Integridad y Sabiduria
Sermones

Celebrando el evangelio

Miguel Núñez 5 junio, 2016

Los cristianos tienen mayores razones para celebrar que cualquier otro grupo en el mundo. Mientras otros pueden tener seguridad material, salud física o abundancia terrenal, solo los hijos de Dios poseen la garantía de que sus peores momentos cooperarán para bien y que sus pérdidas aparentes serán traducidas en ganancias eternas. Esta realidad debería producir una vida de gozo genuino, un gozo que nace del trabajo del evangelio en el corazón.

La iglesia primitiva descrita en Hechos 2 encarna esta celebración. Aquellos primeros creyentes se dedicaban continuamente a la enseñanza de los apóstoles, desarrollando un hambre nueva por la Palabra que antes no existía en ellos. Esa exposición al evangelio los llevó a practicarlo: experimentaron verdadera comunión, comieron juntos con alegría y sencillez de corazón, y oraron en comunidad. La sencillez de corazón que los caracterizaba hablaba de vidas sin celos, sin envidias, sin resentimientos, como el corazón de un niño que puede celebrar con toda libertad.

El evangelio bien entendido produce generosidad abundante. Así como Zaqueo, después de encontrarse con Jesús, ofreció la mitad de sus bienes a los pobres, estos creyentes vendían sus propiedades y las compartían según la necesidad de cada uno. La generosidad no es más que el fruto de asignar a las cosas su justo valor: cuando valoramos lo terrenal como temporal y pasajero, nos resulta más fácil compartirlo. Por eso un cristiano agarrado es una contradicción que no puede reflejar el carácter dadivoso de su Señor. Celebrar el evangelio significa vivir unidos, de un solo corazón y alma, reflejando ante el mundo que verdaderamente somos hijos de Dios.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

A lo largo de los años, yo creo que Dios me ha permitido, y a algunos de ustedes por igual, viajar y conocer diferentes naciones y culturas. Y a la medida en que uno hace eso, uno descubre que esas naciones y culturas celebran de manera distinta aquellas cosas que ocurren en medio de ellos. Las culturas orientales, por ejemplo, China, Japón y muchas otras, tienden a ser mucho más estoicas. Y esas son sus formas por tradición. Sin embargo, la cultura latina tiende a ser mucho más celebrativa. Y de esa misma manera, entonces, cada cultura encuentra sus propias formas de celebrar, pero sin duda alguna hay culturas que parecen celebrar de una forma mucho más notable, mucho más alegre, pudiera parecernos a algunos, que otras. Y yo sé que algo de eso tiene que ver con temperamento, algo de eso tiene que ver con crianza, algo de eso tiene que ver con un legado cultural que viene de atrás.

Pero pensando en los diferentes grupos a lo largo del globo terráqueo, llegué a pensar, y yo creo que usted estaría de acuerdo conmigo si es cristiano, que el grupo que mayores razones tiene para verdaderamente celebrar a lo largo del año son los hijos de Dios. Algunos pudieran tener seguridad material, pero si carecen de seguridad eterna, dignos de lástima, por no usar la frase paulina, porque al final de la historia habrán entrado a una eternidad de condenación, confiando en una seguridad terrenal que no podía ir más allá del umbral de la eternidad. Otros quizás pudieran tener salud física, pero al morir sin una salud espiritual, entran de nuevo a un mundo desconocido para ellos y a una condenación que en ocasiones pudiera ser estando ellos completamente sanos hasta el momento de la muerte, como en un accidente, por ejemplo. Otros pudieran tener abundancia material y llegar hasta el día de su muerte con esa abundancia de las cosas terrenales, para entrar entonces en una dimensión donde van a descubrir inmediatamente cuán pobres verdaderamente eran.

Y por eso, entonces, ninguno de esos grupos tiene razón suficiente para verdaderamente celebrar en esta vida. Es el cristiano que tiene garantías absolutas de que sus peores momentos cooperarán para bien y que muchas de sus pérdidas aparentes serán traducidas en ganancias eternas. ¿Te imaginas que tus pérdidas Dios es capaz de convertirlas en ganancias eternas? Y es por eso que la vida cristiana, el Evangelio bien entendido, bien vivido, es una vida de gozo, es una vida de celebración, es una vida que debe tener alguna de las características que exhibimos el fin de semana pasado, cuando gente diferente en nacionalidades, algunas incluso de diferentes idiomas, con diferentes trasfondos culturales, con diferentes iglesias y denominaciones, se dieron cita en un solo lugar y como que pudimos disfrutar en parte de lo que sería el reino de los cielos, aun si fuera en una pequeña muestra de lo que eso es.

El gozo de ese cristiano debe ser el resultado del trabajo del Evangelio en esa vida. Debe ser resultado del trabajo del Evangelio en esa vida. Recuerdan que en la prédica anterior estuvimos conversando acerca de cómo vivir el Evangelio en tu vida diaria. En esta ocasión yo quiero traer algo similar, y es cómo nosotros celebramos el Evangelio, cómo la comunidad de creyentes puede reunirse y celebrar y honrar en la celebración el Evangelio que nos trajo la salvación.

