Integridad y Sabiduria
Sermones

La autoridad de Cristo

Miguel Núñez 18 noviembre, 2012

Cuando Jesús entra a la sinagoga de Capernaúm y comienza a enseñar, la gente percibe algo que nunca antes había experimentado: este hombre habla como alguien que tiene autoridad, no como los escribas. ¿Qué hacía diferente su enseñanza? No era carisma ni personalidad, sino tres elementos fundamentales: la aprobación de Dios sobre su vida, manifestada en el Jordán cuando el Padre declaró su complacencia; un carácter de perfecta congruencia entre lo que enseñaba y lo que vivía; y un dominio absoluto de las Escrituras, pues él era tanto el objeto como el sujeto de ellas. Los escribas citaban a otros maestros para dar peso a sus palabras; Jesús simplemente decía "pero yo os digo" y expandía el significado de la ley más allá de la letra hasta su espíritu más profundo.

Esa autoridad se hace visible de manera dramática cuando un hombre endemoniado, sin ser confrontado, grita: "¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? Yo sé quién eres, el Santo de Dios." Las tinieblas no pueden permanecer calmadas en presencia de la luz. Jesús no entabla conversación con el demonio, no le pregunta su nombre, simplemente ordena: "Cállate y sal de él." Un solo mandato y el espíritu inmundo obedece. Esta expulsión no es una lección de demonología sino una autentificación de quién es Jesús y del mensaje que predica.

El resultado es que su fama se extiende por toda la región de Galilea. Quienes pertenecen a Cristo no tienen nada que temer del mundo de las tinieblas, porque le pertenecen a aquel que tiene dominio sobre todo lo natural y sobrenatural.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Entramos en un texto hermoso, en Marcos 1:21-28. La ubicación de nuestra serie está en el mensaje número 7 de Evangelio de Marcos. Así dice la Palabra:

"Entraron en Capernaúm, y enseguida, en el día de reposo, entrando Jesús en la sinagoga, comenzó a enseñar. Y se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. Y había en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar diciendo: '¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios.' Jesús lo reprendió diciendo: 'Cállate y sal de él.' Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones, gritó a gran voz y salió de él. Y todos se asombraron de tal manera que discutían entre sí, diciendo: '¿Qué es esto? ¿Una enseñanza nueva con autoridad? Él manda aun a los espíritus inmundos y le obedecen.' Y enseguida su fama se extendió por todas partes, por toda la región alrededor de Galilea."

Bueno, recordarán que en el mensaje anterior estuvimos viendo el llamado de Simón y Andrés, el llamado de Juan y Jacobo, aquí en el Cristo llamó como pescadores de hombres. Y dijimos, ¿verdad?, que probablemente a partir de ahí ellos se constituyeron en discípulos a tiempo completo. En la antigüedad había discípulos y había discípulos. Muchos eran simplemente seguidores por un tiempo, a ciertas horas de las semanas, ciertos días. Pero había un tipo de discípulo especial, el talmid, el plural talmidim, que básicamente cuando abrazaba la enseñanza de su maestro se mudaba con él y vivía con él 24 horas al día, de manera que ellos pudieran no solamente aprender lo que el maestro enseñaba. La idea del talmid era llegar a ser como su maestro.

De tal forma que ahora Juan y Jacobo, Pedro, Andrés, y probablemente los otros que fueron siendo llamados posteriormente y a lo largo del camino, se convirtieron en talmidim. Nota cómo el texto que yo leí hoy comienza con un verbo en plural: "entraron en Capernaúm." Probablemente "entraron" hace referencia a Jesús y a esos cuatro discípulos, y quizá algunos más, esos que nosotros acabamos de mencionar. Y ahora él está en Capernaúm, una ciudad que también fue mencionada en la vez anterior, en el mensaje anterior, de la cual hablaremos un poquito más adelante.

Pero lo que yo quisiera hacer con este texto es tomar a Jesús en la sinagoga, donde él está enseñando, y ver tres o cuatro reacciones que ocurren en ese lugar debido a su enseñanza y debido a ciertos eventos que ya acabamos de leer. En esencia, tú tienes en la sinagoga una multitud que acude en día de reposo a ser enseñada, a escuchar la Palabra de Dios, a adorar; ellos tienen una reacción. Tú tienes a una persona endemoniada que tiene una reacción. Tienes a un demonio que tiene una reacción. Y tienes a Cristo mismo que, cuando el demonio reacciona, él reacciona. Y todo esto está dado en medio de un contexto de enseñanza de la Palabra.

Aunque en este texto hay una expulsión de un demonio, esto no es una demonología. La expulsión del demonio es simplemente una ilustración acerca de qué es lo que realmente el texto trata. El texto está tratando de poner en evidencia el principio del ministerio de Jesús en la región de Galilea, la autoridad de Jesús como la persona enviada y ungida por Dios, y lo que ocurre esa mañana es la autentificación de su autoridad. Y de eso es que nosotros quisiéramos hablar.

De manera que ahora vemos a Jesús, día de reposo. Él entra a la sinagoga en Capernaúm y él comienza a enseñar. Eso implica que esta no es la primera vez que Jesús ha sido visto u oído enseñando, porque tú no podías entrar a la sinagoga y decir: "Aquí llegué yo, yo quiero enseñar la Palabra." Él debió haber tenido un ministerio de enseñanza reconocido por los escribas, aprobado por los escribas. Todo lo que se leía, todo lo que se enseñaba, en general tenía o contaba con el sello de aprobación de los escribas.

