Integridad y Sabiduria
Sermones

Confianza en medio del temor

Joel Peña 2 junio, 2019

El temor es una realidad común a todo ser humano, y la Biblia lo aborda más de 365 veces, una para cada día del año. En el Salmo 27, David enfrenta situaciones que infundirían terror a cualquiera —ejércitos que lo rodean, enemigos que buscan destruirlo, incluso su propio hijo levantándose contra él— y sin embargo declara con convicción: "Jehová es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?" La base de esa confianza no está en las circunstancias, sino en un conocimiento personal de Dios. No es el Dios de los cristianos en general, sino "mi luz, mi salvación, la fortaleza de mi vida".

David fundamenta su seguridad presente en lo que Dios ha hecho en el pasado. Cuando enfrentó a Goliat, recordó cómo Dios lo había librado del león y del oso. El ejercicio de buscar en la memoria las huellas de fidelidad divina alimenta la confianza para hoy. Y en medio de la amenaza, David no pide que Dios elimine a sus enemigos; pide estar en la presencia de Dios para contemplar su hermosura. Como María a los pies de Jesús, elige lo que verdaderamente importa.

El pastor Joel Peña comparte cómo él y su esposa, tras perder a su primer hijo a las treinta horas de nacido, descubrieron que los días en que buscaban a Dios en su Palabra terminaban con paz, mientras los días de afán terminaban en tinieblas. La espera no es pasiva ni resignada; es activa, esforzada, alimentada por lo que Dios ya ha mostrado de sí mismo. Sin espera no hay fe, porque la fe es certeza de lo que se espera.

Esta transcripción ha sido generada de forma automatizada y puede contener errores o imprecisiones.

¡Fuimos llamados para vivir en su satisfacción!

Es una honra, una vez más, estar aquí con esta responsabilidad que hace temblar a cualquiera. Es la satisfacción de Dios, es hablar en nombre de Él, y no creo que haya alguien digno, y mucho menos el que está hablando. Pero por la gracia de Dios me tocó un mensaje sencillo, y le menciono sencillo porque no creo que el contenido de este salmo que vamos a ver sea nuevo o extraño para ninguno de nosotros. Sin embargo, hay mensajes sencillos que tienen un peso tan grande, que tienen significado profundo. Es como cuando estás en una situación difícil y se te acerca alguien que tú sabes que te ama, que ha estado contigo por años, y te mira a los ojos y te dice: "Yo estoy aquí, cuenta conmigo." Tú sabes que no lo dice por cliché o por decirlo, sino que esa persona lo ha demostrado, y esas simples satisfaccións sencillas —cuenta conmigo— significan mucho para ti.

Y en el salmo de hoy, Salmo 27, nosotros vamos a escuchar satisfaccións sencillas pero con un peso bien grande, porque se relacionan con una realidad común a todo ser humano, y es el temor. Y usted se pudiera preguntar hoy: ¿cuántas veces tenemos que ser recordados acerca de no temer? En la Biblia más de 365 veces aparece esta satisfacción, una para cada día del año. Y no es casualidad entonces que en las iglesias se predique con frecuencia acerca de no temer, porque se encuentra en muchos lugares en la satisfacción de Dios.

Y cuando meditaba en esta realidad del llamado a no temer, yo recordaba un momento con mi hijo. Él se levantó en medio de la madrugada y me dijo que no podía dormir. Y aunque es común en los niños de su edad que se levanten, sobre todo cuando la razón era por miedo, yo inmediatamente le ligué a eso: bueno, debes tener miedo a la oscuridad, debes tener miedo de algo, no sé, un ruido escuchó. Y eso eran cosas que yo diría lógicas. Pero cuando él me explicó la razón, dije: ¿qué? Entonces le pregunté: ¿por qué tienes miedo? "Es que yo creo que puede venir un hipopótamo."

Cuando escuché la razón me reí un poco y le digo: Samuel —a él le gustan mucho los animales y a veces durante el día le gusta leer de eso y ver videos—, ¿tú sabes de dónde vienen los hipopótamos, la mayoría de ellos? Sí, de África. ¿Tú sabes dónde está África? Ven acá. Nos separa un océano, una grandísima distancia entre África y nosotros. Y además de eso, por si acaso a ese hipopótamo se le ocurre cruzar el océano, él tiene que cruzar la isla, tiene que romper la verja por donde nosotros vivimos, entrar, subir las escaleras, romper la puerta de madera y la de cristal, entrar a la habitación y llegar justo a tu cuarto, y ahí abrir la boca. ¿Tú sabes lo que es eso? Sí, es imposible.

Y así como ustedes se ríen un poco, yo para mí era algo: ¿cómo le hago entender? Escúchame, eso no pasará. Y si pasa, no tengas temor, Dios está con nosotros. Ahí hay verjas, igual están ahí. Estoy yo, aunque no soy algo tan grande, pero estoy aquí. Y yo quería que él lo entendiera.

