Integridad y Sabiduria
Sermones

Burla y crucifixión de Jesús

Miguel Núñez 5 octubre, 2014

La crucifixión fue un instrumento romano diseñado para infligir el máximo dolor, vergüenza y terror, reservado para los peores transgresores como advertencia a quienes pensaran rebelarse contra el imperio. Pero lo que Marcos enfatiza no es solo el sufrimiento físico de Jesús, sino la burla sistemática que lo acompañó. Soldados romanos, sacerdotes, escribas, transeúntes y hasta los ladrones crucificados junto a él participaron en el escarnio. Le vistieron con un manto púrpura desteñido, le coronaron con espinas, le golpearon la cabeza con una caña y le escupieron mientras se arrodillaban en falsa reverencia gritando "¡Salve, rey de los judíos!". Aquel que había estado coronado de gloria en la presencia del Padre ahora estaba coronado de espinas; quien recibía la adoración de los ángeles ahora recibía la saliva de los hombres.

Lo asombroso no es solo la violencia contra Dios encarnado, sino el silencio de Jesús. Él sabía que tenía legiones de ángeles a su disposición, pero no los llamó. Lo que los romanos ignoraban era que estaban cumpliendo lo que Dios había tipificado siglos antes: como el macho cabrío expiatorio descrito en Levítico, Jesús cargaba simbólicamente los pecados del pueblo y era llevado fuera de la ciudad para morir.

El pastor Núñez confronta directamente: ¿Alguna vez nos hemos burlado de alguien? ¿Hemos sido crueles con palabras? La condición humana que perpetró esta maldad no está lejos de nosotros. Pedro negó a Cristo por temor; David mató por temor a ser descubierto. Contemplar la cruz no es solo horrorizarse ante lo que le hicieron a Jesús, sino reconocer de qué es capaz el corazón humano, incluido el nuestro.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Es bueno adorar a Dios antes de escuchar, a través de su Palabra, de parte de Dios. Y ciertamente para mí, no sé para cada otro predicador, pero cuando yo no puedo adorar por una u otra razón, puedo cantar pero no adorar por alguna razón —las razones pueden ser variadas— pero yo no puedo hacer eso, si no sabe lo difícil que es predicar después. Pero cuando tú puedes entrar en la intimidad de Dios, permitir que Dios te ministre, pues cuando pasas a predicar, es la continuación de lo que viene siendo, la continuación del tiempo de adoración, la presencia de Dios.

Con eso quiero invitarte a que abras el Evangelio de Marcos, capítulo 15. Estamos ahora en el versículo 16. Hemos llegado hasta aquí después de meses y meses de caminar por Marcos. Estamos llegando al final y, como siempre me pasa con cada serie, como que al final me entro en una especie de melancolía, como que yo quisiera que ese libro en particular que estamos revisando no terminara. Pero tiene que terminar, porque hay otros libros que estudiar.

Estamos ahora en Marcos 15, versículo 16. Yo quiero leerlo y luego, para los que no han estado con nosotros, poderlo contextualizar, poderlo llevar a donde este texto está comenzando. El versículo 16: "Entonces los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio, y convocaron a toda la cohorte romana. Le vistieron de púrpura, y después de tejer una corona de espinas, se la pusieron, y comenzaron a vitorearlo: ¡Salve, Rey de los judíos! Le golpeaban la cabeza con una caña y le escupían, y poniéndose de rodillas le hacían reverencias. Y después de haberse burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacaron para crucificarle. Y obligaron a uno que pasaba, que venía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, a que llevara la cruz de Jesús. Le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido significa Lugar de la Calavera. Y trataron de darle vino mezclado con mirra, pero él no lo tomó. Cuando le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echando suertes sobre ellos para decidir lo que cada uno tomaría. Era la hora tercera cuando le crucificaron. En la inscripción de la acusación contra él decía: El Rey de los judíos. Crucificaron con él a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y se cumplió la satisface que dice: Y con los transgresores fue contado. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: ¡Bah! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo descendiendo de la cruz. De igual manera también los principales sacerdotes, junto con los escribas, burlándose de él entre ellos, decían: A otros salvó, y a sí mismo no puede salvarse. ¿Que es este el Cristo, el Rey de Israel? Descienda ahora de la cruz, para que veamos y creamos. Los que estaban crucificados con él también le insultaban."

Padre, una y otra vez nosotros leemos estas palabras y las creemos. Pero si no supiéramos que vienen de ti, sería hasta difícil creer que esto pudo haber pasado de esta manera. Es un pasaje conocido, es un pasaje trillado, es un pasaje enseñado, predicado múltiples veces, es un pasaje familiar. Y la familiaridad del pasaje adormece el dolor y el sufrimiento de Cristo. No lo permitas hoy. Abre nuestros ojos, sensibiliza nuestra conciencia, ilumina nuestro entendimiento, llévanos a donde no hemos llegado en este pasaje. Tómanos donde estamos y déjanos donde tú quieres llevarnos. Te lo pedimos en Cristo Jesús.