La sinagoga, no nos dice el texto, no dice la historia o los recursos consultados, qué tan grande era, pero aparentemente tenía un buen tamaño. Y estaba situada en Capernaúm, una ciudad que estaba a la orilla del lago de Galilea, en la costa norte. Si vemos el lago así, la parte norte y a la orilla, justo medio a medio, por donde pasaba la Vía Maris, la vía del mar, que era una de las grandes carreteras de comunicación del mundo antiguo.

Cristo no nace en Capernaúm, Cristo no crece en Capernaúm. Sin embargo, a la hora de comenzar su ministerio, lejos de iniciar en Belén, que nadie la conocía, Cristo se va a uno de los grandes centros de población. Aunque no fuera tan grande para los estándares nuestros, pero en un lugar donde la Vía Maris, donde la gente va a circular, de tal manera que a él lo pudiera poner en contacto con las multitudes.

Yo decía esta mañana que si tú eres como yo, probablemente no te gusten mucho las multitudes. Yo he dicho a varios de ustedes: una de las razones por la que no me gusta ir al estadio es que la multitud, el ruido, todo eso me quita mucho la paz. Y sin embargo, reflexionando sobre la vida de Jesús, sobre los Evangelios, yo he comenzado a pedirle a Jesús que nos dé a todos un amor por las multitudes. Escucha Mateo 9:36: "Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor."

Este es el estado de nuestro mundo: es un mundo agobiado, cargado de pecado, de desesperanza, de falta de propósito, carente de luz, carente de sentido de dirección. Y tú y yo como hijos de Dios somos los únicos que tenemos lo que ellos carecen. Y en este momento de misión de Dios en que nosotros quisiéramos estar abrazando precisamente el mundo que está afuera, nosotros tenemos que pedirle a Dios que nos sensibilice de la misma manera que el corazón de Jesús estuvo sensibilizado, y tener compasión por las multitudes que hoy se pierden.

Y Jesús va un día de reposo a la sinagoga, que estaba abarrotada de gente, precisamente porque ellos son los que necesitan salvación, ellos son los que necesitan encontrarse con él. Y tan pronto él llega, aparentemente ya como ministro reconocido de enseñanza por los escribas, entonces él comienza a enseñar. No había ningún lugar mejor que las sinagogas. Pablo hizo exactamente lo mismo: en día de reposo iba a las sinagogas. Él tenía que ir donde él sabía que se iba a encontrar con la gente, la gente que había leído el Antiguo Testamento, que no lo había entendido a la luz del Nuevo Testamento. Y él comienza a predicar ese día.

Las sinagogas se constituyeron, comenzaron a construirse después de la destrucción del templo cuando la invasión de Nabucodonosor, que se llevó a los judíos al exilio, precisamente porque ya no se podía regresar al templo. Cuando los judíos comenzaron a ser esparcidos por todo el territorio, por todas las diferentes regiones donde ellos iban, trataban de establecer sinagogas donde no podían ofrecer sacrificios, pero podían estudiar la Torá. Podían hacer un centro comunitario, y toda la vida hebrea durante todo ese tiempo giraba en torno a la sinagoga.

Era el lugar de educación. Los niños eran enviados ahí desde temprana edad a estudiar la Torá, hasta el punto que muchos de ellos, o algunos de ellos, llegaron a memorizar los primeros cinco libros de Moisés para la edad de 12 años. La enseñanza era rigurosa, y todo el día, siendo enseñados en la Palabra de Dios. Eso era la sinagoga. Cristo entonces coge ese lugar alrededor del cual giraba la vida del pueblo judío durante ese tiempo, para encontrarse con aquellos a quienes él quería predicarles la Palabra de Dios.

Y nosotros vemos que cuando él comienza a enseñar, esa gente que estuvo ahí tiene una primera reacción. Esa es la primera reacción que yo quiero ver, la reacción que está descrita en el versículo 22: "Y se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas."

Los escribas eran los expertos en la ley. Los escribas eran los intérpretes de la ley. Ellos establecían lo que el pueblo iba a hacer o no hacer, a leer o no leer. Ellos eran quienes transcribían los textos del Antiguo Testamento. Eran altamente respetados. Y sin embargo, ahora hay en medio de ellos alguien que cuando comienza a enseñar, sin sacar ninguna credencial, inmediatamente el pueblo le escucha. Ellos pueden establecer una diferenciación entre esta enseñanza y esta otra enseñanza, y resulta que cuando ellos se refieren a la enseñanza de Jesús, dicen o hacen referencia al hecho de que él enseña como alguien que tiene autoridad. La están comparando ahora con la enseñanza de los escribas y dicen: "Esta enseñanza es distinta a esta otra."

