Integridad y Sabiduria
Sermones

La cercanía de Dios, el motivo de nuestro gozo

Joan Veloz 20 septiembre, 2020

Vivimos en una generación que lo tiene todo y no se satisface con nada. Una generación hiperconectada, informada y activa, pero profundamente vacía. Capaz de estar en una playa paradisíaca y quejarse porque se le cayó el iPad o porque el pescado tiene espinas. No sorprende que las tasas de suicidio aumenten cada año: estamos tratando de llenar corazones eternos con cosas temporales, como niños que intentan saciar su hambre con pasteles de barro.

El apóstol Pablo, escribiendo desde la cárcel a los filipenses, revela el secreto que esta generación necesita escuchar: el gozo verdadero no depende de las circunstancias, sino de la cercanía con Dios. "Regocíjense en el Señor siempre", manda Pablo, y la razón es contundente: el Señor está cerca. No se trata de la venida futura de Cristo solamente, sino de una realidad presente: Dios habita en sus hijos. Como Fanny Crosby, ciega desde los seis meses, quien a los noventa y dos años declaró ser la persona más feliz del mundo, el creyente puede gozarse incluso en medio del dolor más profundo porque su gozo tiene una fuente inagotable.

Esta cercanía también es el antídoto contra la ansiedad. La preocupación nos estrangula y desenfoca, como aquella mujer que compró espejo, escalera y columpio para su loro, pero olvidó alimentarlo. Nos afanamos por lo secundario y descuidamos lo esencial: la intimidad con Dios a través de la oración. Cuando depositamos nuestras cargas en él con acción de gracias, recibimos una paz que sobrepasa todo entendimiento, la única que puede guardar nuestros corazones en tiempos turbulentos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Oh buen Padre, ¿quién eres tú? Tú eres nuestro buen Padre y nosotros somos tus hijos. Y como hijos, Señor, venimos hoy delante de ti a rogarte que tengas misericordia de nosotros, que nos hables. Así, Señor, como no hay padre al cual su hijo le pida un pedazo de pan y este le dé una piedra, o un padre al que su hijo le pida un pescado y este le dé una serpiente. Cuánto más tú, que eres el Dios misericordioso, lleno de gracia y verdad, darás a tus hijos cuando vienen delante de ti con humildad de corazón, reconociendo nuestra necesidad de ti.

Señor, en el día de hoy tu pueblo que está reunido aquí te dice: Señor, háblanos, recuérdanos quién tú eres y quiénes somos nosotros. Recuérdanos, Señor, los deleites que hay en ti, solamente en ti. Recuérdanos, Dios, que este mundo es un mundo vacío y temporal, pero tú y solo tú tienes palabras de vida eterna para nosotros. Señor, muéstranos gracia una vez más. Transfórmanos, háblanos al corazón, renuévanos. Y por qué no, Dios, salva a muchos hoy a través de tu satisface, en el nombre de Jesús.

Muy buenas tardes ya, bendiciones, iglesia. El Señor les bendiga el día de hoy. Gracias al pastor Luis y al equipo de adoración por ministrarnos a través de la adoración. La verdad que es un privilegio y un gozo poder cantar a nuestro Dios y poder adorarle juntos. Es mi deseo, como oraba, y lo confieso una vez más de labios delante de ustedes, que el Señor pueda mostrarme gracia y que él me permita hablar su verdad de forma tal que ustedes puedan escuchar lo que venga de él. Que si hay algo que viene de mí, lo pueda quitar del medio, y que lo que venga de él pueda edificarles. Sabiendo que es lo único que edifica, lo que viene de nuestro Dios. Amén, amén.

Muy bien, hermanos, a manera de ilustración, simplemente he estado pensando en estos días, analizando un poquito los tiempos en que vivimos, esta generación a la cual nos enfrentamos. Y nos damos cuenta que la generación actual es una generación un tanto compleja, diferente a otras generaciones. Nos damos cuenta que es una generación muy activa, una generación muy cibernética, que todo lo que hace es utilizar un aparato electrónico. Si no tiene un iPad, un celular en la mano, se siente que está un tanto desnudo, por así decirlo. Una generación altamente informada. Pero realmente este es el tiempo donde nosotros estamos mejor informados de todos los tiempos. Si tú quieres saber qué está pasando ahora mismo en Rusia, en Pekín, tú solamente tienes que entrar a Google y googlear ahí, tú vas a saber esas informaciones.

Sin embargo, y esto es un paréntesis aquí, aunque es una generación muy informada que tiene mucha información, es la generación de las negritas, de los encabezados, que no profundiza. Esta es una generación enfocada en cambios, por eso hay tantos movimientos sociales en estos últimos días. Una generación deseosa de expresarse. Si ustedes no me creen, solamente entren a Twitter y ustedes verán un sinnúmero de gente expresándose y hablando y diciendo, porque hoy día todo el mundo cree y entiende que tiene algo que decir. Estamos en esos tiempos, delante de esa generación.

Sin embargo, también esa generación es una generación muy insatisfecha. Una generación que por más que tiene, más desea. Nada es suficiente, nada le llena, nada les satisface. Una generación que se aburre con facilidad. Una generación que tiene la capacidad, como lo he visto, yo he podido testificar eso, que tiene la capacidad de estar en una playa hermosa, con agua cristalina, arena blanca, disfrutar de una brisa cálida, ni fría ni caliente, un pescaíto frito ahí con una yucaquita frita, una Coca-Cola de dieta bien buena, también un maniquete, tiene que ser de dieta porque para compensar. Un maniquete bien del bueno. Y esta generación tiene la capacidad de empezar a quejarse. Se me descargó el iPad. La arena me ensució. El pescado tiene espinas. Yo quería pizza. Delante de esa generación estamos en el día de hoy.

Una generación que nada les satisface, que ha perdido la capacidad de asombrarse por las cosas de Dios. Y es por esto que yo creo que no es noticia o sorpresa para nadie que año tras año la tasa de suicidio aumente un diez por ciento. La OMS determinó el año pasado que todos los años alrededor de ochocientas mil personas se quitan la vida. Y nosotros nos preguntamos por qué está pasando. Y la razón es que esta generación, y nosotros que somos parte de esa generación, es que estamos caminando y tratando de buscar y llenar nuestras vidas con cosas que no las van a llenar nunca.

