Integridad y Sabiduria
Sermones

La compasión de Jesús

Miguel Núñez 4 agosto, 2013

La compasión de Jesús confronta nuestra manera natural de relacionarnos con los demás. En el relato de la multiplicación de los panes, los discípulos regresan agotados de su misión, sin haber tenido tiempo ni para comer. Jesús los ve cansados y los invita a retirarse a descansar. Pero al llegar al lugar solitario, una multitud los espera. Donde los discípulos ven una interrupción, Jesús ve ovejas sin pastor: gente sin rumbo, sin esperanza, con el corazón fracturado. Y aunque esa multitud no venía con las mejores intenciones —el evangelio de Juan aclara que lo seguían por las señales, no por amor—, Cristo es movido a compasión y comienza a enseñarles muchas cosas.

Esa compasión que nace del corazón de Jesús nos confronta porque nosotros solemos ver la pobreza física de las personas, pero rara vez nos detenemos a percibir su pobreza espiritual. El pastor Núñez invita a hacer ese ejercicio: cuando alguien se acerca a la ventana del carro, mirarle el rostro, permitir que Dios nos ayude a sentir lo que hay detrás de esa mirada.

Cuando llega la hora de comer y los discípulos quieren despedir a la gente, Jesús les dice: «Dadles vosotros de comer». Cinco panes y dos peces para miles de personas no computa en ninguna mente humana. Pero la fe no camina por vista. El Dios que creó el universo de la nada no tiene problema en multiplicar lo insuficiente. Nuestra tarea es ver las circunstancias a través de su lente, no al revés.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

El versículo del día de hoy está en el capítulo 6 de la Reunión de Marcos, comenzamos en el versículo 30 hasta el 44. Un texto más o menos largo, en vista de que es un solo evento y por tanto no queremos dividir lo que ocurrió ese día. Es un evento que muchos de ustedes conocen al dedillo, pero que siempre es bueno revisar.

El Señor Jesús comienza, o la Palabra de Dios comienza, hablando de esta reunión especial que Jesús está a punto de tener con sus discípulos. El versículo 30 dice: "Los apóstoles se reunieron con Jesús y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado. Y él les dijo: Venid apartados de los demás a un lugar solitario y descansad un poco, porque había muchos que iban y venían, y ellos no tenían tiempo ni siquiera para comer."

Y se fueron en la barca a un lugar solitario apartado, pero la gente los vio partir, y muchos los reconocieron, y juntos corrieron allá a pie de todas las ciudades y llegaron antes que ellos. Al desembarcar, él vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Cuando era ya muy tarde, sus discípulos se acercaron diciendo: "El lugar está desierto y ya es muy tarde. Despídelos para que se vayan a los campos y aldeas de alrededor y se compren algo de comer." Pero respondiendo, él les dijo: "Dadles vosotros de comer." Y ellos le dijeron: "¿Que vayamos y compremos doscientos denarios de pan y les demos de comer?" Y él les dijo: "¿Cuántos panes tenéis? Id y ved." Y cuando se enteraron, le dijeron: "Cinco, y dos peces." Y les mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde, y se recostaron por grupos de cien y de cincuenta.

Entonces él tomó los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, los bendijo, y partió los panes, y los iba dando a los discípulos para que se los sirvieran. También repartió los dos peces entre todos. Todos comieron y se saciaron, y recogieron doce cestas llenas de los pedazos y también de los peces. Los que comieron los panes eran cinco mil hombres.

Un milagro muy conocido. Es muy conocido por las veces que se ha predicado este milagro, pero de una forma curiosa, quizás este es un milagro que cada evangelista dedicó tiempo a redactar. No hay muchos milagros redactados en cada evangelio. ¿Saben cuántos? Uno, y es este. El texto no nos dice cuál es la tremenda implicación o trascendencia de un milagro como este para ser el único que ha sido redactado por cada uno de los evangelistas, pero quizás valga la pena especular un poco dónde está la importancia de este milagro.

Una vez más, no está especificado en el texto, pero pudiéramos especular un poco, pensar un poco. Cuando uno lee el texto paralelo en el Evangelio de Juan, Juan nos dice que estaba cerca la Pascua. Juan menciona tres Pascuas por su nombre en su evangelio, y al mencionar esta, si esta es la segunda, la última, la que el Señor mismo va a celebrar instituyendo la comunión, esta parece ser la Pascua que le va a dar paso a su tercer año de ministerio. De manera que quizás este es el evento que sirve de transición entre el segundo y el tercer año, el segundo y el último, entre el año de la popularidad —el segundo— y el año del rechazo —el tercero—, entre el año en que el Señor pudo ministrar más o menos con cierta libertad y el año en que él va a sentirse restringido en diferentes ocasiones, el año entre la aceptación y la persecución.

El movimiento de Jesús, como ustedes conocen, comenzó de una forma pequeña, pero a la medida en que el tiempo pasó fue cobrando fuerza. Algunas cosas que leemos, como el incidente que leímos esta mañana, nos dicen que ciertamente estaba cobrando fuerza, porque el evangelista Marcos nos dice que había cinco mil hombres. Mateo especifica de una forma muy clara: sin contar los niños ni las mujeres. Aunque la palabra que Marcos usa es una palabra específica para hombres varones, de manera que quizás en esta ocasión había diez mil, doce mil personas, si fuéramos a contar mujeres y niños. Eso nos dice que este movimiento está cobrando fuerza hasta el punto de poder movilizar una masa de personas tan grande como esa, en ausencia de autobuses. Hoy eso es una gran cantidad de personas. Imaginémonos en aquella ocasión, donde tú no tenías autobuses para mover a la gente.

