Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Cómo dar?

Miguel Núñez 13 marzo, 2011

Dios no solo se interesa en lo que hacemos, sino en la motivación con la que lo hacemos. Es posible cumplir una ordenanza divina y pecar en el proceso, tomar algo que Dios mandó y corromperlo con intenciones torcidas. Eso es precisamente lo que Jesús confronta en Mateo 6: personas que daban limosna no para bendecir al necesitado, sino para ganar el aplauso de los hombres. Cristo los llama hipócritas, actores que usan la generosidad como máscara para ocultar su verdadero rostro.

La Escritura deja claro que ayudar al necesitado no es opcional. Deuteronomio ordena no endurecer el corazón ni cerrar la mano al hermano pobre. Los Salmos declaran que quien se apiada del pobre presta al Señor. Y Jesús mismo se toma estas acciones de manera personal: lo que hiciste a uno de estos pequeños, a mí me lo hiciste. Sin embargo, las excusas abundan: que no merecen, que no saben administrar, que no son agradecidos. Pero el Señor nos recuerda que tampoco nosotros merecíamos su gracia, y aun así la recibimos.

La razón para dar no está en el otro, sino en lo que vemos en Jesús. Él dio sin esperar nada del mundo que lo odiaba, movido únicamente por lo que Él es. Dios ama al dador alegre, al que encuentra gozo en cada oportunidad de soltar lo que tiene. El pastor Núñez recuerda una historia conmovedora: un haitiano llamado Raymond vendió su única camisa para poder ofrendar, y luego no pudo asistir a la cena porque no tenía qué ponerse. Eso es un corazón verdaderamente dadivoso. Quien da en secreto, con motivaciones puras, tiene su recompensa garantizada por un Dios que no olvida y que siempre cumple lo que promete.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Yo quiero invitarle a que abra la Palabra en el capítulo 6 del Evangelio de Mateo. Vamos a leer los primeros versículos. Hoy vamos a cubrir del 2 al 4; el 1 ya fue cubierto, pero yo voy a volverlo a leer como parte del texto. Entonces vamos a estar leyendo del 1 al 4: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos. De otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Por eso, cuando des limosna, no toques trompeta delante de ti como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles para ser alabados por los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará."

Padre, gracias por tu Palabra. En esta mañana, antes de predicar, Dios, yo quiero presentarme una vez más en medio de la debilidad de la voz y pedirte que por amor a tu Palabra, Dios, tú puedas sostener la voz durante la predicación, aun si fuera solamente por ese tiempo, Señor. Glorifícate en tu siervo en esta mañana. Haz lo que de otra manera no pudiéramos hacer. Queremos que tu pueblo pueda ser edificado por medio de tu Palabra, pero tu Palabra necesita ser oída, y necesita ser predicada para ser oída, y necesita una voz para ser predicada. Tú has elegido mi voz para esta mañana y quiero pedirte que la toques, que la sostengas y que te glorifiques a través de ella. En el nombre de Jesús. Amén.

Bueno, la semana anterior habíamos estado exponiendo el versículo primero de Mateo 6, y en esa ocasión hablamos de la hipocresía como la diferencia entre lo que verdaderamente soy y lo que hago. Y ese es el tema de preocupación del Maestro en este momento, porque Él ha venido observando una serie de prácticas incongruentes, incongruentes con la Palabra de Dios, pero incluso incongruentes con la realidad del corazón de aquellos que las practicaban. Y Él comenzó a hablarles entonces de esa hipocresía, de ese divorcio entre lo que su corazón realmente era y lo que sus hechos revelaban.

Él hace uso de varias ilustraciones de esas prácticas, pero una de ellas tenía que ver con el dar limosna a los necesitados. Y es increíble, porque nosotros somos capaces de autoengañarnos hasta el punto que tomamos la ordenanza de Dios, la llevamos a la práctica, y al practicar lo que Dios ha ordenado, pecamos con su misma ordenanza. El ser humano es capaz de hacer eso y mucho más: cumplir con lo ordenado y pecar en el cumplimiento de lo que se nos ha ordenado. Y en esta ocasión lo que Cristo está tratando de hacer es precisamente ayudarles a ellos a entender mejor cómo es que han estado ayudando, dando en este caso, y cómo debieran estarlo haciendo.

A Dios le importa lo que el hombre hace. A Dios no solamente le importa lo que el hombre hace; a Dios le importa la motivación por la que hacemos lo que hacemos. Cada cosa que nosotros hacemos es juzgada por Dios de una u otra manera, buena o mala. Pero cómo Dios juzga no es de acuerdo a cómo eso luce externamente, sino a lo que verdaderamente es internamente. La intención de la acción determina su valor. La intención de la acción determina el valor que Dios le da.

Y lamentablemente estamos tan acostumbrados a engañarnos, que nosotros somos capaces de convencernos a nosotros mismos que hemos hecho algo por una motivación. Podemos explicar la motivación, podemos describir la motivación, cuando en realidad esa motivación nunca había estado en el corazón de la persona que la profesó. Somos muy capaces de hacer eso. De hecho, Santiago dice que nosotros incluso oramos con las motivaciones incorrectas. De manera que ahora ni siquiera Santiago se está refiriendo a aquellas cosas que hacemos con el otro; Santiago dice no, aquellas cosas que Dios ha ordenado que hagamos con Él, como la oración, nosotros somos capaces de practicarlas con motivaciones erradas que resultan en una no respuesta a nuestras oraciones. No tenéis porque no pedís, pero cuando pedís, pedís con motivaciones erradas.

