La vida cristiana enfrenta un peligro real: creyentes que han sido limpiados por la sangre de Cristo pueden olvidar esa purificación y volver a revolcarse en el lodo del pecado. Segunda de Pedro advierte sobre falsos maestros que habían surgido dentro de la iglesia, personas que aparentemente habían experimentado la salvación pero que ahora negaban al Señor y arrastraban a otros hacia la corrupción moral y la inmoralidad sexual. Pedro, quien conocía bien los tropiezos por experiencia propia —él había negado tres veces a su mejor amigo—, escribe con urgencia para dar una fórmula que evite la caída.
La clave para terminar bien la carrera cristiana es una cadena de ocho virtudes que deben crecer sobre la fe: virtud, conocimiento práctico que produce sabiduría y discernimiento, dominio propio, perseverancia, piedad, amor fraternal, y finalmente amor incondicional. Este amor agape no busca tomar del otro sino dar; prefiere ser herido antes que herir; tiene tanta compasión que le duele el pecado del otro aunque sea contra él mismo. Pedro garantiza que mientras el creyente cultive estas virtudes, nunca tropezará.
El problema surge cuando el cristiano se hace ciego o corto de vista, incapaz de ver las promesas futuras de Dios porque ha olvidado lo que Cristo hizo por él en la cruz. Como ilustra Pedro con imágenes fuertes: el perro que vuelve a su propio vómito, la puerca lavada que regresa a revolcarse en el cieno. Dios ya ha concedido todo lo necesario para vivir en piedad mediante el Espíritu Santo; ahora corresponde al creyente esforzarse al máximo para hacer crecer estas virtudes y así confirmar su llamado y elección.
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Bueno, ahora vamos a continuar después del tiempo de adoración. Lo hicimos incluyendo la adoración por el sermón, de manera que creo que estamos cuadrados en ese sentido. Yo quiero pedirte que abras la segunda carta de Pedro para que nosotros iniciemos hoy una nueva serie.
Creo que algunos, o muchos, o todos no se recuerdan: mis últimos dos mensajes fueron titulados "El espíritu de la apostasía". En el día de hoy vamos a comenzar una serie que tiene que ver con la segunda epístola de Pedro y la epístola de Judas. No será tan larga como la del libro de los Hechos, que duró casi tres años, porque en esencia Segunda de Pedro tiene tres capítulos y Judas es un capítulo, de manera que tendremos ahí unas semanas, no sé cuántas todavía.
Lo interesante es que en la medida en que yo comencé a leer las cartas y a escudriñarlas minuciosamente, me percaté que el mejor título para esta serie, providencialmente, es "El espíritu de la apostasía", algo que solamente Dios podría hacer. Porque ambas cartas, su tema central son falsas enseñanzas, falsas doctrinas, el peligro de cristianos de alejarse del camino, y ciertas realidades que yo creo que tienen aplicación en cualquier iglesia, en cualquier tiempo. Y de esa manera, estudiando, yo quisiera que Dios circuncidara nuestros oídos, nos abriera el entendimiento y nos permitiera ver de qué forma esta carta de dos mil años atrás se aplica no a esta congregación, sino a cada miembro de esta congregación, incluyendo quien está hablando.
La carta de Judas tiene que ver con herejías doctrinales y los falsos maestros estaban llegando a la iglesia desde afuera; era una amenaza externa. Pero la carta que tiene que ver con Pedro, la segunda carta, los falsos maestros estaban dentro de la iglesia y las herejías no solamente eran de origen doctrinal, sino que también eran de origen moral. Y Pedro está preocupado por la destrucción potencial que estas falsas enseñanzas pudieran causar, y esta es la razón por la que él comienza su carta de la manera que lo hace; lo vamos a ver pronto. De manera que una vez más te recuerdo que el tema, el título de la serie es "El espíritu de la apostasía", pero no es el título de mi mensaje; yo te voy a dar ese título un poco más adelante.
Pedro escribe con cierto sentido de urgencia desde el principio, con cierto sentido de intensidad. Él sabe que estos falsos maestros están tratando de arrastrar a verdaderos discípulos hacia sus caminos, hacia sus enseñanzas erróneas, y esta gente ha llegado al punto incluso de negar al Señor Jesucristo.
En el capítulo 2, versículo 1, Pedro dice: "Se levantaron falsos profetas entre el pueblo, así como habrá también falsos maestros entre vosotros —en la iglesia misma—, los cuales encubiertamente introducirán herejías destructoras." Todas las herejías son destructoras. "Negando incluso al Señor que los compró, trayendo sobre sí una destrucción repentina."
Lo increíble de eso, le decía yo a mi esposa Iris, es que Pedro está hablando como que estos son cristianos verdaderos que están a punto de apostatar. Dice que ellos negaron incluso al Señor que los compró, de manera que el peligro al que Pedro se estaba refiriendo era y es más real de lo que tú y yo podemos percatarnos.
Si tú avanzas un poco más, en los versículos 20 al 22 de ese capítulo 2 al que me estoy refiriendo ahora, Pedro habla de que esta gente llegó a negar los mandamientos santos. Aparentemente estos apóstatas habían experimentado lo que parece, por lo menos en la superficie y de la manera en que Pedro se refiere, una verdadera salvación. Y después que habían experimentado una verdadera salvación, como que habían caído de la gracia. Pedro está alarmado de que esta gente, que tenía un estilo de vida moral desde el punto de vista cristiano, ha regresado y se ha involucrado en la corrupción y en los placeres de este mundo. Él llama a esta gente en el texto de hoy, que vamos a ver, que esta gente es ciega, que esta gente es miope, que está corta de vista.
Cuando tú sigues escarbando en este capítulo 2 —porque estoy tratando de darte una panorámica de toda la carta—, cuando sigues escarbando el capítulo 2 y llegas al capítulo 3, te das cuenta que esta gente había abandonado la moralidad cristiana para abrazar una inmoralidad sexual, entregándose a placeres pecaminosos de la carne que incluían la borrachera y la glotonería. Esta gente vivía sin ley prometiendo libertad. Claro, si tú no tienes ley, pues obviamente que tú podrías vivir en libertad. Y sin embargo, Pedro dice en 2:19 que esta gente no eran más que esclavos de la corrupción. Pero no está hablando de incrédulos allá afuera; está hablando de gente que estuvo aquí adentro y que aparentemente habían sido comprados por Cristo.