El texto de Juan acerca del mismo evento cierra con estas palabras, en Juan 6:15: "Por lo que Jesús, dándose cuenta de que iban a venir y a llevárselo por la fuerza para hacerlo rey, se retiró otra vez al monte él solo." ¿Te das cuenta ahora cómo las masas han realmente aceptado a Cristo hasta el punto que están listas para hacerlo rey, hacerlo por la fuerza? Eso es quizás lo que estaba marcando la transición entre un año de aceptación y un año de persecución. Imagínate lo que algo como esto pudo haber hecho en la mente de las autoridades romanas: hay mucha gente y quieren hacerlo rey, y a la fuerza. Imagínate lo que pudo haber hecho en la mente de las autoridades judías, los escribas, los fariseos, a quienes él ha denunciado vehementemente. Algo tiene que cambiar, algo tiene que parar. Y lo que comenzó de una manera pequeña ahora ha comenzado a tomar fuerza. Eso quizás es lo que está marcando este evento aquí, es lo que está marcando la transición de un segundo a un tercer año.

Algunos piensan que este evento fue relatado por cada evangelista porque de alguna manera guarda una similitud con Moisés. Y para el pueblo hebreo tenía suma importancia todo aquello que tenía que ver con Moisés. Moisés quizás era, para algunos de ustedes que han estado en el instituto, el tipo, y Cristo al venir y llevar a cabo algunas de las cosas a las que Moisés apuntaba, se constituía en el antitipo. Quizás este era uno de esos antitipos. En otras palabras, cuando Cristo multiplica los panes, guardaba esa relación con el maná dado en el desierto.

En esta ocasión, el texto nos dice que Cristo se retiró con los discípulos a un lugar desértico, y resulta que el pueblo judío comió maná estando en el desierto. Y de esa misma manera, Moisés le dio maná, obviamente Dios a través de Moisés. En esta ocasión, Cristo multiplica los panes. Y el maná fue dado tan abundantemente que todos los días sobraba maná, y les estaba prohibido a ellos recoger lo que sobraba. De esa misma manera, en esta ocasión hay doce canastas de pan que sobraron. Algunos piensan que la similitud es tan extraordinaria con Moisés y lo que ocurrió, que quizás eso explique el hecho de que cada evangelista le haya dedicado tiempo a este milagro en particular.

Independiente de cuáles sean las razones, la realidad es que el Espíritu Santo que inspiró la Palabra determinó que este milagro que acabamos de leer sea parte de cada uno de los evangelios: Mateo, Marcos, Juan, Lucas. Todo esto a manera de introducción.

Ahora yo quiero que comencemos a explorar un poco las enseñanzas del pasaje. Yo he titulado este mensaje "La compasión de Jesús." Yo creo que tan pronto nosotros comenzamos a avanzar en el texto, las razones por las que yo he escogido este título son más o menos obvias. Yo quisiera que viéramos la compasión de Jesús por sus discípulos, por los apóstoles en particular; la compasión de Jesús por las multitudes; la compasión de Jesús por las necesidades físicas de las personas; y la compasión de Jesús por las necesidades espirituales de los hombres.

Del personaje Jesús hay muchas cosas que nos confrontan. Este viernes alguien me entrevistaba y me hacía esta pregunta: "¿Cuáles cosas de la persona de Jesús han confrontado tu vida?" Y sin temor, sin perder mucho tiempo, yo mencionaba dos cosas: la humildad de Jesús y la compasión de Jesús. Por eso lo traigo a colación, porque este es el mensaje de esta mañana. La humildad del Dios creador, la segunda persona de la Trinidad, que viene y le sirve a la criatura. Cuando nosotros entonces hemos hecho manifestaciones de orgullo, o cuando yo —porque estoy hablando de mí ahora— he hecho manifestaciones de orgullo, y luego yo puedo ver la humildad en Jesús, obviamente eso es altamente confrontador. Pero la otra cualidad que me ha confrontado en diferentes momentos es la tremenda compasión del Hijo de Dios, la compasión por todo el mundo, incluyendo el joven rico que no quiso quedarse con él, cómo Cristo se quedó triste por este joven que prefirió abrazar a otro dios, sus riquezas, antes que lo que el Señor Jesús le ofrecía.

Tan pronto tú comienzas a leer el texto, tú comienzas a tener una idea de la compasión de Jesús por aquellos que están a su alrededor. La compasión por todo el mundo, en este caso, no es muy común verla hacia sus apóstoles. No porque no la tuviera, no la merecieran como el resto de las personas, o fuera inmerecida como lo es para el resto de las personas, sino porque como ellos estaban trabajando con él, frecuentemente cuando trabajamos con otras personas somos muy dados a ver la compasión o tener compasión hacia los demás, y se nos olvida que los que están a nuestro alrededor necesitan el mismo tipo y calidad de compasión.

El texto comienza con esto: "Entonces los apóstoles se juntaron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado." No pueden olvidar que Cristo los había enviado en una misión de dos en dos, y ya habían estado enseñando, trabajando, expulsando demonios, todo ese tipo de cosas, curando enfermedades. Y ahora ellos regresan, y al regresar le cuentan a Jesús todo lo que habían hecho y todo lo que habían enseñado.

Escucha la próxima recomendación: "Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto y descansad un poco." El texto no nos dice que los discípulos vinieron cansados, pero yo asumo que quizás eso fue lo que Cristo vio en sus rostros, en el relato, en el cuento. Al percatarse de todo lo que habían hecho, Jesús, sabiendo de todas las energías físicas, emocionales y espirituales que ministrar muchas veces requiere, y sobre todo en condiciones como las que ellos estaban, quizás él pudo ver en sus rostros, o aún más hacia adentro, cierto nivel de cansancio. Y les dice: "Vámonos, vámonos aparte a un lugar desierto y descansad un poco." Si los manda a descansar es porque los estaba notando, sintiendo cansados. Ellos habían venido a rendir cuenta de su trabajo, quizás de las enseñanzas, quizás para ser evaluados, y Jesús entonces comienza a recomendarles descanso.