Queremos que las cosas temporales de este mundo satisfagan un corazón que solamente puede ser llenado por la gracia y el poder de Dios. Pensamos que, bueno, yo estoy en la universidad, cuando yo acabe la universidad por fin, yo voy a conseguir plenitud, yo voy a estar sosegado. Después porque acabo, cuando yo me case. Ahora cuando yo tenga hijos. Después tengo hijos. No, ahora cuando yo consiga tal trabajo, cuando me asciendan. Nos pasamos la vida queriendo llenar nuestro corazón con cosas que este mundo puede brindar. Y al final terminamos de la misma manera: insatisfechos, vacíos, desolados, tristes.

Es como decía C.S. Lewis, nosotros somos como niños que quieren llenar su estómago haciendo pasteles de barro. Y al final terminan de la misma manera, terminan vacíos. Porque solo el Señor es el único capaz de brindar gozo al alma nuestra. Solo en el Señor nosotros podemos encontrar propósito, identidad. Solo en el Señor nosotros podemos encontrar el gozo verdadero para nuestras almas.

Y esto es algo que el apóstol Pablo quería que los hermanos de Filipo y que nosotros pudiéramos conocer: que solo en Dios hay gozo para nuestros corazones, que solo en él nosotros podemos estar edificados. Es por eso, hermanos, que yo he titulado mi sermón de hoy: La cercanía con Dios, el motivo de mi gozo.

Y luego de haber dicho eso, yo quiero invitarte, si es que por favor me acompañas, a la carta a los Filipenses. Estaremos leyendo el capítulo 4, versículos 4 al 7. Esta es la satisface de Dios para nosotros:

"Regocíjense en el Señor siempre. Otra vez lo diré: ¡Regocíjense! La bondad de ustedes sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estén afanosos, sino sean satisface en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús."

La carta a los Filipenses es probablemente la carta más amorosa que el apóstol Pablo haya escrito. Es por esto que muchos estudiosos han determinado que esta es la carta amorosa, una carta de amistad. Y muchos también han llamado esta la carta del gozo, porque en esta carta el apóstol Pablo busca de manera directa, de manera puntual, enfocar al creyente a gozarse en el Señor. Esta es una carta donde el satisface es claramente visto, donde la persona de Jesús es exaltada, y nosotros encontramos la respuesta a nuestra pregunta: ¿Dónde yo puedo encontrar el gozo que mi alma tanto anhela?

Es el libro o la carta donde nosotros encontramos a un apóstol Pablo diciendo: "Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia." Una carta llena de significado y valor para nosotros en el día de hoy. Y en esta carta el apóstol Pablo, como pastor que ama a sus ovejas, él quiere motivarles y quiere recordarles el secreto que se encontraba oculto ahí en el Salmo 16:11 cuando dice que en la presencia del Señor hay plenitud de gozo, delicias a su diestra.

Es por eso que el apóstol se toma ahora, al cerrar su carta, y exhorta a los filipenses y les dice: Regocíjense en el Señor. Regocíjense en el Señor. Esto que el apóstol Pablo hace aquí no es una sugerencia, esto es un mandato. Y este mandato de regocijarnos o de gozarnos en el Señor se repite más de ciento cincuenta y cinco veces en toda la Escritura. Y solamente en la carta a los Filipenses el apóstol Pablo hace referencia a esto en diecisiete ocasiones.

Este concepto de regocijarnos, de gozarnos en el Señor, no se refiere a que el creyente ande todo el tiempo celebrando, alegre, bailando. Regocijarse se refiere a una alegría interior que no depende de mis circunstancias. No depende de lo que está pasando hoy día, sino que depende de la relación que yo tengo con Dios a través de Cristo. Depende de esa relación que yo tengo con Dios, ahora que yo soy un hijo perdonado y que mi deuda ha sido saldada.

Y esto es importante, hermanos, que tú y yo podamos entenderlo. Es importante que podamos entenderlo con claridad. El gozo no tiene su origen, el gozo verdadero no tiene su origen en las fuentes humanas. Las fuentes humanas no pueden darnos gozo, nos pueden dar euforia momentánea, una alegría momentánea, pero el gozo verdadero nunca podrá provenir de una fuente externa. El gozo es una emoción interna que no depende de circunstancias. No depende de lo que sucede hoy en la vida. El gozo depende de que yo estoy claro de mi relación con el Señor. Yo sé quién él es para mí y yo sé quién yo soy para él. Y por esa razón yo puedo regocijarme. Por esa razón yo puedo estar gozoso aun en los momentos más oscuros de mi vida.

Este mandato de regocijarnos en el Señor no es exclusivo del apóstol Pablo. No es que el apóstol Pablo está trayendo un mandato nuevo. Yo lo dije, alrededor de ciento cincuenta y cinco veces en toda la Escritura nos encontramos con esta exhortación. Cuando vamos a los salmos, el libro de los salmos, nos encontramos con esta exhortación de diferentes maneras. Por ejemplo, Salmos 68:3 dice: "Alégrense los justos, regocíjense delante de Dios, sí, que rebosen de alegría." Salmos 149:2: "Alégrese Israel en su Creador, regocíjense los hijos de Sion en su Rey." Salmo 40:16: "Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan, que digan continuamente: Engrandecido sea el Señor, los que aman tu salvación."

Y en este Salmo 40 a mí me llama mucho la atención que cuando David hace esta exhortación, David no estaba pasando por su mejor momento.