Cristo comenzó a hablar de tres prácticas comunes a ellos. Una tenía que ver con el ayuno, una con la oración, y la primera tenía que ver con la ayuda a los necesitados. Para el judío, el dar limosna era algo extremadamente sublime. De hecho, ellos consideraban el dar limosna como la encarnación de la piedad, la encarnación de la justicia moral del hombre. Incluso habían llegado a valorar el dar en secreto. Uno de los dichos de los rabinos de esa época decía que el que da en secreto es mayor que Moisés. Imagínate cuánto ellos consideraban el dar como algo importante, porque Moisés para ellos era la figura máxima, y decían que dar en secreto es ser mayor que Moisés.

Para ellos el dar era equivalente a piedad. Y ahora tú entiendes por qué esta gente estaba tan interesada en ser vista públicamente a la hora de dar, porque esa sería la evidencia de que ciertamente él o ella era un hombre justo. Pero la manera como Cristo comienza el capítulo 6 de Mateo nos da una idea de que esto es algo sumamente peligroso. El hacer algo que Dios ha ordenado con la motivación incorrecta es sumamente peligroso, porque todos somos capaces de hacerlo. Todos lo hemos hecho, y es por eso que Cristo comienza con esta palabra: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres."

La palabra "cuidad" está en imperativo. Es una orden, es un mandato, no es una opción. Es algo que puede ser traducido también como "estate atento", "sé consciente", "presta atención". Y la manera entonces como Cristo comienza esto nos muestra la importancia que Él está dando. Ahora, no olvides que en un versículo anterior, Mateo 5:16 si mi memoria no me falla, Cristo nos animó a mostrar nuestras buenas obras delante de los hombres. De manera que Él no está prohibiendo el dar públicamente; Él está prohibiendo el dar públicamente para que otros nos vean. Esa es la prohibición: no es el acto, es la motivación del acto.

Y luego de esa advertencia, entonces pasa a decirnos, nos pasa a describir cómo no debemos dar, para luego hablarnos de cómo nosotros debiéramos hacerlo. Pero no hay duda: cuando tú revisas la Palabra de Dios desde la época del Antiguo Testamento, Dios ha estado extremadamente interesado en que sus hijos ayuden al que está en necesidad.

Yo quiero leerte dos o tres versículos del Antiguo Testamento para que veas el énfasis hasta donde Dios lo lleva. En Levítico 25:35 tú lees lo siguiente: "En caso de que un hermano tuyo empobrezca y sus medios para contigo decaigan, tú lo sustentarás como a un forastero o peregrino, para que viva contigo." Nota que ahora Cristo dice... Pero el Señor dice en Levítico: si un hermano tuyo se ha empobrecido, eso probablemente va a requerir no solamente que compartas tus ingresos con él, sino que lo traigas a tu casa, compartas tu techo, tu espacio, tu tiempo, todo lo que eres, tu presencia, tu vida. Tú lo sustentarás como a un forastero o peregrino para que viva contigo; es como si él no tuviera casa en ese lugar.

Escucha la próxima instrucción de Deuteronomio 15:7-8: "Si hay un menesteroso contigo, uno de tus hermanos, en cualquiera de tus ciudades en la tierra que el Señor tu Dios te dé, no endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre, sino que le abrirás libremente tu mano, y con generosidad le prestarás lo que le haga falta para cubrir sus necesidades." Nota el mandato y nota cómo Cristo lo califica. En primer lugar no dice simplemente: si tienes a este hermano entre los tuyos, ayúdalo. En segundo lugar nos dice: no endurezcas el corazón. En otras palabras, una de las razones por las que no ayudamos al necesitado es por el endurecimiento del corazón, la manera como nuestro corazón se ha ido haciendo insensible a la necesidad de los demás. Y en tercer lugar me dice: abre la mano, y abre la mano libremente. Con lo cual Cristo me está dejando ver que lamentablemente otra de las razones por las que no damos es porque vivimos así, con el puño cerrado, pensando que nunca nos vamos a ir de esta vida, pensando que esto nunca se va a acabar.

Y en parte la razón por la que vivimos de esa manera es porque somos controladores, y aquello que permanece en mi posesión yo lo puedo controlar. Y esa ilustración nos deja ver por qué en ocasiones —usted lo sabe porque quizá lo ha hecho, quizás se lo han contado— en ocasiones nosotros hemos sabido dar algo y luego de darlo queremos regular cómo se va a usar: "Yo te voy a dar esto, pero eso sí, no se lo des a fulano, no lo vayas a dar más para adelante, no lo vayas a compartir, que fue a ti que te lo di." Todavía tratando de controlar aquello que ha salido de nuestras manos. Y el Señor nos dice: abre la mano libremente, con generosidad, lo que haga falta para cubrir sus necesidades.

Levítico, Deuteronomio, seguimos avanzando. Salmos. Escucha esto porque esto es jugoso. Salmo 19:17: "El que se apiada del pobre presta al Señor, y Él lo recompensará por su buena obra." Parece mentira, pero de manera repetitiva Dios ha revelado en su Palabra que muchas veces Él se toma personalmente las acciones de los hombres. "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" A mí, de manera personal. "Yo no te estoy persiguiendo, Señor, es a los cristianos." "Sí, pero yo me tomo tu persecución de manera personal." Obviamente ese es un texto para hablar de necesidades, pero es un texto que nos ayuda a ver cómo verdaderamente Cristo se toma de manera personal muchas de nuestras acciones. Eso es consistente con estas otras palabras.

