Integridad y Sabiduria
Sermones

Cómo caminar en este mundo

Miguel Núñez 3 junio, 2012

El día que alguien nace de nuevo recibe una nueva ciudadanía, y con ella debería venir una nueva forma de pensar y un nuevo estilo de vida. Sin embargo, mientras llega el destino final, el creyente vive rodeado de personas cuya meta no es la nueva Jerusalén sino algo más parecido a la Roma antigua o a Las Vegas. Pablo, escribiendo a los filipenses, presenta dos estilos de vida en contraste y llama a los creyentes a imitar a quienes caminan bien con Dios, no por arrogancia, sino porque frente a los malos ejemplos se necesitan buenos ejemplos que sirvan de contrapeso.

Hay quienes, habiendo abrazado la cruz, terminan convirtiéndose en sus peores enemigos: no por lo que dicen, sino por cómo viven. Su dios es su apetito, su gloria está en lo que debería darles vergüenza, y solo piensan en las cosas terrenales. El pastor Núñez señala que estos son más enemigos de la cruz que cualquier incrédulo, porque se identificaron con ella, se bautizaron bajo ella, y luego la rechazaron con su estilo de vida mientras permanecían dentro de la comunidad. Pablo dice que cuando piensa en ellos, llora.

La esperanza del creyente está en otra parte. Como los colonos romanos que, sin importar dónde estuvieran, seguían vistiendo, hablando y viviendo como romanos, así el cristiano debe recordar que su ciudadanía está en los cielos. Pedro lo expresó claramente: somos extranjeros y peregrinos, y las pasiones carnales combaten contra el alma. El cuerpo actual es de humillación, pero será transformado en conformidad al cuerpo glorioso de Cristo. La pregunta que queda es directa: si cada uno pudiera pararse y decir "sean imitadores de mí", ¿en qué se convertiría la congregación?

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Vamos a orar, Padre, bendice mi vida y tu Palabra! Voy a introducir el texto básicamente refiriéndome muy brevemente a la parte que estuvimos exponiendo, explorando en el mensaje anterior. Y lo voy a hacer haciendo referencia a dos versículos del mensaje anterior que cubrimos y que son muy paulinos, para inmediatamente entrar en lo que es el texto de esta mañana.

A ver, Filipenses 3:13 dice: Pablo, hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. E inmediatamente después de eso, tal vez nos dice un par de cosas más para luego entrar en lo que es el texto que tenemos que exponer hoy en día. Pero recuerda que lo último que Pablo ha dicho es que él se ha olvidado lo que está atrás, él se extiende a lo que está delante haciendo su mayor esfuerzo con el fin de poder alcanzar el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Inmediatamente después entonces tú puedes leer en el versículo 17: Hermanos, sed imitadores míos y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque muchos andan, como os he dicho muchas veces y ahora os lo digo aún llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales. Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aún para sujetar todas las cosas a sí mismo.

Padre, gracias por tremenda promesa y un recordatorio monumental de cuál es el reino al cual nosotros pertenecemos y cuál es el destino que a nosotros nos espera, aquellos que hemos confiado en ti. Gracias por señalarnos en este texto que en el interín hay una manera de vivir, y que nosotros no podemos olvidar eso, de tal forma que ciertamente tu gran amor pueda ser honrado por nuestra vivencia y convivencia. En tu nombre, Jesús. Amén, amén.

En este corto pasaje el apóstol Pablo, de una manera muy clara, tan clara que me permite entrar directamente a él, nos presenta dos estilos de vida, dos formas de pensar y dos ciudadanías. Y Pablo nos dice al mismo tiempo que, en lo que nosotros llegamos a nuestro destino final, nosotros tenemos que despertar a una realidad, y es que yo vivo rodeado de personas que tienen otra meta, cuya ciudad como meta no es la Nueva Jerusalén, se parece más a la Atenas o a la Roma del Antiguo Edón, a Nueva Orleans, o a la ciudad pecado como se le llama a Las Vegas.

Y Pablo nos recuerda que aquellos que estamos viviendo alrededor de ellos necesitamos tener una manera distinta de pensar porque nosotros tenemos otra ciudadanía. El día que usted entró al mundo, usted adquirió una ciudadanía, y con esa ciudadanía usted adquirió una forma de pensar característica del mundo al cual usted había entrado, y había adquirido o había comenzado a desarrollar un estilo de vida que, sin ser discriminatorio, pudiera ser llamado mundano, un estilo propio de este mundo. Pero cuando usted nació de nuevo, a usted se le otorgó una nueva ciudadanía, lo cual debió haber llevado a una forma diferente de pensamiento y, por tanto, al cultivo o a la cultivación de un nuevo estilo de vida que pudiéramos llamar con toda propiedad celestial.

Y Pablo nos está diciendo que nosotros tenemos aquella otra ciudadanía, pero en el interino, hasta que yo ya esté allá, yo necesito vivir en la realidad, y es que voy a estar rodeado de personas que tienen esta otra forma de ser, pero que yo no permita ser arrastrado por ellos, porque de lo contrario yo voy a estar desdiciendo de aquel que me llamó a una nueva condición y no voy a estar viviendo conforme a lo que verdaderamente yo soy ya en Cristo.

