Cuando el avivamiento llega, la iglesia no puede contener el deseo de hablar de las obras portentosas de Dios. Eso es lo que vemos en Hechos 2: creyentes que, tocados por el Espíritu Santo, proclamaban las maravillas de Dios en lenguas que todos podían entender. No se trata simplemente de reuniones especiales o campañas evangelísticas planificadas; el avivamiento es lo que solo Dios puede hacer, lo más cercano a que el cielo descienda a la tierra. Donald Whitney, predicador invitado, comparte una experiencia personal: cuando su iglesia en Chicago recibió exactamente cien mil dólares en una ofrenda milagrosa, él no pudo contenerse. Cruzó la calle para contarle a un vecino incrédulo, le habló hasta a su gato, y llamó por teléfono a todos los que pudo. Así se ve el avivamiento: nadie puede quedarse callado.
El avivamiento también trae un énfasis renovado en Jesús y el evangelio. El sermón de Pedro en Pentecostés era cristocéntrico; todo apuntaba a Cristo crucificado y resucitado. Whitney advierte que muchos creyentes, aunque han escuchado el evangelio miles de veces, no pueden escribir en un papel qué es. Cuando llega el avivamiento, la iglesia está saturada de estas buenas nuevas y las comparte con poder. Hay resultados dramáticos: tres mil convertidos en un día, gente preguntando desesperadamente qué debe hacer, reuniones que duran días sin que nadie quiera irse. La presencia de Dios se vuelve tan real que nada más importa, y quienes son tocados por ese fuego nunca vuelven a ser los mismos.
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Por favor, toma tu Biblia y ve a Hechos capítulo 2. Mientras busca el texto, déjeme expresarle mi gratitud por haberme permitido regresar aquí a su país. Pastor, sus oraciones fueron contestadas antes de orarlas. Ya yo he sido ministrado desde que estoy aquí. Me he vuelto a reunir con hermanos a quienes amo en Cristo. Todos han sido muy amorosos y amables conmigo. Los estudiantes en el curso que he venido a impartir me han dado mucha motivación, me han motivado mucho. Y atesoro las amistades que se han dado con el pastor Miguel y con Kate, y todos los que han sido parte de esto. Y puedo decir honestamente que los amo.
Yo sé que el doctor Mohler quería que yo trajera saludos a ustedes de parte de él, y de mi buen amigo Matt Hall y Denny Whitt, todos ellos del seminario. Tenemos una relación muy especial con esta iglesia. Los estudiantes que tenemos allá provenientes de la IBI, y que siguen yendo, se han distinguido en el seminario y han sido excelentes representantes de su país y de su iglesia. Gracias por enviarlos y continúen enviando más.
Y quiero felicitar hoy a uno de sus estudiantes. El martes pasado, uno de los miembros de su congregación, de manera exitosa, defendió su tesis doctoral y se graduará el mes que viene. Y ese es el pastor Miguel. Ahora podemos llamarlo doctor. Y estamos orgullosos de tenerlo como un alumno del seminario.
Yo tengo una meta algo inusual para mi vida. He orado mucho porque Dios me permita ver en mi vida la reforma y avivamiento. La reforma es aquello que nosotros podemos hacer a través del Espíritu Santo. El avivamiento es lo que solo Dios puede hacer.
Hace unos años atrás, pude entender que al enseñar a pastores y misioneros en el seminario, Dios me ha permitido ser un instrumento de esa reforma. Puedo enseñar cosas a estudiantes que entonces van a sus iglesias y otros lugares y llevan esa enseñanza, ayudando a esas iglesias a que se conformen a los estándares bíblicos. Pero ningún hombre puede traer avivamiento. Tú no lo puedes planificar en tu agenda, no lo puedes planear.
Y es muy triste que en mi país, cuando usamos la palabra avivamiento, muy a menudo la gente piensa más en una reunión de cristianos que en un mover de Dios. En realidad, el avivamiento ha sido algo muy raro en la historia de la iglesia americana. Al final de los mil quinientos, y en los lugares donde el avivamiento ha sido específico en Estados Unidos, no ha durado mucho tiempo ni ha sido tan frecuente como en siglos anteriores. Y así es casi hoy, de manera que es muy seguro que lo que yo voy a estar describiendo hoy como avivamiento no ha sido visto por ninguno de los que estamos en este lugar.
En muchos casos, en la historia de nuestra iglesia, puedes recordar algunos momentos. También puedes recordar quizás cuando eras un niño o un adolescente en la iglesia donde te congregabas, y había una reunión especial en la iglesia, y Dios trajo salvación a un grupo grande de personas, y nunca has vuelto a ver nada como eso desde entonces. Aún en esas ocasiones, no creas que eso es lo que yo te voy a describir como avivamiento. Pero hay muchos testimonios que podemos leer de la gente que ha presenciado esto, y lo que he leído me hace desear este avivamiento más que cualquier otra cosa. Sería algo increíble para nosotros, sino fuera porque tenemos estos testimonios de testigos que vieron esto.
A veces usamos el término que se refiere a los cielos aquí en la tierra. ¿Te has puesto a pensar qué es lo que eso significa en realidad? Si el cielo es nuestro ir a Dios, el cielo en la tierra es cuando Dios viene a nosotros. El avivamiento es eso, lo más cercano a Dios descender a nosotros.
El mejor recuento de un avivamiento lo vemos en el libro de los Hechos, capítulo 2. Diez días antes del evento que leemos en este capítulo, el Cristo resucitado ha ascendido ya a los cielos. Ciento veinte de sus discípulos se han reunido en un salón del tamaño de esta plataforma para orar. El día de su reunión era el día que el pueblo judío celebraba Pentecostés. Esta es una de las tantas celebraciones judías durante el año, y judíos de todo el mundo mediterráneo dejaban sus casas y negocios y llegaban a Jerusalén para unirse a los demás judíos en la celebración de esta fiesta.