Y para eso yo quisiera que viéramos, en primer lugar y mayormente, el texto de Hechos 2, a partir del versículo 42 hasta el 47, y al final yo quisiera reforzar esas ideas con una parte de Hechos 4, a partir del versículo 31. De este texto que yo estoy a punto de leer, hay una frase en particular que me llamó la atención y que me llevó a titular el mensaje de la manera como lo titulé. Escucha cómo la frase aparece en el versículo 46, en la segunda parte, y principio del 47: "Comían juntos con alegría", alguna versión dice "con gozo", "y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo." La alegría de corazón, la sencillez de corazón y la alegría con que ellos comían juntos hizo que yo titulara este mensaje: Celebrando el Evangelio.

Acá hay hermanos que están juntos, hay hermanos que están compartiendo, lo están haciendo con alegría, y junto con eso, junto con ese espíritu de gozo, ellos están alabando a Dios, que es una forma como nosotros los cristianos celebramos. Si tú consideras el texto, vas a descubrir no solamente una manera de celebración, sino que vas a descubrir también que hay un carácter que ha sido transformado por ese Evangelio. De manera que hay una celebración del Evangelio entre estos hermanos de la iglesia primitiva, y hay una transformación, por otro lado, de su carácter que les permite celebrar de esa manera. Hay una celebración y hay un carácter transformado que les permite celebrar de esa manera.

Y con esa introducción yo quiero que tú y yo podamos leer juntos, a partir del versículo 42, el capítulo 2 del libro de los Hechos, un texto sumamente conocido: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sobrevino temor a toda persona, y muchos prodigios y señales eran hechos por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partían el pan en los hogares. Comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos."

Lo primero que salta a la vista cuando comienzas a leer ese texto es que esta gente amaba la Palabra. Se dedicaron a la enseñanza de la Palabra. Pero Lucas, que es quien está relatando el texto y los acontecimientos, lo que está ocurriendo de manera particular, no solamente dice que se dedicaron, que eran devotos de la enseñanza de esta Palabra, sino que lo hacían continuamente. Los versos anteriores nos hablan de estos tres mil nuevos creyentes. Esos nuevos creyentes, al adquirir esa nueva naturaleza, desarrollaron en ellos, o Dios desarrolló en ellos, un hambre nueva por la Palabra. Algo muy distinto a aquellas cosas que ellos anhelaron, ansiaron, desearon en su condición anterior, en su condición caída, pero que ahora había comenzado a ser transformado.

Y eso es algo que nosotros debiéramos ver en aquellos que nacen de nuevo, y es que debe aparecer en cada uno de nosotros deseo por consumir algo que antes no era parte de la dieta de consumo. Y no solamente que debiera aparecer eso, sino que debiera aparecer de la manera como nosotros lo vemos aquí. Esta gente estaba dedicada a la enseñanza de los apóstoles de manera continua. Ellos querían escuchar lo que Dios había revelado, ellos querían conocer la mente, el corazón, la voluntad de Dios, y habiéndola conocido, querían someterse a dicha voluntad, traída a ellos por medio de la enseñanza de los apóstoles. Una y otra vez nosotros encontramos ese espíritu, por lo menos en esta iglesia incipiente.

Y si ese estudio de la Palabra va acompañado de cierto gozo, esa es una manera como nosotros celebramos el Evangelio. En otras palabras, cuando estudias la revelación de Dios no es simplemente una disciplina, como quien estudia física o matemática y se le hace algo que necesita hacer porque es su responsabilidad, sino que es, o debe ser, una experiencia con Dios a través de la revelación de su Palabra. La Palabra abre el entendimiento del hijo de Dios. Abre los ojos de aquel que ha nacido de nuevo. Al tener los ojos iluminados y abiertos, él descubre un Dios más grande. Ese Dios así acrecentado produce en nosotros un gozo que va creciendo de manera exponencial y nos permite entonces celebrar entre los hermanos. Eso es lo que aquí está ocurriendo.

Estos hermanos tenían una revelación mucho más acortada en el Antiguo Testamento de Dios, y ahora, de repente, ese Dios redentor que crucifica a su Hijo en la cruz comienza como a crecer en sus mentes, y eso produce un gozo que va en aumento y va reemplazando, más o menos como se da en la vida de cada uno de nosotros, el resentimiento, la amargura, las quejas, cosas que son frutos de la carne, pero no fruto del Espíritu. Esta gente escuchó la Palabra, se dispuso a crecer en el conocimiento de la Palabra y a aplicar la Palabra.

