Integridad y Sabiduria
Sermones

Ceguera espiritual en medio de milagros

Miguel Núñez 20 octubre, 2013

Los fariseos presenciaron la multiplicación de los panes que alimentó a cuatro mil personas, y su respuesta fue exigir una señal del cielo. No buscaban entender a Jesús; buscaban hacerlo tropezar. La palabra griega usada para describir su actitud revela que discutían para ganar control, como quien lanza un anzuelo con carnada esperando atrapar a su presa. Jesús, llevado al límite de la frustración, suspiró profundamente y les respondió que ninguna señal les sería dada, excepto la de Jonás: su muerte y resurrección. Y los abandonó.

Pero la ceguera espiritual no era exclusiva de los fariseos. Los propios discípulos, después de ver dos multiplicaciones milagrosas, se preocupaban porque solo habían traído un pan a la barca. Jesús les hizo nueve preguntas que exponían su dureza de corazón. Y nosotros no somos diferentes: cada temor que experimentamos, cada inseguridad, cada duda sobre si Dios está con nosotros, es evidencia de nuestra propia ceguera espiritual.

El milagro del ciego de Betsaida ilustra perfectamente esta realidad. Jesús lo sanó en dos etapas: primero veía hombres como árboles caminando, luego con claridad completa. Así ocurre con nosotros: vemos parcialmente, como por espejo velado, y solo gradualmente las cosas se aclaran mientras caminamos con Dios. El ciego no sabía adónde lo llevaban cuando Jesús lo tomó de la mano, pero se dejó guiar. De la misma manera, cuando Dios nos toma de la mano hacia lo desconocido, poner nuestra confianza en Él será mejor que cualquier luz y más seguro que todo lo que creemos conocer.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

La semana pasada estuvimos hablando del milagro de la multiplicación de los panes. La segunda vez que Cristo había multiplicado los panes, en esa ocasión, fue para alimentar a cuatro mil personas. Y dijimos verdad que Jesús se dispuso a hacer tal cosa en un momento en que él se ve movido a la compasión. Frecuentemente en los evangelios nosotros notamos la asociación de la palabra multitud con la palabra compasión de parte de Jesús, por lo menos. Y de esa misma manera nosotros también podemos notar una asociación entre la palabra multitud y la respuesta de los discípulos en términos de "despáchalos". Esa asociación se repite más de una vez.

En esta ocasión Jesús fue movido nuevamente a la compasión, y recordamos que la compasión es ese dolor emocional, interno, natural, que surge cuando tú te percatas de la necesidad del otro. Y no solamente te percatas de esa necesidad, sino que tú tienes un deseo espontáneo de querer llenar la necesidad y que te mueve a hacerlo. Y que cuando eso no ocurre, pues eso es una falta de compasión. Hablamos también de cómo eso ocurre mayormente cuando tú estás pensando en el otro, preocupado por el otro, y que no ocurre cuando mi preocupación es con los míos. Siempre cuando lo mío esté bien, pues lo del otro me preocupa menos o no me preocupa en lo absoluto, o simplemente no lo veo, no lo oigo. Y el no verlo y el no oírlo es mi justificación de por qué no lo he hecho. Pero Jesús me recuerda: si hubieses estado más centrado en él o en ella, lo hubieses podido ver, y por tanto no tuvieses sentirte justificado. Y eso es la reflexión de toda la semana anterior.

Cuando Jesús termina de alimentar a los cuatro mil, a cuatro mil personas, en el versículo 11 al 13 aparece un texto que yo lo leí pero no lo toqué. Y lo voy a tocar ahora. Y entonces posteriormente, para finalizar el capítulo 8, hay un milagro que no hemos cubierto que lo vamos a estar cubriendo en el día de hoy.

Miren, si usted está en el capítulo 8 de Marcos, se puede ir al versículo 11, y ahí leemos: "Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, buscando de él una señal del cielo para ponerle a prueba. Suspirando profundamente en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? En verdad os digo que no se le dará señal a esta generación. Y dejándolos, embarcó otra vez y se fue al otro lado."

La primera vez que Jesús multiplicó los panes aparece registrado en Marcos 6, y en esa ocasión nosotros nos encontramos a los fariseos inmediatamente después también discutiendo con Jesús. Y la discusión en esa ocasión giraba en torno al hecho de que por qué sus discípulos no se lavaban las manos antes de comer. Esta hora es la segunda vez que Jesús multiplica los panes, y otra vez esta multiplicación de los panes resulta en un cuestionamiento de parte de los fariseos que quieren una señal de parte de Jesús.

No sé qué tenía que ver la multiplicación de los panes, pero como que ese milagro los enojaba. Y yo no sé si tenía que ver con el hecho de que un milagro como ese es equivalente a dar una popularidad enorme: cientos de personas habiendo sido bendecidas y alimentadas. No sé si era esa la preocupación, la molestia, la irritación. No sé si ese milagro les recordaba o lo acercaba a Jesús a la idea de Moisés, quien fue el instrumento a través de quien Dios le dio maná en el desierto, y a quien Jesús aludió incluso en un momento dado en relación al pan recibido por Moisés y al pan de vida que él era. No sé si tenía que ver con eso, pero independientemente de lo que fuera, en ambas ocasiones ahí estaban los fariseos para cuestionarle.