Este momento no era cuando David era un simple pastorcito de ovejas, que pastoreaba las ovejas de su padre. Esto no fue escrito cuando David era el rey que todos celebraban, que él celebraba victoria tras victoria. No fue tampoco el momento cuando él era el joven que venció al gigante, no fue en ese momento. El Salmo 40 es escrito por David, probablemente en uno de los tiempos más oscuros del rey, luego de haber sufrido persecución por un tiempo por parte de su propio hijo Absalón. David es perseguido por su hijo, su hijo es asesinado, David vuelve al trono, y estando en el trono, él escribe estas palabras: "Regocíjense y alégrense en ti todos los que te buscan." En medio del dolor más profundo y desgarrador que David podía estar viviendo, él nos exhorta a gozarnos en él, a regocijarnos en él, buscándole, buscándole, que de él y solo de él.

La escritora de innumerables himnos cristianos, Fanny Crosby, perdió la vista cuando tenía solamente seis meses de edad. Y cuando ella cumplió 92 años, ella dijo lo siguiente: "Si en todo el mundo pueden encontrar una persona más feliz que yo, tráiganmela, me gustaría conocerla." Fanny, desde los seis meses, perdió la visión, ella fue ciega toda su vida. Y en vez de ella amargarse en esta tragedia, en vez de ella pasarse su vida llorando y lamentándose porque no podía ver, ella decidió regocijarse en el Señor. Y así ella lo dice. Cuando estudiamos su testimonio, eso es lo que ella dice: "Yo decidí regocijarme en el Señor."

A temprana edad, a los ocho años de edad, Fanny Crosby hizo esta resolución de vida que rigió y controló toda su vida. Cito: "Oh, qué alma tan feliz yo soy, aunque no pueda ver. Decidí que aquí yo contenta estaré. De bendiciones gozo yo, que otros anhelan ver. Llorar, gemir, pues ciega soy, no puedo ni lo haré."

Esta joven de ocho años, que a los 92 años todavía seguía regocijándose en el Señor, encontró el secreto que tú y yo amamos para nuestro gozo. Y es que solo en Dios está la fuente para tú y yo poder regocijarnos y vivir vidas plenas.

Gordon Fee, en su comentario acerca de este texto, hablando del gozo, él dice lo siguiente: "El gozo cristiano no es de tipo temporal, que va y viene según las circunstancias de cada uno. Al contrario, se basa en la relación con el Señor y por tanto es una cualidad perdurable y profundamente espiritual." Mi nivel de gozo está directamente proporcional a mi nivel de intimidad con Dios.

Amigos, a nivel de testimonio, antes de yo venir a Cristo, a mí me sorprendía mucho y me llenaba como de entusiasmo ver a hermanos creyentes que tenían situaciones difíciles, precariedades, que venían quizás de contextos de bajos recursos, pero que tú los veías en gozo. Que tú los veías caminando a la vez del brazo y tú le preguntabas: "¿Cómo tú estás?" "Sí, también, varón, gozoso en el Señor, en victoria." Entonces, creo que tiene té, hombre, porque está pasando trabajo, no tiene trabajo, está económicamente en un lío, pero mira, tú lo ves en gozo.

Sin embargo, cuando yo veo la vida del creyente hoy, yo no veo eso, y con dolor se lo digo. Nuestras vidas hoy día no están caracterizadas por el gozo. Yo veo hermanos, y cuando los veo, lo que veo es inconformidad, mal humor. Cuando de todos los hombres, nosotros los creyentes deberíamos ser los más gozosos. Todos los hombres al vernos a nosotros, el no creyente al ver al cristiano debería sentir, en buen dominicano, en vida santa, querer tener lo que nosotros tenemos. Y que nosotros tenemos cuentas claras con Dios, yo debo estar gozoso independientemente de la circunstancia, porque mi peor mal fue pagado, mi peor deuda fue clavada en una cruz. ¿Que no es la verdad? Hoy yo al Rey de reyes le puedo llamar Padre, y él me llama hijo, y eso debe hacerme vivir en gozo. Pero tristemente es todo lo contrario hoy día en parte del pueblo de Dios.

Y cuando nos preguntamos por qué, yo creo que Gordon Fee da la respuesta aquí. Es muy probable que el pueblo de Dios hoy, muchos creyentes, no se están dejando guiar por el Espíritu. Él dice aquí: el gozo es parte del fruto del Espíritu. Gálatas 5:22: "Mas el fruto del Espíritu es amor, fe, gozo, bondad, benignidad, mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley." Pero si yo no estoy lleno del Espíritu Santo, yo no podré evidenciar este fruto.

Ser lleno del Espíritu Santo no es una actividad que ocurre una sola vez en la vida cuando yo vengo a Cristo. No, ser lleno del Espíritu Santo significa que yo me dejo guiar por el Espíritu Santo, que yo me dejo controlar por el Espíritu Santo. Y para yo ser lleno del Espíritu Santo, yo tengo que tener una intimidad con Dios, yo tengo que tener una relación con Dios de forma tal que él controla y guía mi vida.

Muy similar a un guante de béisbol. Robinson Canó, por ejemplo, cuando un nombre, un pelotero, usted se conoce la mayoría. Robinson Canó tiene un guante muy bonito, pero si él pone el guante en la segunda base y lo suelta, el guante no va a coger una pelota. Para que ese guante pueda ser utilizado y cumplir su propósito, ¿qué tiene que pasar? Que él tiene que meter su mano y controlar el guante. De la misma manera, hermanos, si el Espíritu de Dios no nos controla, nosotros no vamos a poder disfrutar a plenitud del fruto del Espíritu, no vamos a poder vivir en gozo.

Y el llamado del apóstol a nosotros es: regocíjense en el Señor. Gócense en el Señor. Y en el verso 4 dice: ¿cuándo lo vamos a hacer? Gócense, regocíjense en el Señor siempre. ¿Cuándo nos vamos a regocijar? Siempre.

R. C. Sproul, hablando sobre este texto, él dice: "La clave para el gozo cristiano está en la fuente." Voy a repetir eso. La clave para el gozo cristiano está en la fuente, la cual es el Señor. Si Cristo está en mí y yo en él, esa relación no es una experiencia de a veces. El cristiano siempre está en el Señor y el Señor siempre está en el cristiano, y esa siempre es una razón para tener gozo. Aun cuando el cristiano no pueda regocijarse en las circunstancias, si está pasando por un momento de dolor, de lamento o tristeza, aún puede regocijarse en Cristo. Nos regocijamos en el Señor, ya que él nunca nos dejará, ya que él nunca nos abandonará. Por esta razón podremos regocijarnos en él siempre.

