La vida cristiana es una carrera que exige intensidad, dirección y singularidad de propósito. En Filipenses 3, el apóstol Pablo deja claro que de este lado de la gloria nadie alcanzará la perfección moral completa, pero esa realidad no debe convertirse en excusa para la pasividad ni en licencia para tomar el pecado a la ligera. Pablo mismo, después de veinticinco o treinta años de caminar con Cristo, reconoce que aún no ha llegado, pero eso no lo detiene: prosigue hacia la meta para alcanzar aquello para lo cual fue alcanzado. Y ese propósito final, según Romanos 8, es ser conformados a la imagen de Cristo.
La estrategia de Pablo para correr bien se resume en una frase: "una cosa hago". Olvida lo que queda atrás —tanto los logros que podrían enorgullecerlo como las heridas que podrían endurecerlo— y se extiende hacia lo que está adelante. Esa palabra griega, *epectino*, describe al corredor que estira todo su cuerpo hacia la meta con urgencia máxima. El pasado, bien manejado, no debe distraer ni paralizar; el futuro, contemplado con esperanza, debe motivar. Las distracciones del mundo y los entretenimientos de la carne roban velocidad a quien no ha abrazado esa singularidad de propósito.
El pastor Núñez cierra con una imagen poderosa: en 1987, una madre abrazó a su hija de cuatro años antes del impacto de un avión que se estrellaba, protegiéndola con su propio cuerpo. Cristo hizo algo similar: dejó la gloria, corrió hacia nosotros y nos abrazó en la cruz para protegernos de la muerte eterna. Si eso no es motivación suficiente para correr con intensidad, entonces debemos preguntarnos a qué nivel espiritual estamos viviendo realmente.
Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.
¡Vamos a darle, los que van a vivir en su Palabra! El día de hoy vamos a continuar nuestra serie. Algunos me preguntaron que si iba a predicar algo relativo a las elecciones presidenciales. Yo decía que no, que ciertamente el calendario del pueblo de Dios es paralelo al calendario del resto de lo que ocurre. Y por eso nosotros vamos a continuar a lo largo de nuestra serie. Y creo que eso que Dios hace en nuestros corazones sirve a la vez para nosotros participar en la vida de la nación.
Filipenses 3 es el lugar donde nosotros nos encontramos, para que ustedes que quizás nos están visitando y que no saben por dónde vamos. Pero Filipenses 3, versículo 12, y vamos a leer en unos momentos hasta el 16. Pero recordemos que en el texto anterior el apóstol Pablo nos ha hablado de que él tiene el deseo de conocer a Cristo. Esto es 25, 30 años después que ya le conoce, el deseo de conocer a Cristo. Él tiene la pasión de participar en ese conocimiento de Cristo, de participar con Él en sus padecimientos, y así en medio de la dificultad poder conocer el poder de su resurrección.
Inmediatamente después, estas son las palabras que continúan y que Pablo escribió en aquella ocasión: "No que ya lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Así que todos los que somos perfectos tengamos esta misma actitud, y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios. Sin embargo, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado."
Padre, gracias te damos por el texto de tu Palabra. Te pedimos, Dios, te pedimos, Señor, que tú nos permitas ver no solamente aquello a lo que Pablo se refería cuando escribió de esta manera, sino qué tiene eso que ver con mi propia vida hoy, en el momento presente. De qué manera estoy, no estoy ahí, de qué manera yo también puedo llegar a estar ahí. Y danos entendimiento tanto al que predica como al que escucha, para que seamos de un solo corazón, de un mismo entendimiento, de una misma actitud. Dios, ayúdanos, ilumina nuestras mentes y glorifícate al hacerlo. En tu nombre, Jesús. Amén, amén.
Una vez más, el apóstol Pablo usa una metáfora relacionada a la vida de los deportes para hablarnos acerca de la vida cristiana, algo que él hace varias veces en sus cartas. Él está consciente de cuán familiarizada está la población de sus días con las competencias. Las más famosas de ellas eran aquellas olimpiadas que Grecia comenzó a celebrar 700 años antes de que Cristo viniera. Y se llamaron olimpiadas precisamente porque se llevaban a cabo en una villa llamada Olimpia, dedicada entonces a esa competencia cada cuatro años. Increíble que todavía lo hacemos de la misma manera. Cada cuatro años, dedicada esa competencia al dios Zeus, considerado el padre de todos los dioses.
Ese impacto cultural deportivo de Grecia todavía hoy de alguna manera se sigue sintiendo, mucho más en la época de Pablo. Y esa es la razón por la que con cierta frecuencia él usa estas competencias, las carreras, las competencias de estas olimpiadas, para ilustrar algo que tiene que ver con lo que es la vida cristiana nuestra. Y en el texto que yo leí, Pablo nos deja tres ideas o enseñanzas principales que tienen mucho que ver con la filosofía de su vida en este momento, con la manera en que él estaba corriendo la vida cristiana. Esto explica por qué Pablo tiene el estilo de vida que estaba llevando, pero a la vez nos serviría a nosotros para saber cómo yo necesito correr mi vida.
Entonces, ¿cuál fue la estrategia de Pablo para correr tras Cristo de una manera que le permitiera hacerlo y terminar bien, como él le dice a Timoteo ya al final de sus días, que él ha terminado la carrera y que él ha terminado bien? Y la primera de esas ideas aparece en el primer versículo que yo leí y tiene que ver con la imposibilidad de alcanzar la santificación completa de este lado de la gloria. Es imposible, estando en este cuerpo caído, poder alcanzar la estatura del hombre perfecto, del hombre completo.
Y Pablo dice con toda claridad: "No que yo lo haya alcanzado o que ya haya llegado a ser perfecto." Yo no estoy reclamando eso. Yo quiero conocer a Cristo, yo quiero participar con Él en sus padecimientos, y en la medida que participo yo quiero poder desarrollar o disfrutar o participar también en el poder de su resurrección. Pero cuando tiene que ver con mi perfección moral, con mi vida de santidad, en ningún momento yo estoy diciendo que ya yo llegué, que yo no tengo nada más que alcanzar.
