Integridad y Sabiduria
Sermones

Cómo perseverar en la aflicción

Miguel Núñez 24 mayo, 2015

La iglesia de Tesalónica floreció bajo persecución, y el secreto de su perseverancia se encuentra en dos virtudes que crecían simultáneamente: una fe que aumentaba grandemente y un amor mutuo que abundaba más y más. Estas dos características, cultivadas por el Espíritu de Dios, permitieron que aquellos creyentes no solo sobrevivieran la aflicción, sino que se convirtieran en modelo para las demás iglesias. El apóstol Pablo hablaba de ellos con orgullo santo entre las congregaciones, maravillado por lo que Dios estaba haciendo en medio de circunstancias tan difíciles.

La fe resulta esencial porque es lo que nos aferra a la mano de Dios cuando no vemos, cuando no entendemos, cuando no podemos explicar. Es la fe la que cree las promesas divinas y reconoce que incluso las peores circunstancias son resultado de la orquestación de nuestro Dios. El amor, por su parte, une a los creyentes en medio de la tormenta: hace que se acerquen, se apoyen, se consuelen y se sostengan mutuamente. Una iglesia que no cree y que no ama no podrá soportar la persecución.

La estrategia del enemigo en tiempos de aflicción es sembrar duda para desviar nuestros ojos de Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. Cuando eso ocurre, la mirada se vuelve hacia nosotros mismos, comenzamos a ver las faltas del hermano, y terminamos mordiéndonos y consumiéndonos unos a otros. Las iglesias que han colapsado bajo tribulación lo han hecho por falta de fe en Dios y falta de amor entre hermanos. El mejor barómetro de una iglesia no es el amor que dice tener, sino el que practica; no es la teología que cree, sino la confianza con la que vive.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

Nuestra mañana nosotros vamos a comenzar una nueva carta, pero no a una nueva iglesia. Es la misma iglesia de Tesalónica, pero la segunda carta que el apóstol Pablo enviara a esta iglesia como continuación de la primera que terminamos de cubrir el domingo pasado.

Tiempo después de él haber escrito esta carta, no mucho tiempo después, él tuvo la oportunidad de enviar una segunda carta que en gran manera le daba continuación a la primera. Trataba de terminar algunos temas pendientes, la usó para aclarar algunas dudas o confusiones acerca de la venida del Señor. Y tendremos una oportunidad más adelante para hablar un poco acerca de esa venida, de los tiempos que precederán esa venida, y lo anuncio porque ya sé que eso siempre crea mucho interés, de tal forma que usted pudiera comenzar a leer esa segunda carta a la iglesia de Tesalónica.

En el día de hoy nosotros vamos a estar leyendo del versículo 1 al versículo 5, pero vamos a cubrir solamente hasta el 4 y haremos del 5 en adelante la próxima semana. "Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo. Gracia a vosotros y paz de parte de Dios el Padre y del Señor Jesucristo. Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe aumenta grandemente y el amor de cada uno de vosotros hacia los demás abunda más y más, de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios. Por vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis. Esta es una señal evidente del justo juicio de Dios, para que seáis considerados dignos del reino de Dios, por el cual en verdad estáis sufriendo."

Padre, gracias una vez más por esta iglesia. Cada vez que leemos algo acerca de esta iglesia, increíblemente, es algo bueno. Otra vez acabamos de leer acerca de su crecimiento espiritual, hasta tal punto que el apóstol Pablo dice hablar con orgullo acerca de ellos entre las iglesias de Dios. Ayúdanos a aprender de esta carta, del caminar de esta iglesia. Permite que la obra que hiciste en ellos, y aun por qué no, Dios, aun mucho más allá, la pudieras realizar entre nosotros. Si así es tu voluntad y tu deleite, en Cristo Jesús te oramos, amén.

Bueno, como dijimos, hoy continuamos esta serie acerca de esta iglesia. Es una segunda carta que inicia de una manera muy similar a la primera carta. Es una carta que el apóstol Pablo escribió, se estima, no con exactitud cuántos meses posteriores a la primera, pero poco tiempo después, por una serie de cosas que quizás estaremos viendo un poco más adelante.

Por la estructura de la carta, o la estructura del inicio de la carta, es exactamente la misma estructura de la primera carta. Y es la misma estructura de las cartas de la antigüedad: hay una identificación en primer lugar del autor o de los autores, y luego entonces hay una identificación del destinatario, exactamente como Pablo lo hizo la primera vez. En esta ocasión, aunque Pablo es el autor primario de esta carta, él está enviando a nombre del equipo fundador de esta iglesia. Le está enviando la carta a nombre de Pablo, de Silvano y de Timoteo.

No sé cuántos recordarán cuando cubrimos la primera carta al principio, que hicimos todo un sermón acerca de cómo esta iglesia fue fundada. Y de acuerdo al relato del libro de los Hechos, este equipo, Pablo, Silvano y Timoteo, que en el libro de los Hechos se lee como Pablo, Silas y Timoteo, es la misma persona. El Silvano de las cartas de Pablo es el Silas del libro de los Hechos que escribió Lucas. Y entonces ahora nosotros conocemos de parte de quién va la carta, e inmediatamente después sabemos a dónde va la carta, porque Pablo identifica el destinatario como a la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre y en el Señor Jesucristo.

