Toda autoridad que gobierna ha sido constituida por Dios, y por eso el creyente está llamado a someterse a ella, no por conveniencia ni por temor al castigo, sino por causa de la conciencia. Romanos 13 presenta este principio en un contexto que no admite excusas: Pablo escribe bajo el gobierno de Nerón, cuyos impuestos financiarían la persecución de cristianos y cuyo sistema de justicia eventualmente lo llevaría a la muerte. Aun así, el mandato permanece: pagar impuestos, mostrar honor, respetar la autoridad.
Pero este sometimiento nunca es incondicional. Cuando Sadrac, Mesac y Abednego enfrentaron la orden de adorar una estatua, respondieron al rey con palabras directas: nuestro Dios puede librarnos, pero si no lo hace, igual no serviremos a tus dioses. Lo mismo hicieron Pedro y los apóstoles cuando el Sanedrín les prohibió predicar: salieron del concilio y siguieron enseñando todos los días. La diferencia es crucial: estos hombres no se rebelaban por intereses personales ni por incomodidad, sino únicamente cuando la ley humana contradecía la ley divina.
El pasaje también revela el ministerio que Dios encomienda a los gobernantes: elogiar lo bueno y castigar lo malo, procurar el bien común para que los ciudadanos vivan en paz y dignidad. Este estándar refleja el carácter del Dios que los instituyó. Los creyentes, mientras tanto, deben orar por las autoridades, participar en la sociedad como luz, y vivir con los ojos puestos en una patria mejor: la celestial, donde gobierna un Rey que nunca cambia ni es destituido.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Hemos cantado que no te mueves! ¡Hemos cantado que como no te mueves, como reinas para siempre, tu pueblo, todo aquel que cree en ti puede estar quieto, puede estar seguro, puede tener esperanza de un Rey que no cambia, de un Rey que no es reelecto, que no es destituido, de un Rey que gobierna para bien de su pueblo y para su gloria!
Nosotros te rogamos que en esta mañana, como mencionaba nuestro pastor Miguel, el centro de nuestra atención seas tú, que podamos escuchar tu Palabra como si fuera para nosotros, porque es para nosotros, y que haya corazones, Señor, deseosos de vivir para ti y tu historia. Ayuda, Señor, al predicador, él lo necesita, Padre, y tu Espíritu lo dirija. En nombre de Jesús, amén, amén. Así sea.
Dios les bendiga, hermanos. Para nadie es un secreto que hoy estamos en un día especial, de verdad un día único, ya que coinciden dos eventos que son también diferentes para nuestro país, ya que no son regulares. Uno son las elecciones, y otro no es para nada regular, ya que es la primera vez que tenemos una pandemia y que coincida con las elecciones. Pero es más único y especial y diferente.
En este tiempo nosotros podemos ver cómo hemos hablado, hemos conversado durante meses acerca del tiempo de elecciones y de candidatos y propuestas y demás. Y yo les quiero ser sincero: una de mis mayores debilidades, de las tantas que tengo, es hablar de política. Yo estoy rodeado, gracias a Dios, de hombres y mujeres que les gusta hablar de eso, pero el silencio en mí es obligatorio casi. No hablo mucho en muchas reuniones, pero cuando es de política mucho menos. Y es que no me siento cómodo. Yo reconozco que es una debilidad, ya que no debemos ser indiferentes ante un tema como ese. La nación, el país, nuestra iglesia, incluso los creyentes, estamos afectados por este tiempo, así que es algo que debe ser serio para nosotros.
En esta semana yo me encontré una cita que es atribuida a Spurgeon, según Facebook, pero no lo encontré en ningún lado, así que yo solamente digo que es atribuida a Spurgeon. Sin embargo, tiene mucha verdad y dice así: "Solo los tontos creen que política y religión no se discuten. Es por eso que ladrones siguen en el poder y falsos profetas predicando." Tiene mucho sentido, o sea, hay que hablar de esos temas porque lo que está en juego es algo grande y serio, así como lo que se habla desde una iglesia.
Y tan grande es mi pasividad que en estos días nosotros veníamos del interior, nuestro vehículo, nuestra familia, y nuestros dos niños, uno de nueve y otro de seis, comienzan a hablar de política. Ven un letrero y comienzan a decir: "Ay no, que no gane ese, mejor que gane este." Y entonces nosotros nos asombramos de su opinión y les comenzamos a preguntar por qué dicen eso. "Bueno, porque nosotros vimos que en sus propuestas..." "¿Cómo así?" Yo no me conocía ninguna de las propuestas, y ellos comienzan a decir: "La propuesta de ese dice que va a hacer o va a remodelar o va a ampliar los juegos para los niños. Y que también va a hacer una carretera que va directo hacia el pueblo donde nació mi esposa." Y ya yo veo que las propuestas son cosas que les benefician a ellos.
Sin embargo, "ese es el no, papi." También le preguntamos: "¿Por qué ese no?" "Bueno, porque ese no va a dejar que vayamos a la iglesia y tampoco que leamos la Biblia." Y bueno, en lenguaje de niños ellos están entendiendo algo. Ellos están entendiendo que lo que se va a decidir en este día, o quién sabe si más adelante, es algo que va posiblemente a cambiar la forma en que vivimos. Y esto me recordaba una vez más: wow, esos niños entienden la profundidad, por lo menos a su nivel, de lo que estamos viviendo. La realidad es que no es para nada jocosa esta decisión.
