Cuando Jesús entra a una casa en Capernaúm, tres grupos distintos lo visitan: la multitud que lo busca por interés propio, sus familiares que vienen a "hacerse cargo de él" porque creen que ha perdido la razón, y los escribas de Jerusalén que traen una acusación devastadora: que expulsa demonios por el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios. Ya no vienen con preguntas; traen un veredicto. Y es precisamente esta acusación la que provoca una de las enseñanzas más solemnes de Cristo sobre el pecado imperdonable.
Jesús responde con una lógica contundente: Satanás no trabaja contra sí mismo, porque un reino dividido no puede permanecer. Si él expulsa demonios, es porque ha atado primero al hombre fuerte —Satanás— y ahora saquea su casa. Las obras que realiza —sanar ciegos, hacer hablar a mudos, liberar endemoniados— son el testimonio final del Espíritu Santo sobre quién es él. Rechazar ese testimonio, atribuir al diablo lo que claramente es obra de Dios, constituye la blasfemia contra el Espíritu: un pecado sin perdón, no porque Dios no pueda perdonar, sino porque se rechaza al único que puede hacerlo.
El problema del hombre nunca ha sido falta de evidencia. Dios se ha manifestado en la conciencia, en la creación, en las Escrituras, en sus profetas, en Cristo mismo. Muchos han visto transformaciones genuinas en sus propios hogares y aun así las atribuyen a cualquier cosa menos a Dios. El rechazo no es intelectual; es moral. Al hombre no le conviene un Dios que juzga sus acciones y demanda cuentas.
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Marcos 3, versículo 20:
"Llegó a una casa y la multitud se juntó de nuevo, a tal punto que ellos ni siquiera podían comer. Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de él porque decían: 'Está fuera de sí'. Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: 'Tiene a Belcebú y expulsa a los demonios por el príncipe de los demonios'. Y llamándolos junto a sí, les hablaba en parábolas: '¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Y si un reino está dividido contra sí mismo, este reino no puede perdurar. Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado a su fin. Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa. En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen, pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno'. Porque decían: 'Tiene un espíritu inmundo'. Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, mandaron llamarle. Y había una multitud sentada alrededor de él, y le dijeron: 'He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan'. Respondiéndoles, él dijo: '¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?' Mirando en torno a los que estaban sentados en círculo alrededor, dijo: 'He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y hermana y madre'".
El texto que yo acabo de leer es uno de los pasajes más debatidos o más controversiales en la historia de la iglesia, y es uno de los pasajes que contiene algunas de las palabras más austeras o más severas de parte del Señor Jesucristo para aquellos que le seguían. Y obviamente, cuando digo eso, me estoy refiriendo a aquello que ha sido ya llamado la blasfemia contra el Espíritu o el pecado imperdonable. Y yo creo que quizás alguno de los que estamos aquí quisiéramos que inmediatamente nos introdujéramos en lo que es esta blasfemia y este pecado imperdonable, pero yo no quiero hacerlo de esa manera porque eso no fue exactamente como ocurrió, sino que yo quisiera exponer esto bajo la sombrilla de lo que aconteció aquel día.
Y cuando nosotros leemos este pasaje, si leemos el pasaje paralelo en Mateo y el otro pasaje paralelo en Lucas, es mucho lo que podemos aprender. Y una de las cosas que salta a la vista es que cuando Jesús entra a esta casa, hay tres grupos de visitantes que son identificados por los evangelistas. El primer grupo es llamado la multitud, y esa multitud es mencionada en el versículo 20 y en el 32. No podemos olvidar que Marcos menciona la palabra multitud o multitudes unas cuarenta veces en un Evangelio relativamente corto, pero nos da a entender que el ministerio de Jesús fue un ministerio multitudinario. Un segundo grupo es identificado como sus parientes o sus familiares, dependiendo de la traducción que usted tenga, y ellos son mencionados en el versículo 21 y en el versículo 31 en adelante. Y hay un tercer grupo de visitantes denominados los escribas, que han venido de Jerusalén, han venido probablemente de parte del Sanedrín a acusar, a examinar, a desenmascarar el ministerio de Jesús. Y ahí tenemos los tres grupos: las multitudes, sus familiares y los escribas.
Y con esa introducción, yo quiero que oremos y nos presentemos delante de Dios una vez más. Padre, gracias te damos porque por medio de tu Espíritu nosotros podemos entender aquello que el mismo Espíritu inspiró hace dos mil años atrás. Te pedimos ahora, Dios, que de una manera especial tú encuentres a cada uno de nosotros en su punto de necesidad, que sea propicio a cada uno de nosotros. Pero en especial, yo quiero pedirte, Dios, por aquellos que están entre nosotros, en medio de la multitud, que aún no te conocen, que han sido convocados por tu Espíritu de una manera sobrenatural, que han sido traídos hasta aquí para que tú puedas hablarles acerca de su condición y tú puedas darles convicción de pecado. Yo quiero pedirte de una manera abierta, oh Dios, que desde ya, desde que oramos en este momento hasta terminar, tú seas con ellos, trayendo dicha convicción y convenciéndolos de la necesidad de entregar su vida a ti. Solo tú puedes hacer eso, pero tú tienes el poder y estás aquí entre nosotros. Te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén.
