El sufrimiento es inevitable: nacemos llorando, crecemos con dolor, las relaciones nos hieren, y morimos dejando lágrimas en quienes amamos. Si vivimos lo suficiente, vamos a sufrir. Por eso resulta imprescindible aprender a sufrir bien, y pocos maestros hay mejores que Job, el hombre más grande de Oriente, quien en una sola tarde perdió todo lo que había construido durante su vida.
Job era intachable, próspero y temeroso de Dios. Tenía diez hijos que se amaban entre sí, riquezas equivalentes a millones de dólares, y una reputación impecable. Sin embargo, lo que estaba en juego en su sufrimiento no era su comodidad sino la gloria de Dios. Satanás acusó a Job de servir a Dios solo por las bendiciones recibidas, sugiriendo que Dios no era suficientemente glorioso para ser amado por sí mismo. La respuesta de Job ante la tragedia —perder ganado, siervos y sus diez hijos en un mismo día— fue postrarse y adorar: "El Señor dio y el Señor quitó, bendito sea el nombre del Señor."
El sufrimiento saca lo que hay dentro de nosotros, y de Job salió adoración. Pero hubo uno mayor que Job: Cristo sufrió siendo inocente, fue maldecido por Dios en nuestro lugar, y entregó voluntariamente su vida. En sus sufrimientos aprendemos que Dios, quien no escatimó a su propio Hijo, nunca nos abandonará. Ahora podemos decir: el Señor nos dio a Jesús; puede quitar lo que quiera. Bendito sea su nombre.
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¡Fuimos llamados para vivir su palabra! Entonces, ¿qué puedo decirle sino que es un gozo estar aquí ahora compartiendo la palabra con ustedes? De hecho, yo bendigo a Dios por ese gozo. Espero tener ese gozo por lo menos cincuenta años más, el gozo de estar junto a ustedes. Y ya que estoy gozoso, pues vamos a hablar de sufrimiento. Es como lo que va.
De hecho, el pastor Luis estuvo orando y leyendo un poquito de Primera de Pedro, y Pedro te dice: gócense por la tribulación. Una y otra vez, como que el gozo y la tribulación están juntos, porque el Señor espera que vivamos gozosos y a la vez el Señor nos promete, nos garantiza, nos da la bendita promesa de que en el mundo tendremos aflicción. Bien lo dijo el doctor Don Carson: que si vives lo suficiente, tú vas a sufrir. La única garantía de la vida bajo el sol es que las cosas no te van a salir bien. La otra garantía es la muerte.
O sea, si llamamos el ciclo de la vida, los seres vivos, por ejemplo, nacemos. Nacen, crecen, se reproducen. Bueno, los seres vivos nacemos con dolor, llorando. Lo primero que hacemos al nacer es gritar: gritar el niño, gritar la esposa, y el papá va a pagar la cuenta y grita también. Luego crecemos. Si ustedes han escuchado del dolor de crecimiento, ¿no es cierto? Crecemos con dolor. De hecho, yo diría que sin el dolor ni siquiera crecemos. Cuando nos caemos y nos levantamos, es que genuinamente podemos entender qué es realmente crecer.
Y luego se reproducen los seres vivos con mucho dolor. Pocas cosas duelen más que las relaciones, ¿no es cierto? Lo que más duele son las relaciones, que son lo que permiten la reproducción. Y de hecho, también muchos han sufrido y sufren, yo también, de infertilidad, de no poder reproducirse de manera natural. Y luego están aquellos que mueren con dolor. La mayoría de las personas mueren con dolor, con arrepentimiento, con cosas que quisieran haber hecho y no hicieron.
Pero algunos cristianos, algunas personas mueren en paz, ¿no es cierto? Gloria a Dios, murió en paz. ¿Pero y todos los que quedamos alrededor de ellos, que nos dolemos con la muerte de ese ser querido? La vida se vive con dolor. Lo único que tenemos que hacer para sufrir es vivir.
Y aquí está la paradoja de la vida: que el nacimiento trae mucho gozo, crecer trae mucho gozo, reproducirnos trae gozo. Y de hecho, la razón por la que la muerte duele es porque se acaba el gozo junto a esa persona. Es decir, el sufrimiento de la muerte está atado al gozo de la vida. Una vida bien vivida es una vida que hace que otros lloren al morir. Nosotros nacemos, crecemos, vivimos, disfrutamos, reímos y morimos bajo la sombra del sufrimiento.
Y no solo nosotros los que tenemos más edad. Yo hablaba con el hijo del pastor Luis, con Daniel, más temprano. Yo le decía: tú tienes catorce años. Sí, a los doce fue el año más difícil de mi vida hasta ahora, o por lo menos uno de ellos. Un adolescente puede sufrir muchísimo también. Y si somos honestos, nosotros sabemos que en cualquier momento, en el momento de mayor gozo, regocijo, que uno está más bien, estamos a un WhatsApp de distancia, a una llamadita de distancia, a una persona que se lleve el semáforo y no se detenga de distancia, de que todo nuestro gozo se convierta en lágrimas. En el mejor momento de la vida, si uno está consciente, uno está pendiendo de un hilo, a un segundito de que se convierta en el peor día de tu vida cada día.
¡Jairo, qué positivo! Gracias, hermano. Pero es que ya que el dolor y el sufrimiento es inevitable, es necesario que aprendamos a sufrir bien, es imprescindible. En esta mañana, entonces, en esta tarde ya, vamos a ir a la escuela del sufrimiento. Pero no se preocupen, yo no voy a ser el maestro. Yo estoy en preescolar en cuanto a sufrimiento. Estoy en prekínder, en kínder, más o menos. Algunos de ustedes ya son bachilleres en sufrimiento, otros son licenciados, algunos tienen un par de maestrías. Veo algún par que tiene un par de maestrías por lo menos. Dos o tres de ustedes tienen PhD en sufrimiento. Así que ustedes pudieran enseñar mucho mejor que yo cómo sufrir bien.
