Cuando Jesús pronunció "consumado es" desde la cruz, proclamó la palabra más grande que el hombre más grande haya pronunciado en el día más grande desde la caída de Adán. En griego, una sola palabra —tetelestai— que Charles Spurgeon describió como un océano de significado en una gota del lenguaje. Esta palabra era conocida por todos: los siervos la usaban cuando completaban un encargo para su amo; los artistas, cuando contemplaban su obra terminada sin nada que agregar; los sacerdotes, cuando examinaban un cordero y lo declaraban perfecto para el sacrificio; los comerciantes, cuando una deuda quedaba cancelada por completo. Cristo reunió todos esos significados en un solo grito de victoria.
En ese momento, la ira y la misericordia de Dios se besaron. Los sacrificios del Antiguo Testamento que nunca calmaban la conciencia del pecador llegaron a su fin. Las profecías encontraron su cumplimiento. Satanás perdió el poder de acusación sobre los redimidos y el poder de la muerte que tenía en sus manos. El pacto de la ley, con sus decretos contra nosotros, fue clavado en la cruz y declarado obsoleto. Un nuevo pacto en su sangre comenzó.
La cruz fue necesaria porque una depravación radical requiere una redención igualmente radical. Allí se resuelve la culpa que ninguna terapia puede remover: la del aborto, la del matrimonio destruido, la de los hijos abandonados. El pecador puede venir, expresar su dolor, y oír a Cristo decir: por esa transgresión yo fui a la cruz y pagué tu deuda. Tetelestai. Vete en paz.
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Olvido tres. La semana pasada dijimos que como estamos conmemorando los 500 años de la Reforma, estaríamos intermitentemente trayendo algunos temas relacionados precisamente a las doctrinas que aquellos hombres de Dios entendieron, que se abrazaron, proclamaron, y que Dios supo usar para cambiar las sociedades de aquel entonces. Y lo único que ocurrió, lo único que ocurrió distinto a lo que venía ocurriendo, es que el Evangelio fue proclamado.
Antes de ayer viernes nosotros regresamos de México, Ciudad de México, donde habíamos ido a predicar junto a Tim Keller y algunos otros predicadores y líderes. Y la verdad que vengo con un gran sentido de entusiasmo, porque para mí México, y especialmente Ciudad de México, era humanamente como inconquistable desde el punto de vista de la Reforma, dada la fortaleza del movimiento católico romano en aquella nación y la debilidad del movimiento evangélico en la misma región. Y sin embargo, estar allí con novecientas personas entre pastores y líderes, un gran número de ellos, y ver el hambre monumental que esta gente tenía por las doctrinas de la gracia, fue algo que yo les puedo confesar que desafió mi imaginación.
Un pastor se nos acercó y nos decía: "Pastor, nosotros tenemos dos horas de diferencia con República Dominicana. Todos los domingos, antes de yo ir a predicar a mi iglesia, lo primero que yo hago es sintonizar el culto de la IBI y poder ser ministrado por ustedes". Otro pastor me dijo que si podía juntarse conmigo después de la conferencia. Bueno, el único tiempo que tenía le dije que sí, pero que lamentablemente tenía un almuerzo, un compromiso de almuerzo, que yo podía hacerlo cuando regresara. Me esperó como por dos horas y media; yo tenía casi vergüenza con él de tanto tiempo que tuvo que esperarme.
Pero al querer contarme su historia, él tenía una iglesia de cinco mil personas levantada sobre la base de la filosofía y enseñanza del grupo G12 y todo lo que tiene que ver con prosperidad y demás. Y un día se encontró con uno de nuestros sermones, y después otro, y después otro, y se percató de que realmente ellos no conocían la Biblia, no estaban enseñando la Biblia. Él fue a su iglesia, se lo dijo, le habló de la necesidad de cambiar la iglesia. Dijeron que no, que querían permanecer donde estaban, y él prefirió renunciar a una iglesia que él mismo había fundado de cinco mil personas. Y hoy tiene una iglesia de ciento sesenta personas abrazando las doctrinas de la gracia.
Yo estoy aquí para decirte que la reforma protestante latinoamericana ha comenzado. Sus fuegos están por todos lados. Con confianza me atrevo a afirmarlo, y tengo un gran entusiasmo por lo que Dios está haciendo en Latinoamérica, sin lugar a duda, y por una sola razón: la proclamación del Evangelio. Es lo único que puede cambiar la mente, el corazón, la voluntad, la forma de pensar de la gente.