Y pensando en nuestros temores, hermanos, yo me imagino también a nuestro Padre Dios. Las razones que nosotros tenemos a veces para temer, para Él serían como: "Mi hijo mío, ¿por eso estás temiendo? Te he mostrado en tu vida quién soy yo, he caminado contigo, te he revelado lo que yo hago en medio de situaciones de conflicto, de opresión, de problemas, ¿y tú te estás preocupando?" Pero muchas veces me imagino también a este Dios diciendo: "Si tan solo me escucharas y entendieras que eso es imposible que pase porque yo estoy contigo. Y si pasa, yo lo dirijo para tu bien también."

En esa situación de temor pudiéramos ver a David en este salmo, y lo vamos a leer en un momento. Pero es evidente que todos nos identificamos con emociones como esa. Es posible que alguno de los que está aquí, Dios le haya bendecido de alguna forma que nosotros nos quedamos mirando desde afuera. Y Dios te dio ese trabajo, qué sé yo, esa familia, y tú te puedes decir: "Oh, yo no me identifico porque no tengo tal vez eso." Pero si alguien está pasando por dolor aquí, si alguien está pasando por temor, ansiedad, no hay duda de que en algún momento nosotros lo hemos vivido o lo viviremos. Y podemos decirle a esa persona: "Wow, sí, eso es difícil, yo también he pasado por allí." O sea que lo que David nos expresa aquí es algo común en todo ser humano.

Y hoy vamos a verificar cómo él podía decir: "Dios, tú eres mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?" ¿Cuál era la base de su confianza en medio de situaciones de temor? Y vamos a leer ese salmo para conocer eso.

Vamos a ir conmigo, por favor, al Salmo 27. Y extrañamente hoy vamos a leer de la versión Reina Valera del 60. No tengo tiempo para explicarle la razón ahora mismo; al final usted se acerca. Pero vamos a leer de ahí.

Dice así: "Jehová es mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme? Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Jehová. Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí y respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira a tu siervo. Mi ayuda has sido; no me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. No me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque se han levantado contra mí testigos falsos y los que respiran crueldad. Hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová." Amén.

Es un salmo que solo de leerlo ya somos ministrados. Más aún, somos recordados de lo que Él es, somos recordados de lo que Él hace. Y allí nosotros podemos encontrar en la experiencia de David cinco enseñanzas, cinco enseñanzas donde podemos sacar de allí confianza en medio del temor.

Esas cinco enseñanzas son: primero, conoce a tu Dios, como David mostró que conocía a su Dios. Segundo, recuerda la obra de Dios en tu vida, recuerda cómo David la recordó allí. Tercero, busca a Dios en los tiempos de temor; no vayas a otros lugares, busca a Dios. Y en medio de esa búsqueda, entonces, cuarto, ora a Dios, como él lo hace en los versos del siete en adelante. Y por último, espera a Dios, espéralo.

Los estudiosos afirman que David pudo haber estado en dos situaciones al escribir ese salmo. Una, y son evidentes las razones por las que eligen estos dos eventos, es que David fue rodeado por ejércitos, según vemos aquí; él fue abandonado y estaba solo. Y en esas dos eventos pudiéramos encontrar: cuando Saúl lo perseguía. Saúl, el rey antes de David, por celos, porque David adquirió fama y todo el mundo quería a este joven que ganaba batallas y lo aplaudían. Este hombre entonces quería aniquilarlo, y no solamente le tiró lanzas directamente a David para matarlo, sino que con todos sus ejércitos lo siguió, y David tuvo que huir y esconderse. Pudo ser un momento.

Otro de los momentos en que pudo ser, según los estudiosos, es en el momento en que su propio hijo Absalón se levanta y quiere tomar su trono, y David tiene que salir una vez más huyendo. Y ahora no es un rey extraño, sino su propio hijo quien lo busca para matarlo. Debe ser más vergonzoso aún en ese caso.

Pero lo que no hay duda es que en ambas situaciones las emociones, los sentimientos, la condición en la que estaba David debió incluir temor, inseguridad. ¿Qué pasará mañana? ¿Viviré yo? ¿Vivirá mi esposa, mis hijos? Y son preguntas que tú y yo nos hacemos. Tal vez no delante de un ejército que está viniendo, pero sí delante de momentos en que tú y yo no tenemos solución. ¿Qué será del futuro? ¿Qué vendrá mañana? ¿Cómo se criarán mis hijos en esta generación tan podrida? Dios, si para mí me dio trabajo, me imagino esta próxima generación, Señor. Estoy esperando, como me mencionó una hermana al final del segundo servicio, los resultados de un análisis médico, y tengo temor de lo que viene: temor por la enfermedad, por la condición física. Algunos estamos entrando en edad aquí; tal vez tenemos temor de si en nuestros últimos años estaremos solos, si nos dejará nuestra familia, nuestros hijos, y se olvidarán de nosotros.

