La voluntad de Dios para sus hijos no es un misterio que debamos descifrar: es nuestra santificación. Esta verdad, que Pablo presenta con urgencia a los tesalonicenses, sigue siendo el llamado central para la iglesia de hoy. No se trata de sugerencias sino de mandatos que vienen con autoridad del Señor Jesús, y rechazarlos no es rechazar a hombres sino al Dios que nos dio su Espíritu Santo.
Desde el Antiguo Testamento, Dios ha querido un pueblo que se distinga de las naciones a su alrededor. Antes de entregar los diez mandamientos, le dijo a Israel que serían un reino de sacerdotes y una nación santa. Pedro usa exactamente las mismas palabras para describir a la iglesia: linaje escogido, real sacerdocio, nación santa. La marca distintiva del cristiano siempre ha sido y debe seguir siendo su santidad. El pastor Núñez lo ilustra con la imagen de un padre que compra un carro a su hijo, le enseña a manejar, paga la gasolina y el seguro, pero luego le toca al hijo respetar las señales de tránsito. Dios produce la santificación en nosotros, pero nos corresponde cooperar con lo que él ya ha hecho.
Pablo ofrece tres motivaciones para buscar la santidad: Dios es vengador de lo mal hecho y disciplina a quienes ama, el llamado que hemos recibido es santo y merece ser honrado, y el Espíritu Santo habita en nosotros haciendo de nuestro cuerpo su templo. La única manera de honrar al Padre que nos llamó, al Hijo que se sacrificó y al Espíritu que mora en nosotros es con un caminar igualmente santo.
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¡Fuimos llamados, hermanos, para vivir en Su verdad!
Bien, en estudio bíblico, invito a que la puedas abrir, o la puedas entender si es electrónica. La primera carta a los Tesalonicenses, capítulo 4, para dar continuación a la serie que hemos venido realizando. Yo voy a estar leyendo del versículo 1 al versículo 8, comenzando entonces en ese primer versículo.
"Por lo demás, hermanos, os rogamos, pues, y os exhortamos en el Señor Jesús, que como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que debéis andar y agradar a Dios, como de hecho ya andáis, así abundéis en ello más y más. Pues sabéis qué preceptos os dimos por autoridad del Señor Jesús, porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación, es decir, que os abstengáis de inmoralidad sexual, que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia como los gentiles que no conocen a Dios, y que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto, porque el Señor es el vengador en todas estas cosas, como también antes os lo dijimos y advertimos solemnemente, porque Dios no nos ha llamado a impureza sino a santificación, por consiguiente el que rechaza esto, no rechaza a hombre, sino al Dios que os da su Espíritu Santo."
Esta sección comienza una porción segunda de la carta a los Tesalonicenses y una última porción de la carta. Tiene una temática distinta a la primera parte. Tiene una dirección, no contraria, pero diferente, tiene una retórica diferente. El apóstol Pablo aquí nos está hablando de cosas que él llama observaciones finales. Nuestro texto comienza diciendo "por lo demás hermanos," pero en el original dice "finalmente, entonces, hermanos."
Después de haberles hablado de alguna cosa, finalmente, a medida en que yo propongo dirigirme hacia el final o cerrar esta carta, hay algunas cosas que yo quisiera mencionarles, hay algunas observaciones que necesito hacer. La carta tiene una retórica distinta a la primera parte que ya cubrimos, tiene una exhortación y continúa con esa misma retórica hasta el final. Y él les deja ver que esas cosas de las cuales él les está hablando ya él les había dejado con ellos en su primera visita cuando estuvo fundando la iglesia.
Y les habla entonces de algunas cosas que tienen que ver con la manera de nosotros caminar delante de Dios, y por eso yo he titulado el mensaje como "Andar y agradar a Dios." Y es una frase que aparece casi idéntica en el primer versículo de esta carta, y por eso la he escogido para título de esta exposición de las Escrituras.
La idea de agradar a Dios es una idea que prevalece a lo largo de toda la revelación, de toda la historia redentora. Entonces, está en el Antiguo Testamento en múltiples pasajes, pero aquí hay algunos simplemente a manera de ilustración. Tú lo encuentras en Números 23:27, en Job 6:9, en Salmo 19:14, en Malaquías 3:4 y así sucesivamente a lo largo de toda la historia del Antiguo Testamento.
Cuando tú llegas al Nuevo Testamento, tú encuentras, y de manera especial en el apóstol Pablo, un interés de ayudarnos a entender cómo vivir la vida cristiana. Y él usa una figura del habla que él llama el andar, el caminar, cómo debemos caminar. Tanto así que esa palabra aparece 34 veces en las cartas de Pablo. Y esta es una de ellas donde de una forma peculiar le está ayudando a los tesalonicenses a entender cómo debieran comportarse en la vida cristiana, y por aplicación nos está ayudando a entender a nosotros la misma cosa.
Agradar a Dios, caminar con Dios, son dos conceptos que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento manejan. En 2:4 de esta misma carta, el apóstol había mencionado a ellos que su interés número uno era agradar a Dios. En 2:15, él menciona cómo los gentiles no podían agradar a Dios. Cuando les escribía a los gálatas él les trae una idea similar donde él les habla en 1:10 de que él no estaba buscando el favor o el agrado de los hombres sino el favor o el agrado de Dios. Y el autor de Hebreos nos recuerda que sin fe es imposible agradar a Dios.
