Integridad y Sabiduria
Sermones

¿Cómo luce un miembro sano? el ejemplo de Bernabé en hechos

Pepe Mendoza 10 junio, 2018

Un miembro sano de la iglesia no es necesariamente quien realiza milagros o enfrenta a las autoridades, sino quien participa de corazón en lo que Dios está haciendo entre su pueblo. Bernabé, el primer nombre individual que aparece en el libro de los Hechos, ilustra esta realidad. No era apóstol, no fue elegido diácono, nadie buscaba su sombra para ser sanado. Sin embargo, Lucas lo destaca porque vendió su campo y lo entregó a los apóstoles, identificándose plenamente con la visión de la iglesia primitiva. Su apodo, "hijo de consolación", revela su carácter: alguien que permanece cerca, que consuela, que acompaña.

Bernabé demuestra que un miembro sano no necesita estar en todo, pero sí debe mantenerse cerca de todo, llorando con los que lloran y celebrando con los que celebran. Cuando Saulo de Tarso, el perseguidor convertido, llegó a Jerusalén y todos le temían, fue Bernabé quien lo tomó de la mano y lo presentó a los apóstoles. No tenía un cargo oficial de embajador; simplemente había sido intencional en conocer lo que Dios estaba haciendo en la vida de otros.

Más adelante, cuando enviaron a Bernabé a Antioquía, llegó y vio la gracia de Dios. Ver esa gracia requiere ejercicio: reconocerla primero en la propia salvación para luego descubrirla en los hermanos. Bernabé no solo la vio, sino que se regocijó y animó a todos. La Escritura lo llama "hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe". Ese es el fruto de vivir como miembro comprometido: Dios transforma el corazón mientras servimos.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Vamos a hablar en esta mañana de cómo luce un miembro sano, y voy a aprovechar las excelentes prédicas que el pastor ha estado teniendo en el libro de los Hechos para ilustrarlo con un personaje que para mí es muy significativo. Quizás de todos los personajes de la Escritura, para mí Bernabé es un personaje que yo llevo muy dentro de mi corazón y que ha sido muy ilustrativo en mi propia vida y en mi propio ministerio. ¿Cómo luce un miembro sano?

Nosotros vivimos momentos y tiempos en que cada uno cree tener una opinión de cómo deben ser las cosas, de que debo dejarme guiar por mi corazón, de que se trata de mí, que yo debo ser espontáneo, que yo soy único y diferente. Y eso hace que muchas veces nosotros nos distraigamos y perdamos la unidad de aquello que el Señor ha diseñado para nuestras vidas, de lo que significa ser un miembro de la iglesia. Y permítanme presentarles una breve ilustración de algo que me pasó en estos días.

En estos días hemos estado con muchas personas, pero también hemos aprovechado el tiempo para hacer diferentes cosas. Una de ellas es realizarnos ciertos análisis médicos que son necesarios cuando ya el ácido úrico se pone alto. Entonces uno tiene que hacerse algunos chequeos, y uno de los exámenes en estos días fue un examen cardiovascular. Entonces pedí mi cita, ya que nos ayudó con las citas y esas cosas. Entonces me llaman por mi nombre: "Señor Mendoza, pase a esta pequeña habitación del cuarto número dos". La enfermera me dice: "Por favor, sáquese la camiseta y siéntese ahí". Y ella hace... ustedes saben que estas personas salen muy rápidamente como que están muy ocupadas. Entonces ella sale y me hace un gesto así en la puerta. Entonces yo veo ahí un perchero, veo un lugar para poner mi camiseta, y veo otra prenda. Entonces yo soy obediente: yo me saco la camiseta, me pongo esa prenda y me siento en la camilla mientras espero. Y ustedes saben que estas habitaciones chiquititas, y uno se queda contemplando la pared. No hay un ruido y yo estoy como incómodo, como que esa prenda pues está... Y esperando, pasan unos minutos.

En eso entra la enfermera, me mira y me dice: "Yo no le he dicho que se ponga mi bata". Bueno, la verdad es que me quedaba chiquita, pero yo soy obediente. Ella me hizo así, entonces yo pensé que era dejar la camiseta y ponerme la bata. Yo la veía con maripositas y cositas, pero en estos tiempos... ¡Ay, Señor! Son cosas que nos pasan.

Y en ese momento yo pensé: ¿cuántas cosas nosotros hacemos creyendo que debemos hacerlas cuando en realidad no debemos hacerlas? ¿Cuánto nos imaginamos que debemos ser pacientes cuando no somos pacientes? ¿Cuándo imaginamos que nos han dicho que hagamos una cosa y en realidad no es? Y eso también sucede con la membresía de la iglesia. Nosotros imaginábamos que ser miembros de la iglesia es una cosa y en realidad es otra. Y yo creo que no basta solamente con que te hagas así, sino que tú tienes que informarte de cómo luce un miembro sano.

Lo interesante es que nosotros tenemos ya una descripción oficial de quién es un miembro de la IBI. La definición oficial de un miembro de la IBI es la siguiente: es una persona que ha nacido de nuevo y por tanto ha sido redimida por la obra de Cristo, que hace vida de iglesia en la IBI de manera activa, responsable y comprometida. Es decir, es una persona que participa regularmente y goza de la comunión con sus hermanos, buscando crecer en santidad a través de la llenura del Espíritu para la gloria de nuestro Dios en la comunidad de la iglesia, el cual ha cumplido ese proceso de membresía.

