Integridad y Sabiduria
Sermones

Sus caminos no son los nuestros

Pepe Mendoza 17 enero, 2016

Los caminos de Dios no circulan por las avenidas de nuestras ciudades ni se cruzan naturalmente con nuestras ocupaciones diarias. Isaías lo declaró con claridad: sus pensamientos son más altos que los nuestros, sus caminos incomprensibles desde nuestra perspectiva humana. Sin embargo, el Evangelio nos muestra algo extraordinario: esos caminos divinos se entrecruzan con los nuestros cuando Dios toma la iniciativa.

La historia de Zaqueo en Lucas 19 ilustra esta verdad. Jericó era una ciudad cosmopolita, llena de actividad comercial y política, donde acababa de ocurrir el milagro de un ciego sanado. Pero la noticia pasó rápidamente; Jesús simplemente "pasaba por la ciudad". En medio de esa multitud estaba Zaqueo, jefe de los recaudadores de impuestos, un hombre rico cuyo nombre irónicamente significa "puro". Su curiosidad lo llevó a subirse a un árbol para ver a Jesús pasar, pero la curiosidad humana —siempre superficial y pasajera— nunca basta para encontrar a Dios.

Lo que transformó todo fue que Jesús se detuvo, miró hacia arriba y lo llamó por su nombre. El Señor no esperó a que Zaqueo descendiera por sus propios méritos; entró a su casa sin importar la murmuración pública ni la reputación del pecador. Después de una noche de conversación íntima, Zaqueo se puso en pie y declaró una transformación radical: daría la mitad de sus bienes a los pobres y restituiría cuadruplicado lo defraudado. No fue una simple declaración, sino una reconstrucción desde el centro mismo de su esclavitud al dinero.

Jesús proclamó entonces: "Hoy ha venido la salvación a esta casa". El Hijo del Hombre vino a buscar y salvar lo perdido. No se trata de esperar que la sociedad reconozca a Dios ni de satisfacer curiosidades espirituales, sino de responder cuando el Señor llama personalmente, en la intimidad del corazón.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Los caminos del Señor, sus caminos, no son los nuestros. El tema que nos trae en esta tarde para compartir con ustedes, y que viene de parte del Señor, es un pasaje conocido por todos nosotros, una historia bastante sencilla, que es la historia de Zaqueo, el recaudador de impuestos. Pero ¿por qué vamos a hablar de esta historia? Ustedes conocen la historia, seguramente están familiarizados con esta historia de solo 10 versículos, que es muy corta pero al mismo tiempo muy profunda. Quisiera que la podamos ver desde otra perspectiva.

Siempre, cada vez que empieza un nuevo año, nosotros lo empezamos teniendo una preocupación por encontrar lo que denominamos la voluntad de Dios. El año pasado tuvimos circunstancias, pasamos por momentos, pero cada vez que empieza un nuevo año tenemos la intención de poder saber qué es lo que Dios quiere para mí este año. Sin embargo, muchos hablan y muchos dicen con verdad que los caminos del Señor son misteriosos y que muchas veces nos cuesta entender la voluntad de Dios.

A veces nosotros, producto de las circunstancias, entendemos y recibimos golpes de timón a nuestra vida que las consideramos como que vienen de parte de Dios. Un choque inesperado, me robaron el celular, un problema laboral, subió el dólar, una enfermedad, diferentes circunstancias que son como un golpe de viento en las alas de nuestra vida y hace que nosotros reflexionemos, nos refresquemos y empecemos a buscar al Señor.

Sin embargo, ¿es que acaso el Señor quiere vivir empujándonos de esa manera, a través de golpes de timón, a través de zarpazos por la vida, de tal manera que yo pueda reaccionar? Definitivamente, como bien lo has repetido nuestro pastor muchas veces, el más deseoso de que nosotros conozcamos su voluntad es Él mismo, de tal forma que Él espera que nosotros podamos percibir lo que Él quiere para con nosotros. Pero los caminos del Señor sí son misteriosos.

Bien dice el profeta Isaías en Isaías capítulo 55: "Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, declara el Señor. Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos." Los pensamientos de Dios son más altos que los vuestros, las intenciones de Dios no las podemos conocer, no están a la vuelta de la esquina, los caminos de Dios son más altos que los nuestros.

Sin embargo, nosotros tenemos en la Escritura los evangelios, y los evangelios buscan mostrarnos cómo los caminos del Señor se entrecruzan con los caminos humanos. Por eso se le denomina buenas noticias, porque en medio de nuestra desesperanza, en medio de nuestras crisis, el Señor se presenta y nos muestra sus caminos de salvación, de perdón y de esperanza. Esa es la gran riqueza del evangelio, las buenas noticias. Los caminos personales, mis caminos, son caminos de muerte, pero el Señor tiene para mí caminos de vida. El mismo Señor Jesucristo se denominó a sí mismo el camino, el camino que es verdad y al mismo tiempo es vida.