Debido a nuestra condición, nuestra memoria de esas cosas, de esas verdades que hasta aquí yo he elucidado, tiende a ser de corta duración, y por tanto nosotros necesitamos recordatorios frecuentes. Y algunos incluso resienten el recordatorio frecuente y asiduo de la Palabra o de los predicadores. Lo que Pablo trata de hacer entonces desde un inicio es presentar un estilo de vida que sirva de contraste y a la vez que sirva para contrarrestar ese otro estilo de vida del cual está a punto de hablarnos. Pero primero nos presenta lo que debiéramos hacer, y él nos dice en el versículo 17: Hermanos, sed imitadores míos y observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros.

Pablo reconoce que el hombre es un imitador. Lo queramos nosotros reconocer o no, nosotros no somos tan originales como pensamos, nosotros no somos tan autónomos como nos creemos. Nosotros tendemos a imitar la rebelión de unos o la sumisión de otros. Nosotros tendemos asimismo a imitar la dependencia o la independencia de estilo de vida, y en otras ocasiones tendemos a imitar el orgullo que otros nos han pasado o la humildad que hemos visto reflejada en otros. Por eso es una gran realidad: yo soy, nosotros somos copiadores de otros que han ido primero que nosotros.

Y muchas veces las primeras personas de quienes nosotros aprendemos a copiar, o a quienes imitamos, son nuestros propios padres, porque es el ejemplo que vemos, es el primer ejemplo que nos impacta. Y luego tenemos el ejemplo de nuestros maestros en el mundo secular o en las iglesias, o tenemos los maestros de la Biblia de quienes nosotros también podemos aprender, o de la historia de la iglesia. E incluso más adelante tenemos ejemplo de nuestros propios hijos que también tienden a impactarnos y tienden a influenciarnos. Por tanto, yo sigo siendo alguien que no es tan original como pensaba. Le recordaba al grupo anterior que R.C. Sproul decía que si él tendría que pensar en alguien como un pensador original tendría que referirse a C.S. Lewis, y Lewis decía que él no era original.

Ante esta realidad, el apóstol Pablo nos dice: cuando tú vayas a imitar, entonces sed imitadores míos. Esto pudiera sonar arrogante, pero no lo es. Pablo ya nos dijo que él no considera que había llegado. Pablo ya nos dijo que él no se consideraba perfecto. Cuando le escribió a Timoteo en su primera carta, en 1:15, le dice: yo soy el primero, o el peor, dependiendo de la traducción, de los pecadores. De manera que él no se estaba presentando necesariamente como Jesucristo, ¿verdad?, en su estado más encumbrado o glorioso. No, no, pero sí se está presentando como un modelo terrenal de vida que es digno de imitar, y él lo dice no solamente en este texto, lo dice más de una ocasión.

Y en segundo lugar, el apóstol Pablo no se nos está presentando como un ejemplo exclusivo de imitación, sino que él dice: observad a los que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros, en plural. La palabra observar en el original implica prestar atención, mirar con esmero, con cuidado, de tal forma que él está diciendo: fíjate, observa, estudia a aquellos que están caminando de una manera que tú puedes ver no solamente en mí, sino en otros, que él llama nosotros.

En el Antiguo Testamento la palabra andar, caminar, es frecuentemente usada para referirse a aquellos que han caminado en obediencia con Dios. Tú lees en el libro de Génesis y ves generaciones que vivieron aquí, que vivieron por tantos años, y este murió, y vivió tantos años y murió, tantos años y murió. Cuando llegas a la séptima generación te encuentras con Enoc, y dice que Enoc caminó con Dios, y Dios se lo llevó.

Pablo está hablando, está usando exactamente la misma idea, la misma palabra, pero ahora en griego, para referirse al caminar, al andar, a un estilo de vida. Y habla de que observemos a aquellos que andan según el ejemplo que tenéis en nosotros. No está claro a quiénes incluye en "nosotros", pero una posibilidad es que él se esté refiriendo no solamente a su ejemplo, sino también a Timoteo y a Epafrodito, a quienes él ha presentado en el capítulo dos de una manera especial.

Primero presenta a Cristo como el modelo de entrega, que siendo igual a Dios no consideró eso como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo. E inmediatamente después, en los versículos siguientes, él nos presenta a Timoteo y a Epafrodito como un modelo de entrega. Se entregaron a Pablo, a su ministerio, y se entregaron también a la iglesia de Filipos. Y posiblemente ese sea el contexto de "nosotros". Pero pudiera referirse también quizás a otros hombres y mujeres que estaban caminando bien con Dios y que Pablo está tratando de presentárselos a la comunidad de los filipenses como un modelo.

Y una de las razones por la que eso es necesario es porque, como vamos a ver pronto, se habían infiltrado en la iglesia de Filipos otros que estaban caminando de una manera distinta. Y cada vez que tú encuentras malos ejemplos, sobre todo dentro del cuerpo de Cristo, se hace imperativo el tener buenos ejemplos que puedan servir de contraste y que puedan contrarrestar al mismo tiempo la fuerza de impacto del mal ejemplo que está siendo sentado por algunos.

Sobre todo porque el buen ejemplo es difícil de copiar, toma tiempo; el mal ejemplo es fácil de imitar y no requiere de mucho tiempo. A veces una sola conversación es capaz de tomar una mente joven y arrastrarla en una dirección y comenzar a pensar distinto a la próxima mañana. Lo hemos visto más de una vez. Y cada vez que tú tienes personas apostatando de la fe, tú tienes que presentar modelos firmes en la fe. Y eso es exactamente lo que Pablo está tratando de decir.