Bueno, leímos en el texto que Jesús llega a una casa, presumiblemente en Capernaúm, pero es una casa no identificada. Y tan pronto él llega a dicho lugar, la multitud se acerca, y el texto nos dice en esta ocasión que la multitud era tan grande y aparentemente las demandas o las necesidades eran tan numerosas que ellos ni siquiera tenían tiempo para comer.
Y hablamos la semana pasada y dijimos que nosotros podemos ver en la vida de Jesús que ciertamente el ministerio siempre ha sido una labor ardua, ha sido una labor muchas veces demandante y agotadora, hasta el punto que en este momento Jesús y sus discípulos ni siquiera tenían tiempo para comer. Y el ministerio siempre ha sido así, tiene dos mil años siendo de esa manera. Es solo al final del siglo veinte donde algunos ministros han llegado a entender que el ministerio debe realizarse dentro de las horas laborales del resto de los trabajos seculares, pero la realidad es que el testimonio de la Escritura, el testimonio de las cartas de Pablo, el testimonio de la historia de la iglesia, es que el ministerio es una labor difícil, es una labor muy agotadora y demandante, y solamente por la gracia de Dios y por su Espíritu nosotros podemos llegar a realizar la obra de Dios, que de otra manera terminaría arruinándonos.
Y ahora tenemos las multitudes alrededor de Jesús, no dejando tiempo libre ni siquiera para que aquellos pudieran comer, siempre dispuestas a recibir algo de Jesús, pero nunca dispuestas a dar a Jesús. Cuando Jesús estaba dispuesto a dar, ahí estuvieron ellas; en el momento en que Jesús comienza a demandar de ellas, ellas comienzan a alejarse. Pero ahora, en el segundo año de su ministerio, quizás a mitad del segundo año más o menos, las multitudes todavía están dispuestas a venir, a escuchar, a ser enseñadas; parecen entusiastas, parecen motivadas. Pero una vez las autoridades de Jerusalén se vuelven en contra de Jesús, las multitudes comienzan a distanciarse, y a partir de ese momento entonces el Maestro va quedando cada vez más solitario. Estas son las multitudes que posteriormente, en el viernes de su crucifixión, van a estar formando otro grupo que estará clamando o vociferando: "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!".
Es muy fácil para las multitudes cambiar de bandera. Si hay algo que nosotros sabemos es eso, porque muchas veces cada cuatro años nosotros vemos multitudes cambiar de bandera con el proceso electoral que se aproxima, porque en un momento dado determinaron que bajo esta bandera yo tenía mejores condiciones de beneficios, mejores privilegios, mayores oportunidades, y eso simplemente hizo que alguien pues cambiara su bandera de un color para otro. Eso no fue distinto en los tiempos de Jesús ni fue distinto durante el ministerio de Jesús.
Jesús sacrificó por las multitudes hasta el punto de dejar de comer, pero cuando Jesús comenzó a hablar de que era necesario comer su carne y beber su sangre, como símbolo de lo que representaría su sacrificio, el texto de Juan seis nos dice que muchos jamás volvieron a seguirle. Cuando Jesús comenzó a hablar de una manera que le dio a las masas a entender que tendrían que pagar un costo, cuando ellos vieron que sus intereses iban a ser afectados, las masas comenzaron a abandonarlo.
Llegado el día de su aprisionamiento, ni sus más cercanos colaboradores permanecieron, porque presintieron que había un riesgo. Tan pronto las multitudes presienten que hay un riesgo, que hay un costo, que hay un precio, que hay un sacrificio, ese es el tiempo para abandonar el lugar. Y lamentablemente, aun sus doce apóstoles, en el momento crucial, en el momento cuando el riesgo fue visto, lo abandonaron y se comportaron al igual que las masas. Era simplemente cuestión de cuándo ellos harían lo que otros ya habían hecho. ¿Te das cuenta de cuán confiables son las multitudes? Jesús pagó el precio por las multitudes; las multitudes nunca pagaron el precio por él. Pero están allí. Él les ministra, él les habla, él les enseña, él no las despacha, no las envía a que se vayan lejos, que vuelvan después. No les dice: "Luego que yo coma y yo tome una siesta pueden regresar". Él hace tiempo para ellos, y esas son las multitudes que luego no quisieron pagar el precio que Jesús demandaba.
Hay un segundo grupo también identificado y del cual necesitamos hablar. Son sus familiares o sus parientes. Escucha el versículo 21: "Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de él, porque decían: 'Está fuera de sí'". Cuando sus parientes, sus familiares, oyeron esto, concluyeron que está loco, ha perdido la cabeza, está demente.
