Integridad y Sabiduria
Sermones

El comienzo del fin (parte 2)

Miguel Núñez 22 junio, 2014

La abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel y que Cristo retomó en su discurso del Monte de los Olivos no es simplemente un evento del pasado, sino una señal que apunta tanto hacia atrás como hacia adelante en la historia. Daniel profetizó sobre tropas que profanarían el santuario y abolirían el sacrificio perpetuo, algo que tuvo un cumplimiento parcial cuando Antíoco IV sacrificó un cerdo sobre el altar del templo en el año 167 a.C. Más tarde, en el año 70 d.C., las legiones romanas destruyeron Jerusalén con tal furia que no quedó piedra sobre piedra, cumpliendo las palabras de Jesús. Sin embargo, cuando Cristo describe una tribulación como no la ha habido desde el principio de la creación ni la habrá jamás, cabe preguntarse si la destrucción de una ciudad relativamente pequeña supera en magnitud al diluvio universal o al holocausto que cobró millones de vidas judías siglos después.

El apóstol Pablo ofrece una clave importante: antes del regreso del Señor, el hombre de pecado se sentará en el templo de Dios haciéndose pasar por Dios. Esto sugiere un cumplimiento futuro de la profecía, vinculado a un templo que aún no existe pero que Israel ya se prepara para reconstruir. En medio de esta tribulación venidera, Dios acortará los días por amor a sus escogidos, aquellos que son preciosos a sus ojos y dignos de honra.

El llamado final es a estar alerta, no con ansiedad sino con ojos abiertos, escudriñando las Escrituras y viviendo con la seriedad que demanda saber que el Hijo del hombre regresará cuando la humanidad esté comiendo, bebiendo y construyendo como si nada fuera a cambiar.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Fuimos hechos, hermanos, para vivir en su verdad.

Con eso yo les invito, ahora que los niños están prácticamente terminando de salir, abrir en el Evangelio de Marcos. Vamos a estar leyendo en el capítulo 13 a partir del versículo catorce, donde nos habíamos quedado, pero recordando un par de cosas del mensaje anterior. El Señor Jesús venía saliendo del templo. Uno de sus discípulos, impresionado con la magnitud del templo y de las piedras, dice: "Maestro, ¿has visto estas piedras y estos edificios?" Y el Maestro le dice: "Tú lo has visto. Te aseguro que no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada." Inmediatamente eso llevó a la próxima pregunta: "¿Y entonces cuándo todo esto va a ocurrir?"

Cristo comenzó a instruirles y les habló de que habrían falsos maestros que vendrían en su nombre. Les habló de guerras y rumores de guerras, pero les advirtió que cuando llegaran esos rumores todavía no era el fin. Les habló de que habría persecución y los entregarían a los tribunales, y que no se preocuparan porque Él mismo iba a poner palabras, el Espíritu de Dios iba a poner palabras en su boca a la hora de llegar a esos tribunales. Les habló también de que se levantaría el hermano contra hermano, y padres contra hijos, e hijos contra padres, y la persecución pasaría a estar dentro de su propia familia y dentro de su propia casa. Y en ese contexto, entonces, ahora Él continúa hablándoles acerca de otras señales de finales de tiempo.

Yo quisiera entonces leer el versículo 14, o del versículo 14 en adelante, de Marcos 13: "Mas cuando veáis la abominación de la desolación puesta donde no debe estar (el que lea, que entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes. Y el que esté en la azotea no baje ni entre a sacar nada de su casa. Y el que esté en el campo no vuelva atrás a tomar su capa. Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Orad para que esto no suceda en el invierno, porque aquellos días serán de tribulación tal como no ha acontecido desde el principio de la creación que hizo Dios hasta ahora, ni acontecerá más. Y si el Señor no hubiera acortado aquellos días, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos que Él eligió, acortó los días. Entonces si alguno os dice: 'Mirad, aquí está el Cristo' o 'Mirad, allí está,' no le creáis. Porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y mostrarán señales y prodigios a fin de extraviar, de ser posible, a los escogidos. Mas vosotros estad alerta; ved que os lo he dicho todo de antemano."

Gracias, Señor, que tu Palabra es real, que tu Palabra es para este día como lo fue para aquel día. Gracias por tu revelación. Mira cómo tu Hijo dijo en esta ocasión: "Ved que os lo he dicho todo." Todo lo que necesitamos conocer. Yo quiero pedirte que el espíritu de sabiduría que estuvo inspirando tu Palabra repose sobre nosotros de una forma que tú nos traigas luz y nos puedas ayudar a entender verdades que son un tanto complejas. Pero si tú te molestaste en revelarlas, es porque tú quieres que nosotros nos molestemos en entender. Mira el llamado: que el que lea, entienda. Yo quiero pedirte que todos nosotros podamos no solamente leer, sino también entender, conforme a tu voluntad. Y te lo pedimos en Cristo Jesús. Amén. Amén.

Cristo acaba de hacer una profecía que cubrimos en el mensaje anterior: del templo de Jerusalén no quedaría piedra sobre piedra que no fuera derribada. Cristo está cerrando su ministerio hablando de algunas cosas futuras de las cuales Él no había ni siquiera tocado, pero en esta ocasión, a unas 72 horas de su muerte, Él quiere dejar algo de lo que el futuro traería.

El mensaje anterior, que es el que le da comienzo a este mensaje que hoy continuamos, lo titulamos "El comienzo del fin" o "El principio del fin, parte uno." Esto es "El principio o comienzo del fin, parte dos: La tribulación." Porque eso es de lo que el texto está hablando.

