Cuando el Espíritu Santo llena genuinamente a una persona, su forma de vivir cambia de manera inevitable. Eso es precisamente lo que revela Hechos 2: tres mil personas nacieron de nuevo tras el sermón de Pedro, y el fruto inmediato fue una transformación radical en sus valores, afectos y relaciones. Cosas que antes valoraban perdieron importancia; personas que antes ignoraban comenzaron a importarles. La llenura del Espíritu no es algo que todos los creyentes experimentan con la misma intensidad, y esa diferencia explica por qué algunos viven en plenitud espiritual mientras otros permanecen empobrecidos.
La primera evidencia de esa llenura fue hambre por la verdad. Aquellos nuevos creyentes se dedicaron continuamente a la enseñanza de los apóstoles, no a cualquier enseñanza, sino a la que provenía de testigos oculares de Cristo. Esa misma Palabra debe sostener a la iglesia veinte siglos después. Pero el conocimiento no quedó en lo teórico: resultó en comunión genuina. Estaban juntos, tenían las cosas en común, vendían propiedades para suplir necesidades ajenas. El desprendimiento material es más fácil que soltar derechos y privilegios, pero ellos sacrificaron incluso su individualidad al pie de la cruz.
Comían juntos con alegría y sencillez, oraban constantemente y adoraban a Dios en el templo y en los hogares. El resultado fue asombroso: sobrevino temor reverente sobre la comunidad, hallaron favor con los inconversos, y el Señor añadía cada día a los que iban siendo salvos. Una iglesia llena del Espíritu es apostólica, amorosa, adoradora y misionera. Ninguna congregación centrada en sí misma puede reclamar esa llenura.
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La Biblia. Con eso, yo le invito a que abra el libro de los Hechos, capítulo 2. Vamos a estar leyendo a partir del versículo 41, a pesar de que el texto de hoy realmente es a partir del 42, pero si leemos el 41, entendemos mejor la conexión.
Recordemos que en las últimas dos semanas nosotros habíamos estado exponiendo el primer sermón apostólico de Pedro, un sermón centrado en la persona y el ministerio del Señor Jesucristo desde su encarnación hasta su ascenso a los cielos. Y vimos cómo Dios ungió la predicación de Pedro de tal manera que hubo dos cosas que ocurrieron y que ya vimos. Por un lado, aquellos que escucharon se sintieron compungidos de corazón, y dijimos que en el original eso implicaba o significaba, de acuerdo a la expresión, como que la satisfacción los había traspasado. Y lo segundo, es una evidencia de realmente la unción del Espíritu de Dios sobre el mensaje predicado, es que después de un solo mensaje tres mil nuevos creyentes aparecieron en la iglesia primitiva.
Y dijimos que fue algo extraordinario. De hecho, Sinclair Ferguson, es uno de los pastores y teólogos contemporáneos, dice que probablemente en su opinión este fue el avivamiento inaugural del Nuevo Testamento. Yo creo que es difícil pensar que en un solo sermón tres mil nuevas personas sean salvas y no concebir en tu mente un avivamiento de parte de Dios. Vidas transformadas resultaron en estilos de vidas cambiados, y eso es lo que vamos a ver en el texto cuando leamos.
Esta gente fue transformada de tal manera que sus estilos de vidas cambiaron. Y una de las cosas que nosotros tenemos que hacer, y desde ya los invito a esa reflexión, es que si alguien ha sido transformado por el Espíritu pero su estilo de vida no ha sido transformado, yo necesito cuestionar mi propia conversión, porque es el Espíritu de Dios que produce en nosotros los cambios que me llevan de forma natural a cambiar mi forma de vivir.
Entonces, en el mensaje anterior nosotros dijimos a manera de preámbulo para este mensaje, y hoy lo repito como conexión, que personas que son nacidas de nuevo, en quienes mora el Espíritu, pero a quienes el Espíritu llena, exhiben ciertas características. Yo quiero que tú prestes atención a estas características, mencionadas ya al final y al cierre del mensaje anterior, porque esas características tú las vas a ver en el texto que nosotros vamos a leer en unos momentos.
Si el Espíritu de Dios llena a una persona o una comunidad, eso debe resultar en una nueva forma de pensar, eso debe resultar en una nueva perspectiva del mundo y de la vida, de las cosas que el mundo tiene y que el mundo nos ofrece. Debe resultar en nuevos afectos, y si esos nuevos afectos aparecen, entonces ahora de repente hay cosas del pasado que me agradaban que comienzan a desagradarme. Ahora súbitamente hay cosas que yo antes valoraba que ya yo dejé de valorar, personas que yo no valoraba antes pero que ahora yo comienzo a valorar. Y dijimos que Cristo Jesús es la primera persona que el inconverso no valoraba, pero que a la hora de su conversión comienza a valorar. Hay cosas por las cuales yo me preocupaba antes que ahora no me preocupo, y cosas que no me preocupaban que ahora son mi preocupación. Y estas características en una persona, en una iglesia, no solamente son evidencias de la morada del Espíritu, sino que son también evidencias de la llenura del Espíritu.
Escucha un momento porque esto es importante: la morada del Espíritu es algo que está presente en cada creyente, eso tú lo conoces. La llenura del Espíritu no es algo que nosotros vemos en cada creyente. Y cuando tú ves entonces creyentes en quienes mora el Espíritu, donde uno tiene una vida espiritual, hablando de espiritual ahora, superior a otros, donde alguien tiene una vida de plenitud —"yo he venido para que tengan vida y la tengan en plenitud"—, cuando tú tienes cristianos en quienes mora el Espíritu donde uno tiene una vida de plenitud espiritual superior a otra, la única explicación para tal diferencia es la llenura del Espíritu en uno versus otro. De manera que eso es un concepto vital para mí.
