Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar diciendo "Padre nuestro que estás en los cielos", introdujo un concepto revolucionario que ningún judío del Antiguo Testamento se había atrevido a usar de manera personal. La palabra aramea que empleó, "abba", era un término de intimidad que los niños usaban para dirigirse a sus padres. Sin embargo, Cristo no se detuvo ahí: añadió "que estás en los cielos" para recordar que ese Dios cercano también habita en luz inaccesible. El balance entre intimidad y majestad define cómo debemos acercarnos a Él.
Esta paternidad no es universal. Juan 1:12-13 aclara que solo quienes reciben a Cristo obtienen el derecho de ser llamados hijos de Dios, nacidos no de voluntad humana sino del Espíritu. Antes de ese nuevo nacimiento, somos criaturas de Dios, pero no hijos. Por eso las oraciones de quienes rechazan el camino que Dios construyó mediante la sangre de su Hijo le resultan abominables: pretenden sus bendiciones mientras desprecian el único acceso provisto.
Los privilegios de esta filiación son enormes. El pastor Núñez señala que cuando Adán fue expulsado del huerto, perdió la protección, la aprobación y el acceso que solo un padre puede dar. Desde entonces, la humanidad ha buscado seguridad en pólizas y planes de retiro, sin encontrar la paz que únicamente la paternidad divina restaura. Pero ahora, a quienes han nacido de nuevo, Jesús les dice: pidan y recibirán, busquen y hallarán. Si los padres terrenales, siendo imperfectos, saben dar buenas cosas a sus hijos, cuánto más el Padre celestial. La responsabilidad del hijo es sencilla: disfrutar los privilegios de quedarse en casa y representar bien a su Padre.
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Mateo 6. Usted tiene la Biblia ahí en sus manos; lo invitamos a que la pueda abrir. El versículo 9, vamos a leer una sola frase que es la frase del mensaje de hoy, y luego un poquito más adelante leeremos el resto del contexto del mensaje. Mateo 6, el versículo 9, y del versículo 9 una sola frase que dice: "Padre nuestro que estás en los cielos." Es el tema de nuestro día.
Padre, gracias porque Tú eres nuestro Padre. A pesar de que estás en los cielos, no te has olvidado de aquellos que estamos aquí en la tierra. Te pedimos que en el día de hoy, por medio de tu Palabra, Tú ayudes a tu siervo a ayudar a tus hijos a entender, y a él mismo a entender mucho mejor tu paternidad, los privilegios de la misma y nuestra responsabilidad como hijos. Lo pedimos en Cristo Jesús, amén. Amén.
Ustedes saben que hace un par de domingos comenzamos a hablar acerca de la oración en el contexto del Sermón del Monte. Dijimos que Cristo había comenzado a enseñarle a los discípulos a cómo no orar. Y si usted no estuvo en el mensaje anterior, le recomendamos que lo pueda escuchar porque es la manera de cómo no debemos orar. Pero ahora Él comienza a enseñarles cómo debemos orar. Y frecuentemente este es el patrón: muchas veces nosotros tenemos que desaprender antes de aprender. Tenemos que desaprender lo que habíamos aprendido mal para aprender de una mejor manera o de una manera correcta.
Para aquellos que tienen la tendencia, la tentación de querer lucirse en público al orar, Cristo dice en ese texto que no debemos hacer eso, que si esa es mi tentación es preferible que me vaya a la casa y pueda orar en privado, y que el Padre que me escucha en privado sabrá recompensarme debidamente.
En ese contexto entonces Cristo dice todo esto que yo quiero leer, aunque permanecemos con esta frase como nuestro tema para hoy: "Vosotros pues orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy el pan nuestro de cada día, y perdónanos nuestras deudas como también nosotros hemos perdonado a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino y el poder y la gloria para siempre jamás. Amén."
Esa es la oración más conocida de toda la Palabra de Dios. Es una oración que tiene dos mil años inspirando sermones, y todavía no acabamos de entender todo lo que Cristo quiso encerrar dentro de esta oración. Es la oración que ha sido conocida en español como el Padrenuestro. En inglés es conocida como "The Lord's Prayer" o la oración del Señor. Pero como bien muchos han dicho, más que la oración del Señor, esta es la oración de los discípulos, porque el Señor se la dio a ellos. Y nosotros sabemos que hay palabras en esta oración que Jesús nunca hubiese pronunciado para Él mismo. Cuando habla de que nos perdone nuestras deudas o nuestros pecados, Cristo nunca tuvo nada que perdonarle a Él personalmente, de manera que esta oración es más bien para los discípulos.
Esta no es una oración para ser repetida de forma recurrente, sino que es más bien un modelo de oración. Aunque no habría nada de malo con repetirla, Cristo no dice "al orar, orad estas palabras" o "esta oración." Él dice "orad de esta manera." Entiende el patrón, entiende que la esencia de la oración es lo importante y no necesariamente su forma.