Escucha ahora en Mateo 25 a partir del 44: "Entonces ellos también responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?" Escucha cómo Cristo ha tomado esto de manera personal ahora: "En verdad os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, tampoco a mí me lo hicisteis."

De tal forma, lo que se nos enseña es preciso y consistente con lo que Dios ha revelado: el que ayuda al pobre, el que tiene piedad del pobre, presta al Señor. No hay duda de que Dios tiene un interés particular en cómo tú y yo vamos a vivir, y tampoco hay duda de que nuestras acciones le importan. Tampoco hay duda, como ya lo dijimos, que nuestras intenciones le importan, pero le importan tanto que las personaliza. Dice: "Cuando lo hiciste para uno de ellos, a mí me lo hiciste", pero "cuando no lo hiciste para uno de ellos, a mí tampoco me lo hiciste". En otras palabras, si tú no encuentras la motivación en esta persona para hacerlo correcto, entonces hazlo por mí, que lo compré, que lo redimí, que lo estoy preservando, que lo estoy formando a mi imagen, que le he dado mi Espíritu. Si no lo quieres hacer por él, entonces hazlo por mí.

Mateo 6 comienza examinando la motivación para dar, pero nos deja ver inmediatamente después que el dar no es una opción entre muchas que Dios nos ha dado, porque Cristo dice: "Cuando des limosna". Cuando des limosna, no "si decides dar limosna". "Cuando vayas a dar limosna". Y nota que ahora no está hablando de diezmar, le está hablando de esa otra ofrenda que damos para el que está necesitado. Nosotros tenemos ahora una clara instrucción de que necesitamos hacer esto y hacerlo de una manera que bendiga al Señor.

Muchas veces yo creo que pocas personas de las que vienen aquí no saben que eso es una ordenanza en la Palabra, y sin embargo, a la hora de dar, tenemos todo tipo de excusa para no hacerlo. Yo voy a mencionar algunas, y piense ahí si usted se puede identificar con alguna de ellas.

"Bueno, es que realmente no se lo merecen". Y Dios mira de arriba y dice: "Y tú tampoco mereces mis bendiciones, y yo te las he dado".

En otras ocasiones quizás decimos: "Es que no saben aprovechar lo que uno les da". Y el Señor dice: "¿Sabes qué? ¿Tú crees que tú has aprovechado correctamente el tiempo que yo te he dado? ¿La vida que yo te he dado, los dones y talentos que yo te he dado, los hijos que te he dado y las finanzas que te he dado? ¿Tú realmente crees que tú lo has aprovechado bien?". De manera que eso no es una excusa.

"Bueno, es que no son agradecidos". Yo creo que Cristo, cuando oye ese tipo de cosas, dice: "¿Tú has revisado bien tu récord últimamente, tu récord de vida? ¿Tú no recuerdas que por un largo tiempo de tu vida, cuando yo te di la vida, te di lo que tenías, tú no me seguías, no me hablabas, yo no te importaba, mi revelación apenas la leías, que se llamaba la Biblia? Y aún después de haber nacido de nuevo, ¿cuántas cosas yo te he dado por las cuales tú no te has mostrado agradecido? Con cada queja en cada circunstancia que tú tienes, es otra muestra más de que no tienes suficiente agradecimiento". Puede decir a la iglesia, ir a la población en Cuba, cerca, y descubrir cuán rico eres. Y nos quejamos de lo que no tenemos y de la escasez. De manera que la próxima vez que pienses que no puedes, que no debes ayudar a alguien porque no es agradecido, piensa en ti y en la ayuda que yo te he dado.

"Bueno, es que no saben administrar". ¿Tú chequeaste tus deudas últimamente? ¿Tú chequeaste tus tarjetas de crédito últimamente? ¿Tú chequeaste los líos en buen dominicano en los que has incurrido por falta de buena administración? De manera que eso tampoco debe ser una excusa para no dar.

Cuando no es una de esas, es nuestra inseguridad. "Bueno, pero si doy esto, o si doy tanto, quizá me falte mañana". Y el Señor dice: "¿Quién te ha sostenido hasta ahora? ¿Quién te ha dado lo que tienes? ¿Quién te sostuvo cuando naciste, cuando ni apenas sabías cómo comer? Yo no me olvidé de ti. ¿Por qué vives inseguro ahora de mi fidelidad, de mi provisión? ¿Por qué no sigues confiando en mí?".

Y otras veces no damos por nuestra forma egocéntrica de vivir, que ni siquiera nos percatamos de la necesidad del otro. Ni la he visto, pero no la quiero ver. Prefiero vivir un poco alejado de una realidad que me va a forzar a mí o a no dormir o a tener que hacer algo.

No podemos olvidar, como hemos venido enfatizando en los últimos mensajes, nosotros tenemos una misión: revelar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz. Y una de esas virtudes que Dios tiene es el dar, es el ser un dador ampliamente generoso. Y no ha habido una sola vez en la historia del hombre cuando Dios le haya dado al hombre algo motivado por lo que Dios vio en ese hombre. No lo ha habido ni lo va a haber. Dios nunca ha hecho nada que no sea motivado por su propio ser.