Bueno, Jesús ha sido juzgado por el Sanedrín, ha sido juzgado por Pilato, se ha enviado a Herodes y ha regresado a Pilato. El Sanedrín lo encontró culpable, culpable de blasfemia: dice ser Hijo de Dios, dice ser Dios mismo, es reo de muerte, merece morir. Pero no podemos quitarle la vida, hay que llevarlo a Pilato. Pilato lo entrevista, lo cuestiona, no encuentra falta en él. ¿De dónde eres? De Galilea. Se lo manda a Herodes. Y a su vez Herodes, saber que de Herodes es, opina. Herodes lo pone a juicio, lo entrevista, le pregunta, no encuentra falta en él. Te lo devuelve a Pilato: él es el gobernador de Judea, él que resuelva. Pilato nuevamente está conversando, enjuiciando, cuestionando a Jesús, y Pilato no encuentra falta en Jesús. Lo encuentra inocente.

A Pilato no le faltó discernimiento para entender la inocencia de Jesús. Le faltó integridad y le faltaron agallas para declararlo lo que él sabía que era. Pilato era un hombre manejado por el temor, manipulado por su propio temor, y ahora él está, una vez más, siendo manejado por la multitud en la dirección de su temor.

Cuando tú lees los otros evangelios, nos completan el cuadro de lo que aquí está ocurriendo. Juan capítulo 19, versículo 8, nos habla de la interacción que Pilato está teniendo con las autoridades judías, y cómo ellos le dicen que tienen que condenarlo, y que ellos no tienen ninguna otra ley que no sea la ley, la ley de su tradición, de su religión, y que de acuerdo a esa ley él es culpable, digno de muerte, porque él es un blasfemo. Y el texto de Juan 19:8 dice: "Entonces Pilato se atemorizó aún más." No puedes pasar por alto la frase "aún más": él viene atemorizado. Cuando los judíos le dicen: "Este hombre dice ser Dios", él se atemoriza aún más. Y no sabemos qué lo movió en esa dirección, pero quizás Pilato comienza a preguntarse: ¿Y si es cierto lo que este hombre está verbalizando? Él comienza a interactuar entonces con este hombre a quien él no puede intimidar.

Escucha entonces lo que Mateo dice en el 27:14. Estoy tratando de completar la escena de lo que aquí está ocurriendo para que nosotros podamos entender mejor qué está en el corazón de Pilato, qué está en su mente, qué está pasando. En un momento dado, Mateo 27:14: "Y Jesús no le respondió a Pilato ni una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado." Pilato está asombrado, está atemorizado, él está intimidado, él está confuso, confundido. Él está convencido también de la inocencia de Jesús. Y en medio de todas esas emociones, él no sabe qué hacer. Él no sabe qué responder, él no sabe cómo actuar.

Y si tú ves el texto de Juan 19 un poco más a fondo, entonces tú comienzas a entender por qué Pilato realmente estaba atemorizado. Juan 19:9 dice: "Entró de nuevo al pretorio y dijo a Jesús: ¿De dónde eres tú?" Y no sabemos exactamente si Pilato estaba preguntándole dónde nació, o si estaba tratando de indagar: cuidado si verdaderamente tú eres de este mundo, cuidado si tú eres algo que yo como que estoy percibiendo, que hay algo diferente en ti. ¿De dónde eres? Pero Jesús no le dio respuesta. Pilato entonces le dijo: "¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y que tengo autoridad para crucificarte?" Ahora, escucha la respuesta: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te hubiera sido dada de arriba. Por eso, el que me entregó a ti tiene mayor pecado."

Pilato está atemorizado porque él está frente a un hombre a quien no puede manipular, a quien no puede controlar, a quien no puede intimidar, no puede atemorizar. Cuando a este hombre yo le hablo de autoridad, él me sale con que la autoridad que yo tengo me ha sido dada, y a quien no puede intimidar con tal interrogatorio. ¿Te imaginas lo que es estar frente a un hombre de ese calibre?

Y en medio de su confusión, su temor, Pilato comete la maldad más grande que haya ocurrido sobre la faz de la tierra y quizás en todo el universo: el hecho de condenar al Hijo de Dios, que él sabe y está convencido que es inocente, de entregarlo para que lo crucifiquen. Tres veces, en diferentes momentos, con diferentes palabras, Pilato afirma la inocencia de Jesús. Su temor lo llevó a actuar en contra de lo que él conocía.