Justamente la historia que veremos a continuación está relacionada con esa realidad. Pero ya que a nosotros nos gusta ver el contexto, nos encontramos en el capítulo 18, solamente en el capítulo anterior a esta historia. Nos encontramos con dos preguntas: una pregunta que hace Jesús y una pregunta que hacen sus discípulos. Jesús cuenta al principio del capítulo 18 la parábola de la viuda y el juez injusto, la viuda que teniendo una necesidad va delante de un juez que no es un juez moral, un juez justo, y por su insistencia el juez le responde. Sin embargo, él dice que el carácter de Dios es completamente distinto, que el Señor está listo para respondernos y hacer justicia en nuestra vida. Si su pueblo clama de día y de noche, ¿Dios se tardará en responderle?, se pregunta el Señor. Sin embargo, Jesús termina esa frase diciendo: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?". O sea, ¿encontrará gente dispuesta a buscar al Señor con esa intensidad? Esa es una pregunta que nosotros debemos hacernos. Y el carácter de Dios es venir en nuestra búsqueda. Si el Señor es el buen pastor, si el Señor está dispuesto a hacer justicia en nuestras vidas de una manera radical e inmediata, ¿qué es lo que hace que se tarde? ¿Será acaso un problema de fe?

Luego, más adelante, nosotros nos encontramos con otra historia en la mitad del capítulo 18, otra historia sumamente conocida para nosotros: el joven rico. Un hombre que se creía profundamente moral y religioso, hombre que se presenta delante de Jesús diciéndole que él ha cumplido toda la ley y los mandamientos, y está preguntando: "¿Qué detallito me falta?". Entonces Jesús le dice: "Falta un solo detallito". Ustedes saben qué le pide, y este hombre, debido a que tenía muchas posesiones, se va de Jesús con tristeza. Sin embargo, Jesús dice después de que todo esto pasa: "Qué difícil es que entren en el reino de Dios los que tienen riquezas, porque es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que el que un rico entre en el reino de Dios".

Y en el verso 26 del capítulo 18 se lanza la segunda pregunta, que no es una pregunta de Jesús sino una pregunta de sus discípulos que estaban alrededor. Los discípulos, después de oír lo que Jesús dijo y ver el suceso, ellos se preguntan: "¿Y quién podrá salvarse?". Por un lado, Jesús pregunta: "Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?". Y por el otro lado, los discípulos se preguntan ante la realidad que acababan de ver: "Oye, las demandas del Señor son tan altas, ¿quién podrá salvarse?". Estas dos preguntas nos sirven de marco para el acontecimiento que vamos a ver a continuación: la historia de Zaqueo.

Vamos a leerla. Por favor, abran sus Biblias en Lucas capítulo 19, o enciendan sus Biblias los más tecnológicos, en Lucas capítulo 19. Vamos a leer los diez versículos de esta historia tan sencilla pero al mismo tiempo tan profunda:

"Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad. Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico, trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que él era pequeño de estatura. Y corriendo delante, se subió a un sicómoro para verle, porque Jesús estaba a punto de pasar por allí. Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa. Entonces él se apresuró a descender y le recibió con gozo. Y al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador. Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado. Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham, porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido".

Preciosa historia, pero yo quisiera que la veamos ahora no a la luz de Zaqueo como personaje, sino a la luz de los caminos del Señor. Porque nosotros vamos a encontrarnos aquí con una historia en donde hay una colisión entre los caminos del hombre y los caminos de Dios, y vamos a poder notar esa gran diferencia entre ellos.

En primer lugar, si yo leo el verso uno, dice: "Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad". Lo primero que yo entiendo con respecto a los caminos del Señor y los caminos del hombre es que los caminos del Señor son invisibles a los seres humanos y no forman parte de su diario vivir. A veces nosotros quisiéramos que los caminos del Señor sean reconocidos en medio de nuestra sociedad. Nosotros como cristianos a veces reclamamos: "¿Por qué no se recuerda a Jesús en Navidad?". Es Navidad, en la fecha de Jesús, todo el mundo anda regalándose y a Jesús nada. O Semana Santa, todo el mundo a la playa, nadie a la iglesia. "¿Qué pasa con Semana Santa? ¿Por qué no recordamos a Jesús?". Y como que esperamos que la sociedad pudiera responder a las demandas espirituales y que los caminos del Señor fueran visibles en medio de la realidad que nosotros estamos viviendo. Y no es verdad.

Si nosotros volvemos al capítulo 18, nos vamos a dar cuenta que en el verso 35 del capítulo 18 dice: "Y aconteció que al acercarse a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando". Cuando Jesús estaba entrando a la ciudad, justo en la puerta de Jericó, en ese mismo instante el Señor hace un precioso milagro que, de acuerdo al verso 43, dice que el ciego al instante recobró la vista y lo seguía glorificando a Dios. Cuando toda la gente vio aquello, dieron gloria a Dios. Ahora, ¿cuánto duró ese "gloria a Dios"? Dice el verso uno del capítulo 19: "Habiendo entrado Jesús en Jericó, pasaba por la ciudad". Y así somos nosotros: pasa la noticia y ya. "¿Te enteraste de lo que pasó?". "Sí, qué bueno, ya". Porque los caminos del Señor no tienen recorrido en las sociedades de nuestro tiempo.