Quizás esto era una nota clara, quizás algunos estaban pensando que al Pablo hablar de esa manera estaba tratando de decir que ya él estaba ahí y que otros no estaban, y que todos nosotros debiéramos procurar llegar a estar en ese punto. Creo que no. Siempre ha habido personas que han creído en la posibilidad de que tú y yo podemos santificarnos completamente de este lado de la gloria, dejar de pecar y nunca más volver a ofender a Dios.
Nada más y nada menos que un hombre tan dedicado a Dios como John Wesley llegó a creer esto. Y no hace muchos años atrás, un pastor predicó en una congregación exactamente eso: que él, el predicador de turno, había alcanzado el estado de perfección completa y que él tenía un tiempo largo sin haber pecado. Y cuando él terminó, el pastor local se acercó y le preguntó, le dice: "Déjame ver si yo entendí bien. Tú dijiste que tú entendías que habías alcanzado la santificación absoluta completa y que tenías un tiempo largo sin pecar." Y el predicador del día, el invitado, le dice: "Así es." Y él le dice, entonces el pastor de la comunidad le dice: "¿Te importaría si yo puedo preguntarle eso a tu esposa?" Y él le dice: "No, no, ella no cree esa doctrina, así que no le preguntes." Cualquier otro de nosotros que crea que ha alcanzado la santificación perfecta, vaya a su casa y pregúntele a su cónyuge si eso es verdad, y nosotros vamos a despertar de ese sueño inmediatamente.
Pablo dice: "No es que yo haya llegado a ser perfecto." Ese adjetivo "perfecto" aparece siete veces como tal en las cartas de Pablo y significa diferentes cosas en diferentes momentos. Y es importante que presten atención a esto, porque Pablo comienza diciendo que él no ha llegado a ser perfecto, y dos versículos más tarde él dice: "Todos nosotros los que somos perfectos." Y si yo no entiendo que esa palabra tiene significados distintos dependiendo del contexto, yo voy a pensar que es una contradicción cuando no lo es.
En Romanos 12:2 la palabra significa el llenar el más alto estándar de bondad y virtud. Pablo dice: "No, yo no estoy ahí, yo no estoy reclamando esa posición." Pero en 1 Corintios 14:20 y Efesios 4:13 significa simplemente el ser maduro, completamente desarrollado. En Colosenses 4:12 significa el estar completamente desarrollado en el sentido moral. Y Pablo dice: "No, yo no estoy ahí."
Por tanto, si hay alguno que está pensando que al yo hablar de la manera que yo hablo, y decir yo solamente quiero conocer a Cristo y quiero participar de sus padecimientos y quiero disfrutar del poder de su resurrección, y piensa que ya yo estoy ahí, pues no, esto no es lo que yo estoy diciendo.
Ahora, conociendo que no estoy ahí, eso tampoco me detiene, eso tampoco me desanima, no me deprime. Yo sigo hacia la meta, sigo hacia adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Pablo progresa en su santificación y él quiere alcanzar aquello que todavía no me ha dicho lo que es, para lo cual él también fue previamente alcanzado. Pero él entiende que para él alcanzar aquello, o la posibilidad del poder alcanzar aquello, depende de algo que previamente ocurrió. Y es que él puede alcanzar porque fue alcanzado previamente. Yo puedo correr, seguir hacia adelante, motivado porque previamente yo fui alcanzado por Cristo. Y ahora lo que yo voy a hacer es tratar de conseguir, de llegar hacia aquello para lo cual Él me alcanzó.
La pregunta es: ¿qué es aquello? Y Pablo no nos dice en Filipenses, pero él nos dice en Romanos. Él nos responde en Romanos 8: ¿para qué fue que tú y yo fuimos alcanzados? Recuerda que la Palabra siempre interpreta la Palabra. "Porque a los que de antemano conoció, también los predestinó a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo." Todas las cosas cooperan para bien, dice el verso anterior, pero es para ese bien. La predestinación tuya y mía tenía como propósito una sola cosa: que al predestinarnos Dios procuraba formar en nosotros la imagen de su Hijo. Y al hacer eso, Dios iba a proclamar y a desplegar toda su gloria precisamente en la consecución de ese propósito.
Pablo quiere continuar su santificación, progresar por medio del poder de la resurrección que ahora mora en él, hasta el punto de que él pueda algún día, en algún momento, en algún lugar, poder alcanzar aquello para lo cual él fue alcanzado. Y él sabe que cuando Cristo lo alcanzó, Cristo hizo algo en él e hizo algo nuevo, depositó algo nuevo, depositó su Espíritu, de tal manera que ahora, por medio de la participación en la naturaleza divina y la morada de ese Espíritu, eventualmente nosotros llegaremos a ese punto para lo cual tú y yo fuimos predestinados.
El apóstol Juan tenía exactamente el mismo entendimiento. Cuando él escribe a sus seguidores en su primera carta, en 1 Juan 3:2, escucha lo que Juan dice: "Amados, ahora somos hijos de Dios." Antes no, pero ahora sí. Ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Tú ves que Juan está pensando de que nosotros tenemos que llegar a ser algo, pero todavía no se ha manifestado aquello que habremos de ser. Pero no ha terminado, escucha lo que el texto dice al final.
Pero sabemos, no es que nos imaginamos, sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él porque le veremos como él es. Esa es la imagen del Hijo, a eso es que Pablo está apuntando, hacia eso es que él corre. Esto es lo que hace que él se sienta motivado a tratar de alcanzar aquello para lo cual él fue alcanzado. Él fue predestinado a algo que todavía no somos, pero que tenemos que llegar a ser. Y Juan dice: un día, cuando le estemos viendo como él es, seremos semejantes a él. Esa es la meta hacia la cual Pablo quiere moverse, esa es la meta hacia la que tú y yo tenemos que movernos.
Pero él ha sido alcanzado primero, dotado primero, y ahora le está siendo impulsado por aquello que él recibió en ese momento para que él pueda continuar moviéndose en esa dirección. Ahora él va en una dirección opuesta a la que él venía, y va corriendo de una manera distinta a como él corría antes. Y eso es lo que Pablo está tratando de ayudarnos a entender. Él está comunicándome cuál es su filosofía de vida al correr la vida cristiana, cómo él trata de hacerlo, por qué lo hace.