"Pastor, pero yo estoy ahora mismo en una condición donde yo no tengo mucho deseo de leer la Palabra." Posiblemente todos nosotros en algún momento nos hemos sentido de la misma manera. Pero recuerda una cosa: que en ocasiones nosotros también hemos tenido días donde no queremos comer. Y a veces, pues, brincamos, como decimos, saltamos una comida o dos, pero llega un momento en que todavía sin deseo de comer decimos: "Pero tengo que forzarme a comer porque yo sé que lo necesito." De esa misma manera, hay momentos en los que quizás no tengamos deseo de consumir la Palabra, pero necesitamos del dominio propio en reconocimiento de que yo también necesito comer Palabra, porque de lo contrario me pudiera enfermar, como se enferma el cuerpo, debilitar, y que por consiguiente yo necesito hacer ejercicio del dominio propio.

Ahora, hay cosas que continuamente nos roban el apetito por las cosas eternas. Y yo menciono esto porque yo no creo que estas dos cosas mencionadas en el texto están divorciadas: una vez, esta gente que está dispuesta a vender sus cosas terrenales para compartirlas con otros, y el gran apetito por la Palabra de Dios que ellos tuvieron. Y realmente esa relación se da de esa misma manera: en la medida en que nuestro apetito por las cosas de este lado de la gloria disminuye, en esa misma medida el apetito por la Palabra de Dios, que nos revela y nos habla de las cosas que nos esperan de aquel lado de la eternidad, va en aumento.

Una buena ilustración es el consumo de lo que los norteamericanos llaman "junk food", comida chatarra. En la medida en que usted come chatarra a media mañana y chatarra a media tarde, usted no tiene deseo de comer el alimento propicio al mediodía o en la noche. De esa misma manera, yo creo que tú puedes ver que ciertamente existe esa misma relación, una relación directa entre el consumo de chatarra y el apetito por lo bueno, y el consumo de aquello que es terrenal y temporal y el apetito por lo eterno y duradero.

El resto de lo que nosotros vemos en el estilo de vida de estos hermanos en el capítulo 2 y en el capítulo 4 no es más que el resultado de haberse dedicado continuamente a la enseñanza de los apóstoles. Es como la sombrilla, y esa dedicación a la enseñanza de esa palabra produjo en ellos algo que nosotros quisiéramos. La exposición al evangelio los llevó a ellos a practicar el evangelio; la exposición a la enseñanza de los apóstoles los llevó a practicar lo enseñado. Y cuando tú revisas la satisfaga de Dios, te percatas de que ellos enseñaron todo el consejo de Dios teniendo como centro la vida, la crucifixión y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. La exposición al evangelio los llevó a sumisión al mismo evangelio.

Y como resultado esto es lo que ocurre, escucha: se dedicaban a la enseñanza de los apóstoles, y ese es el resultado, y a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. La primera característica que nosotros notamos en este grupo de creyentes: hambre por la satisfaga y dedicación a la enseñanza de la misma palabra. La segunda característica es lo que es traducido aquí como "comunión", que en el lenguaje original es koinonía.

Para muchos, koinonía es un grupo de hermanos cristianos que se juntan para diversas razones. En el contexto del Nuevo Testamento y en el contexto del libro de los Hechos, la koinonía requiere juntarse, pero no equivale a juntarse. Es algo que va mucho más allá. Es algo que implica transformación del carácter de aquellos que tienen koinonía. En otras palabras, el individualismo viral de la sociedad no permite una verdadera koinonía entre los cristianos, a menos que el evangelio haya hecho un trabajo en la mente y el corazón de aquellos que han nacido de nuevo.

Si hay algo que llama la atención en el Antiguo Testamento del calendario que ellos tenían como calendario religioso, son las múltiples celebraciones que Dios prescribió para con su pueblo. Y aunque si bien es cierto estas celebraciones tenían que ver con la venida del Mesías, no es menos cierto que una vez el Mesías llega, la nueva comunidad encuentra nuevas razones para volver a celebrar y volver a tener la koinonía que ellos tuvieron en la revelación anterior. Reconociendo que la vida cristiana en aislamiento desdice del gozo del cristiano o del trabajo del evangelio de la iglesia cristiana, y reconociendo que el gozo del Señor es para ser vivido y para ser compartido.

Este texto nos recuerda en parte qué fue lo que yo sentí en el fin de semana anterior, cuando gente de diferentes culturas se dio cita en un mismo lugar y escuchó y se sometió a la enseñanza de aquellos que trajeron el mensaje, y cantó y alabó a Dios, y compartieron comidas incluso durante los tiempos de receso y demás. ¿Qué fue lo que yo sentí? Fue la koinonía del Espíritu de Dios en medio de nosotros. Y hoy yo quisiera, haciendo uso de este texto, animar a cada uno de ustedes a que puedan ver esa experiencia no simplemente como un evento, sino como algo que nosotros deberíamos continuar en el tiempo como evidencia de que el evangelio está siendo vivido en medio nuestro. Y se ha de celebrar, porque no es solamente vivirlo, tenemos que celebrarlo.