De manera que hay un interés en el Nuevo Testamento y en el Antiguo también de que los hijos de Dios podamos entender cómo agradarle y cómo caminar con Él. Y justamente ese es mi deseo en esta mañana, que de alguna forma el Espíritu de Dios pueda tomar lo que la Palabra dice, aplicarlo a nuestros corazones de manera personal, y que nosotros podamos salir hoy con un mejor deseo, de hecho una pasión por agradar a Dios, y un compromiso con hacer todo lo que nosotros pudiéramos hacer en el poder de Dios, por la gracia de Dios, para poder complacerle y disfrutar de la plenitud de vida que Él compró para nosotros.
Gracias, Señor. Porque Tú no nos pides nada que Tú no nos capacites primero para ello. Es decir, Agustín, el grande teólogo de la historia de la iglesia: "Oh Dios, demanda lo que Tú quieras, pero prepáranos a nosotros primero para cumplir la demanda." De esa misma forma, yo quiero pedirte, Señor, que Tú nos permitas ver de qué forma Tú nos has capacitado para nosotros responder a Tus mandatos y llamamientos. Y que esta Palabra no caiga en terreno infructífero sino en una tierra que Tú hayas abonado primero para que Tu semilla pueda germinar y dar buen fruto. Cuida al predicador, que él pueda entender que su único rol es tratar de ser micrófono para la predicación de Tu Palabra en Cristo Jesús. Amén.
Cuando tú comienzas a leer el texto de hoy, inmediatamente te percatas de que hay una audiencia meta, lo que llaman en inglés "target," "target audience." ¿A quién está dirigido esto? Porque Pablo dice "finalmente entonces hermanos," está dirigido a personas creyentes en la iglesia de Tesalónica. Tiene sentido, porque las ordenanzas y mandatos de la Palabra de Dios para incrédulos sería una imposibilidad.
El apóstol Pablo nos dice en Romanos 8 que la mente de ese hombre incrédulo no se somete a la ley de Dios ni siquiera puede hacerlo. Sería como decirle a un hombre que se está ahogando: "nada, nada," cuando eso es exactamente lo que él quiere hacer, pero no puede porque no sabe cómo hacerlo. De forma que esta carta y las demás cartas realmente fueron dirigidas a creyentes en comunidades que ya habían abrazado el Evangelio, y esta no es una excepción. Y nosotros vemos cómo Pablo les llama hermanos desde el principio.
Tiene una audiencia meta, tiene una exhortación: "os rogamos y exhortamos." Tiene un tema principal que es la santificación. Es una palabra que aparece en el versículo 3, el versículo 4, el versículo 7. Y Pablo, tratando de enfatizar la temática de la santificación, usa una expresión que nos deja ver con toda claridad la importancia de ese tema y dice: "esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación."
Las palabras de Pablo tienen una advertencia, una advertencia que Pablo dice: "ya yo mencioné esto," y cuando lo hizo de una manera solemne, le dio peso a esta advertencia. Y finalmente Pablo tiene tres motivaciones por las cuales nosotros deberíamos llevar una vida de santidad. La Palabra tiene múltiples, pero en esta porción Pablo recoge tres motivaciones por las cuales nosotros deberíamos llevar una vida de santidad.
Una vez yo pude agrupar eso de esa manera, me percaté de que ciertamente debía haber dividido este mensaje en dos, pero ya era un poco tarde para hacer eso. De manera que vamos a tratar de trillar por esta porción de la Palabra de Dios en un solo mensaje.
Vamos a comenzar justamente por lo primero: la audiencia meta, a vosotros hermanos en la iglesia de Tesalónica. Pablo usa esa expresión de "hermanos" siete veces en una sola carta: la usa en 1:4, en 2:1, en 2:9, en 2:14, en 2:17, en 3:7 y ahora en 4:1. La gran mayoría de las cartas, o todas las cartas realmente, se dirigen a cristianos, como yo decía, porque el que no tiene el Espíritu de Dios en su interior ni siquiera puede discernir las verdades contenidas en esta carta, y mucho menos obedecer los principios que están llamándonos a obedecer en cada una de ellas. Las metas son hermanos en la iglesia de Tesalónica.
La exhortación, versículo 1: "Pues, y os exhortamos en el Señor que como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que debéis andar y agradar a Dios, paréntesis, como de hecho ya andáis, buen comentario de esta iglesia, así abundéis en ello más y más."
El lenguaje usado por Pablo aquí no es autoritario, pero tiene un sentido de urgencia, tiene un sentido de intensidad que caracteriza a todas las cartas de Pablo. Y esa palabra entonces traducida como "os rogamos" pudiera significar simplemente una petición, pero cuando es usada a manera de exhortación, esa petición tiene una urgencia que Pablo acompaña aquí con otra palabra que es "os exhortamos," a seguir un curso de acción.
Y esa exhortación él deja ver, en primer lugar, que no viene de parte de él, porque él habla de que hace eso "en el Señor." Es con Su beneplácito, es con Su aprobación que yo estoy tratando de traer esto hasta ustedes, de manera que esta no es una sugerencia. Esto es algo que ustedes necesitan considerar muy seriamente, hasta el punto que él cierra esta porción de las Escrituras en el versículo 8 con esta frase: "por consiguiente el que rechaza esto no rechaza a hombre sino a Dios." Claro, porque las instrucciones no vienen del hombre, vienen justamente de Dios.
Ahora, Pablo les recuerda que estas instrucciones que les está a punto de compartir, él ya se las había dejado, ya se las había compartido en una ocasión anterior cuando había estado con ellos. Escucha otra vez: "como habéis recibido de nosotros instrucciones acerca de la manera en que debéis andar y agradar a Dios, como de hecho ya andáis, así abundéis en ello más y más." Pablo está recordando eso, que hay una forma de agradar a Dios y hay una forma de desagradarlo también. Cuando tú revisas la historia redentora tú encuentras a hombres, a un creyente en Dios, que en ocasiones le agradaron y en ocasiones le desagradaron.
