Si Jehová no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Esta declaración del Salmo 127 confronta una realidad incómoda: muchas familias colapsan no por falta de programas, recursos o actividades, sino porque han intentado construirse sin consultar el plano de Dios. Como las casas de Puerto Príncipe que cayeron el 12 de enero porque fueron levantadas sin varillas ni diseño, así se derrumban hogares enteros en medio de los terremotos emocionales de nuestra generación.
El problema no es la ausencia de esfuerzo religioso. Dios no unge programas ni disciplinados; unge vidas transformadas que lo buscan en intimidad. Hay una diferencia entre buscar a Dios por sus beneficios y buscarlo por lo que Él es. Cuando el salmista clama "como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti mi alma", está en el desierto, tiene sed física, pero dice: mi lengua tiene sed, pero yo tengo sed de Dios. Job perdió todo y nunca pidió que le devolvieran sus posesiones; solo quería ver el rostro de Dios.
Los hijos son comparados con flechas que deben prepararse individualmente, con propósito, y lanzarse hacia un blanco definido. Esto requiere padres que caminen con Dios y caminen con sus hijos. El pastor Núñez recuerda cómo su padre no simplemente le compraba libros, sino que salían juntos, los revisaban, y se levantaban temprano a leerlos. Bienaventurado el hombre que teme a Jehová: su mujer será como vid fecunda, sus hijos como plantas de olivo. La bendición de una generación depende de que Dios sea no una parte importante de la vida, sino el eje sobre el cual gira todo lo demás.
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Quiero invitar a los hermanos a que abran la Palabra de Dios en el Salmo 127 para darle continuación a lo que algunos de nosotros escuchamos el fin de semana que acaba de pasar. De esa misma manera, yo puedo darle cierta continuación a algunas de las cosas que compartí fuera de nuestro país. Salmo 127, lo vamos a leer junto con el 128. Son dos salmos que hablan de la misma cosa y tienen que ver con la importancia de Dios en nuestras familias. Lo vamos a leer juntos, corrido, y luego yo me voy a detener para que podamos exponer la Palabra de Dios.
Salmo 127: "Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. Es en vano que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanes, al amado pues él da su sueño mientras duerme. He aquí, don del Señor son los hijos, recompensa es el fruto del vientre. Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que de ellos tiene llena su aljaba, no será avergonzado cuando hable con sus enemigos en la puerta."
Salmo 128: "Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en sus caminos. Cuando comas del trabajo de tus manos, dichoso serás y te irá bien. Tu mujer será como fecunda vid en el interior de tu casa, tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa. He aquí que así será bendecido el hombre que teme al Señor. El Señor te bendiga desde Sion, veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida, y veas a los hijos de tus hijos. Paz sea sobre Israel."
Padre, gracias. Gracias por recordarnos el rol, el papel, el lugar que tú debes ocupar en las familias de la tierra, pero en especial en las familias que tú has llamado a ser bendecidas en tu nombre. Padre, cuida a quien habla, mira que es muy falible, mira que si lo dejas solo se desviará. Te pedimos que tú seas con él, que le des sabiduría, que le des guianza, que traces el cauce por donde tu Palabra ha de ser traída esta mañana. Y te damos gracias, porque al ser tu Palabra, tú estás más interesado que cualquiera de nosotros en protegerla. Protégela, Dios, en tu nombre. Amén, amén.
Estos dos salmos forman parte de un grupo de quince salmos que son llamados salmos de ascenso. Con toda probabilidad, estos fueron salmos que el pueblo cantó mientras ascendía a Jerusalén durante las celebraciones festivas, sus celebraciones religiosas, que son del Salmo 120 al Salmo 134. Algunos de ellos fueron compuestos por David: el Salmo 122, 124, 131, 133. El Salmo 127 que yo acabo de leer se le atribuye a Salomón, junto con el Salmo 72, aunque este último no forma parte de los salmos de ascenso. El Salmo 128, que completa la idea del anterior, no tenemos idea, no tenemos claridad acerca de quién fue su autor.
Pero sin lugar a dudas, independientemente de su autor, estos dos salmos van de la mano, y ambos nos hablan del rol que Dios debe jugar en la formación de las familias. Que Dios debe ser la piedra angular, la columna vertebral sobre la que debe descansar toda familia. Que Dios es la pieza clave para que las familias puedan funcionar armónicamente, para que las familias puedan ser bendecidas, puedan ser fructíferas, para que las familias puedan ser cobijadas bajo su sombra. Hay una manera de hacerlo y solo una, y si no es de esa manera, Dios dice: es en vano que traten de levantar ese núcleo familiar.
El Salmo 127 comienza haciendo un énfasis sobre la familia; el Salmo 128 termina hablando acerca de la nación de Israel. De tal manera que, de alguna forma, el salmista está tratando de ayudarnos a entender que la salud de la familia va a determinar la salud de una nación. Una nación está tan sana o tan enferma como estén sus familias.
El salmista, de una forma muy breve, nos deja ver qué se requiere para garantizar nuestras familias y nos dice: "A menos que Jehová edifique la casa, en vano se afanan sus constructores." En el hebreo, los lingüistas nos dicen que este énfasis es todavía mayor, porque la frase no termina con la palabra "en vano", sino que comienza con la palabra "en vano". Y entonces diría: "En vano se afanan los constructores si Jehová no edifica la casa, y en vano vela la guardia si Jehová no guarda la ciudad." De manera que el énfasis es fuerte, extraordinario, acerca de lo inútil, lo inservible, lo insignificante, lo infructífero, lo estéril que sería, lo improductivo que sería, cuán sin propósito sería tratar de levantar una familia, una ciudad, una vida, si Jehová no está edificando esa casa, esa familia, esa ciudad.