La advertencia que le acababa de hacer a los discípulos es que no debíamos orar como los gentiles, que piensan que serán oídos por sus largas palabrerías. Así que la longitud de mis palabras no es lo que garantiza una audiencia con Dios, como tampoco lo es una buena oratoria, y mucho menos una vida moral. Porque yo pudiera vivir una vida moral buena y no necesariamente ser escuchado por Dios. De manera que yo necesito entender cuáles son los requisitos para ser escuchado por nuestro Padre, cuáles son las oraciones que Dios está dispuesto a escuchar de los hombres.
Y yo creo que indirectamente Cristo comenzó a revelar eso desde el principio de esta oración al decir "Padre nuestro." No otras palabras. Si yo voy a orar al Padre, eso implica que yo soy un hijo de Dios. Yo necesito antes de ser escuchado ser hijo. Y uno de los errores universales que se ha cometido es asumir que la Biblia habla de la paternidad universal de Dios, como que todo el mundo es hijo de Dios y Él es padre de todo el mundo. En ningún momento la Palabra de Dios habla de algo semejante. Nosotros somos criaturas del Creador, y luego, cuando algo circunstancial, coyuntural, personal ocurre en mi vida, yo paso a ser hijo de Dios.
Escúchalo de las palabras de Juan capítulo 1, versículos 12 y 13: "A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Pero a todos los que le recibieron" —escucha— "a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios." ¿Por qué? Porque no lo eran. "Es decir, a los que creen en su nombre, que no nacieron de sangre, ni de la voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios."
La paternidad de Dios ocurre cuando yo he nacido nuevamente bajo el amparo de nuestro Dios, ya no por la voluntad del hombre, ya no por la voluntad de la carne como el texto dice, o de la sangre, sino de Dios que ha regenerado mi alma y me ha hecho nacer de nuevo. Hasta que esto no ocurra, yo soy una criatura de Dios, pero yo no soy un hijo de Dios.
Si eso nos va ayudando a entender cuáles son las oraciones que Dios estaría dispuesto a escuchar, yo creo que Cristo está tratando de ayudarle a entender a sus discípulos un concepto totalmente nuevo y revolucionario. No quiero que la mente lea en el Antiguo Testamento; nadie había usado el nombre "Padre" para referirse a Dios de manera personal. De hecho, la palabra "Padre" para referirse a Dios en el Antiguo Testamento es claramente usada, aparece unas catorce veces, y en todos los casos de manera general, plural, como para la nación hebrea. Pero ningún individuo se atrevió a dirigirse a Dios de manera individual usando el nombre de Padre. David no se atrevió, Daniel no se atrevió, Isaías no lo hizo, Job no lo hizo, Abraham tampoco.
De manera que cuando Cristo comienza a orar, y sobre todo en este caso que lo hizo con una palabra aramea que es "Abba," que significa algo como "papi," yo creo que si los discípulos tenían los ojos cerrados, ellos probablemente los abrieron, se miraron y dijeron... Bueno, yo creo que ya estaban sorprendidos de escuchar a Jesús dirigirse a Dios con la palabra aramea "Abba." Porque de hecho los estudiosos nos dicen que en arameo esta es una palabra que los niños usaban para dirigirse a Dios, y aun así raramente.
Tan marcada es la diferencia, dice que Hughes en su comentario con referencia a la palabra "Padre," la diferencia, que tan marcada es la diferencia, que algunos académicos sostienen que la diferencia entre el Antiguo Testamento y el Nuevo puede ser resumida en la palabra "Padre." De manera que Cristo está introduciendo algo que ellos no conocían. La palabra que les está usando es una palabra poco común, es una palabra que ellos jamás hubiesen usado para referirse a Dios, y sin embargo eso es exactamente lo que Él está haciendo.
Pero escucha que Cristo no simplemente dice "Abba" y pasa a hacer las peticiones, sino que Él dice "Abba que estás en los cielos." Él está tratando de ayudarnos a entender el balance que debemos tener entre la intimidad que podemos y debemos gozar con Dios, y la majestuosidad de ese Dios que está en los cielos. Yo no creo que la frase "Padre nuestro que estás en los cielos," yo no creo que esa última frase era para revelarnos la nueva dirección postal de Dios. Yo creo que Él está tratando de recordarnos que ese Dios a quien le estoy llamando "Abba" está sobre toda su creación. Que yo tengo que tener una cierta familiaridad con Él sin perder su majestuosidad. Que este es el Dios que habita en luz inaccesible, pero que al mismo tiempo quiere que yo adquiera una relación íntima de Padre-hijo con Él, y que yo pueda sentir esa relación en la medida en que yo camino bajo su dirección.
