La compasión y el egoísmo representan dos polos opuestos del corazón humano, y pocas escenas bíblicas lo ilustran con tanta claridad como la segunda multiplicación de los panes en Marcos 8. Jesús mira a una multitud que lleva tres días con él y siente algo profundo en sus entrañas: reconoce que tienen hambre, que algunos han venido de lejos, que podrían desfallecer en el camino si los despide sin comer. Esa emoción interior lo mueve a actuar. La compasión genuina no es un deber calculado ni una respuesta a la vergüenza social; es un dolor que nace espontáneamente y que impulsa a llenar la necesidad del otro.
Los discípulos, en cambio, responden desde el egocentrismo. Su preocupación inmediata es la inconveniencia: estamos en el desierto, aquí no hay nada, ¿quién va a suplir esto? La solución más cómoda es despachar a la gente. Semanas antes habían presenciado cómo Jesús alimentó a cinco mil personas con cinco panes, y ahora, con siete panes frente a cuatro mil, su mente sigue atrapada en la escasez. Más tarde, ya en la barca y con un solo pan entre todos, discuten entre sí mientras el Maestro está presente. Jesús les hace nueve preguntas consecutivas que apuntan a lo mismo: ¿aún no entienden? ¿Tienen el corazón endurecido? ¿Tienen ojos y no ven?
El problema no era la falta de pan, sino la falta de fe y de memoria espiritual. Dios es descrito una y otra vez como compasivo, y quienes caminan con él van adquiriendo ese mismo carácter. La gracia que renovó nuestra vida es la misma que debe fluir hacia los demás.
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¡Vamos a ver! ¡Amén! ¡Su palabra!
Me quiero invitarlos a que abramos la palabra de Dios, el evangelio de Marcos, para continuar nuestra serie. Marcos 8, vamos a estar leyendo una porción extensa del texto, pero estos textos son narrativos de eventos que ocurren un día. De esa manera, entonces, nosotros si fuésemos a abordarlos, citaciones implicarían más de un evento, como en este caso, pero los eventos están conectados y por eso se nos hace difícil despegarlos. Hoy vamos a estar cubriendo desde el versículo 1 hasta el 21, aunque probablemente la semana que viene volvamos a visitar dos o tres versículos del texto que vamos a leer hoy.
Comenzando en el versículo 1 del capítulo 8 de Marcos: "En aquellos días, cuando de nuevo había una gran multitud que no tenía qué comer, Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: Tengo compasión de la multitud porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer. Y si los despido sin comer a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos. Sus discípulos le respondieron: ¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para poder hartarlos de pan a estos aquí en el desierto? Él les preguntó: ¿Cuántos panes tenéis? Y ellos respondieron: Siete. Entonces mandó a la multitud que se recostara en el suelo, y tomando los siete panes, después de dar gracias, los partió y los iba dando a sus discípulos para que los pusieran delante de la gente, y ellos los sirvieron a la multitud. También tenían unos pocos pececillos, y después de bendecirlos, estos también los sirvieron. Todos comieron y se saciaron, y recogieron de lo que sobró de los pedazos siete canastas. Los que comieron eran unos cuatro mil, y los despidió."
"Y subiendo enseguida a la barca con sus discípulos, fue a la región de Dalmanuta. Entonces salieron los fariseos y comenzaron a discutir con él, buscando de él una señal del cielo para ponerle a prueba. Suspirando profundamente en su espíritu, dijo: ¿Por qué pide señal esta generación? En verdad os digo que no se le dará señal a esta generación. Y dejándolos, embarcó otra vez y se fue al otro lado."
"Se habían olvidado de tomar panes y no tenían consigo en la barca sino solo un pan. Y él les encargaba diciendo: Tened cuidado, guardaos de la levadura de los fariseos y la levadura de Herodes. Y ellos discutían entre sí que no tenían panes. Y dándose cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido? Teniendo ojos, ¿no veis? Y teniendo oídos, ¿no oís? ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos respondieron: Doce. Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Aún no entendéis?"
Bueno, algunos de ustedes cuando comenzaron a leer el texto o a oírlo quizás se dijeron: "Esto como que suena familiar." Porque ya en Marcos habíamos visto una ocasión primera donde Jesús había multiplicado los panes, de manera que esta es la segunda vez y la última que Jesús va a hacer algo como esto. Entre un pasaje y otro hay similitudes y hay diferencias, y esas similitudes han hecho que algunos académicos piensen que Marcos simplemente está relatando dos veces un mismo suceso. Pero la realidad es que las diferencias son mucho más significativas que las similitudes, y al final del texto el mismo Cristo se encarga de comparar ambos eventos: "¿Cuántas cestas recogisteis cuando me dieron cinco panes y yo los multipliqué?" "Bueno, doce, Señor." "¿Cuántas canastas recogisteis ahora cuando alimenté a los cuatro mil?" "Bueno, Señor, siete." De manera que yo creo que queda más o menos claro, por lo menos para mí, que ciertamente estos representan dos eventos distintos.
Pero yo creo que vale la pena comparar el uno y el otro para ver esas diferencias, ver esas similitudes, y a la vez preguntarnos o permitir que Dios nos pregunte a nosotros: ¿Qué estás percibiendo como enseñanza para ti en el día de hoy?
El primer milagro de la multiplicación de los panes, donde había cinco mil hombres, es relatado en Marcos 6. Este está en Marcos 8. En ambas ocasiones la localidad era el desierto, un lugar donde no había nada, no había lugar donde poder proveer alimentación para esta multitud. En el primer caso Jesús había estado ministrando en territorio hebreo o judío; en este caso, aunque no está completamente claro, la mayoría de los académicos concluyen que lo más probable es que él está todavía en Decápolis. No hay ninguna mención distinta entre cuando él estaba en Decápolis y este milagro que acaba de ser leído y descrito, de manera que la mayoría asume que él todavía está en territorio gentil, y eso también nos establece otra diferencia.