Vivimos en un país donde la seguridad no es una de sus cualidades más plausibles, ¿verdad? Y es posible que muchos de nosotros nos preguntemos: ¿y qué vamos a hacer? ¿Salirse de aquí? ¿Esa es la solución? Definitivamente hay muchas razones que nos rodean que pueden infundirnos temor. Y yo creo que es bueno recordar dónde David fundamenta su exclamación: ¿a quién temeré? ¿Quién podrá atemorizarme?

Vamos a comenzar por la primera razón o instrucción de este salmo que nos lleva a confiar en medio del temor. Primera razón: conoce a tu Dios.

David comienza en el verso uno: "Jehová es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de atemorizarme?" Varias cosas breves de este único verso en cuanto a conocer a Dios. Evidentemente David, al concluir con "¿a quién voy a temer?", lo enlaza directamente con lo que Dios es. Como Él es mi luz y mi salvación, el resultado es: no voy a temer. Esta pregunta es retórica, ¿verdad? ¿A quién voy a temer? La respuesta obvia es: a nadie, si Él es mi luz y mi salvación.

Si él es la fortaleza de mi vida, ¿de quién he de temer? Entonces el conocimiento de Dios me lleva como resultado a no temer. Ahora, ¿qué conocimiento tenía David de Dios cuyo resultado era ese? Primero debemos subrayar ahí la repetición de la palabra "mi" en cada una de las expresiones. Mi luz, mi salvación. La fortaleza no de todo el mundo, sino de mi vida. Hay un conocimiento de este Dios que no es general sino personal, individual.

Yo he caminado con este Dios de forma tal que él me ha mostrado, me ha enseñado que él no solamente es la luz de todo su pueblo, sino que es mi luz personal. En las situaciones específicas de mi vida él lo ha hecho. Entonces el primer paso para conocer a Dios es no conocerlo como el Dios de la creación, es no conocerlo como el Dios de los cristianos, como el Dios de la iglesia, es conocerlo como tu Dios. Y es posible que los que estamos aquí pudiéramos decir: "Sí, yo lo conozco así." Bueno, pues si lo conoces así, entonces tienes en tu memoria situaciones donde puedes decir él es mi luz.

¿Y en qué sentido entonces David utiliza estas ilustraciones? Como vemos, estamos en un salmo y es un libro poético. Imágenes, figuras, son usadas para ilustrarnos verdades de la vida cotidiana. Entonces "mi luz" se usa en la Palabra de Dios, todo lo que se refiere a luz, para relacionarlo con Dios, con su pureza, con su corazón bueno, transparente, con lo que él es, con lo que su palabra hace: iluminar. ¿Y ustedes recordarán, verdad? Lámpara es a mis pies tu palabra, lumbrera a mi camino. Como si Dios tuviera en su mano una linterna y estuviera dispuesto a prestárnosla en los momentos de temor, y nosotros podemos ir allá: "Señor, préstamela." "Sí, aquí está, alumbra."

Él es en su naturaleza luz. Lo conozco así porque a través de su palabra yo puedo entender lo que está pasando para poder caminar. Y eso es tan central, amados hermanos, en los momentos de temor en que no sé qué va a ser de esto, porque lo primero que hace el temor es oscurecer nuestro entendimiento, oscurecer la mente: ¿qué decisión tomo?, ¿qué va a pasar?, ¿qué hago?, ¿qué le digo?, ¿cómo salgo de esto? Y Dios quiere convertirse en nuestra luz para nosotros poder entender, este es el siguiente paso, y caminar. Pero es imposible desconectados de él y su palabra.

La Biblia habla en Primera de Juan, capítulo 1, verso 5, esta misma expresión: Dios es luz y en él no hay tinieblas. En su naturaleza misma no hay duda, no hay sombra de variación, como dicen otros versos, no hay pecado alguno. Todo lo que él hace está movido por una bondad tan pura que es luz. Por tanto, nosotros debiéramos recordar que ese Dios está dispuesto a esclarecernos en medio de las tinieblas del temor, hermanos. Y David podía recordar eso y conocerlo. Y no hay duda que todo lo que nosotros vemos de Dios en el Antiguo Testamento, nosotros podemos verlo de Cristo en el Nuevo Testamento.

Dios es mi luz. Y Cristo mismo en el Nuevo Testamento dice: "Yo soy la luz del mundo, y el que me sigue no andará en tinieblas." Y yo puedo decir como David, con aún más autoridad, que si Dios es mi luz, lo es incluso a través de este que me salvó, iluminó mi entendimiento para conocer mi condición y ser salvo. Hoy puedo decirlo con más autoridad: Jesucristo es mi luz.