Él dice: yo quiero alcanzar el premio, yo quiero alcanzar la meta, yo quiero cruzar la línea final con la cual ellos estaban familiarizados en las olimpiadas y en las competencias de aquel entonces. Para eso yo fui alcanzado. Lo voy a hacer ahora en Cristo, lo voy a hacer en él, lo voy a hacer para él, lo voy a hacer por él, pero yo quiero llegar ahí, ahí donde ya yo fui instruido que tenía que llegar.
Esa meta, ese premio al que Pablo quiere alcanzar, Cristo provee la motivación, provee el incentivo, provee la fuerza, provee la determinación, provee la perseverancia, provee la fe. Y todo eso es parte de su gracia que nos sigue moviendo en la dirección de la imagen de su Hijo, y ese es el deseo de Pablo.
Ahora, en el versículo 13 él vuelve y repite la misma idea al principio: "Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado." Yo no estoy ahí. Por eso es que yo escribo a los romanos y les digo que aquello que yo quiero hacer termino muchas veces no haciendo, y aquello que no quiero hacer termino muchas veces haciendo, porque yo todavía no lo he alcanzado. Yo no estoy ahí. "Pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome hacia lo que está delante."
Pablo nos acaba de dar de una manera enfática la manera como le está corriendo hoy en día, en lo que era ese tiempo. La frase "yo mismo" es un énfasis enfático. No simplemente "yo", sino "yo mismo no considero haberlo alcanzado". Pero después que Pablo me dice dos veces que él está claro, él ha hecho una autoevaluación, él se ha comparado con la persona de Jesús, él sabe todavía que le falta distancia para llegar a su imagen. Pero ahora yo he llegado a la conclusión de que yo necesito conocer más de Cristo, yo necesito participar más de sus padecimientos, ser partícipe más del poder de la resurrección, y de esa manera él continúa formando esa imagen.
Pablo no hace como aquellos en la iglesia de Corinto que se comparaban a sí mismos consigo mismos. Escucha lo que Pablo les dice a ellos: "Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos, pero ellos, midiéndose a sí mismos y comparándose consigo mismos, carecen de entendimiento" (2 Corintios 10:12). Pablo dice: no, yo estoy claro, yo sé dónde estoy, yo sé lo que soy, yo sé lo que me falta. Yo no estoy ahí. Sin embargo, eso no impide que yo continúe esforzándome en esta carrera. De hecho, eso mismo se constituye en cierta manera una motivación para yo querer seguir hacia adelante.
Él sabe que él no está donde está él, que siendo igual a Dios no consideró su igualdad con Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo y tomó la forma de siervo, tomó la forma de hombre, y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Pablo se ha comparado con esa imagen. Sí, yo no estoy ahí, pero una cosa hago: singularidad de propósito.
Esa frase es clave en ese texto, y esa es mi segunda idea: singularidad de propósito. Es la manera como Pablo propone que tú y yo debiéramos correr la vida cristiana si nosotros quisiéramos alcanzar aquello para lo cual fuimos alcanzados.
Hermanos, independientemente de dónde tú estés, independientemente de dónde tú trabajas, independientemente de cómo vives, ¿tú pudieras decir hoy en día con tranquilidad que eso que tú haces, que es la manera como tú vives, realmente corresponde todo en una sola dirección, de tal forma que tú también pudieras decir: "Sabes qué, aun como ingeniero o economista o banquero, una sola cosa hago"?
Porque uno de los mayores problemas de la vida cristiana son las distracciones. Distracciones que el mundo ofrece y distracciones que el cristiano busca. Hay ambas cosas. No es simplemente que la oferta de distracciones es enorme en el mundo, no es eso. Es que nosotros con nuestra carne muchas veces estamos buscando cómo ser distraídos, cómo ser entretenidos. Y no podemos perder de vista que la carne es fácilmente entretenida, pero la carne es difícilmente satisfecha. La carne se entretiene fácilmente pero no se satisface con nada. La carne es insaciable y es indomable. Por eso es que Pablo está diciendo: "¡Pobre de mí! ¿Quién me va a librar de este cuerpo de muerte?"
El espíritu, por otro lado, es altamente saciable, pero solamente con Dios. No hay nada más que pueda saciar el espíritu. Y eso es importante que nosotros podamos entenderlo, porque muchas veces, no habiendo podido disfrutar la singularidad de propósito de tal manera que mi espíritu se sienta satisfecho en Dios, el cristiano concluye, no que él no se ha acercado suficientemente a Dios, sino que a él le hace falta algo de esa vida anterior que él recuerda donde él disfrutó y que él gozó.
Y Pablo dice: no, no. Mira cuál es, mira qué es esa sola cosa. Yo te voy a definir, dice Pablo, en otras palabras, yo te voy a definir mi frase. Una cosa hago. ¿Qué es eso, Pablo? ¿Qué es esa sola cosa que tú haces? Y él nos la da en dos partes: olvido lo que queda atrás y me extiendo a lo que está adelante. Esa es la manera como yo he decidido correr.
La pregunta que tengo que hacerme es: ¿qué es eso que queda atrás? Creo que la mayoría, no sé si todos, pero la mayoría está de acuerdo que Pablo ahora no se está refiriendo a cuando él estuvo en el judaísmo, cuando él consideraba importante el cumplimiento de la ley, que era de la tribu de Benjamín, si consideraba la circuncisión al octavo día. Eso ya él dijo que quedó atrás hace veinticinco o treinta años. Él está en otra época. Pero en veinticinco o treinta años mucho él ha corrido con Dios, mucho él ha aprendido, muchas experiencias él ha tenido, muchas buenas y muchas malas. Experiencias extraordinarias, hasta el punto de que estuvo en el tercer cielo y Dios ni siquiera le permitió que hablara de eso, porque eran cosas tan increíblemente fuera de lugar que probablemente nosotros no las creeríamos o no las entenderíamos. Él ha tenido esa experiencia y pertenece todo eso a su pasado.