A veces nosotros exponemos un texto y algunos piensan: "Bueno, esto no tiene aplicación para mí" o "el pastor no me dio las aplicaciones". Si tú miras la iglesia primitiva, el texto como está, y piensas: "Ese texto es para mí", vas a encontrar la aplicación de manera natural.
Y con eso entonces yo quiero que leamos, capítulo 2 del libro de los Hechos, a partir del versículo 41: "Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil almas". Estas tres mil personas cambiaron, realmente fueron llenas del Espíritu, y eso resultó en lo que sigue ahora: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración. Sobrevino temor a toda persona, y muchos prodigios y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo y partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios", escucha, "y hallando favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día al número de ellos los que iban siendo salvos".
Lo que nosotros leímos en ese texto es en esencia el fruto del mover natural de la mano de Dios y de la llenura del Espíritu de Dios en aquellos que habían nacido de nuevo aquel día, cuando tres mil bebés espirituales fueron añadidos a la iglesia. La llenura que ellos recibieron fue el fruto de su rendición. Ellos se rindieron a Dios, se vaciaron, y Dios se movió y los llenó. Es imposible ser lleno del Espíritu, es imposible vivir de esta manera si yo no muero al yo. La permanencia del yo vivo en nosotros resulta en una vida enriquecida en la carne y empobrecida en el espíritu. Nosotros no vemos eso en esta iglesia primitiva.
Lo que nosotros leímos no es el fruto de metodologías y de estrategias que pueden ser enseñadas y pasadas de una iglesia a otras para su crecimiento. Más bien es el fruto de una iglesia que honró a Dios en la predicación, y Dios entonces le ungió en el retorno. Es más bien el fruto de una iglesia que supo rendirse y vaciarse, y que Dios entonces llenó en retorno. Lo que leímos es el fruto de una iglesia que se dio a Dios, y entonces Dios se dio a ellos. Esa es como se da: yo me doy a Dios y Dios se da a nosotros.
Y la primera manifestación de la llenura del Espíritu Santo en esta iglesia primitiva fue hambre por la verdad de Dios. Imagínate por un momento a alguien lleno del Espíritu que no tiene hambre por la Palabra que ese mismo Espíritu inspiró. Yo no creo que eso puede ser mentalmente concebido. Y esa persona entonces, llena del Espíritu, rehúsa ingerir chatarra, por así decirlo, comida chatarra, porque su apetito no está en los sustitutos de Dios, su apetito está en el pan de Dios.
Escucha cómo el versículo 42 describe lo que fue el fruto de esa llenura en primer lugar: "Se dedicaban", escucha, subraya, "continuamente", ¿a qué? "A las enseñanzas de los apóstoles". Este grupo de gente no estaba simplemente oyendo un sermón, este grupo de gente no estaba simplemente leyendo algo del Antiguo Testamento, que era lo que estaba escrito. Esta gente se volcó hacia la enseñanza de los apóstoles. Se dedicó. Una devoción de parte de ellos hacia las Escrituras.
El texto no nos dice exactamente lo que los apóstoles enseñaban, pero si tú tomas como punto de partida el primer sermón apostólico de Pedro, y luego el sermón apostólico de Pedro que todavía no hemos visto, es claro lo que ellos estaban enseñando. Estaban enseñando acerca de la encarnación de Cristo, la vida de Cristo, la muerte de Cristo, la resurrección de Cristo, el ascenso de Cristo, los milagros de Cristo, las obras de Cristo. No estaban enseñando los milagros como demostración de poder en sí. No estaban llenando los corazones y los deseos de los judíos que querían señales o de los griegos que querían saber de filosofías, sino que Pedro, al igual que Pablo, podría decir: "Nosotros predicamos a Cristo, y a este crucificado".
La gente no estaba escuchando a cualquier cristiano enseñar, la gente no estaba escuchando a cualquier maestro enseñar. Estaban dedicados a la enseñanza de los apóstoles. Cristo los escogió, Cristo los entrenó, Cristo muere, resucita, luego pasa cuarenta días más hablando acerca del reino de los cielos, y entonces ellos fueron investidos con una autoridad especial para enseñar, porque fueron testigos oculares de la resurrección, porque estuvieron con Cristo desde el inicio. Y esos son los dos requisitos que la iglesia reconoció para ser apóstoles, y que están en Hechos 1:21 y 22. Por tanto, ellos fueron aquellos que plantaron la primera zapata.
Nosotros hoy necesitamos construir la iglesia sobre la enseñanza de los apóstoles de igual manera, porque nosotros somos un solo pueblo, como hemos dicho otras veces, con una sola historia. No podemos desconectarnos de la iglesia del pasado, de tal manera que nosotros podamos decir a la próxima generación lo que Pablo dijo a la suya: "Os entregué lo mismo que recibí". Ellos se dedicaron a la enseñanza de estos apóstoles. Estos apóstoles le tiraron la zapata inicial, de tal manera que la enseñanza que sostuvo a la iglesia hace veinte siglos atrás es la enseñanza que debe sostener a la iglesia veinte siglos después.
Escucha lo que Pablo escribe en Efesios 2:20: "Edificados", esos somos nosotros, "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular". Nosotros estamos construyendo sobre algo que ya se dio. Nuevas enseñanzas que contradicen lo revelado no pueden tener cabida en la vida de la iglesia y representan fuego extraño que necesita ser rechazado. Los maestros de la Palabra necesitan conocer la Palabra y, habiéndola conocido, transmitirla fielmente.
