Integridad y Sabiduria
Sermones

Una ciudad intimidante y un Dios omnipotente

Miguel Núñez 17 marzo, 2019

Corinto era una ciudad que intimidaba. Inmoral hasta el punto de que "corintianizar" se había convertido en sinónimo de vida disoluta, plagada de templos paganos donde mil prostitutas servían a la diosa Afrodita, y tan comercial que los marineros dejaban allí todo su dinero. Cuando Pablo llegó a esta metrópolis después de su experiencia decepcionante en Atenas, él mismo confesaría más tarde que arribó "con debilidad, con temor y mucho temblor". Este no era un hombre fácil de amedrentar, pero las circunstancias lo habían gastado.

Sin embargo, la providencia divina ya había preparado el terreno. Aquila y Priscila, expulsados de Roma por el decreto de Claudio, llegaron a Corinto justo antes que Pablo. Eran judíos, fabricantes de tiendas como él, y tenían una casa donde hospedarlo. Nada de esto fue coincidencia. Cuando Silas y Timoteo descendieron de Macedonia trayendo ayuda económica, Pablo pudo dedicarse por completo a la predicación. Dios estaba supliendo la soledad y debilidad de su siervo con los compañeros que necesitaba.

En medio de la oposición judía y la actividad demoníaca de aquella ciudad, Cristo se apareció a Pablo en una visión nocturna: "No temas, sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad". Ese pueblo aún no era creyente, pero Dios ya los había elegido en la eternidad pasada. La omnipotencia divina garantizaba que el evangelio triunfaría donde parecía imposible. Pablo se quedó dieciocho meses, y muchos corintios —incluyendo al oficial de la sinagoga— llegaron a la fe.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Muy buenos hermanos! Oramos para hoy mi vida en su Palabra. Tengo que abrir la Palabra de Dios en el libro de los Hechos, capítulo 18. El pastor Méndez oró por la predicación de la Palabra. Nosotros vamos a estar regresando en el día de hoy a lo que es esta serie que comenzamos meses atrás. Bueno, si me iba a ir para qué emprender a estas, pero que se ha visto interrumpida por varias circunstancias distintas, incluyendo motivos de salud. Pero como anunciamos el domingo anterior, nosotros estaríamos comenzando, y así estamos haciendo, o reiniciando la serie en el capítulo 18 donde nos habíamos quedado.

La última vez que nosotros vimos al apóstol Pablo en esta serie, él estaba en la ciudad de Atenas. En Atenas lo llevaron al Areópago donde él estuvo discutiendo con filósofos epicúreos junto con los estoicos. Y allí Pablo estuvo debatiendo y él comenzó a presentar un mensaje que inició con la revelación del Dios creador y comenzó a avanzar en esa dirección. Pero lamentablemente él no pudo terminar su mensaje; apenas llegó a hablar de que llegaría un día de juicio final donde Dios juzgaría al mundo por medio de un hombre, pero ni siquiera le permitieron identificar al hombre como Jesucristo. Y Pablo comenzó a hablar de la resurrección, pero tan pronto habló de la resurrección, pensaron que estaba loco, otros lo tildaron de palabrero, lo interrumpieron y Pablo tuvo que terminar allí.

Y Pablo se propone entonces salir de Atenas con una experiencia no agradable. Pocas personas llegaron a creer, ninguna iglesia se estableció allí durante este tiempo, y realmente como que Atenas debía haber dejado un sentimiento amargo o triste o decepcionante en la mente, en la memoria del apóstol Pablo.

La próxima parada, la próxima ciudad donde Pablo estaría ministrando sería la ciudad de Corinto. Corinto no era un lugar fácil para evangelizar, era una ciudad difícil por múltiples razones. Si Pablo tuvo un choque cultural cuando estuvo en Atenas debido a que Atenas era considerada como la capital cultural del mundo por mucho tiempo, aunque para este tiempo de Pablo ya había decaído lo suficiente, pero aún así conservaba su historia, conservaba su fama. Si él tuvo un choque cultural en Atenas, él debía haber tenido un choque moral cuando llegó a Corinto, una ciudad altamente inmoral, una ciudad donde predominaba o abundaba la homosexualidad y donde había una gran idolatría.

Y luego, a la ciudad de Corinto, el lugar donde Pablo acaba de llegar después de haber tenido una experiencia decepcionante en Atenas. Y la razón, esta es la razón, la condición de la ciudad de Corinto, es la razón por la que yo he titulado este mensaje: "Una ciudad intimidante y un Dios omnipotente." El texto de hoy habla de dos cosas: de la ciudad donde Pablo llegó y del Dios omnipotente que hace prevalecer su satisfacer en medio de las peores circunstancias que tú puedas imaginar.

Y con eso yo quiero pedirte que leas conmigo del versículo 1 al versículo 11 de Hechos 18, y al final veremos unos versículos más. "Después de esto, Pablo salió de Atenas y fue a Corinto. Y se encontró con un judío que se llamaba Aquila, natural del Ponto, quien acababa de llegar de Italia con Priscila, su mujer, pues Claudio había ordenado a todos los judíos que salieran de Roma. Fue a ellos, y como era del mismo oficio, se quedó con ellos y trabajaban juntos, pues el oficio de ellos era hacer tiendas. Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo y trataba de persuadir a judíos y a griegos. Cuando Silas y Timoteo descendieron de Macedonia, Pablo se dedicaba por completo a la predicación de la Palabra, testificando solemnemente a los judíos que Jesús era el Cristo. Pero cuando ellos se le opusieron y blasfemaron, él sacudió sus ropas y les dijo: Vuestra sangre sea sobre vuestras cabezas. Yo soy limpio, desde ahora me iré a los gentiles. Y partiendo de allí se fue a la casa de un hombre llamado Ticio Justo, que adoraba a Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga. Y Crispo, el oficial de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa, y muchos de los corintios al oír creían y eran bautizados."