Hermanos, cuando no puedas regocijarte en otra cosa, recuerda, regocíjate en Cristo. Cuando creas que tú puedes regocijarte en otra cosa, santifica esa otra cosa y regocíjate en Cristo. Si tú nunca te has regocijado en Cristo, yo quiero invitarte, hermano, ven a él y regocíjate en Cristo. Si te has regocijado mucho en él, si tú tienes esa cercanía con él que te permite evidenciar el gozo, yo quiero invitarte, sigue, sigue disfrutando del gozo y el regocijo que hay en Cristo.

Cuando estés solo y no puedas hacer otra cosa, yo quiero invitarte a que ahí, en la intimidad de tu habitación, en la intimidad de tu casa, tú puedas hacer lo que tú deberías hacer delante de la multitud, que es regocijarte en Cristo. Si tienes gente al lado de ti, yo quiero invitarte, hermano, motiva a otros a que puedan encontrar regocijo en Cristo. Y cuando no te quede nada más que hacer, no te quede nada más, yo quiero recordarte que tú siempre lo tendrás a él, por lo cual, regocíjate siempre en Cristo.

El príncipe de los predicadores, Charles Spurgeon, hablando sobre el regocijo en el Señor, decía lo siguiente: "Regocíjate en el Señor, es una invitación que se te hace. Regocíjate en el Señor, regocíjate también en el Hijo, tu Redentor, tu hermano, el esposo de tu alma, tu profeta, sacerdote y rey. Regocíjate también en el Espíritu Santo, tu vivificador, tu consolador, en aquel que mora contigo para siempre." A veces, hermanos y hermanas, no pueden regocijarse en nada más, pero pueden regocijarse siempre en el Señor. Regocíjense en él plenamente.

No te regocijes, esto es un mandato ahora, una exhortación. No te regocijes en tu prosperidad temporal, porque las riquezas toman alas y vuelan. La pandemia ha servido para mostrar eso, que la gente puede tener muchas riquezas, mucho dinero, y de repente viene una pandemia de enfermedad y mucha gente queda quebrada. Porque las riquezas toman alas y vuelan. No te regocijes ni siquiera por tus grandes éxitos en la obra de Dios. Si el Señor es tu gozo, tu gozo nunca cesará. Todas las cosas son solo una temporada, pero nuestro Dios es por los siglos de los siglos. Esa es la fuente de nuestro gozo. Esa es la razón para nosotros tener gozo en todo tiempo, que nuestro Dios es por nosotros y está con nosotros, y él estará por los siglos de los siglos.

El apóstol enfatiza una vez más y dice: "Una vez más lo diré." Yo quiero ser enfático, yo quiero recordarte una vez más: regocíjate. Regocíjate, alégrate, gózate en el Señor.

Y dice en el versículo 5: "Su bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca." Aquí viene la parte, para mí, más importante y probablemente que más se pasa de largo cuando estudiamos Filipenses 4 del 4 al 7. Él dice: "Su bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca." Hermanos, la razón para nosotros regocijarnos en el Señor, la razón para nosotros mostrar bondad, gentileza a los hombres, la razón, como posteriormente vamos a ver en el versículo 6, de no afanarnos ni preocuparnos, es que el Señor está cerca. Él está cerca de nosotros, él está con nosotros.

Algunas personas, quiero ser fiel también a exponer esto. Algunos estudiosos, al interpretar esta parte, "el Señor está cerca," han entendido que esto puede ser visto de dos puntos diferentes.

Número uno, hay un grupo que entiende que esto se pudiera estar refiriendo a la venida del Señor, que la venida del Señor está cerca, por eso yo debo estar gozoso en Él, por eso yo debo mostrar bondad a los hombres, por eso no debo afanarme. Y hay otro grupo de estudiosos que entienden que esto no se está refiriendo a lo que tiene que ver con la venida de Cristo, se está refiriendo a la relación de intimidad que tiene Dios con sus hijos.

Y si usted no lo quiere ver así, hermano, quiero recordarte que tú y yo somos portadores del Espíritu Santo. Dios no simplemente está al lado de mí, Él está dentro de mí, si yo soy creyente. Él vino a tabernacular, Él vino a morar dentro de mí, Él ha hecho habitación dentro de mí, por lo cual Él está cerca. Y como Él está cerca, hoy yo puedo vivir con gozo, con gozo eterno, porque Él está cerca. Yo puedo mostrar bondad, gentileza a los hombres, porque Él está cerca. Yo puedo decir: Señor, mis preocupaciones, mis ansiedades están a tus pies, porque Tú estás cerca.

Cuando estudiamos la Palabra, nos encontramos que el salmista lo veía de la misma manera. En el Salmo 139:5, el salmista hace referencia a que Dios le rodeaba por delante y por detrás. Cuando vemos a Moisés en Éxodo 31, Moisés hace referencia a que la presencia de Dios iba adelante y detrás del pueblo, guiando al pueblo. Cuando vemos Colosenses 3, el apóstol Pablo dice que nuestra vida está escondida en quién, en Cristo. Nuestras vidas están juntas, están amarradas con Cristo. Santiago 4:8 dice: ¿Hacer qué? Acercarnos a Dios. ¿Y qué Dios hará? Y Dios se acercará a nosotros. La razón para yo poder disfrutar el gozo en el Señor es que Él está cerca de mí, Él está conmigo, Él está con nosotros.

Hermano, en medio de tu dolor profundo que tú puedes estar pasando, si así estás, yo quiero recordarte: el Señor está cerca. En medio de la escasez que quizá algunos están viviendo, yo quiero recordarte: el Señor está cerca. En medio de momentos de tristeza, de llanto, de dolor profundo, que a veces tú puedes sentir que se te ha roto el alma, recuerda: el Señor está cerca. En momentos de enfermedad, tú ya lo he amado, no olvides: el Señor está cerca. Hoy que estamos viviendo en este mundo, en un mundo turbulento y convulso, con esta pandemia que no sabemos cuándo va a terminar, recuerda: el Señor está cerca.