En ocasiones, a medida que nos santificamos, pudiéramos sentir que no tenemos como el deseo de tener koinonía con alguien que como que no está a la altura de mi santificación. Pero piensa por un momento: si eso hubiese sido el sentir y la actitud del Señor Jesús, ¿qué hubiese pasado? Cuando en realidad él tuvo todo el tiempo el deseo de reunirse con sus discípulos, y tiene todavía el deseo de reunirse con nosotros cuando entramos en gloria. De tal forma que eso tenemos que dejarlo a un lado y recordar que si tú eres mi hermano, yo necesito exhibir el evangelio justamente en la koinonía que tengo contigo, independientemente de dónde tú estés y yo esté.

Koinonía, dice un autor, habla de la coherencia de los miembros de una congregación, coherencia, y de la unidad armoniosa de los creyentes. Debe haber una disposición interna en el hermano y una entrega externa del mismo hermano, de tal forma que nosotros podamos convivir armónicamente como prueba o como evidencia de que Dios reina en medio nuestro. Nos sometemos a la enseñanza de los apóstoles, en este caso de la comunidad inicial, y esta enseñanza se traduce en primer lugar en una koinonía de estos hermanos que nosotros vemos aquí desplegada por Lucas en esta narración.

La tercera característica y forma como estos hermanos celebran el evangelio, escucha cómo está expuesta en el versículo 42: comían juntos con alegría y se dedicaban al partimiento del pan. Algunos entienden que estas eran comidas como algo corriente que estos hermanos estaban llevando a cabo al juntarse. Otros entienden que probablemente junto con esas comidas había también la celebración de la cena del Señor. Y nosotros sabemos, por lo menos de acuerdo a lo que ocurría en Corinto, que incluía ambas cosas, como leemos en el capítulo 11 de la primera carta de Pablo a los corintios. Pero se reunían y hacían estas comidas con alegría y partían el pan.

Por razones quizás no muy obvias a nosotros, una de las maneras como expresamos la koinonía y el amor por el hermano es justamente a la hora de comer. Cuando nosotros nos juntamos a comer, de alguna manera hay una expresión de intimidad, de honrar al otro, un deseo de honrar al otro; hay una alegría en el comer que tú puedes ver a lo largo del Nuevo Testamento. Más de una vez lo puedes ver incluso en el Antiguo Testamento. De hecho, una de las acusaciones que le hicieron a Jesús era que comía justamente con pecadores: "Maestro, con frecuencia nosotros te vemos comer, y como que tú estás teniendo un buen tiempo en medio de pecadores."

Tú recordarás cómo Jesús es ungido, sus pies son ungidos por una mujer pecadora. Lucas 7 relata ese evento. ¿Qué estaba haciendo Jesús cuando esta mujer le adoraba de esa manera? Comiendo. En Juan encuentras otra vez a otra mujer, de nombre María, la hermana de Lázaro, comiendo en un lugar en Betania donde Lázaro estaba presente, y súbitamente María viene y unge sus pies. Otra vez, ¿qué estaba Jesús haciendo en ese momento? Comiendo.

¿Tú sabes cómo Jesús se despide de sus discípulos para siempre? Aunque volvió a verlos después de la resurrección, pero su despedida tuvo lugar alrededor de una mesa y de una cena, otra vez, donde él revela a ellos grandes cosas alrededor de la mesa. Tú puedes ver en Lucas 24 que Jesús muere, resucita, y cuando resucita se les aparece a dos discípulos que van camino a Emaús y continúa con ellos, incluso continúa con ellos hasta que ellos se sentaron alrededor de la mesa y comenzaron a comer. Y cuando ellos parten el pan es cuando él se desvanece y desaparece de sus ojos. ¿Qué estaban haciendo ellos? Comiendo. Y en otra ocasión, Jesús decide aparecerse a los discípulos después de la resurrección en la playa. Los discípulos vienen de regreso, él está en la orilla esperando. Ellos no le reconocen, ¿y qué les estaba haciendo? Cocinándoles un pescado de boca chica.

De alguna manera, las comidas son momentos de intimidad que nos permiten construir relaciones, expresar amor, estrechar lazos. Estos discípulos celebraron el evangelio en medio de ellos comiendo juntos con alegría y sencillez. Algunas traducciones dicen "con gozo y sinceridad", y yo creo que cualquiera de esas dos palabras es bueno pensar por un momento. Porque sinceridad es necesario: yo puedo comer con alguien y realmente simplemente estar cumpliendo con un compromiso. Yo puedo comer con alguien de manera más o menos diplomática porque es lo que me toca hacer. Pero esta gente no; esta gente comió con alegría, lo cual implica que estaban comiendo con gente con la que ellos querían estar. Ellos lo hicieron sinceramente, de ahí la alegría.