El texto que yo leí tiene aspectos difíciles de entender. Nosotros necesitamos ser honestos y admitir que hay textos de la Palabra que no son sencillos, que son un tanto complejos. Y lo que necesitamos hacer cuando llegamos a uno de esos textos es tratar de hacer lo mismo que hacemos con un nudo, donde tú tienes una maraña a veces de hilos y tú comienzas a tratar de deshilar un hilo a la vez, para entonces ver cómo es que el nudo está compuesto. De manera que yo voy a tratar de hacer algo como eso para simplificar o traer un poco de luz al principio de este texto un poco complejo, como ya mencioné, y ver si lo pudiéramos ver bajo una mejor luz.

Independientemente de cuál sea la interpretación final, hay algunas cosas claras aquí, y es preferible comenzar por lo claro antes de entrar a lo oscuro. Es preferible ver todos los pasajes complejos de la Palabra a la luz de pasajes simples; es uno de los principios de interpretación.

Entonces, en primer lugar, aquí sin lugar a dudas hay una señal llamada por Cristo la abominación desoladora, en el versículo 14. Hay una tribulación descrita en los versículos 15 al 18, caracterizada por un sentido extraordinario de urgencia. En tercer lugar, hay una caracterización comparativa de esta tribulación que dice que no ha habido ni habrá un tiempo semejante a esto, versículo 19. Hay una compasión de parte de Dios que acorta los días por amor a sus escogidos, versículo 20. Hay engaños numerosos de parte de falsos maestros, falsos milagros, falsas señales, versículo 21. Y hay una advertencia de alerta ya al final de parte del Señor.

Ahora nosotros tenemos los hilos identificados. Tenemos que ver cómo es que ellos están entrelazados, y esto es parte de lo que nos proponemos hacer en lo adelante.

Quisiera decir antes de comenzar que no todo el mundo está de acuerdo en el tiempo de esta tribulación, de cuándo ocurrió, cuándo ha de ocurrir. Eso es una realidad que también necesitamos entender y admitir. Sin embargo, todo el mundo tiene que estar de acuerdo en la ferocidad y en el sentido de urgencia de la tribulación, porque es obvio, está ahí en el pasaje, no la podemos eludir. Pero no hay duda de que las opiniones están divididas, y en parte están divididas porque el pasaje es complejo. Aunque tenemos que decir también que las opiniones frecuentemente están divididas aun en pasajes simples.

Leyendo este pasaje me recordé, o Dios trajo a mi memoria, un pasaje de la epístola de Pedro, en su segunda carta, 3:16, donde dice que el hermano Pablo escribe de cosas difíciles de entender. Es decir, Pedro, apóstol en el primer siglo, piensa que Pablo escribe de cosas difíciles de entender. ¿Te imaginas nosotros, 20 siglos después, sin el don del apostolado, qué tan difíciles pudieran ser algunas de esas cosas que para Pedro le eran difíciles de digerir? Tenemos que admitir eso.

Pero aun con todas esas admisiones que acabamos de hacer, de alguna forma Cristo termina esta parte que yo leí diciendo: "Ya lo he revelado todo." De manera que yo necesito escudriñar las Escrituras, escudriñar aquello que Él dice que ha revelado. Y si lo ha revelado, es para que tú y yo lo podamos conocer.

Yo quisiera entonces comenzar, si pudiera usar la metáfora, con el primer hilo que identificamos: la primera señal, la señal de la abominación desoladora. Versículo 14: "Cuando veáis la abominación de la desolación puesta donde no debe estar (el que lea, que entienda)." Esa frase "el que lea, que entienda" quizás es un comentario de Marcos, porque Jesús no estaba leyendo nada, Jesús estaba hablando. Y quizás Marcos está diciendo: "Bueno, ahora que yo estoy escribiendo todo esto que el Señor me dio, el que lea esto a partir de ahora, pues que entienda." A menos que el Señor Jesucristo hubiese estado anticipando el registro de estas Escrituras y entonces hubiese Él mismo pronunciado estas palabras.

Pero cuando veáis esa señal de la desolación, la abominación desoladora, entonces esta es la señal que dispara la estampida, la huida. Entonces el que esté en Judea que huya a los montes. Es una señal que va a estar donde no debe estar, dice Marcos. Y es un tanto extraño: una señal que no sé todavía cuál es, y lo otro es que va a estar donde no debiera estar. Si solamente supiéramos eso, estuviéramos bien confundidos. Pero como Dios trae luz a su Palabra por medio de la misma Palabra, la realidad es que eso es lo que vamos a tratar de hacer: tratar de iluminar esto que parece un tanto oscuro con luz de la misma Palabra.

Sin embargo, habiendo dicho eso, este versículo 14, donde habla de esta abominación desoladora, algunos de los comentarios, en particular el comentario conocido en inglés como el de Expositor, dice que este es el versículo más difícil de entender de todo el Nuevo Testamento. Yo no sé si es así o no, pero la realidad es que eso nos da una idea de que esto, a nivel de la academia, no ha sido tan fácil de poder elucidar.

Sin embargo, si vamos a intentar elucidarlo, tendremos que hacerlo con la misma Palabra. Lo primero que vamos a hacer es traer un poco más de luz a partir del pasaje paralelo que aparece en Mateo 24:15. Ese es un pasaje que nos puede decir un poco más acerca de la abominación desoladora. Escucha lo que dice: "Por tanto, cuando veáis la abominación de la desolación, de que se habló por medio del profeta Daniel, colocada en el lugar santo (el que lea, que entienda)."

Ahora yo sé algo más. Ahora yo sé que la abominación desoladora no es un término nuevo, que es algo de lo cual ya se había hablado. Se ha hablado en el Antiguo Testamento, se habló por medio del profeta Daniel. Y que aquel lugar donde va a estar, que no debiera estar según Marcos, es un lugar más específico de lo que yo pensaba, de acuerdo a Mateo, porque va a estar en el lugar santo. Solamente había un posible lugar en Israel llamado el lugar santo, y no era otro que el templo mismo de Jerusalén.