La pregunta es: ¿qué significa? ¿Qué significa que Jehová sea quien edifica la casa? Es en vano, esa es la idea. Esa palabra "en vano" en el original es muy fuerte. En un sentido, tratar de hacer algo donde Jehová no sea el centro, es en vano que tratamos de levantar nuestros matrimonios o una familia o una casa, para usar la metáfora del salmista. Y sin embargo, eso es exactamente lo que muchos tratan o han tratado de hacer. Dios es el arquitecto, Dios es el ingeniero, Dios es el maestro constructor, y este es su plano, lo que llaman en inglés el blueprint. Este es el plano que ha establecido para nosotros levantar nuestras familias.
Yo creo que resultaría inconcebible pensar en un ingeniero, en un arquitecto, en un maestro constructor que trate de levantar una casa sin consultar el plano primero. Y yo creo que si a ti te enseñaran una ciudad cuyas casas fueron levantadas sin planos, o sin haberse consultado los planos, y luego te enseñan la misma ciudad tiempo después cuyas casas colapsaron, yo creo que no nos extrañaría saber por qué.
Eso fue exactamente lo que ocurrió el 12 de enero de este año en la ciudad de Puerto Príncipe, donde una gran cantidad de las casas colapsaron porque fueron levantadas sin planos. En algunos casos, en muchos casos, no había ni siquiera varillas en las paredes. Eso es exactamente lo que está ocurriendo hoy en día: múltiples familias colapsando en medio de los terremotos emocionales de la vida de nuestra generación porque han sido levantadas sin consultarse el plano. Y ese plano que Dios nos dio, nos lo dio hace muchos, muchos años atrás, y Él no lo ha cambiado.
Mel Blackaby, para aquellos que estuvieron aquí o que estuvieron viéndolo por internet, nos recordaba cómo Satanás anda como león rugiente buscando a quién devorar, y cuyo tema o cuyo objetivo principal frecuentemente es la familia. Él compartía eso el sábado en la mañana. Y nos decía, para darnos una idea y dejarnos a nosotros la congregación una reflexión más profunda, nos daba una idea a través de algunas estadísticas tristes y nos decía que en su lugar donde ministra, el 50 por ciento de los matrimonios pastorales hoy en día terminan en divorcio. Nos decía que el 80 por ciento de aquellos que están saliendo de los seminarios y que van a una iglesia, abandonan el pastorado en los primeros cinco años. Y que de los pastores hoy en día pastoreando, si la tendencia no cambia, solamente el 10 por ciento terminará su vida como pastor; el resto lo habrá abandonado en el camino. Y él nos llamaba a la reflexión a nosotros como líderes, pero también yo creo que a la congregación en general, acerca de la necesidad que tenemos de construir nuestras familias de una manera diferente.
¿Cómo es posible que el siglo XX, el siglo XXI, que cuenta con más programas ministeriales, más programas para las familias, más cursos, más discipulados, las familias parezcan estar en peores condiciones que generaciones anteriores, o aun cuando la iglesia comenzaba a levantarse? Yo creo que la respuesta es sencilla, y es que Dios no unge programas, no unge actividades, no unge discipulados. Dios unge vidas, vidas cambiadas, transformadas, que le buscan en intimidad, vidas que caminan con Él, vidas de oración, hombres y mujeres que han decidido dedicar su vida y caminar con Él.
Muchas veces las familias llegan a las iglesias, y no hay duda de que en ocasiones Dios usa estas circunstancias como llegan, pero yo quiero traer a colación esto porque frecuentemente eso perdura en el tiempo: es que comenzamos a buscar de Dios por una necesidad. Solamente porque necesito que Dios me arregle esta situación. Amigos, le acaban de diagnosticar una enfermedad terminal. Mi matrimonio está en una condición difícil. Mi trabajo está a punto de irse a tierra. Entonces comenzamos a buscar a Dios solamente por esa necesidad, y eso explica por qué muchas veces, pasado el problema, esa es la persona que termina alejándose del mismo Dios que él buscó cuando estaba el problema.
Y Dios tiene un problema. Y es que Dios nos ha dicho: si me buscas por lo que yo te puedo dar, si me buscas por lo que yo te puedo ofrecer, si me buscas solamente por mis beneficios, tú vas a encontrar que yo soy un Dios elusivo, que yo soy un Dios que no se deja encontrar. Porque mi promesa ha sido, que nos fue recordada en este fin de semana: "Me buscaréis y me encontraréis." Pero hay una condicionante para encontrarme, una condicionante para mi búsqueda: me encontraréis cuando me busquéis de todo corazón, por lo que soy, no por lo que doy. ¿Te das cuenta?
Dios rehúsa ser encontrado como aquella persona que anda buscando un abrigo en momento de frío, pero pasado el frío, llegado el verano, ya no tiene mucho interés en el abrigo porque no me sirve para nada. Y Dios rehúsa ser usado de esa manera. Dios no quiere ser un calmante para cuando me duele la cabeza, en quien yo ya no tengo interés pasado el dolor de cabeza. Él quiere ser alguien que es buscado por lo que Él es. Ahora, si lo buscas por lo que Él es, encontrarás que Dios es un Dios que quiere ser encontrado.