O si piensas en la palabra sencillez, la sencillez de corazón es algo que cada uno de nosotros debiera procurar, o la sencillez de vida. Hay vidas complicadas y hay corazones complicados. La sencillez marcó a estos discípulos. El apóstol Pablo le escribe a Timoteo y le dice que ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de este mundo. ¿Por qué no, Pablo? A fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado. Ningún soldado de Cristo, verdaderamente enfocado, se enreda en los negocios de este mundo. Y uno de los momentos cuando tú encuentras o descubres que estaban enredados es cuando esa persona muere, porque muchas veces cuando se muere hay unos líos que desatar enormes, y otras veces no hay nada que deshacer. Eso habla muchas veces de la sencillez con la que se vivió.

Por otro lado, si tú piensas en la sencillez de corazón que permite el disfrute del gozo y la alegría que el evangelio produce al celebrarlo, entonces está hablando de un corazón probablemente sin celos, sin envidias, sin contiendas, sin comparaciones, sin orgullos, sin resentimiento; de un corazón no argumentativo, un corazón no divisivo, de un corazón que no especula de las motivaciones del otro. Es un corazón sencillo, es un corazón como el de un niño. Y es ese corazón que puede celebrar como celebra un niño con frecuencia: con todo gozo, con toda libertad, porque él tiene sencillez de corazón. Estos hermanos son descritos como comiendo juntos con alegría y sencillez de corazón. Yo no creo que esa descripción de ellos está ahí de más. Yo creo que está tratando de ayudarnos a entender algo, y quizás una relación entre la alegría experimentada y la sencillez de corazón.

Cuarta característica: se dedicaron a orar juntos, el versículo 42. La oración en comunidad tiene un efecto unificador. La oración es intimidad con Dios, y en la medida que tú experimentas intimidad con Dios, comienzas a experimentar, cuando estás orando en conjunto, intimidad con el hermano. Es difícil, nosotros pertenecemos a una misma familia con un mismo Dios. Es difícil ejemplificar eso si no nos juntamos a orar. Esto representa en parte una invitación a que los miércoles de oración tú puedas venir y juntarte con el pueblo de Dios a orar, porque es difícil convencer al otro de que pertenecemos a una misma familia con un mismo Dios, pero nunca nos juntamos a orarle al Dios al cual nosotros decimos pertenecer. Esta iglesia oraba juntos.

Porque cuando yo comienzo, eso es en parte como la oración, uno de los aspectos positivos de la oración, cuando yo comienzo a escuchar la necesidad del hermano y comienzo a interceder por esa necesidad expresada por ese hermano, yo comienzo a volverme por el hermano, yo comienzo a interesarme de la vida del hermano de buena manera, y yo comienzo a hablarle a mi Dios de la necesidad de mi hermano. Además, en las relaciones humanas cosas pasan. ¿Tú has tratado de orar en un grupo, en un grupo grande de una iglesia, con un hermano no reconciliado? ¿No te ha tocado a ti dar o hacer algo como eso? Tú sabes que es un poco incómodo, pero si tú sigues orando en el mismo grupo y él sigue orando en el mismo grupo, una de dos cosas va a pasar: o él deja de ser tu enemigo, o Dios deja de ser Dios, y tú sabes que Dios nunca va a dejar de ser Dios. Entonces, mira cómo la oración es como algo que nos produce esa coherencia, va produciendo, nos va derritiendo y nos hace parte de una sola familia, de un solo cuerpo. Esta gente supo hacer eso, supo experimentar koinonía, comieron juntos, oraron juntos. Nunca se ha visto un avivamiento donde la gente no se junta a orar. Somos el pueblo de Dios, somos un pueblo especial, pero no oramos. No es un avivamiento si la gente no se junta a orar y a tener comunión y a tener intimidad, incluso a compartir cosas entre uno y otro.

Se dedicaron a la enseñanza de los apóstoles, comenzaron a comer juntos, a compartir el pan con alegría, sencillez de corazón, oraban juntos. Y resultado de eso, versículo 43, sobrevino temor a toda persona. No es que de repente ahora ellos caminaban con miedo a Dios, no. La palabra en el contexto implica más bien un sentido de asombro, un sentido de maravilla, un sentido de: "¡Wow, wow! Dios estuvo aquí, Dios está haciendo grandes cosas". En ocasiones, en el fin de semana ha pasado, escuchaba un testimonio de un tipo u otro, o aún al principio de la semana, y nosotros mismos decíamos: "¡Wow! La verdad que Dios está obrando". Es ese sentido de asombro, de sorpresa, de maravilla, que muchas veces con el paso de los años de la vida cristiana se pierde. Eso es lo que esta gente estaba experimentando y que tú y yo, si lo estamos experimentando, no queremos perder. Un sentido que nos sobrecoge, donde tú puedes decir: "Dios estuvo con nosotros el domingo pasado, estuvo con nosotros el miércoles pasado, estuvo con nosotros en el evento Por Su Causa", donde tú puedas sentir la presencia manifiesta de Dios obrando. Esto es lo que esta gente está experimentando.