La palabra ahí que ha sido traducida como caminar o andar es "peripateo", que implica un estilo de vida, número uno, y en segundo lugar implica un legado que está siendo pasado a la próxima generación.

Pablo está diciendo entonces: "Imitarme a mí y a otros como Timoteo y Epafrodito, que tenemos un estilo de vida conforme a la Palabra de Dios y a la vez estamos tratando de dejar un legado espiritual para la próxima generación. Tenednos por ejemplo y no a otros que él va a describir a partir del próximo versículo." Imitar a aquellos que llevan una vida digna del Evangelio de Cristo. Imitar a aquellos que tratan de seguir las pisadas, las huellas del Señor Jesucristo. Están tratando de ver dónde Él pisó para ellos poder pisar, y quizás no lo hacen así perfectamente, pero están haciendo un máximo esfuerzo, esforzándose por estirarse hacia adelante con la intención de alcanzar aquello para lo cual ya ellos fueron alcanzados, como Pablo nos dice en Filipenses 3.

Cuando Pablo les escribe a los corintios, él dice exactamente la misma cosa. En 4:16 él dice: "Sed imitadores míos," la misma frase. Es una frase tan paulina que no aparece en ningún otro documento de la antigüedad. Es una sola palabra en el lenguaje original que es traducida aquí como "imitadores míos." En 11:1 de esa primera carta a los corintios le dice: "Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo." En otras palabras, yo no estoy llamando a los filipenses a seguir un nuevo modelo que yo estoy planteando. No, no, yo estoy llamando a mis seguidores a seguirme a mí porque yo me he fijado bien, he observado cómo Cristo caminó. Estoy tratando de caminar de la misma manera, y ahora yo estoy diciéndole a aquellos que me siguen, a mis discípulos: imítenme a mí como yo estoy imitando a nuestro gran Maestro.

Ahora nota el tiempo verbal en que Pablo dice esto. Dice: "Sed imitadores." Es el presente imperativo, lo que implica, estudiemos, es una obligación, y esta obligación es un presente continuo, verdad, cuando hablamos del presente imperativo. Implica que toda tu vida debe ser imitando, una imitación del modelo que hemos estado dejando para ustedes. No es un acto de un día, no es un acto de una semana, de un mes; es un estilo de vida que tú debes seguir.

El problema de aquellos que entran a la fe cristiana muchas veces no es que no saben correr bien un trayecto de la carrera; no es ese su problema. Su problema es que no han mantenido el paso a lo largo de todo el maratón. Si la vida cristiana fuera una carrera de cien metros, pues entonces quizás muchos terminarían bien. El problema no es ese; el problema es que la vida cristiana es un maratón, y la duración del maratón prueba la genuinidad de la fe. Y lo que ocurre es que muchos no saben correr bien todo el maratón, y entonces ocurren los accidentes a lo largo del camino. Pablo está tratando de proveer un patrón que nos permita correr bien hasta el final.

Cuando le escribe a los tesalonicenses en la segunda carta, capítulo 3, del versículo 7 al 9: "Pues vosotros mismos sabéis cómo debéis seguir, escucha, nuestro ejemplo. Porque no obramos de manera indisciplinada entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que con trabajo y fatiga trabajamos día y noche, a fin de no ser carga a ninguno de vosotros. No porque no tengamos derecho a ello, sino para ofrecernos," escucha, "como modelo a vosotros, a fin de que sigáis nuestro ejemplo." Hemos vivido de una manera para crear un modelo que pudiera ser ofrecido a vosotros y para que vosotros podáis imitar nuestro ejemplo.

No hay nada de arrogancia en esto, aunque suene como tal. Lo que Pablo está haciendo es ponernos a tono con la realidad. Hay muchos malos ejemplos, y al lado de los malos ejemplos tenemos que poner los buenos ejemplos e invitar a los hijos de Dios a imitar lo bueno. Es como cuando se dice que la verdad tiene que ser siempre proclamada, que si no hubiera ninguna razón para proclamarla, el simple hecho de que el error está siendo enseñado ya es una razón para la proclamación de la verdad. Yo creo que podemos decir la misma cosa: el simple hecho de que hay malos ejemplos siendo plantados es razón suficiente para que haya buenos ejemplos y para que esos buenos ejemplos sean señalados. Y esto es exactamente lo que Pablo hace.

Cuando le escribe a Timoteo, él le dice en la primera carta, 4:12: "Sé ejemplo de los creyentes," en imperativo. No es una opción, es una obligación que Timoteo tenía, que tú y yo tenemos, porque tenemos que honrar la cruz de Cristo, el llamado que nos ha hecho, la causa a la cual se nos ha llamado.

Ahora preguntémonos: ¿cuál es el ejemplo que nosotros estamos dejando? Siempre dejamos un ejemplo y siempre hay alguien observándonos e imitándonos. La pregunta que tenemos que hacernos entonces: ¿cuál es el ejemplo que estoy dejando? ¿Cuál es la imitación que está ocurriendo de mi patrón de vida? Y si en el día de mañana yo hiciera lo que Pablo hizo e invito al resto de la congregación, quisiera saber para ti, quisiera saber lo que cada uno piensa de sí mismo, invito al resto de la congregación a imitar mi ejemplo, ¿cómo luciría esa congregación? Piensen en eso. Yo voy a regresar al final a la misma pregunta.