Ahora nota cómo Cristo no solamente dice "Padre que estás en los cielos," sino "nuestro Padre" o "Padre nuestro," con lo cual Él me estaba dejando ver que el mismo Padre que Él tenía es mi Padre, es nuestro Padre. Lo cual hace de Cristo mi hermano. Y eso es exactamente lo que el autor del libro de Hebreos nos revela en 2:11: "Porque tanto el que santifica como los que son santificados son todos de un Padre, por lo cual Él no se avergüenza de llamarlos hermanos."
Para mí es increíble pensar cómo es que Cristo, viéndonos tan otros, tan pecaminosos como somos, al vernos no experimenta vergüenza de que seamos hermanos de Él y compartamos un mismo Padre. Esas palabras nos ayudan a entender qué es lo que Dios está tratando de comunicarnos a nosotros.
Para mí es increíble pensar que Dios, que nos tomó por adopción, nos ha dado el mismo título que Él ha dado al Unigénito desde toda la eternidad, a quien ha amado desde la eternidad. Y a la hora de llamarnos a algo, nos dio exactamente el mismo título que le dio a su Hijo: nos llamó hijos. Yo tengo que recordar que yo represento el hijo rebelde, el hijo desobediente que le causa dolores de cabeza a su Padre. Y Cristo representa el hijo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Y a la hora de llamarnos, nos da la misma categoría. Yo represento el hijo adoptado, Cristo representa el Hijo eterno, el Unigénito del Padre. Yo he sido hecho hijo por adopción, Cristo es el único Hijo natural. Y sin embargo, cuando Dios escribió su testamento, Él nos hizo coherederos con ese Hijo.
"El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si en verdad padecemos con Él, a fin de que también seamos glorificados con Él." Romanos 8:16-17.
No solamente Dios me ha hecho su heredero, pero me ha hecho coheredero con la persona de Jesús. Lo que Cristo hereda, yo lo heredo. De manera que si nosotros pudiéramos realmente entender, aquilatar, apreciar los privilegios de ser hijo de Dios, los privilegios de tener la paternidad de Dios retornada a nosotros, yo creo que nosotros viviríamos de una manera mucho más agradecida.
Obediente, más sometida, más obediente por amor, por agradecimiento, y menos por miedo a las consecuencias. Yo represento el hijo orgulloso, el hijo que tiende a rechazar a todos aquellos que no llenan su estándar. Cristo representa el hijo humilde, que tiene hermanos que ninguno ha llenado su estándar y sin embargo no se avergüenza de ellos. De hecho, Cristo representa al hermano que tuvo que venir a vivir una vida que los demás hermanos no podían vivir y a morir una muerte que los demás de ellos no podían morir, porque ninguno había llenado el estándar. Y a pesar de eso él no se avergüenza de llamarles hermanos. Yo represento eso y él representa eso otro.
Ahora, yo creo que tenemos que recordar que cuando Cristo nos habla de que debemos orar de esta manera, "Padre nuestro", esta oración está siendo dada a los discípulos, de manera que eso me recuerda que yo tengo otros hermanos. ¿Y por qué esto es importante? Porque yo creo que a la hora de yo relacionarme contigo, si yo recuerdo que tú tienes el mismo padre que yo tengo, yo voy a tener más cuidado de cómo te voy a tratar, de cómo me voy a relacionar contigo.
Yo creo que carga el corazón de nuestro Dios ver hermanos que él ha comprado a precio de sangre, con la vida de su Hijo, que él los tomó cuando eran enemigos de Dios, los reconcilió con él, y ahora esos dos hermanos reconciliados a precio de la sangre de su otro hermano Cristo rehúsan reconciliarse. Yo creo que en la parábola del hijo pródigo nosotros vemos parte de esta tensión, donde el padre representa a Dios, donde el hijo rebelde regresa arrepentido, el hijo que estaba en la casa ahora no quiere relacionarse con su hermano. Y tú lees las palabras del padre cuando dice: "Pero hijo, si todo lo que yo he tenido aquí en mi casa ha sido tuyo desde el principio". Tú puedes sentir en esas palabras el dolor del padre que no entiende cómo es que este hermano no quiere reconciliarse con aquel otro hermano.
Y esta oración, "Padre nuestro", nos recuerda que tenemos un padre común, y ese padre común hace que tú seas mi hermano y yo sea tu hermano. Y si nosotros pudiéramos entender eso, nosotros pudiéramos relacionarnos el uno con el otro de una mejor manera, pudiéramos tener una vida cristiana más digna de nuestro Padre, que honremos a nuestro progenitor común.
