Integridad y Sabiduria
Sermones

La clave de la felicidad

Miguel Núñez 19 septiembre, 2010

La verdadera felicidad no depende de lo que hacemos para Dios, sino de lo que somos delante de Él. Esta es la clave que Cristo revela en el Sermón del Monte, un mensaje que presenta el estándar más alto jamás predicado y que, precisamente por lo inalcanzable que parece, nos lleva corriendo al pie de la cruz. Cuando Cristo dice "bienaventurados los pobres en espíritu, los humildes, los misericordiosos, los de limpio corazón", no está dando una lista de tareas, sino describiendo un carácter que produce gozo inquebrantable. La palabra griega "macarios" —bienaventurado— era usada para describir a los dioses, seres cuya felicidad ninguna circunstancia terrenal podía arrebatar. Eso mismo promete Cristo a quienes poseen estas cualidades.

El orgullo roba el gozo porque se ofende y se amarga. La falta de misericordia roba el gozo porque busca justicia sobre el prójimo en lugar de interceder por él. La impureza de corazón roba el gozo porque nos hace filtrar todo con sospecha y condenación. Pero quien es humilde no pierde su paz cuando no es reconocido; quien es misericordioso no pierde su felicidad cuando pecan contra él, porque perdona antes de herirse; quien es pacificador valora la reconciliación por encima de tener la razón.

El apóstol Pablo encarnó esta realidad: ni cárceles, ni azotes, ni hambre, ni abandono pudieron quitarle el gozo. "Como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos". No había llegado a la perfección, pero presionaba hacia la meta. Ese es el llamado: reconocer que no estamos ahí, rendirnos al Espíritu que mora en nosotros, y recibir las circunstancias difíciles como instrumentos de Dios para formar en nosotros el carácter que produce verdadera felicidad.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Mateo 4:22-23: "Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron. Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y se extendió su fama por toda Siria, y traían a él a todos los que estaban enfermos, afectados con diversas enfermedades y dolores, endemoniados, epilépticos y paralíticos, y él los sanaba. Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán."

Capítulo cinco: "Y cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba diciendo..." Y ahí comienza el Sermón del Monte.

Padre, gracias porque apenas queremos introducir este gran mensaje proveniente de este gran Maestro para tu pueblo. Padre, te decía el primero en la primera ocasión del día de hoy que tú sabes cuán lejos está el predicador del estándar que tu Hijo deja plasmado en este texto. Y sin embargo, esta es la responsabilidad que tú le has dado para el día de hoy: predicar una palabra que salió de los labios de tu Hijo para cada uno de los demás hijos que tú habías de engendrar por medio de tu Espíritu. Haznos entender lo que tú quieres que saquemos de esta enseñanza, que esta sea una enseñanza transformadora, y te lo pedimos en Cristo Jesús.

Bueno, comenzamos esta serie hoy acerca del Sermón del Monte, que habíamos anunciado ya previamente. Este es un mensaje que sin duda alguna ha sido, a lo largo de la historia, el más predicado, la porción más predicada, más hablada y más escrita de toda la Biblia, la más conocida incluso. Y sin embargo, es un sermón cuya meta, cuyo estándar, es prácticamente imposible de cumplir. Es este mensaje que Cristo predica que nos ayuda a ver un poco mejor cuál es exactamente a qué era que Cristo estaba apuntando. ¿Qué tipo de personas les estaba procurando formar y todavía está procurando formar? ¿Qué tipo de personas él quería formar para que pudieran reflejar mejor su carácter, su imagen y sus enseñanzas? Eso está en este texto de las Escrituras. Esto es lo que nos deja a nosotros ver de qué manera yo puedo representar el mejor testimonio para Dios cuando yo vivo mi vida.

Es aquí donde Cristo nos habla de la necesidad de justicia personal, pero también de justicia social. Y eso fue lo que fue tomado en un momento dado y fue convertido en el Evangelio Social, que llevó a cabo, o que llevó a lo que fue el surgimiento de esa teología de liberación, que no fue más que un cierto comunismo, socialismo cristianizado, y que tuvo su auge hace unos años atrás en América Latina, pero que ha perdido toda su fuerza en el día de hoy.

Este mensaje fue llamado el Sermón del Monte por primera vez por Agustín de Hipona, conocido como San Agustín en los círculos católicos, en el siglo IV, y a partir de ahí entonces todo el mundo ha continuado llamándole de esa manera, simplemente para recordarnos que este fue un mensaje que Cristo predicó en la ladera de una de las montañas o de los montes cercanos al mar de Galilea. Aunque algunos piensan que esto más bien representa una colección que Mateo hizo de muchas enseñanzas que Cristo tuvo a lo largo de sus dos o tres años de ministerio, y que las colocó y las hizo lucir, si pudiéramos decir, como un solo mensaje. Yo no voy a entrar en esa controversia en este momento, si pudiera llamarle.

Pero sí quisiera mencionar, a manera de introducción, que este estándar plasmado aquí está tan alto que ha llevado a algunos a concluir que el Sermón del Monte es una enseñanza todavía para un reino futuro, para el reino milenial, aquel reino del cual habla Apocalipsis 20, que ha de ocurrir después del período de la tribulación. Nosotros no creemos eso, y no creemos eso junto con muchos otros, por múltiples razones.