Pregunta: ¿Has pensado si alguna vez tu temor te ha llevado a hacer una cosa horripilante? ¿Alguna vez? Quizás tú puedes decir: "Pastor, yo no soy de este grupo, yo no juego en esa liga." No, no vayan tan rápido. Que Pedro, por temor, negó a su Señor tres veces en su propia cara. No vayan tan rápido, que el hombre conforme al corazón de Dios mató al esposo de la mujer con quien él había cometido adulterio, por temor a que se supiera lo que había hecho con ella. No vayan tan rápido, que el hombre rico prefirió la condenación eterna por miedo a perder sus riquezas y prefirió quedarse sin vida eterna.

Y Pilato ahora, por el mismo temor, conociendo la inocencia de este hombre, le entrega. Y a partir de ese momento, lo que nosotros leemos en el texto o en los textos de los evangelios era o fue lo que con frecuencia había ocurrido con otros crucificados o condenados también.

La crucifixión fue un instrumento de vergüenza, de humillación, de sufrimiento, de dolor, con la idea de poder intimidar a aquellos que quizás pudieran sublevarse en el futuro, y como una manera de castigar a aquellos que se habían rebelado contra Roma. Estaba reservada la crucifixión para los peores transgresores. El ciudadano romano, perdón, estaba exento de la crucifixión. Y usualmente tú eras condenado a la crucifixión si tú eras encontrado culpable de rebelión contra el César, y esto debía servir para ti como un escarmiento si en el futuro tú estabas pensando rebelarte contra el régimen.

Cuando tú revisas la historia, todos los regímenes totalitarios han tenido su maquinaria de opresión. La Iglesia de Roma tuvo su maquinaria de opresión, se llamó la Inquisición. Funcionó en América Latina por 250 años. Hasta el 1820 funcionó. Eso fue el otro día. Altamente efectiva. La Reforma nunca llegó a Latinoamérica. Apenas estamos despertando 500 años después. Hitler usó la Gestapo y los campamentos de concentración. En nuestro país, Trujillo usó la famosa 40. Hoy en día, ISIS usa la decapitación de aquellos a quienes captura. Instrumento de opresión, de intimidación, tratando de comunicar un mensaje de que no te puedes sublevar en contra de mí, porque esto es lo que yo soy capaz de hacer.

También tenemos nuestros propios instrumentos de manipulación y control que muchas veces llamamos temperamento, pero que no son más que hábitos pecaminosos aprendidos a lo largo de la vida, que nos han funcionado y que continuamos usando porque nos permiten conseguir lo que nosotros quisiéramos conseguir. Así es el hombre.

En el primer siglo Roma tenía una maquinaria de intimidación y se llamó la crucifixión, un instrumento cruel de represión. Para darte una sola idea y no cansarte con los detalles, en el año 71 antes de Cristo hubo una sublevación de esclavos bajo el gladiador Espartaco. Seis mil esclavos fueron crucificados, seis mil esclavos, a lo largo de la vía que llevaba hasta Roma, como una manera de comunicar al resto del mundo: esto es lo que Roma es capaz de hacer y nadie debe rebelarse contra Roma.

El interés de los judíos era presentar a Cristo como un sublevado, alguien que no quiere pagar impuesto al César, como alguien que se dice rey y que por tanto pudiera ser considerado un rebelde a la autoridad y que requería la condena y la crucifixión. Alguien que pudiera ser agrupado con los peores violadores de la ley, alguien que pudiera ser acusado de traición. El problema estaba en que la evidencia de toda esa acusación no estaba ahí.

De hecho, cuando Pilato interroga a Cristo y le habla de que si es el rey de los judíos, le dice: Pilato, no te preocupes, mi reino no es de este mundo. Yo no tengo ningún interés en gobernar sobre este mundo en este momento. Yo no he venido esta primera vez a implantar mi reino. Tú puedes perder cuidado. Pudiera ser un comentario, verdad, que yo estoy tratando de hacer. Pilato no tenía nada por el cual sentirse amenazado en este momento. Claramente Cristo le dijo: mi reino no es de este mundo. Pilato no tenía integridad. Discernimiento sin integridad, y conociendo su inocencia lo entrega.

Y es ahí donde el texto de hoy comienza, que Jesús es entregado y los soldados lo toman y lo llevan al pretorio. El pretorio era como el cuartel general de los soldados romanos, un lugar especial dentro de una plaza mucho mayor. Entonces lo llevaban hasta allí. Algunos piensan que el pretorio era el lugar de residencia del gobernador de la provincia y probablemente esa fue la intención, pero en este caso no hay ninguna evidencia histórica de que Pilato residía en el pretorio, la Fortaleza Antonia como también se le ha llamado, sino que Pilato residía en Cesarea Marítima y probablemente llegó allí con una guardia pretoriana, una guardia especial que acompañaba y protegía al gobernador provincial. Entonces, cuando lo entregó a los soldados, estos soldados eran toda una cohorte romana. Una cohorte romana podía tener aproximadamente seiscientos soldados. ¡Hay un grupo grande protegiendo este juicio de un inocente injusto!

