La fe que satisface a Dios no es una fuerza que activamos con nuestras palabras, sino una confianza depositada en su carácter. Cuando Jesús maldijo la higuera estéril, no actuó por capricho: estaba representando el juicio sobre un judaísmo que lucía frondoso por fuera pero carecía de vida espiritual. Al día siguiente, cuando Pedro notó el árbol seco desde las raíces, Jesús aprovechó su asombro para enseñar sobre la oración, la fe y el perdón, temas que sus discípulos necesitarían dominar cuando él ya no estuviera físicamente con ellos.
Hay una relación directa entre la fe y el poder de la oración. La frase clave es "tened fe en Dios", no en nosotros mismos ni en nuestras experiencias. El poder no reside en la fe como tal, sino en aquel en quien la depositamos. Para confiar verdaderamente en alguien hay que conocerlo, y cuando revisamos el récord de Dios encontramos fidelidad con Israel durante cuarenta años de quejas, benevolencia incluso con los ninivitas, y un amor tan persistente que envió a su propio Hijo. Lo que conocemos de Dios determina cómo oramos y cómo esperamos.
Pero la oración eficaz también requiere un corazón reconciliado. El resentimiento hacia otros estorba los resultados de nuestras peticiones porque niega la cruz misma, donde Cristo perdonó a quienes lo crucificaban. La falta de perdón ignora lo que a nosotros se nos ha perdonado y nos coloca en posición de jueces. El pastor Núñez invita a examinar qué sentimos al ver a ciertas personas: si celebramos sus logros, si oramos por ellas con ternura, o si secretamente deseamos su quebranto.
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Bueno, el texto de Marcos 11:12-14 dice lo siguiente: "Y al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera con hojas, fue a ver si acaso pudiera hallar algo en ella. Cuando llegó a ella no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Y Jesús, hablando a la higuera, le dijo: 'Nunca jamás coma nadie fruto de ti.' Y sus discípulos estaban escuchando."
Habíamos visto este texto. Se presume que esto está ocurriendo el día lunes de esta semana que llamamos Semana Santa; el día de mañana hace unos dos mil años atrás. Jesús se acerca a una higuera, la encuentra llena de hojas —algunos textos dicen frondosa— y esa higuera frondosa no tiene higos. Se acerca con hambre, con la esperanza de encontrar algunos frutos en ella, y no encontrando frutos, Jesús la maldice y la higuera se seca. Algunos han tomado ese texto y han criticado y condenado a Jesús precisamente por haber esperado que una higuera le diera higos en un tiempo cuando Marcos dice que ni siquiera era el tiempo de los higos, y que Él pudiera haber hecho eso en un arranque de ira. Y sin embargo, como no conocen el resto de lo que la Palabra revela, no pudieron entender el significado de lo que Jesús estaba haciendo.
La higuera en el Antiguo Testamento es usada por varios profetas como símbolo de la nación de Israel. Y Jesús ahora está actuando; en vez de contarles una metáfora o una parábola, Jesús está actuando esa figura del habla, esa figura de comparación que llamamos metáfora. Y en esencia se acerca a ella de la misma forma que Él se ha acercado al judaísmo del primer siglo y se está acercando al templo, el cual está a punto de limpiar. Ha revisado, inspeccionado las vidas de los líderes de ese judaísmo de entonces y no ha encontrado sino frutos. Y Jesús, con esto que está haciendo, está representando de qué manera Él está pasando juicio sobre el templo, juicio sobre el judaísmo, y lo está haciendo porque precisamente no ha encontrado ningún fruto. Lo ha encontrado desprovisto de toda vida espiritual, y aunque lucía —el templo lucía frondoso, pudiéramos decir, desde afuera con su majestad y todo el tamaño que tenía y toda la belleza que es descrita— en su interior no había vida.
Por tanto, Jesús entonces procede a hacer esto para que les sirva de enseñanza, una vez ellos lo entendieran en días posteriores, de qué era exactamente lo que les estaba haciendo en aquel momento. Jesús estaba consciente de que ese pueblo decía adorar al Dios verdadero, en el lugar verdadero, con los sacrificios verdaderos, a través de la revelación verdadera de Dios; y sin embargo, todo el tiempo solamente hacían esas cosas de labio, porque su corazón estaba muy lejos de Él.
Él hace esto y procede a entrar al templo, confronta el negocio, los mercaderes en el templo, tumba las mesas, expulsa algunos de ellos en su reacción contra el pecado, en medio de la santidad que invadía todo su ser. Y el texto de Marcos nos dice que al final de ese día Jesús se retiró a Betania a descansar, pasó la noche en Betania, donde probablemente iba —según las especulaciones, porque no tenemos certidumbre— con frecuencia quizás a la casa de Marta, María y Lázaro, que eran de Betania.