Yo creo que vale la pena entonces, antes de continuar, preguntarnos qué fue lo que la gente percibió en la persona de Jesús, o qué era lo que estaba presente en las enseñanzas de Jesús, de manera tal que cuando los enseñados escuchaban, al final de sus enseñanzas la conclusión natural era: "No, esto, esta enseñanza es fuera de serie. Es que nunca antes habíamos oído algo como esto." Esa es la misma reacción y la misma conclusión del pueblo cuando Jesús termina de predicar el Sermón del Monte, el sermón que tuvo y que ha tenido a lo largo de toda la historia el más alto estándar ético jamás predicado. Resulta que la convicción al final de ese mensaje no fue la convicción de las multitudes de: "No, esto es imposible." La convicción de las multitudes de acuerdo a Mateo es: "Este hombre enseña como alguien que tiene autoridad."

¿Qué era lo que había en Jesús, más allá de simplemente su carácter divino? Cuando tú miras la vida de Moisés, no estaba a la altura de Jesús, pero en general tú encuentras palabras similares o acciones similares de parte del pueblo en términos de cómo apreciaban lo que él tenía que enseñar y el sometimiento a su autoridad.

Cuando tú lees la historia de Pablo, tú tienes un mismo sentir. Y la pregunta entonces que tenemos que hacernos es: ¿qué le da autoridad a un hombre, y de manera particular, a la hora de enseñar la Palabra? ¿Qué le dio autoridad a Cristo de tal forma que ni antes ni después ha venido nadie que haya enseñado de la manera como él enseñó?

Yo quiero sugerir en esta mañana que lo primero, la primera fuente de autoridad sobre Cristo, sobre un Pablo, sobre Moisés y cualquier otro, es la aprobación de Dios para tal tarea. Jesús acababa de ir, tiempo atrás había ido al Jordán, los cielos se habían abierto, la voz se escuchó, la paloma descendió, y en ese momento Jesús está siendo pronunciado: "Yo he aprobado por el Padre, este es mi Hijo amado en quien tengo complacencia, en quien me complazco, en ti me he complacido", dependiendo de la traducción y el Evangelio que usted está leyendo. Y el Espíritu Santo descendiendo en hier, como símbolo de la unción del Espíritu de Dios sobre él en las aguas del Jordán. "Ahora tú estás listo, Hijo, para ir a predicar la Palabra". La aprobación de Dios sobre él.

Eso es algo vital. Los escribas no tenían eso, no podían tenerla porque había una disparidad entre lo que enseñaban y lo que practicaban. Los fariseos, por igual. No había congruencia entre lo que era la ortodoxia que muchas veces ellos querían enseñar y la ortopraxis, o la práctica ortodoxa de la ortodoxia. No había esa congruencia, y por tanto no podían tener la aprobación de Dios. Y si tú no tienes la aprobación de Dios, tampoco el sentido de autoridad al enseñar su Palabra va a estar presente.

Cuando no tenemos la aprobación de Dios, tenemos más miedo, tenemos más deseo de conseguir la aprobación del hombre, el aplauso del hombre, la popularidad. Cristo en todo momento, como nos dice el autor de Hebreos en el capítulo 5, él caminó con un temor reverente, obediencia reverente a su Padre. Y eso, encima de ser su Hijo, esa obediencia completa, absoluta, continuó dándole la complacencia al Padre y por tanto la aprobación del Padre. No hubo un momento en la vida de Jesús donde él no gozara de la aprobación de su Padre, porque no hubo un momento en la vida de Jesús donde él desobedeciera la voluntad de su Padre. La experiencia del Jordán fue capital, vital en la vida de Jesús.

En segundo lugar, algo que le da autoridad a Jesús y a otros maestros de la Palabra es el carácter que Dios forma en ellos. Necesitas la aprobación primero, pero es el carácter que Dios va formando en ellos. La razón por la que los escribas tenían una disparidad entre su enseñanza y su práctica era por esa carencia del carácter que Dios no había formado. Tiene algo en que un maestro de la enseñanza, pero a la vez alguien que es reconocido por mostrar firmeza de carácter y sabiduría entre los problemas de la vida diaria. Si esto es verdad, y sabemos que lo es, entonces Jesús no tuvo rival, no tuvo punto de comparación. ¿Quién desarrolló un carácter, mostró, desplegó un carácter semejante o cercano al carácter de Jesús?

Yo creo que a nosotros nos ha faltado enfatizar, cuando digo nosotros me refiero a la iglesia en general, las características de Jesús como maestro. En nuestro énfasis correcto, pero en nuestro énfasis de Jesús como Redentor, Salvador, como Dios, a veces se nos escapa entonces poder resaltar algunas de las virtudes particulares de su ministerio. Y una de esas es su habilidad al enseñar y cómo esta autoridad mostrada tenía que ver con la aprobación de Dios y el carácter de su persona.

Escucha lo que Michael Green, en su libro "But Don't All Religions Lead to God?" (Pero, ¿no todas las religiones llevan a Dios?), lo que él dice acerca del carácter de Jesús: "Nunca ha habido un carácter como el suyo, tan humilde y tan fuerte, tan enfocado en la oración y tan aterrizado, tan apacible y tan enérgico, tan amoroso pero sin sentimentalismo, y tan dinámico sin ser autoritario". Su ternura atrajo a los niños: "Dejen que los niños vengan a mí". Pero este es el mismo que se enfrenta a los fariseos, a los escribas, a las autoridades civiles de su época. Su amor al perdonar y su sentido de protección atrajo a las mujeres: a una prostituta, a una mujer pecadora que quiere ungir sus pies, a una María Magdalena que había estado poseída. ¿Qué es lo que había en este hombre? ¿Qué es lo que su persona representaba? Y su firmeza al hablar, su convicción al hablar, atrajo a aquellos que posteriormente no solamente se constituyeron en sus discípulos, pero llegaron a ser sus mártires. Su carácter salía a relucir en sus enseñanzas.