Pero a la vez él ha sido perseguido, él ha sido apedreado, él ha sido golpeado, él ha sido traicionado, él ha estado en prisiones. Todo eso forma parte de su pasado. Y ese pasado de Pablo pudo haberlo enorgullecido de forma extraordinaria, que hoy le pudiera impedir correr bien en el presente. O el otro pasado de las persecuciones, las traiciones, las heridas, los apedreamientos, pudieron haber herido y luego endurecido a Pablo de tal manera que ahora él es un escéptico de la gente, él no quiere ayudar a nadie, él no cree a nadie. Y sin embargo, él tampoco dejó ni que la visitación al tercer cielo lo enorgulleciera, y otras visitaciones que Dios le hizo también. Pero tampoco permitió que su pasado doloroso de persecución y de prisiones lo pusiera en una posición donde él no pudiera ministrar, y donde él quisiera o se sintiera tentado a abandonar la carrera.
Hermanos, yo no sé dónde tú estás, pero frecuentemente, uno de los momentos cuando el cristiano —le estoy hablando a cristianos ahora— comienza a considerar que quizás debiera abandonar la carrera temporalmente o por un tiempo, es en los momentos donde él ha permitido que su pasado, muy pasado o muy reciente, lo afecte de tal manera que su distancia ahora con Dios es significativa. Y en ese distanciamiento y vacío con Dios él comienza a considerar, y Satanás comienza a traer a su mente y a sus ojos y a su memoria cosas que él vivió en un pasado, o que quiso vivir en un pasado y nunca lo hizo. Y quizás eso fue lo que a mí me faltó, a mí me faltó experiencia, a mí me faltó conocimiento. En realidad hubo una etapa de mi vida que yo no quemé, y yo voy a tratar de quemarla ahora.
Eso es cómo el pasado puede afectar mi presente. Cómo yo manejo el pasado, el bueno y el malo, y cómo yo contemplo el futuro. Porque escucha, Pablo dice: una cosa hago, yo olvido lo que queda atrás y me extiendo a lo que está delante. Cómo yo manejo el pasado y cómo yo contemplo el futuro tiene un impacto monumental en mi vida presente y en mi vida cristiana en particular.
El pasado nos puede distraer muy fácilmente de la manera que yo acabo de mencionar. Y en ocasiones, cuando tenemos pasados muy atormentados, muy heridos, muchas veces nosotros como que nos quedamos en esa herida del pasado, y muchas veces queremos usar las heridas del pasado para justificar nuestras disfunciones del presente. Y Dios dice: no, tú niegas el poder de la resurrección en tu vida. Para algo yo te he alcanzado. No es para que te quedes en el pasado, sino es para que te muevas hacia el futuro para conformarte a la imagen de Cristo. Y he puesto en ti el poder de la resurrección vía la morada del Espíritu Santo, de tal manera que tú necesitas ahora glorificarme en las heridas del pasado, en las experiencias traumáticas del pasado. Pero al mismo tiempo, si tus experiencias han sido extraordinarias, tú tienes que glorificarme con humildad en el presente y olvidarte de las grandes experiencias del pasado. No puedes dormir en tus laureles.
Porque a veces nos dormimos en los laureles. Estuvimos muy bien en el pasado. Denominaciones enteras han hecho esto; rehúso dar su nombre, pero tengo nombres en mi mente. Donde hoy en día se sienten orgullosos de un presente que no existe, todavía descansando en el orgullo de lo que fueron en el pasado. A nosotros nos puede pasar eso como cristianos también. No está haciendo nada con mi presente hoy, estar en una especie de letargo espiritual, pero siempre conmemorando o soñando aquellas cosas del pasado grandes que Dios me dio. Y Dios dice: tú no vives en el pasado, tú vives en el presente y vas a caminar hacia el futuro. Y en vez de concluir en esos momentos "me falta más acercamiento con Dios", muchas veces concluimos: "me falta un poco del mundo anterior, yo me fanaticé mucho, yo me radicalicé demasiado".
Imagínate que tú vayas en un maratón, porque Pablo usa la metáfora de la carrera en más de una ocasión. Tú vas corriendo en un maratón. Imagínate que cada cierta distancia tú vayas haciendo esto. Ya yo me tropecé y no fue a propósito, de verdad no lo hice a propósito, y me tropecé porque tú eres distraído y tu concentración no está ahí en el momento de mirar hacia atrás. Yo creo que Pablo está ayudándonos a entender: la vida cristiana es más o menos así. Una cosa hago: yo no miro hacia atrás, yo no miro hacia los lados, yo no miro para arriba, yo miro hacia adelante, hacia la meta, la meta que Dios me ha colocado. ¿Dónde está Cristo? Él es la línea final. Cuando yo cruce la línea final, ahí me voy a encontrar con Él. Yo quiero llegar ahí, pero no puedes correr de manera distraída, tienes que olvidarte de lo que está atrás.
Lo que Pablo dice entonces, cuando él dice que él se olvida de lo que está atrás y dice "y extendiéndome a lo que está adelante", esa palabra en el griego es epekteinó. Solamente aparece en ese solo versículo en toda la Biblia. Y la palabra significa esforzarte hasta lo último. En el lenguaje deportivo aparentemente esa palabra se usaba para referirse al atleta que viene corriendo, que viene tratando de alcanzar algo que está adelante, quizás como en las carreras de relevo, y él está haciendo un esfuerzo enorme. Su cuerpo está torcido hacia adelante, su brazo está estirado hacia adelante, los ojos le están como brutalmente fijos. ¿En qué? Y esa es la ocasión cuando la palabra se usaba. Pablo dice: con esa intensidad, con ese sentido de urgencia, conociendo dónde está la línea final y siendo motivado por lo que Cristo ha hecho y está todavía haciendo en mí, yo prosigo hacia el final, prosigo hacia la meta.
Y él habla de esto más de una ocasión con diferentes palabras. Pero cuando él escribe a Timoteo en su primera carta, capítulo 4, le está hablando a Timoteo precisamente acerca de la piedad, y un versículo más adelante entonces dice: "Porque por esto trabajamos y nos esforzamos". Para cultivar esa piedad en nosotros, porque hemos puesto nuestra esperanza en el Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes.