Entonces, si la terminología no es nueva y si Cristo en la versión de Mateo me remonta a Daniel, yo necesito regresar a Daniel a ver qué fue lo que Daniel dijo para seguir entendiendo un poco la señal. Y resulta que cuando me voy al profeta Daniel, yo encuentro no una, no dos, pero tres referencias a esta señal de la abominación que pueden ayudarme a comprender.

Revelación que aparece en Marcos, Mateo y Lucas. Escucha lo que Daniel dice en 9:27: "Y él —refiriéndose al anticristo— hará un pacto firme con muchos por una semana, pero a mitad de la semana pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal. Sobre el ala de abominaciones vendrá el desolador, hasta que la destrucción completa, la que está decretada, sea derramada sobre el desolador."

Ahora yo sé un poco más acerca de esta señal. Me habla de que es abominable porque me habla de las abominaciones. Me habla de algo que tiene que ver con el templo, donde estaría colocada la abominación, porque me dice que pondrá fin al sacrificio y a la ofrenda de cereal que se llevaba a cabo solamente en el templo. Al hablarme de un desolador, me lo identifica con una persona, y eso es congruente con lo que Marcos dice, porque de acuerdo a los lingüistas, la revelación de Marcos cuando habla de la abominación desoladora tiene un participio masculino, lo que hace pensar en una persona, en un hombre en particular. Y Daniel lo identifica como el desolador que va a causar, de acuerdo a Daniel 9:27, una destrucción completa que ha sido decretada. Y por tanto, si ha sido decretada, es imposible que pueda ser de otra manera. Los decretos de Dios son inamovibles.

Ahora yo sé que voy a crecer en el conocimiento acerca de la señal de que habló Cristo, pero me sigo moviendo en Daniel y llego a Daniel 11:31, y veo que dice: "Y de su parte se levantarán tropas, profanarán el santuario fortaleza, abolirán el sacrificio perpetuo y establecerán la abominación de la desolación." Ahora yo tengo un poco más de luz, porque esta abominación desoladora tiene que ver con tropas, y tropas que van a invadir el santuario, el santuario fortaleza, porque el templo estaba justo al lado de la fortaleza Antonia, donde Pilato tuvo juzgando al Señor Jesucristo. Y esas tropas han de abolir el sacrificio, donde se ofrecía el sacrificio perpetuo, como le llama Daniel, en el templo.

Y luego me dice en Daniel 12:11: "Y desde el tiempo en que el sacrificio perpetuo sea abolido y puesta la abominación de la desolación, habrá mil doscientos noventa días." La abominación desoladora va a ocurrir y luego han de transcurrir mil doscientos noventa días. Este no es el escenario para yo tratar de explicar o de especular incluso qué pudieran ser esos mil doscientos noventa días. Simplemente quería señalar que por tercera vez en Daniel se nos habla de que habrá una interrupción del sacrificio perpetuo, y se va a llevar a cabo en el templo.

Ahora yo tengo varios otros elementos que no tenía, pero que necesito porque Cristo hizo referencia a Daniel. Daniel me habla de un desolador, me habla de tropas, me habla de la tropa entrando al santuario, profanándolo, colocando allí algo abominable. La pregunta que tendríamos que hacernos es si después de esta profecía de Daniel ocurrió en la historia algo que pudiera ser congruente con el cumplimiento de esta profecía. Y ahí la enorme mayoría de los académicos está de acuerdo en que sí ocurrió.

En el año 167, Antíoco IV, comandando las tropas sirias, invadió el territorio de Jerusalén y el templo. Sus tropas penetraron hasta el templo, y allí en el templo, en el Lugar Santo, sobre el altar, Antíoco IV ofreció un cerdo en sacrificio, un animal declarado inmundo por la ley, algo que hubiese provocado la mayor ira de parte del pueblo judío. Y eso ocurrió; está registrado en la historia en el año 167 antes de que Cristo viniera. Posteriormente, el pueblo judío pudo levantarse con la revolución de los macabeos, recapturar el templo, rededicar el templo, y tuvieron una cierta libertad —la única que tuvieron en mucho tiempo— como por cien años después de esta revolución de los macabeos. Pero en esa ocasión, en el altar donde se suponía que solamente los sacerdotes podían ofrecer un cordero sin mancha, sin defecto, de un año de edad, Antíoco IV cometió el sacrilegio de ofrecer un cerdo y colocó la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel.

Pero Cristo, que viene un par de siglos después de esta abominación desoladora haber sido colocada, dice: "Cuando vean eso..." En otras palabras, miremos hacia atrás, miremos hacia adelante. "Cuando vean eso," mirando hacia adelante, algo similar va a ocurrir. La pregunta próxima entonces sería: ¿cuándo y qué sería eso a lo que Cristo estaba aludiendo?

Bueno, muchos están convencidos de que esto ocurrió, tuvo que ver con aquello que pasó en el año 70 de nuestra era, y de lo cual hablamos ya en el mensaje anterior. Y es que el pueblo judío se levantó en una revolución en la que participaron los zelotes a partir del año 66, y ofrecieron una resistencia enorme a las tropas romanas. Y por cuatro años les impidieron poder tomar a Jerusalén, causaron múltiples muertes en las tropas romanas. Roma se fue irritando cada vez más, precisamente por la enorme resistencia que le ofrecieron, hasta que Vespasiano nombró al general Tito. Sitió la ciudad, le cortaron la entrada de agua, la entrada de alimentos, y comienzan entonces a cercar la ciudad de una manera tal que la lograron vencer. Rompieron parte de las murallas que podían defender la ciudad. Cuatro legiones de soldados romanos participaron en esta ocasión, cada legión compuesta de cinco mil cuatrocientos soldados. Estamos hablando de casi veintidós mil soldados que participaron en esto.