Yo no soy el maestro, pero yo sí tengo un buen amigo que ha sufrido más que todos nosotros, y él está contentísimo de enseñarnos en esta mañana, en esta tarde ya. Es por eso que voy a pedirles que por favor me acompañen al libro de Job. Está justamente antes de los Salmos. Vamos a estar haciendo una enramada en los capítulos uno y dos del libro de Job. A través de este estudio, vamos a ver el extraordinario hombre de Dios que era Job.
Y esta es la palabra de Dios, capítulo uno: «Hubo un hombre en la tierra de Uz, llamado Job, y era ese hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísima servidumbre. Y era aquel hombre el más grande de todos los hijos del Oriente. Sus hijos solían ir a hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizás mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre».
Amada iglesia, lo que tenemos delante de nosotros es la verdadera buena vida. Esta es la vida que cualquiera quisiera tener. Primero tenemos un hombre bueno, con una buena posición económica, con una buena reputación, con una buena familia y con una buena relación con Dios.
Cuando se habla de que Job era intachable, esta es una mucha mejor traducción que algunos de ustedes quizás tienen en Reina Valera, que dice que Job era perfecto. Yo recuerdo bien pequeñito que mi abuela estaba hablando: mira, mijo, nadie es perfecto. Y yo vengo bien prepotentico y le digo: la Biblia dice que Job era perfecto. Esta no es la traducción correcta de la palabra, porque perfecto significa alguien que no falla. Esto no es lo que pasa con Job. De hecho, si tú lees su libro completo, tú te das cuenta que en el libro que lleva su nombre, Job se equivoca. Perfecto no era, pero sí era intachable, es decir, era íntegro.
Job no tenía una cola que pisarle. Él no andaba diciendo una cosa y cumpliendo otra. Era un hombre íntegro que cumplía lo que prometía, era un padre de familia íntegro que estaba atento a la vida de sus hijos, era un hombre trabajador, de buen trabajo, de buena ética laboral, que había visto el fruto de la buena mayordomía, y era un hombre espiritual que sabía que la vida que vale la pena vivirse es una vida sometida a Dios. Job era un hombre digno de imitar, y si alguien no lo quería imitar por su carácter, pues seguro que irían a imitarle por su riqueza.
No podemos... pido perdón, yo no soy experto en bueyes ni ovejas. Yo estuve buscando en Google, pero hay diferentes valores. Más o menos esos son los valores de lo que tenía Job. Tenía siete mil ovejas, ya son mucho. Siete mil ovejas, digamos, a más o menos doscientos dólares cada una, son casi dos millones de dólares. Tres mil camellos, entre tres mil y diez mil más o menos a tres mil cada uno, ahí va un millón más, novecientos mil dólares. Tenía quinientas yuntas de bueyes. Una yunta son dos bueyes juntos a través de un yugo. Tenía entonces quinientas yuntas a tres mil cada yunta, un millón y medio de dólares ahí también. Tenía quinientos burros más o menos a mil cada uno, quinientas asnas más o menos a mil cada una, ahí es un millón más. O sea que solamente en instrumentos, en material de trabajo, en utilería, él tenía más o menos cinco millones de dólares.
Pero luego piensa en toda la tierra que hay que tener para acomodar siete mil ovejas. Piensa en toda la lana que te dan, todo lo que tú puedes cargar con los bueyes, lo que pueden arar. Job era el Bill Gates de su tiempo. Era un hombre conocido por su riqueza por todo el mundo, pero lo interesante de Job era que cuando la gente se acercaba, por supuesto por su riqueza, lo conocía y se quedaba por su integridad, porque era un hombre intachable. O sea que este era, lo que dice la Biblia, el hombre más grande de Oriente.
Y no solo lo que se veía por fuera, porque hay gente que tiene todo pero su familia es un desastre. Pero mira la familia de este hombre. Dice que tenía diez hijos. ¡Diez! Nada fácil en la zona. Y todos se llevaban bien. En su turno, cada día, en su turno, dice, que pudiera significar en su tiempo de cumpleaños o de celebración, ellos hacían su festejo, su fiesta, y a los primeros que invitaban era a sus hermanos. Quiera Dios tener uno hijos que todos se lleven tan bien así, en armonía, en banquetes.
Y el inicio dice que era un temeroso de Dios, y eso se nota claramente en lo que él hacía con sus hijos. No está diciendo que sus hijos pecaban, no es eso. Es por si acaso, es que si acaso en sus corazones y en sus mentes sus hijos habían pecado contra Dios, él los invitaba y sacrificaba holocaustos a nombre de ellos. Podemos ver un hombre que tenía una conciencia sensible a Dios.
Eso hace que lo que va a pasar en el libro es totalmente impensable. Nadie se podía imaginar lo que seguía. Tú seguro conoces algo de la historia, ya tú sabes que viene algo malo. Además, uno siempre está como cuidadoso cuando la cosa va muy bien, ¿no es cierto? Pero piensa, piensa, ¿quién podría imaginarse lo que vamos a leer ahora?
Vamos a ver el versículo seis. Todo iba súper bien. «Hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, y Satanás vino también entre ellos. Y el Señor dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al Señor y dijo: De recorrer la tierra y de andar por ella. Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, un hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal».
Respondió Satanás al Señor: "¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones has aumentado en la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene. Verás si no te maldice en tu misma cara." Eso es Satanás, le habla hacia Dios. Entonces el Señor dijo a Satanás: "He aquí, todo lo que tiene está en tu poder, pero no extiendas tu mano sobre él." Y Satanás salió de la presencia del Señor.
Yo te aseguro que quienes escucharon esta historia la primera vez se asombraron. Imagínate eso: Dios está haciendo su convocatoria. Dios llama, vengan hijos, y viene Miguel, viene Gabriel. Y por razones que no entendemos totalmente, en este momento de la historia de la redención, pareciera que Satanás moraba cerca de los atrios del Señor. Que cuando Dios llama a sus hijos y sus ángeles, Satanás llegaba en medio de ellos. Y yo sé con total certeza que Satanás sabía que él era la oveja negra. Están todos estos ángeles obedientes al Señor, y llega Satanás en medio de ellos, y por supuesto, por su orgullo, él quiere llamar la atención.