Por tanto, cuando el mundo le odiaba, tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo, no motivado por el amor del mundo, sino motivado por lo que Dios es. Dios es amor, Él ama, no tiene nada que ver con la condición del otro. Dios es un dador, Dios da, y no tiene nada que ver con la condición del otro. Si Dios hubiese esperado que nosotros tuviéramos buenas intenciones y puras intenciones para Él darnos, todavía estuviéramos esperando. Entonces, no es lo que vemos en el otro lo que nos debe mover a dar, sino lo que vemos en Jesús. Me dejaré decir eso otra vez: no es lo que vemos en el otro lo que nos debe mover a dar, sino lo que nosotros vemos en Jesús.

"Pastor, pero ha habido ocasiones en que Dios no ha dado. Me ha habido predicar incluso acerca de eso". No hay duda de eso, pero el sermón no es acerca de cuándo no dar, sino de cómo dar. En realidad, tenemos que ir buscando y hacer el énfasis en lo que el sermón está tratando, o la Palabra de Dios está tratando de comunicarnos hoy.

Esta gente quería dar, pero quería dar para conseguir la aprobación de los hombres. La verdad que es como difícil de entender, porque el ser humano está siempre tan preocupado con la aprobación del hombre por encima de la aprobación de Dios. Mentimos, por ejemplo, a veces simplemente para lucir bien, ¿ante quién? Ante los hombres. En vez de haber dicho la verdad para estar bien, ¿ante quién? Ante Dios. Somos incurables en cuanto a lo que es la búsqueda de la aprobación del hombre, y unos toman esa enfermedad y la llevan a un extremo. Y a la hora de dar, entonces resulta que ellos también quieren ser vistos públicamente.

Cristo dice: "No toques trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres". Probablemente el toque de trompeta era algo más simbólico, figurativo. No hagas alarde, no tienes que hacerle saber al otro que tú estás a punto de dar. Quizás eso era simplemente lo que Cristo estaba tratando de decir. Pero quizás pudo haber hecho alusión al hecho de que en el templo, en ocasiones, se tocaban trompetas para anunciar a los ciudadanos que era el tiempo de venir al templo a dar. Y quizás Cristo está haciendo referencia al hecho de que muchos de ellos esperaban a que las trompetas sonaran para ir al templo, porque de esa manera la población sabría que ellos estaban yendo al templo. Quizás tiene que ver con eso.

Pero Cristo habla de que aquellos que eran de esa manera son hipócritas. Aquellos que tratan de hacer algo para ganarse el favor de los hombres, olvidando todo el tiempo el favor de Dios, o haciendo creer que lo están haciendo para Dios, los llama hipócritas. Y un hipócrita, recuerden que hablamos de esto en uno de los sermones anteriores, fue una palabra usada para un actor de teatro en Grecia que estaba tratando de ocultar su verdadera identidad. Y de esa forma, entonces, cuando Cristo nos llama hipócritas al dar de esa manera, dice: "¿Sabes qué? Detrás de la limosna hay otra cara. La limosna es la máscara". Eso es exactamente lo que Él está diciendo a estos hombres.

Para el fariseo, el dar era algo como decíamos extraordinario. Les daré un par de pasajes de dos libros deuterocanónicos que no son considerados inspirados por Dios. No los tenemos en nuestras Biblias; la Iglesia de Roma sí los tiene. Pero estos libros, no inspirados, no infalibles, sí nos dan una idea de cómo pensó el hombre en ese momento, entre el final del Antiguo Testamento y los primeros cien años del Nuevo Testamento, cuando estos libros se escribieron.

Tobías es uno de esos libros. Capítulo 2, versículo 8, una parte del versículo ocho dice: "Es mejor dar limosna que amontonar oro". Bueno, está ahí, vamos bien: es mejor dar limosna que acumular oro. "La limosna libra de la muerte y purga todo pecado". ¡Wow!

Y Eclesiástico 3:14 dice: "La limosna que se le da a un padre no se borrará, y como restitución por pecado arraigará firmemente. En el día de la aflicción se tendrá presente en tu crédito. Borrará tus iniquidades como el calor la escarcha". ¡Wow!

Realmente esta gente creía que por dinero yo podía obtener el perdón de Dios. Eso es exactamente lo que irritó a Lutero cuando Lutero se encuentra con la venta de las indulgencias, porque Roma estaba vendiendo el perdón de pecados por dinero y usando el dinero dado para perdón de pecado para construir la Basílica de San Pedro. Y eso es lo que irrita a Lutero.

Los mercaderes del evangelio de la prosperidad no tienen ninguna diferencia con esas prácticas, porque hoy en día se paran frente a una cámara de televisión y le ofrecen bendiciones al creyente a cambio de dinero. Me contaba alguien muy cercano a mí hace unos días atrás que le estaba viendo a uno de estos programas, y estaba bien chocado por lo que estaba ocurriendo y oyendo. Pero en un momento, alguien está pidiendo una petición para que oren por ella y luego hace una ofrenda, porque la oración que le van a hacer es a cambio de esta ofrenda. Y ella ofreció una pequeña cantidad de dinero. La persona me dijo cuánto era, pero yo no recuerdo, pero era muy pequeña. Y frente a la cámara, este hombre fue capaz de decir: "Señora, pero eso no da ni para un Padre Nuestro".

Ahora, hermanos, yo no quiero ofender a nadie de los que hizo esto, de verdad, créanme, porque yo lo he hecho también. Pero eso, antes de movernos a la risa, debiera movernos al llanto y al dolor.

