David, el hombre conforme al corazón de Dios, el mejor rey que tuvo Israel, cayó tan profundo como alta había sido su gloria. En 2 Samuel 11 encontramos una secuencia de pecados que parece imposible atribuir al mismo joven que enfrentó a Goliat: pereza, una segunda mirada, deseo, adulterio, mentira y finalmente el asesinato de Urías, uno de sus hombres más leales. El pecado funciona así: se le da una pulgada y toma el brazo completo. Las pequeñas indulgencias son como bisagras diminutas que, al quitarse, abren la puerta de par en par.
Pero Dios amaba demasiado a David para dejarlo en el lodo. Envió al profeta Natán con una parábola sobre un hombre rico que robó la única cordera de un pobre. David, ciego a su propia culpa, sentenció furioso que ese hombre merecía morir. Entonces vinieron las palabras que lo despertaron: "Tú eres aquel hombre." La gracia de Dios es persuasiva; no llegó con acusación directa sino con sabiduría, buscando arrepentimiento más que condenación.
David respondió con cuatro palabras: "He pecado contra el Señor." Y Natán, casi de inmediato, declaró: "El Señor ha quitado tu pecado." Ese es nuestro Dios: uno puede pasar años pecando, pero cuando dice "perdóname", Él responde "perdonado". El matrimonio que comenzó con adulterio y asesinato produjo a Salomón, el amado del Señor. Y de esa línea vino Jesús, quien no se avergonzó de llamarse hijo de David. Las promesas de Dios siempre son más poderosas que los pecados de los hombres.
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Muy bien, ahora sí inicio. Déjame decirte que hace unos meses yo estaba aquí mismo, detrás de este púlpito, celebrando, regocijándome, adorando a nuestro Dios por la vida de uno de los personajes más importantes del Antiguo Testamento. Estábamos aquí gozándonos viendo a David, ese joven David que se encontró de frente con este gigante Goliat. Y ahí en Primera de Samuel 17 duramos casi una hora viendo cómo este joven hombre genuinamente mostró un corazón como el de Dios, que en su debilidad, por el poder de Dios, Israel ganó la victoria contra este hombre de tres metros de altura, este Goliat. Y ese pequeño joven luego sería el rey sobre la nación, el mejor rey que tuvo Israel, que le dio libertad y paz por muchos años, y que terminó recibiendo la promesa de que de su descendencia habría alguien en el trono para siempre. Y fue un tiempo de regocijo, como: "¡Wow, es increíble lo que Dios puede hacer con un pequeño hombre!"
Esa es una de las dos historias más famosas de David: la de David y Goliat. Hoy vamos a estar viendo la otra historia, la otra más famosa: la de David y Betsabé. En Segunda de Samuel nos encontramos con las terribles noticias de que aun David, el gran rey David, ha fallado. Pero no fue que se le chispoteó, no fue un pequeño fallo, no fue una caída ligera o accidental.
Mira, si alguien decidió empezar a leer la Biblia hoy y empezó por Primera de Samuel, no te recomiendo que empieces por Samuel, empieza por Juan. Pero si empezaste por Primera de Samuel y tú vas leyendo y estás siendo animado viendo a este David, y tú llegas a Segunda de Samuel y tú lees los capítulos que vamos a ver hoy, tú vas a pensar que te cambiaron el personaje. Que es que David era un hombre común y que estos eran dos Davides diferentes. Porque hasta este momento, en toda la historia de la Biblia, David, si bien ha cometido errores, pequeños errores, su carácter siempre ha sido bondadoso. Su mente siempre estaba enfocada en la obra de Dios. Su corazón siempre ha deseado honrar a Dios. David era el rey que Dios había elegido para su pueblo, y las victorias de David exaltaron el nombre del Dios de Israel en toda la tierra. David era un hombre totalmente diferente, un adulto totalmente diferente a los otros hombres, pensábamos. Y así de alto como fue su gloria, así de profunda fue su caída. Y así de imposible como resulta de creer, el mismo David, llamado el hombre conforme al corazón de Dios, es el mismo hombre que hoy vamos a ver portarse como el peor de los hombres.
Abre tu Biblia en Segunda de Samuel 11, 12 y 12. Estaremos un tiempo ahí. Segunda de Samuel 11, 12 y 12. A mí me ayuda a organizar mis ideas en los textos, creo que la Biblia también está estructurada así, así que te voy a dar los tres puntos que estamos viendo en el día de hoy de Segunda de Samuel 11 y 12. Primero veremos lo poderoso del pecado. Luego veremos lo persuasivo de la gracia. Y en tercer lugar veremos lo perfecto del perdón.