Y si ese es el caso, quizás Jesús está tratando de comunicar, y el sentido también sería en parte de este plan de redención como en efecto así era, o quizás estaba tratando de comunicar que de la misma manera que el pueblo hebreo estaba siendo alimentado por él física y espiritualmente, el pueblo gentil tenía que ser alimentado física y espiritualmente por igual. Quizás.
En el primer milagro Jesús ve a la multitud y tiene compasión, pero ocurre al final de un día. Habían estado con él por un solo día; en este caso el texto nos dice que habían estado con él por tres días. En el primer caso la alimentación ocurre al final del día; en este caso ocurre al final de tres días de estar con él y de ministración. Y ciertamente nos parecería un tanto extraño que pueda haber una multitud tan grande como cuatro mil personas que pudieran estar con el Maestro por tres días consecutivos, y ciertamente estas son cosas extraordinarias.
Y cuando tú lees la historia de los avivamientos, cosas como esas han ocurrido. Son cosas un tanto extrañas que uno no se las explicaría de manera ordinaria, pero cosas milagrosas han ocurrido, como comenzar un servicio un domingo en la mañana como estamos iniciando hoy, como uno corriente, y no terminar hasta el miércoles siguiente. Eso ha ocurrido más de una vez: veinticuatro horas al día, las puertas abiertas, gente presente, gente predicando, gente enseñando, gente adorando, gente cantando, gente dando testimonio. De manera que esto es extraordinario pero no es exclusivo. El hecho es que cuando Dios se desborda sobre la iglesia, se dan actividades múltiples; la gente no la puedes parar, la gente asistiendo y queriendo ser alimentada.
En el primer caso se nos habla de que había cinco mil hombres, y la palabra usada es "hombres" para referirse a varones, de manera que posiblemente había ocho mil personas contando, imaginándonos la presencia de mujeres y niños o adolescentes o jóvenes. En este caso el texto dice que había cuatro mil personas; no usa la palabra "varones" sino "personas", de manera que hay una multitud grande pero quizás un poco más pequeña que la anterior.
La vez primera Jesús mandó a la gente a sentarse o recostarse sobre la grama; en este caso les dice que se acuesten sobre el suelo. Aparentemente en aquella ocasión había un lugar de grama donde estaban; en esta ocasión quizás era simple tierra. Por otro lado, en la primera ocasión los manda agruparse en grupos de cien y de cincuenta; en esta ocasión no hay instrucciones de ese tipo.
En Marcos 6 Jesús pide o pregunta, hace un inventario de lo que hay en mano, y le traen cinco panes y dos peces, y él ora y los multiplica. En esta ocasión él vuelve a preguntar qué tenemos, le dicen: "Tenemos siete panes y algunos pececillos" —la palabra ahí es "peces pequeños", quizás tipo sardinas—; eso nos da una idea. La primera ocasión de Marcos 6 se alimentan a los cinco mil hombres, ocho o diez mil personas si consideramos como dijimos mujeres y niños, y sobran doce canastas o cestas —la palabra ahí es algo más pequeño—; en esta ocasión sobran siete canastas, algo ya de un recipiente de mucho mayor tamaño o volumen.
Pero hay algo que llama la atención: es que en ambos casos había una multitud a la que Cristo mira, observa y tiene compasión de ella. Yo creo que si hay algo que resalta, por lo menos a mis ojos, tan pronto comencé a leer el texto es precisamente la compasión de Jesús contrastada con la insensatez o el egoísmo de sus discípulos. Yo leí el texto una vez y cuando lo volví a leer la segunda vez, eso saltó a mi vista: el contraste entre esta compasión que Jesús siente por la multitud, que lo mueve a alimentarlos, y la insensatez o el egoísmo de los discípulos. Y eso es lo que me llevó a titular mi mensaje: "La compasión y el egoísmo en polos opuestos."
Yo creo, yo creo por el Espíritu de Dios, que Dios nos va a hablar en esta mañana mucho acerca de esos dos polos opuestos.
El texto de hoy comienza, prácticamente abre de esta manera, versículo 2: "Tengo compasión de la multitud porque hace ya tres días que están conmigo y no tienen qué comer." La palabra usada ahí, traducida como "compasión", es en el griego "splagnizomai", que viene de una raíz griega "splánchnon", y "splánchnon" implica entrañas, pulmón, corazón, riñones, hígado. De tal forma que en el lenguaje original lo que el autor está tratando de transmitir es que lo que Jesús siente es algo profundo del interior de sus entrañas por la multitud que le está viendo. Yo creo que eso es algo importante; es una metáfora que el autor Marcos está usando para describirnos la profundidad de la emoción que Jesús está sintiendo.
Y lo que lo mueve a la compasión en este caso, cuando uno lee el texto detenidamente, es que hace tres días que están con él, y número dos, después de tres días —el otro día pudo haberlos cansado— pero después de tres días no tienen qué comer. Algunos piensan que tenían tres días sin comer; yo no creo que cuando uno lee el texto se lleve esa impresión. Yo creo que tienen tres días, y al final de los tres días probablemente la comida se había acabado. Porque yo no creo que salieron de sus hogares calculando que estarían tres días con el Maestro; lo más probable es que salieron a ser ministrados ese día y no regresaron hasta tres días después.
Y el hecho de que ellos estuvieran con él por tres días y que ahora estuvieran sin comer es lo que mueve a Jesús a la compasión. Yo creo que si nos detenemos un momentito, podemos comenzar a ver algunas de las características de la compasión. La compasión es algo natural, es algo que se siente de manera natural desde el interior del individuo, sin que necesariamente alguien tenga que recordarnos la responsabilidad que tenemos con aquello que está adelante. Jesús simplemente los ve y dice: "Tengo compasión de la multitud". No es una emoción simple, no es una emoción sencilla como la risa, no es una emoción trivial, es algo que es sentido en el interior de manera espontánea.