Y cuando lograron entrar, la furia del ejército romano fue tal que, a pesar de que hay evidencia de que quizás Tito no quería destruir el templo por completo porque era famoso por todo lo que Herodes había mandado fabricar, la furia fue tal que los soldados romanos terminaron destruyendo, derribando y ciertamente cumpliendo las profecías del Señor Jesucristo cuando dijo que no quedaría piedra sobre piedra que no fuese derribada. Eso fue el año 70 de nuestra era, y muchos piensan que la abominación desoladora se cumplió ahí y se quedó ahí, que no hay nada más que buscar en el futuro. Pero yo quiero volver ahí un poco más adelante a ver si ciertamente no hay nada más que mirar hacia el futuro.

Pero mientras tanto, ya vimos la primera señal, la señal de la abominación desoladora. ¿Qué corresponde? Yo quiero que veamos la urgencia durante la tribulación. Vamos a ir viendo aquellas cosas sobre las cuales pudiéramos ponernos de acuerdo todos, en primer lugar las más simples, para luego entrar a las más complejas.

"Cuando veáis esa señal," Cristo dice, "entonces los que estén en Judea huyan a los montes." Y en la época en que ocurrió esta invasión, el año 70, mucha gente huyó a los montes. "Y el que esté en la azotea no baje ni entre a sacar nada de su casa, y el que esté en el campo no vuelva atrás a tomar su capa. Pero ¡ay de las que estén encinta y de las que estén criando en aquellos días! Orad para que esto no suceda en el invierno."

El sentido de urgencia, lo masivo de esta tribulación, en este caso de esta invasión, será tal que si estabas en tu casa —en aquella ocasión la mayoría de las casas tenían techos planos y la gente subía muchas veces a coger fresco, a tomar fresco en las azoteas—, si estás en la azotea y te coge la invasión, esta abominación desoladora, y bajas... Las casas tenían escaleras exteriores, y bajas y piensas entrar en la casa: no lo hagas. No lo hagas, quizás esto te cueste la vida. Sigue huyendo, sal corriendo, no hay tiempo que perder.

Y si esto te toma cuando tú estabas en el campo cultivando, sembrando, y piensas volver a tu casa para tomar la capa e irte —una capa que era muy importante en aquella ocasión, durante la noche cuando hacía frío, a veces en el campo la usaban de almohada—, si tú vas a regresar a buscar esa capa, no regreses. Quizás te cueste la vida ir a buscar esa capa. Sal corriendo, no te vuelvas. Hay un sentido de urgencia durante este tiempo de tribulación, independientemente de cuándo haya ocurrido y a qué se refiere, de lo cual vamos a seguir hablando. Pero estamos hablando del sentido de urgencia.

Y en medio de esto Cristo dice: "Orad para que esto no suceda en el invierno." Hay algo que puedes hacer, hay algo que tú y yo podemos hacer siempre en medio de la peor tribulación, y es orar. Esto es un imperativo: ora, en este caso, para que las cosas puedan aminorar un poco y esta persecución o tribulación no ocurra en el invierno. Y parte del problema con el invierno en Israel no es simplemente el clima o el frío, es que es la época de lluvia. Y resulta que cuando llueve en Israel —aun el día de hoy— hay lo que son llamados wadis. Wadis son cursos hechos por el agua que están completamente secos, pero que cuando llueve masivamente se convierten en verdaderos ríos. Y eso imposibilitaría la huida, la haría mucho más difícil.

Y nosotros en nuestro país hace unos años atrás tuvimos un fenómeno exactamente igual en la zona suroeste, cuando en una sola noche se formó en el área de San Juan de la Maguana —el área de San Juan hacia Barahona— un wadi de estos, un curso de agua completamente seco por donde no corría agua hacía años. Y un día, en una sola noche, bajó el agua como si fuera un río completo, barrió una cantidad enorme de personas, dejó múltiples muertos, y al otro día no había río en aquel lugar. Israel tiene ese fenómeno hoy en día todavía. Y de ahí que cuando el Salmo 23 habla de aguas de reposo, tiene detrás ese trasfondo de wadis, de aguas turbulentas que vienen de repente, que pueden arrastrar a las ovejas porque ellas no saben de estas cosas, pero que el pastor sí sabe y necesita estar apercibido. Porque puede llover a la distancia y tú no saber qué está pasando y que el agua viene de camino, como ocurrió en nuestro propio país. Orad para que esto no ocurra en el invierno.

"¡Ay de las que estén encinta!" Es obvia la razón: más difícil huir. "¡Ay de las que estén criando!" Es obvia la razón: más difícil huir. Y Cristo está describiendo cuál sería la condición en el momento.

Pero yo quería pausar momentáneamente para aplicar algo ahí, de lo que yo también hice alusión la semana pasada, y es que esta destrucción masiva que ocurrió del templo, donde no quedó piedra sobre piedra —no solamente el templo, la furia de Roma fue tal que la ciudad fue arrasada, fue aplanada prácticamente—, de la ira con la que esta tropa llegó a Jerusalén. Pero yo no quiero dejar eso en la ira de tropas fruto de una rebelión judía, porque si nosotros conocemos algo de la Palabra y teológicamente, las tropas simplemente sirvieron de instrumento para ejecutar el juicio de Dios derramado sobre la nación por la esterilidad de su religión, representada en la higuera que Cristo maldijo y secó.

De hecho, hay una tradición —no podemos documentarla, pero hay una tradición que existe— que dice que el general Tito, cuando terminó toda la destrucción, dijo que él no era el culpable de esto o el responsable, que él simplemente había actuado como instrumento de la ira de Dios. Yo quería pausar porque es la realidad de lo que la Biblia revela, y eso nos lleva a la reflexión, a decir: cuando la santidad de Dios es violentada, en un momento dado la ira de Dios adquiere una dimensión monumental y gigantesca que nos debe llamar a todos a la reflexión y a la cordura.