De hecho, Él me envió a su Hijo para revelarme al Padre, de manera que la intención número uno de Dios Padre es revelárseme, hasta el punto que se atrevió a enviarme a su propio Hijo para darme su revelación. Y venimos donde Dios y le decimos: "Pero sabes qué, no quiero tu revelación, lo que quiero son tus beneficios. Dame tus beneficios, te puedes quedar con tu revelación." Y dice: "No, es que no puedes tener una cosa sin la otra."
Déjame decirte cuál es el problema: es que aquellas cosas que son sus beneficios, que son beneficios temporales muchas veces, y que Él me da, una vez yo paso la línea de la eternidad y miro para atrás, no me sirven para nada. No me los puedo llevar, no me pueden dar seguridad, yo no puedo presentarme con ellos ante el tribunal de Cristo. Y todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de todo lo que hayamos hecho, sea bueno o sea malo, 2 Corintios 5:10. No me sirve.
¿Cómo luce, cómo suena, cómo dice la Palabra que luce un hombre que busca a Dios por lo que Él es? Porque para buscarlo por lo que Él es, tú tienes que amarlo. Se nos recordaba este fin de semana que tengo que amarlo con todo mi corazón, con toda mi mente y con toda mi fuerza. ¿Cómo luce ese hombre? Déjame leértelo, déjame leerte algunas cosas de la Palabra de Dios, recordaba algunas cosas porque aquí está la clave, la respuesta.
Salmo 42: "Como el ciervo anhela las corrientes de agua, así suspira por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente." Escucha, el salmista está en el desierto en ese momento, está en carestía, está en necesidad, él no tiene agua, él tiene sed, pero él dice: "Sabes qué, yo no quiero agua, es a Dios que quiero." Pero no tiene sed de esencia y por eso no es mi problema. Mi lengua tiene sed, pero yo lo que tengo es sed de Dios, del Dios viviente. ¿Cuándo fue la última vez que tú oraste algo similar? ¿Cuándo fue la última vez que oíste a alguien orar algo similar?
¿Cómo era la vida de Job? Job ha perdido sus posesiones, perdió sus hijos, perdió su salud, está lleno de llagas. Y nunca tú escuchas a Job, ni una sola vez, pidiéndole a Dios que le quite las llagas. No le pide a Dios que le devuelva sus posesiones, que reemplace sus hijos, ni una sola vez. Eso no aparece en su libro. Job tiene una sola búsqueda: "Yo quiero verte, yo quiero encontrarme contigo, yo quiero tener una conversación contigo. Mis carencias no son el problema, es la ausencia de tu presencia, Dios." Eso es un hombre que buscó a Dios por lo que Él era.
Y Moisés le dice a Dios: "Quiero ver tu rostro." Y Moisés hablaba con Dios cara a cara y todavía no estaba contento. "Es tu presencia, no son tus beneficios. De eso hablamos después, Dios, que Tú eres beneficio suficiente. Contigo me basta."
Esa no es la manera como la iglesia contemporánea siente la necesidad de Dios. No necesitamos más dinero, no necesitamos más programas, y los tenemos y estamos de acuerdo en llevarlos a cabo, pero esa no es la necesidad primaria. No es darnos más actividades, los tenemos y estamos de acuerdo con llevarlos a cabo. Lo que necesitamos es más de Dios, a nivel personal, a nivel de los matrimonios, a nivel de las familias, a nivel de toda la iglesia.
Dios nunca le dijo, Cristo nunca le dijo a los apóstoles: "Permaneceréis en Jerusalén hasta que yo les dé más programas, hasta que traduzcamos la Biblia a más idiomas, hasta que podamos levantar más seminarios e instituciones." Y los tenemos y estamos de acuerdo, pero eso no fue lo que les dijo. Les dijo: "Esperaréis en Jerusalén hasta que recibáis poder, y poder de lo alto." Y se nos recordaba este fin de semana que eso ellos lo recibieron en medio de la oración.
Eso comienza a darnos una idea de lo que implica que Jehová levante la familia. Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia. El esposo, la esposa son los constructores; Jehová es el ingeniero, el arquitecto. Si esos constructores no tienen una relación íntima, diaria, ferviente, creciente con Dios, es en vano que están tratando de levantar su familia.
Y Dios nos dio sus planos y Él no ha cambiado de mente. Cuando el machismo hizo su aparición en nuestras naciones, Dios seguía diciéndole al esposo: "Y tú amarás a tu esposa incondicionalmente como Cristo amó a la iglesia." Cuando el feminismo comenzó a tocar a Europa, a Estados Unidos y ahora ya hace mucho tiempo a Latinoamérica, Dios continuó diciendo a la mujer: "Y tú te someterás a tu marido como cabeza de hogar." Cuando la psicología y la sociología como ciencias de las conductas comenzaron a decirnos que no había diferencia de roles, Dios seguía diciendo al hombre: "Pero tú lideras tu casa."
Cuando esas mismas ciencias de la conducta comenzaron a decirle a nuestros hijos que en realidad ellos estaban prácticamente a la misma altura nuestra, y ya no nos atrevíamos a darle ni siquiera una nalgada, Dios seguía diciendo a los hijos: "Y vosotros, honraréis a vuestros padres si queréis que os vaya bien. Es mi primer mandamiento con promesa: así honrarás a padre y madre." Yo te prometo que no te puede ir bien, y la razón por la que tiene que ser así es porque si hago que te vaya bien, yo estoy deshonrando mi propia palabra. Ya yo la di y no la voy a cambiar.