Y con eso entonces vemos lo que ocurre el día siguiente después de esa noche de descanso, el versículo 20 de Marcos 11: "Y por la mañana, cuando pasaban, vieron la higuera seca desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: 'Rabí, mira, la higuera que maldijiste se ha secado.' Y Jesús respondió diciéndoles: 'Tened fe en Dios. En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido. Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas. Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras transgresiones. Pero si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras transgresiones.'"
Parecería como un cheque en blanco que Dios ha firmado para que nosotros lo llenáramos. ¿Pero es eso realmente lo que Cristo está tratando de comunicar?
Comencemos con el asombro de Pedro. Al día siguiente van pasando, ya van de regreso probablemente a Jerusalén desde Betania, van pasando, Pedro nota la higuera, la ve seca desde sus raíces, y a Pedro le llama la atención. Pero no había entendido aún lo que Cristo estaba significando con esto: que el judaísmo de ese primer siglo quedaba atrás. Y quedaba atrás en primer lugar porque el tiempo se había cumplido y ahora el foco de atención no sería el templo, sino sería Jesús, el templo viviente. E iba a quedar atrás porque esa era la hora del juicio de esa religiosidad sin vida que había convertido la ley moral de Dios —perfecta como es— en meras reglas de hombres.
Y ahora Cristo, con esto, estaba simbolizando y haciéndose eco de palabras que Lucas registra en 3:9, tempranamente, al comienzo de su ministerio, cuando dice: "Y también el hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego." Con esas primeras palabras, Lucas nos deja ver que el tiempo del juicio se acercaba hasta el punto que el hacha, que ya estaba puesta a la raíz del árbol, iba a terminar entonces cortando el árbol y echándolo al fuego, precisamente porque el árbol no había dado fruto. Y ahora nosotros nos encontramos a Jesús secando la higuera desde sus raíces por la ausencia de frutos en ella.
Pedro está sorprendido y le dice: "Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado desde su raíz." ¿Qué sorprendió a Pedro? El texto no nos lo explica, pero meditando sobre eso, no creo que a Pedro le haya sorprendido el milagro o el poder que Jesús pudiera tener. Pedro había visto a Jesús devolverle la vista a ciegos. Pedro había visto a Jesús devolverle la función a órganos inferiores, extremidades inferiores o superiores a cojos, a mancos. Pedro había visto a Jesús resucitar a Lázaro. Pedro había podido estar en aquel lugar donde Lázaro ya hedía.
Y sin embargo, ahora está viendo una higuera que estaba viva y ahora está muerta, y él parece un tanto sorprendido. Y yo creo que quizás es que este es un tipo de milagro que Pedro no había visto. Pedro había visto gente pasar de una situación peor a una mejor; había visto a Lázaro pasar de una condición de muerte a una de vida. Pero no había visto nunca un milagro que resultara en algo que estaba bien, frondoso, y terminar en la muerte. Esta es la primera vez; esta es de hecho la única vez. Y quizás eso llamó la atención de Pedro.
Jesús aprovecha ese momento en que Pedro parece asombrado. Y la respuesta de Jesús al asombro de Pedro es un tanto extraña, porque la respuesta de Jesús tiene que ver con la vida de oración, la vida de fe y el perdón de pecados o de transgresiones de otros que han cometido contra nosotros. Y yo creo que vale la pena preguntarnos cuál es la razón de una enseñanza que parece extraña en el contexto en que esto está ocurriendo.
Nosotros no podemos olvidar, no podemos desconectar, despegar lo que está ocurriendo de cuándo está ocurriendo. Esto es en día martes de la semana en que Jesús va a morir en un par de días, si fuéramos a colocarlo en el tiempo en que estamos ahora mismo. En poco tiempo, Jesús no estaría con ellos. De tal forma que la vida de oración, cuando Él ya no estuviera presente para consultar con Él, sería una cosa vital.
De hecho, esa falta de oración fue y continuó siendo en el pueblo de Dios —y lo fue en medio de sus más cercanos discípulos— el tendón de Aquiles. En el Getsemaní, después de tres años de entrenamiento, Cristo se queja con ellos porque no pudieron velar tan siquiera una hora, y entonces les dice: "Velad y orad para que no entréis en tentación." De eso es que Él les quiere hablar ahora: acerca de la vida de oración.
Pronto las persecuciones comenzarán, y llegaría un momento en que ellos tendrían que confiar en un Cristo ausente. Y esa confianza iba a estar dictada por la fe que ellos pudieran desarrollar, de tal manera que Cristo no tuviera que volver a repetirles desde los cielos "hombres de poca fe", como habían testificado ellos con sus vidas. Y cuando esas persecuciones llegaran y los rechazos comenzaran, las familias no quisieran recibirlos y los vituperios ocurrieran, ellos tendrían necesidad inmensa de poder perdonar a aquellos que estaban obrando contra ellos.