Y hoy estaremos revisando un poco acerca de lo que implica tener un gobierno terrenal. Pero nosotros no somos terrenales según la Biblia, sino que somos ciudadanos celestiales. O sea que hablaremos del ciudadano celestial bajo un gobierno terrenal. ¿Cómo es esa relación? ¿Cuáles implicaciones hay? Y cómo Dios nos deja un mensaje claro de nuestro comportamiento y conducta ante esa situación.
Para eso vamos a leer Romanos capítulo 13. Creo que me acompañen los versos del 1 al 7. Si tiene Biblia, puede abrirla; si no, puede mirar la pantalla como es costumbre. Y vamos a leer esos versos del 1 al 7, Romanos capítulo 13.
Dice: "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan, porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen por Dios son constituidas. Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación. Porque los gobernantes no son motivo de temor para los de buena conducta, sino para el que hace el mal. ¿Deseas, pues, no temer a la autoridad? Haz lo bueno y tendrás elogios de ella. Pues es para ti un ministro de Dios para bien. Pero si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues ministro es de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo. Por tanto, es necesario someterse, no solo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto también pagáis impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios dedicados precisamente a esto." Verso 7: "Pagad a todos lo que debáis: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; y al que honor, honor."
La Palabra de Dios se detiene en este momento a hablarnos de una de las relaciones cotidianas de cualquier individuo en el planeta. Y esto está en un contexto muy especial, ya que nosotros vemos que en Romanos, desde el capítulo 1 al 11, Dios despliega, explica, expone de una forma increíble todo lo que él ha hecho para redimir a un pueblo del pecado y de la perdición. Y este pueblo, impactado por esa obra que es conocida por el mensaje del Evangelio, entonces comienza a vivir de una forma diferente.
Y es entonces en el capítulo 12, que es el anterior a este, donde notamos cómo ese impacto del Evangelio se muestra en aquel que ha creído. Y lo resumimos en cuatro relaciones que son impactadas en un creyente nacido de nuevo que comienza a vivir para Cristo. Y esas relaciones, primero, es tu relación con Dios. Dios te impacta, te da a conocer su gran amor, y entonces tu relación con él es reconciliada, ¿verdad? También la relación con nosotros mismos, la relación el uno con el otro, y la relación hasta con nuestros enemigos. Eso habla el capítulo 12.
Pero ahora en el 13 nos muestra que no solamente el Evangelio arregla o reordena la relación con Dios, con el otro, conmigo y con el enemigo, sino también la relación con aquellos que son mi autoridad. O sea que lo que vamos a leer hoy y lo que vamos a revisar es un creyente que realmente ha sido impactado, ha conocido el gran amor, la justicia de Dios, y entonces por eso vive diferente. Por eso la reacción de un creyente ante las autoridades gobernantes, esas relaciones, esas respuestas diarias que debe dar, es muy diferente a alguien que no conozca de Dios ni de su Evangelio.
El resto del capítulo 13, entonces, nos habla de dos relaciones más. Una es con la ley de Dios, del 8 al 10, y con el día en que el Señor retornará. Nosotros, como bien hemos hablado, nos enfocaremos en esta relación del creyente con el Estado.
Y Pablo no habla esto como desconectado de lo que es el contexto de la Escritura, ya que él reconoce verdad que las autoridades han sido elegidas y designadas, constituidas por Dios. Esto es algo que todo el Antiguo Testamento también proclama. Nosotros pudiéramos ver todo esto en Daniel, por ejemplo, capítulo 4: "El Altísimo domina sobre el reino de los hombres y se lo da a quien le place." Dios mismo dice en Proverbios 8: "El poder es mío. Por mí reinan los reyes y los gobernantes decretan justicia. Por mí gobiernan los príncipes y los nobles." Es por él. Daniel también dice: "Él es quien cambia los tiempos y las edades, quita reyes y pone reyes, da sabiduría a los sabios y conocimiento a los entendidos."
Dios es quien domina las decisiones al final de todo, y él es quien da la autoridad de todo lo que gobierna un país, una nación, incluso un imperio, como lo hemos visto a través de la historia. Al final, la decisión siempre será de él y solo de él.
Entonces, cuando revisemos ahora los pasajes de Romanos 13, nosotros vamos a hablar de tres cosas. Una, la autoridad que tiene este Estado, dada por Dios. La segunda es cuál es el servicio, cuál es el ministerio que realiza este Estado, si es realmente un siervo de Dios como dice este pasaje. Y por último terminaremos con conclusiones y algunas aplicaciones adicionales que hablaremos.
Así que vamos a hablar primero de la autoridad que tiene el Estado, en los versos del 1 al 3. "Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan." La pregunta sería: ¿por qué? Bueno, ya lo hemos dicho, pero los versos 1 y 2 mencionan tres veces la razón. Es porque no hay autoridad sino de Dios, verso 1, y también ese verso 1 dice: "Las que existen por Dios son constituidas." El verso 2 dice: "El que resiste, entonces, a esta autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto."
Y en este sentido, todo Estado de alguna forma es una autoridad divina delegada por ese Dios. Y yo sé que muchos de nosotros podemos estar pensando en muchos casos donde cómo va a ser, o sea, es imposible que estos líderes, que estos senadores, que estos lo que sea, vengan de Dios por la forma en que se conducen, por la forma en que deciden. Sin embargo, el llamado aquí es a nosotros reconocer que Dios está detrás de la institución de estas autoridades y, por tanto, debe haber una reacción natural de todo aquel creyente verdadero. Y es sometimiento, respeto, reconocer. Esto es someterse, verdad: reconocer que hay una jerarquía y que dentro de esa jerarquía hay una autoridad a la cual yo respeto y brindo honor.