La Reforma, algunos la han calificado como una revolución religiosa, otros la calificaron como un movimiento religioso, otros han pensado que fue un avivamiento espiritual, un despertar espiritual, otros han pensado que fue una revolución en la cosmovisión. Y yo creo que la Reforma ciertamente lució más como una revolución de cosmovisión que cualquier otra cosa, por los impactos que tuvo en el ámbito religioso, económico, social, político, sociológico. Y yo creo que no hubo un área de la sociedad que no haya sido penetrada por este movimiento.
Si alguien preguntara que cuándo comenzó esto, yo creo que la mayoría de nosotros diríamos que comenzó el 31 de octubre del año 1517, cuando Martín Lutero clavó en la puerta de la catedral de Wittenberg sus noventa y cinco tesis. Pero mientras más pienso en la historia redentora, más estoy convencido de que esto comenzó el día que un rabino judío se colgó en una cruz, en un lugar llamado Gólgota, clavado allí acusado de blasfemia y acusado de revolucionario ante las autoridades romanas. Nacido en un pesebre, por treinta años vivió en perfecta conformidad con la ley de Dios, enseñó única y exclusivamente lo que el Padre le había encomendado, no más, no menos. El Mesías que había sido anunciado por los profetas del Antiguo Testamento.
La noche antes, la noche antes de su crucifixión, fue a un lugar conocido por nosotros como el aposento alto. Comenzó a tener una conversación con sus discípulos de mucha intimidad, y en medio de la conversación con ellos, en algún momento él interrumpe su conversación con sus discípulos y comienza una conversación todavía más íntima con su Padre. Y entre otras cosas le dijo: "Yo te glorifiqué en la tierra habiendo terminado la obra que me diste que hiciera".
Los discípulos no entendieron aquellas palabras con toda probabilidad. Había un anuncio de traición, había un anuncio de abandono de parte de todos ellos, como hablamos creo el domingo pasado. Había un anuncio de asesinato del Maestro. Ahora hay un anuncio de que hay algo que ha terminado, que ya no hay nada más que hacer. Y yo me imagino que los discípulos estuvieron sumamente confundidos. Y de aquel aposento alto, Jesús acompañado por ellos se dirige al huerto de Getsemaní, de Getsemaní a la cruz.
Y desde la cruz él pronuncia siete frases muy conocidas por nosotros. Una palabra de perdón: "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen". Una palabra de salvación: "De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso". Hubo una palabra de amor o de devoción: "Mujer, ahí tu hijo; hijo, ahí tu madre". Hubo una palabra de angustia: "Elí, Elí, lama sabactani", "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Una palabra de sufrimiento o de necesidad humana: "Tengo sed". Una palabra de triunfo: "Consumado es", tetelestai. Y una palabra de seguridad: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
La controversia de Lutero con la iglesia de Roma está directamente relacionada a la frase "consumado es". Es inconcebible, era inconcebible para Lutero, lo es para nosotros, que alguien pudiera tratar de obtener el perdón de Dios ya sea a través de la venta de las indulgencias, o a través de hacer oraciones a Dios o a María o a cualquier otro después de la confesión de pecado, como una forma de pagar una deuda que Cristo canceló en la cruz y que él promulgó como tetelestai: consumado es, pagado por completo, cancelada la deuda.
Dicha doctrina, que fue el eje alrededor del cual la Reforma surgió, la justificación por la fe, está en directa contradicción con la manera como se practicaba, en directa contradicción, y se practica hoy, con aquella frase "consumado es". Y es la frase que yo quisiera analizar en el día de hoy. En realidad, perdón a mi voz, y si alguien de ustedes puede orar por ella para que yo pueda terminar, porque no estaba seguro de que iba a terminar el anterior, y nos queda uno más.
En realidad, la historia comenzó en la eternidad pasada. En algún momento desconocido para nosotros, la Trinidad consultó entre ellos y, antes de la fundación del mundo, ellos vislumbraron la historia de la humanidad. En esa conversación vislumbraron la creación de Adán y Eva, la caída de Adán y Eva, y la ruina de la raza humana. En esa conversación intratrinitaria, el Hijo se ofrece voluntariamente para ser inmolado una vez la historia produjera el momento. Por eso es que Pedro dice en su primera carta, en uno veinte, que Jesús estuvo preparado desde antes de la fundación del mundo. Por eso Juan escribe en Apocalipsis y dice que Cristo fue el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo.