Es interesante que Pablo no solamente menciona la iglesia como a la iglesia de Tesalónica, sino que califica como una iglesia que está en Dios y en Cristo Jesús. Y esa es la realidad de cada iglesia. La única razón por la que la iglesia ha prevalecido a lo largo de los años es justamente porque está fundada, está construida sobre la roca, Cristo.

Como ustedes recordarán, el Señor Jesucristo le preguntó a sus discípulos en una ocasión: "¿Quiénes dicen los hombres que yo soy?" Y ellos respondieron: "Unos que Elías, otros que el profeta", y así sucesivamente. Jesucristo se voltea donde sus discípulos y les pregunta: "A ustedes, ¿quiénes dicen ustedes que yo soy? ¿Quién soy yo?" Y Pedro se adelanta y dice: "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." E inmediatamente después Jesús responde con estas palabras: "Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Yo también te digo, tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella." Las garantías de la iglesia es justamente la roca sobre la cual está construida: la persona de Jesús.

Y aquí Pablo identifica a la iglesia de los tesalonicenses en Dios y en Cristo Jesús, equiparando al Padre y al Hijo, y a la vez ayudándonos a entender sobre qué cosa está fundamentada la iglesia. La iglesia que no está en Dios, que no está en Cristo Jesús, no es una iglesia. Pero la otra iglesia, la iglesia verdadera, a lo largo de los años ha prevalecido y prevalecerá hasta que Cristo venga.

Y es bueno entonces también ver cómo Pablo no solamente dice a esta iglesia que está en Dios y está en Cristo Jesús, pero califica a nuestro Dios como nuestro Padre. Refiriéndose a Pablo, Silvano y Silas, y a ellos mismos, ese Dios en quien la iglesia está fundada es nuestro Padre. Esto es, los tesalonicenses, que en esencia en su gran mayoría eran gentiles que no tenían a Dios por Padre, que no pertenecían a ninguna familia divina, que estaban alejados de los pactos, ahora pueden ser considerados junto con Pablo, con Silas, con Timoteo, como hijos de Dios, y considerar a Dios como su Padre.

Y eso es importante porque muchas veces el creyente entra a la familia de Dios y permanece conociéndolo como Creador a partir de Génesis, comienza conociéndolo como Redentor a partir del Nuevo Testamento, quizás, aunque su obra de redención inició desde un principio, conoce a Dios como Juez pensando en el juicio final. Pero mucha gente ya dentro de la familia de Dios no conoce a Dios como Padre. Y es la relación Padre-Hijo lo que genera confianza, y si yo no puedo tener confianza en Dios, no puedo tener la fe suficiente para vivir la vida por fe y no por vista. De manera que esta identificación de la iglesia bajo la paternidad de Dios, la iglesia de los tesalonicenses en Dios nuestro Padre, es vital. Y es mi deseo que cada hijo de Dios que está aquí pueda conocer a ese Dios, pueda acercarse lo suficiente a ese Dios para conocerlo como Padre, no en términos teóricos sino en términos prácticos, pueda sentir su paternidad.

Pablo continúa de la manera que él continuaba o abría prácticamente todas sus cartas. Versículo 2: "Gracia a vosotros y paz de parte de Dios el Padre" —otra vez ahí, Dios el Padre— "y del Señor Jesucristo." Es la fórmula paulina. Yo no me voy a detener en el análisis de esas dos palabras porque ya lo hicimos cuando abrimos la primera carta a los tesalonicenses, y usted puede regresar ahí y escuchar el sermón otra vez. Pero Pablo está consciente que la fuente de gracia, la fuente de paz es Dios, y por tanto él saluda y de cierta manera desea esta bendición de gracia y paz sobre los tesalonicenses, proveniente de Dios nuestro Padre y de Jesucristo su Hijo.

Ahora, lo que Pablo hace una vez pasado el saludo es dejarnos ver que esta fue una iglesia, aunque no tenemos detalles de la persecución, pero que estuvo bajo persecución. Él nos dejó ver eso ya en la primera carta. Y esta fue una iglesia bajo aflicción, y nos deja ver también que a pesar de la persecución, a pesar de la aflicción, esta fue una iglesia que perseveró. Y por tanto ese es el título de mi mensaje: Cómo perseverar en la aflicción.

Nosotros todos hemos pasado por aflicciones, unas más severas que otras. Algunos de nosotros no lo sabemos, pero estamos esperando una aflicción que viene de camino. Esta es la realidad de la vida, de este mundo que ha sido afectado con cosas inesperadas. Los habitantes de Nepal se levantaron hace poco para ver miles de personas muertas, fruto de un terremoto que ellos no estaban esperando. La pregunta para la iglesia es: ¿cómo perseveramos en medio de la aflicción?

Pudiéramos hacer una pregunta de inicio pensando en esta iglesia, en este testimonio que Pablo da: ¿Qué hizo que esta iglesia perseverara o prevaleciera? Voy a usar la palabra perseverara, que es la que Pablo usa, y cómo lo hizo. Y nosotros pudiéramos responder esa pregunta de una manera sencilla pero reduccionista, simplemente diciendo: Dios. Esta sería la respuesta correcta. Pero cuando hablo de reduccionismo me refiero a que Dios siempre hace las cosas de una manera, hace las cosas a través de instrumentos en otros casos. Y una de nuestras interrogantes debe ser: ¿cómo lo hizo Dios? Porque eso nos va a enseñar a nosotros cómo orar, cómo pedir, qué pedir, en qué cosas ejercitarnos.