Hermano, cuando ya no podamos hacer más, cuando ya estemos en una situación que digamos: Dios, no tengo a dónde ir, recuerda: sí tenemos a dónde ir, porque Él está cerca, Él está cerca de nosotros y estará cerca de nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Cuando Cristo envió a los discípulos en Mateo 28:20, les dice: ¡Id por todo el mundo! Bautizándolos en el nombre del Padre y del Espíritu Santo, enseñándoles todas las cosas que yo les he mandado. Y he aquí yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Cristo está cerca, Él ha prometido estar cerca de nosotros.

Y por esa razón, porque Él está cerca, ahora yo puedo entender un poco mejor lo que el pastor quiere seguir desarrollando en el versículo 6. Dice el versículo 6 entonces ahora: "Por nada estén afanosos, antes bien, en todo, mediante oración y súplica, con acción de gracias, sean dadas a conocer sus peticiones delante de Dios."

Ahora como que todo tiene sentido. Si Dios está cerca de mí y este es un Dios que me ama, que ha mostrado su amor, que ha decidido encarnarse en la persona de Jesús, dar su vida para que hoy yo pueda tener una relación íntima con Él, si es un Dios que ha dicho que todas las cosas cooperan para bien, si es un Dios soberano, si es un Dios que está a mi lado, ¿por qué he de afanarme? ¿Por qué he de preocuparme? ¿Por qué he de estar ansioso?

Se ha estimado, hermanos, que existen más teorías y por consiguiente más libros con relación al tema de la preocupación y la ansiedad que cualquier otra área en el campo de la medicina. El tema de la preocupación y la ansiedad es un tema que ha sido estudiado, sigue siendo estudiado. Inclusive la sociedad médica tiene un sinnúmero de tesis y nadie llega a una conclusión, nadie da una solución, nadie da una salida. Dios, a través del apóstol Pablo, nos da a ti y a mí la salida, la cura para la preocupación y la ansiedad: recordar que Él está cerca y buscarle en dependencia a Él.

La raíz de la palabra preocuparse, la raíz de esta palabra literalmente quiere decir estrangular. Si alguna vez tú te has preocupado, tú sabes que te sientes como estrangulado. Tú sabes que esta ansiedad, esta preocupación, te hace sentir en ocasiones que no puedes respirar, te quita el sueño, te da dolor de cabeza, dolor de cuello, dolor de cuerpo, el sistema digestivo se vuelve un desastre. La preocupación nos asfixia.

¿Y qué es lo que hace la preocupación? ¿Por qué nos sentimos ahorcados? Porque sentimos que hemos perdido el control. Sentimos que lo que va a pasar, o lo que pueda pasar, yo no sé, no lo conozco. Literalmente la preocupación y la ansiedad son la pandemia que ha estado destruyendo nuestras sociedades en estos días, inclusive al pueblo de Dios. Nosotros nos preocupamos por el COVID, el COVID, el COVID, pero la ansiedad y la preocupación hacen más daño, han estado destruyendo por más tiempo la vida de muchos, que el mismo COVID-19.

¿Y qué es lo que hace la preocupación y la ansiedad? Nos desenfocan. Nos desenfocan totalmente y nos enfocan en las cosas incorrectas. En vez de yo mirar las bondades de Dios, de yo mirar la gracia de Dios, de yo reconocer al Dios soberano que todo lo puede, que está en control sobre todas las cosas, nos preocupamos por lo desconocido, por el futuro, por el "y si pasa esto" y "si pasa lo otro".

Hermanos, tú y yo no conocemos el futuro, pero conocemos al Dios que conoce el futuro, y Él está por nosotros, Él está con nosotros, y está presto a brindar su soporte y ayuda a sus hijos que le buscan. Este es un Dios, hermano, que conoce inclusive los cabellos de tu cabeza. Un Dios que se encarga de alimentar a los pajarillos, que nos manda: vean los lirios del campo, ni Salomón en sus tiempos de gloria se vistió como uno de ellos. Un Dios que tiene cuidado de su creación, cuánto más de ti y de mí. Pero la preocupación y la ansiedad nos desenfocan. Nos ponen los ojos en otra cosa y dejamos de ver al Dios grande, poderoso, a nuestro Padre amado que está por nosotros.

Este tema de la preocupación fue ilustrado magistralmente por Spurgeon en algunos libros, y yo quiero compartir esta ilustración con ustedes. Es un tanto larga, pero yo quiero hacerlo un tanto dinámica de forma tal que ustedes no se me aburran aquí porque se me pueden dormir. Entonces, esta es la forma como Spurgeon cuenta esta historia y nos lleva a nosotros a entender el peligro de la preocupación.

La historia es la siguiente. Hay una señora que tenía unos 30 años de casada, un matrimonio estable, familia, hijos. Lamentablemente el esposo muere y esta señora entra en un estado de tristeza, de depresión. Ella llega a la casa, cierra la ventana, cierra la puerta, está triste, desolada. Y llega un momento que esta mujer dice: bueno, la soledad me está matando, yo no puedo seguir así. Yo necesito conseguir un perro que me acompañe porque yo no tengo nada aquí.

Ella se recuerda: pero ven acá, mi esposo tenía un amigo, Kevin. Kevin tiene una tienda de mascotas. Déjame ir a ver, yo puedo comprar algo. La mujer va donde Kevin: ¿Qué, Kevin? ¿Cómo estás? Mira, yo necesito un animal que me acompañe, un perro, quizá un gato, un pececito, algo, algo, algo que me haga sentir que no estoy sola, que me acompañe en la casa. Kevin dice: mira, yo estoy en el negocio hace días. Yo tengo un loro aquí, oye, muy parlanchín. Oye, todo el que entra a la tienda se queda encantado con el loro. El loro, mira, habla muchísimo. Cuando te lleves el loro, te vas a sentir mira que estás acompañada, que hay otra gente en la casa. Dice la mujer: bueno, ese es el loro, el mío. Prepáralo que me lo llevo. Carísimo el loro, carísimo.