Claro, es evidente que una persona es miembro de la IBI porque ha nacido de nuevo, porque el Señor ha convertido su corazón, lo ha redimido, le ha dado vida nueva, y la obra de Cristo en la cruz del Calvario se ha hecho efectiva en su vida de tal manera que ha habido un cambio de corazón. Y ese cambio de corazón cambia una serie de motivaciones, y entre esas motivaciones está el poder asistir a la iglesia y participar en la vida de la iglesia, tal como nos lo decía nuestro pastor al inicio del servicio.

Pero ahora, ¿cómo luce? Mi intención es poder mostrarles de alguna manera, a través del ejemplo bíblico, cómo es que luce un miembro sano. Más allá de la definición teórica, ¿cómo es que yo debo observarme? ¿Cómo es que yo debo verme? Yo creo que Bernabé es un excelente personaje en la Escritura que nos puede mostrar de una manera clara cómo es que luce un miembro sano, y lo voy a mostrar a través de cuatro cosas que nos muestra la vida de Bernabé, si es que el tiempo me acompaña.

En primer lugar, ustedes que están tomando nota —que yo sé que la mayoría de ustedes toman nota, espero que tomen nota— un miembro sano es un miembro que está por entero en la iglesia. Un miembro sano es un miembro que está por entero en la iglesia. Un miembro sano es alguien que está en todo.

Vamos a abrir nuestras Biblias en Hechos capítulo 4. Hechos capítulo 4 es un capítulo sumamente interesante que ustedes ya conocen bien porque ya el pastor los ha llevado a través de este capítulo. Es un capítulo intenso porque habla de las primeras presiones que la iglesia estaba recibiendo: el arresto de Pedro y Juan, los interrogatorios, las amenazas, las amenazas contra la nueva fe, contra los apóstoles que estaban testificando del Señor. Vemos el corazón apostólico, el corazón de Pedro y Juan y de los primeros cristianos consagrados al Señor en medio de esa oposición, orando con pasión para que el Señor extienda su mano, para que el Señor siga obrando en medio de la realidad que ellos estaban viviendo.

Dice el capítulo 4, el verso 31: "Después que oraron, el lugar en donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor". Realmente había algo que estaba sucediendo y era grande. No solamente era la intervención soberana y milagrosa de Dios, sino que había una intervención soberana y milagrosa de Dios sobre sus siervos, quienes hablaban sin temor, quienes hablaban con valor, quienes le suplicaban al Señor el poder ser utilizados en ese momento y en ese tiempo.

Ahora, en eso, en el verso 32 nosotros nos encontramos con una realidad. Verso 32 dice: "La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma, y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común". Verso 33 dice: "Con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia había sobre todos ellos".

Aquí nosotros vemos una característica particular de la iglesia, lo que podríamos llamar la visión que el Señor estaba propiciando en la iglesia en ese momento. La visión tiene que ver con aquello que Dios quiere hacer con su iglesia en un momento determinado y bajo una realidad determinada. Había presión, había una persecución que se iniciaba, estaban los apóstoles predicando con gran poder, pero en medio de la iglesia se estaba dando una situación particular.

Nuevamente, el verso 32 nos dice: "La congregación de los que creyeron era de un corazón y un alma, y ninguno decía ser suyo lo que poseía, sino que todas las cosas eran de propiedad común". El verso 34 dice: "No había, pues, ningún necesitado entre ellos, porque todos los que poseían tierras o casas las vendían, traían el precio de lo vendido y lo depositaban a los pies de los apóstoles, y se distribuía a cada uno según su necesidad".

¿Saben lo que había? Había una visión común. Y algo que caracteriza a una iglesia sana es que sus miembros se identifican con una visión común y participan de ella activamente. Eso es lo que este pasaje nos dice. Había circunstancias particulares, el Señor se estaba moviendo de manera particular, de tal manera que Lucas nos intenta mostrar de una manera muy clara y definida que el Señor estaba obrando de una manera particular.

Y aquí aparece el primer nombre particular en el libro de los Hechos. Hasta este momento la iglesia era una gran multitud, pero ahora aparece un primer nombre, alguien a quien nosotros podamos reconocer. Y dice el verso 36: "José, un levita natural de Chipre, a quien también los apóstoles llamaban Bernabé, que traducido significa hijo de consolación, poseía un campo y lo vendió, y trajo el dinero y lo depositó a los pies de los apóstoles".

Simplemente este reconocimiento nos habla de lo que significa ser un miembro sano. Un miembro sano es alguien que observa lo que el Señor está haciendo y se compromete en participar en esa tarea. Es alguien que observa lo que el Señor está haciendo entre todos nosotros y dice: "Yo también quiero estar allí. Yo también quiero participar".

Este José aparece en la historia de una manera particular, y hay algo interesante que yo veo. Ustedes se dan cuenta que el capítulo acaba en el verso 37, pero el capítulo 5 empieza con una historia negativa de la misma situación, con la historia de Ananías y Safira. Ustedes conocen la historia, así que no la voy a traer a colación, pero la persona que dividió el texto bíblico en versículos entendió que había que cortar la historia al final del verso 37 y empezar una historia nueva en el capítulo 5, lo que en realidad rompe el flujo de la narración que Lucas está haciendo, porque se trata del mismo caso de cómo el pueblo de Dios respondía a la visión de la iglesia.

Y saben una cosa, esta división ha oscurecido a Bernabé, porque nosotros tendemos a favorecer las malas noticias más que las buenas noticias. Y la historia de Ananías y Safira como que es contundente, potente, una manifestación del juicio de Dios muy agrandada. Pero Lucas no empieza esta historia con ellos; la empieza con toda la iglesia haciendo algo, luego manifestando de manera singular a Bernabé compartiendo esa visión, y luego nos entrega un punto negativo a través de la historia de Ananías y Safira, que no hicieron, no vivieron la visión de la iglesia de manera positiva tal como lo estaba haciendo toda la iglesia y lo estaba haciendo Bernabé.

