El cuerpo en el que habitamos se deteriora, gime, envejece, pero esa realidad no es motivo de desesperanza sino de anticipación. El apóstol Pablo, en 2 Corintios 5, presenta una perspectiva que transforma la manera de enfrentar tanto la vida como la muerte: si esta tienda terrenal es destruida, tenemos de Dios un edificio eterno en los cielos. El cuerpo presente es comparado con una tienda de campaña, una morada temporal, incluso un vestido; la muerte, con ser desvestido. Pero el creyente no quedará desnudo: recibirá un cuerpo glorificado, no hecho por manos humanas, que nunca más volverá a morir.
En esta morada presente gemimos agobiados por pérdidas, frustraciones, enfermedades y carencias. Sin embargo, esos mismos gemidos producen un anhelo por la habitación celestial. Los dolores de esta vida no son vacíos ni sin propósito; obedecen a un plan de redención que comenzó en la eternidad pasada con la elección, continuó con el llamado y la justificación, y culminará con la glorificación.
La conclusión práctica es liberadora: mientras habitamos en el cuerpo estamos ausentes del Señor, pero al partir estaremos en su presencia. Por eso Pablo podía decir que prefería estar ausente del cuerpo y presente con Cristo. Para él, vivir era Cristo y morir era ganancia. Si permanecía en la carne era únicamente por causa de otros, para su progreso en la fe. Esta orientación hacia la eternidad no produce pasividad sino una ambición santa: agradar a Dios, ya sea presentes o ausentes, sabiendo que todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
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Quiero pedirte que abras la Palabra, la segunda carta a los Corintios, capítulo 5, para continuar la serie, pero continuar el mensaje del domingo anterior en cierta medida. Nosotros terminamos el capítulo 4, estamos comenzando el capítulo 5, pero no podemos olvidar que esas divisiones en capítulos y versos existen en nuestras traducciones, en el original no habían divisiones. De manera que Pablo está continuando la misma idea o ampliando la misma idea que él comenzó en el capítulo anterior.
Para conexión de este mensaje con el anterior, yo quiero simplemente recordarles que habíamos estructurado y resumido, si pudiéramos decir, el mensaje anterior, hablando de tres paradojas que el apóstol Pablo nos presentaba en el texto que expusimos hace una semana atrás. Y en esencia estas son: número uno, el cuerpo mortal en el que nosotros vivimos se va deteriorando, pero al mismo tiempo, ese cuerpo del creyente va sufriendo una renovación interna progresiva. Número dos, las aflicciones de este mundo, definidas o caracterizadas por Pablo como leves y pasajeras, van produciendo en ese mismo creyente un eterno peso de gloria; lo leve produce algo pesado. Y finalmente, hablamos de que debiéramos vivir en este mundo no poniendo la vista en las cosas que se ven, sino viendo lo que no se ve. Ahí estaba quizá la más grande de las paradojas: es poder ver lo que no es visible.
Algunos recordarán esas tres paradojas, pero lo que Pablo nos estaba ayudando y nos está ayudando a ver hoy en día es que hay una sola manera de vivir la vida, y esa forma de vivirla es básicamente con una perspectiva de la eternidad. Hay otra perspectiva, está la perspectiva terrenal, es la perspectiva que continuamente nos asedia. Es una perspectiva que, como bien dicen los filósofos existencialistas, si tú fijas tu vista en ella, tú vas a concluir que ciertamente, como que esta vida no tiene propósito y es más bien un sinsentido. Sartre, considerado el padre del existencialismo moderno, escribió todo un libro así de grueso que se llamaba "La Náusea". Imaginas que tu mejor obra, tu obra cumbre se llama "La Náusea", la náusea de la vida. Yo pienso que cuando él se murió se le quitó la náusea.
De este lado de la eternidad hay debilidades, hay enfermedades, cosas que realmente nos drenan físicamente. El cuerpo terrenal, que en un momento dado luce hermoso, que a veces queremos ir al gimnasio a cultivar la hermosura del cuerpo o que de alguna forma nos luce atractivo, va a llegar el momento en que va a perder todo brillo, de tal forma que las arrugas serán evidentes, los músculos serán flácidos, los cabellos se convertirán en canas. Nosotros nacemos, y minutos después comenzamos a experimentar algo que vamos a experimentar el resto de nuestra existencia, y es cierto tipo de dolor por alguna razón, y el niño comienza prontamente a gritar por dolor de hambre, pudiéramos decir.
Y si eso no fuera suficiente, nosotros podemos testificar que hemos pasado, hemos atravesado todos nosotros por experiencias de fracasos, de desilusiones, de decepciones, de traiciones, de rechazos, de frustraciones. Esa es la perspectiva terrenal de la vida, de forma que a menos que nosotros podamos finalmente ver, abrazar y vivir la perspectiva eterna de las cosas, jamás podremos tener el tipo de vida que el apóstol Pablo llevó, y más bien nos estaremos sintiendo cansados, nos estaremos sintiendo tristes, drenados, deprimidos. Y el apóstol Pablo está en esencia ayudándonos a ver: esta no es la forma como la vida en Cristo debiera ser vivida o sentida.