Y eso que tú sientes causa una especie de dolor emocional tan significativo que mueve a la persona a querer llenar la necesidad del otro. No es simplemente reconocer la necesidad del otro, no es simplemente incluso sentir el dolor, es sentir un dolor hasta el punto que tú te sientes movido a querer llenar esa necesidad. Pero aunque no casi lo puedas hacer porque a lo mejor es un reporte televisivo que estás viendo, tú quisieras poder hacerlo.
Y eso es lo que tú ves en Jesús, es algo que te mueve y te mueve por lo que sientes, no como una responsabilidad. Porque a veces nosotros hemos ido a llenar una necesidad, pero es más bien porque hemos hecho un análisis mental de que está en mi responsabilidad. "Fulano, ¿por qué tú vas a hacer eso?" "Bueno, es que es mi responsabilidad". Bueno, yo no digo que no, pero en lo que la compasión llega, yo tengo que ser movido por otra cosa. Y si es la responsabilidad que me va a llevar, pues que así sea, pero Dios nos está queriendo llevar a un lugar donde yo sea movido más que por la responsabilidad, por el sentido de compasión. Y si yo divido esa palabra, yo creo que es una buena palabra para recordarme que debo hacerlo con pasión, con algo que sale de mi interior.
A veces nosotros hemos sido movidos por un sentido de culpabilidad, o por un sentido de vergüenza. "¿Qué dirán? Imagínate, ¿qué dirán? Porque es primo mío". Y Jesús es movido por otra cosa. Entonces lo primero es que la compasión es una emoción natural que surge, que me causa un dolor emocional que me mueve o me hace querer hacer algo por el otro.
Yo creo que quiero pausar un momentito para que tú puedas hacerte una pregunta y puedas seguir reflexionando conmigo a lo largo de todo el mensaje. ¿Cuándo fue la última vez que tú sentiste, experimentaste dolor hacia alguien que no era tu esposo, tu esposa, tus hijos, porque estaba en necesidad, y que tú fuiste movido a querer llenar esa necesidad? La última vez que uno de estos niños dominicanos o haitianos vino a la ventana y tú viste su rostro y viste su pobreza, no solamente física, sino espiritual que es mucho más profunda, ¿y te dolió el corazón? ¿Cuándo fue?
Preguntémonos cuál sería la reacción de Jesús en el volante ante estos rostros que se acercan frente a frente al vidrio nuestro. ¿Sería preocupación por que me vayan a ensuciar el vidrio? ¿O sería compasión por querer hacer algo por ellos?
La compasión es el reflejo externo del amor interno que yo tengo por el otro. La compasión es el reflejo exterior del amor interno que yo tengo por los demás. Jesús amó a las personas, amó a las multitudes, y por tanto cuando las veía era movido con compasión hacia ellas.
En segundo lugar, la compasión, dijimos que es una emoción profunda interior que me produce un dolor emocional que me lleva a querer hacer algo. Pero en segundo lugar, la compasión, para yo poderla sentir, tengo que estar centrado en el otro. Jesús dice: "Tienen tres días conmigo". Jesús pudo haber pensado: "Bueno, tienen tres días conmigo, bro, ¿qué tú esperas? Yo soy Dios hecho hombre, lo menos que pueden hacer es pasar tiempo conmigo. Es que yo me lo merezco". Imagínate que alguien se hubiera quejado: "Eh maestro, pero tenemos tres días contigo". Ya Jesús pudo haber dicho: "¿Tú quieres pasar la eternidad con Dios y estás quejándote de tres días?"
Pero eso no es lo que él siente. Él es capaz de identificarse con la necesidad física temporal del momento y decir: "Discípulos, tienen tres días conmigo". Él está preocupado por el estado de la multitud. Se sentía dos horas después. Y la razón por la que él está preocupado es porque él no está centrado en lo que él es, Dios como verdaderamente lo era, sino que su mente está centrada en el otro. Para yo experimentar compasión, yo tengo que salirme de mí mismo y poderme centrar en el otro.
En tercer lugar, yo tengo que estar tan centrado en ese otro que yo me percato de las necesidades que él o ella tiene. Y Jesús dice: "No solamente tienen tres días conmigo, es que ya me percaté que tienen hambre". Ya escuché o vi gente que está desfalleciendo y algo tenemos que hacer. Esta es otra de las características de la compasión, que no simplemente se centra en el otro en el sentido de: "Wow, sí, es verdad, tienen tres días, tan cansados", sino que piensa cuál es el resultado de los tres días con el maestro. "Es bueno también que es que tienen hambre y tenemos que hacer algo".
En cuarto lugar, la compasión toma en cuenta las consecuencias que el otro podría sufrir si yo no hago algo. Escucha lo que Jesús dice en el versículo 3: "Y si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, pues algunos de ellos han venido de lejos". Jesús se percata de los tres días, se percata de la falta de pan, y al mismo tiempo ha podido llegar a la conclusión, ha podido calcular: "Si no hacemos algo, aquí hay un peligro, y es que es posible que en el camino algunos desfallezcan, porque algunos han venido de tan lejos y ahora se van con hambre y cansados". Imagino que no durmieron mucho tampoco, porque a la intemperie, en el piso. La compasión es sensible, es considerada, ve la necesidad humana, la quiere llenar y considera las consecuencias de no llenarla. Eso es lo que vemos en Jesús.