Yo sé, yo he estado ahí, yo me he reído por cosas de ese tipo, yo entiendo. Pero la razón por la que ocurre es porque nos hemos insensibilizado tanto a estas realidades, que ya son más jocosas que dolorosas. Que podamos pisotear la sangre de Cristo, derramada para el perdón de los pecados, ofreciendo bendiciones y perdón de esos pecados a cambio de dinero. Y eso es en nombre de Cristo.

Pero la pregunta es, escúcheme, porque yo creo que esto es vital y nos va a ayudar a entender algunas cosas acerca del corazón del hombre: ¿Por qué la gente piensa, pensó y piensa, que el dar dinero le confiere un estatus especial delante de Dios? Yo recuerdo haber cenado dos veces con alguien que yo mencionaba. Es dominicano, yo mencionaba su nombre, no hay una persona en mi casa que no lo conozca, y una enorme cantidad de personas fuera de la República Dominicana que le conocen. Y yo cenaba con él, estaba hablando de esta práctica bochornosa de dar. Porque él está en eso, yo le decía: "Yo no estoy dando, fulano, para que Dios me devuelva." Y sin pensarlo dos veces me dijo, eran casi las 12 de la noche, teníamos desde las 9, 8 y media discutiendo: "Si tú no das para que Dios te devuelva, entonces ¿para qué tú das?" Y fulano, no tenemos más nada que hablar, la conversación ha terminado. Y dije tres cosas más, terminamos, ya no había más nada que decir. En otras palabras, él estaba tratando de comunicarme que la única razón para dar es que Dios nos devuelva, como si Dios fuera un banco donde nosotros invertimos.

Porque la gente piensa entonces que el dar dinero te confiere un estatus especial delante de Dios, yo creo, yo estoy convencido, que hay dos razones. Quizá haya más o quizá estoy equivocado, pero este es mi convencimiento. Salmo 51 nos da una idea, dice: "Pensaste que yo era tal como tú." Yo creo que esa es la razón número uno. Como el dinero es tan importante para nosotros, a la hora de relacionarnos con Dios, nosotros pensamos que el dinero es de igual importancia para Dios, porque hemos pensado que Dios es como nosotros. Pensaste que yo era tal como tú, pensaste que a mí me mueve lo que a ti te mueve, pensaste que yo pienso como tú piensas. Y como nosotros estamos siempre, el ser humano me estoy refiriendo, tan dispuestos a dar dinero, mejor dicho, estamos siempre tan dispuestos a hacer muchas cosas por dinero, nosotros pensamos que Dios también está dispuesto a hacer tantas otras cosas por ese dinero. Y así lo pensamos, así humanizamos a Dios, así pensamos acerca de Dios. Razón número uno: nuestro concepto de Dios es humano, es humanizante, no es divino, es terrenal, es de aquí abajo. Bueno, si yo estoy dispuesto a hacer esto por dinero, como yo pienso que Dios es como yo, Dios lo va a hacer por dinero y me va a conferir un estatus especial.

En segundo lugar, nosotros no podemos olvidar que el dinero realmente es un ídolo y nosotros le hemos dado un estatus al dinero que nos convierte a nosotros en idólatras. Entonces, escucha ahora, la gente que prefiere orarle a un intermediario antes que a Dios ha tomado ese intermediario y lo ha vuelto un ídolo. Y de manera que cuando lo preguntamos, porque lo he hecho múltiples veces, ¿por qué prefieres orarle a este intermediario y no directamente a Dios? La respuesta es: "No, porque él puede conseguir cosas que yo no puedo conseguir." De manera que nosotros realmente creemos que los intermediarios pueden conseguirme un favor de parte de Dios que yo no pudiera alcanzar. El dinero es uno de esos ídolos, es uno de esos intermediarios, y pensamos que este otro ídolo también me puede conseguir un favor con Dios que de otra manera yo no lo pudiera alcanzar. Claro que nosotros no lo pensamos así, no lo explicamos así, no lo razonamos así, pero es así. Los ídolos para el hombre consiguen cosas ante Dios que él no podría conseguir de otra manera. El dinero es un ídolo, el dinero es un dios.

Cristo dijo que el dinero era un ídolo, aunque lo dijo con otras palabras, pero lo dijo: "No podéis servir a dos señores, porque o aborreceréis a uno y amaréis al otro, o os apegaréis a uno y despreciaréis al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." Pero cuando Cristo dice "no podéis servir a dos señores" en el contexto de la conversación, nada más hay dos señores. ¿Y cuáles son los nombres de esos dos señores? Cristo, que es Dios, y el otro señor, ¿cuál es? El dinero. Y Cristo dice: cuando me amas a mí no le das mucha importancia al dinero, cuando amas al dinero no me das mucha importancia a mí, no nos puedes amar juntos. Yo no necesito tener mucho dinero y ser rico para amar el dinero, y al mismo tiempo puedo tener mucho y no amar el dinero. Ahí están los ejemplos bíblicos, pero lamentablemente el dinero compite con Dios.

Escuchemos las palabras de Pablo a Timoteo: "Los que se quieren enriquecer caen en todo tipo de tentación y lazo." Yo puedo ser muy pobre y tener esa enfermedad de amar el dinero. De hecho, la advertencia es para los que se quieren enriquecer. Eso no dice que la enfermedad no puede ser parte de todos los estratos sociales, sino que Pablo está tratando de comunicarle a Timoteo: no es cuánto tengo lo que revela la enfermedad, es lo que quiero lo que revela la enfermedad. Y una de esas cosas es el querer enriquecerme. Sé que Dios puede dar la riqueza, pero no tenemos que buscarla. Tenemos que hacer lo que nos toca hacer y Dios bendecirá con mucho o con poco conforme a su llamado para cada uno de nosotros.