A partir de la caída de Adán y Eva, y luego de la elección de Abraham, tú ves en la historia, tú ves en la narración de los tiempos, la historia de dos pueblos: el pueblo hebreo y el pueblo que no conocía al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. El pueblo hebreo construye su historia entrelazada con el pueblo que no conocía a Dios, pero de manera distinta. A la vez tú tienes el imperio de Egipto que surge y el pueblo hebreo esclavizado allí por cuatrocientos años. Luego surgió el imperio de Asiria, que se lleva a diez tribus como esclavas, a las tribus del norte de Israel. Luego el imperio de Babilonia, que se lleva a las otras dos tribus del sur en esclavitud. Luego el imperio persa, luego el imperio de Grecia, y luego el imperio de Roma. En cada uno de esos casos, el pueblo hebreo era esclavo del imperio preponderante en cada ocasión. Tú puedes ver esas dos historias entrelazadas y al mismo tiempo distintas, y en la plenitud de los tiempos Dios envió a su Hijo bajo la ley, bajo el imperio romano.
Es como si Dios, la Trinidad, hubiese pensado la historia de la humanidad como una obra de teatro y luego hubiese construido el teatro para luego desplegar la historia en el teatro. De manera que Dios es el director de la obra, nosotros somos los actores, y el mundo es el teatro. En un momento de la obra de teatro, la cruz es levantada, Cristo es crucificado, y desde allí Él dice: "Tetelestai". Consumado es. La obra de redención ahí Él dijo que está. Es la palabra más grande que el hombre más grande haya pronunciado en el día más grande desde la caída de Adán. En ningún lugar del planeta Tierra se han pronunciado palabras más pesadas, más llenas de contenido que esas palabras.
De hecho, en el griego es una sola palabra: tetelestai. Es finita. Charles Spurgeon decía en el siglo XIX que esa palabra es un océano de significado en una gota del lenguaje. Es una sola palabra, es una gota, pero tiene tanto contenido que es un océano de significado. Y Spurgeon agregaba que esa sola palabra necesitaría todas las otras palabras que hayan sido pronunciadas, aunque se pudieran pronunciar, para explicarla. Es inconmensurable, es alto, no lo puedo alcanzar, es profundo, no lo puedo entender. Ni yo tampoco.
Permítanme un tecnicismo por un minuto y me salgo del tecnicismo. En el griego, esta palabra tetelestai está en el tiempo verbal indicativo perfecto y voz pasiva. Lo que eso implica, y esto es lo que necesitas entender, ya me salí del tecnicismo, voy a la explicación: lo que eso significa es que hubo un hecho que se completó, tiempo perfecto, pero que ese hecho que se completó tiene un efecto que dura para siempre. Y la voz pasiva es porque alguien lo hizo por mí. De manera que cuando Cristo dijo tetelestai, Él estaba completando algo que tendría un efecto permanente, y lo estaba haciendo por nosotros, que somos los receptores pasivos de su obra. Pensar que yo puedo contribuir a mi salvación o al perdón de mis pecados a la luz de esa palabra es inconcebible.
Tetelestai viene de una raíz griega, télos, que significa completar, llevar a cabo algo, llevarlo a su final. Es el último acto que completa un proceso. Juan nos dice qué fue lo que Cristo completó, pero el resto de las Escrituras nos explican lo que Cristo completó. Pero hay algo más que nos deja ver lo que Cristo completó, y es la manera como esa palabra tetelestai era usada en la antigüedad. Déjame darte algunas ideas.
Los siervos o esclavos, cuando recibían una encomienda de parte de sus amos, se proponían hacer el trabajo. Eran esclavos, tenían que hacerlo de la mejor forma posible. Cuando terminaban, contemplaban su trabajo antes de presentárselo al amo, y entonces decían: "Tetelestai. Amo, lo que me encomendaste lo completé". Eso es exactamente lo que Cristo dice en Juan 17:4: "Señor, yo he completado la obra que me diste. Yo te glorifiqué en la tierra habiendo terminado la obra que me diste que hiciera". Ese es el siervo que abandona su gloria, que se encarna, que se hace hombre, que se hace siervo, dice Filipenses 2, y completa la obra. Tetelestai.
Pero por otro lado, los artistas y escultores de aquella época, cuando pintaban un cuadro, cuando esculpían una obra, la inspeccionaban para ver si había algo que agregarle, algo que quitarle, algo que mejorar. Y cuando entendían que todo estaba completo, la miraban y decían: "Tetelestai". Dios venía entretejiendo su tapiz, y el tapiz que Dios venía entretejiendo incluía la historia del pueblo hebreo y la historia del pueblo gentil, y lo fue entretejiendo. Cuando Cristo llega a la cruz, su vida y su muerte proveen el lente que finalmente nos permite ver el tapiz, o la obra, o la pintura, o la escultura completa, y poder entender todos estos simbolismos extraños en el Antiguo Testamento que apuntaban a Cristo, poder entender las profecías que apuntaban a Cristo, poder entender el propósito de las fiestas judías, el año del jubileo, el año de la libertad, el año de la celebración. Cristo, su muerte y eventualmente su resurrección, proveerían el lente para ver toda la obra completa que Dios venía pintando.