En primer lugar, porque creemos que Cristo inauguró su reino. Su reino se está expandiendo, su reino está avanzando, y ese reino encontrará su máxima expresión en ese reino milenial que yo acabo de mencionar. Escucha cómo Cristo lo dijo en Lucas 17:21: "Porque el reino de Dios está entre vosotros." O "entre vosotros está ya." No estará, está en este momento, y a partir de ahora comenzará a expandirse a lo largo de toda la tierra, encontrando su final expresión o culminación en el reino milenial.

Si este fuera un mensaje, un sermón futurista, ¿cómo aplicamos nosotros enseñanzas como estas que aparecen en este texto? "Vosotros sois la sal de la tierra." No "vosotros seréis." Vosotros sois ahora, ya, en el momento presente, lo que preserva la tierra. Eso está en este mensaje, que es para el día de hoy.

Si este mensaje no fuera para nuestra generación, ¿cómo explico la enseñanza de este texto cuando me dice "no juréis ni por la tierra ni por el cielo"? Yo no voy a estar jurando en el reino milenial. Esto solamente tiene su aplicación en este mundo caído, precisamente por la manera en que nosotros vivimos. Estas enseñanzas, por lo menos, solo encuentran su aplicación en un mundo como el nuestro.

También enseñanzas más, y me salgo de esa parte de la controversia. ¿Cómo yo explico, si esto es para el reino futuro, este otro texto? Mateo 5:23-25: "Por tanto, si estás presentando tu ofrenda en el altar y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar, y ve y reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario mientras vas con él por el camino, no sea que tu adversario te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas echado en la cárcel." Eso yo no lo voy a vivir en el reino milenial. Mi hermano no va a pecar contra mí, yo no voy a estar en necesidad de reconciliarme con mi hermano, ni tener que ir a la cárcel, ni al alguacil, ni ante un juez. Eso es para este tiempo presente.

De manera que este mensaje que abarca Mateo 5, 6 y 7 es algo que Cristo predica para nuestra generación, y que alcanza su mayor expresión y aplicación en el reino milenial cuando Cristo lo instaure sobre la tierra. Pero una de las razones por la que esta conclusión ha sido presentada es precisamente por lo imposible, no lo difícil, lo imposible que es cumplir a cabalidad este mensaje que Cristo predicó. Y eso yo creo que es lo que ha creado confusión. Pero lo difícil, lo imposible del mensaje, jamás debe llevarnos a nosotros a concluir que el mensaje de Cristo no es para nuestros días, porque tendríamos que hacer lo mismo con múltiples pasajes de las Escrituras.

La Palabra de Dios me manda a amar a mi esposa como Cristo amó a la iglesia. Por lo menos, el corazón de Cristo fue puro, y de esa misma manera Cristo amó a la iglesia completamente, de una manera incondicional. Y yo puedo luchar, y estoy luchando para hacerlo de esa manera, pero yo no voy a lograr hacerlo como Cristo lo hizo. Pero eso no me dice que el estándar es para cuando yo entre en gloria y entonces ame a mi esposa de esa manera, porque ya no será mi esposa.

Es en este texto que Cristo nos dice: "Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto." Claro, ese es el estándar de Dios. Su estándar nunca ha sido menos que la perfección. Eso no dice que eso es para el reino futuro, sino que toda la vida Cristo, Dios, ha exigido esa perfección. Eso es lo que hace que Pablo concluya: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" Porque lo que yo quiero hacer no hago, y lo que no quiero hacer, eso termino haciendo. Y eso es lo que te lleva entonces corriendo al pie de la cruz, te hace entender mejor que la salvación es por gracia, que no es por obras, que es un trabajo de Dios. Es lo que te ayuda a rendirte más para que Dios haga la obra en ti, y hace entonces que tú dejes de luchar en la carne, en tu propio esfuerzo, por conquistar algo, por complacer a un Dios que tú jamás podrás hacerlo en la carne.

Gran parte de nuestra lucha estriba en nuestro deseo, intención, motivación continua para complacer a un Dios por las obras, cuando nuestras mejores obras son como trapo de inmundicia. Este sermón nos puede ayudar a cada uno de nosotros a entender mejor de qué se trata nuestra salvación, para dar una mejor respuesta a nuestro Dios por tan grande salvación.

No solamente este ha sido el texto más predicado, más controversial, sobre el cual más se ha escrito; este es el texto más mal aplicado, más mal entendido y más mal abusado, quizás que cualquier otro texto. Pero este es un gran mensaje. De hecho, yo decía esta mañana que el Sermón del Monte es "Christ at His best," Cristo en su mejor momento. Es aquí donde la persona de Cristo, la misión de Cristo, la enseñanza de Cristo alcanza su grado más sublime, más claro, más específico y de mayor fuerza y autoridad para cada uno de nosotros.

Porque es en este mensaje, predicado probablemente en el segundo año del ministerio de Jesús en toda probabilidad, donde Cristo nos deja ver hacia dónde él está apuntando. ¿Cuál es su meta? ¿Cuál es su estándar? Y lo que eso debe hacer entonces, cuando yo lo veo tan alto, tan inalcanzable, es que debe llevarme a un estado de humildad cada vez mayor, de tal manera que yo pueda ser bienaventurado en una proporción cada vez mayor.