Pero en esta fiesta de Pentecostés en particular, Dios envía el Espíritu Santo para dar dones espirituales a todos los creyentes, dones que serían usados para construir y edificar la iglesia. Y una carga que sería puesta en todos los creyentes es que el Espíritu Santo les daría el deseo de compartir el evangelio de Jesucristo. Y desde esa mañana, todo creyente que ha nacido de nuevo tiene el Espíritu Santo, le han sido dados dones espirituales para servir al reino de Dios, y un deseo de decirle a los demás sobre Jesús. Y por primera vez el Espíritu de Dios había descendido con ese poder y entrado en todos los creyentes.
De alguna manera este Pentecostés fue muy especial, fue único, no va a haber otro como ese, así como no va a haber otra crucifixión. Pero de otras maneras, Pentecostés es una descripción de lo que cada avivamiento es. Pentecostés nos revela, nos muestra lo que debe ser un avivamiento. Hay similaridades aquí. Cuando Dios descendió en su forma de Espíritu en Pentecostés, es el avivamiento que pudiéramos ver hoy en día. Y esa es la perspectiva con que quiero hablar del avivamiento partiendo de lo que pasó en Hechos capítulo 2.
Yo estoy convencido, como les dejaré saber de manera más clara hacia el final, que tenemos suficiente razón para tener esperanza de que muchos de los que están aquí en este salón hoy van a ver avivamiento. Pero cuando llegue, ¿cómo lo sabremos? ¿Cómo se verá? ¿Cómo sabremos distinguirlo de aquello que no es verdadero avivamiento, lo que es falso, lo que es imitación? Entonces quiero ir sobre cuatro puntos en este pasaje que describe cuando el avivamiento llega.
Primero que nada, cuando llegue el avivamiento, no vamos a poder contener el querer hablar de las obras portentosas de Dios. Eso lo tomo de los primeros once versículos del capítulo 2 de Hechos: "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos unánimes en un mismo lugar, y de repente vino del cielo un ruido como de una ráfaga de viento impetuoso que llenó toda la casa donde estaban sentados, y se les aparecieron lenguas como de fuego que, repartiéndose, se posaron sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba habilidad para expresarse."
Imagínate esto: el Espíritu de Dios desciende, se manifiesta como llamas de fuego cayendo sobre cada uno de ellos y volviendo sus lenguas en fuego. Había judíos que moraban en Jerusalén, hombres piadosos procedentes de todas las naciones bajo el cielo. Y al ocurrir este estruendo, la multitud se juntó y estaban desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. Y estaban asombrados y se maravillaban diciendo: "¿No son galileos todos estos que están hablando? ¿Cómo es que cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua en la que hemos nacido? Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, de Frigia, de Panfilia, de Egipto y de las regiones de Libia alrededor de Cirene, viajeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, los oímos hablar en nuestros propios idiomas sobre las maravillas de Dios."
El énfasis en este texto, cada vez que se discute, que se presenta, es sobre el punto de que esta gente habló en lenguas. Es muy claro en este texto que ellos hablaban en lenguas conocidas, en idiomas que se conocían ya. Pero lo que muchas veces no se toma en cuenta es el contenido de sus conversaciones, lo que ellos decían.
Al final del versículo 11 se nos explica que los oímos hablar en nuestros propios idiomas de las maravillas de Dios. Cuando viene avivamiento, eso es lo que nos sucede. No podemos parar de hablar de las hazañas portentosas de Dios. Pero en algunas ocasiones he visto como pequeños destellos momentáneos de cosas similares a estas.
Una de ellas me pasó cuando yo era pastor en Chicago. Nos habíamos convencido que era la voluntad de Dios que construyéramos un nuevo templo. Y también teníamos la convicción de que Dios quería que lo hiciéramos sin entrar en deudas, sin meternos en deudas. De manera que le pedimos a la congregación que hiciera un sacrificio, que trajeran sus ofrendas. Eso nos daba la oportunidad de tener algo con qué planificar. Y por cuatro años continuamos recolectando ofrendas.
Temprano en la primavera, cuatro años después, ya estábamos listos para romper terreno y empezar la construcción. Pero no queríamos comenzar a construir hasta que supiéramos que teníamos suficiente dinero en la mano para poder entrar al edificio y ocuparlo. Sabíamos que si recibíamos cincuenta mil dólares, podíamos al menos meternos ahí y podíamos usarlo ya. Quizás sería con el piso de concreto todavía y en sillas metálicas, pero ya podíamos entrar. Ahora, si tuviéramos cien mil dólares, ya podíamos tener la alfombra y las sillas permanentes y todo.
Pero ya para esa primavera, cuatro años después, ya la gente estaba cansada de dar dinero. Y especialmente porque no veían el resultado, ya esto finalizado. De manera que teníamos ahí un último empuje, le pedimos a la gente ese día de primavera que dieran esa última ofrenda. Y nos propusimos cincuenta mil dólares. Solo de manera privada yo me atrevía a orar por los cien mil. Yo oré con uno de nuestros diáconos porque el Señor nos diera cien mil que nos hacían falta. Y luego él dijo que pensaba que estaba loco al pedir eso.
Pero ese domingo en la mañana llegó. Vamos a recibir esta última ofrenda. Y ahí junto con eso llegó la nieve. Y me acuerdo manejar esa mañana hacia la iglesia. Y en un momento doy un giro a la izquierda. Y en la medida que fui doblando a la izquierda, la parte posterior del carro empezó a resbalar hacia un pozo, hacia un hoyo que había. Y en la medida que estoy tratando de recobrar el control del vehículo en la nieve, me acuerdo que le hablé al Señor: Señor, este es el día equivocado. No queremos nieve hoy. Necesitamos que todo el mundo en la iglesia venga a ofrendar.
Al final del servicio, la gente empezó a avanzar y empezó a poner sus ofrendas en las urnas. Y entonces nos fuimos al final del pasillo a comer mientras otros contaban el dinero. Y yo todavía tengo el pedazo de papel que se me dio reportando que se habían colectado noventa y nueve mil dólares. Y entonces yo le reporto a la congregación que la ofrenda final fueron noventa y nueve mil, y un hombre se levanta y da un cheque por mil dólares para completarnos.