Y ahora Pablo tiene una sola cosa: el mirar hacia adelante. No tiene ninguna distracción. Bueno, pastor, ¿qué es lo que están mirando hacia adelante? ¿Cómo yo corro? Ya decidí no mirar hacia atrás, no mirar hacia los lados, no mirar hacia arriba. Yo voy a mirar hacia adelante. ¿Qué es lo que voy a ver? Bueno, tú puedes contemplar las promesas y creerlas y saludarlas de lejos y abrazarlas como hicieron los santos del Antiguo Testamento. Tú puedes contemplar la imagen de Cristo que te espera. Tú puedes contemplar la idea de que, wow, te imaginas cuando yo llegue a ser conformado a su imagen, y como Juan me dice que seremos como Él. Yo puedo meditar y deleitarme precisamente en lo que nos espera más adelante. Trato de imaginarme qué pudiera hacer eso que ojos humanos no han visto, que oídos no han oído. Y entonces, meditando acerca de toda esa benevolencia, bonanza, promesa de parte de nuestro Dios, yo puedo correr hacia la meta con singularidad de propósito y poder decir: sabes qué, yo descubrí finalmente el secreto de Pablo cuando dice "una sola cosa hago".
Pero todo esto que tú también haces corresponde a esa sola cosa. No importa si estoy en el mundo secular, yo tengo que encontrar la forma de canalizarlo en esa sola dirección. Esa frase es la clave: una sola cosa hago. Es una actitud mental donde las tentaciones pierden poder de seducción. La razón por la que las tentaciones en ocasiones tienen tanto poder de seducción es porque ninguna sola cosa ha sido abrazada; ahora ha sido diversificada. Yo la estoy considerando como una posibilidad. De manera que esto es una estrategia para correr: tú necesitas una sola vida dependiente de una sola cosa, y esa cosa no es una cosa, es una persona, y es Cristo. Cuando esto no está, mis pensamientos se van a donde no tienen que estar, mis ojos se van a donde no tienen que estar. Mi mente comienza a disfrutar de cosas o de personas, según sea el caso, que no me son lícitas, o de lugares que no me son lícitos.
Y Pablo nos está dando aquí la fórmula, la estrategia de cómo terminar bien. Que no son pasos, pero es una actitud de vida para el que es creyente y que necesita eliminar mucho del ruido a su alrededor, muchas de las distracciones con las que viene viviendo. Cuando tú entras a la vida cristiana, tú traes contigo mucha distracción, tú traes un bagaje contigo significativo, tú traes mucho ruido contigo. Cada uno de nosotros lo ha traído, y poco a poco entonces yo necesito comenzar a apagar cada uno de esos ruidos que están a mi alrededor. Porque de lo contrario, sabes qué ocurre: que es cinco años después, diez años después, quince años después, hay cosas de esas que comienzan a salir de ti, y gente que está alrededor diciendo: "¿Oye, eso dónde salió?" De distracciones no eliminadas y de ruidos no apagados. Y cuando alguien entonces te lo menciona, tú dices: "¿Eso, verdaderamente?" Sí, pero nunca lo luchaste, nunca lo peleaste, nunca te esforzaste, nunca tú tuviste una actitud mental de esforzarte de esa manera para que finalmente eso que estaba causando distracción en ti, que te estaba quitando velocidad, pudiera irse. No existe ese esfuerzo.
Y a tu resalvo: no estamos hablando de alcanzar salvación. Pablo dice: "Yo me estoy esforzando hacia adelante, tratando de alcanzar aquello para lo cual ya yo fui alcanzado". Esto es después de haber sido alcanzado. De lo primero que Pablo me deja ver es que de este lado de la gloria, perfección completa no existe. Por tanto, yo no puedo vivir continuamente latigándome cuando fallo. Tú vas a fallar, tú vas a pecar. Pero al mismo tiempo, en vista de todo lo que Dios ha hecho por nosotros, tampoco puedo hacer del pecado algo ligero, como: "Bueno, todo el mundo peca, nadie es perfecto. Hasta el mismo Pablo dijo que no era perfecto. Total, yo estoy en la línea paulina". No, él te deja ver inmediatamente después: no es uno de los que yo estoy hablando. Yo me esfuerzo con placer a mi Dios por poder portar la imagen de Cristo lo mejor que yo pueda. No la tengo, no la voy a alcanzar completamente, pero yo estoy trabajando con lo que Dios ha provisto para mí en mi interior y provee todos los días para mí.
Y de esa manera prosigo hacia la meta. Versículo 14: "Para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". Aquí está la tercera idea. Escucha lo que Pablo está diciendo: él prosigue hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. El premio es Cristo mismo; es en Cristo Jesús mi premio. Por allá está el premio, aquí está Pablo, aquí estoy yo. Y para poderlo decir, yo prosigo hacia allá, pero de aquí hay un trecho. ¿Qué va a proveer la motivación para yo llegar? Me dejó ver cómo lo va a hacer: él abrazó una singularidad de propósito que ya lo tengo, pero yo necesito ser motivado. Y no es salvación, ya eres salvo, pero necesitas ser motivado en el camino. Prosigue hacia adelante.
La palabra que es traducida en el versículo 14 como "prosigo" es la misma palabra diōkō que traducida en el 12 como "sigo". Sigo, prosigo, es la misma palabra en el original. Escucha lo que la palabra significa de acuerdo al léxico del griego: implica o significa correr o moverse rápidamente con intensidad hacia algo o alguien, como el que está tratando de agarrar algo. Es como que si te puedes imaginar: tú eres un oficial de la policía, estás detrás de un ladrón. El ladrón va corriendo, tú vas detrás del ladrón, como aparecen a veces en esas películas policiales, y tú vas con toda intensidad, con toda energía, con todo esfuerzo corriendo tras esto que tú quieres agarrar. Esa es la palabra que Pablo usa cuando dice "prosigo hacia la meta".
Esta intensidad, este sentido de urgencia… Yo le decía al pastor Héctor el otro día: yo no lo veo la mayoría de las veces, yo no lo encuentro, me frustra. No hay sentido de urgencia en la vida de los siervos de Dios. No hay este prosigo, este diōkō, con esta intensidad y esta urgencia, tratando de realmente poder —no complacer a Dios, Cristo complació a Dios en la cruz— pero tratando de honrar a Dios, de glorificar a Dios, de precisamente hacer aquello para lo cual Él me creó, que es el despliegue de su gloria que Dios quiere hacer y que Él me va a ayudar a hacer.