Y sería interesante que yo les pueda contar algo de esta ciudad de Jericó. Tiene una particularidad histórica: Jericó es la ciudad que ha sido habitada más continuamente, es la más antigua del mundo. ¿Qué significa esto? Jericó ha sido ciudad habitada por más tiempo en toda la historia de la humanidad. Jericó, dicen, que su origen data de 9.000 años antes de Cristo, y ha sido habitada continuamente. Es una ciudad que está ubicada en un lugar precioso, en un oasis lleno de agua y de palmeras, de tal manera que siempre ha atraído a comunidades humanas en todos los tiempos. Su ubicación y su belleza estratégica la hicieron única. Fue la primera ciudad conquistada por los israelitas, ustedes saben esa historia, y Josué ordenó que nunca más fuera reconstruida. Sin embargo, fue reconstruida una vez más en el tiempo de los reyes, en contra de la voluntad de Dios. El mismísimo Alejandro el Grande la tuvo como propiedad personal por más de diez años. Y en algún momento de la historia de Roma, Marco Antonio se la regaló a Cleopatra. "Mi amor, tengo un regalo". "¿Qué tienes para mí, mi amor? ¿Un anillo? ¿Un collar?". "Tengo una ciudad". "¿Cuál ciudad?". "Jericó, la ciudad de las palmeras".

Cuando Herodes el Grande toma posesión del territorio de Israel, él le alquila Jericó a Cleopatra. Pero como conocemos el final dramático de Cleopatra y Marco Antonio, cuenta la historia que Octavio se la dio a Herodes por una buena cantidad de dinero, por completo. De tal manera que cuando Jericó fue de Herodes, inmediatamente él construyó teatros, un hipódromo, acueductos y un palacio de invierno para la familia real y la aristocracia de ese tiempo. El historiador Josefo, el famoso historiador judío, narra que Aristóbulo III, uno de los descendientes de Herodes, fue asesinado mientras se bañaba en su piscina durante un banquete que le había preparado su suegra. En la historia, debido a sus numerosas fuentes, era terreno propicio para la agricultura, y también por su ubicación estratégica era un lugar de paso de grandes rutas comerciales. Era una ciudad aduana, que era popular, multicultural y cosmopolita.

Jesús hizo un gran milagro al entrar en la ciudad, pero luego Jesús pasaba por la ciudad. Jesús estaba de paso. Es poco probable que esa multitud afectara la vida de la ciudad o llamara la atención, porque Jesús estaba solo de paso. Hermano, si nosotros queremos encontrar los caminos del Señor en el 2006, no los busquemos en los periódicos. No esperemos que el mundo se detenga para que yo busque al Señor. No esperemos que en el trabajo me permitan salir al mediodía para venir a la iglesia. No piensen que su carga en verdad va a ser menos y ahora sí voy a poder buscar más al Señor. No esperemos eso. Los caminos del Señor no circulan por las avenidas de nuestras ciudades.

Ahora, por otro lado, en el verso dos nosotros nos encontramos con este personaje llamado Zaqueo. ¿Quién era este Zaqueo? Dice el verso dos: "Y un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de los recaudadores de impuestos y era rico". Zaqueo aparece en la historia, pero yo tengo que afirmarles algo que yo creo que es notorio en este caso: los caminos del Señor no se relacionan con la vida de la ciudad ni con su agenda, pero los caminos del Señor tampoco se relacionan con nuestros quehaceres humanos. Y en muchos casos, nuestros quehaceres humanos se oponen a los caminos de Dios. Por lo tanto, yo no espero encontrarme con el Señor en el camino por el cual yo estoy caminando, en medio de mis quehaceres humanos.

Este hombre llamado Zaqueo tenía un nombre que podría sonar a broma, porque en el idioma original Zaqueo significa "puro". ¡Oigan eso! Puro, el recaudador de impuestos. Seguramente lo tenían que pronunciar y...

Ahora, toítos, siendo imagínense, Zaqueo de nombre. Puro Lucas nos dice que era el jefe de los recaudadores de impuestos, jefe de los recaudadores de impuestos. En griego eso es una sola palabra y solo aparece una vez en todo el Nuevo Testamento, y es en este caso. Era un personaje sumamente importante, y ya que vivía en Jericó, que era una ciudad importante y aduanera, tiene que haber sido un hombre sumamente importante en la ciudad y en toda la Palestina. Y no solamente eso, sino que era un hombre sumamente rico, ya ustedes lo dijeron, sumamente rico.