Escucha ahora con atención: "Y por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles. Porque yo estoy contigo y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad. Y se quedó allí un año y seis meses enseñando la Palabra de Dios entre ellos."

Dijimos antes de leer el texto que Corinto era una ciudad intimidante, y realmente lo era. De hecho, cuando Pablo llega a Corinto, él escribe posteriormente acerca de cómo él llegó allí, y él le dice en su primera carta, capítulo 2, versículo 3: "Y estuve entre vosotros con debilidad, con temor y mucho temblor." Escucha esas tres palabras: debilidad, con temor y mucho temblor. Si tú conoces algo de la vida del apóstol Pablo, tú sabes que este no es un hombre fácil de amedrentar. Y sin embargo, al venir de Atenas quizás emocionalmente gastado, emocionalmente cansado, decepcionado, y al llegar a Corinto y encontrarse con aquel ambiente inmoral e idolátrico de la ciudad, Pablo experimenta temor, debilidad.

Yo creo que el ambiente social, la actividad demoniaca de aquel lugar que estaremos describiendo, las condiciones en que la ciudad se desenvolvía, contribuyeron significativamente a la experiencia negativa que él había tenido en Atenas.

Corinto era una ciudad griega, era una ciudad que apenas estaba a 50 millas o 82, 83 kilómetros de distancia de Atenas. Tú podías llegar en un par de días a caballo quizás de una ciudad a otra, o si te ibas por barco y había buen viento, un barco de vela podría hacerlo en algunas horas. Era una ciudad con una alta actividad comercial, con una posición estratégica, porque Grecia está dividida en una parte norte, una parte sur, y unida entonces por un istmo estrecho. Corinto estaba, y está al día de hoy, en ese istmo estrecho, de manera que toda mercancía que iba del norte a sur y de sur a norte pasaba por Corinto, y eso la hizo muy próspera.

Era una ciudad muy poblada. Algunos estimados varían desde un número poco probable de 20,000 habitantes a un número más probable de más de 300,000 habitantes. De hecho, algunos la consideraban, hoy al analizar los hechos, como la tercera ciudad del imperio, solamente detrás de Roma y Alejandría. Esa era Corinto para comenzar: altamente comercial, una gran metrópolis, muy cosmopolita, con una gran diversidad de razas o nacionalidades distintas, con mucha actividad y con unos juegos atléticos muy conocidos.

En esta ocasión había dos tipos distintos de juegos conocidos. Estaban las olimpiadas que se celebraban y se siguen celebrando cada cuatro años, que comenzaron en Atenas, y luego estaban los Juegos del Istmo, que eran estos juegos que Corinto celebraba. Algo que te puede dar una idea de cuán poblada era la ciudad y de cuán famosos eran estos juegos es que Corinto tenía un anfiteatro que albergaba entre 14 y 18,000 personas. Para la antigüedad eso es, como dirían en inglés, "humongous," eso es muy grande. Y tenía otro anfiteatro cubierto que albergaba unas 3,000 personas.

La inmoralidad era muy conocida. De hecho, por mucho tiempo, por cien años, se hablaba de la palabra "corintianizar," y si tú estabas corintianizando, implicaba que tenías un estilo de vida inmoral. La palabra en el griego es "korinthiazomai." Si tú no eras de Corinto y alguien te llamaba un corintio, te estaba llamando inmoral. Eso es una idea de cuán conocida era esta ciudad por su alto nivel de inmoralidad. Pudiera compararse hoy en día a Ámsterdam, París en Europa; en Estados Unidos a Nueva Orleans, a Nueva York, a San Francisco, a Las Vegas, o algunas de estas ciudades que tienen un alto índice de un estilo de vida similar. Algunas de estas ciudades pudieran compararse comercialmente con lo que Corinto era, y eso te da una idea entonces de la actividad comercial y de cómo esta actividad comercial, ayer y hoy, frecuentemente promueve lo que es la —hoy le llamamos globalización— pero promueve los índices de inmoralidad, algo que nosotros hemos vivido en nuestra propia nación.

Otra de las atracciones en Corinto era la existencia de un templo a la diosa Afrodita, conocido como una de las maravillas del mundo antiguo. Afrodita era la diosa del amor o la diosa de la sexualidad, de la fertilidad. Hoy en día todavía se habla de cosas que son afrodisíacas. Y ese templo estaba situado en la acrópolis de Corinto llamado Acrocorinto. La gente iba allí a gozarse de la vida inmoral de la ciudad. De hecho, se hablaba de que los marinos que transitaban por aquella localidad muchas veces dejaban todo su dinero en Corinto.

Corinto también era conocida porque tenía dos puertos de mar con una corta distancia entre uno y otro, uno en el este, uno en el oeste. De hecho, nosotros conocemos de Cencrea, conocemos algo porque Febe, la diaconisa que es mencionada en Romanos 16:1, era de la iglesia de Cencrea, y ese era uno de los dos puertos que Corinto tenía.

La ciudad no solamente conocía el culto a la diosa Afrodita, sino que tenía múltiples altares y templos. Y entre esos otros estaba el dios Poseidón, el dios que reinaba sobre los mares. Para el segundo siglo, en el mercado público de Corinto no solamente había estatuas de Poseidón y de Afrodita, pero había estatuas también a Apolo, a Hermes, a Zeus. De manera que eso te da una idea de cuán inmersa estaba esta ciudad en la idolatría y en lo que eran los cultos paganos.