El pastor John MacArthur, en su comentario sobre este texto, habla de que Pablo vio la vida como una carrera para ser corrida, como una lucha para ser ganada, como una batalla para ser ganada, como una responsabilidad para ser llenada. Y por eso Pablo continuó como continuó hasta cruzar la línea final, y ya al final de sus días: "Yo he peleado la buena batalla, yo estoy listo para ser derramado como una ofrenda de libación".
En el texto que nosotros tenemos por delante en el día de hoy, en el capítulo 5, Pablo ofrece un contraste entre la vida terrenal y la vida eterna. Y Pablo habla del cuerpo, se refiere al cuerpo mortal, el cuerpo que tú y yo tenemos ahora, haciendo referencia a diferentes metáforas. Yo quisiera, antes de leer el texto, hablar de estas metáforas para que tú puedas entender mejor a la hora de leer el texto qué es lo que te está diciendo.
Pablo se refiere al cuerpo mortal, por un lado, como una tienda terrenal, como esa tienda que se usa en verdad para aquellos que van de picnic o a campamentos. Él se refiere al cuerpo como algo así. Él se refiere al cuerpo como una morada, como un edificio o como una casa, y todas esas son figuras del habla comparativas para ayudarnos a entender algo de que este cuerpo ha sido residencia de algo. El apóstol Pablo también hace uso de otra metáfora, conocida en el mundo antiguo, para referirse al cuerpo como un vestido y a la muerte como el ser desvestido. Hay evidencias en autores de la antigüedad, como Séneca el menor y Plutarco, donde ellos usan ese tipo de metáfora y le llaman al cuerpo como un vestido o una ropa, y le llaman a la muerte el ser desvestido.
Y con eso yo creo que nosotros estamos un poco más listos para poder entender el texto del día de hoy. Recuerda: el cuerpo es visto como una tienda, como una morada, como un edificio, como una casa y como un vestido, y la muerte como un desvestido.
Mira el capítulo 5 de la segunda carta a los Corintios, del 1 al 10. Por favor, vamos a exponer los primeros 8 versículos solamente por falta de tiempo: "Porque sabemos que si la tienda terrenal que es nuestra morada es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos. Pues en verdad, en esta morada gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial, y una vez vestidos no seremos hallados desnudos. Porque asimismo los que estamos en esta tienda gemimos agobiados, pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía. Por tanto, animados siempre, y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo estamos ausentes del Señor, porque por fe andamos, no por vista, pero cobramos ánimo y preferimos —escucha— preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor. Por eso, ya sea presentes o ausentes, ambicionamos serle agradables". ¿Escuchan? "Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo, para que cada uno sea recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo".
Ahí está el apóstol Pablo, habló otra vez ayudándonos a entender la vida. Y aquí nosotros pudiéramos dividir esos 10 versículos en dos secciones: una primera parte del 1 al 5, una segunda parte del 6 al 10. En la primera, lo que hace es que nos presenta la realidad del cuerpo presente y de la vida presente en la que nosotros nos encontramos, para darnos luego una perspectiva esperanzadora, donde él nos habla que a pesar de que tenemos un cuerpo que se va desgastando, nosotros recibiremos un cuerpo glorificado. Y Pablo compara en cierta medida ese cuerpo presente o actual con aquel que ha de ser recibido en el futuro.
En la segunda mitad del texto leído, en 2 Corintios 5:6-10, él nos ayuda a abrazar una perspectiva de vida que nos permita con mayor facilidad deshacernos de esta vida, abandonar esta vida terrenal y abrazar la vida futura. En otras palabras, Pablo nos está ayudando a transitar por esta vida anhelando morir y estar con el Señor. Eso es algo que tú necesitas recordar.
Ahora, lamentablemente el ser humano prefiere siempre lo conocido a lo desconocido, aun si lo desconocido parece ser algo mucho mejor. Es como si el refrán "más vale pájaro en mano que cientos volando" —sí, es el refrán que es más o menos más usado en términos económicos o negocios o financieros— pero es como si ese refrán también tuviera una dimensión espiritual, y como que diríamos sin usar esas palabras: más vale esta vida que conozco que la que no conozco. Pero Pablo está ayudándote a entender: eso no sería un razonamiento bíblico.
Y entonces, para comenzar a abordar estas enseñanzas de Dios vía su apóstol, en este caso el apóstol Pablo, yo quiero leer de nuevo el versículo primero: "Porque sabemos —sabemos— que si la tienda terrenal que es nuestra morada es destruida, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos".
Un par de versículos antes, en el capítulo 4, Pablo se había referido al hecho de que nosotros sabemos que el mismo poder que levantó a Cristo de entre los muertos nos va a levantar a nosotros. Y cuando habló de esa realidad dijo: "Sabemos". No presumimos, no opinamos, no tenemos una vaga idea. Nosotros sabemos. Y ahora él vuelve a usar el mismo verbo: yo tengo la certidumbre, yo sé, nosotros sabemos. Sabemos algo acerca de este cuerpo y de su muerte.