No nos sorprende eso, porque cuando tú lees el Evangelio de Marcos que me he estado leyendo, tú te encuentras que en el 2:24 los fariseos estaban cuestionando a Jesús. En esta ocasión fueron solos y discutieron con él. En 2:16 habían ido a discutir con Jesús, pero en compañía de los escribas. Y en 3:6 también tú los encuentras otra vez discutiendo con Jesús, pero en compañía de los herodianos. De manera que, ya sea solos o en compañía, los fariseos siempre estaban detrás de Jesús tratando de cuestionar su ministerio mesiánico, sus intenciones, sus motivaciones, pero nunca conociendo el corazón del Señor. Y esa es una de las cosas que nosotros tenemos que cuidar en nuestras vidas: el cuestionamiento de motivaciones e intenciones del otro cuando no conocemos el corazón del otro.

Pero yo quiero permanecer ahora en lo que es el texto que yo leí. Y en este texto corto de un par de versículos hay varias palabras claves que, si las revisamos, quizás nos dan una mejor idea de qué era lo que estaba ocurriendo. Y esas palabras son, en primer lugar: discutir, señal, prueba, suspirando profundamente el calificativo, y dejándolos. Cada una de esas palabras está en ese versículo, y cada una de esas palabras nos da un sabor significativo acerca de lo que ocurrió.

La primera palabra es discutir. Syzetein, en el original, es una palabra que es fuerte. Tiene que ver con discusión, no simplemente un argumento o un diálogo. Es una discusión que frecuentemente está procurando ganar control sobre el otro. De tal forma que yo pudiera venir donde ti y decir: "Yo quiero hacer una pregunta", y luciría mi pregunta como ingenua. Pero resulta que mi pregunta está construida como un anzuelo que tiene una carnada cubriendo el anzuelo, de tal manera que si yo muerdo la carnada, quedo enganchado en el anzuelo. Y ahí tiene control del pescador; acabo de capturarlo. Esa palabra tiene esa intención: es una discusión que trata de ganar control sobre el otro.

Y si nosotros reflexionamos de la manera que nosotros discutimos, honestamente reflexionando sobre esto, yo creo que frecuentemente eso es como nosotros discutimos. Nosotros discutimos y mantenemos la discusión, y paramos en el momento en que ya sentimos que ganamos el control del otro, el control de la discusión, ya sea emocionalmente, o en acción, o en palabra, o en admisión. Una vez yo siento que gané control sobre lo que el otro estaba diciendo, entonces estoy dispuesto a parar. Y eso es como aquí está ocurriendo. Esa palabra nos da esa idea y nos da entonces un mejor sabor de este grupo que está delante de Jesús y lo que ellos están tratando de hacer.

Esta fue nuestra primera palabra: discutir. La segunda palabra es señal, porque es la razón de la discusión. Ellos querían una señal del cielo. De manera interesante, ellos no le piden un milagro. La palabra para milagro es dynamis; esa no es la palabra que está ahí. Ellos quieren un semeion, una señal. Y le dicen incluso qué clase de señal: "No es dándonos una señal cualquiera, la que tú elijas; no, danos una señal del cielo."

Quizás ellos estaban esperando, pidiendo una señal como la de Elías que hizo caer fuego del cielo. O quizás querían, quizás habían oído que el cielo se abrió cuando Jesús estaba en el Jordán y descendió la paloma y el Padre habló. Quizás le estaban pidiendo algo como eso, algo que validara que Dios Padre, Jehová, realmente estaba sobre él. Y eso es lo que le estaban pidiendo: una señal del cielo.

Pero nosotros tenemos que recordar que Dios no diseñó las señales ni los milagros para producir fe. En ningún momento la Palabra de Dios claramente nos dice que la fe viene por el oír, y el oír por la Palabra de Dios. Yo tengo que recordar eso. Los milagros tenían otra función: podían afirmar el mensaje, podían afirmar el mensajero, comprobarlo, pero nunca han tenido la capacidad ni la tendrán de crear fe, porque ese no es su diseño y ellos no tienen ese poder otorgado por Dios.

Pero eso es lo que ellos quieren. Y tú sigues leyendo y llegas a las cartas del Nuevo Testamento, y en 1 Corintios 1:22 tú encuentras que Pablo dice: "Los judíos piden señales." Y los griegos, que se parecen mentalmente al occidental que nosotros tenemos, quieren sabiduría. Eso es el intelectual, el profesor universitario que quiere sabiduría, que le presentemos la cosa con mucha sabiduría. Y los judíos dicen: "No nos basta, las señales." Y Pablo dice: "Yo no vengo a predicar ni sabiduría ni señales; yo vine a predicar a Cristo, y a este crucificado." Eso es un hombre que entiende el poder del satisfacción, el poder de Dios representado en la cruz.

Primera palabra: discutían. Segunda palabra: señal. La tercera palabra es prueba. Ellos querían una prueba. Y una vez más esta palabra nos ayuda, porque esta no es una prueba de alguien. El original nos ayuda a ver eso: alguien que viene con cierta duda y dice "yo realmente quisiera estar seguro, pero de manera genuina, que esto es así o esto es asado." La palabra que aparece ahí como prueba es una palabra que a veces ha sido traducida como tentación. Es un examen, un test, una prueba que se convierte en una piedra de tropiezo. De manera que lo que ellos le han traído a Jesús es algo que le pueda servir de tropiezo. Ellos quieren una señal del cielo para ponerle a prueba, para que tropiece, para encontrar falta con la señal, para poder decir: "¡Ahí está lo que siempre habíamos sospechado!"