Esa es la razón por la que el apóstol Pablo, cuando escribió a Timoteo en su segunda carta, en 2:15, le dice qué cosa: que se preocupe por presentarse ante Dios como obrero que no tiene nada de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad. La palabra traducida como precisión es "cortar derecho". Hemos hablado de eso en otras ocasiones. Lo que implica que a la hora de predicar la palabra, el maestro de la palabra no debe ni agregarle ni quitarle. Si le agrega, no está cortando derecho; si le quita, no está cortando derecho. Cuando nosotros no cortamos derecho, cuando nosotros agregamos o quitamos, en ninguno de esos dos casos Dios va a acompañar ese mensaje con su poder.
Ustedes necesitan escucharme con atención. Y una de las razones por la que necesitan, no la razón, pero una de las razones por la que necesitan escucharme con atención, es para ver si estoy cortando derecho. Ustedes necesitan ser como los de Berea, que escudriñaban las Escrituras todos los días para ver si lo que Pablo estaba enseñando era cierto. De esa misma manera, ustedes necesitan escudriñar las Escrituras para ver si cada persona que se para en este púlpito está cortando derecho. Porque de eso es que se trata: de proteger la revelación de Dios en esta generación para la próxima generación.
Mira la importancia de que el hombre no predique su propia sabiduría. Escucha a Cristo hablando, Juan 12:49: "El Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar." ¡Wow! Cristo no dice "el Padre mismo me dio una idea de lo que yo debiera decir", como en ocasiones alguien nos pregunta: "Pero, ¿tú le dijiste lo que tiene que decir?" "Sí, más o menos yo le dije." No, el Padre no le dijo más o menos a Cristo lo que debía decir. Cristo dice: "El Padre me dio mandamiento." Es una orden que yo recibí del Padre.
Recuerda que Cristo, siendo Dios, vino a vivir como hombre. De tal forma que cada vez que tú lees cosas como esta, no tienes que preguntar: "¿Y él no era Dios? ¿Y él no sabía?" No, no, escúchame. Él era Dios, él es Dios. Pero su vivencia en la tierra él la hizo como hombre todo el tiempo. Y lo que logró, lo logró por unción del Espíritu, no porque él era Dios, porque de lo contrario no nos podía representar. Y Cristo dice: "Cuando yo vine como hombre y como maestro, yo recibí una orden del Padre de lo que yo debía decir y de lo que debía hablar." Si eso fue Cristo, el agente de la creación, ¡cuánto más cuidado debiéramos nosotros tener a la hora de hablar su palabra! Porque el mandamiento de qué debemos hablar es este: esta es mi revelación, de eso tú hablas. Y esta revelación tiene una profundidad que es equivalente a la sabiduría de Dios.
La idea de que nosotros debemos enseñar y predicar a la altura, al nivel de un octavo grado, es algo que se ha dicho, es algo que se ha promovido. Yo simplemente no lo puedo aceptar, porque cuando la gente vino a escuchar a Salomón de todas las partes del mundo, no vino a escuchar la superficialidad de Salomón, vino a escuchar la sabiduría de Salomón. Y lo que está aquí no es la sabiduría de Salomón, es la sabiduría de Dios. Esta mente es infinita en sabiduría. Y eso nos da a nosotros cómo debiéramos escudriñar la palabra. Esta palabra representa la mente de Dios: lo que él piensa, cómo siente, lo que él ha planificado, cómo ha ordenado todo. Y predicarla superficialmente deshonra lo que la palabra misma es.
De hecho, hay una queja en el autor del libro de Hebreos, o a través de él, de parte del Espíritu Santo que inspiró la palabra, acerca justamente de lo que yo acabo de decir. Escucha, en Hebreos 5:11-14: "Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar." Ok, autor de Hebreos, no sabemos quién escribió Hebreos, se especula que alguno dice que Pablo, otro que Apolos, no sabemos. Autor de Hebreos, Espíritu de Dios: es difícil de explicar, ¿por qué? ¿Porque es muy profundo? No. "Puesto que os habéis hecho tardos para oír, pues ya que, aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma leche no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal."
La leche y la carne, ambos en este texto, representan la palabra de Dios. La leche representa principios elementales de la fe; el alimento sólido, cosas de la fe todavía con mucho más profundidad. Y el autor de Hebreos, que es el Espíritu Santo en esencia, dice: "Ustedes deberían ser ya maestros y no tendría que repetir estas cosas, pero hay que hacerlo." Habiendo avanzado, retrocedieron, porque el texto dice: "Habéis llegado a ser tardos." No lo eran, pero llegaron a serlo. Y por eso, perdón, les hace falta discernimiento. El discernimiento es el fruto de consumir la palabra de Dios.
Una iglesia bíblica es una iglesia dedicada a la enseñanza de las Escrituras. Esta gente se dedicó a la enseñanza de los apóstoles. Esa es la primera característica de la llenura del Espíritu de estos hermanos: cuál, el hambre por la verdad y la búsqueda, entonces, del alimento que ellos necesitaban.
En segundo lugar, nota que la llenura del Espíritu de esta primera iglesia no se limitó a un conocimiento teórico, bíblico, doctrinal, seco, desprovisto de vida, sino que resultó en algo tan práctico como la comunión entre hermanos. Escucha Hechos 2:42: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, dos, a la comunión, tres, al partimiento del pan, y cuatro, a la oración." La palabra traducida como comunión ahí es koinonía. Estos hermanos, al ser llenos del Espíritu, comenzaron a experimentar un nuevo deseo de tener comunión con el hermano. Mi falta de deseo de estar el domingo o el miércoles o en el estudio bíblico con mi hermano también habla de la llenura de mi espíritu, porque el Espíritu, cuando nos llena, una de las cosas que desea es justamente comunión con el otro que también es hijo de Dios.