Y una de las características de esos falsos maestros es que encontraron la forma de cómo explotar a creyentes para sacar de ellos ciertos beneficios, ganancias. Esa es una de las características de los falsos maestros: que ellos pueden obtener ganancia de las ovejas, que no siempre tiene que ser dinero, pero pueden ser beneficios, disfrutes, placeres de las ovejas, cuando en realidad estaban ahí como maestros para proteger las ovejas.
Obviamente esta distorsión no es solamente moral, es también doctrinal. Si esto es permitido en una iglesia, cualquier iglesia, el resultado final será su destrucción. No solamente porque dentro de ellos mismos se comerán unos a otros, pero Dios mismo juzgaría dicha iglesia.
Esta gente incluso argumentaba teológicamente —lo verás en el capítulo 3 cuando lleguemos; te estoy dando de nuevo una panorámica—, esta gente argumentaba teológicamente que en realidad el Señor no iba a venir, que no iba a venir ninguna segunda venida, y que la mejor evidencia de que el Señor no venía era la tardanza. Pedro está tratando de explicarles que incluso se mofaban de eso, que la tardanza en Su segunda venida —imagínate dos mil años después, que Él no ha llegado todavía, lo que dirían hoy— se debía a una misericordia de Dios que no quiere que nadie perezca.
Esta gente no tenía una actitud pasiva; esta gente eran proselitistas, eran activos dentro de la iglesia, tratando de cautivar discípulos verdaderos. Prometían libertad mientras ellos se involucraban en una corrupción moral y especialmente en una inmoralidad sexual. Pedro lamenta en su carta que esta gente haya comenzado a pecar de esa manera.
Y yo decía ayer en uno de mis tweets —cuando tú me ves tuiteando, lo más probable es que estoy estudiando, meditando, reflexionando, y algo me ha llegado a la mente—, no dije exactamente como lo voy a decir ahora, pero es exactamente la idea: la medida del amor que un pastor tiene por sus ovejas, tú puedes medir el amor que un pastor tiene por sus ovejas por cuánto a él le duele el pecado de una de ellas. El pastor Pablo escribía a los corintios, creo, y le decía: "¿A quién se le hace pecar sin que yo me preocupe profundamente?" Cuando el pecado del otro lo que hace es irritar simplemente al pastor, o realmente le causa cierta molestia pero no le duele, él no tiene el amor que Cristo tiene por esa oveja comprada a precio de sangre.
Ahora, usualmente la segunda carta de Pedro va junto con la carta de Judas, y la razón es que su temática es muy parecida. Tiene que ver con falsas enseñanzas por un lado, y por otro lado, la manera como está escrito es extremadamente parecida, sobre todo en ciertos capítulos. El capítulo dos de Pedro, de la segunda carta de Pedro, es el que más se parece a la carta de Judas, hasta el punto que muchos académicos han pensado que uno tomó material prestado del otro. Tradicionalmente en la iglesia se ha pensado que Judas probablemente tomó de Pedro, ya que Pedro fue el apóstol y el testigo ocular. Sin embargo, los académicos más recientes piensan que tal vez fue al revés. La verdad es que no importa; el Espíritu de Dios pudo haber inspirado a ambos independientemente de una manera similar, como pudo haber hecho que ellos se juntaran o vieron material similar y luego escribieron.
Habiendo dicho todo eso, entonces yo quiero leerte el texto de hoy para luego hablar de cuál es el título del mensaje de hoy. Vamos a comenzar en la segunda de Pedro, capítulo 1, versículo 1 hasta el 11: "Simón Pedro, siervo y apóstol de Jesucristo, a los que han recibido una fe como la nuestra mediante la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor. Pues su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia."
"Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe virtud, y a la virtud conocimiento, al conocimiento dominio propio, al dominio propio perseverancia, y a la perseverancia piedad, a la piedad fraternidad, y a la fraternidad amor."
Ahora escucha, escucha la importancia de estas virtudes: "Pues estas virtudes, al estar presentes en vosotros y al abundar" —en otras palabras, tienen que crecer— "no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo." Ahora, ¿cuál es el problema, Pedro? "El que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista" —esa es la expresión— "habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados."
¿Te das cuenta lo que Pedro está diciendo? No hemos terminado el texto, pero tengo que pararme. Esta gente se hizo ciega o miope porque a ellos se les olvidó que en esa cruz los habían limpiado, les habían pagado sus pecados. Y habiéndoseles olvidado la purificación de sus pecados pasados, comenzaron a corromperse otra vez, como si nada hubiese pasado en un madero.
"Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios, porque mientras hagáis estas cosas nunca tropezaréis." Vamos a hablar de eso un poco. "Pues de esta manera os será concedida ampliamente la entrada al reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo."
¿Tú entiendes por qué Pedro comienza como comienza? Que hay falsos maestros, están adentro, están introduciendo herejías destructoras, herejías que tienen que ver con la moralidad. Y ahora yo, preocupado y dada mi experiencia en años, quiero darles una fórmula, una clave para terminar bien. Y ese es el título de mi mensaje: la clave para terminar bien la vida cristiana. Porque hay cosas que Pedro entiende, que he aprendido, que si tú las tienes en orden, nunca tropezarás.
La carta comienza de la manera que comenzaban todas las cartas en la antigüedad: "Simón Pedro", identificando el autor. Pedro fue el nombre con el que Cristo bautizó a Simón; quiere decir "piedra". Y ese nombre aparece, ya sea combinado "Simón Pedro" o "Simón" o "Pedro", unas 65 veces en los Evangelios y en los Hechos, lo cual nos dice cuán prominente era esta figura en el primer siglo.
Inmediatamente después, Pedro continúa identificándose y se identifica como siervo y apóstol de Cristo. Ahora, la palabra traducida como "siervo", la traducción real debía ser "esclavo". Los traductores de las Biblias modernas tienen como una cierta alergia por la connotación que la palabra esclavo tiene, pero literalmente esa palabra que aparece como 123 veces en toda la Biblia, creo, es la palabra "doulos", y un doulos era un esclavo.
