La confianza en la soberanía de Dios no es solo una doctrina que se afirma con la boca, sino una realidad que transforma la manera de vivir, orar e interpretar las circunstancias. Cuando Pedro y Juan salieron de la cárcel y contaron a la iglesia las amenazas recibidas, la respuesta de aquellos creyentes no fue el temor, la división ni la búsqueda de estrategias humanas. Unánimes, alzaron la voz a Dios reconociéndolo como Señor, Creador del cielo y la tierra, revelador de las Escrituras e hilador de la historia. Esa iglesia primitiva entendió que Herodes, Pilato, los gentiles y los judíos, al crucificar a Cristo, solo cumplieron lo que la mano y el propósito de Dios habían predestinado desde la eternidad.
Dios entretejió cuatro mil años de historia —imperios, lenguas, caminos— para que todo convergiera en el Gólgota en la plenitud del tiempo. La cruz no fue un accidente sino el clímax de los planes divinos, y del mismo modo, nada en la vida del creyente escapa a esa providencia. Conocer a Dios así cambia la oración: aquellos discípulos no pidieron que Dios destruyera a sus enemigos ni les quitara las dificultades, sino que les diera denuedo para seguir proclamando la Palabra. El resultado fue un temblor que confirmó que Dios había escuchado, la llenura del Espíritu Santo y una valentía renovada para hablar sin temor.
El grado de paz con que alguien vive está directamente relacionado con cuánto confía en la soberanía de Dios. Cuando el creyente recuerda quién controla las maquinaciones de los hombres, el corazón se aquieta. Como dice el Señor: "No temas, porque yo te he redimido; mío eres".
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Los invito a abrir la palabra de Dios en el capítulo 4 del libro de los Hechos. Vamos a estar leyendo a partir del versículo 23, ahí nos quedamos la vez anterior, y vamos a leer hasta el versículo 31. En el tiempo anterior la vimos hasta el 35, pero me di cuenta que no pudimos descubrir hasta allá, de manera que nos quedamos en el 31, desde el 23.
Confianza en la soberanía de Dios es el título de mi mensaje, y es una palabra que muchos de nosotros hemos escuchado, hemos leído: soberanía. Que muchos no entienden, que otros que dicen entenderla muchas veces no entienden bien lo que implica, y otras veces pensamos que la entendemos y lo que implica también, pero sobre todo cuando tiene que ver con la vida de los demás o tiene que ver con nuestra vida, pues otra cosa es. Y sin embargo, cuando tú miras la palabra de Dios, cuando tú lees la historia bíblica y cuando lees la historia de la iglesia, tú te percatas de que hubo personas, y hay en el día de hoy, que no solamente parecen entender la soberanía de Dios, sino que también parecen haberla vivido o estarla viviendo.
Soberanía es uno de esos atributos de Dios que habla acerca del poder y el derecho que Dios tiene de hacer todo cuanto su voluntad desea, y al mismo tiempo de llevar a cabo todos y cada uno de sus decretos. De eso trata la soberanía de Dios, es ese atributo que le permite a Dios hacer promesas y cumplir todas y cada una de las promesas, y controlar el derecho, el poder que Él tiene para hacer que dichas promesas puedan acontecer. Nos gustan las promesas, ¿no? No tanto su soberanía, pero no puede tener una cosa sin la otra.
La soberanía de Dios habla de la habilidad y el derecho y el poder y la sabiduría que Dios ha tenido desde toda la eternidad de orquestar activamente o pasivamente todo cuanto ha de acontecer. Y eso tiene implicaciones prácticas tanto para la vida de oración como para la vida del creyente. El grado de paz con la que alguien vive está directamente relacionado a cuánto yo confío en la soberanía de Dios. El tipo de oración, la clase de petición que elevamos al trono de la gracia tiene todo que ver con la manera como yo entiendo y confío en la soberanía de Dios, de manera que mis oraciones, la calidad de mis oraciones, guardan una estrecha relación con no solo el entendimiento de la soberanía de Dios, pero sobre todo con la manera de yo vivir confiadamente en dicha soberanía.
Yo creo que el texto que estamos a punto de leer no solamente muestra de qué manera la iglesia primitiva conoció a su Dios, sino también de qué manera esta iglesia supo orar precisamente porque conoció a su Dios. En una ocasión yo escuché a un predicador escocés que la mayoría probablemente no han ni siquiera escuchado su nombre, pues es de nuestra generación, Eric Alexander. Y cuando yo le escuché, a quien todavía no conozco, al final de su oración antes de su predicación, yo dije: este hombre conoce a Dios. Y ahora tenía mucho más interés en escucharle, y al final de su predicación, ciertamente, es un hombre que conoce el carácter de Dios.