Lo que en el Antiguo Testamento era como una sombra, Cristo lo hace realidad. Moisés era la sombra del profeta perfecto que vendría en el tiempo debido, y ahí estaba el profeta real. Aarón era como la sombra del sumo sacerdote que se sentaría a la derecha del Padre. David era la sombra del Rey del universo que gobernaría con soberanía. De manera que Jesús es la realidad de las sombras del Antiguo Testamento, y ahora Él podía mirar su obra, sentirse satisfecho y decirle al Padre: "Yo he concluido".
Los sacerdotes usaban la palabra tetelestai. Era costumbre traer un cordero para ofrecer sacrificio y obtener perdón de pecados. Cuando el sacerdote tomaba el cordero en la mano y lo levantaba y lo examinaba por todas partes, por debajo, por detrás, por arriba, la cabeza, los ojos, para asegurarse que era un cordero perfecto, listo para ser ofrecido, cuando él entendía que ese era el caso, él decía: "Tetelestai. Es perfecto, no tiene mancha, no tiene defecto". Eso dice Pedro de Jesús en su primera carta, en 1:18-19: Cristo fue la ofrenda sin tacha y sin mancha. Tetelestai.
Los comerciantes usaban la palabra. Cuando había una deuda que estaba abierta, que no había sido pagada, y alguien efectuaba el pago final y la deuda quedaba cancelada, en el certificado de pago que se te entregaba decía: "Tetelestai". Pagado por completo. En inglés: paid in full. Cancelada.
Por eso dice alguien, Martyn Lloyd-Jones, que este fue el grito del logro que la creación había estado esperando desde la caída de Adán. Es un grito que no solamente lo oyó el que estaba al pie de la cruz. Este es un grito que lo oyó el universo entero, porque la creación entera gime a una con dolores de parto, dice el apóstol Pablo, y esperaba por esto, esperaba por la consumación de la obra de redención. El día que Cristo dijo "consumado es", el infierno tembló. Ellos sabían lo que eso representaba.
En ese momento, la ira y la misericordia de Dios se besaron. La ira de Dios demandando el pago, el pago debido a Dios por la deuda moral del hombre, y la misericordia de Dios en Cristo ofreciéndose para hacer dicho pago. Cristo pagó la deuda de tal manera que llegaría el día en que tú y yo, o cualquier otro, pudiera poner su confianza en ese sacrificio hecho en la cruz. Que alguien pudiera ir entonces al pie de la cruz y decir: "Señor, yo soy culpable de mentiras", y oír a Cristo decir: "Cancelada tu deuda". "Yo soy culpable de abortos". "Cancelada tu deuda". "Yo soy culpable de adulterios". "Cancelada tu deuda". "Yo soy culpable de pornografía". "Cancelada tu deuda". "Yo soy culpable de homosexualidad". "Cancelada tu deuda". Porque consumado verdaderamente fue. Tetelestai. Nada más que hacer. Una vez Cristo derramó su sangre por el perdón de pecados.
Si tú quieres ver cómo el Antiguo Testamento comenzaba a ver lo que iba a ocurrir ese día, justo el día en que Cristo pronunció tal palabra, tú puedes ir al Salmo 22. Lo puedes hacer esta tarde, pero yo voy a tomarme un momento para decirte algo acerca del versículo 6, porque el versículo 6 del Salmo 22 es una expresión profética de cómo Cristo se sentiría y de lo que estaría haciendo en la cruz ese día. Escucha lo que dice el versículo 6: "Pero yo —eso es Cristo hablando proféticamente desde el pasado— yo soy gusano y no hombre, oprobio de los hombres y despreciado del pueblo".
La razón por la que yo menciono ese versículo es porque en hebreo la palabra traducida ahí como "gusano" es tolá. Y tolá era un insecto que, cuando era aplastado, botaba una tinta roja que era usada para teñir los tejidos. Y esa es justamente la palabra que allí aparece para referirse a Cristo en la cruz. Isaías 53 nos dice que fue la voluntad del Padre aplastarlo en la cruz. Y cuando Dios Padre aplasta al Hijo con su justicia en la cruz, ¿qué tú piensas que sale de Él? Sangre, que ha teñido mi vida y la ha limpiado de pecado. La sangre de Cristo que limpia de toda maldad. Ese es el gusano. Ese es el gusano que me ha limpiado. Ese es el gusano que ha dicho: "Removida tu culpa".