Y esta palabra "someterse" está muchas veces en todas las cartas de Pablo, incluyendo el famoso y conocido verso de la mujer, la esposa, que debe someterse a su esposo. No es porque sea mejor, no es porque sea digno del sometimiento, sino porque Dios establece un orden y en ese orden yo respeto aquel que es mi autoridad y me someto.
La autoridad dada por Dios es recordada en un momento clave. Cuando el mismo Dios hecho carne, hablando con Pilato —el pastor habló de eso en estos días—, el mismo Jesucristo le dice a Pilato: "Ninguna autoridad tendrías sobre mí si no te hubiera sido dada de arriba." Es Cristo mismo que reconocía que este hombre pecador, que iba a tomar una decisión catastrófica, era un hombre a quien Dios desde arriba había designado. Y Dios no comparte la responsabilidad de estos gobernantes; en este caso Pilato, sus decisiones. No es que Dios es responsable de esas decisiones, sino que lo que Pablo quiere decir es que la autoridad que tiene sí es dada por Dios. Ahora, sus decisiones son sus decisiones y ellos también darán cuenta.
En el verso 2 nosotros vemos una advertencia, entonces, ante aquellos de nosotros que pudiéramos resistirnos a este principio: que hay una autoridad que Dios le dio, y que nosotros debemos someternos. ¿Qué pasaría si un creyente entonces decide ser rebelde ante ese sometimiento? El verso 2 dice: "Por consiguiente, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto, y los que se han opuesto, sobre sí recibirán condenación." Hay una advertencia clara de que todo anarquismo o rebelión de parte de un creyente es una rebelión contra el Dios que instituyó esas autoridades. Por eso el creyente no debe ser reconocido o conocido porque es aquel que siempre está adelante para ir en contra de todo aquel que tiene una autoridad. No, él respeta, él espera, él honra aquellas autoridades, y cuando llegue el momento de oponerse también lo hace con ese respeto. Y lo veremos más adelante, los ejemplos que la misma Biblia nos muestra.
Los rebeldes entonces no solo se colocan en contra del Dios que instituyó la autoridad, sino también que esto les trae juicio, no solo a los creyentes, a todo ciudadano de una nación esto es aplicable. Por eso someterse no solamente es lo correcto, sino que también es lo más sabio, porque Dios mismo especifica que condenación y castigo vendría a aquellos que no lo hagan.
Por otro lado, además de una advertencia a no someterse, también hay un elogio en este pasaje sobre estas autoridades. Dice el verso 3: "Haz lo bueno y tendrás elogios de ella." O sea, si caminas en este mundo y en esta relación, cuando lo hagas de una forma que a Dios le agrade, Dios se encargará de que el elogio venga a tu vida por medio de esas autoridades.
Y evidentemente, hermanos, si tú y yo somos seres humanos y estamos aquí en República Dominicana o cualquier lugar, nosotros nos damos cuenta de que Pablo está pintando un cuadro como perfecto. Mi hermano, o sea, no siempre esta gente hace lo correcto, ni aplauden lo bueno, ni rechazan lo malo. A veces es todo lo contrario: aplauden lo malo y apoyan lo malo, y cuando hay alguien que hace lo bueno, entonces lo resisten. Y esto está claro, yo creo que Pablo no era ignorante de esa realidad. Él mismo vivió las consecuencias de gobiernos y autoridades injustas. Usted recuerda lo que Pablo pasó a través de manos de las autoridades judías, y usted sabe que, como decimos los jóvenes, "men, este tipo sabe." Este hombre sabe que estas autoridades no son lo que debieran ser, y no solamente de las autoridades judías, sino también romanas, cuando él tuvo que apelar a César para poder tener un juicio apropiado. Entonces él no era ignorante; también él conocía cómo su Salvador mismo fue juzgado por autoridades de una forma injusta, de una forma que lo llevó a la muerte.
John Stott, un teólogo y pastor, decía lo siguiente: "Al describir a los gobernantes en este pasaje con tan buena luz, elogiando a los buenos y oponiéndose a los malos, él está manifestando lo que es el ideal divino, no la realidad humana." Pablo está consciente de que esto es el ideal, de que los gobiernos y las autoridades deberían ser así, y también está hablando a los creyentes: ustedes deben ser así. Así como hay autoridades que no cumplen con estos requisitos, así entre ustedes hay algunos que no se someten. Por tanto, cuando vemos este pasaje, estamos viendo ese estándar que Dios quiere y que de alguna forma, como veremos un poco más adelante, lo revela a Él mismo.
Este mandato entonces de Romanos 13 de someternos es algo que tiene implicación de sujetarnos, pero nunca de una forma incondicional o sin hacer críticas serias a lo que nos estamos sometiendo. Nosotros sabemos que este pasaje pudiera ser abusado. Incluso hay un señor, un presidente de toda una organización, se llama Michael Cassidy, el fundador de la Iniciativa Africana. Este hombre, gracias a su liderazgo, ha podido impactar con el evangelio a África, pero también en la reconciliación racial de su país. Y en una ocasión se le brindó una oportunidad especial: era una entrevista con el presidente. En esos tiempos había una segregación racial seria, sobre todo en Sudáfrica, y él tenía la esperanza de que en esta conversación pudiera haber un cambio en el presidente y en las leyes. Y mientras más se acercaba el día, cuando entró a ese salón de reuniones, él fue desilusionado completamente. Él dice lo siguiente: "Inmediatamente entré al salón de reuniones y me percaté de que este no iba a ser la clase de encuentro por el que había orado. El presidente inició la reunión puesto de pie, leyéndome a mí parte de Romanos 13. Era evidente que él imaginó que este pasaje era suficiente para justificar mi apoyo irrefutable a la política racial del gobierno nacional."