En el texto de hoy, con toda claridad, el Espíritu de Dios muestra cómo esta iglesia creyó en la soberanía de Dios en un momento crucial. Tú puedes dividir el mundo, el mundo de hoy, en dos grupos: aquellos que creemos en la soberanía de Dios y que le llamamos Señor, y aquellos que no creen en la soberanía de Dios y que en el día postrero le llamarán Señor para la gloria de Dios Padre.
Algunos recordarán cómo Pedro y Juan habían sido encarcelados por una noche. Al día siguiente fueron dejados libres, y cómo ellos entonces fueron a los suyos y les contaron, y cómo ellos no se dejaron intimidar, y cómo fueron amenazados, y cómo fueron advertidos de que no podían continuar predicando en el nombre de Cristo, en el nombre de Aquel a quien habían crucificado apenas uno, dos meses atrás. Y eso es exactamente donde nosotros lo dejamos y donde tenemos que comenzar a conocer un poco a esta iglesia que conoció a su Dios.
Versículo 23, capítulo 4: "Cuando quedaron en libertad fueron a los suyos y les contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho. Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz a Dios y dijeron: Oh Señor, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay; el que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: ¿Por qué se enfurecieron los gentiles y los pueblos tramaron cosas vanas? Se enfrentaron los reyes de la tierra y los gobernantes se juntaron a una contra el Señor y contra su Cristo. Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer todo cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera. Y ahora, Señor, considera sus amenazas y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza, mientras extiendes tu mano para que se hagan sanaciones, señales y prodigios mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo y hablaban la palabra de Dios con valor." Esa es la palabra de Dios.
El texto leído nos habla de una sola cosa, que tengo un punto con sus subpuntos, por así decir. ¿Cómo se vive cuando verdaderamente confías en un Dios soberano? A veces le extraigo un punto, a veces dos, a veces tres, a veces cinco, a veces siete, todo depende del texto por delante. Pero yo quiero hablarte hoy en día y mostrar a través de este texto cómo la confianza en un Dios soberano afecta tu vida de oración, cómo tú interpretas las Escrituras, cómo tú entiendes las circunstancias a tu alrededor, cómo tú testificas, cómo la confianza en ese Dios soberano afecta los resultados de la oración y, finalmente, cómo vives con relación al resto de la comunidad. Y ese último punto tendrá que esperar al próximo sermón.
Pedro y Juan salieron de la cárcel. La habían pasado una noche allí en prisión, fueron a los suyos, les contaron. Les contaron las amenazas, las advertencias de que no volvieran a hablar en el nombre del Señor, y les contaron también cómo ellos les respondieron y le dijeron: "No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído."
Y yo quisiera que hicieras este ejercicio. Es el día de hoy, el pastor y copastor, o dos pastores de tu iglesia, pasaron una noche en la cárcel anoche. Se ha dado la noche y regresaron, y hoy aquí están delante de ustedes y les cuentan que ayer estuvieron encarcelados por estar predicando el nombre del Señor, y cómo se les advirtió de que no volvieran a predicar en su nombre, y cómo les habían amenazado. Y que nosotros podamos imaginar por un momento cuál pudieran ser las diferentes respuestas de parte de diferentes personas en una audiencia como esta. Piensen por un momento en cosas que tú hayas podido oír de creyentes en momentos de peligro, y eso fue exactamente lo que yo hice.
Algunos dirían: "Wow, ¿y entonces qué hacemos? Porque hay que obedecer a las autoridades." Unos dirían: "Bueno, pero dejemos pasar unos días a ver si las cosas se enfrían." Otros dirían: "Cuidado, la palabra nos manda a ser mansos, pero hay que ser también astutos como la serpiente." Algunos dirían: "Hay que ser prudente. Mejor tengamos nuestras reuniones sean privadas." Otro, yo creo que diría: "Fulano, habla con el abogado de la iglesia, porque para estar cubierto siempre, ¿no está cubierto legalmente?" Otros dirían: "Fulano, habla con fulano porque está conectado con el gobierno, quizá puede conseguirnos algo." Otros dirían: "No, no, no, es una advertencia de parte del Señor para que no caigan presos. Tengan cuidado, porque tampoco podemos tentar al Señor." De repente nos volvemos como teólogos prácticos, recordamos todos los versículos de la Biblia fuera del contexto en el que estamos. "No, lo que pasa es que el pastor es un alocado y se le ha dicho, pero no entiende." Otros no dirían nada, pensando qué es lo que ellos van a hacer; no harían nada.