Ya está consumado. Eso no tiene nada más que hacer. No tienes que orar para ser perdonado. Vamos a ver, Romanos enseña que oramos a Dios, pedimos perdón, pero no porque la paga, no porque la deuda sigue sobre mí, sino para restaurar mi relación con Dios, la calidad de la relación con Dios. No tiene más nada que hacer.
La pregunta entonces, cuando Cristo dice "consumado es", ¿qué fue exactamente lo que terminó? Esa es la frase en inglés: "It is finished". ¿Qué es lo que terminó? Bueno, terminaron una serie de cosas. Para comenzar, los sacrificios del Antiguo Testamento en el templo que se hacían día a día continuamente, que no paraban, que no calmaban la conciencia del pecador, porque la sangre de los toros y machos cabríos no tenía tal capacidad. Se acabaron.
Yo quiero recordarte esta ilustración que usé una vez con ustedes. En ocasiones cuando tú tienes una deuda y no tienes cómo pagarla, tú haces un arreglo con el banco y el banco te permite en ocasiones pagar los intereses para no tener que llevarte a justicia, pero el capital permanece igual. No sé si conocen ese sistema, pero yo sé que existe. Pues los sacrificios del Antiguo Testamento eran como pagando los intereses de la deuda moral con Dios, pero al final del camino, mi capital, mi deuda permanecía exactamente igual. Por eso los sacrificios tenían que continuar, por eso no había silla ni en el tabernáculo ni en el templo para el sacerdote sentarse, porque no había manera de sentarse. Esto tenía que continuar hasta que Cristo viniera, pero cuando Cristo vino, por una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a aquellos por los cuales él murió.
Y escucha lo que el texto de Hebreos 1:3 dice: después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la majestad en las alturas. Ningún sacerdote anterior se había podido sentar, porque no había podido terminar de pagar por los pecados del pueblo. Pero cuando el sumo sacerdote, el Hijo de Dios encarnado, se ofrece, después que él termina, él se sienta a la diestra del Padre, porque ya está consumado. Todo había terminado. Ahora a interceder por los míos.
Su sacrificio puso fin a cada una de las profecías que apuntaban a él, comenzando por Génesis 3:15, donde se anuncia que Satanás le heriría en el calcañar, y ciertamente fue herido. Pero que él, Jesús, le heriría en la cabeza, y cuando Cristo dijo "consumado es", el golpe en la cabeza de Satanás y su reino fue mortal. Porque en la cruz, Cristo desarmó los poderes de las tinieblas. Escucha cómo Colosenses lo dice en 2:15: habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de él.
A partir de "tetelestai", Satanás es un enemigo desarmado, debilitado, desautorizado sobre nosotros. Es inconcebible que un hijo de Dios pueda permanecer atemorizado por el poder de las tinieblas cuando ya él ha sido derrotado, la victoria proclamada, y Cristo está por nosotros y no contra nosotros. El Hijo de Dios, dice Juan en su primera carta 3:8, vino para destruir las obras del diablo. Cuando Cristo dijo "consumado es", empezó una destrucción masiva y a gran escala de los poderes de las tinieblas.
Una o dos cosas más para terminar. Cuando Cristo fue a la cruz y murió por nosotros, hasta ese momento Satanás podía acusar a los hombres de su pecado. Si tú lees el libro de Zacarías en el capítulo 3, está Satanás acusando a Josué, sumo sacerdote, de ser un hombre de ropa sucia, para referirse a sus pecados. Y tuve en esa visión cómo el ángel de Jehová, Jesús, se levanta para defender al sumo sacerdote. Cuando Cristo paga la deuda en la cruz, literalmente le quitó a Satanás el poder de acusación. Eso es lo que su nombre significa: el gran acusador. Romanos 8:1 dice: no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús. No me puede acusar de mi pecado. Soy libre de condenación. No hay algo que se levante contra mí. Consumado es.
Cristo no pagó una fianza para que me dejaran libre hasta que me llevaran a la corte y ver si yo era inocente o no. Él pagó mi deuda para que yo permaneciera completamente libre por el resto de la eternidad. Tres días después él resucita, y el día de su resurrección Cristo le quitó a Satanás, de acuerdo a la revelación bíblica, el poder de la muerte que estaba en sus manos y contra nosotros.
