Integridad y Sabiduria
Sermones

Ayunando en Espíritu y en verdad

Miguel Núñez 12 junio, 2011

El ayuno que Dios busca no es el que desfigura el rostro para impresionar a otros, sino el que nace de un corazón que desea someterse a su voluntad. En Mateo 6, Jesús confronta la misma hipocresía que ya había señalado en el dar y en la oración: una apariencia de piedad exterior que no corresponde con la realidad interior. Los fariseos ayunaban dos veces por semana, pero lo hacían para ser vistos. Su recompensa, dice Cristo, ya la recibieron: el aplauso de los hombres. Nada más.

La razón de esta duplicidad es profunda: necesitamos sentirnos aprobados. Desde que Adán fue expulsado del jardín, el ser humano carga un sentido de desaprobación que busca satisfacer en los demás, cuando debería buscarlo en Dios. El pastor Núñez recuerda a un anciano que le confesó: "Nadie me conoce. Siempre he vivido con una máscara". Esa es la realidad de muchos.

El ayuno genuino tiene otro propósito: someter los deseos de la carne que compiten con los del Espíritu. Gálatas 5 lo dice claramente: ambos se oponen entre sí. Dejar de comer —o de cualquier cosa que nos llene trivialmente— libera la mente para buscar a Dios con mayor intensidad. Jesús mismo, tras cuarenta días de ayuno, respondió a Satanás citando que el hombre no solo vive de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Pero Isaías 58 advierte que el ayuno sin un estilo de vida piadoso no tiene valor. Dios rechaza el ayuno de quienes oprimen a sus trabajadores y buscan su propia conveniencia. El verdadero ayuno desata ligaduras de maldad, comparte el pan con el hambriento y cubre al desnudo. Solo entonces, dice el profeta, tu luz despuntará como la aurora.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mateo 6, comenzando en el versículo 16 hasta el 19: "Y cuando ayunéis, no pongáis cara triste como los hipócritas, porque ellos desfiguran sus rostros para mostrar a los hombres que están ayunando. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa, pero tú, cuando ayunes, unge tu cabeza y lava tu rostro, para no hacer ver a los hombres que ayunas, sino a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará."

Este es un texto que nos habla de algo que el pueblo judío, hoy en particular muchos de los fariseos, quizás la mayoría, venían haciendo, y es que ayunaban. Pero al ayunar querían que aquellos que estaban a su alrededor pudieran enterarse de que ellos habían entrado en esa práctica ese día, y la forma como lo hacían era procurando que sus rostros lucieran tristes, demacrados, con una apariencia de piedad, de tal forma que otros pudieran estar impresionados con sus prácticas. Y quizás nosotros no ayunamos de esa manera, quizás ni siquiera sea nuestra práctica semanal el ayuno, ni siquiera mensual, como era en este caso donde los fariseos ayunaban dos veces a la semana. Pero quizás hay otras cosas donde nosotros pudiéramos hacer algo similar, y quizás Dios puede hablarnos a través de la exposición de este texto con relación a esas otras cosas que quizás lo veníamos pensando.

Y no sé cuántos de nosotros recordábamos que al principio de este capítulo 6, Cristo habló de forma similar, con frases similares, acerca de dos otras prácticas. Una tenía que ver con el dar, el dar limosna, y la otra tenía que ver con la oración. Yo quiero simplemente leer esos versículos para que podamos refrescar algunas cosas. Los versículos dos y tres dicen lo siguiente: "Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti como lo hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa, pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha." Los versículos 5 y 6: "Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, porque a ellos les gusta ponerse en pie y orar en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa, pero tú, cuando ores, entra en tu aposento y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará."

El Señor tiene ahora la misma advertencia, pero con relación al ayuno. En los dos primeros pasajes el Señor nos habló de no ser como los hipócritas; en el de hoy Él nos dice exactamente lo mismo y hace uso de la misma palabra. En los dos primeros el Señor nos dice que ya ellos, los que practicaban esas cosas de esa manera, recibieron su recompensa, y Él usa la misma frase en este caso para hablar de aquellos que estaban ayunando de una manera similar. Lo que estaba ocurriendo era que su práctica exterior, su apariencia de piedad exterior, no se correspondía con la piedad interior. La contradicción que existía entre sus prácticas hacia los hombres con la realidad hacia Dios, es esa dicotomía, esa división, lo que ponía en tela de juicio ante Dios el testimonio de estos hombres.

El ayunar, el orar, el diezmar fueron tres de las disciplinas espirituales que el pueblo supo tomar y pervertirlas; literalmente las corrompió. Cosas que Dios había ordenado, el pueblo terminó tergiversándolas, las había distorsionado. Y su interés primario en estos casos, por lo menos de parte de estos grupos a quienes Cristo llama hipócritas, era impresionar a la gente, tener una buena opinión delante de los demás.

Como habíamos dicho anteriormente, el mayor peligro del hombre y la mayor tentación del hombre, y la mayor realidad de ese hombre a un lado de los años, ha sido siempre la dicotomía entre lo que él afirma con sus labios y lo que él haga con los hechos, entre lo que él dice y lo que practica, entre lo que él es ante los hombres y lo que él realmente es cuando él cierra la puerta y se pone delante de Dios. Esa lucha continua, esa discrepancia, es lo que Cristo está tratando de corregir hacia sus discípulos, porque es vital que el discípulo de Cristo no sea de esa manera, no tenga dos realidades: una la que Dios conoce y otra la que conocen los hombres.

La pregunta que sería bueno hacer es: ¿por qué tenemos esa tendencia? ¿Por qué tenemos la tendencia de tener una reputación externa que no se corresponde con lo que sería mi carácter interno? ¿Qué nos lleva a eso continuamente? Y yo creo que quizá la respuesta más simple, más directa, más clara, una vez pasamos lo que es la naturaleza pecadora y el hecho de que somos todos mentirosos, dice la Palabra de Dios, pero yo creo que la razón más simple es que a nosotros nos gusta ser aprobados. Nos gusta sentirnos aprobados.