Y entonces, con esta actitud, el pueblo que de esa manera estaba siendo transformado mostraba la misma actitud que hubo en Cristo Jesús. ¿Y cuál fue? El propio Filipenses 2, que nos llama el apóstol Pablo a qué cosa: a considerar al otro como superior a nosotros mismos. Cuando tú consideras a tu hermano de esa manera, tú vas a querer estar con él, tú vas a querer no solamente nutrirlo, sino que tú vas a querer servirlo, considerándolo como superior a ti mismo. Cuando tú no puedes hacer eso, una vez más, es porque no hemos muerto a nosotros mismos. Y eso no fue el resultado de una fuerza externa; ese fue el resultado del Espíritu de Dios obrando en ellos y moldeándolos a la imagen de Cristo. Y esa imagen desea comunión.
Si hay algo que Cristo manifiesta a lo largo de su ministerio es el deseo de tener comunión con sus discípulos. De hecho, si hay algo que Dios manifiesta a lo largo de toda la revelación es el deseo que Dios tiene de tener comunión con su pueblo. Lo mostró en el jardín del Edén cuando, no teniendo necesidad de crear, creó a Adán y Eva, y el jardín del Edén era como el primer templo que Dios construía para tener relación con ellos. Cuando Adán se desvía, Dios da órdenes a Moisés que construya un tabernáculo para tener comunión con su pueblo. Cuando el pueblo salió del desierto, Dios ordena que se construya un templo, ¿para qué? Para en el templo él poder habitar simbólicamente con su pueblo y tener comunión con su pueblo. Cuando el templo es destruido, su Hijo viene y él es ahora el templo del Espíritu, y él habitaba la plenitud de Dios, ¿para qué? Para tener comunión con su pueblo. Cuando Cristo anuncia su partida, él dice: "Yo me voy, pero yo les voy a enviar el Espíritu Santo, el Consolador, que va a venir a estar con ustedes y en ustedes," ¿para qué? Para tener comunión con su pueblo. Y cuando todo se ha dicho y hecho, estaremos presentes en la satisfacción nueva Jerusalén, donde Dios mismo será el templo y habitaremos con él por siempre, todo el tiempo. Dios queriendo tener comunión con su pueblo.
Y en la medida en que él te conforma a la imagen de Cristo, tú quieres tener comunión con el pueblo de Dios. No es algo que tú puedes evitar, es algo que tú quieres hacer. Y va más allá de simplemente pasar tiempo juntos, porque esta gente en la comunión con el hermano supo vender y ayudar. Escucha el versículo 44 al 46: "Todos los que habían creído estaban juntos y tenían todas las cosas en común. Vendían todas sus propiedades y sus bienes y los compartían con todos, según la necesidad de cada uno. Día tras día continuaban unánimes en el templo."
Tú recuerda lo que dije al principio: que personas transformadas y llenadas por el Espíritu de Dios tenían una nueva forma de pensar, tenían una nueva forma de vivir, valoraban cosas de una manera distinta, cosas que antes valoraban ya no valoraban. Todo eso está aquí, y escucha. Pon atención, esta es la palabra que yo acabo de leer: "Estaban juntos." Es una nueva forma de vivir; ellos no estaban así anteriormente. La realidad es que la necesidad nos une y la abundancia nos divide, nos separa. Si no me crees, espera la próxima catástrofe o desastre o dificultad que tú tengas, ya sea en tu casa o nacional, y verás la diferencia.
Escucha qué más: "Tenían todas las cosas en común." Eso es una nueva forma de pensar, porque hasta ese momento ellos no vivían así, pero ahora comenzaron a pensar distinto. Porque cuando las cosas de este mundo pierden su valor, es más fácil compartirlas. La dificultad en compartir lo que tengo es por el valor que le doy a lo que tengo. En la medida en que ellos perdieron el valor por las cosas de este mundo, escucha qué ocurrió: vendían todas sus propiedades y sus bienes, porque dejaron de valorar cosas que antes valoraban. Ese es el fruto de la llenura del Espíritu.
Esta gente no estaba vendiendo para hacer negocio. A nosotros nos encanta vender lo usado para sacar un dinero, un provecho de lo que teníamos, en vez de regalar lo que ya usamos. Por Dios, dales acá hasta el último centavo. Esta gente estaba vendiendo lo que tenía para hacer tesoros en los cielos, donde ni la polilla ni el orín corrompen. Por eso ellos compartían lo que tenían según la necesidad de cada quien. Entonces, si ahora yo me entero de esta necesidad y voy a llenar esa necesidad, yo he comenzado a valorar personas que yo antes no valoraba. ¿De acuerdo con lo que yo dije de cómo resulta el nuevo estilo de vida de aquellos que verdaderamente son llenos del Espíritu?
Y ellos continuaban unánimes, dice el texto, que se dedicaban en el templo. Unánimes es la palabra clave ahí. Ellos sacrificaron su individualidad al pie de la cruz. Las divisiones en la iglesia hay por falta de sacrificio de la individualidad de los miembros o de los pastores, porque somos ovejas todos.