Ahora, todos sabemos por historia popular, por conocimiento de la Escritura, porque nos han repetido continuamente, que los recaudadores de impuestos eran personajes odiados en ese tiempo. En ese tiempo y en muchos tiempos, podemos decirlo de alguna manera, no eran personajes muy queridos. Ahora, no solamente recaudaban los impuestos, que puede ser una labor honorable, sino que ellos representaban al poder opresor extranjero, al Imperio Romano. El odio contra ellos era creciente y era frecuente.

Ahora, los judíos debían pagar un uno por ciento anual por sus ingresos, pero también impuestos por la importación y la exportación, impuestos a las cosechas, impuestos a las ventas, impuestos a las propiedades, muchos impuestos de emergencia y muchos otros que se han ido inventando sobre la marcha, porque la creatividad para impuestos es fabulosa. Pero ok, tenían que cobrar muchos impuestos, pero eso los hacía odiosos. ¿Saben por qué eran odiosos? Porque en realidad la autoridad de turno vendía el oficio de recaudador de impuestos al mejor postor. O sea que no era algo que yo le delegaba a Omar, sino que más bien era Omar viniendo a decir: "Oye, te compro, te compro el puesto de recaudador, ¿en cuánto sale, cuánto sale?" De tal manera que había mucho de avaricia y mucho de opresión en este tipo de cargos.

Un recolector de impuestos tenía el poder para que, si él iba caminando por una calle y veía una persona con una carga, detenerla, hacer que abra la carga, e imponerle un impuesto, e inmediatamente tenía que pagar y no podía reclamar. Eso los hacía completamente odiosos. Ahora, Zaqueo era el jefe de todos esos en una ciudad sumamente importante, y él había hecho una riqueza extrema, tal como nos dice el pasaje.

A lo que quiero llegar, hermanos, es que Zaqueo por sí mismo no se iba a cruzar con el Señor por ninguno de sus caminos, en ninguna de sus reuniones oficiales, en ninguno de sus pensamientos, ni en sus días de trabajo, ni en sus actividades, ni con sus amigos. Los caminos de Zaqueo no tenían por dónde cruzarse con los caminos del Señor. Y estoy seguro que muchos de los que estamos aquí podríamos pensar lo mismo de nuestras propias ocupaciones, saber que en realidad lo que yo hago, lo que yo digo, la forma en que yo invierto mis días, mucho o poco, están alejados de aquello que podríamos considerar que son los caminos del Señor.

Como hemos dicho, los caminos del Señor no se relacionan a nuestros quehaceres humanos, y en muchos casos estos se oponen a sus caminos, y en lugar de acercarnos a Él nos alejan de Él. Como pastor, muchas veces he tenido que escuchar a muchos de ustedes decir: "Lo que yo hago me aleja del Señor, no me acerca al Señor, me aleja del Señor. El sistema en el que vivo, las cosas que hago, las cosas que digo, las cosas que se me imponen, me alejan del Señor." Pero esto no es nuevo. El mundo vive alejado de Dios, por lo tanto no hay forma de que el mundo me acerque al Señor.

Ahora, es interesante que este hombre, en el verso tres, se nos dice que trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, ya que era de pequeña estatura. Era un hombre grande de huesos chicos. No sé, grande pero de huesos chicos, es como yo me describo también. Yo soy grande pero de huesos chicos.

Ahora, hay algo más que debemos aprender con respecto a los caminos del Señor. Los caminos del Señor no serán conocidos a través de nuestra simple curiosidad humana, que es siempre superficial y pasajera. Sin embargo, yo tengo que reconocer y tengo que advertirles a ustedes que yo creo que muchos de los que están sentados ahora en este lugar consideran su propia curiosidad como un elemento espiritual sumamente importante en sus vidas. Muchos de ustedes están en este lugar producto de su curiosidad.

Y durante mi ministerio yo he conocido a muchas personas curiosas en términos espirituales. Muchas personas que quieren enterarse de algo espiritual, que quieren conocer un poquito más de la vida cristiana o la vida espiritual, que quieren confirmar algunas suposiciones o especulaciones que ellos tienen. Y yo tengo que reconocer que dentro de mi vida ministerial yo he pasado incontables horas en comidas, conversaciones, cafés, reuniones antes y después de los cultos, antes y después de clases, hablando con personas curiosas.

Personas curiosas que tienen temas específicos que quieren tratar: "Pepe, otra vez, ¿podemos hablar del tema ese de la expiación limitada? Me atormenta. Hermano Pepe, ¿podemos hablar ese del tema del nacimiento virginal de María? Eso me tiene loco. Pepe, vuélveme a explicar el diezmo que no me queda claro." Y como que en eso se sustenta todo aquello que viene a ser mi necesidad de vida espiritual, y estoy aquí, voy a clase, voy a los grupos, voy a retiros porque tengo una profunda curiosidad. Y muchos están aquí para satisfacer su curiosidad.