¿Pero por qué esa relación entre honrar padre y madre y condiciones tan nacionales? Es que si no honras a padre y madre, a quienes te trajeron a la vida, a quienes te han dado techo, te han dado una educación, quienes te mantuvieron, quienes te amamantaron, si no los honras no vas a honrar a ninguna otra autoridad en tu vida. Ni te vas a someter a tu esposo, ni honrar a tus hijos, ni honrar a tu esposa, ni honrar a la autoridad civil, ni honrar a la autoridad eclesiástica. ¿Por qué? Porque no honras ni siquiera a quien te amamantó.
Esa es la razón por la que Dios, cuando construye una nación, la nación de Israel, entre las primeras diez leyes para levantar una nación establece una que tiene que ver con honrar padre y madre. Y luego cuando Pablo le habla a Timoteo acerca de las condiciones nacionales de los tiempos futuros y le dice del deterioro moral de los últimos tiempos, una de las condiciones dice: "Los hijos serán desobedientes a sus padres." Hay una relación directa entre el estado moral de la familia y el estado moral de la sociedad.
Por eso esas ideas están juntas en un solo verso: si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican. Ahora nos vamos a la ciudad: si el Señor no guarda la ciudad, en vano vela la guardia.
Esposos que están aquí: si vosotros no tenéis una relación íntima, estrecha, de integridad con Dios en su vida privada, no esperen que Dios bendiga a sus hijos, por lo menos a través de ustedes, cuando no hay integridad de corazón, no hay vida pública, vida privada con Dios.
Esposas que están aquí, en el nombre de Dios: si vosotras boicoteáis el diseño de Dios para el matrimonio y la familia, no esperéis que Dios bendiga a sus hijos, por lo menos a través de ustedes, boicoteando su diseño.
Hijos, si ustedes no honran padre y madre, y están orando para que los padres y las madres que no están siendo honrados vengan al camino de la salvación, no esperen que Dios los traiga a través de ustedes. Porque Dios nunca va a usar un instrumento ilegítimo para alcanzar un fin legítimo.
Dios tiene un plan, Dios tiene un diseño. Él nos dio el plan y su diseño hace miles de años atrás y Él no lo ha cambiado ni piensa cambiarlo. Si Jehová no edifica la casa, en vano se afanan sus constructores. De las cuentas que Dios sabe lo que hace.
El matrimonio ha fracasado, siempre ha fracasado, en algunas generaciones más que en otras. Y fracasan por diferentes razones, pero al final del camino, al final de la historia, hay una sola razón por la que los matrimonios fracasan, una sola, no hay más. Y es que uno de los dos, o los dos, ha decidido caminar contrario al diseño de Dios. No es posible que Dios diseñe algo, diseñe un plan, este se haya llevado a cabo por cada uno de aquellos que están participando en su construcción, y que eso que Dios diseñó fracase. Porque lo que Dios diseña, Dios lo garantiza. Lo que Dios comienza, Dios termina. Pero yo tengo que caminar conforme a lo que Dios me ha revelado.
Dios está tratando de decirme que Él tiene que ser el centro de la familia. Pero sabes qué, eso no equivale simplemente a venir a la iglesia, ni a leer la Palabra, ni a tener un estudio bíblico. Personas que tienen a Dios en el primer lugar hacen todas esas cosas, pero yo puedo hacer todas esas cosas y Jehová no estar edificando la casa o la ciudad. Y por tanto, no tengo garantía.
La razón por la que este versículo es importante, y que nosotros podamos entender que Dios tiene que ser la piedra angular sobre la que descansa mi familia, es porque las familias, cuando Él las forma y Él las ha diseñado, las diseñó con necesidades inmensas. Mi esposa tiene necesidades que yo no puedo llenar porque Dios está supuesto a que Él las llene en nosotros, pero ella también tiene necesidades humanas que Dios me impone a mí la obligación de llenárselas. Y yo tengo necesidades humanas y Dios le impone la obligación a mi esposa de llenármelas.
Pero ¿qué ocurre? Yo no puedo ir a llenar a mi esposa si yo no voy primero a llenarme donde Dios. Porque cuando vaya a llenar a mi esposa le voy a dar de mi vacío. O podría ir a llenarme donde Dios, pero luego no ir a llenar a mi esposa. Yo estuve ahí y eso tiene consecuencias. Dios quiere que yo me llene en Él, en su fuente, y luego de esa llenura yo poder ir a llenar el vacío de mi esposa, y viceversa. De tal manera que nosotros podamos estar satisfechos en Él, la fuente del uno y del otro es Dios. Y Dios tiene que ser la satisfacción de nuestra vida.
Vuelve la palabra: es en vano, es fútil, es inútil, es inservible que os levantéis de madrugada, que os acostéis tarde, que comáis el pan de afanes, al amor, pues Él da a su amado aun mientras duerme. ¿Cuál es el contexto? El contexto es: amados, yo soy su provisión, y aun cuando ustedes duermen y no están trabajando, yo no me olvido de su necesidad. ¿Por qué no me creen? ¿Por qué no me dan para atrás? Si miran el desierto, cuarenta años, dos millones de personas en medio de la nada, y cómo yo los sostuve, y mi pueblo se preocupa de su necesidad.
Y cuando tienen necesidades, ¿sabes lo que hacen? En vez de venir a mí, su provisión, se buscan un trabajo con más horas, se buscan dos trabajos, se levantan temprano de madrugada, se acuestan tarde en la noche, se vuelven trabajólicos, adquieren mayores ingresos. Y sabes qué, en vano hacen todo eso. ¿Por qué? Porque yo soy su provisión.