Y muchos pudieran pensar que, debido a que lo que dice aquí es someternos, no debemos considerar a lo que nos estamos sometiendo. Pero eso sería algo completamente antibíblico, ya que en toda la revelación de Dios nosotros vemos hombres que tuvieron que tomar decisiones, y mujeres, incluso cuando las leyes y las decisiones de los gobernantes eran conflictivas con las leyes y los mandatos de Dios.
Así que, si nosotros pudiéramos hacer una pregunta: si la autoridad del gobierno, que es derivada de Dios, abusa de esa autoridad haciendo todo lo contrario a lo que debería, ¿qué yo debo hacer? O sea, imagínate que, como ya dije, alaben a lo malo y rechacen lo bueno, ¿el mandato entonces a someternos permanece todavía? La respuesta directa es un no, y vamos a ver esto en algunos ejemplos de la Palabra de Dios.
Ejemplo número uno, vamos a Hechos 5:40-42. Y en estos ejemplos, como que dice el más reciente, allí tenemos a Pedro y los apóstoles predicando a Jesucristo como Él le había ordenado, y se encuentran con las autoridades judías, el Sanedrín, el concilio, que les arresta, los llevan ante ellos y entonces les dan órdenes de no predicar a Jesucristo. Y el pasaje dice esa frase tan conocida: "¿A quién obedeceremos? ¿A Dios o a los hombres?" No, a Dios, antes que a los hombres. Pero lo que me llama la atención es lo siguiente, vamos a leer un poco de esos pasajes, Hechos 5:40-42. Dice: "Después de llamar a los apóstoles, los azotaron y les ordenaron que no hablaran en el nombre de Jesús, y los soltaron. Ellos pues salieron de la presencia del concilio regocijándose de que hubieran sido tenidos por dignos de padecer afrenta por su nombre. Todos los días, en el templo y de casa en casa, no cesaban de enseñar y predicar a Jesús como el Cristo." Pero bueno, acá la autoridad de acá les iba a decir algo: "No prediques." Y estos hombres todos los días, de casa en casa, hacen todo lo contrario, porque había una ley que era superior a la ley de esos hombres judíos y las autoridades judías. No hay lugar para el temor cuando el gobierno terrenal entra en conflicto con el gobierno celestial. Estos hombres no tuvieron temor. Nos sometemos al gobierno terrenal siempre y cuando esté alineado con el gobierno celestial.
Lo vemos en Pedro y esos apóstoles, pero también lo vemos en hombres como Sadrac, Mesac y Abed-nego, y Daniel. Incluso esto fue una de las conversaciones que tuvimos con nuestros niños. Ellos tenían temor: "¿Y qué tal si el presidente nos manda no ir a la iglesia?" En su lenguaje: "No leer la Biblia, nos van a meter a la cárcel." Bueno, evidentemente esto está en la Palabra muy directo y claro con estos ejemplos. Estos tres hombres, tres amigos de Daniel, en Daniel 3:13-18 se negaron a postrarse ante la adoración de una estatua que el rey había ordenado que se adore. Y cuando este rey Nabucodonosor los llama, hermano, no les dice palabras suaves, no le dice: "¿Y qué pasó? ¿Por qué no lo hicieron, mis hijos?" No, fueron palabras directas, amenazantes.
Y dice así, Daniel 3:14-15: "Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado? ¿Estáis dispuestos ahora para que cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, inmediatamente seréis echados en un horno de fuego ardiente, ¿y qué dios será ese que os libre de mi mano?" ¡Oh, hermano! Oye, yo no sé... bueno, yo sí sé, la Biblia lo dice, ¿cuál es la reacción de estos hombres? Pero la mía hubiera sido temblar. Pero estos hombres estaban hechos de un material diferente.
Y su respuesta es muy famosa y conocida: "No necesitamos darte respuestas, oh rey, acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios, a quien servimos, puede librarnos del horno de fuego y de tu mano. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado". ¡Guau! ¿Cuál es la materia prima de un hombre así? Tal vez fe a la dos, no sé. Conocimiento profundo de Dios al cuadrado, no sé. Pero eso les llevaba a ellos a decir: "Yo puedo someterme a muchas cosas, pero si tú como jefe de estado terrenal te opones a mi glorioso Jefe de estado celestial, hasta ahí llegamos, hasta ahí llegamos".
Y Daniel, otro hombre de Dios, también con un edicto ya ahora de no orar ni adorar a nadie que no fuera al Dios de Darío o al mismo Darío, él también decide ir a su casa y, como de costumbre dice la Biblia, como de costumbre, no hubo ningún cambio, sigue orando con las ventanas abiertas a su Dios. Pregunta: ¿Estaban estos hombres violando Romanos 13? Categóricamente no. Estos hombres obedecían a un Dios que estaba sobre los reyes de esos tiempos.