Pero hay un problema con la curiosidad. La curiosidad no te puede llevar a distinguir los caminos del Señor de verdad, no, porque los caminos del Señor son más altos que los nuestros, sus pensamientos más altos que los nuestros. Yo puedo ser sumamente curioso mirando para allá cuando el camino del Señor va por acá. Por más que mire, no lo voy a encontrar.

Ahora, otro problema es que la curiosidad humana es muy superficial. Miren ustedes lo que dice el principio del verso tres: Zaqueo trataba de ver quién era Jesús. O sea, qué bueno, yo quiero saber quién es Jesús. ¿Cómo lo vas a lograr? Me voy a subir a un árbol y lo voy a ver pasar. Ya, así es. Ya tú vas a saber quién es Jesús subiéndote a un árbol y viéndolo pasar.

Muchos de nosotros tenemos esa idea superficial del conocimiento de Dios. A veces nosotros tenemos una curiosidad que supone lo que quiere saber, quiere confirmar lo que procura, conseguirlo a través de su propio esfuerzo. Dice que Zaqueo corrió delante, se subió a un árbol para verle.

Ahora, yo quiero hacer un ejercicio con ustedes, me van a perdonar. Se supone que había una multitud, ¿verdad, con Jesús? Ahora, ustedes pueden creer, yo les pregunto, yo quiero que se imaginen el momento. Jesús está por ahí, Jesús viene por ahí, viene por ahí. Entonces yo me voy a adelantar, yo soy Zaqueo, me voy a adelantar, me voy a adelantar, pero resulta que hay un árbol. ¿Ustedes creen que no había nadie en ese árbol? ¿Que solo a Zaqueo se le ocurrió? ¿Tan inteligente Zaqueo? No, yo creo que fue más así: "¡Ahí viene Jesús! ¡Ay, tú vas a hacer ayuda, ayuda!" ¿Sí o no? Porque ese árbol no estaba vacío, y había gente arriba, supongo yo.

Pero definitivamente, haciendo todo su esfuerzo para poder confirmar o para verle pasar, la curiosidad, por más esfuerzo que haga, no es suficiente. Porque yo, no basta solamente con verle pasar para que finalmente yo le cuente a mi nieto algún día: "Yo vi pasar a Jesús, mira, yo estuve ahí a sesenta centímetros y le vi la parte de arriba de la cabeza, y él pasó, y ya." Y lo cuento por el resto de mis días. Pero eso no es transformador. La curiosidad no tiene como propósito el afectar mi vida. La curiosidad es pasajera. Por eso dice al final del verso cuatro: Jesús estaba a punto de pasar por allí. Pasar.

¿Cuántos de nosotros estamos aquí para ver a Jesús pasar por allí? Para ser observadores multitudinarios de algo que el Señor hará, pero que no afectará mi propia vida. Si dependiera de nosotros, toda experiencia espiritual tendría siempre estas cuatro características que nunca terminarían de afectar nuestra propia vida: superficialidad, suposición (yo no quiero que Jesús me hable cosa nueva, yo quiero que Jesús me confirme lo que yo ya sé, la nueva religión es "escucha tu voz interior porque ahí está tu verdad"), mi esfuerzo propio para poder alcanzarlo, y algo temporal. De tal manera que tener una curiosidad espiritual no me lleva a poder alcanzar los caminos del Señor.

Ahora, como ustedes ven, en términos humanos ni la vida de la ciudad, ni nuestras ocupaciones, ni nuestra curiosidad nos pueden llevar a conocer los caminos del Señor, porque ellos no son los nuestros.

Pero hay buenas noticias. El Evangelio nos dice que los caminos del Señor se entrecruzan con los nuestros. Dice el verso cinco: "Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba y le dijo: Zaqueo, date prisa y desciende, porque hoy debo quedarme en tu casa." Los caminos del Señor siempre estarán sujetos a la iniciativa y la soberanía del Señor mismo. Si el Señor no se pone en posición de colisión con el camino de Zaqueo, Zaqueo no iba a ser capaz de encontrar por sí mismo el camino del Señor. Él hubiera sido el mismo Zaqueo, hubiera dejado pasar al Señor, y hubiera sido un recuerdo en su propia historia.

Sin embargo, el Señor, soberano en su propia iniciativa y de acuerdo a su propia soberanía, se detiene. Dice: "Cuando Jesús llegó al lugar..." El Señor nunca se perderá entre el movimiento, la bulla y el desorden de la sociedad. "Cuando Jesús llegó al lugar, miró hacia arriba," porque el Señor siempre llegará a tiempo a mi propia vida. Eso es lo que nosotros creemos con respecto a Dios. Yo no intento convencerle al Señor porque yo no puedo convencerle, Él hace lo que le place. Pero lo que yo sí sé es que tenemos un Dios de amor que nos busca y que dice: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna."