Saben, un tiempo sano que participa de la visión de la iglesia muchas veces se ve, si podríamos llamarlo así, entorpecido por los malos testimonios como el caso de Ananías y Safira. A veces nosotros no compartimos la completa visión de la iglesia porque se ve, pero tú sabes, Ananías y Safira, en el caso de Ananías y Safira, ¿verdad? Está mandando, pero se quisieron quedar con la plata, y finalmente mira todo lo que pasó. Y nosotros perdemos de vista la bendición de formar parte de algo a lo que el Señor nos llama.

Y es evidente que lo que nosotros tenemos aquí es el testimonio de este hombre Bernabé, que se llamaba José, que de manera muy humilde, poseyendo un campo, lo vende y trae el dinero y lo deposita a los pies de los apóstoles. Estuvo dispuesto a dar su parte, a compartir de la visión que el Señor tenía de manera particular para esa iglesia en ese momento de la historia.

Yo no sé si ustedes conocen o recuerdan la visión de la IBI, pero la IBI tiene una visión. Y esa visión es la que nos entrega nuestra personalidad particular. Nosotros somos diferentes a otras iglesias, compartimos muchas cosas en común, pero tenemos una vestidura particular, tenemos un modo de ser particular, un llamado especial de parte del Señor que ha sido respondido a lo largo de estos más de veinte años. Y por lo tanto nosotros debemos ver qué está sucediendo para unirnos a esa tarea.

La visión de la IBI es desarrollar una iglesia sin muros, fundamentada en la suficiencia de las Escrituras, conformada por discípulos de íntima comunión con Dios y entre ellos mismos, que caminen en integridad de corazón y con un testimonio público que impacte su esfera de influencia hasta que la gloria de Dios cubra nuestra tierra.

¿Ustedes conocían esa visión? ¿La recordaban? Esa visión es la que debe nutrir nuestro actuar y unirnos como miembros de esta iglesia, para que así como Bernabé nosotros podamos entender qué está haciendo el Señor en medio nuestro y cómo podemos involucrarnos en medio de esa tarea, en medio de esa visión que el Señor ha puesto para el desarrollo de la Iglesia Bautista Internacional de forma particular en este tiempo.

Quisiera hacer algunas aclaraciones con respecto a un miembro sano. Si ustedes pueden notar, hay una situación muy intensa que los apóstoles están viviendo en todo el capítulo 4: hay persecución, hay milagros, hay sanidades, hay oraciones fervientes, hay un lugar que tiembla. Sin embargo, Bernabé nos muestra un testimonio saludable de acuerdo a su nivel y a su edad espiritual. Él no estaba a la altura de los apóstoles, él no estaba siendo enfrentado a los sumos sacerdotes y a las autoridades religiosas de su tiempo, no era a través de sus manos que se realizaban milagros y portentos, pero él era un miembro sano que respondía a la visión general de la iglesia.

Y eso es lo que nos toca a nosotros. Sabemos lo que el Señor está haciendo a través de los pastores de la IBI, a través de nuestro pastor Miguel. La forma en que el Señor en su gracia se ha dignado utilizarlo a lo largo de toda nuestra región. Y es evidente que no podemos ser el pastor Miguel, pero eso no nos quita de ser parte de la visión de la iglesia que se nutre justamente de la visión que él sigue manteniendo y esparciendo a través de toda nuestra región.

Otra cosa interesante es que Bernabé tiene un testimonio más que un cargo. Bernabé no estaba a cargo de los depósitos de las propiedades ni de ninguna otra situación. Él era un hijo de consolación, alguien que se acerca para ayudar. Así es como se le reconocía, como alguien cercano. Y yo creo que esa idea particular también es fundamental para un miembro sano. Un miembro sano es aquel que permanece cerca. No alguien que se aleja, no alguien que mira desde la periferia, no alguien que está sentado en las tribunas viendo el partido. Es alguien que está participando de manera cercana en la vida y en la visión de la iglesia, entendiendo y pidiéndole al Señor: "Revélame, ¿qué está pasando en tu iglesia para saber cómo yo involucrarme y colaborar en esta tarea? Yo necesito saber de parte tuya que nos muestres cómo tú estás obrando para unirme a ti, porque yo sé que tú vas adelante. Mis ovejas oyen mi voz y me siguen." Esa es la idea.

Y es evidente que Bernabé estaba involucrado totalmente con la visión de la iglesia y él estuvo dispuesto a participar en aquello que él veía que estaban haciendo los miembros sanos. Él lo compartió, estaba totalmente involucrado.

Pero también es evidente, hermanos, que Bernabé no estaba en todo. Y es interesante y podría sonar contraproducente que un miembro sano tiene que estar en todo, pero al mismo tiempo puede no estar en nada, así simplemente. Miren ustedes lo que dice el capítulo 5, el verso 12 del libro de los Hechos: "Por mano de los apóstoles se realizaban muchas señales y prodigios entre el pueblo, y estaban todos unánimes en el pórtico de Salomón."