Pues, eso no es toda la historia. Así que llegamos de ahí con exactamente cien mil dólares. De manera que salimos de esa iglesia ese día con los cien mil dólares exactos. Me fui a la casa y veo del otro lado de la calle un vecino incrédulo. Y cruzo la calle, voy hacia él y le dije: Tengo que contarte lo que Dios hizo en nuestra iglesia. Yo no podía controlarme. Acabé con él y vuelvo a la casa. Abro la puerta y me encuentro con nuestro gato Salomón. Y le dije: Salomón, en toda tu vida de gato tú no has oído una historia como esa. Cuando acabé con el gato fui al teléfono y empecé a llamar gente y contándoles lo que Dios había hecho ese día. Yo no podía contenerme.
Volvimos a la iglesia ese domingo, el culto de la tarde. Y le pregunté a la congregación: ¿Cuántos de ustedes fueron empujados esta tarde a decirle a alguien lo que pasó en esta iglesia esta mañana? Y casi todos los hermanos se levantaron. Ellos no podían contenerse. Estábamos obligados a contar las hazañas de Dios. Y así se ve cuando viene avivamiento. No puedes contenerte.
Nos convertimos como aquella mujer samaritana en el pozo con Jesús. ¿Se acuerdan de su historia? Ella vivió con cinco hombres, y Jesús le dice que el que tiene ahora no es su marido tampoco. Jesús de manera milagrosa le revela toda esta información secreta. Y en ese momento su corazón es transformado. Ella deja su cubeta de agua y corre a la ciudad. Y es muy interesante que ella fue a los hombres del pueblo y les cuenta lo que Dios ha hecho.
¿Considera un comportamiento apropiado en esa cultura? En ese tiempo, en esa cultura, es algo inapropiado para una mujer dirigirse a los hombres. Que una mujer iniciara una conversación con hombres. De manera que el hombre quizás malinterpretaba lo que ella quería hacer. Gente que está mirando a la distancia quizás malinterpretaba lo que estaba pasando entre ella y el hombre. Por otro lado, todo el mundo en el pueblo sabía qué tipo de mujer era esta.
Pero lo que era más interesante, más sorprendente, era su mensaje. Ella dice: Vengan, conozcan a este hombre que me ha contado todo lo que yo he hecho. En otras palabras, vengan, conozcan a un hombre que de manera milagrosa ha expuesto todo mi pecado. ¿Cómo tú responderías a una invitación como esa? Supongo que yo vengo al pastor Miguel y yo le digo: Miguel, acabo de conocer al hombre más sorprendente. Él acaba de exponer todos los pecados que yo he cometido en mi vida. No gracias.
Pero a pesar del riesgo de tener todos mis pecados expuestos, el mensaje era poderoso. Y entonces los hombres vienen en multitudes con ella. Y ellos aparentemente se convierten también. Ahora, ¿por qué esta mujer estaba gritando estas cosas en medio de la calle? No era simplemente porque Jesús es este hombre sorprendente que reveló secretos. Ella está gritando en las calles porque le ha perdonado sus pecados.
Y cuando viene el verdadero avivamiento, no nos importa. No nos importa lo que la gente sepa de mi pecado. No nos importa que vean nuestras lágrimas, siempre que podamos decir que fue Jesús. Y vemos esta respuesta que esta mujer nos ha presentado. A pesar del riesgo, el peligro de que los pecados queden expuestos, ellos van a Jesús. Se convierten. Regresan y dicen: Ya no es por lo que tú nos dijiste que creímos, es porque nosotros escuchamos nosotros mismos. Y sabemos que este es el Salvador del mundo.
Así se ve cuando viene avivamiento. No vas a poder contenerte de contar las proezas de Dios. Aunque seas la persona más tímida en esta iglesia. Aunque seas el que más temor le daba dar testimonio de Jesús. Pero ahora por lo que el Espíritu hace, tú vas a querer contar a los demás. Nunca te habías atrevido a hacerlo antes por tu temor, pero te vas a encontrar que no vas a poder contenerte para contar a la gente lo que Dios ha hecho. Tú quizás me digas: Don, es que tú no me conoces a mí. No, mi hermano, tú no conoces el avivamiento. Cuando llegue el verdadero avivamiento, tú no vas a poder contenerte.
Una segunda característica, cómo se ve cuando viene avivamiento: va a haber un énfasis renovado en la persona de Jesús y recuperar el Evangelio. Esto lo tomamos de este primer sermón de Pedro.
En el versículo 22, y lo que voy a enfatizar es cómo se hace referencia a Jesús: "Hombres de Israel, escuchen estas palabras. Varón confirmado por Dios entre ustedes con milagros, prodigios y señales, que Dios hizo en medio de ustedes a través de él, tal como ustedes mismos saben. Este hombre fue entregado por el plan predeterminado y previo conocimiento de Dios. Ustedes lo clavaron en una cruz por manos de impíos y lo mataron. Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte, porque no era posible que él quedara bajo el dominio de ella."
Pero David dice de él, y aquí está esta profecía de David sobre Jesús, versículo 31: "David miró hacia el futuro y habló de la resurrección del Cristo, que él no fue abandonado al Hades ni su carne sufrió corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado a la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que ustedes ven y oyen."
Versículo 36: "Sepa pues con certeza toda la casa de Israel que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo."
Cuando viene avivamiento, así como en el sermón de Pedro, hay un énfasis renovado en la Palabra de Dios. En tus lecciones de escuela dominical con niños y adultos, en los sermones, te encuentras hablando todo el tiempo de Jesús y de su Evangelio. Y hermanos, necesitamos eso. Necesitamos esa renovación, ese interés renovado en Cristo.