El libro de Crónicas, el primer libro de Crónicas, en el capítulo 21 versículo 7, nos dice que cuando David realizó el censo de Israel, eso desagradó a Dios. Por otro lado, cuando tú llegas a la carta a los Colosenses en el capítulo 1 versículo 10, Pablo dice: "Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo". Ahí está la palabra "para que andéis", para que caminen de una manera que podáis entender cómo agradar a Dios en todo lo que haces, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios.
Mi obediencia agrada a Dios, mi desobediencia desagrada a Dios. Dios no permanece indiferente ante mi obediencia y mi desobediencia. Dios no me ama menos cuando yo desobedezco, pero no es indiferente a mi desobediencia, y de esa misma manera tampoco es indiferente a mi obediencia. Nuestra labor en el Señor no es en vano. Él sabe cómo recompensar dicha labor.
En el caso de los tesalonicenses, Pablo les está recordando acerca de estas cosas, pero les dice algo bueno, les dice: "Como ya estáis andando, como ya estáis caminando". En otras palabras, ustedes han recibido bien las primeras instrucciones, las han abrazado bien, y en ese sentido yo quiero entonces felicitarlos. Sin embargo, ahí mismo el versículo 1 yo lo dice: "Para que abundéis en ello más y más". En otras palabras, a pesar de que han estado caminando bien en la vida de santificación, eso no implica que ya han llegado, que no hay espacio para crecer. Y yo quisiera que ustedes puedan abundar, tener un énfasis aún mayor en esto que tiene que ver con tu vida de santificación. De hecho, la marca distintiva del cristiano debiera ser su santidad. Ese es el énfasis de Dios desde que Él comienza a caminar con un pueblo en el Antiguo Testamento.
Y eso nos lleva entonces al tema central del pasaje, que es justamente la santificación. Escucha cómo Pablo lo expresa a partir del versículo 2 y el 3: "Pues sabéis qué preceptos os dimos por autoridad del Señor Jesús, porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación". Una vez más, Pablo les recuerda: esto que yo les estoy comunicando no viene por autoridad mía, sino por voluntad o por autoridad del Señor Jesús. "Sabéis qué preceptos os hemos dejado". La palabra ahí para "preceptos" es una palabra poco frecuente y que era usada para órdenes militares, de tal forma que de esta manera Pablo les está tratando de comunicar: estas no son sugerencias, estos son mandatos que se espera que vosotros podáis cumplir por lo que ya Cristo ha hecho por ustedes. Y yo les he hablado de esto en otra ocasión, esta no es la primera vez.
Y uno pudiera preguntarse: si esta no es la primera vez que Pablo les habla de esto, ¿por qué la repetición? Bueno, imagínate si esta es la primera vez que tú has escuchado acerca de santificación, y sin embargo cada vez que somos expuestos a la Palabra de Dios y oímos acerca de la santificación, como que hay algo más que yo acabo de entender, hay algo más que yo acabo de ver. Y eso es exactamente cómo ocurre el aprendizaje.
Yo estaba, y compartía esta semana, estaba leyendo esta semana un libro de casi 350 páginas acerca de lo que es la aplicación bíblica, cómo el texto que tú estudias y lees encuentra aplicación en la vida de los creyentes. Y el autor, haciendo uso de otro autor, de hecho explica un poco acerca de cómo se produce ese aprendizaje en nosotros y cómo vamos nosotros cambiando. Y aunque yo no tengo el tiempo, verdad, para analizar todo esto rápidamente, el autor habla de que cuando tú comienzas a leer la Biblia o te expones incluso a un sermón como este, tú tienes ideas preconcebidas acerca del tema, que en este caso sería santificación. Y entonces tú lees la Biblia y tú ganas un nuevo entendimiento acerca de ese tema. Ahora, con ese nuevo entendimiento tú tratas de aplicar lo que has aprendido. Y en esa primera aplicación tú tienes éxitos parciales y fracasos parciales.
Y luego tú vuelves a leer el pasaje o el tema, o escuchar un mensaje sobre el mismo tema, y tú ganas nuevo conocimiento que produce un nuevo entendimiento. Y entonces tú tratas de volver a aplicar por segunda vez eso que aprendiste, y en esa segunda aplicación tú tienes la idea de que tú lo has aprendido. Entonces hay éxitos parciales y fracasos parciales, y Dios usa los éxitos y los fracasos para ayudarte a seguir entendiendo eso que tú has estado leyendo, a lo cual tú te has estado exponiendo. Y así continúa el proceso.
Y quizás de esa manera el apóstol Pablo, conociendo algo de eso pero quizás con otras palabras, vuelve a hablarles justamente de lo mismo, preceptos que él ya les había dejado, sabiendo que cuando lo visitas otra vez, el nuevo entendimiento requerirá una nueva práctica o un nuevo intento de práctica. Y en eso entonces les dice o les recuerda cuál es la voluntad de Dios para con nosotros: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación".
Ciertamente ha sido así desde el día número uno. Para ello nos revela Romanos capítulo 8, versículos 28 al 30, que Dios nos eligió desde antes de la fundación del mundo, nos predestinó, nos llamó, nos justificó, nos glorificó. Y luego en ese contexto nos dice que todas las cosas cooperan para bien, pero la manera cómo ellas cooperan para bien es para crear la imagen del Hijo en nosotros. Pero la imagen del Hijo en nosotros no se puede crear, la imagen del Hijo de Dios no se puede dar divorciada de santidad, de tal forma que el propósito número uno de nuestra predestinación es justamente la creación de santidad en la medida en que Dios nos conforma a su imagen. Y de ahí entonces que la Palabra habla de que Cristo pretende presentarnos ante nuestro Dios sin arruga y sin mancha, porque ese es el propósito: la formación de esa santidad. Y aquí está Pablo de una manera clara revelando eso.