Escucha la necesidad del descanso. El versículo 31 dice: "Eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer." Eso es extraordinario. Las multitudes eran muchas. Eran muchos los que iban y venían. Me imagino que venía un grupo en la mañana...

Se administraba, recibían, se iban, venía un grupo en medio de lo mejor o en la tarde, dependiendo de las ocupaciones de cada quien. Pero el texto no deja ver que es hora como un flujo continuo de gente, lo cual no te permite el descanso, y el trabajo se hizo tal. Esta no es la primera o la única vez que escucha un comentario como este: que no tenían tiempo para comer. El cansancio, el trabajo es renuente, pero si encima de eso tú le agregas el hecho de que ni siquiera tienen tiempo para comer...

Y cuando Jesús escucha eso, entonces imagino que fue parte del reporte. Jesús está apercibido del cansancio físico, emocional y espiritual que este tipo de actividad debió haber producido: el desgaste de sus discípulos. Yo creo que si hay algo que nosotros podemos decir acerca de las enseñanzas de Jesús es que Él estuvo preocupado con el desgaste de sus discípulos, de aquellos que le seguían, y por tanto también de nosotros. Por eso de ahí sus palabras: "Venid a mí todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar." Si ciertamente que sea el contexto de esa última enseñanza es más en términos espirituales, no es menos cierto que cuando estamos cansados espiritualmente muchas veces eso se traduce en cansancio físico también.

Jesús sabe lo que esto es. Él es Dios, por Dios hecho hombre. Ha sabido cansarse también. Él sabe retirarse en las noches. El rato de retirarse temprano en la mañana, Él sabe por qué lo hace. Ahora le está instruyendo a los discípulos porque Él va a partir, los va a dejar solos, y ya tienen que aprender las disciplinas que les van a permitir en el día de mañana poder continuar ministrando. Y Él quiere llevárselos a un lugar tranquilo.

Ahora mira qué me llama la atención. Los discípulos vienen y le dicen: "Maestro, estuvimos tan ocupados que ni tiempo para comer teníamos." Y quizás se estaban mostrando cansados. Nota lo que Jesús no les dice: "¡Ah, pero que ustedes hicieron cosas que yo no los mandé! ¡Ah, pero que ustedes estaban trabajando demasiado! Bueno, bueno, está bueno que te pase." ¿Ustedes no han dicho cosas como esas? ¿Verdad que sí? Pues también me llama la atención que esa no es la actitud con la que Jesús escucha el cansancio de otros.

Hermanos, cuando algunos de nosotros expresamos que estamos cansados, te lo digo por experiencia personal, no necesitamos "tan bueno que te pase." No necesitamos "por estar haciendo más de lo que te toca." Necesitamos lo que Jesús tuvo: nos llamó compasión, y poder brindar de alguna manera descanso. Y en otro momento quizás venir y hablar como hermano: "Sí, ¿no crees?" Pero no descansa escuchar la acusación en medio de tu cansancio, en el momento en que tú simplemente quisieras encontrar un oído para decir: "¡Wow, estoy cansado!" Y eso es lo que Jesús hace.

Le dice, cuando escucha el reporte y le dicen que no tienen tiempo ni para comer: "Bueno, pues vámonos a retirar, vámonos a descansar. Descansen un poco, luego seguimos." Yo no creo que esa anotación "no tenían tiempo para comer" está ahí por accidente. No creo que nada está aquí por accidente. Yo creo que en parte también nos está enseñando: va a haber ocasiones en que es la manera como va a ser. Nosotros no predecimos la vida. Nosotros no hacemos ministerio de una manera conveniente. No es un ocho a seis, sería bueno lunes a viernes ocho a seis, no había seis. Pero esa no es la manera como la vida transcurre, y mucho menos la vida espiritual de los hijos de Dios. De manera que ahora están los apóstoles aprendiendo que en ocasiones el ministerio va a ser caótico en términos de volumen de trabajo, y luego del trabajo entonces habrá que buscar tiempo para descansar.

Oye, se van a descansar, pero resulta que los discípulos no están percatándose de cuándo ellos se montaron en la barca y comenzaron a moverse en una dirección. Hubo gente que se dieron cuenta para dónde iban y salieron corriendo o caminando a pie. Nos imaginamos que bordeando el lago. Y cuando ellos vinieron a desmontarse del otro lado, ya había gente esperándolos. La gente llegó primero que ellos. No sabemos si separaron un tiempo y van a decir: "Al otro mar, por un lago, un rato lago para descansar un poco de la gente." Pero la gente, cuando parece ser, cuando uno lee los cuatro evangelios da el sabor de que ya había gente que estaba ahí esperando para algo más.

Y es que el texto de Juan nos dice en 6:2 que la gente estaba siguiendo a Jesús, pero por las señales que hacía. De manera que la multitud que le está esperando no es la mejor intencionada, no es la mejor motivada. No es una multitud que está siguiéndole porque le ama. Esta multitud quería usarlo más que amarlo. Y esa es la multitud que lo mueve a compasión.

El Cristo no ve la multitud y le dice a los discípulos para que vayan aprendiendo: "Tú, estas gente están en nada. Tú, estas gente que está aquí, aquí hay dos o tres que están en esto. El resto lo que quiere es que yo le haga señales y prodigios. Ese no es su corazón." ¿Te das cuenta? Porque la compasión de Jesús me confronta una y otra vez, porque es algo extraordinario en lo que nosotros percibimos que sale de su corazón.