Y es increíble, porque nosotros estamos viendo una ceguera espiritual en medio de milagros. Un milagro tras otro, y ahora el último es la multiplicación de los panes donde cuatro mil personas comieron, y sin embargo esta gente está con una ceguera espiritual tremenda. Pero la gente ha preferido y sigue prefiriendo hoy los milagros, porque los milagros nos asombran, y es verdad, pero no nos convierten. Y entonces nos vamos "¡wow!" para la condenación. Yo no quiero entrar al infierno, condenado. No, yo quiero entrar al reino de los cielos bendecido.

Entonces los milagros tienen ese color de circo, de entretenimiento. Apelan a las emociones, pero no a la razón, no a la mente. Y resulta que de cierto tiempo para acá, sobre todo en cierto círculo, todo lo que suene a mente se piensa que no es del Espíritu.

Lo que es espiritual es que yo venga al púlpito sin ninguna preparación porque el Espíritu va a dar las palabras cuando yo tenga que hablar. Sí, esa promesa es para cuando me hayan a meter preso por persecución, por predicar el evangelio, no cuando yo me pare al púlpito irresponsablemente sin prepararme. Pero eso es lo que pensamos que es espiritual. Y todo lo que es emocionalismo: "Esto es el mover del Espíritu", y mientras más nos movemos, saltamos y brincamos, más se mueve el Espíritu. Hay una aversión a lo que es la palabra "mente", pero se me olvida que la Palabra de Dios nos manda a ser transformados por medio de la renovación de vuestras emociones. No, de vuestra mente. Yo tengo que amar a Dios con todo mi corazón, con toda mi alma y toda mi mente. ¿De dónde ha surgido la aversión a lo que es racional? Si usted sabe que huele a azufre, ya usted tiene una idea de dónde ha venido.

Y nos han, entonces, embaucado la mente. Según 2 Corintios 4:4, el incrédulo tiene el entendimiento entenebrecido. Eso es lo que Satanás hace. En el caso del incrédulo tiene el entendimiento entenebrecido; en el caso del creyente lo convence de que no use su mente, que para fines de lugar, lo mismo que también tiene el entendimiento entenebrecido. Y eso es lo que los milagros hacen.

Lamentablemente nosotros vemos incredulidad, no solamente en el pueblo, no solamente en los fariseos; vimos incredulidad en los discípulos. Y frecuentemente, hermanos, si somos honestos, nosotros estamos llenos de incredulidad. Vemos incredulidad en el otro, pero nosotros no vemos nuestra propia ceguera espiritual. Cada temor que yo experimento es una evidencia de ceguera espiritual o de incredulidad hacia el control soberano providencial de mi Dios. "Pastor, entonces usted no se atemoriza". Yo he tenido temor y quizá lo voy a tener mañana, otra evidencia en ese momento de que yo perdí el foco momentáneamente, o más prolongadamente si así me ocurriera. Cada inseguridad que yo experimento es exactamente lo mismo. Cada duda, cada incertidumbre, cada preocupación.

Cristo lo dijo claramente en el Sermón del Monte: ¿Por qué os preocupáis? ¿Cómo se pudiera añadir un codo a vuestras vidas? Nos hemos preocupado por la salud. ¿Por qué os preocupáis por lo que habéis de comer? ¿Por lo que habéis de vestir? ¿Y cómo van a estudiar mis hijos? ¿Por qué os preocupáis? Todo eso es incredulidad.

Nosotros vemos los milagros o leemos los milagros del Nuevo Testamento, vemos al pueblo judío en su incredulidad, vemos la incredulidad en los apóstoles, decimos: "¿Pero cómo es posible? ¿Y cómo puede ser que sean tan tarados?" Pero nosotros no vemos nuestras dudas, nosotros no vemos nuestras inseguridades, nosotros no vemos los cuestionamientos y señalamientos. Entonces, como no lo vemos, en medio de esas inseguridades creemos una señal, creemos un milagro. El problema es que los milagros entran por los ojos. Y mis ojos nunca han sido la evidencia del obrar de Dios. Eva vio la fruta y la codició. Acán vio el lingote de oro durante la conquista y lo codició; entró por sus ojos. Los egipcios vieron los milagros de los magos de Egipto con sus ojos y lo creyeron. Los ojos no son la evidencia de que algo es genuino o es de Dios, aun si yo lo veo.

La mejor prueba de eso es lo que Dios nos dice en Deuteronomio 13. Me muevo para atrás un poco. En Deuteronomio 18 Dios nos habla de que si un profeta profetiza algo, dice algo y no se cumple, este es un falso profeta. ¿Cierto? ¿Ustedes conocen ese texto? Ok. Hoy en día estamos llenos de profetas que viven haciendo profecías que nunca se cumplen y ninguno ha sido apedreado. Esa era la evidencia de la ley. Bueno, no estamos en ese tiempo, estamos de acuerdo. Pero eso no es lo único que la Palabra de Dios dice. ¿Y qué más la Palabra de Dios es?