No hay una de esas respuestas que yo no haya escuchado, porque yo no haya visto en momentos de cierto peligro. Y la pregunta que nosotros tenemos que hacer es: ¿cómo respondió la iglesia primitiva? Porque la iglesia primitiva tiene mucho que enseñarnos a nosotros, la iglesia de hoy, y quizá la iglesia de todos los siglos.
Tú puedes ver claramente a una iglesia que corrió al trono de Dios porque entendió que desde allá arriba es donde se dirigen todos los acontecimientos de los hombres, hasta el más mínimo detalle. Para orar como esta iglesia oró, hay que conocer al Dios como esta iglesia le conoció, y para vivir como esta iglesia vivió, hay que vivir en comunidad como ellos vivieron.
Yo quisiera ver en primer lugar cómo la confianza en un Dios soberano afecta tu vida de oración. Versículo 24: "Al oír ellos esto, unánimes alzaron la voz y dijeron." ¿Notaste lo que no ocurrió? No temieron, oraron. No cuestionaron, oraron. No dudaron, oraron. No se dividieron en diferentes opiniones, oraron unánimemente. No se escondieron ante las amenazas, oraron. Nosotros nos imaginamos que alguien oró, quizá Pedro, quizás Juan, y que los otros decían: "Amén, así es, así sea, gloria a Dios, aleluyas, confiamos en ti, no nos detendremos, marcharemos, predicaremos." Unánimemente. Esta fue una iglesia que conoció a su Dios y vivió congruentemente.
¿No te quedó que hicieron esto unánimes? Hubo un solo sentir, hubo una sola voz, un solo clamor, un solo entendimiento de los hechos, una sola forma de afrontar los riesgos y una sola resolución de continuar.
Ahora nota cómo continúa su oración: "Oh Señor, tú eres el que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay." Ellos llaman a su Dios Señor. Adonai sería en hebreo: adones, señor, y el sufijo "ai" —Adonai— es supremo Señor. Y si fuera en griego, como se escribió el Nuevo Testamento, sería kurios. En ambos casos hay un reconocimiento de soberanía absoluta a la persona a quien ellos están dirigiendo su oración.
Inmediatamente después le reconocen como el hacedor de todo cuanto hay en el universo, y el que hace algo tiene el derecho sobre lo que ha hecho.
La palabra "Oh" habla volúmenes. Esa sola palabra "Oh" me comunica que esta gente, de manera unánime, tiene un cierto sentido de asombro, de maravilla, de sobriedad cuando se dirige a su Dios. Tú no te diriges a tu igual y dices: "Oh, Miguel". No, a Dios. Recordar a Dios como hacedor pone a Dios en su trono, en su posición de Creador, y me coloca a mí al pie del trono, en mi posición de criatura. Esta gente sabe dónde Dios debe estar y dónde la criatura debe estar.
Nosotros tenemos una invitación en el Nuevo Testamento, en el libro de Hebreos, a que nos acerquemos con confianza al trono de la gracia. Y el cristiano moderno entiende que eso implica que te acerques de manera trivial y con cierta familiaridad al trono de la gracia, cuando en realidad la confianza es la confianza que debes tener al acercarte: que hay un Dios en su trono que dirige los acontecimientos del universo, que ese Dios oye tus oraciones, que responde tus oraciones, que responde de la mejor manera posible, que ese Dios fue quien dio a su Hijo, que ese Dios dio a su Hijo cuando tú eras su enemigo, y que si Él hizo eso, cuánto más no hará ahora que tú eres su hijo. Esa es la confianza que tú debes tener en ese Dios, pero no con familiaridad y trivialidad, porque esa no es la clase de Dios que es.
Señor, creador del cielo y de la tierra.
Número dos: la confianza en un Dios soberano afecta cómo tú interpretas las Escrituras. Versículo 25: "Él, Dios, que por el Espíritu Santo, por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: '¿Por qué se enfurecieron los gentiles y los pueblos tramaron cosas vanas? Se presentaron los reyes de la tierra y los gobernantes se juntaron a una en contra del Señor y contra su Cristo'". Eso es una cita del Salmo 2. Este salmo fue escrito por David. La iglesia primitiva, como conocía a su Dios, interpretó las Escrituras correctamente.
Y escucha lo que dice: "Dios, el que por el Espíritu Santo habló por boca de nuestro padre David". David fue el lapicero, si tú quieres, de Dios, pero el autor de la Escritura fue Dios por medio de su Espíritu Santo. Esta gente conoció a su Dios y, por tanto, el conocer a su Dios de esa manera les ayudó a interpretar las Escrituras. Ellos están revelando aquí que conocen a Dios como el revelador y el inspirador de la Santa Palabra.