Pero dijimos que cada vez que hay malos ejemplos siendo vividos, necesitamos buenos ejemplos a su alrededor a manera de contraste y para contrastar la fuerza de impacto de esos malos ejemplos. Esa es la razón, hermanos, que nosotros como pastores, cuando vemos a alguien no caminando bien, necesitamos sentarnos con ellos y comenzar un proceso de consejería que pudiera ir desde ahí hasta la disciplina, dependiendo de cuál fuera el caso. En primer lugar, para reivindicar el nombre del Señor; en segundo lugar, para el bien de su alma; y en tercer lugar, para evitar las consecuencias negativas, no solamente sobre aquel que ha adoptado ese patrón de vida, sino sobre aquellos que están observando y copiando un mal modelo que no puede ser permitido dentro del redil por el efecto que produce. El buen caminar en el Señor entonces es para bien nuestro.

Pablo, con esa realidad en su mente que yo acabo de describir, nos presenta primero su ejemplo y luego nos dice: "Porque muchos..." Este es el otro grupo, este es el ejemplo que le está tratando de contrastar, de debilitar. "Porque muchos andan, como os he dicho muchas veces," esta no es la primera vez que le va a hablar de esto, "como os he dicho muchas veces, y ahora os lo digo aún llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo." Yo subrayo eso lo hizo Pablo. Cuando yo pienso en aquellos que son enemigos de la cruz de Cristo, cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales.

Pablo ahora nos está hablando de un grupo que tiene un caminar tan diferente al que él acaba de presentar, que pueden ser considerados enemigos de la cruz de Cristo. La pregunta es: ¿a quiénes se refiere Pablo? Y los estudiosos han hecho todo tipo de especulación, desde los judaizantes hasta muchos otros. Pero la realidad es que antes de yo venir a Cristo, antes de tú venir a Cristo, la Palabra nos describía como enemigos de Cristo. Por tanto, todo el que no está en Cristo está viviendo un patrón de vida que pudiera ser considerado como enemigo de la cruz. Todo el que no acepta la cruz como el único camino al Padre puede ser considerado un enemigo de la cruz. Todo el que no acepta la sangre derramada por el Hijo de Dios enviado por el único sabio y eterno Dios puede ser considerado un enemigo de la cruz.

Pero hay un grupo de manera particular, cuando tú revisas toda la revelación de Dios, que pudiera ser considerado más enemigo de la cruz que cualquier otro. Y son aquellos que han entrado a la fe cristiana, que han abrazado la cruz, que han aceptado la sangre derramada por el perdón de sus pecados. Por lo menos mentalmente ellos han hecho ese ejercicio y llegaron a entenderlo. Y que después de haber estado caminando detrás de la cruz, llegó un momento donde ellos desabrazaron la cruz, permaneciendo todavía dentro de la comunidad de la cruz, sentando un mal ejemplo.

Esos, más que cualquier otro, pudieran ser considerados enemigos de la cruz. Ellos se identificaron con la cruz, ellos abrazaron la cruz, ellos se bautizaron muchas veces bajo esa cruz. Y es esa misma cruz la que ahora ellos han desechado, han rechazado. No quieren saber de ella, no quieren saber de su sangre, no quieren saber del Redentor de la cruz. Pero mientras estaban identificados con la cruz, habían comenzado a vivir un patrón de vida inmoral. Eso es un enemigo de la cruz más que cualquier otro, porque parece sentar un patrón de vida, un modelo de vida bajo la cruz contrario a la cruz.

Y la Palabra de Dios tiene cosas que decir acerca de eso, acerca de los que se comportan de esa manera. ¿Cuál debe ser la conducta? ¿Cuál debe ser la respuesta de aquellos que permanecen bajo la cruz, genuinamente regenerados, ante aquellos que identificándose con la cruz han adoptado un patrón de vida inmoral y que ahora pudieran ser considerados como enemigos de la cruz? La Palabra de Dios nos dice, porque si la opinión fuera nuestra entonces no tendría suficiente peso, pero Pablo nos dice, escucha lo que Pablo nos dice en la primera carta a los Corintios capítulo cinco: "En mi carta os escribí que no anduvieseis en compañía de personas inmorales."

Si eso fuera todo lo que la Palabra dijera, diríamos: "Bueno, pues este es un problema, que mañana yo voy a tener que renunciar de mi trabajo." Pero ese no es el caso. Escucha de quién es que Pablo está diciendo. Pablo no está hablando de la persona que trabaja contigo que nunca ha creído, que no se identifica con la cruz. No está hablando de eso, y de hecho lo especifica: "No me refería a la gente inmoral de este mundo, a los avaros y estafadores o a los idólatras, porque entonces tendría que salir del mundo. Sino que en efecto os escribí que no anduvieseis en compañía de ninguno que llamándose hermano es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador. Con ese ni siquiera comáis."

"Pues, ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están adentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. Expulsad de entre vosotros al malvado."

Pablo no se está refiriendo a que nos apartemos de los incrédulos, de aquellos que nunca han creído, no, porque tendríamos que salir de este mundo, él dice. Él está diciendo que él se está refiriendo a otro grupo que ha entrado a la comunidad. Siendo parte de la comunidad, le ha dado la espalda a la cruz, se ha convertido en enemigo de la cruz, ha rechazado la cruz. Y la manera como la ha rechazado no es necesariamente verbal, sino por su estilo de vida. Y él le llama en la carta a los Corintios inmoral por ese estilo de vida. Él dice: tú necesitas, número uno, expulsarlo; número dos, no asociarte.