Ahora, cuando Pedro dice que es un esclavo de Jesucristo, él no está tratando de transmitir una actitud de humildad, aun si él lo era, sino que lo que está tratando de transmitir es la idea de que yo no me pertenezco. El esclavo era propiedad de otro todo el tiempo, como cuando tú compras un carro y tienes tu título. Y él está diciendo: "Yo soy propiedad de Jesucristo; Él me compró en esa cruz a precio de sangre", la cruz de la que se han olvidado algunos que hoy andan en la corrupción sexual.
Inmediatamente después, Pedro se identifica como apóstol. Y ahora él no está tratando de transmitir la idea de que él es superior; no, no, ninguno de ellos hizo eso. Él está tratando de transmitir la idea de que, como apóstol destinado por Cristo, él tiene la autoridad para escribir esta carta de manera que ellos puedan prestar atención. Una gran paradoja: esclavo y apóstol al mismo tiempo. Para eso es como Pedro se identifica.
Luego Pedro hace lo que todo el mundo hacía en el primer siglo: él identifica a los destinatarios, a quiénes es que él escribe. Este es el autor; ¿a quién le voy a escribir? Escucha: "A los que han recibido una fe como la nuestra." Creyentes, esa es la idea. Esta carta está siendo enviada a gente que tiene el peligro de apostatar o a otros que han apostatado, pero él los está llamando como creyentes: "A los que han recibido una fe como la nuestra." Lo cual también nos deja ver que la fe que Pedro recibió como apóstol no era superior a la fe que tú y yo hemos recibido si hemos nacido de nuevo. Es la misma calidad de fe: "Aquellos que han recibido una fe como la nuestra." No hay dos fes distintas, una superior, una inferior.
Y Pedro continúa y dice ahora cómo nosotros y ellos han recibido esa fe: "Mediante la justicia de nuestro Dios y Salvador Jesucristo." En otras palabras, no es por nuestros méritos, no es por nuestras obras, no es por el esfuerzo que nosotros hayamos hecho; es simplemente por la justicia de Cristo. Y esa justicia de Cristo tiene que ver con la obra de Cristo, de manera que aquellos que han recibido una fe como la nuestra la han recibido mediante la obra y los méritos del Señor Jesucristo.
Para que quede claro, en contraste con la enseñanza de los falsos maestros que enseñaban que tú tienes que hacer ciertas obras para ganarte la salvación, o tienes que poseer cierto conocimiento especial como decían los gnósticos o enseñaban los gnósticos para poder ganar salvación. No, Pedro quiere dejar claro que esta fe que nosotros hemos recibido es un don de Dios, que no tiene nada que ver con méritos, no tiene nada que ver con obras, no es nada que yo me merezca.
Él todavía no nos ha saludado, porque así era: me identifico como autor, identifico el destinatario, ahora lo saludo. "Gracia y paz a vosotros." Gracia y paz es shalom, el saludo tradicional hebreo. Gracia viene de una raíz griega, de manera que se está dirigiendo a gente que tiene un trasfondo tanto hebreo como griego. Y dice que esa gracia y esa paz sean multiplicadas mediante el conocimiento de nuestro Dios. En otras palabras, el incrédulo no tiene acceso a esa gracia y a esa paz a la que Pedro se está refiriendo. Esta es una gracia y una paz que es multiplicada sobre los hijos de Dios y que viene precisamente por ser hijos de quien ahora son los hijos.
Entonces, después que él se identifica, identifica los destinatarios, y luego que él saluda, él comienza a hacer lo siguiente. Primero, de una manera breve, nos dice qué es lo que Dios ha hecho, para inmediatamente después decirme: "Esto es lo que a ti te toca hacer." En vista de lo que Dios ha hecho, eso es lo que llamamos el indicativo, lo que Dios ya hizo. Ahora yo te voy a dar el imperativo, lo que a ti te toca hacer.
Y el indicativo, lo que Dios hizo, está en el versículo 3: "Por su divino poder nos ha concedido" —eso lo hizo Dios— "todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia." ¿Qué es lo que Pedro me está diciendo? Dios todopoderoso tomó su poder en la persona del Espíritu, lo puso en mi interior, y Él me ha concedido la morada del Espíritu, la tercera persona de la Trinidad, mediante el cual Él me ha entregado, desde el momento de mi salvación, todo lo que yo necesito para la vida y la piedad. En otras palabras, para yo vivir piadosamente, de manera santificada, para eso me dio el Espíritu.
Ahora, eso no quiere decir que mi vida de santificación el primer día de mi conversión es igual que diez años después; no debería ser, ya debe crecer. Pero ya yo tengo ese primer día todo lo que se requiere para tener una vida de piedad, lo que implica una vida alejada del pecado mientras nosotros vivimos cerca de Dios. Tienes que mantener esas dos cosas en balance: aquí está el pecado, aquí está Dios. No me puedes decir que estás en el pecado, en la práctica del pecado, pero que tú te sientes muy cerca de Dios. No, porque no se puede dar así; o estás cerca de uno o estás cerca del otro. Y Dios hizo eso, de acuerdo al texto, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia. Eso es lo que Pedro está diciendo.
Bueno, Dios lo hizo. ¿Por qué lo hizo? Porque Él me llamó para que yo viva para su gloria y para que yo viva con una excelencia moral que es la vida piadosa. Yo no puedo hacer eso, yo no tengo en mí, como dice Pablo, el querer hacer está en mí, pero no el hacerlo. Dios sabe eso. Entonces, como Dios lo sabe, pero Él tiene un propósito de que yo viva para su gloria y que yo viva de una manera con excelencia moral que lo refleje, Él tiene que hacer algo. ¿Y qué hizo? Él me dio entonces el poder, y me lo da mediante el conocimiento de Aquel que me llamó justamente para eso: para que yo pueda vivir para su gloria y con una excelencia moral.
El cristiano que en el momento, hoy en día, algunos de nosotros, muchos otros, no sé, algunos, no está viviendo una vida de excelencia moral, está dando muestra amplia de que él tiene una falta de llenura del Espíritu Santo. El Espíritu Santo no se te da en porcientos. No es como que, bueno, si al pastor le dieron el noventa por ciento, a mí solamente me dieron treinta y cuatro, pues entonces se explica. No, no. El Espíritu Santo vino en su plenitud a morar en cada uno de nosotros. Ahora, de acuerdo a mi grado de obediencia, el Espíritu Santo decide manifestarse más ampliamente o menos abundantemente, de acuerdo a la vida de piedad o de obediencia o de sumisión que yo esté llevando a cabo.