La respuesta de Jesús fue la de la compasión. La respuesta de los discípulos fue de preocupación y de cierto temor. Escucha en el versículo 4: "Sus discípulos le respondieron: ¿Dónde podrá alguien encontrar lo suficiente para saciar de pan a estos aquí en el desierto?" "Alguien, o nosotros, alguien". En caso de que tú no te hubieses percatado, maestro, estamos en el desierto. Además, hay que encontrar alguien que pueda hacer eso.
La preocupación de los discípulos siempre fue por el aquí y el ahora. El aquí: el desierto. Pero eso no podía ver ni recordar lo que el maestro había hecho, o estaba haciendo, o estaba a punto de hacer. Su mente siempre estuvo en lo conveniente, y eso es uno de nuestros problemas. Cuando alguien nos llama, nos pide un favor, a veces tardamos en responder porque yo estoy catalogando en mi mente todas las inconveniencias que eso me va a causar. Estoy pensando y estoy buscando, calculando todas las inconveniencias que eso pudiera causar.
Gastar nunca estaba en la mente de los discípulos. Eso nunca fue su idea, que gaste otro. En el primer milagro: "Maestro, ¿quién tiene doscientos denarios para todo este pan?" Y la solución más a flor de piel era: "¡Despacha la gente!" "¡A despachar!" Tanto en el primer milagro como en este, es la insinuación: estamos en un desierto, aquí no hay nada, ¿quién va a suplir? Mándalo para la casa.
Ellos quieren que Jesús se percate, como yo mencionaba, de que estaban en el desierto por un lado, y por otro lado, que no había nada que hacer. Y Jesús estaba tratando no solamente de llenar la necesidad física de aquellos que tenían tres días con él y con hambre, estaba tratando de hacer algo en el corazón de sus discípulos. Quería que fuera más importante llenar su corazón que llenar su estómago.
Los discípulos habían estado meses atrás, semanas atrás, en otra multiplicación. Ellos pudieron haberse acercado al maestro y lo hubiesen podido decir: "Maestro, con todo respeto, nosotros nos recordamos, hace varias semanas tú multiplicaste cinco panes y dos peces. ¿Habría alguna posibilidad de que tú hagas algo como eso ahora?" Ellos pudieron haber hecho eso de la misma manera que nosotros hacemos una petición de oración. La diferencia está en que cuando yo oro, yo no estoy viendo a Dios ni lo tengo físicamente de frente, y ellos sí lo tenían.
Pero yo me puedo imaginar un pensamiento o diálogo como este entre ellos: "Mejor que nos hemos quedado callados, porque si a Jesús se le ocurre multiplicar los panes otra vez, aquí va a haber que sentar la gente, va a haber que repartir a cuatro mil, son los que son, cuatro mil personas. Para después entonces comenzar a recoger todo lo que sobre en canastas. ¿Te acuerdas de la otra vez?" Ellos seguro que están cansados. "Mejor que se vayan para la casa". Además, a la gente hay que enseñarle responsabilidad. "¿Quién les manda? Si el Señor se pone a multiplicar pan otra vez, se van a acostumbrar, y a la gente no se le puede acostumbrar a eso. Para eso Dios no camina, y Él usa a nadie". "¿Solo una familia? Aparte de eso, que así no se acostumbren, porque luego se acostumbran a eso". "Bueno, está bien, pero siempre donde uno".
En mi reflexión entonces sobre el tema, yo llegué a la conclusión de que si la compasión es la manifestación externa del amor que yo siento por el otro, el egoísmo es la manifestación externa del amor que yo no siento por el otro. El egoísmo es la manifestación externa del amor que yo no siento por ese otro.
El egoísta se ama a sí mismo. Nosotros nacemos todos con egoísmo, en diferentes grados. Y la manera en que a mí me crían, eso alimenta mi egoísmo o debilita mi egoísmo. Nuestra cultura latina, romántica, emocional, centrada en los muchachos, cultiva el espíritu egoísta en nuestros hijos al proveerlo todo y al ayudarles a sentirse merecedores de lo provisto.
El egoísta se ama a sí mismo de una manera pecaminosa. Dios entiende que debe haber un amor propio sano y santo cuando él dice: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". Pero el egoísta no se ama de esa manera, él se ama de manera pecaminosa, de tal forma que en su consideración de hacer algo, él no entra en tercero, y cuarto, y quinto lugar. El egoísmo no se inmuta ante la necesidad del otro.
El egoísmo no tiene sentido de urgencia. No, pero tampoco es así, no es que hay que ir tan rápido. Él no tiene sentido del tiempo. El egoísmo piensa más o menos como esto: el Maestro dice que tiene tres días con él, son sus problemas. Nadie lo mandó y ustedes pudieron advertir. Nadie lo tiene aquí retenido obligadamente. De hecho, mira, fueron ellos, la fila no se fueron, porque ellos no se fueron. ¿O quién los mandó? Yo no los obligué. En último caso, es el problema de Jesús. ¿Quién lo mandó a hablar tanto? Si él no hubiese hablado tanto, ya al final del día, del primer día los despacha. Ellos tienen que aprender a irse más a tiempo y el Maestro tiene que aprender a hablar un poco menos. Digo, sus enseñanzas son muy buenas y muy profundas, pero no hay... Él lo puede mandar y seguir al otro día. Me imagino conversaciones, pensamientos como esos, porque nosotros tenemos pensamientos y conversaciones como esas.
Yo les voy a decir: para ellos no hay ninguna solución posible. Jesús dice: "¿Qué es lo que tenemos?" Siete panes y unos pececillos. "Bueno, pues tráiganmelos." ¿Tú crees realmente que Jesús necesitaba los panes para alimentar a esa gente? Claro que no. Él de siete panes produjo panes para cuatro mil personas sin harina. Y abrió su boca y creó el universo. No necesita esos siete panes.