Y como resultado de eso, como resultado de esa experiencia de un Dios que se está moviendo y de un Dios que está haciendo cosas, y uniendo gente, y poniéndolos a orar juntos y a comer juntos, escucha lo que los versículos 44 y 45 dicen: "Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común, vendían todas sus propiedades y sus bienes, y los compartían según la necesidad de cada uno". Los que habían creído estaban juntos. Ve el orden. Para estar juntos de la manera como se nos está describiendo, hay que haber creído primero, porque es la fe puesta en Cristo que nos une en una familia. Y estaban entonces juntos precisamente porque habían creído, y ahora, como pertenecían a una misma familia fruto de haber depositado la fe en Cristo, hay una hospitalidad especial.

Y ustedes pudieran decir: "¿Dónde usted ve la palabra hospitalidad?" Bueno, es que el texto dice que aquellos que no estaban vendiendo sus cosas tenían sus cosas en común. Si usted tiene cosas en la casa y las cosas que usted tiene en la casa de repente las tiene en común con la comunidad en que usted vive, es obvio a mis ojos, por lo menos, que hay una hospitalidad que se está dando de tal manera que tú puedas usar mis cosas como si fueran las tuyas. Y eso es lo que muchos de ustedes hicieron durante este pasado fin de semana y la semana pasada cuando abrieron sus casas, y aquellas cosas que estaban en sus casas ustedes las pusieron de uso común para algunos de sus invitados.

Eso es exactamente uno de los llamados de la Palabra. El apóstol Pablo nos dice en Romanos 12:13 que debemos practicar la hospitalidad. Y Pedro viene y escribe más tarde y dice: "Bueno, déjame aclarar algo que Pablo dijo y llevarlo un poco más allá", como verdaderamente tienes que hacerlo, en el capítulo cuatro de su primera carta: practicar la hospitalidad sin quejarnos. Eso es importante. Porque a veces le damos albergue, le damos acogida al hermano que viene, y luego cuando el hermano se va: "Increíble, esa gente, mira los descarados, y mira qué mal agradecidos, y mira lo que hicieron, y mira cómo dejaron la habitación, mira cómo dejaron esto". Y Pedro dice: "¿Por qué lo dañaste? Le diste hospitalidad y luego pecaste con la hospitalidad que le diste". Sin murmuraciones, sin quejas. Justamente porque Dios entiende que parte de lo que la hospitalidad hace es que me incomoda a mí. Me saca de mi zona de comodidad, de confort, y luego al hacer eso, y la gente hace cosas que no son conformes a mis hábitos y costumbres y disciplina, está formando la imagen de Cristo en mí mientras soy hospitalario y le brindo servicio a otro de sus hijos. Es como si Cristo dijera, es como si preguntáramos al final: "¿Qué, mi Señor, y cuándo fuimos hospitalarios contigo?" "Cuando recibiste a uno de mis hijos que vino del Perú, de Bolivia o de Costa Rica, lo fuiste conmigo".

Para tener cosas en común hay que ser hospitalario, y eso es ser generoso. Y otros iban más allá y tomaban lo que tenían y lo vendían, y ese dinero lo compartían con otros, y eso es ser generoso. El ser más generoso del mundo es Dios. Lo poco que pueda tener yo de generosidad lo aprendí de Dios. Dios es generoso cuando nos da el sol, cuando nos da la lluvia, cuando se lo da a los buenos y a los malos, cuando nos da las cosechas, cuando nos da los hijos, cuando nos da la vida, cuando nos da la salud, cuando nos da la fortaleza, cuando nos prolonga los días. Dios es generoso para con todos.

Pero la máxima expresión de la generosidad de Dios fue alcanzada en la cruz, donde Dios se dio a sí mismo, donde Dios dio a su Hijo, a su Unigénito, donde Dios dio lo mejor a cambio de nada. Él mismo se dio. Y luego nos dice: "Te saqué de las tinieblas a mi luz admirable para que proclames mis virtudes", y una de ellas es la generosidad. De manera que una de las formas de celebrar el satisfará evangelio es siendo generoso, porque el evangelio habla de la generosidad de Dios en misericordia y gracia para con los pecadores que han sido lavados, bañados en medio de ella. Y el evangelio bien entendido produce generosidad abundante en el que lo entiende.

De hecho, la generosidad no es más que el fruto de asignar a las cosas su justo valor, por ejemplo. Cuando valoramos las cosas de este mundo como temporales y pasajeras, nos es mucho más fácil deshacernos de ellas y compartirlas y regalárselas al otro, porque sabemos que son temporales y pasajeras. Cuando nosotros amamos al hermano o al prójimo, incluso como a nosotros mismos, nos es mucho más fácil compartir lo que tenemos y dar de eso que poseemos, porque le amamos como nosotros nos amamos a nosotros mismos. Y tú sabes cómo Cristo enseñó que el primer mandamiento de la ley de Dios es que amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, toda tu alma, toda tu fuerza, pero el segundo mandamiento de la ley de Dios inmediatamente después es semejante a este primero: al prójimo como a ti mismo. De forma tal que esta gente, que habían asignado a las cosas temporales su justo valor y a las cosas eternas su justo valor, ellos comenzaron a ser tan generosos que o tenían las cosas en común, o las vendían y ponían el fruto de lo vendido a disposición para ayudar a cada cual según su necesidad.