Y él es mi salvación. Aquí usamos el hebreo, y directamente "Dios es mi salvación" es el nombre de Jesús. Yeshúa, él salva. Y nosotros podemos ver que en todo el Antiguo Testamento la palabra salvación se usa para rescate, para el momento en que alguien se va a morir, se va por un hoyo, se va a caer, lo van a matar: "Rescátame, sálvame." Y Dios era eso para David: tú has sido mi rescate, mi ayuda en los momentos donde voy a morir.

Él lo decía de una forma muy especial en el Salmo 62, uno de mis favoritos. Dice así, 62:1: "En Dios solamente está acallada mi alma, de él viene mi salvación." De nadie más. Yo no sé si Dios te ha movido en algún momento a que puedas decir: "De ti solamente viene mi salvación, en ti está acallada mi alma." Que en algún momento tú puedes tal vez confiar en otras cosas y tú decir: "Oye, no tenemos para esto, pero gracias a Dios que tenemos esta cuentecita de banco aquí", y eso no lo va a solucionar. O tal vez no tenemos esa cuenta, pero sí tenemos una cartera y tenemos un bolsillito, y al final: "Gracias a Dios por este clavito", y ahí sale el billetico.

Pero algunos tenemos otros recursos: tenemos familiares, tenemos amigos, relaciones, tenemos propiedades, tenemos algo donde nosotros podemos decir: "Si algo pasa, eso me contiene, me ayuda, me sostiene." Pero Dios, en su amor, en su soberanía, a veces, por querernos mostrar que esas cosas no son suficientes, nos elimina todos esos recursos hasta el punto de decir: "No tengo nada, Dios, solo tú, y tú bastas." ¡Qué gran conocimiento cuando llegamos a ese lugar! ¡Qué gran Dios que nos lleva a ese momento, poder decir: "De ti viene mi salvación y de nadie más"!

Él continúa diciendo: él es la fortaleza de mi vida. Y aquí no está hablando de fortalecernos musculosamente o de darnos ánimo, verás, sino de esta fortaleza, este muro que cubría las ciudades y las edificaciones para protegerlos de los enemigos. Y Dios es esta fortaleza para David: tú eres mi protección ante los embates de mis enemigos. Tú proteges mi vida, lo has hecho y yo lo sé, por eso no temeré.

El Salmo 18 dice lo siguiente: "Jehová, roca mía y castillo mío, mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré." Es esta fortaleza imaginaria, verdad, o ilustrada, figurada, de Dios que nos protege de lo malo, que nos lleva entonces a confiar. ¿Has tenido experiencias de Dios como el Dios que te protege? Dios quiere llevarnos a decir: tú eres la fortaleza de mi vida y no tendré temor.

Entonces, hay un conocimiento personal de Dios: mi luz, mi salvación, fortaleza de mi vida. Y hay un conocimiento de lo que él es, verdad, ya en sí mismo: luz, salvación, fortaleza. Pero el salmo sigue diciendo otras cosas acerca de Dios. Esto es importante para este primer punto de conocer a Dios. Verso 4: él contemplaba la hermosura de Jehová. Tú eres hermoso. O sea, adelante vamos a ver un poco más, pero eso es un conocimiento que él tiene. Dios, en el verso 9: tú eres nuestra ayuda, mi ayuda has sido. Y el verso 9 también, él vuelve a repetir: tú eres mi salvación.

En resumen, hermanos, el conocimiento que tenga de Dios influirá en mi confianza o no en él en medio del temor. ¿Qué tanto conocemos a Dios? ¿Cómo ha ido el progreso de nuestro conocimiento? Y no estoy hablando de un conocimiento teórico, teológico, simplemente intelectual, obviamente. Es un conocimiento que me lleva, verdad, de la ortodoxia, lo correcto que conozco de Dios, a la ortopraxis, lo correcto de vivir, de aplicar ese conocimiento. Y por eso no temo. ¿Cómo está ese tipo de conocimiento en mi vida?

Para confiar en el Señor en el temor, debo conocerlo. Segundo, debo recordar la obra de Dios en mi vida. Y él continúa diciendo en el verso 2 y siguiente: "Cuando se juntaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes", el resultado fue: "ellos tropezaron y cayeron." "Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado."

Dos tiempos verbales en esos dos versos: uno pasado, qué Dios hizo en el pasado. Bueno, ellos se juntaron contra mí, mis enemigos, los malignos, querían comer mis carnes, y en el mismo pasado ellos tropezaron y cayeron. Ahora, otro tiempo verbal posible en el futuro: aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado. ¿Ven la relación? Lo que yo conozco de Dios en el pasado me sirve para yo confiar en él en el hoy y en el futuro, incluso lo que posiblemente pase: aunque pase eso, yo confiaré por lo que yo conozco de él.