¿Y cómo lo supo Pablo? Bueno, lo supo, como le dice a los Gálatas, lo supo por medio de una revelación de Jesucristo a él. Nadie, ningún ser humano le enseñó estas cosas. Pero de cierta manera nosotros lo sabemos de forma similar, no igual pero similar, porque Pablo lo supo por una revelación especial que Cristo le hizo a él, y nosotros lo sabemos por medio de otra revelación especial que Dios ha hecho a través de su Hijo y a través de su Palabra. De manera que nosotros sabemos, por la Palabra de Dios, que si esta tienda terrenal que es nuestra morada —refiriéndose al cuerpo humano— nosotros sabemos que si este cuerpo humano, referido como tienda terrenal, esa es nuestra morada, si es destruida —refiriéndose a la muerte— nosotros sabemos que tenemos entonces de Dios un edificio, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos.
Tenemos un edificio, tenemos otro cuerpo hecho por Dios, no por manos humanas, no hecho por manos humanas, no se espera.
Quizás algunos pudieran recordar, para poder entender estas metáforas, las palabras de Cristo cuando él limpió el templo en Jerusalén. Siendo confrontado por las autoridades, Cristo dice: "Destruid este templo y en tres días lo edificaré", refiriéndose a su crucifixión. "Destruid este templo", que no sé cómo si fuera un templo, "y en tres días lo reedificaré posteriormente". Eso que pasó ese día fue traído a colación en su juicio, y una de las cosas que las autoridades hebreas dijeron en sus juicios fue que ellos le escucharon decir: "Yo destruiré este templo hecho por manos, y en tres días edificaré otro no hecho por manos", refiriéndose a su muerte y resurrección. En tres días va a haber otro templo no hecho por manos. "Yo destruiré este templo hecho por manos, pero en tres días yo voy a edificar otro no hecho por manos".
Esa es la misma fraseología de Pablo cuando dice que nosotros sabemos que si esta tienda terrenal desaparece o es destruida, nosotros tenemos otro edificio. Cristo ha hablado de otro templo. Cristo dijo: "Yo edificaré otro templo no hecho por manos". Pablo dice: "Tenemos otro edificio no hecho por manos, proveniente de Dios en los cielos, de manera eterna".
Tal vez tenía que insistir en los corintios acerca de la resurrección y de la resurrección de los cuerpos mortales porque ellos habían sido ampliamente influenciados por la cultura griega. Habían sido influenciados por los pensamientos de los gnósticos y tenían esta dualidad de que el cuerpo era malo en sí mismo, el alma era pura en sí misma, y ellos no concebían la posibilidad de una resurrección y mucho menos de la resurrección de los cuerpos mortales. Y tú ves eso, esa necesidad de explicarle a esta congregación cosas de la resurrección, como Pablo vuelve a hacerlo ahora, porque ellos tenían una dificultad en abrazar. Y tú ves esa tensión en la primera carta a los Corintios, capítulo 15, cuando Pablo dedica toda una sección a explicar la resurrección porque ellos entendían que Cristo no había resucitado. Y Pablo dice: "¿Y Cristo no ha resucitado? Si nosotros no resucitaremos, perdón, pues Cristo tampoco resucitó. Bueno, nosotros estamos todavía en pecado y nosotros somos los más dignos de lástima".
Escucha cómo Pablo los confronta con esta ignorancia y falta de aceptación acerca de la resurrección de los cuerpos. La primera carta a los Corintios, capítulo 15, versículo 35 y siguientes: "Pero alguno dirá: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Y con qué clase de cuerpo vienen?". Es justamente de eso que Pablo está hablando en la primera carta y está tratando de reenfatizar o subrayar otra vez en la segunda carta. ¿Con qué clase de cuerpo?
Escucha la respuesta, versículo 36: "¡Necio! Lo que tú siembras no llega a tener vida si antes no muere". La palabra necio es como una reprensión. ¿Por qué rehúsas entender o creer lo que Dios ya ha revelado? Versículo 40: "Hay asimismo cuerpos celestiales y cuerpos terrenales, pero la gloria del celestial es una y la del terrestre es otra". Versículo 42: "Así es también la resurrección de los muertos. Se siembra un cuerpo corruptible, se resucita un cuerpo incorruptible. Se siembra en deshonra, se resucita en gloria. Se siembra en debilidad, se resucita en poder. Se siembra un cuerpo natural, se resucita un cuerpo espiritual. Si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual".
Es de ese cuerpo espiritual o de ese cuerpo glorificado que Pablo nos está hablando y que está tratando de darnos esperanza a nosotros diciéndonos: ¡Escúchame! ¡Escúchame! No tienes que preocuparte por la muerte porque si esta morada terrenal, esta tienda terrenal, es destruida —esta es la que yo estoy ahora mismo— Dios tiene otro edificio no hecho por manos, hecho enteramente por Dios, que darte en los cielos para entregarte.