Quizás esas son las razones por las que Cristo aprovecha este momento para hablarles de lo que es la vida de oración, la vida de fe y la necesidad de perdonar a otros, y unir todas esas cosas y enseñar la relación que cada una de ellas guarda con la otra.
En el resto entonces del tiempo que nos queda, yo quiero básicamente exponer a partir de este texto dos principios que Cristo enseña con claridad. Número uno: hay una relación directa entre mi fe y el poder de mi oración. Hay una relación directa entre mi fe y el poder de la oración. Escucha cómo Cristo lo enseña: "Tened fe en Dios" —por ejemplo, versículo 22— "En verdad os digo que cualquiera que diga a este monte: Quítate y arrójate al mar, y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido. Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas."
Walter Wessel, en su comentario sobre Marcos en la serie del Expositor's Bible Commentary, dice lo siguiente: "La fe que Marcos 11:23 menciona es una fe que ora. La oración es la fuente de su poder y el instrumento de su fortaleza. La omnipotencia de Dios es la única certeza y la soberanía de Dios es su única restricción." Eso es exactamente lo que este autor está tratando de decirnos.
En primer lugar, él nos está comunicando que la fuente del poder de la fe depositada en Dios es la oración. En segundo lugar, que la certeza de mi oración descansa en la omnipotencia de Dios. Y en tercer lugar, que lo que restringe mi oración es la soberanía de Dios. De tal forma que dentro de lo que es su soberanía hay una acción de oración que yo debo ejecutar o hacer o llevar a cabo, pero que está teniendo un marco de referencia, y ese marco de referencia lo constituye precisamente el propio carácter de nuestro Dios.
Es interesante que cuando Cristo quiere enseñarles acerca de la oración en esta ocasión, él comienza con esta frase: tened fe en Dios. Sin eso, todo lo demás es una imposibilidad, porque sin fe es imposible agradar a Dios. Una de las maneras como nosotros podemos agradar a Dios es a través de nuestra vida de fe. La Palabra de Dios de forma repetitiva nos enseña que aún después de nacer de nuevo nosotros podemos agradar y desagradar a Dios. Cuando Pablo le escribe a los tesalonicenses en el capítulo 4, él les habla y les dice que ellos deben vivir de una forma que agrada a Dios. El autor de Hebreos 13:16 nos habla que Dios se agrada cuando hacemos el bien, y el mismo autor de Hebreos en 11:5 nos habla de que Enoc caminó con Dios y Enoc agradó a Dios. De manera que nosotros tenemos por un lado enseñanzas repetitivas de formas y cosas que pueden agradar a Dios en nuestras propias vidas, y del otro lado de la moneda, la otra cara nos enseña que nosotros también podemos desagradar a Dios.
Mi pecado puede desagradar a Dios tanto que entristece al Espíritu Santo, Efesios 4:30. Cuando David hizo un censo de la nación, 1 Crónicas 21:7 nos dice que eso desagradó a Dios. Cuando David se llevó a Betsabé para su casa, después de haberle quitado la vida a Urías, 2 Samuel 11:27 nos dice que eso que David hizo desagradó a Dios.
Pero ahora el autor de este Evangelio, Marcos, nos está ayudando a ver algo que el autor de Hebreos nos dice: complacer a Dios sin fe es imposible, agradar a Dios sin fe es imposible. Y Cristo entonces, hablando e inspirando a través de su Espíritu a Marcos, nos comienza a hablar de la oración con esta frase: tened fe en Dios, sin la cual es imposible agradar a Dios. Yo creo que la frase clave de todo el pasaje, sin la cual nosotros no podríamos entender el pasaje, es esa: tened fe en Dios. Y de esa frase yo creo que dentro de ella hay otra frase clave, y es "en Dios".
El autor no nos dice tened fe en vosotros, no nos dice tened fe en vuestra experiencia, tened fe en lo que han aprendido del Señor aunque esa era su revelación y debíamos tener fe en su Palabra, pero el conocimiento per se no nos garantiza el resultado de la fe. El autor no nos dice tened fe en los hombres, no nos dice tened fe en el destino, tened fe en que todo eventualmente va a cooperar para bien. No, la fe depende del sujeto en quien yo la deposite, y en este caso el sujeto es Dios. Tened fe en Dios, ahí está la frase clave, dentro de la cual hay otra frase clave que es "en Dios".