Dicho eso, vamos a orar. Señor, que las palabras de mi boca y las meditaciones de mi corazón sean agradables delante de ti. Esa es la oración de todos nosotros que estamos aquí. Lo hemos cantado una y otra vez. Dios, guárdanos, Señor, cuídanos, ayúdanos a esperar en ti. Señor, te necesitamos, necesitamos tu sangre que nos limpie, que nos perdone. Y eso es verdad en cada momento; de manera particular es verdad ahora que estamos frente a tu santa Palabra. Glorifícate en medio nuestro, porque oramos en el nombre de tu Hijo. Amén.
Esta es la Palabra de Dios: "Aconteció que en la primavera, en el tiempo cuando los reyes salen a la batalla, David envió a Joab y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas y sitiaron a Rabá, pero David permaneció en Jerusalén. Al atardecer David se levantó de su lecho y se paseaba por el terrado de la casa del rey. Y desde el terrado vio una mujer que se estaba bañando, y la mujer era de aspecto muy hermoso. David mandó a preguntar acerca de aquella mujer, y alguien dijo: ¿No es esta Betsabé, hija de Eliam, mujer de Urías heteo? David envió mensajeros y la tomaron, y cuando ella vino a él, él durmió con ella. Después que ella se purificó de su inmundicia, regresó a su casa. Y he aquí, concibió y envió a decir a David: Estoy encinta."
Vamos al versículo 14: "A la mañana siguiente David escribió una carta a Joab y la envió por mano de Urías. En la carta había escrito: Pongan a Urías al frente de la batalla más reñida y retírense de él para que sea herido y muera. Así que cuando Joab sitiaba la ciudad, puso a Urías en el lugar donde sabía que había hombres valientes. Y los hombres de la ciudad salieron y pelearon contra Joab, y algunos de los siervos de David cayeron, y murió también Urías heteo."
En el versículo 26: "Al oír la mujer de Urías que su marido Urías había muerto, hizo duelo por su marido. Cuando pasó el luto, David mandó traerla a su casa, y ella fue su mujer y le dio a luz un hijo. Pero lo que David había hecho fue malo a los ojos del Señor."
¿Qué es esto que acabamos de leer? ¿Qué es esto? Vamos a hacer un pequeño ejercicio de contar los pecados que leemos aquí, ¿ok? No sé si lo notaste, pero el texto empieza diciendo que en el tiempo que los reyes salen a la batalla, David se queda en Israel. Y luego David se levanta al atardecer. ¿Cuántas buenas historias se empiezan con el protagonista durmiendo hasta la tarde? Y si no fuera suficiente, David se levanta y ¿qué hace? A pasearse por el terrado. Este es un David, en su mejor momento militar, que no está motivado por la guerra, que decide enviar a otro y quedarse descansando en la casa.
En su paseo él observa una mujer bañándose, y eso en sí mismo no es pecado, eso pudo ser una coincidencia. Por la manera que estaba hecha Israel, el palacio de David estaba bien casi cerca de un monte y podía verse todo hacia abajo, o sea que eso podía pasar en cualquier momento. El pecado no fue que la vio, sino que se queda mirando, ¿no es cierto? Es la segunda mirada. Y entonces él manda a preguntar por ella. O sea, ya no solamente la vio, él está investigando, está orquestando un plan. Alguien le responde en misericordia: "Oye, esta ella es casada." Y ahí debió quedarse, se acabó. Pero no, él sigue deseándola. Y entonces, como si no fuera suficiente, él manda a buscar mensajeros, o sea que ya ni siquiera es algo privado, él está dispuesto a que la gente sepa de su lujuria. Y entonces él se acuesta con ella.
Hasta ahí ya está horrible, ya es enorme. Pero el texto dice que al enterarse que ya está embarazada, él manda a buscar a Urías para esconder su acción. Él quiere tratar de que Urías se acueste con su mujer y parezca que fue el hijo de Urías y no de él. No sé si te das cuenta, pero ahí David está dispuesto a negar a su propio hijo. Está negando a su propio hijo.
Urías no era cualquier hombre, no sé si sabías esto: Urías era uno de los valientes de David, uno de los treinta principales hombres de David. David conocía a Urías bien. Urías había estado con David desde los tiempos de la cueva de Adulam. ¿Recuerdan hace tiempo donde David estaba escondiéndose de Saúl? Urías era del grupo íntimo. Y como si no fuera suficiente, ignorando la conciencia, ignorando todo mover del Espíritu Santo, David manda a matar a Urías. Y no sé si notaste el versículo 14, que dice que le envía la carta por la mano de Urías. Él manda la carta con Urías. Él está totalmente endurecido.
Este es el hombre que escribió la mayor parte de los Salmos, el mejor rey que ha tenido Israel. En una sola secuencia de eventos él se encontró codiciando la mujer de su prójimo, dando falso testimonio, hurtando, cometiendo adulterio y asesinando. La mitad de los Diez Mandamientos.