Versículo 2: "Pues en verdad, en esta morada, este cuerpo, gemimos, anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial". Gemimos en este cuerpo y tenemos un anhelo de poder alcanzar la habitación celestial, ese otro cuerpo celestial donde ya no más gemiremos. Pablo usa de nuevo una metáfora para referirse al cuerpo, verdad, como una habitación celestial, y él hace una admisión. Él dice: "En este cuerpo nosotros gemimos". Esta vida es dolorosa. Esta vida tiene esperanza, pero es dolorosa. En esta vida yo puedo tener paz por la tribulación. Esta vida puede ser simple en una dimensión, pero es compleja y complicada en otra dimensión. Y por eso, en esta morada nosotros gemimos.
Y nosotros gemimos por diferentes cosas. Yo creo que cada uno de nosotros puede dar testimonio de que en algún momento ha gemido desde que nacemos. Nosotros a veces gemimos por pérdidas. A veces perdemos una amistad, o un trabajo, o una oportunidad, o un esposo, o una esposa, o algún otro ser querido, pero gemimos. En ocasiones nosotros gemimos por frustraciones en el trabajo. ¿En qué trabajo no hay frustraciones? Si usted tiene un trabajo donde usted nunca se haya sentido frustrado, por favor venga y dígamelo a ver si yo cambio de trabajo. Pero desde la otra a la eternidad, en todos los trabajos hay frustraciones. Por eso le llaman, escúchame, trabajo.
Nosotros gemimos por enfermedades que padecemos o que seres cercanos a nosotros padecen. Nosotros gemimos por carencia de pan en ocasiones. Hay estimaciones: todos los días dieciséis mil niños mueren de hambre todos los días. ¿Te imaginas? Dieciséis mil niños gimen por hambre. Nosotros gemimos a veces por logros que quisiéramos alcanzar y como que se nos escurren entre los dedos.
Y Pablo dice: "En esta morada nosotros gemimos como anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial". Los mismos gemidos que experimentamos ahora son los productos del anhelo de la próxima vida. ¿Tú piensas que Dios está involucrado en esto? Los mismos gemidos que Dios está permitiendo son los que nos ayudan a anhelar lo que debiéramos anhelar de otra manera. Entonces gemimos, pero entonces vivimos anhelando ser vestidos con nuestra habitación celestial.
Anhelamos el nuevo cuerpo en la nueva existencia, de la cual nos habla el autor de Apocalipsis en 21:4 cuando dice que Cristo enjugará toda lágrima de sus ojos y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. No habrá más duelo. ¿Por qué no habrá más duelo? Porque ya no habrá más muerte. Es una de las bendiciones de la próxima morada, de la morada o la habitación celestial, del cuerpo glorificado que no va a volver a morir. No lo van a volver a llorar porque una vez entregado, permanece.
Eso es lo que Pablo dice en el versículo 3: "Y una vez vestidos, no seremos hallados desnudos". Una vez vestidos con la morada celestial, con el cuerpo glorificado, no seremos hallados desnudos. Como hablamos, el desnudo o la muerte es como un desvestirse en ese mundo de la antigüedad. Lo que Pablo está diciendo es: una vez yo recibo mi cuerpo glorificado, ya jamás volveré a morir. No seré hallado desnudo. No habrá más muerte. Apocalipsis dice: no habrá más duelo. La Palabra interpretando y siendo congruente con la Palabra.
Pablo está ayudándonos a entender cómo tú debes vivir esta vida. Tienes un cuerpo que está envejeciendo, que está cayendo, que se está debilitando. No te preocupes. Tendrás un cuerpo mucho mejor en el futuro. Y una vez lo tengas, no tendrás que pasar por esa experiencia otra vez.
Versículo 4: "Porque asimismo los que estamos en esta tienda, en este cuerpo, gemimos agobiados". ¡Wow! Qué combinación de palabras. Gemimos ya es una palabra fuerte, agobiados es otra. "Pues no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida". Gemimos agobiados.
Alguien puede decir: "Hay como una contradicción, porque la semana pasada vimos que Pablo pensó que todas estas aflicciones de este mundo eran como leves y pasajeras, y ahora dice que gemimos agobiados. ¿Cómo es la cosa? ¿Son leves o nos agobian?". Bueno, son las dos cosas. Porque en realidad nos agobian y en realidad gemimos en este cuerpo terrenal en el que tú y yo habitamos. Pero en medio de eso, si tú logras abstraerte de esa realidad presente y logras enfocarte en la gloria que ha de venir, entonces bajo esa luz, eso que es pesado, eso que parece largo, se convierte en algo leve y pasajero.
Y eso es lo que está tratando de ayudarnos a ver: que nosotros necesitamos vivir con otra perspectiva y necesitamos fijar la mente y la atención en otro lugar que no es este. Pablo está admitiendo que aquí gemimos, pero está ayudándonos a ver que tú puedes gemir con propósito y con sentido y con significado. Que tú sabes que tu dolor no es un dolor vacío como piensan los filósofos existencialistas. Que no es un dolor sin propósito, sino que es algo que obedece a todo un plan de redención en medio del cual nosotros nos encontramos, que nos va a ayudar. Incluso el dolor que experimentamos nos ayuda a anhelar algo que de otra manera no anhelaríamos.