Eso es importante que nosotros lo podamos entender porque en nuestros días hay muchos enseñando que la fe es una fuerza, y es una fuerza que tú activas cuando tú hablas, cuando tú proclamas y cuando tú pisas. Hay muchos enseñando que tú puedes activar ángeles, y tú los escuchas diciendo "yo activo ángeles", como si hubiesen estado desactivados o en retiro. Eso puede ser superstición, puede ser Nueva Era, pero cristianismo no es. Que Dios tenga misericordia de ellos como ha tenido misericordia de nosotros. La fe no tiene poder; el poder está en el sujeto en quien la fe ha sido depositada, y en este caso es Dios.
Yo necesito ahora entender lo que la fe es, porque Cristo va a enseñar acerca de la oración pero parte con la vida de fe: tened fe en Dios. Y para ello yo creo que debemos volver a la misma Palabra, la Palabra interpreta la Palabra. Si quieres una definición de la fe, lo mejor que puedas hacer es tratar de encontrar lo que la Palabra dice acerca de la fe. Y el autor de Hebreos en 11:1 nos ayuda grandemente cuando dice que la fe es la certeza de lo que se espera y la convicción de lo que no se ve. Usted conoce el pasaje igual que yo. De manera que la fe no es una creencia, no es un sentimiento, es una certeza, es una convicción, es una confianza depositada en alguien.
Y para ayudarnos a entender un poco más lo que eso es, entonces sería bueno explorar un poco el significado de la palabra confianza, porque eso es una confianza depositada en alguien que viene acompañada de una cierta certidumbre. Uno de los diccionarios consultados define la confianza como una creencia de que alguien es confiable, bueno, honesto y efectivo. Si tú unes esas ideas, entonces pudiéramos decir que cuando Jesús dijo tened fe en Dios, él estaba diciéndonos en esencia: tened la convicción y la certeza de que Dios es bueno, es confiable, es veraz, es justo, y en su omnipotencia y omnisciencia y en su bondad siempre obrará aquello que no solamente trae gloria a su nombre, pero trae bien a vosotros.
Pero para tener confianza en alguien, piensa por un momento lo que tú has requerido para tener confianza en alguien. Tú tienes que conocerlo, tú tienes que caminar con esa persona, y caminar por un tiempo para llegar a conocerlo, y tú tienes que conocer el récord histórico, por así decirlo, de esa persona. Imagínate a alguien que te recomienda un administrador y ese pastor dice: "Estoy recomendando a Fulano de Tal como administrador de la iglesia, tiene un PhD en economía, un excelente técnico, pero yo solamente quiero que usted haya percibido de que él tiene tres trabajos donde lo han cancelado por la malversación de fondos." ¿Cuánta fe tendríamos nosotros en alguien tan preparado pero con tan pobre récord histórico?
Pero cuando tú revisas el récord de Dios, tú encuentras que entre otras cosas, solamente unas pinceladas, Dios ha sido benevolente aún con los ninivitas, una cultura, una civilización conocida por ser altamente sanguinaria, y con ellos Dios fue benevolente. Cuando tú revisas su récord, tú encontrarás que Dios fue fiel a su pueblo por 40 años en el desierto, a pesar de sus quejas, a pesar de sus rebeliones. Tú encuentras en el récord de Dios que él, cuando vio a Adán despegarse y a los descendientes de Adán caminar cada vez más lejos de él, él comenzó a enviar un profeta tras otro tratando de volver a ese hombre a su camino. Y cuando ellos no hicieron caso a ninguno de esos enviados, y después que muchos de ellos terminaron muertos por el mismo pueblo, Dios tomó a su Hijo y nos envió a su Hijo, y le permitió a su Hijo cursar la misma historia del resto de los profetas, terminando en la muerte en un madero clavado, y desde allí pudiendo decir: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen."
A la hora de orar, lo que yo conozco acerca de Dios, lo que yo conozco acerca de su carácter, va a afectar la manera como yo oro, va a afectar la confianza con la que yo me acerco, y va a afectar la manera como yo espero. Lo que yo conozco acerca de Dios afecta la manera como oro, la confianza con la que me acerco, y la manera como yo espero en lo que oro hasta que mi oración es respondida.
Nuestra falta de fe tiene mucho que ver con nuestra falta de conocimiento. Mi pueblo perece por falta de conocimiento. Y nuestros temores e inseguridades revelan nuestra falta de fe. Con frecuencia, cuando Jesús encontró a los discípulos atemorizados, la próxima reacción verbal de Jesús hacia ellos fue: "Hombres de poca fe." Jesús conecta directamente el temor de los discípulos con la falta de fe en ellos. Y ahora, a pocos días de ser crucificado, Jesús comienza esta enseñanza diciendo: tened fe en Dios.