Pero lo interesante es que Dios no le habló a Gabriel, Dios no le habló a Miguel, Dios le habló a Satanás. Dios le habló a Satanás, aquel que Dios sabe muy bien es terrible. Aquel cuyo único deseo es destruir, es matar, es robar, es hacer daño, es herir. De hecho, la palabra misma Satanás significa adversario, contrincante, enemigo. Y Dios le habla a Satanás y le dice: "¿Te has fijado en mi siervo Job?"
Este es uno de las verdades o de los versículos que la gente no pone en stickers, o no lo pone en una taza. Nadie pone: "Si tú eres íntegro, Dios te manda a Satanás detrás." Nadie dice ese tipo de cosas. Sin embargo, eso fue lo que vimos aquí. La integridad de Job era tal que él había captado la atención de Dios. No me malinterpretes, la única razón por la que Job podía hacer así era por su relación con el Señor, porque el Señor lo había amado. Pero ciertamente, el deseo de Job de honrar a Dios era tal que había capturado la atención de Dios. Y por supuesto, Satanás estaba atento a eso.
Sí que aquí tenemos la primera lección que vamos a ver de la escuela del sufrimiento. Primera lección: nuestras vidas y nuestro sufrimiento siempre están en las manos de Dios. Nuestras vidas y nuestro sufrimiento siempre están en las manos de Dios. Nuestro gozo es un regalo de Dios, nuestro sufrimiento es una dádiva de Dios, aun cuando no podamos entenderlo. En nuestro sufrimiento no hacemos nada mirando a Satanás. Mirar a Satanás no responde nuestras preguntas, pelear con Satanás no elimina nuestras dificultades, atacar a Satanás no resuelve nuestros problemas. Cuando los cristianos estamos en dolor, nosotros no vamos al diablo, nosotros vamos al Dios que controla al diablo. Como bien lo dijo Martín Lutero: el diablo es el diablo de Dios.
Satanás no puede ni siquiera hablarle a Dios primero, Dios le habla a él. Satanás no puede actuar si no es porque el Señor actúa primero. Y cuando Satanás cree que ha diseñado un plan excelente, hace rato, en la eternidad pasada, que Dios sabía el resultado. En nuestro sufrimiento miramos a Dios, no a las circunstancias, no a Satanás. Miramos a Dios.
Ahora, vale la pena que prestemos atención a las palabras que Satanás usa al responderle a Dios. Una vez más, el orgullo de Satanás no tiene comparación, porque Dios le habla bien de Job y Satanás le responde en el versículo 9: "¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has puesto tú una valla? ¿No has bendecido sus obras? Tú has sido súper bueno con él, claro que él teme a Dios." En otras palabras, Satanás le dice: Job se porta bien porque tú le das todo.
Yo no sé si son mis hijos, yo quiero creer que no. El culto pasado mis hijos me dijeron que no, que todos son así. Mis niños tienen ese problema. Tú llegas con una bolsa o una funda, y tú puedes tener una semana fuera de viaje, y llego con la funda, y "¿eso qué me trajiste?" Pero salúdame. Por lo menos mírame a los ojos. Y te mira, "hola," y sigue aquí abajo. Son así toditos, ¿son solo míos? ¿Son qué? Bueno, Patricia, podemos estar tranquilos. No es que los niños no quieran a la persona que llega. Es que hay algo en ellos como que les quitó el filtro de responsabilidad social, y ellos se atreven a usar a las personas para alcanzar ciertas cosas.
Satanás estaba diciendo que ese es exactamente el caso de Job, que a Job le encantaba cuando Dios llegaba porque Dios siempre llegaba con su funda del supermercado. Pero esa acusación de Satanás hacia Job significa algo más profundo. Mira, cuando los niños ven tu bolso en vez de verte a ti, ven tu regalo en vez de verte a ti, los niños están diciendo, por lo menos en ese momento, que el regalo es más importante que quien regala, que lo que traes es más importante que quien lo trae. Lo que Satanás está diciendo es que hay algo más importante que Dios, y es lo que Dios da. Que Dios no tiene tanta gloria como Dios dice tener, que Dios no es tan glorioso como él dice ser. En esta acusación, en este sufrimiento de Job, lo que está en juego es la gloria misma de Dios.
Satanás está diciendo: "Dios, tú no eres tan atractivo, tú no eres tan glorioso. Tú ves a Job, sí él te sirve, pero no es por ti. Tú lo has prosperado, tú lo has bendecido, y por eso él te quiere. Pero quítale las bendiciones, no le dejes la fundita, no lo bendigas, y tú verás cómo él te va a maldecir en tu misma cara." En esencia lo que Satanás está diciendo: "Dios, tú no eres tan hermoso, lo que tú eres es rico."
Y Christopher Ash comenta este libro de Job, comenta estos versículos con la siguiente expresión: lo que está en juego en el sufrimiento de Job es la gloria de Dios, y en última instancia, el universo depende de la gloria de Dios. Un universo donde Dios no es glorificado es un universo en contra de sí mismo, es un universo contradictorio. Y a la medida mano, de eso justamente se trata la vida, la tuya, la de Job, la mía, aun la de Satanás.
Esa es la segunda lección para la escuela del sufrimiento: la gloria de Dios es más importante que nuestra comodidad. La gloria de Dios es más importante que nuestra comodidad. Un universo donde todo el mundo está cómodo, todo el mundo está contento, nadie se enferma, pero Dios no está siendo glorificado, es un universo que no vale la pena. De hecho, es un universo imposible, porque si tú eres honesto, tú sabes muy bien que el único lugar donde tú puedes estar realmente en paz, en tranquilidad, es en el centro de la voluntad de Dios. En medio de la tormenta no había lugar más seguro para los discípulos que estar ahí con Jesús en la barca. En medio de lo que sea que suceda en nuestra vida, si estamos en la voluntad de Dios, estamos seguros. Estamos mejor que en cualquier otro lugar.