La Palabra de Dios nos dice una y otra vez que si nosotros no hacemos a Dios la centralidad de nuestras vidas, mostrado, evidenciado por una vida de obediencia, yo no puedo contar con sus beneficios. Es más, es peor que eso. Déjame leerte dos pasajes, dos versos. Uno de Oseas 4:6. Es un versículo que el principio de versículo todo el mundo lo conoce, es suficiente para sacudir, pero el final del versículo a mí siempre me ha más que chocado mucho, me ha hecho temblar en ocasiones, como usaba Henry Blackaby la expresión.
Escucha ahora Oseas 4:6: "Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento." Conocemos esa parte, ya es suficiente para ellos, y wow. Pero escucha ahora: "Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote." Escucha el final de esto, estas palabras son bien chocantes: "Como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos."
Wow. ¿Por qué? ¿Por qué te vas a olvidar de mis hijos cuando yo he olvidado tu ley? Sabes qué, hijo, es que mi ley me representa, es la revelación de mi carácter, es lo más preciado que te he dado. Cuando tú desprecias lo más preciado que yo tengo, que te he dado, yo desprecio lo más preciado que tú tienes y que yo también te he dado, que son tus hijos. Quizás te acuerdes entonces, quizás te acuerdas.
Eso es consistente con las palabras de Dios a Moisés. Dios viene, le da los Diez Mandamientos a Moisés, y uno de ellos era: honra a tu padre y madre para que te vaya bien. Pero antes de dárselos, Dios le revela a Moisés un par de cosas. Le dice: yo soy el Dios que muestra misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos. Pero al mismo tiempo dice: yo visito la iniquidad de los padres hasta la tercera y cuarta generación. Eso es congruente con que si olvidas mi ley, me olvido de tus hijos. Hasta dónde puede ser, hasta tres, cuatro generaciones. Hay una relación directa entre la obediencia a Dios y el futuro de mis hijos, y los Blackaby nos hablaban un poquito de eso en el día de ayer.
¡Wow! Padres, no es tan sencillo la desobediencia a Dios, no es tan trivial. Tiene implicaciones profundas y duraderas.
He aquí próximo versículo del Salmo 127: "Del Señor son los hijos, y recompensa es el fruto del vientre." Yo creo que este es un buen momento para recordarnos, sobre todo hoy, que los hijos son una de las cosas que Dios considera bendición para sus hijos. De manera que si estos hijos son parte de la bendición que Dios trae a mi vida, ¿por qué no los cuido más? ¿Por qué no me importan más? ¿Por qué no les dedico más tiempo del que les estoy dedicando?
Yo creo que esto es un buen momento también para recordar que nosotros tenemos que ir donde Dios para todas las cosas, y eso incluye el tener nuestros hijos. Nosotros no sabemos quién es Abraham, a quien Dios le dio una promesa de un hijo ya tarde. Y Sara, que tuvo dos, porque tuvo a Ismael, pero ese no era parte del plan. Quién será un Isaac que tuvo dos hijos, y quién será un Jacob que tuvo doce hijos. Y de esa misma manera, Dios le dio a Abraham de una forma, y a Sara actuó de una manera, a Jacob de otra manera. Lo que no podemos hacer es limitar la mano de Dios porque va a interferir con nuestros planes personales.
Lo que no podemos hacer es decir... Dios, como alguien me contaba de una persona que dijo: "Yo no, no me voy a casar ni voy a tener hijos hasta que tenga cuarenta años, porque no voy a dañar mi cuerpo." Pienso que Dios va a bendecir si esa es tu disposición.
Alguien me enviaba un artículo recientemente sobre... había leído uno anterior, leí ese, luego leí otro posterior, un fenómeno. Todo el mundo está preocupado, tanto en el mundo cristiano como secular, es la adultescencia. Conoces la adolescencia, ahora entonces la adultescencia: adultos que rehúsan salir de la adolescencia, que rehúsan crecer, madurar. Un grupo que va de dieciocho a veintinueve años, un grupo que no quiere salir de la casa porque no quiere asumir responsabilidad pronto, no quiere casarse ni tampoco quiere tener hijos porque "yo no voy a asumir esas responsabilidades." ¿Serio? Dejarás padre y madre y te unirás a tu mujer. Te das cuenta de que esta generación egocéntrica está produciendo patrones de vida egocéntricos.
Escucha lo que el salmista dice, porque esto es una ilustración para mí extraordinaria de cómo él compara los hijos con flechas: "Como flechas en la mano del guerrero, así son los hijos tenidos en la juventud." Flechas. Bueno, pues tú tienes que transportarte al tiempo en que esto se escribió, porque estas son ilustraciones. Flechas y arcos no significan gran cosa para nosotros, porque nosotros no los usamos. Pero en la antigüedad tú no ibas a una tienda y decías: "¿Cómo están las flechas? Dame diez." ¿Cómo la gente lo hacía? La gente preparaba sus flechas individualmente y personalmente, una por una, le daba filo, le daba forma.
El salmista nos está diciendo: tus hijos son como flechas, tú tienes que prepararlos individualmente, personalmente, tienes que darles forma. De manera individual es tu responsabilidad, no la puedes ir a comprar a un lugar.