Y a mí me llama la atención algo, hermanos, porque uno pudiera irse fuera de la balanza aquí y uno pudiera decir: "Así es que, ¿qué?, ¿voy a responder? Tú vas a ver que me manden a hacer algo, no lo hago porque eso no le agradó a Dios". Y la actitud sería también rebelde aunque tuviéramos el deseo de honrar a Dios. Y es que estos hombres, Daniel y sus amigos, fueron tomados de su nación y llevados a Babilonia, y no vemos en la Palabra ninguna queja, ninguna rebelión por ese asunto. Ellos fueron obedientes y se sometieron a este gobierno. Vamos para allá. Estos hombres, estando allá, les cambiaron los nombres. De nombres que significaban algo para Dios, les cambiaron los nombres a nombres paganos, y estos hombres se sometieron, estuvieron tranquilos y siguieron las órdenes. Allí no les importaban los beneficios personales o las incomodidades personales individuales de ellos.
Ahora, cuando la ley de Dios era opacada, confrontada, minimizada, ahí ellos entonces se levantaban. Y esto me llama mucho la atención, hermanos, porque muchas veces nosotros caemos en el error de que si me afecta personalmente a mis intereses, entonces yo no me someto a este gobierno. Si me dan beneficios, si me dan un carguito, si me dan poderes, si me dan, bueno, pues yo estoy bien con este gobierno. Si me quitan todas esas cosas, no, no, no, este gobierno no sirve, que cambie esto. Pero eso no era la motivación y la razón por las que estos hombres se sometían. Ellos se sometían cuando Dios no tenía problema con eso y se rebelaban o desobedecían cuando Dios sí tenía problema con ello.
El último ejemplo son las parteras judías en los tiempos de Faraón. Ustedes lo recordarán, ¿verdad? Faraón da una orden: "Parteras, cuando nazca un niño varón, acaben con él. Si es una niña, que nazca". Pero dice la Palabra en Éxodo 1:15: "Las parteras temían a Dios y no hicieron como el rey de Egipto les había mandado, sino que dejaron con vida a los niños". ¿Cuál es la razón por la cual no obedecieron la orden de este rey? Porque temían a otro Rey mayor, temían a Dios.
Entonces, en los momentos en que nosotros estemos en conflictos, en dificultades, con leyes, con órdenes, con estructuras que nos fuercen a caminar en contra de nuestro Dios, entonces en esos momentos tenemos el permiso, la autorización de nuestro Dios de eso, de desobedecer o no someternos. Pero en todas las otras circunstancias estamos llamados a someternos y a estar sumisos.
Aquí dice una cita que encontré: "En cada uno de los ejemplos que vemos en la Palabra de Dios, lo central era demostrar su sumisión a Dios, no su rebeldía ante el gobierno". O sea, la motivación principal era: yo quiero someterme a Dios, y porque me someto a Dios, yo me someto a ti. Y al someterme a Dios, muchas veces no me someteré a ti, porque mi principal sumisión es a Él. Y la motivación no era rebeldía natural e instantánea ante el gobierno.
Entonces nosotros pudiéramos muturar horas y quizás días tomando ejemplos hasta de la historia cristiana, donde hombres y mujeres fueron mártires por obedecer a Dios antes que a los hombres. Pero el mensaje de estos pasajes, estos primeros tres versos, es: Dios ha instituido y va a instituir en este país y en todas las naciones sus reyes, sus gobernantes. Y nosotros como hijos de Dios que honramos y respetamos a Dios, debemos honrar, respetar y someternos ante las autoridades que Él dispuso.
Con esto abordamos la primera parte: la autoridad que Dios le da al Estado. Ahora Dios también habla aquí de que ellos son ministros de Él. ¿Cuál es el ministerio del Estado, de los gobernantes? ¿Por qué esto es importante? Porque yo debo conocer cómo ellos actúan y yo entonces tratar de alinearme con esto que Dios les dispuso a hacer. Y por otro lado, los gobernantes, los dirigentes deben conocer cuál es su labor para hacer lo que Dios les ha puesto a hacer.
Aquí en los pasajes del 4 al 7 entonces nosotros vamos a ver esta parte: el ministerio del Estado. Y nosotros vemos, así como una repetición de que esta autoridad viene de Dios tres veces se repitió, estos vienen de Dios, Dios lo constituyó, ahora una repetición tres veces de que estos son ministros de Dios. Verso 4: "Pues es para ti un ministro de Dios para bien". El verso mismo también, cuatro, dice: "No en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios". Y el seis: "Porque los gobernantes son servidores de Dios".
Hoy, hermano, cuando tú revisas un poco el griego allí, la palabra allí usada para servidores, ministros, es la misma que ministros delante de la iglesia de Dios o que sirven a Dios en su iglesia. Asombrosamente Dios compara la labor de estos que tienen autoridad sobre una nación con aquellos que tienen la labor y el servicio dentro de una iglesia, porque por Dios son puestos. Entonces nosotros podemos concluir de aquellos que sirven al Estado, ya sean legisladores, servidores civiles, magistrados, senadores, diputados, presidente de la república, secretarios de Estado con o sin cartera, en fin, todos ellos, todos esos ministros son todos ministros de Dios, así como aquellos que servimos en la iglesia de cualquier forma. Y esto es algo serio, ¿verdad?
¿Cuál es el ministerio entonces que Dios les encargó a las autoridades? Nosotros vamos a ver que esto tiene que ver con lo bueno y lo malo, y esto no es nuevo en Pablo. En el capítulo anterior, Pablo menciona muchísimas veces el bien y el mal, lo malo y lo bueno. Nosotros, si pudiéramos repasar rápidamente ese capítulo anterior, en el verso 9 dice: "El amor sea sin hipocresía, aborreciendo lo malo y aplicándonos a lo bueno". En el 17 del 12 dice: "No paguéis a nadie mal por mal, procurad lo bueno delante de todos los hombres". Aquí vemos a Pablo repitiéndolo, lo malo. Y en el 21 dice: "No seas vencido por el mal, sino vence con el bien el mal".