La mujer llega, lleva su consuelo, y va a la casa con una jaula grandísima, la pone en medio de la sala: bueno, ya no es el mismo problema, tengo un compañero. Pasó un día, el loro no habla. ¡Loro! El loro no dice nada. Pasaron dos días. ¡Loro! El loro no dice nada. Pasaron siete días, el loro no habla. La mujer está como desesperada, va a la tienda: ¿Qué, Kevin? Pero el loro no habla. ¿Cómo? ¿Y tú le compraste el espejo? Espejo, no. Eso es, tú le pones un espejo, el loro se mira en el espejo y se siente en confianza, cómodo, y empieza a hablar. El espejo. La mujer compra su espejo, lo pone en la jaula. Bien. El loro, un día, dos días, el loro no habla.

Va la mujer de nuevo para la tienda. ¿Qué? ¿Por qué no habla el loro? Ya pasaron dos semanas, el loro no habla. No, no, no habla. No habla. El espejo, la escalera. ¿Escalera? ¿Qué escalera? Eso es, tú tienes que ponerle espejo, ponerle escalera. El loro se mira en el espejo, baja la escalera y empieza a hablar, pues siente ya que está en su hábitat. Mujer compra su escalera, la pone en la jaula, pasan los días y el loro nada de hablar.

Y la mujer desolada, mira que está con ansiedad, que no duerme en la noche, que está pensando en el loro, que el loro no habla. Va al otro día. ¿Qué? Me costó el loro demasiado y no habla. Entonces, el espejo, la escalera, el columpio. ¿Columpio? Claro, el columpio, porque el loro se mira en el espejo, baja la escalera, se monta en el columpio y siente que está en su casa, tú sabes, te estoy garantizando que va a empezar a hablar. Mujer compra su columpio, pone su columpio, pasan tres días, el loro nada de hablar.

La mujer llega a la tienda un día: se murió el loro. ¿Se murió el loro? ¿Qué? Se murió el loro. ¿Qué? ¿Qué pasa? ¿Cómo que se murió? Se murió, sí se murió, y habló. Sí, él habló antes de morirse. Ah, habló. ¿Y qué dijo? No había comida en la tienda.

El loro se murió de hambre. La mujer se preocupó por el espejito, por la escalera, por el columpio, pero se olvidó de lo más importante, que era alimentar al loro.

Hermanos, ustedes se ríen, pero la preocupación hace exactamente lo mismo con nosotros. Nos desvirtúa de lo importante y nos centra en lo secundario. Inclusive, muchos de nosotros como creyentes podemos enfocarnos en actividades, en cosas, y olvidamos lo importante que es alimentarnos, llenarnos de Dios, de forma tal que podamos disfrutar del gozo. La preocupación desenfocó a esta mujer y le hizo perder el tiempo con trivialidades, con cosas secundarias, que al final trajeron como resultado la muerte del loro.

Y es por eso, hermanos, que Dios quiere que nosotros dejemos a un lado la preocupación, que dejemos a un lado la ansiedad, y vengamos a Él confiando en Él, volviendo los ojos a Él, dependiendo totalmente de Él. Spurgeon decía: no hay forma de vida más bendita que una vida de dependencia en un Dios que guarda el pacto. No nos preocupamos porque Él se preocupa por nosotros. No tenemos problemas porque echamos nuestras cargas sobre Él. ¿Y Cristo dijo eso? Cristo nos invitó a hacer eso. Cristo dijo: "¡Oigan, vengan a mí todos aquellos que estén cargados y cansados, y yo los haré descansar!" Esta es la promesa que el Señor tiene para nosotros.

Warren Wiersbe, comentando este pasaje acerca del apóstol Pablo, dice lo siguiente: "Si alguien tenía una excusa para preocuparse, era el apóstol Pablo. Él estaba preso. Sus amados amigos cristianos en Filipos estaban en desacuerdo, y él no estaba allí para ayudarlos." No tenemos idea de qué estaban disputando Evodia y Síntique, y cuando leemos Filipenses 4, encontramos en los primeros versículos que el apóstol Pablo hace referencia a esta disputa que hay entre estas dos hermanas. Pero fuera lo que fuera, esta situación estaba trayendo división en la iglesia. Si sumamos a eso la división también en la iglesia en Roma, estas cargas se sumaban, quizás también, a la posibilidad de que prontamente el apóstol podría morir. Sí, Pablo tenía una buena excusa para preocuparse, pero no fue así. En cambio, se tomó el tiempo para explicarnos el secreto de la victoria sobre la preocupación. ¿Cuál es? El regocijarnos y depender de Dios en Cristo Jesús.

Pablo nos recuerda: hermanos, este mundo va a tener aflicción. Y Dios lo dice: "En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo." Tendremos aflicción, sí, pero el que está con nosotros, cerca de nosotros, es aquel que ha vencido y cuyo nombre es el Vencedor.

El apóstol Pablo, aquí en estos textos, nos da la razón para no preocuparnos y nos da las armas para vencer la preocupación. ¿Cuál es la razón por la cual yo no debo preocuparme? Porque el Señor está cerca. Él está cerca de mí, y preocuparme literalmente significa hacer algo previo a ocuparme. Yo no tengo control, pero el que está conmigo tiene control sobre todas las cosas. Y Dios dice: "¡Oye, no te preocupes porque Dios está cerca de ti!" Y nos da las armas para vencer la preocupación y la ansiedad, y nos dice cuáles son estas armas: la oración, la súplica y las acciones de gracia.

Él nos dice: "¡Vayan! El Señor está cerca de ti, Él te escucha. ¿Tú tienes un problema? Ven a Él en oración. Habla con Dios. Muéstrale tu corazón. Intima con Dios. ¿Tienes alguna petición? Suplícala, la súplica es la de tus peticiones." Tú tienes alguna petición: yo quiero este trabajo, yo quiero luchar y vencer esta tentación, yo quiero evitar una caída, yo quiero orar por mi papá, mi mamá, yo quiero orar por esto, por aquello. Tráelo a Dios, tráelo a Él.