Nuestros labios frecuentemente confiesan lo que nuestra mente conoce, pero nuestros temores e inseguridades revelan nuestra falta de fe o nuestra incredulidad. La paz que nosotros experimentamos, el grado de paz, la calidad de la paz que experimentamos en la vida, son reflejo también de cuánto yo he podido confiar en nuestro Dios. Nosotros tenemos más o menos una paz buena cuando las cosas van más o menos bien. Nosotros tenemos una buena paz cuando las cosas van bien, más o menos paz cuando van más o menos, y nosotros perdemos la paz cuando las cosas no van conforme a mi diseño o conforme a mi dirección. Esa es nuestra tendencia humana, pero Dios nos deja ver de forma clara que hay una relación directa entre mi paz interior y mi confianza en Dios.
Escucha al profeta Isaías 26:3 expresar esto de forma definida. Escucha ahora: "Guardarás en perfecta paz" —no simplemente en paz, pero en perfecta paz— pero, ¿por qué, Isaías? "Porque en ti confía. Al que tiene un propósito firme tú guardas en una paz que es perfecta", y la razón de la perfección de la paz es que en ti ha confiado. Natán ya nos habló de esto a través del tiempo de adoración: bendito es aquel que en ti confía. Aquí está otra vez expresado a través del profeta: la paz del creyente y la confianza en Dios están íntimamente relacionadas.
Esta es la última semana de Jesús. Quedan un par de días para llegar a la cruz. Los discípulos necesitan desarrollar confianza en el carácter de Dios. Ellos tenían confianza en la persona física de Jesús, que podía calmar los vientos con solamente abrir su boca, pero esa persona no iba a estar ahí físicamente. Ellos van a necesitar una confianza depositada en el carácter de Dios. Y para comenzar a desarrollar, o continuar desarrollando, esa confianza que los pudiera sostener en medio de la persecución y en ausencia de Cristo, Él ahora pasa y les cuenta una hipérbole.
Una hipérbole es una figura del habla —hemos hablado de esto en otras ocasiones— que exagera algo con la intención expresa de enfatizar ese algo. No es una mentira. El que escucha la hipérbole sabe que no le están mintiendo. Cuando alguien usa una expresión que pudiera hacer algo como: "¿Y qué tan alto era ese árbol?", y entonces: "Bueno, ese árbol llegaba hasta las nubes", tú no piensas que te están hablando mentira. Tú entiendes perfectamente que eso era un árbol sumamente alto, y esa era una expresión hiperbólica para comunicarte eso. Bueno, ahora Jesús usa una hipérbole para comunicar algo que ellos necesitan entender.
Escucha, versículo 23: "En verdad os digo..." Esa frase "en verdad" es clave. En ocasiones Cristo dice "en verdad, en verdad os digo": prestar atención, prestar atención. Pero con el simple hecho de decir "en verdad os digo", ya hay un llamado a la atención especial para esto que va a seguir. "...que cualquiera que diga a este monte: 'Quítate y arrójate al mar'" —escucha otra frase clave— "y no dude en su corazón, sino crea que lo que dice va a suceder, le será concedido."
¿Qué es lo que Cristo está tratando de transmitir? La montaña es un símbolo, es un símbolo de dificultades, algo grande, es algo que yo no puedo mover, es algo que yo no puedo hacer. Y Cristo está usando ese símbolo para decirme que cuando yo deposito mi fe en Dios, ese Dios es capaz de hacer aquello que para mí es imposible, aquello que yo no puedo mover, aquello que yo no puedo conseguir. Mi Dios lo puede llevar a cabo, lo puede realizar.
Tener confianza, tener fe en Dios. Hay requisitos para mover esa montaña. Número uno: confianza en Dios. Número dos: que no dude en su corazón. La duda es una manifestación de nuestra falta de confianza —escucha dónde— en el carácter de Dios. Jesús contrasta la fe con la duda. La duda cuestiona y a veces niega el carácter de Dios. La fe afirma el carácter de Dios. Déjame decirlo otra vez: la fe afirma el carácter de Dios; la duda cuestiona y a veces niega el carácter de Dios.
Esto es, como dicen en inglés, "serious business". Esto es algo serio, y yo quiero que en esta mañana nosotros podamos verlo de esa manera. Porque si bien es cierto que la duda es una condición humana de nuestra condición caída, el hecho de que sea natural de nuestra naturaleza caída no lo hace bueno y válido, sino que es algo que necesita desaparecer de nosotros en la medida en que Cristo nos va santificando. De ahí la expresión recurrente de Cristo: "Hombres de poca fe."
Escucha cómo Santiago nos ayuda a entender la seriedad de la duda. Santiago 1:6: "Pero que pida con fe" —nota que es el mismo contexto, el de Santiago que el de Cristo: es pedir, orar, y es con fe— "que pida con fe, sin dudar" —el mismo contexto—. Cristo me está enseñando aquí que yo tengo que confiar en Dios y que no dude en su corazón. Santiago me está diciendo: pide con fe, sin dudar. ¿Por qué? "Porque el que duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una parte a otra." Hasta ahí voy entendiendo que el que duda es como un vaivén: cree en un momento, no cree en otro momento, es como la ola del mar.