Cristo no le ministra al pueblo, a esta multitud y a otras, porque tenían la mejor intención. Claro que no podían tener la mejor intención. Si la mayoría ni creyentes eran, ¿cómo van a tener intenciones de creyentes y no han creído? ¿Cómo van a tener lo que la carne no puede producir? Y Cristo, cuando los ve, los ve como gente en necesidad.

Esta multitud era imprudente. ¿Se recuerda como lo vimos en uno de los mensajes anteriores? En una ocasión le trajeron un paralítico, le rompieron el techo a una persona para bajar el paralítico por ahí porque no le daban paso. No me imagino que regresaron a repararlo tampoco. Y Cristo sanó al paralítico y le perdonó sus pecados, y del techo ni se acordó.

Esta multitud está interrumpiendo su descanso, después de que ya vienen a decir que ni siquiera podían comer. Y ahora el descanso orquestado por el Señor fue interrumpido. Yo no creo que eso fue tampoco un accidente. Yo creo que Él orquestó en su soberanía que ocurriera de esa misma forma. Mira, va a haber ocasiones en que tú has ministrado, donde tú estás cansado, donde tú necesitas descanso, donde todo ha estado del descanso, y aún así te van a interrumpir.

Nosotros tenemos que recordar eso, porque de lo contrario, sobre todo nosotros que venimos de un mundo secular, estamos muy acostumbrados a tener horarios de oficinas y demás. Y la realidad es que el ministerio es otra cosa. Tú no puedes planificar cuándo la gente se muere, por ejemplo. Anoche nos llamaron acerca de alguien que había muerto. Alguien tendrá que estar en la funeraria. Y esta mañana nos llamaron acerca de alguien que había muerto otra vez, y alguien tendrá que estar en otra funeraria. Tú no lo planificas eso. Tú no ordenas: "Tu muerto, muerto 25 de diciembre del próximo año." No.

Cristo está entrenando a los apóstoles de cómo ministrar en medio de los imprevistos. Él tuvo compasión de los discípulos cuando los vio cansados. Él no solamente los recomendó, se fue con ellos a descansar a un lugar apartado. Pero cuando vio la multitud, Él también tuvo compasión. La multitud le movían el corazón de Cristo. No podemos olvidar eso, señores.

Cuarenta veces Marcos menciona la palabra "multitudes" en su evangelio. Las multitudes movían el corazón de Jesús. No porque le ganara o le gustara la popularidad. No porque ellas contribuyeran a alimentar su ego. No porque las multitudes aumentaban el tamaño de la ofrenda. Nada de eso. Las multitudes movían su corazón porque el corazón de Jesús conocía el estado del corazón de las multitudes. Y conociendo su interioridad, Jesús fue movido por su necesidad, que las llevaba a tener malas intenciones en términos de "dame, dame, dame." Es la necesidad que crea muchas veces esa demanda. Una vez Dios viene, llena mi vida y me satisface, soy menos interesado, porque tengo más necesidades llenas ahora con el Dios que ha venido a mi vida.

Escucha cómo Cristo lo dice, cómo el evangelio lo dice. El versículo 34: "Al desembarcar, Él vio una gran multitud." ¿Se dan cuenta? Ya estaban ahí. Al desembarcar Él vio una gran multitud. Próximo comentario: "Y Él no podía creer que no lo dejaban descansar." Y Él no podía creer que después de haberse retirado a un lugar solitario, esto es lo que les espera. Próximo comentario: "Y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor."

Ahí está el meollo. Tuvo compasión de ellos porque ovejas sin pastor son ovejas sin rumbo, son ovejas sin dirección, sin propósito, sin sentido. Ovejas sin pastor están ansiosas, están intimidadas, se sienten inseguras. Ovejas sin pastor no tienen quién las escuche. Ovejas sin pastor no tienen esperanza ni consuelo. En fin, como vive la mayoría de la humanidad, y como muchas veces en un domingo en la mañana hay algunos o muchos entre nosotros. A veces a nosotros nos es mucho más fácil, lo que quizás siempre nos es mucho más fácil y natural: ver la pobreza física de alguien, porque lo vemos rápidamente. Y luce harapiento, luce sucio, luce físicamente pobre.

Pero yo me pregunto si tú alguna vez... Si no lo has hecho, te invito a que lo hagas. Cuando alguien, cuando tú estás parado en un semáforo, sobre todo si se acaba de ponerse en rojo, que tú vas a tener más oportunidad, cuando alguien comienza a acercarse a tu ventana, si tú te has detenido a verle el rostro y quedarte viendo el rostro de esa persona hasta el punto que no llegaste a ver bien su pobreza física. Y cuando esa persona se acerca al vidrio, ¿te has detenido a ver, valga la redundancia, para ver lo que se siente en tu interior cuando Dios te permita por su gracia sentir la pobreza espiritual de muchos de ellos? Es un millón de veces mucho más dolorosa que su pobreza física. Y sin embargo, muchas veces bajamos el vidrio, damos, queremos dar, y ni siquiera miramos el rostro.

Es esa pobreza espiritual en las multitudes que mueve a Cristo a la compasión. Pero si no la veo, no voy a tener esa compasión. Y se lo digo porque en ocasiones yo mismo he hecho tal ejercicio en términos de no haber visto el rostro, no haberme detenido, no haberme percatado. Y luego de arrancar, el mismo Dios señalarme y decirme: "Quizás lo ayudaste, pero no viste su interior. No trataste de sentir, de permitirme a mí ayudarte a sentir."