Entonces ya vemos cómo no podemos dar, cómo no debemos dar, ya vimos las excusas por las que no damos. Ahora estamos viendo por qué el hombre piensa que el dinero le puede conferir un estatus especial delante de Dios. Preguntémonos ahora, antes que mi voz se acabe de ir: ¿Cuáles son algunas de las razones por las que damos incorrectamente? Que probablemente quizás no anunciamos como trompetas que estamos dando, pero ¿cuáles son algunas de las razones por las que a veces la gente da?

Una vez es un sentido de culpa. Pasaron el plato, la persona de aquí está dando, la persona de aquí está dando, déjame dar porque qué me van a decir. Entonces un sentido de falsa culpa, porque ni siquiera es real la culpa. La culpa real es aquella que Dios promueve en mi conciencia y me habla a mí a través de la voz de la conciencia. Aquí lo que me ha movido es la apariencia. ¿Qué voy a aparentar? Déjame dar porque qué voy a aparentar. Cristo dice no, esa no es una razón.

A veces damos por el sentido del deber. No es que queremos, no es que amamos dar, pero hay que dar. Es un deber. Bueno, eso es mejor que no dar porque es por lo menos responsable, pero no es lo que Dios anda buscando. Porque cuando doy por deber, no me estoy dando a mí mismo, simplemente estoy dando del bolsillo.

Otras veces damos por obligación. Hasta una esposa a veces nos empuja, nos dice, nos presiona, y bajo esa obligación terminamos dando. Pero de nuevo, esa no es la manera como Dios se complace al ver nuestras dádivas.

Escucha cómo la Palabra dice que Dios tiene en su corazón, permítame ilustrarlo de esta manera, un rinconcito especial para aquellos que dan alegremente. Aquellos que cuando encuentran una oportunidad para dar se alegran. Que cuando se le habla del diezmo no se sienten presionados. Que cuando pasan una alcancía no dicen: "Yo no sé para qué es esto." Oye, qué bueno, otra oportunidad para dar algo. Dios ama al dador alegre. Dios ama al dador, pero no a todo tipo, según lo que la Palabra dice. Al dador alegre. El dador por culpa aquí no se registra eso. El dador por obligación aquí tampoco se registra. El dador por deber, eso tiene mérito aquí arriba. Mérito tiene el que quiere siempre encontrar una oportunidad para dar algo, y si no puede dar mucho, pero lo que pueda, y se alegra. Esa persona tiene un corazón agradecido, y cuando das por agradecimiento, cuando tú das por agradecimiento, tú estás lleno de gozo al dar. Te sientes tan bendecido de haber recibido lo que has recibido.

Y hay algo que yo puedo testificar es que en mi vida personas que me han tocado inmensamente con sus dádivas son personas de muy escasos recursos. Aquí en el país yo he visto tratar de quitarse lo poco que tienen, e incluso en ocasiones tratar de buscar lo que no tienen para dar. Una historia de hace años atrás, creo que la persona se llamaba Raymond o algo así como Hammond, un haitiano. En una ocasión la iglesia a la que él pertenecía celebró una cena. Y entonces una de las cosas que se había hecho es que se había pedido donación para hacer la cena y luego celebrar juntos lo que pudieran. Bueno, esa noche una de las misioneras que organizó esto notó que él, no sé si Hammond o Raymond como fuera su nombre, no estaba. Y le extrañó porque era un hombre muy comprometido. Entonces ella fue al otro día a preguntarle qué pasó, y ella le dijo: "Raymond, Hammond, ¿por qué no viniste?" Y él le dice: "Porque no tenía camisa." La misionera le dice: "¿Cómo que no tenías camisa? ¿Y la camisa con la que yo te he visto venir a la iglesia?" "Esa no, yo la vendí antes de ayer para dar la donación."

¿Te das cuenta lo que es un corazón dadivoso, generoso, alegre al dar? Hasta que duele, hasta que no tiene, y considera que la sangre dada en la cruz no tiene punto de comparación con la obra de dar. Y por eso da por agradecimiento, da porque tiene su corazón en el lugar correcto. ¿En qué otro reino tú tienes garantía de que tu inversión producirá intereses por la eternidad? Solamente hay un lugar donde tú puedes hacer eso: el Reino de los Cielos. La bolsa de valores de los cielos nunca ha cambiado. Su peso nunca se ha devaluado, nunca ha estado en riesgo. Pueden venir tsunamis, van tsunamis, vienen, y la bolsa de valores del Reino de los Cielos se mantiene estable.

Nosotros no vamos a pasar la vida aquí para construir este reino aquí. Cristo nos habla de poner nuestro tesoro en el Reino de los Cielos, porque donde está mi tesoro ahí va a estar mi corazón. Y muchas veces la preocupación principal es por tener el tesoro aquí, y Cristo dice: ¿para qué?

Cuando llegas al reino de los cielos, no vas a tener muchas cosas, no va a haber tesoro que te siga. Lo vas a haber dejado atrás y perdiste la oportunidad de invertir para el resto de la eternidad, por invertir en un lugar donde te daban cuarenta, cincuenta años de beneficio.