Y lo entregan. El versículo 17: "Y entonces le vistieron de púrpura, y después de tejer una corona de espinas se la pusieron, y comenzaron a vitorearlo: ¡Salve, rey de los judíos!" El color púrpura era el color de los reyes, de la realeza, de la gente de influencia, de la gente de dinero. El texto no describe el manto púrpura que le pusieron, pero como la intención era la burla, podemos imaginar un manto roto o desteñido de algún soldado, algo que pudiera contribuir a la burla que estaba comenzando en ese momento. El texto de Mateo dice que le quitaron sus ropas y le pusieron entonces este manto, y luego la corona de espinas que iba a contribuir a la atmósfera de burla que estaban tratando de presentar ante el resto.

La burla y la crucifixión de Jesús es el título de mi mensaje y es el énfasis de Marcos. Marcos omite mucho de lo que aquí ocurre, omite mucho de los diálogos entre Jesús y Pilato y Herodes, y unos diálogos entre los ladrones entre sí mismos y con Jesús. Marcos está interesado en mostrar la burla y la crucifixión del Hijo de Dios.

Y ahora Marcos nos presenta a alguien que cuando estaba en la presencia del Padre estaba vestido de gloria, ahora estaba vestido de color púrpura con un manto de burla. Imagínate eso: de manto de gloria a manto de burla. Alguien que dejó la adoración de los ángeles, que de la gloria y la adoración de los ángeles pasa ahora a la burla de los hombres, y lo hace en silencio. Reemplazar con una corona de espinas al Cristo que en un momento dado había estado coronado de esplendor, ahora está coronado de espinas.

Y créeme, con toda probabilidad el dolor mayor no fueron las espinas. Es el dolor de la burla, el irrespeto por la dignidad humana, el irrespeto por la reverencia a la santidad de Dios. Es lo que está ocurriendo en el sentido emocional, espiritual, real, existencial.

Mateo nos ayuda a entender un poco más. Dice que le colocaron una caña, una vara en la mano derecha, como era acostumbrado a los reyes de esa época caminar con algo en la mano, una especie de caña o de vara como símbolo de autoridad. Como dice que Cristo en un momento dado vendrá en el futuro y gobernará con vara de hierro, le dan una vara, una caña, que luego le quitan de la mano y con ella misma le golpean. Le golpean la cabeza a Dios. Tienes que ponerte, tienes que usar esos zapatos, tienes que ponerte a pensar qué es lo que aquí está ocurriendo.

En la antigüedad la cabeza era usada para algo con los reyes: cuando ellos necesitaban ser honrados, se les ungía en la cabeza. Samuel fue a David con el cuerno de aceite y lo ungía, era un hilo desde la cabeza hacia abajo. Pero en este caso Cristo no es ungido con aceite en la cabeza, Él es golpeado en la cabeza por los hombres. Y Jesús en silencio, en quietud.

Y nosotros no podemos simplemente quedarnos horrorizados por la violencia física contra Dios, porque es contra Dios, aunque yo creo que eso es suficiente para quedarnos con la boca abierta. Pero a la vez nosotros tenemos que asombrarnos de la quietud y el silencio de Jesús en el momento en que está pasando por esta circunstancia. Ni siquiera clama a su Dios por su defensa. Él admite que tiene legiones de ángeles a su disposición para llamarlos si fuera necesario, pero no lo hace. Muy diferente a nosotros. Nosotros tendemos a buscar quién nos defienda o nosotros mismos ser nuestra defensa. Cristo hace todo lo contrario. Él sabe que Dios es su defensor, que Dios conoce lo que está ocurriendo y que Dios es su defensa en este momento.

¿Aceite? Escucha lo que sí hubo. Versículo 19: "Y le escupían, y poniéndose de rodillas le hacían reverencia." ¿Aceite? No. Saliva. Si va a haber algún líquido corriendo por su rostro, no será aceite. Saliva. El Salmo habla de esputo, y Cristo en silencio. ¿Te das cuenta? ¿Te das cuenta lo que está ocurriendo? No hay corona de oro sino de espinas, no hay aceite de unción sino saliva y golpes, no hay honor sino esputo. ¿A quién? Al Hijo de Dios.

Y luego se arrodillaban: "¡Salve, rey de los judíos!" Una mofa más. Este era el equivalente a "Ave César". Los gladiadores decían: "Ave César, los que van a morir te saludan." Esto es lo que están tratando de hacer. Esto es literalmente la mofa de un rey conforme a lo que los reyes debieron recibir en honra. Esta es la que está recibiendo en deshonra.

Visto desde la antigüedad, el profeta Isaías, el profeta mesiánico, viendo a través de los ojos de Dios, mira hacia el futuro, y me pregunto si quizás ni él mismo entendía exactamente lo que estaba escribiendo. Pero en Isaías 50:6 dice: "Di mi espalda a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba. No escondí mi rostro de injurias y esputos." Isaías hablando del Mesías. Nota la forma como el texto lo describe: Él fue azotado, pero Cristo dice yo di mi espalda, voluntariamente. Me halaban la barba. Le di el rostro para el esputo. Lo profetizado siendo realizado.