Nosotros no podemos olvidar que en Génesis 6, muy temprano en los días de la creación, cuando era mucha la maldad de los hombres en la tierra y cuando toda intención de los pensamientos del corazón del hombre era solo hacer siempre el mal —oíste, era mucha la maldad y la intención del corazón de los hombres era solo siempre hacer el mal—, cuando esas condiciones se dieron, Dios inundó todo el planeta. Eso nos deja ver la seriedad de su ira contra el pecado. En Génesis 18, el Señor nos dice que cuando el pecado de Sodoma y de Gomorra llegó a ser sumamente grave, Dios hizo llover azufre del cielo. Dios desplazó las tribus de la tierra prometida cuando su pecado llegó al colmo.

De hecho, Dios le anunció a Abraham: "Del pueblo que se va a formar de ti, en un momento dado va a bajar a Egipto, se va a hacer allá una gran nación y ellos van a ser esclavizados 430 años, y no van a salir hacia la tierra prometida porque la maldad de las tribus en esa tierra que yo te prometí todavía no ha llegado a su tope, a su colmo. Pero cuando ocurra, yo voy a movilizar a mi pueblo y los voy a desplazar de la tierra prometida, de manera que mi pueblo recibirá una tierra que yo estoy juzgando y desplazando sus habitantes por la maldad de sus corazones."

Dios envió a su propio pueblo al exilio por 70 años. Y si eso no fuera suficiente, Dios, por así decirlo de manera ilustrativa, envió a su Hijo a la cruz cuando su Hijo decidió cargar con el pecado sumamente grave de cada uno de nosotros y llevarlo a la cruz, y ahí entonces su Hijo fue tratado como fue tratado por la ira de Dios precisamente, por lo serio que es el pecado contra la santidad de Dios. Y en este caso, la destrucción del templo de Jerusalén y de toda la ciudad obedeció precisamente a un juicio de Dios. Sin lugar a dudas, aquello que Daniel profetizó vio su cumplimiento en el año 70 cuando las tropas entraron al templo. El templo, recuerden que la abominación desoladora tendría que ver con tropas que entraron al templo y derrumbaron el templo, y allí entonces no quedó piedra sobre piedra.

Algunos piensan que la profecía de Cristo ahí termina. Otros piensan —y yo estoy con esos otros— que no termina. Y la razón es por cosas reveladas en este pasaje que para mí están bastante claras. Hay una nota discordante en este mismo pasaje para pensar que todo terminó allí en esa ocasión y que no habría algo similar en un futuro.

Lo primero que yo noto es que en el versículo 19 Cristo hace una comparación, una caracterización comparativa de esa tribulación, y nos dice que en todo el tiempo en que la tierra ha existido y existirá no habrá jamás una tribulación como la que él estaba describiendo. Escucha, versículo 19: "Porque aquellos días serán de tribulación tal como no ha acontecido desde el principio de la creación —recordemos el diluvio, que hizo Dios— hasta ahora, ni acontecerá jamás."

Realmente, ¿la persecución en un área tan limitada como Jerusalén en esa época, de un grupo tan limitado como los judíos en esa época, y la destrucción del templo y de una ciudad relativamente pequeña es la peor tribulación que el mundo vio y verá en toda su historia, para pensar que todo terminó allí y que la profecía de Cristo no tiene ningún otro cumplimiento? Como dirían en inglés, yo no lo pienso.

Déjame dar una sola comparación, una sola: la Segunda Guerra Mundial. Los cálculos más conservadores estiman las muertes de la Segunda Guerra Mundial en 50 millones de personas. Los cálculos más abiertos, por así decirlo, lo llevan hasta 85 millones de personas. El promedio más conservador: sesenta millones de personas. Rusia solamente perdió entre 21 y 28 millones de personas —esa es la población de Ciudad de México hoy en día entera, una ciudad que se estima entre las más populosas del mundo. Alemania perdió entre 7 y 9 millones de personas; nosotros tenemos 10 millones, casi la población del pueblo dominicano entera.

Y algunos dicen: "Bueno, lo que pasa es que cuando Cristo dijo eso estaba refiriéndose a los judíos." ¿Realmente fue esa persecución y esa masacre, corta en tiempo, limitada en espacio, la peor persecución que los judíos han sufrido en toda la historia de la humanidad? No, absolutamente que no. Durante un tiempo, por varios años, en múltiples naciones, los judíos fueron perseguidos y traídos y masacrados. Hasta 7 millones de personas fueron llevadas a los hornos y quemadas. Mujeres encintas en algunas ocasiones recibieron los pinchazos de bayonetas en formas horripilantes. Yo no creo que esa tribulación del año 70 fue la peor de toda la historia de la humanidad, habiendo el mundo sido inundado incluso en una ocasión, y la peor de la que pudiera ocurrir en el futuro.

Entonces, ¿qué pudiera ser? Bueno, recuerda: la abominación desoladora tiene que ver con algo que va a ocurrir en el templo, en el lugar santo, dice Mateo 24:14-15. Es algo que es un sacrilegio, es una abominación, pero tiene que ver con el templo. La pregunta entonces es: ¿qué pudiera ser hacia el futuro?

Yo quiero recordarles a algunos que me han oído citar esto otras veces: en el año 1990 yo recuerdo haber leído —y tengo todavía recortes conmigo— en la revista Time, hace 24 años, casi 25 años ya, haber leído cómo Israel tenía en esa época 200 estudiantes preparándose para predicar en el templo futuro, 32 instrumentos musicales ya construidos, y había enviado a Europa una comisión a buscar los espermatozoides de un cordero rojizo llamado "Red Heifer" para el sacrificio en el futuro templo.

Hay un Instituto del Templo constituido en Israel —usted puede entrar a la página web y encontrarlo— que estudia no solamente las cosas que pasaron en el templo en el pasado, sino lo que ocurrirá en el templo en el futuro. No hace tantos años atrás hubo toda una crisis mundial porque algunas personas en Israel e ingenieros civiles movieron dos rocas hacia el Muro de las Lamentaciones, tratando de establecer allí las primeras piedras del templo, y la comunidad internacional tuvo que movilizarse para evitar otro conflicto bélico de escala mayor. De manera que pensamos que ese templo se volverá a erigir, y allí aparecerá la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel y a la que Cristo se refirió otra vez.