Es importante que yo sepa, no solamente que Dios hace las cosas; es importante que yo sepa cómo Dios hace las cosas, porque eso me va a instruir a mí en términos de cómo orar, qué pedir, en qué cosas yo debo ejercitarme, y eso me va a ayudar a crecer en mi vida cristiana. Y el apóstol Pablo comienza en el versículo 3 y nos deja ver algo de su carácter que a él le permitió perseverar en aflicción, tribulación, persecución. Pero inmediatamente después nos deja ver algo del carácter de los tesalonicenses que a ellos les permitió hacer exactamente la misma cosa.

Te das cuenta que hay algo en el carácter de Pablo cultivado, hay algo en el carácter de los tesalonicenses, pero eso que está en el carácter de ambos es lo que permite la perseverancia en la tribulación, algo que el mismo Espíritu de Dios ha cultivado en ellos en medio de una relación madre e hijo.

Escucha el versículo 3: "Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo, porque vuestra fe aumenta grandemente y el amor de cada uno de vosotros hacia los demás aumenta, abunda más y más." No sé si se percataron de qué es lo que sale a relucir del carácter de Pablo en la primera parte del versículo y qué es lo que sale a relucir en la segunda parte del versículo con relación al carácter de los tesalonicenses.

Hay una madurez en el carácter de Pablo que sale en todas sus cartas a la superficie. En este caso me refiero a la frecuencia con la que el apóstol Pablo da gracias. Escucha una vez más: "Siempre tenemos que dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es justo." Hay tres palabras que ponen de manifiesto el carácter maduro de este apóstol: siempre, tenemos, justo. Siempre habla de la frecuencia con la que el apóstol Pablo siente la necesidad de dar gracias a Dios. Tenemos habla de la obligación, el impulso natural en su interior que él siente, que prácticamente lo convierte en una obligación el tener que decir: "Dios, gracias." Y justo habla de lo apropiado que es agradecer a Dios en todas las circunstancias y que sería ingrato de nuestra parte no hacerlo.

Pablo está realmente en Corinto ahora cuando le escribe esta carta, pero él pudiera estar en la cárcel y escribir con la misma gratitud y de la misma manera y con la misma emoción con la que tú lees cartas como estas. Y si hay algo que yo he podido aprender en la medida que los años han ido pasando por encima o a través de mí —porque no creo que es por encima, porque ya lo siento— yo he podido aprender que una de las características de la madurez cristiana es la actitud de agradecimiento y la ausencia de quejas. Estas dos cosas existen en polos distintos, opuestos de la balanza, sin lugar a duda. Donde hay un corazón agradecido, eso excluye el espíritu de queja. Y donde mi espíritu está quejumbroso, eso excluye el espíritu de agradecimiento.

Nota de nuevo esta combinación de palabras: siempre y tenemos. Siempre, lo habitual que es para Pablo decir gracias. Tenemos, el impulso otra vez que Pablo sentía de manera espontánea. No es que yo tengo que darle gracias a Dios para no estar diciendo "Dios me dice que yo tengo que darle gracias," aunque Dios me instruye en esa dirección. Pero la realidad es que no es esa la manera como yo me siento. La manera como yo entiendo el obrar de Dios, la manera como yo veo a Dios obrando en otros, hace que yo tenga que darle gracias a Dios, hasta el punto que él dice: "Es que eso es lo justo. Cualquier otra cosa sería injusto de parte nuestra." Está el carácter de Pablo saliendo a la superficie, la madurez de su carácter.

Y otra cosa que pone de manifiesto la madurez de su carácter es que, a diferencia de lo que pasa muchas veces —y lo hacemos de manera correcta, pero quizás el problema está cuando lo hacemos de manera exclusiva o mayormente de manera exclusiva— es que nuestra tendencia es darle gracias a Dios por todas las cosas que hace en nosotros: cuando Él nos da salud, cuando Él nos provee, cuando sentimos su compañía, etcétera, etcétera. Pero no tan frecuentemente nosotros estamos tan apercibidos de la obra de Dios en otros, a través de otros, para continuamente estar dando gracias a Dios por lo que está haciendo en otros y a través de otros. Eso es como menos evidente en nuestras vidas. Y sin embargo, tú encuentras a Pablo continuamente agradeciendo, dando gracias a Dios por lo que está haciendo en otros y a través de otros. Lo hizo cuando escribió a los romanos, dio gracias a Dios por los romanos, dio gracias a Dios por los corintios —por los corintios aún, que vivían mordiéndose unos con otros— los filipenses, los colosenses, los tesalonicenses.

Y eso me hizo pensar: ¿cuántos de nosotros? Detengámonos un momento y hagamos un poquito de, como dicen en inglés, soul search, de introspección del alma. ¿Cuántos de nosotros nos detenemos con cierta regularidad y le damos gracias a Dios por la IBI? ¿O por otras iglesias? ¿Por IBO, Iglesia Bautista Ozama del pastor Otto? ¿O por IBSJ, Iglesia Bautista del Señor Jesucristo, con quien tenemos una cercana relación? ¿O la iglesia donde pastorea el pastor Agüero, el pastor Óscar Arocha en Santiago? ¿Cuántos de nosotros hacemos eso?