Y diferentes comentaristas hacían preguntas que yo también me hago mientras leía este texto. ¿Qué estaba pasando con David? ¿Será que él tenía problemas en su casa, que estaba bajo estrés, que quizá tenía la crisis de la mediana edad? ¿Estuvo él luchando contra esa tentación paso a paso? ¿Será que Betsabé fue cómplice? ¿Será que ella lo animó? Pues déjame decirte que la Biblia no tiene ningún interés de respondernos nada de eso. La Biblia no quiere darle excusas a David. La Biblia no empieza con un prólogo: "Este era un tiempo donde David estaba pasando mucho estrés en su casa, sus hijos estaban portándose mal, el reino tenía problemas, había..." La Biblia no hace nada de eso. Su accionar fue horrible y él fue completamente responsable de sus acciones.
Pero recuerda otra vez: este no es un psicópata, este no es un hombre que ha dejado la fe, este no es Judas. Este es el rey David. Y es que cuando uno es pequeño, uno tiene la tendencia como de poner a los hombres grandes de la Biblia como si fueran los superhéroes, los que no cometen ningún error. Y uno así se enseña a los hijos: "Tú tienes que ser como Noé, tienes que ser como David, tienes que ser como este otro." Y hay algo de bueno en eso, porque uno quiere que los hijos imiten lo bueno. Pero la Biblia no juega a eso. La Biblia no tiene muchos protagonistas. La Biblia no esconde las faltas de sus personajes.
Porque vamos a dar una vuelta, cita rápida. Adán: sabemos lo que hizo Adán, ¿verdad? Aún no se te olvidó que Adán fue el único otro hombre, además de Cristo, que estuvo en la tierra sin pecado por un tiempo. Tú sabes lo que es eso. Él dura un tiempo sin concupiscencia, sin carne caída. Y sin embargo él le hace caso a Satanás, él esconde su pecado, él miente, él culpa a su mujer y él trae maldición a toda la humanidad.
Abraham, es decir, el padre de la fe, que se acostó con su sirvienta para hacerle un atajo a Dios, y quien puso en peligro la vida de su esposa al menos en dos ocasiones, mintiendo.
Es uno de mis favoritos, es decir, Moisés, el líder más grande del Antiguo Testamento, que inicia su historia asesinando a un hombre. Que luego se encuentra con Dios —yo no sé si estás tomando esto en cuenta, capítulos 3 y 4 de Éxodo—.
Él se encuentra de frente con Dios y le dice: "No, Dios, tú te has equivocado. No soy yo, es otro." Y que a pesar de ser uno de los mejores hombres de toda la Biblia, ni siquiera puede entrar a la tierra prometida debido a su ira.
Y los jueces, no tengo que decirte mucho ahora. Los Gedeón, Gedeón sí. Gedeón que inicia su ministerio tentando a Dios: "No, Dios, que si se moja el vellón y no afuera. No, Dios, que si se moja afuera y no se..." Que termina su historia, además de haciendo ídolos. Los hijos de Gedeón son de los peores hombres de toda la Biblia.
El gran Job, el hombre intachable, que Reina-Valera dice que era perfecto, el mejor hombre sobre la faz de la tierra en su momento. Tú sabes que él peca en su libro, ¿no es cierto? O Nehemías, que no se muestra pecado abiertamente en su libro, pero él termina su libro diciendo: "Dios, acuérdate de mí, ten misericordia." ¿Por qué lo dice? Él sabe por qué. O Daniel, que otra vez no hay ninguna falta en su carácter en todo el libro de Daniel, que es un libro bastante extenso, excepto que Daniel dos veces en el libro ora por sus pecados. Él sabe por qué está orando.
"Bueno, por eso es el Antiguo Testamento, que no había Espíritu Santo, ¿no es cierto? En el Nuevo Testamento las cosas son diferentes." Excepto que los doce discípulos terminan alejándose de Jesús, uno cada uno en su propio momento. "No, Jairo, por eso es que el Espíritu Santo todavía no habitaba, entraba y salía", me dice mi hermano teólogo. Ok, mi hermano teólogo, hablemos de la iglesia. No hay iglesia donde el Espíritu Santo se movió más que en la iglesia de los corintios. ¿Tú quieres ser como la iglesia de los corintios? Todas las cartas, el libro de los Hechos, muestran las faltas actuales o posibles de cada iglesia donde el Espíritu Santo estaba activamente moviéndose, que tenían a los apóstoles por pastores.
Bueno, bueno, pero déjame darte una última: y la iglesia hoy. Cuando uno se une a la iglesia, cuando uno se convierte el primer día, "mi hermano, bienvenido, ¿es este su primer domingo como creyente?" Uno cree que uno entra al club de los cielos. Uno sale del mundo y se encuentra con esta gente que está leyendo la Biblia, que están orando, que están hablando cosas buenas, que no dicen mala palabra, y tú dices: "No, llegué al club de los cielos." Y así. Y luego tú te das cuenta que la membresía en el club es gratis y entra todo tipo de gente. La única iglesia donde no hay pecado es un edificio que está vacío. Bien lo dijo Jim Pearson: cada congregación está llena de pecadores, y si eso no fuera suficientemente malo, tienen a pecadores por pastores.