La próxima pregunta sería: ¿es esto que el pastor acaba de decir algo jalado por los moños, o hay aval bíblico para algo similar? Porque si es algo que yo estoy completamente hablando por los moños, yo no creo que ustedes presten ninguna atención. Pero la pregunta sería: ¿hay algo en la Biblia que pudiera avalar, quizás por lo menos en parte para comenzar nuestra discusión, algo semejante? Y la respuesta es: ¡absolutamente!

Segunda de Tesalonicenses, capítulo 2. Segunda de Tesalonicenses es una carta que describe con bastante detalle la venida del Señor. De manera que el contexto de lo que yo voy a leer es el correcto: es la venida del Señor, no hay otra cosa. No es la destrucción del templo, es la venida del Señor.

Escucha lo que Pablo dice en 2 Tesalonicenses 2, versículos 1 al 4: "Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él" —ahí está el contexto: la venida y nuestra reunión con él, independientemente de dónde usted crea que se produce el rapto, la reunión de los creyentes— "en cuanto a la venida del Señor y nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no seáis satisfechos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado."

Déjame parar ahí un momentito. Una carta estaba circulando entre los tesalonicenses que supuestamente había venido de Pablo y que decía que ya la venida del Señor se había dado. Pablo dice: "No te dejes alarmar ni por esa carta que circula, ni porque yo dije una palabra, ni por un espíritu engañador, no te dejes alarmar." Pablo, entonces, ¿qué hago? ¿Cómo espero?

Escucha, versículo 3: "Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá" —el día del Señor es de lo que está hablando— "sin que primero venga, número uno, la apostasía, y se haya revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición." Escucha ahora qué Pablo dice acerca del hombre de pecado y el hijo de perdición: "El cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios o es objeto de culto, de manera que se sienta —¿dónde?— en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios."

Pablo, el hermano Pablo, que habla de cosas un poco difíciles de entender, está hablando de la segunda venida del Señor, de su Cristo, y de nuestra unión con él. Está diciendo que eso no va a ocurrir hasta que no ocurran dos cosas: número uno, la apostasía, y número dos, la venida del hombre de pecado, el Anticristo, que él también caracteriza como hijo de perdición. ¿Y qué hace Pablo? Se opone y se exalta sobre todo lo que se llama Dios, se sienta en el templo de Dios —ahí está el templo otra vez— y se presenta como si fuera Dios. Creemos con muchos que ese futuro templo de Israel, donde una vez más el inicuo, el hombre de pecado, el hijo de perdición, se sentará y se hará pasar por Dios. Esa sería la señal de la abominación de la que habló el profeta Daniel, a la que Cristo refirió, que tuvo un cumplimiento parcial en el año 70, pero que tendría que volverse a cumplir.

Eso no sería tan descabellado porque la profecía de Daniel tuvo un cumplimiento parcial con Antíoco IV, pero el templo no fue derribado y hablaba de derribar el templo. Daniel dice que la destrucción será completa; eso no ocurrió con Antíoco IV. Hubo un cumplimiento parcial en el año 70, entonces hubo eso, verá que completó la destrucción. Y así mismo entendemos que esto apunta todavía a una futura abominación de desolación.

En tercer lugar, yo quiero que veamos ahora en el texto la compasión de Dios en medio de la tribulación. Versículo 20: "Si el Señor no hubiera acortado aquellos días, nadie se salvaría, pero por causa de los escogidos que eligió, acortó los días." Dios estará controlando, orquestando, monitorizando esta persecución, esta tribulación, hasta el punto que llegará un momento donde Dios dice: "Hasta aquí llegó." Los días serán acortados, los días serán acortados debido a mi amor por mis escogidos. Nosotros, sus escogidos, no determinamos la agenda del Señor, pero Dios hace su agenda teniendo pendiente a sus escogidos.

El amor de Dios por los suyos es extraordinariamente especial: "Mi amor por mis escogidos me hará acortar los días, o nadie se salvaría, ni aun mis escogidos." Y meditando entonces sobre eso y lo especial que nosotros somos para Dios, como vamos a mostrar en algunos pasajes bíblicos ahora, me detuve y me puse a reflexionar y me dije a mí mismo: si los escogidos de Dios son especiales para Dios, para entonces ahora personalizarlo, si Pedro es un escogido de Dios, o José, y él es especial para Dios, ¿no debiera Pedro y José ser especial para mí entonces? ¿Cómo pudiera Pedro o José o María ser menos especial para mí que lo que es para Dios, cuando Dios está muy por encima de mí? Y eso le dio otra nueva dimensión a lo que es la consideración y el amor que yo debo tener por mi hermano, porque es precisamente uno de los escogidos de Dios.

Pero déjame mostrarte rápidamente a partir de la Biblia cuán especial son los escogidos de Dios para Dios. Isaías 43:4, Dios hablando acerca del remanente de Israel: "Ya que eres precioso a mis ojos." ¿Tú estás oyendo ese vocabulario? ¿Cómo que precioso? ¿Son los hombres pecadores? "Sí, eres precioso a mis ojos, digno de honra." ¿Cómo que digno de honra? "Te voy a redimir y yo te amo." Yo volví a leer ese texto como cuatro veces. Me dije yo: ¿cómo que esa frase no la había visto tan personal? "Y yo te amo." No "yo amo a mis escogidos", sino "yo te amo". "Daré a otros hombres en lugar tuyo y a otros pueblos por tu vida." ¿Tú oíste eso? El remanente de Dios en medio del pueblo de Israel es tan especial que es precioso a sus ojos, es digno de honra de acuerdo a Dios. Y ese "yo te amo", y "te amo tanto que yo voy a dar a hombres y a pueblos por ti." Cuando llegues a la tierra prometida, tú vas a ver. O en la historia, mejor dicho, en la tierra prometida tú puedes ver la verdad: "Eso yo entregué, a pueblos en tu lugar, y te coloqué en su tierra."