Por eso es que Pedro está estableciendo claramente: ya Dios no tiene que hacer más nada. Ya Dios nos concedió, tiempo pasado, todo lo concerniente a la vida y a la piedad, para que yo pueda vivir para su gloria y para su excelencia. Pero tiene que crecer en un conocimiento de Él, porque mientras más conozco de Él, pues más le amo; mientras más le amo, más le obedezco; mientras más le obedezco, más me parezco a su persona. Eso es lo que Dios está tratando de comunicarnos.
Ahora, a pesar de eso, aquí hay gente, dice Pedro, en esa congregación a la que le envió la carta, que a pesar de haber experimentado esas bendiciones, se ha alejado. Yo lo que les digo, en 2 Pedro 2:21, que para esa gente le hubiese sido mejor no haber conocido el camino de la justicia, el camino de la salvación, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. ¡Wow! Pedro dice: mira, todo lo voy a comparar para que entiendas la gravedad de esto. Si tú eres un incrédulo, siempre has sido un incrédulo, tú estás en mejor posición y condición que este otro que conoció el camino de la justicia, el camino de la salvación, y se ha alejado. Eso está peor. ¡Wow!
Yo lo que entonces agrego, dos versículos más adelante, les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero. Y esto es pesado. Yo lo medité anoche y como que traté de imaginármelo. Dice: el perro vuelve a su propio vómito, y la puerca lavada vuelve a revolcarse en el cieno o en el lodo. Entonces yo me puse como un perro vomitando, regresé a mi vómito y comencé a imaginarme lamiendo esto. Yo decía: ¡wow! Y la puerca soy yo, la puerca lavada por la sangre de Cristo, donde me quitaron todo el lodo, pero me dice que esa gente lo que ha hecho es volver a su propio lodo. Yo me sentí pesado anoche, no porque yo estoy apostatando, sino por la realidad de estas palabras.
Hay algo más que Dios ha hecho, que Pedro pone aquí, que Pedro dice: eso te debe ser incentivo para que tú vivas la vida que Cristo compró para ti, para que tú puedas vivir una vida piadosa, para que tú puedas vivir una vida alejado del pecado. Escucha lo que Pedro dice: que Dios nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas. ¿A fin de qué? Es el propósito. ¿Para qué fue que te concedió estas promesas? A fin de que por ellas llegue a ser partícipe de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia.
¿Están conmigo? ¿Me están siguiendo? Por este lado me están siguiendo, no bueno y rápido. Escucha la Nueva Traducción Viviente para que entiendas el propósito de las promesas: las promesas hacen posible que ustedes participen de la naturaleza divina y escapen de la corrupción del mundo causada por los deseos humanos. El cristiano que llega a conocer a Dios mejor llega a confiar en sus promesas mejor. Y el confiar en las promesas de Dios que son todavía futuras y poner mis ojos en dichas promesas hace que mis ojos no estén aquí abajo, y hacen que yo no sea seducido, que yo no sea desviado, que yo no sea distraído, que yo no sea entretenido.
Y eso, de hecho, está en el Nuevo Testamento expresado de otra forma, en otro texto, con relación a otro grupo de personas. Porque en el libro de Hebreos capítulo 11, donde se nos habla de una gran cantidad de héroes de la fe, se nos dice que esa gente perseveró en el camino. A pesar de que algunos fueron aserrados y anduvieron por montañas, se escondieron en cuevas, algunos fueron aserrados en dos, pero esa gente permaneció en su fe por una razón: porque creyeron las promesas. Y aunque nunca las recibieron, las vieron, las creyeron, las saludaron desde lejos. Y así entraron al Reino de los Cielos.
Dios nos ha hecho promesas para que las creamos y nos sirvan de incentivo y de comparación de que cualquier placer que yo pueda ganar en este mundo no tiene comparación con las promesas que Dios nos ha hecho como creyentes. De manera que cuando el cristiano se devuelve y comienza a vivir una vida correspondiente más bien al estilo de vida del incrédulo, no solamente él ha dejado de crecer en el conocimiento de Dios, no solamente él ha dejado de creer en las promesas futuras de Dios, a él se le ha olvidado de que lo limpiaron a precio de sangre en una cruz a través de un Cordero inmolado.
A partir del versículo 5, Pedro nos da la clave para terminar bien la carrera. ¿Cuál es el título de mi mensaje? De manera que mi mensaje comienza ahora. Todo lo otro fue introducción. Yo espero que usted no tenga hambre para que se quede aquí un rato. La clave para terminar bien. Pedro estaba preocupado que estos falsos maestros pudieran desviar a verdaderos creyentes. Pedro ha pasado por experiencias. Pedro ha tropezado. Pedro ahora no era el Pedro de antes. O sea, si hay alguien que puede escribir de tropiezos en el primer siglo, era Pedro. O sea, si hay alguien que puede, veinte años después, escribir de cómo evitar los tropiezos, fue Pedro.
Escucha lo que Warren Wiersbe dice en su comentario acerca de esta epístola y acerca de Pedro. Él dice que Pedro tenía una tendencia en sus años tempranos a sentirse sobreconfiado cuando el peligro estaba cerca. "Me van a crucificar, faltan unas horas." "Usted no puede tomar la copa que yo voy a tomar." "Claro que sí, Señor. Yo me tomo esta copa y diez más." Él dice que se sentía sobreconfiado cuando el peligro estaba cerca y tenía la tendencia de ignorar las advertencias del Maestro. Pedro, antes de que el gallo cante, tú me vas a negar tres veces. Él ignoró las advertencias.
Y ya les quiero decir, hermanos, muchos de nosotros hoy en día, hace un año, hace cinco años, en el tiempo presente, o en cinco años a partir de ahora, estarán escuchando advertencias y decidimos ignorarlas. Si hoy, si hoy, oyereis su voz, no endurezcáis vuestros corazones. Pedro se apresuró, sigo con la cita, se apresuró al ir hacia adelante cuando debió haber esperado. Él durmió cuando debió haber orado en Getsemaní. Con frecuencia él habló cuando debió haber guardado silencio, y él mostró valor, pero fue un cristiano descuidado. Él sabe de qué se trata, él sabe de lo que está hablando. Él sabe que hay una fórmula que tuvo que aprenderla y él quiere pasarla.