Deuteronomio 13: si un profeta profetiza algo y se cumple, "ah, pues ya es de Dios". No, porque Dios ha dado más de un criterio. Si él profetiza algo y no se cumple, o se cumple, pero lo que él ha hecho lo ha hecho de una manera no bíblica, es un falso profeta y lo apedreas también. En otras palabras, el profeta no puede contradecir mi Palabra, aun si lo ves profetizar adecuadamente, correctamente. Dios admite y declara: es posible hacer eso. Pero como mis ojos no son la evidencia de su obra, sino su Palabra, ese es mi espejo y esos son mis lentes para yo evaluar lo que Dios revela.

Las señales tienen otro problema. Cuando la queremos y la pedimos, estamos poniendo la señal por encima de lo que ya es suficiente. Eso es lo que le estaban haciendo a Jesús. Ponen la señal, ponen el milagro por encima de lo que Jesús ha hecho. Ponen el milagro por encima de la Palabra de Dios, después que Dios ha dicho que ha engrandecido su Palabra y su nombre por encima de todo. Ahora las señales quieren ponerse por encima de la Palabra, porque esto no me ha sido suficiente. Y en tercer lugar, me ponen a mí por encima del Señor Jesús, porque yo le voy a decir: "Bueno, dame una señal, y después que tú lo hagas, yo voy a evaluar si la señal tiene credibilidad suficiente para creer en ti". Eso es en esencia lo que los fariseos estaban diciendo.

"Señor, yo quiero saber si tú todavía estás conmigo, dame una señal". Entonces, cuando la señal venga, yo el juez voy a determinar: "No, yo creo que Él debe hacer otra cosa, pues yo no estoy seguro". Eso ha sido colocado por encima de "nunca te dejaré ni te desampararé". Ya algo ha dicho, no tiene que recordarlo. Ahora tú tienes una mejor idea.

Porque es que el texto dice: "Jesús, suspirando profundamente". ¿Usted ha estado en alguna ocasión hablando con alguien, discutiendo con alguien, argumentando, debatiendo con alguien, que usted llega a un momento de tanta frustración que usted hace así? ¿No le ha pasado? "Eso es el pastor, nada más que le ha pasado eso". Parece que ustedes están bien. Esa es una palabra rara en el original. Aparece una sola vez en la Biblia y aparece 30 veces en toda la literatura griega de todos los tiempos. O sea que no es una palabra común y corriente. Es una palabra que expresa frustración de alguien que lo han llevado hasta el límite.

De tal forma que Jesús viene predicando, viene enseñando, viene aludiendo al Antiguo Testamento, viene mostrando las señales sobre Él, viene enseñando aquellas cosas que apuntaban hacia Él, hacía milagros que debían apuntar hacia Él. Y ahora los fariseos lo confrontan en Marcos 2:16, en Marcos 2:24, en Marcos 3:6, en Marcos 6, en Marcos 8, y Jesús lo han empujado al límite y ahora Él está frustrado. Frustrar a Dios no es fácil. Y en esa frustración: "¿Por qué pide una señal esta generación?" Eso es lo que está aquí.

Escucha lo que el texto paralelo de Mateo dice. Mateo revela un poquito más de este encuentro. Y nosotros entonces leemos en Mateo lo siguiente: "Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una señal de parte tuya. Pero respondiendo Él les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta. Porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra".

Yo creo que lo que Marcos relata como "suspirando profundamente", Mateo dice: "No, no, no, pero espera, te voy a decir qué más Él dijo en medio del suspiro: generación perversa y adúltera". ¿Tú te imaginas cómo chocaron esas palabras con los fariseos? Esa fue la forma diplomática para no decirles "fariseos perversos y adúlteros". Pero Él incluyó toda la generación porque Él estaba consciente que esto no era un problema de fariseos; esto era un problema de la generación incrédula delante de la cual Él estaba. Y dice: "¿Sabes qué? No habrá una sola señal más". Hubo otros milagros, pero ¿señales directamente dirigidas a convencerlos? No. La única señal que se le va a dar es la señal del profeta Jonás, que estuvo en el vientre del pez tres días y tres noches, aludiendo entonces a la muerte de Cristo en el corazón de la tierra. Verdad que Él iba a estar ahí muerto, por lo menos corporalmente, iba a resucitar al tercer día, el domingo de resurrección. Y básicamente Jesús dice: es la única señal que ellos deben esperar, mi resurrección.

Como lo empujaron al límite, como lo frustraron hasta el límite, el texto que nosotros leímos en el versículo 13 dice: "Y dejándolos, se embarcó otra vez y se fue al otro lado". De nuevo, esa palabra "dejándolos" quiero que la última palabra clave que yo quería analizar y que había mencionado, es vital para yo entender. Eso no es una palabra cualquiera; implica una especie de abandono. Jesús abandonó a los fariseos en ese momento, y es por eso que está diciendo: no se les va a dar ninguna señal, yo terminé con ustedes. Los abandona, continúa su ministerio. Es como quien dice: no vale la pena seguir ni siquiera discutiendo, debatiendo, tratando de convencerlos. Terminó lo que sería convencimiento.

Tú puedes ver entonces ceguera espiritual en medio de milagros. Pero otras veces, hermanos, nosotros tenemos evidencias de gracia en mí, en mi familia, en hermanos, en mi iglesia, y cuestionamos si Dios está con nosotros o no. O atribuimos incluso lo que Dios está haciendo a la obra de la carne. No porque el Señor esté en pecado, se lo atribuía a Satanás, cuando son evidencias de gracia. Lo cual habla también de que tengo una ceguera espiritual que no me está permitiendo ver bien lo que debo ver.