Nota cómo la Nueva Traducción Viviente lo dice en Hechos 4:25-26: "Hace mucho tiempo tú hablaste, Dios, por el Espíritu Santo mediante nuestro antepasado David, tu siervo, y dijiste: '¿Por qué estaban tan enojadas las naciones? ¿Por qué perdieron el tiempo en planes inútiles? Los reyes de la tierra se prepararon para la batalla, los gobernantes se reunieron en contra del Señor y en contra de su Mesías'". Este es un salmo davídico, pero inspirado por Dios. Y de la manera como tú entiendas la Palabra, de esa manera tú la interpretas, y de esa manera tú la vives.
Si tú entiendes que verdaderamente cada texto de la Palabra representa la mente de Dios, como esta iglesia lo entendió, eso va a cambiar tu forma de interpretar y de vivir la Palabra de Dios. Esta iglesia, en pocos versículos, en pocas palabras, ha revelado que conoce a Dios como soberano, como creador, como revelador e inspirador de las Escrituras. Antes de pedir algo, ya yo sé cuánto esta iglesia conoce a su Dios, y no solamente cuánto, sino de qué manera lo conoce. Este no es el salmo de David; este es el salmo de Dios escrito por el siervo de Dios. Aun "el siervo de Dios" implica que David simplemente sirvió a Dios al escribir este salmo que hoy nosotros citamos. La confianza en la soberanía de Dios revela o afecta la manera como yo interpreto las Escrituras.
Número tres: la confianza en un Dios soberano te enseña a pensar teológicamente y, por tanto, afecta la manera como tú entiendes los acontecimientos del diario vivir. Miren, lo voy a leer del siglo veintiuno para luego darte la ilustración. "Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, juntamente con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste". Detente ahí por un momento.
Dos mil años atrás tú vives en Palestina. No estuviste en Jerusalén ese fin de semana que crucificaron a Cristo, pero sabías de Cristo, sabías de su predicación, sabías de sus milagros, sabías de su bondad, sabías de su santidad, sabías que había una trama, que le estaban buscando, que había gente en contra de él. Y el sábado en la mañana tú te levantas, abres el periódico —es una ilustración— y tú lees: "Ayer se unieron Pilato, los gentiles, los judíos contra tu santo siervo Jesús, a quien ungiste", y suponte que dijera "y lo crucificaron". Tu reacción sería de horror. Pero cuando tú conoces a tu Dios y confías en su soberanía, esta confianza determina cómo tú interpretas los acontecimientos alrededor.
El versículo veintiocho revela no solamente cómo ellos entendían a Dios, cómo conocían a Dios, sino cómo interpretaron los acontecimientos que ocurrieron ese fin de semana: "Para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que ocurriera". La iglesia primitiva proclama que Pilato, Herodes, los judíos, los gentiles se juntaron, tramaron contra Dios, tramaron contra Jesús, lo clavaron, y que cuando ellos hicieron eso, lo único que estaban haciendo era llevando a cabo aquello que Dios había predestinado desde toda la eternidad que ocurriera.
¿Por qué las naciones traman contra mi Cristo? ¿Por qué traman en vano? La Nueva Traducción Viviente dice "inútilmente". ¿Por qué dice eso? Porque tramaron contra Cristo esperanzados en que terminarían con el movimiento cristiano. Crucifican a Cristo, ¡y ahí es que el movimiento cristiano toma fuerza! Porque lo que Dios hace es que permite que el hombre continúe sus planes y le gane aparentemente a Dios, para mostrarle que la victoria del hombre sobre Dios es su derrota, y que la derrota de Dios ante los hombres es la victoria de Dios. Si eso no es sabiduría, providencia, poder, soberanía, control, yo no sé entonces lo que es soberanía.
Dios permitió que hombres malvados crucificaran a su santo siervo Jesús, su Cristo, su Unigénito, y usó el pecado de los hombres malvados para perdonar el pecado de sus elegidos. Imagina, imagina qué clase de Dios es al que tú y yo servimos. Esta iglesia conoció a ese Dios, esta iglesia mostró cómo conoció a ese Dios, y oró consecuentemente.
Dios planificó la cruz. De hecho, el apóstol Pablo claramente lo revela a los romanos en el capítulo tres, alrededor del versículo 24, 25 y 26. ¿Quién crucificó a Cristo? No fue Pilato, no fue Herodes, no fueron los romanos, no fueron los judíos. Dice que Dios lo exhibió públicamente como propiciación para aplacar la ira de Dios, porque Dios había estado airado contra el hombre que había violado su ley. Y cuando Dios exhibió a su Hijo en la cruz, pudo entonces reivindicar su ley y aparecer un Dios justo, como verdaderamente él es, y a través de eso que él hizo, al mismo tiempo justificar al hombre, para que él pueda ser al mismo tiempo justo y el que justifica. ¡Wow! Dios usó el pecado de Pilato, de Herodes, de los gentiles y los romanos para llevar a cabo todo cuanto él había planificado.