¿Dónde está la persona perfecta? ¿Dónde está el hombre o la mujer que no tiene pecado? Bendito sea Dios, gracias a Dios y su misericordia, que este pecado de David es espectacular y no la norma. Gracias a Dios que Él nos ha guardado y no cometemos pecados como estos.
Porque déjame decirte, si somos totalmente honestos, los cristianos decimos que la salvación es por gracia, y lo cantamos, hoy lo hicimos una y otra vez. Pero dentro de nosotros hay como un pequeño tribunal donde uno más o menos se guarda el derecho de pensar: "Eso yo no lo haría. Yo nunca llegaría ahí, yo nunca haría algo como eso." Hay algo en nosotros, yo le diría un pequeño fariseo, que está seguro de que aunque yo peco, yo no peco así. Tú no me crees, pregúntale a tu esposo o a tu esposa. Cuando tienen alguna discusión, mira lo fácil que se te hace ver las faltas del otro. Es más, si tu hijo habla ya por encima de los seis y siete años, pregúntale: "¿Alguna vez has hecho algo mal?"
Esta es la advertencia para nosotros: el que cree que está firme, tenga cuidado, no sea que caiga. ¿Tú sabes quién es el que se cae? Quien piensa que tiene los pies firmes y no se agarra de nada. Ese es el que se cae. El pecado es tan poderoso que no hay forma de controlarlo. Tú le das una pulgada y te toma el brazo completo. Ese es el tipo de infección que el pecado tiene, ese es el tipo de gangrena que tiene, y lo viste en David.
Leo: a través, David no empieza con un asesinato. David empieza con pereza, con un descanso no ganado, luego con una mirada, una segunda mirada, una conversación, una invitación, una consumación, una mentira, una justificación de su mentira que termina en un asesinato. Las pequeñas indulgencias en pecado son como pequeños tornillos que uno por uno nada, pero terminan descarrilando todo un tren. Las pequeñas indulgencias, los pequeños permisitos que uno se da para pecar son las pequeñas bisagras de la puerta, perdón, que son pequeñitas, no hacen gran cosa, ese tornillito. Si lo quitas, se abre la puerta de par en par y entra lo que sea. Por eso bien dijo el predicador puritano John Owen: mata el pecado o el pecado te matará a ti.
Es muy, muy fácil eliminar una semilla, pero cuánto tiempo y esfuerzo nos toma tumbar un árbol. Y a ti, hermano, yo quiero decirte algo: no creas que esto no es para ti. Yo tengo que decirme eso también, porque en mi mente, en un millón de años yo no haría algo parecido como David, excepto que yo no soy un hombre como David. Yo no tengo la fe de David, yo no tengo la cercanía con Dios que tuvo David, yo definitivamente no tengo el espíritu de valentía que tuvo David. Y si eso le pasó a David, no, pero si eso hizo David, eso puede hacer Jairo. Eso puedes hacer tú también.
"¿Y cómo yo me guardo de eso, Jairo?" Yo no me sé la clave más que es cierto lo que te acabo de decir: mata el pecado o el pecado te matará a ti. Encuentra las pequeñas áreas donde tú estás cediendo, pequeñas mentiras que estás acostumbrando a decir, pequeños pecados que te estás dejando hacer porque no son nada grave, y mátalos ahora. Porque si no, las consecuencias vendrán.
Y déjame decirte algo: quizás tú, quizás yo, hemos estado o estamos en ese momento donde hemos pecado y estamos seguros de que lo hemos logrado. Si tú te fijas, dice el texto en el versículo 26 que murió Urías y David se casó con Betsabé. O sea que se salió con la suya, lo logró. Y no solo eso, dice que le nació un hijo. O sea que pasaron por lo menos nueve meses entre el inicio y el pecado de David, y hasta un hijo hay ahí, y David está tranquilo. No pareciera como que hubo ninguna consecuencia, ¿no es cierto? Si David hubiera sido de otro tiempo, David podía haber dicho: "Bueno, a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien."
Pero el versículo 27, ¿qué dice? ¿Cómo termina el capítulo? "Lo que David había hecho fue malo a los ojos del Señor." En todo el capítulo hay una aparente ausencia de Dios, no se menciona a Dios, no se ve a Dios actuando, pero Dios estaba ahí observando, a punto de intervenir, porque Dios ama demasiado a David para dejarlo en el lodo del pecado. Y Dios nos ama demasiado a ti y a mí como para dejarnos en nuestro pecado. Y a pesar de lo poderoso del pecado, vamos a ver qué tan persuasiva es la gracia.