Estaban sucediendo muchas cosas, pero al mismo tiempo yo tengo que reconocer, si analizamos la vida de Bernabé, déjenme mostrarles algunas cosas interesantes. Por ejemplo, no se buscaba la sombra de Bernabé, sino la sombra de Pedro; la gente buscaba en búsqueda de sanidad. Bernabé no fue apresado con los apóstoles por el sumo sacerdote ni estuvo entre los apóstoles que entraron de mañana al templo a predicar y oponerse al sumo sacerdote obedeciendo al Señor. Bernabé no fue elegido entre los diáconos. ¿Por qué no eligieron a Bernabé entre los diáconos? Me pregunto yo. Hijo de consolación, ha dado su terrenito, una persona sumamente participativa. Es que Bernabé no reunía las características de los diáconos; no fue elegido entre los diáconos.

Bernabé tampoco ocupó el lugar de Esteban. Bernabé no era Esteban. Bernabé tampoco fue echado en la cárcel cuando Pablo, o Saulo de Tarso, empezó a tomar cristianos en Jerusalén y a meterlos presos. No cayó preso. Bernabé tampoco fue Felipe, que le predicó a los samaritanos y que le predicó al etíope. Bernabé tampoco fue Ananías, no fue Ananías, el que le extendió la mano de amistad fraternal cristiana a Pablo de Tarso después de que cayó en el camino a Damasco.

Es una realidad, nuestra realidad como miembros es que no podemos estar en todo. Pero no estar en todo no significa tampoco estar pasivos. ¿Dónde estaba Bernabé en todos estos momentos? Él estaba cerca, porque él era, como establece el texto, hijo de consolación. La palabra griega para consolación es la misma palabra para el Consolador que estará con nosotros siempre, el Espíritu de verdad. Y la idea de un miembro sano es un miembro que no está en todo, pero permanece cerca, celebrando, llorando, intercediendo.

Abran por favor sus Biblias en 1 Corintios capítulo 12. Y vamos a leer a partir del verso 19. Yo sé que algunos encenderán sus Biblias también. 1 Corintios capítulo 12, del verso 19 en adelante. Dice el Señor en su Palabra hablando de nosotros como miembros: "Y si todos fueran un solo miembro, ¿qué sería del cuerpo? Sin embargo, hay muchos miembros, pero un solo cuerpo. Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito; ni tampoco la cabeza a los pies: No os necesito. Por el contrario, la verdad es que los miembros del cuerpo que parecen ser los más débiles son los más necesarios. Y las partes del cuerpo que estimamos menos honrosas, a estas las vestimos con más honra, de manera que las partes que consideramos más íntimas reciben un trato más honroso, ya que nuestras partes presentables no lo necesitan. Mas así formó Dios el cuerpo, dando mayor honra a la parte que carecía de ella, a fin de que en el cuerpo no haya división, sino que los miembros tengan el mismo cuidado unos por otros. Y si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno individualmente un miembro de él."

¿Cuál es la exhortación que el Señor nos hace a nosotros como miembros? El reconocer que no podemos estar en todas partes, pero sí podemos estar cerca unos de otros. Si un miembro sufre, ¿qué hacen todos los miembros? Todos los miembros sufren con él. Y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él. Hermanos, tenemos que aprender a llorar y a regocijarnos unos con otros. Tenemos que aprender a celebrarnos, tenemos que aprender a llorar conjuntamente, tenemos que aprender a estar cerca. Porque yo no podré celebrar a la distancia, yo no podré llorar a la distancia. Requiere una actitud intencional de que, aunque sé que yo no estoy en todo ni puedo estar en todo, sí puedo permanecer cerca de todo, llorando y celebrando.

De tal manera que este es un ejercicio para nosotros, hermanos, para parecernos más a Cristo. Porque para parecernos más a Cristo significa lo que el apóstol Pablo dijo en Gálatas 2:20: "Ya no vivo yo, mas Cristo vive en mí." De tal manera que ese Cristo que vive en mí me motiva a acercarme a mis hermanos, me motiva a mantenerme cercano, me motiva no solamente a observar lo que pasa, sino que si un miembro sufre todos los miembros sufren con él, y si un miembro es honrado todos los miembros se regocijan con él.

Yo no sé cuántos autos nuevos yo me he subido de ustedes cuando cambiaban de auto. Lo primero que me gustaba es subirme al auto nuevo y celebrar con ustedes ese auto nuevo, o celebrar con ustedes algún éxito personal, o celebrar con ustedes alguna victoria espiritual. Y también llorar cuando las cosas no salen como debieran salir o como esperábamos que salieran, o cuando fallece un ser querido, o cuando estamos cerca cuando hay un dolor que todavía no ha cesado.

Nosotros estamos llamados no a estar en todo, pero sí a permanecer cerca los unos de los otros. Porque yo me pregunto: ¿qué hacemos con este mandamiento? Abramos nuestras Biblias en Juan capítulo 13, solamente muy brevemente, para que nosotros pongamos nuestros ojos y le preguntemos al Señor: "¿Qué hago yo con este mandamiento y esta declaración que tú haces?"

Versos 34 del capítulo 13 del Evangelio de Juan: "Un mandamiento nuevo os doy, que os améis los unos a los otros; que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. Y en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos por los otros." Que como yo os he amado, así también os améis los unos a los otros. Y seremos reconocidos como discípulos suyos, como miembros de su iglesia, si tenemos amor los unos por los otros.

¿Cómo lo aplicarías tú hoy? ¿Cómo llevarías este mandamiento a la práctica hoy? ¿Cómo lo entenderías hoy? ¿Cómo haces para evitar escabullirte de este mandamiento en medio de esta multitud de gente, antes de que salgas de este lugar y continúes con tu vida?