Cristo quiere, por otro lado, que yo dé por compasión. Cristo andaba predicando, la gente venía donde Cristo por todo tipo de motivos egoístas, pero recuerda, no era por Cristo que venían. Él se los dijo. En un momento dado él vio la multitud y se demacró una cosa, se llenó en ganas. "Yo sé que ustedes están aquí porque yo les di pan ayer." ¿Se acuerdan de ese pasaje? "Porque ustedes se llenaron el estómago ayer." Se los dice así mismo. "Pero ayer yo no se los di porque ustedes tenían buenas intenciones, porque yo conocía la intención cuando se los di, la de ayer y la de hoy. Yo se los di porque yo soy un dador, y dadores dan." Y el dar del dador, muchas veces, comienza a cambiar el corazón del receptor, de aquel que recibe, de aquel que no conoce a Dios. Necesitamos compasión, pero Cristo nos ha dicho, recuerda, que nosotros tenemos que revelar, reflejar sus virtudes, y la compasión es una de ellas. Lo que necesito es más compasión a la vez para poder dar de esa manera.

Cristo recuerda a esta gente que estaba oyendo sus palabras: "Cuando vosotros dais para ser vistos, ya han recibido su recompensa." En otras palabras, como eso no se registró en el reino de los cielos, como eso no tiene crédito allá arriba, cuando yo entre en gloria, no reclame nada de lo que tú diste y vacilaron. Si diste por la motivación incorrecta, si ya recibiste lo que es tu recompensa, si ya la recibí, ¿cuál es mi recompensa? El aplauso de los hombres, nomás. La aprobación de los hombres, nomás. Lo que yo estoy diciendo: ya lo recibiste, ya no hay más nada que darte, ya no hay nada más que procurar, ya todo está dicho y hecho. Y eso debe llevarnos a nosotros entonces a revisar nuestras motivaciones como dadores, y a revisar la cantidad que estamos dispuestos a dar a la hora de dar, y a pedirle a Dios que cambie nuestra naturaleza para que nos convierta en un verdadero dador. Todo eso relacionado a la primera parte del texto que habla de cómo no dar.

Pero luego Cristo pasa a describir cómo debiéramos dar. Pero recuerda, en el contexto de lo que está pasando en ese momento: "Pero tú, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha, para que tu limosna sea en secreto." Obviamente, eso es una forma simbólica de hablar, porque la mano derecha no piensa para enterarse lo que está haciendo, ni hay manera de ocultar de una parte de mí lo que hizo la otra parte. Cristo está diciendo: no hay necesidad de dar para que te vean. Una vez más, eso no implica que si un día, como lo hemos hecho, ponemos una urna aquí y decimos: "¿Cómo van a entender el tiempo de venir y ofrendar?" y usted viene, ¿qué es sospechoso? Él no está prohibiendo dar públicamente. Él está prohibiendo, en el contexto de lo que está ocurriendo, el dar públicamente para ser visto. Él dice: "Bueno, una mejor manera sería darlo en secreto, que ni siquiera tu mano, la mano contraria, se entere de lo que ha hecho la otra mano."

Entonces se dice: "Para que tu limosna sea en secreto, y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará." La otra ya fue recompensada aquí en la tierra: el aplauso de los hombres, ya recibió la recompensa. Esta que tiene la motivación correcta será mejor recompensada en el futuro; el Padre que ve lo que tú haces en secreto será quien terminará recompensándote.

La satisfacción que he recibido La satisfacción que he recibido, la Palabra de Dios conoce nuestro corazón. La Palabra de Dios sabe que nosotros muchas veces hemos creído que Dios es tal como nosotros somos, y ¿qué ocurre? Nosotros hacemos promesas que no cumplimos. Nosotros hacemos ofertas que luego no otorgamos, y por eso Dios entonces se ha preocupado de reiterativamente recordarnos no solamente de su fidelidad, sino de recordarnos que Él jamás va a olvidar lo que hacemos aquí abajo. Y es por eso que entonces Él dice en un momento dado, en 1 Corintios 15: "Vuestra labor no es en vano."

Ahora me dice: "Da en secreto para que tu limosna sea en secreto, y tu Padre que ve en secreto te recompensará." Nos recuerda que Dios va a recordar lo que he hecho. El autor de Hebreos, otra vez escucha, el autor de Hebreos 6:10, Dios hablando por medio de él: "Porque Dios no es injusto como para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos." El autor de Hebreos está diciendo: recuerda, Dios no es injusto. En otras palabras, si Dios te ordenara dar y te promete recompensar y no lo hace, sería injusto. Dios no es injusto para olvidarse de vuestra obra. Tú no lo haces por la recompensa, pero Él te quiere recordar que Dios no es injusto para recompensarte porque lo ha prometido.

Mira qué más: Dios no va a olvidar, y del amor que habéis mostrado hacia su nombre. Escucha ahora, porque ya hablamos de esto, pero yo quiero verlo y traerlo desde otro ángulo: "Habiendo servido y sirviendo aún a los santos." ¿De qué manera yo mostré amor al nombre de Cristo de acuerdo a este texto? Sirviendo a otros. Habiendo servido y habiendo servido a los santos, cuando hiciste eso, serviste por amor a mi nombre. "Cuando hiciste esto a uno de estos más pequeños, a mí me lo hiciste. Cuando no lo hiciste, a mí no me lo hiciste." Dios se toma de manera personal las acciones buenas hechas a favor de los demás, y sobre todo de los santos, y se toma de manera personal las acciones no hechas a los demás, y sobre todo cuando no son hechas a los santos. Una vez más: "Dios no es injusto para olvidarse de vuestra obra y del amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos."