Para poder seguir el flujo lógico de los eventos, entonces Jesús termina esa confrontación con los fariseos, se embarca otra vez, y es en la barca ahora que Él tiene esa conversación que ya yo expuse la semana pasada, donde ellos se embarcaron con un pan solamente y comenzaron a discutir porque hacía falta pan. Jesús no puede creer que después de haber alimentado a cuatro mil personas, ellos tengan problema con qué es lo que Jesús va a hacer con doce.

Y Jesús le hace nueve preguntas. ¿Se acuerdan? Se las voy a repetir rápidamente: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido? ¿Teniendo ojos no veis y teniendo oídos no oís? ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil, cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Ellos le dijeron: doce. ¿Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Ellos dijeron: siete. Y les dijo: ¿Aún no entendéis? Son tan ciegos como los fariseos. Ceguera espiritual en medio de milagros, ese es el título de mi sermón. Ceguera espiritual en el pueblo, en los fariseos y también en los discípulos.

En el no creyente nosotros sabemos del origen de la ceguera espiritual. La Palabra de Dios claramente lo declara. Segunda de Corintios 4:4 habla de que el hombre incrédulo tiene el entendimiento entenebrecido y que el dios de este mundo le ha causado esa ceguera para que no vean el resplandor de la gloria del evangelio de Cristo. Eso lo tengo claramente definido, y para ello nos dice Primera de Corintios capítulo uno que el hombre que no es espiritual, el incrédulo, no puede entender las cosas de Dios, no las puede discernir porque se disciernen con el Espíritu, y como él no tiene el Espíritu no las puede entender. Él entiende racionalmente la explicación de lo que yo estoy diciendo; él no entiende la implicación o implicaciones de no abrazar lo que se está diciendo. Eso es a lo que Pablo se está refiriendo. Entonces eso es como que más fácil de ver.

Pero resulta que hay una ceguera espiritual parcial, en grado si pudiéramos hablar, en el creyente, y que yo creo que vale la pena que nosotros podamos visitar porque eso es lo que está ocurriendo con los discípulos. Ellos no están completamente ciegos, pero sí tienen una ceguera espiritual parcial que tiene su manifestación y que es confrontada en diferentes momentos. Entonces tenemos que preguntarnos: creyentes como los discípulos, como nosotros, ¿qué causa ceguera espiritual? Porque eso me puede dar a mí una idea de qué tan ciego o cuánto yo estoy pudiendo ver.

En primer lugar, el discernimiento espiritual necesario para poder ver es algo que es ejercitado por el consumo de la Palabra. Hebreos 5 claramente concluye eso cuando llega a los versículos 9, 10 y 11. Es exactamente eso: la carne, el alimento sólido que es consumido, es para aquellos que tienen los sentidos ejercitados para discernir entre el bien y el mal. De tal forma que el ayuno de la Palabra va a entorpecer mi discernimiento y por tanto va a producir un cierto grado de ceguera espiritual.

En segundo lugar, falsas expectativas en nosotros también producen ceguera espiritual, como ocurrió en el caso de los discípulos. Que dicho sea de paso, los discípulos no tenían como nosotros sí tenemos todo el Nuevo Testamento revelado y escrito, y por tanto en ese sentido, desde el punto de vista de la Palabra, pudieran tener más razón para haber estado medio ciegos porque faltaba todo el Nuevo Testamento por escribirse. Pero ahora yo lo tengo y tú también.

Falsas expectativas. Ellos tuvieron falsas expectativas acerca de qué reino Cristo iba a instaurar, y cuándo lo iba a instaurar, y cómo lo iba a instaurar. Y por eso continuamente, cuando Él hablaba de un reino, de su reino de otro mundo, ellos no lo podían entender. Aun después de la resurrección, antes de Cristo ascender, la última pregunta fue: Señor, ya tú vas a ascender, ok, pero una pregunta antes de que te vayas, ¿tú vas a restaurar las cosas ahora? Y Él dice que eso no les corresponde a ustedes ahora. O sea, post crucifixión y resurrección todavía ellos tenían expectativas falsas. De esa misma manera nosotros a veces tenemos expectativas falsas de cómo Dios va a obrar en mi vida, o en mi matrimonio, en mi familia, o en mi iglesia. Y cuando Dios comienza a obrar de otra manera yo no lo puedo ver, porque eso es lo que yo estoy esperando. Entonces cuando no llega así, yo tengo desilusión, y eso causa cierta ceguera espiritual.

Nuestro orgullo causa ceguera espiritual definitivamente, porque si Dios se opone al orgulloso, pues su grado de iluminación que Él puede concederme no está, porque nuestro orgullo frecuentemente racionaliza nuestros pensamientos y los hace coincidir con mi estado de justificación con relación a eso. Entonces ahora yo me siento justificado y eso no me permite ver quizá lo demás que Dios está tratando de comunicarme, o la convicción de pecado que está tratando de traer.

La llenura del Espíritu. La llenura del Espíritu es vital para yo tener menos grado de ceguera espiritual, porque el Espíritu es el que da la iluminación de la Palabra, la iluminación de lo que Dios ha inspirado. A mayor llenura, pues mejor iluminación; a menor llenura, menor la iluminación. Y la llenura del Espíritu es algo que Dios da conforme a como nosotros nos vamos rindiendo a su voluntad, a su plan, a su Palabra. Y eso nos da una idea entonces de por qué a veces como creyentes nuestro grado de ceguera espiritual ha persistido de manera significativa.