Y lamentablemente, yo creo que la mayoría de nuestros orgullos se deben precisamente a que nosotros desconocemos el estándar, o si lo conocemos, no lo entendemos. Nuestros orgullos ocurren porque nosotros nos vivimos comparando, y las comparaciones siempre crean en el que se compara un estado de orgullo, porque nos comparamos con aquellos que están por debajo de nosotros. Nos comparamos con ellos, nos encontramos superiores, les juzgamos, les criticamos. Cuando en realidad lo que Cristo quisiera es que nosotros tuviéramos la actitud de aquel hombre que va delante de Dios y no se atreve ni siquiera a levantar la cabeza, y ese señor dice: "Ten piedad de mí, un pecador."

Pero nosotros, cuando vemos al otro violentar el estándar de Dios, usualmente lo que hacemos es juzgar en nuestra mente y condenarlo. Cuando lo que debiera, en el mejor de los casos, llevarnos a bajar la cabeza y decir: "Si no fuera por la gracia de Dios, ahí estuviera yo haciendo lo mismo. Señor, ten piedad de mí, un pecador". Pero no hacemos eso. Y no lo hacemos porque esto es lo que ocurre: cuando el hermano me pasa por el lado y viola la ley de Dios, yo saco inmediatamente el Sermón del Monte o algo parecido, lo mido, él queda corto y entonces le condeno. Cuando se trata del otro, cuando se trata de mí, yo no saco el Sermón del Monte; yo mido al hermano, me mido por su estándar, siempre me considero superior y entonces me enorgullezco. Y eso es lo que crea muchas veces ese estado de superioridad en todos nosotros.

Por este sermón, Cristo lo va a sacar, él va a predicarlo, va a enseñar y nos va a colocar a todos en el mismo nivel. Algunos de ustedes jóvenes han oído o han pronunciado una frase que a mí honestamente me desagrada. Cuando ven algo pueden decir o dicen: "Eso está a nivel". ¿Lo han oído? "Pero eso está heavy, a nivel de altura, a mi altura, eso tiene cierta dignidad". Bueno, en este sermón, Cristo lo va a predicar, nos va a mirar a todos y nos va a decir: "Todos están a nivel". Cuando tú miras al otro para el lado y digas: "Ves, está muy a nivel", pero a nivel de quemados es que están todos. Y noten que este es un sermón que nos debe llevar a la humildad.

Yo estoy convencido, perdón, que nuestra respuesta a esta serie —no al mensaje de hoy, a esta serie— va a determinar en gran manera las bendiciones en el futuro inmediato que la iglesia reciba o no reciba de parte de Dios. Este sermón es Cristo, es Christ at His best, Cristo en su mejor momento, porque él viene y se presenta delante de una congregación, una audiencia, eminentemente judía, probablemente exclusivamente judía en este momento de su ministerio. Se para delante de ellos, se compara como Moisés, se coloca por encima de Moisés y de sus enseñanzas, y seis veces en el capítulo 5, la primera parte nada más del mensaje, Cristo les dice a aquellos que escuchaban lo siguiente: "Habéis oído que se dijo a los antepasados, pero yo os digo".

Aquí hay uno que está por encima de todos los maestros anteriores. Aquí hay una enseñanza que va a supeditar todas las demás enseñanzas anteriores, de manera que cuando vosotros oigáis "yo os digo", yo quiero que tomen esta enseñanza, la comparen con las anteriores, porque Cristo en este momento está editando las enseñanzas de Moisés, ampliándolas, reaplicándolas de una manera que cuando la gente lo escuchaba decía: "¡Wow!" De hecho, las últimas palabras del capítulo 7, al final del mensaje, son estas: "Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza, porque les enseñaba como uno que tiene autoridad y no como sus escribas". ¡Wow! Aquí está alguien que reclama y dice ser superior a Moisés. Para esta audiencia judía eso no era poca cosa.

El Sermón del Monte es Christ at His best, o Cristo en su mejor momento, porque aquí él hace algo que yo no sé cómo él lo pudo hacer, excepto que como era Dios, entonces entiendo. Cristo combina de una manera magistral, como ningún otro predicador lo puede hacer, lo que es la parte doctrinal con lo que es la parte de aplicación. Usualmente un mensaje tiene la parte doctrinal o expositiva y luego su aplicación. En este mensaje toda la doctrina es aplicación y toda la aplicación es doctrina. Esto es magistral, extraordinario. Nadie puede hacer eso, excepto Cristo. Cada palabra que salió de su boca era doctrina y eso mismo era aplicación, y cada aplicación, cuando lo medías hacia atrás, era una doctrina que le estaba estableciendo.

Y finalmente, hablando de aplicaciones, este mensaje del Sermón del Monte es Christ at His best, o Cristo en su mejor momento, porque aquí está la clave de cómo yo puedo en esta vida, de este lado de la gloria, ser feliz, satisfecho, todo el tiempo, independientemente de mis circunstancias alrededor. Aquí está la clave, sin lugar a dudas. Yo no estoy diciendo que yo estoy ahí; simplemente estoy diciendo que aquí está la clave.