Y eso comenzó en el satisfacer de Edén. Una vez Adán cayó, una vez Adán es expulsado del jardín, el hombre jamás se ha sentido aprobado. Él tiene un sentido de desaprobación desde que él nace, y ahora le necesita encontrar ese sentido de aprobación en Dios. Pero la persona que él tiene más cerca de él, con la que más frecuentemente esa relación es, es con sus iguales, y de ellos él busca su aprobación. Y por tanto, esa hambre que debiéramos tener por Dios nosotros la traducimos en un hambre de aprobación hacia los demás, lo que nos hace comportar de una forma que los demás nos puedan aprobar y yo sentirme bien, pero que no se corresponde necesariamente con lo que yo estoy viviendo en mi interior.

Yo les hablé en alguna ocasión, no sé si lo recuerdan, de una persona que fue anciano conmigo en una iglesia en Estados Unidos, y lamentablemente semanas antes de yo salir, digo lamentablemente porque me hubiese gustado saberlo antes, me dijo: "A mí nadie me conoce." "¿Cómo que nadie te conoce?" "No, nadie me conoce. Yo siempre he vivido con una máscara." "¿Y por qué?" "Bueno, porque yo te miro, más o menos calculo..." Dijo: "Yo comencé haciendo eso subconscientemente, pero he llegado a descubrir qué a ti pudiera gustarte. Yo me comporto de esa manera, y si no te gusta me cambio la máscara." Y me dolió oírlo. Todavía cuando pienso en él me duele pensar que él estaba ahí. Pero yo creo que esa es la realidad del ser humano en muchos casos.

Entonces, cuando vamos a la práctica de la iglesia, del ayuno, de la oración, del dar, esas cosas encuentran sus manifestaciones en esas prácticas, y eso es exactamente lo que estamos viendo. En otras ocasiones no es solamente que nos gusta sentirnos aprobados, porque tenemos una necesidad de sentirnos aprobados. Eso es el meollo del asunto. No es simplemente que me gusta, es que tenemos una necesidad. El problema está dónde yo la busco y dónde yo la encuentro y dónde yo me quedo con ella. Pero tenemos una necesidad de sentirnos de esa manera. Pero en otras ocasiones es que la forma como yo me comporto externamente me puede garantizar ciertas posiciones, y la posición me da autoridad, la posición me da poder, y la autoridad y el poder me hacen sentir aprobado.

Cristo está tratando de levantar discípulos de otra manera, discípulos que puedan ser transparentes, honestos, que su realidad interior, o mejor dicho que su realidad exterior, sea una reflexión de su mundo interno. Que de sus discípulos se pueda decir lo que se dijo de Jesús en Mateo 22, dice que vinieron algunos de los discípulos junto con los herodianos, le dijeron: "Maestro, sabemos que Tú eres veraz." Escuche: "Maestro, sabemos que Tú eres veraz y que no buscas el favor de nadie." No es que no te importa en lo más mínimo la gente, no, no, es que Tú no necesitas el favor de los hombres para sentirte aprobado. Y eso, como Tú no necesitas eso, nota la relación ahora entre veracidad y la no necesidad de aprobación: como Tú no necesitas sentirte aprobado por los hombres, Tú eres veraz. En otras palabras, no somos veraces cuando necesitamos la aprobación de los hombres. "Sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie." Y eso es lo que Dios quiere.

Dios sabe que la duplicidad no solamente que es mentira, no solamente que es pecado; la duplicidad me esclaviza, pero la veracidad me liberta, y al fin y al cabo Cristo vino para hacernos libres.

Dios instituyó el dar, Satanás lo corrompió. Dios introdujo la oración, Satanás la pervirtió. Dios nos ordenó el ayuno como parte de la ley, Satanás lo vició. Esa es su especialidad. Satanás nunca se ha sentado a crear algo para ver cómo engañar a los hombres. Es muy inferior. Él va donde Dios se dice: "Oh, déjame ver lo que Tú hiciste y déjame ver si yo corrompo eso, porque cuando Tú le des esto al hombre, con su naturaleza pecadora y mi sabiduría estratégica, yo lo engaño fácilmente." "¿Y cómo lo va a engañar con lo que Tú le das?" "Es que no tengo que crear absolutamente nada." Esa es su mejor estrategia. "Si voy al huerto, busco lo que está en el huerto que Tú creaste, y con eso yo lo hago caer." Eso es exactamente lo que Satanás ha hecho a lo largo de los siglos. Porque si esto es de Dios, ¿qué tiene de malo? ¿Qué tiene de pecado? No vamos a cuestionar algo que realmente es de Dios. La oración es una bendición, depende. El ayuno es otra bendición, depende. El dar, el ayudar, también es una bendición, depende. Y eso es lo que Satanás ha tratado de hacer.

En este texto Cristo no está prohibiendo el ayuno, está cuestionando la motivación. Ni siquiera está cuestionando la frecuencia con que ellos lo hacen; los fariseos lo hacían lunes y jueves. Él no está cuestionando eso, es la motivación por la cual ellos lo estaban haciendo. Desfiguraban sus rostros, y eso dice, me da mejor, yo prefiero que tú laves tu rostro, unjas tu cabeza, que tú luzcas como realmente, como mejor tú pudieras lucir en el día en que tú estás ayunando. Porque en realidad tú no ayunas para los hombres, tú debes ayunar para tu relación con Dios. Mi Padre que está en los cielos, Él te ve, Él ve lo que tú haces en lo secreto, y Él te recompensará igualmente.

Ahora, la frase que Cristo repite con relación a la oración, con el dar, y ahora con relación al ayuno, es que los que hacen esas cosas de esa manera ya recibieron su recompensa. ¿Y cuál fue? Pues ya la recibieron: el aplauso de los hombres. No tienen más nada y no pueden esperar nada más de mí, ni en este mundo ni en el venidero.