Pregunta: ¿Representa esa tu actitud y la mía? Porque ciertamente es bajo estas circunstancias donde tú y yo somos probados. En la honra nadie es probado y nadie ha crecido. Es en la deshonra donde somos probados y donde nos ayuda a crecer. Nadie está listo para ascender hasta que no haya descendido. En la vida de Cristo se ha dado de esa manera: Cristo descendió a lo profundo para ascender hasta lo sumo. Es el modelo en el reino de los cielos. La manera de ascender es descendiendo, y Cristo está dejando el ejemplo. Está siendo burlado. Corona de espinas, eventualmente Él será coronado por su Padre a su diestra.

El versículo 20: "Después de haberse burlado de él" —esa es la clave, esa es la acción, eso es lo que se está haciendo ahora— "le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacaron para crucificarle." La gente tiene que entender que hay cosas que no están dichas todavía porque los otros evangelios lo describen. Él ha sido, antes de ponerle el manto de púrpura, Él ha sido flagelado.

La flagelación era una acción altamente cruel y que dejaba expuestas muchas veces las vértebras, los huesos, y en algunos casos hasta los intestinos. Se hacía con un pequeño látigo llamado el flagelo, flagelo romano, altamente temido, con varias trenzas y objetos de metal y piedras atadas, las cuales producían como mencionaba una alta laceración y a la vez la desgarración de la piel.

Luego el manto. Recuerda que esto es una burla, de manera que no están poniendo un manto sobre heridas causadas por ellos de manera cuidadosa, para luego quitarle, arrancarle el manto. ¿Te imaginas el dolor de esto? Y luego le van a poner sus propias ropas antes de llevárselo.

Tú lees estas palabras y tú casi no puedes creer que seres humanos hicieron esto a otro ser humano. Es casi impensable, inimaginable, y mucho menos cuando tú piensas que esto se le está haciendo a un ser humano que ha sido la persona más benevolente, de mayor bondad que jamás haya pasado sobre la tierra, y que no le ha hecho ninguna maldad ni a Pilato ni a Herodes, quienes lo encontraron inocente, ni a ninguno de esos soldados romanos. Y sin embargo hay burla, sarcasmo, insultos, injuria, crueldad ignorante.

Pastor, yo no soy de ese grupo.

¿Alguna vez te has burlado de alguien? ¿Alguna vez? ¿Al ser una gran maldad? ¿Alguna vez has sido cruel de palabras o de acción con alguien? ¿Alguna vez has usado el sarcasmo? ¿Alguna vez has hablado pecaminosamente de alguien para luego descubrir que hablabas de lo que realmente ignorabas? ¿Alguna vez? La respuesta es que sí. Ya sabes de dónde salió todo esto en contra de Cristo: del corazón del hombre. Ya sabes algo más: ya sabes que es posible que un ser humano haga esto a otro ser humano. Y sabes algo más: que nosotros no estamos muy lejos de la condición humana de aquellos que perpetraron esta maldad.

Es mucho más fácil decir "todos nos hemos quedado cortos de la gloria de Dios", que decir "todos nos hemos quedado cerca de la mayor maldad humana que se haya cometido". Si no me crees, le preguntas a Pedro cuando llegues al cielo. Si piensas que lo de Pedro no fue tan malo, le preguntas a David cuando llegues al cielo. ¿Cómo puede ser, David? ¿Cómo formó tu propio corazón? ¿Cómo puedes matar a ese hombre? ¿Y ahora puedes entender mejor lo terrible de la caída de Adán y Eva? ¿Hasta dónde se desplomó la raza humana cuando transgredió la ley de Dios? ¿Está Cristo siendo burlado? ¿Y el acusado?

Entonces, después de ser flagelado —hay diferentes teorías, si pudiéramos decirlo, de dónde Cristo fue flagelado; algunos piensan que fue ahí mismo en el pretorio, otros piensan que no, que probablemente fue la residencia de Herodes—, donde haya sido, ese no es el punto. El punto es que fue flagelado. Entonces, el acusado era llevado desde el lugar de la flagelación al lugar de la crucifixión a través de una procesión. Y la procesión era a través del pueblo, ¿recuerdas? La idea era dolor, flagelación, vergüenza, una procesión que usualmente era desnudo. Quizás, quizás, ni siquiera lo sabemos, por sensibilidad a los judíos, quizás Cristo fue caminando cubierto con un pequeño manto sobre su área pélvica, pero ni siquiera eso lo sabemos; esa no era la costumbre.

