del hijo de Dios es la oración. El Valium del hijo de Dios es la oración.

¿Mas por qué yo oro y sigo ansioso? Puede ser. Pero después de orar tienes que confiar, no solamente en lo que has orado, sino que tienes que confiar en quién tú le has orado. Porque a veces sí es verdad que oro, pero nos paramos del trono de la gracia y nos paramos con muchas dudas. Porque las dudas, las dudas, no he dicho eso o no, no. La duda no es si Dios me ha escuchado. No, tú sabes que Dios escucha todo lo que ocurre en el universo. La duda no es ni siquiera acerca de que Dios va a hacer lo mejor. ¿Qué es lo que me mantiene ansioso? La duda de decir: "Lo que yo le pedí, ¿va a pasar?" De eso no hay garantía. No, porque no se trata de eso. Ya dijimos que la oración es el ejercicio a través del cual yo le expreso a Dios los propósitos, los deseos de mi corazón, y luego me rindo a los suyos. Ahí es donde yo necesito entonces descansar.

Pablo en el capítulo 9, orando. Ananías va a orar por Pablo. Capítulo 10: tú sabes que Cornelio recibió una visión, ¿te acuerdas? Tú sabes qué Cornelio estaba haciendo cuando recibió la visión. Estaba orando. Y eso es lo que Dios le dijo, que porque había decidido visitarle, porque escuchó sus oraciones. Parece que Dios le da importancia a eso.

Pedro está en Jope y recibe otra visión que está conectada con Cornelio. ¿Sabes lo que Pedro estaba haciendo cuando recibió esa visión? ¿Te acuerdas? Oye, pero esta gente no sabía hacer otra cosa. No, yo sí, se vean muchas más, muchas cosas. Entonces, eso es lo que estaba enseñando.

Tú quieres dirección de mi Espíritu, tú tienes, tú necesitas una palabra, pero tú necesitas orar. Porque el Espíritu que está en ti es quien conecta los propósitos de Dios con la obediencia tuya. Día el Espíritu que está sirviendo de puente y la Palabra que está sirviendo de brújula. Capítulo 10, Cornelio orando. Capítulo 11, Pedro orando. Capítulo 11 otra vez, Pedro relata su visión y vuelve a hablar de que él está orando. Capítulo 12, Pedro está en la cárcel. Lo vimos eso la semana pasada, y ¿qué está haciendo la iglesia? Orando como fervientemente. Cada vez que tú te detienes en el libro de los Hechos, alguien está orando.

Y ahora llegamos al capítulo 13 del libro de los Hechos, donde estamos hoy, donde estamos tomando este detour, como dicen, este desvío. Y que estamos viendo en una iglesia que está orando y ayunando, y recibe instrucción de parte de Dios de apartar a Pablo y a Bernabé. O sea, vuelven y ahora vuelven a ayunar.

Escucha estas palabras de E. M. Bounds. Sus libros acerca de la oración han sido traducidos. No sé exactamente el nombre, tiene, pero si te lo buscas en Amazon, E. M. Bounds, y pones oración, algo te va a salir. Este hombre escribió cientos de páginas acerca de la oración. Escuche esta cita: "La iglesia necesita hoy no una mejor maquinaria o nueva organización y nuevos métodos, sino más bien hombres que el Espíritu Santo pueda usar, hombres de oración, hombres grandes en oración. El Espíritu Santo", dice él, "no fluye a través de métodos, sino a través de hombres. Él no desciende sobre maquinaria, sino sobre hombres. Él no unge planes, sino hombres, hombres de oración". Y él agrega en otro lugar: "La iglesia siempre está buscando mejores métodos, pero Dios está buscando mejores hombres". Como Pablo, o Saulo, como Bernabé.

Y la iglesia no solamente está orando, sino que está ayunando. Juan Calvino lo decía de esta manera: "Cada vez que los hombres necesitan orar a Dios con relación a grandes asuntos, es conveniente acompañar la oración con el ayuno, ya que esto es un ejercicio sano para humillar a los hombres y para la confesión de humildad". ¿Debiéramos nosotros hacer menos uso de esta práctica que aquellos hombres en la antigüedad? ¿Debiéramos nosotros hacer eso menos que lo que ellos hicieron? La respuesta es no.

Y la vida de la iglesia que nosotros vemos en libro de los Hechos, la oración es como multifacética. A veces la oración es adoración, en 4:24. Otras veces es petición, en 1:24. A veces da arrepentimiento, en 8:22. A veces hay ayuno, como en el pasaje de hoy. A veces hay alabanza, como en 2:47, en 16:25. Es multifacética.

Pero déjenme cerrar porque el tiempo se me ha estado yendo. Piensen en esto al salir de aquí. Si Dios abre su trono para recibirnos en oración y nos dice "acércate con confianza al trono de la gracia", ¿para qué? Para que ores. Más vale que nosotros respondamos a esa invitación, ¿tú no crees? ¿Tú no crees que nosotros no debiéramos rechazar la invitación del autor de la vida y el autor de tu salvación? Él ha extendido una invitación que nosotros muchas veces pasamos por alto.

Si la iglesia no envió a nadie al campo misionero sin ponerse a orar primero, no nos atrevamos nosotros a enviar a nadie a plantar una iglesia sin ponernos de rodillas primero. Porque ni Cristo lo hizo. Si la iglesia primitiva fue dirigida a apartar a Bernabé y a Saulo para la obra misionera, pongámonos ahora a ver quién Dios quiere enviar de nosotros. Ya sé que alguien está pensando: "Para eso yo no voy a orar". Pero no va a ser bendecido.

El Hijo de Dios obedeció a la perfección, pero no sin orar. De hecho, no sin orar mucho el Hijo de Dios. Nosotros queremos obedecer. Yo estoy convencido que si tú eres hijo de Dios, tú quieres obedecer. Pero no vas a obedecer sin orar. Eso no se da, es una imposibilidad. Jamás.

Tenemos que admitir y pedir perdón, porque preferimos debatir doctrinas antes que arrodillarnos ante su trono. Amamos tener la razón en vez de recobrar la razón en la oración. Amamos tener razón antes que recobrar la razón en oración. Y preferimos siempre considerar nuestras opciones conforme a nuestra sabiduría, en vez de escudriñar el corazón de Dios para determinar, encontrar, en oración y ayuno, cuál es su voluntad. Preferimos orar para llevar a cabo nuestros deseos y confiando todo el tiempo en nuestros análisis, en vez de escudriñar el corazón de Dios para encontrar su voluntad. Y eso se hace en oración, y muchas veces oración y ayuno. ¿Quieres orar? ¿No quieres tener una vida de oración eficaz, poderosa? ¿No quieres tener una vida de oración que finalmente produzca los resultados que tú has estado buscando? La Palabra nos instruye.

Este es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima cuando nos reencontremos en su Palabra.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.