Yo mencioné al principio que al nacer de nuevo esta gente fue llena del Espíritu, que eso nos provee una nueva visión del mundo, de la vida, y que cosas que valoramos ya no valoramos, cosas que no valoramos ahora valoramos. Ese desprendimiento, el ser desprendido, es el fruto de haber nacido de nuevo o de haber sido redimido. El ser desprendido es el fruto de haber sido redimido y posteriormente lleno. Cuando entendemos eso, cuando entendemos la manera como Cristo se desprendió de su igualdad con Dios, nosotros entonces podemos desprendernos de las cosas de este mundo.
Escúchame por un momento. Tú y yo necesitamos estar cerca del hermano por múltiples razones, pero hay una que es más o menos obvia a partir de esta condición: si no estoy cerca del hermano, no sé lo que necesita; si no sé lo que necesita, no sé cómo ayudar. Pero a veces nos resulta más cómodo no saber. Por eso a veces cuando la gente está en la calle pidiendo, nosotros preferimos desviarnos, hacernos que no vemos quién está pidiendo, evitar el lugar donde están las personas pidiendo, porque es más cómodo no tener que ver la necesidad y no suplirla, que verla y quedarme con un sentido de culpa.
Entonces yo necesito esa cercanía que Dios quiere tener con su pueblo y que los hijos de Dios que están siendo formados a su imagen debieran también experimentar. Yo creo que una de las razones por las que Dios no remueve las dificultades en nuestras vidas o en medio nuestro, es justamente porque las dificultades en mí o las que están a mi alrededor contribuyen de una u otra manera a formar la imagen de Cristo en nosotros.
Y ese espíritu de desprendimiento que tú observas en la iglesia primitiva, obviamente fue mucho más allá que simplemente desprenderse de bienes materiales, que frecuentemente es más fácil que desprenderme de derechos, de privilegios, de posiciones. Es más fácil escribir un cheque que desprenderme de un derecho que yo creo tener, o de un privilegio, o de una posición. Para ellos estar unánimes en el templo, como dice el texto —y esta es una palabra que se repite, lo vamos a ver más adelante otra vez en el capítulo 4— no había manera de estar unánimes si esos sacrificios no se habían hecho.
El apóstol Pablo escribe a los filipenses en el capítulo 1, versículo 27, y los anima a que ellos puedan luchar unánimes por el satisfacen. Y la palabra que Pablo usa para luchar, sunathleo, implica contender juntos hombro a hombro, de lado a lado, como el que está en un campo de batalla. Y Pablo dice: tú necesitas permanecer así de unánime en la lucha por el satisfacen con tu hermano, justamente porque un pueblo dividido es presa fácil del enemigo.
Y de ahí el énfasis continuo a lo largo de todo el Nuevo Testamento acerca de la unidad. Tú escuchas a Pablo hablar de eso en Romanos 12:5, en Romanos 12:12, en 1 Corintios 1:10, en 1 Corintios 1:17, en la segunda carta a los Corintios en 8:11, en Gálatas 3:28, en Efesios 2:11-22 y en Efesios otra vez capítulo 4, en Colosenses 3:4 y 3:13. Y te podría citar múltiples otros pasajes donde hay un llamado a la unidad de la iglesia.
El hermano tiene que tener claro quién es tu enemigo. Tu enemigo no es el hermano que te ofendió. Si es tu hermano, aun si él te ofendió, él no es tu enemigo, él es tu hermano. El enemigo es el falso maestro, el enemigo es Satanás mismo. El enemigo no es el hermano que va a otra iglesia, que piensa de una manera diferente de nosotros pero que también es nacido de nuevo. Él no es mi enemigo. Mi archienemigo es Satanás, que quiere hacer lo indecible para dividirme de mi hermano. Y Pablo nos llama a luchar juntos mano a mano por la fe del satisfacen.
El enemigo nos quiere distraídos, Dios nos quiere enfocados en la cruz. Nuestro enemigo quiere sacarle partido a nuestra tendencia egoísta natural de la carne. Nuestro enemigo nos quiere indebidamente involucrados, enredados en las cosas terrenales. Dios nos quiere involucrados en las cosas celestiales. Y por eso Pablo escribió a Timoteo en 2 Timoteo 2:4 y le dice: "Ningún soldado en servicio activo se enreda en los negocios de la vida diaria, a fin de poder agradar al que lo reclutó como soldado." No te olvides quién te reclutó. Como no me puedo olvidar de quién me reclutó, no me puedo enredar en los negocios de la vida diaria, porque cuando me enredo en esos negocios de la vida diaria no puedo honrar a quien me reclutó. Eso es lo que Pablo le dice a Timoteo: tú eres un soldado reclutado para un ejército, y tienes que tener tu marcha libre, porque de lo contrario quedarás enredado.
Y esta iglesia entonces cultivó esa unidad. Y una de las maneras como lo hizo, de múltiples maneras: estaban juntos, comían juntos. Eso es una de las cosas que el texto dice. Escucha cómo lo dice, versículo 42: "Se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión —que ya hablamos—, al partimiento del pan y a la oración."
El partimiento del pan es visto por algunos como la Cena del Señor. El partimiento del pan es visto por otros como comidas, como un acontecer del día a día. El partimiento del pan es visto por otros como ambas cosas: como que la iglesia primitiva comía junta con frecuencia, y que como parte de las comidas que hacían, entonces también compartían la Cena del Señor. Tiene sentido que si esta iglesia está llena del Espíritu y hace poco que el Señor Jesucristo había sido crucificado, y ese mismo Señor Jesucristo les había ordenado que celebraran la Cena del Señor como una manera de conmemorar lo que Él había hecho hasta que Él regresara, tiene sentido que con frecuencia cuando ellos se juntaran estuvieran compartiendo el pan. Y es posible, y así lo creen muchos de los estudiosos, que esto implicaba ambas cosas.