La personalidad y el carisma no son fuente de autoridad; es el carácter que Dios forma. Cuando la gente ve carácter y cuando la gente ve personalidad o carisma, ellos saben establecer la diferencia. Y parte de lo que ellos estaban viendo en Jesús era precisamente la congruencia entre sus palabras y su práctica, entre lo que enseñaba en la sinagoga y lo que vivía luego en la sociedad cuando él salía a reunirse con las multitudes. Y de una u otra manera, esas multitudes expresaron en diferente manera algo: un peso de autoridad que estaba sobre sus hombros. Algo que quizás en el momento ellos no podían definir lo que era, algo que quizás ellos no podían describir su origen, excepto que esta es una enseñanza que tiene un poder autoritario, de autoridad, que antes no había conocido. Y con eso Cristo sobrepasó a todos los que habían venido anteriormente y a todos los que han venido después. Cuando Cristo hablaba, sonaba como ningún otro.

¿Dónde radicó esa autoridad? La aprobación de Dios, el carácter manso, humilde, veraz, santo de nuestro Redentor, y en tercer lugar, el dominio de la Palabra. No es por accidente. Escucha lo que Pablo le dice a Timoteo en su segunda carta, 2:15: "Procura con diligencia presentarte ante Dios como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad". En ese texto, el apóstol Pablo relaciona la vergüenza con el manejo de la Palabra: "Procura presentarte ante Dios como un obrero que no tiene de qué avergonzarse". ¿De qué avergonzarse? ¿De qué, Pablo? ¿De qué tú me estás hablando? Que maneja con precisión la palabra de verdad.

Y si hubo alguien que manejó con precisión la palabra de verdad, fue Jesús. Él era la Verdad. De él no solamente hablaban las Escrituras, porque él era el maestro de las Escrituras que hablaban de él. ¿Te das cuenta que era el objeto y el sujeto de la enseñanza? El objetivo del Antiguo Testamento era Jesús, pero luego viene como sujeto y comienza a explicar lo que tenía que ver con él mismo. Es como que hiciéramos una biografía, para ilustrarlo, de mi persona, ya cuando yo tenga ochenta años. Luego un día me aparezca en un lugar que solamente habían leído mi biografía, y que yo pueda decirle: "Eso que hay, usted lo leyó en la biografía; ahora yo voy a contarle realmente cómo ocurrieron los eventos". ¿Quién hubiese podido tener más autoridad, más precisión, más conocimiento, más encarnación de la verdad que la persona de quien las Escrituras hablaban y apuntaban?

Tú tomas cada libro del Antiguo Testamento y tú haces su exégesis; cuando tú terminas la exégesis, caíste en Cristo. Y ahora Cristo viene y dice: "Yo soy el fin de cada exégesis. Tú quieres saber algo, pregúntame". De ahí su autoridad: él manejaba las Escrituras, de él se enseñaba y luego viene a enseñar. Nadie ha podido reunir tales características.

Ahora, escucha qué a mí me llama la atención de manera extraordinaria. Las masas le seguían, no hay duda de eso. Por lo menos este segundo año, que es lo que estamos cubriendo ahora, las masas le seguían, las multitudes le seguían. Pero no le seguían porque les hizo promesas de prosperidad económica. No le seguían porque les hizo milagros y sanó todo el que sanó. Algunos le siguieron de esa manera, no hay duda, pero Cristo no sanó a todo el mundo. Él bajó a la piscina de Betesda y él sanó una sola persona de cientos. Él no le dio pan todos los días; él le dio pan dos días de treinta y tres años que vivió. De manera que si había seguimiento, no era porque teníamos una panadería gratis en Jerusalén.

De hecho, lo que llama la atención es cuán encumbrado es el estándar que Jesús le presenta a la población, y cómo la población, oyendo el estándar, le seguían. "El que no toma su cruz cada día y me sigue, no es digno de mí. El que no odia padre, madre, hijo, no es digno de mí. Si quieres seguirme, tienes que morir a ti mismo". Al joven rico: "Tú tienes que venderlo todo". Y las masas le seguían. ¿Qué era lo que Jesús estaba enseñando que con ese estándar tan elevado así la gente le seguía?

En ocasiones, con alguien de la congregación hemos hablado varias veces, y un día hablando él me decía: "Miguel, tu estándar es muy alto". Yo le decía: "Pero no tanto como el de Jesús". No hay ser humano que haya presentado un estándar que se aproxime al estándar de Jesús. La pregunta es si en el ínterin yo tengo la gracia para conmigo y para con otros para lidiar con el estándar. Pero Jesús ha encumbrado el estándar más alto que cualquier otra persona. Cuando él termina de hablar en el Sermón del Monte, bueno, ni siquiera al final, pero durante el Sermón del Monte les dice: "Sed perfectos como mi Padre es perfecto". Yo no hubiese enseñado algo así, a menos que Jesús lo haya enseñado primero.