Segunda de Samuel, capítulo 12, dice: "Entonces el Señor..." El capítulo pasado no había Señor hasta el final; aquí iniciamos. "Entonces el Señor envió a Natán a David. Y Natán vino a él y le dijo: Había dos hombres en una ciudad, el uno rico y el otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, pero el pobre no tenía más que una corderita que él había comprado y criado, la cual había crecido junto con él y con sus hijos. Comía de su pan, bebía de su copa, dormía en su seno y era como una hija para él. Vino un viajero a visitar al hombre rico, y este no quiso tomar de sus ovejas y de sus vacas para preparar comida para el caminante que había venido a él, sino que tomó la corderita de aquel hombre pobre y la preparó para el hombre que había venido a visitarlo."
Y se encendió la ira de David. No acaba la historia, se encendió la ira de David en gran manera contra aquel hombre y dijo a Natán: "¡Vive el Señor!" —ven, cada vez no ha dejado la fe— "¡Vive el Señor, que ciertamente el hombre que hizo esto merece morir y debe pagar cuatro veces por la cordera, por qué hizo esto y no tuvo compasión!"
Versículo 7, llegó la gracia. Entonces Natán dijo a David: "Tú eres aquel hombre." Qué manera. "Tú eres aquel hombre. Así dice el Señor Dios de Israel: Yo te ungí rey sobre Israel y te libré de la mano de Saúl. Yo también entregué a tu cuidado la casa de tu señor y las mujeres de tu señor, y te di la casa de Israel y de Judá. Y si eso hubiera sido poco, David, yo te habría dado todo. Pero si era muy poco, te hubiera añadido muchas cosas más. ¿Por qué has despreciado la palabra del Señor haciendo lo malo ante sus ojos? Has matado a espada..." "Pero no fui yo." "No, no, no, no. Has matado a espada a Urías heteo, has tomado su mujer para que sea mujer tuya, y a él lo has matado con la espada de los amonitas. Ahora pues, David, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has despreciado y has tomado la mujer de Urías heteo para que sea tu mujer. Así dice el Señor: Por eso, de tu misma casa levantaré el mal contra ti, y aun tomaré tus mujeres delante de tus ojos y las daré a tu compañero, y este se acostará con tus mujeres a plena luz del día."
Le tocó su historia de introducción, luego un sermón aplicado directamente a él. Y qué aplicación. Mira, para entender esto tú debes tomar en cuenta lo siguiente: una de las labores comunes del rey de Israel era ser juez. El rey era literalmente ley, batuta y constitución. Él era la Suprema Corte de Justicia. En parte por eso David se atrevió a hacer todo lo que hizo con Urías, porque al final él era el rey, él era el juez, él era el que decidía.
Pues Natán viene a hacer eso que David ya estaba acostumbrado. Natán vino a presentarle un caso. El profeta Natán no era un extraño, era un amigo de David. De hecho, Natán el profeta fue el que le dio la profecía a David de que a través de su descendencia iba a estar en el reino para siempre, solamente cuatro capítulos antes. Esa promesa de la descendencia de David fue Natán quien se la dio. Natán había dado ya sermones aplicados directamente a David; lo único es que el otro fue excelente y David salió muy contento de ahí.
Natán era un consejero cercano de David, pero en este momento, debido a su pecado, la profecía que recibiría sería de condenación y dolor. Ahora, tuviste cuán hermosa, cuán persuasiva, cuán inteligente fue la manera en que Natán lo hizo. Natán presenta a este hombre rico que lo tiene todo, tiene vacas, tiene ovejas, lo cual implicaba en ese momento riquezas. Y dice que las tiene, no dice que las compró. O sea, el hombre tiene tiempo siendo rico, el hombre es rico por herencia, alguien le dio todo lo que tiene.
Y luego lo contrasta con este pobre hombre que luchó para tener una corderita. Y parece que no había perros en ese tiempo, porque la corderita dice que comía con él, que dormía con él, que le daba cariño, que hacían todo juntos. La mascota de la casa, la corderita. Esa no se iba a cocinar. De hecho, termina esta parte de la historia diciendo que la corderita era como una hija para él. Y aquí viene como un detallito de cómo la Biblia es tan increíble. "Como una hija", la palabra es como una bat, como bat saber. O sea, Natán hasta se la está tirando para que, si David o Urías estaba en sus cabales, diga "como una bat, ¿pero qué?"
Pero el rico, porque quiso, le quitó la corderita al hombre y la asesinó. A pesar de tener todo lo que necesitaba, el rico quiso lo del otro y lo despojó. Y eso es un excelente resumen e ilustración de lo que David había hecho. Pero tú viste que si algo estaba David, que le escucha la historia y en vez de aplicársela, dice "yo, ¿cómo? Quizás algo..." No, no, no. Se encendió su ira. "¡Vive el Señor!" El tipo hasta juró. "¡Ese hombre merece morir!"