En el capítulo 15, los versos 12 al 14, el Señor resalta y recalca una vez más este mandamiento. Juan 15:12 dice: "Este es mi mandamiento, que os améis los unos a los otros, nuevamente, así como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno dé su vida por sus amigos." Que nos amemos unos a otros así como él nos ha amado. Esa es la regla, ese es el estándar, ese es el lugar que el Señor quiere que nosotros tengamos entendido en nuestro corazón y nuestra mente al momento de aplicar el mantenernos cerca unos de otros.

Y saben que esto se ve muy claramente en otra característica que nosotros encontramos en Bernabé. Un miembro sano busca intencionalmente conocer lo que Dios está haciendo entre sus hermanos, no lo que le gustaría que Dios esté haciendo entre sus hermanos, sino lo que Dios ya está haciendo entre sus hermanos. No hay nada más gratificante que escuchar lo que el Señor está haciendo en medio de su pueblo, pero nuevamente, para saber lo que Dios está haciendo en medio del pueblo de Dios, tenemos que ser intencionales.

Podemos recordar en Hechos capítulo 9, volviendo al libro de los Hechos, nosotros podemos recordar que para los cristianos de ese tiempo pensar que Saulo podría conocer al Señor era algo inimaginable para toda la iglesia primitiva. La maldad de este hombre había sido mayúscula. Saulo era el enemigo público número uno de la iglesia. Era tanto su mal testimonio y el temor que le generaba a la iglesia, que cuando el Señor lo convierte tiene que dar instrucciones sobrenaturales a Ananías para que vaya y lo visite. El Señor tiene que hablarle sobrenaturalmente a Ananías en Damasco para que ese hombre se levante y vaya a ver a Saulo.

Y no solamente eso, sino que si nosotros leemos la historia, aun Ananías le dice al Señor: "Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuánto mal ha hecho a tus santos en Jerusalén, y aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre." Aun en medio de la revelación de Dios, Ananías dice: "Señor, pero cuidado, mira dónde me estás mandando. Este lagarto tiene la boca grande, cualquier cosa que yo diga me puede causar grandes problemas." Pero el Señor había convertido a Saulo.

Y nosotros vemos que en medio de la historia, Saulo sale de Damasco y llega a Jerusalén. El verso 26 nos dice: "Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, y todos le temían, no creyendo que era discípulo." Claro, gana fama. Usted conoce el dicho: échate la fama y échate a la cama, porque la fama que ganaste te va a acompañar por el resto de tus días.

Sin embargo, nosotros nos volvemos a encontrar con Bernabé en el verso 27, y dice: "Pero Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino, y que él le había hablado, y cómo en Damasco había hablado con valor en el nombre de Jesús." Bernabé parece muy bien informado. ¿Habrá recibido alguna revelación especial de parte de Dios? No lo creo. Yo creo que Bernabé se tomó el tiempo para estar cerca y escuchar de la boca de Saulo lo que el Señor había hecho en su vida. Porque Bernabé es un miembro sano, y un miembro sano busca intencionalmente conocer lo que Dios está haciendo entre sus hermanos.

Y es muy gráfico el texto, porque dice que Bernabé lo tomó. Pedro, Bernabé, Saulo. Juan, Saulo de Tarso, mucho gusto. Bernabé lo tomó y lo presentó a los apóstoles. Y es interesante que el hombre que de ahora en adelante nos va a llenar de palabras, Saulo de Tarso, se quedó callado, porque dice que fue su interlocutor Bernabé. Y Bernabé contó cómo Saulo había visto al Señor en el camino, y que él le había hablado, y cómo en Damasco había hablado con valor en el nombre de Jesús.

Un miembro sano es un buscador de la gracia de Dios entre sus hermanos. Es alguien que intencionalmente quiere glorificar a Dios en medio del pueblo de Dios, quiere descubrir lo que está pasando. Cuando nos perdemos la intencionalidad de conocernos, estamos perdiéndonos la posibilidad de ver a Dios obrando de diferentes maneras en medio nuestro.

A veces a nosotros los pastores nos preguntan: "Y dime, en la IBI, como son bautistas, ¿ocurren milagros?" Claro, muchos. "Y dime, ¿realmente las vidas cambian?" Cada tres horas están las estadísticas. "Pero de verdad, ¿sí?" Sí. "¿Y por qué yo no lo veo?" Porque no eres intencional en conocer lo que Dios está haciendo en otras personas, porque no te tomas el tiempo para comunicar y tener comunión con el resto del pueblo de Dios.

El miércoles nos gozábamos con los testimonios de bautismo, pero esos son solo el inicio de los testimonios. Y nosotros podríamos contar tres testimonios, tres testimonios de lo que ocurre entre su pueblo la semana entera, pero no somos intencionales y por lo tanto dejamos de darle gloria al Señor por lo que el Señor está haciendo en medio nuestro. Por eso la semana pasada, en medio de la tormenta, todo su pueblo dice: "¡Gloria!" Porque Dios está obrando, porque Dios está interviniendo.

Nuevamente, Bernabé no tenía un título oficial de embajador de creyentes perdidos, tampoco él era el discipulador de Saulo, porque no nos dice eso. Bernabé solo era él mismo. Él quería conocer a los que tenía cerca. Él era el hijo de consolación y un miembro sano, justamente eso.

Marcos 19 dice que el Señor vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Es evidente que nosotros como creyentes no podemos salvar, pero sí podemos buscar. Y a nosotros nos toca buscarnos mutuamente para ver aquello que el Señor está haciendo en medio nuestro.