Lo que sigue es que Jesús está tratando de enseñarnos que en la relación que yo tengo con Dios, hay una parte que a mí me toca hacer, hay una cosa que a mí me toca dar. Hay algo que tengo que compartir, y entonces después de eso él está dispuesto a hacer lo que solamente él puede hacer. De manera que tenemos que ver qué es lo que hay de inventario, qué es lo que ustedes van a aportar en su esfuerzo, para entonces yo con eso hacer lo que ustedes no podrían hacer. Y como no lo pueden hacer, no le toca a ustedes hacerlo, me toca a mí hacerlo.
Y eso es parte de lo que ocurre aquí. Jesús los manda a sentarse en el suelo. La primera ocasión había grama alrededor. Jesús da gracias, da gracias y parte los panes, y luego manda a buscar los pececillos y da gracias y parte los pececillos. Algunos han dicho que en el contexto judío tú no das gracias dos veces, sino una sola vez, y que esto habla de que posiblemente estaba ante una audiencia gentil. Yo no sé si eso es así o no, pero son pinceladas que quizás revelan cosas que estamos diciendo anteriormente.
Al final del milagro todos terminan saciados. Hay siete canastas que han sido llenadas, y el texto literalmente dice: todos se saciaron y sobraron siete canastas, y comieron todos. Con lo cual esto no solamente estaba mostrando que es el proveedor, sino que su provisión es suficiente para saciar y para haber más allá de lo que es el saciarte a ti y a mí.
Y eso es importante, porque si hay algo que frecuentemente preocupa al creyente es si voy a tener en el día de mañana, si voy a poder tener con qué mantenerme, con qué me voy a retirar. Esa es la enseñanza en el Sermón del Monte: ¿tú no has visto las aves del campo?, ¿tú no has visto los lirios del campo? Dime, ¿quién los mantiene?, ¿quién los mantiene hermosos y frondosos?, ¿quién provee para ellos? Y ellos ni se preocupan, están siempre alimentados. Esa es la enseñanza, pero muchos de los hijos de Dios viven preocupados.
Y esto es un recordatorio de que yo lo único que necesito hacer es conversar con Dios en medio de la carencia. El desierto representa una carencia. Con frecuencia, cuando yo oigo a un hijo de Dios atribuir su situación económica a la situación económica del país, una y otra vez yo vuelvo y digo: él no entiende a su Dios o no conoce a su Dios. Porque el Dios que yo conozco produce pan para cuatro mil personas sin harina. Entonces, ¿cómo es posible que mi situación económica tenga que ver con la situación económica del país? Yo he visto negocios quebrar con la economía boyante y he visto negocios prosperar con la economía extremadamente deficiente.
La vida del hijo de Dios nunca ha dependido de las circunstancias a su alrededor. Por eso es que tú puedes tirar a los tres amigos de Daniel en un horno de fuego y las llamas alrededor no consumirlos, porque las circunstancias alrededor del hijo de Dios no determinan su suerte final, su destino final. Son pruebas alrededor de nosotros, pero no determinan la condición en la que yo me encuentro. Y ahora el pueblo, o mejor dicho la multitud, está en el desierto, está en carencia, no hay pan, pero eso no va a determinar si vamos a comer o no vamos a comer. ¿Y quién lo va a determinar? Dios. Dios va a determinar si vamos a comer o no vamos a comer.
De la misma manera que cuando el profeta fue donde la viuda y le dice, Elías va donde la viuda y le dice: "Dame de comer." Y dice: "Yo tengo por si acaso para un solo día, para mí y mi hijo, y después de eso nos vamos a morir." Y Elías le dice: "Dámela." Y luego entonces resulta que había comida todos los días por el tiempo en que Elías se estuvo con ella. De manera que hay una enseñanza una vez más de la provisión de Dios en medio de la carencia y de la fe que yo necesito tener, una y otra vez en medio de la necesidad, sabiendo que nada de lo que está en el alrededor ha determinado la circunstancia en lo que yo me encuentro. Puede ser que cosas que yo haya hecho, mal manejo irresponsable de los recursos de Dios, hayan determinado las circunstancias en que yo me encuentro, eso es posible, pero no las circunstancias alrededor. Entonces, estás vendiendo una casa, tú no la vas a vender porque el mercado de casas está bueno o está malo, tú la vas a vender cuando Dios diga que se puede vender.
Jesús despide a estos hombres y llega a esta región de Dalmanuta, y tan pronto llegó, venían los fariseos y le pidieron una señal, que yo no voy a tratar en el mensaje de hoy en día. Pero la petición de la señal que los fariseos querían era simplemente una revelación de la incredulidad en su corazón y un deseo de pedir una señal para encontrar falta con la señal, para justificar su incredulidad. ¿Entienden cómo funciona esto de pedir señales? Dame una señal para yo encontrar falta con la señal, para entonces justificar mi incredulidad.
Jesús abandona ese lugar de Dalmanuta, se monta en la barca otra vez y se va con sus discípulos. Lo que él no... bueno, él sí lo sabía porque era Jesús, pero lo que los discípulos no se estaban percatando, y quizás nosotros no nos percatamos si no leemos con detenimiento, es que cuando Jesús se monta en la barca otra vez, se embarca para irse al otro lado, él no estaba dejando la incredulidad con los fariseos. La incredulidad se montó con él, en el corazón de sus propios discípulos. Él lo sabía, y sabemos que él lo sabía no simplemente porque era Jesús, sino que está aquí en el versículo 15: "Y les encargaba diciendo: Tened cuidado, guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes."