Dios ha revelado eso a lo largo de toda la historia redentora. Cuando Él se propuso entregar a Israel los diez mandamientos, antes de entregárselos les dejó saber el propósito de estos mandamientos literalmente. Y una de las cosas que ellos necesitaban entender era la relación que Dios guarda con su propia santidad y la relación que deben guardar aquellos que se han de relacionar con esa santidad.
Escucha lo que el autor del libro de Éxodo nos dice en el capítulo 19, versículos 5 y 6: "Ahora pues, si en verdad escucháis mi voz y guardáis mi pacto, seréis mi especial tesoro entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra. Y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y, escucha, una nación santa. Estas son las palabras que dirás a los hijos de Israel". Antes de recibir mis mandamientos quiero que entiendas que cuando recibas esto que te voy a dar y obedezcas esos mandamientos, yo te estoy haciendo una nación de sacerdotes y una nación santa.
Cuarenta años después, cuando el pueblo está a punto de cruzar el Jordán, cuando está a punto de entrar a la tierra prometida, el Señor vuelve y usa un lenguaje muy similar para recordarle a la nación: tú vas a entrar a la tierra prometida, pero tú tienes que entender que tienes que ser una nación consagrada a Dios, porque mi interés número uno es que tú puedas diferenciarte del resto de las demás naciones a tu alrededor, que no me conocen, que adoran dioses paganos, mientras tú adoras al único sabio y eterno Dios. Algo tiene que verse de esa diferenciación entre lo que tú eres y lo que ellos son. Y esa diferencia la iba a hacer, se supone, la santificación de su pueblo.
Cuando tú llegas al Nuevo Testamento y ahora la iglesia es formada, el lenguaje que Dios usa para referirse a la iglesia es prácticamente idéntico al lenguaje que Él usó cuando le iba a dar al pueblo de Israel los diez mandamientos, porque Dios tiene una dificultad, por así decirlo, en relacionarse con aquello que es pecaminoso, hasta el punto que Él tuvo que enviarnos un mediador que, como dice el libro de Job, pudiera ponerle la mano a Dios y al hombre y actuar en medio de ese abismo de separación.
Y entonces Pedro escribe a aquellos que le seguían, en su primera carta, capítulo 2 versículo 9, y les dice a ellos y a nosotros: "Vosotros sois linaje escogido, escucha, real sacerdocio". Es exactamente lo que Dios le dijo a la nación de Israel: "Te voy a hacer un reino de sacerdotes". Ahora nos dice a nosotros: "Vosotros sois real sacerdocio, nación santa" —la misma frase que Dios usó para describir a Israel— "pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable". Y la primera de esas virtudes es su santidad.
De ahí que es la voluntad de Dios vuestra santificación. Y Pablo llama a los tesalonicenses a sobresalir en esto más y más. Ya están caminando bien, quiero que caminen todavía mejor con relación a esto. ¿Y qué es esto? La santificación de la que les estoy hablando.
Hay múltiples razones para eso, pero la falta de santidad en el pueblo de Dios hace que otros hablen mal de la novia que Cristo, que Dios compró para su Hijo Jesús. Hablan mal de su novia. Y cuántos de nosotros no hemos oído, de hecho yo lo oí esta semana que pasó de parte de una paciente que me hablaba de su esposo, que dice que no quiere venir a la iglesia porque la iglesia está llena de hipócritas. Yo sé que eso es una excusa, y creo que es una excusa barata, pero es una excusa que a veces tiene cierto fundamento, aunque no deja de ser simplemente una excusa.
La falta de santidad en el cristiano, en el pueblo de Dios, no deja ver el poder transformador del Espíritu que mora en nuestro interior. La falta de santidad en el cristiano confunde a los demás, que no pueden ver la diferencia que Cristo hace en vidas que supuestamente ya han sido lavadas por su sangre. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos que han sido lavados por su sangre y aquellos que han sido ensuciados por el lodo del mundo?
Y Pablo entonces enfatiza, y de una manera clara nos deja ver: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación". Y pasa inmediatamente después a explicar aspectos particulares de la vida de santidad de esos tesalonicenses, que tenían que ver con el tiempo y la cultura en medio de la cual ellos estaban viviendo. Pero antes de entrar a la particularidad, Pablo les habla de la generalidad.
La sombrilla grande debajo de la cual va a estar todo lo demás que él tenga que decir, es quiero que entiendas que si tú quieres conocer cuál es la voluntad de Dios, ya te la reveló: vuestra santificación. Si quieres descubrir la voluntad de Dios particular en cada uno de vosotros, necesitas comenzar por llenar la voluntad general que Dios ha revelado, y esa es la de santificación.
Y entonces les dice, es decir, esto particular, en este caso puntual, cultural, en este momento histórico que ellos estaban viviendo: que os abstengáis de inmoralidad sexual, que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor, no en pasión de concupiscencia como los gentiles que no conocen a Dios, y que nadie peque y defraude a su hermano en este asunto.