El judío del Antiguo Testamento no entendía esa familiaridad con Dios. Él conocía a Dios como el Dios soberano, el Dios excelso, sublime, alto, trascendente, allá arriba, juez, despegado de mí. Si eso está tratando de comunicarle a esa mente hebrea, que hay una nueva relación padre-hijo. Ve, yo quiero que tú tengas disfrute, aprecie o revalore. Si yo soy hijo, una de mis responsabilidades es honrar a mi padre. Honrar padre y madre es el quinto mandamiento. De padre y madre terrenales tengo que honrar a los padres terrenales, mucho más a mi Padre celestial. Si yo soy hijo de Dios, yo tengo que vivir en obediencia, yo le debo obediencia, pero debe ser una obediencia agradecida, por amor, no por miedo.
Cristo quiere que sus discípulos comiencen a caminar de otra manera. Él quiere que ellos puedan entender las implicaciones de la paternidad de Dios sobre ellos. La pregunta es: ¿cuál es esa importancia? ¿Por qué es tan importante el entender que Dios ha pasado a ser ahora mi nuevo Padre?
Bueno, en la mente hebrea la palabra padre implica originador. Por ejemplo, Abraham es llamado padre Abraham porque él fue el originador de la nación hebrea. De esa misma manera entonces, cuando Dios creó a Adán y Eva, él fue el originador de estos dos seres humanos. No hay duda de que él fue su Padre y fueron sus hijos. No hubo ninguna otra participación de otra persona, de otro ser que no fuera Dios cuando estos dos individuos fueron hechos. Y sin embargo, habiendo sido ellos creados a imagen y semejanza de Dios, habiendo tenido ellos la paternidad de Dios, y habiendo sido ellos hechos hijos desde el inicio, ellos renunciaron y negaron la paternidad de Dios. Dios los echó fuera, y a partir de ese momento Adán y Eva y sus descendientes comenzaron a existir en necesidad de una paternidad que habían perdido.
Yo no creo que Adán se percató de las consecuencias que tendría esa pérdida. Adán debió haber sentido sumamente rechazado cuando escuchó la voz de Dios: "Échalos del huerto, coloca un querubín para que ellos no puedan regresar a su presencia". Y desde ese entonces nosotros hemos sufrido las consecuencias de una falta de paternidad, y nosotros no nos hemos recobrado de eso. Aun después de la redención nosotros seguimos sufriendo las consecuencias de haber perdido esa paternidad, y lo vemos de la manera como los padres terrenales frecuentemente tratan a sus hijos.
Yo no creo que tenemos un buen entendimiento de cuán importante es la paternidad divina y la paternidad terrenal para el diseño de Dios de los seres humanos. Déjame leerte rápidamente en un par de minutos algunas estadísticas para que tú puedas entender lo que estoy tratando de comunicar. La paternidad terrenal es esencial para el buen desarrollo emocional de los hijos, mucho más la paternidad celestial.
Escucha estas estadísticas. Niños que vienen de hogares donde el padre ha estado ausente representan el 63% de los suicidios de los adolescentes, el 70% de adolescentes en instituciones del estado, el 71% de los embarazos de adolescentes, el 71% de los que han abandonado la secundaria, el 75% de niños en centros de abuso de sustancias químicas, el 85% de adolescentes en prisión, el 85% de niños con problemas de comportamiento, y el 90% de niños sin hogar que se han ido de sus casas.
La falta de la paternidad masculina tiene consecuencias monumentales en los hijos, y la falta de la paternidad divina tiene consecuencias peores. El caos, el desastre que hemos vivido por cientos y miles de años desde que Adán se separó de Dios. Y ahora, a través de esta nueva relación, Cristo está tratando de ayudarles a ellos a entender que ellos pueden recobrar en Dios lo que se perdió en el jardín del Edén.
Cuando Dios echa a Adán del huerto, Adán perdió la protección que un padre le puede dar a sus hijos, y eso le hizo sentir inseguro. Y desde ese momento Adán y los hijos de Adán han tratado de manejar su futuro, garantizar su futuro para sentirse seguros, y eso lo hemos hecho a través de pólizas de seguro y planes de retiro. Y nada de eso le ha producido al hombre la sensación de seguridad que solamente la paternidad de Dios me puede devolver. Adán en el huerto, Eva en el huerto, jamás hubiesen entendido la necesidad de cosas semejantes. Pero fuera del huerto ahora el futuro luce incierto: "Yo tengo que manejarlo por mí mismo". Eso es lo que los hijos de los hombres han aprendido a ver y a entender.
Notas que Cristo está consciente de esa gran necesidad que tenemos de seguridad, que él comienza a hablar de la relación que guarda la paternidad con una serie de beneficios que vamos a ver ahora, para ver si nosotros comenzamos a recuperar lo que habíamos perdido. Escucha a Cristo hablar: "Porque vuestro Padre... No os preocupéis por el día de mañana y por lo que habéis de comer o habéis de vestir, porque vuestro Padre" —no solamente vuestro Dios, vuestro Padre— "sabe de qué tenéis necesidad". Vuestro Padre está atento a la necesidad de sus hijos, por tanto tú puedes vivir confiado. Cristo conecta la paternidad con la provisión del día de mañana.