Pedro fue el que traicionó a su mejor amigo. Lo negó tres veces. Y dijimos el último mensaje, haciendo reflexión sobre la canción de Michael Card, que solo un amigo te puede traicionar, porque solamente un amigo puede acercarse lo suficiente para causarte tal dolor. Eso fue Pedro. Eso fue lo que Pedro hizo. Por eso Pedro está consciente de la iniquidad del corazón humano. Por eso Pedro tiene el entendimiento de la capacidad de pecar del corazón humano.
Nadie está mejor preparado para advertirte de los peligros de un terremoto seguido de un tsunami que alguien que haya estado en uno o en dos previamente. De esa misma forma, nadie estaba mejor preparado que Pedro para advertirnos a nosotros acerca de los tropiezos, cómo se dan, cómo evitarlos. Pedro es el autor ideal para decir lo que está diciendo. Ese es el comentario de David Helm en su comentario acerca de esta carta.
Pedro ha pasado por la experiencia de la culpa, Pedro ha pasado por la experiencia de la vergüenza, Pedro ha pasado por la idea de que, sabes que, el Señor jamás, aun si resucita, jamás más va a tomarme en cuenta. Y Pedro nos va a dar la fórmula de cómo terminar bien.
Lo primero que nos dice: ¿sabes qué? Yo no entendí en un principio que ya Dios nos había concedido todo lo que concierne a la vida y a la piedad. Yo no entendí eso. Yo no sabía que nos dio su Espíritu, lo hizo morar dentro de nosotros, y el poder que levantó a Cristo de entre los muertos es el mismo poder que hoy reside en mí. Nosotros no podemos, y ese conocimiento es hecho crecer por el Espíritu. Nosotros no podemos decir que nuestro conocimiento de Dios está aumentando y al mismo tiempo hacer cosas contrarias a las promesas de Dios. Nosotros no podemos decir que creemos en Dios si nos alejamos de lo que Dios dice en su Palabra. "Yo creo en Dios, mira, yo tengo una fe inquebrantable", pero todos los días estoy más lejos de lo que la Palabra me ordena.
Lo importante no es que yo conozca acerca de Dios, sino que yo viva una vida de cercanía y de comunión con Dios, de manera que año tras año yo luzca más a la imagen de Cristo. Si en el día de hoy alguien revisa mi vida y yo tengo menos imagen de Cristo que hace tres o cuatro o cinco años, hay un problema con mi vida. Yo he comenzado a echar para atrás y hay un grave peligro como en el horizonte sobre mí. Y la única manera de nosotros mejorar eso es cediendo el control cada vez más de cada área, de mi mente, de mi voluntad, de mi deseo, de mi impulso, al Espíritu de Dios.
Porque lo que en el ínterin ha pasado es que yo le he ido cediendo cada vez más terreno a los deseos y a los impulsos de mi carne. Y eso es verdad de mí y eso es verdad de ti. Si tú no piensas que tu pastor tiene impulsos pecaminosos, o que cualquier pastor tiene impulsos pecaminosos, o que el mejor pastor en el mundo tiene impulsos pecaminosos, tú vives en otra galaxia. Todo el mundo tiene impulsos pecaminosos. La pregunta no es esa, la pregunta es si los vamos a obedecer o si le vamos a dar el control al Espíritu de Dios. D. A. Carson en una ocasión decía que en ocasiones él venía subiendo los escalones para predicar el sermón y de repente le entraba uno de los pensamientos más inicuos posibles.
Escucha a Pedro, entonces; esta es la fórmula. ¿Quieres terminar bien? Esta es la fórmula: "Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe virtud, y a la virtud conocimiento, al conocimiento dominio propio, al dominio propio perseverancia, y a la perseverancia piedad, a la piedad fraternidad, y a la fraternidad amor." No voy a parar ahí.
Pedro comienza su cadena de ocho eslabones diciendo: a la fe que ya Dios te concedió en el momento que viniste a creer, tienes que agregarle virtud. Mira cómo lo dice la Nueva Traducción Viviente: "En vista de todo eso" —de todo lo que ya Dios hizo, las promesas, el Espíritu que hizo morar en el momento— "esfuérzate al máximo por responder a la promesa de Dios, complementando tu fe que ya tenías con una abundante provisión de excelencia moral." Escarbando en las palabras que la Biblia de las Américas tiene en el lenguaje original, descubrí que es exactamente lo que la Nueva Traducción Viviente dice. Cuando la Biblia de las Américas dice que "procuréis con toda diligencia," en el original lo que se implica es: haz tu mayor esfuerzo. No algo esforzado, no tu mejor esfuerzo, sino esfuérzate al máximo. Y luego, cuando habla de que a la fe le agregas virtud, en el lenguaje original la manera como eso se escribe implica que tú agregues una abundante provisión de excelencia moral, que es exactamente lo que la Nueva Traducción Viviente dice.
Entonces ahora yo entiendo que mi vida cristiana requiere un esfuerzo, y no pequeño. Dios ya ha hecho algo: me concedió la fe. Y Él me hizo saber: "Te concedí la fe y te concedí el poder. Ahora ejercita el poder que está en ti y haz crecer tu fe." La fe no puede ser estática. Tiene que crecer en la manera en que tú conoces a Dios. Mientras más le crees a Dios, más tú crees sus promesas. Mientras más tú crees sus promesas, más tu mente está en la próxima vida, menos está en esta, menos posibilidad de seducción, menos posibilidad de distracción, menos posibilidad de tropezar. Amén.
Esta semana pasada el pastor director hizo un devocional para la oficina y él hablaba de la cercanía de Dios. Y cómo la cercanía de Dios muchos creyentes la entienden así: "Yo soy hijo de Dios, no importa lo que yo hago, no importa cómo yo vivo, no importa dónde yo vaya, Dios se va a estar tan cercano a mí como el primer día." Y no, eso es completamente antibíblico. Porque la Palabra no está hablando de cercanía geográfica; claro que Dios ha estado en el mismo lugar todo el tiempo. Lo que la Palabra está diciendo es que el grado con el que tú experimentas la presencia manifiesta de Dios —traducida en gozo, paz, tranquilidad, obediencia, deseo de tener la Palabra, deseo de orar, deseo de adorar, deseo de juntarte con tus hermanos, deseo de venir a la iglesia— todo eso es parte de la cercanía o resultado de la cercanía de Dios. Eso es directamente proporcional a la vida de obediencia o santidad con que yo esté viviendo.