Sentir la pobreza espiritual que movió a mi Hijo a compasión. Esta gente no viene con la mejor motivación. Juan 6:11 y los demás nos dice claramente que le seguían por la señal que hacía. Y sin embargo, el versículo 34, yo no lo terminé de leer a propósito. Tienen que prestar atención a la segunda parte del versículo. Y al final, al desembarcar, él vio una gran multitud y tuvo compasión de ellos porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Su pobreza espiritual movió su compasión, y su compasión movió a su enseñanza. La enseñanza que les voy a dar es la que puede satisfacer la necesidad del alma, el hambre del alma, que está muy por encima del hambre física. De manera que él no ha multiplicado ningún pan todavía, pero él está llenando un hambre que tiene prioridad sobre la otra, y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Después que un gran tiempo había pasado, el texto nos deja ver, entonces dice "era tarde", que él hizo todo ese tiempo enseñarles acerca de sus necesidades espirituales. Yo decía que yo quería ver la compasión de Jesús sobre sus discípulos, quería ver la compasión de Jesús por las multitudes, quería ver la compasión de Jesús por las necesidades espirituales del hombre y la compasión de Jesús por las necesidades físicas del hombre.

Si les enseñaba muchas cosas es porque él se percató de su ignorancia. La ignorancia de la revelación de Dios es una pobreza mucho mayor que cualquier otra pobreza. "Mi pueblo perece por falta de conocimiento", dicho en sinónimo: mi pueblo perece por ignorancia, ignorancia de mi Palabra, ignorancia de quién yo soy. Y las multitudes, que ni siquiera le conocían muchas veces, pues obviamente tenían mucha ignorancia de quién él era. Si hubiesen sabido quién él era, no lo hubiesen crucificado en primer lugar. Pero no lo sabían. Y cuando él vio la multitud como ovejas sin pastor, comenzó a hacer lo que él podía hacer por ellas. Si comenzó a enseñarles muchas cosas, hermanos, nosotros necesitamos tomarnos el tiempo como Jesús. Por un lado, cuando es necesario, de retirarnos a reflexionar, descansar.

Pero yo quiero animarlos porque esto es lo que ocurre muchas veces: que nos retiramos a descansar y solamente procuramos un descanso físico, y no hacemos ningún tipo de reflexión espiritual durante el descanso físico. Y regresamos quizás menos cansados físicamente, pero como no ha habido ninguna reflexión espiritual en mi descanso, muy prontamente yo vuelvo a sentirme cansado. El cuerpo nos convence que el descanso único que yo necesito es hacer de la carne. Yo necesito reflexionar, y en esta reflexión Cristo nos va a ayudar no solamente a revisar cosas de nosotros, sino que nos va a ayudar a revisar la manera como nos estamos relacionando con otros, incluyendo con aquellos que están necesitados a nuestro alrededor. ¿A quién yo no estoy prestando atención? ¿A quién yo no estoy mirando el rostro? ¿Quiénes no me están despertando compasión en mí de tal forma que yo pueda comenzar a dar de mí hasta que me duela? Y eso no es simplemente dar dinero, esa es la forma solo más fácil: sacar una chequera, escribir un cheque, sacar una billetera, sacar un billete y darlo. Eso es lo más fácil. Lo que más cuesta es poder prestar atención.

Cuando tú lees la historia de la vida de Jesús es extraordinario. La multitud lo movía a compasión. Las enfermedades lo movían a compasión y sanaba las enfermedades. Los muertos lo movían a compasión, o los vivos que se quedaban llorando por sus muertos, y los traía a la vida. En ocasiones, como el caso de Marta y Lázaro, Marta y María con Lázaro, la viuda, la hija de Jairo. A Cristo lo movían a compasión las posesiones demoniacas que tenían, que hacían del hombre un esclavo de poderes de las tinieblas, y los liberaba. En ocasiones, incluso en ese momento, no necesariamente recibieron salvación, pero sí liberación, y ellos tenían que depositar su fe en la persona que lo había liberado. Lo cargaba a Jesús el yugo religioso que había sido impuesto por los escribas y fariseos sobre la población, y él trató de entonces decirles: "Venid a mí aquellos de ustedes que están cargados y cansados. Mi carga", les dijera, "mi yugo es liviano".

En el contexto hebreo había una frase de cada rabino. Cada rabino era conocido por cuál era su yugo, y su yugo era como la enseñanza más importante y quizás más pesada. Cuando Cristo dice "mi yugo es ligero, mi carga es liviana", lo que está diciendo es: tú tomas los yugos de los demás rabinos, las imposiciones que ellos te van a hacer, cuando tú vienes a ver y descubres lo que realmente mi enseñanza requiere, tú descubrirás que mi yugo es mucho más ligero y liviano que todos los demás.

Aquí está esta multitud interesada, pidiendo señales, que vienen a interrumpir su tiempo, que no tiene la mejor intención, en un momento también quizás emocionalmente pesado. Porque no podemos olvidar que Jesús envía a los apóstoles a ministrar, y en el medio del relato se interrumpe el relato para hablar no de la muerte, la decapitación de Juan el Bautista. Quizás era un tiempo hasta de luto que esta gente estaba teniendo. Hubiese sido bueno como un cierto descanso. A Juan, el que introdujo al Mesías, lo acaban de decapitar, y nosotros somos quizá los próximos que estamos siguiéndole. Y yo no sé, el texto no lo dice, pero si era un momento de tristeza, quizás es un buen momento para pausar y decir: sabes qué, aun los momentos de tristezas pueden ser llenados de propósitos, y dejamos que Dios nos ministre. Aun los momentos de tristeza pueden ser usados por nuestro Dios de manera poderosa si yo permito a Dios usarme como un instrumento en esos momentos.