Y eso es, alguien me dirá: "Hermano, eso suena muy bien, pero ¿eso es tan posible como el respirar?" Porque si seguimos leyendo, lo vemos en la vida de Job: la paz real es posible en medio de cualquier tormenta.
Vamos al versículo 13. Todo iba súper bien, pero ahora nos dice: "Aconteció que un día, un día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, vino un mensajero a Job y dijo: Los bueyes estaban arando y las asnas estaban paciendo junto a ellos, y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contártelo."
"Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: Fuego de Dios cayó del cielo y quemó las ovejas y a los criados y los consumió. Solo yo escapé para contártelo."
"Mientras estaba este hablando, vino otro y dijo: Los caldeos formaron tres cuadrillas y atacaron los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solo yo escapé para contártelo."
Nota esto: mientras estaba este hablando, vino otro y dijo lo que Job nunca hubiera querido escuchar: "Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, y he aquí vino un gran viento del otro lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, y esta cayó sobre los jóvenes y murieron. Solo yo escapé para contártelo."
La lectura de ese pasaje me flaquea las rodillas, a mí me sobrecoge. No lo pierdas, cómo sucedió: un día, no un día especial, un día normal, regular. Viene uno, viene otro, viene otro, mientras está hablando llega el último. En una sola tarde Job perdió todo lo que había trabajado su vida entera, todos sus sueños, todo lo que conocía. Una noticia tras otra, tras otra, tras otra.
No es difícil para nosotros imaginar el dolor de perder un negocio. Casi todos nosotros conocemos a alguien, o tenemos un familiar que estaba haciendo bien su negocio, tenía una empresa, estaba trabajando en ella, y de pronto se equivocó aquí, quizás se dejó aconsejar equivocado, un cambio en el mercado, algo que no estaba previendo, él o ella no estaba previendo, y de pronto perdió su negocio y se quedó sin trabajo. Y eso duele. A veces se pasan años y la persona todavía no se recupera, y se queda sin casa, se queda sin carro. Eso duele muchísimo. Si tú has estado por ahí, me duelo contigo, hermano. Eso es mucho dolor. Uno pierde hasta propósito, no se levanta y no sabe por la cara que hace.
Job pasó por eso, pero eso no se compara con lo que él sintió en la última noticia, porque cualquier compañía se vuelve a recuperar, cualquier desempleado encuentra trabajo, pero ¿cómo él recuperaba sus diez hijos?
Si tú tienes hijos, solamente imagínate una situación como tal. Es más, ni te lo imagines, es inimaginable. Yo no quiero ni pensarlo. Ellos estaban en un momento de fiesta, buenos hermanos, unos junto a otro, y perderlos todos. Eso es un dolor inconmensurable. Otra vez vamos a pasar, no nos quiero seguir pensando. En una sola tarde, ¿cómo pasó de ser el hombre más dichoso del mundo a ser el hombre más desdichado del mundo? El hombre más grande del Oriente volvió el hombre más desdichado del mundo entero. ¿Cómo pasó de tenerlo todo a perderlo todo?
Y él ni siquiera tenía el falso confort que te da... Tú sabes, por ejemplo, los camellos se los llevó un pueblo, entonces quizás él podía conseguir un préstamo e iba a comprar de amigo como Abraham, que se robaron algo, él fue y buscó. Y tú sabes, quizás. Pero, ¿qué haces con el fuego de Dios que acabó con sus riquezas? ¿O cómo tú le caes atrás al viento que se llevó a tus diez hijos?
Y Job no podía lamentarse: "Mira, porque yo hice esto, que yo hice esto otro". Job sabía en su corazón que no había ningún pecado específico que hubiera meritado tal sufrimiento. Job sabía que era intachable. Entonces, ¿hacia dónde iba Job? ¿Dónde él podía ir? ¿Quién le iba a explicar eso que pasó? Al final Job sabía que vérselas con Dios. Humanamente hablando él no tenía cómo explicarlo.
Y tú sabes que nosotros tenemos la dicha de que estamos leyendo el libro que tiene el comentario, ¿no es cierto? Nosotros sabemos que Satanás llega en su orgullo a tratar de tentar a Dios, tratar de acusar a Job. Perdón, Job no sabía eso. Él no sabía que había millones de ángeles viendo ese conflicto. Él no sabía que Satanás lo estaba buscando. Él ni siquiera sabía que él era de tal agrado a Dios como el hombre más intachable del mundo entero. Él no sabía nada de eso. Tú y yo lo sabemos y podemos decir: "Bueno, Dios estaba planeando algo". Pero él...
Y aquí hay una tercera lección de la escuela del sufrimiento, amada rama: no siempre podremos explicar el sufrimiento humano. Debajo del sol, en un mundo caído, a la gente buena a veces le va mal. Y a veces en este mundo donde estamos, a la gente muy buena le va muy mal. A veces te va mal por hacer lo bueno. Eso no es... Tú estás bendiciendo y te maldicen. Tú estás queriendo proteger y esa misma persona te engaña. Tú estás haciendo un favor y esa persona se burla de ti. Estás honrando a Dios y te crucifican.
Eso debiera provocar en nosotros humildad y gracia para que, con ellos que sufren, hermanos, no seamos simplistas. No tratemos de explicar todo sufrimiento a través de pecado, que esa persona se lo ganó porque hizo esto. Y de hecho, aun de nuestras propias vidas, no seamos simplistas. Si tú le fuiste infiel a tu esposa, infiel a tu esposa, y perdiste tu matrimonio, tú sabes, no se necesita ser un genio nuclear para poder descubrir qué pasó ahí. Si tú estás engañando con tus impuestos y perdiste la empresa, no se necesita tanta sabiduría. Pero la mayoría de los sufrimientos no son así.