Ojo, no había nada en la ley, lo que suponía que David estaba errando, que mandara a matar por una cordera. Sí lo tocaba pagar, pero no matar. Pero yo no sé si tú has notado algo. Si tú en la calle alguien se te mete, tú dices... No voy a decir qué tú dijiste, tú lo dijiste un momento ya. Pero cuando David, sentado en su trono como juez, dice "ese hombre merece morir", hay cuatro tipos que salen: "¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? ¿Qué le pasa al rey?" Cuando él dice "ese hombre merece morir", él está diciendo literalmente "vayan, búsquenmelo, mátenlo".
Así de irado estaba David, que estuvo dispuesto a irle por encima a la ley de Dios. Fue más justo en su mente que Dios. Y dime si no es que somos así cuando estamos ocultando pecado. Tú tienes algo escondido que nadie sabe, tú estás calladito con eso. Tu hijo hace algo que no te gusta y tú le bajas la ley, le pesas y tú le... No literalmente, espero, pero tú sabes por qué. O no tu hijo, tu empleado también. Tú tienes un problema con alguien más, tú tienes algo guardado que no quieres tratar. Tu compañero de trabajo, tu empleado hace algo y tú mira. Tu esposa. Tu esposo.
Cuando uno tiene culpa y uno encuentra otro culpable, uno quiere que él pague por tu pecado y el de él. Uno está buscando que alguien pague y, como no voy a ser yo, como me siento tan mal con mi pecado, como no sé cómo salir de él, que pague el otro. Por eso la Palabra dice que la ira del hombre no obra conforme a la justicia de Dios.
Ahora nota la gracia de Dios. Él no nos deja ahí, Él levanta mensajeros. Él levantó a Natán porque David estaba bastante ciego, que él no podía solo ya. David tenía el corazón tan endurecido. Él había durado tanto tiempo escondiendo su pecado. Y él dice en otro momento, hablando de esta situación, que cuando él escondía su pecado era como que se le estaba yendo toda la fuerza, como que se le estaba carcomiendo por dentro. Él no sabía qué hacer, él no podía solo ya. Tenía un gancho guardando esto. Y por eso Dios envió a Natán, porque él necesitaba alguien que le ayudara a ver su falta.
Eso es gracia de Dios cuando te envía gente que te confronta con tu pecado. Y tú y yo debemos orar, yo debo orar, porque haya Natanes en nuestras vidas. Que haya gente que esté dispuesta a hablarnos, a confrontarnos, a chocarnos, a ayudarnos. Y cuando llegue un Natán, amado, no te enciendas en ira. Espera, que quizás es Dios que te está hablando.
Ahora, una vez más, no solamente nota que Dios le envió un Natán. Nota la forma en que Natán llega. Natán no inició acusándolo a David. Y ese es un problema que nosotros tenemos. "Ah, no, yo le dije la verdad. Si él no la escucha, mal a él." Eso no fue lo que hizo Natán. Natán sabía que David iba a tener las defensas bien en alta.
Y permíteme irme al lado ahora para explicarte algo. No hay duda de que la gente sabía que David había hecho algo. Hay mil razones por las que te puedo decir eso, pero vamos simple. Él mandó a preguntar por Betsabé, ¿no es cierto? Ya hay una gente que sabe. Una gente sabía por lo menos. Pero también, de hecho, él mandó a preguntar y alguien le dijo; no fue que le preguntó a una gente. Pero luego él manda mensajeros a buscar a Betsabé, ¿no es cierto? O sea que hay un grupo de gente que sabe que él hizo algo. Pero luego, Joab también sabía. Pero luego Joab mandó a decirle a David con otra gente, o sea que otra gente más sabía.
Pero te doy una más, y esto cuando yo lo entendí me voló la mente. Ustedes no se dieron cuenta que en la profecía dice que el compañero de David iba a acostarse con las mujeres de David en plena luz del día. Lo que él hizo en tinieblas, otro lo va a hacer en plena luz del día. ¿Tú sabes quién hace eso? Absalón. Su hijo. El próximo capítulo de David, de Segunda de Samuel, empieza a mostrar cómo David desciende. Absalón, su hijo, se acuesta con las mujeres de David a la luz del día. ¿Tú sabes a quién se le ocurrió esa idea? Ahitofel. Ahitofel era uno de los consejeros de David. Ahitofel también era el abuelo de Betsabé. Había un abuelo que, sea porque ella le contó o porque hizo el dos más dos más dos, sabía lo que había pasado. Y él esperó pacientemente para vengarse de David.