Esa es la realidad de nuestro Dios. El Señor nunca dejará que nos perdamos en medio de la multitud, sino que será capaz de reconocernos por nuestros nombres, y no por lo que hagamos o por lo que hayamos dejado de hacer. ¿Qué le dice el Señor? Mirando hacia arriba le dijo: "¡Zaqueo!" Wow. Yo escuché al pastor John MacArthur decir que si él hubiera estado en el lugar de Zaqueo y el Señor Jesús hubiera...

pasado y le hubiera dicho: "John, dice que es la garra, suerte, el árbol se cae de cabeza", y nunca más era salvo. Imagínense, el Señor mismo llamándome por mi nombre. Y el Señor tiene ese milagro para nuestras vidas. Cuando nosotros miramos a un predicador, el predicador no conoce la mayoría de los nombres que están en un lugar, pero el Señor sí lo sabe, y el Señor de manera íntima nos llama de manera personal. Zaqueo. Pero ojo, el Señor siempre tomará la iniciativa, sí, pero siempre lo hará de manera soberana.

Miren ustedes lo que dice: "Zaqueo, date prisa, desciende". No podemos caminar con el Señor a nuestra propia velocidad. "Señor, disculpa, pero ese no es un tema del que quería tratar contigo. Yo quería hablar del diezmo primero, porque yo tengo una curiosidad. Yo quiero preguntar el rol de los pastores, porque aquí los pastores son un medio extraño. Primero solucióneme ese tema y luego me hablas lo que tú quieres decirme". No. Cuando el Señor irrumpe en nuestras vidas, viene como Señor.

Porque así lo hizo desde la antigüedad. Cuando Adán hizo lo que hizo, el Señor fue y lo buscó. Cuando José fue vendido por sus hermanos, el Señor lo encontró en la cárcel y lo rescató. Cuando Moisés estaba perdido y abandonado en medio del desierto, el Señor lo halló y lo sacó de allí. Cuando David era olvidado por su padre, el Señor se lo hizo recordar a Samuel. Cuando Pedro estaba allí trabajando sus redes mientras Jesús predicaba en su bote, él no sabía que el Señor le iba a llamar y lo iba a hacer pescador de hombres. Cuando Pablo iba camino a Damasco a matar más cristianos, el Señor lo detuvo y le dijo: "Ahora tú eres mío". Ese es el Dios de la Escritura. No es el dios de la curiosidad. No es el dios de "vamos a ver, déjame voy a hacerle las preguntas que yo quiero".

Si ustedes lo ven: "Zaqueo, date prisa, desciende". Y qué le dice: "Porque hoy debo quedarme en tu casa". El Señor, que llega a nuestras vidas, buscará entrar muy profundo en nuestras vidas sin importar la condición en que nos encontremos. "Hoy debo quedarme en tu casa. Hoy voy a pasar la noche contigo". No se trata de que tú querías verme pasar. No. "Hoy hablaremos tú y yo, y hablaremos en tu casa".

Ahora, ¿cómo responde Zaqueo? ¿Qué es lo que hace Zaqueo? Que es completamente diferente a lo que nosotros solemos hacer. Dice el verso 6: "Entonces él se apresuró a descender y le recibió con gozo". Recibió al Señor en su propia casa. ¿Por qué? Porque los caminos del Señor siempre estarán sujetos a la iniciativa y la soberanía del Señor mismo.

Ahora, si leemos el verso 7, nos vamos a sorprender, porque el verso 7 dice: "Y al ver esto, todos murmuraban diciendo: Ha ido a hospedarse con un hombre pecador". Cuando el Señor realiza una colisión entre nuestros caminos y sus caminos, nosotros debemos saber que los caminos del Señor nunca gozarán de la aprobación pública. Aquí, de manera interesante, Lucas nos dice el verso 7: "Y al ver esto, todos murmuraban". No hay "algunos dijeron qué bueno que fue a la casa de Zaqueo". No. Dice "todos murmuraban", porque la reputación de Jesús estaba en juego. El maestro, el rabino, el sanador. "¿Tú crees que es lo que es? Claro, como tiene billete".

Es muy interesante el origen de la palabra murmuración en el original griego, porque murmurar es una palabra onomatopéyica. ¿Qué significa que es una palabra onomatopéyica? Es una palabra que intenta, a través de su sonido, mostrar el significado de lo que quiere decir. Y la palabra en griego imita el sonido del ruido de las palomas y el zumbido de las abejas. Es de donde viene la palabra murmullo. Es hablar entre dientes. Es descalificar a alguien a través de la murmuración. Es como hablar entre dientes unos contra otros en perjuicio de los que no están presentes, señalando mi descontento. Murmurar. Vamos a murmurar, hermanos.

Cuando el Señor viene a nuestra vida, el Señor se la está jugando, porque nosotros somos como Zaqueo. Nosotros vamos a ensuciar la reputación del Señor. Pero el Señor viene dispuesto a transformar nuestra reputación. El Señor viene dispuesto a cambiar lo que somos. Por eso no tiene miedo de irse a meter a nuestra casa y pasar la noche con nosotros.