Pablo no está corriendo la vida cristiana de manera pasiva, ni siquiera lo está tomando suave. ¿Cómo lo suave? "Ya, tan es tanto, ¿cuál es este afán?" Decía uno de los autores mientras estudiaba para este pasaje —creo que fue John MacArthur—, decía: alguien pudiera preguntar, ¿cuál es el afán? ¿Cuál es el afán si eso que está ya al final de la línea, eso para lo que te alcanzaron desde antes de la fundación del mundo? Entonces se coge suave. ¿Verdad que sí? Yo creo que eso es como muchos piensan, pero eso hablaría de que nosotros no tenemos un entendimiento adecuado de una salvación tan grande que Dios me ha entregado.
Pablo habla a los corintios y les dice: "¿Sabes que en las olimpiadas, en las carreras, la gente que corre, los competidores, se esfuerzan enormemente por alcanzar un premio, una corona, una corona temporal que eventualmente se va a dañar y se va a quedar desteñida?" Y se esfuerzan de esa manera por cuatro años, cómo trabajan tan arduamente. Otras veces es por la fama, otras veces es por el orgullo de ganarle a alguien, y solamente uno va a obtener el premio, les dice Pablo a los corintios cuando les escribe. Pero resulta que esto es otra cosa, pero hay un premio, porque Pablo habla de que hay un premio. En Filipenses 3 yo te lo acabo de leer: "Prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús." Hay un premio.
Entonces, ¿para qué la urgencia? ¿Para qué la intensidad con la que Pablo vivió? Bueno, en parte yo creo que es un sentido de agradecimiento que mueve a un Pablo con intensidad. En parte, porque yo creo que hay múltiples cosas y otras que quizás Dios no me ha revelado a mí todavía, pero yo creo que ese sentido de agradecimiento hace que Pablo escriba en un momento dado y dice: "¿Sabes qué?" En un momento dado dice que él se siente como entre la espada y la pared. El amor de Cristo me constriñe y no me deja opción. Esto es lo único. Yo estoy corriendo así porque es que el amor de Cristo me empuja. Entonces ese amor de Cristo, así sentido, va a hacer cosas de mí.
Entonces eso mismo, esa manera como yo siento su amor cercano, intenso, produce en el hijo de Dios un gozo intenso y motivador. Entonces ese gozo se convierte en el combustible que continuamente está, por así decirlo, ardiendo dentro de él y propulsando su caminar, propulsando su vida. En parte yo creo que también se debe a un entusiasmo que es parte del diseño de la vida cristiana. Cuando tú estás honrando a Dios, cuando tú estás buscando a Dios, hay una complacencia de Dios hacia ti que él te deja sentir. Y no hay nada más poderoso, no hay ninguna fuerza más motivadora, que tú poder sentir la complacencia de Dios en tu vida. Y al mismo tiempo, nada que te frene más cuando tú no puedes sentir esa complacencia. Yo he estado en ambos lugares, creo yo.
Recuerden la historia, yo la he mencionado por lo menos dos veces. Para el bien, breve, simplemente para una vez más hacer el punto que estoy tratando de hacer o de enfatizar. Eric Liddell, corredor de olimpiadas, principios del siglo, cuando su hermana quería que él se fuera al campo misionero, y como él le dice: "Jenny, Jenny, Dios tiene un propósito para mí en el campo misionero, pero Dios también me hizo rápido, y cuando yo corro yo siento su gozo." Yo no sé qué él sentía como él decía, pero yo voy a asumir que eso que él dijo en palabras, él le estaba tratando de describir una sensación real en su vida. ¿Tú crees que puede haber alguna motivación mayor para ayudarte a correr intensamente, que Dios te permita disfrutar o sentir su complacencia sobre ti? Yo creo que eso debe ser extraordinariamente poderoso.
Yo creo que para el apóstol de alguna manera se entendía: yo no voy detrás de mi salvación, yo fui alcanzado. Es que este es mi paso natural. Si tú me ves corriendo rápido, yo quiero que tú entiendas que este es mi paso natural, fruto de lo que Dios ha hecho en mí, está haciendo y cada día sigue haciendo. Esto es como yo me muevo de manera natural. De hecho, detenerme, disminuir la velocidad, sería como contra natura para lo que yo estoy sintiendo. ¿Tú me entiendes? Yo creo que es lo que cada uno de nosotros necesita entender.
Bueno, pero ¿qué es tan rápido? Déjame ver si esta ilustración puede ayudar en algo. Ninguna ilustración es perfecta, pero algo debe ayudar. Yo no sé si usted ha tenido la ocasión, en el pasado hace mucho que no he estado ahí, pero me ha pasado, que usted está en un lugar que quizás está trabajando fuera de la ciudad o bajo el sol, no sé, y no tenía agua disponible. Y usted va y comienza a correr sed, y la sed va aumentando y va aumentando, y llega un momento varias horas más tarde que realmente usted se siente extremadamente sediento. Y llega de regreso a una casa, este es el escenario que yo he vivido varias veces, una casa pequeña pero donde tú sabes que hay agua. Y te preguntan si tú quieres algo, y tú le dices: "Bueno, sí, me pones un vaso de agua bien fría." ¿Así te ha pasado eso?
Y entonces le dan el vaso, está lleno, y ves que el jarro de donde lo han servido sigue lleno también de agua bien fría. Y a pesar de que tú tienes un vaso lleno y un jarro lleno, tú te tomas esa agua súper rápido. Hasta a veces se te ahogas, también me ha pasado eso. Pero ¿por qué tú vas tan rápido? Tú tienes el vaso lleno, tú tienes un jarro lleno, ¿cuál es el sentido de beberte el agua tan rápido? Y en ocasiones cuando tú terminas, tú haces algo como... ¿Soy yo solamente el único como extraño que ha vivido eso, o a usted le ha pasado?
¿Cuál fue la razón? Es que cuando tú ibas tragando el agua fría en medio del calor y la deshidratación, había un placer que el agua que pasaba por la garganta y hacia el esófago iba como produciendo en ti, y tú ibas disfrutando eso, y tú querías más de eso, y lo tragabas y lo tragabas y lo tragabas y lo tragabas. Y tú volvías: "Un poco más, por favor," y tú vuelves a tragar. Eso es lo mejor que yo puedo hacer en términos de cómo es que el gozo de Dios, el gozo del Señor, su complacencia, va motivándote a hacer algo más rápido, más intenso, a continuar hacia adelante. No te detengas, sigue, trata de alcanzar aquello para lo cual tú fuiste alcanzado. Si eso es el agua, imagínate el agua viva lo que podría hacer. Es un gozo santo que Dios te permite disfrutar cuando tú estás en medio de su voluntad.