Y ahora, cuando comienza a describir a estos ministros de Dios, los comienza a describir bajo esos términos también. Dice el verso 3, ya lo habíamos dicho, ¿verdad?: "Haz lo bueno y recibirás elogios de esta autoridad". Es parte de su ministerio elogiar lo bueno. El Estado también es para ti un ministro de Dios para bien, o sea, para tu bien, para hacerte bien. Y esto es algo grande, importante en la labor de un siervo, un ministro de Dios en las autoridades de una nación, porque debe procurar el bien común para todos sus ciudadanos.
Primera de Timoteo capítulo 2 habla de que debemos orar por estos gobernantes, ¿verdad? Y da las razones, dice: "Ora por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad". Por esa razón. Ellos aplauden lo bueno, ellos buscan lo bueno, o deberían hacerlo, para que la nación y los ciudadanos puedan estar pacíficamente tranquilos y viviendo una vida de piedad y dignidad.
Por el otro lado, cuando existe lo malo, parte del ministerio, del servicio de un gobernante, es refrenar lo malo. Dice el verso 4: "Si haces lo malo, teme, porque no en vano lleva la espada, pues es ministro de Dios, un vengador que castiga al que practica lo malo". Esa debe ser la función, el rol, el ministerio de un gobernante según Dios.
Y aquí yo tuve que detenerme un poco, porque cuando yo veo esta descripción de lo que debe ser una autoridad terrenal que reconoce a Dios, yo me quedaba pensando: "Oye, pero lo que Dios le está pidiendo es simplemente que hagan lo que Él hace, que representen a un Dios justo, lleno de equidad para con todos". Y este pasaje nos está revelando a este Dios de una forma indirecta, ¿verdad? Dios pide: "A esto tú tienes autoridad, así debes actuar, porque yo, que tengo la autoridad cósmica universal, así actúo".
Este es el Dios que entonces les pide a los cristianos: "Sométanse, porque yo lo he puesto, y si ustedes saben cómo yo soy", ¿verdad? "Sí, Tú eres justo, Tú eres recto, pues hazlo". Entonces, a las autoridades les dices: "Tú eres ministro mío y debes hacer esto y esto". ¿Por qué? Porque viene de un Dios que es santo, un Dios que es justo, un Dios que cuida de los buenos, de los que quieren el bien, pero refrena, castiga, enjuicia a aquellos que hacen el mal. Este es el Dios detrás de este mandato y detrás de estas instrucciones al creyente y al gobierno. Es un Dios que no escatima esfuerzos para traer bondad a aquellos que quieren andar en temor a Él, pero que también lleva juicio a aquellos que hacen el mal, como deberían hacer las autoridades.
Entonces, nosotros pudiéramos decir que, así como las autoridades deben hacer su labor como ministros de Dios, nosotros vemos ahora en el verso 5 una reiteración. Debido a esto, por consiguiente, por tanto, dice el verso 5: "Es necesario someterse, y no solo por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia".
Ellos tienen el poder para castigar, como ya lo leímos, verdad, tienen la espada. Pero no es solo por eso, hay algo mayor y es por causa de la conciencia. Y nosotros pudiéramos pensar en muchas formas de explicar esto, pero la forma más directa y llana es: eres consciente, tienes conocimiento de la voluntad de Dios al instituir a estos hombres y mujeres, por tanto, tu reacción debería ser de sometimiento. Por eso es su voluntad y tu conciencia sería aplastada o entristecida si desobedeces el mandato que yo te doy a someterte. Entonces, por motivos de conciencia, por lo que ellos son y hacen en mi nombre es que yo me someto, y después porque tienen el poder, como Dios, de castigar.
Verso 6: "Pues por esto también ustedes pagan impuestos, porque los gobernantes son servidores de Dios, dedicados precisamente a esto." Ahora, Pablo pasa a una forma práctica de sometimiento y una forma práctica que, verdad, nos duele muchas veces a nosotros. Voy a someterme, sí, sí, la ley, sí, cómo no. Llegan los impuestos. Y Pablo dice: ustedes pagan los impuestos, ¿por qué? Porque los gobernantes son servidores de Dios.
Hoy también, hermano, ¿usted ha pagado los impuestos de esa forma alguna vez o los ha pagado? Es una regla tan bendita. Hoy otra vez de nuevo, esto es un abuso. O reconociendo: están sirviéndome a Dios. No me gusta, no me parece justo, pero son ministros, servidores de Dios, y tengo la responsabilidad, el deber de hacerlo porque representan al Dios a quien amo y a quien respeto. Uy, difícil, verdad. Pero las veces que nosotros nos quejamos por hacerlo y, si fuera posible, hasta lo evitaríamos como muchos lo hacen, están basados en lo que ellos son moralmente: son unos ladrones, aquí no me van a pagar impuestos. Van a usar esos impuestos para otras cosas que no son para el bien de los contribuyentes.