Parece duro. Bueno, la única manera por la que parece duro es porque todavía, si somos honestos, seguimos apreciando más al hombre que a Dios. La santidad de la cruz y la santidad del Redentor de la cruz no tiene el peso y el aprecio que tiene el hombre para nosotros. Si lo tuviera, esta fuera la reacción natural. Hermano, no es para verlo sufriendo. Pablo dice que él llora cuando habla de los enemigos de la cruz. Es con la esperanza de que quizás nuestra lejanía le haga sentir la necesidad del regreso. Y cuando nosotros seguimos en contacto y celebrando y socializando con ellos en diferentes maneras que el mundo hoy nos permite, nosotros no estamos contribuyendo a honrar la Palabra de Dios ni estamos tratando de conseguir los mejores propósitos, porque nadie tiene mejor propósito que Dios, y esta es su respuesta.

¿Cómo lucen entonces esos que son enemigos de la cruz? Escucha su estilo de vida que lo define como enemigos de la cruz. No es lo que dicen, escucha cómo Pablo dice: "Porque muchos andan, como os he dicho muchas veces, y ahora os digo aun llorando, que son enemigos de la cruz." Ok, entonces Pablo, ¿cuáles son sus características?

Pablo nos dice: "Cuyo fin es perdición, cuyo dios es su apetito, cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan solo en las cosas terrenales."

Pastor, pero ¿no nos llama la Palabra a tener misericordia? Absolutamente. La misericordia está en las palabras de Pablo cuando dice: cuando pienso en ellos, y por otro lado cuando pienso la manera como pisotearon la cruz, ambas cosas me hacen llorar. Tanto su condición, sus consecuencias, como el desprecio que han tenido para la cruz de Cristo me hacen llorar. Como hicieron llorar al Señor Jesús cuando venía hacia Jerusalén, a punto de ser rechazado y crucificado, y Él mira a Jerusalén y Él comienza a llorar. Y días después tiene que juzgarlos, y Él lloraba por las consecuencias que vendrían sobre ellos. Ahí está la misericordia, no en la celebración, sino en el dolor que tú experimentas al pensar en ellos. ¿Es eso como tú sientes cuando piensas en ellos, o es más el deseo de seguirlos abrazando para que se sigan sintiendo parte de la comunidad?

La razón por la que Pablo podía escribir de esta manera y decir que por los que eran enemigos de la cruz él lloraba, su corazón latía llorando, escucha porque Dwight Pentecost dice en sus comentarios sobre Filipenses: "Pablo encontró su máximo deleite en la cruz de Cristo." Eso era el centro de su vida, el patrón de su vida. La cruz eclipsó su vida. Era la meta de su vida. Es el lugar que la cruz de Cristo debiera tener en la vida de cada hijo de Dios, pero no tiene su justo lugar en la vida de los falsos maestros que penetraron la iglesia de Filipos. Y yo agregaría: ni tiene su justo lugar en los seguidores de los falsos maestros que estaban viviendo en Filipos y que se convirtieron en enemigos de la cruz. Cristo lloró por ellos también.

Ahora, escucha su descripción. Su dios es su apetito. El apetito que hace referencia en el lenguaje original se refiere al estómago. Literalmente dice: su dios es su estómago. Pero todos los estudiosos están de acuerdo en que esta palabra está siendo usada metafóricamente para referirse al apetito de la carne, lo sensual, lo terrenal. La sensualidad se ha convertido en su dios, porque la sensualidad es lo que los dirige, la sensualidad es lo que les da propósito, la sensualidad es lo que les da dirección, es lo que les da significado. Es ante el altar de los placeres que ellos se han postrado y han dejado de postrarse ante el altar de nuestro verdadero Dios. Su deleite está básicamente en la satisfacción de sus impulsos carnales, su amistad es con el mundo y su pasión entra por los sentidos: lo que ven, lo que escuchan, lo que palpan, lo que oyen. Su pasión no está en la verdad de Dios que es razonada y una vez razonada se hace parte de su corazón y de su vida. No es ahí que está su pasión, es en sus sentidos. De ahí la palabra sensual. Lo sensual no es solamente lo sexual, aunque frecuentemente lo es. Es aquello que se refiere a los sentidos, y esa es la pasión de esta gente. Ellos tienen pasión, pero no por Dios. Persiguen la pasión que es solamente típica característica de este mundo.

La segunda característica de estos que son enemigos de la cruz es que su gloria está en su vergüenza. Piensa un momento, ¿qué significaría eso, que su gloria está en su vergüenza? J.B. Phillips, yo creo que ha capturado de una forma muy práctica el significado de eso. Que cuando tú lo estudias, oyes, está claro, lo entiendes. Dice que realmente lo que Pablo está tratando de decirnos es esto: se enorgullecen de lo que debiera darles vergüenza. Ahí está su gloria.

Por ejemplo, la mujer que tiene su mente en este mundo y que se viste intencionalmente para provocar los ojos de los hombres y que todo el mundo voltee la cabeza cuando ella pasa. Como hemos leído testimonios de personas que se han convertido, que al vestirse tenían en mente de qué forma ella pudiera llamar más la atención, descubriendo más de lo que ella debía. Eso debe darle vergüenza, pero resulta que eso es su orgullo. O el hombre machista que tiene su amante, y que en vez de darle vergüenza está orgulloso de que tiene esa segunda persona, o tercera, porque "yo no soy fácil." Eso debería llenarlo de vergüenza, pero lo llena de gloria y de orgullo. Pablo dice: su gloria está en su vergüenza. Estas personas se exaltan a sí mismos, se han enamorado de sí mismos. Les ha pasado como a Narciso, que iba caminando, como cuenta la leyenda, por el lado del agua de un pozo, vio su cara reflejada en el agua y se enamoró de sí mismo. Y sus seguidores se convirtieron en narcisistas. Esos son los que tienen a su apetito por dios.