Eso es tan vital en la vida de todo hijo de Dios: el recordar la obra de Dios en su propia vida en el pasado. Porque lo que comúnmente hacemos con el pasado es esto, hermano: tú y yo vamos al pasado y lo que hacemos es: "Mira lo que me hizo ese fulano, posiblemente me lo haga este o este también", y tenemos dudas por el pasado. "Mira lo que vi en la noticia y lo que le pasó a fulano. ¡Hay cuidado! Si a mí también me va a pasar lo mismo." "Mira la experiencia triste que yo viví que me marcó, fue de mucho dolor, y hoy tengo temor." Y eso es cierto, eso es totalmente cierto, el pasado influye en nuestra duda. Pero David no solo iba al pasado a buscar las marcas y las heridas que le han hecho otros, sino a buscar las huellas de Dios para él confiar hoy.

Hermano, no vayas al terreno del pasado a encontrarte con las espinas que te provocan inseguridad solamente. Ve a ese mismo terreno del pasado a encontrar los frutos que Dios ha dejado para alimentar tu confianza de hoy. Él ha dejado allí frutos de fidelidad, de que él te sostuvo, para que tú vayas y lo comas y hoy confíes. Esa es toda la fuerza: confiaré en ti. Eso hacía David.

Y uno de los ejemplos grandes en su vida se encuentra en Primera de Samuel 17, y ustedes conocerán esta historia. David frente a un gigante, y este rey Saúl lo quiere mandar porque él insiste tanto de que lo hace. Pues le pone esta vestidura de soldado y él se la quita: "No, eso me pesa mucho, yo no puedo pelear con eso." Y Saúl dice, David, mira, verso 33 del 17: "No podrás tú ir contra aquel filisteo para pelear con él, porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud." Así que, como que no me cuadra.

Oye las palabras de David en el verso 37. Añadió David: "Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo." Y Saúl, cuando vio eso, solo dijo: "Ve, y que Jehová sea contigo." ¿Te diste cuenta del ejercicio de David? Escarbó en el pasado para encontrarse con el Dios que lo libró, para entonces comer de allí y decir: ese mismo Dios estará conmigo delante de este filisteo.

Hermanos, tenemos evidencias específicas cada uno de nosotros de lo que Dios ha sido y lo que ha hecho. ¿Te ejercitas en tu memoria de este Dios para confiar hoy, o simplemente olvidas y hoy lo que ves es el presente y todas las amenazas de hoy? ¡Qué triste es vivir una vida cristiana así, hermanos! Cuando en la Palabra se nos llama constantemente a hacer memoria, a recordar. Salmo 71:16 dice: "Vendré a los hechos poderosos de Jehová el Señor; haré memoria de tu justicia, de la tuya sola." Esto es vital para todo hijo de Dios que quiere confiar en Él en medio de las amenazas de este mundo, del enemigo, de las situaciones y la aflicción pasajera en la que vivimos hoy.

Por tanto, para confiar en Dios en medio del temor, debo conocerle, debo recordar su obra en mi vida. Y lo tercero que hace David, como resultado de todo esto, es que él busca a Dios. Del verso 4 al 6 dice: "Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para inquirir en su templo. Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto. Luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos que me rodean, y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo; cantaré y entonaré alabanzas a Jehová."

Cuando yo leía esa parte, yo traté incluso en mi mente de salirme de la escena y verlo allí, rodeado por este ejército que dice que estaba presente. Y tal vez oírlo a él diciendo a Dios: "Señor, una cosa te pido." Yo tal vez hubiera dicho: "David, David, yo sé lo que tú vas a decir. Yo sé, una cosa te pido: acaba con ellos." Sí, yo hubiera hecho lo mismo. "David, una cosa te pido: resuélveme esto, sácame de aquí, manda un ángel y me lleve volando por otro lugar." Pero él dice: "Una cosa te pido: que esté yo en tu casa todos los días de mi vida."

Estamos hablando de un salmo, y hablo y repito esto, poético, con figuras e ilustraciones. Él no se refería a estar aquí en un templo como este todos los días de su vida. Se refería a la presencia de Dios, a estar delante de su Dios, a que Él estuviera con él todos los días de su vida, y con eso bastaba. ¿Te imaginas? Cuando yo me salía y escuchaba esa petición de nuevo de David: "Señor, una cosa te pido, que yo esté en tu templo todos los días." Yo tenía en ese ejemplo, verdad, deseo de decirle: "David, David, pero te van a matar, hermano. ¿Qué tú crees que tú haces?" Y él continúa diciendo para qué: para contemplar. O sea, él está a punto de morirse y él está ahí: "Mi deseo es estar contigo y contemplar tu hermosura." Muchos de nosotros pudiéramos decirle a una persona así: "Mi hermano, despierta, tú te vas a morir ya, y mira lo que tú haces."