No es necesario ver cinco minutos de programas cristianos en la televisión o en la radio para darte cuenta de la necesidad que tenemos de regresar al mensaje del Evangelio de Jesús. De manera que muchos ministerios que se llaman cristianos enfatizan los pasos de la vida, el valor propio y el éxito, la política, las familias, estableciendo reglas y leyes o eliminándolas, mucho más que hablando de Jesús y del Evangelio. La Biblia trata de todos esos temas que yo he mencionado, y deberíamos tratar todos desde la óptica bíblica. Pero la pieza central del Evangelio es Jesús.
El apóstol Pablo podía hablar de las cosas más mundanas, relaciones en la familia. Él decía: Maridos, amen a sus mujeres.
Pero como el deseo que lo hiciera, no importa lo que Pablo enseñara, él no estaba más lejos del largo de un brazo para traer a Jesús a la ecuación. Eso es lo que debemos hacer nosotros en nuestra enseñanza, en nuestra prédica. Nunca enseñes una lección que pueda ser aceptada en una sinagoga judía. Cuando enseñas a tus hijos, no les enseñes buenos modales y moralismo; conecta todo a Jesús. Cuando desobedecen, no les digas simplemente lo que debieron haber hecho bien. Muéstrales cómo eso que hicieron mal necesita a Jesús. Por eso es lo que nos hace padres cristianos: Cristo en el centro. Es el mensaje de Jesús que es el distintivo sonido de la Escritura. Es el mensaje de Jesús que nos hace maestros de escuela dominical. Es el centro que nos hace predicadores cristianos.
Déjame demostrarte lo desesperadamente que necesitamos esto nosotros. Tú pudieras probar esto en un pequeño grupo al que tú pertenezcas. Aun en una iglesia como esta, donde el Evangelio se predica semanalmente, donde la Biblia se proclama, donde se ama la Palabra de Dios, donde no hay otras iglesias como esta, pero mira por qué tenemos que tener esto siempre en cuenta. Supongo que yo me aparezco en tu grupo pequeño, y me gusta hacer eso cuando visito iglesias. Y le doy a cada uno un pedacito de papel. Y les pregunto a los que están ahí: ¿Cuántas veces tú has escuchado el Evangelio en tu vida? Esto es un grupo de cristianos. Algunos de ellos son tan jóvenes como Fausto. Y han estado en la iglesia toda su vida. ¿Cuántos años hace que escuchas el Evangelio en tu vida? Te pregunto: ¿Cuántas veces tú has escuchado el Evangelio? Y ellos miran los ojos hacia arriba. Miles de veces. Y tú eres cristiano, correcto. Y al ser cristiano, tú tienes que haber escuchado el Evangelio y entenderlo, así que puedes crecer. Y para ser un cristiano, tienes que haber escuchado el Evangelio y tienes que haberlo entendido para poderlo haber aceptado. ¿Y tú eres cristiano? Hazme un favor: en el papelito que te di, escríbeme un párrafo de lo que es el Evangelio. Escríbelo ahí en el papel. De repente todos se congelan. Su cara está en blanco. Eso es agua tibia, ¿eh?
Y yo les digo: un minuto, ¿tú no dijiste que has escuchado el Evangelio miles de veces? Y tú eres cristiano, ¿eh? Y son cristianos, ¿verdad? Y para ser cristiano, tienes que entender el Evangelio, ¿eh? Porque si no, no puedes crecer. Y para ser cristiano, tienes que haber entendido el Evangelio porque si no, no puedes decir que lo aceptaste. Ajá. Ok, entonces escríbemelo ahí. Tú lo has oído miles de veces. No puedes ser cristiano si no lo creíste. ¿Cuál es el mensaje? Escríbeme un párrafo corto, es lo único que te pido. Y luego la cabeza va hacia abajo y empiezan a jugar con el pie. Espera un minuto. Este es el mensaje, ¿eh? ¿Qué pasa? ¿Este es el mensaje? ¿Cuál? ¿Tú no puedes entrar al cielo? ¿Qué es el mensaje? Esto es más importante que cualquier código secreto de tu computadora. Esto es más importante que tu pasaporte. ¿Es más importante que tu pasaporte? Es un mensaje simple. Entonces, ¡escríbelo! ¿Es un mensaje simple?
¿Cómo es que esta gente que ha ido a la iglesia toda su vida y ha oído verdaderamente el Evangelio miles de veces no lo pueden poner en un pedazo de papel? Entonces, no tiene uso, no tiene propósito. ¿Y qué de las personas que le ofrecen el mensaje al mundo, en el lugar de trabajo? Ellos van a ser inefectivos compartiéndolo con otros. No pueden dárselo a la gente que se acercan. Cuando ni siquiera lo pueden escribir en un pedazo de papel en un grupo pequeño. Pero, gente, si hay un mensaje en el mundo, tenemos que ser claros sobre esto. Hermano, si hay un mensaje que tú necesitas conocer, es el Evangelio. ¿Tú estás claro? ¿Tú conoces el Evangelio?
Si te vas a tu casa hoy por aquí y hay un accidente de carro terrible frente a ti, y los que iban en el carro fueron lanzados hacia fuera, y te parqueas y te acercas a ellos, y ellos apenas pueden respirar ya en sus últimos momentos, y te das cuenta de que la ambulancia no va a llegar a tiempo, y ellos dicen: "Yo no quiero ir al infierno, ¿qué hago?" ¿Qué le vas a decir? ¿Cuál es el mensaje de vida eterna?
Hermanos, cuando llegue el avivamiento, estamos claros en ese mensaje. Pero no esperes que llegue el avivamiento para saber bien ese mensaje. ¿Estás claro en el mensaje de lo que Dios ha hecho en la persona de Jesús? Que no hay esperanza para ti apartado del Evangelio de salvación. Que has roto la ley de Dios. Pero no es que no hay Dios. Que has roto la ley de Dios. Pero que Dios ha hecho en Cristo por ti lo que tú no podías hacer por ti mismo. Y que la vida y muerte de Jesús te ponen en buenos términos con Dios si te arrepientes y vienes a Él poniendo tu fe en Jesús. Que lo que Dios ha hecho de la muerte de Jesús es que cuando Dios lo levanta de entre los muertos, muestra así que aceptaba su sacrificio. Tú sabes este mensaje, lo puedes sentir. Descansa en este mensaje. Cuando llegue el avivamiento, amamos este mensaje. Y tenemos una gran confianza en ese mensaje.