Un poquito extraño la comparación de fariseos y Herodes, pero la levadura tanto en el contexto hebreo como secular era vista como símbolo de corrupción, de contaminación. Y él, conociendo lo que estaba en el interior del corazón de sus discípulos, les dice: "Guardaos de la levadura, de la corrupción de los fariseos y de Herodes." Los fariseos parecían externamente muy religiosos, muy piadosos, pero en el interior de ellos había mentira, había falta de compasión, había incredulidad, había orgullo. Guardaos de esa levadura. Luego les dice: "Y guardaos de la levadura de Herodes." Herodes le gustaba oír a Juan el Bautista, lo mandaba a llamar a oír sus sermones. Herodes sabía, por lo que el texto, uno de los textuales de hace unas pocas semanas atrás dice, que Juan el Bautista era un hombre justo, santo. Y a pesar de eso terminó decapitándolo. Conociendo que era un hombre justo y santo, terminó quitándole la vida. Herodes había sido contaminado por una corrupción, los fariseos también.
Y Jesús, sabiendo que en el corazón de estos discípulos a pesar de las enseñanzas había también corrupción de su fe, les dice: "Guardaos." Y entonces resulta que ellos se montan en el barco, y después que están adentro y en el mar, los panes se les quedaron. Y dice el texto que solamente había un solo pan. Bueno, uno para doce, si estaban todos, la proporción es mayor que siete para cuatro mil, de manera que eso no debió haber sido un problema, una preocupación. Y estaban con el mismo Maestro. Pero como la levadura los había corrompido... Y la levadura es una buena metáfora, porque la levadura, cuando tú le agregas una pequeña cantidad a una masa de pan, resulta que infiltra toda la masa y hace crecer toda la masa. De esa misma manera, lo que Cristo está tratando de comunicarles y comunicarnos es que cuando yo permito que un poquito de corrupción entre a mi corazón, contamina todo mi corazón, toda mi mente, toda mi vida. Guardaos de esa levadura.
Yo creo que Cristo estaba consciente que se estaba montando en la barca sin pan, o con uno solamente, pero esa era la ocasión propicia para mostrar lo que había en el corazón. Y el texto nos dice que ellos comenzaron a discutir sobre que no tenían pan. Eso es increíble. Hace unas semanas Cristo, que está con nosotros en la barca, alimentó a cinco mil. Hace unas horas alimentó a cuatro mil. Y ahora somos doce y estamos peleando porque solamente tenemos un pan. Para eso es increíble, hasta que tú te detienes y te percatas un momento: esto está registrado para reflejar mi incredulidad. Esto no está registrado para que yo lo lea y diga: "Wow, la verdad que estos discípulos eran bien densos, sí, por suerte que nosotros no somos así." Esto está registrado para que sirva de espejo y nos diga: "Piensa que de alguna manera sí soy yo." Hasta que Dios haga su trabajo en nosotros. Un solo pan. Y Cristo entonces comienza a cuestionarlos y les hace ocho o nueve preguntas. Escucha las preguntas que Cristo les hace una detrás de la otra.
¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Se dan cuenta del problema? ¿Por qué discutís? No es que están conversando o pensando cómo se van a dividir el pan, ¿por qué están discutiendo? Pregunta número uno: ¿Aún no comprendéis ni entendéis? Pregunta número dos: ¿Tenéis el corazón endurecido? Tres: teniendo ojos, ¿no veis? Cuatro: teniendo oídos, ¿no oís? Cinco: ¿no recordáis? Seis: ¿no recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Siete. El número de preguntas van siete. Ellos le dijeron doce. Y cuando partí los siete panes entre los cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos recogisteis? Pregunta número ocho. Ellos le dijeron siete. Y les dijo: ¿Aún no entendéis? Pregunta número nueve. No le respondieron nada, les hizo preguntas nomás.
Kent Hughes, en su comentario sobre este pasaje, cuenta una ilustración que me pareció buena. Él dice que en una ocasión un hombre fue a un banco y le dice a la cajera que le dé dinero de su cuenta, y la cajera le dice: "Firme un cheque de su cuenta." Él dice que no. "Bueno, no le puedo dar dinero," y él insiste en que le dé dinero, y ella insiste: "Bueno, yo con mucho gusto, pero firme un cheque de su cuenta," y él insiste que no. El hombre se pone bravo y dice: "Me voy al banco de enfrente, de la acera de enfrente." Entonces él se va al otro banco y comienza con la misma historia, que le dé dinero de su cuenta, y el cajero le dice: "Bueno, firme un cheque," y él dice: "No, no, déme dinero de mi cuenta." "Sí, con mucho gusto, pero firme un cheque." Como el hombre no cambiaba su retórica, el cajero lo cogió por el cuello, dice la historia, y lo chocó contra el mostrador una y otra vez: pan, pan, pan, pan. Entonces el hombre firmó el cheque, le dio el cheque y le dieron su dinero. Cogió el dinero y cruzó al primer banco otra vez y le dice a la señorita: "Aquí está el dinero, ya me lo dieron." Y le dice: "¿Ah, cómo lo hicieron?" "Bueno, me explicaron."
Kent Hughes dice que cuando Cristo hizo estas preguntas es más o menos como eso: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? Pan. ¿Aún no comprendéis ni entendéis? Pan. ¿Tenéis el corazón endurecido? Pan. Teniendo ojos, ¿no veis? Pan. Y teniendo oídos, ¿no oís? Pan. ¿Qué es lo que se requiere? Tienen que sacudirlos: pan, pan, pan, pan, pan. Y Cristo lo deja con esa última pregunta: ¿Aún no entendéis?