Lamentablemente nosotros, como hemos oído correctamente que mi felicidad no depende de las cosas materiales, decimos: "Sí, yo creo eso, yo estoy de acuerdo, lo predico, lo enseño". Como hemos oído esas cosas anteriormente, asimismo llegamos a la conclusión de que entonces lo que necesito son disciplinas espirituales para ser feliz: como orar, leer la Biblia, hacer devocionales, ir a la iglesia. Todas las cuales son importantes, pero resulta que hay una gran cantidad de personas orando e infelices, leyendo la Biblia e insatisfechos, haciendo sus devocionales y nunca sintiéndose satisfechos, porque no acabamos de entender. Y aquí, en este mensaje, Cristo lo va a dejar ver claramente: que mi estado de felicidad y de satisfacción no depende en primer lugar de hacer algo, aun si es para Dios, sino de ser algo ante Dios.

Aquí Cristo claramente nos deja ver la diferencia entre hacer y ser. De hecho, podemos ver que muchas veces cuando yo trato de hacer sin ser, eso mismo me lleva a un estado de insatisfacción y de infelicidad. Y él nos deja plasmado aquí la fórmula —yo me voy a atrever a decirlo— la fórmula para yo tener una vida de felicidad completa, plena, ininterrumpida, de este lado de la gloria, antes de entrar al Reino de los Cielos. Pero no tiene nada que ver con hacer; tiene que ver con ser.

Y él nos dice entonces que nosotros debemos ser pobres en espíritu, versículo 3; de corazón arrepentido, versículo 4; humildes, versículo 5; ser hambrientos de justicia, versículo 6. Debemos ser misericordiosos, versículo 7; limpios de corazón, versículo 8; pacificadores, versículo 9. Aquí está la clave.

De hecho, cuando Cristo está enseñando estas cosas, la gente está… ¿Qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? Es más, les digo algo más: "Si vuestra justicia no es superior o no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos". Este no es el mensaje para yo entrar al Reino de los Cielos. Yo no entro al Reino de los Cielos tratando de cumplir este mensaje porque jamás lo lograré. No es para personas que no tienen el Espíritu dentro. De hecho, si no has nacido de nuevo, ni siquiera lo puedo entender, mucho menos aplicar. Cuando el Espíritu mora en mí, yo puedo comenzar a aplicar sus enseñanzas. Terminaré cumpliéndola por completo en el Reino venidero.

Pero esto es lo que a mí me ayuda a entender: que mi santidad, mi justicia personal, mi rectitud moral, para el Reino de los Cielos, tiene que depender de la justicia de Dios que Cristo me da, porque de lo contrario yo voy a permanecer lejos de la presencia de Dios. Este es el mensaje que mejor nos deja ver cuál es la diferencia que debe existir entre el cristiano y el no cristiano, entre el mundo y el pueblo de Dios. Noten que a propósito no dije "y la iglesia", porque lamentablemente la iglesia de Dios ha dejado mucho que desear. El pueblo verdaderamente de Dios.

Cuando veníamos y vivíamos en el mundo se nos decía que a tus enemigos, en buen dominicano, tú les subes los vidrios. Tú no le hablas, tú le respondes de la misma manera. Cristo dice: "No, no, no, no, no. El cristiano que ha nacido de nuevo, que ha sido transformado, él está supuesto a amar a sus enemigos". Pero ¿por qué, Señor? Porque este mensaje, cuando es asimilado y puesto en práctica, es el que mejor puede reflejar mis enseñanzas, mis valores, mi imagen, y detrás de qué tipo de ciudadanos que yo estoy buscando.

En este mensaje, Cristo nos dice: "Presten atención a las oraciones de los religiosos que consisten en vanas repeticiones, pero que no sea así entre vosotros. Entre vosotros debe haber una comunión íntima con vuestro Padre celestial. Entra a tu aposento, cierra la puerta, enciérrate ahí con Dios, donde solamente él sabe lo que está en tu corazón".

Cristo dice: "Mira, los paganos cómo se preocupan por lo que han de comer, por lo que han de vestir, por lo que han de tener en el día de mañana. Vosotros no debéis ser de esa manera, porque los gentiles, aquellos que no me conocen, aquellos que no siguen mis enseñanzas, sobre quienes no se invoca mi nombre, ellos se preocupan de estas cosas. Si habéis entrado en el Reino de los Cielos, vosotros debéis buscar el Reino de Dios primero y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura". Para que marque claramente la diferencia entre el cristiano y el no cristiano, entre el que me conoce y el que no me conoce, entre el que es mi hijo y el que no lo es.

Eso es lo que hace que John Stott, escribiendo sobre el Sermón del Monte, dijera lo siguiente: "Los seguidores de Cristo deben ser diferentes a la iglesia nominal y al mundo secular, diferentes de los religiosos y los irreligiosos". Y él agrega que el Sermón del Monte es la delineación más completa de cualquier parte del Nuevo Testamento de lo que es la contracultura cristiana. ¡Bingo! De hecho, su libro, cuando fue publicado, fue publicado en primer lugar con ese nombre: Contracultura cristiana.