Estas mil prostitutas tenían rituales continuamente, diariamente, en el templo a la diosa Afrodita, donde ellas actuaban en cierta manera con los visitantes por la paga, de tal forma que se estaba adorando supuestamente a Afrodita en la medida en que ellos participaban en estas actividades sexuales.

La Corinto de esta ocasión era considerada una ciudad comercial, como dijimos, cosmopolita, inmoral, pagana, idólatra y orgullosa.

Estas condiciones hicieron de la ciudad una ciudad intimidante, hasta el punto que Pablo llega allí y les confiesa a ellos en una carta: "Cuando llegué a ustedes, hermanos, yo experimenté debilidad, temor y temblor". Las condiciones de la sociedad afectaron la iglesia. Cuando tú lees acerca de Corinto, de la iglesia de Corinto, en la primera carta de Pablo, tú te das cuenta hasta dónde el mundo alrededor llegó, valga la redundancia, a mundanalizar la iglesia, en vez de la iglesia evangelizar la sociedad, algo que sigue ocurriendo hoy.

Sin embargo, a pesar de eso, el Evangelio se abrió paso y el Dios omnipotente detrás del Evangelio pudo sobrepasar su mensaje en las peores circunstancias posibles, en una ciudad intimidante, pero que por encima de ella existía un Dios omnipotente a quien Pablo servía.

Ahora, nota, esta es la ciudad. El resto, lo que nos queda, es hablar de este Dios omnipotente y su providencia y su orquestación. Nota de qué manera Lucas comienza a revelarnos, de una manera sutil, el carácter de Dios, cuando nos dice que Pablo llegó a Corinto y se encontró, como quien dice en inglés, "by the way", pero no hay por casualidad en el reino de los cielos. De manera que Pablo llega a Corinto justamente cuando ya Priscila y Aquila —Aquila es el esposo, Priscila la esposa— cuando ya Aquila y Priscila habían llegado a Corinto. ¿Y de dónde habían llegado? Habían llegado de Italia, además específicamente de Roma, después que Claudio había dado un decreto y había expulsado a los judíos de Roma.

Pero resulta que ellos son expulsados de Roma por un decreto de Claudio, que obviamente estaba bajo la soberanía de Dios, y ellos llegan a Corinto y llegan antes que Pablo. Se establecen en una casa, porque el texto dice que Pablo se quedó con ellos; otra traducción dice que Pablo vivió con ellos. Tenían una casa que podía darle albergue a Pablo. Ellos eran judíos igual que Pablo y ellos eran del mismo oficio de Pablo. Nada de eso es una coincidencia, eso es una "diosidencia". Es parte del cuidado providencial de Dios para con su siervo, que lo saca de Atenas justamente en el momento en que él va a encontrar allí apoyo, porque él iba a necesitar apoyo en un momento de debilidad de su vida y de su ministerio, y él se encuentra allí con esta pareja.

Aquila y Priscila, del mismo oficio que Pablo: ellos hacían tiendas, trabajaban con pieles, y estas tiendas muchas eran de pieles. El texto dice en el versículo 3 que iba a vivir y a trabajar con ellos porque eran fabricantes de carpas al igual que él. Todo el tiempo insistió en trabajar para apoyar su propio ministerio. Pablo estaba preocupado de que si él aceptaba el apoyo económico financiero de las iglesias donde él estaba ministrando, eso pudiera servir de piedra de tropiezo para el Evangelio, y él decidió preferir trabajar de día y de noche hasta fatigarse, precisamente para evitar que el Evangelio pudiera tropezar.

De esa manera, escucha cómo él le dice eso mismo a los tesalonicenses en su primera carta en 2:9: "Porque recordáis, hermanos, nuestros trabajos y fatigas, cómo trabajando de día y de noche para no ser carga a ninguno de vosotros, os proclamamos el Evangelio de Dios". Trabajaron de día, trabajó de día y de noche para evitar ser carga y evitar ser piedra de tropiezo.

Pablo llega a una ciudad atemorizado, donde ya Dios ha provisto compañía, como mencionaba. Dios había movilizado una pareja desde Roma hasta Corinto. Pudieron haber ido a otra ciudad, pero no, fueron a Corinto, donde Pablo iba a estar y donde iba a ser una amistad tan cercana que cuando Pablo sale de Corinto, dieciocho meses después, sale en compañía de Aquila y de Priscila.

La expulsión de los judíos de Roma coincidió con la salida de Pablo de Atenas. La llegada de Pablo a Corinto ocurre poco tiempo después de la llegada de Aquila y de Priscila a Corinto, y esa pareja le sirvió de apoyo. Dios conoce nuestras debilidades, Dios conoce que la soledad no es buena para nosotros, y cuando Dios ve a sus siervos en soledad o en debilidad, Él conoce también quién puede o quiénes pueden ministrarle, y frecuentemente Él moviliza a personas de un lugar a otro y los trae al lado de la persona en necesidad.

Nuestro Dios es un Dios que no solamente movió a Aquila y a Priscila de Roma, sino que para este tiempo movió a Timoteo y a Silas de Macedonia y los trajo a Corinto para acompañar a Pablo y para sostener a Pablo. Evidentemente Pablo había dejado recado para Silas y Timoteo de que se unieran a él en Atenas. Si tú lees el resto del Nuevo Testamento, parece ser que Silas y Timoteo se unieron a Pablo en Atenas, pero Pablo los devolvió y envía a Timoteo a Tesalónica y envía a Silas a Filipos y Tesalónica de Macedonia. Y ahora cuando él está en Corinto, el texto nos dice que cuando ellos llegaron de Macedonia, Pablo pudo dedicarse por completo a la predicación. Vamos a llegar ahí en un momento.