De hecho, Santiago dice, te lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente: "Lávense las manos" —eso después del texto que Héctor usó— "pecadores, purifiquen su corazón, porque su lealtad está dividida entre Dios y el mundo." Claro que le está hablando al creyente. El incrédulo no tiene una lealtad dividida; él tiene una lealtad única: al mundo. El corazón del creyente es el que está dividido entre Dios y el mundo. Y esa división del corazón es lo que hace que te vayas tras esos deseos pecaminosos. Y en el capítulo cuatro, versículo cuatro, Santiago dice: "¿No sabes que la amistad del mundo es enemistad hacia Dios? Por tanto, el que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios." Por eso es que Pedro habla de que la fe no te es suficiente; tú tienes que agregarle virtud, excelencia moral.
Cuando un cristiano no está viviendo en excelencia moral, hay varias posibilidades. Una: él dice ser cristiano, pero no lo es. Dos: ese cristiano se ha olvidado de las promesas preciosas de Dios. Tres: este cristiano se hizo ciego, y a él se le olvidó en su ceguera que alguien lo limpió en un madero a precio de sangre. Eso es real.
Pero Pedro no termina ahí. Tengo dos eslabones de ocho de lo que yo requiero para terminar bien. Entonces ahora Pedro dice: yo tengo que agregar a la virtud, conocimiento. La palabra que aparece ahí como conocimiento en el griego es gnosis. Pedro usa un par de palabras en el griego en esta carta: una es epignosis y la otra es gnosis. Simplemente aquí es gnosis, y no es el conocimiento que te lleva a la salvación. No es eso de lo que Pedro está hablando ahora, sino que es un conocimiento práctico que te lleva a una vida de sabiduría y de discernimiento. Pedro está hablando de que tú tienes que agregarle a la fe virtud, y a la virtud conocimiento; un conocimiento tal que te lleva a un mejor discernimiento y a una mayor sabiduría con la cual tú podrás vivir una vida más piadosa. De eso es que Pedro está hablando. Nosotros nunca podemos separar la mente del corazón, como tampoco podemos separar el carácter del conocimiento. Es el conocimiento práctico que me da sabiduría y discernimiento el que me ayuda a desarrollar el carácter.
Ahora Pedro nos dice que a esa virtud —es fe, virtud, conocimiento— yo tengo que agregarle dominio propio, autogobierno. Ahora yo tengo que entender que, del punto de vista de la Biblia, el autogobierno no es el fruto de los esfuerzos humanos; es el fruto del Espíritu. Gálatas 5:22-23 menciona nueve características del fruto del Espíritu; la última es dominio propio. Ahora, es interesante que Gene Green, en su comentario —quizás uno de los comentarios más voluminosos sobre esta carta— nos dice que ese dominio propio, en el contexto de la carta de Pedro, tiene que ver con el control del consumo de alimentos, el control de la lengua y el control de deseos sexuales. ¿Qué es lo chocante? Que el control de deseos sexuales, el control de la lengua y el control de consumo de alimentos están en la misma lista o categoría. El dominio propio, que es fruto del Espíritu, no es tan simple como parece. Y ese dominio propio tiene que ver con una restricción personal sobre nuestras emociones, deseos y pasiones.
Dios ha dicho: "Tú tienes pasiones. Yo sé que tú tienes emociones. Yo sé que tú no tienes el poder para controlar tus pasiones y deseos, y sé lo que voy a hacer: el poder que levantó a Cristo de entre los muertos, yo lo voy a poner dentro de ti. Y ahora no me digas que no tienes el poder."
Lo increíble de estas ideas es que un pagano filósofo, trescientos y tantos años antes de Cristo, de nombre Aristóteles, escribió como si él fuera el mejor cristiano. Escucha lo que él escribe: "El hombre que no se restringe a sí mismo hace cosas que él sabe que son pecaminosas" —oye, Aristóteles mencionando el pecado— "hace cosas que él sabe que son pecaminosas por una influencia de sus pasiones, mientras que el hombre que tiene dominio propio, conociendo que sus deseos son pecaminosos, rehúsa seguirlos basado en sus principios." Eso fue Aristóteles.
Nos debe quedar claro que el dominio propio es algo que se puede tener porque el Espíritu que mora en nosotros vino justamente a producir ese fruto. Ya necesito llenura del Espíritu; de ahí depende el dominio propio. Cuando hablamos de llenura igualmente, no estamos hablando de que el Espíritu está parcialmente, sino del grado en que el Espíritu decide manifestarse en el creyente para darle la habilidad —ya sabes— de dominio propio, de tener gozo, paz, amor, todo el fruto del Espíritu, habilidad para enseñar, para predicar, para soportar las pruebas. Todo eso es el resultado del dominio del Espíritu.
Pedro continúa desarrollando esta cadena, estos eslabones de la cadena para terminar bien la carrera. A la fe le agrega virtud, a la virtud le agrega conocimiento práctico que te lleva a la sabiduría y el discernimiento. A ese conocimiento le agrega dominio propio. Van cuatro y son ocho. Y ahora, al dominio propio necesitamos agregar perseverancia o paciencia, dependiendo de la traducción.
William Barclay, hablando de esta palabra paciencia o perseverancia, pero en un texto que aparece en el libro de Efesios, dice que la palabra paciencia se refiere a alguien que soporta los insultos y las injurias sin amargura ni queja. Es el espíritu que puede soportar las personas desagradables con cortesía y a los tontos sin irritarse. ¿Tú quieres un chin de esto? Para nuestra audiencia internacional: un poquito de esto. Es la persona que tolera los insultos y las injurias sin amargura ni queja. Y es el espíritu que soporta a las personas desagradables con cortesía; lo trata de hacer con cortesía, y a los tontos los trata sin irritarse. Si tú quieres una idea del significado de esta palabra paciencia o perseverancia, quizás esto te lo puede dar.