Entonces, ¿qué había en sus palabras? Sus palabras aliviaban, tocaban, aligeraban un dolor del alma. Yo no sé si cuando yo digo "dolor del alma" usted me entiende. El dolor del alma no es cuando yo estoy preocupado, no es cuando mis hijos están en problema, no es esa preocupación del ambiente. Hay un dolor que el alma siente profundamente, que usted no lo va a sentir hasta que usted reflexione profundamente en un momento dado de su vida: "¿Qué es lo que me está pasando?". Y usted va a conocer: mi alma me duele. Y esto solamente lo puede tocar la Palabra de Dios. No hay, como dicen en inglés, painkillers; no hay calmantes para ese dolor del alma que no sea su Palabra.

Y luego entonces, el hecho de que este estándar fuera tan alto y la multitud lo viera cumplido en su vida, eso le da autoridad a sus enseñanzas.

Algo más que le daba autoridad a sus enseñanzas es que Jesús tomó la palabra, enseñó las Escrituras del Antiguo Testamento, las explicó, y luego tuvo la osadía que nadie tuvo de expandir la palabra. Le agregó significado a todo lo que se había enseñado; no la contradijo, pero la expandió, le agregó significado nuevo. Escucha lo que Él le dice. Mateo 5:43: "Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo..." Ningún escriba hablaba de esa manera. Los escribas citaban escribas y maestros del pasado, citaban muchos de ellos, comparaban sus enseñanzas, y su autoridad radicaba en citar otra gente. Jesús se cita a sí mismo. "Yo os digo", no tengo que citar a nadie. "Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis?" Yo quiero un estándar más alto que esto. "Si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis?" O sea que si amo a mi esposa, no hay ninguna recompensa. "¿No hacen también lo mismo los recaudadores de impuestos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis más que otros? ¿No hacen también lo mismo los gentiles? Por tanto, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto."

Jesús no solo enseñó más allá de la letra de la ley; Jesús estaba enseñando el espíritu de la ley. No solamente lo que la letra claramente decía a todo el mundo, sino aquel significado detrás de la letra que la mayoría no había percibido, que no había sido enseñado. Y Él viene precisamente a enseñar ambas cosas para que nosotros podamos ver la extensión de la ley, hasta dónde llegaba. Si violas un mandamiento, lo violas todo: espíritu de la ley. Jesús explicó, interpretó, expandió las Escrituras y se estableció Él mismo como la autoridad.

Ok, está en la sinagoga, Él está enseñando, Él está desplegando esta autoridad. Comienzan las reacciones. Vimos la primera: hay un grupo de gente allí que dice "¿quién es este, que habla como uno que tiene autoridad?" Esa es una reacción. El versículo 23, antes de ver el 22, el versículo 23: "Y había en la sinagoga de ellos un hombre con un espíritu inmundo, el cual comenzó a gritar diciendo: ¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios."

Una persona poseída pierde su control; el espíritu toma control de su mente, de su hablar, de su estado de ánimo, de su voluntad. La pregunta es: ¿qué hace un espíritu inmundo en un lugar donde se reúne el pueblo de Dios y se lee la Palabra de Dios? Normalmente, cuando yo vengo a la IBI yo no me espero encontrar con un demonio. No digo que no pueda ocurrir, pero normalmente yo vengo a la IBI a encontrarme con el pueblo de Dios y con algunos que no han creído pero que Dios quizás les está llamando. ¿Qué hace un endemoniado en la sinagoga?

Bueno, el texto no nos dice, pero yo voy a hacer un poco de especulación santa. Es especulación, pero no es en el aire; por eso le llamo especulación santa, a la luz de la Palabra, pero no es revelatorio. Quizás en parte la sinagoga le ofrecía un lugar donde él podía camuflarse perfectamente bien dentro del pueblo de Dios y lucir como uno más. Puede ser. Una forma de estar en un grupo, pasar desapercibido, no sabiendo nadie que al lado mío se está sentando un demonio. ¿Te imaginas? O quizás, como el propósito número uno de Satanás es engañar, desviar —no al incrédulo porque ya él está desviado y engañado—, al creyente, entonces quizás está en su campo misionero. Quizás la sinagoga es su campo de misiones. De alguna manera él quiere estar en contacto con el pueblo de Dios, quizás, y tratar de desviar a uno o más, precisamente a través de las enseñanzas falsas que en un momento dado él pueda tener la oportunidad de infiltrar la edificación y todo lo demás.

Ahora, es interesante que Jesús no ha hablado con este hombre endemoniado, no ha sido dirigido a él, y él es que comienza a hablar primero. No es como que Jesús increpa a este hombre y él comienza a hablar, ¿no? Jesús está enseñando y el espíritu inmundo es quien grita. No espera ser confrontado, sino que él mismo dice: "¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el Santo de Dios." Es posible que la mera enseñanza de la Palabra con la autoridad de la misma fue suficiente para que este hombre se sintiera confrontado por lo que estaba ocurriendo en ese momento. Jesús es un representante de la luz, el demonio representa a las tinieblas; aquí están estos dos representantes uno en frente del otro. A mí me parece que si tú enfrentas a las tinieblas con la luz, las tinieblas van a tener una reacción. Yo no creo que las tinieblas puedan permanecer calmadas en presencia de Cristo como la luz.