Imagínate que Dios decida que es lo que quiere, desplegar su gloria sobre nosotros de manera corporativa como iglesia, pero igual de manera personal, haciendo cosas, las que él decida. ¿Tú te imaginas lo que debe ser estar bajo ese trabajo de Dios donde su gloria está siendo visitada sobre tu iglesia, tu país, tu familia, sobre tu persona? ¿Tú no crees que eso te pudiera decir, junto con Pablo: el amor de Cristo, la gloria de Cristo, la gracia de Cristo, la complacencia de Cristo me constriñen y no me dejan con ninguna otra opción? Yo estoy corriendo rápido, pero es que ese es mi paso natural en términos de lo que yo estoy sintiendo.
Quizás, y voy a ir moviendo más hacia el final, quizás una corta ilustración extra me pudiera servir. No sé cuánto ustedes saben algunas cosas muy básicas de física, pero se dice que si tú tomas una rueda y la tiraras, la rueda de carro pudiera ser, la empujaras, si no hubiera una fuerza, la fuerza de fricción que le va quitando velocidad, la fricción con el piso, si no hubiera esa fuerza, ella permanecería en movimiento por el resto del tiempo, por un tiempo infinito. Y se le llama la inercia.
Bueno, cuando Dios te encontró, Dios te dio un solo empujón hacia la línea final. Y como la ley de fricción de la vida no puede ser más fuerte que la ley del empuje de Dios, ese solo empujón que él te dio te va a llevar hasta la línea final. Y en cierta manera, ese empujón él lo concibió en su mente en la eternidad pasada, cuando él te conoció, y después de conocerte te predestinó, y cuando te predestinó te llamó, y cuando te llamó te justificó, y después que te justificó, en su mente ya te glorificó. Es un solo empujón. ¿Tú no crees que esa realidad debería llenarnos a nosotros de gozo? Yo pudiera vivirlo, sentirlo.
Esto es lo que Pablo está diciendo: una sola cosa hago. Yo me he olvidado lo que está detrás: mis logros, mis heridas, mis prisiones. Todas aquellas visitaciones de Dios no me van a enorgullecer, ni aquellas cosas que yo sufrí me van a endurecer. Ya me olvidé del pasado, ahora estoy contemplando el futuro, miro entonces hacia adelante.
El versículo 15: "Así que todos los que somos perfectos..." Aquí viene Pablo ahora con otra acepción de la palabra perfecto. "Así que todos los que somos perfectos, tengamos esa misma actitud." ¿Cuál? La que yo acabo de describir. "Y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios. Sin embargo, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado."
Ahora Pablo toma la palabra "perfecto" y le da otra de las connotaciones que la palabra puede tener conforme al contexto. Y ahora la palabra está siendo usada no en el sentido de haber alcanzado el máximo estado posible de benevolencia y virtud o de bondad, sino el ser maduro en la fe. Y Pablo dice: para aquellos de nosotros que ya estamos maduros en la fe, esta es la única actitud que nosotros pudiéramos tener.
No hay duda de que en la vida cristiana hay áreas donde no creemos igual, incluyendo en la IBI, y que no representan un problema. Pero Pablo dice en cuanto a esta actitud de vida, de que una sola cosa hago, de que me olvido del pasado, contemplo el futuro, escucha una vez más: "Así que todos los que somos perfectos, maduros, tengamos esta misma actitud." Es como que en este punto, Pablo, aquí yo no veo espacio para diferir. Debiéramos todos tener esa misma convicción, esa misma actitud. Nos olvidamos de los logros, nos olvidamos de las malas experiencias del pasado, nos olvidamos de los placeres que una vez tuvimos en el mundo y que ahora, en un momento de distracción, en un momento donde yo no estoy viviendo con esa sola cosa que debo estar haciendo, en ese momento yo recuerdo eso que yo viví y comienzo entonces a llamar a mi memoria y luego a llamar verbalmente aquellas cosas del pasado que constituyen fruto de o cierto tipo de placer para mí. Concluyo erróneamente, no que me alejé de Dios, no que me endurecí, no que nunca me acerqué lo suficiente, sino: "¿Sabes qué? Después de todo esta vida cristiana no es lo que me habían dicho ni lo que yo creía ni lo que pintaba."
Pablo les dice: a los que somos maduros, no debiéramos tener ninguna otra forma de vida. Y esa singularidad de propósito en la vida, yo creo que es la mejor estrategia para evitar los tropiezos, para evitar las distracciones y las caídas.
Luego, Pablo dice: "Ahora, aún después de que yo haya dicho esto, de que debiéramos todos los que somos maduros, que él llama perfectos, tener una misma, una sola actitud, aún de eso yo reconozco que no es así." Por eso él dice: "Y si en algo tenéis una actitud distinta, eso también os lo revelará Dios." Y con esas últimas palabras, Pablo hace algo que todos debiéramos recordar. Pablo dice: "Sabes qué, no me apelo por eso, no me voy a luchar por eso. Yo tampoco voy a caerle atrás a personas que no quieren correr." Dios es soberano y Dios tendrá que revelarles en algún momento. Si tú tienes una actitud distinta, pues eso Dios también lo revelará. Ahí está la confianza en la soberanía de un Dios que está a cargo de no solamente todos los eventos del universo, sino de todos los creyentes aquí en la tierra y en el cielo.
Y luego él dice al final: "Sin embargo, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado." Evidentemente, en Filipos parece que había un grupo significativo, no sé de qué tamaño porque ni siquiera sabemos el tamaño de la iglesia entera, pero parece que había un grupo significativo de maduros porque él dice: "Sin embargo, a cabo del si, resto, continuemos viviendo según la misma norma que hemos alcanzado." En otras palabras, aquellos de ustedes que se consideran también maduros y forman parte del grupo en el que yo estoy, dice Pablo, sigamos viviendo de la misma manera.