Usualmente esa palabra se usa en la Biblia para referencia a Dios. Cuando se usa la palabra en inglés, frecuentemente se habla de que Dios es "long-suffering." Dios sufre la injuria, el insulto de sus hijos. Por eso Él es lento para la ira. En español la palabra es longanimidad. No me gusta mucho porque suena como longaniza —yo sé que la longaniza es larga— pero me gusta más la palabra "long-suffering." Dios sufre largamente la injuria de sus hijos. Y aquí la Palabra nos está invitando entonces a ser tan pacientes como Dios es, como Dios lo ha sido con nosotros.
La idea es perseverancia, la idea es soportar bajo presión sin renunciar a nuestra fe y siendo obediente a Dios. Diferentes cristianos a lo largo de veinte siglos han estado bajo presiones enormes, enormes. Algunos han perdido la vida, y las siguen perdiendo hoy, por la presión a la que han sido sometidos por no negar la fe.
Dios dice: "La razón por la que yo puse un poder infinito en ti, en la tercera persona de la Trinidad, es porque yo conozco muchas cosas que te van a venir, y hay algunas de esas cosas que te aplastarían, pero yo te he dado todo lo que concierne a la vida y a la piedad para que tú perseveres hasta el fin sin negar tu fe, sin negar mi Palabra y sin deshonrarme". Tú tienes la habilidad, tú tienes el poder.
Pedro continúa construyendo su clave para terminar bien: a la fe añádele virtud, a la virtud añádele conocimiento, al conocimiento añádele dominio propio, al dominio propio añádele perseverancia, paciencia, y a la perseverancia añádele piedad.
La piedad ahora hace referencia a un estilo de vida que imita a Cristo, un estilo de vida que trata de hacer la voluntad de Dios independientemente del costo, el precio, el peso. La piedad tiene que ver con una actitud y disposición correcta hacia Dios y hacia el otro. Una persona piadosa tiene la actitud y la disposición correcta, no solamente en sentido vertical hacia Dios; él tiene la misma actitud y disposición en sentido horizontal.
La persona piadosa no toma el camino de menor resistencia. La persona piadosa no toma el camino de mayor conveniencia; él o ella toma el camino de la voluntad de Dios, aun si eso implica la cruz. La persona piadosa no usa la mentira para cubrir su pecado. Él trata de caminar en la verdad, y cuando él sabe que ha comprometido la verdad y alguien le pregunta, él contesta con la verdad, aun si eso le trae consecuencias. Así pasó en el primer siglo, así sigue pasando con los mártires.
Lo peor que le puede pasar a un cristiano es usar la mentira para cubrir su pecado, porque cuando tú haces eso, tú lo que has hecho es una alianza con el padre de mentiras en contra de Cristo, que representa la verdad. Y hay un compromiso que yo hice hace muchos años atrás, del cual le he hablado a personas de manera individual: yo me comprometí a decir la verdad aunque me cueste la vida, si he transgredido la ley, porque yo siempre quiero a Dios de mi lado. No quiero a Satanás de mi lado ni por cinco segundos, no importa si él temporalmente me va a evitar una consecuencia. Él es la verdad.
En esta cadena para terminar bien, tienes necesidad de Dios de tu lado. Ahora Pedro nos dice que tiene que agregarle a todo eso fraternidad, amor fraternal, filadelfia, como se llama la ciudad. Es una disposición de bien hacia tu hermano, tu hermano biológico, pero ahora por extensión hacia tu hermano en la fe. Los discípulos tenían que aprender eso, porque ellos vivían discutiendo continuamente por diferentes cosas. Eran gente porfiada, era gente contenciosa. La persona piadosa no es contenciosa; la persona piadosa tiene amor fraternal, tiene una disposición de bondad hacia aquellos que son sus hermanos.
Ahora, hay siete eslabones que te da. Ya estamos terminando, llegando a lo octavo. Este es la cereza sobre el pastel, the cherry on the cake. Si todo eso tú tienes, los siete eslabones, pero te falta este, te va a tropezar: amor ágape, amor incondicional. Ese es el amor que busca el bien más alto en el otro. Ese es el amor que mira al otro y no trata de que el otro satisfaga deseos en él, sino que él trata de satisfacer, él o ella trata de satisfacer necesidades en el otro. Ese es el amor que considera al otro como superior a ti mismo. Ese es el amor que cuando mira al otro, mira la imagen de Dios y es incapaz de dañar la imagen de Dios en el otro, porque él le ama o la ama incondicionalmente.
Esa es la razón: el amor romántico —y te lo he dicho también este día como fruto de mis reflexiones sobre esto— el amor romántico no tiene la elasticidad, tú eres loco. Yo no digo que el amor romántico no sea bueno; te produce adrenalina y te produce dopamina en el cerebro y te produce serotonina y tú sientes, se volvió loco el hombre. Pero cuando el encanto pasa, el amor romántico no tiene la elasticidad. El único amor que tiene la elasticidad es el amor incondicional, que tú lo estiras y lo estiras y lo estiras hasta que tú llegas a la cruz, y allí dice: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen".
Ese es el amor que ama por encima de las ofensas. Ese es el amor que ama por encima de las injurias. Ese es el amor que ama por encima de los insultos. Escúchame, no es que el amor incondicional no se hiera, no, eso no es verdad, somos humanos, claro que se hiere. Lo que ocurre es que el amor incondicional prefiere ser herido que él herir. Esa es la diferencia. Y ahí que se muerda la lengua, y ahí que tolere, y ahí que calle. Él sabe que hubo un Redentor contra quien tú hiciste cosas peores, y Él calló y te perdonó.
Ese es el amor que llevó a Cristo a la cruz. El amor ágape no quiere tomar nada del otro: yo quiero darte. Y sabes que cuando yo te dé, no tienes que devolver; si tú quieres, tú lo haces. Su único interés es dar para el beneficio del otro. Su satisfacción no está en cómo él o ella me hace sentir; su satisfacción está en cómo yo te hago sentir cuando yo atiendo tu necesidad.
El amor ágape no se despega del otro; a él hay que empujarlo para despegarlo. El otro se puede despegar, el otro se puede alejar; el amor ágape no lo hace de esa manera. El amor ágape no solamente tiene compasión por el otro; él tiene tanta compasión que cuando ese otro peca contra él mismo, contra Dios, contra otros, o contra ti mismo, a ti te duele el pecado del otro. Como Cristo: "Padre, perdónalos, no saben lo que hacen". Como Cristo, que lloró por el pecado de Jerusalén. Te duele la condición espiritual del otro, aun si el pecado es contra ti.