Nota cómo el demonio dice "¿qué tenemos que ver contigo?" Él está hablando por todos sus secuaces, no es por él solo, no, es por todo lo que representa el reino de las tinieblas. "¿Qué tenemos que ver contigo? Tú perteneces a un reino y nosotros a otro. Déjanos tranquilos, Jesús de Nazaret."

Reflexionando sobre esto y la razón para que este demonio gritara sin ser confrontado, me surgió la idea de que me lo imagino de esa forma. Yo creo que si tú enfrentas a un demonio con Cristo, la luz, yo creo que debe haber una especie de molestia sofocante en su presencia, similar a una luz incandescente extremadamente poderosa que se nos haya puesto frente a los ojos, donde prácticamente y literalmente te duele verla y tienes que doblar el rostro. Yo menciono eso porque, habiendo tenido uno o dos encuentros con poseídos, característicamente se te hace casi imposible que te miren a los ojos y continuamente voltean su rostro. "Mírame a mí, al rostro", y otra vez... Y nosotros no somos Jesús, nosotros no somos la fuente de luz, nosotros no somos la fuente de autoridad. Cuando Jesús se presenta, yo creo que Él está muy listo para una confrontación. Se produce una confrontación sin Jesús confrontar directamente en ese momento, y quizás sus preguntas reflejan su disgusto. Y a la vez, yo creo que la segunda pregunta interpreta la primera. Yo creo que cuando dice "¿qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret?", la segunda pregunta, "¿has venido a destruirnos?", él interpreta eso como un amedrentamiento. Y a la vez es un reconocimiento de lo que Juan revela en su primera carta: que Jesús vino a destruir las obras del diablo. Primera de Juan 3:8: "El Hijo de Dios se manifestó", escucha, "con este propósito: para destruir las obras del diablo." Y si destruir las obras del diablo, se irán los diablitos eventualmente.

Yo creo que le estaba amedrentando ante la presencia de Jesús; quizás tiene esa presión sofocante como yo mencioné. Ahora, es interesante que él confiesa a Jesús como hombre y en cierta medida como Dios, aunque no lo dice directamente. Primero le dice "¿qué tenemos que ver contigo?", "¿qué tenemos nosotros que ver contigo, Jesús de Nazaret?" "Yo sé que tú te has encarnado, tú eres Jesús de Nazaret." Y luego termina diciendo "yo sé quién tú eres", pero no le dice "Jesús de Nazaret" otra vez, sino "el Santo de Dios", el ungido de Dios. "Tú eres Jesús y tú eres el ungido de Dios. Yo sé quién tú eres." Y eso me recuerda Filipenses 2, cuando habla de que ante el nombre de Jesús se doblará toda rodilla. Aquí él está en cierta manera siendo obligado a confesar quién es Jesús: Jesús de Nazaret y el Santo de Dios, sin Jesús habérselo pedido.

Jesús representa todo lo que el demonio no es. Yo me imagino que si Jesús se apareciera al infierno en este momento, yo me imagino que su presencia fuera extremadamente dolorosa a los que están allí. De hecho, pensándolo bien y pensándolo ahora, estoy completamente convencido. ¿Lo ves? ¿Sabes por qué? Porque Pedro, que no es un demonio, en un momento dado cuando Jesús le ordena tirar la malla para pescar y ellos habían tratado toda la noche y no habían tomado ninguna pesca, él dice: "Maestro, nosotros pasamos toda la noche y no cogimos nada, pero si tú lo dices, bueno..." Y cuando él ve la malla llena de peces, él está tan amedrentado de Jesús —y no es un demonio— y él dice: "Apártate de mí, yo soy un hombre pecador." Eso es Pedro, un apóstol llamado por Cristo, que en ese momento su pecaminosidad reflejada a la luz de la santidad de Cristo ni siquiera puede tolerar su presencia. Le dice: "No, vete, vete." Él acaba de ser bendecido y, en vez de decirle "gracias, quédate", le está diciendo "vete." ¿Por qué le está diciendo que se vaya? Porque yo soy un hombre pecador y no tolero tu presencia en este momento. Imagínate en el caso del demonio.

La reacción de la gente, la reacción del endemoniado o del demonio, la reacción de Jesús. Eso sí es una reacción donde el demonio reacciona; esta es su reacción. Versículo 25: "Jesús lo reprendió diciendo: Cállate y sal de él. Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones, gritó a gran voz y salió de él."

¡Cuán diferente es la práctica de Jesús con los endemoniados a la práctica de la iglesia contemporánea, que quiere entablar conversaciones con los endemoniados! "¿Cómo te llamas? ¿Y cuándo entraste ahí? ¿Cuánto tiempo tú tienes? ¿Y qué estás haciendo?" Jesús lo manda a callar. El texto no nos dice por qué, pero yo no creo que Jesús quiere el testimonio de demonios porque ellos no son confiables. ¿Te imaginas que al poco tiempo se dijera "ese es el Maestro Jesús de Nazaret, el maestro de quien dan testimonio los demonios"? Yo no creo que sea un buen récord para Jesús. Número uno. Número dos: Jesús sabe que la tarea número uno de Satanás es mentir y engañar, ¿y le vas a creer a un demonio? "¿Cómo te llamas?" "Fulanito." ¿Le vas a creer? Sobre todo en el contexto de la tradición pagana de por qué se pedían los nombres.