Y yo quisiera que nos detuviéramos al momento en que esta carta está siendo escrita por Pablo. Hermano, no estamos aquí, Pablo diciendo: le paguen los impuestos porque todas estas autoridades son cristianas, ya sé lo bueno. No había una autoridad cristiana en ese tiempo, todo lo contrario: paganos, inmorales. Y Pablo dice: paguen. No solo eso, cuando yo estuve revisando un poco y estudiando algunos recursos, encontré esta descripción de Ligon Duncan, un presidente de un seminario teológico en Estados Unidos. Dice: estas palabras de Pablo vienen nada más y nada menos que de los tiempos de Nerón. Piensa bien en este contexto: el sistema de justicia de Nerón eventualmente llevaría a Pablo a la muerte. Lo que debería estar pensando un cristiano en ese tiempo cuando oía eso de impuestos y toda esta cosa es: ¿debo pagar impuestos cuando mis impuestos serán usados para perseguir y matar a los cristianos por su fe? Esa es una serie de preguntas. Y Pablo dice aquí, así como te dije: paga los impuestos porque son siervos de Dios.
Pablo no solamente responde con un sí a esa pregunta, así debes hacerlo independientemente, sino que en el verso 7 te da una orden, da un mandato: "Pagad a todos lo que debáis: al que impuesto, impuesto; al que tributo, tributo; al que temor, temor; al que honor, honor." ¡Wow, hermanos! Es tan grande la consideración de Pablo, de Dios a través de Pablo, de estas autoridades que Dios puso, de que independientemente de las circunstancias y condiciones, yo tengo un labor como creyente y es de obedecer a mi Dios. Y si eso conlleva que lamentablemente tenga que honrarles con mis recursos y con mi sumisión, pues lo haré para la gloria de mi Dios, no para el aplauso de estas autoridades. Hay una deuda y una obligación que está de nuestra parte para con estas autoridades, por lo que son y por lo que hacen dispuesto por Dios.
Así que, hermanos, cerrando esta parte ya, los cristianos debemos ser los que más respeto debiéramos tener por las autoridades. Y no somos aquellos de los que se quejan todo el tiempo o hablan ofensivamente y escriben en las redes de una forma también ofensiva, hiriente e irrespetuosa. No, hermanos, la Biblia nos llama a algo que está relacionado con el carácter de Dios, por tanto yo actúo de una forma también que lo represente a Él. Hermanos, es un llamado serio e importante para nosotros. No sabemos hasta dentro de pocas horas, o quién sabe si días, quién va a tomar la posición o las posiciones. Pero sí sabemos cuál es nuestro rol, hermano. Sí sabemos lo que Dios nos ha pedido, y el llamado entonces es a cumplir nuestra parte, y Dios llamará a cuentas a aquellos que no cumplen la suya.
Nosotros vamos a concluir con un resumen ahora de lo que hemos visto y con cuatro consejos de aplicación práctica adicional a lo que hemos hablado ya. Pero en resumen, si yo pudiera resumir todo esto, yo pudiera decirle: ciudadano celestial, tú que estás aquí, tú tienes un llamado descrito de esta forma. Uno, sométete a las autoridades de turno porque Dios las puso. Dos, haz lo bueno para que seas elogiado por ellas, y aunque no seas elogiado, eres elogiado por tu Dios. Haz lo bueno. Tres, hónralas con tu bolsillo, con tus impuestos y con respeto. Es el llamado al ciudadano celestial que vive en esta tierra.
Ahora, el llamado a las autoridades, a los que son del gobierno terrenal, es: recuerda quién te designó y hónralo. Eres su ministro y Él te pedirá cuentas. Recuerda para qué te designó. No solo quién te designó, sino para qué: para incentivar y elogiar lo bueno para todos indistintamente, y juzgar y castigar lo malo también para todos indistintamente. Es el llamado de este pasaje.
Ahora, un par de consejos, hermanos. Nosotros conocemos que estamos en tiempos donde ideologías, valores morales están siendo lamentablemente distorsionados. Incluso los gobiernos a veces son herramientas para hacer que estos valores o antivalores sean promovidos y aceptados como leyes. Y en lugar de proteger, verdad, a la familia, al matrimonio y a toda una nación, son entonces propulsores de cosas que hacen daño. Hoy el pueblo dominicano está tomando decisiones, ¿verdad? Y algunos ya votaron, otros van a votar. Pero es posible que Dios elija, a través verdad del pueblo de República Dominicana, un hombre temeroso de Dios, una mujer temerosa de Dios, lo que sea. Pero es posible que no, que la decisión sea todo lo contrario. O incluso que aquellos que pensábamos que sí eran, cambiaron de opinión y se fueron por otro lado.
Yo quiero recordarte, hermano, y mi primer consejo es este: que nuestra esperanza no está en el hombre, sino en Dios. No importa lo que el hombre haga, es Dios quien tiene el control, el dominio, el que gobierna finalmente, como hemos hablado en esta mañana. No te desanimes cuando los candidatos que tú quisieras tal vez no fueron electos. Al final, quien tomó la decisión es Dios. Confía en Él, espera en Él, goza en Él, ten esperanza en Él, porque Él es quien te trajo hasta aquí y quien te llevará hasta el final también. Es Dios, es Dios.
Eso no quiere decir que nosotros, si ese es el caso, si las autoridades toman esa decisión de irse por la vía contraria de Dios, nosotros qué haremos. Bueno, lo que hicieron los hombres y las mujeres de la Biblia: seguiremos oponiéndonos cuando promuevan estándares y leyes que sean contrarios a la verdad de Dios, que amenacen con la vida del no nacido, nos seguiremos oponiendo. Que ataquen la libertad religiosa de nuestra nación, nos seguiremos oponiendo. Que trastornen los fundamentos de la familia y del matrimonio, también nos pondremos de pie y diremos no. Y que no honren al Dios que les instituyó ahí, también diremos no. Esa va a ser nuestra labor. Pero recuerda, no es de hombres, es de Dios. Y todo esto lo haremos con respeto, con sumisión, reconociendo quiénes son como autoridades y quiénes son también como creación de Dios. Ellos son imagen de Dios.