¿Cuál es el interés de Pedro en que tú tengas estas virtudes? Versículo ocho. Estamos extendiéndonos hoy porque yo tenía que introducir toda la serie, todo el mensaje, y luego desarrollarlo. ¿Por qué Pedro está interesado en estas virtudes? Versículo ocho: "Pues si estas virtudes están en vosotros y abundan", cuando tú las haces crecer, "no os dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo".
Estas virtudes deberán ser parte de cada cristiano. Cuando no son parte de cada cristiano, ese cristiano comienza a ser infructuoso, comienza a ser estéril. Como es estéril y está infructuoso, comienza a llenar su tiempo con las preocupaciones del mundo, los placeres del mundo, y su vida comienza a lucir más cerca de la vida de un incrédulo que la de un creyente.
Recuerda el incidente de Jesús cuando viene caminando con sus discípulos, se encuentra con una higuera sin fruto. La higuera era el representante de la nación de Israel, y resulta que Israel ha recibido todo tipo de profeta, pero no ha dado fruto. Y Cristo la ve y dice: "Maldita seas", y la maldita se seca. Al otro día pareció seca la higuera, porque justamente la creación de Dios fue traída a existencia para que diera fruto. "Sed fructificados", es verdad que se tenía que ver con la multiplicación de la familia, pero en general: "En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto."
Este cristiano que no tiene estas virtudes es infructuoso. Él parece una higuera seca, él no va a terminar bien. Pedro lo sabe. Si hay alguien que puede escribir sobre esto, es Pedro. Escucha lo que él cree en el versículo 9: "El que carece de estas virtudes" —ahora Pedro está como comentando el versículo 8— "el que carece de estas virtudes es ciego o corto de vista, miope, habiendo olvidado la purificación de sus pecados pasados."
Ahí está el problema: que el que carece de estas virtudes es porque se ha involucrado con los placeres del mundo, y él se ha involucrado tanto porque a él se le olvidó que lo limpiaron en ese madero. Y no lo limpiaron para que vuelva a su vómito ni vuelva como la puerca al lodo. Cuando un cristiano no luce como él debiera lucir, cuando él no luce, él no exhibe el carácter de Cristo, a él se le olvidó que al momento de nacer de nuevo lo purificaron y le hicieron blanco como la nieve. Él se ha olvidado lo que Cristo hizo por él o por ella. Y Pedro dice: está ciego, su pecado lo ha cegado, es corto de vista, solamente puede ver lo que está aquí delante. La promesa futura no la puede ver ya, a él se le olvidaron, no le importan, no le atraen, no tienen poder sobre él. No puedes olvidar lo que Cristo hizo por ti en esa cruz.
Escucha cómo Pedro ya cierra en el versículo 10 y 11: "Así que, hermanos, sed tanto más diligentes para hacer firme vuestro llamado y elección de parte de Dios. Sed diligentes." Es cortante al máximo. Ahora escucha, esto es una frase clave la que viene ahora: "Porque mientras hagáis estas cosas, nunca tropezaréis." Mire lo absoluto de esa afirmación. Pero dice: tú sabes que estoy hablando de estas virtudes, una detrás de la otra, porque mientras tú hagas estas cosas, yo te garantizo —Dios hablando a través de Pedro— que nunca tropezarás.
Y si hay alguien que lo puede decir, ese es Pedro, porque él tropezó más de una vez. Pero ahora él tiene años de experiencias, y no solamente conoce los tropiezos, él conoce cómo se evitan, él sabe lo que él no tenía cuando los tuvo. Pedro el impulsivo, Pedro que hablaba cuando no le tocaba, Pedro que se creía más capaz que los demás apóstoles: "Aunque todos te negaren, yo nunca te negaré." Pedro el que negó, traicionó a Cristo; Pedro el que pasó por esa experiencia; Pedro el que pasó por la vergüenza, por la culpa.
Hermano, no hay mejor consejero que aquel que, ya teniendo el Espíritu de Dios, ha crecido en sabiduría y discernimiento, y ha pasado por las experiencias de tropiezos, y te puede decir y advertir, y poder ver hacia el futuro y decirte: "Mira, eso es un tropiezo, eso es un tropiezo, esto es un tropiezo, esto cómo se evita, esto cómo se evita." Dios tiene un diseño. Respeta su diseño. Su diseño es parte de cómo tú evitas los tropiezos. No es Daniel, que nunca tropezó, el mejor consejero; es Pedro.
Pero al mismo tiempo hemos hablado de Daniel como aquella persona que cuando Gabriel llegó le dijo: "Tú eres muy amado en el Reino de los cielos." Y dijimos en una ocasión reciente que en el hebreo dice: "Tú eres muy codiciado." Y alguien me decía, una viejita de aquí me dice: "Yo no sé por qué usa esa palabra, codiciado." ¿Tú sabes lo que es codiciado? Ahora, querer mucho algo, amar mucho algo, no querer que se vaya de ti, querer. Ese Daniel, así de apreciado resulta ya arriba. Pero el mejor consejero para esta gente no era Daniel, era Pedro.
Ahora, Pedro hace dos cosas. Cuando nos habla de la purificación de pecado en la cruz, nos recuerda el amor incondicional, la misericordia de Dios, la gracia de Dios, lo que hizo en su Hijo, que vino a salvar al mundo de pecado derramando sangre. Nos recuerda eso. Pero Pedro también nos recuerda que es posible enfriarse a tal grado que tú olvides la purificación de pecado que se hizo en el pasado por ti, y que vuelvas al lodo como el perro al vómito y como la puerca a revolcarte en el lodo. Y Pedro está en cierta manera llamando a algunos de sus seguidores al arrepentimiento, porque sabe que estos falsos maestros han comenzado a ganar terreno en ellos.
Yo no sé si tú encontraste aplicación para tu vida. Yo encontré aplicación para mi vida mientras yo preparaba este mensaje. De hecho, una regla autoimpuesta es que la preparación no ha terminado hasta que yo no le encuentro aplicación para mi propia vida, y más de una. Es mi deseo como uno de los pastores de la iglesia guiarte a una vida de mayor piedad. La única manera de hacer eso es vía el arrepentimiento continuo.