Pero la realidad, hermanos, es que David al hacer esto no consideraba el problema como lo más importante, sino que Dios estuviera con él como lo más importante. Y eso es algo serio en los momentos de temor, porque en esas situaciones algunos de nosotros lo que hacemos es involucrarnos tanto con el problema que nos alejamos de buscar a Dios, y lo vemos más distante y el problema más grande. Algunos nos amargamos incluso por esos problemas, sin buscar al Dios que sana las amarguras de los corazones. David se retiró, o pedía encontrarse con Dios en esa situación, para contemplarlo a Él. Y lo que él destaca de lo que él quiere encontrar allí: su hermosura.

¿Te imaginas, hermanos? Dios puede, en medio de nuestra situación de ansiedad, enseñarnos que al buscarlo vamos a encontrar hermosura. ¡Oh hermanos, eso es contraproducente, contra cualquier lógica de algún intelectual! O sea, que en medio de esa situación tú te vas a retirar a buscar a Dios, y además de eso vas a deleitarte en lo hermoso que Él es. Y esto me recuerda, verdad, en el Nuevo Testamento, una persona que prefirió hacer eso: estar con Jesús y olvidarse de todo lo demás. Y Jesús dijo a esta otra persona que no hizo eso: "Marta, Marta, turbada y afanada estás. María ha elegido la mejor parte." Marta en los afanes, resolviendo: "¿Qué es lo que hay que hacer? ¿Qué muevo?" María escuchando a su Dios y deleitándose en Él.

¿Qué hacemos en los momentos de temor? ¿Buscamos a Dios o buscamos otra cosa? ¿Nos ocupamos de otra cosa? ¿Y por qué David hacía esto? El verso 5 y 6 dice que es Él el que me esconderá en su tabernáculo, o sea, en su presencia. Allí Él me esconderá en el día del mal. Yo voy a estar tranquilo allí. Él me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto, y luego levantará mi cabeza sobre mis enemigos.

¡Guau, hermanos! Esta ilustración de levantar la cabeza es muy, muy cierta para nosotros, porque lo primero que mucha gente ve de nosotros es nuestra cabeza hacia abajo cuando estamos mal. Incluso no solo nuestra cabeza, sino los fluidos nasales para abajo. ¿Se saben otra forma de decirlo? Pero Dios dice que Él se encargará de levantar nuestra cabeza y ayudarnos a ver que Él está con nosotros. Y el resultado final, dice él: "Y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo, y cantaré y entonaré alabanzas a Jehová."

Sigue siendo esto algo contraproducente: temor, amenazas, abandono de mucha gente. Yo busco a Dios como lo único importante, y Él levanta mi cabeza, contemplo su hermosura, y yo canto de júbilo. Recuerdo un momento así de unos dos hombres en la cárcel, oscura allí, abandonados. Y de repente, en medio de esa cárcel que nadie decía nada, seguros sufriendo, allí estos dos hombres comenzaron a cantar himnos. Pablo y Silas, encadenados y adorando a Dios en medio de una cárcel, sin esperanza de que alguien los sacara, solamente confiando en que Dios los tenía allí con un propósito.

¿Qué haces tú? ¿Qué hago yo el momento de temor? ¿Se producen estas cosas en nuestra vida, o estamos huyendo para otro lugar?

Yo voy a compartir ahora una breve experiencia que se relaciona con esta verdad de buscar a Dios en medio del temor y la oración que continúa. Ustedes conocerán, la mayoría de los que están aquí, que en nuestras vidas, Angélica y mía, nosotros en un momento específico de nuestra vida perdimos a nuestro primerísimo hijo. Y Dios nos dio la bendición de tenerlo nueve meses, pero después de nacido, a las 30 horas él falleció. Y fue algo que nos marcó profundamente, y yo sé que aquí hay algunos que han vivido esa experiencia, lo cual saben y me entienden.

Pero algo que no se nos olvida, hermanos, es que en esos primeros días, semanas y meses, Dios nos enseñó algo. Y es que los días que podíamos buscar a Dios, meditar en su Palabra, orar juntos, esos días nosotros teníamos fuerza para terminarlos bien. Los días que los afanes y las situaciones nos hacían alejar de buscar a Dios eran los más oscuros de nuestra vida. Terminaban con preguntas: "¿Por qué, Dios? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué así? Tú lo permitiste tenerlo tanto tiempo, ¿y ahora?" Y esos días eran de tinieblas. Pero cuando volvíamos a la Palabra, ella se convertía en lo que es: luz. Nos mostraba el Dios que consuela, nos mostraba al Dios que sostiene, nos mostraba el Dios que acompaña, nos mostraba el Dios que defiende, nos mostraba el Dios en que se puede confiar.

Hermanos, muchas veces nosotros entendemos que buscar a Dios en medio de situaciones de temor y ansiedad es una opción más, pero sinceramente eso es de vida o muerte. De vida o muerte.