El apóstol Pablo continuamente está dando gracias a Dios por lo que Dios está haciendo a través de otros. No tenía que hacer parte de eso para agradecer por otros líderes. Yo creo que tenemos que hacernos mucho más proactivos. Quizás damos gracias a Dios, deberíamos dar gracias a Dios por un estudio bíblico al que yo asisto, donde mucha gente en el mundo no tiene un estudio bíblico, algunos no tienen ni una Biblia. O quizás doy gracias a Dios, o debería dar gracias a Dios, porque tengo buena doctrina, o porque tengo donde congregarme, o vivo en un país donde hay libertad de congregarse. Cosas que pasamos desapercibidas, pero que no pasaban desapercibidas al apóstol Pablo, porque su corazón estaba lleno de gratitud. Y yo he ido aprendiendo que el mejor antídoto de la queja es el corazón agradecido. Es en cuanto digo: "Necesito una cucharada de jarabe de agradecimiento," porque eso hace huir el espíritu de queja. Estas dos cosas no pueden coexistir.

Si tú estudias una biografía del apóstol Pablo, tú encuentras una cosa y luego notas la ausencia de la otra. Entonces encuentras continuamente a Pablo dando gracias continuamente, y nota la ausencia también continua de una queja. ¡Una! Aun por quienes lo persiguieron, él oró. Nunca quejándose. Ahí está el carácter maduro del apóstol Pablo.

Pero también después él nos deja ver el carácter maduro, en crecimiento, de los tesalonicenses, que lo hace decir algunas cosas un poco más adelante. ¿Por qué Pablo está dando gracias? Primero él dice: "Estoy dando gracias a Dios," pero ahora él nos dice el porqué está dando gracias a Dios cuando piensa en la obra de Dios en ellos: "Porque vuestra fe aumenta grandemente y el amor de cada uno de vosotros hacia los demás abunda más y más." La fe aumentaba y el amor abundaba.

Pablo se enteró de estas cosas posiblemente a través de Timoteo. Cuando la iglesia se fundó, Pablo, Timoteo y Silas o Silvano estaban juntos, pero luego tuvieron que salir corriendo al poco tiempo porque los judíos les persiguieron, y entonces bajaron a Berea. Pero cuando los judíos de Tesalónica se enteraron que Pablo estaba predicando, y luego se enteraron que Pablo estaba predicando en Berea, llegaron hasta Berea y ellos tuvieron que salir corriendo de Berea también, y entonces llegaron a Atenas. Y estando Pablo en Atenas, él trató de regresar a Tesalónica, pero Satanás se lo impidió, dice el relato. Entonces, ya no pudiendo más, dice Pablo en la primera carta, le envía a Timoteo. Timoteo se va a Tesalónica, Pablo se va eventualmente a Corinto. Timoteo baja a Corinto donde se junta con Pablo. Posiblemente Timoteo trajo las noticias sobre las cuales él está escribiendo y diciendo: "Timoteo me ha traído buenas noticias." Él dice algo de eso en la primera carta. Y estas son parte de esas buenas noticias, y es que vuestra fe aumenta más y más, vuestra fe aumenta grandemente y vuestro amor de uno hacia otro aumenta más y más.

Y es que, de acuerdo a ciertas evidencias, quizás Pablo solamente estuvo allí tres semanas. De acuerdo quizás a otras especulaciones, quizás tuvo unos pocos meses, pero no más. Es una iglesia en crecimiento que Dios estaba nutriendo a través de su Espíritu de manera que nosotros no conocemos.

En la palabra textual de Pablo: "Vuestra fe aumenta grandemente." Es una señal de crecimiento. Para yo crecer en fe, yo tengo que mandatoriamente crecer en conocimiento de Dios. Yo no puedo confiar o tener fe en aquello que yo no conozco. El conocimiento de Dios produce confianza, y la confianza que produce el conocimiento de Dios se traduce en quietud y en falta de preocupación.

La segunda cosa que Pablo dice acerca de estos hermanos, por lo cual le está dando gracias, es que "el amor de cada uno de vosotros hacia los demás abunda más y más." El verbo traducido aquí como "más y más" solamente aparece una sola vez en el Nuevo Testamento, y es algo un poco hiperbólico de lo mucho que significa. Esa es otra señal de crecimiento. Yo no puedo crecer en conocimiento de Dios sin crecer en amor por el otro. Yo puedo crecer en conocimiento teórico de Dios sin crecer en amor por el otro, pero yo no puedo crecer en conocimiento real y práctico de ese Dios sin amar más al otro.

Escucha cómo Juan lo dice al final de sus días, habiendo adquirido más experiencia y más conocimiento y más crecimiento, habiéndose vuelto el apóstol del amor: "El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor." Nuestro amor por el hermano es un buen barómetro. No sé si el mejor barómetro, pero es un excelente barómetro de nuestro crecimiento en Dios. Cristo lo dijo de diferentes maneras: que mi amor por Dios debe resultar en un amor por mi hermano de manera automática.

Juan continúa expandiendo esa idea en su primera carta y dice en el versículo 20 —primera carta, el primer texto que leí era de 1 Juan 4:8, ahora es el versículo 20—: "Si alguno dice: 'Yo amo a Dios,' y aborrece a su hermano, es un mentiroso, porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y este mandamiento tenemos de Él: que el que ama a Dios, ame también a su hermano." Juan nos dice varias cosas en esas palabras. Número uno: es imposible amar a Dios sin amar al hermano, porque si no puedo amar a mi hermano, a quien veo aquí en la IBI...