Como Padre, Dios me ha hecho promesas típicas de un padre. Escucha algunas de ellas. "Vuestro Padre sabe lo que necesitas aun antes de pedir", Mateo 6:8. En otras palabras, hijo, si en alguna ocasión has olvidado pedir algo, no creas que vuestro Padre no está consciente de lo que necesitas aun en tu silencio. Ninguno de sus hijos se fue al colegio a los tres, cuatro, cinco, ocho, diez, quince años preocupado diciendo: "Cuando regrese a casa, ¿encontraré comida?" No, mi padre sabe de qué yo tengo necesidad, y mi madre también.
"Vuestro Padre perdonará vuestros pecados", Mateo 6:8. No es simplemente que Dios es el que perdona mis pecados, sino que la persona que perdona mis pecados es mi Padre. "Vuestro Padre alimenta a las aves, y vosotros valéis mucho más que las aves", Mateo 6:26. Vuestro Padre, y ese Padre se encarga de alimentar a meras aves, ¿no creéis vosotros que vuestro Padre se encarga de alimentaros también? "Dos pajarillos no caen al suelo sin el consentimiento de vuestro Padre". Cristo no está diciendo simplemente "sin el consentimiento de Dios", él está estableciendo una relación entre la paternidad que Dios nos ofrece y la seguridad que yo puedo experimentar en él, porque Dios controla los sucesos, los eventos del futuro.
"No temas, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino", Lucas 12:32. No temas, no tengas temor, porque es el deseo de vuestro Padre entregaros el reino. Pero yo necesito una relación paterna íntima que me pueda devolver lo que perdí. Y cuando mi padre terrenal no ha estado ahí para dármela, las consecuencias son todavía mayores, y ahora yo tengo dificultad en relacionarme con el Padre celestial porque yo no he tenido un buen modelo del padre terrenal. Eso se ha visto una y otra vez, una y otra vez. Tengo problema de relacionarme con los demás incluso.
Cuando Adán es expulsado, y Adán escucha: "Fuera de mi huerto, y aquí no regreses", Adán debió haber experimentado un gran sentido de rechazo. Y Adán perdió la aprobación que solamente Dios puede dar. Y ahora los hijos, los descendientes de Adán y Eva, fuera del huerto, no experimentarían ni el sentido de aprobación ni la seguridad de tener a un padre que los escucha y les responde a sus necesidades. Y ahora hemos pasado por la vida tratando de encontrar personas y cosas que nos puedan dar el sentido de aprobación que Dios está tratando de devolvernos a través de lo que es su paternidad.
La Escritura está tratando de ayudarme a entender algo que mucha gente no entiende, que mucha gente vive preocupada. Y Romanos 8 dice: "Si cuando vosotros erais enemigos de Dios, no escatimó a su Hijo, lo entregó por ustedes que eran enemigos, ¿qué no, qué no él va a daros, qué no va a darles?"
Ahora va a darnos, ahora que somos sus hijos. En otras palabras, el hecho de que Dios es ahora mi Padre me confiere garantías que antes yo no tenía. Adán no solamente pierde el sentido de seguridad, no solamente pierde el sentido de aprobación; Adán sale cargado de vergüenza y de culpa, y esa vergüenza y culpa que muchas veces no lo deja acercarse a Dios, que la experimentó tan pronto pecó y que él se escondió detrás del árbol, el que hablaba con él. Es ese sentido de culpa, ese sentido de vergüenza que Cristo está tratando de remover de nosotros los hijos de Dios para que nosotros podamos acercarnos a Dios ahora con confianza.
Una vez Adán expulsado, el acceso a Dios quedó vedado, y Dios no solamente lo mostró así, Dios lo tipificó así cuando mandó a construir el templo. El tabernáculo: "Yo he de morar en el lugar santísimo, y el lugar santísimo estará separado por esta cortina, y a mi lugar santísimo no puede entrar el hombre excepto el sumo sacerdote, y solamente una vez al año. Y aun así él tendrá que entrar echando incienso para que el humo cubra mi presencia, porque el acceso a mi morada ha quedado vedado desde que Adán fue expulsado". Eso es lo que ahora ha sido abierto por Cristo el día que él murió, cuando el velo fue rasgado en dos. Y ahora la presencia ha quedado abierta nuevamente, que anteriormente había sido vedada a los hijos de los hombres.