Tú estás tratando de honrar al Señor, tú estás glorificando a Dios en tu matrimonio y tu esposo miró a otra mujer, y tú estás haciendo lo que tienes que hacer. Esa es la amada rama, hermanos. Por favor, yo he escuchado personas que han aconsejado mujeres que han perdido sus esposos, que era porque no se vestían bien. Iglesia, a menos que haya unas razones muy evidentes en nuestras vidas, entendamos: a veces el sufrimiento aquí debajo es parte.
Ahora, al final, el porqué sufrimos no es lo importante. Lo importante es el quién. No necesitamos conocer por qué sufrimos si nosotros conocemos a aquel que nos sostiene en el sufrimiento. No necesitamos conocer cada razón y cada porqué si nosotros sabemos que Cristo Jesús nos acompaña en medio del sufrimiento. Si nosotros sabemos que Dios sigue en su trono, la tierra calla delante de Él.
Y eso fue exactamente lo que hizo el intachable Job. Se dice en el versículo 20 al 22: "Entonces Job se levantó, rasgó su manto, se rasuró la cabeza y postrándose en tierra adoró y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. El Señor dio y el Señor quitó. Bendito sea el nombre del Señor. En todo esto Job no pecó, ni culpó a Dios".
Aquí tú puedes ver por qué Dios tenía a Job en tan alta estima. Aquí es que se nota quién eres, en este hombre, en su reacción en medio del dolor. Yo creo que te lo estoy imaginando, pero imagínate otra vez la escena del cielo donde están todos los ángeles. Satanás llega, Satanás causa todo este mal. Job, el seguro está pensando: "Lo logré, nadie aguanta eso, nadie". Me pasé, porque así es Satanás, orgulloso.
Y lo primero que sale de la boca de Job... Todo el mundo esperando. Miguel y Gabriel aquí esperando, los ángeles esperando, Satanás aquí esperando su victoria, y Job adora al Señor. Satanás derrotado. Y de hecho, imagínate la sonrisa en la cara de Dios, en el rostro de Jesús, pensando: "Te lo dije". Más santo del universo.
Este Job era un hombre especial. Sabiamente, si tú lo miras en el texto, se dice que él se levantó. Él no habló de inmediato. Él tomó un momento para tomar toda la noticia y se levanta, así en silencio, como recopilando sus ideas. Luego dice que él rasgó su manto y rasuró su cabeza.
Y a mí me encanta eso porque Job... Lamentablemente nosotros hacemos esto u otro. Te pasa algo pero tú te haces el fuerte: "Yo tengo victoria en Cristo Jesús, yo lo doy pa' ya, no hay problema, yo sigo, yo soy el fuerte". Pero Job no hace eso. Job a propósito, con toda razón, él muestra su dolor. Él rasura su cabeza, él rasga su manto. Él está sufriendo y él quiere que se sepa. Se debe saber.
Hermano, tú no tienes por qué ocultar tu sufrimiento, para nada. Todos sufrimos. Tú no lo ves en Facebook, tú no lo ves en Instagram, pero tú lo ves en la vida. Todos sufrimos. No hay por qué ocultarlo. Admítelo, reconócelo y encuentra ayuda de tus mismos hermanos que también están sufriendo.
Ahora, lo tercero que Job hace es que él se postra en tierra. Amada rama, hermano, la aflicción te tumba o la adoración te tumba, pero nosotros, hermanos, creados para estar de pie, fuimos creados para arrodillarnos. Y tú te arrodillas por la aflicción o tú te arrodillas en adoración. Él no cayó al piso, descontrolado e incontrolable. Él tenía un dolor inconmensurable, pero él supo, él logró controlarse lo suficiente como para derramarse en adoración. Para postrarse en adoración y decir estas simples palabras que significaron el mundo para él y para todo el mundo que pudo enterarse: "El Señor dio, el Señor quitó. Bendito sea el nombre del Señor".
Y aquí viene nuestra cuarta lección para aprender a sufrir bien, amada rama, hermanos: nuestra reacción ante el dolor es más importante que nuestro dolor. Nuestra reacción ante el sufrimiento es más importante que nuestro sufrimiento.
Y es por esto, amados: el sufrimiento saca lo peor en nosotros. ¿Tú has oído de un animal herido? ¿Un animal con miedo? ¿Cómo saca las garras y ataca? ¿Tú has oído de un hermano herido? ¿Una oveja? Somos ovejas según Cristo, somos ovejas. ¿Tú has oído de una oveja herida? Bueno, yo no. Vamos a otro ejemplo. Pero has oído de un perro herido. ¿Tú has oído de un hermano herido? ¿Cómo se atreve a herir? ¿Tú no sabes lo que le pasa? Y es que está herido. Porque el sufrimiento saca lo peor en nosotros.
Pero también he visto personas que han sufrido y aman más que nadie, te entienden mejor que nunca. Se acercan a ti con más aprecio que nunca. Que eran súper orgullosos, sufren y son como más humildes. Porque el sufrimiento también saca lo mejor en nosotros. Es que el sufrimiento saca lo peor en nosotros, el sufrimiento saca lo mejor en nosotros, porque el sufrimiento saca lo que hay en nosotros. El sufrimiento muestra realmente cuál es nuestro carácter, qué es lo que somos por dentro.
Por tal razón, iglesia, oremos por corazones que estén genuinamente satisfechos en Dios. No en venir a la iglesia, no en tener un tiempo de adoración y levantar la mano, no en hacer su devoción en la mañana. Corazones que genuinamente encuentren su propósito, su gozo, su identidad en el Dios de la cruz.
E iglesia, también oremos por vidas que estén genuinamente construidas sobre la Roca que es Cristo. Que sean las enseñanzas de la Palabra las que genuinamente molden lo que nosotros hacemos. Que en vez de preguntar qué hace el mundo, preguntemos qué dice la Biblia, qué dice la Biblia.