Y era llevado fuera de la ciudad con la intención, en primer lugar: esta crucifixión que va a ocurrir no la queremos dentro de la ciudad. Esto es algo de vergüenza; todo el mundo tiene que verlo. Aquellos que transitan, aquellos que salen de la ciudad, aquellos que vienen a la ciudad, deben verlo. Por tanto, la vía principal frecuentemente era la elegida para los crucificados. En segundo lugar, no queremos que alguien condenado tan malvadamente muera dentro de la ciudad. Y eso es lo que está ocurriendo con Cristo en este momento.

Y entonces, desde el lugar de la flagelación al lugar de la crucifixión, el crucificado era llevado, era obligado, perdón, a llevar la parte horizontal de la cruz sobre sus hombros, de esta manera, puestas sobre los hombros. Imagínate ahora los brazos flagelados, heridos, y los brazos son parte de lo que están llevando este patíbulo, como le llamaban a la parte horizontal de la cruz, fuera de la ciudad.

Lo que las autoridades romanas no sabían era cómo esto coincidía providencialmente, como decimos en nuestro país, con algo que había sido descrito en el libro de Levítico, capítulo 16, que debía ocurrir el día de la expiación, esta fiesta de la Pascua. Pero desde el punto de vista de lo que va a ocurrir, Cristo en un momento va a expiar nuestros pecados en la cruz, de manera que, visto desde otro ángulo, este es el día de la expiación nuestra.

Y en Levítico 16, el día de la expiación, esto era lo que debía ocurrir: el sumo sacerdote llegaría al tabernáculo, traería un novillo, entraría al lugar santo, santísimo, luego eventualmente con un novillo y dos machos cabríos. Y entonces debía ofrecer primero el novillo por sus propios pecados. Al llegar al tabernáculo, él tenía que cubrirse, quitarse su ropa y cubrirse con un manto de lino fino color blanco, tipificando la santidad de uno que vendría en el futuro a hacer esto. Y luego él tendría que poder ofrecer el becerro por su propio pecado. Entonces lo ofrecería, estos dos machos cabríos, pero él tenía que echar suertes sobre los machos cabríos, de manera que uno de los machos cabríos sería dedicado al Señor y el otro macho cabrío sería elegido literalmente por lo que se ha traducido en nuestras Biblias como cabrío expiatorio, o como macho expiatorio, o en nuestro lenguaje vernacular, chivo expiatorio.

¿Y qué ocurriría con ese? Bueno, simbólicamente Aarón pondría sus dos manos sobre la cabeza de este cabrío expiatorio; una vez más, simbólicamente transferiría todos los pecados de la nación sobre él. Y ahora una persona que había sido designada tomaría el macho cabrío, lo sacaría de la ciudad y lo soltaría en el desierto para que fuera devorado por las fieras. Y no se volvería a ver ese expiatorio, porque él merecía morir, porque simbólicamente estaba cargando con todos los pecados del pueblo. No debía quedar dentro de la ciudad, sino fuera, y debía ser llevado. Y luego la persona retornaría dentro de la ciudad.

Y es exactamente lo que está ocurriendo con Cristo. Cristo es el cabrío expiatorio que está cargando con todos los pecados del pueblo, de la humanidad, que está siendo llevado por otro fuera de la ciudad para ser crucificado por otro, porque Él merecía morir, porque ha decidido cargar y tomar sobre su hombro la responsabilidad de los pecados de todo el mundo. Los romanos no sabían que ya estaban cumpliendo de alguna u otra manera con algo que ya Dios había tipificado en el día de la expiación.

Este macho cabrío en el hebreo era denominado Azazel, con zeta dos veces, Azazel. Nuestras traducciones lo tienen de otra manera, pero resulta que el Azazel era no solamente el macho cabrío, sino que con el tiempo también era la acción de llevarse al macho cabrío fuera de la ciudad. De tal forma que cuando la multitud grita, y lo hemos visto en Juan, "¡Fuera, fuera, crucifícale, crucifícale!", en cierta medida lo que estábamos oyendo era "¡Azazel, Azazel!", "¡Crucifícale, crucifícale!" es la acción de sacarlo fuera y de dejarlo fuera. Él es nuestro Azazel. Ese día Él se convirtió en nuestro macho cabrío expiatorio cargando con nuestros pecados.

Tan severamente Jesús ha sido flagelado que no puede llegar al lugar de la crucifixión. Él colapsa, Él se cae. Y ahí el texto continúa en el versículo 21: "Y obligaron a uno que pasaba y que venía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y Rufo, a que llevara la cruz de Jesús. Obligaron a que la llevara. Le llevaron al lugar llamado Gólgota, que traducido significa lugar de la calavera. Y trataron de darle vino mezclado con mirra, pero Él no lo tomó. Cuando le crucificaron, se repartieron sus vestidos, echaron suertes sobre ellos para decidir lo que cada uno tomaría."