O sea que la gente sabía que David había hecho algo. Los rumores estaban corriendo. Y David no estaba en sus cabales. Si Natán llegaba y decía: "Hola David, ¿cómo estás? ¿Tú hiciste algo?" "¡Llévenselo y mátenlo, por favor! ¡Sáquenme de Natán!" Imagínate la culpa que David hubiera sentido si además de todo lo que hizo, también mataba a su amigo Natán. Pero Dios en su gracia, y Natán en su sabiduría, no lo hace así. Él llega con esta historia.
Y me encanta cómo Tim Keller comenta esto. Él dice: "Glorifica a Dios el decir la verdad sobre el pecado. Pero glorifica a Dios todavía más si la persona a quien le dices la verdad sobre su pecado se arrepiente." Dios va detrás de la convicción y la conversión más que detrás de la condenación.
Y aquí hay algo para nosotros como padres, como hermanos, como amigos, como compañeros, como amigos en el evangelio. Hasta como personas que usan redes sociales, hay algo para nosotros. Nuestra comunicación de la verdad debe ser astuta, debe ser sabia, debe ser pensada y debe ser con gracia. No es suficiente decir la verdad, hay que decir la verdad en amor. Muchas veces, oye esto hermano, las personas alrededor tuya no es que están rechazando el evangelio; te están rechazando a ti como mensajero del evangelio por la manera en que lo presentas.
Natán estaba buscando el arrepentimiento de David y por eso inició con esta historia, con esta parábola. No fue que él iba a transformar su mensaje, es que lo sazonó con sal. Y si bien es cierto que de aquí en adelante el reino de David nunca vuelve a ser lo que era, este seguía siendo el David que habíamos leído antes. Dios no había terminado con él. Es más, más importante: este seguía siendo el mismo Dios de David.
Mira el versículo 13 y 14. Es lo perfecto del perdón de Dios. David dijo a Natán: "He pecado contra el Señor." Y Natán dijo a David: "El Señor ha quitado tu pecado, no morirás." ¿Cómo? Pero, ¿de qué? ¿Y Urías? ¿Y Joab y la gente? Bueno, es que este es el David quebrantado que Dios estaba buscando. Eso es lo que Dios quería ver. Dios quería volver a que se viera otra vez más quién era su siervo, quién era su rey escogido. Este era el joven que ha puesto a Dios delante de sus ojos. Este es el hombre quebrantado. Este es el corazón de Dios hablando.
Y bien, en el original aquí solamente hay dos palabras en "he pecado contra el Señor". Cinco palabras en español. Pocas palabras. Si tú lees el Salmo 32 o el Salmo 51, tú puedes ver qué tan profundo fue el arrepentimiento de David.
Mira cómo dice el Salmo 51: "Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia. Conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. Múltiples lávame por completo de mi maldad y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis transgresiones y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado y he hecho lo malo delante de tus ojos, de manera que tú eres justo cuando hablas." Cuando tú dices que mi hijo va a morir, como dice el versículo siguiente, "y sin reproche cuando juzgas", aun cuando tú dices que la espada nunca se iba a apartar de mi casa. Este es el corazón conforme al de Dios.
Mira la gran diferencia entre el capítulo 11 y el capítulo 12. La diferencia que hace el arrepentimiento. El capítulo 11 no se menciona el nombre del Señor hasta el final; el capítulo 12 inicia con el nombre del Señor. En el capítulo 11 hay corazones completamente endurecidos; en el capítulo 12, un corazón totalmente sensible al pecado. En el capítulo 11 hay un hombre tratando de ocultar su pecado, tramando para esconder su maldad. En el capítulo 12 hay un hombre confesando abiertamente su falta. En el capítulo 11 hay un hombre que va a recibir juicio por sus acciones; en el capítulo 12 hay un hombre que recibe perdón por su arrepentimiento. En el capítulo 11 da vida un asesino; en el capítulo 12 él estaba dispuesto a sufrir. Él era quien iba a sufrir.
Este es el tipo de perdón que Dios ofrece al corazón contrito y humillado. Este es el cambio que Dios provoca en aquellos que están dispuestos a someterse a su bisturí. Lo único que David merecía era juicio y dolor. Y el pecado siempre tiene consecuencias. David sufriría grandes consecuencias por sus faltas, pero tú notaste lo rápido que Natán le presentó perdón.
Fue así como David dijo dos palabras. Sin embargo, Natán le dijo: "El Señor ha quitado tu pecado, no morirás." Ese es nuestro Dios, que uno toma años pecando, vida entera pecando, y dice: "Jesús, perdóname." Dios dice: "Listo, perdonado. Ese es tu pasado, ven a ver tu futuro."