Ahora, aquellos que tienen una vida verdaderamente congruente, que lo que tú ves es lo que es, como dicen en inglés: "What you see is what you get" —lo que tú ves es lo que tú tienes, lo que tú recibes—, eso es un gran halago que tú puedas decirle a alguien: "Fulano, tú puedes confiar en él, porque lo que tú ves, eso es lo que él te va a dar, no más, no menos". Pero nosotros los hombres no somos así. Nosotros somos capaces de tomar lo mejor de Dios y distorsionarlo. Cuán diferente es Dios: el hombre toma lo mejor de Dios y lo lleva a lo peor; Dios toma lo peor de nosotros y lo lleva a lo mejor. Y Cristo está tratando de corregir eso.

Ahora, muchos de estos principios de la dualidad interior y exterior yo los abordé dos veces: cuando hablamos de la oración y cuando hablamos del dar. De tal forma que yo quisiera aprovechar la oportunidad para explorar un poco la práctica del ayuno, ya que estos principios de la doble vida yo creo que, si usted no los recuerda, le recomiendo que vuelva a revisar los sermones anteriores. Pero yo creo que sería bueno explorar, a la luz de la Palabra de Dios en esta coyuntura, la práctica del ayuno.

La primera pregunta sería, aunque yo creo que la mayoría sabemos, ¿qué es el ayuno? Bueno, en el griego es la palabra "nesteuo", que significa, bien, de dos palabras compuestas: "no comer", o totalmente o parcialmente. Ni siquiera ingerir agua; eso sería su contexto más amplio. Pero no obstante, el ayuno ha sido practicado aun en la Biblia parcialmente.

Ahora, la idea del ayuno, cuando lo vemos en la Biblia, nunca fue ayunar por ayunar. En ningún momento de la Biblia nosotros nos llevamos la impresión de que el ayuno per se es una bendición, de que el ayuno per se convence a Dios de que mi oración sea más poderosa, me oiga y me responda mi petición. En ningún momento. El ayuno tú lo ves como una práctica a lo largo de la Biblia como una forma de aumentar mi dependencia de Dios y de aumentar mi sumisión a la voluntad de Dios. Esa es la meta del ayuno.

De hecho, en la Ley de Moisés, Dios prescribió ayuno un día al año solamente. El pueblo lo practicó en más de una ocasión, pero el ayuno nacional era solamente durante el Día de la Expiación, donde el sacerdote, el sumo sacerdote, entraba al Lugar Santísimo, ofrecía sacrificio por todos los pecados del pueblo. Entonces él ofrecía sacrificio primero por los suyos, luego por los pecados del pueblo. Y ese gran Día de la Expiación de todos los pecados fue el único día en que Dios proclamó un ayuno nacional. Pero hay múltiples pasajes donde esta práctica se dio, y en todos esos casos, inducido por Dios. De manera que lo primero que yo necesito recordar es que, idealmente, el ayuno debe ser algo que Dios induce y Dios guía, porque Él está tratando de hacer algo en mí en ese momento.

Dios lleva a Moisés cuarenta días, pero es Dios quien le dice: "Sube a la montaña, yo voy a hacer pasar mi gloria por delante de ti". Dios indujo este encuentro y Moisés ayuna de manera sobrenatural cuarenta días: nada de agua, nada de comida, lo cual es imposible. Tú puedes con líquido hacer algo así, pero no sin líquido ni alimento, y Moisés lo hizo. La primera vez Moisés sube, tiene un encuentro con Dios, ayuna y baja radiante de ese encuentro. Algo ha pasado, como si ha habido un encuentro que nunca antes había tenido, tan extraordinario que otros lo reconocieron.

La segunda vez él sube, pero ya el pueblo había pecado mucho, ya Moisés mismo había roto las tablas de los Diez Mandamientos, y él le dice al pueblo en Deuteronomio 9, al final de los cuarenta años: "Yo ayuné la segunda vez por cuarenta días e intercedí por vuestros pecados". De manera que Moisés en esta ocasión se ha propuesto hacer un ayuno para intensificar su oración de intercesión por los pecados del pueblo. Esa era una de las prácticas más comunes en tiempos de arrepentimiento, en tiempo donde yo quiero verdaderamente descubrir mi pecado, presentar mi pecado a Dios, pedirle a Dios que me sane, que me perdone. El pueblo frecuentemente ayunaba.

David, cuando comete el pecado con Betsabé y posteriormente recibe la confrontación de parte de Natán, cuando el niño nace, el niño está enfermo. David se postra delante de Dios por siete días: no come, no bebe agua, solamente ora y se humilla delante de Dios, pidiendo perdón, y segundo, pidiendo a Dios que sanara al niño. Al final de los siete días el niño murió. Inmediatamente David se levantó, comió, se lavó, se vistió. Se terminó el propósito del ayuno. "Yo estaba ayunando, pero el perdón de mi pecado Dios lo hace en un instante cuando somos genuinos, y en segundo lugar, yo estaba pidiendo a Dios por la salud del niño. Ya el niño partió, ya no tengo necesidad de continuar ayunando". Y él interrumpió el ayuno.

Tú encuentras a Daniel en Daniel 9:3 en busca de sabiduría y entendimiento, y ayuna. Tú encuentras a Ester cuando se va a presentar ante el rey Asuero a interceder por el pueblo, y Ester ayunó y le pidió al pueblo que ayunara con ella. Cuando en tiempo de estrés, en tiempo de dificultad, en tiempo donde necesitamos sabiduría para saber qué hacer, en tiempo cuando no sabemos qué hacer, Daniel necesita sabiduría y entendimiento; él entonces está ayunando.