Cuando Adán y Eva fueron expulsados, sus descendientes todos nacimos muertos en delitos y pecados. Muertos al nacer, y Dios no es Padre de muertos, Dios es Padre de vivos. De manera que para Dios ser Padre de aquellos descendientes de Adán tendría que haber un nuevo nacimiento, porque yo no voy a darle paternidad a muertos. Y eso es lo que ocurre en el nuevo nacimiento: que Dios regenera mi alma, yo nazco de nuevo, y cuando yo nazco de nuevo, yo nazco con una nueva paternidad, y ahora sí Dios es nuevamente Padre de vivos, pero no antes. Por eso es que nosotros fuimos nacidos no de la voluntad de hombre, ni de la carne, ni de sangre, sino de Dios.
Y es ese camino que Dios ha construido de regreso, el camino de regreso al trono de Dios, lo hizo vía su Hijo y lo pavimentó con la sangre del Mesías. Cuando alguien trata de aproximarse al trono de Dios por otro camino que no sea el camino que Dios construyó, a Dios le es altamente ofensivo. Que el hombre pretenda regresar de fuera del huerto, representado a la presencia de Dios, al trono de la gracia por un camino que Dios no construyó, sabiendo Dios lo que a él le costó haber construido ese camino.
"Pastor, y entonces las oraciones de los impíos que todavía no han aceptado al Señor, ¿Dios las escucha o no las escucha?" Bueno, si no han aceptado al Señor, no han aceptado el camino que Dios construyó, de manera que ellos están tratando de acceder a Dios por un camino que Dios no ha construido. Es una forma de decirle a Dios: "Yo quiero tus bendiciones, pero yo no quiero el camino pavimentado con la sangre de tu propio Hijo; yo quiero hacerlo a mi manera, yo quiero acceso a mi manera". Y eso para Dios es altamente ofensivo. De hecho, de acuerdo al Antiguo Testamento, lo vamos a ver en unos segundos, es una insolencia querer recibir las bendiciones de Dios cuando yo no soy su hijo. Las oraciones del impío tratando de que Dios lo escuche, Dios dice: "Para mí eso es una insolencia". Lo dice con otra palabra, por igual de fuerte.
Imagínate a ti, a un padre que tiene un hijo, que hay un tercero. Este tercero no quiere saber del hijo, pero quiere que este padre de este hijo le dé las bendiciones. Eso nunca va a ocurrir. Sobre todo cuando este hijo que está aquí es el que ha construido el camino de acceso entre este tercero y el padre. "Yo no quiero ese camino, yo no quiero nada que ver con el hijo, pero yo quiero las bendiciones". Dios dice: "Para mí eso es altamente ofensivo, porque es un desprecio de la vida de mi Hijo, de la sangre de mi Hijo, y del camino que yo he provisto para que tú puedas entrar, tú puedas llegar".
Escuche lo que la Palabra de Dios dice con relación a las oraciones, adoración, sacrificio u ofrenda, dependiendo la traducción que usted tenga; en esencia es lo mismo, de los impíos. Proverbios 15:8: "El sacrificio de los impíos es abominación al Señor". ¡Wow! El sacrificio, la adoración, la ofrenda, la oración, porque el sacrificio implicaba todo eso: tú venías a ofrecer un sacrificio, tú hacías oraciones, es una acción de adoración. Que dice: "Eso para mí es una abominación". Ahora ve el contraste: "Mas la oración de los rectos es su deleite". Mientras los rectos oran y Dios se deleita en sus oraciones, los impíos cuando tratan de acceder al trono de la gracia por otro camino, eso les es abominable a Dios. Lo que le es abominable es precisamente el rechazo del camino que él ha construido, al precio que lo ha pagado, pero queriendo tener sus bendiciones.
Segundo pasaje. Proverbios 28:9: "El que aparta su oído para no oír la ley", el que está en rebelión, pero sobre todo en el contexto del hijo, de la persona que no ha creído. "El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominación". Lo que resulta abominable para Dios en este caso es que, estando yo en rebelión, violando yo su carácter santo, violando yo su ley santa, yo quiera, yo pretenda que Dios escuche mi oración para ser bendecido. De ese, no. Eso me es abominable también.
El próximo pasaje. Jeremías 7:16: "En cuanto a ti, Jeremías, no ruegues por este pueblo ni levantes por ellos clamor ni oración, ni intercedas ante mí, porque no te oiré". Jeremías, tú has creído en el Mesías que habría de venir, tú te has ganado el derecho de ser llamado hijo de Dios, tú puedes ser oído, tú tienes acceso al trono de la gracia. Pero cuando comienzas a orar y a interceder por un pueblo rebelde, terco, que no ha escuchado mi voz, a ti, aun con acceso al trono, yo no te voy a escuchar, porque necesitas entender que la desobediencia del pueblo impide que yo responda no solamente las oraciones de ese pueblo, sino las tuyas mismas.