Vamos a ver rápidamente algunas de esas preguntas. ¿Por qué discutís? ¿Dónde está la carencia? ¿No acabamos de alimentar a cuatro mil hombres? ¿No estaban conmigo? ¿No estoy yo con ustedes? ¿No vieron lo que soy capaz de hacer? Pero discutían por su egocentrismo, ya estaban centrados en ellos mismos. Sabrá Dios si ese solo pan lo tenía uno de ellos. Cuidado con Pedro que se lo come todo, sabe que Pedro come mucho. Entonces genera disputa, genera disputa porque el egoísmo siempre reclama lo suyo, siempre está más pendiente de lo que es de él o lo que es su necesidad que de la necesidad del otro. El egoísmo reclama lo suyo independientemente delante de quién esté. Esto está pasando delante del Maestro. Pudieran haber esperado que el Maestro se retirara para comenzar su discusión, pero no, comenzaban la discusión enfrente de Él. Le habían perdido hasta el respeto porque el egoísmo es así: no importa delante de quién esté, hace su reclamo.
El egoísmo está tan centrado en el aquí, en el ahora y en el yo, que se le olvida lo que Dios hizo en el pasado. Los cinco mil panes, la multiplicación de los panes con los cinco mil alimentados, los cinco mil hombres, ya se les había olvidado. Porque en su egocentrismo estaban centrados en la necesidad de ahora en la barca, ahora que yo tengo hambre, el presente, y el pasado lo habían olvidado.
Cristo les dice: "¿No comprendéis ni entendéis?" Es que la luz que yo he compartido con ustedes a lo largo de mi enseñanza no ha sido capaz de disipar las tinieblas de su mente, las oscuridades de su mente. Todavía permanecen embotados. Se fueron saciados, fueron llenos, sobró pan, sobraron canastas. ¿Es que lo que está pasando no acaban de digerir la enseñanza? Pero lo que ocurre quizás, lo que ocurrió quizás fue que ellos disfrutaron del milagro de la misma manera que los demás disfrutaron del milagro: tenemos hambre, qué hay, panza, lo comieron, y jamás reflexionaron acerca de lo que el milagro implicaba, representaba o enseñaba. Y ese es uno de los problemas que ocurre a veces con el mensaje o los sermones: yo lo oigo, lo aplaudo, lo ameneo, amén, amén, pero después yo no me voy a la casa a rumiarlo para ver las implicaciones que tiene para el resto de mi semana. Y entonces un mes después se nos olvidaron las enseñanzas que escuché hace cuatro semanas atrás.
Tercera pregunta: ¿Tenéis el corazón endurecido? Es que esa es la condición del corazón del incrédulo antes de venir a Cristo, es un corazón endurecido. Pero ahora Cristo viene a nosotros y nos dice que nos da un corazón de carne, pero resulta que es una carne que hay que aplicarle salsa de ablandar, porque sigue endurecido. No nos movemos a nosotros, no nos movemos a los nuestros. Tenemos necesidades alrededor, las vemos, pero no nos condolemos, no nos preocupa la carencia del otro. Y como no la vemos, nos sentimos justificados en no tener que llenarla.
Próxima pregunta: teniendo ojos, ¿no veis? Teniendo oídos, ¿no oís? Eso es exactamente lo que tanto Jeremías como Ezequiel habían dicho del pueblo. Ezequiel 12:2: "Hijo de hombre, habitas en medio de una casa rebelde, tienen ojos para ver y no ven, oídos para oír y no oyen, porque son una casa rebelde." De acuerdo a lo que Dios reveló en Ezequiel y Jeremías, la razón por la cual yo tengo ojos y no veo y tengo oídos y no oigo es la rebelión que hay en mí, que imposibilita la visión y la audición.
O si lo miras de otra manera, en el Salmo 115 Dios dice que el pueblo adoraba a ídolos que con ojos no ven, oídos que no oyen (se conoce en la historia), boca y no hablan. Y luego profetiza el salmista y dice: "Se convertirán como ellos." Y luego, entonces, ciento de años después, el pueblo tenía ojos y no veía, oídos y no oía. Se habían convertido como ellos, porque nosotros nos convertimos en lo que adoramos. Tú adoras a Dios y su imagen se va formando en ti. Adoras el dinero y la imagen materialista se va formando en mí. Ayer yo les hablaba a los hombres de los tres dioses que rigen el mundo: dinero, sexo y poder. Adoras el poder y la imagen impositiva, controladora se va formando en mí. Adoras el sexo y la imagen de lujuria se va formando en mí. Te conviertes en lo que adoras, y entonces mis ojos dejan de ver.
"¿No recordáis?" dice Él. Ahora se va, vamos a revisar los milagros. ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas? Doce. ¿Y no recordáis ahora cuando repartí los siete panes entre los cuatro mil? ¿Cuántas canastas quedaron? Siete. ¿No recordáis? Se les olvidó. Ese es uno de los problemas nuestros, es que tenemos memoria de corta duración. Si tú revisas la historia del Antiguo Testamento, hubo dos cosas que Dios frecuentemente hizo para que el pueblo pudiera recordar. "Me construyes un altar, me adoras y dejas el altar ahí como recordatorio de que aquí Dios hizo algo y aquí tú le adoraste." Noé hizo eso, Abraham, Jacob, Moisés. Tú revisas la historia y cada uno de ellos, alguno de ellos más de una vez en diferentes ocasiones, fabricó un altar. "Me adoras aquí y lo dejas ahí como recordatorio de lo que yo hice." Y lo segundo fueron monumentos. Cruzaron el Jordán: "Saca doce piedras del fondo del río, sácalas y colócalas aquí del otro lado en la Tierra Prometida como monumento, para que recuerdes lo que Dios hizo por ti, te cruzó a través del Jordán." La comunión que nosotros celebramos es exactamente eso, es un recordatorio continuo de la obra en la cruz, la muerte y resurrección de Cristo en favor nuestro, para que jamás se nos olvide. Porque la criatura tiene una tendencia a la memoria selectiva.