De manera que una de las maneras como yo muestro comunión con el hermano, como tú lo muestras, y una de las maneras como tú y el hermano pueden cultivar esa comunión es comiendo juntos. Comiendo juntos con esa intención de corazón de cultivar un sentido de comunión todo el tiempo. Recordemos cómo Lot fue visitado por ángeles y Lot comió con ellos. Recordemos cómo el Señor Jesucristo tuvo una última cena con sus discípulos. Como el Señor Jesucristo se les apareció después de haber resucitado y comió pescado con ellos a orilla de la playa. Y tú puedes ver que el Señor Jesucristo comió con pecadores y publicanos tratando de ser un testimonio para ellos. Y esta iglesia vendió o compartió o alimentó a otros, porque el Espíritu que llena, el Espíritu que te llena, es el Espíritu que vacía tu plato para compartir con los otros.
Tú puedes ver también que esta iglesia no solamente se dedicó a la enseñanza de los apóstoles, no solamente se dedicó a tener koinonía con los hermanos, no solamente se dedicó a comer juntos o a compartir la Cena del Señor juntos, sino que había entre ellos un espíritu de oración. Todavía en el versículo 42, no nos hemos salido de un versículo literalmente: "Y se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración."
Tú recuerda qué estaban haciendo los 120 discípulos cuando el Espíritu llegó en Pentecostés: estaban orando. Tú recuerda la ordenanza del Señor Jesús, que no salieran de Jerusalén hasta que llegara el poder de lo alto. El poder llegó en medio de la oración. No podían salir de Jerusalén hasta que llegara el Espíritu para que pudieran hacer la satisfacen Comisión. Tú recuerda lo que Cristo dijo a los apóstoles acerca de la satisfacen Comisión: que la mies era mucha, que los obreros eran pocos. Por tanto, ¿construir más seminarios? No. Y no estoy en contra de los seminarios, nosotros tenemos una institución de enseñanza. Rogad al Señor de la mies. ¡Oración! Para que Él envíe obreros a su mies. No pueden salir de Jerusalén hasta que no reciban el poder. El poder llegó en medio de la oración. Ahora, para comenzar la satisfacen Comisión, la primera ordenanza es que tú ruegues al Señor de la mies para que Él envíe obreros a su mies. Ve la conexión de la oración todo el tiempo.
Ahora, lo primero que tú tienes que entender es el propósito número uno de la oración, que no es para el cual nosotros usamos la oración la mayoría de las veces. Te la voy a leer literalmente cómo lo escribí, porque estoy convencido que este es el propósito número uno de la oración: es escudriñar el corazón de Dios para conocer su carácter y entrar en sus propósitos, y luego experimentar su poder y participar en su gloria. Propósito número uno de la oración: es escudriñar el corazón de Dios para conocer su carácter y entrar en sus propósitos, y luego experimentar su poder y participar en su gloria.
Tú ves eso en Getsemaní. Cristo está en el huerto de Getsemaní, tenía intimidad con Dios. Él está preguntándole a Dios si había alguna forma, a Dios Padre, de que esta copa pasara de Él. En ese cuestionamiento Él está escudriñando la sabiduría de Dios: ¿hay otra forma? ¿No hay otra forma? La soberanía de Dios al esperar el permiso. Él está experimentando incluso la fidelidad de Dios, porque el texto dice que vino un ángel y le acompañó y le fortaleció. Ahí está la fidelidad de Dios.
Habiendo llegado el momento, no hay otra forma. Cristo se levanta y entra en los propósitos de Dios, que era la Cruz. Y cuando él termine la Cruz, él dice que era la hora de su glorificación. Yo te dije que la oración era para eventualmente experimentar y participar en su gloria. ¿Lo puedes ver ahora mejor? El impulso primario de nuestra oración no debe ser lo que está en mi corazón, sino lo que está en el corazón de Dios.
El impulso primario de la oración, por tanto, el mensaje que viene de arriba cuando yo oro es más importante que el mensaje que va de abajo hacia arriba. Porque cuando yo comienzo a hablar con Dios en la oración, yo no le estoy diciendo a Dios nada que él no supiera. De hecho, cuando yo termino de orar, Dios pudiera decirme: "Bueno, mira, de eso que me hablaste del uno al cinco, te faltó el seis, el siete, el ocho, el nueve, el diez, el once, el doce, el trece, el catorce, el quince, y no te sigo diciendo porque te abrumo". De manera que ese reporte periodístico que nosotros hacemos no es para informar a Dios. Dios nunca ha dicho: "Qué bueno que oraste, me dijiste eso porque no lo había visto". O sea: "Ese ángulo que tú me trajiste es nuevo, me ayuda para saber cómo envío un ángel ahora a esa situación". No, tú estás orando para presentarle tus condiciones, para que lo que viene de arriba te instruya, te dirija de cómo enfrentar esas condiciones y circunstancias, de las cuales tiene más conocimiento que tú y que yo. Por tanto, el mensaje que viene de arriba es más importante que el mensaje que viene de aquí abajo.
El hermano decía ahí, en Bounds, que un hombre muy conocido por la oración en el pasado, que la oración mueve la mano que mueve el mundo. Y alguien pudiera decir: "No, eso no es verdad porque Dios es soberano". Sabemos que Dios es soberano. Pero Dios ha dicho: "No tenéis porque no pedís". Si tú no le quieres creer ahí a Bounds, está bien, él era un hombre como uno corriente, pero cree lo que el Espíritu de Dios inspiró: "No tenéis porque no pedís".