¿Cómo lo vamos a traer? Con oraciones y súplicas. ¿Cómo lo vamos a traer? Con acciones de gracia. Y este es el mandato: con acciones de gracia. Cuando yo voy a traer una oración, una súplica, tener una actitud humilde y agradecida es saber que yo tengo más de lo que merezco. Yo merezco muerte, y queriendo nada, yo gané gracia, yo gané misericordia. Todo lo que nosotros tenemos, hermanos, está de más. Es gracia, porque ninguno de nosotros es merecedor de la gracia que hemos recibido en Cristo Jesús.

Yo tengo que venir delante de Él, y tal vez mi petición, mi oración, sabiendo que Él amorosamente me la concederá o amorosamente la retendrá. Y sabemos, hermanos, si algunos de ustedes pueden testificar de esto, que hay cosas que pudieran parecer una bendición que yo anhelo, pero al final terminan siendo una maldición para mi vida. Yo anhelo irme a vivir a Suecia y oro para irme a Suecia, y cuando yo me voy a vivir a Suecia, eso trae por consecuencia que mi familia se destruye, mi relación con el Señor se enfría, todo lo que era importante de verdad pasa a segundo plano. Muchas veces nuestras peticiones pudieran ser lo que pensamos nosotros que nos conviene, pero Dios dice que no. Y Dios amorosamente nos da lo que necesitamos, y cuando dice que no, a través de la oración Él alinea nuestra voluntad para entender gozosamente que no era lo que nosotros necesitábamos realmente.

Hermanos, uno de los grandes secretos para superar la ansiedad es disfrutar de la presencia de Dios a través de la oración. Uno de los grandes secretos para vencer la ansiedad es disfrutar de la presencia de Dios a través de la oración. Moisés sabía esto, y por eso en Deuteronomio 4:7 te dice: "¿Qué nación grande hay que tenga un Dios tan cerca de ella como es el Señor nuestro Dios siempre que le invocamos?" Moisés sabía: ¿qué otra nación, cuál otro pueblo tiene un Dios tan cerca, que cuando nosotros le invocamos, le pedimos, Él nos escucha, Él está con nosotros? Y Moisés sabía que el orar a Dios no quiere decir que yo voy a cambiar la voluntad de Dios, que voy a mover el brazo de Dios. No, es que cuando yo oro a Dios, su voluntad y la mía se alinean, y yo puedo tener paz, puedo tener gozo, independientemente de cualesquiera que sean las circunstancias.

Y yo creo que debo hacer un paréntesis aquí, hermanos. Muchas veces nos trabamos de orar a Dios, de pedirle a Dios, como que sentimos: bueno, que yo tengo que venir antes a Dios y decírselo porque quizás Dios no sabe. En fin, Dios conoce todas las cosas, inclusive antes de nosotros pedirlas. Y literalmente esto dice Mateo 6:8: nuestro Padre celestial conoce la necesidad de ustedes antes, inclusive, de nosotros pedirlas. Él conoce nuestras necesidades, pero Él quiere que nosotros le pidamos. Él quiere que vengamos a Él en oración, Él quiere que vengamos a Él en dependencia. Y por eso Santiago nos exhorta: pidan. Ustedes no tienen porque no piden. No consiguen lo que quieren porque no piden, y no sienten paz en las cosas que no reciben porque no piden. Pero al final, al pedir, Dios puede alinear nuestra voluntad con la suya.

Y Piper dice: "Cuando dejamos que Dios conozca nuestras peticiones en la devoción de la oración, muchas de estas peticiones específicas hacen que nuestro corazón sea más agradecido por Dios. Y en ese momento nosotros encontramos paz, una paz que va a proteger nuestra mente y nos librará de la ansiedad de una manera que desafía la mera explicación racional, que sobrepasa todo entendimiento."

Hermanos, tiempos como los que vivimos hoy, tiempo de pandemia, crisis social, crisis económica, que todo el periódico es una noticia mala solamente, que abro el Twitter y de todo que es un problema, deberían llevarnos a nosotros, el pueblo de Dios, a estar de rodillas, postrados delante de Dios, estar adorándole al Señor, pidiéndole, clamándole: Señor, sé con nosotros. Pero tristemente, tristemente, esa no es la realidad de nuestra vida. Si un mal tiene la iglesia el día de hoy, es que la iglesia no ora. La iglesia no ora, el creyente no ora. Tendemos muchas veces a pensar que nosotros no necesitamos venir en oración, que es una pérdida de tiempo, que cinco minutos es mucho tiempo. El creyente no ora, y hasta que no aprendamos a orar, no vamos a tener intimidad con el Señor. Y hasta que no tengamos intimidad con el Señor, no vamos a ser llenos del Espíritu Santo. Y hasta que no seamos llenos del Espíritu Santo, no vamos a poder disfrutar del gozo que Él provee en Cristo Jesús.

Juan Calvino escribió lo siguiente: "Los santos no están hechos de hierro para que no sean sacudidos por las tentaciones. Pero ese es nuestro consuelo." Recuérdenlo, hermanos, ese es nuestro consuelo: podemos depositar o descargar en el seno de Dios todo lo que nos acosa. Podemos vivir en paz solo si ejercitamos la oración. Por lo tanto, siempre que seamos asaltados por la tentación, vayamos a Él en oración como a un asilo sagrado.

Vayamos a Él en oración, busquemos acercarnos a Él, porque la cercanía con Él es lo que va a producir el gozo en nuestras almas, el gozo que tú y yo tanto anhelamos, la paz que tú y yo tanto buscamos. Hermanos, un millón de dólares no va a dar paz. Un millón de dólares, una cuenta de banco, no va a dar paz a ningún hombre. Lo único que nos va a dar paz, una paz que sobrepasa todo entendimiento, es saber que nuestras cuentas están claras con Dios. Y por eso quiero invitarte, quiero motivarte, hermano: ven a Él en medio de la preocupación, trae tus oraciones y súplicas con acciones de gracia delante de Él, y permite disfrutar de la paz que sobrepasa todo entendimiento.