Pero lo que Dios está haciendo es suplir la soledad de Pablo, suplir la debilidad de Pablo con compañeros que él necesitaba, que podían apoyarlo en oración, que podían apoyarlo de diferentes maneras. Yo creo que parte de la necesidad de Pablo tenía que ver con esa guerra espiritual de la cual él habla a los efesios cuando les dice que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra huestes espirituales de maldad, huestes innumerables, miles de seres angelicales caídos en las regiones celestiales. Y Corinto era un lugar perfecto para dicha guerra espiritual.

De manera que ahora tú tienes el versículo 5, lo siguiente: "Cuando Silas y Timoteo descendieron de Macedonia, Pablo se dedicaba por completo a la predicación". Primero Pablo estaba haciendo tiendas con Aquila y Priscila, pero resulta que Silas y Timoteo llegaron de Macedonia. Y ahora dice el texto que Pablo se dedicaba por completo a la predicación, testificando solemnemente a los judíos que Jesús era el Cristo.

Una vez más, cuando tú lees el resto de lo que el Nuevo Testamento dice, tú puedes ver que lo más probable es que Silas y Timoteo trajeron una ayuda de parte de las iglesias de Macedonia, una ayuda económica que permitió que Pablo dejara de trabajar para dedicarse completamente a la predicación del Evangelio. Y en este caso el texto dice que él testificaba solemnemente —esto es algo serio, probablemente en día, la seriedad de la vida eterna— él testificaba solemnemente de que Jesús era el Cristo.

¿Dónde Pablo hacía eso? El texto nos lo dice. En el mismo lugar donde Pablo siempre lo hizo. El versículo 4: "Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo y trataba de persuadir a judíos y a griegos". Pablo intentaba persuadir a judíos y a griegos. Recuerden que la semana pasada yo les citaba un texto de Pablo, la segunda carta a los Corintios capítulo 5, donde Pablo dice: "Conociendo el temor del Señor, persuadimos a los hombres". El texto dice que trataba de persuadir a judíos y a griegos, griegos que habían llegado a creer en ese Dios general de los judíos y que iban a la sinagoga a escuchar lo que tenía que explicarse ese día.

Pero el corazón del pueblo hebreo se había endurecido a tal forma que el pueblo no escuchó a los profetas, no escuchó a Pablo, no escuchó a ninguno de aquellos que trataron de evangelizarle. Había un endurecimiento parcial del cual habla Romanos 11, que perduraba hasta el día de hoy, obviamente cuando Pablo escribió, pero ha continuado de la misma manera.

En el caso de Corinto, el texto nos dice en el versículo 6 que cuando ellos, los judíos, se le opusieron y blasfemaron —no simplemente le hicieron oposición a Pablo, sino que al referirse al mensaje de Pablo, blasfemaron contra Dios— ciertamente los compatriotas de Pablo, los judíos, le dieron más agua de beber que el pueblo gentil.

En Listra, su primer viaje misionero, lo apedrearon y lo dieron por muerto. Luego Pablo llega a Europa por Filipos; en Filipos cayó preso. De ahí se mueve a Tesalónica, y en Tesalónica los judíos lo empujaron, lo forzaron a salir de la ciudad. Él se mueve a Berea, y el texto nos dice que de Tesalónica los judíos se mudaron a Berea y le hicieron una vida imposible a Pablo, y él tuvo que estar huyendo también, y de ahí se fue a Atenas. De Atenas se fue a Corinto. Atenas fue la única ciudad hasta ahora en este segundo viaje misionero donde Pablo no fue forzado a salir, sino que él voluntariamente se fue de Atenas a Corinto. Y en Corinto se le opusieron y blasfemaron.

Cuando Pablo recibe la blasfemia contra Dios de parte de los suyos, esta es su reacción en versículo 6, segunda parte: él sacudió sus ropas y les dijo: "Vuestra sangre sea sobre vuestras cabezas. Yo soy limpio. Desde ahora me iré a los gentiles". Ese era un gesto simbólico de juicio, simbólico de rechazo, y simbólico de que "yo me lavo las manos, mi conciencia está limpia, yo he predicado el mensaje, yo he predicado el Evangelio, ustedes lo han rehusado, y de aquí en adelante los únicos responsables son ustedes".

Esto es algo que el pueblo judío había aprendido, había sido enseñado a hacer eso. De hecho, el mismo Jesús habló algo de eso. En Mateo 10, cuando tú lees el texto, tú te percatas de que hubo un momento en que Jesús envió a setenta de sus discípulos a predicar de dos en dos y les dio instrucciones. Les dio instrucciones de qué hacer cuando fueran por el camino. En una de esas instrucciones dice lo siguiente, de parte de Jesús para sus discípulos: "Y cualquiera que no os reciba ni oiga vuestras palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies". Pablo lo hizo de su ropa; es una forma simbólica de decir: "Esto es parte del juicio de Dios, esto implica un rechazo del mensaje que te podía salvar. Por tanto, de aquí en adelante me iré a los gentiles". El pueblo no escuchó, el pueblo no quiso escuchar el mensaje de salvación.

Pablo se va de allí, se va de la sinagoga y se muda. ¿Dónde tú crees que Pablo se muda? Escucha el versículo 7: "Por tanto, de allí se fue a la casa de un hombre llamado Ticio Justo, que adoraba a Dios, cuya casa estaba junto a la sinagoga".

Y Crispo, el oficial de la sinagoga, creyó en el Señor con toda su casa. Muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados. Aquí estuvo la mano de Dios; los judíos no querían oír. Muy bien, Pablo se va de la sinagoga, pero ¿a dónde se va? Se va a mudar y va a vivir al lado de la sinagoga. Y resulta que, aunque muchos de ellos no creyeron, el oficial de la sinagoga llegó a creer él y toda su casa.