Escucha lo que el apóstol Pablo escribe a los Gálatas. La trascribo en Gálatas 4:4: "Pero cuando vino la plenitud del tiempo —no un día antes, no un día después— Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley". ¿Qué implica eso de la plenitud del tiempo? Cuando Adán y Eva pecaron, el reloj de Dios de redención comenzó a hacer clic, clic, clic, clic. Y a partir de ahí Dios entretejió la historia de los pueblos paganos con la historia del pueblo hebreo. Y surgió Egipto, y ahí estaba Israel esclavizado. Y posteriormente surgió el reino de Asiria y se llevó a las diez tribus. Y luego el reino de Babilonia y se llevó a las otras dos tribus. Y luego el reino de Persia, que devolvió a los judíos a la tierra prometida. Y luego el reino de Grecia, y luego el imperio romano. Y Dios entretejiendo la historia, los eventos de la humanidad, para hacer concluir, hacer coincidir la historia pagana con la historia del pueblo hebreo en un lugar llamado el Gólgota.
La cruz es el timón de la historia del hombre. La cruz fue concebida en la mente de Dios desde antes de la fundación del mundo. Dios creó el planeta Tierra para desplegar la historia concebida en su mente, y a partir de ahí todo se movió para llegar al Gólgota. Y después del Gólgota todo se sigue moviendo para glorificar lo que ocurrió en el Gólgota. La cruz es el timón de tu historia y mi historia. La cruz es el timón de la iglesia. La cruz es el timón de la historia de la humanidad completa.
Cuando el propósito de Dios estuvo maduro, cuando el lenguaje griego se había convertido en la lengua universal para que el Nuevo Testamento pudiera escribirse en un solo idioma que todo el mundo entendiera, cuando Roma había calmado a todos sus enemigos y ahora en paz se pudiera viajar más libremente, cuando Roma para calmar a todos sus enemigos hubiese construido grandes carreteras para cubrir sus frentes de batalla, cuando todo eso ocurrió, entonces ahora mis apóstoles podrán viajar libremente y esparcir las Escrituras. Cuando la plenitud del tiempo llegó, Dios envió a su Hijo. Todo eso fue dirigido desde el trono de Dios. Nada fue accidental, nada fue incidental, nada fue imprevisto, nada fue sorpresivo y nada fue fortuito cuando tuvo que ver con la historia de la cruz. Y nada es accidental en tu historia y en la mía. Su historia ha sido escrita, y la mía también. Dios nos hace una invitación a unirnos a su historia, a su manera, en sus condiciones, bajo su poder. Todo fue providencialmente y eficazmente preparado para ese momento preciso.
Y acuérdense, los cálculos más conservadores: cuatro mil años de historia culminaron en el Gólgota en la plenitud del tiempo. Las manecillas del reloj de Dios se movían, y cuando ambas coincidieron ahí en las doce del día, por así decirlo, en el cenit, ahí estuvo Jesús en el Gólgota clavado en un madero. Pilato, Herodes, los judíos, los romanos tramando inútilmente eliminar la cabeza del movimiento cristiano para eliminar el movimiento cristiano. Y Dios dijo: "El día que me derrotes, yo gano; el día que tú ganas, te derroté".
La cruz representó el clímax de los pensamientos de Dios, de los propósitos de Dios, de los planes de Dios, de los caminos de Dios, de las intenciones de Dios y las motivaciones de Dios. Dios entretejió la historia para llegar a su Hijo. Y Dios está entretejiendo tu historia al detalle. Nada de lo que ha ocurrido en tu historia ha sido ignorado por Dios; de hecho, fue preparado por Dios. Nada de lo que va a ocurrir mañana está siendo ignorado por Dios hoy; de hecho, está siendo preparado por Dios hoy.
Esta iglesia primitiva conoció a un Dios soberano, creador, omnipotente, revelador, inspirador y orquestador de la historia. Eso hace que ellos oren como terminaron orando; de lo contrario, su oración hubiese sido completamente ilógica. No puedes orar como ellos oraron —y lo vamos a seguir viendo— si tú no conoces a ese Dios y no crees en ese Dios de la manera que ellos lo conocieron.
Los gobernantes conspiraron en vano. Quizás tú puedes verlo de manera práctica de esta forma: quizás alguien, quizás tú, estás planificando algo sin Dios. Cuando planificas algo sin Dios, estás planificando el fracaso de lo que haces, porque en lenguaje bíblico, en vano se afanan los constructores de la casa si Dios no está en eso.