Segundo consejo: no dejes de orar por los gobernantes. Eso es algo que la Biblia lo manda. No importa quiénes sean ni lo que hayan dicho, no dejes de orar por ellos. Eso te caracteriza como hijo de Dios, lo vimos en 1 Timoteo 2. Ora por sabiduría, ora por temor de Dios en sus corazones, porque puedan cumplir el servicio, el ministerio que Dios les ha dado, y para que los propósitos de Dios triunfen sobre los propósitos inmorales y antibíblicos. Ora, pide por ellos, es lo bíblico y es lo que debemos hacer.
Tercer consejo: no te aísles de la cultura y la sociedad donde Dios te ha puesto. Relaciónate con ella mostrando la luz de Cristo. Hermano, esto es un error que la iglesia en siglos pasados, en años pasados, ha hecho. Debido a que estos están tomando estas decisiones, los cristianos nos cerramos en nuestra iglesia, en nuestras casas, y que se hagan lo que ellos quieran. Y no hemos levantado la voz del Señor ni hemos iluminado con su luz, y eso ha sido algo que ha afectado aún más. La indiferencia no debe ser una de las cualidades de un cristiano en un tiempo como este.
Una de esas formas, verdad, es participando en estas elecciones. No, ser indiferente ante esto sería contrario a lo que Dios quiere que un cristiano haga. Participa, sal y muestra que tú eres parte de esta sociedad, pero que eres un ciudadano de otro lado. Yo me he alegrado mucho de que en estos meses la nación se ha movido, verdad, a rechazar conductas, decisiones de los jefes y de los gobernantes. Y yo creo que el cristiano tiene un espacio ahí para también ser parte de eso, de ese rechazo, de una forma pacífica, de una forma que honre a Dios, nunca como el mundo, sino como Dios lo hace.
Pero si nos aislamos, hermanos, lamentablemente vamos a poner, como dice la misma Palabra, la luz debajo de un almud. La sal, desabrida. Y los colegios, las oficinas, las universidades, los residenciales, los hogares, todos se quedarán en oscuridad porque los cristianos estarán aislados. No, no y no. Levántate, estudia la Palabra, sé ejemplo. Si eres un profesional preparado, como Dios nos ha puesto y decidido aquí, habla en tu lugar, en tu ambiente, en tu espacio, defiende los valores que honran a Dios. Y esto traerá luz a otros que, si no hablaras, no llegaría nunca la luz del Señor allí.
Así que promueve la verdad de Dios donde quiera que estén. No ganaremos la cultura odiándola, la ganaremos persuadiéndola con la verdad trascendente de Dios. Eso sí, hermanos, último consejo para cerrar: vive y participa, pero como un ciudadano de otro mundo.
El pastor Miguel, en su mensaje anterior, hizo referencia a esta verdad. Somos peregrinos y extranjeros. A pesar de que estamos siendo impactados por las decisiones de los gobernantes y de las leyes, y participamos, nuestra mente no está aquí. Nuestra mente promueve lo que es de Dios, pero sabemos que, así como la esperanza está en Él, nuestra ciudad y nación última no es esta. El mundo, o este mundo, no es nuestra casa, no es nuestro hogar.
El pastor mencionaba este pasaje, Filipenses 3:20: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo." Esa es la posición de un creyente. Mi ciudadanía está allá y yo anhelo a ese Salvador. Somos ciudadanos de otro país y somos de aquellos que, como dice Hebreos, anhelan una patria mejor. ¿Cuál es esa patria? La celestial. Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse nuestro Dios, pues nos ha preparado una ciudad. Y en esa ciudad, hermanos, Dios siempre es honrado y Jesucristo siempre es amado. Esa es nuestra ciudad y somos peregrinos aquí.
Asombrosamente, yo digo asombrosamente porque mientras leía el pasaje y terminaba el capítulo 13, me doy cuenta de que este es el sabor con que termina Pablo este capítulo. Nosotros leemos los versículos 11 y 12, dice: "Y haced todo esto conociendo el tiempo, que ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando creímos. La noche está muy avanzada y el día está cerca; por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de luz."
El día se acerca, hermanos, donde sí llegaremos a casa, donde sí llegaremos a la República celestial, donde sí tendremos al Gobernante celestial con los ciudadanos celestiales presentes. Hermanos, cuando lleguemos a esa casa, o mientras lleguemos a esa casa, vivamos aquí con los ojos puestos allá.
Oremos. Bendito Padre, nosotros queremos verte a través de todo lo que hemos hablado. Nosotros vemos a un Dios asombrosamente justo, justo porque eres el único que realmente puede premiar lo bueno, como lo harás y lo haces, y eres el único también que rechaza la injusticia, y castiga y castigará lo malo. Eres Tú, Señor. Nosotros creemos en ese Dios, y porque ese Dios no solo es justo, sino que ahora en su soberanía y sabiduría decide dar autoridad a hombres, nosotros honramos a ese Dios sometiéndonos a esos hombres mientras no ofendan a Dios. Nosotros somos peregrinos aquí. Estamos de paso. Yo puedo decirte, Señor, junto con mis hermanos, que este cielo y esta tierra van a pasar, y mis raíces, mis sueños, mis metas, mis anhelos, no deben estar arraigados en esta tierra, sino en un reino que es inconmovible, en un reino donde solamente hay un Rey y que nunca pasa. Gracias, Señor, porque tenemos esa esperanza. En el nombre de Jesús. Amén.
Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.