Esa fue una conversión importante porque era un hombre de relaciones. De relaciones entre los judíos porque él era el oficial de la sinagoga, de relación probablemente entre los griegos también, sobre todo aquellos que venían a la sinagoga. De tal forma que, con toda probabilidad, Dios usó esa conversión del oficial de la sinagoga, viviendo Pablo al lado de la sinagoga, para traer a la fe a muchos otros. Porque el mismo texto del versículo 8 nos dice: "Muchos de los corintios, al oír, creían y eran bautizados."

¿Cuáles corintios? Bueno, Pablo nos dice en una de sus cartas a los corintios que los inmorales, los mentirosos, los homosexuales, los afeminados no entrarán al reino de los cielos, y luego agrega: "Y esto erais algunos de vosotros." En otras palabras: corintios, ustedes llegaron a creer, pero salieron de un estilo de vida típico de la ciudad en la que yo estaba predicando. Muchos de esos corintios llegaron a creer. Dios estaba haciendo evidente el poder del Evangelio en medio de toda esa actividad demoníaca, en medio de toda esa actividad inmoral que describimos hace un momento atrás.

En el interín, las energías de Pablo se han venido gastando. Pablo ha tenido múltiples sufrimientos físicos. Pablo fue burlado en Atenas. Pablo está ahora en Corinto ministrando, y fruto de todas esas vicisitudes, al igual que ha pasado con otros siervos de Dios, Pablo se siente en un momento dado decepcionado, triste quizás, deprimido tal vez, gastado. Es más, Pablo pudo verse preguntando, aunque el texto no nos lo dice, lo que nos hemos preguntado algunos de nosotros: ¿Valdrá la pena todo esto? Como dicen en inglés esa frase: "Who needs this?" ¿Quién necesita esto? Estaba bien en Jerusalén, yo era un fariseo, yo era un líder, buena posición, y ahora yo comienzo a predicar el Evangelio y esto es lo que me toca vivir. Y Pablo dice: "Yo llegué aquí con temblor, con temor, con debilidad. Yo estoy gastado, me estoy gastando."

Y cuando tú revisas el registro bíblico, tú te das cuenta de que eso no fue único de Pablo. Abraham temió por su vida dos veces; sí, entregó a su esposa y dijo que era su hermana, temiendo por su vida. Elías degolló 450 profetas de Baal y luego sale corriendo de una sola mujer, de Jezabel. Pobre esposo. David, bueno, no tan pobre porque Acab no era un puente mexicano, pasado de coco tampoco. David tuvo miedo de Saúl. Juan el Bautista, el introductor del Mesías, está en la cárcel y él manda a sus discípulos a preguntarle a Jesús si él era realmente el Mesías o debían esperar a otro. Yo no entiendo. Juan el Bautista, ¿no oíste la voz de Dios? ¿No viste los cielos abrirse y viste al Espíritu Santo descender en forma de paloma? ¿No escuchaste la voz de Dios cuando dijo: "Este es mi hijo amado en quien tengo complacencia"? Hay un momento de duda que viene y él hace la pregunta: "Yo no estoy seguro." Pero, ¿tú no viste, no oíste la voz? Sí, pero yo tengo mis dudas.

Yo creo que nosotros podemos asumir que Pablo está en un momento de debilidad por lo que ocurre, y leemos en los próximos dos versículos. Versículo 9: "Y por medio de una visión durante la noche, el Señor dijo a Pablo: No temas, sigue hablando y no calles, porque yo estoy contigo y nadie te atacará para hacerte daño, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad."

Pablo, tú tienes a Aquila, tú tienes a Priscila, tú tienes a Timoteo, tú tienes a Silas. Pero sabes qué, yo estoy consciente que tú necesitas algo más que simplemente la compañía humana. Tú necesitas algo más que seres humanos que te aman, a quienes tú amas, que te pueden ayudar. Tú me necesitas a mí, de manera que yo he venido a hablarte contigo. Y quiero decirte que, en primer lugar, no temas. Yo sé, Dios está diciendo, yo sé que el temor es una condición típica de la naturaleza humana, pero yo he venido a decirte que no temas. Porque mis propósitos, quien te habla es el Dios todopoderoso, con propósitos que no pueden ser cambiados, alterados, interrumpidos, impedidos, derrotados. Yo soy tu garantía, Pablo.

Eso es exactamente lo que Job aprende después que él pasa por su experiencia de dolor, de sufrimiento. Y al final Job dice en el capítulo 42, versículo 2: "Yo sé..." Ya Job no está diciendo "yo de oídas," no, no, no, no. "Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, tú puedes hacer todo, absolutamente todo. Y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado." Eso es lo que Dios le está diciendo a Pablo ahora: no temas.

Dios, todo lo que Dios se propone, lo hace en el tiempo de Dios, a la manera de Dios, con los recursos de Dios, para la gloria del mismo Dios. Y Pablo conocía eso; Pablo había estado en el tercer cielo. Pero Pablo necesitaba un recordatorio. Pablo era un ser humano al igual que tú y que yo, con necesidades y debilidades en su momento. Y son esos momentos de debilidades donde Dios es más propicio a mostrar su poder. Su poder se perfecciona en la debilidad. Mientras mayor es tu debilidad, mayor es la oportunidad que tú tienes de experimentar el poder de Dios.