Y en tercer lugar, cuando el dar es un gozo y reconocemos que es una forma de imitar a Dios, y nosotros hemos sido llamados a imitarle, nosotros queremos dar y dar generosamente. Yo decía que la generosidad no es más que el fruto de dar a las cosas su justo valor, y por otro lado decía que la generosidad es el fruto del evangelio obrando en un corazón. Y si tú me pides que lo demuestre a la luz de la Palabra, yo lo voy a hacer. Gracias por preguntar.

Tú conoces de nombre a Zaqueo, ¿verdad? Zaqueo era el jefe de los recaudadores de impuestos. Zaqueo era un hombre que le gustaban las cosas materiales. Zaqueo no daba las cosas materiales. Zaqueo le quitaba las cosas materiales a la gente para pago de impuestos. Hasta que un día se encontró con Jesús, y Jesús es el evangelio. Y cuando ese evangelio hizo la obra en el corazón y la mente de Zaqueo, escucha lo que Lucas relata en el capítulo 19, versículo 8: "Y Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno, se lo restituiré cuadruplicado". De repente los pobres, que no tenían valor ante los ojos de Zaqueo, adquirieron un gran valor, y las riquezas materiales, que tenían un gran valor a los ojos de Zaqueo, perdieron su valor. Y Zaqueo ahora está dispuesto a dar la mitad de lo que tenía a los pobres, a quienes él ahora valora. Estaba dispuesto a cuadruplicar lo que le había quitado a aquellos en su estado anterior.

Eso es generosidad, ese es el fruto del evangelio, y por eso un cristiano agarrado es una contradicción; no puede reflejar el carácter dadivoso de su Señor. Nosotros vemos la misma actitud en las iglesias de Macedonia. Hablaremos de eso en la segunda carta a los Corintios cuando sigamos con la serie, pero Pablo nos dice que estas iglesias, en medio de su extrema pobreza —no de su pobreza, sino de su extrema pobreza— le rogaron a Pablo, no que le sugirieron o le pidieron, le rogaron a Pablo que les permitiera compartir para contribuir a la necesidad de los santos en medio de su paupérrima condición. Porque la escasez nunca ha sido dificultad para dar; es la abundancia. La escasez nunca ha sido dificultad para dar; es la abundancia que nos impide dar.

Y yo me alegro que muchos se desprendieron durante estos días. Mi ánimo, mi estímulo es decirles: lo que hicieron es el reflejo del evangelio. Sigan haciéndolo en mayor grado, de manera exponencial. Sigan reflejando el carácter de Dios en la manera en que son dadivosos con los demás.

Escuche lo que dice el versículo 46: "Día tras día continuaban unánimes." No puede pasar por alto esa palabra: unánimes. En el templo y partiendo el pan en los hogares. Había una unanimidad entre los hermanos, de lo cual también nos habla el versículo 44 que ya leímos: "Todos los que habían creído estaban juntos y tenían las cosas en común." Estaban juntos. ¿Quiénes? Todos. ¿Quiénes? Los que habían creído. En una familia, y tenían las cosas en común. Hay unidad. Eso va de la mano con la unanimidad de que se nos habla en el versículo 46.

La razón para enfatizar ese sentido de unidad entre los hermanos es que no puedes experimentar koinonía, no puedes orar correctamente, no puedes amar al hermano, entregarle cosas al hermano, si no estás unido con ese hermano. La unidad es algo que el apóstol Pablo estresa cuando les escribe a los efesios y les dice: "Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz." La unidad está creada; tenemos que mantenerla, esforzándonos, esforzándonos para preservar lo que Dios ya creó. Eso va a requerir un esfuerzo de parte de nosotros, y parte de los esfuerzos es batallar contra los deseos que están en el corazón, que impiden la unidad, que combaten en contra de la unidad.

Eso es justamente lo que Santiago explica cuando dice a aquellos creyentes en la iglesia de Jerusalén: "¿De dónde vienen las divisiones y los pleitos? ¿No son de las pasiones que combaten en vuestros corazones?" Estas pasiones no permiten un corazón sencillo. Esas pasiones no permiten ser de un solo corazón, de un solo sentir; no lo permiten. Por eso es que tienes que esforzarte, yo también, para mantener lo que Dios ya ha creado.