Y el Señor pasa la noche con este hombre. Y algo que nosotros debemos ver es que lo que sucede entre Jesús y Zaqueo queda en la intimidad de Jesús y Zaqueo. Nosotros no tenemos un discurso de lo que pasó durante esa noche con Zaqueo. Pero lo que sí sabemos es que los caminos del Señor, al cruzarse con nuestros caminos, producirán un efecto transformador y único en nuestras propias vidas.

Ahora, los estudiosos señalan que el verso 8 es a la mañana del día siguiente de que Jesús se quedó en la casa de Zaqueo. O sea que hay en medio una conversación que nos es desconocida. No solamente hablamos de que Jesús pasó un tiempo con Zaqueo en un lugar, sino que produjo un efecto productivo en la vida de Zaqueo. Es importante notar que lo que conversaron ellos entre ellos quedó en la intimidad del corazón de Zaqueo y del Señor. Porque yo también sé, hermanos, que el Señor habla a nuestros corazones. El Señor nos llama en la intimidad de nuestro ser y nos habla de manera cercana, allí donde solo nosotros podemos oír y allí donde el Señor puede ver exactamente la realidad de nuestras propias vidas.

Ahora, esta intimidad del corazón queda restringida a Zaqueo y al Señor. Lo interesante del pasaje es que no se revela lo que el Señor le dijo a Zaqueo, sino que lo que se revela es el resultado del obrar de Dios en la vida de Zaqueo de una forma muy evidente.

Porque en realidad nosotros conocemos dos tipos de transformación. Hay una transformación que nosotros reconocemos como una transformación declarativa. Una transformación declarativa es aquella que anuncia algo que ha sucedido en su vida. Es como cuando escuchamos un testimonio de una vida cambiada. Es cuando nosotros anunciamos: "Mira, yo creía esto y ahora creo esto". Sin embargo, el evangelio va más allá de una mera declaración para convertirse en una transformación reconstructiva.

Miren lo que dice el verso 8: "Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado".

Ahora, lo que sucede en esa mañana es sumamente interesante. Dice que Zaqueo se pone en pie. Ahora, esta es una figura del lenguaje. No necesariamente significa que Zaqueo estaba sentado y se puso de pie, sino que más bien lo que tiene que ver es con alguien que quiere hacer casi una declaración, que va a hablar y que va a declarar públicamente algo. Ahora, si ustedes notan, Zaqueo no le habla a la gente que está a su alrededor. A Zaqueo ya en este momento le importaba poco la opinión de los demás. Dice que Zaqueo, puesto en pie, le dijo, ¿a quién le dijo? Al Señor. Porque era con el Señor con quien él estaba lidiando.

Zaqueo reconoce de manera pública que el Señor ha llegado a atacar el mismísimo centro de sus propios caminos, que han sido enderezados de manera milagrosa en dirección al Señor. Zaqueo sabe que en ese proceso de colisión entre sus caminos y los caminos del Señor, ahora sus caminos están siendo destruidos de tal manera que le está haciendo reconstruido en las formas y en las maneras del Señor. Y de manera inmediata él se pone de pie y él anuncia su transformación a través de no solo una declaración "mi vida ha cambiado", sino que "mi vida ha cambiado en el propio centro de mi existencia", de manera que ahora se ha afectado directamente mi relación y mi esclavitud con el dinero.

¿Qué dice él? "He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres". Los estudiosos señalan que la recomendación rabínica en casos de limosna era nunca exceder al 20% de los ingresos de una persona. Sin embargo, aquí lo que Zaqueo está viendo es su relación personal con el dinero, y por lo tanto él se está sometiendo al Señor y está dejando de someterse a las riquezas. Y por lo tanto él toma una decisión que era una decisión sacrificial y una decisión importante.

En segundo lugar, él reconoce con propiedad la magnitud de su propio pecado. Él dice: "Y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado". Ahora, esto no es algo que a él se le ocurrió. En la ley, en el Antiguo Testamento, se menciona que cuando yo le hago algún daño a alguien de manera involuntaria, yo tengo que restituirle el daño que hice más un quinto de aquello en que falté. O sea, lo que el daño que hice más un quinto. Pero la ley también señala que si yo hago algo con violencia y con premeditación, debo pagar lo cuadruplicado. Por lo tanto, lo que Zaqueo está haciendo es reconocer la magnitud de su pecado delante de los hombres. "Si yo he defraudado a alguien, se lo devolveré cuadruplicado". Él no está matizando su culpa.

Él está reconociendo dos aspectos importantes en todo encuentro con el Señor: él ha reconocido el centro de sus problemas y la magnitud de su pecado. Eso es lo que produce un verdadero encuentro con el Señor: reconocer en dónde estaban mis caminos y reconocer cuánto daño he hecho producto de seguir esos caminos. Esta colisión se dio en ese momento.