¿Esto ni siquiera judío era? Esto era griego, antes del tiempo de Jesús, donde el misticismo detrás de esa práctica, igual que ocurrió en el vudú y religiones parecidas, espiritistas, donde la gente son poseídas también y donde hay rituales para eliminar la posesión. En el contexto griego se decía que tú necesitabas el nombre del demonio, porque todo el mundo que conoce el nombre del demonio, al pronunciar su nombre, tiene dominio sobre él. Entonces, si esto es verdad, tú piensas que tú vas donde un endemoniado y le vas a decir "¿cómo te llamas?" y él te va a decir "Pedro", "bendito, me dominas ahora que sabes mi nombre". No. Jesús lo manda a callar. Y nosotros estamos viendo la autoridad de la enseñanza de Jesús y la autoridad de Jesús sobre el mundo sobrenatural, incluyendo el mundo de las tinieblas. Esa autoridad es el tema del texto, no demonología, aunque podemos sacar algunas conclusiones del texto.

La expulsión del demonio es simplemente una ilustración de su autoridad. Y la expulsión del demonio, que es el primer milagro que Marcos relata, que es el primer milagro que Lucas relata, está autenticando el mensaje y el mensajero. El propósito número uno de todos los milagros no es misericordia, es autentificación del mensaje y el mensajero. Si el propósito número uno del milagro hubiese sido misericordia, que no digo que no sea un propósito, pero si fuera el número uno, entonces Jesús hubiese sanado a todos los enfermos, incluyendo a todos los que estaban enfermos en la piscina de Betesda el día que él descendió, pero no lo hizo.

No importa si fue en la época de Moisés: la razón para las diez plagas, la razón para la vara convertirse en serpiente, la serpiente volverse a convertir en vara, la razón por la cual Dios hizo eso, explicado literalmente en Éxodo 3 y 4, Moisés, es para autentificarlo a él como que Dios lo estaba enviando. La razón por la que Elías hace llover fuego del cielo que consume el agua y el sacrificio es para establecer a Elías como profeta de Jehová por encima de los profetas de Baal. La razón de todos los milagros de Jesús era para autentificar a Jesús y a su mensaje. La razón de todos los milagros de los apóstoles fue para autentificar a los continuadores del mensaje de Jesús. Este milagro lo vamos a ver, lo vamos a ver como en la conclusión del texto, como la expulsión confirma quién este hombre era.

Nosotros tenemos que recordar que este texto no es una teología de demonios, es una ilustración, y por tanto simplemente podemos limitarnos a hacer observaciones directamente relacionadas al evento.

Lo primero que podemos decir, que ya lo dijimos: Jesús no habla con el demonio. Esa práctica no es bíblica. "Pastor, por ahí hay un caso donde Jesús le pregunta al demonio cuál es tu nombre". Recordamos siempre la excepción, pero no recordamos todos los demás casos donde Jesús no hizo eso. Y en ese caso, Jesús le pregunta "¿cuál es tu nombre?", él dice "Legión", con lo cual pues se revela que había muchos demonios dentro de la persona. Jesús no usa el nombre de Legión para expulsarlo. Jesús no hace absolutamente nada con su nombre. Es una práctica, como yo dije, que viene del mundo griego. El diablo es un calumniador, es un mentiroso, es un engañador; tampoco le puedes creer.

Número dos: el demonio reconoce, sin preguntarle, la autoridad de Jesús, y aunque él parece molesto en el intercambio de preguntas, al final él se somete sin resistencia. En el primer siglo los rabinos trataban de expulsar demonios y pasaron trabajo. En el mundo espiritista se trata de expulsar demonios y se pasa trabajo. Pero eso no le ocurre con Jesús: un solo mandato y el demonio sale. Si Jesús tiene tal poder, tú y yo no tenemos nada que temer. Nosotros no tenemos nada que temer al mundo de las tinieblas, no porque nosotros tenemos el poder que Jesús tiene, sino porque le pertenecemos a aquel que tiene el poder sobre todo el mundo de las tinieblas. No hay ninguna razón para que los hijos de Dios andemos amedrentados por el poder de las tinieblas, en lo más mínimo. No es posible que la luz le tenga miedo a la oscuridad; la oscuridad es la que tiene que salir corriendo.

Número tres: el demonio causó una convulsión al salir. Es la reacción del endemoniado, es una reacción pasiva. Él no habla, no dice nada, es la persona poseída. Él simplemente reacciona cuando el demonio trata de salir y le produce una especie de convulsión. Pero eso no dice que todas las convulsiones son demoniacas, y mucho menos que todas las enfermedades son demoniacas, como yo he leído y he escuchado. Entonces, todo el que está enfermo ahora tiene un demonio de cáncer, tiene un demonio de fibroma, tiene un demonio de anemia. No es verdad. Ciertamente en la Palabra hay registros de algunos trastornos causados por el enemigo, incluyendo en la vida de Job, pero eso no aplica a todas las enfermedades, la mayoría de las cuales se curan con medicamentos, se tratan, se controlan y se despejan.