Y la tercera característica que Pablo nos habla dice que solo piensan en las cosas terrenales. Nota cómo Pablo no simplemente dice "piensan en las cosas terrenales," sino que enfatiza: dice "solo piensan." Solo, solamente piensan. Se levantan en la mañana para ver cómo lucen, se acuestan en la noche viendo cómo lucen. Se levantan pensando: ¿cómo le voy a lucir al mundo hoy? ¿De qué manera lo voy a atraer? ¿De qué manera voy a llamar su atención? Y de esa misma manera, durante el día frecuentemente están pendientes de cómo están atrayendo la atención de los demás, porque ellos solamente piensan en las cosas terrenales, las cosas de este mundo. Su futuro encuentro con el Señor no les interesa. No temen su juicio, no temen sus consecuencias. Solo piensan.

Fronéo es la palabra ahí, y es una palabra que nos ayuda a entender que Pablo no está hablando de un pensamiento. Pablo está hablando de una manera de pensar. Esta es la manera como ellos piensan, este es su estilo de pensamiento: el aquí y el ahora. Eso es su deleite. Así satisfacen a su dios.

Al menos cuando tú oyes estas descripciones suenan duras, suenan como "wow, imagínate eso". En alguien que nunca ha oído de Cristo, aún ahí suenan difíciles de digerir, pero imagínatelo ahora en alguien que estuvo en los caminos, que estuvo bajo la cruz, que se bautizó por la cruz, que se identificó con su nombre y que ahora ha adoptado esta forma de vida, este estilo de vida. ¿No sería él más enemigo de la cruz que el anterior? Por eso le duele a Pablo, y Pablo dice: "¿Sabes qué? Me duele su destino". Su destino es su destrucción, o como La Biblia de las Américas lo traduce: "cuyo fin es perdición". Porque no es realmente destrucción como aniquilamiento, como el que deja de existir, no. Van a sufrir pérdida, van a perder todo lo que potencialmente tenía algún valor.

Y esa pérdida comienza incluso de este lado de la gloria y comienza temprano. Muchas veces comienzan perdiendo su reputación, comienzan perdiendo su matrimonio, sus hijos, sus finanzas, sus negocios, su paz, su tranquilidad. Lo pierden todo. Ese es su destino: la perdición. Su destino es consistente con el patrón de vida que han llevado. Ese patrón de vida los ha conducido precisamente a la autodestrucción, porque antes de que Dios los juzgue, ellos se han autodestruido en el camino. Parece loco, yo cuando pienso en ellos.

Y Pablo, entonces, luego de presentarnos este estilo de vida, este contraste con el anterior de cómo él llamaba a ser imitadores míos, entonces él vuelve a nosotros, los que hemos creído, y dice: "Porque nuestra ciudadanía está en los cielos". Muchas traducciones, sobre todo en inglés, dicen "pero nuestra ciudadanía está en los cielos". ¿Pero y por qué funciona? "Pero" nos establece un mejor contraste entre este estilo de vida y el que se supone que yo tenga. Y por tanto, yo no puedo tener un estilo de vida similar porque yo tengo otra ciudadanía. Yo no vivo conforme a esta ciudad de aquí abajo. A mí me han traspasado de una ciudad a otra en el momento en que yo nací de nuevo.

Barclay, hablando de cuánto los filipenses debieron y pudieron haber entendido esto de la nueva ciudadanía, nos dice que si hubo un grupo de personas que pudieron haber entendido eso bien, son los filipenses. Y las razones: que Filipos era una colonia romana. Los romanos, después de conquistar ciertas áreas, frecuentemente permitieron que soldados que habían servido por veintiún años les daban una libertad absoluta para ellos fundar, en lugares estratégicos, ciudades militares, puntos estratégicos. Pero esas ciudades militares seguían siendo colonias de Roma, aunque tenían libertad absoluta bajo Roma.

Entonces Barclay dice: "La gran característica de estas ciudades fue que no importa dónde estuvieran, ellas permanecieron como fragmentos de Roma. La vestimenta era romana, los magistrados eran romanos, el lenguaje era latín, la justicia era romana, las normas morales eran romanas. Aun en los confines de la tierra ellas permanecían como colonias eminentemente romanas". Pablo estaba diciendo en esencia: de la misma manera que los colonos romanos nunca olvidaron que pertenecían a Roma, de esa misma manera ustedes nunca deben olvidar que sus conductas deben ser igual a su ciudadanía. ¿Cómo es que tu estilo de vida es este y tu ciudadanía es esta otra? No puedes vivir de esa forma tan discordante. Tú tienes que cambiar de patrón de vida.

Como aquella historia, creo que les conté una vez, del soldado que lo traen delante de Alejandro Magno porque no se estaba comportando debidamente, y Alejandro Magno le pregunta: "¿Cuál es tu nombre?" Y le dice: "Alejandro". Le dice Alejandro: "Joven, usted o cambia de conducta o se cambia de nombre". Yo creo que eso es exactamente lo que Cristo pudiera estar pensando: o cambias de conducta o cambias de nombre. Porque cuando permaneces con el nombre niegas tu ciudadanía, y niegas aquello que te dio derecho a la ciudadanía; en otras palabras, niegas la cruz.