Y de esa misma manera, el salmista también nos está diciendo, nos está recordando... Piensen toda la ilustración, porque cuando veas una cosa de estas tienes que remontarte, pensar en cómo lo usaban. Cuando tú tenías un arquero y él tomaba una flecha, primero había preparado las flechas con suficiente experticia para que tuvieran la forma adecuada, para que viajaran adecuadamente. Tú necesitas experticia para desarrollar a tus hijos, y la experiencia te la da esta Palabra y la sabiduría de otros hombres y mujeres de Dios que han levantado a otras generaciones.
Número dos: tú tienes un arquero, él toma la flecha. Tú nunca veías en la antigüedad un arquero que así apuntaba hacia el frente y miraba para atrás. Usualmente preguntaba a su arco y su flecha a una meta, a un objetivo de forma específica y de manera muy puntual. Se quedaba fijo viéndolo hasta que la disparaba con la intención de darle al blanco. Y de esa misma manera Dios está diciendo: tú no puedes tomar a tus hijos y dispararlos hacia el futuro de una forma sin sentido y sin propósito. Tú tienes que tenerlos en tus manos y lanzarlos hacia el futuro con sentido de propósito, sabiendo para dónde los quieres dirigir, buscando qué hacer. Y tú sabes lo que yo te he dicho que hagas con tus generaciones. Como flechas en las manos del guerrero son los hijos tenidos en la juventud.
Te das cuenta cómo Dios tiene que prepararlos individualmente, personalmente, tienes que dirigirlos, tienes que saber qué vas a hacer con ellos. ¿Y cómo yo voy a hacer eso? ¿Me simplemente lanzo a la iglesia? Su ayuda puede ayudar y en ocasiones puede desayudar, créaslo o no. ¿Cómo yo voy a hacer eso? Tú necesitas un caminar con Dios.
Mira la diferencia entre tú tienes una relación con Dios versus tú caminas con Dios. Porque usualmente cuando nosotros hacemos la pregunta "¿tienes una relación con Dios?", usualmente el contexto es si recibió a Cristo, y si recibió a Cristo a un guay, ha sido externamente nada más, decimos que sí, que tiene una relación con Dios. La Palabra de Dios habla de caminar con Dios de otra manera.
Tú lees el libro de Génesis y el capítulo 5, y comienza a leer las descendencias a partir de Adán. Yo he hablado de esto en otras ocasiones, pero no recuerdo cuándo y cómo. Pero tú comienzas a leer, primera ascendencia, dice: fulano de tal caminó, vivió tantos años, murió. Fulano de tal vivió tantos años, murió. Cuando tú llegas al número siete, el vocabulario cambia. Dice: Enoc caminó con Dios, y luego Dios se lo llevó; ni siquiera murió. ¿Sabes cuántos años caminó Enoc con Dios? Trescientos años. Vivió trescientos sesenta y cinco, y trescientos años de trescientos sesenta y cinco Enoc caminó con Dios, y Dios se lo llevó.
¿Y sabes cuál fue la diferencia? Que como Enoc caminaba con Dios, Dios usó a Enoc. ¿Tú sabías eso? Muchos de nosotros no lo sabemos. Enoc fue un predicador en los tiempos de Noé. Mira lo que dice Judas 14-15: "De estos también profetizó Enoc, séptimo desde Adán, diciendo: He aquí, vino el Señor con sus santas decenas de millares, para hacer juicio contra todos y dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Él."
¿Te escuchas en todo lo impío? Impío, impío, impío. Dejar convictos a todos los impíos de todas sus obras impías que han hecho impíamente, y de todas las cosas duras que los pecadores impíos han hablado contra Él. Si no hubiese sido Dios quien lo escribe, me sufre redundante, pero fue Dios. Dios está tratando de decir: ¿no usé a Enoc, quien caminó conmigo, para profetizarle a su generación?
Caminar con Dios tiene un beneficio. Aquellos que caminan con Dios van adquiriendo una sabiduría que tú no la puedes adquirir necesariamente en un libro, o en un seminario, o en un instituto, o en una clase bíblica de los miércoles. No, es un caminar. Ahora, escucha: Dios quiere que yo tenga sabiduría para levantar mi familia.
Alguien pudiera decir: "¿Y dónde yo adquiero eso? ¿Cómo lo adquiero?" Tú no piensas que Dios nos hace demandas y no nos dice cómo llenar las demandas, ¿verdad? De manera que tenemos que preguntarle a Dios, y Él nos va a responder ahora mismo en su Palabra cómo yo adquiero sabiduría, porque Él quiere que yo tenga sabiduría. De hecho, me dio todo un libro dentro de los libros de sabiduría, me dio todo un libro: el libro de Proverbios, que es un libro de sabiduría.
Dios dice en Santiago 1:5: "Si a alguno le falta sabiduría..." ¿Aquí en día a quién no le falta sabiduría? Que levante su mano si no le falta sabiduría. ¿Te falta sabiduría? Ok, esa es la pregunta. Pero aquí nadie la hace falta, porque si alguien dice que no le hace falta sabiduría cuando levanta su mano, esa es la prueba de que le falta mucha sabiduría. A todos nos hace falta mucha sabiduría. ¿Sabes lo que Santiago dice? Ve donde Dios y pídesela, y Él la da. Pero eso no es lo más significativo. Lo más significativo de ese verso, porque tú esperas que Dios, que es el Dios de sabiduría, quiera dar, es lo que dice de cómo la da: la da abundantemente. ¡Wow! En otras palabras, Dios dice: "Si hay alguien interesado en que tú seas abundantemente sabio, soy yo."