Es como un reforzamiento de la actitud mental de vida que ya algunos han abrazado, de tal manera que ellos no se han distraído por la actitud mental de otros que están formando parte del cuerpo de Cristo en Filipos, y que ellos no fueran a ser distraídos. Entonces, al contemplar el estilo de vida o la forma de ser o las distracciones de otros, y para esa adición él dice: "Ustedes que ya están ahí, continúen en esa dirección."
Recordemos que había judaizantes alrededor, que creían que el cumplimiento de la ley... Algunos habían llegado a creer en Cristo, pero ellos decían: "Tú puedes tener a Cristo, pero tú necesitas la ley y el cumplimiento de la ley a la perfección para llegar a ir donde Pablo dice." Y quizás en parte, Pablo está diciendo: "No es de esa manera, no te dejes distraer por los judaizantes. Sigue, continúa viviendo según la misma norma que hemos alcanzado, lo que hemos enseñado." Ese va a ser tu combustible para continuar.
Hermano, si eso es así, si el cuadro que yo he tratado de pintarte con una brocha grande, por así decirlo, es así, si tú lo llegas a creer, si tú lo has podido ver hoy, ¿por qué desear correr una carrera que fue marcada para mí conforme a mis propias reglas? ¿Por qué querer correr una carrera sin entrenadores? No hay un corredor, un competidor olímpico que no haya sido sometido al entrenamiento riguroso de un maestro.
¿Por qué querer correr esa carrera sin entrenadores, a los cuales sí te sometes cuando vas a jugar tenis, cuando vas a ir al gimnasio, cuando vas a jugar golf? Pero en la vida cristiana dices: "Yo sé cómo correrla." ¿Por qué no escuchas el consejo? Si es una carrera que ha sido marcada delante de nosotros con una línea final, ¿por qué malgastar el tiempo en cosas que no corresponden a esa sola cosa, sino a quinientas cosas?
Muchas veces hemos dicho u oído ambas cosas: "No, es que la vida cristiana no es fácil." Y Dios dice: "No es verdad, tú mientes. Mis mandamientos no son gravosos." "Bueno, para mí sí lo son." ¿Te has preguntado por qué te son tan gravosos? El apóstol Pablo nunca habló de esa manera. Singularidad de propósito hace que sus mandamientos no sean gravosos. Los mandamientos de Dios solamente son gravosos cuando mi corazón quiere violarlos, entonces me pesan. Y eso lo da la diversidad de propósito, porque yo quiero esto y quiero esto y quiero aquello.
Hermano, si tú reconoces que la carne es fácilmente distraída, ¿por qué buscas la distracción? ¿Por qué la persigues aun cuando no te la están trayendo? Entonces queremos correr sin entrenadores y a la vez nosotros tenemos una carrera que ha sido marcada para nosotros y que tiene juez. Como toda carrera olímpica tiene jueces, esta también tiene juez. Pero ese es un juez distinto a los demás jueces. Y los corredores olímpicos se someten a esos jueces y no cuestionan sus decisiones, pero los corredores de la carrera cristiana que tienen un juez tan distinto le viven cuestionando.
Déjame cerrar con esta historia y ver cómo la conecto con este final del mensaje. Agosto 16, 1987, un jet de pasajeros de la línea Northwest, vuelo número 255, despegó del aeropuerto de Detroit y poco tiempo después se estrelló. Murieron 155 personas. Se estrelló desde miles de pies de altura. La investigación encuentra una sobreviviente de cuatro años de Arizona. Su nombre era Cecilia Cichan, pero el nombre de su madre era Paula Cichan y su hija Cecilia la acompañaba. El avión se estrelló sobre varios automóviles de la carretera y cuando esta niña apareció se pensó inicialmente que ella era una pasajera en uno de esos automóviles, lo más probable, porque el avión se había incendiado y demás. ¿Y cómo era posible que esta niña hubiese sobrevivido el calor y todo lo demás?
Cuando la investigación se hace por completo, se descubre que de alguna manera la madre, aparentemente en el momento antes del impacto, se había desabrochado su cinturón, se había arrodillado delante del asiento y había abrazado a su hija y la sostuvo entre el sillón, su brazo y su cuerpo. Y así mismo ella había aparecido: intacta. Nada pudo separar a esta hija de su madre. Ni la tragedia, ni el desastre, ni la caída, ni el fuego, ni lo alto, ni lo bajo, ni la muerte, ni la vida. Ahí estaban juntas.
Y tú tienes un juez que ha marcado la carrera para ti, que ha provisto la motivación que necesitas para correr, que corre contigo, que te guía en el camino, que te ayuda a ser entrenado, que provee entrenadores, que al final te está esperando también para entregarte a él mismo como premio. Y te ha dado toda muestra de amor incondicional. Y a pesar de todo eso, tú no tienes la intensidad, no tienes la motivación que esta madre tuvo para hacer aquello que parece heroico.
Pero escúchame, ese juez en cierta manera un día, hace dos mil años, antes de marcar la carrera para ti, dejó las gradas de la gloria y corrió hacia el terreno de juego y te encontró aquí. Y con su cuerpo fue y te abrazó, simbólicamente hablando, para protegerte del impacto de la muerte mientras él moría por ti. ¿Y eso no es motivación suficiente? ¿Eso no es suficiente para yo decir "una sola cosa hago"? ¿Eso no es suficiente para yo poder estirarme al máximo tratando de alcanzar aquello para lo cual yo fui alcanzado?
Las distracciones, atracciones, seducciones, ofertas y tentaciones del mundo, ¿tú me dices que es mayor que esto que yo te acabo de describir? ¿A qué nivel espiritual tú vives? ¿Dónde estás? Tus Twitter, tus Facebook y todo lo demás proclaman que el nivel al que yo vivo no es allá, no es ni siquiera aquí, no es aquí, es aquí abajo. En obvio contraste, es como si pudiéramos decir: "Múltiples cosas hago, corro hacia adelante mientras miro todo lo demás."
Nosotros no podemos venir a este nuevo lugar aquí abajo. Yo creo que hemos sido detenidos por un tiempo a propósito, porque si este es un lugar de bendición, entonces nuestras vidas tendrían que ser vidas de bendición. Y eso tiene que ocurrir aquí. Tú tienes que hacer una decisión antes de venir, porque somos un solo cuerpo y pecamos juntos de alguna manera, y se sufren las consecuencias.