Pablo pasa ahora de manera particular a describir un área de la santidad del ser humano que tiene que ver con la sexualidad humana. Este es un área que fue importante ayer, sigue siendo importante toda la vida, pero de manera particular ha vuelto a adquirir importancia en medio de una sociedad tan sexualmente inmoral como la nuestra. En esa época la inmoralidad sexual era común, era aceptada. El uso de prostitutas y de amantes era ampliamente conocido y aceptado. De hecho, el adulterio solamente era considerado como tal, aun en el pueblo judío, no era lo que la ley revelaba, pero aun en el pueblo, digo, ellos consideraban el adulterio cuando una mujer lo cometía, no cuando el hombre lo cometía. Y de ahí que Jesús, cuando le traen la mujer que ha sido tomada en el acto del adulterio, pregunta: ¿Y el hombre dónde está?
Pero esto estaba tan aceptado que Demóstenes, uno de los oradores más conocidos de la cultura griega, trescientos y tantos años antes de Cristo, pero se mantuvo este sentir entre ellos, decían: "Nosotros tenemos amantes para el placer, concubinas para el bienestar diario, y tenemos esposas para tener hijos legítimos y para que sean las guardianas del hogar." Imagínate eso, una cultura donde los hombres abiertamente dicen: "Sí, tenemos esposa para tener hijos y que guarden el hogar, pero tenemos concubinas para el bienestar de todos los días y tenemos amantes para el placer." Proveído de templos paganos con rituales paganos, orgías, sexualidad, inmoralidad.
Cuando esa gente se convertía, no pienses que a la semana ellos tenían dominio sobre sus pasiones sexuales. Y lo mismo ocurre hoy. Seguían luchando con algo que venían arrastrando, algo que había sido un hábito y que ya había echado raíces profundas en ellos. Y hoy en día la iglesia se encuentra en medio de una cultura justamente como esa. Hemos regresado, después de haber progresado por el impacto de valores cristianos, hemos regresado de nuevo a tiempos primitivos.
Y tú tienes todo un furor hoy en día en Estados Unidos con esta película Fifty Shades of Grey. Yo no la he visto ni pretendo verla, obviamente. He leído algunos reviews, como dicen, algunos de los comentarios que han escrito. Es horripilante, Cincuenta sombras de Grey, que han traducido al español. Prácticas sexuales que antes eran consideradas psiquiátricamente patológicas, hoy en día en la pantalla de televisión para la diversión de aquellos que quieren ir a disfrutar de un tiempo como este, donde la mujer es aplastada de una manera extraordinaria y sometida a prácticas extraordinarias.
¿De qué forma nosotros...? ¡Qué hipócrita una sociedad que quiere levantar el valor de la mujer, que demanda que la mujer se respete, y al mismo tiempo va y paga y hace récord de taquilla en pocas semanas para una película tan horrible como esa! Y lo peor es que miles y millones de cristianos, o llamados cristianos, pretenden o han acudido a las salas de cine porque "todo depende de la mente con la que tú la vayas a ver." ¡Sí, yo sé que depende de la mente con que tú la vayas! ¿La mente de concupiscencia o la mente de pureza?
Pablo en este texto llama a los tesalonicenses a separarse de las prácticas sexuales inmorales. Esta es una buena carta que nos habla de la dualidad real del proceso de santificación. En el capítulo 3, Pablo habla de que Dios os haga crecer, porque ciertamente es Dios que nos hace crecer. En el capítulo 5, versículo 23, Pablo habla de, se comienza a despedir de los tesalonicenses y dice: "Que Dios, el Dios de paz, os santifique," porque ciertamente es Dios que nos santifica.
Pero a la vez tú encuentras en esta carta que hay un rol que el creyente tiene que jugar en su proceso de santificación. Y por eso los reformadores insistían en que la salvación es por gracia, así, nada más. Pero la santificación es primero por gracia, sí, la gracia no está, no se va a producir, más el esfuerzo que el cristiano tiene que hacer como fruto de aquello que Dios ha hecho primero en su interior.
Y de esa forma entonces tú pudieras ver esto algo como esto: tomas a una persona, imagínate un hijo que cumple dieciocho años de edad. Le compras un carro, lo enseñas a manejar, le das entrenamiento especial o le pagas a alguien que se lo dé para que sepa manejar. Le dices: "Te voy a dar el dinero de la gasolina por el resto de tu vida, te voy a cubrir el seguro del carro y el mantenimiento del carro por el resto de tu vida, ya te enseñé a manejar." Y ahora tú vas y colocas semáforos en las calles y pones señales de tránsito, y tomas la llave y se la entregas y le dices: "Ahora te toca a ti manejar." Cuando respetas la señal de tránsito, tú recibes las bendiciones de caminar de esa forma. Cuando violas la señal de tránsito, tú regresas herido, con el carro abollado, chocado múltiples veces, como consecuencia de no haber respetado la señal de tránsito de un carro que tú no compraste, de una gasolina que tú no compras, con un seguro que tú no compras, con un carro que tú no mantienes, pero te toca manejar. Esa es como una ilustración de cómo ciertamente Dios es quien produce en nosotros la santificación y el rol que nos toca a nosotros jugar.
Escucha cómo el versículo 4 nos sigue ayudando a entender el rol que nos toca: "Que cada uno de vosotros sepa cómo poseer su propio vaso en santificación y honor." Y ha habido debate acerca de lo que la palabra "vaso" ahí significa, pero en general la mayoría de los académicos entiende que se está refiriendo a tu vida, tu propio cuerpo. Que tú sepas cómo mantener tu propio cuerpo en santificación, en honra, siendo templo del Espíritu Santo. Y eso es consistente con lo que Pablo dice al final de la carta cuando pide que el Dios de paz os santifique todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo.