La pregunta es: ¿qué fue lo que escucharon? El texto dice: "Cuando sus familiares oyeron esto". ¿Qué fue lo que oyeron? Bueno, no nos dice. Marcos no nos dice, ni Mateo ni Lucas. Pero quizás habían comenzado a oír que las multitudes estaban alrededor de Jesús de tal manera que ni siquiera tiempo para comer tenía, y probablemente concluyeron que eso era fanatismo. O quizás oyeron que Jesús andaba perdonando pecados y concluyeron: "Jesús, ¿quién se cree Jesús que es? Está loco. Solamente Dios puede perdonar pecados". Y en este momento sus familiares no creen que él era Dios, porque ellos habían concluido que había perdido la cabeza, y Dios no pierde la cabeza.
O quizás habían oído que Jesús estaba sanando enfermos y expulsando demonios, y a lo mejor pensaron: "Eso es falso, ¿sabrá Dios cuántos de sus milagros serán verdaderos?" O quizás, más recientemente, fue lo que vimos en el pasaje anterior: ellos escucharon que Jesús acababa de formar un nuevo grupo y que entre esos que él ha escogido de manera especial hay un zelote, hay un recaudador de impuestos. ¿Cómo se le ocurre a Jesús pensar que un grupo que supuestamente va a representar a Dios tiene entre ellos un zelote y tiene un recaudador de impuestos, y tiene dos hermanos que él mismo les ha puesto Boanerges o "hijos del trueno", que querían quemar una villa samaritana? ¿Cómo se le ocurre? Jesús perdió la cabeza, está loco, está demente.
Y como ha ocurrido en muchos casos, cuando eso ocurre, los familiares preocupados, bien intencionados, son llamados —a nosotros nos ha tocado hacerlo en algunos casos— para que vengan a ayudar con la persona. Y en este caso nos dice que ellos vinieron a hacerse cargo de Jesús, a tomar control de su vida. La palabra traducida como "hacerse cargo de él" es kratein, y es una palabra que Marcos usa con relación a Jesús para significar limitar su libertad. De manera que los familiares han venido para tomarlo, prenderlo, llevárselo, limitar su libertad de tal forma que no siga causando este daño que él ha venido causando aparentemente en la población. Ellos están genuinamente preocupados por él, por su presente, pero también por su futuro, por su seguridad. Las autoridades están revueltas, están contra él, lo están cuestionando, y ahora se han querido tomar control de la vida de Jesús.
Y yo creo que en eso nosotros y ellos nos parecemos un poco, porque a los familiares como que no les acababa de cuadrar, de encajar, lo que ellos entendían del Antiguo Testamento con lo que Jesús estaba haciendo ahora. Y por tanto ellos pensaron que debían tomar control de su vida. Y eso es como nosotros somos: que cuando algo no encaja con la forma como nosotros lo concebimos, con nuestra sabiduría, con nuestro entendimiento, nosotros quisiéramos controlar eso, forzar esa situación para que se conforme a nuestro patrón de pensamiento, a nuestra concepción, a nuestra sabiduría. Y quizás ahí nosotros encontramos un punto de contacto con ellos.
A estos familiares no les acababa de hacer sentido que Jesús estuviera perdonando pecados, expulsando demonios, sanando enfermedades, haciendo cosas que solamente Dios podía hacer. Y la conclusión lógica fue que Jesús estaba fuera de sí, había perdido la cabeza, había que sacarlo de circulación. Juan en su evangelio nos dice cómo pensaban estos familiares acerca de Jesús. En Juan 7:5 dice: "Porque ni aún sus hermanos creían en él." Sus hermanos no habían visto la conexión entre la revelación del Antiguo Testamento, lo profetizado acerca del Mesías, y lo que él estaba realizando ahora. No podían ver en Jesús la realización de lo profetizado en la antigüedad. Sus propios hermanos, aquellos que crecieron con él.
Y eso afirma o ilustra algo que Cristo afirmó en Lucas 4:24 cuando dijo: "Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra." ¿Qué cosa? Uno esperaría que el profeta fuera mejor recibido en su tierra donde es conocido. Sin embargo, de acuerdo al testimonio de las Escrituras y de la historia de la iglesia, el profeta frecuentemente es mejor recibido lejos de su casa que cerca de su casa. Y tendríamos que preguntarnos cuál es la razón. Yo creo que hay dos o tres razones por las que eso ocurre.
El profeta en su tierra es visto como alguien ordinario, alguien que creció con ellos, y aquí no le podríamos considerar nada especial ni en el llamado de Dios y mucho menos en su persona misma. En segundo lugar, muchas veces como ha crecido entre conocidos, sus conocidos tienen ciertos prejuicios acerca de su persona. Y en otros casos, yo creo que nuestro propio orgullo nos impide reconocer de parte del profeta cualquier rasgo de superioridad en el llamado, don o talento que él pudiera tener sobre nosotros, porque creció con nosotros, porque quizás lo llegamos a atacar: "¿Quién es esa persona para ahora pensar que Dios lo está usando de esta o cual manera?"
Y aquí está Jesús diciendo: "¿Sabes qué? Yo crecí con mis hermanos, crecí entre mis conocidos, y aun aquí entre mis conocidos yo no soy bien recibido, porque ningún profeta es bien recibido en su propia tierra." Sus hermanos probablemente no creyeron en él hasta después de la resurrección, cuando los vemos reunidos en el aposento alto junto con los ciento veinte discípulos y María, orando, esperando la llegada del Espíritu Santo. Y ahí están sus hermanos junto con los demás, a la espera.