En Hechos 9 tú te encuentras a Pablo, que estuvo tumbado al piso por un encuentro con Cristo, e inmediatamente después él quedó ciego por los próximos tres días. Pablo está ayunando. Él ha tenido un nuevo encuentro con el Señor y no sabemos cuál fue la razón de su ayuno porque él no lo dice, pero podemos, yo creo, especularlo con cierta certeza. Quizá Pablo tiene una vida de perseguidor, Pablo tiene una vida de perseguir a la iglesia. Pablo acaba de tener esta experiencia con Dios donde Cristo le dice que él va a ser ahora su testigo delante de las naciones, de reyes, de príncipes. Pablo probablemente está reflexionando, pensando, rumiando todo esto, lo que va a implicar para él. Él está en espera de Ananías que venga a orar por él para que los ojos se le abran, y por tres días Pablo estaba ayunando, buscando el favor de Dios, buscando intimidad con Dios.

En Hechos 13 tú te encuentras, un poco más adelante, cómo la iglesia, cuando ayunó la iglesia durante el tiempo de oración y ayuno, el Espíritu de Dios, el Hijo de Dios, dijo: "Sepárenme a Pablo y a Bernabé para la misión". De manera que la iglesia estaba en busca de guianza, de sabiduría, durante el ayuno, y ahora entonces Dios los guió a separar a Bernabé y a Pablo para esa misión. Y luego Pablo y Bernabé, cuando quisieron designar ancianos para la iglesia, ellos también ayunaron.

Esa es una idea para qué lo hacemos, cuál es la meta: es acercarme a Dios, a su misión, a su voluntad; es poder encontrar sabiduría para la dificultad en la que me encuentro, saber qué hacer.

La pregunta es: ¿cómo es que ayuda el ayuno? ¿Cómo es que dejar de comer ayuda a que yo me acerque a Dios? Bueno, algunos opinan, yo creo que muchos opinan, quizá todos opinan —todos los que tienen una idea ortodoxa de cómo esto parece ser en la Biblia— que el problema está en que los deseos de mi carne continuamente militan en contra de los deseos del Espíritu de Dios. Y eso no es sacado de los moños; eso es literalmente dicho en Gálatas 5:17: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne, pues estos se oponen el uno al otro, de manera que no podéis hacer lo que deseáis".

Escucha lo que está diciendo: el deseo de la carne es contra el deseo del Espíritu, con "E" mayúscula, el Espíritu de Dios. Se oponen el uno al otro. No es simplemente que a uno le gusta una cosa y a otro le gusta otra cosa. No, ellos compiten. Y la competencia está increíblemente fuerte. La competencia entre la carne y el Espíritu con "E" mayúscula está increíblemente fuerte, que con frecuencia terminamos haciendo lo que no queríamos hacer. ¿Te imaginas la lucha? Cuando tenemos experiencia, tenemos que unir nuestras voces a la voz de Pablo cuando decía: "Yo no me entiendo". No, Pablo, ni yo tampoco. ¿Cómo es que queriendo hacer esto no lo hago? Yo no entiendo cómo es que no queriendo hacer esto otro, sí lo hago.

Y el Espíritu de Dios dice: "Yo te dije, Pablo, en Gálatas cuál es el problema: el deseo de la carne se opone al deseo del Espíritu; están en guerra hasta el punto que ellos se oponen uno a otro, de manera —escucha— que no podéis hacer lo que deseáis". Tú quieres complacer a Dios y terminas no haciéndolo, porque tu carne está en el medio. Y yo no estoy hablando ahora de pornografía, yo no estoy hablando ahora de borrachera, cosas extremas, pues eso sería fácil de verlo y de decirlo. Él está hablando de los deseos de la carne en general, de los cuales la comida es uno.

Y qué ahora, a través de la práctica del ayuno, yo estoy tratando de someter apetitos de mi carne que compiten con los deseos de Dios. ¿De qué manera? Bueno, es que los apetitos de mi carne involucran mi mente en el apetito, en el deseo. ¿Cuántos de ustedes no han tenido alguna vez lo que en inglés llaman un "craving", un anhelo por dulce, chocolate? Mi esposa ha sabido decirme que cuando estaba más joven, viviendo en Nueva York, ella solía levantarse a las dos de la mañana, ir al supermercado coreano de las veinticuatro horas, a buscar un chocolate, porque eso no la dejaba tranquila. Imagina hasta dónde mi mente es involucrada en el deseo, en el anhelo. ¿Dónde está mi mente cuando eso está pasando? Está distraída. No está buscando las cosas de Dios. Ella, yo, cualquiera de nosotros pudiera estar: "Bueno, déjame orar para ver si este deseo se me va". No, no, ve al supermercado y cómpralo.

Entonces, esos deseos compiten. Ahora, hay algo que se llama el dominio propio, que es un fruto del Espíritu, y el dominio propio tiene que ver con, valga la redundancia, dominar, someter los deseos de la carne. Y hay disciplinas espirituales de las cuales el ayuno es la número uno para nosotros someter los deseos de la carne, porque el deseo del estómago es fuerte, es más de una vez al día también. Y yo tengo entonces que ejercitar el dominio propio, y el dominio propio ejercitado, desarrollado, me permitirá decir que no a otros placeres de la carne que son claramente pecaminosos, y cuando se presenten yo podré decir no.

Tú tienes una ilustración perfecta de cómo los deseos de la carne, incluyendo aquellos que son legítimos, interfieren con los propósitos de Dios. En 1 Corintios 7, Pablo le dice a la pareja que no se nieguen el uno al otro en intimidad, excepto por mutuo acuerdo y para dedicarse a la oración. Fíjate en un momento, porque yo no puedo orar a una hora, tener intimidad a otra hora, y que no haya interferencia. Gálatas 5:17. Eso no quiere decir que a la hora de tener intimidad yo estoy pecando. No, es que hay una lucha entre lo que mi carne desea, que yo no voy a desear cuando entre en gloria, no va a ser parte de mi naturaleza, y lo que el Espíritu desea.