Todo mi ser, eso incluye mis pensamientos. Los hombres no conocen mis pensamientos, pero Dios conoce mis pensamientos. El pecado no es algo simplemente que yo hago, es algo que muchas veces yo pienso. Y de hecho, ningún pecado ha sido cometido que no haya sido precedido por un pensamiento primero. Y de ahí que Cristo dice que si yo miro lujuriosamente a una mujer, ya cometí adulterio con ella. Nosotros no somos adúlteros porque adulteramos; nosotros adulteramos porque somos adúlteros. Nosotros no somos mentirosos porque mentimos; nosotros mentimos porque somos previamente mentirosos.
Y de ahí entonces la exhortación de Pablo a los filipenses en cuanto a cómo debieran ellos pensar, en el capítulo 4, versículo 8, y lo dice, que debieran pensar en todo lo verdadero. Si algo es digno de alguna virtud, en eso pensar, porque ese es el origen o el lugar donde el pecado se origina y donde yo revelo mi naturaleza pecadora en primer lugar.
Pero yo tengo que santificar todo mi vaso. Eso implica incluso los miembros de mi cuerpo. Pablo le escribe a los romanos en Romanos 12:1 y les dice que cosa, presentar, en virtud de las misericordias de Dios, Romanos 1 al capítulo 11, en virtud de todo eso que Dios ha hecho por su misericordia, lo menos que te toca a ti hacer es presentar vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo y agradable a nuestro Dios. Romanos 6:13: "Ni presentéis los miembros de vuestro cuerpo al pecado como instrumentos de iniquidad." No presentéis vuestros ojos, vuestras manos, vuestros pies, cualquier otro miembro de vuestro cuerpo; no lo hagas, no lo presentes como instrumento de iniquidad. Romanos 6:19: "Porque de la manera que presentasteis vuestros miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad," de la manera como lo hiciste cuando eras un pagano, de la manera como lo hiciste cuando no conocías a Cristo, que presentaste los miembros de tu cuerpo, de la manera como veías pornografía antes de ser un pagano, "así ahora," ahora que soy salvo, sería la intención, "presentad vuestros miembros como esclavos a la justicia para santificación." Presentad vuestros miembros; aquellas partes del cuerpo que antes servían como instrumento de pecado, que hoy sirvan como instrumento de santidad.
Y Pablo continúa ayudándoles a ver exactamente a qué se está refiriendo en esta área de la sexualidad humana y su santificación. Versículo 5: "No en pasión de concupiscencia como los gentiles que no conocen a Dios." Ahí hay un par de ideas importantes. Pablo dice "no en pasión de concupiscencia." La otra palabra que pudiera usar ahí: no en lujuria, no en el deseo carnal desenfrenado que no puedes controlar, no en ese deseo que te gobierna a ti, no en ese deseo que te subyuga y te lleva a hacer lo que no quieres hacer. Que no sea así ya más, porque así fue en otra ocasión.
Esa lujuria solamente puede ser controlada por dominio propio. Y dominio propio no es exactamente fuerza de voluntad, no es la misma cosa. La fuerza de la voluntad es un fruto de la carne que los gentiles o los incrédulos tratan de ejercitar de diferentes maneras. El dominio propio, de acuerdo a la Palabra de Dios, es un fruto del Espíritu que el Espíritu Santo de Dios cultiva en nosotros y que va produciendo poco a poco, de tal forma que ahora el dominio propio, como fruto natural del Espíritu que vive en mí, puede hacer el freno de las pasiones de la carne.
Entonces, esa es una idea importante en este texto cuando él dice "no en pasión de concupiscencia", pero la otra es "como los gentiles que no conocen a Dios". En otras palabras, si el gentil que no conoce a Dios, el incrédulo que no conoce a Dios, es presa de desenfrenado y falta de dominio propio, tiene sentido. Él no conoce a Dios, él no tiene la Palabra, no la puede entender, él no tiene el Espíritu Santo dentro. Pero cuando el creyente, en el que mora el Espíritu Santo adentro, no puede contener las pasiones de la carne, sus impulsos pecaminosos, eso es contradictorio. Porque lucen entonces como aquellos que no conocen a Dios. ¿Cuál es la diferencia entre aquellos que conocen a Dios y aquellos que no conocen a Dios cuando eso ocurre?
Entonces otros tienen el derecho de cuestionar mi conversión, o cuestionan la sinceridad de mi conversión, o el poder del Dios a quien yo digo adorar, o cuestionan el poder de la Palabra, o cuestionan la manera como yo estoy tratando de honrar a Dios. Nosotros no podemos andar como los incrédulos ni en el área de la sexualidad humana ni en ninguna otra área, porque sería contrario a la voluntad de Dios que es mi santificación.
Y entonces, en cuanto a la sexualidad se refiere, hay un último llamado en este texto en el versículo 6: "Y que nadie peque y defraude a su hermano en este caso, en este asunto". La Nueva Versión Internacional la traduce de esta manera: "Y que nadie perjudique a su hermano ni se aproveche". Que nadie trate en esta área, o en cualquier área, de aprovecharse de alguien que fue comprado a precio de sangre, de sacarle provecho de tal manera que incluso lo perjudica. Que no les sirva de piedra de estorbo, de piedra de tropiezo. Que no impida su santificación. Que de manera intencional le haga caer.
De hecho, algunas de las palabras más austeras que salieron de los labios de Cristo tienen que ver justamente con el hecho de aquel que hace tropezar a uno de los hijos de Dios que ha creído en él. Mateo 18:6, tú encuentras estas palabras: "Pero el que haga tropezar a uno de estos pequeñitos" —y no se estaba refiriendo al niño, sino a aquellos que hemos creído— "a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno y que se ahogara en lo profundo del mar". Eso es parecido, pero más severo, a la advertencia que Pablo está haciendo cuando dice que nadie peque y defraude a su hermano, que no lo engañe, que no le saque provecho, que no le perjudique.