Pero regresemos a la multitud, no quiero seguir desviándome, verdad, fue simplemente un paréntesis, un comentario. Anne Graham, la hija de Billy Graham, escribió un libro que en inglés se llama "Just Give Me Jesus", simplemente dame a Jesús. Y en esa multitud, no necesariamente ese día, sino cada vez que aparece la palabra multitud, ahí se estaban los divorciados, los deprimidos, los enfermos, los poseídos, los dependientes de drogas, los airados, los felices, los quejones, los contentos, los crueles, los amables, los egoístas, los considerados, los críticos, los amedrentados y los calmados. Sea unos u otros, esa es la multitud que lo mueve a compasión.

Cristo se encuentra con la mujer samaritana, y se ha "bueno, tú lo que estás cosechando las consecuencias de tu pecado, está bueno que te pase, cinco maridos y el que tienes ahora no es tu marido". Coge ahora. No, es movido por las heridas que esta mujer tiene. Claro que son consecuencias de su pecado, claro que ella tiene que arrepentirse. Pero sabes qué, no puede creer en ti hasta que tú no tengas una cara de gracia que ofrecerle, hasta que tú no tengas un corazón que siente por sus heridas, hasta que ella no pueda saber que realmente le importa a ti.

En esa multitud había gente cuyos sueños habían sido hechos pedazos. Había hogares que habían venido destrozados. En esa multitud había corazones fracturados, heridos. En esa multitud había esperanzas que se habían ido con el viento. Jesús conoce todo eso. Él mira la multitud y él puede penetrar el interior, ver esa realidad y ser movido a compasión. Como nosotros no tenemos esa capacidad, uno, pidámosle a Dios que nos ayude a sentir parte de eso. Y dos, asume que eso está ahí en la multitud. No tienes que verlo, asume que está ahí en mayor o menor grado. Y es eso lo que hace que Jesús se detenga este momento en medio del descanso para ministrar a esta gente. Este otro día de entrenamiento, otro día de decirle a los discípulos: sabes qué, si cuentan conmigo, aun en medio del cansancio, cuando tengan que hacer algo como en esta ocasión, yo le voy a dar lo que se requiere para que lo puedan hacer, porque al fin de cuentas yo estoy más interesado que ustedes en hacer esto.

Yo no sé cómo los discípulos lo vieron, pero me puedo poner en sus zapatos, y posiblemente pude haber visto esto como una interrupción. Me imagino a un Pedro diciéndole quizás a Andrés, o hermano, o Juan: "Tú puedes creer, un tiempo tiene para uno, mira, y vamos a descansar, mira esto, esa gente, casi toda esa gente aquí". Y lo que para ellos era quizá una interrupción, Cristo lo vio como una oportunidad. Nosotros llamamos inoportuno a todo aquello que interrumpe mis planes, mis agendas, mi deseo, mi horario, lo que yo he planificado para el día de hoy o para toda la semana. Eso es inoportuno. Puede ser una llamada, puede ser una visita, lo que tú quieras. No, eso es inoportuno. Cristo lo llama oportunidad para trabajar en la insensibilidad de tu corazón.

Si hay dos cualidades de Cristo que a mí me llaman la atención, son la humildad y la compasión. Si hay dos cualidades del ser humano que me llaman la atención, son nuestro orgullo y nuestra insensibilidad. Lo que quizás hubo dos reacciones este día: Cristo quiere hacerlos recostar y alimentarlos, los discípulos quieren enviarlos. El mismo día, el mismo evento, a mi mente una interrupción, dos personas distintas, uno es Cristo y otra vez representado por los apóstoles. ¿Qué hizo la diferencia? Que Cristo los vio como ovejas sin pastor y comenzó a enseñarles muchas cosas.

Las razones por las que Dios orquesta esta interrupción es la razón por la que yo he aprendido a permitir las interrupciones, a darle la bienvenida a las interrupciones, es porque yo estoy convencido, por lo que ha pasado en mi propia vida, las interrupciones son la forma, una de las formas de Dios trabajar en mi egocentrismo. Las interrupciones son una forma poderosa y extraordinaria de cómo Dios interrumpe mi forma, o nuestra forma egocéntrica de ver nuestras vidas. Y entonces llamamos inconvenientes, una inconveniencia, no a todo aquello que realmente es inconveniente, sino a todo aquello que me inoportuna.

Este día los discípulos reaccionan de una manera, Cristo de otra manera. Cristo complicó la vida de los discípulos ese día, la interrumpió el descanso. Pero saben qué es lo que complica, y yo lo mencioné meses atrás en otro mensaje, ¿saben qué es lo que complica nuestras vidas? El amor. El amor complica la vida del amante, del que ama. Cuando Cristo descendió y se encarnó, eso complicó su vida. Le estaba muy bien en los cielos. Entonces, el amor complica la vida del que ama y descomplica la vida del amado.

No hay dónde comer, no hay lugar donde ir, ya es tarde. Entonces el amado resulta que comió ese día, le descomplicaron su vida, ya no tiene que buscar un lugar donde ir a comprar. Pero ¿quién lo proveyó? Fue el amante, el que amó: Cristo.

El texto continúa. Versículo 35: "Cuando ya era muy avanzada la hora, sus discípulos se acercaron a él diciendo: El lugar es desierto y la hora muy avanzada. Despídelos para que vayan a los campos y aldeas de alrededor y compren pan, pues no tienen qué comer." Muy pragmático. En la superficie no tenía nada de malo: es tarde, aquí no hay nada que comer, aquí no hay supermercados, aquí no hay kioscos, no hay chimichurris. Mándalos a los campos y aldeas de alrededor que compren pan, pues no tienen qué comer.