Y finalmente, algo que está en todos nosotros: el pecado que permanece en nosotros y que nos imposibilita ver cómo las cosas son. No importa quién sea, y eso incluye al predicador. Nosotros no vemos nada de lo que vemos como es exactamente, de esa manera, porque yo lo estoy viendo a través de mi humanidad, de mis colores, de mi trasfondo, de mis limitaciones, de mi entendimiento doctrinal, de cada cosa que yo entiendo en la vida. Y de hecho la Palabra de Dios es tan clara que nos deja ver, y lo voy a citar en un momento, cómo nosotros ahora vemos como en un espejo parcialmente, pero llegará el momento en que nosotros podremos ver completamente. El pecado remanente en mí nubla porciones de mi entendimiento. En la medida en que ese pecado crece de vez en cuando, entonces nubla porciones más grandes de mi entendimiento. Y en la medida en que el pecado se debilita, pues en esa misma medida el entendimiento resulta mejorado.

Ahora tenemos una idea que nos puede explicar hasta cierto punto por qué los discípulos mismos tuvieron dificultad en comprender parte de lo que Jesús estaba haciendo, y por qué nosotros también tenemos dificultad en ocasiones de ver lo que Dios está haciendo alrededor nuestro. En la barca discutiendo que cómo iban a comer pan si solamente trajeron uno, y las preguntas de Jesús.

Inmediatamente después entonces de este texto, que es el que concluye el capítulo 8 de Marcos: "Llegaron a Betsaida, y le trajeron un ciego, y le rogaron que lo tocara. Tomando de la mano al ciego, lo sacó fuera de la aldea, y después de escupir en sus ojos y de poner las manos sobre él, le preguntó: ¿Ves algo? Y levantando la vista, dijo: Veo a los hombres, pero los veo como árboles que caminan. Entonces Jesús puso otra vez las manos sobre sus ojos, y él miró fijamente y fue restaurado, y lo veía todo con claridad. Y lo envió a su casa diciendo: Ni aun en la aldea entres."

Interesante que de la ceguera espiritual de ese grupo de individuos, de fariseos y aun de sus propios discípulos, ahora pasamos a una ilustración de ceguera corporal. Y de un milagro que es el único de todos. Creo que hay siete ciegos sanados en los Evangelios, pero por otro lado es el único milagro que Jesús realiza en etapas. Es uno de los dos milagros que ni Mateo ni Lucas describen; el otro fue el del sordomudo que Cristo sanó en Sidón.

Pero este es hecho en un ciego que no viene por sus propios pies, sino que se lo trajeron. Sus amigos lo trajeron. Quizás el ciego no podía llegar porque estaba ciego, pero quizás el ciego no había visto nunca los milagros de Jesús y no podía creer. Pero si esa es la condición, por lo menos tenía buenos amigos que sí creían. Y a veces tener buenos amigos hace la diferencia. En el caso del paralítico que lo bajaron por un techo, los amigos hicieron la diferencia. En el caso de este ciego, los amigos hicieron la diferencia. Se lo trajeron a Jesús y le rogaban que lo tocara. De manera que no le dijeron: Jesús, tócalo. Le estaban rogando. Hay un cierto sentido de urgencia, de insistencia, de persistencia, de que lo tocara.

Jesús supo sanar gente sin tocarlos, supo sanar gente sin ir a verlos incluso, pero en aquella época había muchas supersticiones y creencias acerca de lo que el toque podía hacer. Recordemos la mujer que tenía doce años sangrando y cómo ella dice: Si yo tan solo toco el manto, la punta de su manto, yo creo que sanaría. Y así mismo ocurrió. En este caso le están rogando a Jesús que toque a este hombre.

Es increíble porque este hombre, aparentemente por lo que leemos, es de día. El cielo tiene luz a su alrededor, pero no puede ver nada. Él tiene a la fuente primaria de luz frente a él, a Jesús, pero tampoco lo puede ver. Y la razón para la que no lo puede ver, teniendo luz a su alrededor y teniendo la fuente primaria de luz de todo el universo frente a él, es porque sus ojos estaban muertos. Y si sus ojos no nacen de nuevo, él jamás podría ver la luz. Y eso es como ocurre con el incrédulo. Él tiene la luz, la Palabra, lámpara es a mis pies, tiene la luz de frente, pero no la puede ver. Porque a menos que él nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Y ahí está este hombre esperando un toque. Lo que no esperaba, ni creo que sus amigos esperaban, es que pidiéndole un toque, Jesús fuera y le escupiera en los ojos. ¿Te imaginas eso? Imagino la sorpresa de todos. Yo estaría sorprendido. El otro milagro similar es el del sordomudo, que Jesús tomó su propia saliva y le tocó la lengua, y luego le libera la lengua para que pueda hablar. Esos dos milagros no son relatados ni por Lucas ni por Mateo.

Y después que Jesús lo toca, después que le escupe, le dice: ¿Puedes ver algo? Nosotros no creemos, obviamente, que Jesús tenía dificultad en sanarlo en una sola etapa, porque Él hace todos los demás milagros en una sola etapa.