Esa es la historia que vemos una y otra vez en la Biblia. Dios decide actuar en la vida de alguien, esa persona falla, se arrepiente. Dios la restaura, la limpia y la utiliza una vez más. Y si no me crees, acompáñame al versículo 24, por favor, el 25. Oye esto: "David consoló a Betsabé su mujer, y vino a ella y se acostó con ella, y ella dio a luz un hijo. Y él le puso por nombre Salomón, y el Señor lo amó. Y envió un mensaje por medio del profeta Natán otra vez, y le puso por nombre Jedidías, que significa 'amado del Señor', por causa del Señor."
¿Cómo se llama Betsabé? La mujer de David. Hasta ahora cada vez que se decía Betsabé, se decía "la mujer de Urías." Pero ahora se dice: "Ve, la mujer de David." Luego del arrepentimiento, borrón y cuenta nueva. Ahora Dios bendice ese matrimonio. Y no solo bendice el matrimonio, él le da un hijo que él ama, el amado del Señor, el rey Salomón.
Una vez hemos sido perdonados, una vez hemos confesado nuestro pecado, una vez hemos recibido el perdón de Dios, somos nuevas criaturas. Las cosas viejas pasaron, el pecado de ayer se olvidó. Si yo me he arrepentido, él lo perdonó, él lo olvidó, se acabó. Este pecado se acabó.
Este matrimonio que empezó tan horrible, ¿quién salva un matrimonio así? ¿Quién saca algo bueno de un matrimonio así? ¿Qué matrimonio sobrevive a iniciar con lujuria, con desobediencia, con adulterio, con asesinato y con la muerte de un hijo? ¿Qué matrimonio sobrevive a eso? Ninguno, excepto el que Dios bendice. Nadie arregla un problema como ese excepto nuestro glorioso y poderoso Dios. Se necesita un poder sobrenatural para salvar un matrimonio así, igual como se necesita un poder sobrenatural para salvar un hombre como yo y como tú.
Pero ese es nuestro Dios. Él toma las piezas más rotas y construye una hermosa catedral. Él encuentra los espacios más sucios y levanta un altar de adoración. Él usa las historias más retorcidas y cuenta su maravilloso plan de perdón. Él toma tu vida y la mía con todos los pecados, con toda la suciedad, con toda la basura que podemos hacer David y tú y yo, y nos perdona, y nos limpia, y nos transforma, y nos capacita, y nos usa. Ese es nuestro Dios. No hay nadie como él.
Y tú me quieres decir que tu matrimonio está difícil. Tú me quieres decir que tú tienes un pecado que de verdad nadie pudiera perdonar. Que tú tienes años luchando con algo que tú no le ves salida. Que la relación que tú tienes con tu hijo no hay forma que se mejore. Que no hay nadie que te pueda quitar tu culpa. Hermano, ¿ves dónde está Dios? Pídele perdón a Dios. Pídele la ayuda de Dios. Ruégale: "Mi Dios, mándame un Natán. Mándame a alguien que me confronte y me acompañe." Pídele que en su gracia te regale su perdón y te permita ver un futuro mejor, porque mi hermano, hay un futuro mejor. La historia no termina, y la historia termina en gloria.
Tú no me crees. Dale un poquito para la derecha en tu Biblia. El primer capítulo, primer versículo del Nuevo Testamento. Mateo, capítulo 1, versículo 1. Vayan ahí y léanlo. Acompáñenme, por favor. Oye, está de locura: "Libro de la genealogía de Jesucristo." ¿Quién? Hijo de David. ¿Y de dónde va a salir el Salvador del mundo? El hombre más perfecto de toda la historia, el Dios hombre, nuestro Creador y Redentor. Versículo 6: "David engendró a Salomón de la que había sido mujer de Urías."
No, no, no, no, no, es que Dios no tiene... A pesar del pecado de David, Jesús no se avergonzó de ser el Hijo de David, porque él sabía que su cruz iba a ser suficiente para hacer de un pecador como David un hombre conforme al corazón de Dios. Porque las promesas de Dios siempre son más poderosas que los pecados de los hombres. Porque eso es lo perfecto de su perdón.
Y no es solo de David. Él no se avergonzó, amado, de decir que tú eres su hermano. A ti y a mí, que le fallamos diariamente, que rompemos los diez mandamientos cada semana. Nos llama hermanos, nos llama hijos, nos llama amigos, nos llama familia, nos llama suyos. El Hijo de David, el Hijo de Dios, que es más grande que todo, es nuestro Señor, Salvador, Rey, Redentor y nuestro hermano.
No importa cuán poderoso se ve el pecado. Recuerda cuán persuasiva es su gracia. Clama a él y a su perfecto perdón. Aleluya por la sangre del Hijo que limpió el pecado de David y que limpia nuestro pecado.
Jairo Namnún sirve como director ejecutivo de Coalición por el Evangelio, encargado de idear y supervisar el contenido del ministerio. Posee una Maestría en Estudios Teológicos del Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Patricia Namnún y juntos tienen dos hijos: Ezequiel e Isaac.