Aquí en Dios, son difíciles. No puedo amar a Dios a quien no veo. Pero esto que Juan escribe, recordemos, lo escribe bajo la unción del Espíritu Santo, de manera que es Dios que nos ha enviado ese mensaje. A la vez, Juan nos dice que esto de amar al hermano no es una sugerencia, y dice: "Y este mandamiento tenemos de él" —ahí lo especifica, de parte de Dios—: "El que ama a Dios, ame también a su hermano."

Tú tienes el testimonio del apóstol Juan de parte de Dios. Tú tienes el testimonio del apóstol Pablo cuando nos instaba y practicaba orar por sus perseguidores. Tú tienes el testimonio del apóstol Juan, tú tienes el testimonio del apóstol Pablo, tú tienes el testimonio del apóstol Pedro, dicho de otra manera, en su segunda carta, capítulo 1, versículos 5 al 9. Yo no voy a leer todos esos versículos, yo voy a resumir algunas cosas que Pedro dice ahí, pero en ese pasaje Pedro nos da una lista de virtudes, una detrás de la otra, y él me va diciendo que a esta virtud que te la mencionó ahora yo debo agregar esta otra, y a esta otra agregar esta otra, y a esta otra agregar esta otra. Bueno, esa lista de virtudes comienza con fe y termina con amor. Las dos virtudes que Pablo está resaltando en los tesalonicenses: una fe que abundaba y un amor que crecía más y más.

Y esto es lo que Pedro dice entonces acerca de estas virtudes, de esa lista de virtudes que comienza con fe y termina con amor: esas virtudes no los dejarán ociosos ni estériles en el verdadero conocimiento de nuestro Señor Jesucristo. Esas virtudes no nos dejarán estériles ni ociosos. Entre ellas está la fe en primer lugar y el amor como dos portales. Y ¿por qué Pedro está diciendo que no nos dejarán ociosos? Bueno, podemos pensar varias cosas, pero la fe nos va a mover a la acción. La fe nos va a mover a tomar riesgos, y lo opuesto, la falta de fe, tiende a paralizarnos, porque siempre queremos evitar los riesgos y hacer, como dicen en inglés, "play safe", jugar a lo seguro.

Pero si yo quiero caminar con Dios, no puedo jugar a lo seguro, porque en un sentido figurado Dios no es seguro en el sentido humano, como yo creo y pienso la seguridad, porque Dios me pone a arriesgarme y me dice cosas como: "Vete de tu tierra y de tu parentela a una tierra que yo te mostraré." Pero ¿a dónde? No, yo te lo voy a mostrar, camina por ahí. La fe nos lleva a la quietud, a la falta de preocupación. La fe nos permite ver lo que el temor no permite. La fe nos permite ver lo que el temor no permite, y por tanto, como el temor es tan frecuente en los humanos, la fe nos permite ver lo que otros no ven. La fe nos permite ver lo que el temor no puede, y dado que el temor es tan frecuente en los humanos, la fe nos permite ver lo que otros no pueden ver.

Por eso dice el autor de Hebreos que la fe es la certeza de lo que no se ve. Pero ¿cómo puedes tú estar tan cierto de eso? Por medio de la fe. La fe son mis lentes. Me dice: "¡Oh, wow! Pero yo no lo estaba viendo." Es la certeza, la seguridad, la confianza de aquello que no se ve, de manera que la fe me mueve a la acción.

Estamos hablando de que Pedro nos habla de una lista de virtudes que no me dejan ocioso ni estéril. Esta lista comienza con fe y termina con amor, dos características de los tesalonicenses que Pablo está resaltando, vuelve y repite. Ya vimos cómo la fe nos mueve a la acción. Yo quiero que veamos cómo el amor nos mueve a la acción. Por eso no me quedo estéril ni me quedo ocioso. El amor me permite buscar al hermano, me permite perdonar al hermano, restaurar al hermano, caminar con el hermano, trabajar con el hermano, no condenar al hermano, no criticar al hermano, no dividirme del hermano. Por tanto, no quedo estéril.

Y Pablo está diciendo: yo estoy dando gracias a Dios. Es justo, porque esto que está ocurriendo en ustedes, la fe que yo veo y el amor también, es fruto del obrar de Dios en medio de ustedes. Ahora nota, en el próximo versículo nota cómo Pablo conecta estas dos virtudes, la fe y el amor, con la perseverancia, porque el título del mensaje es "Cómo perseverar en la aflicción." Entonces, luego que les habla de estas dos virtudes que están aumentando en ellos, les dice: "De manera que..." Esa frase me conecta lo que se acaba de decir con lo que va a seguir. "De manera que esta fe ha aumentado y estamos también... de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios, por vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis."

Como mencioné, la frase "de manera que" me conecta con lo anterior. Pablo está diciendo: la obra que yo veo en ustedes hace que yo hable de cierta manera entre las iglesias, y esa cierta forma con la que yo hablo, yo hablo con cierto orgullo santo. Pablo no solamente se siente así, Pablo lo expresa, y no solamente se lo expresa a las iglesias de Dios como él dice, sino que incluso se lo expresó a la misma iglesia de los tesalonicenses.