En Deuteronomio 32:10 Dios habla de Israel y se refiere a Israel como "la niña de mis ojos", la pupila, donde están los elementos con los cuales nosotros vemos, lo que permite la entrada de la luz al ojo para poder ver. Dios dice: "Yo cuido..." Tú tienes que cuidar la pupila de tus ojos porque son tu visión. Y trae el a mi escogido, y lo mismo diríamos de la iglesia hoy: es como la niña de mis ojos. Y en Juan 17, antes de ser crucificado, Cristo dice: "Padre, yo oro no por el mundo, sino por todos aquellos que han de creer en mi nombre." Y pensar que hace dos mil años Cristo estaba intercediendo por mí ya.

Y si eso no fuera suficiente, si tú me permites seguir la ilustración, en un momento dado Dios despojó —aunque su Hijo lo hizo voluntariamente— despojó a su propio Hijo de su propia gloria y lo puso en la cruz y lo dio en mi lugar. Como dio a otros pueblos en lugar del remanente, en este caso no dio otros pueblos, dio a su Hijo. Y de especial Dios dice que sus escogidos son para él, y esos escogidos harán que Dios acorte entonces los días. Aquellos días Dios determina su agenda, pero lo está haciendo en base a sus escogidos.

Número cinco: habrá engaños numerosos de parte del Anticristo. En tiempos difíciles abundan los engaños porque somos más fácilmente persuadidos. "Si alguno dice: 'Mirad, aquí está el Cristo'", como lo dijo la persona Miranda en Puerto Rico que decía ser Jesús —era Miranda su apellido y ya está bajo tierra— "o: 'Mirad, allí está', no le creáis." Cuando alguien diga que Cristo vino y que "mira, lo aquí", no le creáis. Cuando yo venga, todo ojo me verá. La idea es como que los tiempos eran tan difíciles que en ocasiones se van a levantar falsos maestros, falsos profetas, falsos Cristos, y en medio de la dificultad como que ellos van a convencer a muchos. Como se han levantado falsos Cristos, falsos maestros con falsas señales para hacer dos cosas: extraviar y engañar. Ese es el único propósito del enemigo: extraviar y engañar. De ahí la necesidad de escudriñar la Palabra, de caminar con Dios para que él ilumine. El nombre de nuestros caminos nos evita los engaños y los extravíos.

Y eran grandes señales y prodigios cuando Dionny Báez fue a la iglesia de Guillermo Maldonado y convirtió el agua en vino de una manera tan burlona, como volví a ver en el día de ayer. Y tú sabes que estás frente a un falso maestro, un falso apóstol, en una falsa congregación. Tenemos que nombrarlo por su nombre. En una congregación no pueden llevar pepitas de oro y pensar que vienen del cielo, y pepitas de diamantes y pensar que vienen del cielo. Y me comentaba alguien de esta iglesia en el primer culto que cuando eso sucedió, ella estaba presente y salió con un brazo lleno de esas pepitas supuestas, pepitas de oro y de diamantes. Falsas señales.

La razón: las falsas señales no ocurren separadas de la soberanía de Dios. Dios las permite por una razón. Segunda de Tesalonicenses, todavía en el mismo pasaje donde se nos está hablando de la venida del Señor, el versículo 9 al 12: "Inicuo" —refiriéndose al Anticristo— "cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden." ¿Por qué? ¿Por qué es que son engañados de esa manera? Porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto, por eso, porque no recibieron el amor de la verdad, por esto Dios les enviará un poder engañoso. Ya este poder viene de parte de Dios; Dios mismo permite que Satanás lo haga para que crean en la mentira, a fin de que sean juzgados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la iniquidad. Es su juicio: el envío de un poder engañador para aquellos que no creyeron en la verdad, en la verdad y su amor, en el amor de su verdad. Y la gente lo va a creer: un poder engañoso, desviador de sus caminos. Quiere tus propios deseos; ahí puede tener tus propios deseos.

Los falsos maestros, yo estoy convencido de poder predicarlo por muchos años, los falsos maestros están permitidos por Dios. ¿Por qué? Ellos arrastran a los falsos discípulos y sirven de filtro para el cuerpo de Cristo. El Señor ama a los suyos; sus ovejas, aun bajo esos falsos maestros, eventualmente oyen su voz y se van del maestro. "Ellas oyen mi voz y me siguen" es la realidad de la verdad. Mis ovejas son mis escogidos y yo cuido de ellos.

Finalmente, número seis: el llamado a estar alerta. Si es cierto que Dios nos cuida, no es menos cierto que Dios nos hace continuamente un llamado a estar alerta. Quince veces aparece la palabra "alerta" en la versión de las Américas en la Palabra de Dios. "Más vosotros", versículo 23, "estad alerta" —imperativo— "estad alerta, ved que os lo he dicho todo de antemano." Dios nos hace un llamado continuo al sentido de urgencia, al sentido de estar alerta.

Esa hay algo que yo lo he mencionado otra vez y me perdonan si lo hemos sobremojado, pero es algo que me provoca del pueblo de Dios muchas veces: es el sentido de blasé, de complacencia, como si esta vida fuera a durar un milenio y me quedan tantos años por delante y no hubiera mucho más que hacer en esta vida que entretenernos. No. Esta vida es una tarea asignada a los hombres para que ellos puedan desplegar la gloria de Dios en medio de un plan de redención que ha sido escrito con sangre, y donde yo tengo la obligación de esparcir el evangelio a todas las naciones para que entonces el fin venga, como dice Mateo 24:14. Esto es serio, sumamente serio. Ahora cuenta para siempre. El día de ayer no se repetirá, no volverá mañana, se fue y ya no regresa, ya lo perdí. Es una responsabilidad de compartir el mensaje, desplegar su gloria y de poder pasar por las peores circunstancias confiando en la soberanía, en la bondad y benevolencia de nuestro Dios.