Y cuando hablamos del poder de Dios, no estamos hablando de un simple poder. Estamos hablando del poder todopoderoso, valga la redundancia. Estamos hablando de un poder que no puede ser detenido en ninguna circunstancia. Stephen Charnock, escribiendo en el siglo XVII, uno de los puritanos del momento, escribió un libro acerca de los atributos de Dios, un clásico de la literatura, más de 500 páginas dedicadas a describir cómo él concebía los atributos de Dios. Y hablando de la omnipotencia de Dios, él dice lo siguiente: "Es la habilidad que Dios tiene de hacer que lo que él quiere que ocurra, ocurra. Es la habilidad que Dios tiene de hacer que eso que él quiere que ocurra, ocurra con toda certidumbre." Y él agrega: "Nuestros deseos son mayores que nuestras fuerzas, pero no ocurre así con Dios."

En otras palabras, Charnock está ayudándonos a entender: a veces tú tienes deseos, tienes oportunidades, tienes incluso la idea de lo que quieres, y sin embargo no puedes llevarlo a cabo porque no tienes el poder para hacerlo. Pero con Dios no ocurre de esa manera. Charnock agrega: "Su poder es tal que él puede hacer lo que le place sin dificultad y sin resistencia. Lo que él quiera, él lo hace como si no fuera nada. Él no puede ser chequeado, restringido o frustrado." ¿Qué inútiles serían los decretos de Dios si él no pudiera ejecutarlos? Imagina a Dios hablándole al mar que se abra y el mar no se abre.

Escucha cómo el salmista lo dice en el Salmo 135:6: "El Señor hace todo lo que quiere en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos." En otras palabras, Dios hace lo que él quiere en el cielo, en la tierra y aún en el infierno. Nómbrame un lugar donde Dios no puede llevar a cabo sus propósitos.

Mira cómo Jeremías 49:19 lo dice, Dios hablando: "¿Quién como yo?" Imagínate que tu pastor te diga: "¿Quién como yo?" ¿Qué tú pensarías? ¿Qué pensarías que él estuvo comiendo anoche, que salió con una cosa así al día siguiente? Pero cuando Dios lo dice, es verdad. ¿Quién como yo? ¿Quién me puede desafiar? ¿Quién me puede retar?

Esa es la razón por la que Pablo les escribe a los efesios y expresamente les dice que Dios es capaz de hacer mucho más allá de lo que tú puedes pensar o imaginar. Dale rienda suelta, hemos hecho este ejercicio en otras ocasiones. Dale rienda suelta a tu imaginación. Piensa en la cosa más guau, piensa en la cosa más extraña que tú pudieras pensar que Dios pudiera hacer. Y Dios te dice: "¿Ya llegaste? Yo puedo hacer mucho más que eso que tú acabas de imaginar. Mucho más de lo que tú acabas de... Tú no tienes idea de lo que yo puedo hacer."

Entonces el Dios que se le aparece a Pablo le dice: "Pablo, no temas. No temas. Sigue hablando y no calles. Sigue proclamando mi Palabra, sigue proclamando mi Evangelio." ¿Sabes por qué, Pablo? No puedes parar de hablar porque todo lo que yo hago, lo hago por medio de mi Palabra. Y tú sabes que yo declaré a través del profeta Isaías en el capítulo 55, versículo 11: "Así será mi palabra que sale de mi boca. No volverá a mí vacía sin haber realizado lo que deseo y logrado el propósito para el cual la envié." Pablo, tú predicas porque yo te garantizo que cuando tú termines de predicar y la Palabra regrese a mí, la Palabra habrá conseguido todos y cada uno de los propósitos para los cuales yo hice que saliera de ti. No calles.

"Pastor, ¿por qué es que algunos resultan endurecidos por la Palabra?" Así es. La Palabra predicada endurece a algunos y ablanda a otros. Lo vimos el domingo pasado, pero eso es parte de los propósitos para los cuales la Palabra salió. Y Dios dice a través de su profeta: "Yo te garantizo." Y cuando mi Palabra sale, la Palabra no es simplemente una fuerza impersonal, es una fuerza con propósito, es un poder con un propósito determinado. Va y hace lo que le toca hacer y luego regresa a mí otra vez.

El Dios que formó el universo es el Dios que se le aparece y le dice: "Pablo, no temas y no calles. No trates de cometer el error que el profeta Jeremías cometió." Jeremías hizo algo en un momento dado que yo creo que tú y yo hubiésemos hecho mucho antes que Jeremías. Y es que Jeremías se percata: "Yo estoy predicando la Palabra de Dios, yo estoy predicando la verdad, y sin embargo me están persiguiendo. Y la única causa de la persecución es la predicación de la Palabra. Mejor me callo." Escucha cómo lo escribe en Jeremías 20:8, segunda parte, y versículo 9 para que veas qué ocurrió: "La palabra del Señor ha venido a ser para mí oprobio y escarnio cada día." Todos los días me persiguen, se burlan de mí, se ríen de mí porque la palabra que yo predico ha resultado, ha llegado a ser oprobio y escarnio.

Pero si digo "no les recordaré ni hablaré más en su nombre", esto se convierte dentro de mí como fuego ardiente, encerrado en mis huesos. Hago esfuerzos por contenerlo y no puedo. Jeremías dice: "Yo estoy acorralado, porque si hablo la palabra me persiguen, y si no la hablo, por dentro siento que me estoy quemando. Hago todo el esfuerzo posible por contener esa palabra y no puedo contenerla". Así es que mi boca se abre, solo por así decirlo.

"Pablo, no temas, no te calles, sigue hablando". Pablo era un hombre lleno de celo por Dios. Jeremías era un hombre lleno de celo por Dios, pero tenían debilidades. Jeremías se la pasaba llorando; por eso es reconocido como el profeta llorón. Y Pablo no creo que lloraba tanto como Jeremías, pero se cansó. Y sin embargo, estos hombres no eran comunes y corrientes en el sentido de su celo por Dios.