Y por eso David, en su caminar de búsqueda de Dios, entonces desde el verso 7 al 12, él hace una de las formas de buscar a Dios. Y vamos a ver esa oración, ora a Dios. Esa oración, y vamos a ver solo dos cosas de esos versos 7 al 12. Él dice así: "Oye, oh Jehová, mi voz con que a ti clamo; ten misericordia de mí y respóndeme. Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira a tu siervo. Mi ayuda has sido; no me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. No me entregues a la voluntad de mis enemigos, porque se han levantado contra mí testigos falsos y los que respiran crueldad."

Dos cosas me llaman la atención en esta oración de David. Una, aquí yo veo un hombre de carne y hueso. En los primeros versos yo estaba diciendo: "¿Y qué es este hombre? Aunque viere ejército, yo confiaré. No importa quién se levante, yo no temeré". Y uno dice: "Sí, yo quiero eso". Pero ahora, cuando entramos en la búsqueda que David tiene en oración, vemos un hombre que se desespera, que quiere que Dios intervenga. Y él pide: "Oye, Jehová, yo clamo a ti, respóndeme, ten misericordia, no escondas tu rostro". O sea, yo no te siento cerca, no sé dónde tú estás. Es una oración sincera, mostrando su debilidad. "Señor, yo estoy inseguro. No me apartes con ira". O sea, que si tú me estás apartando y dejando aquí solo, tal vez es porque yo he cometido un pecado, estás airado contra mí, entonces me estás llevando lejos. "Señor, no me apartes, perdóname, confieso mi pecado". Incluso para los cristianos, ya Cristo absorbió esa ira. "Señor, por favor, no me dejes. Enséñame tu camino porque yo no sé qué voy a hacer. Guíame por rectitud. Tengo enemigos que están atacando mi fe, mi confianza, la vida de mi alma. Guíame para no pecar. No me entregues a esos enemigos, Señor".

Es una oración sincera, sensible, de un hombre débil como tú y como yo. Y así es la oración que debemos hacer nosotros. No es una oración orgullosa creyendo que lo sabemos todo, sino una oración que muestra mi debilidad ante un Dios que es el único que puede solucionarla. Esa es la primera característica de esa oración: él muestra su debilidad y pide a Dios que intervenga. "Levántate, júzgalos, sálvame".

Ahora, él lo acompaña con algo que muchas veces nosotros no hacemos, y es que David salpica la oración con afirmaciones de lo que Dios es. Verso 9: "Sí, respóndeme, óyeme, ten misericordia, pero tú has sido mi ayuda. No me dejes ni me desampares, Dios de mi salvación". Y pudiéramos seguir encontrando, incluso en el verso 13: "Hubiera yo desmayado si no creyera que veré la bondad tuya". O sea, hermanos, hay un equilibrio aquí entre lo que yo le pido a Dios que él haga y entre lo que yo afirmo que él es.

Y hay una gran realidad: cuando nosotros solamente oramos con la primera parte —Señor, dame, respóndeme, provéeme, ayúdame— y no incluimos lo que él es en esa oración, salimos igual que antes de hacerla. Pero cuando en una oración yo incluyo no solamente mis peticiones, mi debilidad, mi desesperación, sino también incluyo: "Señor, pero tú has sido fiel. Señor, pero tu palabra me dice que aunque el monte se mueva, yo puedo estar confiado", así puedo no solamente orar pidiendo, sino orar confesando lo que él es y ha hecho en mi vida, y puedo salir diferente, puedo salir confiado. Este es un ejemplo de oración que nos lleva a eso. Conoce a Dios, busca a Dios, recuerda lo que él ha hecho, ora a Dios de esta manera.

Y por último, espera a Dios. Yo voy a leer desde el verso 13 una vez más. Dice: "Hubiera yo desmayado si no creyese que veré la bondad de Jehová en la tierra de los vivientes. Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová".

Uno de los retos más grandes que Dios permite en nuestras vidas, en medio del temor, en medio de la duda, es: espera. Y David habla de esto diciendo: "Yo hubiera desmayado, yo me hubiera rendido, si yo no tuviera la esperanza de que yo voy a ver la bondad de Dios en esta tierra". Él no está diciendo que tiene la esperanza de que él va a acabar con todo el mundo. No, yo voy a ver tu bondad, ya sea que me quites el problema o ya sea que lo dejes. Yo tengo esa esperanza. Y por eso entonces él habla ya al público, que es donde va dirigida esta canción, y ahora sí: "Aguarda a Jehová; esfuérzate, y aliéntese tu corazón; sí, espera a Jehová".

Qué importante, hermanos, ahora ver que esta espera no es una espera resignada ni pasiva. Imagínate: "Dios permitió esto, hay que esperar". Esa no es la espera de la que la Biblia habla aquí. Dice: "Espera a Jehová, esfuérzate". O sea, que el ejemplo que nosotros vimos ahorita de este hombre contemplando a Dios y pidiendo que él sea lo único que busque, no es que este hombre iba a estar ahí simplemente sin hacer nada. Él iba a hacer lo que le tocaba hacer. Vemos a David peleando batallas. O sea, que si él tenía que pelear la batalla, la peleaba. Vemos a David haciendo cosas en medio de la espera. Nosotros estamos llamados a hacer lo que Dios nos pide en esos momentos.