Pudiera ser en el contexto de la sexualidad humana que un hombre soltero o no se aproveche de una mujer, o viceversa, y le haga daño, o le haga caer, o le haga tropezar. Hay una advertencia severa de que eso haya ocurrido, sobre todo de manera intencional.
Y luego que Pablo recorre todo eso para ayudarles a ellos a entender de qué manera deberán estarse santificando, entonces él al final les da tres razones o motivaciones para la santificación. La Palabra tiene múltiples motivaciones o razones para el cristiano para la santificación. Es como que las motivaciones son multifacéticas, pero aquí hay tres que Pablo nos deja ver y que son importantes.
Y la primera es que Dios es el vengador de lo mal hecho. Versículo 6, segunda parte: "Porque el Señor es el vengador en todas estas cosas, como también antes os lo dijimos y advertimos solemnemente". Pero uno no esperaría encontrar palabras tan severas en un texto que está dirigido a cristianos, hablando de que el Señor es el vengador. Sobre todo cuando hemos entendido que en la cruz Cristo pagó por todos nuestros pecados.
Pero yo tengo que entender que la cruz no me exonera de las consecuencias que Dios impone de mi desobediencia por no honrar aquello que él ha depositado en mí. La cruz no me exonera de las consecuencias que Dios impone por desobedecer o deshonrar aquello que él ha puesto en mí en primer lugar. Y ese es un lenguaje que aparece en más de una ocasión para creyentes y aparece de manera solemne.
Yo quiero leerte de otra carta ahora, del apóstol Pedro escribiendo a sus seguidores, refiriéndose a la iglesia. De qué forma él dice algo similar a esto que Pablo está diciendo cuando dice que el Señor es el vengador de todas estas cosas: "Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios". No entiendo, pastor, la casa de Dios, ¿qué son? Ahora él te va a decir: "Y si comienza por nosotros primero..." Ya sabes cuál es la casa de Dios: nosotros. "¿Cuál será el fin de los que no obedecen el satisfacemos de Dios?"
Pedro hace dos grupos. Si Dios está presto a pasar un juicio sobre la casa de él, nosotros, y lo hace primero, ¿qué se pudiera esperar del grupo que no ha creído en el satisfacemos? ¿Cuál sería la severidad de ese caso?
El autor de Hebreos nos ayuda a entender cómo es que el juicio de Dios llega al creyente, porque Cristo pagó sus pecados en la cruz. Y eso nos ayuda entonces a poder como entender estos dos conceptos que parecen contradictorios. El autor de Hebreos nos ayuda a ver claramente por qué es que estas consecuencias ya llegan a pesar de que Cristo pagó por mis pecados.
Hebreos 12, a partir del versículo 5, en la segunda parte: "Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor ni te desanimes al ser reprendido por él, porque el Señor al que ama disciplina, y azota —es una palabra fuerte— a todo el que recibe por hijo". ¿Qué tan fuerte es esa palabra? ¿Qué tan severa puede ser esa disciplina? Escucha versículo 7: "Es para vuestra corrección que sufrís". Es una disciplina que produce sufrimiento en nosotros. "Es para vuestra corrección que sufrís. Dios os trata como a hijos, porque ¿qué hijo hay a quien su padre no disciplina?"
Es una disciplina que puede ser severa, y justamente te llega porque eres hijo. Porque si eres hijo y él se ha propuesto conformarte a su imagen, y estás caminando en una dirección que está deformando su imagen, él va a permitir que consecuencias lleguen a ti hasta el punto de que tengas que sufrir si es necesario, con tal de que la imagen de hijo se pueda formar. Eso es cómo de este lado de la eternidad llega el juicio de Dios primero a los de la casa, y luego llega a aquellos que no han abrazado el satisfacemos. Es por amor de Dios que llega.
Pero de aquel lado de la eternidad, todos compareceremos —Segunda de Corintios 5:10 dice— ante el tribunal de Cristo, todos para dar cuentas de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo. ¿Con qué propósito si ya soy salvo? Pablo lo instruye a los corintios en su primera carta, capítulo 3, a partir del versículo 12, y nos deja ver que hay recompensas eternas que son perdidas justamente a la hora de la evaluación de aquellas cosas que yo hice de este lado de la eternidad. Son consumidas por el fuego de la evaluación, por así decirlo. Tú puedes leer el texto, Primera de Corintios 3 del 12 al 15.
Pero Pablo revela ahí, dice: "Aunque él, el individuo, si es cristiano obviamente, será salvo, así como por fuego". Es como que, en buen dominicano, se salvó de chepa. Se salvó, pasó con un mínimo quizás. Pero a la hora de la evaluación, mucho de lo que él hizo, mucho de lo bien que él hizo, mucha de las buenas obras que él pensó que hizo, mucha de la labor que realizó, se quemó como por fuego. Porque el fuego de ese juicio, de ese tribunal, lo consumió y reveló que era más bien como paja, y no tenía cómo sostenerse.
Y Pablo está recordando: nosotros tenemos que vivir en santidad. Y la primera motivación que él menciona aquí, no es la única, quizás no sea la mejor, pero es una que es bíblica, es que Dios es vengador de lo mal hecho.