Tu vida maquinaste un plan contra alguien, eso fue en vano porque el resultado final lo determina Dios. Quizás hay alguien planificando algo contra ti en este momento. No temas, porque lo único que puede ocurrir es lo que Dios haya determinado que pueda ocurrir. No temas, puedes descansar. Tu historia no la determinan quienes maquinan contra ti, la determina Dios tu Salvador. Esta iglesia primitiva conoció a ese Dios de esa forma, y al conocerlo de esa manera le permitió ahora orar de esta otra forma.
Escucha el versículo 29: "Y ahora, Señor..." ¿Cómo que ahora? Ahora que tenemos proclamado: Señor creador, soberano, revelador, inspirador, orquestador. Ahora que tenemos proclamado de esa forma: "Señor, considera sus amenazas. Considera que ellos quieren que nosotros no hablemos en tu nombre. Considera eso al lado de la satisfacción que tú nos diste. Nos enviaste a proclamar tu nombre y ahora ellos dicen que no proclamemos tu nombre. Considera sus amenazas." ¿Y destruye al enemigo y amarra la boca de los enemigos, amarra los pies, amarra las manos? No. "Y permite que tus siervos hablen tu palabra con toda confianza."
¿Estás viendo? Ellos no están pidiendo que destruya las adversidades. Ellos no están pidiendo que abra las puertas de las cárceles. Ellos no están pidiendo gracia para que los encargados de las prisiones tengan gracia para con ellos. No, no, eso es secundario. Lo que nosotros queremos hacer es proclamar tu palabra con confianza mientras extiendes tu mano para que se hagan curaciones, señales y prodigios. ¿Para que haga famoso el nombre de nosotros y nos dejen tranquilos? No. Mediante el nombre de tu santo siervo Jesús. No es que nos evites el peligro, Tú controlas el peligro. No es que nos evites las prisiones, Tú eres el dueño de las prisiones. No es que nos evites los naufragios, Tú gobiernas los mares.
Y honestamente, estas oraciones no estarían necesariamente mal, pero ellos hablan de que consideres sus amenazas al lado del señorío que hemos proclamado. Lo que queremos es hablar tu palabra con toda, ni siquiera con confianza, con toda confianza. No, esta gente no está pidiendo: "Señor, mira las amenazas y las dificultades y las adversidades, danos adversidades conforme a nuestra fortaleza." Es una palabra que le pidieron: danos fortaleza conforme a las adversidades. Las puede dejar.
Yo nunca leo en la Palabra de parte del apóstol Pablo una oración que le quite cosas de en medio, excepto el aguijón en la carne. Yo lo pediría también. El resto, Pablo está en la cárcel y le escribe a los filipenses y les dice que lo gozoso que está, porque por medio de sus cadenas ahora toda la guardia pretoriana sabe la causa de su prisión, que es el evangelio de Cristo, y él se está regocijando. Está detrás de los barrotes. Nosotros estaríamos pensando: "¿Y qué? ¿Esta es la cárcel? Señor, yo proclamo tu evangelio, ¿así es que Tú me tratas?" Esta gente tenía un gran compromiso con la satisfacción, la expansión del reino y con la causa de Cristo en medio de la tribulación.
Esta gente, esta iglesia, recordó que Cristo dijo: "En este mundo tendréis tribulación, pero en mí tendréis paz." Esta iglesia recordó estas palabras en Juan 15:18-19: "Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero como no sois del mundo, sino que yo os escogí del mundo, por eso el mundo os odia."
En otras palabras, este afán hoy en día por esta agenda de la ideología de género que tiene a todo el mundo asustado e intimidado, "¿qué va a pasar?" Es increíble. "Esta ola nos va a arropar a todos, y ahora los cristianos prontamente seremos perseguidos." Dices: "¿Por qué te asombras?" Yo se los avisé, que el mundo los odiaría. De hecho, les dije a mis discípulos: "Seréis odiados de todos." De hecho, el apóstol Pablo escribe a Timoteo y le dice: "Todo el que quiera vivir piadosamente será perseguido." Esta iglesia no se asombró. Pedro le escribe a sus seguidores y les dice: "¿Por qué se asombran del fuego de la prueba como si algo extraño les hubiese acontecido?" No, no es extraño, ha sido anunciado. Es mi mano que controla el fuego de la prueba.