Nosotros no creemos que aquel que creó el universo tenga dificultad en hacerlo en una sola etapa. La pregunta es: ¿por qué lo hizo en dos etapas? Y la respuesta obvia es: no sabemos. Pero como médico yo voy a especular, especulaciones. Si tú tomas un paciente ciego y le devuelves la vista, completamente ciego, le devuelves la vista instantáneamente, el dolor que experimenta al recibir la luz es terrible. No sé, por ahí yo vi una película en una ocasión, "Amor a primera vista", donde el protagonista de la película recibe la vista de esa manera y él es vendado, bueno, a través de cirugía. Él es vendado por varios días y cuando le quitaron las vendas, basado en una historia real, el dolor que experimentó fue terrible. Y yo no sé, es una especulación médica, si parte de realizar este milagro y devolverle la luz paulatinamente tenía algo que ver con eso. Pero médicamente, quizás es una especulación, quizás un milagro menos doloroso.

El punto es que él recibe la vista. Es una excelente ilustración después de haber visto lo que es la ceguera espiritual y la anterior de la que veníamos hablando, porque eso es exactamente lo que tiene que ocurrir en alguien que no ha nacido de nuevo, alguien que no ha recibido el Espíritu Santo, alguien que no ha recibido al Señor. Y a la vez es una excelente ilustración de cómo nuestra ceguera espiritual se va disipando poco a poco. Este hombre ganó cierta visión, veía a los hombres como árboles, pero ya veía algo. Y de esa misma manera nosotros vemos cosas como turbias a veces, medio nubladas, y en la medida en que caminamos con Dios y en la medida que estudiamos la Palabra, las cosas se nos van aclarando. Pero todavía al final del camino hay una cierta tiniebla alrededor de algunas cosas reveladas en Su Palabra.

Y el apóstol Pablo nos dice en 1 Corintios 13:9-12: "Porque en parte conocemos y en parte profetizamos, pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño y razonaba como niño, pero cuando llegué a ser hombre, dejé las cosas de niño. Porque ahora vemos por un espejo veladamente, pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente como he sido conocido."

Nuestra humanidad limita nuestro entendimiento, limita nuestra habilidad para ver las cosas, y las vemos parcialmente. Y de esa forma entonces, en la medida que vemos más o vemos menos, pues creemos más o creemos menos, y confiamos más o confiamos menos en Dios.

Yo tuve alguien en consejería esta semana y me decía a través de llantos reales, se pasó: "Yo quiero saber por qué yo cuestiono tanto a Dios. Me asaltan dudas." Y lloraba, y yo creía mucho en sus lágrimas. Me decía: "Yo, por ejemplo, veo los niños pasando hambre y niños violados. Yo no puedo entender por qué Dios no arregla eso y por qué lo permite." Lo decía con dolor y yo podía ver incluso hasta cierto punto su frustración. Yo quería ayudarla espiritualmente y a la vez yo quería que pudiera entender lo que yo creía que podía estar pasando a nivel de nuestra humanidad.

Yo le dije: "Quiero decirte algo, pero yo quiero hacerte una pregunta primero. Del uno al diez, ¿cuán controladora tú eres?" Entonces ella me decía: "No, yo soy muy controladora." Y yo le decía: "¿Sabes por qué te hago la pregunta antes de contestar? Es porque a mayor nuestro nivel y deseo de control, mayores son nuestras frustraciones, y mucho menos es nuestra habilidad de simplemente dejar eso en las manos de Dios y que Dios resuelva." Pero para yo poder estar tranquilo en mi humanidad, yo lo hago a través de cuestionamiento de Dios, o de lo que Él hace, o de lo que no hace. "No entiendo, ¿qué no puede ser? ¿Por qué, Dios?" En vez de poder decir: "¿Sabes qué? Yo he aceptado que yo no lo entiendo y yo voy a descansar en eso, que Él sabe lo que hace y eso tiene su explicación, y yo no la acabo de entender", y poder confiar en Dios. Esos son partes de nuestra ceguera espiritual. La traigo de otro contexto porque fue algo que pude vivir esta semana.

Cuando Jesús termina de devolverle la vista al ciego, Él hace algo que no es nuevo pero sigue siendo extraño. El ciego era de Betsaida, porque ahí es que Él desembarca, desembarca en Betsaida, lo toma de la mano y solo lo lleva, lo apartó de la comunidad y hace el milagro a solas. Y luego, estando a solas, le dice: "Vete para tu casa y no te vuelvas a la aldea." En otras palabras: "No quiero que des testimonio a esa aldea de lo que yo hice en ti."

Y tenemos que preguntarnos por qué Jesús sana a una persona en secreto, lo sacó de Betsaida a un lugar no sabemos dónde, y hace su milagro a escondidas y lo afirma a escondidas, por así decirlo, cuando le dice: "No te vayas para la aldea, vete para tu casa."

Yo te voy a leer el texto de Mateo 11:20 en adelante, porque yo creo que esa es la explicación de por qué Jesús le dice: "No regreses a Betsaida, a la aldea." Escuchen, Mateo 11:20-24: "Entonces comenzó a increpar a las ciudades en las que había hecho la mayoría de sus milagros, porque no se habían arrepentido." Estaba increpándolas porque no se habían arrepentido en aquellas ciudades donde Cristo había hecho la mayoría de sus milagros. "¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros que se hicieron en vosotras se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido en cilicio y ceniza. Por eso os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Capernaúm, ¿acaso serás elevada hasta los cielos? ¡Hasta el Hades descenderás! Porque si los milagros que se hicieron en ti se hubieran hecho en Sodoma, esta hubiera permanecido hasta hoy. Sin embargo, os digo que en el día del juicio será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma que para ti."