Hay algo que a mí me llama la atención siempre del apóstol Pablo, y me llamó la atención esta semana otra vez, es lo poco preocupado que él parece estar con que si le dice esto a la iglesia de los tesalonicenses, ellos se van a sentir orgullosos y eso no es bueno, mejor me quedo callado. Él no parece preocuparse con esas cosas con las cuales nosotros nos preocupamos. Pablo prefiere animarlos y estimularlos y decirles lo que él ve en ellos. Incluso dice: yo siento un cierto orgullo a través del cual yo hablo entre las iglesias de los hermanos.

Y pensando y reflexionando un poco sobre la vida de Pablo, que me enseña mucho, me hace crecer, me hace madurar, me ayuda a ver la obra de Dios en Pablo y por tanto desear y orar por algo similar, yo puedo ver que en la medida en que nosotros crecemos y maduramos nos vamos preocupando cada vez menos con las faltas de los demás, entendiendo que eso es un trabajo de Dios que yo no puedo hacer, y eso nos da descanso. Eso no quiere decir que yo no tengo una responsabilidad con el hermano en ocasiones de amonestarlo; ya vimos eso en la primera carta a los tesalonicenses. Pero la preocupación que me atormenta es algo que Pablo deja al Espíritu de Dios.

Y ahora entonces Pablo habla con cierto orgullo santo de los tesalonicenses, habla de su fe que aumentaba grandemente, de su amor del uno por el otro, y de "vuestra perseverancia y fe en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis." De nuevo, no hay detalles acerca de cuán difíciles fueron aquellos tiempos, pero el hecho de que esto se haya mencionado al inicio de la primera carta, al inicio de la segunda carta, nos deja ver que estas aflicciones debieron haber sido significativas.

Y lo importante de conocer bajo qué condiciones ellos crecieron y florecieron es porque la realidad es, hermanos, que nosotros no sabemos cuán genuina es nuestra fe hasta que no estamos bajo la persecución o la aflicción. Nosotros no sabemos qué tan genuina es nuestra fe hasta que nosotros no estamos bajo la aflicción, y aflicción significativa. Nosotros no sabemos de lo que somos capaces bajo aflicción. Nosotros podemos sentir con Pedro: "Sí, no, Señor, yo aunque todos ellos te abandonen, yo no te dejaré." Pedro, tú no sabes. Pedro, tú solamente podrás decir eso después que pases por la tribulación, porque no sabemos lo que se esconde en nuestro corazón hasta que no somos apretados por las circunstancias.

En cuarenta años en el desierto el pueblo judío descubrió su ingratitud, su idolatría, su egoísmo, su falta de fe y todo lo demás. Podríamos hacer una lista larga. Pero ese no fue el caso con la iglesia de los tesalonicenses. Por eso es que esta es una iglesia modelo para la iglesia de Macedonia y de Acaya, y mucho más allá. Por eso la califica esta iglesia de esa manera en su primera carta. Bajo la aflicción, la tribulación, la persecución, la iglesia floreció en fe y en amor que abundaba. Ellos crecieron y exhibieron esas características.

Muchas veces lo que la aflicción o la persecución hace cuando se prolonga es disparar en nosotros lo que es la tendencia humana natural del hombre caído. Cuestionamos a Dios, dudamos de Dios, dudamos si Dios está ahí, si Dios está prestando atención, si Dios nos escucha. Vamos, podemos dudar incluso si Dios realmente es bueno. Y si eso se prolonga, muchas veces nuestra fe termina tan fría que algunos pudieran dudar incluso de nuestra conversión.

Ahora, nosotros pudiéramos decir en nuestro mal entendimiento de nosotros mismos: yo no sería capaz de eso. Pero yo tengo que recordarte que el hombre de quien Dios dice que era intachable, justo, el hombre que cuando pierde diez hijos a un tiempo, en una sola ocasión, e inmediatamente responde diciendo: "Yo salí desnudo del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito." El gigante Job, cuando la aflicción se prolongó, pronunció palabras como estas, simplemente algunas.

Capítulo 7 de su libro, versículo 11: "Por tanto, no refrenaré mi boca; hablaré en la angustia de mi espíritu, me quejaré en la amargura de mi alma." Versículo 20, Job hablando con Dios: "He pecado, ¿qué te he hecho a ti, oh Guardián de los hombres? ¿Por qué has hecho de mí tu blanco, de modo que soy una carga para mí mismo?" Versículo 21: "Entonces, ¿por qué no me perdonas mi transgresión y quitas mi iniquidad?"

Jeremías: "Maldito el día en que nací." Jeremías, el profeta de Dios, maldiciendo su día de nacimiento. Nosotros no sabemos de lo que somos capaces hasta que llega nuestra aflicción. Eso fue el gigante Job. La aflicción tiene la capacidad de volvernos pequeñitos.

Pero la iglesia de Tesalónica ha recibido una gracia de Dios de tal manera que, mediante la aflicción, ellos han crecido en fe y crecido en amor. Y eso los ha hecho perseverar. Esas son dos cualidades que Pablo está uniendo para explicar cómo y por qué, o qué los hizo perseverar: la fe que se desarrolló y el hecho de que los hermanos, en vez de dividirse y separarse, se unieron en amor y se soportaron o se apoyaron el uno al otro. Muchas iglesias, cuando las iglesias pasan por tribulación...