Pero ¿cuál va a ser? ¿Por qué está ahí eso? ¿Por qué está ese "estad alerta" al final de este texto que tiene que ver con la tribulación? Porque lamentablemente, cuando el Hijo del Hombre decida regresar, ese no va a ser el estado en que va a encontrar a la generación. Escucha esta advertencia en Lucas 17, de parte del mismo Hijo del Hombre que va a regresar, el versículo 26 en adelante.

Tal como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre. Las cosas no cambian. En los días de Noé fue de una manera y en los días del Hijo del Hombre será de esa misma manera. ¿Qué pasó? Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. ¿Va a llover? ¿Va a llover? Ciento veinte años diciendo: "¿Va a llover?" ¿Y comenzó a llover? Fue lo mismo que ocurrió en los días de Lot.

¿Qué ocurrió en los días de Lot? Cuando Dios quemó esas ciudades, Sodoma y Gomorra, comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían. ¿Construían? Pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los destruyó a todos. ¿Qué tiene eso que ver con nosotros, pastor? Lo mismo acontecerá el día en que el Hijo del Hombre sea revelado. ¿Tú puedes creer eso? Que el día en que el Hijo del Hombre sea revelado, vamos a estar comiendo, bebiendo, plantando, comprando, construyendo, y de repente, ¡oh, llegó Cristo!

Estar alerta. Estar alerta no es estar ansioso. "Pastor, estoy muy ansioso con tu mensaje, estoy alerta." No, no es estar ansioso. Estar alerta es tener los ojos abiertos, escudriñar las Escrituras, examinar las circunstancias, vivir reflexivamente, meditar en lo que está ocurriendo, meditar en la Palabra de Dios, y poder llevar a cabo aquellas cosas que Dios me dice que yo debo hacer.

Bueno, pastor, ¿y cuál es esa cosa que debo hacer? La primera, estar alerta. Reconociendo la seriedad de la vida, una tarea asignada a los hombres para desplegar la gloria majestuosa de Dios en este planeta que Dios llama, de acuerdo a Juan Calvino, el teatro de Dios. Yo soy un actor en ese teatro y allí Él está desarrollando su obra teatral, la obra de la redención.

En segundo lugar, tienes que estar confiado en el carácter de Dios. Pastor, porque los tiempos que vendrán serán difíciles. En el carácter de Dios, no en la tribulación. Esa es tu confianza. Tienes que estar alerta, tienes que estar confiado, tienes que velar en oración para que no caigas en tentación. En aquella ocasión, para que no ocurriera en invierno; en esta ocasión, para que yo no niegue la fe en medio de la tribulación, para que Dios me pueda alinear con su voluntad en medio de la dificultad.

Yo necesito escudriñar las Escrituras. No está esto por accidente. "Ved que os he revelado todo." ¿Cómo que os he revelado todo? Ahí está, todo lo que tú necesitas saber yo te lo he revelado. No es para curiosidad, es para que lo estudies, lo entiendas, lo apliques y puedas estar alerta.

Alerta, considerando que otros han pasado tribulaciones, quizás no de carácter mundial, pero en su vida tribulaciones de esas atroces, y han podido vencer por medio de la fe. Y considera a la hora de la prueba, a la hora de tribulación, que tu vida solamente tiene valor en relación con la causa de Cristo. Apocalipsis 12:11: "Ellos lo vencieron" —gente que estaba siendo perseguida— "por medio de la sangre del Cordero y por la palabra del testimonio de ellos, y no amaron sus vidas llegando hasta sufrir la muerte." Esa es la clave. Ellos vencieron por medio de la sangre del Cordero y por medio del testimonio establecido por una sola razón: porque no se entregaron a la acción del maligno, porque ellos no amaron sus vidas, sino que no amando sus vidas las dieron en aras de la causa de Cristo.

Y otros que pasaron por dificultades personales y tribulaciones quizás más contenidas, pero igual de difíciles, ellos por la fe pudieron pasar por dicha tribulación en medio del peor escenario. "Y otros experimentaron vituperios y azotes," Hebreos 11:36 en adelante, "y hasta cadenas y prisiones. Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabras, destituidos, afligidos, maltratados, de los cuales el mundo no era digno, errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra. Y todos estos, habiendo obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, porque Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran hechos perfectos sin nosotros."

Seremos recompensados, ellos con nosotros y nosotros con ellos, pero por la fe soportaron la persecución, el vituperio, el maltrato, el morir a espada, el morir aserrados, anduvieron corriendo de aquí para allá, pero lo pudieron hacer por la fe puesta en su Señor.

De manera que, anunciada la tribulación, anunciada la benevolencia de Dios para con los suyos y la necesidad de perseverar por medio de la fe, porque el que persevera hasta el fin, ese da evidencia de su salvación y ese será salvo. En el peor desierto, Él es Dios. En las peores circunstancias, Él se hace presente.

En el interín, yo tengo un llamado. Las buenas nuevas han de ser predicadas a todo el mundo, Mateo 24:14, y entonces vendrá el fin. Hay una conexión entre la expansión del Evangelio o el reino de Dios y el retorno de Cristo. En el interín, yo necesito poder sembrar en otros lo que yo recibí, la Palabra de Dios, para que ese testimonio de Jesucristo, que ha generado un testimonio en mí, pueda ir a la vida de otro en las mismas palabras de Cristo e ilustrado por mi testimonio de vida que Dios ha cosechado en mí, y entonces nosotros seguir esparciendo el Evangelio hasta que Él vuelva. Él es el Dios de la abundancia, Él es el Dios del desierto. Lo que tú has recibido en su Palabra, eso tienes que sembrar.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.