Pero qué distinto es el panorama de aquellos que pueden ser llamados hijos de Dios. Qué distinto luce la condición de aquellos que no tienen a Dios como Padre comparado con aquellos que sí lo tenemos. Qué bendición disfrutan aquellos que han entrado en relación con el Padre vía el sacrificio de su Hijo. Qué privilegio es poder saber que nuestro Padre escucha nuestras oraciones. No implica que necesariamente me da y me concede todo lo que pido, pero sí implica que cuando yo estoy orando, mi Padre me está escuchando. Y la razón por la que me escucha no es por lo bueno que yo soy, sino porque él es mi Padre y él me ha dado el espíritu de adopción, por medio del cual nosotros gritamos: "Abba, Padre", como dice Pablo en Gálatas.
Compara lo que yo acabo de leerte de las oraciones de los impíos con esta porción de Lucas 11, que Cristo les da a ellos también en el contexto de la oración. Después de haberles dado una parábola donde este hombre es despertado, importunado a medianoche por un amigo que le toca y dice que le dé pan porque está en necesidad, y no se quiere levantar, no quiere abrir la puerta, pero ese hombre sigue insistiendo, insistiendo, insistiendo, y en medio de la noche entonces finalmente el hombre se para y le entrega el pan, le da lo que le estaba pidiendo. Y Cristo entonces les dice, inmediatamente después de esta parábola a los discípulos, animándonos ahora, dice: "Yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abrirá".
Escucha el contexto ahora: "Suponed que a uno de vosotros que es padre, su hijo le pide pan, ¿acaso le dará una piedra? O si le pide un pescado, ¿acaso le dará una serpiente en lugar del pescado? O si le pide un huevo, ¿acaso le dará un escorpión? Pues si vosotros siendo malos sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?"
Si vosotros que sois padres malos, Cristo dice, cuando un hijo les pide algo y está en necesidad, vosotros sabéis dar buenas dádivas, ¿qué pensáis vosotros que hará vuestro Padre, que es superior a esos padres? Él te dará no solamente lo que necesitas para tu necesidad material; él te va a dar lo que necesitas para tu necesidad espiritual, y por eso él dará aun el Espíritu Santo a quienes se lo pidan. Y no se nos dice que se nos va a dar exactamente lo que pedimos, pero todo el que pide recibe, dice nuestro Señor Jesucristo. Todo hijo que pide recibe. Cristo les está tratando de enseñar que el deseo de nuestro Padre es suplir sus necesidades. ¿Quién que tiene un hijo que le pide un huevo le va a dar una piedra, o que le pide un pescado le va a dar una serpiente? Él está hablando de necesidades cotidianas, materiales. Dice: "Ustedes saben suplir eso a sus hijos de buena manera; vuestro Padre lo sabe hacer de una mejor manera".
El contexto es la parábola: persistente. Lo que Cristo está tratando de decir es que la oración persistente de sus hijos no cansa a vuestro Padre. Sigue orando, sigue pidiendo, sigue llamando. Nuestro Padre nunca ignora la petición de los hijos. Si este hombre a medianoche no ignoró el llamado persistente de otro cualquiera que vino a despertarlo, ¿cómo tú piensas que vuestro Padre ha de ignorar el toque en el trono de la gracia continuamente? Vuestro Padre es mejor que el hombre que se levantó a medianoche. Por eso las palabras: "Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá". ¿A quiénes? A sus hijos.
Nuestro Padre celestial solo sabe dar buenas dádivas a sus hijos, porque vuestros padres terrenales dan buenas dádivas; nuestro Padre celestial tendrá que dar las mejores dádivas. El Padre celestial es superior al padre terrenal, y él hace la comparación: si vosotros siendo malos hacéis cosas buenas, vuestro Padre que es bueno solo sabe hacer cosas buenas para con sus hijos. Y vuestro Padre quiere darles aun cosas relacionadas al Espíritu de Dios; él les dará aun del Espíritu Santo a aquellos que se lo pidáis.
El ánimo, el estímulo es: acércate, acércate con confianza. El autor del libro de Hebreos dice eso: acércate con confianza, con esperanza, al trono de la gracia. Hebreos 4:16, la palabra en inglés es acércate con boldness, con atrevimiento, al trono de la gracia, no basado en tus méritos sino basado en los méritos de Cristo. Esa es precisamente la condición que el incrédulo no llena. Cristo nos enseñó a orar en su nombre, pero cuando oramos en su nombre implica que la única razón por la que yo me atrevo a pedir y la única razón por la que Dios se digna en darme es por los méritos de Cristo cargados a mi cuenta, y el incrédulo no tiene esos méritos cargados a su cuenta.