Y oremos por un carácter que sea genuinamente dependiente del Espíritu. Que no sea en sus fuerzas, que no sea en su poder, que no sea en su sabiduría, que es en el poder del Espíritu de Dios que hace su día a día. Porque a la hora del sufrimiento va a salir lo que somos genuinamente. Y nosotros, tú y yo, si somos hijos de Dios, queremos que salga de nuestros corazones lo que salió del corazón de Job: adoración, adoración. Que de nuestros labios sea: "Bendito sea el nombre del Señor".
Y el versículo 22 como que acaba el capítulo y se acabó, ¿no es cierto? El versículo 22, se acabó el libro: "En todo esto Job no pecó ni culpó a Dios". Pasó la prueba, se acabó. Sigamos leyendo.
"Y sucedió que un día, cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, vino también Satanás entre ellos para presentarse delante del Señor. Y el Señor dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al Señor y dijo: De recorrer la tierra y de andar por ella". O sea, Job no fue suficiente. Él seguía buscando.
"Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay otro como él sobre la tierra: intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal". Ya le había dicho esto, pero Job subió de nivel. Mira lo que dice Dios ahora: "Y él todavía conserva su integridad, aunque tú me incitaste contra él para que lo arruinaras sin causa".
"Respondió Satanás al Señor y dijo: Piel por piel. Sí, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. Sin embargo, extiende ahora tu mano y toca su hueso y su carne. Verás si no te maldice en tu misma cara".
Y el Señor dijo a Satanás: "Él está en tu mano, pero guarda su vida". Satanás salió de la presencia del Señor e hirió a Job con llagas malignas, desde la planta del pie hasta la coronilla, y Job tomó un tiesto para rascarse mientras estaba sentado entre las cenizas.
Yo te pregunto: ¿No había Job sufrido lo suficiente? ¿No había Job pasado la prueba? ¿No había Satanás quedado en ridículo ya? Sí, sí, humanamente hablando, sí. Pero las formas de Dios no son las nuestras. Dios no había terminado con Job, Dios no había terminado con Satanás, y Dios no ha terminado con nosotros tampoco. Dios quería que no hubiera ni un rastro de dudas, ni una pequeña sombrita de dudas de cuán glorioso Él era y cuánto amaba Job a ese hermoso Dios. El universo completo iba a escuchar esta historia y todavía faltaba un par de capítulos por contar.
Job había sufrido todo fuera de él, había sufrido en su corazón, pero le tocaba sufrir en su cuerpo. Y amados, esas llagas, el libro dice un poco más adelante que de esas llagas votaba pus. Imagínate un hombre lleno de llagas o de heridas que votan pus desde aquí hasta aquí, el cuerpo entero votando pus. Y ese tiesto, alguien ha pensado como una alfombrita o algo que te ayuda, era una vasija, una vasija rota para rascarse. ¿Cuánto es tu dolor que para tú sentirte mejor tu alivio es una vasija rota?
Más adelante dice que los amigos de Job de lejos lo vieron y estaban llorando, por supuesto. Imagínate este hombre, el hombre más grande de oriente. Imagínate la ropa que tenía antes; ahora está sentado en cenizas, lleno de pus, rascándose con una vasija. Job, un hombre justo que había pasado la prueba, que había glorificado a Dios con su vida, que había glorificado a Dios con su sufrimiento, y que todavía le tocaba sufrir más.
Y esta es la quinta lección de la escuela del sufrimiento: pasar la prueba no significa que el sufrimiento va a terminar. Pasar la prueba no significa que el sufrimiento va a terminar. Así como el dolor no necesariamente está relacionado con el pecado, el pasar la prueba no significa que estaremos libres de aflicción. Por eso la paciencia es un fruto del Espíritu, ¿no es cierto? El hupomoné es la palabra en el original: el ser presionado y sobrevivir y aguantar. Un sufrimiento corto cualquiera lo soporta, pero un sufrimiento extendido, un sufrimiento consecutivo, eso solamente se puede soportar de lo alto.
Ahora, Dios sabe que muchas veces para sacar el mejor sabor necesitan cocinarse a fuego lento. Yo le pregunté a una amiga chef anoche que cómo es eso, y me dijo que hay ciertos sabores que como que se amalgaman bien, como que solamente se lucen, se juntan bien cuando se hace a fuego lento. Que si tú lo haces a fuego alto hasta se daña, no tiene para nada el mismo sabor. Necesitan un slow cooker, necesitan que se haga bien despacio. Las recetas del carácter piadoso requieren fuego lento, ahí no hay peros. Si tú quieres un hamburguer de carácter, pues se hace de una vez, pero el carácter piadoso, el carácter de Cristo, requiere fuego lento. El soportar una prueba extensa y consecutiva crea en nosotros un carácter que no se logra de otra manera y trae gloria a Dios como ninguna otra cosa.
Es por eso que la Biblia una y otra vez nos llama a permanecer firmes. La vida cristiana no es un sprint, no es corriendo, es un maratón bien largo, con vallas, y que a veces hay que nadar y a veces hay que correr y a veces hay que trotar. Y a veces se te sube a un motor y andas súper cómodo, a veces andas en un carro por un tiempo bien suave. Pero luego te toca andar corriendo descalzo, subir una montaña. Esa es la vida cristiana.
Pablo dice en Efesios 6: "Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes". Estar firmes implica constancia, implica tiempo de choque. Y Pablo termina más adelante diciendo: "Habiendo hecho todo, estén firmes". Y Pedro en 1 Pedro 5 dice: "Resístanle firmes en la fe a Satanás, firmes en la fe". Dice más adelante: "El Dios de toda gracia, que los llamó a Su gloria eterna en Cristo, Él los perfeccionará, Él los afirmará, Él los fortalecerá, Él los establecerá", como que es un proceso. Y de hecho, 1 Corintios 10 nos dice: "Por tanto, el que crea estar firme, tenga cuidado, no sea que caiga", porque es largo el proceso, porque no es de una vez.