Y Pablo dice: yo les recomiendo un ayuno de intimidad si ustedes se quieren dedicar por tiempo. No es que yo no puedo orar el día que tenga intimidad, no puedo orar. No es eso lo que Pablo está diciendo. Si usted quiere tener una sesión de oración intensa de un día, de dos, de tres con ayuno, donde usted necesita buscar el rostro de Dios, yo le recomiendo que de mutuo acuerdo usted le diga: bueno, no vamos a entrar en esas intimidades, nos vamos a dedicar a la oración. Hay una ilustración perfecta de lo que Gálatas 5:17 está tratando de decir. Yo no quiero negar la validez de esos deseos que Dios puso en nosotros. Lo que estoy tratando de decir es que de este lado de la gloria hay una competencia que la Palabra de Dios reconoce y nos da pautas para cómo luchar con la competencia.

Lamentablemente, esos deseos que Dios nos ha dado, que son sanos en su base, nosotros también los hemos distorsionado y vivimos entonces añorando los placeres de Egipto, para usar el vocabulario que la Palabra usa cuando dice que Moisés dejó atrás los placeres de Egipto y prefirió, dice, sufrir con el pueblo de Dios. Muchas veces las cosas que nosotros deseamos no son necesariamente pecaminosas en sí. Creo que fue Tozer, que decía que la mayoría de las veces mi pecado no está en desear algo, sino en desear ese algo demasiado. Porque cuando yo deseo ese algo demasiado, ese algo comienza a ocupar un lugar que debiera tenerlo la alimentación de mi espíritu y no lo está teniendo. Entonces, muchas veces lo que ocurre es que de ese algo quiero demasiado y de Dios quiero poco.

Yo creo que ustedes me han oído decirlo otras veces. Una de mis quejas, dolores del espíritu, es con cuán poco de Dios sus hijos se conforman. Incluso muchas veces con nada de Dios, de su ser, si Él nos diera sus bendiciones, si Él nos diera alimento, ropa, no problemas con los hijos, ingresos, y buenos muchachos que les va bien en la universidad o en el colegio, se acabó la nota. Sin nada de Dios, estamos conformes. Lo que Dios está diciendo es: no, tú necesitas aprender lo que es la práctica del ayuno, porque la lleno te va a ayudar a someter los deseos de la carne.

Porque uno de los problemas, yo lo mencioné en el sermón anterior, Pedro nos dice en su segunda carta, 2:19, que cada uno de nosotros es esclavo de aquello que lo ha vencido. Yo no sé qué es eso, pero eso que usted estaba tratando de resistir y lo venció a usted, finalmente eso comienza a esclavizarlo. Y en contra de eso es que el Espíritu quiere luchar por medio de uno de sus frutos, que es el dominio propio. Pero una de las maneras de desarrollar el dominio propio es, otra vez, el hábito del ayuno. El complacer a la carne, ya sea con cosas tan triviales como la comida, yo decía, nos entretiene y hace que mi mente no pueda enfocarse apropiadamente en las cosas de Dios.

Yo le voy a dar un ejemplo. Yo he mencionado esto otras veces, pero es una realidad porque muchos de ustedes me lo han comentado. ¿Cuándo usted pasa más tiempo con Dios, ya sea leyendo la Biblia, orando y en cosas de índole espiritual? ¿Durante el año cuando está trabajando y en dificultades con los hijos, con el esposo, con el matrimonio, o cuando se va de vacaciones? Porque en conversación con ustedes y con otros, la realidad es que cuando nos vamos de vacaciones, como que nos vamos de vacaciones de Dios también. Pero como que eso no tiene sentido. Yo tengo más tiempo, estoy más descansado, mi mente no está distraída con problemas, yo no tengo que llegar al trabajo a las ocho de la mañana. ¿Y por qué paso menos tiempo con Dios? Porque en las vacaciones la carne está siendo alimentada. No necesariamente de una forma inmoral, simplemente los deseos de la carne que compiten con los deseos del Espíritu.

Y eso es lo que está ocurriendo, es mi carne. Por ejemplo, al Espíritu con E mayúscula no le importa nada si al mediodía, cuando yo salga, me como un buen filete o un guineo. Lo tiene sin cuidado, o simplemente me tomo una sopa. Pero mi carne a veces está añorando: ¿cuánto daría yo por un filete a la barbacoa, o lo que sea, o un churrasco? Y mi espíritu... Esa carne que quiere su churrasco, mi espíritu está diciendo: yo quisiera ir a la iglesia. La carne tiene sin cuidado si tú vas a la iglesia o no vas a la iglesia. Yo quiero ir a adorar. La carne dice: ¿adorar? Mejor ya me pego un ron y adorar. Entonces el problema es una tensión entre lo que mi carne desea, que no es necesariamente pecaminoso, pero compiten.

Porque lamentablemente en este lado de la gloria yo tengo, permíteme decirlo de esta forma, dos realidades: mi realidad espiritual que está como presa dentro de otra realidad, que es mi cuerpo físico que no ha sido regenerado. Cuando yo nací de nuevo, mi alma fue regenerada; el cuerpo permaneció tan pagano como lo era antes. Lo que yo necesito ahora es esa alma regenerada controlar los deseos de ese cuerpo y someterlos, y eso requiere el desarrollo y el alimento del alma.

Mira cómo Dios lo dice de una manera indirecta, pero yo no creo que esté tan indirecta. Hablándole al pueblo judío en el desierto, cuando se olvidaron, Deuteronomio 8:2-3: "Y te acordarás de todo el camino por donde el Señor tu Dios te ha traído por el desierto durante estos cuarenta años, para humillarte, probándote, a fin de saber lo que había en tu corazón, si guardarías o no sus mandamientos." Escucha, hay Deuteronomio 8, y aquí viene, porque este es un ayuno forzado de parte de Dios para el pueblo. "Y te humilló, y te dejó tener hambre, y te alimentó con el maná que no conocías, ni tus padres habían conocido." ¿Para qué? "Para hacerte entender que el hombre no solo vive de pan, sino que vive de todo lo que procede de la boca del Señor."