Como dice Romanos 1:16: "Porque no estoy avergonzado del Evangelio, porque es poder de Dios para salvación para aquellos que creen." No es el método que usamos para presentar el Evangelio que salva. No es lo que hacemos después que hayamos predicado lo que salva. No es que tenemos una nueva conferencia, es el mensaje del Evangelio lo que salva. Y si lo proclamamos de manera fiel, el poder de Dios va a venir. La gente va a ser salva. Y cuando viene el avivamiento, la Iglesia está saturada con estas buenas nuevas gloriosas.
Y puede que tú digas: "Don, yo he estado en la iglesia toda mi vida. Buenas iglesias. Pero no puedo decir que he estado en una iglesia saturada del Evangelio. Yo no he visto una iglesia así saturada del Evangelio como tú dices, donde todo el mundo tiene el Evangelio claro, de donde la gente le habla del Evangelio a todos los que están fuera." Yo tampoco. Porque nunca hemos visto el avivamiento.
Una tercera característica cuando viene el avivamiento: cuando viene el avivamiento, un gran poder y resultados dramáticos va a acompañar el Evangelio. Gran poder y resultados dramáticos acompañan al Evangelio de Jesucristo. Tú te encuentras ahora con gente preguntándote qué deben hacer, como si fuera un compendio de Pedro en el versículo 37. Cuando oyeron el mensaje de Jesús, ellos fueron atravesados en su corazón y le preguntaban a Pedro y a los demás apóstoles: "Hermanos, ¿qué haremos?" Eso es lo que sucede en el avivamiento. Eso tú vas a ver cuando venga el avivamiento. Mucha gente preguntando, acercándose: "¿Qué hago yo? ¿Cómo lo hago?" Mucha gente que se acerca preguntándote sobre el Evangelio, qué deben hacer.
En el primer gran avivamiento en los Estados Unidos, lo que sucedió en los 1730s y 40, uno de los grandes instrumentos que Dios usó fue Jonathan Edwards. Y un escritor describe la escena en Northampton, Massachusetts, donde escribió sobre esto, describe en su libro. Dice: "Allá en Northampton, Massachusetts, donde pasaron estas cosas, una gran cantidad de gente fueron llevadas a buscar el consejo personal de Edwards. En el invierno del 1734 y 35, tantas personas vinieron buscándole a él, que las casas de los pastores se llenaban como nunca se llenó una taberna, un bar."
Imagínate eso ahora. Es un sábado en la noche. No hay carros ni motocicletas en frente a los bares y las discotecas y esos lugares. Pero las calles donde viven tus ancianos están llenas de carros y de gente y están tocando las puertas. Y ni siquiera saben qué hacen ahí, qué decir. "Pastor, necesito conocer a Dios."
Tú puedes que digas: "Pero no sé, yo no sé cómo serán los sábados en la noche en Louisville, Kentucky, pero no son así en Santo Domingo un sábado en la noche. En ningún lugar es así un sábado en la noche." Pero tú puedes ir a los archivos de los periódicos seculares en Nueva York, en Chicago, en Denver, y leer lo que pasó en los 1850 y pico, no en el gran avivamiento. Es algo que se conoce como el gran avivamiento de oración. Había reuniones de oración por todas partes del país, y en muchos lugares el 15% de los Estados Unidos se convirtió a Cristo en ese tiempo. Los periódicos en los Estados Unidos reportan cómo por meses los negocios en las áreas centrales de comercio cerraban sus puertas a la hora del mediodía. Porque nadie iba de compras. Los clientes y los empleados demandaban reuniones de oración en las tiendas. Porque el avivamiento había llegado.
Mira cómo vemos en el versículo 41 el poder que acompaña el Evangelio: "Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados. Y se añadieron aquel día como tres mil almas." Este salón seguramente sostiene como 2000 personas con todo el espacio. Imagínate adonde no hay sillas, están también parados más personas. En todo este auditorio. Imagínate a todas las personas convertidas, todos al mismo tiempo. Así como se ve en el versículo 43: "Sobrevino temor a toda persona." El poder de Dios en la predicación era algo casi atmosférico. Cuando viene el avivamiento y la gente está orando, tienen sus ojos cerrados y temen abrirlos por temor a encontrarse con el mismo Dios frente a ellos. Y se quedan asombrados oyendo el mensaje.
Como les dije más temprano, yo no he visto avivamiento, pero he visto como algunas escenas pequeñas de lo que parece ser algo así. Yo vi algo similar una vez en Birmingham, en el estado de Alabama. John MacArthur estaba predicando en el libro sobre el libro de Tito. Y mientras lo escuchaba, cerré mis ojos y me parecía como que lo estaba escuchando en su programa de radio. Pero cuando abro mis ojos, era algo completamente diferente. El poder de Dios estaba tan manifiesto en su predicación que empecé a llorar.
Pero esta era la diferencia. Porque a mí me había pasado eso antes. Pero esta vez, no quería quitar mis ojos de él ni siquiera para secarme las lágrimas, por miedo a que me iba a perder de algo. Las lágrimas me caían en los pantalones, en las piernas. Por un tiempo, la gente se quedó sentada hasta una hora después de la predicación. El poder dado a la predicación en el mundo es ese sentido de asombro en el lugar.
Me gusta hablar con frecuencia con gente muy mayor que recuerda haber oído predicar a Martyn Lloyd-Jones, el británico predicador. Él murió en 1981, en marzo. Dejó de predicar a mitad de los 1970s, de manera que aquellos que lo escucharon en ese entonces ya están muy mayores. Pero yo he hablado con cuatro personas que lo escucharon predicar en distintos lugares, y todos coinciden con la misma historia.