Todas las iglesias pasan por tribulación, unas más, unas menos. Pero las iglesias que han pasado por la tribulación y que han colapsado, que son muchas, lo han hecho por falta de fe y falta de amor del uno por el otro. No habría otra forma de colapsar. Dios le dice al pueblo judío en Isaías 7:9: "Si no creéis —eso es fe—, si no creéis, de cierto no permaneceréis." Lo opuesto también es cierto: si creéis, permaneceréis; si no creéis, no permaneceréis. El perseverar está íntimamente ligado a la fe. ¿Por qué? Es la fe la que me aferra a la mano de Dios cuando no veo, cuando no entiendo, cuando no puedo explicar. Es la fe la que cree sus promesas. Es la fe la que cree que las peores circunstancias en las que yo me puedo encontrar han resultado, o son el resultado, de la orquestación de nuestro Dios.

Las circunstancias, la persecución, las aflicciones traen circunstancias poco comunes. Pero nosotros contamos con un Dios que es nada común; de hecho, no hay nadie como Él. Yo puedo creer en esa circunstancia. Las circunstancias nos ponen siempre fuera de control, pero nos dejan ver que estamos fuera de control, pero nunca fuera del control de Dios. La persecución nos hace sentir solos, que todos están contra mí. Pero la realidad es, hermano, que si Dios está contigo no importa quién no está. El Imperio romano casi nunca estuvo del lado de la iglesia. ¿Qué pasó en el año 476? El Imperio romano cayó y la iglesia siguió. La iglesia prevaleció. La iglesia permaneció.

Dios usa esas circunstancias para continuar haciéndonos crecer. Es la mejor ocasión para conocer la consolación de Dios. Yo no puedo conocer la consolación de Dios sin haber experimentado el dolor. De hecho, Pablo les dice a los corintios en su segunda carta, capítulo primero, que Dios nos deja sufrir para que nosotros seamos consolados y aprendamos a consolar a otros con la misma consolación con que hemos sido consolados. Es un trabalenguas, pero así está escrito. La debilidad permite que su poder se perfeccione. ¿Conoces el versículo? La soledad es el momento para conocer su compañía. La carencia permite conocer su provisión.

Mira, si el Dios de la abundancia no sigue siendo el mismo Dios de la carencia, lo que yo tenía antes era un becerro de oro. Si el Dios de la abundancia no sigue siendo el mismo Dios de la carencia, lo que yo había abrazado es un becerro de oro. Si el Dios de la salud no sigue siendo el mismo Dios en la enfermedad, lo que yo tenía era una póliza de seguro médico, y no a Dios.

Y la única manera entonces de crecer en medio de la aflicción, en medio de la persecución, es teniendo los ojos puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, justamente lo que yo necesito para perseverar en la aflicción. Puestos los ojos en Jesús, el autor —el que la inicia— y el consumador de nuestra fe. Eso es como yo puedo perseverar, y eso es lo que la iglesia de Tesalónica ha hecho.

Si nosotros quitamos la mirada de nuestro Dios o de nuestro Jesús, ¿sabes qué ocurre inmediatamente con nuestra mirada? La ponemos sobre nosotros mismos. Y a partir de ese momento que nosotros tenemos la mirada puesta sobre nosotros mismos, comenzamos a ver la paja del hermano y no la viga en el nuestro. Comenzamos a ver las debilidades del otro y no las grietas en mí. Comenzamos a ver de qué manera el otro contribuyó al problema y no mi contribución. Vemos por guillo, pero no el nuestro. Vemos su falta de crecimiento espiritual, pero no nuestra carnalidad. En otras palabras, el quitar los ojos de Jesús y poner los ojos sobre nosotros no nos permite amarnos los unos a los otros como esta iglesia lo estaba haciendo.

Escucha lo otra vez, al final del versículo 3 y todo el versículo 4: "El amor de cada uno de vosotros hacia los demás abunda más y más, de manera que nosotros mismos hablamos con orgullo de vosotros entre las iglesias de Dios, por vuestra perseverancia y fe —el amor y la fe— en medio de todas las persecuciones y aflicciones que soportáis." El amor mutuo hizo que estos creyentes se unieran, se acercaran, se apoyaran, se sostuvieran, se animaran, se proveyeran quizás el uno al otro, se consolaran. Y eso hacía que los ojos no estuvieran puestos sobre las faltas o debilidades mutuas, sino sobre el autor y consumador de nuestra fe.

Pablo le dice algo de eso a los gálatas en un momento dado. El contexto, la razón, está muy clara de por qué le dice esto, pero escucha las palabras. En Gálatas 5, a partir del versículo 13: "Servíos por amor los unos a los otros." Primero el encabezado, primero el mandato: servíos por amor los unos a los otros. "Porque toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo." Eso es como una sobresimplificación de la ley, pudiéramos decir, pero recuerda que Dios dijo esto. Y ahora tenemos que hablar un poquito sobre eso, pero Pablo dice: "Toda la ley en una palabra se cumple en el precepto: amarás a tu prójimo como a ti mismo. Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros."