Marcos nos menciona a estos parientes al principio en el versículo 22, y luego entonces se hace un paréntesis, introduce una conversación de Cristo con los escribas, o un debate, una confrontación, para luego volvemos a hablar de esos familiares. Es como si Marcos hiciera: familiares, escribas, familiares. Y eso es una figura del habla o una figura literaria que, según los estudiosos, permite que el autor pueda enfatizar algunas cosas. Y una de esas cosas es ilustrar que entre el primer evento y el tercer evento pasó un tiempo. Los familiares llegan, hay una confrontación con los escribas, y luego de la confrontación ahí es cuando los familiares vuelven a actuar.
Y si Marcos hace esto, lo que Marcos está ilustrando, de manera que yo quiero irme al final del texto que yo leí para ver qué más nos dice Marcos de los familiares, porque este es el segundo grupo de visitantes que estamos revisando ahora. Vimos la multitud, estamos viendo los parientes o familiares, para luego ver los escribas en interacción con Jesús.
Escucha del versículo 31 en adelante: "Entonces llegaron su madre y sus hermanos, y quedándose afuera, le mandaron llamar. Y había una multitud sentada alrededor de él, y le dijeron: 'He aquí, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.' Respondiéndoles, él dijo: '¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?' Y mirando en torno a los que estaban sentados en círculo a su alrededor, dijo: 'He aquí mi madre y mis hermanos. Porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre.'"
Sus hermanos están afuera, sus hermanos biológicos. Ellos no están adentro como uno esperaría que los familiares estuvieran, sino que ellos están afuera. Ellos son los extraños. La multitud ahora está adentro, o parte de la multitud, y ahora sus hermanos y su madre le envían un mensaje a Jesús de que ellos están afuera, querían hablar con él, quizás para prenderlo, quizás para llevárselo a la casa en ese momento.
Y estos hermanos que son mencionados por Mateo por nombre en Mateo 13, entre ellos estaba José, Simón, Santiago —el autor del libro de Santiago— y Judas —el autor del libro de Judas—, estos son los que no creían en este momento. Tenía hermanas que son mencionadas también por Mateo en el capítulo 13, pero no por nombre. Y ellos están ahí esperando que Jesús salga para hablar con él, quizás para razonar con él, para hablarle de que se regrese a casa.
Y Jesús ni se inmuta cuando se entera que su madre y sus hermanos le están procurando. Y mirando alrededor, él les pregunta: "¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?" Y él mismo responde —fue una pregunta retórica—: "He aquí mi madre y mis hermanos, porque cualquiera que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre."
Jesús de repente, pronto, pronto, se identifica con una familia no terrenal. Él identifica la familia más importante como la familia de Dios: aquellos que han nacido de nuevo, aquellos que por haber nacido de nuevo están listos para hacer la voluntad de Dios. "Ese es mi madre, ese es mi hermano, ese es mi hermana."
Jesús aprovecha la ocasión para ayudarnos a nosotros a entender que yo necesito cambiar mi cosmovisión de una manera tal que, aun cuando se refiera a mi familia, yo requiero una dimensión eterna para interpretar correctamente las demandas del reino de los cielos, las expectativas del reino de los cielos. Y ahora les estaba tratando de comunicar que el reino de los cielos es más importante que el reino de los hombres, que la familia de Dios es más importante que la familia de los hombres, que la familia eterna es más importante que la familia terrenal.
Y si yo lo miro de esa manera, entonces quizás yo pueda entender mejor otras de las enseñanzas severas de Jesús en torno a padre, madre, hermanos, hermanas. Escucha esta otra enseñanza en Marcos 10:29-30: "En verdad os digo, no hay nadie que haya dejado casa o hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por causa de mí y por causa del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el siglo venidero, la vida eterna."
Nadie que haya dejado padre, madre, hermano, hermana, hijo por causa de mí y del evangelio será olvidado, y más bien será recompensado cien veces más con casa, hermanos, hermanas, padre, madre. "Pastor, pero si mi hermano con el que yo crecí también creyó en el evangelio..." Bueno, tú no lo vas a dejar, él es parte de la familia eterna también. Pero si tu hermano, tu hermana, hijo, padre, madre no está dispuesto a ofrecer su vida, entregar su vida al Señor del cielo y la tierra, llegará un momento en que tú tendrás que tomar una decisión y seguir adelante, sabiendo que cuando entras a la familia de Dios allí te esperan cientos de hermanos, de hermanas, de padres, de madres que forman parte de la nueva familia, y que ellos toman preponderancia por encima de la familia biológica.
Eso es exactamente lo que Jesús está ilustrando. Es exactamente lo que pasó en aquella ocasión. Eso es simplemente una ocasión para ilustrar su enseñanza cuando él dijo lo que dijo: "Si mis hermanos no quieren creer en mí, pues que se queden afuera, que aquí adentro hay personas que están dispuestas a creer en mí y hacer la voluntad del Padre como consecuencia de haber creído."