¿Y qué es eso en este momento? Bueno, en este mismo pasaje, ¿qué es lo que debemos hacer? En la oración él estaba pidiendo: "Señor, enséñame tu camino, guíame", porque él iba a caminar, él quiere saber lo que va a hacer. Entonces es esfuérzate, es una espera activa en los caminos de Dios. Y aliéntese tu corazón. ¿Con qué voy a alentar mi corazón en la espera? Es con lo que él me ha mostrado de él y su Palabra.

Ahora, hermanos, yo siempre me hago preguntas de por qué Dios permite algunas cosas. Y en este texto yo podía preguntarme: "Señor, ¿por qué tu herramienta a veces favorita es la espera?" O sea, Señor, hay otra forma de mostrar. Pero mientras lo pensaba, me daba cuenta de que sin esa herramienta, sin esta última instrucción —espera a Jehová—, yo conocería a Dios superficialmente, el primer punto. Yo no buscaría a Dios con la intensidad que él espera, el segundo punto. Yo no recordaría sus obras, yo no oraría. Yo sería un cristiano como un niño malcriado, consentido.

¿Ustedes saben cómo son esos? Yo lo voy a poner aquí: están en el súper o en la tienda donde ellos se lucen. "Mami, yo quiero esto. Papi, yo quiero esto". Y el papá dice: "Sí, mi amor, te lo doy, no es problema". "Y yo también quiero esto". "No hay problema, eso también. Te lo voy a comprar". No hay espera para ese niño, no hay un no. Se le resuelve todo. Y este niño consentido piensa que papi tiene y él me da. Y si eso es lo único que conocemos de Dios —que si yo le pido él me da—, eso es bueno, porque él es un Dios que da y es un Dios que cuida de los suyos, pero eso no es todo de Dios.

La espera entonces me lleva a profundizar mi carácter, a madurar mi fe, para yo conocer a un Dios que no tiene límites. A un Dios que cuando dice "espera", también me dice: "Estaré contigo en la espera, te sostendré en la espera, te mostraré que yo soy fiel en la espera, te mostraré que yo hablo específicamente a tu necesidad en la espera". Wow, hermanos, ahí yo entiendo por qué a veces nuestro Dios, y muchas veces, decide usar la espera.

Porque si vamos a Hebreos 11, donde está la mejor definición de lo que es fe y confianza en Dios, es que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Sin espera no hay fe, hermanos. La definición es tan completa. Así que para que haya fe y confianza, Dios tiene que sazonarla con espera. Esto me ayudará a confiar en Dios.

Así que voy a terminar con un solo pasaje que se encuentra en Salmo 42:5, muy conocido, y tal vez ustedes pudieran responderme mientras lo leo: "¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios, porque aún he de alabarle, salvación mía y Dios mío". En ese Dios podemos confiar. Él es tu luz, él es tu salvación, él es tu fortaleza, él es tu ayuda. Y te manda a buscarlo.

Así que vamos a cerrar, hermanos, con una propuesta: ¿qué tal si oramos como David para cerrar hoy? ¿Se recuerdan de las cualidades? Yo voy a pedir sinceramente, como un hombre de carne y hueso, que yo necesito a Dios, que estoy desesperado incluso. Respóndeme, no te veo, actúa, levántate, sálvame. Por un lado. Pero voy a llenar esa oración con cualidades, atributos de este Dios que se me ha revelado y me ha mostrado quién es él. Y le voy a decir: "Tú eres fiel, tú no me abandonas, tú provees, tú me sostienes. Aunque todo el mundo me deje, tú me recoges". Puedes orar de esa forma hoy.

---

Esta es una producción que llega a ustedes gracias a los aportes de individuos y empresas comprometidos con la defensa de la fe. Para más información, preguntas y comentarios, visite nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. En esta página encontrará información sobre la producción de este y otros recursos que ponemos a su disposición, como también las formas en las que usted puede contribuir con la producción de programas como estos. Les invitamos nuevamente a visitar nuestra página de internet: www.integridadysabiduria.org. Será hasta la próxima, cuando nos reencontremos en satisfacción.

Joel Peña

Joel Peña

Joel Peña sirve como uno de los pastores de la Iglesia Bautista Internacional, donde también dirige el ministerio de consejería bíblica. Es ingeniero industrial con estudios de posgrado en Productividad y Calidad, y sirvió en su profesión por 13 años antes de dedicarse al ministerio pastoral. Completó un Doctorado en Ministerio en el Southern Baptist Theological Seminary. Está casado con Angélica Rivera y juntos tienen dos hijos, Samuel y Abigail.