Tú tenías, tú estén ahí Egipto, esos ajos de que tú hablas, y las cebollas, y los pepinos con lo que tú soñabas en el desierto. Y ahora yo te estoy diciendo que en el desierto yo no simplemente traje hambre sobre ti para castigarte, porque la verdad es que Dios no se deleita en el castigo ni de los impíos. Ah bueno, que fue una disciplina. Así fue, fue parte de la disciplina. Pero la realidad es que Dios establece una relación directa. Me dice: te dejé tener hambre para algo. No simplemente te dejé tener hambre por rebelde y te castigué. Eso no es lo que Él dice. Te dejé tener hambre para que aprendas que el hombre no solamente vive de eso que tú consumes todos los días, que deseas, que anhelas, que te vuelves loco detrás de eso, sino que el hombre vive también. Yo no estoy negando, tenemos que comer, sino que vive también de toda palabra que sale de la boca del Señor. En otras palabras: te olvidaste de mí, y los deseos de tu carne te ayudaron a olvidarte de mí. Yo voy a traer hambre para que puedas recordarte de quién yo soy. No fue una simple disciplina.

¿Saben por qué eso es interesante? Porque Jesús va a ayunar cuarenta días también, liderado por Dios. Él sale de Jordán y dice que el Espíritu lo empujó al desierto para ser tentado por Satanás, y ayunó por cuarenta días. ¿Quién lo indujo? Dios. ¿Para qué está ayunando? Bueno, Él va a tener un ataque titánico ahora. Preparación. El ayuno nos prepara para la batalla, para la lucha. Él va a tener esa batalla. Cuarenta días de ayuno. En cuarenta días el texto de Mateo y Lucas 4 nos dicen que Él tuvo hambre. Satanás vino y le hace una propuesta: ¿por qué no conviertes las piedras en pan y así pruebas que tú eres Hijo de Dios?

¿Qué tú piensas que fue el texto que Jesús citó cuando Él acababa de pasar cuarenta días ayunando, cuando Él tiene hambre, cuando Él podía comer? Porque el ayuno era de cuarenta días, y al pasar dice que acabó los cuarenta días y tuvo hambre. El ayuno se acabó. Es el día donde Él está terminando el ayuno, donde Él verdaderamente puede comer, de manera que Satanás sabe: lo voy a tentar ahora, porque ya el ayuno pasó, ya él terminó, él puede comer. Y eso le dice: sí, pero no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios. Eso que Dios le dijo al pueblo judío en el desierto son las palabras que Jesús usa para defenderse en contra de esta tentación y decir: sí, está muy bien, yo sé que yo tengo una necesidad, yo sé que los cuarenta días pasaron, yo sé que yo puedo comer, pero yo quiero que sepas que Dios está tratando de enseñar a su pueblo. Yo soy su modelo número uno: que no solamente de pan físico vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca del Señor.

Eso es lo que hace que Richard Foster, en uno de sus libros, diga que ayunar no es tanto privarse del pan, sino que es más bien servirse del banquete de Dios. Es un libro muy conocido, se llama "La celebración de la disciplina", "Celebration of Discipline". En español tiene otro nombre, pero no recuerdo. Pero él dice lo siguiente: ayunar no es tanto el privarse del pan, sino que es más bien servirse del banquete de Dios. Te privas de esto para comer de esto, de tal forma que este banquete puede encontrar más apetito, mayor concentración, mayor dedicación.

Piper dice en su libro "Hambre de Dios", un libro pequeño que se lo recomiendo, que la idea de ayunar es totalmente contraria a la cultura de la autoindulgencia. Él dice de los norteamericanos, que ahí es donde él vive, yo diría de toda la cultura de Occidente, eso nos incluye a nosotros, es contraria a la cultura de la autoindulgencia que dice yo, mí, mío. Y que por tanto no es de sorprendernos que muchos cristianos no hayan considerado seriamente la disciplina del ayuno. Y más adelante en el mismo libro dice: "Pequeños sorbos, lo que nos quita el hambre por Dios son los pequeños sorbos de trivialidad que ingerimos cada noche o cada día". Pequeños sorbos de trivialidad. Fíjate que él no habla de borrachera, alcohol, droga, pornografía. Trivialidad de la vida con la cual vivimos, que nos alimenta, que nos hace sentir bien, y eso nos quita el hambre por la profundidad de Dios.

Yo creo que nosotros hemos sido seducidos como generación a creer que la única pregunta que hacemos es "¿qué tiene de pecado?". No se nos ocurre pensar "¿qué tiene de trivialidad?". Déjame ilustrar. Si usted va a la playa, encuentra un niño de tres años jugando en la arenita con un camioncito, lo llena, lo voltea, ¿qué usted pensaría? Nada. Está jugando, está disfrutando. Suponga que usted vaya a la playa mañana y me encuentre a mí con un camioncito jugando, ¿y usted qué pensaría? Hay problema ahora. ¿Dónde yo pequé? ¿Dónde yo pequé? Porque si el niño no peca, yo no he pecado. Mi pecado está en la trivialidad con la que yo vivo en ese momento de mi vida, que no es apropiada para mi edad. Ahí es donde está el problema. ¿Te das cuenta que nosotros no hacemos las preguntas correctas?

Por eso puede haber, hay que hablar de los sorbos, los pequeños sorbos de la trivialidad. Son las cosas que compiten con Dios, del diario vivir. La mayoría de las veces ni siquiera son las cosas más fuertes. La mayoría de las veces no son esos pecados extremos, son los pequeños sorbos que todos tendemos a tomar. Y Satanás lo sabe. Satanás sabe cómo él gana acceso a tu vida, y tú lo puedes ver en la Biblia: siempre a través de lo trivial. Yo he hecho este ejercicio con mi propia vida. Es a través de lo trivial, insignificante aparentemente, benigno. Siempre de esa manera.