Y escucha entonces la última pregunta de Jesús en el versículo 21: "¿Aún no entendéis?" Esa palabra "aún" está llena de significado. ¿A estas alturas, después de tanto, después de estas enseñanzas, después de revisar estos dos milagros que acabo de revisar, después de estas ocho preguntas anteriores, aún no entendéis? Eso es lo que les está tratando de decir: todavía les falta discernimiento. El discernimiento es una cualidad que Dios da, pero es una cualidad que yo cultivo después que Dios comienza a dármela. Y el autor del libro de Hebreos en el capítulo 5 dice que el discernimiento es algo que resulta como fruto de consumir la Palabra de Dios, que él llama carne, y al consumirla entonces los sentidos quedan ejercitados para diferenciar el bien del mal. Y él llama a esos que tienen este discernimiento maduros.
Entonces, la primera multiplicación de los panes ocurre: Él multiplica los panes, monta a los discípulos en la barca, Él se va a la montaña a orar, comienza la tormenta, Él se aparece en la madrugada caminando sobre las aguas, eventualmente entonces se monta en la barca, calma la tormenta, ellos entonces dicen: "Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios." Y escucha el comentario de Marcos 6: ellos estaban asombrados de que Cristo estuviera caminando sobre las aguas y calmando la tormenta, porque no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada.
No habían entendido lo de los panes. Si lo hubieran entendido, el que Cristo caminara sobre las aguas y calmara la tormenta había sido algo como agua, claro, porque les dijo: "Dios está cuidando de nosotros, les estaba cuidando cuando carecíamos de pan". Pero como no lo habían entendido, ya estaban asombrados otra vez, y ahora no habían entendido este milagro. Los discípulos eran densos, pero a pesar de lo densos que eran, yo veo la compasión de Jesús hacia la multitud y la veo hacia sus discípulos.
Sabes que Él no dejó de trabajar con ellos, no dejó de amarlos, no dejó de viajar con ellos, no dejó de enseñarles. De manera que tú puedes ver que la compasión de Jesús continúa a lo largo del camino, a pesar de los infortunios de sus discípulos. Y luego nosotros somos llamados a imitar esa misma compasión.
Dios es calificado en la Palabra de Dios una y otra vez, sobre todo en el Antiguo Testamento. Si tú quieres conocer el carácter de Dios, tú tienes que sumergirte en el Antiguo Testamento. No hay otra parte de la Biblia donde el carácter de Dios salga a relucir de una manera más extraordinaria como la revelación del Antiguo Testamento. Y una y otra vez en el Antiguo Testamento Dios es mencionado como compasivo, compasivo, compasivo, compasivo, compasivo.
De hecho, Nehemías 9:31 dice: "Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo". La razón por la que no los exterminaste en el desierto, la razón por la que no terminaste con los discípulos, la razón por la que no los abandonaste es porque tú eres compasivo, tú eres clemente.
Pero luego el salmista me dice en el Salmo 37:8, 37:21, que el justo es compasivo. De manera que a nivel humano hay una compasión que nunca será equivalente a la de Dios, pero que de acuerdo a lo que el salmista revela, se supone que yo debo adquirir de Dios y desarrollar por medio de la gracia de Dios.
Y luego Pedro en el Nuevo Testamento, para no quedarnos en una sola parte de la revelación de Dios, Pedro dice en 1 Pedro 3:8. En conclusión, Pedro está concluyendo, escuchen esas palabras, en conclusión, en resumen, en otras palabras: "Sean todos de un mismo sentir, compasivos, fraternales, misericordiosos y de espíritu humilde". Ser compasivo, en resumen, conclusión.
El segundo mandamiento de la ley de Dios, amarás a tu prójimo como a ti mismo, es un llamado a la compasión. La parábola del buen samaritano, donde hay un hombre que está herido, fue asaltado y está herido. Pasa un sacerdote y no le hace caso, pasa un levita, no le hace caso, y esos eran los religiosos. Eso era el equivalente a que pase un pastor, no le haga caso, pase un diácono, no le haga caso. Y luego pasa un samaritano y es el único que le hace caso. Es una ilustración de cómo funciona, cómo opera la compasión.
Y en Lucas, es Cristo quien hace esta pregunta, entonces en correlación a la parábola: "¿Cuál de estos tres, el levita, el sacerdote o el samaritano, tú piensas que demostró ser prójimo del que cayó en manos de los salteadores?" Y él dijo: "El que tuvo misericordia de él". Y Jesús le dijo: "Ve y haz tú lo mismo".
Ve, la palabra misericordia y compasión son sinónimos. ¿Ve y tú haz lo mismo? Ten compasión al igual que el samaritano tuvo compasión, y no simplemente lo sientas, sino que él lo levantó, hizo algo por él, se lo encomendó a alguien, pagó por su cuidado. Y tú tienes que hacer la misma cosa.
Dios nos llama a fijarnos en su carácter y tratar de emular sus características. Pero la mejor manera de hacer eso, de hecho quizás la única manera como ocurre, es cuando yo camino con Él sus atributos comienzan a formarse en mí, con las limitaciones de la criatura, pero comienzan a formarse. Y eso no es algo que yo aprendo de un libro. Por favor recomiéndenme un libro para aprender compasión. No, no se aprende de un libro, se aprende de Dios en relación con Él.
Y sobre todo cuando tú consideras todo lo que la gracia de Dios ha hecho por ti. Fue su gracia que tu vida renovó, fue su gracia que tu deuda canceló, fue su gracia que de la muerte te llevó a vivir para su gloria. Es su gracia que te ha movido de un lugar a otro y que te ha traído aquí, al lugar donde tú estás. Y la gracia que te ha movido donde tú estás es la misma gracia que tiene que operar en ti y en mí, fluyendo hacia los demás en compasión y en misericordia.