Esa es mi hermana, ese es mi hermano y esa es mi madre. Jesús está ilustrando cómo luce en la práctica aquello que él había de enseñar con relación a dejar familiares y demás, a los cuales ya aludimos. De manera que ahora tenemos claro la multitud y tenemos claro los familiares o parientes: a qué vinieron, quiénes son, qué esperaban, cómo Cristo reaccionó ante sus demandas.
Pero nos falta un tercer grupo, y es con ese grupo que queremos pasar la mayor cantidad de tiempo, porque es el grupo que le está haciendo oposición, es el grupo que crea la enseñanza y la controversia acerca del pecado imperdonable o la blasfemia contra el Espíritu Santo. Y es esa enseñanza que muchos de los que estamos aquí quisiéramos haber escuchado de primero, pero no lo hicimos de esa manera.
Aquí están los escribas. Ellos han venido de Jerusalén, probablemente de parte del Sanedrín, pero ahora, año y medio después de Cristo haber iniciado su ministerio, ellos tienen una actitud mucho más desafiante hacia la persona de Jesús que lo que habían tenido inicialmente. Jesús ha tenido encuentros con ellos, Jesús ha tenido choques con ellos, pero cuando esos otros encuentros se dieron, usualmente sus palabras, las palabras de los escribas y de los fariseos hacia Jesús, fueron puestas a manera de pregunta, de interrogantes, como tratando de discernir quién era este, de parte de quién venía y hasta dónde había validez en sus obras.
Es escuchar una o dos de esas preguntas que ellos supieron hacer a Jesús: ¿Con qué autoridad tú haces estas cosas? Dinos, queremos saber, estamos investigando. O ¿con qué autoridad perdonas pecados? Dinos. Pero ahora ellos no vienen con una pregunta. Ahora ellos vienen de una manera mucho más desafiante, mucho más frontal. Ellos traen una acusación abierta. Ya no más preguntas, ya nosotros concluimos quién tú eres, ya nosotros sabemos, no tenemos que indagar más nada, no tenemos que investigar más nada, nosotros tenemos un veredicto. Y ahora nosotros te decimos que tú tienes a Beelzebú y expulsas a los demonios por el príncipe de los demonios.
Ellos traen ahora no una pregunta o dos preguntas, ellos traen dos acusaciones. Número uno: tú estás poseído por un demonio, tienes a Beelzebú, estás controlado por un demonio. Número dos: tú eres el príncipe de los demonios, tú eres la cabeza, tú eres el peor de ellos.
¿Te das cuenta que evidencia no es el problema del hombre? Algunos dicen, lo hemos oído: para todo, usted no piensa que si Dios se manifestara hoy como él se manifestó en el primer siglo, si Dios hiciera las obras y los milagros que él hizo en el primer siglo, en el pasado, ¿usted no cree que mucha más gente creería? ¿Usted no cree que yo pudiera tener mucha más fe? En el primer siglo Dios se manifestó, en el primer siglo Dios hizo los milagros que tú quisieras ver hoy, y en vez de ver a Cristo, en vez de ver a Dios en Cristo, vieron a Satanás en Cristo.
¿Te imaginas cuán densa tiene que ser la oscuridad, la ceguera espiritual del hombre, que cuando Dios está frente a él, cuando Dios está obrando milagrosamente frente a él con el propósito expreso de brindar evidencia para que creas en mí, cuando el hombre lo ve, concluye que Satanás está en él y no Dios? ¿Te imaginas hasta dónde el hombre está esclavizado a su pecado y completamente ciego?
La fuente de poder por medio del cual Jesús hace, o hizo lo que hizo, se pensó que era el archienemigo de Jesús: Beelzebú. No está claro lo que Beelzebú significa. Algunos han hablado de príncipe de Baal, quizás. Otros han hablado de príncipe de las moscas, pero en el original la última letra tendría que ser una L en vez de una B, y entonces una B en vez de una L, y en ese caso podría significar príncipe de las moscas. Pero independientemente de lo que significara, esto era una deidad y posiblemente una cabeza de deidades, un príncipe de deidades relacionado a Satanás, y es a esa deidad a la que ellos están atribuyendo el hecho de que Jesús esté haciendo estos milagros.
A partir de ahí entonces, Jesús comienza una discusión o una presentación lógica de lo que él está tratando de enseñar, a través de la cual Jesús está tratando de deshacer, de deconstruir lo que ellos han construido en su mente. Y Jesús comienza con un pensamiento lógico. Lógica número uno, yo te lo voy a poner en mis palabras y luego te lo voy a leer en palabras de Jesús. Lógica número uno: Satanás no trabaja en contra de sí mismo, porque en ese caso estaría autodividido y por tanto lo llevaría a la autodestrucción.
Ahora en palabras de Jesús: ¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Y si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede perdurar. Y si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá permanecer. Y si Satanás se ha levantado contra sí mismo y está dividido, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin. Si ustedes piensan que yo expulso a Satanás por medio de Satanás, eso es completamente ilógico, esa es una estrategia de autodivisión y por tanto de autodestrucción. Satanás pertenece a un reino, yo pertenezco a otro reino, y de ahí nuestros encuentros, contrarios el uno con el otro.