No levanten la mano ahora, pero honestamente, ¿cuántos de nosotros hemos ido a Dios a pedirle sabiduría? No para un problema, porque ahí lo que estoy pidiendo es "sácame del problema", sino sabiduría para vivir su vida, como petición, porque eso sería una petición que complacería a Dios.
Ahora, escúchenme, porque si lo dejamos así sonaría como "bueno, lo único que tenemos que hacer es pedirlo, pedirlo, pedirlo, y lo vamos a recibir." No, perdón, vamos a completar la idea para que la Palabra interprete la Palabra. Eclesiastés 2:26 dice: "Al hombre que le agrada, Dios le da conocimiento, sabiduría y gozo." Ahora tengo dos requisitos: yo tengo que agradarle, Dios se complace en darme, y agradándole pedirle la sabiduría. Y Dios nos da sabiduría, conocimiento y gozo. En otras palabras, no solamente me da la sabiduría, pero Él me permite que goce, que disfrute de la sabiduría que Él me da. ¡Wow!
Un requisito más. Ellos van juntos, yo no creo que lo podemos separar, yo creo que ellos van de la mano. Pero antes de dar ese otro requisito: ¿Qué va a pasar esa sabiduría de una generación a otra? Los padres. Pero ¿qué necesitan hacer los padres para poder pasar la sabiduría a los caminos? Necesitan caminar con Dios y caminar con sus hijos.
Yo estaba en Perú compartiendo con una de las iglesias. Mi padre nunca me compró un libro así nada más. Mi padre salió a caminar conmigo, terminamos en una librería, me revisó los autores, me habló del contenido, y luego me compró un libro y me lo entregó. Y nos levantábamos temprano a leerlos juntos. Pero él no fue a mi casa y me dijo: "Mira, aquí hay un libro." En una ocasión me regaló un libro, "Se me hace falta un muchacho", y él me explicó de qué se trataba el libro y por qué yo quería, debía leerlo. Y yo recuerdo el sacarlo del estante, ir a la cajera, comprarlo y él regalármelo. Tenía que caminar con Dios y caminar con sus hijos.
En una ocasión, un joven —la historia es real— fue traído delante de un juez por robo. El juez conocía muy bien al padre de este hijo, y el padre de este hijo había escrito un libro acerca de la confianza: cómo tú generas, cómo se genera confianza en otro. Y él está siendo acusado de robo. Y el juez le dice al joven: "Tú recuerdas a tu padre, a quien tú has deshonrado." El joven respondió: "Yo lo recuerdo perfectamente. Cada vez que yo fui donde él para recibir algún consejo o compañerismo, él decía: 'Vete hijo, estoy ocupado.' Bueno, mi padre terminó su libro y ahora yo estoy aquí frente a usted."
El libro de Proverbios es un libro de sabiduría. El libro de Proverbios nos dice que el temor a Jehová es el principio de la sabiduría. Eso me conecta con el próximo salmo, y se me ha estado yendo el tiempo y tengo que entrar al próximo salmo: Salmo 128.
Escucha lo que dice el próximo salmo, porque es congruente con Proverbios: "Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en sus caminos." Ahí está el temor al Señor. Ahora yo tengo una idea de lo que implica temer a Dios. No es tener horror, pavor de salir corriendo. No. Temer a Dios es, habiendo tú llegado a entender quién Él es, su poder, su santidad, su soberanía, habiendo entendido todo eso, habiendo entendido tu pecaminosidad, ahora tú respondes sometiéndote a su señorío y caminas en obediencia.
Escucha otra vez al salmista: "Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en sus caminos." La obediencia a Dios es parte, gran parte, de la definición de lo que implica temer a Dios. Y el salmista me dice en el contexto, ahora lo vamos a ver en el contexto de la familia: "Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en sus caminos." Bienaventurado, bendecido será aquel que camina con Dios, que se somete a su señorío en el contexto de su familia. Ahora lo vamos a ver cómo lo dice el salmista.
"Yo le voy a bendecir", y una de las maneras como lo bendice dice: "Cuando comas del trabajo de tus manos, dichoso serás y te irá bien." Tú quieres que te vaya bien, pero Dios le define de manera más puntual y específica, en relación a su familia, cómo le va a ir bien a ese bienaventurado que le teme. Esposos que están aquí, porque ahora esto es como hablando al esposo, aunque yo creo que tiene aplicación para la esposa de manera igual, pero vamos a hablar de los esposos porque como está escrito el salmo, escucha lo que dice de tu mujer: "Tu mujer será como vid fecunda en el interior de tu casa."
Ahora, el salmista describe esto. Voy a ayudarle a entender: no está pensando simplemente en que esta es una mujer que le va a dar muchos hijos, aunque puede incluir eso. Pero recuerda, la vida en el contexto judío es mucho más que eso. Cristo dijo: "Yo soy la vida", de manera que Él no nos estaba comparando con una mujer embarazada, sino que Cristo estaba diciendo que Él era la fuente de bendición, de sabiduría, de sustento, de luz. De esa misma manera, este hombre que teme a Dios tendrá una mujer confiable, fructífera, bondadosa, piadosa, que cuando él sale de su hogar, sabe que ha dejado su hogar en manos confiables; que si deja a sus hijos con ella, ha dejado a sus hijos en manos confiables. Esta es una mujer que te va a bendecir, una mujer que va a trabajar contigo para tratar de levantar una generación santa para Dios, una generación en el mañana. Será como fecunda vid en el interior de tu hogar.