Por ejemplo, una frutica en el huerto. ¿Qué va a significar eso? Una frutica, ¿qué más trivial que eso? Mira, Dios lo hizo. Si te dio el planeta, ¿no te va a dar esa frutica? ¿Cómo te la va a negar? Hoy es la fruta que sumergió la raza humana entera en un remolino de pecado del cual no ha podido salir. Una frutica. Alimento. ¿Tú puedes creer que fue un alimento lo que nos hundió en el pecado? Con razón la Palabra nos manda a ayunar.

El maná. Alimento. El pueblo pecó con el maná en el desierto, hasta el punto que se le pudrió en la noche. El maná. ¿Y con qué fue que pecaron? Con maná. Comida. Llegamos a la iglesia de Corinto y en la Cena del Señor, que antes también se celebraba una gran cena antes de tener la dedicación especial de la Cena del Señor, había gente que estaba de glotona y se comía la cena y no le dejaba a otro. Estaban pecando y algunos hasta se murieron. Dios los castigó y les quitó la vida. ¿Y cómo pasó? Comida. Hermano, comida. Con lo trivial, con lo sencillo, con lo que aparentemente no tiene ninguna importancia. Me salí, me llamaste toda la comida, pero enseñarte cómo lo trivial es donde él entra a mi vida. Y cuando él comienza con lo trivial, él convierte eso en complicado e indescifrable. Eso es Satanás, lo vas a ver.

David quiere hacer un censo. ¿Por qué no? El pueblo de Judá había hecho múltiples censos. Hicieron uno antes de salir de Egipto, hicieron uno a los cuarenta años, y estaban súper acostumbrados a hacer un censo. David dice: "Vamos a hacer otro de lo que acostumbramos a hacer". El censito costó 70,000 muertes al pueblo judío. Pero si ya habían hecho esto otra vez precisamente... Es de lo que tú haces otras veces con lo que Satanás te tienta. ¿Tú crees que la fruta que a Adán iba a tentar era una primera fruta que ellos se comieron en el huerto? No, eran otras frutas de las frutas que ellos habían comido otras veces. "Mira otra aquí que tú no has podido comer". Es así de astuto lo que Satanás hace: toma las bendiciones de Dios y las convierte para nosotros, a través de nuestro mal ejercicio, en maldiciones. Y la fruta es el mejor ejemplo.

Yo creo que hemos sido seducidos. ¿Qué tiene de malo una fruta? Nada. A simple vista, nada absolutamente. Nada. Pero Adán iba a tener que ayunar de esa fruta. Algunos dicen que ese fue el primer ayuno, que Dios le dijo: "De esa fruta ayunen". ¿Qué tiene de malo un maná? ¿No es Dios que nos lo da? A simple vista no tiene nada de malo, porque no es el maná, es el corazón que usa el maná. ¿Qué habría de malo en convertir piedras en pan al final de los cuarenta días, habiendo pasado el ayuno, habiendo sobrevivido la tentación de cuarenta días, habiendo ya cerrado el ayuno? ¿Qué tendría de malo? Él tiene hambre y Él es el Hijo de Dios. ¿Qué tendría de malo? Nada a simple vista.

Es interesante que es la frutica en el jardín, el maná en el desierto, el pan en el desierto alrededor del río Jordán, las cosas que Satanás usa para producir el mayor torbellino que se haya producido en la raza humana. Y casi, entre comillas ahora, tratar de repetir eso de peor manera con el Hijo de Dios. ¿Te imaginas que la tentación hubiera tenido este resultado con la conversión de piedra en pan? Otra vez regresamos a que el alimento trivial que tú necesitas hubiese sido la causa del problema. Comida.

Yo creo que nosotros hoy en día tenemos que pensar un poco más que en las comidas, y pensar que quizás debemos ayunar de otras cosas. Porque piensa un momento: en el desierto, ¿qué había? Arena y maná. No había nada. Había maná y arena. ¿De qué iban a ayunar de comida? No había nada de qué ayunar. Pero en el caso nuestro, nosotros vivimos no solamente llenos de comida, pero nosotros tenemos muchas otras cosas que nos llenan. Nos llena el trabajo y nos hace trabajólicos. Nos llena el entretenimiento. Nos llena la televisión. Nos llenan las ofertas del mundo. Nos llenan las ropas. Nos llenan tantas cosas. Nos llenan las modas. Nos llenan los cortes de pelo, la ida al salón. Nos llena la uña y la gracia. Nada de eso en sí, en sí, es pecado, como que el maná en sí no es pecado.

Pero oye lo que dice Richard Foster: "Como carecemos un centro de gravedad divino", o sea lo que nos establece, "nuestra necesidad por sentirnos seguros nos ha llevado a un apego a las cosas fuera de lo común. Es tiempo de que despertemos al reconocer que acomodarnos a una sociedad enferma es estar enfermo. Hasta que no veamos lo desbalanceado que está nuestra cultura en este punto, no seremos capaces de lidiar con el espíritu de Mamón, de dinero, que está dentro de nosotros. Y de muchos, para vivir en simpleza cristiana".

Bueno, pastor, pero el ayuno es cosa del pasado, del Antiguo Testamento. No. El Nuevo Testamento tiene 17 referencias al ayuno. Mira la mejor, quizás, para insistir en que es para hoy. Mateo 9:14-15: "Entonces se le acercan los discípulos de Juan diciendo: ¿Por qué nosotros los fariseos ayunamos, pero tus discípulos no ayunan? Y Jesús les dijo: ¿Acaso los acompañantes del novio pueden estar de luto mientras el novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el novio les será quitado, y entonces ayunarán".