Escucha cómo Hebreos lo dice en 2:14-15. Te lo voy a leer de la Nueva Traducción Viviente simplemente porque es mucho más fácil de entender a primera lectura: "Debido a que los hijos de Dios son seres humanos, hechos de carne y sangre, el Hijo también se hizo de carne y sangre". En otras palabras, ya que nosotros somos humanos y alguien tenía que pagar por nosotros, tenía que ser otro ser humano que pudiera pagar, y Cristo se hizo entonces como nosotros. "Pues solo como ser humano podía morir, y solo mediante la muerte", escucha, "podría quebrantar el poder del diablo, que tenía el poder sobre la muerte". ¿Escuchaste? "Únicamente de esta manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte". Esclavizados, atemorizados de la muerte. Satanás usando el poder de la muerte sobre nosotros.
Pero cuando Cristo dijo "tetelestai", "consumado es", en la cruz él me justificó. Él no me hizo justificable, potencialmente justificable. Él me justificó. Lo único que estaba por verse era el día cuando yo pusiera mi fe en él para que mi justificación se hiciera activa, real. Es esa realidad lo que hace que Pablo gritara a todo pulmón en 1 Corintios 15:55: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?" Tu poder sobre la muerte ha sido completamente destrozado, porque la resurrección de Cristo apunta y asegura mi resurrección.
Cuando Cristo dijo "tetelestai", él terminó el pacto de la ley. Hebreos 8:13 dice que el nuevo pacto en su sangre hizo obsoleto el pacto anterior, de manera que los decretos de la ley en contra nuestra, injustos todos porque no la podíamos cumplir, quedaron inactivados. Escucha cómo Colosenses 2:13-14 lo explica: "Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él". ¿Cómo? "Habiéndonos perdonado todos los delitos". Escucha ahora: "Habiendo cancelado el documento de deuda", esa es la ley, "que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio clavándolo en la cruz".
Cristo tomó la ley, la dobló como si fuera un pedazo de papel —es una ilustración—, la clavó en la cruz y dijo: "Esto ha quedado atrás. De ahora en adelante es el nuevo pacto en mi sangre por medio de la gracia". De manera que "tetelestai" no fue simplemente un final, fue un comienzo. El comienzo del nuevo pacto en su sangre, una vez que él canceló el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros, que nos era adverso, y lo clavó en la cruz.
Cuando Cristo dijo "tetelestai", estaba proclamando el fin de los sacrificios del Antiguo Testamento, estaba proclamando el cumplimiento de las profecías acerca de él en el Antiguo Testamento, estaba desarmando los poderes de las tinieblas, estaba quitándole el poder de acusación a Satanás sobre nosotros por mi pecado, estaba desarmando a Satanás del poder de la muerte que estaba en sus manos, y ese día también puso fin al pacto de la ley. Fue un gran final, pero fue un gran comienzo.
La pregunta que algunos han hecho: ¿y por qué la cruz fue necesaria? ¿Por qué la cruz de esa manera fue necesaria? Yo quiero decirte que la cruz de Cristo fue necesaria en primer lugar porque la caída de Adán sumergió a la raza humana en una perdición y depravación radical, y una depravación radical requiere una redención igualmente radical. La cruz me ayuda a entender la gravedad de mi pecado. Cuando yo veo el castigo impuesto, la severidad del castigo impuesto, que prácticamente fue un infierno en la cruz sobre un hombre justo, santo, Dios encarnado, desnudado, traspasado, escupido, burlado, a la vista de la humanidad, yo entiendo que eso es lo que yo merecía. Yo comienzo a entender la gravedad de mi transgresión. El predicador que deja fuera la cruz ofende la santidad de Dios.
La cruz de Cristo fue necesaria porque había una deuda real moral contra Dios. La deuda era inmensa. En una acción, en un solo día, un solo hombre deshizo lo que a Dios le tomó seis días construir. Imagina eso. La deuda era inmensa. Como bien dice R.C. Sproul, la traición de Adán contra Dios fue una traición cósmica, porque cuando Adán cayó, con él cayó el universo entero. El universo hoy envejece, el universo hoy pierde energía. Todo eso es fruto de la caída. ¿Te imaginas que una sola persona puede caer de tal manera que la creación entera quede afectada? Y cuando yo entiendo que el segundo Adán vino y pagó en la cruz lo que a mí me tocaba pagar, mi sentido de gratitud debe aumentar de manera exponencial. Y por tanto, el pastor que deja fuera la cruz no tiene sentido de gratitud por la obra de Cristo ni le enseña a su congregación el sentido de gratitud por lo que Cristo hizo por él.