Pero la bendición para este hombre que teme a Dios no solamente es para él, no solamente para su trabajo que ya mencioné, no solamente para su esposa; es para sus hijos. Escucha cómo dice: "Como plantas de olivos alrededor de tu mesa, así serán tus hijos". Ahora escucha lo que eran las plantas de olivo, la idea, la imagen detrás: las plantas de olivos son árboles centenarios. De hecho, en Jerusalén, lo que se supone que es el huerto de Getsemaní hoy en día, se cree por muchos que muchos de esos olivos datan de la época de Jesús, dos mil años. De manera que el salmista está diciendo: si tú temes a Jehová, tu mujer va a ser una mujer bendita y tus hijos podrán bendecir a las generaciones por muchos años, como árboles de olivo.
Y el árbol de olivo también tenía la imagen detrás del aceite de olivo: como bálsamos serán para tu vida, serán una bendición para ti. No solamente tú serás una bendición para ellos; ellos serán una bendición para ti. ¡Qué bendición tuvimos este fin de semana de ver a un padre de setenta y cinco años ser pastoreado por un hijo! No sé cuánto tendrá, pero quizás cuarenta, y él poder decir de una forma muy... no sé si la palabra es orgullo, porque esa no es la palabra, pero muy contento, muy alegre, muy satisfecho: "Ahora mi pastor es mi hijo". De manera que en un momento el padre fue una bendición para su hijo, pero ahora su hijo es una bendición para él. Eso es lo que el texto dice: como árboles de olivos serán tus hijos. Ellos darán frutos alrededor de tu mesa, alrededor de ti, alrededor de tu hogar, de quién tú eres.
Pero todo comienza así: si Jehová edifica la casa. Recuerda que comenzó en el Salmo 127. Padres, no subestimen nunca el impacto que ustedes pueden tener para bien o para mal sobre sus hijos, la influencia que pueden ejercer, el cambio que pueden tener sobre las demás generaciones. Nosotros no estamos aquí diciendo: "Bueno, si caminas bien padre, si caminas bien madre, tienes la garantía cien por ciento, todas las veces, que todas tus generaciones serán benditas". No hemos dicho eso. Pero sí estamos diciendo e insinuando que cuando padre y madre caminan bien, realmente, no que van a la iglesia, no que van a una iglesia evangélica, no que tienen un devocional diario, eso no es como la Palabra lo dice, sino si padre y madre hacen de Dios su prioridad, su piedra angular.
La piedra angular era la primera piedra que se colocaba al edificar un edificio, y todas las piedras luego estaban alineadas conforme a esa piedra. De tal manera que el salmista está diciendo: si tú tienes a Jehová como la primera piedra, y todas las demás piedras de tu vida y tu familia son orquestadas en dirección conforme y determinadas por esa piedra angular, Dios garantiza bendiciones para tus generaciones. Pero eso es distinto a ir a través de la rutina. En ocasiones eso no ha sido visto en líderes. Bueno, si los líderes fallan, no es Dios que nos ha fallado, es el hombre. Pero el hombre que teme a Dios tendrá beneficio que va mucho más allá de él y de su generación. Por eso Dios tiene que ser...
Déjame decir esto. Yo dije esto una vez, creo que en el contexto de enseñar Romanos 12, pero hace un tiempo. Quizás lo habrán olvidado, quizás algunos recordarán, pero déjame decirlo una última vez para ir concluyendo. Hay una diferencia entre un grupo de personas que tienen un encuentro con Dios y hacen a Dios parte de su vida. Otro grupo de personas tiene el mismo encuentro con Dios y hacen a Dios una parte importante de su vida. Otro grupo de personas tiene el mismo encuentro con Dios y hacen a Dios la parte más importante de su vida. Pero hay un grupo totalmente diferente, distinto a los tres anteriores, que tuvo el mismo encuentro con Dios, pero que no hicieron a Dios la parte más importante de su vida: Dios es su vida.
Dios es el eje sobre el cual giran sus propósitos, sus agendas, sus pensamientos, sus proyectos, sus deseos, sus aspiraciones. Dios no quiere ser parte de la rueda; Dios quiere ser el eje sobre el cual gira la rueda, que si le sacas el eje a la rueda, la rueda deja de girar. ¿Y por qué todo tiene que estar relacionado a Dios? Porque Él es mi vida. ¿Y por qué todo tiene que girar en torno a Él? Porque sin Él no tengo vida para vivir. ¿Te das cuenta qué es lo que Dios quiere de nosotros?
Algunos hicieron eso de Dios: hicieron a Dios el eje central sobre el cual giraba su vida, y exclusivamente vivieron de esa manera, rendidos a esos propósitos. Pero en el tiempo las cosas han ido cambiando. Y decía alguien, y con esto ya cierro: en el pasado, para nuestros antepasados, nuestra fe fue una experiencia; para nuestros padres, nuestra fe fue una herencia; para nosotros hoy, nuestra fe es una conveniencia; y para nuestros hijos mañana, nuestra fe será una inconveniencia. Para nuestros antepasados, una experiencia; para nuestros padres, una herencia; para nosotros, una conveniencia; para nuestros hijos, una inconveniencia.
Sea cual sea nuestra situación, sea cual sea nuestra condición, que esta pueda ser una generación, una iglesia que pueda cambiar eso. ¿Y cómo lo hago? Arrepentíos. No hay otra manera: arrepentíos. Y que cada uno de nosotros pueda ir encontrando dónde tiene la necesidad de arrepentirse para corregir su curso.