La oración nos ayuda cuando todo va fracasado. Ahora escúcheme, no puedes esperar hasta cuando todo va fracasado, como frecuentemente hacemos. Pero lo que quiero enfatizar es que la oración puede hacer lo que tú y yo no podemos hacer. Por eso Cristo dijo en una ocasión acerca de un endemoniado: "Este género solamente sale con oración y ayuno". No sale con más nada. Ahora, la oración es débil donde la pasión es débil. Tú nunca me vas a encontrar hablando de pelota, pero yo no tengo ninguna pasión por la pelota. Yo creo que es un buen deporte para los que les gusta y lo disfrutan. Fue bien, no tengo ninguna pasión para eso, por eso yo no hablo de pelota. Nosotros hablamos de lo que nos apasiona, y de esa misma manera nosotros hablamos con Dios cuando Dios nos apasiona.
En cuarto lugar, estos hermanos llenos del Espíritu se caracterizaron no solamente porque se dedicaron a la enseñanza de los apóstoles, su espíritu de comunión o koinonía que los llevó a participar del pan y de un espíritu de oración, sino que tenían un espíritu de gozo y sencillez. Escucha lo que dice el versículo 46: "Partiendo el pan en los hogares, comían juntos con alegría y sencillez de corazón". Nota que no dice: "Partiendo el pan en los hogares, comían juntos queso y jamón". No, comían con alegría y sencillez de corazón. Esa es cosa de maravillarse realmente.
La palabra traducida como sencillez, otras traducciones, la ISV del inglés y la Nueva Traducción Viviente en español, la traducen como generoso. Aparentemente puede ser traducida de ambas maneras. Gente desprendida es gente generosa. Gente generosa usualmente es gente alegre, porque incluso en el mismo acto de dar les es alegre. Gente desprendida usualmente es sencilla. La gente agarrada es complicada, créanlo. Y si tú eres complicado, no puedes ser feliz, porque eres complicado. Gente llena del Espíritu, por definición, tiene que estar llena de gozo. Imagínate que el hermano yo estoy lleno del Espíritu: "Yo no tolero esta vida". Las cosas que retenemos son las cosas que usualmente nos roban el gozo. Por eso gente desprendida es gente llena de gozo, es gente generosa, es gente sencilla. Esa es la gente que esta gente fue.
En quinto lugar, tengo que avanzar, el tiempo se me ha estado yendo. La llenura del Espíritu en estos creyentes los llevó a experimentar un espíritu de adoración. En el versículo 47: "Alabando a Dios", otra traducción dice "adorando a Dios", en el templo, en los hogares. Ahora escucha, adorar no es cantar. Yo puedo adorar cantando. Pero si el único momento de mi adoración es cuando canto, entonces mi vida de adoración es pobre. Porque eso implica, si voy a la iglesia los domingos y los miércoles en nuestra rutina, que solamente canto el domingo, que yo tengo como en la semana entera uno o cuarenta y cinco minutos en el mejor de los casos de adoración, y el resto de la semana no sé. Adoración es mi ofrecimiento, mi rendición a mi Dios, que tiene múltiples expresiones a lo largo de la semana. Por eso aquella famosa canción: "Mi mejor adoración, la obediencia". Mi mejor adoración, sacrificio. "Obediencia quiero y no sacrificios", eso dijo Cristo. En vez de estar haciendo sacrificio en el templo, que era la adoración del Antiguo Testamento, prefiero la obediencia. Por eso Dios me manda a amarlo con toda mi vida, mi corazón, mi fuerza, todo mi ser.
Cuando nuestras vidas no están rendidas a nuestro Dios, podemos cantar, pero luego podemos oír de parte de Dios: "Este pueblo en vano me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí". Esta iglesia no solamente dio sus bienes materiales, esta iglesia dio su vida. Esta iglesia se ofreció como sacrificio vivo, y al hacer eso verdaderamente, ellos estaban reflejando lo que estaban adorando.
El Salmo 115 fue inspirado para que tú y yo podamos entender que tú y yo somos un reflejo de lo que adoramos. Piensa por un momento, haz ese ejercicio esta tarde, esta noche, mañana. Créeme, yo lo he hecho más de una vez, Dios es mi testigo. Piensa en lo que eres. Lo que eres es el reflejo exacto de lo que has adorado. Lee el Salmo 115 primero, donde Dios le dice: "Te convertirás en lo que adoras". Adoraste ídolos con ojos que no ven, con boca que no habla, con pies que no caminan. Así llegarás a hacer como pueblo. Y eventualmente, entonces, a través del profeta Isaías les dice: "Así llegaste a ser: tienes ojos, pero no ves; tienes mente, pero no entiendes". Esta gente estaba adorando a Dios, esta gente fue el reflejo de lo que adoraban.
Si tienes dificultad en reflejar a Cristo, hermano, nada de esto es una acusación, esto es para que tú y yo nos escudriñemos. Porque yo tengo que aplicar esto a mi vida primero antes de leerlo, antes de predicarlo, créeme. Si no, yo peco. Yo no estoy por encima de nada de lo que yo predico, nunca. De hecho, yo estoy por debajo de lo que predico, porque lo que predico siempre es superior a lo que yo puedo vivir, porque tengo que predicar el estándar de Dios, y ese solamente lo vivió Cristo continuamente.