¿Para qué es el ayuno? Dijimos que es para buscar de Dios. Bueno, Cristo estaba ahí. Cuando yo no sé qué hacer, vamos donde Cristo y le preguntamos. Cuando estoy en peligro, todo eso fueron ocasiones. El pueblo judío estaba en peligro: "Estén en ayuno, están muy en peligro." "Maestro, Maestro, ¿no te importa que perezcamos?" Él calma los vientos, Él calma las aguas. "Yo estoy con ellos, además el novio está aquí, que celebren, que celebren por ahora." Vendrá el tiempo cuando anden a ayunar, pero mientras Él estuvo con ellos, ellos estaban protegidos.

Escucha lo que Él dice. Cristo en el aposento alto, en las últimas horas, orándole al Padre: "Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste, y los guardé y ninguno se perdió cuando estaba con ellos. Por eso cuídalos Tú ahora que yo me voy." Ahora, cuando el novio les es quitado, van a llevar a ayunar otra vez, porque van a estar en peligro de nuevo. Yo no voy a estar ahí, y va a haber un momento en que no van a saber qué hacer y no me van a tener para irme a preguntar. Van a tener que comenzar a orar, a acercarse, escudriñar tu mente, tu corazón. Ellos volverán a ayunar. ¿No es ahí que estamos, en el tiempo cuando el novio es quitado? Es ahí que estamos. Y Cristo dice: "Entonces ayunarán."

Ahora, el ayuno, hermanos —bueno, el tiempo ha sido—, el ayuno que no es respaldado por un estilo de vida piadoso, no tiene sentido de ser. Es mejor no hacerlo. ¿Te acuerdas de la palabra que Cristo citó? Un fariseo baja al templo a orar y este hombre muy pecador baja al templo a orar. El fariseo se para al lado del otro y dice: "Señor, gracias que yo no soy como este pecador aquí al lado mío." Y le dice, escucha estas palabras: "Yo ayuno dos veces a la semana y yo diezmo de todo lo que ingreso." El pecador está aquí al lado, el fariseo está así levantando su ojo orgulloso de que ayuna dos veces a la semana, ingresa, diezma de todo lo que ingresa. Y el pecador está aquí: "Señor, yo no soy digno, sé propicio a mí, perdóname." Cristo dice: "Yo os aseguro que este pecador se fue a su casa justificado, perdonado, y el otro que ayuna dos veces a la semana, no." De manera que el ayuno que no está respaldado por un estilo de vida piadoso no tiene razón de ser.

De hecho, el mejor texto para decir eso que yo acabo de decir está en Isaías 58, y con esto yo voy a cerrar. Y yo quiero llamar a la iglesia a la reflexión mientras escucha esto, porque literalmente así como vamos a cerrar, ni siquiera vamos a cantar. Yo creo que usted necesita pensar, meditar, reflexionar acerca de la necesidad no solamente de ayunar de alimentos hoy en día, como yo decía, pero de cuántas cosas que me tienen lleno yo necesito ayunar. Y a la vez decir: "Entonces yo necesito un estilo de vida que respalde el ayuno en el cual yo he decidido entrar."

Escucha el profeta Isaías 58, versículo 2 al 8: "Con todo, me buscan día tras día" —o sea el pueblo está buscando a Dios día tras día— "y se deleitan en conocer mis caminos, como nación que hubiera hecho justicia y que no hubiera abandonado la ley de su Dios. Me piden juicios justos, se deleitan en la cercanía de Dios." Escucha, Dios está diciendo: "Ellos están pidiéndome juicios justos como una nación que ha hecho justicia, que tiene cercanía con Dios y que se deleitan en conocer mis caminos." Y dice Dios, ahora, y dicen: "¿Por qué hemos ayunado y Tú no lo ves? ¿Por qué nos hemos humillado y Tú no nos haces caso?"

El pueblo, Dios dice, aquí está el pueblo. El pueblo está diciendo: "Estamos ayunando y Tú no nos escuchas, Tú no nos ves, estamos orando, Tú no nos prestas atención." Y Yo digo: "Ustedes me buscan como una nación que ha hecho justicia, ustedes me buscan y quieren conocer mis caminos como si no hubieran abandonado mi ley, y ahora me preguntan qué por qué no le hago caso a sus ayunos."

"Señor, respondo: He aquí, en el día de vuestro ayuno buscáis vuestra conveniencia y oprimís a todos vuestros trabajadores. He aquí, ayunáis para contiendas y riñas, y para herir con puño, con puño malvado. No ayunéis como hoy para que se oiga en lo alto vuestra voz. ¿Es ese el ayuno que yo escogí, para que un día se humille el hombre? ¿Es acaso para que incline su cabeza como un junco y para que se acueste en cilicio y ceniza? ¿Llamaréis a esto ayuno y día acepto al Señor?"

"No es este el ayuno que yo escogí, no es este: desatar las ligaduras de impiedad, soltar las coyundas del yugo, dejar ir libres a los oprimidos y romper todo yugo. ¿No es para que partas tu pan con el hambriento y recibas en casa a los pobres sin hogar, para que cuando veas al desnudo lo cubras y no te escondas de tu semejante? Entonces —no antes—, entonces tu luz despuntará como la aurora y tu recuperación brotará con rapidez. Delante de ti irá tu justicia y la gloria del Señor será tu retaguardia."

¿Cómo estamos? ¿Nuestro estilo de vida se corresponde? ¿Nuestras oraciones públicas se corresponden a nuestra realidad interior? ¿Se corresponde mi hablar con la condición de mi corazón? ¿Se corresponde la manera como yo trato al necesitado, al trabajador, al empleado, al empleador, al que está trabajando conmigo, con las realidades del Reino de los Cielos? Porque ese es parte del ayuno que Dios ha ordenado: y es que te abstengas de todas aquellas cosas que te van a satisfacer a ti para que puedas satisfacer a otros.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.