Para aquellos de nosotros que no estaban tan familiarizados con la terminología, la iglesia nominal es aquella —porque él dice que este sermón debe diferenciar, debe delinear aquellos que forman parte de la iglesia nominal de lo que es el verdadero pueblo de Dios— la iglesia nominal está compuesta de los cristianos que asisten pero no existen. Asisten a la iglesia pero no existen en el listado del Reino de los Cielos. Él dice que el cristiano que ha nacido de nuevo tiene que diferenciarse de ese cristiano nominal. Pero debe diferenciarse también del religioso. Bueno, ¿y quién es el religioso? El que tiene una religión. ¿Y quién es el que tiene una religión? Bueno, él tiene ejercicios de devoción porque es religioso: lee la Biblia, va a la iglesia. Lo que no tiene es una relación personal, creciente, pujante, viva, diaria con Dios. Él dice que este sermón marca la diferencia entre ese y aquel.

Y el religioso, ¿quién es? Aquel que no cree nada. Y el cristiano que ha nacido de nuevo debe diferenciarse de ese también. La razón por la que este movimiento ha sido llamado y este mensaje ha sido contracultural es porque toma todos los valores de la cultura y los voltea: lo de arriba para abajo y lo de adentro para fuera. Y nos dice: "Vosotros no os hagáis semejantes a ellos." Eso es como concluye esa parte de su comentario.

Hay una frase en este mensaje que resume todas las demás enseñanzas que Cristo tiene. Es esta, en Mateo 6:8: "No os hagáis semejantes a ellos." Y si bien es cierto que ese versículo está en el contexto de la provisión de Dios, no es menos cierto que ese es el tema central de todo el mensaje. En el reino de Dios, en el reino de los cielos, los ciudadanos son distintos, piensan diferente al resto de los ciudadanos, por una simple razón: ellos han nacido de nuevo. En el nuevo nacimiento se les ha dado una nueva naturaleza. Con esa nueva naturaleza, ya tienen nuevos deseos, nuevas preferencias, nuevos gustos, tienen nuevas metas, nuevos propósitos. Ellos tienen una nueva vida, ya tienen nuevos valores, ya tienen nuevos amigos, ya tienen nuevas maneras de relacionarse. En esencia, ellos son una nueva criatura. Lo viejo ha quedado atrás, lo nuevo ha venido a tomar su lugar, y eso es lo que marca la diferencia entre unos y otros.

¡Wow! ¿Te das cuenta entonces por qué es importante que nosotros podamos asimilar correctamente este mensaje? Sin el Espíritu de Dios morando en mí no lo puedo entender, mucho menos aplicar. Si al mismo tiempo ya soy cristiano y el Espíritu de Dios mora en mí, pero yo trato de lograr esto por mi propio esfuerzo, mi propia carne, yo también voy a fracasar, porque no está supuesto a ser llevado a cabo de esa manera. Es un sermón ampliamente conocido y ampliamente mal entendido y aplicado.

¿Cuál es la porción de este sermón más conocida de esos tres capítulos? ¿Cuál es la porción que prácticamente todo el mundo, creyente y no creyente en Occidente, ha escuchado? ¿Cómo se llama? Las bienaventuranzas. Es una palabra clave, porque esas bienaventuranzas, la palabra clave es "makarios" para bienaventurados, nos dice dos cosas: de qué manera yo puedo ser feliz, satisfecho, todo el tiempo en esta vida antes de entrar en gloria. Yo quisiera saber si hay alguien aquí que pueda levantar la mano que no quisiera ser feliz y satisfecho todo el tiempo. ¡Qué bueno! Porque si no, lo vamos a mandar al psiquiatra.

Usted y yo queremos ser felices todo el tiempo. Cristo dice: "Te doy la clave, y no solamente te doy la clave, te doy el poder y lo pongo dentro de ti para que lo seas." Y no depende absolutamente de nada de lo que está alrededor, de lo que tienes o haces. Depende exclusivamente de una cosa: lo que seas. Y vamos a hablar de eso en un momento, para que seas feliz, satisfecho, todo el tiempo en mí, independientemente del resto de tu entorno.

Y en segundo lugar, Cristo nos da en estas bienaventuranzas la clave para aquellos que son verdaderamente bendecidos por Dios. ¿Cuántos de los que estamos aquí no quisiéramos tener las mejores bendiciones de Dios? Todo el mundo quisiera. Cristo dice: "Te doy la clave y te doy el poder para que tengas mis mejores bendiciones." Y te la doy en un solo mensaje.

Es aquí donde Cristo nos deja ver con claridad que nuestro grado de felicidad, gozo y satisfacción depende primariamente de algo que yo soy o no soy en Dios. Y es por eso que esto puede transformar toda la iglesia. La palabra "makarios" en griego es una combinación, es una palabra rica que tiene una combinación de colores y de matices, porque "makarios" puede ser perfectamente traducida como "felices." De manera que cuando tú eres makarios, bienaventurado, tú eres una persona feliz, tú eres una persona bendecida. Y Cristo comienza a decir: "Felices, bendecidos y satisfechos son aquellos..." Y nos comienza a mostrar con claridad que mi felicidad depende primordialmente de nuestro grado de humildad, de cuán misericordiosos nosotros somos o no, de cuán limpio de corazón yo soy, de cuánto yo soy o no un pacificador, de cuánto yo tengo un corazón arrepentido, de cuánta hambre y sed de justicia yo verdaderamente tengo.