Pero uno de los testimonios que más me gustan es el de Richard Owen Roberts, quizás una de las autoridades principales en el tema de avivamiento en el día de hoy. Él ha leído y ha tratado con muchos libros que tratan sobre ese tema. Y él me contó de la primera vez que escuchó a Martyn Lloyd-Jones predicar. Me dice que era un viernes a la noche y que él estaba en un balcón como este, allá en el fondo del balcón. Y este hombre pequeñito se levanta al púlpito y empieza a predicar. Y al principio no era nada especial. Pero a la medida que fue avanzando, el poder de Dios vino sobre él de tal manera que este Owen Roberts, hablando de esto, dice: "A mí no me gusta usar este tipo de lenguaje, pero la mejor manera en que yo puedo describir lo que pasó es como si hubiera sido una experiencia fuera del cuerpo."
Y si hay alguien en esta tierra que no usaría ese tipo de lenguaje, es este amigo mío. Pero él dijo: "Yo estaba totalmente desconectado de todo lo que me rodeaba. Y cuando finalmente entré en mis sentidos de nuevo, yo era la única persona sentada en ese lugar, que hubiera tenido unas 1500 personas." Así se ve el avivamiento. Gran poder, resultados dramáticos, que se le conceden a la predicación del satisfechos.
En lo que se llama el Segundo Gran Avivamiento en América, que fue de 1798 a 1830, uno de los personajes principales de ese mover fue Asahel Nettleton. Y él con frecuencia vio cosas como la que yo te voy a describir ahora, en términos de gran poder del satisfechos y los resultados que se daban. En abril de 1820, él estaba predicando en Acra, Nueva York, unas millas al sureste de Albany, la capital del estado. Y una mujer se convierte en medio del sermón.
Y en una biografía de este señor, Nettleton dice: "No acababa de predicar y quitarme del púlpito, veo esta mujer arrastrando a su marido por la mano y urgiéndole que aceptara a Cristo. Era como una espada de doble filo; lo atravesó al corazón. En este momento, aquellos otros que estaban ansiosos alrededor empezaron a acercarse. Algunos me halaban por la mano, otros por el brazo, otros por el saco, y me gritaban: ¡No nos deje! ¿Qué debemos hacer?" En unos momentos la totalidad de la congregación estaba a su alrededor, y aquellos que no podían avanzar porque estaba bloqueado se quedaban parados por la periferia. Unos se paraban al lado de los bancos, otros se paraban en las sillas. Estas escenas eran comunes para Nettleton.
Pero recuerden, esto es mucho antes de la televisión. Hoy en día vemos en la televisión falsos profetas: cuando tocan a la persona, las personas caen al suelo. Y cuando van a otra ciudad y las personas vienen a escucharlo y vienen a la plataforma, y los tocan, ellos vienen con la expectativa de que tienen que caer también. Lo ven en televisión todo el tiempo. Nettleton no tenía nada de esto. La gente que iba a verlo no sabía lo que había pasado en el culto anterior. Estas cosas que le estoy describiendo dicen que le pasaban en todas partes, porque el avivamiento había llegado a la gente. Todo era diferente.
Si Dios convirtiera a alguien hoy en este culto, nosotros diríamos: "¿Y eso qué es?" Bueno, si la conversión es la obra de Dios, y en verdad lo es, es tan fácil convertir a 100 como para Dios convertir a 100,000. Y eso es lo que hace en el avivamiento. Puede que tú digas: "Yo he estado en iglesia toda mi vida y yo no he visto nada como eso." Yo sé, yo tampoco, porque no hemos visto avivamiento. Pero ha pasado muchas veces.
Cuarta y última característica de cómo se ve el avivamiento. Cuando llegue el avivamiento, ¿cómo sabremos? Vamos a ver una devoción sacrificial e irresistible por las cosas de Dios y la vida piadosa. Una devoción irresistible, sacrificial, a todo lo que tiene que ver con Dios y la vida piadosa. Y eso es lo que vemos en Hechos 2:42: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración."
Estas cosas se convertían en su vida. Todo lo demás era secundario a esto. Dios estaba obrando. Dios había descendido a esa iglesia. Y no había nada como eso. Tú no tienes que anunciar cuándo Dios desciende. Dios se anuncia a sí mismo. Las reuniones se llenan.
Piénsalo. Si Jesús se apareciera físicamente aquí hoy, ¿tú crees que tú vendrías? Yo creo que tú te aparecerías aquí. Pero ¿qué si se queda muy tarde? ¿Qué tal si se queda hasta la medianoche o hasta la una de la mañana? ¿Tú dirías: "Me tengo que ir porque tengo que trabajar en la mañana"? No. ¿Tú dirías: "Yo renuncio, que me quiten el trabajo de mi vida"? ¡Jesús está aquí! Eso es todo lo que importa. Y si se queda toda la noche hasta la mañana siguiente, ¿tú dirías que me tengo que ir porque tengo que trabajar en la mañana? ¡Jesús está aquí! Eso es todo lo que importa.
Así se ve el avivamiento. Tú llegas a la iglesia y es como si el mismo Dios estuviera presente. Esta presencia de Dios se siente. Como te digo, tú ahora no abres los ojos porque crees que cuando Él esté aquí lo vas a ver ahí. Cuando Dios está ahí, nada más importa.
Durante los 1970s, Dios hizo una gran obra en un gran número de lugares en los Estados Unidos. Yo no le llamaría avivamiento, se quedó un poco corto de eso. Pero era un tiempo de refresco espiritual. Le llamamos el Movimiento de Jesús. No fue perfecto, pero Dios estaba moviéndose. Había un seminario en Kentucky, no en el que yo enseño ahora; una mañana iban a tener un servicio en la capilla, y en vez de terminar a las once como siempre hacía, duró toda la noche, todo el día siguiente, tres días, noche y día sin detenerse.