No es eso. Él les dijo: "Dadles vosotros de comer." Yo me imagino: "Oye, Juan, que nosotros no tenemos ni pan para nosotros mismos, ¿ahora vamos a darle de comer a la multitud?" Entonces ahora, la próxima pregunta pragmática, sarcástica para Jesús. Ellos le dijeron: "¿Quieres que vayamos y compremos pan por doscientos denarios y les demos de comer?" Es una pregunta como para decirle a Jesús: "¿No te has dado cuenta de cuánto pan se requiere para esta gente?" Doscientos denarios eran como el salario de ocho meses para un trabajador, más o menos. Y es como que ellos estaban diciendo: "Nosotros ya calculamos, y aquí hay por lo menos ocho meses de salario, doscientos denarios. ¿Y quieres que vayamos a eso? ¿Y dónde están los doscientos denarios? Judas, el tesorero, quién sabe lo que ha hecho con la bolsa."

Los discípulos aparentemente estaban preocupados porque había una cierta preocupación con la hora del día y la falta de comida, o sea que no los podemos juzgar por eso. Pero la salida que ellos tenían no era la mejor salida, porque no era lo que Cristo estaba pensando. El texto de Marcos no nos da todos los detalles, como siempre ocurre, pero Juan nos ayuda con detalles. El texto de Juan nos dice que Jesús le preguntó a Felipe. Felipe era de Betsaida, de esa área donde ellos estaban aparentemente, y le dice a Felipe: "Felipe, ¿qué vamos a hacer?" Entonces Felipe dice: "Bueno, ¿dónde vamos a comprar el alimento para tanta gente?" Pero Juan 6:6 dice que Cristo lo hizo para probarlo, y él sabía lo que iba a hacer.

Y yo me pregunto: ¿cuántas cosas Cristo no permite en nuestras vidas para probarnos? Él sabe lo que va a hacer, pero quiere probarnos. Quiere probar cómo tú y yo vamos a reaccionar. Y más que probarnos —él sabe incluso cómo yo voy a reaccionar— pero quiere mostrarme lo que está en mi corazón. Y Felipe, con su mente de economista, se le muestra: "Para eso no hay dinero. Si tú no recibiste matemáticas en la escuela primaria, yo quiero recordarte que cuesta doscientos denarios comprar pan para estas cinco, ocho, diez mil personas. ¿Tú quieres que vayamos? ¿Y dónde está el dinero?"

Mas para mí hay una diferencia fundamental, otra diferencia fundamental entre la manera como Dios piensa y la manera como el ser humano piensa. El ser humano frecuentemente piensa de esta forma: "¿Cuánto dinero se va a gastar? Ah, pero eso cuesta mucho." Y Cristo piensa: "¿A cuánta gente se le puede ministrar?" Yo no sé si usted se ha percatado, pero de principio a fin Dios nunca ha comenzado por el bolsillo, porque el bolsillo nuestro no tiene lo que se requiere para hacer la obra de Dios. En buen dominicano diría: "Tú estás en blanco." Si sabes lo que se requiere para hacer la obra de Dios, sabes el tamaño que eso tiene. Tú no tienes recursos. Y Dios dice: "Yo sé." Dios nunca ha comenzado por el bolsillo. Dios siempre ha comenzado por lo que es su voluntad.

Pero Felipe y los discípulos tienen que ser entrenados. Todos estos eventos y encuentros y milagros ciertamente tenían razones para hacerse en la multitud, pero tenían razones para hacerse con los discípulos. Ya están siendo entrenados en el campo de entrenamiento, con las manos puestas, como dirían en inglés, "hands on", con las manos colocadas en el arado. Y este es otro momento en el que Cristo les está enseñando.

Y Cristo les dice entonces: "Bueno, ¿cuántos panes tienen?" "A ellos no tenemos doscientos denarios." "Ok, entonces, ¿cuántos panes tienen? Hagan un inventario." Y era un grupo tan sin nada que aparecieron entre ocho mil o diez mil personas, y aparecen cinco panes y dos peces. Imagínate qué tipo de multitud es esta: cinco panes de cebada. Yo imagino a los discípulos: "Yo no sé para qué el Maestro está pidiendo esto, pero aquí está, Maestro." Y el Señor levanta los ojos al cielo, ahora bendice, da gracias a Dios, y comienza a repartir.

El milagro está descrito, pero no sé. Quizás lo puso en una canasta, metía la mano en la canasta, comenzaba a dar, y resulta que los panes y los peces no se terminaban hasta que repartieron comida a todo el mundo. Pero señáleme ningún problema: el Dios que creó ex nihilo, de la nada, abrió el universo y el universo se formó, no debe tener ningún problema en multiplicar los peces, ¿no piensa usted?, o multiplicar los panes.

Pero resulta que es el mismo Dios que hoy vive en tu vida. Si tú eres cristiano, el Espíritu Santo vive en ti, y es la tercera persona de la Trinidad. Si él no tiene problema en crear el universo con su palabra, ¿cuál problema tendría él en resolver tu problema? ¿Dónde está mi incredulidad? ¿Dónde está mi falta de fe? "Ah, bueno, lo que pasa es que no va a salir como yo quiero." No, puede ser, no va a salir como tú quieres, pero va a salir como él quiere, que siempre es bueno, agradable y perfecto. Y esa es mi confianza. Mi confianza no está en que lo que yo quiero y pido me lo van a dar. Mi confianza está en que lo que yo recibo será bueno, agradable y perfecto, porque es nuestro Dios.

Los discípulos estaban aprendiendo que las circunstancias no pueden determinar las decisiones. Las decisiones del hijo de Dios tienen que estar basadas en la voluntad y la dirección de Dios. Las circunstancias frecuentemente tienen un tamaño mucho más grande que nosotros. La multitud era mucho mayor que la provisión que había disponible. Pero siempre y cuando nosotros sigamos viendo las circunstancias para luego ver el tamaño de Dios, entonces tendremos incredulidad. Yo necesito ver el tamaño de Dios en su majestad e infinitud para luego ver las circunstancias a través de su lente. Pero frecuentemente tenemos el lente equivocado. Yo necesito ver cada reto y cada desafío a través del lente de Dios, porque de lo contrario yo voy a desarrollar una fe pesimista.