Y esto es lo que el apóstol Pablo dice en el versículo 7. Cuando hacemos esto, oramos, rogamos nuestras súplicas, ¿qué va a pasar? La paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús. He aquí el resultado final. He aquí el resultado final: al yo regocijarme en Dios, solo en Él, yo puedo entender que Él está cerca de mí. Y como está cerca de mí, en medio de mis afanes, en tiempo de afanes, yo puedo traer mis cargas a Él en oración, en súplica, con acciones de gracia. ¿Qué producirá eso? La paz que sobrepasa todo entendimiento que tú y yo tanto anhelamos.

Hermanos, nosotros vivimos en tiempos convulsos. Yo no creo que sorprende a nadie. Estamos viviendo tiempos difíciles, tiempos donde hay muchas cosas por las cuales nosotros pudiéramos pensar que podemos preocuparnos, afanarnos.

Pero yo quiero invitarte a que tú vas a recordar quién tú eres. Quién tú eres: tú eres un hijo de Dios, amado por él. Él te ha amado y su amor ha sido desplegado en la cruz, de forma tal que cuando tú dudas del amor de Dios, yo quiero invitarte: mira la cruz. Y recuerda que él ha prometido no desampararte, aquel que ha dicho que nada te puede separar de su perfecto amor.

Y en medio de la peor preocupación, en medio de la peor ansiedad que tú vas a sentir, yo quiero invitarte: ven a él. Deposita las cargas sobre él y él dará descanso para tu alma. Recuerda lo que Cristo dijo: mi yugo es ligero, mi yugo es ligero, mi carga es ligera, mi carga es ligera porque la lleva por nosotros. En medio de tiempos como estos, yo quiero invitarte, hermano: echa tus cargas sobre Cristo y disfruta del gozo que hay en él.

Sin embargo, hermanos, había una realidad aquí. Quizá hay algunos hermanos aquí que nos visitan el día de hoy, que nos pueden estar viendo por la internet, que no conocen de Cristo. No han rendido sus vidas a él. Hermano, lo que el mundo ofrece es como cisternas que no retienen agua. Por más que tengamos, terminamos de la misma manera: vacíos y sedientos. Es por esto que si alguno que está aquí o nos ve por la internet no tiene a Cristo, yo quiero motivarte en el nombre de Jesús que tú puedas doblar tus rodillas y confesar que tú eres un pecador que necesita de Cristo, que necesita de él. Que tú crees en tu corazón que tú eres un pecador que mereces la muerte, pero que con su sacrificio en la cruz, él hoy te ha dado libertad, te ha dado vida. Y hoy tú puedes cantar que tú eres libre en él.

Es mi deseo, hermanos, el deseo de mi corazón, que si tú estás aquí y tú no le conoces, hoy tú puedas disfrutar de la libertad del Señor, tú puedas disfrutar del gozo que él provee. Y si tú estás aquí y ya le has creído, pero estás viviendo sin gozo, yo quiero motivarte: acerquémonos a él, acerquémonos a él con confianza. Vengamos a él reconociendo que él es nuestro Padre amoroso, que él nos ama, que en su presencia hay plenitud de gozo, delicias a su diestra. Recordemos que él está cerca de nosotros y que su cercanía nos permite disfrutar de él.

Y que además de esto, como buen Padre que él es, como buen Hijo, como buen Hermano, él está preparando una morada para nosotros. Una morada eterna donde nosotros podemos estar ahí con él eternamente y podremos gozarnos de él y alabarle por la eternidad. Una morada donde ya no habrá cosas materiales o temporales por las cuales afanarnos. Una morada donde eternamente exaltaremos al Creador, exaltaremos al Cordero por su obra de gracia y por su maravillosa redención que hizo por nosotros.

Yo quiero invitarte, vamos a orar, vamos a cerrar este tiempo. Señor, te alabamos y bendecimos, te exaltamos, Dios. ¿Por qué? Porque tú nos has salvado, porque tú nos has redimido. Hoy nos has permitido disfrutar del gozo verdadero, el gozo que nunca podrá ser quitado porque está en ti. Señor, porque tú estás en nosotros y nosotros estamos en ti, nosotros podemos disfrutar de ese gozo.

Gracias, gracias por esa bendición que nos has concedido de poder disfrutar de la paz que sobrepasa todo entendimiento, al confiar en que tú estás cerca, al confiar en que, porque tú estás cerca, yo puedo venir a ti y depositar mis cargas, mis preocupaciones, mis ansiedades a tus pies, y tú contestarás, y tú oirás, y tú harás según tu buena voluntad.

Gracias, Señor, por darnos libertad. Gracias por recordarnos, Señor, que tú eres nuestro Padre. Gracias por recordarnos que nosotros somos tus hijos. Gracias por recordarnos que nosotros somos escogidos, perdonados, que nosotros no somos lo que sentimos que somos, nosotros somos quienes tú dices que somos. Y yo quiero celebrar junto a mis hermanos en el día de hoy esa verdad: yo soy quien tú dices que soy, un escogido, un perdonado, aquel que puede entrar confiadamente hoy al trono de la gracia por los méritos de Cristo y celebrar con gozo tu salvación, celebrar con gozo que tú eres nuestro Padre y que yo soy tu hijo. Te exaltamos, Señor, gracias por este tiempo y gracias por tu satisface en el nombre de Jesús.

Joan Veloz

Joan Veloz

Joan Veloz conoció la gracia de Dios en 2005 en la IBI, es pastor de la Iglesia Bautista Internacional y Vicepresidente de Integridad & Sabiduria. Es abogado con maestrías en Gerencia y Productividad, Estudios Teológicos (MATS) y Divinidad (MDiv) y un Doctorado en Ministerio, todos completados en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Michelle Suzaña y tienen tres hijos: Daniella, Camila y Miguel Andrés.