Y Pablo está diciéndonos en este texto que nosotros no queremos ser desvestidos, sino vestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Cuando tú mueres y dejas el cuerpo en la tumba y pasas a la presencia de Dios, el cuerpo vestido del que Pablo está hablando se queda aquí. Cuando tu alma está en la presencia de Dios, este no es el proceso de glorificación todavía. El proceso de glorificación del que la Palabra habla es cuando ese cuerpo que se sembró en debilidad es levantado en poder, es cuando ese cuerpo que se sembró en mortalidad es levantado en inmortalidad. Y cuando ese cuerpo se une a tu alma o a tu espíritu, que son palabras intercambiables, entonces se ha completado la glorificación.
Pablo dice: nosotros no anhelamos, en el texto que te acabo de leer, nosotros no anhelamos ser desvestidos, sino vestidos. En otras palabras...
Pablo está anhelando no simplemente llegar a la presencia del Señor, lo cual fue un real anhelo para él, pero anhelaba que el cuerpo se levantara en resurrección y el alma y el cuerpo se juntaran, tal cual pasó con el Señor Jesucristo. Él habla de eso. Él habla más de una vez de cómo al sonar de la trompeta, verdad, pues los sepulcros se abrirán y los que murieron en Cristo se levantarán primero, y cómo nosotros no precederemos a aquellos que murieron en Cristo, y entonces ahí nos juntaremos con el Señor.
Pablo está anhelando, anticipando este momento de la glorificación del cuerpo, cuando ha de juntarse, de cuando adjuntarse con el alma. Y él dice: nosotros no anhelamos ser desvestidos, no anhelamos quedarnos así. Anhelamos ser vestidos, ser colocados junto con el cuerpo glorificado. En otras palabras, Pablo quizás entendió algo que nosotros no entendemos bien. Pablo parece haber entendido algo que, sobre todo hoy en día en esta generación pragmática, quizá hemos perdido algo de eso. Porque de alguna forma, él que nos ayuda a entender que este cuerpo en el que yo habito, si bien es cierto que es mortal y va a perecer, no es menos cierto que no es mera basura y no es un mero estuche y no es una mera cobertura. Por eso pensamos junto con otros, no podemos estar ahí, pero pensamos junto con otros, que la cremación no es un buen procedimiento a la luz de lo que conocemos en la Biblia.
Piensa por un momento. Dios entretejió cada cuerpo humano en el vientre de su madre y fue maravillosamente hecho. Mi alma lo sabe muy bien, dice el Salmo 139. Dios, por un tiempo, hizo al cuerpo portador de la imagen de Dios. Para aquellos que somos creyentes, por un tiempo ese cuerpo fue la morada del Espíritu Santo. Por alguna razón que no entendemos, Dios, en vez de hacernos un cuerpo nuevo para juntarnos con el alma, él pretende usar el mismo cuerpo que él usó en esta tierra, en esta dimensión, abriendo los sepulcros y haciéndolos resucitar y unirse con nosotros como lo hizo con el cuerpo del Señor Jesús. El cuerpo de Jesús fue igual al nuestro y a la hora de su sepultura fue tratado con honor y con respeto aun al día siguiente.
De alguna manera, yo creo que estas cosas nos ayudan por lo menos a pausar y a considerar que algo que no es mera basura quizá no debe ser tratado de la misma manera que tratamos la basura. Porque Dios está tratando de volver a usar esa misma cobertura pero de una forma glorificada. Y Pablo nos deja ver, en los primeros cinco versículos, cómo ese cuerpo terrenal que hoy habito, ese mismo, es el que se va a levantar en gloria, el mismo.
Y ahora entonces, recibiremos nuestra morada celestial, versículo 5: "Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía." En otras palabras, quien nos preparó para el día de la glorificación, el día en que el alma y el cuerpo se van a juntar, es el mismo Dios, y esa preparación, no sé si lo has visto, esa preparación comenzó en la eternidad pasada.
El autor de Romanos, el mismo Pablo, en el capítulo 8, versículos 29 y 30, nos define la cronología de esa preparación a la que él se refiere aquí, cuando dice que Dios nos hizo, nos preparó para esto. Escucha el versículo 29: "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos, y a los que predestinó a estos también llamó, y a los que llamó a estos también justificó, y a los que justificó," escucha ahora, "a estos también glorificó."
Glorificación es el último estadio del proceso de redención: la unión del cuerpo mortal con el espíritu, siendo convertido el cuerpo mortal en inmortalidad, y siendo tragada la muerte por la vida. A eso es que Pablo se refiere en el texto cuando hablamos de que la muerte sea absorbida por la vida, de tal forma que el cuerpo que estaba muerto sea no simplemente olvidado, sino absorbido, porque es el mismo cuerpo que ha de cobrar vida otra vez.