El optimista cuenta las bendiciones de Dios; el pesimista las descuenta. El optimista dice: "Mira qué bueno, que el meteorólogo dice que mañana no va a llover." El pesimista dice: "Así dicen ellos, pero cuando dicen que no va a llover, entonces llueve." Hermanos, si tú quieres hacer el trabajo de Dios a la manera de Dios, tú tienes que estar en los recursos en gloria, no en los recursos humanos. Y estos cinco peces y dos panes —los cinco panes y dos peces— eventualmente, por los recursos en gloria, fueron multiplicados de una manera extraordinaria.

Con nuestra fe pesimista nosotros vemos siempre los obstáculos más grandes de lo que realmente son. Yo no sé si tú lo ves así, pero eso es como ocurre. La fe pesimista no ve a Dios ni el poder de Dios; ve el poder de las circunstancias. La fe pesimista se olvida de que Dios trabajó en el pasado, y el Dios que trabajó en el pasado es el Dios que puede y va a trabajar en el presente y en el futuro. Pero si tú te olvidas de que Dios ha trabajado en el pasado, tú no vas a tener fe en el presente. Si te olvidas de cuán fiel Dios trabajó en el pasado, no vas a tener fe en el presente.

Y lamentablemente, la fe pesimista, aunque afirma que Dios es capaz de hacer hasta lo imposible, frecuentemente duda de que Dios va a trabajar en esta ocasión. Y en la duda y en la inseguridad se convierte en un crítico de las circunstancias, en un crítico de aquellos que han podido creer en medio de las peores circunstancias, y están convencidos de que algo va a salir mal. ¿Usted no está ahí? ¿No se está convencido de que algo va a salir mal? La fe pesimista ya está ahí, ¿verdad?

Y a veces usted ha estado tan convencido de que algo va a salir mal que cuando usted comienza a percatarse de que eso está saliendo bien, usted comienza a desear que salga mal para probar su punto. ¿Es así o no es así? Quizás no somos honestos con nosotros mismos para admitirlo, pero es la realidad. Está muy interesado en probar nuestro punto. Y a veces incluso se nos ha ido la lengua y hemos dicho: "Ah, que le salga mal para que aprenda, porque tiene que aprender." En un sentido yo no quiero que le salga mal, pero en otro sentido yo sé que es lo que Dios quiere.

Esa fe pesimista no confía en el futuro porque su lema es: "Más vale pájaro en mano que cientos volando." Esa es su filosofía de la vida: lo que está aquí es mayor que lo que puede llegar mañana. Y Dios dice: "No puedes caminar conmigo de esa manera. No puedes caminar por fe." Dios es más glorificado en nuestras necesidades, y precisamente muchas veces nos deja en la necesidad y en la insuficiencia para él mostrar su suficiencia. Pero nosotros quisiéramos vivir en la suficiencia. Y si ocurriera de esa manera, ¿cuándo vamos a experimentar la suficiencia de Dios, si siempre estamos satisfechos y suficientes en nosotros mismos?

Tengo que ir cerrando porque el tiempo se ha ido avanzando, pero déjame ayudarte a pensar en algo que tiene múltiples aplicaciones en tu vida, y sobre todo en la vida nuestra como iglesia, en la medida en que Dios nos sigue abriendo ventanas y puertas y oportunidades. Piensen en esta ecuación: cinco panes, dos peces, diez mil personas. ¿En qué mente eso computa para alimentar? Explícame, a ver. Yo no sé si a alguien de los que estamos aquí le computa. Para mí, no.

¿Cuándo Dios ha hecho las cosas contando de antemano con todos los recursos disponibles? Desde el punto de vista nuestro, ¿cuándo ha hecho eso? Porque el día que eso ocurre, hermano, yo no necesito a Dios. Si cada vez que yo voy a comprar un micrófono yo necesito los trescientos dólares en mano primero, yo no necesito a Dios; yo lo que necesito es un buen contable y un buen economista que me planifique y me provea. Hay un elemento de fe —que no es irresponsabilidad tampoco— pero hay un elemento de fe vital que nosotros vemos en la Palabra de Dios de principio a fin: las mujeres estériles de setenta y cinco años y de noventa, y el esposo.

De cien dan a luz, eso no computa tampoco. Gente se va al desierto por cuarenta años donde no se cultiva y no se compra, y comen todos los días, y no se les gastan las sandalias ni se les gastan las ropas. Gente que no tiene con qué pelear y no sabe cómo pelear va a pelear contra toda una ciudad, y manda los adoradores adelante sin armas para que después de siete días de dar vueltas toquen una bendita trompeta que supuestamente va a derrumbar una muralla. ¿En qué a usted le computa eso? Cualquiera pudo haber dicho: "José, ¿qué te has estado tomando últimamente, mano?"

Sea algo que yo conozco, es que la historia de esta Palabra es una historia de eventos sobrenaturales tras eventos sobrenaturales, eventos sobrenaturales tras eventos sobrenaturales. Esa es nuestra fe, ese es nuestro libro, ese es nuestro Dios, ese es nuestro caminar. Y si no va a ser de esa manera, Dios no quiere caminar con nosotros. No caminamos por vista, sino por fe. Y si yo no puedo caminar de esa manera, no quiero caminar, porque todo lo que no es de fe es pecado. Eso no es una responsabilidad rara, es una vida de fe que tú tienes, que yo tengo que cultivar.

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Miguel Núñez es pastor Titular de la Iglesia Bautista Internacional y presidente y fundador de Ministerio Integridad & Sabiduría. Su visión es impactar esta generación con la revelación de Dios en el mundo hispanohablante.