Déjame decírtelo con otras palabras, sin cambiar, sin alterar en lo más mínimo, de hecho sin alterar un ápice lo que Cristo dijo, simplemente cambiándote una palabra. Déjame leerte tres o cuatro de ellas: felices los humildes, felices los misericordiosos, felices los de limpio corazón, felices los pacificadores. Fíjate que Cristo no dijo: "Felices los que trabajan para mí." No, yo puedo trabajar para Él, ser el pastor de la iglesia y ser muy infeliz. Él no dijo eso. Cristo dijo: "¿Felices los que recuerdan, memorizan y repiten mi palabra?" No, Él no dijo eso. Las fórmulas no son tan fáciles y a la vez no son tan altas. La verdad es: bienaventurados, satisfechos los que son algo delante de mí.

Déjame decirte un poco de eso, porque sobre eso es que Él va a derramar sus bendiciones, y ahora serán felices, satisfechos y bendecidos. Déjame ilustrar un par de cosas. ¿Qué es lo opuesto de la humildad? Porque felices son los humildes. ¿Qué es lo opuesto de la humildad? El orgullo, el que se ofende. Al ofenderse, ese es el orgullo que se amarga, el orgullo que se resiente. Y ahora ese corazón resentido, producto de un orgullo que estaba en el corazón, para dondequiera que va se siente amargado. Él no es feliz, él no está satisfecho, y mucho menos bendecido. Su orgullo no se lo permite.

Bendecidos, felices los misericordiosos. ¿Qué es lo opuesto de tener misericordia? ¿Qué quiere el que no tiene misericordia? Quiere ver justicia. Entonces, como él quiere ver justicia, él continuamente está viendo al hermano cuando peca y diciendo: "La disciplina de Dios viene por ahí. Tú vas a ver. Conmigo nadie se juega, a Dios nadie se burla." Y Cristo dice: "¿Sabes qué? Ese estado no te deja estar feliz. Cuando tú debieras estar de rodillas delante de mi presencia pidiendo que yo tenga misericordia de él, a quien tú has visto transgredir la ley de Dios. Como mi Hijo estuvo en la cruz diciendo: 'Padre, perdónalos, perdónalos porque no saben lo que hacen.' Los misericordiosos disfrutan de mi felicidad y no andan buscando que yo visite la justicia sobre nadie. Esa es mi prerrogativa."

Cuando no somos puros de corazón, ¿qué hacemos? Buscamos continuamente y condenamos al hermano. Y la impureza de corazón muchas veces no me deja incluso ni siquiera filtrar lo que es el mensaje de Dios para mí, porque en un mensaje como este todos hemos estado ahí. Pudiéramos aparentar que no, pero todos hemos estado ahí, estado ahí en algún momento. "Eso lo dijo el pastor para mí. Eso fue por mí que lo dijo." No, el limpio de corazón no piensa de esa manera. ¿Por qué? Porque mira cómo piensa el limpio de corazón. Él piensa en todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable. Si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto medita.

¿Tú te imaginas que tú y yo —yo no estoy diciendo que yo estoy ahí— tú te imaginas que tú y yo por los próximos 30 días, 60 días, lo único que estuviera en nuestra mente es aquello que es bueno, digno, amable, honorable, si es digno de alguna virtud, que el único pensamiento en el que nosotros tuviéramos meditando fueran aquellas cosas de esa naturaleza? ¿Cuán felices seríamos? Pero nuestra impureza de corazón no nos deja pensar como nos manda Pablo en Filipenses 4:8.

Cuando no somos pacificadores, ¿qué queremos? Que se nos otorgue la razón. Y preferimos, en busca de la razón, permanecer irreconciliados. "Hasta que yo tenga la razón." Y esa irreconciliación y estado de guerra interna no me permite ser feliz. Cristo dice: "Felices los pacificadores, aquellos que aman la reconciliación, que la buscan, aquellos que hacen lo indecible por reconciliarse ante mi presencia. Son benditos, son felices. A esos, nada ni nadie les puede arrebatar el gozo que yo he puesto en ellos, porque es algo profundo, es algo interno que no depende de lo externo."

De hecho, la palabra "makarios" en el griego secular era aplicada a los dioses, porque el hombre secular entendía que los dioses allá arriba, en otra dimensión, tenían una felicidad y un gozo que la gente de aquí abajo y las circunstancias de aquí abajo no les podían robar. De manera que cuando Cristo dice "makarios," bienaventurados a aquellos que son de esta manera, está diciendo: "Bienaventurados son porque las circunstancias de aquí abajo no les pueden robar su estado de gozo y satisfacción." Porque la felicidad de ser makarios, si yo pudiera decirlo así, no se la produjo nada de aquí abajo, sino de allá arriba. Y como lo de allá arriba no se le ha ido, él permanece makarios aquí abajo. Bienaventurados los pacificadores, bienaventurados los limpios de corazón.

Con esa idea entonces en mente, Dios nos dice: aquellos que son así, entonces reciben las mejores de mis bendiciones. Y ahora "makarios" es completado: feliz, satisfecho y bendito.