Déjame dar una idea de cuando hablamos de un hombre celoso por las cosas de Dios, de qué estamos hablando. Para que puedas entonces entender que aun ese hombre se cansa en ocasiones, tiene debilidades, y Dios lo sabe. Y Dios viene, Dios envía personas a su lado, y en otras ocasiones Él mismo viene a su rescate. Pero escucha lo que J.C. Ryle escribió hace ya mucho tiempo atrás, en su libro conocido "La religión práctica", de qué es un hombre celoso por Dios:

"Un hombre celoso en asuntos religiosos es eminentemente un hombre de una sola cosa. No es suficiente decir que él es un hombre sincero, cálido, que no compromete sus principios, sin dejar de ser comprometido y ferviente en espíritu". Eso no es suficiente, escucha: "Él es un hombre que solo ve una cosa, a él le importa una cosa, él vive para una cosa, él vive inmerso en una cosa, y esa cosa es el complacer a Dios. Independientemente de que él viva o muera, de que él tenga salud o esté enfermo, de que él sea rico o pobre, de que él complazca u ofenda a los hombres, de que otros crean que él es sabio o lo crean necio. Independientemente de que él sea culpado o reciba el aplauso, independientemente de que reciba el honor o la vergüenza, cada una de esas cosas a él le importa tan poco. Él arde por una sola cosa, y esa cosa es complacer a Dios y avanzar la gloria de Dios. Si él es consumido al arder, a él le importa poco eso. Él está contento, él siente ser como una lámpara que ha sido hecha para arder, y si él es consumido al arder, él solo ha hecho el trabajo para el cual Dios lo designó". Esto es, dice Ryle, lo que yo quiero decir cuando hablo de ser celoso en la religión.

Pablo era un hombre así. Y sin embargo, Cristo tuvo que venir a decirle: "Pablo, no temas, no calles. Sigue hablando, porque yo estoy contigo". Esto fue simplemente una reafirmación de lo que ya Cristo les había dicho a los discípulos cuando dio la Gran Comisión y les dijo: "Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo". "Pablo, yo estaré contigo hasta que mi propósito aquí en Corinto haya terminado. Mi poder está contigo, mi fidelidad está contigo, mi soberanía está contigo, mi compañía está contigo".

Y eso hace entonces que Dios pueda decirle a Pablo lo siguiente: "Y nadie te atacará para hacerte daño". Pablo, nadie. Los judíos se van a oponer, pero yo te garantizo que tú no vas a caer preso en Corinto, que nadie te va a dar los treinta y nueve latigazos que tú has recibido en otras localidades, que nadie te va a dar con vara, que nadie te va a apedrear, porque yo estoy contigo. Nadie podrá atacarte. Yo he puesto un cerco de protección alrededor de ti y ese cerco es impenetrable.

"No calles, continúa hablando, no temas". "Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra". ¿Te acuerdas de esas palabras de Cristo Jesús? Toda autoridad. Se me da una autoridad universal que está por encima de todo el mundo, de toda creación. No solamente yo tengo el poder de hacer la cosa, yo tengo la autoridad otorgada por mi Padre para hacer cuanto a mí se me plazca. Y esa autoridad que Cristo recibió está por encima de toda autoridad humana. Cuando Cristo habla, el resto del mundo calla.

Pero cuando Dios te manda a hablar, no puedes callar, y si lo intentas no podrás hacerlo. El poder de Dios, el poder omnipotente que está con Pablo en Corinto garantizando el triunfo del satisfacerá vuelvan Evangelio en aquella ciudad inmoral, ese poder y esa autoridad está por encima de toda autoridad humana, por encima de todos los reyes. A Nabucodonosor Dios lo puso a comer hierba por siete años junto con las bestias del campo. ¿Te imaginas? Es una autoridad que está por encima de toda la creación. Dios habla y el mar se abre. Dios habla y el Jordán se detiene. Dios habla y los mares se calman. Dios habla y los vientos también entran en paz. Dios habla y el pez vomita a Jonás, porque su poder y su autoridad están por encima de todo lo creado, por encima de todo poder demoníaco que se movía en Corinto. Está el poder de Dios.

Dios habla y los vientos... "No temas, no calles, sigue hablando, nadie te va a atacar". Ahora escucha por qué. Pablo, ¿por qué? El porqué me da razón. ¿El porqué de todo eso? ¿Por qué te digo que no calles? ¿Por qué te digo que no temas? ¿Por qué te digo que yo estoy contigo? Porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

Esos no eran creyentes todavía. Pablo acababa de llegar. El Evangelio ni siquiera comenzaba a propagarse en Corinto, y Dios le dice: "En la eternidad pasada yo hice una elección de personas que hoy viven en Corinto, y la elección hecha se hizo de tal forma que fue predeterminado que el instrumento de conversión serías tú. De manera que no calles, no temas, sigue hablando, porque ese pueblo que yo escogí en la eternidad pasada y que ahora vive allí donde tú estás es un pueblo que va a llegar a creer, y va a llegar a creer por medio de la predicación de mi Evangelio a través de tus labios. No calles, no temas, sigue hablando, porque yo voy a realizar mi propósito en aquella ciudad".

Dios está garantizando la vida del portavoz porque quiere dar vida a aquellos que estaban muertos en delitos y pecados. Y Pablo se parqueó en Corinto dieciocho meses. Si tú lees el resto de la historia, Pablo pasa una semana aquí, pasa otra semana allí. En Atenas pasó unas semanas y de ahí se mudó. Cuando llega a Corinto, él se parquea dieciocho meses. ¿Por qué? Porque está contando con el Dios que le ha dado el respaldo y le ha dado las garantías.