Y yo creo que no hay un mejor ejemplo de eso que el mismo Demas. Demas era un colaborador de Pablo, que en cuatro o cinco cartas de Pablo, Pablo termina la carta hablando bien de él como uno de sus colaboradores. Y sin embargo, en su última carta, la última carta que escribe Pablo, 2 Timoteo, él dice: "Demas me ha abandonado, él fue seducido y arrastrado por la corriente de este mundo".
Amado, prepárate para pruebas maratónicas, pruebas extensas. No sabemos cuándo va a llegar la salida de la situación en que tú estés. Lo que sí sabemos con total certeza es que Dios estará con nosotros todo el tiempo. Pasar la prueba no significa que el sufrimiento va a parar. Seguir en la prueba no significa que Dios no está con nosotros; más bien, puede querer decir que Dios sigue trabajando para nosotros, y Dios sigue trabajando por nosotros, y Dios sigue trabajando en nosotros. Continuar en la prueba significa que Dios no ha terminado.
Ahora, resistir no es tan fácil, ¿no es cierto? Porque si seguimos leyendo versículos 9 y 10, vemos que cualquiera puede fallar. Dice versículo 9: "Entonces su mujer, la mujer de Job, le dijo: '¿Aún conservas tu integridad? Maldice a Dios y muérete'. Pero él le dijo: 'Como habla cualquier mujer necia, hablas tú. ¿Aceptaremos el bien de Dios y no aceptaremos el mal?'" En todo esto Job no pecó con sus labios.
El texto parece decirnos que la mujer de Job sobrevivió la primera prueba. Yo no quiero que seas pronto para juzgar a esta mujer. Piensa en una persona que ha perdido sus diez hijos. Piensa en una madre que ha perdido sus diez hijos. No seas pronto para juzgar, ten cuidado, no sea que tú caigas también. Pareciera que esta mujer pasó por toda la primera prueba, por lo menos hizo silencio durante la primera prueba, le fue de ayuda a Job durante la primera prueba. Pero yo puedo entender que ella, al ver que —recuerda que esto no pasó de una vez, no fue que al otro día a Job le dio las llagas, no sabemos qué tiempo pasó, si es un año, dos, si son dos meses, pero no fue de una vez— ella soportó la primera, pero al ver que todavía no había terminado, al ver que todavía era posible sufrir más, al ver que Dios seguía callado, ella no soportó más.
Imagina el daño que se causó a la relación de Job y ella. Imagínate cómo esa relación se quebranta en ese momento, porque si tú necesitas que tu ayuda idónea sea quien te ayuda y lo que tú tienes en ella es una blasfemia, pocas cosas son más dolorosas que estar en una relación donde no se ven cara a cara. Así que el dolor de Job de perder a sus hijos, de perder sus riquezas, ahora tiene que perder su bienestar en su relación con su esposa.
Aquí hay una sexta lección de la escuela del sufrimiento. Amados hermanos, pongamos guarda a nuestras palabras al momento de sufrir. Prestemos mucha atención a lo que vamos a decir cuando estamos heridos. Nota la profunda diferencia entre Job y su esposa: ella habló rápidamente de lo que le salió de adentro. Pero a veces es mejor, como cristianos, callar, quedarnos en silencio. Mientras menos palabras podamos decir, mientras más podamos pensar antes de hablar, más podremos glorificar a Dios.
Y me da miedo un poco esta generación que está aprendiendo que todo lo que piensa tiene que ponerlo por Facebook o Twitter o por lo que sea. Hay muchas cosas que tú las puedes pensar, pero déjatelas entre tú y Dios, presenta tu oración. No todo lo que tú pienses tienes que decirlo, no todo amerita que tú lo pongas en las redes sociales. Piensa y quédate callado.
Ahora, en el dolor, las únicas palabras que deben salir sin pensarlas mucho son las de bendición al Señor. Si lo que tú sacas de adentro de inmediato, en medio del dolor, es como un "bendito sea Dios", dilo, ni lo pienses. Si tú estás sufriendo y te dan ganas de decir "bendito sea el nombre del Señor", levanta tus manos y bendito sea el nombre del Señor. Si tú ves a alguien que está sufriendo y el Señor te pone en tu corazón acercársele, acércate y dile: "Hermano, me duelo contigo, bendito sea el nombre del Señor". Y ya no te pongas a explicar, no te pongas a dar cada detalle.
Mira, amado hermano, los amigos de Job eran excelentes teólogos, pero horribles consejeros. Si tú lees nada más en el próximo versículo, parecen los mejores amigos de la Biblia. Jonatán, quítate del medio; aquí está Elifaz, aquí está Bildad, aquí están los verdaderos amigos. Ellos llegan, dejan todo lo que tienen y se van a quién sabe cuántos días —entonces no fue que tomaron un avión, eso fue un proceso de dejar todo para ir a estar con su amigo. Y dice el texto que duraron unas semanas sin proferir palabra. Si tan solo hubieran durado dos más.
Mientras ellos tuvieron su boca cerrada estaban glorificando a Dios. Pero tan pronto empezaron a hablar y querían glorificar a Dios con sus palabras —no es que tenían una mala intención— pero en medio de sus palabras uno de ellos, el más sabio, el más adulto, dice: "Tus hijos pecaron contra Dios". ¡Le tocó lo que le tocaba! ¿Cómo? Bueno, porque cuando uno empieza a hablar... No va a ser yo. En las muchas palabras no falta pecado.
Es más, el mismo Job hasta aquí, todo súper. Pero luego de la acusación incesante de sus amigos, Job empieza a hablar, y va hablando y va hablando y va hablando. El mismo Job falla, el mismo Job peca, y muestra que su corazón estaba enorgullecido por su integridad.
Una vez más, amados, pongamos guarda a nuestras palabras mientras sufrimos. En medio del dolor, las únicas palabras que no debemos refrenar son aquellas que digan: "Bendito sea el Señor". Bendito sea el Señor. Todo lo otro, piénsalo.