Si tienes dificultad en reflejar a Cristo, con toda probabilidad estás adorando a ti mismo. Si tienes dificultad en reflejar a Cristo por un momento, por un día, por tres meses, por un año, durante ese tiempo con toda probabilidad te estabas adorando a ti mismo. "Para todo eso no es verdad", ahí está la prueba. "Ah, pastor, entonces que esté de acuerdo con usted, ¿no?" Conmigo no, con Cristo. Todo discípulo, cuando es entrenado bien, Lucas 6:40, es exactamente como su maestro. Cuando el maestro te entrena, en ese entrenamiento tú vives una vida de adoración, y Cristo dice: te vuelves como el maestro.
¿Cuáles serían los resultados, entonces, de una iglesia que experimente esa llenura y con estas condiciones? Aquí está también, en el versículo 43: "Sobrevino temor a toda persona, y muchos prodigios y señales eran hechos por los apóstoles". Y algo más: "Hallando favor con todo el pueblo, y el Señor añadía cada día el número de ellos los que iban siendo salvos". Ahí está.
Un sentido de asombro, un sentido de maravilla, de sobrecogimiento. ¡Wow! ¿Tú viste? ¿Tú oíste? ¡Esto es increíble! Jamás se había oído decir una cosa como esta. Para ellos, Dios no era una idea para ser discutida, no era un concepto para debatir, no era una doctrina para ser parte de un grupo de doctrinas de mi mente, no era tampoco un ser necesario para cuando yo estaba en necesidad. No, Dios era Dios. Un ser que inspiraba asombro, maravilla, sobrecogimiento, que entonces me inspiraba a obedecerle. Y de ahí el temor reverente. Dice que sobrevino temor a toda persona. Esa comunidad entera experimentaba el temor de Dios, no en el sentido del miedo, sino de la reverencia que nosotros debemos tener a nuestro Dios. Y la obediencia es el resultado del temor reverencial a nuestro Dios. Un Dios que no inspira "¡Uuuh!" "¡Ah!" no me llama a la obediencia. Un Dios que yo puedo llamar "el hombre de allá arriba", como yo he escuchado y he visto en Twitter y demás, él no es el hombre de allá arriba, él es el Dios del universo, Señor y Rey de todo el universo. Y yo tengo que recordar eso. Él es mi Dios.
Segunda característica o resultado de una iglesia que vive de esa manera: hallaban favor con todo el pueblo, y el Señor añadía cada día el número de ellos los que iban siendo salvos. El Señor dio gracia a esa iglesia con el pueblo, con los inconversos. Yo no sé si alguna vez, hermano, tú has experimentado situaciones donde tú hayas podido decir: "El Señor puso gracia en él o en ella, gente inconversa, para conmigo". Yo te puedo decir como testimonio de la gracia de Dios que yo he experimentado eso múltiples veces. Y el Señor sabe que no miento, que múltiples veces le he preguntado: "Señor, ¿y por qué?" Porque yo sé que no tiene nada que ver con algo especial en mí. Y el Señor me ha respondido: "Porque es por gracia".
Una iglesia neotestamentaria se involucra en la labor evangelística. Tú lo puedes ver: el Señor añadía cada día el número de ellos los que iban siendo salvos.
Pero como iban siendo salvos cuando se predicaba el Evangelio, esta es una iglesia que predicaba aquello que puede dar salvación, porque la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Cuando una iglesia se duerme en sus laureles, esa iglesia ha dejado de ser iglesia. Cuando el Espíritu de Dios llena un individuo, el amor de Cristo te constriñe, como dice el apóstol Pablo.
Esa es la razón por la que cuando tú contemplas nuestra nación, contemplas la Latinoamérica, tiene que haber en ti una pasión para que Cristo alcance las naciones que todavía no han escuchado el Evangelio como el Evangelio verdaderamente es. Latinoamérica tiene que despertar y alguien tiene que predicar y alguien tiene que vivirlo y alguien tiene que testificar, y nuestra nación es parte de ese continente.
Escucha, John Stott, uno de los grandes hombres de Dios del siglo XX, murió en el 2011 apenas, y con esto yo cierro. Es una cita que tiene que ver justamente con este texto y con esta iglesia primitiva. Al revisar las características de la primera comunidad llena del Espíritu, por eso el título: "Una comunidad llena del Espíritu". La cita dice lo siguiente:
Al revisar las características de la primera comunidad llena del Espíritu, es evidente que la iglesia estaba preocupada con las relaciones. Primero, ellos estuvieron relacionados a los apóstoles, en obediencia. Ellos estaban deseosos de recibir las instrucciones de los apóstoles. Una iglesia llena del Espíritu es una iglesia apostólica, una iglesia neotestamentaria deseosa de creer y obedecer lo que Jesús y sus apóstoles enseñaron.
Segundo, ellos estaban relacionados el uno al otro, en amor. Ellos perseveraron en comunión, apoyándose unos a otros y aliviando las necesidades de los pobres. Una iglesia llena del Espíritu es una iglesia amorosa que cuida de los demás y que comparte con los demás.
Tercero, ellos estaban relacionados a Dios en adoración. Ellos le adoraron en el templo y en los hogares, en la Cena del Señor y en las oraciones, con gozo y reverencia. Una iglesia llena del Espíritu es una iglesia que adora.
Cuarto, presta atención, IBI. Ellos estaban relacionados con el mundo, alcanzándolos. Ellos estaban involucrados en el evangelismo continuo. Presta atención, IBI: ninguna iglesia centrada en sí misma, autocontenida, absorbida en sus propios asuntos parroquiales, puede decir que está llena del Espíritu. El Espíritu Santo es un Espíritu misionero. Por tanto, una iglesia llena del Espíritu es una iglesia misionera.
El que tenga oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.