Y quisiera contarles algo que me sucedió a mí cuando era muy jovencito, recién llegado a la iglesia, y que creo que ha marcado mi vida y ha marcado mi idea de lo que significa ser un miembro sano. Eric y yo crecimos en una iglesia bastante grande, tan grande como esta. Cuando yo era adolescente, esa iglesia ya tenía como unos tres mil miembros. Cuando yo llegué a los pies del Señor y el Señor convirtió mi alma, yo iba solo a la iglesia. Muchachito con muchos conflictos en la vida, con muchas penas y con muchas cosas que llevar al Señor. En esos días yo tenía grandes conflictos con mi padre, y papá estaba pasando por serios problemas que causaban una profunda desazón en mi alma.

Un domingo cualquiera como este, yo estaba en el servicio, y cuando el servicio termina, yo estaba sentado más o menos como las personas que están sentadas ahí detrás de la mesa de sonido. Muchachito, probablemente tenía quince, no había llegado a los dieciséis. Y yo me quedé unos minutos sentado porque todavía estaba yo orándole, dándole vueltas en mi cabeza acerca de las cosas que yo estaba viviendo en esos días. Como siempre sucede en toda iglesia grande, el pastor titular acababa de predicar y una masa de gente como siempre se acerca a saludar, a hacer preguntas y a conversar.

Yo no había pasado cinco minutos sentado cuando en eso yo estaba con la cabeza gacha y levanto la cabeza, y el pastor estaba parado frente a mí. Y él me preguntó: "¿Qué te pasa, muchacho?" Yo me quedé sorprendido y yo le dije: "Sabe, tengo problemas con mi papá." Y él me hizo así: "¿Ves esa puerta? El estacionamiento, ¿ves ese Volkswagen blanco? En media hora nos encontramos allí, que vamos a ir a ver a tu papá." Y fuimos a ver a mi papá, y el pastor fue amigo de mi papá hasta el día de su muerte. ¿Cómo es que me vio? Yo no lo sé. ¿Cómo es que me reconoció? ¿Cómo es que él hizo eso? Solo el Espíritu de Dios lo sabe.

Pero lo cierto, hermano, es que necesitamos miembros sanos que actúen así. Necesitamos preguntarnos a los ojos cómo estamos. Necesitamos preguntarnos qué está haciendo Dios en nuestra vida. Pero necesitamos hacerlo intencionalmente. Necesitamos ver lo que Dios está haciendo en medio nuestro. Porque saben, le estamos restando gloria a Dios si es que nosotros no estamos celebrando mutuamente lo que Dios está haciendo en medio nuestro.

Y no se trata solamente de escuchar cuando decimos: "Mira, yo te estoy viendo andando mal, así que quería verte." No, se trata de que nosotros nos busquemos mutuamente, que tengamos el mismo amor, que sobrellevemos los unos las cargas de los otros, que reconozcamos que no podemos amar lo que no conocemos. Nuestro amor debe ser intencional porque Jesucristo nos llama a amar y nos ordena amar como él nos ha amado. Y eso es lo que Bernabé hizo con Saulo.

No se ve más adelante que Bernabé siguiera a Saulo o que tuviera una percepción especial de Saulo, o que Saulo lo estuviera viendo como un posible algo. No. Bernabé fue a Saulo no por lo que era Saulo, sino por lo que él era. No se trata de ir donde la otra persona por lo que la otra persona es, sino por lo que tú eres. No por el valor de la otra persona, sino por el valor que el Señor te ha mostrado que tú tienes delante de él y que debes mostrarlo también a otros.

Finalmente, un miembro sano se somete a servir en medio de lo que Dios está haciendo, no en aquello que él supone que le gustaría estar haciendo, sino en aquello que el Señor lo llama a hacer. Y eso es muy importante. Nosotros debemos recordar que estaban sucediendo muchas cosas en la iglesia, pero tras bambalinas el mover de Dios se estaba manifestando. Recordemos a Pedro siendo llamado a predicarle a Cornelio, el informe en Jerusalén que estaba moviendo las bases de la iglesia, que estaba reconociendo que tenía una responsabilidad con el mundo entero.

Luego, gente de la dispersión había salido. Nos dice el capítulo 11 de Hechos, el verso 19: "Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, hablando la palabra a nadie sino solo a judíos. Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús. Y la mano del Señor estaba con ellos, y gran número que creyó se convirtió al Señor."

Sucedió lo inimaginable, y en Antioquía empezó a haber un mover de Dios trayendo gentiles a los pies del Señor, algo que no se imaginaban en ese momento. Dice el verso 22: "La noticia de esto llegó a oídos de la iglesia en Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía." ¿Por qué enviaron a Bernabé a Antioquía? Se nos dice que eran chipriotas, los hombres de Chipre y de Cirene, los que predicaron en Antioquía. Probablemente, en esa relación de cultura y de raza, quizás lo envían a él como chipriota también a hablar y a reconocer lo que ahí estaba sucediendo.

Yo me pregunto si Bernabé, después de tantos años, quizás estaba buscando un puesto de servicio en Jerusalén. "¡Ay, ay, ay! Ahora me mandan a Antioquía. ¡Sabe Dios lo que estará pasando en Antioquía! ¡Ay, ay! ¿Qué cosa?" Porque una cosa es en París y otra cosa en Macoris, ¿verdad? Entonces, Jerusalén es donde yo quiero estar, y ahora me mandan allá, a la de Dios, de donde no sabemos ni lo que está pasando.