En tercer lugar, la cruz fue necesaria para propiciar la ira de Dios. Dios estaba airado con el hombre. Dios estaba airado contra el pecado del hombre. La justicia de Dios requería, demandaba que algo se hiciera por la violación que el hombre había cometido. Y cuando Cristo va a la cruz y derrama su sangre, la Palabra nos enseña que la ira de Dios fue aplacada, y se inicia una relación con Dios vía un pacto en su sangre por medio de gracia. El predicador que deja fuera la cruz esconde la gracia de Dios.
La cruz fue necesaria porque en la cruz, como en ningún otro lugar, Dios muestra el amor suyo por nosotros. Dios muestra que verdaderamente tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito y lo clavó en una cruz, para que todo aquel que crea en él no se pierda, mas tenga vida eterna. El predicador que deja fuera la cruz no aprecia el amor de Dios ni por él ni por los suyos.
La cruz fue necesaria porque la cruz es la que me enseña el peso de la justicia de Dios. Lo que aplasta a Cristo en la cruz es el peso de la justicia de Dios. Lo que le espera a Cristo en la cruz, cuando él dice: "Elí, Elí, lama sabactani", "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", es el peso de la justicia de Dios. El predicador que deja fuera la cruz esconde la justicia de Dios. Y yo necesito conocer el tamaño y el peso, la dimensión y la magnitud de la justicia de Dios para conocer el tamaño, el peso, la magnitud de mi transgresión.
La cruz fue necesaria porque en la cruz Dios hizo que Cristo cargara con nuestra culpa. La causa número uno en todos los estudios realizados de por qué la gente va al psicólogo o al psiquiatra es culpa. Y con todos los avances de la psicología moderna, nadie ha podido remover la culpa de aquellos que van a consejería. Ellos lidian con ella de alguna manera, pero ¿de qué forma tú lidias con tu culpa cuando tú descubres ahora que realmente el feto que tenías en tu vientre hace cinco años atrás, cuando no conocías a Dios, realmente era una vida? Y ahora que conoces a Dios, o aun antes de conocerlo, porque tienes una conciencia que Dios despierta, tienes la imagen de Dios que te despierta a ti en ocasiones, ¿cómo tú lidias con la culpa de una vida que tú asesinaste y que no puedes traer de regreso a esta vida? ¿Cómo tú lidias con la culpa de una familia que tú destruiste, un matrimonio, unos hijos? ¿Cómo tú lidias, como padres, cuando miras hacia atrás y descubres que tus hijos son lo que son o están como están por el mal ejemplo que les diste, por la educación que no les proveíste, por la presencia que no estaba ahí? ¿Cómo tú lidias con esa culpa? ¿Cómo tú lidias con la culpa cuando tú entiendes que tú fuiste el culpable del suicidio de tu hijo?
La única respuesta a cada una de esas situaciones es la cruz de Cristo. Es en la cruz de Cristo donde tú puedes venir, expresar tu dolor, expresar tu culpa, y oír a Cristo decir: "Por esa culpa, por esa transgresión que yo conocía antes de que la cometieras, yo fui a la cruz y yo pagué tu deuda. ¡Satisfecha está! ¡Consumado es! Puedes encontrar perdón en mí y puedes encontrar descarga de tu culpa. Vete en paz". Eso hizo Cristo en la cruz el día que él dijo: "¡Consumado es!". El predicador que deja fuera la cruz deja a su congregación cargada de culpa, y Cristo no fue a la cruz para dejarte cargado.
La cruz pone de manifiesto su sabiduría, su gracia, su amor, su justicia, su ley, mejor que en cualquier otro lugar. Por eso es que cuando Pablo va a Corinto dice: "Yo no vine a predicar milagros. Los judíos quieren milagros, los griegos quieren sabiduría. Yo no vine a predicar ni sabiduría ni milagros. Yo vine a predicar a Cristo, y a este crucificado". Yo vine a predicar la salvación del mundo. Yo vine a predicar el fin de la culpa de todo pecador. Yo vine a predicar el pago final completo de cada pecado pasado, presente y futuro de los elegidos de Dios. ¿Te imaginas el privilegio que es saber que tus pecados del pasado, los del presente y los del futuro han sido pagados en la cruz? Porque el gusano fue aplastado y su sangre fue derramada, y cuando su sangre fue derramada yo fui cubierto y yo fui teñido de sangre, y cuando su sangre me tiñó mis pecados fueron emblanquecidos.