Pero ahora, en el versículo que sigue, hay unas palabras que yo no sé si cuando tú las escuches tendrán o caerán sobre tu mente y sobre tu corazón con el mismo peso que caen sobre el mío cada vez que yo leo este pasaje. Escúchalo otra vez. Versículo 6: "Pide con fe, sin dudar, porque el que duda es semejante a las olas." Y luego versículo 7: "No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor." Santiago, pero ¿por qué tan severo? "No piense ese hombre..." Nota el absolutismo de esa fraseología: "No piense ese hombre que recibirá cosa alguna del Señor."
Pastor, pero no entiendo. No entendemos porque nosotros no entendemos lo que la duda significa. La duda es desconfianza, el cuestionamiento sobre el carácter de Dios. Estamos tan acostumbrados a dudar y vivir de esa manera, que la duda en el carácter de Dios, en su soberanía, a nosotros no nos parece tan seria. Pero si tú verdaderamente crees que Dios es bueno, ¿pensarías tú que le pedirías a Dios que le diera pan a tu hijo y que Él te daría una piedra? ¿Y le pedirías que le diera pescado y que Dios te daría una serpiente? Esas son las palabras de Jesús cuando enseñaba sobre la oración en otra ocasión: "¿Qué padre le daría a su hijo una piedra por pan? ¿Qué padre le daría a su hijo una serpiente por pescado? Y si vosotros, que tenéis corazones malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más Dios vuestro Padre!" ¿Recuerdan esas palabras?
Si Dios es soberano, está en control de toda la circunstancia que pudiera llegar a mi vida, ¿por qué temer a la adversidad? La adversidad es una de esas materias obligatorias en el currículum de Dios que viene "custom made", hecho a la medida. Mi adversidad no es la tuya, tu adversidad no es la mía, pero mi adversidad tiene el propósito de formar la imagen de Dios y de quitar de mi imagen aquello que no se conforma a la imagen de Cristo. De tal forma que mi adversidad viene con mi nombre, y hay otras adversidades que dicen "a quien pueda interesar". Si crees que Dios es justo, ¿pensarías tú que no está escuchando tu clamor y respondería con justicia? Es la razón por la que la duda es más seria de lo que nosotros pensamos, y es la razón por la que en medio de una tormenta Jesús reprende a sus discípulos y les llama "hombres de poca fe", hombres que aún no han confiado en el carácter de Dios.
Lo que yo creo de Dios determina cómo yo oro y determina cómo yo espero. Lo que yo creo de Dios determina cómo yo oro y determina cómo yo espero.
Jesús continúa su enseñanza, y lo hace de una manera que algunos han tomado este texto y lo han distorsionado por completo. Escucha lo que ha dicho en el versículo 24: "Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas." "Todas las cosas por las que pidáis y creáis les serán concedidas." Ese es el versículo, o uno de los versículos, que aquellos que siguen la doctrina del "proclámalo y recíbelo" distorsionan.
Escúchalo otra vez: "Por eso os digo que todas las cosas por las que oréis y pidáis, creed que ya las habéis recibido, y os serán concedidas." Esto es una forma semítica, una forma hebrea de hablar, que expresa la certidumbre que el que habla tiene en aquello que espera. Y para expresar esa certidumbre, lo expresa en tiempo pasado, y de ahí entonces que dice "creed que ya las habéis recibido." Tiene un contexto cultural, una forma. Y cuando Cristo hablaba de esta manera —que pida en verdad y que le será dado— Cristo tenía en mente su reino, su gloria, su nombre, su voluntad. Pero cuando aquellos que son seguidores del evangelio de "proclámalo y recíbelo" hablan de este versículo, tienen en su mente sus ambiciones mundanas y sus deseos egoístas. Son dos enfoques completamente distintos, y por tanto los cheques lucen diferentes. El cheque firmado por Dios para que tú lo llenes luce de una forma para uno y luce de otra forma para el otro.
Resumiendo, para los que envían constantes por Twitter: Número uno, la fe es la confianza depositada en el carácter de Dios. Número dos, la oración es el instrumento por medio del cual expreso mi fe. Número tres, mis dudas y mis temores reflejan mi falta de fe. Y número cuatro, mi falta de fe afecta mi vida de oración y los resultados de la oración.
La copio una vez más para aquellos de nosotros que son un poco más lentos, como yo: La fe es la confianza depositada en el carácter de Dios. La oración es el instrumento por medio del cual expreso mi fe. Número tres, mis dudas y mis temores reflejan mi falta de fe. Y mi falta de fe afecta la vida de oración y los resultados de la oración.