Wow, y esto comenzó en la eternidad pasada con una elección, y luego de la elección o predestinación con un llamado, y luego los que fueron llamados hubo una justificación, y después de la justificación una glorificación. Y por eso entonces tiene sentido el versículo 5: "Y el que nos preparó para esto mismo es Dios, quien nos dio el Espíritu como garantía." Quien hizo toda esa preparación, desde la eternidad pasada a la eternidad futura, es Dios. Anhelamos eso.
Y ahora entonces entramos a la segunda parte del texto, de los versículos 6 al 10, pero nos vamos a quedar en el 8 en la exposición, como dije, por parte de tiempo. Escucha los versículos 6 y 7: "Por tanto," ese "por tanto" es una conclusión, en vista de, dado que todo lo que hemos dicho acerca del cuerpo terrenal, el cuerpo glorificado, el cuerpo que nos espera, dado todo eso, "animados siempre, y sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo estamos ausentes del Señor, porque por fe andamos, no por vista."
¿Cuántos de nosotros, me voy a poner en la mente ahora, cuántos de nosotros anhelamos estar con el Señor? Levantemos la mano. Ok, es lo que están anhelando, ustedes anhelan morirse. Se bajaron las manos. Escucha lo que Pablo dice, escúchalo otra vez. ¿Por qué piensa que esto es algo que debe llenarme de ánimo? El que llegue a morirme. "Por tanto, animados siempre." Pero ¿cómo que me voy a animar, Pablo? "Sabiendo," o sea, si yo sé esto es que me voy a animar. ¿Qué es lo que tenemos que saber? Que mientras habitamos en el cuerpo estamos ausentes del Señor. En otras palabras, mientras tú estás aquí, no creas que tú eres una gran cosa, porque tú estás ausente del Señor. Anímate, porque cuando tú dejes esta morada terrenal de aquí, tú estarás en la presencia del Señor. Anímate siempre.
Por eso la próxima vez que usted encuentre a alguien que le odia y le diga "ojalá te mueras," diga "gracias, hermano, Dios te oiga. ¡Qué bendición! Ojalá tú tengas razón, hermano. Porque ¿sabes qué? Acabo de descubrir que estoy ausente del Señor y si se cumple lo que tú dices, voy a estar en su presencia. ¡Gloria a Dios! Eso no te lo reveló ni carne ni sangre."
Entonces no tiene que temerle a la muerte. Por el próximo vez que esté pensando "cuidado si esto significa tal cosa," no le temas. Pastor, ¿por qué? Eso no es fácil. No, no es fácil si vives por vista y no por fe. Por eso es que Pablo dice, inmediatamente después, inmediatamente después del versículo 6, lo pone a paréntesis. Si es como que este paréntesis, si es que lo tienen en nuestra traducción, más bien es como una explicación, como que era necesario.
Cuando Pablo dice "sabiendo que mientras habitamos en el cuerpo estamos ausentes del Señor," sí Pablo, pero ¿por qué vas a ver? "Porque por fe andamos y no por vista." En otras palabras, nuestra atención no debiera estar tan enfocada cada día en este cuerpo que se envejece, se arruga, se pone canoso, sino que debiera estar más bien puesto en la vida venidera, y eso tienes que hacerlo por fe.
Nosotros decimos, y de hecho hasta en debates yo he defendido esto, que nuestra fe es una fe racional, pero tienes que entender algo: hasta un punto. Nosotros creemos por fe que Dios creó el universo y que lo creó de la nada. Eso la Biblia misma dice que eso es por fe que se cree. Hebreos 11:3 dice: "Por fe creemos que lo que se ve se hizo de lo que no se ve." En otras palabras, lo que vemos se hizo de la nada, ex nihilo. Y nosotros podemos estudiar, los académicos pueden estudiar los lenguajes originales y hacer comparaciones y todo ese tipo de cosas, y podemos llegar a debatir racionalmente algunas cosas.
Pero hay un momento en que tú tienes que entender, tú y yo, que nuestra vida es una vida sobrenatural. Primero, nuestro Dios es sobrenatural. La palabra que nos ha entregado, creemos por fe que fue inspirada en estos hombres, autores humanos. Esa es una palabra sobrenatural. El nuevo nacimiento que tú entiendes, si eres creyente es porque lo experimentaste, eso es algo que ocurre por fe, por gracia por medio de la fe. Y lo que seguirá a nuestra muerte es una vida eterna descrita aquí que nosotros creemos, y la creemos también por fe. Nuestra salvación es por medio de la fe, a través, por medio de la gracia, a través de la fe.
De manera que cuando Pablo dice "nosotros por fe andamos y no por vista," nos está ayudando a entender que esta vida puede ser vivida, una vida de gemidos, una vida agobiante, puede ser vivida de otra manera siempre y cuando yo viva una vida de fe. La vida pobre en fe no puede sentir esa otra dimensión de la vida espiritual mientras está en esta vida terrenal.