Por tanto, pretender como incrédulo que Dios responda mis oraciones es pretender que Dios puede responder peticiones no basadas en los méritos de Cristo, sino basadas en mi incredulidad; sería esa la conclusión. Pero para aquellos que le conocemos, para aquellos que hemos sido hechos hijos, Dios nos dice: acércate con confianza, con boldness, con atrevimiento, al trono de la gracia, y te vas a encontrar allí a tu Hermano que es Abogado Defensor y a su Padre que es vuestro Padre. Ahí está nuestra confianza, y ahora yo puedo acercarme a Dios y decir: Padre nuestro que estás en los cielos.
Pero antes de Él continuar, Él quería que los discípulos entendieran que esta es una nueva relación, a través de un nuevo concepto que ustedes no han entendido: la paternidad de Dios para aquellos que han nacido de nuevo, que han sido hechos hijos de Dios. Aquellas madres que recientemente han dado a luz, aquellas que hace mucho ya dieron a luz, recuerdan con tanto amor, con cuánto cuidado ellas cuidaban de esas nuevas criaturas y les daban lo que no tenían si fuera necesario para cuidar de ellas. Y vosotros tenéis corazones malos, mira lo que hacen por sus hijos.
Cuando dudas de mi provisión, cuando dudas de mi cuidado, cuando dudas de mi benevolencia para contigo, tú pones en tela de juicio mi buena paternidad para contigo. Es como que un vecino pusiera en tela de juicio tu cuidado para ese niño que acaba de nacer, a pesar de que te has dedicado a él de todo corazón. Eso es como yo luzco ante el mundo cuando tú tratas de dudar acerca de si yo te oiré, no te oiré, te cuidaré, te protegeré.
Padre nuestro, Abba nuestro, un término de intimidad, una intimidad que muchos de los hijos de Dios no tienen. No simplemente porque no tienen períodos prolongados de oración, no me estoy refiriendo ni siquiera a eso, sino que aun cuando tengan un minuto de oración, el sentido paterno de la relación, de cuidado íntimo, benevolente, tierno, la mayoría de los hijos de Dios no lo experimentan. Eso no está ahí por accidente. Ese término de Abba no está ahí simplemente para que yo le llame a Dios papi o papito, es para transmitirme lo que está detrás de la palabra, que es la intimidad, cuidado especial, tierno, benevolente, de un Dios que literalmente en términos espirituales me ha engendrado. Él me creó como criatura y luego me engendró como Padre cuando nací de nuevo vía su Espíritu. Y ahora yo soy su hijo, pertenezco a la misma familia a la que pertenece Jesús. Eso es extraordinario.
Ese solo concepto, esa sola idea debiera movernos a vivir de una manera mucho más obediente, piadosa, agradecida, dedicada, santa. Nosotros vivimos ajenos de lo que implica ser hijo de Dios, nosotros vivimos ajenos de lo que implica llevar su nombre. Es como aquel soldado de Alejandro Magno que había sido tomado preso por indisciplina. Cuando lo llevan donde Alejandro Magno, le pregunta que cuál era su nombre, le dice: Alejandro. Él dice: joven, usted o se cambia de nombre o cambia de conducta. Y yo creo que en parte Dios quisiera decirnos algo así: tú eres mi hijo, vas a caminar así, o te cambias de nombre o cambias de conducta, porque tú me representas, me das mala reputación.
Cuando hablamos de hijos que a veces los padres dicen: no hay que ser un malcriado, divide la palabra en mal-criado, pregunta por quién. ¿Quién lo malcrió? Entonces cuando uno de los hijos de Dios se comporta con malcriadeces, es como si Dios lo hubiera malcriado. Dice: no, tú eres mi hijo. Tú tienes que responsabilizarte de representarme bien y disfrutar mis privilegios y beneficios. Tu vestir es mi responsabilidad, Dios dice eso. Tu comer es mi responsabilidad, tu seguridad es mi responsabilidad, tu salud es mi responsabilidad. Tus accidentes del mañana son mi responsabilidad, nada de eso es preocupación tuya, dice Dios. Yo no me estoy inventando eso. ¿Cuál es mi responsabilidad? Disfruta mis privilegios y represéntame bien.
Permanece en mí, disfruta los privilegios de quedarte en casa, no hagas como el hijo pródigo que teniendo los privilegios en casa se fue. Eso fue lo que Adán hizo, teniendo los privilegios en el Edén, él prefirió irse a su manera y salió de la casa, exactamente. Dice: tú tienes en mi presencia plenitud de gozo y a mi diestra deleites para siempre, disfrútalos. No tienes que irte, no tienes que salirte. Mientras más vivas más en gozo, más pleno, más agradecido, me obedecerás por gozo y no por miedo. Me obedecerás y te será deleite vivir en obediencia. Confiarás en mí y te será deleite vivir en paz. Les hablarás a otros de mí y te será deleite hablar de tu Padre.