Si dejamos fuera la cruz, deshonramos al Hijo y ofendemos al Padre. Si dejamos fuera la cruz, ofendemos al Hijo o deshonramos al Hijo y ofendemos al Padre. Pensar que Cristo fue a la cruz en las condiciones que fue, que murió en las condiciones que murió, que se entregó de la manera que se entregó, que proclamó que él la había completado absolutamente todo, y lo hizo con una palabra que tanto los siervos, los artistas, los comerciantes, todo el mundo podía entender, que implicaba "terminado ha sido el trabajo", pensar ahora que nosotros pudiéramos obtener salvación por alguna otra forma, perdón de pecado de alguna otra manera, que necesitáramos algún otro sacerdote para decirme "te absuelvo", pensar eso es ofender a Dios mismo y ofender la cruz y ofender a Cristo. Eso es proclamar: "Tu sacrificio es insuficiente". Es decir: "No fue Tetelestai, solamente pagaste un avance, yo tengo que seguir haciendo abonos a la deuda", cuando Cristo proclamó que la deuda había quedado cancelada. Y tiene sentido que si Dios muere por ti, la deuda que tú tengas contra él queda cancelada.
Por eso la Palabra de Dios nos afirma que si alguien nos acusa, abogado tenemos frente al Padre. Es como si te pararas frente al Padre y alguien tuviera la ley en la mano y dijera: "Miguel Núñez, culpable de esto, de esto, de esto, de esto, ¡condenado!", y que de repente el Hijo de Dios se levante y diga: "Padre, yo morí por él, yo cancelé su deuda, yo clavé la ley que pesaba contra él, contra todos sus decretos, en la cruz. Él es libre, él es uno de los nuestros", y oír al Padre decir: "Bienvenido al reino de los cielos". ¿Te imaginas lo que implica tener...? Jesús es el Juez, pero Jesús es mi abogado defensor. ¿Te imaginas entrar a una corte donde el juez y tu abogado defensor son la misma persona? ¿Cuál es el chance de que salgas condenado si la persona que te puede enjuiciar es la persona que está ahí para defenderte?
Y lo único que te defiende es el sacrificio de Cristo, recibido por fe de parte tuya. Porque si comienzas a mencionar tus buenas obras y número de oraciones y visitas a la iglesia como posibilidad de perdón de pecados, eso mismo que pronuncias te condena, porque estarías diciendo: "El sacrificio de Cristo no fue suficiente y el mío puede completar lo que el suyo no pudo". ¿Te imaginas la ofensa, la afrenta que eso sería?
Esa es la razón por la que yo entendí que sería apropiado, en estos 500 años de la Reforma Protestante, volver al momento cuando Cristo dijo: "¡Consumado es!", porque esa frase es el origen de la controversia que se originó cuando Lutero clavó sus 95 tesis. Si esa frase no hubiese estado en el registro bíblico, Lutero no hubiese tenido base para clavar sus tesis. Lutero lo pudo hacer porque entendió la cruz, entendió el pago final completo absoluto por nuestros pecados, y entendió lo ofensivo que era contra Dios poder ofrecer algo que no fuera a su Hijo mismo para la libertad nuestra.
Ahora lo entiendes mejor. Ahora entiendes Tetelestai de una mejor manera. Quizás viniste aquí sin entenderlo tan bien, o quizás viniste aquí sin entenderlo en lo más mínimo porque quizás no entendías bien exactamente cómo Dios ofrece salvación al hombre. Pero es muy posible que Dios te trajo aquí —él es quien convoca, él es quien trae— para que tú pudieras oír acerca de su plan de salvación. O quizás eres creyente, pero tienes pecados del pasado —todos hemos estado ahí—, pecados del pasado que te cargan, que todavía Satanás quisiera usar para hacerte sentir culpable. Pero hoy la Palabra nos recuerda que Cristo le quitó el poder de acusación a Satanás, justamente porque él pagó por aquello que Satanás quiere usar para acusarme, porque está pago.
Quizás estás aquí porque Dios quería que tú escucharas de manera clara que el lugar donde tú puedes depositar tu culpa es la cruz, y te puedes levantar de allí libre de condenación, que no hay argumento, y que tú puedas entender que cuando Dios hace algo lo hace completamente. "Tetelestai", y es otra forma de decir "completo está", tu obra ha sido terminada. ¿Sabes qué tienes que hacer si eres creyente? Vivir la salvación ya completada. Es lo único que te toca hacer: cuidarla para que honres el nombre de Dios. Y lo único que puedes hacer si no eres creyente es recibir la salvación que ya fue comprada y que se te está ofreciendo, gracia por medio de la fe.