"Bueno, pero pastor, usted dijo que esto es para el reino milenial. En parte, esto es imposible." En parte. "¿Cuál es la otra parte, pastor?" Que hay una manera de hacerlo ahora y aquí. Y que no solamente Cristo alcanzó esto, porque yo conozco un hombre del cual me habla Dios, que ni las cárceles, ni las persecuciones, ni los naufragios, ni los látigos, ni el hambre, ni la desnudez, ni la soledad, ni el abandono de sus amigos, ni las murmuraciones, ni las críticas, ni ninguna otra cosa experimentada por mi hermano Pablo pudo quitarle el gozo y la satisfacción continua que él experimentó.

¿Tú quieres oírlo de parte de sus propios... bueno, no labios, pero su propia pluma? Míralo aquí en 2 Corintios 6, donde lo dice a partir del versículo 3, creo que es ahí que está.

No dándonos nosotros en nada, escúchame porque voy a leerlo bien rápido, no dándonos nosotros en nada motivo de tropiezo para que el ministerio no sea desacreditado. Primera parte, en primer lugar: no quiero que nada desacredite el ministerio y por tanto nada será piedra de tropiezo en mi vida. Pero ahora escucha: sino que en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios en mucha perseverancia.

Pero, ¿en qué fue que perseveraste, Pablo? ¿Tú que tuviste la clave de la felicidad y el gozo, en qué perseveraste? Escúchalo ahora: en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, en paciencia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios, por armas de justicia para la derecha y para la izquierda, en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama, como impostores pero veraces, como desconocidos pero bien conocidos, como moribundos y he aquí vivimos, como castigados pero no condenados a muerte. Escúchame: como entristecidos mas siempre gozosos, como pobres pero enriqueciendo a muchos, como no teniendo nada aunque poseyéndolo todo. Nuestra boca, oh corintios, os ha hablado con toda franqueza, nuestro corazón se ha abierto de par en par. Vosotros no estáis limitados por nosotros, sino que estáis limitados en vuestros sentimientos. Como entristecidos mas siempre gozosos, como pobres, y mi pobreza enriquecía a muchos de este lado de la gloria, y no siendo Cristo.

¿Cómo, pastor, cómo lo hizo Pablo? Un hombre humilde, un hombre misericordioso, un hombre amante de la reconciliación porque era un gran pacificador, un hombre con hambre y sed de justicia, de acuerdo, un hombre pobre en espíritu. ¿Eso cómo lo hizo? Y él decía: no es que yo he llegado, no es que yo estoy ahí, prosigo hacia la meta. Y eso es lo que tú y yo tenemos que hacer. Tú y yo no hemos llegado, pero tenemos que presionar hasta la meta.

Porque bienaventurado es el hombre que puede hablar de esa manera, porque te das cuenta ahora que en medio de la peor circunstancia él puede ser feliz, bienaventurado y satisfecho. Mientras más yo poseo las características del Sermón del Monte, menos mis situaciones y aflicciones de este mundo me afectan. Mientras más yo poseo este carácter descrito aquí, más gozo espiritual yo experimento y poseo.

Materialmente no necesito nada para sentirme completo. El que es pobre en espíritu no se siente triste cuando carece de algo. Y yo que quería comprar, sí, pero lo que querías comprar no era lo que te estaba dando el gozo ni la satisfacción. Ya tú lo tenías, y estando en ese gozo querías comprarlo. Ahora que no puedes comprarlo o hacerlo, eso no cambia absolutamente nada mi estado interior de cómo yo me siento. El pobre en espíritu puede decir eso.

El humilde no pierde su gozo cuando él no es reconocido, porque no andaba buscando reconocimiento. Eso no le afecta mayormente, y aún más, él sabe que su recompensa será grande en el cielo y su patria no es esta, es futurista, es otra que aún está por verse.

El misericordioso no pierde su felicidad cuando otros pecan contra él. ¿Sabes por qué? Porque les perdona. Y de hecho, si es muy misericordioso, quizá ni tenía que perdonarlos porque no se ofendió en primer lugar ni se hirió.

El limpio de corazón no pierde su motivación cuando las circunstancias a su alrededor no llenan sus expectativas. ¿Saben por qué? Porque él sabe que eso jamás va a ocurrir de este lado de la gloria, que sus expectativas han de ser llenadas en el reino de los cielos en primer lugar. Y en segundo lugar, como esa persona también es un humilde de corazón, él sabe que muchas de sus expectativas son pecaminosas y erróneas. Yo no estoy ahí, pero yo quiero por lo menos llegar a donde Pablo llegó.

Estos son los macarios, estos son los bienaventurados. Es interesante porque en el concepto hebreo esta es una palabra cargada, llena de significado, de peso. La Septuaginta, que es la traducción al griego del hebreo, la palabra que es traducida en la Septuaginta como macarios es la palabra hebrea ashrê. Y ashrê es una condición especial de aquellos que han sido bendecidos por Dios, de aquellos que han recibido la aprobación de Dios. Esos son ashrê. Y mientras más yo poseo estas características que Cristo describe en el Sermón del Monte, más aprobación de Dios yo tengo.