Hermanos, la razón para dar no está en el otro, está en el amor que profesamos por el nombre de Dios. No está en el otro. "Bueno, pastor, ¿y si la persona es irresponsable?" En otros sermones hemos hablado de eso. Este no es ese sermón. Este es el sermón de cómo dar, cómo motivar a dar y cuál es la razón para dar.

Es la fidelidad del recompensador donde está nuestra esperanza. El hecho de que quien me va a recompensar es Dios debía animarme. ¿Por qué? Bueno, porque Dios es fiel. Bueno, porque Dios no olvida lo que ha prometido. Bueno, porque como Dios es Dios, cada cosa que Dios hace es lo mejor que se puede hacer. Cuando Dios termine de recompensarme, Él me habrá dado la mejor recompensa que se puede obtener en el universo. ¿Por qué? Porque viene de Dios, y ya Él mostró que eso es verdad, porque cuando Él tuvo que comprarme, me compró con la mejor sangre que Él podía obtener: la sangre de su Hijo. Y de esa misma manera, cuando Él tenga que recompensarme, Él me recompensará con lo mejor que podrá haber en todo el universo.

Recuerda el texto del Antiguo Testamento en Levítico cuando hablaba de que si tu hermano empobrece, que cuides de él y te lo lleves incluso para tu casa. Eso es exactamente lo que Dios va a hacer con nosotros. Yo decía que Dios está pidiendo en esos casos que compartas tu techo, tu espacio, tu vida, tu tiempo, porque eso, poco o mucho que tengas, Dios va a hacer exactamente eso. Nos va a llevar a su morada, a su casa, y va a compartir conmigo su riqueza, su gloria, su presencia, su poder, su gracia, su Hijo, todo lo que Él tiene y todo lo que Él es. De hecho, la recompensa es Dios mismo y todo lo que representa. Pero mi recompensa es Dios mismo.

Por eso es que nosotros, cuando hablamos del cielo, hablamos del futuro, nos alegramos, decimos: "¡Aleluya! ¡Qué lindo va a ser! ¡Y Dios allá arriba!" No, no, no, no, no. Ustedes lo pueden decir y también que lo digan, pero no tienen ni idea. Ojos humanos no han visto. Ustedes se están alegrando por lo que se puedan imaginar cómo esto va a ser, pero yo quiero decirles que es un millón de veces, infinitamente más de lo que ustedes pueden pensar. Ustedes no tienen idea. Cuando ustedes entren en gloria van a decir: "¿Y esto era así? Yo de ojos había leído, de oídos había oído sermones, pero ahora mis ojos verdaderos, glorificados, han visto lo que tú habías preparado, Dios."

Dios nos va a recompensar. Oye, qué más es importante: la recompensa de Dios. ¡Cuántas cosas nosotros no hemos recibido de parte de Dios y nosotros hemos corrompido el regalo! ¡Cuántas otras cosas hemos recibido y eso recibido me ha corrompido a mí! No debió, pero mi carne lo permitió. Cuando yo entre en gloria y Dios me conceda la recompensa final, ni yo la voy a corromper ni su recompensa me va a corromper a mí, porque es santa y nosotros habríamos sido santificados por completo en ese momento.

Pero yo quiero decirte algo más: la promesa de Dios, no comienza la entrega de sus promesas, no comienza el día que yo entre en gloria. Déjame ir cerrando con esto. "En verdad os digo, no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o tierras, por causa de mí y por causa del satisfacción que he recibido evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo: casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, junto con persecuciones" —claro, no se puede quedar fuera— "y en el siglo venidero, la vida eterna." Cristo está diciendo: cuando tú dejas madre, padre e hijos, cuando tú dejas lo mejor que tú tienes porque es necesario, porque yo te he llamado a hacerlo, por causa del evangelio, por causa de mi nombre, yo te prometo que voy a comenzar a recompensar tu sacrificio antes de que mueras, porque voy a comenzar a recompensarte en esta tierra, en este tiempo, en este siglo. Pero quiero recordarte que tu mejor recompensa será en el siglo venidero, cuando recibas el cumplimiento de la vida eterna.

De manera que ahora nosotros tenemos la motivación clara para dar. Debemos dar, en primer lugar, no por lo que vemos en el otro, sino por lo que vemos en Jesús. En segundo lugar, debemos dar porque yo he sido llamado a revelar, a reflejar las virtudes de aquel que me llamó, y el dar, el ser dadivoso, generoso, es una de ellas. Yo tengo que mostrar eso.

Yo debo dar porque Cristo me ha dicho que cuando yo doy con las motivaciones correctas, Él, el recompensador, tiene mis recompensas garantizadas. Yo debo dar porque yo he recibido tanto que mi corazón debería estar agradecido para dar generosamente y alegremente. Y cuando lo hago de esa manera, tengo la garantía de que tengo un reconocimiento especial en el corazón de Dios, porque Dios ama al dador alegre.

Yo debo dar en reconocimiento de que tengo mucho más de lo que necesito y que hay a mi alrededor quien tiene mucho menos de lo que amerita. Yo debo dar porque mi corazón no debe estar en este reino terrenal, sino en el de los cielos, y donde esté mi tesoro ahí estará mi corazón.

Yo debo dar porque el dinero es un ídolo, y los ídolos hay que profanarlos, y la única manera de profanar el dinero es regalándolo, para citar a Richard Foster. El dinero es un ídolo, hay que profanarlo, y la única manera de profanar el dinero es regalándolo.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.