El nombre de Simón de Cirene, en el norte de África, Cirene en el norte de África, es mencionado por Mateo y por Lucas. El nombre de Alejandro y Rufo solamente es mencionado por Marcos. No sabemos la razón, pero quizás, como estos eran nombres más o menos comunes, quizás Marcos pensó que calificar a Simón de Cirene como el padre de Alejandro y Rufo ayudaría a identificar quién era, o la familiaridad, o la conexión. De Alejandro no sabemos nada más. De Rufo, quizás es el mismo Rufo mencionado por Pablo cuando saluda en Romanos 16 a un grupo de personas; entre ellos está uno llamado Rufo. No lo sabemos con certidumbre, pero el versículo 13 de Romanos 16 menciona quizás a ese Rufo.

La flagelación de Jesús aparentemente ha sido severa. El crucificado —hoy no vamos a llegar ahí porque no vamos a llegar a la muerte aún— moría desangrado por hipovolemia, deshidratación, asfixia, una serie de cosas que se conjugaban para terminar con su vida. Pero la burla no ha terminado; la burla va a continuar. Cuando Él sea crucificado, Él seguirá siendo burlado, como lo seguiremos viendo.

El vino mezclado con mirra: la tradición establece que algunas mujeres iban a los crucificados y trataban de darles algo que calmara un poco su dolor, y parece que el vino con mirra tenía cierta propiedad narcótica o analgésica. Pero más adelante trataron de darle vinagre o vino con hiel, dice Mateo, de manera que en la primera ocasión Él rehusó tomarlo; la segunda ocasión lo probó y luego no continuó.

Marcos parece estar más interesado en la expresión, la descripción de la burla, de la crucifixión, del dolor, y por eso omite lo que está ocurriendo aquí entre los ladrones. Omite palabras que Jesús está pronunciando también desde la crucifixión, sus últimas siete palabras como se le conoce. Pero esto es algo que Dios ha previsto, ha visualizado a través de los tiempos y profetizado a través de diferentes personas, y Salmos es uno de ellos.

Los salmistas fueron otros. Salmos 69, del versículo 19 en adelante, escucha: "Tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi ignominia. Todos mis adversarios están delante de ti. La afrenta ha quebrantado mi corazón." ¿Te das cuenta que el mayor dolor no es el problema físico? Es la afrenta. La afrenta ha quebrantado mi corazón. "Estoy enfermo. Esperé compasión, pero no la hubo. Busqué consoladores, pero no los hallé. Y por comida me dieron hiel, y para mi sed me dieron a beber vinagre." Para mi sed. El salmista describe: "Mi lengua se pegaba al paladar." Estaba tan deshidratado. Para esa sed me dieron vinagre.

Aquel que acompañó al pueblo judío, el Ángel del Señor que acompañó al pueblo judío —que no era otro que Cristo mismo— por 40 años, que dio a beber al pueblo en medio de su sed, hoy no recibe agua, sino vinagre. Aquel que dio a beber agua viva, y agua tan viva que trajo a la vida aquellos que estaban muertos en delitos y pecados, hoy no tiene agua para beber. Vinagre, pero no lo quiso.

Y luego una insignia: "El Rey de los judíos." Ese era su castigo. A Roma no podía ponérsele que se va a pasar por Dios. ¿Qué le importaba a Roma que Él se hiciera pasar por Dios? Roma tenía miles de dioses. Pero esto no puede ser. "Pilato, no pongas 'Rey de los judíos'. Mejor di que Él dice que es el Rey de los judíos." Y Pilato dijo: "Lo escrito, escrito está."

Y ahora, ¿cómo se crucificaba? Se colocaba encima de él cuál era su transgresión para que el mundo supiera. Lo pusieron en tres idiomas: griego, hebreo y latín. Y crucificaron con él, versículo 27, a dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda. Y se cumplió la satisfecha dice: "Y con los transgresores fue contado".

Escucha, la burla no ha terminado. Y los que pasaban le injuriaban, meneando la cabeza y diciendo: "¡Bah! Tú que destruyes el templo y en tres días lo reedificas, sálvate a ti mismo descendiendo de la cruz". ¿Te imaginas esto? Cristo está crucificado. No es suficiente la burla que ha recibido. La saliva no fue suficiente, los golpes no fueron suficientes, la flagelación no fue suficiente, el manto de púrpura no fue suficiente, el arrodillarse delante de él diciendo "Salve, Rey de los judíos" no fue suficiente. ¡Bah! Meneando la cabeza: "Si tú eres el Rey, si tú eres Dios, sálvate".

Versículo 31: "De igual manera también los principales sacerdotes con los escribas, burlándose de él entre ellos, decían: A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse". Aquí hay una burla de parte de los soldados romanos, aquí hay una burla de parte del pueblo que pasa por las calles, por el lugar donde estaba, y aquí hay una burla de parte de los sacerdotes y los escribas. Aquí todo el mundo está participando en la burla. De la misma manera, todo el mundo está participando en el pecado que lo colgó en la cruz.