Escuchando eso, otros seminarios y colegios, la gente se despertó espiritualmente. Y ese seminario de Kentucky empezó a enviar estudiantes para dar testimonios. Y entonces ellos visitaron otros seminarios y hablaban en la capilla y pasaba lo mismo. Algunos fueron al seminario en Texas. Es un seminario del que muchos de ustedes han escuchado. Es donde yo mismo estudié en los 1970s. Y Dios hizo una cosa sorprendente cuando esos estudiantes visitaron ahí.
Yo llegué como estudiante dos o tres años después de eso que pasó. Y había un profesor allí que se llamaba T.W. Hunt, que se convirtió en un padre espiritual para mí. Y él me contó esta historia. Él me dijo que cuando esos estudiantes se fueron y volvieron a Kentucky, algunos de sus propios estudiantes se acercaron a él y le dijeron: "Mire, queremos tener una reunión de oración." Él los invitó a su casa y les dijo: "A las siete empezamos."
Y entonces a las siete de la noche nos arrodillamos y empezamos todos a orar. Y cuando levantamos la vista, ya era de día. No era nuestro plan tener una vigilia toda la noche, pero lo hicimos. Estábamos sorprendidos. La gente se fue a su casa. La próxima noche vuelven los estudiantes a donde Hunt, y a las siete vuelven y se arrodillan a orar. Y cuando volvemos a abrir nuestros ojos, ya el sol está afuera de nuevo.
Así se ve el avivamiento. La presencia de Dios es tan poderosa que la gente está en un estado de asombro y Dios te sostiene, como cuando Moisés subió al monte por 40 días. Sé que ni tomó agua ni comió alimento, pero Dios era todo lo que necesitaba. Cuando él descendió finalmente, su rostro resplandecía. Y en el caso de avivamiento es un asunto similar: Dios te sostiene de tal forma. Y hay un gran peligro durante el avivamiento de que la gente puede llegar a extenuarse, y los pastores tienen que ser muy sabios y con frecuencia tienen que interrumpir: "Ya esta noche se acabó. Necesitas descansar." Pero tienes esta devoción sacrificial por las cosas de Dios.
El doctor Martyn Lloyd-Jones, en su libro sobre avivamiento, dice lo siguiente: "Cuando viene el avivamiento, esto se convierte ahora en aquello que lo absorbe completamente. No importa a quién conozcan, le hablan de esto primero que nada. Todo el mundo empieza a hablar de eso. El tópico central de toda conversación es el que absorbe todo su interés. Les encanta estar juntos y hablar de estas cosas."
¿Te recuerdas de la primera característica de avivamiento? No podemos dejar de hablar de las hazañas de Dios. Eso es lo que Martyn Lloyd-Jones está describiendo.
Pero él continúa. Dice que se van a empezar a reunir para orar y para hablar de la gloria de Dios. Y luego van a estar hora tras hora, añorando terminar sus trabajos para volverse a reunir con otros que han experimentado este movimiento del Espíritu de Dios.
Y claro, esto, a su vez, les lleva a tener una gran preocupación sobre otros. Los lleva entonces a tener una gran preocupación por aquellos que no conocen a Dios, aquellos que están afuera y no conocen estas maravillas. De manera que el amor de Dios pasa de ellos a los demás. La iglesia empieza ahora a llenar las necesidades de los demás. Exactamente lo que vemos en los versículos 44 y 45.
Y todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Y vendían todas sus propiedades y sus bienes y compartían con todos según la necesidad de cada uno. Recuerda el día de Pentecostés. Esos judíos que venían de todas partes del mundo mediterráneo dejaron sus casas y negocios en cuidado de otros y vienen a Jerusalén para celebrar Pentecostés. Pero algo diferente pasó esta vez. Dios estaba ahí y se convirtieron. Y ellos dijeron: "Yo no vuelvo a casa, quien quiera volver a casa, que se coja mi casa. Dios está aquí. Yo quiero a Dios más que a mi casa."
Ahora tú tienes de repente un montón de judíos sin casa en Jerusalén. Esa es la gente que vivía en Judea, de manera que los judíos que sí estaban en Judea, los que tenían su casa y sus propiedades y sus posesiones, empiezan a vender y a dar sus posesiones para compartir con los que ahora no tienen nada. Y mucha gente ha señalado eso diciendo: "Tú ves, eso es comunismo." No, no. Comunismo dice: "Lo que es tuyo es mío." Esto es cristianismo: "Lo que es mío es tuyo."
Primero, Hechos 2 nos muestra que cuando Dios viene en avivamiento puede cambiarlo todo en un momento. Si Dios descendiera aquí el domingo próximo a esta iglesia en un avivamiento poderoso, esta iglesia no volvería a ser la misma. Tú no volverías a ser el mismo jamás. Me gusta algo que dijo alguien sobre el primer avivamiento en América. Un hombre lo describió de esta manera: "Cuando Dios tomó en sus manos la obra" —me encanta esa frase— "cuando Dios tomó la obra en sus manos, se hizo mucho en un día o dos como si en tiempos ordinarios se hiciera en un año." Es como si Dios pusiera su pie en el acelerador y hace lo mismo que hace siempre pero ahora con más poder y más velocidad.
Cuando añoramos el avivamiento, la iglesia no debe dejar de hacer lo que normalmente hace. Pero el avivamiento es un poder extraordinario en las formas de ministerios comunes. En el avivamiento hay un poder extraordinario en la predicación. Las iglesias tienen los medios de gracia. Pero en el avivamiento, cuando Dios se manifiesta de una manera poderosa... La Palabra dice que no desdeñemos los días de pequeñas cosas. Hay lo que los teólogos llaman el trabajo común ordinario del Espíritu Santo. No deberíamos desdeñar eso. Dependemos de él, pero tendremos que ver que hay una obra extraordinaria que se manifiesta de forma poderosa en esos derramientos que se llaman avivamiento.