Tu esperanza no está en lo que consigues, tu esperanza no está en lo que manejas, tu esperanza no está en lo que tú puedes controlar, tu esperanza no está en tus dones y talentos, no está en tu preparación. Tu esperanza está en el Dios que controla cada evento de tu vida, incluyendo los decretos que expulsan judíos de ciudades en un momento dado, que llegan a Corinto, y ahí están ellos para recibir a Pablo y proveer para Pablo lo que Pablo necesita ahora.

Y mira lo que ocurre, porque es cierto que los judíos se opusieron, pero Dios le había dicho: "Nadie te atacará". Entonces escucha ahora del versículo 12 al 17 lo que ocurrió: "Pero siendo Galión procónsul de Acaya" —Acaya era la provincia cuya capital era Corinto— "siendo Galión procónsul de Acaya, los judíos se levantaron a una contra Pablo y lo trajeron ante el tribunal diciendo: '¿Este? ¿Este persuade a los hombres a que adoren a Dios en forma contraria a la ley?'"

¿Está Pablo frente al tribunal otra vez? Cualquiera pensaría que era ahí va para atrás. El versículo 14: "Y cuando Pablo iba a hablar, Galión, el procónsul, dijo a los judíos: 'Si fuera cuestión de una injusticia o de un crimen depravado, yo, oh judíos, lo toleraría como sería razonable. Pero si son cuestiones de palabras y nombres y de vuestra propia ley, allá vosotros. No estoy dispuesto a ser juez de estas cosas'. Y los echó del tribunal". ¿Se van de aquí?

Uno pensaría que le quedó arriba a Pablo. Entonces el versículo 17: "Entonces todos echaron mano a Sóstenes, el oficial de la sinagoga, y lo golpearon frente al tribunal. Pero Galión no hacía caso de nada de esto". De manera que no es a Pablo que están golpeando, es al oficial de la sinagoga que están golpeando, porque Dios ha hecho una promesa a Pablo. Y antes de que eso pueda no cumplirse, pasan el cielo y la tierra, pero mi palabra no pasará. Alguna tilde de la ley será cumplida.

De manera que tú, yo, Pablo y cualquiera de los escogidos de Dios puede estar seguro en cada una de las promesas que Dios ha hecho a sus hijos. La única manera que Dios puede garantizar sus promesas es que Dios es omnipotente. La omnisciencia puede predecir el futuro, pero no puede garantizar el futuro. Es la omnipotencia de Dios que garantiza que lo que Él profetiza se cumple. Y Pablo ha recibido garantía de parte de Dios siendo omnipotente.

Esa es la única forma como Dios puede decir: "El cielo y la tierra pueden pasar". ¿Te imaginas eso? Billones de astros, trillones de astros pudieran dejar de existir en un momento dado, antes que mi palabra no cumpla el propósito para el cual yo la envié. Escucha cómo Dios lo dice a través de Isaías 14:26-27: "Este es el plan acordado contra toda la tierra, y esta es la mano que está extendida contra todas las naciones. Si el Señor de los ejércitos lo ha determinado, ¿quién puede frustrarlo? Y en cuanto a su mano extendida, ¿quién puede volverla atrás?" Si Dios determinó algo, no hay manera de darle para atrás. No hay manera de frustrar eso. Cuando Él extiende su mano, no hay manera de volverla.

Y eso es algo importante de manera que traemos esto a un cierre para la iglesia de hoy, porque en ocasiones tú encuentras a alguien desde un púlpito diciendo algo como esto: "Dios quería bendecirte, pero Satanás se interpuso". ¿En serio? ¿En serio? O sea, ¿Satanás es más poderoso que Dios? ¿Dios quería hacer algo, Dios quería bendecirte, pero Satanás decidió que no iba a dejar que Dios te bendijera? O tú perdiste tu Biblia o perdiste la cabeza. Una de esas cosas, porque no hay otra manera de concebir eso.

O alguien se para detrás de un púlpito y dice: "No te dejes robar la bendición de Dios". ¿En serio? ¿Que Dios quiere traerte una bendición y Satanás te la arrebata?

No hay una canción más hereje que la famosa canción de "Arrebato" que anda por ahí. Si tu futuro y todo lo que eres, y todo lo que puedes ser, y llegarás a hacer, están en las manos de tu Creador y Redentor, no está en la mano de Satanás, de un ser que ha sido derrotado por el poder de la satisfactoria cruz. Eso lo saca de tu Biblia, eso lo saca de tu cabeza.

A. W. Pink, y con esto cierro, muy conocido por la manera como él concebía la soberanía de Dios, escribió todo un libro acerca de la soberanía de Dios. Decía: "La iglesia de hoy no refleja la gloria del Dios Creador, de la misma manera que una velita prendida al mediodía no revela la gloria del sol". La iglesia de hoy, con su predicación débil, no revela la gloria del Dios Creador, de la misma forma que una vela prendida al mediodía no revela la gloria del sol.

Es el Dios que se le aparece a Pablo en Corinto y le dice a Pablo: "Esta es una ciudad..." Estoy parafraseando, pero estoy creando el contexto que hemos visto. "Esta es una ciudad inmoral, pagana, idolátrica, llena de vicios, comercial, embuida en la actividad demoniaca. No temas, no calles, sigue hablando, porque yo soy contigo". Y la razón por la que te doy la garantía es porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad, y yo te voy a hacer fiel a ti y al pueblo que yo elegí en la eternidad pasada. Si tú puedes ver la ciudad intimidante, ve al Dios omnipotente que está por encima de la ciudad.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.