Pero esta iglesia fue otro tipo de iglesia. A. W. Tozer decía que la iglesia primitiva no fue simplemente una organización o un movimiento, sino una encarnación ambulante de energía espiritual. La iglesia comenzó con poder, avanzó con poder, y se movió siempre y cuando ella tuviera poder. Cuando ella no tuvo poder o no tiene poder, esa iglesia se agachaba para encontrar seguridad. Estos cristianos no se agacharon. Se agachaban para encontrar seguridad, para comenzar a conservar sus ganancias. Pero sus bendiciones, sus ganancias, son como el maná del desierto que cayó del cielo. Cuando la iglesia trata de mantener su bendición para el día siguiente y no la comparte, entonces le crecen gusanos y se pudre.
¿Tú entiendes ahora por qué yo entiendo que hay que salir e ir a Latinoamérica, e ir a Cuba, e ir a Guatemala, e ir a Perú, e ir a Brasil, e ir a donde Dios nos envíe? Porque cuando la iglesia retiene sus bendiciones, le crecen gusanos y se pudre.
La gran verdad, Tozer continúa y dice en la historia de la iglesia: cada retorno hacia el poder del Nuevo Testamento ha marcado un nuevo avance en algún lugar, y cada disminución de poder ha visto el surgimiento de algún nuevo mecanismo para conservarse y para defenderse en la iglesia. Es la iglesia que está dispuesta a morir al estándar del mundo la que conoce el poder de la resurrección de Cristo. La iglesia podría ser envidiada, dice Tozer, por la profundidad de sus relaciones amorosas o por su gozo espontáneo. Quizás será odiada y perseguida por su estilo de vida revolucionario que expone los valores superficiales y el egoísmo destructivo de la sociedad a la cual ella busca servir. Pero esa iglesia ciertamente no será ignorada.
"Pastor, usted fue muy rápido." Ok, déjame interpretarte lo que Tozer ha dicho. Tozer habla de que la iglesia primitiva estaba llena del Espíritu Santo y que Dios, con ese poder, comenzó su iglesia, avanzó su iglesia e hizo triunfar su iglesia. Cuando la iglesia perdió la unción del Espíritu Santo y enfrentó riesgo, la iglesia se agachó para encontrar seguridad y para conservar sus ganancias, sus bendiciones. Pero él decía: el tratar de conservar tus bendiciones sin compartirlas hace que en tus bendiciones crezcan gusanos y se pudra, como pasó con el maná.
Y él continúa diciendo: la iglesia, si tú quieres como iglesia conocer el poder de la resurrección de Cristo, si tú me dices "yo no quiero conocer el poder de la resurrección de Cristo," Tozer diría: "Pues ya no tenemos más nada que hablar." Pero si tú me dices que quieres conocer el poder de la resurrección de Cristo, hay una sola manera de hacerlo, y es dejar de mirar lo que el mundo hace, cómo el mundo vive, el estándar del mundo, para enfocarte entonces en cómo el pueblo de Dios debe vivir. Tienes que dejar el estándar del mundo y los deseos del mundo. Y que esa iglesia que vive de esa manera, al vivir para la eternidad, pone de manifiesto la superficialidad de la existencia del mundo. Y que esa iglesia entonces es tan diferente al mundo que el mundo la podría perseguir, la podría odiar, la podría martirizar. Lo que el mundo nunca hará es ignorarla, por el impacto que ya está teniendo.
Número cuatro: la confianza en la soberanía de Dios afecta los resultados de la oración. Versículo 31: "Después que oraron, el lugar donde estaban reunidos tembló, y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban la palabra de Dios con valor." Oraron y tembló. Imagínate que hubiese orado en algún momento del servicio y este edificio hubiese temblado, y que luego preguntamos afuera y nadie se enteró, que hubo un temblor de tierra solamente aquí. Tembló. Yo creo que eso marcaría este día para siempre en nuestras memorias.
De esa misma forma, yo creo que Dios estaba tratando de crear una huella en la memoria de una iglesia pequeña, perseguida, incipiente, para que ellos recordaran que Dios oyó las oraciones y que el temblor fue la evidencia de que Él les había escuchado. Dios tiene maneras de aumentar nuestra fe, y en ocasiones son formas tan visibles de algo que Él está haciendo para que mi fe pueda crecer. Yo creo que ese fue el resultado de ese día.
El próximo resultado de orar con confianza en un Dios soberano fue que ellos fueron llenos del Espíritu Santo. Como dijimos la semana anterior, el ser lleno del Espíritu Santo implica el ser controlado, controlados por el Espíritu. Y cuando yo soy controlado por el Espíritu, aflora en mí o afloran en mí el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. La presencia del fruto del Espíritu en un creyente habla de la llenura del Espíritu en dicho creyente. La ausencia de dicho fruto es una evidencia de que, por ese tiempo de mi vida, la naturaleza carnal está dominando mi estilo de vida más que el Espíritu de Dios.