¿Qué decían los sacerdotes? ¿Qué decían los escribas? "A otros salvó, a sí mismo no puede salvarse. Que este Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos". Los que estaban crucificados con él también le insultaban. Aquí hay burla de parte de los ladrones, autoridades judías, sacerdotes, escribas, ladrones, gente que pasa, soldado romano. Todo el mundo está en esta burla. Sarcasmo, crueldad, insulto, ignorancia de parte de todo el mundo.

El ser humano es así: se burla de lo que desprecia. Entonces frecuentemente somos sarcásticos con aquellos a quienes queremos herir, insultamos a aquellos contra quienes estamos airados, somos crueles cuando nuestro corazón está lleno de amargura. Y detrás de todo eso, ignorancia. Hacemos todo eso porque ignoramos cuán odioso todo esto es ante Dios.

Esto se conocía. El Salmo 22 habla de esto. Escucha, versículos 7 y 8: "Todos los que me ven de mí se burlan, hacen muecas con los labios, menean la cabeza". Cientos de años antes estaba descrito. Menean la cabeza diciendo: "Que se encomiende al Señor, que Él lo libre, que Él lo rescate, puesto que Él se deleita en él". Como Él se deleita en el Señor, ¿puede ese mismo Señor rescatarle? Cientos de años antes.

Versículo 13 del Salmo 22: "Abren su boca contra mí como león rapaz y rugiente. Soy derramado como agua y todos mis huesos están descoyuntados. Mi corazón es como cera, se derrite en medio de mis entrañas". En ocasiones ya había rotura del corazón en medio de todo esto. "Como un tiesto se ha secado mi vigor y la lengua se me pega al paladar y me has puesto en el polvo de la muerte. Porque perros me han rodeado, me ha cercado cuadrilla de malhechores, me horadaron las manos y los pies". La crucifixión. "Puedo contar todos mis huesos. Ellos me miran, me observan. Reparten mis vestidos entre sí y sobre mi ropa echan suertes". Cientos de años antes, la burla.

Escuchen, versículo 32: "Que este Cristo, Rey de Israel, descienda ahora de la cruz para que veamos y creamos". Jesús está en sus momentos finales de vida y el pueblo de Israel sigue pidiendo una señal. "Que baje de la cruz para que veamos y creamos". Esto es fe a la carta, fe a mi medida. Nos dio señales pero no la que queríamos, nos hizo milagros pero no los que pedimos. "Ahora que baje de la cruz para que veamos y creamos".

"Yo no soy de ese grupo, pastor". No vaya muy rápido. Que tres días después Cristo resucitó, dejó la tumba vacía, dejó sus lienzos en la tumba. Pedro vino, vio los lienzos, vio la tumba. Juan vino, vio los lienzos, vio la tumba vacía. Él se le aparece a María Magdalena y otras mujeres. Él se le aparece a los dos discípulos camino a Emaús. Él se le aparece a diez de los once discípulos que quedaban. Y cuando Tomás recibe la noticia de toda esta evidencia, dice: "No, no, que se aparezca, que yo ponga mi dedo en sus llagas para creer". Fe a la Tomás, a la carta, a mi manera, como yo la entiendo, como yo la quiero, como yo la deseo, como mi lógica la demanda. Eso es lo que yo digo.

Esto es antes de la crucifixión: "Que baje para que veamos y creamos". Después de la crucifixión, el discípulo con la misma mentalidad: "Que se aparezca para que toque sus llagas y yo vea y pueda creer". Hermano, no solamente nos hemos quedado cortos de su gloria o lejos, nos hemos quedado cerca de la maldad del hombre, cerca de la peor maldad del hombre.

Pronto habrá oscuridad sobre la tierra por tres horas, simbólicas justamente de lo que estamos presenciando en la cruz, de la maldad horripilante de lo que es capaz el ser humano. La hora más oscura probablemente que haya caído sobre la tierra fueron esas tres horas.

Pero ahí no terminamos. Próxima semana, la muerte de Jesús en la cruz, los eventos que ocurrieron y cómo lo ocurrido allí aquel día lo convirtió entonces a Él en nuestra redención, en nuestra propiciación, en nuestra santificación. Déjame contarte: Jesús es todo eso y más.

No puedes leer su sufrimiento y pasarlo por alto sin reflexionar, a la luz de lo ocurrido, de lo que a Él le ocurrió, dónde estoy yo ahí. ¿Cómo me parezco? Porque en la medida en que lo puedas ver, es en esa medida en que puede crecer no solamente tu entendimiento de la cruz, sino tu agradecimiento de la cruz. Tú vas a seguir aquilatando aún más, cada vez más, el poder de la cruz, la gloria de la cruz.

La semana que viene continuamos.

Esta es una producción que llega hasta ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en satisfecha.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.