Una vez Cristo termina de hablarles de esas cosas, Él pasa a hablarles de algo que es como una sorpresa para ellos, y aún para nosotros, al leerla, porque en primera instancia no parece guardar ninguna relación con lo que les acaba de decir. Y Él asume ahora entonces mi principio número dos, que es este: hay una relación directa entre el poder de mi oración y el estado de mi reconciliación con los demás. Hay una relación directa entre el poder de mi oración y el estado de mi reconciliación con los demás.
Versículo 25: "Y cuando estéis orando..." ¿Te das cuenta que el contexto es oración? Versículo 25...
Está en oración todavía, no ha salido del tema. "Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone vuestras transgresiones." Es como si Cristo estuviera diciendo: cuando estás orando y te acuerdes de que tienes algo contra alguien, perdónalo ahí mismo y no continúes orando.
Lo cual es muy similar a la enseñanza de Cristo cuando hablaba de que si vas al templo y vas a ofrendar, y al ir a ofrendar te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, ¿qué es lo que Él dice? Que te detengas, no ofrendes, no lo deposites, devuélvete, ve a la persona, reconcíliate con tu hermano, ahí está el perdón, y luego regresa. Esto es en cuanto a la ofrenda, que es una forma de adorar a Dios. Y ahora le está diciendo lo mismo en otro contexto, con otra forma de adorar a Dios, que es mi vida de oración: "Y cuando estéis orando, perdonad si tenéis algo contra alguien."
Y lo primero me lo dice en la forma positiva. Es: escucha, perdonad si tenéis algo contra alguien, es la forma positiva, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone, ahí está la forma positiva, vuestras transgresiones. Pero como Dios sabe que nosotros somos expertos en decir "no entendí, no entiendo, yo no sé, yo no entiendo a Dios, no me la llevé", buen dominicano, para que entonces no quede ninguna duda, de vez en cuando Dios nos dice la cosa en la forma positiva y nos la remacha en la forma negativa. Es como: aquí está la moneda, te la voy a poner de un lado, y ahora te voy a dar la moneda para que la veas del otro lado.
Aquí va la forma negativa de decir la misma cosa, el versículo 26: "Pero si vosotros no perdonáis," lo negativo, "tampoco vuestro Padre que está en los cielos perdonará vuestras transgresiones." ¿Lo entendiste? ¿Cuál es el contexto? Oración. Y cuando estéis orando, mi resentimiento, falta de perdón, afecta, estorba mi vida de oración o sus resultados.
Pero no entiendo, pastor, ¿tú piensas que el resentimiento es pecaminoso? Claro, es inicuo. Claro. Pues escucha al salmista lo que dice en Salmo 66:18, escucha a Dios a través del salmista: "Si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará." No me escuchará. Tiene que ver con oración. Iniquidad en mi corazón tiene que ver con pecado que yo he rehusado dejar ir, confesar, arrepentirme, ir donde Dios con él.
De manera que ahora nosotros tenemos un mejor entendimiento, no completo, pero un mejor entendimiento de cómo la oración es. Mis oraciones, las respuestas a mis oraciones, dependen de la voluntad de Dios, de la soberanía de Dios que la restrinja, la gracia de Dios, la fe que hayamos depositado en Dios, mi vida de obediencia, pero también dependen de un corazón perdonador.
Las verdades de Dios son multifacéticas. Las verdades de Dios expresadas en la Biblia no pueden ser vistas nunca de un solo lado. Tienen múltiples aristas de donde yo puedo verlas y afirmar, con relación a la misma cosa, otra vertiente de esa misma verdad. Y en este caso, la oración es una de ellas. Mi falta de perdón estorba los resultados de mi oración.
Ahora, a nosotros nos parece un poco exagerado, porque una vez más nosotros nos hemos acostumbrado a vivir tan frecuentemente con falta de perdón, con resentimiento, con molestias e irritaciones hacia los demás. Y por eso entonces a nosotros no nos parece justo eso de que si yo no he perdonado a otro, mi Padre tampoco me perdone a mí, y de que mi vida de oración se ve afectada. Pero nosotros tenemos que entender otra vez la importancia y el peso de lo que es el resentimiento a la luz de todo lo demás que la Palabra revela.
Mi falta de perdón hacia otros niega la cruz. Niega la cruz de Cristo, que se colgó en un madero, y como yo decía anteriormente, desde el madero, hacia aquellos que lo ofendieron, lo vituperaron, lo escupieron, y otras cosas más, Él supo decir: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen." Su oscuridad es tan densa, su corazón es tan duro, que ellos no pueden entender aquello que están haciendo contra mí. Eso es lo que Cristo está haciendo desde la cruz.