Pero Dios me ha dado un mandato que Pablo recuerda a los efesios en el capítulo 4, versículos 22 al 24: "Que en cuanto a vuestra anterior manera de vivir, os despojéis del viejo hombre que se corrompe según los deseos engañosos, y que seáis renovados por el espíritu de vuestra mente, y os vistáis del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad."
¿Notaste que aunque Dios es quien me santifica, hay un rol que yo juego cuando se me llama a desvestirme, a despojarme del viejo hombre, y a vestirme del nuevo hombre? Que haga uso de la Palabra de Dios, de la gracia que Él me ha dado, del Espíritu que mora en mí, y vaya y ejercite su gracia de tal manera que el viejo hombre quede a un lado y el nuevo hombre pueda surgir. Y cuando yo hago eso, yo necesito entonces, para que entre las cosas que tengo que renunciar, renunciar a mis derechos y prerrogativas, de manera que yo no considere mi igualdad con otros pastores, o con diáconos, o con ujieres, o con maestros de escuela dominical, o con líderes de parejas. Y yo no considere esa igualdad con otros como algo a qué aferrarme, sino que más bien yo pueda despojarme y yo pueda entonces abrazar, empuñar la toalla y la vasija, y convertirme en un siervo dispuesto.
A morir a mí mismo, y si es necesario, sufrir muerte y muerte de cruz como Cristo. Dice: ahí está la llenura del Espíritu en acción.
El tercer resultado de orar con confianza en un Dios soberano fue que hablaron la Palabra de Dios con denuedo. El orar con confianza en la soberanía de Dios deshizo su temor. El temor, como decía Tozer otra vez, y lo hemos dicho otra vez, es de la carne. El pánico es del diablo, decía Tozer. Pero la confianza para hablar la Palabra, el coraje, la valentía, es del Espíritu de Dios. Nuestro grado de temor habla de nuestro grado de llenura.
Y la llenura no es tanto el resultado de orar, orar, orar, orar. Yo creo que la iglesia necesita, incluyéndome a mí mismo, orar más; estoy convencido de eso. Pero más todavía necesita confiar más, porque muchas veces oramos y al salir del trono de la gracia seguimos con temor porque nos falta confianza. Nosotros sabemos que al pueblo de Dios le hace falta mucha oración, pero le hace falta mucho más confianza.
Hermanos, de mi experiencia personal, cada vez que yo he experimentado temor ha sido el resultado de que, por ese momento, por ese día, por esa semana, no importa el tiempo, me he desenfocado y se me ha estado temporalmente olvidando quién es que controla las máquinas y controla los hombres, quién es que permite o no, quién detiene o permite el paso de aquellos que maquinan contra su satisfecha. Tan pronto yo puedo recobrar la idea de que Dios es soberano y que no hay nada que pueda llegar a mi vida que Dios no haya predeterminado, mi corazón se aquieta, y la taquicardia y la palpitación se van.
Hermanos, los hombres pueden tramar contra ti, pueden tramar contra mí, pueden tramar contra su satisfecha, pero al final lo único que ha de acontecer es aquello que Dios ha determinado desde toda la eternidad. Eso es verdad acerca de tu salud, es verdad acerca de un accidente aéreo, acerca de un accidente en un carro, es verdad acerca de una situación familiar, una situación con tus hijos, de una situación matrimonial. Dios escribe tu historia y la mía.
Es por eso que Dios te dice: "No temas, porque yo te he redimido, te he llamado por tu nombre". ¿Quién tú piensas que te creó? ¿Quién te llamó? ¿Quién te salvó? ¿Quién te está santificando y quién te va a glorificar? Soy yo, tu Señor. No temas, yo te he redimido, mío eres. Y ese Dios, cuando pasas por las aguas, no te anegarán; cuando pasas por el fuego, no te abrasarán. ¿Por qué? Porque yo soy tu Dios, el Santo de Israel. Escucha: tu salvación, yo soy tu salvación. Confía en mí. He dado a mi Hijo, te he dado muestra de la evidencia. Tengo el poder, tengo el derecho, tengo la soberanía, tengo el cuidado providencial, ¿y aún dudas? ¿Aún no me crees?
Oh Señor, que tu pueblo pueda conocerte como tú eres, como tú quieres ser conocido. Oh Señor, que nosotros podamos confiar plenamente en ti, solamente en ti. Que nosotros podamos entender que no hay planes contra mí, que no hay planes míos, que no hay planes de otros que tú no estés entretejiendo en tu historia para hacerlo concluir en algún lugar de mi historia, en la plenitud de tu tiempo en mí. Dime, ¿no quieres vivir así? ¿No quieres vivir en confianza en Él, tu salvación, en Él, tu Redentor, en Él, tu Señor, en Él, tu Dios y mi Dios?