Muchos de ustedes conocen que hace unos años atrás escribí un libro que se llama Una iglesia conforme al corazón de Dios. Hay un capítulo en ese libro que se llama "La división, la plaga de la iglesia." Y en ese capítulo yo hablo de la diferencia entre un desacuerdo y una división, porque no son las mismas cosas. Yo decía que la división es un alejamiento —estoy citándome a mí mismo por primera vez, y me excusen; no es buena práctica, pero...— La división es un alejamiento entre dos personas o entre dos iglesias o instituciones. Y ese alejamiento entre uno y el otro es la evidencia de que la división es una actitud o conflicto afectivo o emocional entre dos individuos, iglesias o grupos. Es una actitud o conflicto afectivo o emocional, originado por envidias, celos, orgullo, egoísmo, deseo de poder sobre el otro, control; las cosas que batallan en nuestros corazones. Y esos resultan en resentimiento, malicia, amargura y dudas acerca de las intenciones de los dos. El problema no es que seamos diferentes. De hecho, el pastor Héctor Aponte predicó un mensaje hace un tiempo atrás de la unidad en medio de la diversidad. Entonces, el conflicto, la división tiene que ver con lo que sentimos, una vez hemos establecido la diferencia, en la lejanía que experimentamos y en la manera como nos condenamos unos a otros.

Pero eso desdice del evangelio. Y no podemos celebrar el evangelio divididos. Esa es la realidad. Esa es la razón por la que quería enfatizar esto: que estos hermanos estaban unánimes.

Cuando tú avanzas un poco con el libro de los Hechos, llegas al capítulo 4. Básicamente tú lees cosas muy similares a las que leemos en el capítulo 2. Escuchen el versículo 32, lo que dice: "La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma." Esa es una frase extraordinaria: de un corazón y un alma los que creyeron. ¿Pero cuántos habían creído? Por lo menos tres mil. De un corazón y un alma. "Ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común." Eso es hospitalidad. "Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos."

Claro que había abundante gracia. Tú no puedes hacer esto si la abundancia de la gracia de Dios no está sobre ese grupo de personas. Pero lo que atrajo, si tú quieres, el favor de Dios es justamente la unidad con la cual vivían, la sencillez de corazón, la manera como oraban juntos, la alegría que experimentaban al comer juntos. Eso hizo que Dios se complaciera con ellos y los visitara con abundante gracia. Y eso es similar a lo que lees en el capítulo 2, que dice que disfrutaban del favor de todos en el pueblo. El pueblo judío tenía favor, por lo menos en esta etapa temprana, hacia la comunidad de creyentes nueva. Porque había abundante gracia con ellos; eran de un corazón y un alma.

Hay un llamado continuo a la unidad a lo largo de toda la Biblia. Jesús oró por la unidad del cuerpo de Cristo en Juan 17. La unidad en el libro de los Hechos vista aquí, evidentemente en el capítulo 2 y 4. Tú puedes ver también cómo Pablo llama a los efesios a esforzarse para mantener la unidad en el vínculo de la paz. Tú puedes ver también cómo Santiago nos recuerda de dónde viene la falta de unidad: del corazón, de las pasiones.

Y Pablo escribe a los filipenses en 2:2, les dice: "Haced completo mi gozo, siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito." Pablo tenía un cierto gozo con la congregación de los filipenses, pero había algo que no le completaba el gozo, y les dice: "Haced completo mi gozo." ¿Qué es lo que está pasando, Pablo? ¿Qué es lo que tiene tu gozo incompleto en Filipos? Bueno, es que Evodia y Síntique no se acaban de poner de acuerdo. Están divididas y me están dividiendo al cuerpo de Cristo. Y Pablo escribe a un hermano que no nombra, no revela, le dice: "A ti, hermano, por favor, intercede con ellas para que esto termine." Y la manera como deben hacerlo: siendo del mismo sentir, conservando el mismo amor, unidos en espíritu, dedicados a un mismo propósito.

No podemos permanecer en unidad si no nos amamos en Cristo. No podemos permanecer en unidad si no reconocemos que el Espíritu nos dio una unidad el día que nos llevó a creer. No podemos permanecer en unidad si no nos dedicamos a un mismo propósito, porque si coges para la derecha y yo para la izquierda, ya perdemos la unidad. Y Pablo les dice: "Hermanos en Filipos, en especial Síntique y Evodia, pueden hacerlo dedicándose a un mismo propósito, siendo de un mismo sentir, permaneciendo en la unidad del Espíritu, conservando el mismo amor."

Este es un llamado a vivir el evangelio y a celebrar el evangelio, no un fin de semana, no una semana, no un mes, no un año, sino a hacer un estilo de vida. Que nosotros podamos celebrar la obra de Cristo en nosotros, y que tú lo puedas hacer no por ti, no por mí, no por la IBI, sino por su causa, por la causa de nuestro Dios, para la gloria de su nombre. Para, como dicen en inglés, the fame of his name: la fama de la gloria de su nombre. De tal manera que en este lugar se conozca una iglesia que alaba a Dios, una iglesia que se regocija en Dios, una iglesia que celebra el evangelio, una iglesia que hace evidente que la obra del evangelio nos convierte a todos en dadores generosos, que nos convierte a todos en una comunidad que ora junta, nos convierte en una comunidad que cuando se reúne le exalta la gloria, nos convierte en una comunidad que es capaz de compartir las cosas y ponerlas al servicio de los demás. Porque esa es la manera como nosotros reflejamos que verdaderamente somos hijos de Dios.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.