Número cuatro: en la sinagoga había un endemoniado, no más, aparentemente. ¿Por qué hago esa observación? Porque en un sector de la iglesia hoy en día, maestros de la Palabra enseñan que todo el mundo tiene demonios, incluyendo los cristianos, y todo el mundo tiene que hacerse una liberación y nadie debe quedarse sin su liberación. Pero resulta que para yo conseguirme liberación yo necesito pagar dinero. Escucha lo que Jesús dijo, escucha la relación literalmente entre expulsión de demonios y el cobro de dinero, en los labios de Jesús. Mateo 10:8: "Sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, expulsar demonios"; punto y coma, escucha ahora: "de gracia recibisteis, dad de gracia". El cobro de dinero por liberaciones supuestamente demoniacas es una práctica antibíblica, digna de ser denunciada y digna de ser reprendida. No es posible que el pueblo de Dios se preste para tales cosas.

Número cinco: no hay evidencia de que los demonios se especializan en enfermedades, como dije, o males. Y ahora escuchamos: "No, es que esa familia está así porque tiene un demonio de miseria". ¿Demonio de miseria? De verdad, hermanos, varias personas me han preguntado: "Pastor, ¿qué cree usted? ¿Que yo tengo un demonio de miseria, un demonio de tal cosa, un demonio de ira?" No. A veces la miseria es simplemente una de las consecuencias de vivir de este lado de la gloria; otras veces han sido consecuencias de malas decisiones.

No hay evidencia de que los demonios son territoriales: "Sobre esta ciudad hay tres o cuatro demonios y se han apoderado de la ciudad", o siete u ocho. Entonces, para predicar la Palabra, enseña Peter Wagner en su libro "Guerra Espiritual", para predicar la Palabra primero tú tienes que enviar a un equipo de guerra espiritual a expulsar los demonios, para que después el equipo evangelístico pueda venir y la Palabra sea oída. ¡Qué cosa más descabellada! La Palabra de Dios es el poder de Dios para salvación. Ella tiene poder en sí misma. Nadie tiene que expulsarle nada de enfrente. Ella es como un león: tú la sueltas y se defiende sola. El poder está en la Palabra. No hay evidencia de tal cosa. Aun si hubiera demonios territoriales, no lo sabemos, no lo sabemos para enseñarlo.

Escucha ahora. Vimos la primera reacción de la gente, la reacción del demonio en sí, la reacción del endemoniado fue pasiva, su convulsión. Y ahora entonces la reacción secundaria de la gente cuando Cristo expulsa. Ya habían tenido una reacción primera, pero ahora, cuando Cristo expulsa el demonio, ellos tienen una reacción secundaria: "Y todos se asombraban de tal manera que discutían entre sí diciendo: '¿Qué es esto? Una enseñanza nueva con autoridad. Él manda aun a los espíritus inmundos y lo obedecen'". Ya ellos habían tenido una reacción ante la autoridad de la Palabra: "Este enseña como uno que tiene autoridad, no como los escribas". Ahora hay una segunda reacción después que el milagro ocurre. Dicen: "Pero de verdad que esto es extraño. ¿Qué es esto? Hasta los demonios lo obedecen".

E inmediatamente después entonces Marcos registra el siguiente comentario, versículo 28: "Y enseguida su fama se extendió por todas partes, por toda la región alrededor de Galilea". Ese es el propósito de la liberación: hacer que ahora Cristo hubiera sido confirmado como mensajero y confirmado su mensaje, que su fama de quién él era pudiera correr y expandirse, porque ha sido autentificado por el obrar de Dios. Eso es lo que ha ocurrido ese día.

¿Te das cuenta cómo Dios obra, cómo Dios opera? La gran mayoría de los casos hoy en día, lo que autentifica el mensajero es el mensaje cuando es expuesto. Y en los casos donde Dios entiende que ese mensajero necesita ser autentificado por señales sobrenaturales, el Dios que las ha hecho ayer las hace hoy y las hará mañana cuando lo entienda necesario. Pero ese es la motivación. Y luego los receptores de la obra de Dios reciben la bendición de Dios, un acto de misericordia, un acto de bondad de parte de Dios que afirmó su mensaje y su fama.

¿Te das cuenta, hermano, cuán tranquilos, bendecidos, afirmados, confiados debiéramos nosotros vivir sabiendo que le pertenecemos a aquel que tiene dominio sobre el reino natural y sobrenatural? Conocer las verdades que cantamos en "Castillo Fuerte": que él, el soberano Dios, pelea por mí. ¿Tú sabes lo dichoso, lo bendecido, lo bienaventurado que yo debiera considerarme de saber que la batalla es del Señor, el mensaje es del Señor, la victoria es del Señor, el pueblo es del Señor, y que cuando me veo en apuros, él pelea por mí?

¿Te imaginas el grado de tranquilidad que eso debiera darnos? Que no hay nada, hermanos, nada que pueda acercarse a mi vida que mi Dios no controla. En medio de la tempestad, él se levantó y encrepó los vientos y los calmó. En medio de la posesión, Cristo se levanta y expulsa al demonio. En medio de la carencia, Cristo supo alimentar en el desierto por cuarenta años al pueblo judío. Cuando no hubo dinero, envió a Pedro al mar a que buscara un pez, y que el primero que él pescara tendría dinero en la boca. ¿Cuál es tu problema? ¿Cuál es mi problema que Cristo no pueda enfrentar?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.