Hermanos, hay una última, una séptima y última lección de la escuela del sufrimiento que quiero compartir con ustedes.
No se desprende de un versículo específico, sino de todo el libro, y es esta: el sufrimiento nos prepara para el servicio. El sufrimiento nos prepara para el servicio. Si Job no hubiera sufrido, nosotros no estuviéramos hablando de él. Si toda la historia fuera: "Había un hombre en la tierra de Uz, era muy bueno, era muy rico", ¿a quién anima esa historia?
Y piensa alrededor tuyo, piensa en tus amigos, ¿no has notado tú que las personas más maravillosas, las personas más comprensivas, las personas más profundas, son aquellas que más han sufrido? Que las mejores personas que tú conoces son personas que han sufrido bastante. No te quepa la menor duda, amado hermano, ¿por qué? Una razón fundamental, importantísima, principal, por la que Job sufrió era para que tú y yo estuviéramos hablando de él hoy, en esta islita, 2003, 2004, 2005, 2006, miles de años después de lo que le ocurrió.
Es para que tú, quizás tú solo, quizás solo tú, encuentres hoy ánimo, propósito en medio de la aflicción. Quizás tú allá atrás, el Señor te está preparando para animar a otro en medio de su aflicción. Piensa en cuántos millones de personas han encontrado descanso y ánimo por la vida de este santo. Y ahora piensa en cuántas personas van a ser bendecidas por tu sufrimiento. ¿A cuántas personas tú vas a poder consolar con la consolación que has recibido de parte de Dios? ¿A cuántas personas tú vas a poder amar con el amor que tú has recibido de parte de Dios? Tu sufrimiento no se trata de ti. Igual como tu vida es para la gloria de Dios, tu sufrimiento es para la sanidad, para el amor a otros. No se trata de ti.
Amado hermano, a través del fuego que pases o que estés pasando, Dios te está preparando para usarte, para sanar a otros, para servir a otros, para llorar con otros, para dolerte con otros, para amar a otros.
Entonces, ¿qué aprendimos? Vamos a revisar la lección. La primera lección: nuestras vidas están siempre en las manos de Dios, nuestros sufrimientos están en las manos de Dios. Segunda lección: que la gloria de Dios es más importante que nuestra comodidad. Tercera lección: que no siempre podemos explicar el sufrimiento humano. La cuarta lección es que nuestra reacción ante el dolor es más importante que el dolor que sintamos. En quinto lugar, que pasar la prueba no significa que el sufrimiento va a parar. En sexto lugar, que debemos poner guarda a nuestras palabras mientras estamos sufriendo. En séptimo lugar, que el sufrimiento nos prepara para el servicio.
Yo les comentaba al inicio que yo soy un preescolar en cuanto al sufrimiento. Job tenía por lo menos dos PhD y un par de doctorados honoris causa en sufrimiento. Pero el mayor sufrimiento que él sintió nosotros no lo vimos hoy. Si tú sigues leyendo, tú vas viendo en sus palabras que hubo una cosa que a Job le dolió más que perder todos sus bienes, más que perder todos sus hijos, más que el quebrantamiento de la relación con su esposa, más que ser juzgado por sus mejores amigos una y otra vez. Lo que a Job más le dolió es que él no sabía qué estaba haciendo Dios. Es que él no escuchaba ya de Dios. Él sintió un silencio de parte de Dios. Una y otra vez él clamaba al Señor que viniera, que le hablara, que se le acercara, que le dijera qué estaba pasando.
Y amado hermano, hoy en nuestro sufrimiento tú y yo nunca pasaremos por un silencio como ese. Tú y yo nunca tenemos que dudar qué está haciendo Dios. Pues hubo uno que, como Job, también sufrió inocentemente. Pero hubo uno mayor que Job, cuya vida sí estuvo en manos de Dios y él la entregó voluntariamente. Hubo uno mayor que Job, que sufrió para que la gloria de Dios fuera manifestada en la salvación de muchos. Hubo uno mayor que Job, que sufrió siendo inocente. El mejor hombre del mundo sufrió el castigo más cruel imaginable para que los peores hombres del mundo pudieran ser perdonados.
Hubo uno mayor que Job, que encomendó su vida al Padre en adoración, bendiciendo al mismo Dios que lo quebrantaba por nosotros. Hubo uno mayor que Job, quien fue un varón de dolores, quien pasó por sufrimiento y el premio del sufrimiento fue más sufrimiento, hasta terminar con una muerte cruel, una muerte de cruz. Hubo uno mayor que Job, quien puso guarda a sus labios como cordero inmolado, que no abrió su boca, que bendijo a Dios en todo tiempo y que bendijo a quienes lo crucificaron. Hubo uno mayor que Job, quien dio el ejemplo mayor de servicio y amor, quien dio su vida por sus amigos y trajo sanidad a los sufrientes.
Como no se cansaba de alabar a Dios, Job no maldijo a Dios, pero el que vendría sería maldito por Dios. Él se convertiría en maldición por nosotros, por nuestro pecado. Dios no dejó a Satanás tomar la vida de Job, pero el que vendría daría su vida en la cruz como rescate por muchos. La vida de Job sería preservada, pero la vida de Cristo sería sacrificada por nuestro pecado.
Nosotros vimos en Job que es posible sufrir bien, trayendo gloria a Dios. Job nos enseña que es posible sufrir bien y traer gloria a Dios, pero en Cristo Jesús nosotros vemos a Dios sufriendo por nosotros, trayendo salvación a su pueblo. En los sufrimientos de Jesús nosotros aprendemos a no dudar nunca de la bondad de nuestro Padre amoroso, que él que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros, ¿cómo no nos dará junto con él todas las cosas?
Ahora nos podemos mirar nuestra vida, mirar el sufrimiento que viene y decir: el Señor nos dio a Jesús, el Señor puede quitar lo que quiera, bendito sea el nombre del Señor.
Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.