Lógica número dos, en mis palabras: yo estoy actuando con el poder de otro que no es Satanás, y estoy expulsando a sus demonios del interior de las personas. Para yo hacer eso, yo tengo que atar a Satanás primero para limitar su campo de acción, para luego proceder, y eso es exactamente lo que Jesús estaba haciendo. Déjame leérselo ahora en palabras de Jesús, pero esa es la lógica número dos de lo que Jesús está tratando de comunicarles: Pero nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata; entonces podrá saquear su casa.
Cuando Jesús entró a este mundo, Jesús invadió el reino de las tinieblas, invadió su casa, por así decirlo. Cuando Jesús expulsa un demonio de alguien, está invadiendo esa otra casa, por así decirlo, está saqueando sus posesiones. Y la única manera de hacer eso, en primer lugar, es atando al hombre fuerte, que no es otro que Satanás. Y Cristo estaba tratando de enseñar que entre sus acciones estaba el hecho de atar a Satanás para actuar en contra de sus estrategias y artimañas.
Aunque Satanás es llamado el dios de este mundo en 2 Corintios 4:4 y es llamado el príncipe de la potestad del aire en Efesios 2:2, aquí hay uno que está por encima de él, que es capaz de invadir su reino, saquear su reino, atarlo y dejarlo inactivado. Marcos revela eso, Marcos revela al final del capítulo 3 que Jesús ha atado a Satanás como el hombre fuerte. Colosenses 2:15 nos revela que en la cruz él desarmó los poderes de las tinieblas, y 1 Juan 3:8 nos dice que Cristo vino a deshacer o a destruir las obras del diablo.
¿De qué tiene la iglesia que temerle a alguien que ha sido atado, que ha sido desarmado y cuyas obras están siendo destruidas por el poder de Jesús? De nada, absolutamente nada. Y la iglesia de hoy en día necesita escuchar eso, porque es una iglesia frecuentemente amedrentada, enferma con los demonios, de un demonio detrás de cada cosa, y muchas veces intimidada por un poder que el enemigo no tiene.
Es interesante lo que ha ocurrido ese día, que Marcos no revela, que Mateo sí lo hace, y que yo ya he leído pero que voy a leerlo ahora. Tú necesitas ver un evento en más de un pasaje o por más de un evangelista cuando ha ocurrido para tener la idea completa de lo que ocurrió. Porque escucha lo que Mateo dice: Entonces le trajeron un endemoniado ciego y mudo. Ese es el contexto de la acusación, de que Jesús ha tenido un encuentro con un endemoniado y lo sanó, de manera que el mudo hablaba y veía. Y todas las multitudes estaban asombradas y decían: ¿Acaso no es este el Hijo de David? Pero casi como anticipando que dijeran: no, no puede ser, ¿cómo es el Hijo de David que está haciendo estas cosas? Pero cuando los fariseos lo oyeron, dijeron: Este no expulsa los demonios sino por Beelzebú, el príncipe de los demonios. Y conociendo Jesús sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no se mantendrá en pie.
Jesús acaba de hacer un milagro. Acaban de traer un endemoniado ciego y mudo, él lo ha puesto a ver y hablar, de manera que ellos no pueden negar el hecho, ellos no pueden negar el milagro. Y si no podemos negar el milagro, ¿cómo nosotros podemos traer la acusación? Bueno, acusándolo de parte de quién él ha hecho el milagro. Y por tanto: tú expulsas los demonios, es verdad, pero tú lo haces por medio del poder de Beelzebú. De manera que es cierto, tú sanaste al ciego y sanaste al mudo, pero por Beelzebú lo hiciste.
Jesús está razonando con ellos, pero una de las cosas que Jesús acaba de mostrarles es que yo he atado al hombre fuerte. Nosotros que vivimos pos resurrección sabemos que no solamente ató al hombre fuerte, sino que desarmó los poderes de las tinieblas y tiene como misión la destrucción de sus obras, según vimos. De manera que a Satanás le queda un arma efectiva, él no tiene otra, y es el engaño y la mentira. Y si él logra engañarnos, si yo logro comprar su mentira, él me tiene por el cuello y me mueve en la dirección que él quiere.
Jesús conoce eso, es la razón por la que Jesús dice: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Conoceréis la verdad; la verdad que conocéis te ayuda a identificar la mentira, con lo cual tú puedes quitarte el yugo que él tiene sobre ti y el dominio que ejerce sobre ti. Esa es su única arma efectiva.
Ahora la acusación: si expulsaste los demonios por medio de Beelzebú, esa es la mentira, eso es lo que los escribas quieren que los demás crean. Y Jesús entonces le hace una pregunta, en Mateo 12:27 aparece: Y si yo expulso los demonios por Beelzebú, vamos a suponer, vamos a suponer que ustedes tienen razón. Yo quiero irme a un extremo y luego me voy al otro, me voy al extremo de Beelzebú. Si yo expulso los demonios por Beelzebú, ¿por quién los expulsan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces.