Él está tratando con ternura a aquellos que se le opusieron, por si acaso Dios les concede el arrepentimiento para que puedan escapar del lazo del diablo que los tiene cautivos para hacer su voluntad. Y eso es 2 Timoteo 2:25-26, excepto que esta vez no son letras, sino un hombre colgado en un madero que lo está viviendo, tratando con ternura, tiernamente, a aquellos que se oponen, por si acaso Dios les concede el arrepentimiento.
Mi falta de perdón niega la cruz. Mi falta de perdón ignora lo que a mí se me ha perdonado y pone de manifiesto el Jonás en mí, que no creía que los ninivitas merecían el perdón, pero para él sí. Y nosotros entonces ponemos otra vez en acción el Jonacito en mí, o el gran Jonás. Mi falta de perdón desconoce, pasa por alto, la obra de Cristo en ese otro, sobre todo como tiene que ver con mi hermano, y pasa por alto no solamente la obra de Cristo en él, sino la obra de Cristo a través de él, y preferimos desconocerlo. Mi falta de perdón me coloca a mí en una posición de juicio. Mi falta de perdón me convierte en el estándar por medio del cual las acciones de los demás son juzgadas.
A veces, hermano, nosotros rehusamos conscientemente el perdonar a otros, y estamos conscientes de eso que estamos haciendo. Y cuando alguien viene y nos confronta, somos capaces de decir: "Yo sé, estoy en falta, yo tengo que hacer eso." Pero mi experiencia no es mucha, pero es la mía, y me ha ido demostrando que la mayoría de las veces no es ahí donde nosotros estamos. La mayoría de las veces nosotros tenemos algo contra el otro, resentimiento contra el otro, y lo ignoramos.
Y lo que yo quiero hacer, en la medida en que yo traigo este mensaje hacia su cierre y hacia su conclusión, es ayudarte con varias preguntas que tú necesitarías contestar en tu interior para que puedas reconocer si realmente estás ahí o no. Pero la mayoría de nuestro malestar real contra alguien es inconsciente más que consciente. El malestar es consciente, pero la implicación del malestar, que es falta de perdón, es inconsciente.
Comienzo con la primera pregunta: ¿Qué sentimiento tú experimentas al ver a esa otra persona? ¿Agrado, rechazo, molestia e irritación, ira, celos, envidia? ¿Deseas ignorarlo o te gozas con verlo?
Cuando esa otra persona pasa por una dificultad, ¿me duelo con él, o pienso "qué bueno, él necesitaba eso, él necesitaba esta experiencia"? La Palabra de Dios nos llama a llorar con los que lloran, llorar con los que están en piezas, llorar por Jerusalén, y a celebrar cuando algo es digno de celebrar, con el que celebra.
Cuando esa persona es promovida en el trabajo, ¿celebro su promoción, le cuento a otros que han promovido a mi amigo, a mi compañero? Cuando esa persona es reconocida por su labor, ¿doy gracias a Dios por su trabajo, que Dios lo ha capacitado para hacer, o me digo a mí mismo: "Eso es porque no lo conocen como yo; si lo conocieran por dentro, él tiene su música por dentro"? Como si mi banda no estuviera tocando.
¿Deseo ver a esa otra persona, o más bien deseo no verlo? Cuando voy a un lugar y pienso que José puede estar ahí, ¿pienso "qué bueno, si veo a José", o voy pensando "sería mejor que José no estuviera"?
¿Oro por esa persona, lo bendigo en oración, o mis oraciones son más bien imprecatorias, donde le pido a Dios que lo quebrante y lo triture porque él necesita ser aplastado para su bien y su vida de santidad? "Tú sabes, Dios, que eso no es para mal, sino para bien. Yo pienso igual que tú, que todo va a cooperar para bien, pero necesita este aplastamiento de parte tuya." O le digo a Dios: "Padre, concédele el arrepentimiento, y te lo pido con ternura en el corazón, por si acaso tú le concedes el arrepentimiento y él o ella pueda escapar del lazo del diablo que lo tiene cautivo para hacer su voluntad."
¿Te das cuenta de la diferencia entre un corazón enfermo hacia alguien y un corazón sano hacia alguien?
Pero la falta de perdón hace que pecados míos no sean perdonados. Y obviamente no estamos hablando de pecados que me llevan a la perdición; Cristo pagó por mi pecado. Pero hay consecuencias temporales de mis malas acciones que no son levantadas, a menos que ese perdón temporal que yo necesito sea concedido después de un arrepentimiento real delante de Dios.
Imagina que hayamos reflexionado sobre estas cosas y al final del día nos vayamos a nuestras casas con el mismo resentimiento con el que vinimos, o el resentimiento que descubrimos al ser expuesto el texto que expuso mi corazón.