Por eso Pablo nos recuerda más de una vez esto acerca de nuestra ciudadanía. Nuestra ciudadanía está en los cielos, no aquí abajo, hermanos. No aquí abajo. Si alguien te llevara a una de esas tribus donde la gente todavía anda a medio vestir por un fin de semana, llegas el viernes en la mañana, te vas domingo en la mañana, yo no creo que por esos dos días tú vas a adoptar los patrones y vestimentas de ese lugar, ¿cierto? No creo. A menos que esa haya sido tu intención en primer lugar y hayas ido allá para eso, pero normalmente no vamos a hacer eso. ¿Por qué? Porque tú sabes que esa no es tu ciudadanía y tú estás ahí de paso.

Hermanos, este mundo es un mundo de paso. Yo estoy aquí por muy poco tiempo y esta no es mi ciudadanía. Yo no puedo adoptar los valores y estilos de vida de este mundo porque no me corresponde. Yo vivo en otro lugar ya, en la mente de Cristo, sellado por su sangre, ciudadanía otorgada, y ya yo no tengo nada en común con este mundo. Compara la eternidad con el tiempo que pasas aquí: es un día o dos, por así decirlo, o menos, en comparación con el otro ejemplo que acabo de mostrar. Por tanto, tú necesitas vivir a la altura de la ciudadanía otorgada por el Redentor.

Yo creo que Pedro, cuando escribe, nos revela algo que hemos leído muchas veces pero que quizás no lo hemos puesto en este contexto. Yo creo que Pedro nos ayuda a ver cuál es el problema con aquellos que han adoptado una nueva ciudadanía pero persiguen un estilo de vida que no se corresponde con su ciudadanía. Escucha lo que Pedro dice en su primera carta, capítulo dos, versículos 11 al 12: "Amados, os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las pasiones carnales que combaten contra el alma".

Oye lo que Pedro dijo. Nos vemos frecuentemente como amados, pero no nos vemos como extranjeros y peregrinos. Un extranjero es alguien que no pertenece al lugar donde él vive, y no solamente que es un extranjero: él es un peregrino, él está de paso. Esto es un peregrinar y esta es mi pasada en este tiempo por este mundo, pero yo estoy de camino. Y de manera que yo creo que Pedro nos está ayudando a ver que la razón por la que nosotros terminamos imitando este mundo, y no siendo imitadores de aquellos que caminan bien, es porque yo no acabo de verme como extranjero y peregrino, sino que yo me veo como residente permanente de este mundo. Y esta es la razón por la que nadie se quiere morir y nadie quiere salir de aquí: porque yo tengo residencia permanente. Pero si yo fuera extranjero y peregrino, yo estaría loco por llegar. "¿Cuándo es que vamos a llegar finalmente?" Porque yo estoy de peregrinaje. No conozco a nadie que haya estado camino a un sitio que no quiere llegar. Los niños comienzan a preguntar: "¿Ya llegamos? Are we there yet?"

Oye lo que Pedro dice: "Que os abstengáis de las pasiones carnales". Eso lo recordamos, pero escucha esta última parte: "que combaten contra el alma". Las pasiones carnales no simplemente seducen al individuo y ahí pecó; este no es el único problema. Libran una lucha, combaten contra tu alma. Cuando tu alma ha sido regenerada, cuando tu alma ha experimentado el gozo de la salvación, cuando tu alma ha experimentado la paz que trasciende el entendimiento, en la medida en que tú comienzas a coquetear con las pasiones de la carne, en esa misma medida comienzan las pasiones a combatir con tu alma y a robarte aquello que ya era depósito en ti. Tu gozo se va, el gozo de tu salvación comienzas a perderlo, la tranquilidad, la paz. Tú comienzas a entristecer. El deseo que tenías por estudiar la revelación de Dios se va también, porque la lucha es fiera, la lucha es intensa, y frecuentemente la carne no se rinde primero.

Entonces, ¿cuándo se rinde la carne? Cuando el alma decide no rendirse. "Mantened", dice Pedro, "entre los gentiles" —en nuestro caso, entre los incrédulos— "una conducta irreprochable". Irreprochable. No suena para pastores y ancianos nada más, para todo el mundo. "A fin de que en aquello que os calumnian como malhechores, ellos, por razón de vuestras buenas obras, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación". En el día de la visitación, que el incrédulo, al ver vuestras buenas obras, diga: "Alabado sea el Dios de ese creyente".

Eso no ocurrió con el pueblo de Israel. La acusación que Dios trae contra el pueblo de Israel es precisamente que entre los gentiles su nombre fue blasfemado. Y luego Él anuncia: "Los gentiles no supieron quién era Jehová, pero yo os aseguro, Israel, que ellos lo sabrán. Cuando yo os disperse a los cuatro rincones de la tierra y yo haga justicia sobre ustedes, entonces ellos sabrán que yo soy Jehová". En otras palabras, habrá un día en que yo voy a reivindicar mi nombre.

El autor del libro de Hebreos nos invita también a vernos como extranjeros y peregrinos. Escucha su consejo, hablando de todos aquellos que murieron anteriormente, todos estos desde Abel en adelante: "Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto y aceptado con gusto desde lejos". ¿Cómo lo lograron hacer? ¿Cómo es que no recibieron las promesas y las vieron y las aceptaron desde lejos, y lo aceptaron con gusto? ¿Cómo lograron hacerlo? Escucha cómo: "Confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra".