Las ciudades donde Cristo hizo sus mayores milagros: Corazín, Betsaida, Capernaúm. Y Cristo les dice: "Si con el grado de revelación que ustedes tuvieron, si ese mismo grado se hubiese dado en Tiro y en Sidón y en Sodoma, pues ellas mismas se hubiesen arrepentido." Y estas ciudades estaban sin arrepentimiento. No sé cuánto recuerdan, pero Tiro, Sidón y Decápolis son las tres ciudades donde Cristo acababa de transcurrir antes del milagro de la multiplicación de los panes. En Tiro Él se encuentra con la mujer sirofenicia. En Sidón Él se encuentra con el sordomudo, ahí es que Él sana poniéndole saliva en su lengua. Capernaúm es el área de su headquarters, su lugar de trabajo, centro de operaciones. De Betsaida eran Andrés, perdón, Felipe, sí, Andrés y Pedro, los tres. Pedro, Andrés y Felipe eran los tres de Betsaida. Y ahí es que hizo la mayoría de sus mayores milagros. "¡Ay de ti, Betsaida! ¡Ay de ti, Corazín! Si los milagros que se hicieron en vosotras se hubieran hecho en Tiro y Sidón, hace tiempo que se hubieran arrepentido." Ahora hay un ciego que ha recobrado la vista y Cristo le dice: "No regreses a la aldea, vete a tu casa."

Cristo está cerrando su ministerio, por así decirlo. Nosotros estamos llegando a una parte del Evangelio de Marcos donde Marcos se va a ir directamente a la última semana de Jesús. Marcos viene avanzando rápido, rápido, rápido, rápido, y de repente ya cuando llega al capítulo 9 y 10, él como que se detiene y se pasa el resto de su Evangelio en la última semana, a paso de hormiga. Y esto es lo que nosotros estamos viendo aquí. Ya Él abandonó a los fariseos, a Betsaida no quiere ni siquiera que le den testimonio.

Y es una advertencia seria para nosotros hoy en día. Porque si bien es cierto, cuando Cristo estaba haciendo milagros, milagros, milagros, milagros, que los milagros, aunque eso ocurre todavía, pero de la manera así abundante que lo estaba ocurriendo... Si en el día de hoy hay sermones, sermones, sermones, sermones, sermones, sermones de revelación, de Palabra, exposición de Palabra, y muchas veces no respondemos.

Este último milagro es una excelente ilustración también, porque este ciego no podía caminar solo. Jesús lo toma de la mano y Él lo lleva fuera de la ciudad. El ciego no sabe lo que Él iba a hacer con él. El ciego no sabe cuándo le cae la saliva en los ojos o qué es lo que Él está planificando, pero él está ahí tranquilo, confiando, digo yo, porque ¿qué más podía hacer? Y de esa misma manera, nuestro caminar con Cristo debe ser igual. Cuando Él nos toma de la mano, yo tengo que dejarme guiar, aunque yo no sepa para dónde voy, aunque yo no sepa para dónde me lleva. Yo tengo que confiar, y en el camino Él me revelará lo que estaba por decirme o lo que quería hacer.

Y el tiempo se ha ido, yo tengo que cerrar. Déjame cerrar con una ilustración, pensando en este ciego tomado de la mano en este pasaje que leímos. El 25 de diciembre del año 1939, posible que yo haya usado esto en otra ocasión pero no lo recuerdo, en medio de la Segunda Guerra Mundial, el Rey George VI, Jorge VI, se viste con su uniforme de almirante de la armada. Y él estaba supuesto a dar un mensaje, un discurso que pudiera ser histórico para Inglaterra en medio de una crisis tan grande, que pudiera ser esperanzador para Inglaterra. Él se sentó frente a dos micrófonos, se sentó en una mesa, y no sabiendo mucho qué decir, lo único que él hace es citar un poema de alguien de nombre Minnie Haskins, "The Gate of the Year", o "La entrada del año."

Traducido al español, más o menos esto es lo que dice: "Le dije al hombre que estaba en la puerta del año, o a la entrada del año: 'Dame una luz para que pueda caminar con seguridad hacia lo desconocido', en medio de la guerra. Y él respondió: 'Sal a la oscuridad y pon tu mano en la mano de Dios. Eso será mejor que la luz y más seguro que lo conocido.'"

De esa misma manera, quiero invitarte, tanto al creyente como al que no ha creído. Quizás Dios te ha hablado en esta mañana y tienes que poner tu mano en la mano de Dios. No puedes seguir confiando en lo que piensas, lo que entiendes, lo que crees. En la medida en que tú avanzas en la vida, la vida es completamente desconocida para ti.

El rey Jorge VI, cuando pronunció esas palabras, él no sabía que le estaban meses de morir en un cáncer del pulmón que él desconocía. Y de esa misma manera, yo puedo estar a segundos de morir, minutos de morir, días, meses. Pero el tiempo que me quede por delante es completamente desconocido y necesito poner mi mano en la mano de Dios, y me será mucho mejor que la luz, y más seguro que lo que yo pensé.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.