Nosotros tenemos una búsqueda insaciable, continua, jamás satisfecha de querer sentirnos aprobados por Dios. Y la manera como tratamos de sentirnos aprobados por Dios es haciendo cosas para Dios, que está bien. Pero Dios dice: eso no es lo que te garantiza mi aprobación. Lo que te garantiza mi aprobación, si tú quieres ser verdaderamente macarios o ashrê, griego, hebreo, no importa en cuál lenguaje, es que tú necesitas ser misericordioso, tú necesitas ser humilde, tú necesitas ser pobre en espíritu, tú necesitas ser un pacificador, tú necesitas ser alguien que es amante de la justicia.

Y Dios dice: cuando seas así, no cuando hagas así, sino cuando seas así, serás feliz, satisfecho, bienaventurado, y yo derramaré abundantes misericordias y bendiciones sobre ti. De hecho, derramaré las mejores de mis bendiciones sobre tu vida.

Wow. Bueno, ¿por dónde comienzo? Bueno, por donde yo siempre comienzo: reconociendo. Dios, yo no estoy ahí, perdóname. Y enséñame todas las veces durante el día, mientras vida yo tengo, donde yo me he quedado corto de ese estándar, para yo volver a luchar para hacerlo mejor la próxima vez.

Déjame leerte del Salmista mismo algunos pasajes rápidamente de lo que significa, de cómo el Salmista vio cómo es ser bienaventurado, bendecido. ¿Sabes por qué esto es importante? Porque lo que yo te voy a leer ahora es cómo el Salmista expresa que su condición de sentirse bienaventurado nunca tuvo nada que ver con nada externo que estuviera pasándole a él, o que él tuviera o no tuviera o careciera, sino que dependía exclusivamente de su relación con Dios.

El Antiguo Testamento tiene sus propias bienaventuranzas. No las llaman bienaventuranzas, no están agrupadas una detrás de la otra, pero tiene cuarenta y seis de ellas, veintiséis de las cuales están en los Salmos. Yo no tengo tiempo para leerlas todas, pero te voy a leer una buena representación de ellas.

Salmo 1:1, "Bienaventurado es el hombre que no anda en el consejo de los impíos, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la silla de los escarnecedores." Primera condición de aquel que recibe bendición: evita el pecado.

Salmos 2:12, "Bienaventurados son todos los que en Él se refugian." En ninguna otra cosa está su seguridad.

Salmos 32:1, "Bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto." Una vez yo sea perdonado, hermano, considérate bendecido.

Salmos 32:2, "Bienaventurado es el hombre a quien el Señor no culpa de iniquidad y en cuyo espíritu no hay engaño."

Salmos 34:8, "Bienaventurado es el hombre que en Él se refugia."

Salmos 65:4, "Bienaventurado es el que Tú escoges y acercas a Ti para que more en Tus atrios. Seremos saciados con el bien de Tu casa, Tu santo templo." Cuán bendecido, feliz, satisfecho debe ser aquel a quien Tú escoges y luego Tú lo acercas a Ti, porque cuando estemos ahí morando en Tu casa, Tú nos saciarás con todo bien.

Salmos 84:4, "Bienaventurados son los que moran en Tu casa, continuamente te alaban."

Salmos 84:5, "Bienaventurado es el hombre cuyo poder está en Ti, oh Dios."

Salmos 84:12, "Bienaventurado es el hombre que en Ti confía."

Salmos 144:15, "Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor."

Fíjate que cada vez que yo leía la palabra bienaventurado, ahí tú podías colocar "felices son", "satisfechos son", y te das cuenta que nada tenía que ver con la condición de este mundo, sino con su confianza en Dios, con su esperanza en Dios, con refugiarse en Dios, con tener a Dios por Señor, con tener su pecado perdonado, con haber experimentado la misericordia y el perdón de Dios, con haberse alejado del pecado.

Este mensaje tiene el potencial de cambiar esta iglesia por completo, pero la manera como lo hace es cambiándonos por individuos, uno a uno, por completo. Y en la medida en que entonces entramos en un estado corporativo como iglesia de ser macarios, felices, satisfechos en lo que Dios provee, en esa misma medida Dios está dispuesto a completar ese estado de macarios produciendo o haciendo llover o derramando sus mejores bendiciones sobre mi vida.

Si tú eres un hijo de Dios, tú tienes la clave. Si tú eres un hijo de Dios, tú tienes el poder dentro de ti, no en tu fuerza, no en tu carne, en el Espíritu de Dios que mora en nosotros. ¿Cómo lo hago, Dios? Yo tengo que rendirme por completo a la acción de Su Espíritu y reconocer entonces que las circunstancias alrededor son las enviadas por Dios a propósito, con propósito, para producir estas condiciones en mí que yo no tengo.

De manera que cuando Dios dice "bienaventurados los pacificadores" y luego nos dice "amad a vuestros enemigos", Él me manda dos o tres enemigos para que vaya practicando y vaya desarrollando el carácter de un pacificador, porque amando al hermano yo no voy a desarrollar ese carácter, es al enemigo. Y así sucesivamente.

De manera que démosle la bienvenida a aquellas cosas que Dios orquesta a mi alrededor, porque ellas son las productoras de este carácter del Sermón del Monte que tú y yo queremos, para finalmente sentirnos felices, satisfechos y bendecidos.

Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos con integridad y sabiduría.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.