Entonces Pablo dice, escucha, versículo 8, pensando en que vivimos por fe y no por vista: "Pero cobramos ánimo." Otra vez está Pablo hablando de animarnos. Él mismo dice yo me animo a mí mismo. "Y preferimos más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor." ¿Tú escuchaste esa palabra "y preferimos"? Esa es nuestra preferencia: más bien estar ausentes del cuerpo y habitar con el Señor.
Si hay algo que Pablo supo hacer en ocasiones, fue usar lo que llamamos técnicamente un eufemismo, y es como usar una palabra bonita para decir algo que es como chocante. Oye, lo que él dice: preferimos más bien estar ausentes del cuerpo. ¿Qué es eso, Pablo? ¿Preferimos a morirnos? Suena como más poético, ¿verdad? Hasta romántico. Estar ausentes del cuerpo, o sea, morirnos. Y habitar con el Señor.
Esa es la pregunta ahora para nosotros. ¿Cuántos de nosotros, ahorita yo pregunté cuántos quieren estar con el Señor y todo el mundo levantó la mano? ¿Cuántos de nosotros se quieren morir? Pregúntenme el próximo domingo pasado. Es una semana para pensar. ¿Y por qué preferimos, dice Pablo, estar, habitar con el Señor? Porque para eso fuimos predestinados. Para eso fuimos llamados. Para eso fuimos justificados. Para eso seremos glorificados.
En cierta medida, ni Dios está tan contento con que nosotros permanezcamos de este lado de la existencia de manera permanente o por más tiempo de lo debido. Es algo como yo concluyo eso, porque la Palabra dice en el Salmo 116:15 que preciosa o estimada, dependiendo de su traducción, es a los ojos del Señor la muerte de sus santos. De manera que cuando se muere uno de nosotros, nosotros los de Dios, nosotros los que quedamos aquí nos quedamos llorando y nos quedamos verdaderamente en dolor. Mientras eso pasa, Dios está ya regocijándose que finalmente llegó su hijo, llegó su hija. Dios nos estaba esperando para celebrar nuestra llegada al mismo tiempo que nosotros sufrimos precariedades y tristezas aquí debajo.
La muerte del cristiano es probablemente el momento más glorioso, si piensas en la ulterior glorificación que él pudiera experimentar, para luego continuar toda una eternidad de gloria en el futuro. Con estabilidad, porque el morir implica dejar este cuerpo que gime para pasar a una eternidad completamente distinta. Pablo no solamente les explicó eso a los corintios, les explicó eso a los filipenses. Quizás un poco más detallado, quizás con un poco más de amplitud, pero déjame leer del texto a los Filipenses en el capítulo uno porque es un texto que le va a agregar luz y color al texto de Corintios que leímos.
"Pues para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Tal vez está diciendo: yo tengo una motivación de vida, yo no vivo para ninguna otra cosa ni causa que no sea Cristo. Yo creo que muchas de nuestras preocupaciones, muchos de nuestros problemas se originan porque nosotros vivimos para múltiples otras cosas y causas, y dentro de esa gran sombrilla está Cristo. Pero Pablo dice: para mí el vivir es una sola cosa. Yo existo para una cosa, yo respiro, cada respiración, va a dar la redundancia, para una sola cosa y es Cristo. Y el morir no me es un problema porque al morir yo gano, el morir es ganancia.
Lo único que tú pierdes cuando mueres es el cuerpo terrenal, y te lo van a devolver mejorado. Imagina eso, una ganga. Es como que tú entregues un carro de 50 años de uso y te entregan uno nuevo y mejorado. Pero eso ni siquiera se compara, porque el carro como que va a deteriorarse otra vez. El cuerpo mejorado que te van a entregar es eterno y es inmejorable y es permanente con Dios por siempre, donde no hay duelo ni llanto ni dolor ni pérdida ni frustraciones ni sudores ni nada por el estilo.
"Pero si el vivir en la carne", dice Pablo, ahora Pablo introduce un pero, puede ser que yo tenga que considerar otra cosa. Yo prefiero morir porque para mí el morir es ganancia, "pero si el vivir en la carne esto significa para mí una labor fructífera, entonces no sé cuál escoger." Bueno, si tengo dos opciones, morirme o quedarme, prefiero irme. Pero si Dios me dice: "Sí, Pablo, lo que pasa es que tú tienes toda una labor por delante que hacer", entonces ahora no sé, no sé qué escoger.
"Yo me siento apremiado", dice en el próximo versículo, "de ambos lados." Me siento apremiado por la eternidad que realmente anhelo y me siento apremiado por la realidad presente porque hay una labor fructífera que hacer. "Me siento apremiado de ambos lados, teniendo el deseo de partir", otro eufemismo, teniendo el deseo de morirme, "y estar con Cristo, pues eso es mucho mejor." ¡Wow! Quiero morirme, eso es mucho mejor, dice Pablo. "Y sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros."