Pero hay solo un detalle que yo quiero dejar con ustedes, porque el tiempo se está terminando, y es que dice el verso 23: "El cual, cuando vino y vio la gracia de Dios..." Cuando vino y vio la gracia de Dios. Yo me pregunto cómo es que yo veo la gracia de Dios, cómo es que yo puedo estar atento a ver la gracia de Dios, la manifestación de la misericordia de Dios. Creo que para ver la gracia de Dios yo tengo que estar ejercitado para poder observarla, y primero tengo que verla en mi propia salvación.

Yo tengo que estar muy atento a lo que Dios ha hecho en mí. El profeta decía: "Recuerda la piedra de donde fuiste cortado y la cantera de donde fuiste sacado." Yo creo que parte de nuestro testimonio es recordar quiénes somos nosotros en realidad sin Dios, y lo que Dios ha hecho en nosotros producto de su gracia. Esa es la primera observación de la gracia de Dios: yo he visto la gracia de Dios en mí y soy capaz de reconocerla también en ti. Eso es lo primero que Bernabé podía haber ejercitado.

¿Cómo es que Bernabé ve la gracia de Dios? La ve cuando se dispuso a compartir con sacrificio esa visión general que ahora era también su visión particular. Nuevo creyente, le empieza a ver lo que el pueblo de Dios estaba haciendo, y él está dispuesto a compartir también esa visión con sacrificio, y él así ve la gracia de Dios. Él ve la gracia de Dios también cuando él no se ve entre los elegidos, ni había contado mártir ni siquiera a preso, pero estuvo dispuesto a gozarse y a llorar con ellos. Él vio la gracia de Dios cuando descubrió que Saulo había sido rescatado por la cruz de Cristo. Él vio la gracia de Dios como la había visto tantas veces al ser un miembro comprometido y participante en la iglesia.

Y hermanos, nosotros tenemos que ejercitarnos para ver la gracia de Dios, porque la realidad del pecado es latente y visible, pero yo quiero ver a Dios obrando en medio de esa realidad. Queremos ver a Dios obrando en medio de esa realidad. Y como Bernabé, llegar a un lugar y ver la gracia de Dios. Y dice que él se regocijó, porque cuando uno ve la gracia de Dios, ¿saben lo que hace? Se regocija. Pero ¿saben cuál es el significado de la palabra regocijarse en la Escritura? La palabra regocijarse tiene que ver con festejar.

¡La gracia de Dios! Vamos a festejar la gracia de Dios. Uno no solamente la ve, sino que cuando la ve, la festeja. Tenemos que aprender a festejar la gracia de Dios, a celebrar lo que Dios está haciendo, a poder reconocer que el Señor está obrando. Y no solamente eso, sino que dice: "Y animaba a todos." Hoy el Señor ya está obrando, pero ahora quiero animarlos. ¡Vamos a bailar juntos! ¡Vamos a celebrar! ¡Vamos a gozarnos con el Señor! ¡Anímate, anímate, que nadie se quede sentado! ¡Vamos a cantarle al Señor! ¡Vamos a celebrar con el Señor! Él vio la gracia de Dios, la celebró, y te animo a acompañarme en medio de esa celebración. Eso hace un miembro sano.

Y saben qué nos dice la Palabra en el verso 24: que era un hombre bueno y lleno del Espíritu Santo y de fe. Él es un hombre bueno. ¿Saben, hermanos? Este ejercicio de ser un miembro sano no es solamente para servir al Señor, sino para convertirnos en hombres y mujeres buenos, para que el Señor empiece a trabajar en nuestro corazón y nos pueda dar aquello que nos hace falta. Él era bueno, lleno del Espíritu Santo, lleno de fe.

Y saben, así como yo he reconocido en este momento a ese pastor que vino a mí, yo tengo que reconocer a muchos que fueron Bernabés en mi vida, porque yo soy el resultado de muchos Bernabés en mi vida. Yo no me he hecho solo; es el Señor obrando en mí y el cuerpo de Cristo trabajando para convertirme en el hombre que yo soy en este momento.

Yo tengo que reconocerlo de manera particular, yo tengo que reconocerlo desde el primer día, después del domingo de mi conversión. A mí me invitaron al sábado siguiente a la reunión de jóvenes. Como en todas las iglesias, aún en los tiempos de Jurás y Park también había reuniones de jóvenes. Ya había jóvenes, porque algunos jóvenes se preguntan si en mis tiempos había jóvenes porque yo siempre estoy viejo, pero había jóvenes.

Yo, con catorce, quince años, yo recuerdo esa iglesia grandota donde yo estaba. Me invitaron a la reunión de jóvenes, y yo estaba caminando por las rejas de afuera y no me atrevía a entrar. Y no me atrevía a entrar y decía: "Mejor me voy," porque no sabía cómo entrar. Y yo recuerdo a Lucho, que ustedes no lo conocen. Lucho estaba dentro, y Lucho cruzó la mirada conmigo. Yo sentí su mirada mirándome y yo lo miré a él, y Lucho me dice: "¡Hey!" Y él salió desde dentro y vino y me dijo: "Ven, pero ven a esa reunión de jóvenes." "Sí, yo vengo a la reunión de jóvenes." "Pero vamos." Y me hizo entrar. Ese Lucho, Lucho fue un instrumento de Dios para que yo me quedara en esa iglesia.

Aunque se me terminó el tiempo, voy a decir una para la historia. Mi última prédica, esa es mi última prédica. Después el pastor me va a dar, pero ya. Uno de los períodos más largos en mi vida fue llegar a los dieciocho años. Yo quería estar desesperado para llegar a los dieciocho años, porque a los dieciocho años yo iba a poder enseñar adultos. Adultos en la iglesia no me dejaban porque no tenía dieciocho años.