En el primer siglo había fariseos y había rabinos que expulsaban demonios. De alguna manera Dios los había ayudado para ayudar a la población, y Dios los llegó a usar en la expulsión de demonios, y ellos lo tenían como una bendición de parte de Dios. De hecho, no sé si recordarán, pero en una ocasión los discípulos de Jesús vinieron y dijeron: "Maestro, por ahí andaba uno echando demonios en tu nombre. Lo paramos". Y Jesús dijo: "No, no, no, déjalo. El que no está contra mí, conmigo está".
De manera que Jesús le está diciendo: "Está bien, si yo expulso los demonios por Belzebú, y en esencia lo hago como lo hacen otros rabinos de ustedes, otros fariseos, entonces explícame de parte de quién los están haciendo ellos. Porque si yo hago lo mismo que ellos, entonces ellos trabajan de parte de Satanás también, de manera que ustedes se están autocondenando. A ver cómo les va ahora."
Pero si yo echo fuera los demonios por el poder de Dios, entonces lógica número cuatro: si rechazáis el poder por medio del cual yo expulso los demonios, vosotros estáis en condenación eterna, porque yo he echado los demonios por medio del poder del Espíritu Santo. O sea, son mis palabras. Lo que yo quiero hacer ahora es leerlo en Marcos y Mateo para ver cómo Jesús lo dijo. Presten atención a la lógica. Déjame leerlo de nuevo: rechazáis el poder por medio del cual yo expulso los demonios, vosotros estáis en condenación porque yo he echado los demonios por medio del poder del Espíritu Santo. A ver cómo Jesús lo dice en Marcos y cómo aparece en Mateo.
Marcos 3:28-30: "En verdad os digo que todos los pecados serán perdonados a los hijos de los hombres, y las blasfemias con que blasfemen. Pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo no tiene jamás perdón, sino que es culpable de pecado eterno." Porque decían: "Tiene un espíritu inmundo." En otras palabras, Jesús acaba de decir lo que dijo porque ellos decían: "Tiene un espíritu inmundo."
Déjame leerlo en Mateo, que todavía nos trae más luz. Mateo 12, del versículo 28 en adelante: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios..." Este es el otro extremo. Ahora ya consideré el extremo de si yo los expulsara por el espíritu de Belzebú, entonces qué van a decir de sus propios fariseos y rabinos que hacen la misma cosa. "Pero si yo los expulso por el Espíritu de Dios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros. ¿O cómo puede alguien entrar en la casa de un hombre fuerte y saquear sus bienes si primero no lo ata? Y entonces saquear su casa. El que no está conmigo está contra mí, y el que no recoge conmigo desparrama. Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada."
Cuando tú tomas a Marcos y lo unes con Mateo, no es difícil discernir cuál es el pecado imperdonable y cuál es la blasfemia contra el Espíritu Santo. Una vez más, Cristo está diciendo: "Pero si yo expulso los demonios por el Espíritu de Dios, y vosotros no reconocéis esa obra como una obra del Espíritu sino una obra de Belzebú, entonces vosotros permanecéis en condenación."
Déjame ampliar la explicación a ver si lo puedes ver de otra manera. En Juan 5, Jesús les presenta a su audiencia cinco testigos de quién él es. En primer lugar, el Padre. El Padre en el río Jordán, cuando se abrieron los cielos y el Padre abrió su boca: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia." En segundo lugar, las Escrituras desde la antigüedad. En tercer lugar, Juan el Bautista, mi introductor, a quien ellos tenían por profeta. En cuarto lugar, a Moisés, el gran dador de la ley. Y en quinto lugar, las obras que yo hago, que las hago por medio del Espíritu, que ahora lo estoy enfatizando.
De manera que si vosotros no creéis al Padre el día que habló desde los cielos, todavía tenéis las Escrituras desde la antigüedad. Pero si no creéis las Escrituras, todavía tenéis a Juan el Bautista, a quien ustedes tenían por profeta y debieron haberle creído. Pero si no creéis a Juan el Bautista, entre ustedes hay uno que ustedes consideran superior, y es Moisés, el gran dador de la ley. Él habló de mí en Deuteronomio 18. Él habló que después de él vendría otro profeta en quien Dios pondría sus palabras, que a él debían obedecer. Ese soy yo, y ustedes no lo creen. Pero si todavía no creen a Moisés, pues entonces crean las obras que yo hago, porque las obras que yo hago por medio del Espíritu son las que dan testimonio de mí.
Recordemos que cuando Juan el Bautista estuvo preso, algo que yo he mencionado en varias ocasiones, y dudó, él envió a sus discípulos a Jesús a preguntar que si debían esperar a otro o si él era el que debía de venir. Jesús no tuvo otro testimonio que no fuera el de las obras hechas por medio de su Espíritu: "Escuchad e id a contar a Juan lo que oís y veis: los ciegos reciben la vista y los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos son resucitados y a los pobres se les anuncia el evangelio." Jesús no le dice: "Decid a Juan que yo he proclamado que yo soy, o la voz del Padre, o que él vio la paloma descender." No. "Id y decid a Juan que las obras que yo hago son las obras anunciadas en la antigüedad que el Mesías haría, y que yo estoy haciéndolas en medio de ellos." Y entre esas obras estaba la expulsión de demonios, todas las cuales fueron hechas por medio del Espíritu Santo.