Tú puedes ver lo increíble de la orientación de la vida de este hombre. Estoy usando mucho esa palabra orientación últimamente porque yo creo que me sirve mucho en consejería, en predicación, en enseñanza, en conversaciones: la orientación. Tú puedes ver la orientación de ese hombre. En primer lugar, él tiene una vida orientada hacia la eternidad todo el tiempo, pensando en la vida futura, en la ganancia que va a representar, en el cuerpo que va a recibir, en la gloria que va a compartir con Cristo, deseando la presencia de Cristo, deseando dejar este cuerpo aquí atrás.
Y cuando él tiene que pensar, tiene cada una orientación al presente ahora, mira lo no egocéntrico que es su orientación. Dice: "Y sin embargo, continuar en la carne es más necesario por causa de vosotros." No por causa mía. Él sabe que él no ha llegado, él lo dice, que él no ha arribado al hombre perfecto, no, él sabe. Pero lo que le está diciendo: yo estoy listo para partir, yo he corrido la buena batalla, yo he corrido la buena carrera, yo he guardado la fe, pero es necesario por vosotros.
Escucha ahora versículo 25: "Y convencido de esto, sé que permaneceré", Dios le reveló eso, "y continuaré con todos vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe." Yo voy a quedarme, voy a quedarme contento para vuestro progreso y vuestro gozo en la fe. Porque en realidad para mí el vivir es Cristo, pues me quedo, y me quedo con, no simplemente es resignación o aceptación, yo me quedo con gozo por el progreso de vosotros.
Pablo tenía claro, él no vivía en Filipos o en Roma o en Atenas o en Tesalónica porque un lugar era mejor que otro. Pablo vivía donde le tocó vivir porque había una labor que Dios le había encomendado realizar en ese lugar, en ese tiempo, por ese tiempo. Eso determinó su lugar de residencia en cada momento. Este es un hombre orientado, este es un hombre que verdaderamente podía decir: para mí el vivir es Cristo. Yo hago, no hago, me mudo, no me mudo, corro, no corro, enseño, no enseño, me muero o vivo básicamente por la misma razón, y es Cristo.
Lo que yo tenga que hacer, la motivación no varía. El lugar donde tenga que hacerlo no varía. La forma como lo voy a hacer no varía, porque la motivación siempre será la misma: Cristo. ¡Wow!
Es la razón, para ir concluyendo, por la que Pablo entonces cierra con el versículo 9 y 10 que voy a exponer la próxima semana. Porque él dice "por eso", porque ese "por eso" no lo puede pasar por alto, porque él tiene toda una explicación. Da la explicación y luego dice: por eso, por todo eso que me acabo de decir, que para mí lo más importante es la vida que me espera y lo más importante para mí es poder glorificar a mi Dios. Escucha: "Por eso, ya sea presentes o ausentes", vivos o muertos, eso es lo que quiere decir, "ambicionamos serle agradables."
Ambición, una palabra cargada de significado negativo. Pablo dice no, yo tengo una ambición. ¿Cuál es tu ambición, Pablo? Serle agradable a mi Señor. Ya sea que viva o ya sea que muera, el Señor se agrada con mi vida y se agrada con mi muerte. ¿Y por qué quiero hacer eso? Porque Pablo ama a Dios. Pero él tenía más de una motivación por la que quería hacerle agradable a Dios, y aquí hay otra más, por si acaso lo dudas.
Porque primero dice que él ambiciona hacerle agradable, y en el próximo versículo: "Porque todos nosotros debemos comparecer ante el tribunal de Cristo", hablando de nosotros los creyentes, "para que cada uno sea compensado o recompensado por sus hechos estando en el cuerpo, de acuerdo con lo que hizo, sea bueno o sea malo." ¿Cómo? ¿Cómo ha ocurrido? ¿Cómo es que el creyente va a comparecer ante el tribunal de Cristo? ¿Cómo es que tiene que rendir cuenta de todo lo que ha hecho, sea bueno, sea malo? ¿Tú quieres saber? ¿Quieres saber? ¿Tienes tiempo para saber? Ven la semana que viene.
Pero eso es como Pablo concluyó. Pablo, Dios ha hecho una obra en Pablo, que luego él puede hablar de algo que es realmente su testimonio. De ahí que Pablo dice "nuestro evangelio." O sea, este hombre fue transformado por Dios de tal manera que cuando hablaba del evangelio incluso le decía "nuestro evangelio." Y ahora él es el que nos está ayudando a vivir una vida con una perspectiva completamente distinta, no solamente acerca de la vida sino también de la muerte, no solamente acerca de esta vida terrenal en la que estábamos sino de la vida celestial que nos espera.
Esas ideas transformarían completamente nuestras formas de pensar, nuestras formas de vivir, las orientaciones de nuestros matrimonios, las orientaciones de nuestras vidas y de nuestras familias, las orientaciones de nuestras iglesias totalmente. Y la orientación del individuo, el eje sobre el cual gira su vida, es mayor o menor productor de problemas en esta vida. De manera que, en la forma última y pragmática de esta aplicación, una palabra peligrosa ese pragmatismo, pero el día a día vamos a decir, la orientación que yo le dé a mi vida, terrenal o celestial, la manera como yo vivo, va a crear más o menos problemas en esta morada en la que nosotros vivimos.