Cuando cumplí los dieciocho años, yo ahora no recuerdo cómo lo hice, pero yo me metí a enseñar adultos. Y en la clase ya había, era una clase de Segunda de Tesalonicenses, lo recuerdo perfectamente. Y en la clase había un profesor que era un señor mayor, probablemente en ese tiempo él tenía miedo, un hombre sumamente estudiado, muy pulcro. Él iba de traje a dar su clase, pero él tenía un asistente, y el asistente era el mejor estudiante del seminario en ese momento. Y los dos daban Segunda de Tesalonicenses. Yo hasta ahora me pregunto: ¿cómo me metí a esa clase con dieciocho años a dar Segunda de Tesalonicenses? Y yo daba mi clase con ellos. Preparaba mis tarjetitas de cartulina, esas de cartoncito, donde hacía mi clase de Segunda de Tesalonicenses. Saben, no recuerdo cómo entré, pero lo logré: entré y di las clases con ellos.

¿Y todo su pueblo dice? ¡Gloria!

Durante muchos años, quiero confesar este pecado, yo creí que me merecía los lugares. Yo predicaba, enseñaba, sentí el llamado pastoral desde muy jovencito. Pero pronto yo me di cuenta que no se trataba de mí, que se trataba también de personas que me daban el espacio para que yo pudiese crecer, de personas que estuvieron dispuestas a conocerme y darme una oportunidad y discipularme para que yo pudiera ser el hombre que yo debía ser. Y de esa manera, muchos Bernabés han caminado por mi vida hasta el día de hoy.

Yo tengo que agradecerle al pastor Miguel que él me diera la oportunidad de venir a la IBI. Yo se lo agradezco. Le agradezco a Chacho, a Luis, en el momento en que yo llegué aquí, porque como columnas de la iglesia me dieron la oportunidad. Y yo tengo que contar que el pastor Miguel y yo tenemos un lugar en el libro de los récords Guinness. Yo no sé si ustedes saben, nosotros tenemos un lugar en los récords Guinness: la entrevista más larga de trabajo de la historia de la humanidad es la entrevista de trabajo que yo tuve con el pastor Miguel. Seis meses de interrogatorio teológico.

Cartas que iban y venían, él en una isla y yo en otra isla. Yo lo tengo todo guardado, pastor, por si acaso. Iban y venían, él haciéndome preguntas, yo haciéndole preguntas, hablando de la visión, hablando de la vida, hablando de la teología, hablando de cómo creemos, cómo miramos al Señor. Pero en ese ejercicio yo pude reconocer un gran beneficio: el amor que el pastor Miguel tiene por su iglesia, porque él no iba a dejar que cualquiera se pare en este púlpito. Pero él fue intencional en conocerme.

Y no solamente eso. Después, el pastor Miguel: "Mesa, Pepe, queremos invitarte a una conferencia." Había no me ha dicho nada, seis meses de interrogatorio, no me han dicho nada. "Queremos invitarte a una conferencia, una conferencia con John MacArthur." "Perfecto, vamos, yo voy." Entonces el pastor Miguel, por razones de su profesión en la que estaba muy metido y tenía unas emergencias, no llegó, y me llevó con Chacho a la conferencia de John MacArthur de pastores.

Algo interesante sucedía ahí, que en la conferencia Chacho no miraba a MacArthur. Todos estábamos así mirando al pastor MacArthur, y Chacho estaba sentado así.

¿Por qué Chacho está sentado así? Porque él quería saber cómo yo reaccionaba a las enseñanzas de John MacArthur. En ese tiempo que pasé con Chacho tuvimos un precioso tiempo donde él por fin me dijo: "¿Y tú quién eres?" Y pudimos hablar de quién era John, mi vida, mi historia. Me contó su historia, la historia de la iglesia, etcétera. Él fue intencional en conocerme y yo fui intencional en conocerlo a él.

Luego me dijeron: "Ahora tenemos que juntarnos de nuevo los tres para tener otra discusión". Nos juntamos en un mall, sagrado un mall santo, en el patio de comida de un mall santo, y empezamos a conversar. Larga conversación de varias horas. Y Miguel dijo algo. Pepe me dice: "Creo que esto huele a Dios". Me dijo: "Creo que esto huele a Dios". Yo dije: "Ya". Entonces me dice: "Vamos a tener unos tres meses de oración".

Pero yo venía, oh hermano, y con esto quizás ya termino, y detrás de todo esto está simplemente el deseo de que nosotros podamos ser miembros los unos de los otros. Que nosotros podamos conocernos mutuamente, que participemos de la visión, que nos preguntemos dónde está la gracia de Dios, que no dejemos de ver la gracia de Dios, que no nos convirtamos en una iglesia fría que cree que todo está sucediendo aquí cuando todo está sucediendo allá. Para poder hablar aquí, tiene que estar pasando allá. Y queremos ver la gracia de Dios y queremos observarla y queremos celebrarla y queremos animarnos mutuamente a crecer en la gracia de Dios, siendo miembros sanos que sufren y se gozan mutuamente, amándonos mutuamente conforme al amor que Cristo tuvo por nosotros.

Pepe Mendoza

Pepe Mendoza

José «Pepe» Mendoza es predicador, escritor y profesor, y autor del libro Proverbios para necios: Sabiduría sencilla para tiempos complejos (Vida, 2024). Ha servido como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en la República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú, donde enseña en el Instituto Integridad & Sabiduría y colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary. También trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y juntos son padres de su hija Adriana.