Tú no puedes disfrutar de las cosas de la próxima ciudadanía en este mundo si no te ves como extranjero y peregrino. Ellos lo hicieron, pero lo hicieron confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. "Porque los que dicen tales cosas claramente dan a entender que buscan una patria propia. Y si en verdad hubieran estado pensando en aquella patria de donde salieron" —para nosotros es el mundo— "habrían tenido oportunidad de volver. Pero en realidad anhelan una patria mejor, es decir, celestial. Por lo cual Dios no se avergüenza de ser llamado Dios de ellos, pues les ha preparado una ciudad".

Dios les ha preparado una ciudad. Y cuando habiendo estado bajo la cruz rechazas la cruz, tú has rechazado la ciudad que Dios ha preparado por la ciudad que el hombre ha preparado.

Prefiere el glamur del hombre, el brillo, las luces de la noche, la música, el ritmo, el estilo de vida alborotado y sensual de este mundo, a lo que es la luz de nuestro Dios. Y la única manera de nosotros caminar con esperanza, con esperanza de vida, es vernos como extranjeros y peregrinos.

Y en último caso, vernos de esta manera al leer el versículo 21, final del texto de hoy: "El cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación, en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aún para sujetar todas las cosas". Hermano, tú tienes un cuerpo de humillación. ¿Cómo lo sabemos? Es un cuerpo que se envejece; si no lo crees, mira, ten un espejo y lo vas a creer llegado un momento. Es un cuerpo que se enferma, es un cuerpo que desea pasiones carnales muchas veces. Y es un cuerpo que la muerte acecha continuamente.

El apóstol Pablo nos está diciendo, pero esa no es tu esperanza. No tienes que perder tu esperanza considerando el estado de humillación de tu cuerpo. Yo quiero que comiences a considerar otro estado, un estado de glorificación del mismo cuerpo, que va a ser transformado de humillación a glorificación por el poder de Aquel que puede sujetar todas las cosas a sus pies. Y ese cuerpo entonces que tú vas a recibir no va a envejecer, ni se va a enfermar, ni se va a doler, ni va a morir, ni jamás va a desear pecar. Es un cuerpo que finalmente le va a permitir al alma extasiarse, deleitarse completamente en su Dios y solamente en su Dios. Jamás tendrá contienda los deseos del cuerpo, y ahora tú podrás disfrutar de toda la presencia de nuestro gran y hermoso Dios. Es otro cuerpo, hermano, no es este. Gracias a Dios que no es este.

Sin embargo, dice Pablo, hablando de ese otro cuerpo, el espiritual, el que ha de venir: "No es primero" —Primera Corintios 15— "sino el natural", es el que yo tengo ahora. "Luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial". Y entonces lo veremos como Él es, porque seremos como Él es. La única diferencia entonces entre cómo Él es y cómo yo seré es el poder infinito, incomparable de nuestro Dios. Es la gran diferencia, y luego entonces la gloria.

¿Cómo vas a seguir viviendo, hermano? ¿Cuál es el ejemplo que has estado sentando? ¿Cuál es el modelo que tú has estado copiando? ¿Cuál es el modelo que los que te observan han estado imitando? Porque el modelo que tú proyectas, el ejemplo que proyectas, habla de la ciudadanía que has abrazado, no de la que confiesas, sino de la que has abrazado.

¿Cuántas veces tenemos que volver a recordar la misma idea? ¿Por qué es que esta ciudadanía de aquí abajo no se nos acaba de olvidar, pero aquella de allá arriba tiene que ser recordada continuamente? ¿Cuál es la razón? Yo creo que la razón está en algo que Cristo le dijo a Pedro cuando Pedro trató de parar su camino a Jerusalén, cuando Cristo le dice a Pedro: "Apártate de mí, Satanás". Lo que sigue inmediatamente después: "Porque no tienes en mente las cosas de Dios, sino las cosas de los hombres". Yo creo que esa es la razón por la que esta ciudadanía de aquí abajo nunca se nos olvida y siempre tendemos a identificarnos con ella, y aquella ciudadanía celestial es la que nosotros con frecuencia vemos empañada y que tiene que ser recordada, porque no tenemos en cuenta, no tenemos en mente las cosas de Dios, sino las cosas de los hombres.

Hermanos, una vez más, supón que mañana cada uno de nosotros tuviera la oportunidad de pararse aquí arriba y decirle a la congregación, tú hablando: "Sed imitadores de mí", como Pablo lo hizo. ¿Qué tú piensas que le ocurriría a la congregación? ¿En qué se convertiría? ¿Quisieras tú tener esa oportunidad? "Ay no, pastor, imposible". Entonces, ¿por qué no cambias? Si ni a ti te gusta tu estilo de vida, si tú no lo apruebas, ¿por qué no lo cambias? Nadie malo puede cambiar. Date cuenta que tú puedes salir de aquí en el día de hoy con la decisión de cambiar tu estilo de vida, de tal manera que en algún momento tú puedas decir como Pablo: "Sed imitadores de mí". No pensando que llegaste, no pensando que tú eres el mejor modelo, no, pero que tú has concluido al igual que Pablo: "Una sola cosa hago, olvidando lo que está atrás, esforzándome hacia adelante, tratando de alcanzar el supremo llamamiento en Cristo Jesús, nuestro Dios". Con esa intención.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.