Segunda motivación en el texto de hoy: el llamado que hemos recibido es una motivación en sí para vivir, caminar y agradar a Dios. Mira cómo lo dice Pablo en el versículo 7: "Porque Dios no nos ha llamado a impureza, sino a santificación". Yo tengo que recordar que Dios nos hizo un llamado, nos sacó del mundo. La misma palabra "iglesia" significa justamente eso: ecclesia. De ahí es que viene la palabra. "Ec" es fuera; "clasia", llamar, o "kaleo" sería la palabra, la raíz de la palabra. "Clasia" implica llamar. Me han llamado fuera.
Pablo dice a los corintios: "Salid, salid de en medio de ellos". De la misma forma que Dios quería que la nación de Israel se distinguiera entre las demás naciones de la tierra que estaban a su alrededor, de esa misma manera Dios quiere que la iglesia de Cristo se distinga del resto de la cultura que está a su alrededor.
Justamente para que muestre la diferencia entre aquellos que han sido lavados por la sangre de Cristo y aquellos que han sido enlodados por el mundo. Y si es así, entonces ¿qué hacemos coqueteando con el pecado? Es como que el Rey nos invite a un banquete especial y yo me aparezca con ropas harapientas, rotas y sucias. No sería digno de la ocasión. Y esas ropas harapientas en mi caminar representarían el pecado con el que me ensucio después de haber sido lavado, que no es digno del llamado que he recibido. Porque como Pablo menciona, a ti me fue llamado con llamamiento santo, y te va a recordar que yo soy un linaje escogido, soy un real sacerdocio y soy parte de una nación santa, como pueblo adquirido por Dios para la proclamación de sus virtudes, la primera de las cuales es su santidad.
Primera motivación: Dios es un vengador de todo lo mal hecho. Segunda motivación: el llamado que he recibido. Tercera motivación que Pablo le brinda a los tesalonicenses: Dios nos dio su Espíritu Santo. Versículo ocho: "Por consiguiente, el que rechaza esto no rechaza al hombre, sino al Dios que os da su Santo Espíritu." Al Dios que os da su Santo Espíritu.
Dios me ha lavado con su sangre, ha puesto el Espíritu Santo dentro de mí, quien va a ser, por así decirlo, mi entrenador en esta carrera. Quien va a producir convicción de pecado, que me va a iluminar el texto bíblico para que produzca esa convicción, que va a decirme cuando estoy caminando mal, va a exhortarme, va a animarme, va a fortalecerme, me va a dar testimonio de que soy salvo, de que soy hijo de Dios. Todo eso está haciendo.
Entonces, la mera presencia del Espíritu Santo en mí hace de mi cuerpo un templo del Espíritu. ¿Y cómo voy a vivir de una manera que deshonre al Espíritu que lleva por apellido Santo? La única manera de honrar al Padre que nos llamó desde la eternidad pasada con llamamiento santo, la única manera de honrar al Hijo que ofreció un sacrificio santo, y la única manera de honrar al Espíritu que Dios llama Santo, es con un caminar igualmente santo.
Para que yo pueda representar a Dios aquí en su reino, en santidad yo voy a recibir las bendiciones en la plenitud de vida que fue comprada para nosotros. Justamente porque lo que no es santidad es pecado, es mundanalidad, y eso me vuelve a esclavizar otra vez a las pasiones de la carne que me roban todo lo que Dios ha querido poner, o ha puesto ya en mí, pero que no lo puedo disfrutar en medio de la esclavitud del pecado otra vez.
No soy esclavo del pecado en el sentido literal porque ya me liberaron si soy cristiano, pero es como que estaba dentro de una celda, dentro de una prisión con la puerta con seguro, y alguien vino, quitó el seguro a la puerta, me abrió la puerta, me dijo "eres libre", y que yo decida permanecer viviendo adentro de la prisión. Soy libre, pero vivo como si no lo fuera. Y de esa misma manera, entonces, cuando he decidido no perseguir el camino de la santificación de la manera como la Palabra me manda, estoy viviendo dentro de una prisión de pecado siendo libre por la sangre de Cristo.
No honraría la persona que murió por mí, no honraría el llamado. La única manera que puedo honrar el llamado es dando tu vida entera para honrar aquella cruz. ¿Qué ha hablado Dios? ¿Qué ha hablado Dios de la santidad y su importancia? ¿Qué ha hablado Dios en la dirección de la sexualidad humana? ¿Qué ha hablado Dios en otras direcciones? Porque el Espíritu Santo puede tomar un texto que tiene una intencionalidad particular, pero tiene la capacidad de tomar ese mismo texto y aplicarlo a tu vida y a tu corazón en otras áreas. Quizás no fueron tocadas por el predicador, pero fueron tocadas por el Espíritu como una manera de producir convicción para limpieza y santificación.
Los avivamientos de las naciones comienzan con avivamientos de iglesias, los avivamientos de iglesias comienzan con avivamientos de personas, y los avivamientos de personas comienzan con vidas de arrepentimiento y vidas de perdón recibido después del arrepentimiento. Si eso no ocurre, las iglesias no son avivadas y las naciones no son avivadas.
La manera que nuestra búsqueda, nuestro deseo, es que de manera personal tú y yo podamos ser avivados a través de una búsqueda sincera de esa vida que Cristo compró, que es una vida de santidad que Pablo define aquí como la voluntad de Dios.
Si Dios te habló hoy, puso convicción en ti en cualquiera de las áreas del quehacer diario, a pesar de que este texto se enfocaba en un área, pero si el Espíritu de ahí usó ese texto para hablar de otras áreas y rincones de tu mente y de tu corazón, yo quiero que oremos en la mañana de hoy para arrepentimiento, para limpieza de pecado, para avivamiento de tu vida personal.