De manera que si ahora tú rechazas el testimonio final de las obras de Jesús por medio del Espíritu, ya no queda ningún otro testigo para afirmarte quién es él. Te queda el rechazo de su persona, y por tanto te quedas en la condenación. Por eso es el pecado imperdonable: porque solamente él te puede perdonar, y es a él a quien estás rechazando, el perdonador de tus pecados. Y lo estás rechazando después de haber visto la obra del Espíritu y negar la obra del Espíritu frente a vuestros ojos. Esa blasfemia es imperdonable.
¿Puedes ver? Dios no ha dejado de obrar. Las naciones que vieron a Dios obrar grandemente en el pasado, después de la Reforma en Europa, en Norteamérica, y que hoy, después de haber visto lo que Dios fue capaz de hacer, están tratando de sacar a Dios de en medio de la sociedad, en esencia están negando la obra de Dios hecha en medio de ellos y no han reconocido la obra de su Espíritu tampoco.
Algunos de nosotros, algunos de los que están aquí, han visto la obra del Espíritu hecha en tu esposo, en tu esposa, en tus hijos. Tú has visto el cambio, tú has visto la transformación. Y aun así, en vez de ese testimonio traerte a sus pies, tú has rechazado la obra del Espíritu frente a tus ojos. Y el día que le achaques esa transformación, le atribuyas —es una mejor palabra— esa transformación a otra cosa que no sea Dios, estás blasfemando en contra de la obra del Espíritu delante de tus ojos.
¿Te das cuenta, hermanos, que el problema del hombre no es evidencia? Que Dios ha dado evidencias de sobra. Dios se ha manifestado en la conciencia del hombre, Romanos 2. No hay una sola persona en este lugar a quien Dios no le haya dado testimonio de su existencia a través de su conciencia. Puedo no reconocerlo, pero Dios atestigua, afirma que él ha dado testimonio por medio de la conciencia de que él es Dios. Se ha manifestado en la creación alrededor de ti. No hay una sola persona en este lugar que pueda tener la excusa de que "yo no estoy seguro de si Dios existe" cuando tiene toda la creación a su alrededor. "Yo he dado testimonio a través de mis profetas. Yo he dado testimonio a través de las Escrituras. Yo he dado testimonio a través de su Hijo. Yo he dado testimonio a través de su iglesia."
Y a pesar de una evidencia montada sobre la otra, sobre la otra, sobre la otra, el hombre moderno tiene aún más rechazo que muchos hombres de menos revelación, de menos educación. Aún más rechazo hacia Dios con más evidencia. Porque el problema del hombre no es evidencia, no es intelectual: es moral. Moralmente al hombre no le conviene tener a un Dios que juzga nuestras acciones. Moralmente al hombre no le conviene tener a un Dios que se establece como juez de nuestras vidas. Moralmente al hombre no le conviene tener a un Dios a quien hay que rendirle cuentas al final de nuestros días. Y como no me conviene, en vez de concluir que mi egocentrismo, que yo no he querido reconocerle por conveniencia, concluimos de manera arrogante que Dios no me ha dado suficiente evidencia.
Pero si Dios te trajo hoy para convencerte de todo lo contrario, como oramos al principio del mensaje, durante el mensaje Dios te estuvo hablando y estuvo produciendo convicción en ti. Y aunque yo y nadie más en este lugar sabe de esa conversación, si pudiéramos decir que Dios sostuvo contigo, tú sí lo sabes. Si Dios está obrando en ti, y si Dios está obrando en ti trayendo convicción de pecado para llevarte al arrepentimiento, pues claro que lo sabes, porque tú estás sintiendo la convicción.
Y si tú estás sintiendo dicha convicción, yo quisiera orar contigo y ayudarte en este momento, de manera que tú puedas bíblicamente traer tus pecados a los pies de la cruz, arrepentirte, pedir perdón, recibir el perdón y entregar tu vida al Señor. Escúchenme: lo más importante no es que él me reciba en su corazón, ese no es el lenguaje de esta Palabra. Lo más importante es que yo me arrepienta para que él me reciba en su familia. Pero eso tiene que ser precedido, ese procedimiento, por arrepentimiento. No puedo ser recibido si no ha habido arrepentimiento de pecado. Y es una obra del Espíritu; nadie más puede hacer eso.
Es el rechazo de esa convicción que a veces el Espíritu trae al corazón del hombre, es el rechazo de esa convicción lo que constituiría en cierta manera la blasfemia contra el Espíritu, sobre todo cuando yo le atribuyo esa convicción a otras cosas que no son obra de Dios. De manera que si tú estás bajo convicción esta mañana, porque Dios ha producido convicción de que no eres creyente, de que no ha habido un nacimiento de nuevo en ti, de que no ha habido regeneración, o sea ese grupo del que yo estoy hablando, yo quiero orar contigo. Pero voy a orar desde aquí, orar en tu interior. No te voy a pedir que pases adelante, pero necesitas orar.