Y cuando pasa, todo es diferente. No resuelve todos nuestros problemas, a veces produce nuevos problemas. Recuerden que todas estas personas que estaban siendo alcanzadas, ahora todos estos gentiles estaban trayendo problemas; las viudas estaban siendo descuidadas. Es un problema que causó una división en la iglesia. Satanás se mete en la iglesia cuando Dios está también poderoso. Satanás se levanta contra la iglesia aún más cuando Dios está obrando en la iglesia. Pero son los días más maravillosos de la iglesia y añoramos que nos lleguen. Y nunca eres el mismo.
El mejor amigo de Martyn Lloyd-Jones fue un hombre que tenía como veinte años menos que él. Era de Gales, los dos vivían en Inglaterra. Era un hombre piadoso, uno de los hombres más maravillosos. El hombre tiene casi noventa años pero todavía vive. Hace unos años atrás, él estuvo en nuestro hogar y él me contó esta historia. Él me dijo que cuando él era un niño pequeño, todos los adultos en la generación de sus padres habían pasado por el avivamiento del 1904 en Gales. Y él dijo: "Cuando yo crecía como un niño, todos habían pasado por ese avivamiento. Yo no conocía ningún adulto que no fuera piadoso. Yo pensaba que cuando los niños crecen, todos van a verse así de adultos." Y no fue hasta que su familia se mudó a otro distrito de Inglaterra que entonces conoció adultos que no eran piadosos.
Y él dijo algo que yo nunca olvidaré. Él dijo: "La gente del avivamiento es diferente. Una vez que tú has sido tocado por el fuego del avivamiento, una vez que has estado cerca de la presencia de Dios, una vez que has visto a Dios obrar con ese poder, nunca vuelves a ser el mismo." Si Dios viniera a esta iglesia, como ha hecho en avivamientos, tú no serías el mismo. Como Moisés, cuando él llegó a su tienda, Moisés nunca había estado tan cerca de Dios, y quedó cambiado por ese encuentro. Y tú también.
Segundo, yo creo que hay esperanza para un avivamiento. Yo creo que quizás vivamos lo suficiente para ver avivamiento. Hay una organización en Estados Unidos que se llama Conciertos de Oración. Y el presidente ha dicho: "Estamos en el centro de lo que puede ser el mayor movimiento de oración en la historia de la iglesia." Algunos conocen el nombre de Henry Blackaby. Él trabaja en temas de estadísticas y dice que hay 150 millones de personas en el mundo que se han comprometido a orar diariamente por avivamiento, y que 20 millones de personas dicen que orar por avivamiento es su llamado primordial dentro del cuerpo de Cristo. Y Jonathan Edwards dijo en una ocasión: "Cuando Dios está por hacer algo grande entre su pueblo, se pone a su pueblo a orar."
Y no es por nada, no es por gusto. El pastor Miguel y yo hemos hablado en ocasiones sobre algunas cosas que nos hacen pensar que vamos a ver un avivamiento. Cada dos años en Louisville, Kentucky, hay una reunión, un evento que se llama Juntos por el Evangelio, y ha traído hasta ocho mil pastores de todas partes del mundo. El pastor Miguel habló en esa conferencia en abril pasado. Es como nada que yo he visto antes en mi vida. Los cuatro hombres que dirigen esto son parte de la visión. El Dr. Mohler, que es bautista, es muy amigo de Ligon Duncan, que es presbiteriano, y de C.J. Mahaney, que es carismático, y los otros tres no son carismáticos. Y son muy unidos por el Evangelio y no dejan que las diferencias los separen. Hay una gran unidad entre ellos por el Evangelio de Jesús. Y ellos invitan y llaman pastores de todas partes del mundo: bautistas, pedobautistas, no carismáticos, carismáticos, de todo tipo. Y yo en realidad nunca he visto estas reuniones con tanta expectativa, todos juntos por el Evangelio de Jesús.
La visión es que cuando el conocimiento del Señor cubrirá la tierra como las aguas cubren los mares. Ahora, hay distintas posiciones en cuanto al milenio; algunos lo ven de una manera, algunos ven esto pasar en un momento, y otros lo ven pasar en otro tiempo. Pero una cosa es cierta: yo no sé si Dios se verá complacido en usar nuestra tecnología moderna, pero si Dios enviara avivamiento en cualquier parte del planeta hoy, y Dios quisiera usar la tecnología, el mensaje estaría en toda parte del planeta.
Tú te puedes imaginar que la predicación desde este púlpito todos los domingos se ve en todas partes de Latinoamérica. Si Dios enviara avivamiento a esta iglesia, yo pudiera balancearlo a toda parte de Latinoamérica a través de las conferencias, a través de las predicaciones, a través de los ancianos que van a otros países, a través de las predicaciones y demás que parten de aquí. Dios no envía avivamiento a cada iglesia cuando envía avivamiento.
El sermón más famoso en la historia americana lo predicó Jonathan Edwards. Yo he estado en el lugar donde lo predicó. Se llama "Pecadores en las manos de un Dios airado" y es considerado una de las llamas principales del primer avivamiento. Pero lo que no se sabe con frecuencia sobre este sermón es lo siguiente: Jonathan Edwards ya había predicado ese sermón antes; él lo había predicado en su propia iglesia y nada pasó. Esta vez él lo predicó en Connecticut y el avivamiento ya había empezado a dar evidencias en pueblos alrededor, pero no ahí en Enfield donde lo predicó. Y ellos en el pueblo estaban temerosos de que Dios les pasara por alto.
Y entonces la historia que tú has oído es esta: hubo un grupo de personas que toda la noche antes de la predicación oraron por avivamiento. Y Jonathan Edwards predicó la mañana siguiente y ni siquiera pudo terminar el sermón de cómo el poder de Dios se manifestó en ese lugar. Dios no manda avivamiento a una iglesia solo porque es la más famosa del pueblo o la más grande o la más correcta doctrinalmente hablando. Dios dijo: "Tú me buscarás y me encontrarás cuando me busques de todo tu corazón."