Y en el verso 9 dice: "Y Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa, ya que él también es hijo de Abraham". "Hoy ha venido la salvación a esta casa". La salvación no llega por Zaqueo, sino por la presencia de Jesús el Salvador en su vida, en un trabajo inmediato de parte del Señor. "Hoy ha venido la salud a esta casa". Y la salud es recuperada no solamente en términos de la transformación interior, sino también a través de la dignidad para con Zaqueo, ya que el Señor dice públicamente: "Este hombre también es hijo de Abraham y merecedor de la promesa que se recibirá a través de Abraham, a través de la obra del Señor en la cruz del satisfacción". "Hoy ha venido la salvación a esta casa". Zaqueo era hasta este momento un caso perdido, pero Jesús le restituye la dignidad y la recepción de la promesa de salvación a través de Abraham.

Pero yo quiero notar un detalle que no quisiera que se pierda en nuestra lectura. Ustedes recuerdan que en el verso 8 Zaqueo le habla al Señor y no a la multitud. Y en el verso 9, Jesús le habla a Zaqueo y no a la multitud.

Le habla a la multitud. Cuando nosotros estamos hablando en este momento y predicando la Palabra, no pienses que el Señor pueda estar hablándole a la multitud. Es muy probable que el Señor quiere hablarte a ti, y es muy probable que el Señor quiere que tú le respondas a Él y no a mí. Se trata del Señor encontrándote en medio de tus caminos y deseando producir un profundo cambio transformador y reconstructivo en tu propia vida.

Y el verso 10 dice: "Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que se había perdido." Hermanos, nosotros a través de nuestros caminos estábamos perdidos. Nuestros caminos nunca nos iban a llevar a conocer al Señor en toda su magnitud. Es el Señor en su soberanía viniendo a nosotros, llamándonos por nuestro nombre, hablándole a la profundidad de nuestro corazón, haciéndonos un llamado hacia la salvación. Es allí donde nuestra vida puede ser reconstruida, y nuestra vida puede ser reconstruida hoy. Hoy ha venido la salvación a esta casa. El Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Por eso es que nosotros reconocemos el poder del satisface transformador, que responde justamente las dos preguntas que Jesús se había hecho. "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" La fe es por el oír, y el oír la Palabra de Dios. Zaqueo fue capaz de oír en esa noche silenciosa lo que el Señor tenía para él. "¿Quién, pues, podrá ser salvo?", se preguntaron los discípulos. Aun Zaqueo puede ser salvo si el Señor interviene en su vida.

Yo no sé en qué momento de tu vida estás en este instante, pero yo sí sé que si el Señor te está diciendo que bajes del árbol y te está llamando por tu nombre, y tú has percibido que está hablando a tu corazón acerca de la centralidad de tus problemas y tus dificultades, hoy ha venido la salvación a tu propia casa. Hoy es el día en que tú te puedes poner en pie y puedes decirle al Señor: "Señor, esto es lo que yo voy a hacer con mi condición de pecador y con aquello que me esclaviza. Hoy yo no voy a dejar ni voy a irme de este lugar nuevamente mintiéndome a mí mismo, sino que voy a reconocer la gravedad de mis pecados, la gravedad de mis faltas, la gravedad de mi necesidad de ti."

Hoy por hoy nosotros queremos caminar con el Señor. Hoy por hoy queremos reconocer los caminos del Señor. Nuevamente, hermanos, recuerden: no se trata de lo que suceda en la ciudad o en la sociedad. Sabemos que el Señor está cerca, ¿verdad? Cada vez que escuchamos lo que hace ISIS, el Señor está cerca. Cada vez que escuchamos las crisis energéticas, el Señor está cerca. Sube la inflación, el Señor está cerca. El Señor está cerca hace dos mil años. El Señor no está retrasando su promesa. El Señor no está llegando tarde. El Señor no quiere que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento.

Por lo tanto, hermanos, no se trata de lo que esté sucediendo en la sociedad. No se trata tampoco de mis curiosidades espirituales. Se trata de que el Señor pueda llegar a la puerta de mi corazón y pueda darle el remezón que mi alma necesita para yo recibir su obra perfecta en la cruz del Calvario, que es el recordatorio permanente de lo que Él tuvo que hacer por mí, en donde se manifiesta su amor, pero también se manifiesta la gravedad de mis pecados.

El Dios hecho hombre tuvo que ir a la cruz del Calvario para morir y cargar los pecados de mi propia alma que me separaban de Él. Pero al mismo tiempo, Él resucitó de entre los muertos para que yo pueda vivir en una vida nueva. Ese es nuestro testimonio: que en este año podamos reconocer los caminos del Señor, que podamos caminar con Él, que podamos escuchar su voz en los secretos de nuestras vidas, no solo a través de las circunstancias de lo bueno o lo malo que nos pase, sino escuchar su voz en los secretos para obedecerle en público.

Pepe Mendoza

Pepe Mendoza

José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.