Este texto comienza con la necesidad de amarnos y termina con una advertencia acerca de lo que lo opuesto produce: que nos mordemos y nos consumimos y nos destruimos unos a otros. Servíos por amor los unos a los otros, y Pablo dice que toda la ley está resumida en una palabra: amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué Pablo dice eso? Por algo que ya Juan nos había explicado y que ya habíamos cubierto: yo no puedo amar a mi prójimo si no amo a Dios primero. Es imposible; ya Juan me lo definió y ya yo se lo cité. De manera que cuando yo amo verdaderamente a mi prójimo, es porque yo he aprendido a amar a Dios.

Y Cristo definió toda la ley de acuerdo a esos dos mandamientos. El mandamiento más grande es: "Amarás a tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, toda tu alma y toda tu fuerza." Y el siguiente, semejante a este: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." Entre esos dos mandamientos está definida toda la ley. Pablo tiene razón: toda la ley la puedo resumir de hecho en una: amarás a tu prójimo como a ti mismo. ¿Por qué, Pablo? Porque para amar a tu prójimo verdaderamente tienes que amar a Dios primero. El que no ama a su prójimo no puede decir que ama a Dios. De hecho, los diez mandamientos así están divididos: los primeros cuatro tienen que ver con Dios; los últimos seis tienen que ver con el prójimo. Ahí está toda la ley.

Finalmente, Pablo le dice: "Si os mordéis y os devoráis unos a otros, tened cuidado, no sea que os consumáis unos a otros." Las iglesias bajo aflicción, bajo persecución, que han colapsado, eso es lo que ha terminado pasando. La aflicción los llevó a enfocarse en ellos mismos, y eso los llevó al egocentrismo, y se mordieron unos a otros y se consumieron unos a otros. Satanás conoce eso mejor que nosotros.

De manera que la estrategia de Satanás todo el tiempo, sobre todo en medio de la aflicción, es llevarme, empujarme, a que yo quite los ojos del autor y consumador de nuestra fe. Y eso es la aflicción que se va a producir. Satanás no necesita idear un plan que tenga del uno al diez. Él sabe que si él logra una sola cosa, el resto vendrá de manera natural. De tal forma que si él logra en la aflicción, en la distracción, en el dolor, desviar mis ojos de Jesús, él sabe dónde yo los voy a poner. De pronto yo hago eso, yo dejo de amar al hermano. Comenzamos a mordernos y a devorarnos y a consumirnos unos a otros. La estrategia de Satanás es sembrar la duda, porque ahí comienza la distracción. Y sembrar la duda es lo opuesto de la fe, y atiza la discordia y la división. Una iglesia que no cree y que no ama no podrá soportar la persecución.

Yo creo que en esto estriba muchas veces la debilidad de la iglesia de nuestros días: es una iglesia que conoce poco a su Dios, y como le conoce poco, confía poco. Conoce poco a su Dios y como le conoce poco, confía poco. Pero también, como le conoce poco, le ama poco, y si le ama poco, amará poco a su hermano. Esto es una cadena.

El mejor barómetro de una iglesia no es el amor que dice tener, es el amor que practica. Mira cómo Juan lo dice en 1 Juan 3:18: "No amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad." El mejor barómetro de una iglesia no es el amor que dice tener, sino el amor que practica. El mejor barómetro de una iglesia no es la teología que cree ni la fe con la que ora, sino la confianza con la que vive. Los demonios creen y tiemblan, pero no confían. No confían en Dios, no viven confiados. Nosotros, en cambio, vivimos por fe y no por vista. Nosotros, en cambio, reconocemos que Dios puede hacer lo imposible, Lucas 1:37. Nosotros, en cambio, sabemos que podemos estar quietos y saber que Él es Dios.

Este es el pueblo que conoce a su Dios. De hecho, una de mis predicaciones en Chile tiene ese título: "El pueblo que conoce a su Dios." El pueblo que conoce a su Dios exhibe características. Esta iglesia de Tesalónica conoce a Dios y exhibió características: aumentó en fe y aumentó en el amor del uno por el otro. Eso la hizo perseverar, eso la hizo continuar a pesar de ser una iglesia perseguida por el sistema.

Por eso Pablo le daba la bienvenida a las dificultades. Y le daba la bienvenida porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. Entonces el poder de Dios se perfecciona en mí. Eso no quiere decir que esta noche yo voy a decir: "Señor, mándame aflicción y dificultad." No. Esa no es la idea del mensaje. La idea del mensaje es que cuando llega la aflicción y la dificultad —no "si llega," porque en este mundo siempre va a llegar— pero cuando llegue, que yo sepa cómo voy a responder. Porque si mis ojos están puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, entonces Él hará mi fe crecer y usará la aflicción como abono para mi fe. Y si mis ojos están puestos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, entonces yo aprenderé a amar a mi hermano justamente en la necesidad.

Y Dios usará eso como abono para hacer crecer, ayudarme a crecer conforme a la imagen de Cristo. Dios es nuestro refugio, nuestro castillo fuerte. Dios es mi refugio, Dios es mi sustento, Dios es mi provisión, Dios es mi compañía, Dios es mi pan, Dios es mi gracia, Dios es mi fortaleza, Dios es mi poder, Dios es mi sabiduría, Dios es mi luz, Dios es mi camino, Dios es la satisfacción de mi alma, Dios es mi palabra, Dios es mi perdón, Dios es mi misericordia, Dios es todo en todo.

Que Dios bendiga a su pueblo en esta mañana. Padre, gracias.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.